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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 741 - ver ahora
Transcripción completa

Úrsula desea de un modo enfermizo al hijo de Blanca.

Pero hay una posibilidad de que Blanca sea feliz

y ese niño se críe con provecho.

Tenemos que apartarlos de Úrsula, llévatelos

bien lejos de aquí y dales una buena vida.

"Úrsula fue invitada"

por los marqueses de Estrada. Irán a cenar y a la ópera.

Tan pronto se ausente, llevaré a Blanca.

-Y les espera un carruaje listo para un viaje.

-Cuando quiera darse cuenta de las falta de su hija,

estarán lejos, a varias lenguas.

Entendemos el secreto.

Pero ya no hay nada que ocultar, está en los periódicos.

Mire la admiración que suscita.

-¿Puedo echarle

una ojeada? -Aquí tiene usted

"El adelantado".

"Con tus historias,"

me has despertado el gusano de viajar.

-Vámonos. Vámonos juntos.

-¿Adónde? -No sé, a París, a Japón,

a China. A Indochina.

-Me encantaría. -"Te niego mi bendición".

Te la niego. -Rosina,...

cariño, no exageres. ¿Quieres?

Leonor es escritora.

Es creadora. Y si ella cree

que necesita viajar, pues lo necesita.

Me gusta que la gente deje de ver al monstruo.

Y empiece a ver a un vecino más o un buen vecino.

Aunque, si le soy sincero, esa satisfacción significa poco

ahora que he perdido a las dos mujeres que amaba,

primero a mi hija Elvira y, ahora, Silvia.

Esa criatura no tardará en llegar, en vivir entre nosotros.

-Ojalá.

-Si hay alguna novedad, no dudes en enviar un propio

con un mensaje. Quiero asistir al parto.

-Así lo haré.

(BLANCA) "Samuel, me encerraste".

Me forzaste, confabulaste con mi madre.

¿Esperas que te crea ahora?

-Blanca, tienes que confiar en mí.

No hay tiempo que perder. Tú decides,

o me acompañas o te resignas a quedarte con tu madre para siempre.

En tus manos está.

Eres mi hermano, Samuel, no me falles.

Si haces lo que debes, todo lo demás quedará perdonado.

-Diego. -Samuel.

-Has venido solo. ¿Dónde está Blanca?

-¡Por fin contigo!

-Para siempre.

-Todo ha salido como habíamos planeado por ahora.

Pero aún no podemos cantar victoria.

-Samuel,... gracias.

-No me las deis hasta que no estéis a salvo.

-¿Está todo preparado? -Úrsula ha salido para ir

con los marqueses de Estrada.

Pero cuanta más tierra echéis de por medio

antes de que se entere, mucho mejor.

-¿Qué puede hacer?

-Tratándose de tu madre,

cualquier cosa.

Lo más inopinado.

-Tienes razón.

Voy a por la maleta.

-Gracias, Samuel.

Me alegro de que estés corrigiendo tantos errores

con este último acto de generosidad.

-Bien está lo que bien acaba.

Eso es lo que dicen, ¿no?

Blanca, tengo pedirte algo.

Cría a tu hijo en un lugar feliz.

-Lo intentaré.

¿Tú qué vas a hacer ahora?

-No tengo muchas opciones.

Volver, enfrentarme a Úrsula para que no se quede

las joyas de los Alday, vivir.

-Vamos.

-Adiós, Samuel,...

suerte.

-Intentaré ponerme en contacto

para que me des noticias de padre.

Espero que regrese pronto.

-Ojalá.

El carruaje os aguarda. No lo hagáis esperar.

Adiós.

Bien está lo que bien acaba.

(Sintonía de "Acacias 38")

Madre, voy a salir. -No.

¿Por qué no te sientas un rato?

-No puedo, tengo prisa.

-Pero ¿por qué? Quiero decir, no es hora de misa ni de visita.

-Pero no hay mejor hora que ahora para despedirme de los vecinos

y de los comerciantes.

Ahora todo el mundo sale a dar un paseo.

-¿Por qué no te despides de ellos a la tarde?

-Porque no y porque quiero ver a Blanca,

que le faltan dos semanas para parir.

Pero creo que está casi.

-Las primerizas siempre se retrasan. Siéntate.

-Madre, que no puedo, que tengo prisa.

-Soy tu madre y te digo que te sientes.

-¿Qué quiere?

-Pedirte que no te vayas.

-Madre, pero si ya está todo preparado.

Ya lo hemos hablado y le he dado mis razones.

¿Por qué no quiere que parta?

-¿Por qué? China, Japón, los mares del sur,

eso está un poco más lejos que Albacete.

No te basta con ir a Zaragoza.

No, te tienes que ir a donde Cristo dio las seis voces.

-Las tres voces. Donde Cristo dio las tres voces.

-Bueno, seis, las que diera, era Cristo.

¿Es que no recuerdas

los peligros que hay por esos mundos de Dios?

-Y en Acacias, madre.

¿O es que acaso ya se ha olvidado de todo lo que ha sucedido aquí?

Hasta Liberto me apoya.

-¿Liberto? Él no es tu padre, no te equivoques.

Él no puede sufrir como un padre por la ausencia de su hija.

-Madre, de verdad,

sabré cuidarme.

Y que no me voy para siempre. Volveré pronto.

-Es que no lo puedo entender. ¿Has olvidado a Fernando?

No quería sacar el tema,

pero casi no vuelves. Y volviste con un malhechor

siguiéndote los pasos. ¿Lo has olvidado?

-No, pero aprendí de la experiencia.

Y esta vez volveré sana y salva.

Y escribiré la novela.

-¡Ay, siempre igual!

La culpa la tiene tu padre por comprarte esa máquina del demonio.

-Es lo que me gusta hacer, madre.

-Venga, no sea cascarrabias.

Y deme la bendición.

Venga.

-Claro que te doy mi bendición, hija,

pero es que yo no soporto que te separes de mí.

¡Don Ramón!

Felipe, ¿ha visto usted cómo está la terraza de La Deliciosa?

Hace menos de una semana,

sufriendo el boicot y, ahora, llena.

-Gracias a Dios. Sería lamentable quedarnos sin bollos suizos.

-Parece mentira que los hagan tan ricos,

con lo desastre que eran

cuando llegaron. -Ni que lo diga.

Dicen que Íñigo va a ampliar el negocio en Italia.

-Así es. Y ya es hora de que los españoles salgamos

con negocios y no con espadas y trabucos como era tradicional.

Le invito a usted a un chocolate. -Ando con prisa.

¿Sabe si doña Úrsula ha regresado?

Pues no me la he encontrado,

pero no me extraña, porque su presencia no me es grata.

-Para nadie. Menuda mujer más insoportable.

Pero me veo obligado a hablarle. -Negocios.

-Asuntos de papeles.

-Buenos días.

-Coronel.

Buenos días. Un placer verle. ¿Cómo va todo?

-Bien, bien. -¿Va a acudir usted

esta tarde a la despedida de Leonor en La Deliciosa?

-Pues deberán perdonarme, pero no tengo ánimo para actos sociales.

-Lamento que así sea. Y sea lo que sea lo que le preocupa,

le deseo que se resuelva con prontitud.

-Gracias, don Ramón. -(CARRASPEA)

-Tengo que marcharme. Si me disculpan.

-Con Dios. -Buenos días.

Muy oportuno y discreto don Ramón.

-Le he hecho un gesto para que se ausentara.

¿Lo ha visto? -Pues sí.

La práctica de la esgrima da ventajas

a la hora de tener una buena visión periférica.

Todo el mundo debería practicarla. -No lo dudo.

No quería preguntarle delante de Ramón,

aunque nadie es más discreto que él.

¿Ha sabido algo de doña Silvia?

-Nada.

No sé dónde está ni si está bien, nada.

-¿Y su compañero

de trabajo? ¿No le tranquiliza? -Al contrario.

Fui a su despacho y ha desaparecido.

Allí no queda nadie, ni muebles ni empleados.

-Qué extraño.

-Estoy desesperado, don Felipe.

-Calma. Todo tiene solución.

-Buenos días. -Buenos días.

Servando, ¿sabes qué pasa con la luz?

-¿Qué pasa? Bien que brilla el sol.

Ni una sola nube. -No, hombre, la luz eléctrica.

-Ah, no sé, yo tengo apagada la luz del portal,

normas de economía de la comunidad.

-Ya. Pues se ha ido.

-Ah.

Pues es cierto, sí.

Se ha suspendido el suministro de flujo.

-Servando, ¿qué pasa con la luz?

-Nos hemos quedado a oscuras en casa.

-Y en la chocolatería. -Algo debe hacer.

Esta tarde hay ágape y no puedo poner velas.

-Sería más romántico. -Sí, no, un momento.

Esto no es tan sencillo.

No hay luz en el edificio, no hay luz en La Deliciosa,

esto se trata de una avería de todo el barrio.

O de toda la ciudad.

O de España entera.

Quizá en estos momentos el mismo don Alfonso XIII

está iluminándose con un quinqué. Pobre, ni el mismo rey se salva.

-¿Qué hacemos? -De momento,

no atosigar a un humilde portero.

Esto hay que denunciarlo a la autoridad.

-Sí, al alcalde.

-Al sereno.

Ha aprobado con brillantez unas posiciones durísimas.

Sabrá lo que tenemos que hacer.

-Paquito, que se ha ido la luz.

-¿Dónde? -No funcionan

las bombillas.

-¿Y qué quieren que haga yo?

-Usted sabrá, que para eso es la autoridad.

-Déjenme, que voy a echar un vistazo.

-¡Ay!...

Hay que ver lo que nos hemos acostumbrado a la luz eléctrica.

Antes no había y vivíamos tan ricamente.

-No diga eso, que la hace mayor. -No exagere. La luz eléctrica

se inventó hace cuatro días. Recuerdo la fiesta

cuando se encendió la primera farola.

Por todo lo alto.

-Si es que en verdad tiene razón.

Nos parece que ha sido de toda la vida

y llevamos cuatro días con bombillas.

Ha ido Íñigo a ver qué pasa. Aquí no podemos estar sin luz.

Menos mal que el chocolate se calienta en la cocina de carbón.

-Íñigo está a punto de irse, ¿no?

-Muy pronto. -Ya.

-¿Y no le da a usted miedo o celos un hombre suelto, apuesto,

solo en Italia?

-Confío en él. -Ya, pero es un hombre.

Yo a mi Liberto no le dejaría.

-Ya, ya imagino, ya.

Bueno, yo voy a calentar la leña para el horno,

que quedan bandejas de bollos para hacer.

No le diga nada su hija

de la celebración, que sea una sorpresa.

-Descuide, bien lo sé.

-Mire, por ahí viene.

-¿Has podido ver a Blanca?

-No. Pero he hablado con don Felipe

y dice que pronto tendremos novedades positivas.

-¿Está ya de parto? -No lo sé.

-Bueno, vamos a sentarnos.

-Madre...

¿Se ha visto la chaqueta?

-¿Qué ocurre? -Nada, que tiene un descosido.

-¡Ay! ¡Casilda!

No sé para qué le pagamos.

No me deja otra alternativa. -Madre, no se precipite.

-No lava, no cose, no cocina, no limpia.

¿Crees que me precipito?

-Pasa un mal momento. -Que lo pase

sin sueldo.

-Madre, Casilda no es una simple criada.

¿Eh? Es una más de la familia.

Y nuestra obligación es estar a su lado si lo necesita.

-¿Vas a estar tú a su lado?

Porque estás haciendo las maletas.

¿Y a mi lado quién va a estar?

-Ay, sí, en eso tiene razón.

Pero no puedo retrasar el viaje.

-Siempre se puede si se quiere.

-Cuando Casilda recuerde, volverá a la normalidad.

-Sí, se acordará de Martín,

empezará a llorar

y tendrá excusa para no trabajar. -Mire, madre,

le voy a dar la razón para que no la despida.

¿Usted se imagina contratar a una nueva criada

que tenga que aprender cómo le gustan las cosas?

Porque el café, templadito, pero la sopa, hirviendo.

Y las patatas,

crujientes.

El mantel, almidonado, pero las sábanas,

suaves. -Ay, es que eres...

Pero es verdad. Y que sea tan barata.

-Pues venga, madre, no piense en el despido.

No querrá pasarse usted toda la tarde barriendo.

Yo, barriendo, nunca.

Pues vaya chasco.

Si no vuelve la luz, me quedo sin paseo con mi Antoñito.

Mi gozo en un pozo. -¿Y eso por qué?

Mejor así, así os vais a lo oscuro.

-Para el carro, Casildilla, que te pasas de largo.

Yo soy de Cabrahigo, y a nosotras a adecente no nos gana nadie.

-Peor para ti. Reza porque no llegue otra que sea

menos decente y te levante el novio. -Muchas agallas necesita.

Que somos decentes, pero no nos chupamos el dedo.

Bueno,

que me voy a casa. -Yo también.

Como está todo el mundo revirado conmigo,

que no faeno, que todo se me cae, que no me fijo...

-Casilda, ¿has dejado la casa limpia

antes de salir al mercado?

-Me ha dado pereza, pero ahora voy a hacerlo.

-No te va a durar mucho el trabajo.

Bastante paciencia tiene doña Rosina.

¿Quieres ayuda? -No, vete para tu casa,

que yo me voy para la mía.

No te preocupes, yo me apaño. -Lo que digas.

Y haz la faena, que juegas con fuego.

Oye, ¿te veo "a luego"

en el ágape de La Deliciosa? -No creo.

Seguro que la tiquismiquis

se inventa que he hecho algo mal para que lo repita.

¡Ay, manías!

-Ya, manías.

Bueno, "a luego" hablamos.

¡Ay, don Felipe!

Buenos días.

Le he comprado una chirimoya que tiene una pinta...

Se la va a comer con los ojos.

-Gracias, Lolita, me encantan.

-Ya, por eso compro aunque a doña Celia no le hacen gracia.

-¿Has comprado una para ti?

-Sí,... si no le importa.

-Me parece perfecto. Luego te veo.

Samuel.

Buenos días.

-Dígame...

¿Qué ha ocurrido con Blanca?

-Lo que tenía que ocurrir.

Blanca y Diego ya están fuera de la ciudad.

No estaré con ella cuando dé a luz.

-Sabe que ha tomado la mejor decisión.

-Eso espero.

-Ahora debe ocuparse de Úrsula. Su reacción puede ser terrible.

-Cuento con ello.

No la temo y me protegeré, no le diré que yo ayudé a su hija.

-Será lo mejor.

Voy a darle la noticia a Celia y a Leonor.

Se llevarán una alegría.

-Sí, vaya. Pero que se anden con cuidado.

No quiero que le cuenten nada a Úrsula.

-No se preocupe. Con Dios.

-Con Dios.

¿Dónde vamos?

-¿Hay alguna diferencia?

-No.

Mientras sea contigo...

-Eso mismo pienso yo. Donde sea, pero contigo.

Lo importante es alejarse de todo lo que nos ha hecho daño.

¿Alguna preferencia?

-¿En España o fuera?

-Tú decides.

Podemos llegar hasta una ciudad con puerto de mar y embarcarnos.

O descubrir un pueblo que nos guste y quedarnos para siempre.

-Un pueblo de costa,

con casas blancas, donde podamos ver crecer

a nuestro hijo y donde nos podamos bañar

en el mar.

-Pero ¿tú sabes nadar? -No.

Pero seguro que tú me vas a enseñar. -Te lo prometo.

Os enseñaré a los dos, a ti y a nuestra criatura.

-Soy tan feliz, Diego.

Llegué a pensar que este día no llegaría nunca.

-Nos lo prometimos hace tiempo.

Y este llamador de ángeles nos lo recuerda.

-¡Ah!

¡Ah!

-Blanca, ¿estás bien?

-Sí.

Sí, sí.

Es solo

una contracción. -¿No me digas que estás de parto?

-Llevo días sintiéndolas.

Pero, según mis cálculos, aún me quedan un par de semanas

para dar a luz.

-Lo mismo tenemos que parar para que venga la criatura

antes de llegar al mar.

-Va a ser un niño.

Tengo un presentimiento desde hace semanas.

Pero no había querido decírtelo.

¿Tienes preferencia por algún nombre?

-Moisés.

-Moisés... ¿Por qué?

-Es el segundo nombre de mi padre y el de mi abuelo.

¿Te gusta?

-Me gusta.

Te estamos

esperando, Moisés.

¿No arreglan lo de la luz?

-Yo creo que ni Servando ni el sereno saben de electricidad.

Tan enigmática es para ellos

como la Santísima Trinidad.

-Lo mismo no es necesaria, pero tendremos que suspender el ágape.

-No, de eso nada.

Antes robo los cirios de la iglesia.

Pero habrá fiesta y luz.

Yo veo más lógico retrasar la partida.

Y lo mismo el ágape. -Flora,

la celebración es por la partida de Leonor.

-Eso es de cara a los demás.

Para mí, es para despedirte a ti.

-¿No será esto una estratagema tuya para evitar que me vaya?

-¿Mía?

Poca gente tiene más ganas de que desaparezcas.

Y no tengas prisa en volver.

-Mentirosa.

-¡Ay!... La verdad es que sí que tengo miedo a quedarme sola.

Tú siempre has sido el serio,

el que me sacaba las castañas del fuego.

-Ya eres mayorcita.

Eres perfectamente capaz

de salir adelante sola.

A mí también me da pena irme de Acacias.

Nos han tratado muy bien.

Hemos conseguido cambiar de vida

aunque tuviéramos que cambiarnos el apellido.

-Ahora es nuestro, señora Cervera.

Y estoy seguro

de que te va a ir muy bien.

Dios te oiga,

pero, por muy bien que me vaya,

yo te voy a echar mucho de menos.

-Y yo a ti.

Solo me da miedo una cosa.

Y es que te enamores de la persona equivocada.

-No me pienso volver enamorar.

-Ya.

Voy a seguir preparando las cosas.

¿Y sabe lo que ha pasado?

-Pues parece ser que falta un transformador.

-¿Eso qué es? -Pues no sé.

Debe ser una pieza importante porque sin ella, no hay luz.

Yo no entiendo.

A mi pueblo no ha llegado la luz eléctrica.

Y estoy un poco pez

en estos asuntos.

-Si falta una pieza, es que alguien la ha robado.

-Se roba mucho en este barrio, que yo creía tranquilo.

-¿Tranquilo? Para nada.

Este barrio es cualquier cosa menos tranquilo.

Lo que no pase aquí, no pasa.

Se lo digo yo. -Yo puedo entender

que alguien se lleve un monedero,

pero una pieza que fuera de la caja no sirve, no lo entiendo.

Aquí hay gato encerrado.

-Pues deber suyo es descubrir el entuerto, que para eso es sereno.

Pues a más ver, Paquito.

-A más ver.

-(SILBA)

¿Qué?

¿Se arregla o no se arregla eso?

-Falta una pieza. Robada.

-Si es que este barrio cada vez está peor.

No tenía que ser sereno, sino guarda.

A ver si le van a quitar el puesto.

-Voy a atrapar a quien lo robó. Lo juro.

-No jure usted en falso, que eso es pecado. No. Venga.

Hasta más ver, Paquito.

-¡Servando!

Deme eso. -¿La gorra?

¿Por qué le voy a dar yo mi gorra? No se la doy.

-¿Llamo a un guardia?

Usted me dijo que nunca le habían detenido.

Puede ser que ahora cambie su suerte.

Démelo.

-Sí,

está bien.

Me lo he encontrado en la calle, ni siquiera se para lo que sirve.

-¡Guardia! -No, por favor.

Por favor, Paquito, ha sido una broma.

No me delate.

-Aquí está la pieza que faltaba.

El amigo Servando...

la ha encontrado y traído para que arreglen la avería.

Qué gusto, de vez en cuando, oír buenas noticias.

Por fin Blanca lo ha conseguido. -Y Diego.

Él también está loco por ella. -No sé si él incluso más.

Es importante que Samuel, tras haberse opuesto,

y no siempre de buenas maneras, se retirara.

-Bueno, aunque haya sido de una manera un poco sucia,

Samuel solo pretendía jugar sus cartas.

-No sé si no se le puede criticar por su comportamiento.

Hay que pensar más en los medios.

-Todo queda olvidado.

Ahora es él quien tiene que enfrentarse a Úrsula.

-No me gustaría nada estar en su pellejo.

-Ella debe creer que Samuel no ha ayudado a Blanca.

Así que, de lo que hemos hablado aquí, chitón.

-¿Tampoco se lo puedo contar a mi Ramón?

-A don Ramón, sí.

Pero con la advertencia de que no lo comunique.

¡Oh! -Ay, por fin ha vuelto la luz.

Espero que sea un buen augurio

de que Blanca y Diego van a ser felices.

-¿Hemos llegado ya a la puesta?

-No, no creo, nos quedan todavía más de dos horas.

Voy a ver qué ocurre.

-Por favor,

ayuda.

-¿Qué ocurre? -Es mi hijo.

Un accidente le ha roto la pierna.

-¿Podemos llevarles a una casa de socorro?

-Tendríamos que desviarnos y perderíamos horas.

Y deberíamos alejarnos

de la ciudad.

-No podemos abandonarlos.

-Usted verá, no podemos dejar que nos caiga la noche.

-Diego, tenemos que ayudarles.

No podemos dejarlos a su suerte. -Vamos,

lo subiremos. -Gracias, señor. Y a usted, señora.

No lo olvidaré.

-Les llevaremos al pueblo, que allí los lleven a la casa de socorro.

-Que Dios se lo pague, señor.

¿Por qué hay tan poca luz en La Deliciosa?

Si ya estaba arreglada. -Ay, sí.

A lo mejor no se han enterado y ni siquiera la han encendido.

-Si la terraza está vacía.

¿Habrá sucedido algo? -Bueno, venga, vamos a avisarlos.

(TODOS) ¡Sorpresa!

Leonor,

no pensarías que Acacias te dejaría marchar sin hacerte

una despedida. -No me lo puedo creer.

Y mi madre engañándome para salir a pasear.

-Venga, Ramón.

Di lo que querías decir.

-Eso, el discurso.

-Venga, que sí. Que hable.

(TODOS) Que hable,

que hable.

-No disimule, padre.

Le gusta más que las natillas.

-Eso es falso, a mí lo que más me gusta

son las natillas.

Bueno, y mi Trini.

Pero, en fin, hablaré.

Hace ya muchos años

que vine a Acacias 38, nuestro edificio.

Entonces se acababa de construir y empezamos a llegar

los nuevos vecinos.

En la puerta, nos estaba esperando Servando,

que aún era un mozalbete, como yo.

Don Felipe ni siquiera conocía a Celia.

Y Germán ya andaba

en relaciones con doña Cayetana.

Doña Susana nos miraba

con su hijo Leandro desde la sastrería.

La primera vez

que crucé el portal,

me encontré con una señora en avanzado estado de gestación,

a punto de dar a luz.

Esa mujer

era doña Rosina.

Y la niña que llevaba en su vientre era Leonor.

Nació esa misma noche.

La primera persona que veía la luz de nuestra casa.

Leonor,

mañana partes de viaje.

Pero espero que pronto regreses.

Y un fuerte aplauso para nuestra primera "acaciera".

-¡Bravo!

-Y un aplauso para ti, qué bien hablas.

Si es que tendrías que ser ministro.

-Perdón, perdón,

que yo también quería decir algo.

Ya sabemos que Leonor se va al Lejano Oriente.

Pero da la casualidad

de que mañana también parte de viaje mi marido,

Íñigo Cervera. Se queda más cerca, en Italia.

Y aunque yo solo soy la chocolatera,

también quiero un fuerte aplauso para él.

-Gracias. Muchas gracias.

-Y ahora, a comer y a beber,

que es lo que se hace en las fiestas.

-Madre, ¿usted lo sabía?

-Claro, pero Ramón ha mentido, no naciste

la primera noche, sino la segunda.

-¡Ah!

-Leonor, ¿al Lejano Oriente?

¿Qué se te ha perdido allí? -¿A mí?

Una novela. Pero ya verá cómo después la lee y le gusta.

-Si gustarme me gustará, pero si yo soy tu madre, no te dejo.

Y menos dejaría ir

a Íñigo si fuera Flora.

Un hombre nunca debe dejar sola

a su esposa. -No se preocupe, tía.

Procuraremos que Flora no se sienta sola.

-No, tú ni te acercas. -Venga, no seas celosa.

-Hombre...

-A ver... -Leonor.

-Ay.

Celia y yo le deseamos también un buen viaje.

-Con lo de hoy, seguro que lo tendré.

-Después brindamos en "petit" comité

por Diego y Blanca.

-Hecho.

(CARRASPEA)

Ofrecen chocolate, té, este champán tan normalito...

-¿Qué más quiere? Esto es una chocolatería.

-Hubo un tiempo en el que disfrutamos

de grandes productos de contrabando,

como aquel champán francés.

-Eso se acabó. -Pues es una pena.

-¿Acaso ha olvidado usted

que fue al calabozo?

-No sea aguafiestas. Tengo que pedirle algo.

-¿Qué desea?

-He pensado que, aunque usted se vaya a Italia,

quizá en su almacén

se queden algunas cajas que me puedan interesar.

-No insista, esos tiempos han terminado.

-¿De verdad no queda ni una cajita?

¿Y por qué no me trae algo de Italia?

-Doña Rosina, de verdad, no.

-Qué casualidad, ¿no?

-¿El qué?

-Que usted viaje ahora que mi hija también.

-Pues sí, pero a sitios distintos. -No, sí, claro.

-¿No le da pena dejar sola a Flora?

-La echaré de menos, pero voy tranquilo.

Se sabrá cuidar. -Ya que no tiene nada, entremos.

No sea que murmuren y se piensen

que entre usted y yo... ¡Ah! ¿Se imagina?

Qué cosas tiene usted... -Qué calor hace ahí.

¡Uf, qué calor! ¡Qué calor! -Pues yo no lo he notado.

La fiesta es dentro, nos deberíamos quedar.

-Ramón, hijo, que quiero hablarte.

-Es que muchas veces cuesta entenderte.

A ver, cuenta.

-Es sobre Diego y sobre Blanca.

-¿Están bien?

-De maravilla, vamos, que deben estar bastante lejos de la ciudad.

-¡Han podido escapar de la vigilancia de Úrsula!

-Como lo oyes. -Pues cómo me alegro.

Espero que puedan poner muchos kilómetros de por medio.

-Pues ya sabes, punto en boca

sobre el tema. Venga,

vamos.

A este chico

no le pasa nada. ¿Qué es esto?

-Vamos, quiero todo lo que lleven de valor.

Dinero, joyas, todo. -Se lo daremos,

pero a ella ni la toquen. Está a punto de dar a luz.

-Deje de hablar y démelo todo.

-Tranquilo, está todo dentro. -¿Y a qué espera?

-¡Diego!

-Bueno, parece que estamos en igualdad de condiciones.

Mejor mire hacia atrás.

(Galope de caballos)

-Tranquilos,

se lo daremos todo.

Pero no hagan daño a mi esposa.

¡Ay!

-¡No! -¡No se atreva!

(RÍEN)

Rosina, cariño.

Vámonos fuera, que Leonor quiere despedirse.

-¿Tiene que hacerlo fuera?

-Si es que aquí apenas cabemos. Venga.

-Estas despedidas rimbombantes... Ni que se fuera para siempre.

-Se va al Lejano Oriente.

No creo que sean dos días.

-Ya, pero volverá. -Eso esperamos todos.

Pero no te preocupes, que Leonor es muy sensata.

-Primero se casó con Claudio y todos sabemos cómo quedó.

Después, con Pablo. Y tuvo

que fugarse con él.

Se fue a Guinea y la vuelta fue sonadita.

Sensata, sensata,

no creo que se le pueda llamar.

-Querido, vamos fuera.

-Una pena, hijo, que Lolita no haya podido venir.

-Ya, pero se ha quedado ayudando a Casilda,

que no termina de ubicarse. -Bueno es

que las criadas se ayuden.

-Lolita es mi futura nuera, no una criada cualquiera.

-Pero será una criada

hasta el día de la boda, ya sabe cómo es esto.

-Anda.

-Amigos, que conste

que no tenía ni idea de esta fiesta.

Así que no traigo nada preparado.

Me voy.

Pero volveré.

Y cada día que pase fuera

me voy a acordar de toda la buena gente

de Acacias.

De los que están y...

de los que han ido partiendo

a largo de los años.

Sobre todo...

mi padre.

Y...

Pablo.

Pero...

yo sé que no me voy sola.

Que ellos

me acompañan

en este viaje y me protegen para...

que sea tan feliz como espero.

(LIBERTO) ¡Eso es!

¿Y usted qué pasa?

¿No lleva nada?

-Soy solo el cochero. -Que no quería

apartarse del camino.

Estaba dispuesto a continuar

sin socorrernos.

-Eran las órdenes que recibí.

La cartera y el anillo.

-Es el de casado.

-Deprisa.

-Diego, nos van a matar.

-Pero antes nos vamos a divertir contigo.

¿Qué os parece?

Si te portas bien, te dejamos verlo.

-¡No le ponga las manos encima!

-¡No le hagan daño! ¡Os lo habéis quedado todo!

¡No! ¡No, no lo hagáis! ¡No lo hagáis, por favor!

¿Vamos a por la mujer?

Gracias.

Nosotros importamos las máquinas de café desde Italia.

Buena gente estos italianos.

Si necesita algún tipo de contacto, no dude en pedírmelo.

-Se lo agradezco, don Ramón. ¿Ha estado usted en Italia?

-Nunca. Francia, Inglaterra y Estados Unidos.

En Italia, de momento, no. -Quizá en el viaje de novios.

Siempre que prometas

que no vas a vender la Torre de Pisa o el Coliseo.

-Prometido.

Y me encantaría, pero me temo que mi viaje va a ser a Cabrahigo.

-¿A Cabrahigo? Nunca había escuchado ese nombre.

-Es el pueblo de mi prometida, un lugar peculiar, se lo aseguro.

-Mirad, ya han puesto una mesita.

No es lo mismo irse a París, como ha hecho mi familia,

que a La India o donde se vaya Leonor.

-Me entran los siete males. -Susana, hija, no te preocupes.

Al final, si la chiquilla quiere, pues es eso y ya está.

-¿Sola? Una locura.

-Susana, Leonor es de otra generación, no como nosotras,

que nos da miedo todo.

Yo, si no fuera por Ramón y el apego que le tiene a sus costumbres,

le pediría que me llevara a México. -¡Yo se lo pido a Liberto!

Tiene que ser maravilloso. ¿Te apuntas?

-Ni pensarlo.

Yo me quedo en Acacias, cuidando del barrio.

Qué insensatez México.

Ni que fuéramos conquistadores.

-Venga, cojan uno más, que un día es un día.

-Gracias, Flora. -De nada.

-Gracias, Flora.

¡Ahora no, ahora no!

-(DIEGO) ¡No se atreva!

¡No! ¡No, no lo hagáis, no lo hagáis, por favor!

Salga, que le he visto entrar.

Si quieres robar, va a tener problemas.

¡No!

¡No es posible!

¡No!

¡No es posible!

¡No!

Agustina, me gustaría estar solo.

Mejor váyase, tómese la tarde libre.

-¿Estás seguro de que quieres que me vaya?

Las llaves de tu casa. Olvidé devolvértelas.

¡Ahora no puede ser!

¡Ahora no, hijo mío!

¡Dios mío!

¡Dios mío, dame fuerzas!

(GRITA)

¡Moisés!

Leonor, querida, te deseo de todo corazón que disfrutes mucho.

-Se lo agradezco, doña Trini. (LIBERTO) Claro.

Igual esa ha sido la causa del vahído.

-¿El qué?

¿Qué mi niña quiera irse de viaje a esos mundos perdidos?

-No, querida, a Flora le preocupa

su marido.

Debe estar afectada por la partida de Íñigo.

-"Te dejé marchar"

con todo el dolor

para que pudieras cumplir con tu deber.

No cometería semejante jugarreta para retenerte.

-Pero ¿por qué no me dejas hablar?

Sé que no fuiste tú por una sencilla razón.

-¿Cuál?

-Que yo envié ese retrato a los periodistas de forma anónima.

-"Aguarda, Flora".

Ya entiendo lo que sucede.

Es una argucia para que no me marche

y retenerme a tu lado.

-¿Me crees capaz de eso?

-¿Por salirte con la tuya? De eso y de mucho más.

-No, Íñigo, ojalá solo fuera una treta.

Pero no lo es.

No quiero que te vayas y me dejes sola, pero no miento.

¿Qué puedo hacer para que me creas?

¿No te das cuenta del peligro que corremos?

¡Íñigo, espera!

(FABIANA) "¿Jacinto?".

-El mismo que viste y calza.

-Dichosos los ojos. Caro resulta verte.

-Lo sé. Y siento no haber venido.

Pero estaba pastoreando

y, hasta que llegué al pueblo, no me he enterado.

-¿Te has enterado de lo de Martín? -Sí.

Aunque aún me cuesta creerlo.

Asco de vida, asco de mundo, siempre se van los mejores.

-En eso tienes más razón

que un santo. -¿Y mi prima cómo está?

¿Sobrellevando el duelo?

Sé por experiencia que tal dolor

puede romper el alma.

-También eres la prueba de que la vida sigue

y que hay que ser fuerte para continuar.

-Así es, Leonor. Mírate tú.

A punto de emprender un viaje para recorrer La India.

-Con el tiempo, Casilda

encontrará motivos para sonreír.

-Ojalá sea así, don Felipe.

-¡Si no lo veo no lo creo!

-"¿Por qué diría que vio al auténtico Íñigo Cervera?".

-Yo tampoco lo comprendo.

Lo único seguro es que es imposible.

Ese hombre, para su desdicha, se murió cuando los asaltaron.

No me cabe duda. -Ya.

Tendrás razón, será una treta para retrasarnos y no quedarse sola.

-Es la única explicación que le encuentro,

pero hay algo que no me termina de encajar.

(Llaman a la puerta)

¿Quién será tan tarde? -Si es Servando, no estoy.

Quiero descansar un poco

de tantas alabanzas.

-Señor,... tiene visita.

(ÚRSULA) "¿Y mi hija? ¿Ha cenado ya?".

-Pues no...

-¿Ha tenido alguna molestia?

¿Se ha acostado ya?

-Lo cierto es que no...

-¿Dónde está mi hija?

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  • Capítulo 741

Acacias 38 - Capítulo 741

13 abr 2018

Samuel lleva a Blanca junto a Diego. Samuel informa a Felipe que Diego y Blanca se han marchado y los vecinos celebran la felicidad de la pareja. Servando sigue intentando sabotear a Paquito, pero el sereno le perdona.

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  1. Rasky

    Si Mariela y de hecho le dijo a pablo que era el primero de los vecinos en pagar pero parece ser que se olvido de su promesa

    17 abr 2018
  2. Mariela

    ¡¡ Ay, Rasky, ahora me haces dudar de la circunstancia, de lo que si no dudo, ya que recuerdo la escena perfectamente, y es Ursula asomándose a una habitación donde está Pablo tendido en el suelo, evidentemente herido y con algo así como un madero o una viga aprisionándolo por lo que no se podía mover y a pesar del pedido de auxilio, la arpía no solo no lo ayudó sino que no dio aviso a nadie.- Quizás haya alguien que nos pueda sacar de la duda

    17 abr 2018
  3. Rasky

    Mariela pero Pablo no murio por el terremoto?

    16 abr 2018
  4. Mariela

    Rasky Ursula provocó el incendio en casa de Cayetana, de alguna manera le impidió a Pablo salir de allí, adonde lo había hecho ir no recuerdo con que excusa y para peor, viéndolo herido y atrapado por los escombros, no solo no lo auxilió sino que se fue SIN AVISAR A NADIE DE ESE HECHO. Eso y decir que ella lo mató sería lo mismo, tu que piensas de ello?

    16 abr 2018
  5. Rasky

    Por que no haceis mas que repetir que Ursula mató a Pablo? Eso es mentira .

    16 abr 2018
  6. Daniella

    Estoy de acuerdo el capitulo de viernes hacido horrible! Yo no lo puedo creer que Samuel ha cambiado y de no esta por detrás de las desgracias de Branca y Diego; se bien que en esta serie ya nada me surprende más y lo mismo poderia haber sido Ursula y no Samuel?

    16 abr 2018
  7. Marilu

    Hace mucho tiempo ( demasiado ) que vengo haciendo crítica de la labor de los guionistas y leyendo infinidad de comentarios de la misma índole: Llegué a la conclusión que a esos " señores" les da placer que los seguidores de la serie les demos cabida y nos molestemos en comentar, de una manera u otra. Por mi parte tomé la decisión de restarle importancia a esas personas y dejar de comentar en este sitio.- Y que les garúe finito.............CHAU

    16 abr 2018
  8. Lucía

    Un capítulo horrible. Si los guionistas van a seguir por este estilo, donde reina la injusticia y cada vez hay más crueldad, la dejaré de ver y miraré noticiero. Ya que lo que me había enganchado de Acacias 38 era su ambientación, sus personajes, pero si c/v que tienen que sacar a un personaje, quitan a los buenos y de forma tan cruel como a Martín o a Teresa que renuncia a su verdadero apellido, a su fortuna ( con la que podía haber ayudado a muchos, con su alma caritativa), Pablo asesinado por Ursula, y todo quedó en la nada. Y por último Cayetana, que aunque haya quedado duda de si murió o no en el incendio, todos sus crimenes quedaron sin castigo. Un poco de drama está bien, obviamente que todo color de rosa empalaga. Pero irse al otro extremo y además tanta injusticia, tantos secretos que parecería que los guionistas se olvidaron de que ya era hora de que en Acacias se conocieran, o me equivoco ? Porque una frase reiterativa en la serie es: Todo en Acacias se sabe. Los actores excelentes todos, al igual que los vestuaristas, la ambientación. Pero reitero el o los guionistas si pretenden que Acacias llegue a su fin van por buen camino.

    16 abr 2018
  9. Tom ¿neti neti¿ Ber

    Este capitulo es de lo peor , no tiene perdon.....

    15 abr 2018
  10. soffiao

    una mente retorcidad,5 hombres quieren abusar de una mujer embarazada, ahora blanca lllega a la casa de los padres de ursula,y la busca la en cuentran a los maleante por medio del sonajero del bebe...

    14 abr 2018