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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 773 - ver ahora
Transcripción completa

-¿Hicisteis... uso del matrimonio?

-Eso es precisamente lo que no quería compartir con usted.

Es usted su madre.

Son detalles... privados.

-"Mientras Úrsula tenga el niño" en su poder, no debe sospechar

que vamos tras ella o se esfumará.

-¿Ha localizado usted al doctor del convento?

El que atiende a los huérfanos.

-El doctor Pallero. Es mi siguiente tranco.

-"Viaja conmigo a Italia".

Podríamos aprovechar el viaje para estar juntos...

y alejarnos de aquí.

-Silvia, no creo que merezca la pena desplazarnos dos personas

hasta allí. Tú negociarás igual o mejor que yo.

-"¿Y tú qué miras? -Nada, es que estaba pensando..."

que esta noche, después de recoger las mesas,

usted y yo podríamos ir a dar un garbeo.

-No nos vendrá mal un poco de diversión, ¿no?

-"Serán dos días".

Pero debo seguir investigando para dar con ese crío.

-Te echaré de menos.

-Yo también. Contaré los minutos.

¿Puedo pedirte un favor durante mi ausencia?

Lo tendrás contigo muy pronto.

Blanca, tu madre no debe sospechar nada.

Si se entera que sabes que lo esconde, podría hacerle daño.

-No.

Eso no. -Blanca, mírame, mírame.

Mírame y dime que dominarás tu furia,

que ocultarás tu asco.

-¿Quieres atacarme? ¿A mí?

¿A tu propia madre?

-No, madre, no es eso.

-Entonces, ¿qué haces con un cuchillo en la mano?

-Quería quitarme la vida.

-Conoces mi pasado.

No soy una mujer que se doblega ante los caprichos de un esposo honrado.

-Pensé que cambiarías al prometerte.

-Pues ya ves que no es así.

-"Es menester que me ingrese" lo antes posible.

-Pierde cuidado, hija mía.

Te prometo que voy a acelerar los trámites todo lo que sea posible.

(Música)

¿Puedo salir ya?

-Ya va, ya va, un momento.

-A ver si me voy a pegar un testarazo por la tontada esta

de vendarme los ojos. -Un poco de paciencia.

¿Es que nunca le han dado a usted una sorpresa?

-Mala sí. -Es usted única dando ánimos.

A ver... ahí.

¡Tachán!

-No me imaginaba yo que un mozo, y un antiguo descuidero,

tuviera tanta ciencia en esto de tratar a una dama.

-Por favor.

Siéntese.

¿Quiere una copa de champán?

-Si vamos a estar aquí un buen rato, será mejor que lo mojemos.

-Así se habla.

Está usted... preciosa.

-Gracias.

A nadie le amarga un dulce, pero yo no te he dado el permiso

para cortejarme. -Solo digo lo que ven mis ojos.

No sabe cuánto he soñado con este momento.

El champán,... usted y yo solos.

¿Se siente a gusto?

-Bueno,... siempre está bien conocer a quien trabaja para ti.

-Claro.

-Ay, no. No te lo tomes a malas.

Han sido los nervios ante tanto aparato y atención.

Pero...

me gusta tu compañía. Disfrutemos.

-Eso. Disfrutemos.

Pues... por nosotros.

Por los dos.

-Pues me he hecho la valiente, Fabiana.

Pero en realidad... me temblaban las ancas del canguelo.

-Yo creí que echaba la bilis, Lolita.

"Esa arpía... sabe cómo humillar a los demás".

-Esperemos que le quite la denuncia al pobre Paquito.

-Pues yo no las tengo todas conmigo.

Esa Úrsula es capaz de todo,

con tal de no dar su brazo a torcer.

-Mis hierbas, que me las he dejado encima de la mesa.

-Dichosas hierbas...

Ya os pueden hacer dormir, ¿eh? Por el día

os tiene a todos "alborotaos". -Buenas noches.

-Buenas noches, hija.

-¿Y mis hierbas?

Qué cabeza, Lolita. Qué pereza me doy.

¡Eh! Pues si estaban en mi habitación.

Claro.

(Sintonía de "Acacias 38")

(RÍEN)

-Hay que ver, tiene usted salidas para todo.

-De donde vengo, o eras rápida de entendederas

o te pasaba todo quisqui por encima.

-Me gustaría saberlo todo. Su infancia, su familia,

sus andanzas.

Quisiera conocerla como mi mano derecha.

-Difícil.

A esa ya la conoces bien, que era la que utilizabas para afanar.

-Señora, que yo me he reformado.

Gracias a usted.

Para mí, encontrarla,

ha sido como encontrar un rayo de luz en mi vida.

-No exageres. Mi trato es normal.

Trabajas muy bien y nos has sacado de muchos apuros.

-Y más que me hubiera gustado hacer por usted.

Arrojar mi capa al suelo para que no pisara un charco.

Defenderla de los bandidos, demostrarle lo que la estimo.

-Eres un buen galante, no digo que no.

No recuerdo la última vez que alguien me dedicó una velada

como esta, si es que alguien lo ha hecho alguna vez.

-No quiero parecer ventajista,...

ni meterme en camisas de once varas,

pero, si es así,...

permítame que le diga...

que su marido no la trata como merece.

-(LEE) "Estimado señor Naraka Singk".

Si este nombre parece indio.

"Sé de su interés en el paradero de Íñigo Cervera y su esposa,

por eso me permito escribirle".

"Sé que tiene cuentas pendientes con Íñigo y que anda tras su rastro".

"Yo puedo facilitarle su localización".

"No tiene usted más que ir a la chocolatería La Deliciosa,

sita en la calle Acacias".

¿Qué pretende ese hombre? ¿Qué pretende El Peña?

Lo sabe. Flora.

-Si supiera cómo me hacen temblar sus ojos.

Sus miradas.

-¿De veras?

-Me siento pequeño e indefenso como un gorrión.

Es usted la mujer más hermosa que he visto nunca.

-¿Tú crees?

Pero ¿qué pretendes? Estás tú muy resuelto.

Temerario, diría yo. -Señora, es el amor.

No son tan raros los besos entre personas crecidas.

-Pues pareces olvidar que soy una mujer casada.

-De eso no se acordó usted cuando besó al sereno.

Y más de una vez se le ha escapado que su matrimonio no es precisamente

el de los amantes de Teruel. -Eso a ti no te importa.

-¿Ah, no? Si no me importara, ¿me habría esforzado tanto

en que la cita fuera de su gusto?

Pero bien empleado me está,

por iluso.

No se preocupe, que ya no la molesto más.

Tenga usted muy buenas noches.

Yo me voy al altillo...

a soñar con usted.

-¡No!

No, no te vayas, te lo pido por favor.

-No juegue conmigo, se lo ruego.

-No es eso, es que... no me gustaría que pensaras

que beso al primero que me piropea y hace algún arrumaco.

No soy de esas.

-Ni yo lo he pensado nunca.

He muerto y estoy en el cielo.

-¡Flora!

-¿Se puede saber qué está pasando aquí?

-Eh, nada. Solo estábamos...

recogiendo.

-Tú, Flora, para casa.

-Señor, no la tome con ella que ha sido culpa mía.

Le pedí que me ayudara con...

unos tortolitos que han estado hasta las tantas

intercambiando zalamerías.

Pero vaya a casa con su marido, yo me encargo de esto.

-Hasta mañana.

-Hasta mañana.

-Doña Celia, han traído el correo. -Gracias, Lolita.

Lolita.

Esta no es para mí.

-Este Servando,...

cada vez pone menos atención. Voy a devolverla.

Falla más que una escopeta de cartón.

-¿Dónde vas, alma de cántaro? Es para ti.

Te escribe tu Antoñito.

-Ay, qué emoción. ¿Y qué querrá mi Antoñito?

¿Cómo lo estará pasando por esos lares?

-Si no la abres, no lo vas a saber.

Anda, siéntate.

-Es que con la emoción, no atino.

(RÍE)

-¿Qué te dice? Si no es indecente contarlo.

-Pues que se lo está pasando fetén.

Pero que solo estaría mejor... si yo le hiciera compañía.

Que me echa de menos...

todo el tiempo.

Y que cuando nos casemos, iremos "pa" allá "pa" que yo lo vea.

Qué ganas tengo de que vuelva y darle un achuchón de los buenos.

Me falta el aire cuando lo pienso. -Es lo que tiene

tener a los hombres lejos,

que una solo se acuerda de lo bueno. -Lolita,...

retírate a la cocina, seguro que tienes deseos de seguir leyendo

la carta de tu Antoñito. -Ya le digo.

La voy a leer hasta que se borre la tinta.

-¿Qué le ocurre?

¿Por qué está tan desabrida esta mañana?

-Ayer discutí fuertemente con Arturo.

-Ese hombre... no tiene medida.

Es como un cañón que va cargado siempre de pólvora.

-Simplemente le comenté que si no iba a acompañarme

yo iba a ir de todas formas. Y con Esteban.

-Pues no me extraña que le sacara de sus casillas.

Para cualquier hombre es difícil digerir que su pareja

vaya a viajar con otro varón.

-Bueno, pues que espabile y que venga conmigo.

-¿Y no ha pensado en quedarse?

-De ninguna manera, Celia.

No me voy a quedar de brazos cruzados.

No soy ningún perrito faldero que espera instrucciones de su amo

para que le diga qué debe hacer.

-Pues alguno de los dos tendrá que ceder.

-Yo lo haría de buen grado,...

pero si me diera una explicación de qué le pasa.

-¿Se lo ha preguntado? -Infinidad de veces, Celia.

Pero no me da ninguna explicación y yo sé que algo le pasa.

-No está como siempre.

-Retrasó la fecha de la boda

y me pidió que dejara de vivir en su casa por miedo al qué dirán.

-En este barrio hay mucha gente aficionada a hablar mal del prójimo.

-Lo sé.

Pero es como si me quisiera echar de su vida.

No le parece bien ningún plan que le propongo.

Lo único que quiere es permanecer encerrado en casa.

-¿No estará enfermo?

-¿Y cómo lo voy a saber?, si es que no me dice ni chus ni mus.

Y ahora que ese viaje a Italia podría servir

para ayudar a nuestra situación, se cierra en banda.

-¿Y qué piensa hacer para solucionar este brete?

-No lo sé, Celia.

A veces pienso que...

quiere forzar la ruptura.

-No lo creo.

El coronel la adora.

-Sí, yo también pensaba igual, pero...

tengo mis dudas.

Quizá no encuentre el valor suficiente para decirme

qué es lo que realmente siente.

Y si esta situación se prolonga,...

le ahorraré el mal trago.

Seré yo quien tome esa decisión.

-He muerto y estoy en el cielo.

-Flora, no he pegado ojo en toda la noche.

Es que no me llega la camisa al cuerpo.

-Sosiégate.

Ahora tenemos que tener los nervios más templados que nunca.

-Todo se ha complicado sobremanera.

-¿Quién será ese indio? ¿Y por qué querrá traerlo aquí?

¿Qué cuentas tendrán pendientes?

-Leonor ha ido a la policía con la excusa

de una investigación periodística, a ver si averigua algo.

-No me extrañaría que le conocieran. Quizá es un patibulario.

-A ver si sale el sol pronto por algún sitio

porque esto es un sinvivir. Me da...

que El Peña está jugando con nosotros.

-Templanza.

Lo mismo te estás tomando todo esto demasiado a la tremenda.

-¿Acaso me lo puedo tomar de otra forma, Flora?

Nos estamos jugando todo lo que tenemos y, en ningún momento

olvidó que era un Cervera.

-A ver, es cierto que lo que has averiguado es muy inquietante,

pero a mí me gustaría partir una lanza a favor de El Peña.

A lo mejor nos estamos confundiendo y no es tan mal hombre.

-Definitivamente has perdido el oremus, Flora.

¿Qué pasó ayer para que pienses así sobre ese perturbado?

-La verdad es que no lo sé.

No sé si fue su actitud o su beso, pero es que...

-Un momento. ¿Te llegaste a besar con él?

-Es que no me quedó otro remedio.

Se iba a marchar y temí que te descubriera.

-Deberías de controlarte, Flora. Tus besos solo nos traen problemas.

-Ay, bueno, sea lo que sea, noté algo en él que...

Hay algo en su interior que me hace pensar que no es mala persona.

¿Y si estamos exagerando? -Ni una pizca.

Recordaré estas palabras

cuando terminemos en presidio por su culpa.

-Me enfurece pensar que Úrsula puede escaparse otra vez de rositas.

-Es indignante cómo ha manipulado a todo el barrio

valiéndose de Cristina Novoa.

-Otra vez nos ha demostrado que no tiene escrúpulos

al jugar con la fe y la devoción de los demás.

Es despreciable.

-No entiendo como los santos no se revuelven

cada vez que entra por la iglesia.

-Con las confesiones que le hicieron a esa supuesta santa,

ninguna vecina tendrá redaños a enfrentarse a ella.

-Es natural,

ahora conoce sus secretos más ocultos.

Jugará con ellos cuando lo considere necesario.

-Le han otorgado un poder que jamás hubiera imaginado.

-Celia se sinceró en exceso con ella.

Temo las consecuencias. -¿Hasta cuándo

vamos a tener que aguantar a Úrsula en nuestras vidas?

-Deberíamos hablar con ella. Sin dejarle tiempo de jugar esas bazas.

-Soy el primero que quiere hacerlo.

Cuando recuperemos a Moisés, podremos denunciarla.

-Entonces tendremos pruebas suficientes para hundirla.

Robar un niño recién nacido es un delito capital.

-Ojalá tenga usted razón.

Pero me da que Úrsula no se va a rendir tan fácilmente.

Su odio y su rabia son capaces de derribar cualquier sentido común.

-Tarde o temprano bajará la guardia y caerá en un renuncio.

A fin de cuentas, es humana. -Permítame cuestionar ese asunto.

La naturaleza dañina de esa mujer no es de este mundo.

-De momento, debemos seguir comportándonos con naturalidad.

Esa mujer no debe sospechar nada.

Ha de creer... que no hay nada que la amenace.

-Me va a resultar muy difícil hacer como si nada hubiera pasado.

-Es menester tener paciencia.

-Es que, ni siquiera la grabación de Cristina Novoa consiguió doblegarla.

Otra persona hubiera huido, pero ella no.

Ella se pasea por aquí como si tal cosa.

-A mí también me hierve la sangre, pero esto es lo mismo

que le he pedido a Blanca.

-Pues yo no sé si podrá hacerlo. Esa arpía le ha robado a su hijo.

-Tendrá que hacer un poder. Nosotros le apoyaremos

con todas nuestras fuerzas.

He conseguido citarla fuera de la casa para encontrarnos.

Se lo agradezco.

Teniendo cerca a Blanca, podremos darle ánimos.

Hemos de estar atentos,

Úrsula puede cometer un error y, entonces daremos con Moisés.

-Nuestra ventaja radica

en que ella sigue pensando que nos tiene engañados.

-Tenemos que hace un esfuerzo.

Pero es verla y, encogérseme las tripas de rabia.

-Entonces procura evitarla.

-Sí, sí. Disimularé todo lo que esté en mi mano.

Es que Úrsula siempre me ha parecido una mujer despreciable.

Y ahora sé que no me equivocaba.

-Primo, ¡qué peste! ¿Qué es lo que estás picando con tanto esmero?

-Estiércol de oveja para mis hierbas.

-Pero si ese es el mortero que uso yo para cocinar.

Como te vea doña Rosina le va a dar un patatús, primo.

-Yo luego lo friego.

Necesito alimento para mis hierbas, que...

no doy abasto con todo lo que me piden, sobre todo Servando.

-Miedo me da el interés que tiene Servando en estas hierbas.

-Pues digo yo que dormir, que para eso se llaman "sueñoríferas".

-Oye, ¿y es verdad que son tan buenas como dices?

-Mano de santo si lo que quieres es dormir a pierna suelta.

-Primo, ¿tú me darías unas pocas para que las probara?

-Uy. ¿Y eso?

Si siempre has dicho que te parecía una guarrería

que las criara con boñiga de oveja.

-Es que me ha picado la curiosidad.

-Pero ¿tú duermes mal?

-Nones.

Si yo es tumbarme en el catre y caigo redonda.

-¿Y "pa" qué las quieres?

-Es que la Lolita las ha tomado... y está encantada.

No solo que duerme a pierna suelta,

es que además está soñando todo tipo de maravillas.

-No sé.

El Servando se molesta si se entera de que voy repartiéndolas por ahí,

y más si es de balde. -Pero ¿es que me las quieres cobrar?

-Bien lo sé, pero Servando quiere que las cobre.

-Primo, eres un desgraciado.

Cobrármelas a mí, intentar sacarme los cuartos a mí.

Yo, que te he conseguido una faena poniendo en riesgo

mi jornal. Eres un ingrato, primo, eres un desagradecido,

eso es lo que eres.

-Vale. Aquí tienes.

Pero de esto, al portero,

ni una palabra.

-¿Se puede saber qué hierbas son esas?

-Pues... nada.

Es que,... mi primo

me estaba enseñando unos matojos que ha "plantao".

-Ya.

Pero es que, cuando he entrado, he escuchado que te las quería cobrar.

Decidme, ¿qué hierbas son esas? -¿Qué?

-No son nada más que para ayudar a dormir.

Que las hemos plantado siempre en el campo

No hacen nada malo. -Pero bien que las vendes.

-"Na" más...

que para sacarme cuatro cuartos y seguir plantándolas.

-Ándate con mucho ojo, Jacinto,...

que como se entere la señora que andas comerciando

con lo que cultiva en el jardín, te despide.

Y no seré yo quien dé el cante,

pero mi esposa las pilla al vuelo. -Lo tendré en cuenta.

Y le agradezco el aviso, ¿eh?

¿Echamos una partida de cartas antes de que me vaya al jardín?

-Hecho. Pero llévate esto, que huele muy mal.

Y lávate las manos.

-Celia, dile a tu esposo que se pase para los últimos arreglos del traje.

-Ya queda poco para la coronación de Alfonso XIII.

-No quiero tener prisas. Que luego la modista se altera...

y todo sale manga por hombro.

-Cómo me gustaría acudir a semejante evento.

Es que iba a brillar más que la reina madre.

-Pues yo te cedería mi puesto encantada.

-¿Cómo puedes hacerle ascos a un honor así, Celia?

-Tráigame un chocolate.

¿Les importa que las acompañe?

-Por supuesto que no.

-Vengo de retirar la denuncia contra Paquito.

-Ha hecho muy bien.

Era exagerado que ese hombre perdiera su trabajo.

-No sé si estoy del todo de acuerdo con usted.

Lo he hecho para que no piensen que soy una desalmada.

-(SE MOFA)

Nadie, nadie podría pensar algo así.

-Además, los criados se han puesto

muy impertinentes con este asunto y, he preferido claudicar...

para no tener que volver a tratar con esa chusma.

-También es natural,

trataban de defender a uno de los suyos.

-Solo miran por sus intereses. -Usted debe saberlo bien.

Al fin y al cabo, no hace tanto que usted fue uno más de ellos.

-Lo mejor para todos

es dejar correr este asunto.

-Por eso he hecho la vista gorda.

Aunque sigo considerando imperdonable lo que hizo el sereno.

-¿Qué tiene?

Se ha puesto blanca como la cera.

-Nada, no... no es nada,

un simple vahído.

Ahora recuerdo que tengo un asunto pendiente de resolver.

-Tenga cuidado.

No vaya a marearse otra vez.

-No se apuren por mí,

me siento totalmente restablecida.

Yo les convido.

-Blanca.

No podía soportar un instante más sin tenerte entre mis brazos.

¿Cómo estás? -Mal, Diego.

No sabes lo arduo que me está resultando

fingir delante de mi madre.

-Sé que no es plato de buen gusto,

pero debes tener paciencia.

Úrsula debe ignorar nuestros movimientos.

-No te apures por eso.

Samuel se encarga de ocultarle dónde he ido.

-Debemos andar con pies de plomo.

-¿Tenemos novedades?

-Riera encontró a la novicia.

Esta confirma nuestras sospechas.

Sor Petra no es trigo limpio.

Al parecer, trata a los niños...

como si fuesen ganado que se puede comprar y vender.

-Pero eso no nos aporta nada nuevo, Diego.

Ya sabíamos que Úrsula estaba compinchada con la monja.

Necesitamos saber dónde está Moisés. -Templa.

Templa, por favor. Pronto daremos con Moisés.

-Ya. Pero mientras tanto...

¿le estarán cuidando con cariño? ¿Le tratarán bien?

-Es de suponer.

Úrsula no lo habrá dejado con cualquiera.

A fin de cuentas, es su nieto.

-¿Y si aprovecha ese tiempo para llevárselo más lejos?

-Eh. Yo comparto tu ansiedad.

Pero te ruego que hagas un poder y tengas la mente fría.

-Tenemos que ser mucho más inteligentes que ella.

Actuar con calma es la mejor de las armas.

-Ya.

Pero yo no puedo actuar así. Ver a mi madre cada día...

actuando como si nada y además recordándome la muerte

de mi hija falsa...

Yo no puedo.

No puedo, de verdad. Voy a perder la razón.

-Blanca,

tienes una prueba muy dura enfrente.

Pero te aseguro que recuperaremos a Moisés.

-No lo sé.

No lo sé.

Mi madre me habló en demasiadas ocasiones de la importancia

que tenía para ella Moisés. Pero ¿para qué lo querrá?

¿Es que busca quedarse con él?

-Sea lo que sea, se lo impediremos.

-¿Cómo?

¿Quedándonos de brazos cruzados, Diego?

Es que no podemos seguir fingiendo.

¿Es que no veis que hay que actuar?

-Mi amor,...

si por mí fuera,...

esa bruja pagaría por sus maldades hoy mismo,

pero esperar es nuestra única opción.

-No sabemos dónde está el niño.

Ni lo que pretende hacer Úrsula.

Si nos descubre, perderemos a tu hijo para siempre.

-No sé, yo...

Yo pienso que lo mejor quizás sería...

quitarnos las máscaras,

ponerla contra las cuerdas y hacerla confesar.

-No, mi amor,...

eso sería correr demasiado riesgo.

Debemos oír los movimientos de Úrsula.

Antes o después terminará por delatarse.

-Está bien.

Es mi hijo.

Haré lo que sea con tal de... volver a tenerle a mi lado.

¡Ay!

-Espere, que se le ha quedado enganchado...

el tacón en la vía. No se agobie, yo se lo saco.

-Pues dese prisa que me puede atropellar un carro.

-Con permiso. -Tenga cuidado.

Y no se aproveche de las circunstancias.

-Toco lo justito para poder tirar.

-Ay. Gracias.

Se lo agradezco.

Tengo que reconocer que está usted en todo.

-Es mi obligación mientras conserve el puesto,

atender en todo lo que pueda a los vecinos.

-Pues... ándese con ojo, porque como vuelva a cometer otro error

nadie le libra de quedarse cesante.

¿No se ha enterado? Doña Úrsula le ha retirado la denuncia.

-¿Me está gastando una broma?

-¿Me ve cara de andar con chanzas? -No,

ni pizca.

Pues muchas gracias, señora. Le estoy muy agradecido.

-Agradézcaselo a sus compañeros del altillo, yo no he movido un dedo

para convencerla.

Son los criados los que acudieron a robarle.

Valor le echaron, todo hay que decir.

-(RÍE)

-Pues les aseguro que no se van a arrepentir de mantenerme el puesto.

Voy a andar más recto que una vela. -Eso espero.

Voy a estar recelante, ojo avizor.

No me gustan las calaveradas.

Advertido queda. -Susana.

Vamos, que nos quitan el sitio en la iglesia.

-Sí, sí. Con Dios.

-Arturo sigue erre que erre.

No piensa acompañarme, pero yo voy a ir de todas formas.

Espero que no tenga usted inconveniente en acompañarme.

-Lamento que haya discutido con su prometido.

Y por supuesto que puede contar conmigo para hacer ese viaje.

Visitaremos parajes muy hermosos. -No es un viaje de placer.

Apenas llevamos tiempo para ocuparnos de los asuntos

que allí nos llevan.

Los resolveremos y volveremos a escape.

-¿Cómo van los asuntos? ¿Están progresando?

-No tan rápido como nos gustaría.

Nos vemos obligados a hacer un viaje a Italia para tratar con un armador.

-¿Y qué opina el coronel?

-Le habrá costado convencerle.

Él ya ha viajado todo lo que le correspondía.

-Pues eso parece, porque no va a venir.

-¿Y... van a viajar ustedes dos solos?

-Así es. -Sí, es de entender que...

el coronel tendrá cuitas de más enjundia que atender aquí

y lamentará no poder partir.

-¿Podría aprovechar para llevar

un paquete a Simón y a Elvira?

Ya que va al país, me gustaría mandarles algunas cosillas.

-Lo siento, doña Susana, pero no va a ser posible cumplir con su recado.

Vamos con el tiempo justo e Italia es un país extenso.

Podemos dejarlo en Correos de allí.

-No. Para eso lo mando desde aquí. Muchas gracias.

Pero que sepa que...

Italia, todo lo que tiene de larga, lo tiene de estrecha.

-Bueno, nosotras vamos a dar un paseo.

Si gustan acompañarnos... -Lo lamento,

pero tengo asuntos pendientes del viaje que debo atender.

-Bien, yo me quedaré haciéndole compañía a Esteban.

-Con Dios. -Con Dios.

-Con Dios.

-¡Deme un abrazo, Servando! -Quieto, quieto, quieto.

¿Qué ocurre? Quieto ahí.

¿Ya le ha estado dando al cariñena?

-No piense mal. Solo quería agradecerle lo que ha hecho.

-¿Qué es lo que he hecho? Pues lo de todos los días,

barrer el portal, barrer la acera, ¿qué importancia tiene eso?

-Me he enterado que han terciado con doña Úrsula

para que me quitara la denuncia.

-Ah, ya. ¿Y lo ha hecho? -No me quedo sin ocupación

y sin paga, que es lo importante. -Ya. Fue idea mía.

Ya iba siendo hora

que alguien le pusiera los puntos sobre las íes a esa señorona.

-No lo sabía. No me esperaba esto de usted.

Ahora, pienso decirle a todo el mundo el favor que me ha hecho

y lo agradecido que le estoy. -La verdad es que fue idea

de El Peña, pero vamos, que me lo quitó de la punta de la lengua.

-Sea como sea, me ha calado muy hondo.

¿Puedo hacer algo para agradecéroslo?

Te podías quedar un poquito al cuidado de la portería

mientras echo una cabezadita, que...

últimamente tengo unos sueños muy interesantes.

-Pues no me parece de recibo

que le cubra a usted, mientras dejo sin vigilancia el barrio.

Es desvestir un santo para vestir a otro.

-Qué tiquismiquis.

Ojalá le hubiera dejado que le echaran.

Venga.

-Pero ¿cómo va a marchar de viaje con la prometida del coronel?

¿No ve que es un disparate? -Ella me lo ha pedido, Liberto.

¿Cómo voy a decirle que no? -Pues diciéndoselo y a otra cosa.

Me barrunto que don Arturo tiene que estar preparando ya su revólver.

-Me resulta indiferente.

No he sido yo el que lo ha decidido.

Si no quiere viajar con su prometida, es solo asunto suyo.

-Piénselo bien, don Esteban.

Por menos de eso ha retado en duelo a medio barrio.

Se lo digo por experiencia. -Correré el riesgo.

Merece la pena por pasar unos días con esa mujer maravillosa

lejos de aquí.

Pienso vivir esos días, Liberto, con toda la intensidad que pueda.

-¿Qué quiere decir con toda la intensidad que pueda?

-No pienso robarle la mujer a nadie,

pero si la ocasión se presenta, no pienso andarme con remilgos.

El propio coronel está empujando a Silvia a mis brazos.

-Esto no va a acabar bien.

El coronel no es ningún lila.

-Silvia es libre.

Y el coronel tendrá que aceptar lo que suceda.

-Si me permite un consejo...

no se haga muchas ilusiones y tenga cuidado.

El coronel es capaz de lo peor.

-No le tengo ningún miedo.

-Debería.

-La sangre se me heló en las venas cuando Silvia

dijo que se iba de viaje con Esteban a Italia.

-Sí, sí que es buena, teniendo en cuenta

que el coronel se queda en tierra.

-Conociéndole, digo yo que estará que trina.

¿Tú sabes algo?

-No.

No acostumbre a meterme en asuntos de otras parejas, Rosina.

-Sí que lo sabes, pero prefieres callar.

Que lata que seas tan recta. Así no se puede cotillear.

Casilda, retira el servicio.

-(BOSTEZA)

-Casilda, haz el favor de guardar las formas.

No puedes atender una visita bostezando de esa manera.

-Perdóneme, pero ¿es que no me ve cómo estoy?

Estoy que me caigo de sueño por las esquinas.

-Es media tarde, ¿cómo puedes ser tan holgazana?

-Que no, que no se trata de vaguería.

Si es que lo que pasa es que me he tomado una tisana

"pa" conciliar el sueño. Y me ha hecho un efecto de narices.

¿A usted le importa si me marcho a echar una cabezadita?

-¡Pues claro que me importa! ¡Tienes que recoger todo,

hacer tus tareas!

-¿Y luego?

-Luego puedes hacer lo que te plazca. Nosotras nos vamos.

A mi vuelta lo quiero todo como los chorros del oro, ¿estamos?

-Como usted diga, doña Rosina.

-De verdad, me tiene hasta las pestañas.

Últimamente, siempre está de aquí para allá,

no está cuando la necesito, y ahora con que tiene sueño.

-Lolita está igual.

Yo pensaba que era por la ausencia de Antoñito.

-Pues ahora que lo dices, sí que está la mar de extraña.

Hace poco se presentó en mi casa para hacerme un pastel de higos.

Que yo no tengo queja, claro, pero...

me pareció muy raro que viniera.

-Sí que es chocante, sí. -Últimamente no sé qué pasa

que esta casa parece la del tócame Roque.

También vino Servando hace poco a arreglar un grifo, y de gratis.

De gratis.

Ya nos vamos.

(Se cierra una puerta)

-Que digo yo...

Tampoco va a pasar "na" si me echo un ratillo.

Madre mía, qué sueño.

-Esto es muy raro, Servando.

-¿Y si es una bola de cristal como las de brujería?

-Más que una bola,

veo un ventanuco. -Ya.

¿Y dónde dará? -Al portal de Acacias,

¿es que no lo ha visto antes?

-Tranquilícese. Uno es un estratega y se debe

al análisis y a la observación.

-Pues yo no jugaría mucho con estas cosas.

Que ya me mandaron una vez a la hoguera y...

no me gustaría pasar por ese mal rato otra vez, ya sabe.

-Tranquila, doña Juana,

no hay peligro.

¿No ve que está con el Emperador de Francia y el Rey de Italia?

-¡Oh!

Casildilla. ¡Casildilla!

¡Sal de ahí!

¡Casildilla! -Aquí estoy.

¿Para qué me habéis hecho llamar?

-Caramba, no des más golpes, a ver si va a aparecer doña Rosina

y nos fastidia el invento.

-¿Y tú de qué vas... vestida?

-De Reina de Egipto.

Podéis llamarme...

Cleopatra.

-Caramba. Una Reina.

A sus pies, mi majestad.

¿Habéis tenido buen viaje? -La verdad

que no sé cómo he caído por aquí. -Y tú que tienes tanto mando,

¿no sabrás cómo funciona este chisme?

-La verdad es que no había visto yo algo así en toda mi vida.

-Tanta reina, tanta reina y no sirve "pa" nada.

-Qué poco respeto. Cómo se nota que va vestido de gabacho.

-Dejadme.

-Deja.

Deja de darle, a ver si la vas a jeringar.

-Que se calle, Servando. Déjeme, hombre.

(GRITAN) -¡Rediez!

Apartaos, no vaya a salir igual como ha salido Casilda.

-Buenas.

-¿Quiere un chocolate? -No, no tengo tiempo.

Tengo que cumplir con mi obligación.

No quiero volver a defraudar esta vez a algún otro vecino.

-¿Cómo esta vez?

-No voy a perder mi trabajo.

Servando y los demás del servicio han convencido a doña Úrsula

de que retire la denuncia.

-¡Pero eso es una gran noticia!

No era justo

que le castigaran por ese asunto. -Le doy las gracias por su apoyo.

Pero conténgase.

No es menester que... iniciemos otro escándalo.

-Pero qué exagerado. Es solo un gesto de amistad.

-Ya he escuchado que mantiene su puesto.

Felicidades.

-Sí.

Y ya me dijo Servando que, en parte, era gracias a usted.

Y mire que yo le tenía entre ceja y ceja.

Me ha demostrado que es un tipo fetén.

-Va, alguien tenía que hablar con ella.

Era lo mínimo que podía hacer para compensarle.

-¿Compensarme de qué?

-¿Qué más da?

Lo que quiere decir es que si no nos ayudamos entre nosotros,

nadie lo va a hacer.

Lo importante es que ha salido todo fetén y ya no tenemos nada

de qué preocuparnos. Aquí paz y después gloria.

-Pues eso. Que muchas gracias.

-Gracias por sacarme del jardín en el que me estaba metiendo.

Casi le suelto que fui yo el que dio el queo.

-No tiene sentido seguir moviendo este jaleo.

Paquito no necesita saber quién le delató.

-¿No seguirá usted enamorada de Paquito?

Está muy mal jugar a dos bandas.

A tres, en su caso.

-No, ni una pizca. Pierde cuidado.

Valoro mucho que... intercedieras por Paquito

y que quisieras reconocer tu error.

-¿Sabe usted que Paquito no va a perder su trabajo?

Aunque parezca mentira, doña Úrsula se ha compadecido

y ha retirado la denuncia. -Ahórrese la charla, Agustina,

poco me importa lo que le pase al servicio.

-Yo solo trataba de entretenerle.

Si quiere, le puedo leer el periódico.

-No. Tampoco me interesa lo que pase hoy en el mundo.

(Llaman a la puerta)

-Don Felipe viene a verle.

A ver si se anima un poco.

¿Quiere un café? -Gracias.

¿Cómo se encuentra esta mañana?

-Bien. Bien, gracias. Disculpe que no me levante,

pero tengo el cuerpo molido de andar de aquí para allá

con los asuntos de la comisión. -¿No se estará exigiendo demasiado?

-Cuando uno se embarca en una empresa,

lo hace con todas las consecuencias.

-Pero sin llegar a comprometer su salud.

-Mi salud está perfectamente, solo estoy un poco cansado.

-Discúlpeme por insistir.

Pero creo que es mi obligación como amigo.

Yo no lo veo bien. -Don Felipe, dejemos el tema.

Cuénteme cómo van los preparativos para la coronación.

-Lo haré con gusto.

Pero antes dígame qué le desasosiega.

No es la conversación con Cristina Novoa.

Usted no es tan sugestionable como mi esposa o el resto de señoras.

-No. Por supuesto que no.

-Entonces, ¿por qué no quiere hacer ese viaje a Italia con su prometida?

-Amigo mío, no busque pelo al huevo.

Si no hago ese viaje es porque no me apetece.

-Don Arturo, es la ocasión perfecta para vivir unos días con ella.

Estoy convencido que el viaje es estupendo.

-Por eso le pido que, si tiene ocasión, anime a Silvia a hacerlo.

-¿No le importa que haga ese viaje con Esteban?

-Confío plenamente en ella.

Y los objetivos de la comisión son lo primero.

-No dudo de la honestidad de Silvia.

Pero no le creo una palabra.

Sé que le escuece que haga ese viaje.

-Caballero, le ruego que mida sus palabras.

-Y usted que no me mienta.

-Lamento que sea usted tan estrecho de miras.

Pero no todos somos unos celosos compulsivos como usted.

-¿Se da cuenta que me está insultando?

-No sea impertinente y le trataré con respeto.

-No, aquí el único impertinente que hay es usted.

Primero con Esteban, luego con Silvia y ahora conmigo.

Se quedará solo si sigue así. Sin contar lo que le pasa,

sin pedir ayuda.

-Le ruego que salga de mi casa.

-Samuel,...

he pensado que debemos acelerarlo todo.

Blanca tiene que ingresar en esa clínica cuanto antes.

-¿No es precipitado?

Tal vez deberíamos esperar algo más de tiempo.

-No. Es el momento oportuno.

(Se cierra una puerta)

¿Cómo ha ido el paseo?

-Solo hemos ido a la iglesia, señora.

Al rosario.

-Puedes retirarte.

Espero que te encuentres más despejada.

-Sí. Sí, la oración me ha calmado los nervios.

-Me alegro de que estés más templada,

estabas muy alterada.

-También me ha servido para meditar.

Y he llegado a la conclusión de que...

lo mejor será salir para la clínica

cuanto antes.

-Celebro que pienses así.

Iré a preparar los trámites.

-¿Estás segura que es lo que quieres?

Tal vez deberías mirar otras clínicas.

Comparar entre unas u otras. -No, no, Samuel.

No lo soporto más.

Me da igual una que otra, con tal de salir de aquí.

-Será como desees.

-Lo único que me gustaría hacer antes de partir es,

visitar la tumba de mi hija.

Necesito despedirme. Y me gustaría hacerlo hoy mismo.

-Yo estoy citado con los Vinaroz.

¿No puedes aplazar tu visita? -No te apures.

Prefiero ir con mi madre.

-Yo no tengo inconveniente en acompañarte.

Sería una lástima retrasar tu partida

por ese motivo.

Voy a arreglarme.

-¿Qué has averiguado? -¿Tan malo es?

Por el amor de Dios, suéltalo ya.

¿Has ido a comisaría o no? -Sí.

-¿Y? ¿Preguntaste por ese tal indio, le conocían?

-Se trata de un delincuente muy peligroso conocido por todos allí.

-A delincuente

te refieres a... ladronzuelo.

-A ladrón, sí.

Y asesino.

-Estoy deseando que esto se resuelva y traer esos soldados a casa.

-Estamos a punto de conseguirlo.

-Es una pena que doña Trini

esté en París.

Podría ir llamando a los familiares para mantenerlos informados.

-Yo puedo ir haciendo esas llamadas.

Además, el viaje es largo.

Habrá tiempo para organizar todo eso.

-Sí. Es un viaje largo, sí.

-"¡Que no, Servando!".

Que yo no voy a pagar ni un real. "Pa" mí, la hierba es de balde.

-No, no, de eso ni hablar.

-Silencio.

Alguien viene. ¡Alguien viene!

-¡Todos a esconderse!

-Aire, aire. -¡Venga, venga, corre!

-¡Ay!

¡Corred, corred!

-Así, así.

-¿Hay alguien?

-"Hay algo indefinido" en su rostro.

Como si algo la inquietara.

-Pues no, nada me inquieta. -Ya lo creo que sí.

La he dibujado varias veces

y, varias veces la he tenido que borrar.

No sé si está contenta,

triste, asustada,...

nerviosa...

¿Qué le ocurre, Flora mía?

-¿No ve que no puede seguir así?

¿No se da cuenta de que necesita ayuda?

-¡Necesito que se calle y que haga lo que le pido!

¡No va a llamar a ningún médico! Nadie puede saber nada de esto,

¿me está oyendo?

(Puerta)

-¿Qué sucede? -"Cuando te recuperes..."

podrás tener otros hijos.

-No me veo con fuerzas.

Ni siquiera pude prestar atención al entierro de esta niña.

-Deberíamos haberle dado sepultura en el panteón de los Alday.

Está ahí mismo.

-"Hija".

¿No saludas?

-Buenos días.

Busco a Blanca. ¿La han visto ustedes?

-Pues justo estábamos hablando de eso,

que no las hemos visto en misa.

Ni a ella ni a doña Úrsula. Y suelen ser asiduas.

-"Polvo eres..."

y en polvo te convertirás.

-Debo rezar por la madre de Diego

y Samuel.

Me consuela pensar

que hay alguien que intercede por mi hija.

¿Me acompaña, madre?

-"¿Las han visto?".

-He hablado con las vecinas y me han dicho que no han ido a misa.

-En el barrio tampoco las han visto.

-He ido a comisaría.

-El comisario no sabe nada. -Carmen ha preguntado a los criados

y tampoco tienen noticias de ella. Yo ya no sé dónde más buscar.

-Hágase su voluntad así en la tierra como en el cielo.

El pan nuestro de cada día, dánosle hoy y perdona nuestras deudas

así como nosotros perdonamos a nuestros deudores.

No nos dejes caer en la tentación...

¡Ay!

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Acacias 38 - Capítulo 773

30 may 2018

Cuando parecía que iba a abalanzarse sobre Úrsula, Blanca finge que intenta suicidarse y pide ingresar en la clínica. Íñigo cuenta a su hermana lo que ha averiguado: el Peña no está amnésico y está tratando de exponerlos a un tal 'Indio'. Úrsula recibe otra misteriosa carta sobre su pasado. Úrsula retira la denuncia contra Paquito. El sereno cuenta a Flora que no será despedido gracias, en parte, al Peña. Flora besa al Peña. Casilda se une a probar las hierbas de Jacinto.

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