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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 754 - ver ahora
Transcripción completa

Es mi hijo.

¿No lo ven? Es mi hijo. -Blanca, tranquila, por favor.

Ten cuidado. Estás nerviosa y se te podría caer.

-Esa mujer me lo ha robado. Lleva su ropa.

(MUJER) Es mío, es mi niño. -Tranquila,

se lo va a devolver. -Tranquilícese.

Nadie le hará daño.

-"¿No tengo derecho a dudar?".

-¿No tengo derecho de que mi prometida me cuente sus cuitas?

-Arturo, me conoces bien.

Siempre he supeditado todo por mi deber a España.

¿No te parece normal que tenga dudas y que no sepa manejarlas?

-Lo hablas con un desconocido porque no confías en quien será tu esposo.

¿Cuánto estás sin ir a la iglesia? -Mucho.

-En el recogimiento del templo,

en la palabra santa, encontrarás la paz.

-Está bien.

Esta mañana iré a la iglesia. -"Diego va a venir".

Ni siquiera Blanca lo sabe.

-Eso le hará mucho bien.

Es muy generoso. -"¿Que alojemos al Peña?".

Ni se me ocurre, señora, y yo no soy la más opuesta.

-Creía que, si alguien ayudaría al que sufre, es quien ha sufrido.

-"Me preguntó si estaba segura"

de querer casarme con él.

-¿Y?

-Y no le contesté.

No sé si Arturo es de esos

que nos ven como una posesión.

Tampoco sé

si soy la persona adecuada para él.

(BLANCA) "¿Y si de verdad tuve una niña y murió?".

"¿Y si Moisés solo existe en mi imaginación?".

No he vuelto a escucharlo llorar aquí, en la casa.

-Mi amor,... eran fantasías.

Comprensibles, pero fantasías. -"¿Cuándo acabará todo esto?".

-Cuando encerramos a Blanca

en el sanatorio mental del que nunca debiste sacarla.

Y esta vez,

para siempre.

(Llanto de bebé)

(Pasos)

Disculpen que les moleste. -Adelante, Carmen.

Usted nunca molesta. -Les he preparado

una merienda por si tienen hambre.

-Aguarda, Carmen.

Quería agradecerte todo lo que haces por mí.

-No hago nada, señora. -Sí,

sí lo haces.

Me cuidas con el amor de una madre y sé que lo haces de corazón.

-Y lo seguiré haciendo, señora. Puede contar conmigo

para lo que precise.

Lo sabe, ¿verdad?

-Quizá Carmen tenga razón.

Deberías comer un poco.

-No tengo apetito.

-Mi amor, no podemos seguir así, tan tristes,

tan abatidos.

Quizá deberíamos salir de aquí.

-¿Salir de aquí?

-Necesitamos un cambio,

este lugar nos trae demasiados recuerdos tristes.

¿Por qué no nos vamos lejos de Acacias?

-¿Irnos adónde?

-A un lugar donde poder empezar de cero.

Un lugar que nos devuelva la paz.

¿Por qué nos vamos a Suiza,

cerca de mi padre?

-Quizá.

No lo sé. -Sería maravilloso

volver a estar con él.

Volver a verle. Le escribiré

y le preguntaré.

Irnos a Suiza sería un bálsamo para ti y para mí.

Mi amor...

Es justo lo que necesitamos.

Vamos, come algo.

(Sintonía de "Acacias 38")

¿Hay café y aperitivos

para todos? -Hay comida y bebida de sobra.

La presentación de tu biografía

va a ser un éxito.

-No sé si es una presentación, solo van a venir los más allegados.

Pero he puesto tanto interés que no...

(PEÑA, SILBA)

-¿Le ocurre algo?

¿Tengo algo en la cara?

-No tiene nada, lo siento.

Me he quedado he embobada.

-Ten cuidado.

Se te nota mucho interés en ese hombre.

-Es que me cuesta verle por aquí cuando sé

que es el verdadero hijo de Cervera.

-Nadie puede saberlo.

Y me refiero sobre todo a él.

No le preguntes algo que nos delate.

-¿Por quién me tomas? No soy estúpida.

-Don Íñigo, voy a recoger. -Gracias, Peña.

Eh, Peña, le felicito por lo rápido

que ha aprendido la rutinas y los procesos.

-Muchas gracias, señor, quiero hacerlo bien.

-Lo está haciendo estupendamente.

Sobre todo por la voluntad que le pone.

¿Por qué no se toma la tarde de mañana libre?

-¿La tarde libre? ¿Por qué? -Para que descanse.

-Pero no estoy cansado, solo llevo un día trabajando.

-Pese a todo, Peña.

-Pero usted ha dicho que están contentos conmigo.

-Lo estamos.

-Entonces ¿cuál es el problema?

-No hay ningún problema.

La tarde libre es un premio a su trabajo,

así que cójasela.

No se la vamos a descontar del jornal.

-Como guste.

-¿Por qué demonios le has dado libre?

Encima la tarde, que es hora punta.

-¿No se te ocurre por qué?

-¿Porque eres tonto de capirote?

-¿Qué sucede mañana tarde?

-La presentación.

-La presentación de la biografía de César Cervera.

¿Quieres tenerlo por aquí oyendo relatos de su padre?

¿Quieres arriesgarte a que le suene alguna anécdota?

¿Quién es el tonto de capirote ahora,

Flora?

(AGUSTINA) Gracias, hija. Tenía pendiente limpiar

estos estantes, pero no alcanzo yo sola.

Ya no tiene una edad para subirse a escaleras.

-Para algo tenía que servir esta altura que Dios me ha dado.

-Así da gusto. -Bueno...

Pues este ya está, Agustina.

¿Qué más quiere que limpie?

-Eso era todo. Vete ya, que es tarde.

-No tengo prisa. La espero.

La Fabiana ha hecho una sopa para rechupetearse.

-No, tengo mucho que apañar aquí.

-Pues le ayudo y terminamos antes.

-No, deja, Lolita.

Quiero hacerlo con la calma y dejarlo listo para mañana.

-Lo que quiera. Pero no demore mucho, que no son horas.

-Agustina, ¿no se había ido? -Aún no, señora.

¿Quiere que le prepare algo? -Me apetecía

una infusión, pero me la hago yo.

-De eso nada, mientras yo esté aquí, usted no ha de hacer nada.

-De ninguna manera. Usted tiene tarea

y yo me puedo calentar el agua.

-Claro, pero no está bien.

No es lo que dicta el protocolo. -Agustina, deje esos cacharros.

Yo preparo la infusión para las dos.

-¿Perdone? -¿Quién es la señora de la casa?

¿Quién manda aquí?

-Sabe Dios que usted. -Pues eso,

es una orden. Siéntese.

Cuénteme algo.

-¿Yo? -¿Cómo está? Sí.

-No sé si esto es muy correcto, señora.

-No sé si será correcto, pero me apetece hablar con usted.

Así que sáltese las normas por un día y relájese.

-Pues ya que me lo permite usted,

me las saltaré metiéndome donde no me llaman.

Estoy preocupada por el señor.

Está sufriendo y en parte es por su culpa.

Usted ha preguntado.

No me pregunte

cómo me he enterado, pero sé que ustedes andan regular.

Y que la decisión de si continuar

con los planes de boda descansa ahora en su tejado.

Ya que me da usted la confianza,

le pediré que medite bien su decisión.

No tire por la borda todo todo lo bueno que hay entre ustedes.

Él ya no sabría vivir sin usted.

-Yo también le quiero, Agustina.

Y sueño con ser feliz a su lado.

Pero me da miedo que el matrimonio sea un fracaso.

-O quizá no, eso no lo sabe. -Bueno,

Arturo y yo tenemos formas distintas de entender la relaciones.

-¿Acaso no se puede hablar y llegar

a acuerdos?

¿Acaso el amor no está para superar los obstáculos?

Si no hace usted un esfuerzo, estoy segura

de que se arrepentirá.

Y más segura aún de que él se moriría de tristeza.

(Risas)

Basta, no sé por qué os reís. Fue una pesadilla horrible.

-Madre, tiene cierta gracia.

-Que Jacinto me monte un gallinero en el jardín tiene mucha gracia.

-Y que el gallo no dejaba de cantar nunca.

-No, me desperté con sudores fríos. Y no pude volver

a dormir. Ahora estoy agotada.

Justo hoy, que quería estar resplandeciente.

-No lo dirá por la presentación.

-No, lo digo por la visita del santo padre.

Pues ¡claro que lo digo por eso, Leonor!

-Pero si es una presentación sencilla, entre amigos.

Acudirán apenas los vecinos

y dos amigos míos periodistas.

-¿Y por qué no has invitado a más gente?

Dueños de librerías, críticos, literatos.

-Porque la biografía de Cervera no es para todo el mundo.

Lo he escrito con cariño, pero tiene un público muy concreto.

-Ese público tendrá que saber que lo has escrito.

¿Es que no quieres que se vendan ejemplares?

-No, lo que quiero es que se lea.

Los interesados en Cervera lo leerán.

-A ver si voy a tener que ser otra vez tu agente.

-Dios no lo quiera. -Mejor te iría.

Ay... Ahora vengo.

(CARRASPEA)

¿Qué os parece este conjunto? Lo voy a llevar a la presentación

con este sombrero

tan divino. ¡Ja!

-¿De verdad piensa ponerse eso? -No me dirás que es feo.

-Es exagerado.

Es una reunión pequeña

entre amigos. -¿Quieres que vaya

como una menesterosa a una reunión de amigos?

-No quiero que vaya como a una boda real.

-Es la presentación de tu libro, nada menos.

Y los vecinos irán con sus mejores galas

porque están orgullosos de ti

y yo no voy a ir sencilla. Soy la madre de la escritora.

Además de futura agente. -No quiero

que haga el ridículo.

-Liberto, ¿y tú qué? ¿No dices nada?

-No, él no piensa decir nada porque la conoce.

Y va a salir mal parado. Sobre todo porque usted siempre hace

lo que le sale de las pestañas.

Y yo prefiero no discutir más. -¡Hija!

-Suficiente tengo ya hoy. -¿Has oído eso?

-Rosina, ponte lo que quieras y lo que te haga feliz.

Escucha, tú eres preciosa,

el vestido es precioso, y hoy va a ser un día muy especial.

Así que no dejes que nadie te lo arruine.

-Por eso te quiero tanto.

Gracias, hermano.

Lo que hiciste ayer por mí y por Blanca fue de gran ayuda.

-Espero que nadie os molestara.

-Estuvimos de maravilla. Hablando, charlando, pensando.

Recolocando las cosas.

Y tomando decisiones.

-¿Qué decisiones?

-Disculpe el retraso, estaba solucionando unos asuntos.

Usted dirá en qué puedo ayudarle.

-Me gustaría compartir con usted mis pesquisas

para que las ponga en conocimiento de Méndez.

-Claro. ¿Qué ha descubierto?

-Fui al zoco.

En un puesto, encontré a la venta un reloj que me pertenecía,

que me fue robado el día del asalto.

-¡Eso es maravilloso!

¿Habló con el tendero?

¿Recordaba quién se lo vendió?

-Me dio un nombre, Higinio.

Pásele la información a la policía

para que puedan seguir investigando porque, lamentablemente,

yo no voy a poder.

-¿Por qué no va a poder?

-Me marcho de viaje. Esta es una de las decisiones

que te comentaba. Blanca y yo necesitamos alejarnos de todo esto.

-¿Y dónde piensan ir?

-A Suiza.

Cerca de nuestro padre.

-Le escribiré

para informarle.

-Me parece una gran idea,

seguro que el viaje le vendrá bien a Blanca.

Os voy a echar de menos.

(FELIPE) Suscribo cada una de las palabras de Samuel.

-Lo único que me extraña...

¿Blanca ha accedido a marcharse?

-Aún no me lo ha confirmado. Yo no quiero presionarla.

Pero lo hará.

Este viaje es justo lo que necesitamos.

(ANTONIO) "No me lo creo, padre".

¡Cien cafeteras! La reunión con los restaurantes ha sido un éxito.

-Y todo gracias a ti. Si es que has estado muy bien.

Con qué soltura has manejado la reunión.

Los tenías ganados desde el principio.

-Gracias, padre.

-Por eso he pensado que...

los beneficios íntegros serán todos para ti.

-¿Para mí? -Sí. Bueno,

aunque aún falta algo de tiempo,

tendrás que juntar dinero para la boda.

No solo por la boda,

sino por si alguna vez decides formar una familia.

-Va a hacer que me emocione, padre.

-Estoy orgulloso de ti, hijo.

-Se lo agradezco. De verdad, no solo su generosidad.

También que haya confiado en mí.

Sobre todo que acepte a Lolita como su nuera

y como madre de sus nietos.

Eso me llena el corazón de alegría.

Solo quiero que seas feliz, hijo, que tú y tu hermana lo seáis.

-Y lo soy, padre.

Y cuando me case, mucho más.

-Bueno, y basta ya, que vas a conseguir que me emocione.

Marcho, que tengo que preparar una reunión del yacimiento.

-Luego le veo.

¡Esteban!

-Don Antonio. -¿Qué tal su día?

-Los ha habido mejores.

-Ya. ¿Un café?

-De acuerdo.

-Es que no me puedo creer la suerte que tengo.

El Antoñito es tan guapo, apañado y tan respetuoso...

-Me da que el que tiene suerte es él.

-Bueno, pues los dos, doña Celia.

Me muero de ganas de llegar al altar.

-¿Y por qué no te saltas la tradición de Cabrahigo del noviazgo?

-Eso ni lo miente. No, que luego me caen cien años de mala suerte.

-No, si a la que menos le interesa que te vayas es a mí.

No quiero ni pensarlo.

-¿Es que me va a echar, doña Celia?

-No, pero, cuando pases a ser una Palacios,

dejarás de servir.

-Es que se me había olvidado.

-Buenas, querido.

-Lolita, ¿puedes prepararme algo fresco?

Quiero hablar con la señora a solas.

-Sí, sí.

-¿Qué ocurre?

-Diego y Blanca se marchan de Acacias.

-¿Se marchan?

-Diego cree que tienen que empezar de cero en un nuevo lugar,

que le puede venir bien a Blanca.

-Pues reconozco que me va a dar pena dejar de verles.

Pero, tal y como se comportó Blanca con ese niño,

yo también pienso que es lo mejor.

-Yo también lo creo.

¿Qué?

-Que me alegra que tú y yo hayamos superado nuestros problemas.

Viendo a nuestros amigos a nuestro alrededor,

no dejo de pensar que ha pasado lo peor.

-Tienes toda la razón. Mira Silvia y don Arturo.

He hablado con él, está tremendamente preocupado.

-Yo he hablado con ella.

Le he dicho que podía venir si necesitaba pensar.

Espero que no te importe.

-No. Ya sabes que no.

Es un placer poder acoger a la gente que queremos.

-Entonces ¿a qué esa cara?

-Será un mazazo

para don Arturo.

-Fue él quien le dio el ultimátum. -Él hizo lo que creía bien

esperando que ella le dijera que sí,

que se quería casar con él.

Pero no ha sido así. Conforme pasan las horas,

don Arturo tiene miedo de que Silvia le rechace.

Si Silvia abandona esa casa, aunque sea temporalmente,

él lo interpretará como un rechazo definitivo.

(ANTONIO) "No lo entiendo".

Entonces ¿ya no trabaja usted con doña Silvia?

¿Ya no se encargan de la comisión? -No lo sé.

Ella ha parado todo. Me ha pedido

tiempo para ordenar sus cosas.

-¿Y por qué está tan triste? -Porque estábamos tan cerca

de configurar una lista de presos, tan cerca...

-Ya.

¿Puede ser que le preocupe algo más?

-¿Qué quiere decir?

-Asuntos del corazón. ¿No estará triste por alguna dama?

-No, no, hace mucho tiempo que no me interesan esos asuntos.

-Ah, es usted...

Bueno, ya sabe.

Homosexual, invertido. -No.

Sabe Dios que no. Solo que no consigo encontrar una mujer

con las características que para mí son importantes.

-¿Y qué cualidades son esas? -Que sea buena conversadora,

determinación, independencia,

capacidad de sorprenderme.

¿Conoce a alguna mujer así? -Sí, una.

Pero está conmigo, es Lolita.

-Esteban, yo creo que usted conoce una mujer

con esas características.

Y que le ha robado el corazón.

-Quizá. -¿Cuál es el problema?

-Pues que esta que yo conozco

también está comprometida. Y yo soy un hombre de moral.

-Ya.

Y un hombre que no quiere enfrentarse a un coronel

que tiene armas en su casa. Claro.

-Bueno, prefiero no seguir hablando de este tema.

Dejémoslo aquí. -De acuerdo.

Pero le invito a una copa.

-¿Una copa? -Sí, para aguar las penas.

-De acuerdo.

Pero ¿adónde vas tan rápido? -¿Qué te pasa ti?

-Me pasa que anoche terminé de leer tu libro

y, si pudiera,

me rendiría a tus pies.

Eres una persona increíble, Leonor.

Y escribes con una sensibilidad y una inteligencia pasmosas.

-Acabo de salir de la sastrería con la cabeza llena de cosas mundanas,

y me he dado cuenta de que el auténtico regalo hoy

han sido tus palabras.

-El auténtico regalo eres tú.

Soy afortunado, Leonor,

así me siento, el más afortunado del planeta.

Y tú eres única. No hay nadie

como tú en toda la faz de la tierra.

Quería decírtelo

antes de que empezara la presentación, que luego

voy a tener que controlarme.

-Pues sí que ha provocado un efecto apasionante en ti.

Y eso que era una biografía.

No quiero ni pensar si llega a ser una novela erótica.

-En fin...

En serio, Leonor, te admiro de verdad.

-Gracias, Íñigo.

Significa mucho para mí.

(CLIENTE) La cuenta, por favor. -Enseguida voy.

Te veo luego.

-Doña Leonor. -Carmen.

¿Cómo se encuentra Blanca? ¿Podrá venir a mi presentación?

-Pues iba camino de su casa para llevarle una nota de disculpa.

Doña Blanca no podrá asistir.

No tiene el cuerpo para celebraciones ni actos.

Pero le desea a usted suerte.

-¿Cómo está ella?

-Ha dejado de decir que su hijo vive

para preguntarse el porqué de su mala fortuna.

Su cabeza está llena de preguntas sin respuesta.

-Ya. Entiendo.

-Dice que por qué Dios ha tenido que ser tan cruel,

qué culpa tenía el crío.

La pobre no hace más que martirizarse.

Aunque...

-¿Aunque qué?

Carmen, ¿qué ocurre?

-Es que no sé si debo contarlo.

-Blanca confía plenamente en mí. Es mi amiga.

-Don Diego le ha propuesto marchar de Acacias

y lo está valorando.

-Carmen, tienes que convencerla para que lo haga.

Quedarse en Acacias solo significaría

la locura para ella.

(SAMUEL) "Blanca está sufriendo"

lo indecible y yo también.

Sé que soy un egoísta pidiéndole tal cosa.

Pero me gustaría que regresara.

Sería de gran ayuda para Blanca en estos momentos y para mí.

Te necesito,

padre.

Te necesito a mi lado.

Firma su hijo, que le quiere, Diego.

Su contacto en Correos,

el que le intercepta las cartas, ¿es de fiar?

-No te apures, no hay nada que temer.

¿Qué vas a responderle?

-Eso ya no importa.

Diego y Blanca se van.

-¿Se van? ¿Adónde se van? -A Suiza.

Eso trataba de decirle.

Planean irse, viajar junto a mi padre.

-Eso no puede ser.

-Le dije que esto iba a suceder y usted

no me escuchó. ¿Qué vamos a hacer ahora?

-¿Cuándo tienen planeado marcharse?

-Cuanto antes. Planean dejarlo todo para empezar una nueva vida.

-Eso no va a pasar.

No lo permitiremos.

-Lo sé. Pero ¿cómo vamos a evitarlo?

-No lo sé.

Pero es lo que vamos a hacer.

Evitarlo.

Blanca

y Diego no van a ir ni a Suiza...

ni a ningún sitio.

Está hasta la bandera. -Estoy un poco nerviosa, la verdad.

-Suerte. -Gracias.

-Gracias.

¡Ay, hija!... -¡No me mires así, Susana!

-Es que no sabía que íbamos a asistir a la coronación de un rey.

-No todos los días se presenta el libro del año

y yo soy la madre de la artista.

Sin mí y sin mi Maximiliano, que en paz descanse,

nada de esto estaría pasando. ¡Flora, más canapés, por favor!

-Rosina, cariño, la protagonista es Leonor.

No tú.

-¿Qué quieres si yo brillo con luz propia?

Tengo tanta personalidad que eclipso a todos.

-Ya, claro. Haz un esfuerzo, te lo pido por favor.

Hoy es el día de Leonor.

(Golpes en el cristal)

-Discúlpenme. Tomen asiento todos, por favor.

Gracias a todos por venir. -Sí.

-Gracias todos por asistir.

Es un placer que hayan querido acompañarnos

en un día tan especial.

Este libro... -Madre, sigo yo.

Gracias. -No, no, no.

Yo puedo presentarte, tú eres la escritora.

-Es que no necesito presentación. Todos son mis amigos,

la mayoría me ha visto crecer.

Madre...

En primer lugar, quería agradecerles su presencia.

Hoy es un día muy importante para mí.

He escrito este libro con cariño

y con toda mi pasión, que no es poca.

César Cervera fue un hombre carismático,

curioso e inquieto.

Un famoso explorador que recorrió

las Indias orientales y África. Falleció hace unos años

en su último viaje.

Pero se pasó la vida viviendo aventuras apasionantes.

Hoy, en presencia

de su hijo,...

...Íñigo Cervera,

presento su biografía.

En ella cuento muchas hazañas y anécdotas vividas.

-¿Qué hace este aquí?

(SERVANDO) "Dicen los operarios"

que están haciendo un trabajo

de instalación para usted. -Me olvidé de decírselo.

-Con todos mi respetos, muy mal hecho.

Yo soy el portero y tengo que saber lo que aquí pasa

por si los señores me lo preguntan. -Tiene razón.

No pensaba que los de la compañía de teléfonos vendrían hoy.

-¿Está usted pensando en poner un teléfono en su casa?

Acacias 38, la primera casa

con un teléfono privado dentro y yo, Servando Gallo,

el portero de tan noble inicio...

Esto habría que decírselo a los periodistas.

-Servando, no exagere. Tengo muchas cosas que hacer.

-¿Me da usted su permiso

para decírselo a los del altillo?

Si no es una misión de doña Silvia. -Cuente lo que quiera,

pero váyase.

Hola, Silvia. -Hola.

Me gustaría hablar contigo. A solas.

-¿No ha escuchado, Servando? Váyase.

-Sí, señores, con permiso.

-Soy todo oídos. -"Fue en las Indias orientales"

cuando aprendió a hablar nepalí

y también aprendió a pescar.

Y elaboró sorprendentes mapas de la zona.

-¿Qué hace usted aquí?

-Es que me enteré de esto y pensé que necesitarían ayuda.

-Pues ya ve que no.

-Y que lo poco que leí aquel día parecía muy interesante.

Y me gustaría hacerle unas preguntas.

-¿A qué se refiere? -Disculpe, señorita.

¿Esos mapas de los que habla

los elaboró en esa zona durante su viaje?

-Según la documentación consultada, sí.

Fue durante su estancia allí.

-¡Oriundos! ¿Y sabe los nombres de quienes le ayudaron?

-Sí, de algunos sí.

Hay documentación extensa

de todas las personas con las que se cruzó.

Era un hombre sociable y empático.

Conserva muchos amigos de sus viajes

y hazañas por el mundo.

-Disculpe, ¿es que acaso conocía a César Cervera?

-¿Yo qué voy a conocer?

-Es que habla usted como si fuera su primo.

-Ah, pues no.

Pura curiosidad.

-Discúlpeme.

Si les apetece un ejemplar,

solo tienes que pedírmelo. Aquí hay más.

Así que espero que disfruten leyéndolo

como yo escribiéndolo.

(Aplausos)

Muchas gracias.

-Leonor, ¿me firmas uno? -Ay, a mí otro, por favor.

Que todo me parece tan sugerente

que quiero leerlo ya.

-Si queréis, os puedo firmar otro. -No hace falta.

-¿Quieren entrevistarme? ¿Quiere sacarme

un retrato? Quizá les pueda contar

cuando mi hija decidió escribir.

Yo... -Rosina.

Lo que quieren es fotografía a Leonor con Íñigo.

Íñigo, venga acá.

-"Eso es"

lo que querías decirme, que Celia te ha propuesto dormir en su casa.

-Solo te he dicho lo que Celia me ha propuesto.

-¿Eso es lo que quieres? ¿Alejarte de mí?

-No. Es lo que quiero decirte.

He estado reflexionando y lo tengo claro.

-¿El qué?

-Que te quiero.

Que quiero pasar el resto de mi vida junto a ti y que apuesto

por lo nuestro

sin condiciones, sin cortapisas y sin peros.

Y sé que somos distintos,

que tenemos formas diferentes de entender las cosas.

Pero te amo como nunca antes he amado a nadie.

-He tenido mucho miedo,

Silvia Reyes.

Miedo a perderte.

-No te va a resultar nada fácil librarte de mí.

He renunciado a mi trabajo, que me apasiona,

y a mi carrera solo por estar contigo.

Solo te pido una cosa. -¿El qué?

-Que trates de controlar tus celos y que confíes en mí.

Esto es importante para mí. Tú eres importante.

Pero hay más cosas en mi vida.

Cosas que me gusta hacer y cosas que me hacen feliz.

Tienes que respetarlas.

-Te lo prometo.

Ahora quiero pedirte yo a ti otra cosa.

-¿El qué?

-Ve a buscar a Esteban y tráelo aquí, quiero hablar con él.

-¿Para qué?

Gracias a todas por acudir. Ha sido un evento precioso.

-Tienes razón, Leonor. Te hemos visto crecer y ahora mírate.

Convertida en una escritora de éxito.

-Y una de las buenas.

-Estás preciosa, Leonor, y eres muy ingeniosa.

Tienes que estar muy orgullosa. -Señoras, me están ruborizando.

-¿Cómo ha ido la presentación? -Eso comentábamos.

Ha sido todo un éxito. ¿Cómo se encuentra tu hija?

-La he dejado en confesiones con el párroco.

-Me alegro que haya encontrado refugio en la fe.

-Al parecer, mi insistencia ha surtido efecto.

Ojalá fuera más creyente.

Ojalá se viera reflejada en el espejo

de Cristina Novoa. -¡No lo hubiera

expresado mejor!

A propósito. Gracias a mi buenas relaciones con la curia, he logrado

que Cristina Novoa

nos haga una visita.

(SUSANA) ¡Ay, qué buena noticia!

Me muero por conocer a esa santa mujer.

-Pronto podrás,

Susana.

Vendrá a Acacias y hará una oración pública.

A muchos les irá bien escuchar a una mujer tan pía y tan bendecida

por los dedos de la Virgen. -Bueno, será un acontecimiento.

Saldremos en la prensa.

Habría que engalanar el barrio como se merece.

-¿Usted cree? (SUSANA) Por supuesto.

Es una mujer importante

y tenemos que hacer una bienvenida por todo lo alto.

-Pues que así sea.

Mañana nos ponemos manos a la obra.

¿Cómo se puede ser tan buena,

tan guapa y lista como la señorita Leonor?

Todo junto en la misma muchacha.

-Y el misterio es que sea hija de doña Rosina.

Eso es lo que yo "entodavía" no me explico.

-Anda que invitarnos a merendar, es más buena que el pan.

-Y para la presentación.

Para que los criados no nos quedemos afuera.

Es igualica que la madre.

-¿Dónde está la Fabiana?

-Pues lo mismo no se ha enterado. -¡Huy!

Voy a avisarla, que lo mismo quiere churros.

-Que no se entere Servando. Que se la pasa

de merienda en merienda y más sabiendo que es por la patilla.

-No hay yacimiento

para pagar tanto dispendio. -¡Ay, tremenda!

¡Huy! ¿Y tú qué haces ahí,

sentada como una señorona?

-Pues aquí, primo, merendando.

Doña Leonor nos ha convidado por su presentación.

Tú también estás invitado.

¿Quieres un chocolate?

-Venga, va, pero me lo pago con mi reales.

No me gusta abusar de nadie.

Un chocolate,

haga el favor.

-Qué bien, primo. Así me gusta.

Que te vistas por los pies.

¿Sabes una cosa?

Quería yo hablar contigo a solas.

Es que... quería

darte las gracias por todo lo que estás haciendo por mí.

-No es para tanto. -Que sí.

Sé que aguantar a doña Rosina

no es tarea fácil.

-Difícil tampoco.

Y es buena persona, y eso es lo único que importa.

-El caso es que yo quería darte las gracias

porque estás ahí siempre que te necesito.

¿Te acuerdas tú, cuando en el campo del tío Aurelio,

yo me subí a un árbol?

¿Y a luego me daba mucho miedo bajar

y viniste tú, subiste

y me bajaste?

-Como para olvidarlo.

Que yo he tenido vértigo de siempre. Menudo tortazo nos dimos.

-Además de verdad.

-¡Ay!...

-Ay, primo.

¡Ay!

Pues ¿sabes una cosa?

Yo echo mucho de menos cómo me reía con mi Martín.

Él también era muy bueno, bueno, sencillo,

dispuesto a ayudar siempre.

Y a aprender. Él aprendía de cada experiencia

por dura que fuera.

-Y así murió, ayudando a los demás.

-Y pidiéndome a mí que fuera feliz.

¿Sabes una cosa?

Yo nunca voy a olvidar a mi Martín.

Hasta el día en que me muera, yo voy a pensar en él.

-Queda mucho para eso, prima.

-O no. Eso solo lo sabe Dios,

pero, hasta entonces, yo voy a disfrutar con los míos

porque os quiero un potosí, primo.

Esa mujer es una verdadera santa.

Dicen que obra auténticos milagros.

-No sé si creo en los milagros.

(CARMEN) Si me permiten la opinión,

siento tremenda curiosidad por esa mujer.

Las criadas del altillo hablan del asunto sin parar.

(ÚRSULA) La fe une bajo el mismo manto a ricos y pobres.

Cristina Novoa logra el acercamiento de todos

al único capaz de iluminar el camino, el altísimo.

¿Tú qué opinas, hija?

-Yo no entiendo cómo puede usted amar de esa manera

a un dios que tanto daño provoca.

-No eres nadie para juzgarle.

-Soy víctima de su obra.

(ÚRSULA) Los designios del Señor son inescrutables,

solo Él sabe por qué permite lo que permite.

Has de confiar en la grandeza de su obra.

Nosotros solo somos pequeños engranajes en algo mucho más grande.

(BLANCA) Por mucho que me explique,

yo no voy a entender por qué ha de morir un niño recién nacido.

-Tráeme la limosnera, Carmen.

En la oración,

hallarás la respuesta.

Tengo un regalo para ti.

-¿Por qué tiene esta estampa de San Ramón Nonato?

(ÚRSULA) La compré para un sobrino de los Urrutia

y se me olvidó dársela.

-¡Está mintiendo!

¿Qué me oculta? -Blanca, cálmate.

Tu madre tan solo... Blanca, ¿dónde vas?

¡Blanca!

Carmen, ve tras ella.

(ÚRSULA) Deberías seguir comiendo el pavo.

Se va a enfriar y está delicioso.

Siéntate.

No hay nada de qué preocuparse.

Deja eso, Leonor, Flora y yo lo haremos.

-Si no me importa, no se me caen los anillos por trabajar.

Y os lo debo.

-¿Qué nos va a deber usted?

-La presentación ha sido todo un éxito

y ha sido gracias a vosotros.

-Y a que has escrito un gran libro.

-Me he sentido importante.

Me dieron ganas de decir: "'Callarse', esa es mi cuñada".

-Gracias, Flora.

Gracias a los dos. ¿Qué, brindamos?

-Por supuesto.

-Gracias.

-Gracias.

-Por nosotros. -Y por tu libro.

-Y por que el Peña no recuerda.

-Sí.

Lo mal que lo he pasado cuando lo he visto.

-Y yo. Cuando ha empezado a hacer preguntas,

creía que me moría. Menos mal que ha salido bien.

-La tensión me ha dejado molida.

Hale, me retiro, os dejo a solas.

# Esa es mi cuñada. Esa es mi cuñada. #

-Y esta de aquí es mi chica.

Le agradezco que haya venido.

-Doña Silvia me dijo que quería hablar conmigo.

-En realidad, con los dos.

Quiero comunicaros mi intención de retomar la comisión.

Lo primero es organizar una recepción

en mi casa.

Servirá para recaudar fondos con los que empezar las operaciones.

Cuando confirmemos la ubicación de Luis Checa

y elaboremos un listado con los presos que están con él,

negociaremos con el general que los tiene retenidos.

Fletaremos un barco para traerlos de vuelta.

-¿Habla en serio, coronel?

-No será fácil.

Según mis cálculos, hay 47 españoles retenidos en Filipinas.

Nos va a costar un riñón traerlos. -¿Y qué vamos hacer?

-Escribiré una carta a gente comprometida.

Vecinos y otras figuras

de alcurnia y les explicaré

los objetivos y les animaré

para que hagan donativos.

-¿Y será suficiente?

-Tendrá que serlo; si no, buscaremos más.

Esteban. -Señor.

Mañana, la compañía de teléfonos

va a instalar un aparato en mi casa. Es usted más que bienvenido.

-Gracias, Arturo. -Sí, coronel.

Muchas gracias por todo. (ARTURO) Muy bien.

Pues manos a la obra.

(Golpe)

¿Quien anda ahí?

Blanca, tienes mala cara, ¿qué te ocurre?

-Es Úrsula.

Vi una estampita que...

me hizo pensar otra vez que mi madre podía tener a mi hijo

y me dio un vuelco el corazón.

Ya sé que es una locura. -Blanca...

-No, tenías razón, Diego.

Necesito alejarme de aquí, de Acacias.

Mira, no hay nada más que pensar.

Marchémonos de aquí.

Marchémonos de aquí para siempre.

Yo tengo que aceptar la realidad y acallar mis fantasmas.

Si no, voy a perder la razón.

-Eso no pasará nunca mientras estés a mi lado.

-Llévame contigo.

Quiero que nos marchemos juntos muy lejos de aquí.

¿Qué puedo hacer por usted? -Quiero dejar todo atrás,

ser un hombre nuevo para mi futura esposa.

-No puedo ayudarle en eso. -Sí.

Porque una de las cosas que quiero cambiar es mi aspecto.

¿Podría usted confeccionar un traje para una recepción?

-Si me lo permite, no me parece que deba cambiar su aspecto.

Que se tranquilicen.

-Mejor diles que se marchen.

No les quedaba media hora, me he pasado de horneado.

Han quedado negros como tizones.

-Siempre tienes la cabeza en otro sitio.

Nos vas a dejar sin clientes.

-Pues manda menos y estate más pendiente del horno.

-Esa es tu tarea.

-Claro, todo el trabajo para mí, mientras tú estás de tertulia.

Ocúpate de más cosas.

No doy abasto. -No me queda más remedio.

Bien que decía madre que no se te podía encargar nada.

-¿Madre? ¿De qué madre hablan?

-"Quédate a dormir conmigo".

Escribiré una nota a mi hermano.

Blanca, no quiero volver a separarme de ti.

Mañana por la mañana voy a comprar los billetes.

Avisaré para que te hagan tu equipaje.

(FLORA) "¿Dónde has aprendido"

a cocinar así?

-No tengo ni idea, me he puesto y me ha salido solo.

-Bueno, me da igual. Tienes unas manos de santo para esto.

Señor, pruebe,

los nuevos suizos de La Deliciosa.

Un manjar de reyes, pura ambrosía hecha bollo. No se priven

y prueben. No han comido algo así en su vida.

Y díganselo a sus amistades, estos dulces solo los tenemos aquí.

(DIEGO) "Hemos decidido"

buscar nuevos horizontes

a nuestra vida.

-¿Os vais a ir de Acacias?

-Así es.

Estoy aquí para avisar a Carmen

y que vaya recogiendo

las pertenencias de Blanca.

-¿Tan pronto?

-Lo antes posible.

-"La mayoría han confirmado su asistencia".

Y los que no me han prometido un buen donativo.

Todos menos Rosina, que ha escurrido el bulto.

-Era de esperar.

-Gracias a Felipe vamos a recibir una suma

del marqués de Viana. -¿Ves?

Una buena noticia. Sí.

Las familias más relevantes de este país

querrán seguir sus pasos y colaborar.

-Así es. Todo va viento en popa.

-Has estado muy acertado.

"(FLORA, TOSE)".

¡Las fiebres!

¡Ay, que me están dando las fiebres!

¡No llego a casa!

¡Ni a La Deliciosa!

¡Auxilio! -"¿Crees que nuestro padre"

se va a molestar al vernos llegar?

-¿Por qué iba a hacerlo?

-Porque no le he avisado.

La carta iba a llegar más tarde que nosotros.

-No te preocupes.

Estoy convencido de que padre se alegrará mucho.

(BLANCA) "¿Qué quiere?".

-Solo que me acompañes a un lugar.

Hay algo que las dos debemos hacer juntas.

-¿Dónde quiere llevarme?

-Ven conmigo.

Por favor, Blanca, confía en mí,

te juro que no te pediré nada nunca más.

Sígueme.

  • Capítulo 754

Acacias 38 - Capítulo 754

03 may 2018

Diego propone a Blanca viajar a Suiza con su padre y alejarse de Acacias. Y así se lo cuenta a Felipe y a su hermano. Samuel no duda en ponerlo en conocimiento de Úrsula. Llega el día de la presentación del libro de Leonor.

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