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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 764 - ver ahora
Transcripción completa

-Deberíamos llamar a un médico para que no sospechen.

-Déjate de líos

y cojamos las de Villadiego.

Que Dios perdone mi crimen.

-(RONCA)

-"Has sufrido mucho, pero en esta casa"

tienes tus necesidades cubiertas, la compañía de otros criados

y la estima de Blanca.

Tu vida no es tan mala, pero piensa en tu hijo.

¿Cómo se habrá enfrentado a los errores de su padre?

"¿No se da cuenta de que si no asume sus actos,"

es tan culpable como su esposo?

Usted cree que llevó a Felipe por el buen camino,

pero ¿no será al revés?

-Confiese lo que le atormenta, yo puedo ayudarla.

-"Si ese plan no le agrada,"

podemos pasear por los jardines.

-Tampoco me agrada.

Una está en este mundo para trabajar

y, poco más. Deje que me marche.

Se lo pido por favor.

-"Estaba ciega".

He abierto los ojos.

-Celia, ¿estás bien? Me estás asustando.

-No te faltan razones. -¿A qué te refieres?

-Deja de centrarte en el exterior y preocúpate de tu interior.

Solo ahí encontrarás el consuelo y el perdón.

-Celia, ¿a qué vienen estas tonterías?

No te entiendo. -Nunca te ha importado mi opinión.

No seas tan generoso y tira,

que es muy fácil.

-"¿Qué has descubierto?".

Que quizás tenías razón,

que ocurrió algo más cuando perdiste el sentido.

¿Qué quieres decir?

-Que quizás tenías razón.

Quizás todas tus intuiciones eran ciertas

y ocurrió algo más el día que diste a luz.

-¿A qué viene esto ahora, Diego?

-Blanca,

¿recuerdas el día de la oración pública de Cristina Novoa?

Aquel día,

al terminar el acto,

hablé con una campesina, que al verte contar tu testimonio,

te reconoció.

-¿A mí?

-Ella fue la persona

que te recogió el día que diste a luz.

Estaba impresionada

por cómo te culpabas por todo lo sucedido.

Por eso quería hablar contigo.

-¿Conmigo? ¿De qué?

-Aquel día,

ella... observó un detalle extraño.

-¿Qué detalle?

-El cordón umbilical estaba cortado.

¿Recuerdas haberlo hecho tú?

La campesina te encontró desmayada.

Observó que no había restos de cordón ni en tus manos

ni en la tierra.

Por eso pensó que tuvo que ser otra persona,

pero allí no había nadie más, Blanca.

No supo darle explicación.

Eso no es todo.

Fui a la pensión donde se hospedaba y no la encontré,

luego me acerqué hasta su pueblo,

pero había desaparecido.

-¿Crees que le ha pasado algo?

-Creo que hay alguien que está interesado

en que no se sepa la verdad de lo que sucedió aquel día.

-¿A qué viene ese silencio? ¿Estás recordando algo?

-Me estoy acordando de que debo mantenerme firme

y no dejarme llevar por el demonio.

-Blanca...

-Tratas de hacerme dudar otra vez. -No.

No, mi amor. Pero no me niegues

que hay algo raro en todo esto.

-Estás poniendo a prueba mi fe,

pero no volveré a tambalearme

nunca más.

La única responsable de lo que pasó aquel día

y de la muerte de mi hija soy yo.

-Pero no te das cuenta de que quizás tuvieras razón.

¿Y si allí había alguien más?

¿Y si alguien se llevó...? -¡Basta!

No te quiero escuchar.

¡No caeré en tus mentiras!

¿Me prefieres loca a tu lado, que cuerda lejos de ti?

Maldito seas.

No vuelvas a esta casa

ni a buscarme jamás.

(Sintonía de "Acacias 38")

¿No escuchaste a Susana?

Al tercer día, la rata la espicha.

¿Y si le ha pillado la parca? -Calla, loca, no seas agorera.

-Realista, eso es lo que soy. Es una posibilidad al menos.

He ido al altillo y no estaba. Y por aquí tampoco ha aparecido.

-¿Y por eso ya está muerto?

Quizás esté dando un paseo, que se ha quedado buena noche.

-¿Ves lo estúpido que suena eso, verdad?

-Cada vez estoy más convencido de que te equivocas

y que no le echaste

matarratas al bizcocho.

-¿Y por qué se encontró tan mal de repente?

-¿Casualidad? -Las casualidades no existen.

Que me parta un rayo si volvemos a ver a ese hombre vivo.

-¿Nos jugamos algo?

-¡Peña!

¡Gracias a Dios! -¿Me he perdido algo? ¿Qué pasa?

-Nada. Te necesito para hacer un bizcocho.

-Será mejor que deje a los expertos pasteleros trabajar a gusto.

Coronel, me daría tiempo a bajar,

tomarme un café, subir, y estaría usted preparando

la jugada todavía. -El taco no estaba en condiciones.

Perdona.

-(CARRASPEA)

(CARRASPEA)

(CARRASPEA)

-Por fin,

por fin.

Estaba empezando a bostezar de tanto esperar.

No era tan difícil.

-Yo me retiro.

-Si solo has lanzado una vez.

-Ya os dije que no tenía muchas ganas de jugar.

Se me ha hecho tarde.

-Sí, será mejor que lo dejemos por hoy.

-No, jugad vosotros, pasadlo bien.

Yo iré a la alcoba a leer.

-Le acompaño, señor. -No es necesario, Agustina.

-¿Sigo yo?

¿Qué tipo de bizcocho quiere hacer?

-Me da igual,

de limón.

Y, dime, ¿dónde te has metido todo el día?

Fui al altillo y no estabas. Y tampoco has venido a trabajar.

Era mi día libre.

No me encontraba bien y salí a dar un paseo para que me diera el aire.

-¿No te encontrabas bien?

-No. -¿Qué tenías?

-Empecé con dolores de tripa, escalofríos

y, desde hace un rato, me viene dando un mareíllo muy malo.

-Basta, vamos al médico.

-Que no tiene importancia, mujer. Serán fiebres pasajeras.

-¿Y si es más grave? -No lo es.

-¿Cómo lo sabes? -Lo sé.

-Te equivocas. -¿Qué sabrá usted?

-Más que tú, que soy yo la que te he envenenado.

-¿Cómo que me ha envenenado?

-Te envenené sin querer. Con matarratas.

Lo eché por la tarta y tú te la comiste entera.

¿Sabía que había comido matarratas y no dijo nada?

-No sabía cómo sacarte el tema

y, luego pensé: "Él es más corpulento que una rata

y, luego, a lo mejor no le hace efecto".

-¡Podría haber muerto!

-Venga hombre, ya hablaremos de ello,

ahora, vayamos al médico.

Te has comido un bizcocho entero y, eso no puede ser bueno.

-No me comí un bizcocho entero.

-¿Cómo?

-Eh...

(ESCUPE)

Qué horror.

No, no, no, no.

¿No te comiste toda la tarta? -La verdad es que no.

¿Y eso por qué?

-No estaba muy rica. -¿Que no estaba rica?

-Sabía fatal.

-Me mentiste. -Mentira piadosa.

-¡Un embuste como mi cabeza!

Me mentiste entonces y me ofendes ahora.

¿Cómo te atreves a decir que mi tarta no estaba rica?

-¡Que casi me mata! -¡Basta!

No pienso seguir hablando de esto.

¡Me voy! Pero te iba a salvar la vida.

Este lugar es mío, quien se va eres tú.

¡Venga, fuera, aire! Disfruta de tu día libre.

(RESOPLA)

(CARRASPEA)

(BOSTEZA)

-A los buenos días, Servando.

Hoy es la misa en honor a Cristina Novoa.

-Lo que faltaba.

-¿No le apetece verla? -Lo que no me apetece es

arreglar el desaguisado que van a dejar.

Esa mujer atrae

a mucha gente y, esto se va quedar hecho unos zorros.

¿Y quién tiene que limpiarlo a la postre?

-Pues sí que está bueno hoy.

Se ha levantado usted con el pie izquierdo.

-No he "pegao" ojo esta noche.

Va a ser un milagro que no me caiga dormido.

Un milagro que puede apuntar

a la lista de Cristina Novoa. -¡Yepa ya!

(RÍE JACINTO)

¡A los buenos días!

-Empezarán a ser buenos cuando me traiga más plantas.

Son mano de santo para el sueño.

-Pues va a tener que esperarse una miaja más.

-¿Cuánto?

-Acabo de plantarlas y han de agarrar bien.

-¿Sabe doña Rosina que has "plantao" eso ahí?

-No, pero la doña no distingue un almendro de una rama de tomillo,

ni se va a dar cuenta.

Además, hace una flor "rebonica". -Más te vale,

porque ya sabes cómo se pone la señora cuando algo no le cuadra.

-No es "pa" tanto. Me recuerda a mi ovejita Manolita.

-Eso mejor no se lo digas a ella.

A Manolita le basta creer que el resto de ovejas va detrás de ella,

"pa" estar conforme, aunque sea el pastor el que marca el camino.

-Sus metáforas pastoriles me dan dolor de cabeza.

¡Necesito esas hierbas, por Dios! (BOSTEZA)

-(BOSTEZA JACINTO) Me lo ha "pegao".

Ahí va, París.

¿Cómo cree que estará mi Antoñito?

-Pues acordándose de ti, Lolita. Lo mismico que tú de él.

-Seguro que se ha ido a desayunar a un café unos bollos de manteca.

-Cruasanes.

-Hasta los nombres que usan son "rebonicos".

-Y raros.

Cómo se complican la vida, con lo fácil que es el castellano.

-No hay que ser cateta,

hay que abrir la mente y aprender idiomas.

-Sí. Yo con abrir el quiosco hoy, me conformo.

Tengo que aprovechar que no están los Palacios "pa" ponerlo al día.

Me estás robando un tiempo de oro.

-Seguro que se van a visitar la Torre "Alfil".

-Eiffel.

Y la catedral esa, la "Ruta de Dam".

-Notre Dame.

-"Pa" no haber estado allí nunca, sabe mucho del tema.

-Les he oído estos días atrás, mujer.

Y "pa" mí, que la cateta aquí eres tú,

que parece mentira que seas tú la que sepa de letras.

-Fabiana, ¿cree que es una ciudad llena de peligros?

¿Cree que estarán bien? -"Pos claro".

Víctor y María Luisa se la conocen y, saben por dónde no han de andar.

Tu "prometío" está bien, Lolita.

Echarte de menos es lo más malo que le estará pasando.

-Ojalá sea así.

Marcho, que doña Celia quiere ir bien "apañá"

a la misa de la Cristina.

A más ver.

-A más ver.

-Buenos días. -Buenos días.

-Buenos días, señora. -Buenos días.

¿Todavía sigue malamente?

-Peor que antes, pero no es del vientre esta vez.

-Arrea.

¿Qué es entonces?

-Mal de amores, doña Fabiana.

-Eso sí es malo. Y lo peor es que no hay médico que lo repare.

-Es usted única dando ánimos.

-¿Cómo es esa hermosa muchacha que te ha "robao" el corazón?

-Es hermosa y salerosa,

divertida, discutidora.

Un poco cabra loca, eso también.

Pero cuando sonríe,...

cuando sonríe se ilumina hasta la noche más oscura.

-¿Y cuál es el problema que te da el mal de amores?

-Que no soy el único interesado. -Vaya.

¿Te han salido competidores? -Ajá.

-¿Quieres un consejo? -Por favor.

Demuestra que eres el mejor de todos ellos

y él que más la merece, y ella caerá rendida a tus pies.

Ya verá.

-Que tenga un buen día, doña Fabiana.

-A más ver.

(Suena la campanilla)

¿Qué hace usted aquí?

No pueden subir extraños al altillo.

-Yo ya no soy un extraño, ¿no cree?

Al menos para usted.

Le he traído un regalo.

-He de ir a trabajar. Úrsula me reclama.

-¿No va a aceptar mi regalo?

-No estaría bien.

Quizá usted haya malinterpretado nuestra relación.

-Yo no he malinterpretado nada.

Me gusta, Carmen, y querría que me diera una oportunidad.

-¿Una oportunidad para qué? Para tener algo de verdad con usted.

El otro día me preocupó.

La noté algo alterada y triste,

y no me gusta verla así.

Me gusta verla sonreír.

-No debería, no después de lo que hice.

-¿Qué hizo? ¿Le ha obligado Úrsula a hacer algo?

-He abierto los ojos con todo lo que ocurrió en mi pasado.

Siempre he culpado a mi esposo y a mi hijo de todo aquello,

pero Cristina Novoa me hizo ver que yo soy la única culpable.

Pero ¿qué está diciendo? -No puedo eludir

la culpa.

No luché por mi matrimonio ni por mi hijo.

(Campanilla)

He de irme.

-No sé lo que le ha dicho Cristina Novoa,

pero se equivoca. Ya le dije que indagué en su vida

y que sabía quién era su familia.

No quise contarle entonces,

pero puedo asegurarle que hizo muy bien en marcharse.

-¿Qué es lo que sabe?

Susana, ¿vienes de confesiones?

-De hablar con el párroco.

Le he pedido que transmita en la homilía el fervor de los vecinos

por Cristina Novoa. -Qué buena idea.

Me encantaría que la fama del barrio llegara al Vaticano.

¿Has podido hablar con ella?

-Pero de hoy no pasa.

-Coméntale que yo también quiero verla.

No me perdonaría perder esta oportunidad.

-Vale. Pero ya sabes el control que tiene Úrsula sobre ella.

-Qué mala suerte que haya llegado de su mano.

Esa mujer tiene llaves del cielo, pero también del infierno.

-No blasfemes, Rosina.

Úrsula será lo que sea, pero hemos conocido a una santa.

Buenos días, señoras.

Felipe, seguro que quiere preguntarme

si tendré listo su traje para el día de la coronación

del Rey Alfonso XIII.

Pues la respuesta es sí, no se apure.

-No venía a eso, pero me alegra que así sea.

Venía a comentarles algo sobre mi esposa.

Estoy preocupado.

¿Qué ocurre?

-Ese es el problema, que no lo sé.

Últimamente

está triste y alicaída.

¿Saben ustedes algo? -Yo no, desde luego.

-Yo tampoco.

-¿Le ha preguntado a ella?

Dicen que el camino recto es siempre el más corto.

-Sí. Ella insiste en que no le ocurre nada, pero la conozco,

sé que algo ha pasado,

algo que me oculta.

-Perdone la indiscreción, pero...

¿las aguas vuelven a estar movidas en su matrimonio?

-En absoluto. Mi esposa y yo estamos viviendo la segunda luna de miel.

¿No saben lo que le pasa? -Dios nos libre. Además,

no es asunto nuestro.

-¿Y usted? ¿Sabe por qué Celia está triste?

Hay pocas cosas en Acacias que se le escapen.

Quizá debería hacer examen de conciencia,

todos los problemas de Celia

suelen tener su origen en usted.

-La verdad es que esperaba más colaboración

de sus supuestas amigas.

-Lo somos.

Por eso reconocemos el origen de todos sus males.

-Lamento que piense así.

No es desinterés, Felipe, sino ignorancia.

La única novedad que tenemos de Celia es que tuvo un encuentro

con Cristina Novoa.

-¿Cómo?

¿Dónde está el coronel, Agustina?

Llegaremos tarde a la misa de Cristina Novoa.

-No sabía que iba a ir con usted.

-Yo voy única y exclusivamente por hacerle compañía.

Le noto algo desmotivado y sé que ir a misa le anima.

-El señor no me ha pedido que le preparara la ropa para salir.

-¿Qué haces así? -¿Así, cómo?

-A medio vestir.

Vamos a llegar tarde a la oración pública.

-Disculpa, no te lo dije, pero no me apetece ir.

-Estabas muy ilusionado con ir al evento.

-Pues ya no lo estoy.

-¿Y a qué ese cambio de opinión?

-Agustina, déjenos solos.

-¿Qué ocurre, Arturo?

Te noto preocupado y como evitándome.

¿He hecho algo que te moleste? -No, no es eso.

-¿Entonces? Algo te ocurre.

-Solo cansancio.

-¿Todavía no te sientes bien?

-Tal vez tenga que ver con el asunto de la comisión.

Ese armador amigo mío se niega a bajar el precio del barco

y empiezan a no salirme las cuentas; aún aportando

todo el dinero y las donaciones,

no nos alcanzará para traer a esos muchachos.

-Amor, no debes cargar con toda la responsabilidad sobre tus hombros.

La comisión es cosa de todos, de Esteban

y mía también.

Entre todos lograremos resolver los problemas.

-Supongo que tienes razón.

¿Vas a dejar que vaya sola a esa misa para que tenga que responder

a las preguntas indiscretas de los vecinos ante tu ausencia?

-Siempre ganas.

-Agustina, prepare el traje del coronel,

nos vamos a misa.

Entonces, ¿no se la comió?

-La tarta estaba tan mala, que la tiró a la basura.

-Pobre Flora, con lo preocupada que estaba con el asunto.

-Obsesionada, diría yo.

Que no había quién se lo quitara de la cabeza.

Espero que le sirva para que ceda en la venta de la chocolatería.

-Yo no apostaría mi vida por ello.

-Lo sé,

pero no voy a seguir esperando mucho más.

La paciencia se me está agotando.

Estoy cansado, Leonor,

de andar ocultándome de los ojos de la gente,

temiendo que alguien pueda vernos o escucharnos...

Quiero vivir libremente el amor que siento por ti.

-(SONRÍE)

-¿No temes que nos vean?

-No. Están todos en la misa de Cristina Novoa.

No sé qué le ven a esa mujer.

Es horrible ver la devoción que le tienen.

Y más sabiendo que tiene manipulada a Blanca.

-¿Cómo está tu amiga?

-No he podido verla,

la tienen poco menos que secuestrada.

-Me encanta

el amor que desprendes hacia los demás.

Eres tan de verdad, Leonor...

Y yo soy tan afortunado porque quieras estar a mi lado...

-Calla, zalamero.

Vayan entrando.

No se queden aquí, que me hacen tapón.

Tenga, señor Paquito, para que se llene la tripa.

-Muchas gracias.

La verdad es que tengo hambre.

Pero que sepa que esto no va a hacer que la perdone.

Sigo enfadado con usted.

-No sea tan duro conmigo. -No soy duro,

pero usted es una mujer casada, y yo sé lo que vi.

-Lo que creyó ver.

¿Por qué no se pasa por la chocolatería y se lo explico?

Seguro que cuando se lo cuente, se ríe del asunto.

-No quiero que me cuente nada, que no es de mi incumbencia.

No quiero meterme donde no me llaman.

-Sí le llaman, yo le estoy llamando.

Por favor.

Doña Cristina, me he ocupado personalmente

de hablar con el párroco para que todo sea de su agrado.

Espero que la misa sea como usted desea.

-Seguro. Se lo agradezco.

-Eres una buena cristiana,

Susana.

¿Por qué no pasas esta tarde por casa para hablar a solas

con Cristina?

-Nada me haría más feliz.

-La escucharé con mucho gusto.

-Querida, ¿qué te parece si vamos tirando hacia dentro?

-Prefiero ir sola y buscar un buen sitio delante

para ver bien a Cristina.

No quiero esconderme en las filas

de atrás como haces tú siempre.

-¿Vamos entrando?

Lo único que me encoge el corazón cuando pienso en irme de Acacias,

es Blanca.

No me gusta dejarla en esta situación.

-Quizás no puedes solucionarlo todo, Leonor.

-Pero es que está tan cambiada...

Desde la muerte de su hija y la influencia de esa Cristina,

la han transformado por completo.

Ni la reconozco.

(Ronquidos)

¿Qué es eso?

¿Qué es eso? -¿Qué?

¿Quién está ahí?

¿Y por qué escucha conversaciones ajenas?

-¡Doña Úrsula, no estoy dormido, se lo juro!

-¿Qué haces aquí dormido, Servando?

-(BOSTEZA)

¿Llevas mucho tiempo a...?

-Llevo un ratito.

Esta noche no pegué ojo y me voy durmiendo por los rincones.

He venido al callejón porque si me ve doña Úrsula

echando la siesta, me cae la del oso.

-No le diremos nada.

Pero no puedes seguir así.

Has de llegar a alguna solución.

-La solución la tiene Jacinto y sus hierbas milagrosas,

pero no soy capaz de hacerme con ellas.

Que tengan ustedes felices sueños.

-¿De qué hierbas milagrosas habla?

-No tengo ni la más remota idea.

¿No te has dado cuenta? -Claro que sí.

Las cosas entre Felipe y Celia

no van bien últimamente.

Pero ¿qué les habrá pasado?

-Lo mismo tú ibas por buen camino y, Felipe ha vuelto a las andadas.

-Buenos días, señoras.

-Buenos días. -Buenas.

¿Vienen ustedes a la misa en honor a Cristina Novoa?

-Así es.

Yo soy un hombre de ciencia, pero me puede la curiosidad.

Quiero ver si es cierto

eso que dicen de la supuesta santa. -De supuesta nada.

Se va a quedar usted impresionado.

-¿Te sucede algo?

¿Me extraña que no hayas defendido a Cristina Novoa?

-La verdad es que no estaba escuchando.

-¿Estás nervioso? -No.

¿A qué viene la pregunta?

-No me parece bien lo que estás haciendo.

-¿Y qué estoy haciendo?

-Don Ricardo te está saludando y le estás evitando.

¿No le has visto?

-Claro que le he visto.

Si no le saludo es porque tengo mis motivos.

No hace falta que me regañes como a un zagal de pantalón corto.

-Disculpa, no quería importunarte.

-Pues lo has hecho.

-No se lo tenga en cuenta,

todos tenemos malos días.

¿Vamos?

-¿Van tres pesetas a que estos no llegan a la boda?

-No me las juego ni muerta.

¿Qué le sucede?

¿No se alegra de saber

que hizo bien en marcharse?

-Me da mucha pena por mi hijo.

-Debe... mirar hacia adelante.

Pensar en el futuro.

La vida es muy corta para pasársela mirando hacia atrás.

No puede derrumbarse, aunque Cristina Novoa

le diga lo contrario. -Doña Cristina

solo quería ayudar.

-Eso no lo tengo yo tan claro.

Quizá buscaba todo lo contrario.

Y creo que la mano

de Úrsula podría estar detrás de todo ello.

-¿Que quiere decir? He calado a esa mujer.

Úrsula...

disfruta haciendo el mal y haciendo a la gente sufrir.

-¿Qué es lo que averiguó usted sobre Úrsula?

¿Para qué lo contrató?

La misa en honor a Cristina Novoa ha sido preciosa.

Espero que llegue a oídos del Vaticano

y den autenticidad a su visión mariana.

-Dios así lo quiera.

Está claro que Cristina

está tocada por el Santísimo y que sus consejos solo ayudan

a los demás.

-Yo no estoy tan seguro.

-¿Qué quieres decir?

-Creo que esa mujer no ejerce una buena influencia sobre ti, Blanca.

-¿Cómo puedes dudar de una mujer tan buena y santa?

-No dudo de ella, pero quizá Blanca

haya exagerado sus consejos

apartándose de Diego

y planteándose su ingreso en un convento.

-Yo estoy haciendo lo correcto.

-No volveré a dejarme llevar por el pecado.

-Ya. Pero de ahí a ingresar en un convento de clausura...

-No quiero hacerme monja,

sino convertirme en una buena esposa,

pero tú me niegas la oportunidad.

Y lo entiendo, necesitas tiempo.

Yo no te voy a insistir.

No te molestaré.

Aguardaré intramuros

hasta obtener tu perdón.

Y si eso no llega a ocurrir nunca,

me quedaré allí expiando mis pecados.

-Blanca,

solo quiero que medites esta decisión a conciencia.

-Ya la he meditado.

-Lo haces tan bien, que consigues hacerme dudar.

Todo está saliendo a pedir de boca,

tenemos a Blanca justo donde queríamos.

Solo falta un último empujón.

¿Su origen familiar?

-Úrsula no recordaba un montón de cosas sobre su pasado,

sobre todo lo relativo a sus padres.

-¿Quién puede haber olvidado algo así?

-Cosas muy oscuras ocurrieron entre ellos,

cosas que una niña bloquea para poder seguir viviendo.

Lo mío me costó dar con la información necesaria

para aclararlo todo.

Los padres de Úrsula vienen de Rusia.

-No lo sabía.

-Es cierto que no tuvo una infancia fácil,

pero eso ya no justifica sus actos.

Lo cierto es que me pidió que localizara a sus padres;

y lo hice, pero no se lo conté.

-¿Por qué?

-Temo lo que pueda hacerles.

Tal vez hacerles pasar por las mismas humillaciones

que le hicieron pasar a ella cuando estaba embarazada de sus hijas.

Dentro de esa mujer hay mucha oscuridad

y una obsesión de venganza.

-Es un buen hombre, Riera.

Hace bien

en proteger a esas personas.

-No las estoy protegiendo a ellas,

sino a usted.

Tengo un as en la manga que puede destruir a esa mujer.

Si Úrsula le hace daño,

lo voy a usar contra ella.

-Nadie me había cuidado de esta manera en toda mi vida.

Buenas tardes. -Buenas tardes. Pasa.

Te está esperando.

-He anhelado tanto este momento.

Me siento tremendamente feliz de estar aquí.

-Es usted muy amable y gentil,

pero no soy más que una cristiana devota, como usted.

-No. Es usted mucho más,

doña Cristina. -Las dejo.

-Espero

que la conversación dé paz a tu alma, Susana.

-Gracias, Úrsula.

Gracias.

No me valen tus excusas.

No comerte mi tarta es un gesto muy feo.

-Feo es pensar que está asistiendo a mi muerte

y no hacer nada por evitarlo.

-¿Otra vez con esa milonga?

-Cosa grave es. -Grave es decir

que mi tarta estaba mala.

-Pues siga enfadada y sin hablarme.

-Eso es exactamente lo que haré.

¿Estás vagueando otra vez?

-¿Yo? No, no, no. -¿Qué estás dibujando?

-Nada que la ataña a usted.

-Como jefa tuya, te exijo que me enseñes ese cuaderno.

-Quizá no le gusta lo que ve.

-¿Qué significa esto?

-Verá, yo... Son...

-¿Me has dibujado a mí?

-Sé que los dibujos no le hacen justicia.

Me gustaría ser mejor dibujante,

pero no lo soy.

-¿Por qué me has dibujado a mí?

A ver si va a resultar que eres un sol.

-Si así consigo que vuelva a hablarme,

seré lo que quiera.

-No.

-¿Quién me mandará meterme donde no me llaman?

-¡Paquito, espere que le explico!

-¿Está usted bien?

-Es que siempre hago las cosas mal.

-Como buena cristiana que soy,

no puedo mirar hacia otro lado cuando sé que se están produciendo

actos impropios en este barrio. -¿Actos impropios?

-Personas que han vivido bajo el mismo techo

sin estar casadas, segundas nupcias,

adulterios...

-No es usted quien para juzgar a los demás, eso es tarea de Dios.

¿Qué me dice de usted?

-¿Yo, qué?

-¿Está en paz con Dios?

-Procuro ser una buena cristiana

y obrar correctamente. -Sin embargo,

yo la veo siempre sola. ¿Y su familia, dónde está?

-Todos han tenido que marchar a vivir lejos

por diversas circunstancias.

-¿Qué circunstancias?

¿Por qué todos se han alejado dejándola completamente sola?

¿Tiene hijos? -Dos.

-¿Dónde están?

-Leandro está en París;

y Simón se vio obligado a huir

con Elvira, su amada,

porque el padre de la muchacha no aceptaba la relación.

Él fue su mayordomo

y, el coronel se negó a que su hija casara con un hombre

de tan baja ralea. Pasaron lo indecible con ese hombre.

Pero he conseguido perdonarle, si es lo que pregunta.

-¿Cómo alguien de su estatus social tiene un hijo mayordomo?

-Eso forma parte de mi pasado.

Y ahora prefiero no recordarlo.

-¿Simón es hijo del hombre del que usted enviudó?

¿Estaba usted casada con el padre de Simón?

-(NIEGA)

-Entonces...

mantuvo usted relaciones extramatrimoniales con ese hombre.

-Mi marido acababa de fallecer.

Había fallecido recientemente. -¿Mantuvo relaciones

con un hombre mientras guardaba luto?

-No.

Él... Yo...

Él me forzó. -¿Que la forzó?

¿Era un desconocido? -No,

era un hombre de mi círculo,

un hombre al que yo consideraba un amigo.

-¿Qué ocurrió?

Mi marido acababa de fallecer,

yo estaba sobrepasada, la sastrería,

mi hijo todavía era un niño...

Y ese hombre...

empezó a mostrarme apoyo, ayuda...

-Y usted se dejó querer.

-Al principio pensé que lo hacía por caridad cristiana,

pero luego se dio cuenta

de que sus intenciones no eran buenas.

¿Hizo usted algo por pararle los pies?

-No. Al principio solo era amable.

-Un hombre se acerca a una viuda y le muestra sus afectos

y, la viuda no le para los pies,

normal que el hombre malinterpretara, ¿no cree?

-No sé. Yo estaba sola...

-Y quizá

le fuera bien la compañía masculina.

-No.

-Y luego, cuando se queda embarazada de él, sintiéndose culpable,

da a luz a un niño al que abandona.

-(LLORA)

-No es usted

la persona más adecuada para juzgar a sus vecinos, doña Susana.

Asuma sus pecados, doña Susana,

es la única vía para lograr la salvación.

-(LLORA)

¿Te importaría dejarme solo, Agustina?

-Disculpe mi impertinencia,

no voy a hacer tal cosa.

Deberíamos hablar, señor.

He visto cómo marchaba usted de la misa antes de que terminara.

Y sé porqué lo ha hecho. -Solo estaba cansado.

-Los dos sabemos que eso no es verdad.

A mí no puede engañarme, señor.

-¿Qué se supone que me está pasando, Agustina?

-Se está quedando ciego, señor.

¿No hay ninguna alternativa? -Hablé con ella.

Intenté que cambiara de parecer, pero no hay manera de convencerla.

-Tiene que haber algo en lo que no hemos pensado.

-Está decidida a ingresar en un convento

si no la trato como mi esposa.

Y eso es algo que no voy a hacer.

-Entiendo.

-Lo cierto es que a mí tampoco me gusta imaginar a Blanca

en ese sitio oscuro, encerrada en un convento de por vida.

-Sería horrible.

-Ella tiene luz

y, en ese lugar se marchitará.

-Tienes toda la razón.

Te agradezco lo que estás haciendo por nosotros.

No sé qué haría si no te tuviera de mi parte.

-Lo estoy haciendo por vosotros, por vuestra felicidad.

Me encantaría que Blanca estuviera a tu lado...

-Lo sé.

Lo sé, hermano.

-No veo la manera de solucionar todo este embrollo.

Lo único que se me ocurre es que ingrese en una clínica de reposo.

Los médicos la ayudarán a superar los últimos acontecimientos,

allí estará bien cuidada.

Debemos tener fe en que en ese sitio pueda sanar.

Es nuestra última esperanza, Diego.

(AGUSTINA) "Se está quedando ciego, señor".

Sé que nadie me ha dado vela en este entierro,

pero temo que ese ladronzuelo

se burle de usted y se aproveche.

-Venga esta noche cuando haya cerrado

y, además de sus cigarrillos, le daré una explicación.

No quiero que haya más secretos entre nosotros.

-"Me he enterado de que el Museo de Ciencias"

ha inaugurado una interesante exposición.

Me agradaría que me acompañara.

-Pues... pese a que no necesito animarme, acepto encantada.

-"Tenemos un asunto importante que tratar".

Llevas evitándome todo el día, pero se acabó.

-"Voy a hacerle una prueba" Siéntese.

de agudeza visual".

Dígame

qué letras ve.

-Ele... -Ajá.

-"Tiene buenos motivos para actuar así".

¿O acaso ha olvidado

lo que hablamos?

-Nunca podré olvidarlo. -Y así debe ser,

si es usted inteligente.

Ya veo que lo es.

Descanse. Aún debe seguir con su misión

evangelizadora.

(FELIPE) "Cristina Novoa, ella es la culpable".

-Blanca se encuentra en un momento muy vulnerable, rota de dolor.

-Y ella se ha aprovechado de eso.

Hágame caso, esa mujer es un veneno.

Se ha metido en la sangre de Blanca para hundirla.

-Solo serán unos días.

Ingresas en la clínica, hablas con los médicos

y después, tomas la decisión que creas.

-¿No será un hospital como en el que me ingresó?

-No.

Eso no lo permitiría.

-"Carmen, ¿qué hace usted aquí?".

-Señor, debo hablar con usted.

Es un asunto de la mayor enjundia. -¿Qué ocurre?

¿Le ha sucedido algo a Blanca? -No, señor.

Pero sí le puede pasar si no hacemos algo para impedirlo.

-"No querida hija,"

no será como la clínica que ya conociste,

será mucho peor.

  • Capítulo 764

Acacias 38 - Capítulo 764

17 may 2018

Blanca se niega a creer en las palabras de Diego sobre su hijo e insiste en ingresar en un convento. El Peña regresa a la Deliciosa para alivio de Flora y le confiesa que no llegó a comerse el pastel envenenado. El Peña confiesa a Fabiana que está enamorado de una mujer. Agustina ayuda veladamente a Arturo a disimular su falta de visión. La nueva víctima de Cristina Novoa es Susana. La sastra se siente culpable de su pasado tras entrevistarse con ella. Celia, todavía turbada, hace un desplante público a Felipe. Por su parte, Riera demuestra a Carmen que le importa y ésta acaba confesando su entrevista con Cristina. Riera trata de animarla y le cuenta el pasado de Úrsula.

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