www.rtve.es /pages/rtve-player-app/2.17.1/js/
4575798
No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 746 - ver ahora
Transcripción completa

Moisés.

Moisés.

(Llanto de bebé)

¿Dónde está?

¿Dónde está? -"Se puso de parto

en medio de la nada".

-Blanca se desmayó a causa del dolor.

Cuando volvió en sí,... tenía a su hija muerta a su lado.

En su desesperación,

quizá para consolarse, dice que tuvo a un niño

y que alguien se lo cambió.

-"Me han robado a mi hijo".

-Estás delirando.

-Me lo robaron.

(LLORANDO) Me lo robaron.

-"Mi nombre es Esteban Márquez".

De su ayuda depende la vida de un gran amigo mío.

-Mi respuesta es negativa.

-Leonor y yo no podemos estar eternamente atrasando nuestro viaje.

-Pero no me podéis dejar sola. Ese hombre es él.

Peor vestido, más desmejorado, pero no me equivoco.

-Flora, esperaremos un día más.

Si no aparece, nosotros partiremos. -"Luis Checa,"

acabó en Filipinas.

Combatió y cayó preso de las tropas del general Aguinaldo.

-¿Y cómo sabe que sigue vivo? -No lo sé,

pero otro solado lo afirma.

Me contó que a Luis le ofrecieron casarse con la hija de un jefe.

Se negó. -"Samuel, no me iré"

sin ver a Blanca con tu ayuda o sin ella.

-Está bien, pero que sepas que eres un terco

que puede echarlo todo a perder.

Deberás esperar.

Úrsula no puede verte o te denunciará.

-No sé por qué, pero no me fío.

-No seas desconfiado. ¿Y si fuera verdad?

-¿Y si no lo fuera?

-¿Qué nos cuesta preguntar sobre Luis Checa?

-Supongo que nada. -"Vamos a tenderle una trampa".

Vamos a dejar la propina encima de una mesa.

-¿Como un cebo? -Eso es.

-"Diego, esto no se lo he dicho a nadie".

Moisés está vivo.

Y está escondido en esta casa.

¿Por qué me miras así?

¿No me crees?

-Lo intento.

-Diego, por favor, no dudes de mí.

Si te he contado que Moisés está aquí,

es porque pensé que serías el único que no dudaría de mis palabras.

-De acuerdo, mi amor. Explícamelo con más detalle.

¿Qué has escuchado, qué has visto?

-Ver no he visto nada.

Pero he escuchado el llanto de un recién nacido.

Ya sé que vas a pensar que estoy delirando.

Yo misma creí que eran imaginaciones mías la primera vez.

Pero he vuelto a escuchar su llanto en más ocasiones.

-¿Qué más?

-Olores.

Olor a leche,...

a jabón suave.

Y nanas susurradas, arrullos.

-Mi amor, ¿de dónde vienen estos sonidos y olores?

-Siempre detrás de los tabiques.

No lo sé.

No lo sé. Suena a locura,

pero están. Están.

-¿Le has preguntado a Samuel o a Úrsula?

-Ellos creen que estoy demente.

Yo ahora finjo haber olvidado los llantos.

¡Pero sé que Úrsula robó a mi hijo!

¡Diego, sé que está en esta casa! -Sosiégate, mi amor.

-Tenemos que encontrarlo.

Tenemos que encontrarlo y tenemos que alejarnos de aquí.

Nos lo ha robado.

-Mi amor, vamos a tratar de analizar todo esto con serenidad, ¿sí?

Blanca, mírame.

¿No crees que si hubiese una criatura en esta casa,

la habrías visto?

-No lo sé.

No lo sé, Diego. He buscado en las habitaciones,

en la despensa, en el cuarto de la plancha, en cada rincón.

Menos en el cuarto de Úrsula.

Podría esconderlo ahí.

-¿No sería demasiado arriesgado para ella?

-No lo sé. No lo sé.

No lo sé.

A lo mejor ha hecho construir una habitación secreta

¡o un maldito agujero donde ocultar a mi niño!

Blanca, Blanca, por favor, vamos a tratar de ser racionales.

¿También crees que estoy loca?

-No, no, mi amor.

Solo que queríamos mucho a esa criatura

y su pérdida nos resulta insoportable.

-No es una criatura. Diego, es Moisés, es nuestro hijo.

-Llevas razón.

-Dime que me ayudarás a encontrarlo.

Prométemelo.

¿Por qué te callas? Diego, prométemelo.

-Te lo prometo.

(Sintonía de "Acacias 38")

Lolita, hija, ¿has "sabío" algo más de doña Blanca?

-Quia, desde que regresó "na", que sigue en casa los Alday.

-Doña Trini

y don Ramón habían "pensao" acudir a darle el pésame.

Pero no saben si es demasiado pronto.

Parece que esperarán unos días "pa" visitarla.

-Pobre mujer.

Ni me imagino lo que se debe sentir al perder una hija.

-Tiene que estar usted "mu" contento Jacinto.

Después de la sorpresa que le dimos a Casilda,

se le levantó el ánimo un montón.

-Qué callado tenía usted que era poeta.

-Me ofusca usted, Agustina.

"Aficionao", "na" más.

Las horas que pasa uno solo en los prados,

que dan pa todo, hasta "pa" componer.

-No seas tan humilde y prodiga más ese don que Dios te ha "dao".

-Si una pudiera hacer feliz a la gente

con los versos, no haría otra cosa. En Cabrahigo tendría un monumento.

-Me apabullan, señoras.

A uno le sale porque lo lleva dentro y no más.

Tampoco tiene tanto merecimiento.

¡Ay, qué joyitas los dos, él y la prima!

Cuando quieren, son unos cascabeles y, más buenos que las pesetas.

-Da gusto ver lo bien que se llevan ustedes aquí en el altillo.

-Ya le dije cuando llegó, que somos como una familia.

Pues doy gracias al Altísimo

por haber caído en medio de tan buen género.

Y que no se nos tuerza. -Eso sí,

que no se tuerza.

-Écheme un poco más, Fabiana,

que cocinar así sí que tiene merecimiento

y, no echar cuatro rimas.

-No, Jacinto. Ya me gustaría ponerte un poco más,

pero no hay "pa" repetir.

-¿Cómo que no?

Si quedan por lo menos dos cazos en lo "pegao" de la olla.

Son para Servando.

Qué raro que no esté por aquí.

-Sí que es extraño, sí, que no haya "subío" Servando al olor del guiso.

Su olfato es como el del perro del tío Venancio,

olía mejor el arroz con liebre, que la del campo.

-(RÍE)

(FORCEJEANDO )¡Déjame, suéltame,

tengo que decírselo a la cara!

¡Ahí estás! ¡Asesino,

que no eres más que un asesino! -¡Cállese!

-¡No quiero callarme, no puedo! ¡Él mató a mi nieta!

-¡No mató a nadie!

-¡Por su culpa, mi hija puso

su vida en peligro y, también, la de la niña!

¡Es el único culpable

de la muerte de la cría, el único!

-¡Diego y Blanca querían lo mejor para esa niña!

¡Nadie es responsable!

-Tranquilícese.

No voy a discutir con usted. Puede pensar lo que quiera.

Ahora, lo único que me importa es que Blanca sufra lo menos posible.

-¿Puedo soltarla sin temor a que cometa una estupidez?

Lo mejor será que se marche a su dormitorio.

-Esta es mi casa. Nadie me dice lo que debo hacer.

-También es la mía y, querría hablar con mi hermano. Por favor.

Siéntate. Tengo buenas noticias que darte.

Me acaban de comunicar que las gestiones de Felipe

han tenido éxito.

Sus contactos dentro del círculo de nuestro rey han dado su fruto,

te han concedido el indulto, Diego.

-Gracias.

-Gracias. Transmítele también

mi agradecimiento a Felipe. Supongo que no le ha sido fácil.

También tú habrás tenido algo que ver para que Felipe insistiera.

-Lo he hecho con gusto.

Quiero que nuestra relación,...

que volviéramos a ser los hermanos que éramos.

-No sé si será posible.

Los dos hemos cambiado.

Pero, por mi parte... no quedará.

¿Has hablado con Blanca?

-¿Sobre qué?

Ella necesita cariño, no charlas.

-¿No te ha contado sus sospechas? -¿Qué sospechas?

-Cree que Úrsula tiene a su hijo escondido en esta casa.

-Ya, eso.

-Oye llantos

y nanas... ¿No te lo había dicho?

Anoche, Úrsula la encontró abriendo las habitaciones

y buscando en cada rincón.

Decía que le había oído llorar.

-¿Y tú no has oído nada?

-No, nada.

Está desvariando, ¿no lo comprendes?

¿La has creído?

-No lo sé. Me parece que está en su sano juicio.

-Es el dolor, Diego.

Hemos tratado de convencerla de que sufre delirios.

Esta mañana, durante el desayuno no ha dicho nada.

Pero no solo sigue creyendo quimeras,

sino que te ha contagiado a ti.

-No me ha contagiado, Samuel.

Es solo que no podemos quedarnos de brazos cruzados.

Tenemos que ayudarla.

Tenemos que buscar una manera de que acepte la realidad.

-Cuenta conmigo, Diego.

Alguien sube. -Ahí tiene a su Servando,

que parece que se le han "destapao" las narices.

-Buenas noches. -¿Has "cenao", Casilda?

Si quieres te saco un queso del morral.

-Nones. Ya he "cenao"

en casa de doña Rosina.

Subía para daros las gracias otra vez

por lo de esta tarde.

Ha "sío" "mu" "sentío" y, quería que supieran cuánto.

Tengan.

Son unos corazones como los que hacía mi Martín.

-Son muy bonitos, hija.

-Están hechos con el amor

que ustedes se merecen.

Y vienen a significar que ustedes son mi familia.

-Y que ahora que mi Martín no está,

son todo lo que me queda.

-Y que sea por muchos años, hija.

-Gracias, Casilda.

Pero el mérito principal lo tiene Jacinto,

que las rimas salieron de su mollera.

-Gracias, primo. -De nada, prima.

Que sepa que, mientras yo viva, no estarás nunca sola,

aunque tenga que dejar las ovejas en el redil más de una "jorná".

-Te voy a tomar la palabra.

¿Por qué no te quedas un tiempo en Acacias?

-"To" sea por complacerte.

Pero sabes que no se estar mano sobre mano

y, aquí no tengo ocupación. -¿Te quedas entonces o...?

-Lo intentaré.

A ver si no me entra la morriña de mis animales.

-Pues aguántatela, aunque te entre la morriña o lo que te entre.

-Te complaceré, pero con una condición.

¿Qué te pidió Martín antes de morir?

-¡Que fuera feliz!

-¡Uy, perdón!

-Bien lo ha dicho la Lolita.

Martín quería que fueras feliz.

Me quedaré una "temporá", si obedeces a tu "marío".

-Yo no le voy a llevar la contraria.

Intentaré acordarme siempre de nuestros buenos momentos.

Y el Señor no me verá echar una lágrima

que no sea del gozo de haberle disfrutado.

-Así se habla.

-¿Quieres...

echar un grito borreguero, eh?

-Primo,

una cosa es ser feliz y, otra, el escándalo.

Pero cuando esté preparada para dar aullidos,

te aviso. -(JACINTO ASIENTE)

(RIENDO) Muy bien.

Ay...

Écheme usted medio cacito, Fabiana, que el Servando ya no viene.

-No puede ser, Jacinto.

Subirá.

Sería la primera vez que ese se pierde uno de mis guisos,

el tragaldabas ese.

¿Dónde se habrá "metío"?

Margarita, deja la mesa, ya la recojo yo.

Vete a casa, que hoy te has ganado el descanso.

-Vamos a tenderle una trampa.

Vamos a dejar la propina encima de una mesa.

-¿Cómo un cebo? -Eso es. Y si pica,

lo atrapamos.

-Vamos a hacerlo.

Como cuando de niña pescaba truchas,

nos daremos un banquete. -Sí.

-Ni banquete ni nada, no ha picado el muy tunante.

¡Sereno, sereno!

-¡Ya va!

¡Ya va!

Pues sí que ha vigilado usted bien.

Se ha llevado la propina y usted a verlas venir.

-Le juro por lo más santo que he estado vigilando la mesa,

desde las sombras, eso sí.

-Pues ya me dirá usted cómo ha conseguido llevarse la propina

y no verlo.

-Es más astuto de lo que pensábamos.

-Lo que tiene que pensar es una forma de atraparlo.

-Mañana

repetiremos la estratagema, pero no me esconderé.

-Si no se esconde, no se va a acercar.

Con lo que impone su presencia.

-No me esconderé, pero tampoco me dejaré ver.

Me sentaré en la mesa como un señor y me ocultaré con el periódico.

-Fingiré que leo y que no presto atención a las propinas.

-Si él es astuto, usted es más que espabilado.

Hasta sagaz, diría yo.

-No sé cuál de los dos será más listo,

pero no pararé hasta que atrape a ese descuidero.

Buenos días, hija.

Te traigo el desayuno.

¿Cómo has pasado la noche?

Carmen, deja la bandeja

y retira las cortinas, que entre la luz.

Vamos.

Incorpórate, tienes que comer algo.

-Déjeme en paz.

-¿Qué te sucede?

¿Has vuelto a imaginar... cosas?

Lo ideal sería que desayunaras bien y fuéramos a dar un paseo,

que te dé un poco el aire. Tienes que recuperar fuerzas.

Estar encerrada aquí no puede ser bueno.

-¿Soy yo la única que está encerrada en esta casa?

-¿Qué quieres decir?

Tenemos que arreglar esto, hija.

Yo me desvivo por cuidarte

y tú me devuelves frialdad y, algo que yo calificaría de rencor.

¿Por qué, Blanca?

-Perdone.

Perdone, madre,

no quería angustiarla.

-No tienes que disculparte.

Has pasado la peor prueba que nos puede poner la vida.

Todo lo que hagas

o digas es comprensible.

Usted también tiene que estar sufriendo.

-Sí, pero no como tú, claro.

Lo que sí es cierto...

Tenía tantas esperanzas puestas en mi nieta.

Es una pérdida tan grande, tan irreparable...

Encantado de conocerle, señor Ochoa.

Le agradezco que haya acudido a mi llamada con tanta rapidez.

-Encantado, coronel. -Le presento a la señorita Silvia...

-Reyes. Sobran las presentaciones.

Feliciano Ochoa para servirla. A sus pies,

señorita Reyes.

La conozco como la conoce el país entero.

Considéreme su más rendido admirador.

Muchos hombres solo acreditan como supuesto el valor que ha demostrado.

-No exagere, señor Ochoa. Me limité a cumplir con mi deber,

como haría otro funcionario y servidor público.

-Don Feliciano es el responsable de la oficina comisionada

para la repatriación de nuestras tropas en las colonias.

-Ya ve, señorita Reyes, un servidor público, como usted.

-Sentémonos.

Señorita, un café, por favor.

¿Quiere un café, ¿verdad? -Naturalmente.

Ya lo echaba en falta.

He citado a don Feliciano

para ver si puede ayudarnos en el caso de Luis Checa.

-¿Lo cree usted posible?

-No garantizo nada. Tendrán que ponerme primero en antecedentes.

La repatriación es una tarea

muy difícil en la que no siempre nos acompaña el éxito.

-Luis Checa es uno de los soldados que quedó en poder de Aguinaldo

cuando se proclamó la República Filipina

y de los que nadie ha vuelto a oír hablar.

¿Sucede algo, señor Ochoa?

-Aguinaldo siempre negó que tuviera en su poder súbditos españoles.

-Bueno, es un hecho que esos soldados nunca regresaron.

-Bien pudieran estar muertos. -Pudiera ser.

Pero, en el caso del soldado Checa, un amigo suyo; Esteban Márquez,

asegura que está vivo

y ha hecho una cuestión de honor el traerle a casa.

-Por una amistad así, bien merece la pena hacer gestiones, ¿no cree?

-Apañados estaríamos si tuviéramos que presionar

por cada soldado que se quedó atrás.

Si no lo saben,

las Filipinas se encuentran bajo soberanía norteamericana.

-¿Y qué? Siguen siendo presos de guerra.

-Quizá, señorita Reyes, quizá, pero el gobierno no quiere tiranteces

de ningún tipo con EE. UU..

-Tampoco querrá que unos jóvenes que arriesgaron su vida

por la corona, se queden abandonados

por esas tierras. -Es graciosa su insistencia.

¿Quién les dice a ustedes

que el tal Checa no se haya quedado en las islas por propia voluntad

al calor de alguna tagala?

-Me parece ofensiva su insinuación.

-Miren, nada me gustaría más que satisfacerles,

pero la experiencia es la madre de la ciencia

y, yo la tengo en cuestión de repatriaciones.

A estas alturas, por una u otra razón,

bien podemos dar por perdidos a los que no regresaron.

Disculpe, pero está usted al frente de la oficina de repatriaciones.

Negarse a indagar sobre Checa,

sería negar su oficio.

-Silvia, por favor.

-Solo le estoy pidiendo que cumpla con su deber. No arriesga nada.

-Señor Ochoa,

verá, solo le pedimos,

no sé, usted conoce mejor el procedimiento,

pero en principio, bastaría con enviar una misiva

a nuestra embajada y al gobierno militar estadounidense.

-Complicado, muy complicado. Y arriesgado.

-¿Para quién? -Para mí.

Esas epístolas serían como agitar un avispero en el ministerio.

-Cobarde. -¿Señorita?

Si me disculpan...

(LEE ÍÑIGO) "Yo no era nadie hasta conocerte".

"Tú me hiciste grande".

"Grande

porque te fijaste en mí

y eso me hacía especial".

"No he conocido en toda mi vida

a una mujer como tú".

"Ni la conoceré".

-Zalamero.

Sigue, por favor.

-Está bien.

Iré a mi párrafo más sincero.

(CARRASPEA)

"Mi vida

ya no tiene ningún sentido si tú no estás a mi lado".

"Quiéreme, por favor,...

porque yo ya no voy a poder dejar de amarte".

-No me canso de escuchar tus palabras.

Si no fuera porque probablemente

el afecto nubla mis entendederas,

diría que hasta tienes estilo.

-Es fácil escribir cartas de amor cuando alguien te inspira.

-Tienes madera de literato.

Tal vez podríamos escribir una novela juntos.

-¿Tú crees?

Jamás se me habría ocurrido.

He sido contrabandista, he sido chocolatero...

Me he buscado la vida, pero...

Narrador... -Las vivencias

las tienes.

-Quizá demasiadas.

Y quizás tengas razón.

He tenido que inventar tantas mentiras para sobrevivir, que...

quizás no me resultaría difícil preparar más

para el lector.

-La escribiremos, pues.

-Pero las escribiremos lejos.

Donde nadie se inmiscuya en nuestra vida.

-Mañana partiremos.

Y mañana empieza todo.

(Puerta abriéndose)

-¿Se puede saber qué estáis haciendo?

-Madre, ¿ya ha terminado de comprar?

Necesitamos tranquilidad para trabajar.

-¿Es que acaso no lo ve usted, doña Rosina?

A su hija se le ha metido una mota en el ojo y nadie se la saca.

-¡Ah!

-Quita, torpe.

-¡Ah, madre, madre, que parece un tifón!

¡Madre, que me saca el ojo! Ay...

Y se presenta a sí mismo como servidor público.

-El nombramiento lo tiene.

-Sí, pero se dedica

a tomar café y a fumar habanos en su despacho

mientras los soldados pasan calamidades.

-Es un vago redomado.

He oído que frecuenta tabernas y salones de billar

en horario ministerial. -Una joya.

-Había que intentarlo. Es la vía oficial

para conseguir lo que queríamos.

-Pobre muchacho.

-¿Quién?

¿Luis Checa en las Filipinas

o el apuesto Esteban Márquez?

-No seas bobo, de verdad.

Pero ¿qué le vamos a decir a Esteban?

-Pues lo que ha pasado.

Que lo hemos intentado y que no lo hemos conseguido.

Te recuerdo que tenemos una boda que organizar.

-Aún queda mucho para el enlace.

-Serás la primera que se quejará de que has tenido poco tiempo.

Queremos una boda perfecta. ¿No es eso?

Bueno, tenía que haberlo visto, doña Leonor,

bueno, "tos" tenían que haberlo visto. A mi primo

y a los "criaos" recitando como los ángeles.

Y decían así:

"Casilda había 'olvidao' a su esposo, a su amor".

"Estos versos quieren recordar

la historia de dos amantes eternos".

"La historia de Casilda y de Martín,

una historia de amor inolvidable, hermosa y feliz".

-Me alegro mucho de que te haya servido, Casilda.

Se te ve más entera, y hasta contenta.

-Bueno,

es que estoy...

más "calmá".

-A ver si así te centras en lo tuyo.

-Madre, de verdad, siempre pensando en lo mismo.

-Jacinto tuvo una gran idea.

Coplas para hacer que su historia sea un bonito recuerdo.

-Es que mi primo es muy "salao".

¿Saben ustedes una cosa?

Le he "pedío" que se quede una temporada.

-Pues mira qué bien,

así podré conocerle un poco mejor.

-No sé yo si le va a dar tiempo, don Liberto.

Es que no sé cuánto tiempo va a aguantar mi primo sin faenar.

Está "acostumbrao" a trabajar como un mulo.

No se hace a otra cosa.

-¿Y si le consiguiéramos un jornal?

-¿En qué estás pensando? Mira, que te conozco...

Además de un pedazo de pan,

eres un manirroto. -No, Rosina, que nos vendrá bien.

Como Jacinto es un hombre de campo,

podría ayudarnos a cuidar los jardines

-Pero ¿te has vuelto loco?

¿Meter a un pastor en mi casa?

-Ay, señor... Muchísimas gracias, Dios se lo pague.

-Ah, ¿sí? Pues que Dios

también le pague el jornal.

-Bueno,

yo voy a correr a pregonárselo.

Se va a volver loco de la alegría.

Ya tiene un quehacer, y encima, "pagao".

-Tendrías que habérmelo consultado antes.

-Madre, madre, tiene razón. Desde que murió Martín,

el jardín languidece. -Mira la finolis.

¿Has olido a un pastor de ovejas? -No olerá muy diferente

a las piernas de cabrito que se come.

-No tendrás que verlo, y mucho menos, olerlo.

Se quedará en el jardín.

-¿Y sus gritos qué, sus relinchos? O balidos, diría yo...

Os advierto, como le pille en casa

pegando berridos, os pongo de patitas en la calle.

-Ya es suficiente, Rosina. Soy el hombre

y quien decide sobre el personal,

así que no me enmiendes la plana,

y menos, en público.

-¡¿En público?! ¡Es mi hija!

¿Tú qué, Leonor?

¿No me vas a defender?

¿La que decía a quien quisiera escuchar

que teníamos que tener los mismos derechos?

-Ay, madre, es que lo suyo es un matrimonio,

no es el Parlamento.

Tengo que irme. -¿Adónde?

-A ver a mi amiga Blanca.

-(SUSPIRA)

Un pastor en mi jardín...

Seguro que se trae a sus condenadas ovejas para que corten el césped.

(SUSPIRA)

Madre mía, Felipe.

Le quedo muy agradecido por conseguir mi indulto.

No sabe lo que significa para mí volver a caminar

sin tener que esconderme de la ronda.

Gracias, de verdad. -No hay de qué.

Verle libre es la recompensa.

Espero que esta libertad

le permita encauzar su vida.

Dele las gracias a su hermano,

él no ha cejado en el empeño.

-Ya lo he hecho.

Me impresiona Samuel,

no solo por haber insistido en mi indulto,

sino por cómo ha sabido negarse a sí mismo.

Por comprender que empeñarse en su matrimonio

era un error que nos podía llevar a todos a un infierno.

-¿Cómo se encuentra ella?

-Su cordura peligra.

-No es de extrañar.

Una tragedia como la que ha sufrido no deja indemne.

-No, Felipe,

no es una forma de hablar.

Su cordura me preocupa seriamente.

De hecho, quería pedirles otro favor a usted y a su esposa.

-Lo que quiera.

Ya sabe que si está en nuestra mano...

-Verá, quería pedirle...

-Supongo que mi hermano

le está agradeciendo sus gestiones.

-Sí, así es.

-En realidad, iba a pedirle otro favor a don Felipe.

Me gustaría que se uniera a nosotros para salvar a Blanca.

-¿Le molestas para eso?

-No, por favor, no es ninguna molestia.

-Necesitamos de su apoyo.

Blanca ha de comprender que es querida.

Tenemos que abrirle los ojos respecto a la muerte de su hijo.

-Hija.

-He pergeñado un plan.

Deberás sacarla de casa.

Después, yo la llevaré a un lugar

en el que se enfrentará con la realidad.

-¿Has pensado en la flaqueza actual de sus nervios?

-Precisamente, la única forma de fortalecerlos

es que asuma la tragedia sufrida

y deje de refugiarse

en su mundo de delirios.

¿Dónde quieres llevarla?

Tenga, para aliviar la vigilancia. -Se lo pido por favor, Flora,

absténgase de traerme más churros

porque no me cabe ni el rabillo de uno.

-Tiene usted que reponer fuerzas.

Lleva toda la tarde vigilando la propina.

-No se preocupe, sabré apañármelas.

Aquí lo importante es tener paciencia.

Y sobre todo, tener serenidad

y permanecer oculto. Y si como más churros,

no me voy a poder esconder detrás de ningún periódico.

-Me quedo dándole conversación y así amenizamos la vigilancia.

-En otra circunstancia, sería muy tentador,

pero hoy prefiero que se ausente usted en el local.

Nuestro caco se sentirá más seguro si no ve

nada más que a una persona en los veladores.

-Como prefiera, pero llámeme si se aburre.

¡Ah!

Pero ¿qué se ha creído?

¡Ni que fuera el Tancredo de la feria! ¡Qué colleja!

-¡Es usted el ratero que levanta propinas

y algún que otro beneficio!

-No me lo puedo creer...

El mismísimo Servando levantándome el provecho. ¿Está bien?

-Sí -Oiga, que el "acollejao"

he sido yo. -Usted cállese,

que ya lo ha dicho todo con sus hurtos.

-No ha sido un hurto, ha sido un hallazgo.

Yo he visto la propina durante tanto tiempo,

que creía que la había dejado usted para los pobres.

Y así me ando.

-Usted se anda por las ramas.

Tiene más jeta que el orangután de la Casa de Fieras.

-¿Necesita tanto el dinero?

-Pensaba convidar a las chicas del altillo

a media docena de churros.

¿Ve? Y... Y... ¿Ve?

Lo iba a invertir en su negocio.

-Inversores así el Señor me los espante.

-No es una broma, Servando.

Esto va más allá de una propina.

Se trata de la sustracción de monedas

de una caja registradora

o del monedero de una señora. Si no es delito mayor, poco le falta.

-Oiga, que soy inocente.

-A las pruebas me remito. -Bueno,

cálmese, Paquito, puede que Servando diga la verdad.

No es a él a quien vi robando. El culpable es más astuto.

Ya mismo lo dijo usted.

Mucho más astuto que este descuidero.

Y no le pillarían tan fácilmente.

-Bueno...

Pues si me lo pide usted,

haré la vista gorda. -Bueno.

-¡Pero devuelva lo sustraído!

-Ahí está.

Oiga, digo yo que...

¿No tendrá seis tejeringos

de esos que se han "quedao reviraos"?

-Ay, será posible...

Ande, venga, que alguno quedará.

-No, si encima,

le invita a merendar.

¡Ja!

Blanca.

Me alegra mucho verla de nuevo por aquí.

Mi esposo y yo estuvimos dándole vueltas

a la conveniencia de hacerle una visita,

pero finalmente decidimos posponerla hasta su recuperación.

-Muy agradecida por su afecto. -El afecto se da por descontado.

¿Está usted bien?

Quizás debería acompañarla a dar un paseo.

-Gracias, pero...

no estaré sola.

-Muy bien.

Pues como usted desee. Ya sabe

que para lo que necesite, nos tiene. -Gracias.

A más ver. -A más ver.

-Diego.

Dime, ¿hay explicación a la desaparición de Moisés?

¿Has preguntado a los vecinos si hicieron obras donde Úrsula?

-Ven, vamos a caminar.

Te vendrá bien salir un poco del barrio.

Airearte. -No es lo que necesito, Diego.

Necesito recobrar a mi hijo.

¿Adónde vamos? -Un lugar que ayudará a recuperarte.

-Yo no quiero ir a ningún sitio, Diego.

Alejarme de Acacias es alejarme de mi hijo.

-Blanca...

Por favor...

-Está bien.

-Pobre muchacha...

¡Huy! -Perdón.

Disculpe. -No. No, no.

Gracias.

Discúlpeme usted a mí. Venía pensando en otra cosa.

¡Perdone!

Perdón por ser tan curiosa, pero...

¿quién se ha citado con un joven tan apuesto?

-Pues no hay ningún misterio ni ningún encuentro galante.

Vengo a ver a don Arturo Valverde y la señorita Reyes.

-Le voy a ahorrar subir unos escalones.

Aquí tiene a la susodicha.

Doña Silvia, tiene visita.

-Esteban Márquez, qué alegría verle.

-La alegría es mía.

-Bueno,

pues yo voy para mi casa. Buenas tardes.

-Buenas tardes. -A más ver.

-Con Dios.

Iba a dar un paseo.

-¿Puedo acompañarla? -No lo creo conveniente.

-Como guste.

¿Han avanzado algo

en la investigación de mi amigo?

-Sí, tenemos noticias.

Hemos hablado con Feliciano Ochoa.

-Eso es fantástico, señorita Reyes.

He intentado de mil modos entrevistarme con él,

pero es un hombre muy esquivo.

Les agradezco mucho la gestión.

-Me temo que no ha sido de mucho provecho.

El señor Ochoa no parece tomarse en serio su trabajo

y no está dispuesto a mover un dedo para buscar a su amigo.

Lo siento.

-Bueno,

no son buenas noticias, no.

Gracias.

-¿Me permite una pregunta?

¿Por qué sigue empeñado en buscar a su amigo Luis Checa?

Con las circunstancias de una guerra

y las dificultades, cualquiera habría resistido.

-Lo que le voy a contar

me avergüenza profundamente, pero usted merece una explicación.

Luis y yo coincidimos en el colegio.

No éramos de la misma clase social ni mucho menos.

Él estudiaba con beca,

pero nos hicimos buenos amigos.

-Bueno, no es para avergonzarse.

Ni mucho menos,

eso dice muchas cosas buenas de usted.

-Lo ruin viene ahora, señorita Reyes.

Le ruego disculpe por no habérselo contado antes.

Cuando me llegó la orden de movilización,

no tuve dificultad alguna en pagar las 2000 pesetas

que me librarían del servicio.

Pasando así mi turno al siguiente de la lista.

El siguiente era Luis.

Es como si yo mismo le hubiera enviado a esa carnicería.

No me lo quito de la cabeza.

Mientras yo terminaba nuestros estudios,

Luis luchó...

y acabó quedándose en esas islas.

Él nunca debería haber ido,

soy yo quien debería estar ahí.

-No se venga abajo.

Conseguiremos traer de vuelta a su amigo.

Se lo prometo.

¿Por qué me has traído al camposanto?

¿Qué hacen ustedes aquí?

¿Qué significa esto?

Nunca he estado de acuerdo con esa normativa.

Si hacer el servicio militar es la mejor forma

que tenemos para contribuir a una patria mejor,

todos, ricos y pobres, deberíamos tener ese privilegio.

-Quizá hoy Esteban no habría pagado por librarse,

sobre todo sabiendo que su amigo Luis iba a sustituirle,

pero es lo que pasó.

-Mejor olvidemos el asunto.

Ni tú ni yo podemos hacer nada por el soldado.

-No me puedo creer que sea el coronel Arturo Valverde

quien hable. ¿Tú dejando atrás un soldado?

-Sabes que nunca lo abandonaría en el campo de batalla,

pero son otras circunstancias.

-Está en manos de un enemigo.

Debería hervirte la sangre. -Me indigna.

El Gobierno ha puesto al mando de la oficina de repatriaciones

a un incompetente como Ochoa. -Incompetente, indigno

e inmoral.

-Y cien calificativos más y ninguno bueno.

Pero un militar en la reserva poco más puede hacer.

-Pobre Esteban.

Tenías que haberle visto la cara. La culpa le abruma.

Si Luis Checa no aparece,

no conseguirá quitarse ese cargo de conciencia nunca.

Me conmovió su tristeza.

-Te llamó la atención ya el primer día.

Desde que se presentó, antes de contar su historia.

-¿Qué tratas de decir? -Nada.

-No, nada no.

Dime, ¿qué?

-Sé que te atrae ese muchacho.

-¿Qué insinúas? -No insinúo, afirmo.

Te gusta ese chico.

Te lo noto en la forma de hablar con él.

En tu insistencia por librar una batalla, no por su amigo,

sino por aliviarle a él. -¿Te das cuenta

de lo que supone esa acusación? -Es así.

-No.

Sigues siendo el mismo posesivo que cuando vivías con tu hija.

-Eso no es cierto. -Sí, sí que es cierto.

-Estoy viviendo aquí, en tu casa. Me voy a casar contigo,

¿y me acusas de fijarme en otro?

¿Ese es el nuevo Arturo Valverde? Quien no te conozca,

que te compre. -Espera.

No puedes castigarme por ser observador.

-Tú sigue, sigue.

Mira, he sido una mujer independiente

toda mi vida.

He realizado un trabajo que pocos hombres pueden realizar.

No tengo por qué aguantar unos celos estúpidos.

Confié en ti.

Te conté lo que sospechaba porque pensé que me creerías.

Que buscarías a mi hijo y demostrarías a todos

que yo tenía razón.

Me has traicionado, Diego.

Me has abandonado.

-No podía seguir permitiéndote que te engañaras.

Debes sufrir el duelo, Blanca.

En ese ataúd está nuestra hija.

Enterrémosla.

Sigamos adelante, te lo ruego.

-No es mi hija.

¡Esa no es mi hija, no tuve una hija!

Yo tuve un niño.

Mi niño...

Mi niño está vivo. Pero...

Lo han escondido o me lo han robado...

-Blanca, razona.

Démosle cristiana sepultura a nuestra pequeña.

Lloremos su pérdida.

-Yo no quiero enterrar a nadie.

¡Yo solo quiero encontrar a Moisés!

-Mírame.

Mírame a los ojos y verás que te digo la verdad,

que no te engaño, mi amor.

Perdiste a tu hija.

Murió en ese maldito parto.

Tratemos de rehacer nuestra vida.

-Parí un niño.

Parí un varón.

Y le vi con vida.

(Llanto de bebé)

(CHISTA)

Eh...

No llores, no.

Que estás con la abuelita.

(CHISTA)

Estás conmigo, sí.

Tranquilo.

Estás conmigo y nunca nada ni nadie

podrá separarnos.

Ven.

(CHISTA)

Por cierto, primo, qué bueno

que hayas "subío". Te iba a ir a buscar.

-¿Acaso ha sucedido algo?

-Sí, y una cosa muy buena.

-Ya veo que están "tos" al tanto.

-Te vas a poner a dar brincos de la alegría.

Mis señores quieren que entres a su servicio como jardinero.

-"Tengamos fe".

Seguro que Blanca se recuperará.

Como bien han dicho, es una mujer muy fuerte.

Tiene algo muy poderoso a su favor.

-¿El qué? -El amor incondicional de mi hermano.

-Y también el cariño de todos sus vecinos.

-Así es.

Iremos a visitarla con asiduidad. No se sentirá sola.

-Se lo agradezco.

Ahora más que nunca, Blanca precisa de nuestro apoyo.

-"Te juro que nunca te abandonaré, Blanca".

Nuestro amor es muy fuerte.

Debemos aferrarnos a él.

Eso será lo que nos permitirá seguir construyendo

un futuro para los dos.

-¿Un futuro?

-Sí, Blanca, un futuro.

Por muy imposible que te parezca ahora,

juntos superaremos este dolor.

-"Me he comportado"

de una forma inaceptable. Diría que como un auténtico necio.

-No seré yo quien te contradiga en eso.

-¿Podrás perdonarme? -No sé,

me lo pensaré.

-Tal vez lo que te voy a contar te ablande el corazón.

He encontrado la forma de conseguir el favor de Feliciano.

He llamado tu atención. -Continúa,

no vaya a ser que la pierdas.

-Frecuenta tabernas y salones de billar.

-¿Acaso vas a recorrer los antros? -No.

He adquirido una mesa de billar. La instalaremos en casa,

y después de practicar, le invitaremos a unas partidas.

¡Buenas! ¿Dónde dejo esto?

-¿Qué es eso, gañán?

-El pedido de harina que hizo.

-Pues déjelo en la cocina.

-Muy bien.

Listo, señor, ahí se lo he dejado. Ah, deme un momento, por favor.

-Íñigo, que es él.

-Señor, necesito que firme el albarán.

-"Señorita Reyes".

-Esteban Márquez.

Qué alegría verle. Tengo buenas noticias para usted.

-Ya era una noticia inmejorable el poder verla.

Mi amor.

Hace un día magnífico.

¿No te apetece dar una vuelta?

También podemos mandar que nos preparen una comida.

¿Tienes apetito?

Podríamos llamar a alguno de nuestros amigos para que vengan.

Blanca.

Blanca, te lo ruego, haz un esfuerzo por seguir adelante.

Por nosotros dos.

Nos merecemos otra oportunidad.

-"¿Dónde está Blanca? Dímelo ya".

-Se ha marchado con Diego a la mansión familiar.

-¿Y no has hecho nada para impedirlo?

-Al lado de Diego podrá recuperarse. Podrá salir adelante.

-La has entregado al único culpable de todo lo que ha sucedido.

-¡Ya está bien!

¡Es mi decisión y no debo darle explicaciones!

No quiero volver a hablar del tema.

-"Imposible. Ni un petardo"

le haría reaccionar.

-Prometimos a Diego animarla. -Nos pide poco menos que un milagro.

-Tengo frío.

-Qué extraño, la casa está templada. No tendrá fiebre...

-Estoy destemplada.

¿Le importaría ir a buscarme una frazada azul?

-Por supuesto que sí, querida.

-Quizá debería acompañarla.

La frazada que quiero está en lo alto de un armario

y no podrá alcanzarla. -"Ojalá estuviese padre"

para darme consuelo.

Él sabría cómo ayudarme para superar este trance.

-Temo que tendrás que conformarte con mi apoyo.

Padre necesita centrarse en su salud.

No podemos darle más problemas. -Tienes razón.

Bastante carga tiene ya sobre sus hombros.

No debo ser egoísta.

  • A mi lista
  • A mis favoritos
  • Capítulo 746

Acacias 38 - Capítulo 746

20 abr 2018

Diego le cuenta a Samuel las sospechas de Blanca. Tienen que hacer algo para ayudarla.
En su intención por ayudar a Esteban, Arturo logra un encuentro con Ochoa, el encargado de la oficina de repatriación del Gobierno; pero la reunión es un completo desastre. Silvia indaga en la historia del pasado de Esteban y Luis Checa y promete seguir ayudándole. Arturo se muestra celoso de Esteban y Silvia se enfada.
Iñigo y Leonor deciden retomar sus planes de marcha.
Casilda interviene para que Rosina contrate a su primo Jacinto.

ver más sobre "Acacias 38 - Capítulo 746" ver menos sobre "Acacias 38 - Capítulo 746"
Programas completos (870)
Clips

Los últimos 3.269 programas de Acacias 38

  • Ver Miniaturas Ver Miniaturas
  • Ver Listado Ver Listado
Buscar por:
Por fechas
Por tipo
Todos los vídeos y audios

Añadir comentario ↓

  1. Maria Celeste

    Hoy, 27/04/2018, ya pasaron cinco capítulos que no permiten los comentarios. Pruebo acá para ver si me leen.- A pesar de conocer, sin dudas, de la perversión y la maldad de ursula, no termino de entender que es lo que pretende con lo del nieto, De cualquier manera sabe como DOMINAR y DOBLEGAR a su hija; en fin, de los guionistas se puede esperar cualquier barrabasada, como por ejemplo que esa " señora " haya sabido el momento que su hija estaba pariendo y tener, en esos caminos de Dios, algo con que cortar el cordón umbilical, !!!!!!!!

    28 abr 2018
  2. Mabi

    Narciso Ibañez Menta era Español, nacionalizado Argentino de gran trayectoria en el país. Y padre de otro genio Chicho Ibañez Serrador, Uruguayo de nacimiento y nacionalizado Español

    27 abr 2018
  3. Fermin

    Fe de erratas: 26/04/2018

    27 abr 2018
  4. Fermin

    26/04/2028: Últimamente, nueve de cada diez comentarios son críticos hacia esta serie o mas bien hacia sus responsables. Será por eso que desde, mínimo, cuatro capítulos ( 747, 748, 749, 750), no " están permitidos ????????? "

    27 abr 2018
  5. Mabi

    Narciso Ibañez Menta era Español, nacionalizado Argentino, de gran trayectoria en nuestro país, y padre del Gran Chicho Ibañez Serrador

    25 abr 2018
  6. Naranjas de la china

    Que razón tienes Fermín. Estos guinistas han perdido el norte y no saben qué rumbo tomar. Es insólito y desde luego aberrante que tomen a todos por estúpidos y tengan a la Dios omnipotente de Úrsula manejando a todos a su antojo y manipulando a uno y cada uno de ellos. Que asco me da la trama, sus contradictorias historias y que lástima que el talento de estos guionistas esté a la altura de la suela del zapato. Que acabe ya por Dios y pongan otra serie que lo merezca.

    23 abr 2018
  7. Nazareth

    Que razón gatuni porfavor acabado ya la historia del hijo de blanca que lo encuentre ya y mostrad la vida de los 3 como mostrábais la de Germán Cayetana y Carlota

    23 abr 2018
  8. Pepe " el rubio "

    Teniendo en cuenta en los años que se desarrolla , para mí es bastante real , no olvidemos que es una telenovela . Enhora buena ( son 500 capitulos )

    23 abr 2018
  9. Fermin

    Leyendo en esta misma página la Ficha Técnica de la serie, comprendo el porque del desastre de los guiones, el motivo de ser tan turbios, repetidos, con EXCESOS de maldad triunfante e idas y venidas sin sentido : hay en el Staff de guionistas NUEVE (9) personas y DOS (2) Coordinadores de guión,. Eso lo explica todo y revalida el refrán: " MUCHAS MANOS EN UN PLATO HACEN MUCHO GARABATO " !!!!!

    23 abr 2018
  10. Matu malarin

    Me encantan las novelas que pasa tve española vivo prendida de sus series saludos desde Perú

    22 abr 2018