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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 738 - ver ahora
Transcripción completa

Que no tiemble tu mano, Diego. ¿Acaso no soy un miserable?

¿No soy indigno de ser tu hermano?

¡¿A qué esperas?! ¡Dispara!

-Escúchame, Diego,

no lo hagas.

Que su muerte no nos persiga siempre impidiendo nuestra dicha.

-Esta es la vida que elegimos.

Y en ella no hay cabida

para el amor.

Nunca nos casaremos.

Ha huido por la escalera de servicio. Va armado.

-Tenga cuidado.

Escóndase en los Jardines del Príncipe

y aguarde que vayan en su busca.

-Mientras ese condenado picapleitos trataba de entretenerme,

Diego se coló en la casa dispuesto a llevarse a Blanca.

Por fortuna, su amigo el abogado

cometió un error que le delató.

-¿Cuál?

-Me dijo que mi padre me había llamado por teléfono.

-Antes fui a tirar la basura

y me encontré a Diego en los jardines.

Están vigilados y no ha podido alejarse.

-¿Dónde está él ahora?

-Escondido en la cocina.

-Comisario, han venido a avisarle.

Hay novedades sobre ese fugitivo que buscaban.

-Voy a ver, le dejo a usted al cargo

para terminar los trámites y liberar a la prisionera.

-Te he preparado una infusión.

-¿Para qué es?

-Me he percatado que todavía tienes algunos dolores

y el doctor Quiles me ha recomendado estas hierbas.

Te sentirás mejor.

-No puedes rechazarlo.

-Lo siento.

-Llegó el momento.

Los guardias se están marchando.

Aguardamos un minuto y nos vamos.

-¿Qué hacen por aquí?

Ya saben cuáles son mis órdenes. Aléjense.

En cuanto el fugitivo no vea policía en la calle,

saldrá de su escondite.

Yo me ocuparé de él.

¿Adónde se creen que van con semejante urgencia?

-Comisario.

-No traten de obstaculizar la acción de la justicia.

Preferiría no tener que hacerlo,

pero le dispararé por la espalda si me veo obligado.

Gracias, comisario.

No sabe lo mucho que significa

que haga usted esto. -Solo voy a escucharle, Felipe.

Esto es una anomalía

y me juego el puesto. -Sé el valor de este gesto.

-Lo hago por nuestra amistad

y porque confío en usted.

-Y le agradezco la confianza.

-Bien. Hable, pues.

No voy a darle mucho tiempo.

Hay una orden emitida contra él. Está en busca y captura.

-Y ejecutar esa orden sería un error.

Cuando nos escuche, va a cambiar de parecer.

-Soy todo oídos.

-No puede encarcelar a Diego.

Si lo hace,

pondría una vida en peligro. ¿La vida de quién?

-La vida de Blanca.

-Explíquese.

-Blanca vive retenida en casa de Úrsula.

Y es tratada con violencia por mi hermano, su esposo, Samuel.

-¿Y?

-No me ha escuchado.

Mi hermano ha perdido el oremus.

Se está comportando como un energúmeno

y eso está poniendo en peligro la vida de Blanca

y la de su hijo.

-Insisto, ¿y? ¿Qué tiene que ver esto con usted

y su encarcelamiento?

-Diego le puede detener

e impedir esta barbarie.

-Samuel no es santo de mi devoción,

y sabe Dios que odio lo que le hace a su esposa,

pero la ley es la ley. -Sí, y la justicia, la justicia.

Por favor, comisario, no mire hacia otro lado.

Tome partido en esto.

-No puedo. Mi deber es ejecutar las leyes,

no ponerlas en duda. -Dejarle en libertad

hasta el juicio no supondría saltarse su deber

ni una mancha en su expediente.

-Mucho me temo que sí.

-Así sería si intentara escapar,

pero no lo hará. Le tiene localizado.

Sabe dónde encontrarle. Le puede detener cuando quiera.

Por favor, se lo ruego.

Confíe en mí.

(Sintonía de "Acacias 38")

¿Eso es todo lo que me tienes que decir?

-No.

Tengo una pregunta.

-Ahora una preguntita.

-¿Por qué has querido salir de prisión tan rápido?

-¿Qué más dará eso ahora?

-Siento curiosidad.

Llevas tiempo negándote a salir.

Diciendo que aquí estabas tan ricamente,

presumiendo de amistad con los carceleros

mientras tu hija y yo estábamos preocupados,

pensando que aquí dentro estabas sufriendo

lo indecible.

¿A qué ese cambio de parecer?

-Está bien, te lo voy a decir.

Me ha empezado a dar miedo una cosa.

-¿Qué cosa?

-Temo que si te dejo demasiado tiempo solo,

alguna fresca te embauque.

Hala, ya te lo he dicho. -¿Alguna fresca?

-Sí, Flora.

De acuerdo, mira que eres...

-Cariño...

¿Cuántas veces tengo que decirte

que eres la única mujer

a la que he amado?

-¿Seguro que no prefieres a una jovenzuela?

¿No me ves muy mayor?

-Eres una diosa.

Eres la mujer perfecta para mí.

-Ay, Liberto,

te debo una disculpa.

Sí.

Por haber desconfiado de ti. -No.

Me lo merecía.

No debí dar ese beso a Flora.

O no debí permitir que me lo diera ella, da igual.

El caso es que...

ese beso no significó nada para mí.

Tú me crees, ¿verdad?

-Te he echado tanto de menos...

-Pero si ese beso no significó nada, ¿para qué me lo cuentas?

-Desde luego, mira que eres, Rosina...

-Sí.

-Porque no quería mentiras entre nosotros.

Yo me sentía raro,

extraño, callando algo que pensaba

que podía enturbiar nuestras aguas.

Decidí contártelo, y quizá, erré.

-Yo no sé si preferiría saberlo o no.

-Da igual.

Porque eso no va a volver a ocurrir más.

¿Sabes una cosa?

No voy a volver a separarme de ti nunca más.

Te quiero mucho, señora.

-Y yo a ti, alfeñique.

¿Todavía no se sabe nada de su madre?

-Se supone que están tramitando la orden de salida,

pero no sé cuánto duran estos trámites.

-Espero que sea cuestión de horas.

-Sí, yo también lo espero,

pero esto depende del juez.

-Ay, cuánto me gustaría

que estuviera fuera de prisión.

No se merece estar ahí más. -Ya.

En eso estamos de acuerdo las dos.

-Lo cierto es que no solo lo digo por ella,

también lo digo por mí.

Verla en casa de nuevo, feliz,

haría acallar mi conciencia y este sentimiento de culpa.

-Bueno,

usted logró que quisiera ser liberada.

-También la metí ahí.

-Flora, mejor no ahondar en el asunto,

¿eh?

-Marcho, pues.

¿Y me hará saber todo lo que sepa de su madre?

-Sí, por supuesto.

-Ah, se me olvidaba.

Quería pedirle un favor.

-Claro. ¿De qué se trata?

-Mañana hemos quedado en el callejón de los Jardines del Príncipe

con el representante de los barquillos.

Pero ni mi hermano ni yo

podemos acudir porque tenemos que atender un compromiso.

¿Podría ir usted en nuestro lugar y acompañarle a la chocolatería?

-Pero qué forma tan extraña de quedar con un representante.

Sería más fácil si quedarais

en la chocolatería.

-Sí, pero es que me dijo que no la conocía,

los Jardines, sí.

Y yo le dije que no me costaba acercarme y acompañarle yo.

-Bueno, sí. Sí, sí. Ya le acompañaré yo.

-Gracias, Leonor.

Y hágame saber cualquier noticia de su madre.

-No será necesario. -¡Ah! ¡Madre!

¡Que ya está de vuelta en casa! (RÍEN)

Ay... Qué alegría. -¡Flora!

¿Dónde cree que va?

Gracias.

-Gracias.

-Sí.

Por hacerme reaccionar.

Si no es por usted,

sigo metida en el calabozo,

escondida tras mis miedos y mi orgullo.

Así que gracias.

Una vez más, se ha comportado

como una amiga.

-De nada, doña Rosina.

Es usted muy bondadosa perdonándome, perdonándonos a los dos.

Nunca más le volveré a hacer daño. Se lo juro.

-¡Eh, un momento!

Ojito, ¿eh?

A ver si al final voy a ser yo la que le haga daño.

Ay, besucona.

Agustina, ¿ha visto a la señorita Reyes?

Acabo de regresar y no la veo. -Está en su alcoba.

-No, vengo de allí y no está.

-Quizá haya salido y esté a punto de volver.

-"Perdóname".

"Te quiero".

-Agustina, retire un cubierto de la mesa.

Y no lo vuelva a poner nunca más.

No, retire los dos.

No tengo apetito.

-Qué alegría me da oírte decir eso.

¿Tu madre ya está en casa? -Así es.

Por fin esta noche dormirá en su cama.

-Me alegra la premura al venir a contárnoslo,

pero no hacía falta que nos informaras esta noche.

-Ya, pero quería... Quería agradecer a don Felipe

todas las molestias para sacarla de la prisión.

Si no llega a ser por sus gestiones,

no está en casa. -Fruslerías.

El delito que cometió era una ridiculez.

Era absurdo mantenerla en prisión.

Insisto, podías haberlo hecho mañana.

-Ya, doña Celia,...

pero lo cierto es que quería escaparme unas horas de mi casa.

Mi madre y Liberto han estado

mucho tiempo separados

y ya sabe cómo son. -Sí.

Lo sé,

yo también he sido testigo.

-Olvidan que estoy delante.

Me resulta un poco incómodo.

Es triste, pero mi madre...

Mi madre tiene una vida íntima mejor que la mía.

-Ay...

-Leonor, ¿qué haces aquí? No te esperaba.

-Ha venido a darnos una noticia.

Rosina ya está en casa.

-Lo suponía y me alegro mucho.

Yo también traigo buenas noticias.

El comisario Méndez no ha detenido a Diego.

-Madre del amor hermoso, qué alegría.

-¿Y cómo lo ha conseguido?

-El comisario es buen tipo, apelé a su buen corazón

y él se dio cuenta de que apresarlo no era hacer justicia.

Los cargos contra él

ya han sido aclarados.

Se le buscaba por ser un fugado. -¿Y ahora qué va a pasar?

-Tenemos que tener mucho cuidado.

-Yo no sé si Blanca debería estar en esa casa.

Deberíamos sacarla de ahí.

-Diego lo está planeando todo.

Lo volveremos a intentar.

Y esta vez saldrá bien.

-No me gusta verme en estas.

Y menos con esa mujer. No se me da bien engañar a nadie.

Ella me pone los pelos de punta.

-Lo sé, cariño.

Y es normal que le tengas miedo.

Quizá se haya dado cuenta de la trampa que le tendisteis.

Celia, ándate con mucho cuidado.

Perdone que me inmiscuya, señor,

¿permite?

No sé

qué ha sucedido entre ustedes, pero una cosa tengo por segura

porque lo he visto con mis ojos y he sido testigo.

Entre ustedes había amor verdadero

y por eso sé que regresará.

-No.

No lo va a hacer.

-Pero, señor...

-Quiero quedarme con su recuerdo

y con la satisfacción de haber sentido por ella algo profundo.

No me avergüenzo de ello.

Solo, eso sí,...

porque no tengo con quién compartir ni el orgullo ni el recuerdo.

-¿Quiere que prepare para mañana la equipación de esgrima?

Quizá le vendría bien retomar sus entrenamientos.

-No, gracias, Agustina.

-¿Y si hiciera llamar a don Felipe para que suba a hablar con usted?

Podría preparar algo rico

de desayuno.

-Agradezco sus sugerencias,...

pero prefiero estar tranquilo y solo.

¿Qué haces aquí?

¿No te has ido a dormir?

-No he pegado ojo en toda la noche.

-¿Llevas mucho tiempo así?

-Demasiado.

No paro de darle vueltas a todo. -Eso está bien.

Reflexionar es de sabios.

Sobre todo si nos lleva a conclusiones acertadas.

-Yo no he llegado a nada.

Todo lo contrario.

Tengo muchas preguntas sin responder y necesito respuestas.

¿Qué hizo con el cuerpo de mi padre?

-Ya estamos otra vez con eso. -Sí, otra vez.

¿Qué hizo con él?

-Ya te dije que no debes preocuparte. Yo me he ocupado.

Olvídalo y pasa página. -No puedo.

No puedo, no puedo.

Necesito saberlo.

¿Le dio cristiana sepultura?

-Samuel... -¿Lo hizo? Respóndame.

-Sí.

Quédate tranquilo.

Jaime Alday descansa en paz.

De nada has de preocuparte.

Todo está saliendo

según lo previsto.

¿Sabes qué es esto?

Una tisana.

Contiene verbena.

Una planta cuyo efecto

provocará el adelantamiento del parto

de tu esposa.

Muy pronto esa criatura estará con nosotros

y todo cambiará.

-No sé por qué me cuenta sus manejos para adelantar el parto.

-Creí que querrías saberlo. -Le he preguntado lo que quería saber

y no me ha respondido.

Pero esto insiste en contármelo.

Hace que parezca que soy yo el que decide,

pero usted lo hace. Me manipula, yo no decido nada.

¡Me llena la cabeza de pensamientos y no sé por qué le hago caso!

-Estás muy cansado, Samuel.

Mejor dejemos esta conversación para más tarde.

-He entrado en una espiral de locura,...

pero tal vez no sea demasiado tarde para salir.

¡Cállese!

No diga ni una palabra más.

(SUSPIRA)

(SUSPIRA)

Pero...

Pero...

Oh...

(TOSE)

-Ay, madre, pobre...

¿Qué va a hacer hoy?

¿Me acompaña a la biblioteca?

-¿Se puede saber qué es esto?

-¿Qué es el qué?

-El polvo, la mugre,

¡la cochambre!

La casa podría estar más limpia. -¡Un poquito más limpia!

¡Si parece un estercolero! ¿No lo ves?

-Exagera usted, ¿eh? -Ni un poquito.

¿Qué ha hecho Casilda,

aparte de holgazanear? -Le recuerdo que es viuda reciente.

-Lo que es no te lo digo porque soy una señora.

Además, eso no es excusa, no recuerda a Martín,

no ha pasado pena ninguna. -¿Que no, madre?

Una cosa es que no pase pena, y otra, que no le pase nada.

-¡Lo que no pasa es el cepillo

ni el trapo por los muebles! ¡Mira!

-Madre.

Echaba de menos sus regañinas

y sus prontos. -(RÍE) Pues me alegro

porque también hay para ti. -Ah.

-¿Qué has estado haciendo?

¿Por qué no has estado pendiente de las tareas?

Es que no pareces ni una mujer, hija.

Contigo ya no puedo hacer nada,

pero a Casilda le bajo el jornal como me llamo Rosina.

-¿Qué es lo que ha dicho usted?

-¿Estabas escuchando detrás de la puerta?

¡Esto ya es...!

-No me puede bajar ni un centimillo que me paga poco.

-Por lo visto,

te pago un dineral. -¿Podemos hablar esto con calma?

-¡Calma tendré cuando lo vea como los chorros del oro!

-Como me quite un solo centimillo,

lo que va a ver es mugre.

-Casilda, ¿por qué no te dedicas

a limpiar y ya está? Y usted, madre,

páguele el salario

y aquí paz, y después, gloria. -¡No me da la gana!

Luego te diré los reales que te voy a quitar.

-¡Me cago en "to" lo que se menea!

-¡Pero, bueno...!

-Qué barbaridad...

-Madre.

Con lo poquito que cobra, si le quita una parte...

-Le quito lo que es justo y punto redondo.

Hasta le puede venir bien.

Lo mismo espabila y recuerda a su esposo.

-Encima creerá que lo hace por su bien.

-¡Cállate o te quito la máquina de escribir!

¡Avisada quedas!

-Rosina ha vuelto.

Gracias, hija.

-Entonces, ha pasado usted el examen, Servando.

-Ah, ¿que lo dudabas? -Más bien, lo temía.

-No solo he pasado el examen, sino con la mejor nota.

-¡Vaya, cuánto me alegro! Va a ser sereno, pues.

-Pues no. -¿Cómo que no?

-Porque he renunciado a la plaza.

-¿Que ha renunciado usted? ¿Por qué lo ha hecho?

-Porque lo he pensado mejor y creo que mi sitio es ese

y que no podrían sobrevivir sin mí.

-No se apure, seguro que sí.

-¿Sabe lo que nos costó el embrollo de la cartilla?

¿Sabe lo que nos jugamos para que usted fuera feliz?

¿Ha oído, Fabiana?

Ahora dice: "Que yo no quiero ser sereno".

-A ver, a ver, ¿quién osa enfadar

a mi prometida de esta manera?

-He sido yo, don Antoñito.

-¿Y a qué se juega la vida, Servando?

¿No sabe el genio que se gasta? -Se va a enterar a escape.

-Bueno, vamos a ver, todo se debe

a que explicaba a la Lolita y a la Fabiana

que, pese a mis dotes como sereno,

que han quedado demostradas en el examen

porque he sacado la mejor plaza, he renunciado a ella.

-¿Y eso por qué?

-Pero, vamos a ver, Servando, creía que era tu sueño.

-Ya, pero es por ustedes, señores.

Bueno, creo que mi puesto está en ese portal.

Sí.

Realizándoles los recados,

mostrando mi buen hacer

y solucionando los problemas que se me planteen.

No creo que pudieran ustedes sobrevivir sin mí.

-Ya nos apañaríamos. -No creo.

-Yo sí lo creo. -No, no.

-Que sí. -Que no, Servando, que no.

Que tú eres imprescindible.

-Por eso lo he hecho,

por ustedes. -Pero si usted

ha renunciado al puesto, ¿quién va a ser

el nuevo sereno?

Esta tarde es la Anunciación,

y con todo lo que ha ocurrido en casa de Úrsula,

no sé con qué ánimo llegará a la iglesia.

¿Tú vendrás, Rosina?

-Me lo pensaré.

Es que ahora que soy libre quiero exprimir la vida.

-Habrá sido terrible estar en esa prisión unos días.

¿Había muchos maleantes y andrajosos en ese lugar?

-Qué va, para nada. Gente encantadora, majísima.

-No lo dirás de verdad. -Que sí...

Cierto como que la Tierra es redonda.

¿Qué hacemos aquí?

¿Por qué no bajamos a la chocolatería?

Me apetecen unos buñuelos, respirar.

Aunque La Deliciosa

estaba muy rara.

Ni un alma, desangelada, desértica.

-¿No te has enterado? -¿De qué?

-Desde que corrió el chisme por el barrio

de la infidelidad de tu esposo

con esa mosquita muerta,

los vecinos han hecho boicot. -¿Boicot?

-En ese lugar

no entran ni las moscas.

-Tristeza me da oírte decir eso.

-Ya sabes cómo son los vecinos.

-Los vecinos y una misma.

Lo que hizo esa no estuvo bien.

Y que al marido le dé lo mismo y le importe un comino,

tampoco ayuda. -No es justo.

(AMBAS) ¿No? -No.

A ver, Flora, como mi Liberto, se disculpó.

-Pero eso no le exime de culpa.

-Pero tengo un esposo hermoso, apuesto,

bien plantado, amable, bondadoso...

Normal que las mujeres caigan rendidas a sus pies.

-Normal, normal no es.

-Pero, a ver, todo fue como un desafortunado desliz.

Fruto de la confusión, de los desórdenes y de que Flora

estaba alejada de su esposo. -¿La estás disculpando?

-La estoy perdonando.

Susana, ¿no dice la Biblia que hay que perdonar al prójimo?

-También dice "ojo por ojo".

No veo que tú estés yendo a besar a su esposo.

-Flora ha demostrado estar arrepentida y ser buena amiga.

Si no es por ella, aún sigo en prisión.

Por favor, os pido lo mismo,

que le perdonéis y que le levantéis el boicot.

-Si es lo que deseas,

así se hará.

¿Verdad, Susana?

Claro que tiene importancia.

Saber quién es el sereno es un asunto de mucha enjundia.

-Bueno, ya se verá.

Lo importante es que seré el sereno moral

porque quedará constancia hasta el final de lo días

que cedí mi puesto a un regulero, a un segundón, a un ninguno.

-¿Estaba hablando de mí, Servando? -No, Paquito,

no se crea el protagonista, no se habla de usted.

-Bueno, en todo caso,

les comunico que soy el nuevo sereno. -¡Vaya!

¡Enhorabuena, Paquito! ¡Enhorabuena!

(APLAUDEN)

-Una se queda mucho más tranquila de que esté usted rondando.

-Gracias por haber renunciado, Servando.

-No me dé las gracias, lo he hecho por mí.

Bueno, por mí y por el prójimo, verbigracia, por los vecinos.

Si me disculpan, señores,

tengo muchas cosas que hacer.

-¿Y a este qué mosca le ha picado? -No lo sé,

pero alguna que todavía no conocemos. -Bueno,

todo ha acabado fetén.

-Sí. A los buenos días, señores.

-A los buenos días, Paquito.

Vaya con el representante.

Qué falta de puntualidad.

¿Qué haces tú aquí?

-A tu encuentro venía.

-¿Al final has podido escaparte?

¿Y el compromiso ese tan ineludible

del que hablaba tu hermana?

Vaya...

Que no hay representante, ¿no?

-Habrá alguno por ahí, pero...

no estaba citado.

-¿Todo es una mentira?

¿Un engaño?

-Una inocente argucia para poder verte.

-Pues yo me marcho.

No tengo tiempo. -Aguarda, te lo ruego.

Deja que te muestre algo

y te marchas. No te retendré.

-¿Qué quieres mostrarme?

-(CARRASPEA)

-¿Qué es esto?

-Una carta escrita por César Cervera.

-¿Es otra de tus mentiras o qué?

-La encontré en una biblioteca.

-Y...

¿Para quién es la carta?

-Es...

una carta de verdadero amor.

En ella, César Cervera le declara su amor

a una muchacha

de la que se enamoró en las Indias.

Pensé que quizás te sería útil para una novela,

pero lo mismo me equivocaba. -No.

-¿Significa...

que quieres leerla entonces?

-"Era tarde cuando te vi aparecer,

enseguida supe que ibas a marcar un antes y un después

en mi insignificante vida".

Agustina.

¿Qué hace ahí tan "entretenía"?

-El coronel tiene mal de amores.

¿Qué tisana le doy

para que se le pase la pena?

-¿Cree que va a solucionarlo con un brebaje?

-¿No hay ninguno que ayude a paliarla?

Un poco, al menos.

-Ay, mucho me temo que no.

Ojalá las hubiera, la gente se lo bebería a barreños.

-De verdad, que estoy hasta la coronilla. Así se lo digo.

-Casilda, sé más prudente, mujer.

-Es que no hay derecho.

¡No hay derecho!

Doña Rosina me quiere bajar el jornal.

¿Y "to" por qué?

Por no haber hecho la tarea.

-Podía ser menos "agarrá",

pero tú también podías haber "faenao" una miajilla más.

Te has estado "to" el tiempo paseando.

-Bueno,

vamos a dejar el tema que no quiero encenderme.

Por cierto,

¿se han "enterao" de quién es el nuevo sereno?

Qué alegrón me ha "dao"

cuando he "sabío" que es el Paquito.

El Servando se lo "tie" bien merecido.

-Agustina,

¿nos puede dejar solas una "miajica", por favor?

¿Tú qué? -¿Qué pasa ahora?

-¿Sabes lo mal que lo está pasando Servando por la muerte de Martín?

-¿Y?

-Adoraba a tu esposo, hija.

-Pues que con su pan se lo coma. -¡Casilda!

-¿Qué quiere que diga?

-Solo quiero que sepas

por qué Servando está mucho más pendiente de ti.

-Nadie se lo ha "pedío".

-Él se lo prometió

a tu esposo por la amistad que les unía.

Desde que Paciencia se fue,

Martín fue su única compañía.

Sí, es verdad que estaban todo el día a la greña, regañando,

pero eran como un matrimonio. En el fondo, se querían mucho.

Y "pa" Servando,

la muerte de Martín ha sido

como si perdiera a su hijo, Casilda.

-Bueno.

Y yo que lo siento mucho por él, pero ¿qué puedo hacer yo?

-Quiero que le muestres más respeto.

Que tu amistad con Paquito tampoco ayuda mucho.

-Bueno, pues que él también me lo muestre a mí.

Y que no me juzgue.

¿Que él siente pena? Pues, bueno, está bien, pero...

¿Por qué voy a sentirla yo si ni recuerdo a su hijo?

-Martín.

Martín.

-Ay...

Como sea, "señá" Fabiana.

Mire, yo he estado pensando mucho sobre este asunto

y, la verdad, es que yo se lo juro y se lo perjuro

que me encantaría acordarme de ese muchacho,

al menos, aunque fuera porque me dejen tranquila,

pero "na".

Es que no me acuerdo. Y eso es lo que hay.

-Casilda, si yo lo único que te pido

es que seas más cuidadosa con Servando,

que lo trates con más tacto, mujer.

Ahora Servando nos necesita más que nunca, hija.

-Bueno, está bien.

Yo voy a ser más cuidadosa,

pero él que no se meta en mis asuntos

y que no juzgue ni lo que hago ni con quién lo hago.

-Muy bien.

"No era nadie hasta conocerte".

"Tú me hiciste grande".

"Grande porque te fijaste en mí".

"Y eso me hacía especial. No he conocido en mi vida

a una mujer como tú".

"Y no lo digo por tu belleza,

pues he conocido a muchas mujeres bellas".

"No por tu piel aterciopelada

o tus labios sonrojados,

eso lo tienen muchas".

"Tú eres única por tu audacia

y tu ingenio".

"Eres única por tu inteligencia desbordada y tu sentido del humor".

"Eres única por cómo me miras".

"Tan profundamente".

"Tan de verdad".

"Se me para el corazón cada vez que lo haces

y hasta las tripas me dan un vuelco".

"Mi vida no tiene sentido si no estás a mi lado".

"Quiéreme, por favor,

porque yo... ya no voy a poder dejar de amarte".

-¿Te ha gustado?

-¿Y cómo sé que la ha escrito César?

Podría ser falsa.

-No la ha escrito él, pero no es falsa.

-¿Que no la ha escrito César Cervera?

-No.

-¿Cómo lo sabes?

-Porque la he escrito yo

y es tan verdadera como que el sol se pone.

-¿Qué significa todo esto?

-Significa que todo eso

es exactamente lo que siento por ti, te lo juro.

Que son sentimientos sinceros y verdaderos.

Yo sé que no tengo

ningún derecho,

pero quería que supieras lo que siento por ti.

Mi vida no tiene sentido sin ti.

Ni la chocolatería ni mi futuro ni mi pasado importan ya.

Si tú no vas a quererme,...

estoy perdido.

¿Nos dejas a solas, Carmen?

¿Qué nos ha pasado, Blanca?

¿Qué me ha pasado?

Cuando te conocí,

supe que te había encontrado.

Que debía dejar de buscar porque tenía delante de mí

a la mujer de mi vida.

Eras tan vulnerable,

tan falta de amor...

Solo deseaba amarte.

Protegerte.

Paliar tu dolor.

¿Dónde está todo eso?

¿Qué es lo que queda entre nosotros?

¿Amor?

No creo que pueda llamarse amor.

Obsesión.

Miedo.

Vergüenza quizás.

¿Es este el ambiente

para que un niño pueda crecer feliz?

-¡Ah!

¡Ah!

"El ángel entró en su casa

y la saludó diciendo:

'Alégrate, llena de gracia,...

el Señor está contigo'".

"Al oír estas palabras,

ella quedó desconcertada

y se preguntaba qué podía significar

ese saludo". -¡Ah!

-"Pero el ángel le dijo:

'No temas, María,

porque Dios te ha favorecido'".

"'Concebirás y darás a luz un hijo

y le pondrás por nombre Jesús'".

"'Él será grande

y será llamado Hijo del Altísimo'".

"'El Señor Dios le dará el trono de David,

su padre'".

"'Reinará sobre la casa de Jacob

para siempre,

y su reino

no tendrá fin'".

Amén. (TODOS) Amén.

-Ha sido precioso,

Úrsula.

-Marcho.

Quiero ver cómo se encuentra mi hija.

-Queríamos agradecerle que organizara el acto.

Ha quedado a pedir de boca.

-Supongo que no vamos a simular a estas alturas que somos amigas.

-¿Perdón?

-Yo ya sabía que no era santo de su devoción,

ni siquiera nos une una estrecha amistad.

-Bueno... -Déjeme acabar,

doña Celia.

Las tres sabemos que no somos amigas,

pero jamás imaginé...

que fueran capaces de atacarme así, tan descaradamente.

-Me va a tener que perdonar, doña Úrsula, pero no sé

de qué nos habla.

-Me han querido arrebatar lo único que tengo en esta vida.

Solo anhelo que llegue el día

que a ustedes les suceda exactamente lo mismo.

Que alguien les arrebate lo que más quieren,

desgarrándoles el alma.

Que pasen ustedes un buen día.

He querido darle un tiempo.

Sé que estas cosas es mejor digerirlas en la soledad,

pero la vida sigue, es hora de que se recomponga.

-Gracias por los ánimos, don Felipe,

pero no hace falta.

Soy un hombre curtido en mil batallas y sé encajar una derrota.

-¿Eso es lo que ha supuesto para usted su marcha? ¿Una derrota?

-De las peores que he vivido,

pero también sabré superarla.

¿Quién le ha dado la información?

¿Ha sido Agustina?

-Dudo que eso importe.

Lo cierto es que la marcha de doña Silvia es más que evidente.

Todos hablan de ello.

-Ya.

Supongo que es normal. -Normal, no sé,

aquí es inevitable.

Todo el mundo la quería.

A todos les caía bien.

-Es una mujer especial.

-¿Por qué no baja a tomarse algo caliente?

Eso le distraerá.

-No tengo cuerpo ni ganas.

-Le sentará bien.

Los vecinos han quedado allí para dejar constancia

del levantamiento del boicot. La tertulia estará animada.

-Se lo agradezco,

pero no es el día. -Insisto,

y si no, iremos a pasear.

No es bueno

pensar demasiado en ello.

-Está bien.

Usted gana.

-Por favor... -Gracias.

Chocolate y churros para todos.

-Yo me tomaría un cafetito, Íñigo. -Marchando un café

bien cargadito para don Ramón.

-Ahora vuelvo, hija.

¿Qué hace aquí agazapada?

-Tengo mucho que hacer

aquí dentro. -Tiene que servir a su clientela.

Hacen un esfuerzo por perdonarla. -Lo sé.

-Nadie le va a decir nada

sobre el incidente.

Un minuto de atención.

Quisiera agradecer personalmente,

y en nombre de los chocolateros,...

que hayan regresado

a La Deliciosa

como si nada. Pelillos a la mar.

Si alguno habla del asunto, se las verá conmigo.

¿Estamos?

Bueno, a divertirse, a comer.

Gracias.

-He lamentado mucho no poder acudir a la Ofrenda de Nuestra Señora.

Me ha sido imposible. ¿Cómo ha sido el acto?

-Lo cierto es que doña Úrsula ha leído divinamente.

-Será lo que sea,

pero es una fiel devota y una buena cristiana.

¿Qué os pasa a vosotras?

-Nada.

¿Qué iba a pasarnos?

Ah, mira, llega Felipe.

-Buenas tardes. -Buenas tardes.

-Nos gustaría sentarnos con ustedes.

-Tomen asiento, se lo ruego.

A pesar de nuestras diferencias,

apoyamos a nuestros vecinos cuando vienen mal dadas.

Lamento que esté pasando por un mal momento.

-Supongo que se refiere a la marcha de doña Silvia

y, agradezco sus palabras de aliento.

Pero como comprenderá,

es un tema del que no me apetece hablar abiertamente con ustedes.

-No veo por qué.

Quiero decir, que las cosas

que uno se guarda, acaban enquistándose.

-Será para usted, que es muy dada al parloteo.

-Bien, ¿cómo está la situación en las minas?

¿Ha regresado todo a la normalidad?

-Gracias a Dios, así es.

-Bueno, ¿lo pasó muy mal? -Las cárceles...

-¿Y a ti qué te ocurre?

-¿Estás incómodo en la chocolatería?

¿Es por Flora no? -(LIBERTO NIEGA)

-Entonces, ¿en quién piensas?

-Pensaba en tu madre.

-¿Qué pasa con ella?

-Me gustaría hacerle algo que no se espere.

-¿Quieres darle una sorpresa?

-(ASIENTE)

-No va a ser fácil. Lo sabes, ¿no?

Sobre todo lo de mantenerlo en secreto, siempre se entera.

-Pues si no se entera,

yo se lo cuento.

(SONRÍEN)

-En fin...

¿Sigues atormentándote con tus pensamientos?

-Los fantasmas no me dejan dormir, no me los saco de la cabeza.

-Veo que nada ha cambiado respecto a nuestra última conversación.

-No ha cambiado.

Pienso que todo es su culpa.

Que usted me maneja,

que me manipula para hacer que consiga lo que usted desea.

-Siento que pienses así.

-Pienso así y, lo hace todo el mundo porque es la verdad.

-La verdad es que he hecho todo lo que he hecho pensando en tu hijo.

Que lo mejor para él es que tú estuvieras en su vida.

Te he protegido y he velado por ti.

-¡Y eso está mal!

Mi padre tenía razón, debo pagar por lo que he hecho,

debo asumir mi culpa, merezco un castigo.

-De ninguna manera.

Tu padre no podía estar más equivocado.

-Él sabía que yo no era así.

-Tu padre era un pan sin sal, no te quería.

-¡Cállese!

-Samuel, Samuel.

¡Samuel!

¿Quieres que te cuente algo?

Yo también adoraba a mi padre.

Lo adoraba por encima de todas las cosas de este mundo.

(ÚRSULA LLORA)

(ÚRSULA) "Pero él me dio la espalda cuando más lo necesitaba".

"Me despreció cuando yo me sentía sola e indefensa".

Me trató como a escoria, y yo no tenía culpa.

Lo mismo que hizo tu padre.

Él tampoco te quería.

-Cállese. ¡Cállese!

-Te despreció como mi padre me despreció a mí.

Para don Jaime Alday, tú no eras nadie.

Para él, solo era importante Diego.

-No. -Te negó lo que era tuyo

porque no te amaba como un padre.

-¡Eso no es así!

-Asúmelo, Samuel.

Quería quitarte lo que era tuyo para dárselo a Diego.

Quería robarte a tu hijo.

Si es que ya no quedan hombres como usted, Paquito,

o al menos yo no he conocido uno así.

-De verdad que no ha sido nada.

-"Pos" el barrio piensa que sí.

Es más, están todos muy contentos de que usted sea el nuevo sereno.

Por cierto, a su proposición, mi respuesta es un sí. Acepto.

-¿Mi proposición? -Sí.

La de acompañarme a casa de doña Rosina.

Además, ya es de noche. -No recordaba esa propuesta,

pero estaré encantado de acompañarla, Casilda.

-¿Cómo van las cosas con mi sobrino?

-Muy bien, mejor que nunca.

Lo sucedido fue un desliz. Olvídalo.

-Me alegra verte

tan contenta.

Pero la Rosina de antes no lo hubiera perdonado.

Hay que perdonar si uno lo merece.

-Él fue una víctima. Esa descarada le hizo el lío.

No tuvo la culpa de nada. -Alguna culpa tendría.

-Que no.

Y aunque la tuviera, es mi marido.

Tengo que afrontar lo que la vida me eche.

A propósito,

¿sabes algo de lo que trama?

-"No está bien que tu novio" frecuente tanto el altillo".

-¿Antoñito? -Sí, claro, Antoñito.

¿Acaso "ties" otro novio?

-¿Y eso por qué?

-Porque es señorito.

-¿Y yo qué culpa tengo, Fabiana?

-Y es el señorito de la casa donde yo trabajo.

-¿Y qué quiere que haga?

-No le subas, que no es correcto. Ya puedes estar pensando algo.

¿Lo has entendido?

-Perfectamente, señor.

-¿Seguro que te ha quedado claro?

-Más que el agua clara que baja por el río en primavera.

-Ve y haz exactamente lo que te he dicho.

-Así lo haré.

Y ahora me voy al "mercao", que tengo faena.

-Ve.

-"Estoy harto de esconder mi relación;

de esconderme, de disimular".

-Como si no estuvieras acostumbrado.

-No quiero seguir así. La quiero. Quiero que todo el mundo lo sepa.

O al menos, que si lo saben no me importe.

-Ni se te ocurra. Tú tienes que seguir siendo mi maridito.

¿Quieres perderlo todo e ir a chirona?

Eso tampoco sería muy bueno para tu amor.

-Hay otra solución.

-"¿Hiciste lo que te pedí?".

-Sí. Aquí la tiene,

la llave del principal.

-Gracias, Carmen.

Sé lo mucho que arriesgas.

Ven por aquí.

Eres muy bella, Leonor.

Nunca me había divertido así con una mujer.

-Calla, lisonjero,

que llevas un día, que parece que has comido almíbar.

-No es lisonjería, es sinceridad.

Nunca había sentido algo así por alguien.

-"¿Han mirado la cartelera?". ¿Qué función vamos ver?

-No he tenido tiempo de ojear el periódico.

A ver...

Esto no me lo esperaba.

-¿Qué ocurre?

-Esto explica todo lo que pasó entre doña Silvia y don Arturo.

-"Debe aguantar solo un poco más".

Pronto saldrá de aquí.

-Dios te oiga.

-Ahí fuera hay mucha gente que la quiere.

Están haciendo todo lo posible por sacarla de aquí,

de esta casa.

-(BLANCA SE QUEJA DE DOLOR)

-No lo soporto, Celia, me siento encerrado.

Esta casa se me cae encima.

-Diego, se lo ruego, ha de tranquilizarse.

-¿De qué sirve que su esposo haya intercedido para no ir a la cárcel,

si esto es como vivir en un cárcel?

-Bueno, era esto o el penal.

Felipe ha hecho lo que ha podido.

-Discúlpeme, por supuesto que sí. Y le estoy muy agradecido.

Se me hace un mundo estar aquí esperando, sabiendo que Blanca está

bajo las garras de Úrsula y Samuel.

-"Carmen, ese brebaje..."

que me está dando mi madre,... -Sí.

¿qué es?

-No lo sé.

Solo sé que lo prepara ella en la cocina,

pero no me permite ni acercarme.

-¿Sabes qué contiene?

-Solo he visto que utiliza unas hierbas naturales,

pero no sé cuáles son.

-¿Cómo he podido ser tan estúpida?

-¿Qué ocurre? -Ese jarabe tiene que tener

algo malo.

Dios sabe lo que me está dando.

(Llaman a la puerta)

-"Soy un asesino y voy a pagar por lo que he hecho. Me entregaré".

-Ve, confiesa o haz lo que te venga en gana.

Yo cuidaré de ese niño.

Para mí es lo más importante de este mundo.

-Eso es exactamente lo que voy a hacer.

  • Capítulo 738

Acacias 38 - Capítulo 738

10 abr 2018

Felipe convence a Méndez para que no detenga a Diego. Tras su puesta en libertad, Rosina habla a favor de los chocolateros y La Deliciosa recupera la actividad normal. Flora cita a Leonor, pero cuando la escritora acude al lugar acordado, se encuentra con que era una treta para encontrarse con Íñigo. El chocolatero le declara su amor y Leonor cae rendida a sus pies.
Arturo descubre que Silvia se ha marchado y queda hundido.
Servando cuenta que ganó el puesto de sereno, pero que renunció a ejercerlo. Paquito se lleva el puesto y decide no desvelar que Servando miente.
Samuel se siente manejado por Úrsula, quien sigue dando hierbas a Blanca para adelantar el parto. Samuel hace una declaración de amor y arrepentimiento sin saber que Blanca le escucha. Úrsula intenta hacer reaccionar a Samuel para que no flaquee.

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  1. Merce

    Capítulo 738, 19:08 minutos: hermosa " parada de carro " de Samuel a Ursula: ¡¡¡ CÁLLESE !!! genial........- y sigue el Culebrón mexicano de Rosina y Liberto

    11 abr 2018
  2. Saro

    1.027.000 espectadores y una cuota de pantalla de 8,9% ... ¡Cuántos espectadores esperábamos la reconciliación de Liberto y Rosina !!!!!!!!!. Enhorabuena a todos.

    11 abr 2018
  3. Celina

    Francamente estas historias son adictivas. Pero dudo que alguien pueda llegar al final porque aburre mucho el hecho de que ningún problema se resuelve si no es que muera alguien. No creo he tarde mucho en abandonar su visión no me merece la pena perder el tiempo en un folletín.

    11 abr 2018