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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 730 - ver ahora
Transcripción completa

¿Se puede saber a qué estáis jugando vosotros dos?

No pienso tolerar más que andes tonteando....

-Déjelo. Un hermano

puede tontear lo que le apetezca.

-"Tenías problemas con unos clientes".

-Quizá deberíamos ir a verles.

Volver a trabajar juntos, salir de este barrio...

-Como quiera, padre.

-"Casilda, se llamaba Martín".

Y era muy buen hombre.

Por desgracia, murió

en los alborotos con los huelguitas. -¿Ha habido alborotos?

¿Con qué huelguistas?

-Casilda, si tú misma recibiste

un culatazo, por eso estás como estás. ¿No lo recuerdas?

-"¿Conspirar yo contra ti?".

Me ofendes, Blanca,

y me defraudas.

-No lo pretendía, madre,

discúlpeme.

-"Quiero que prepares una cena" para Liberto y para mí.

Siento que le estoy perdiendo, y sabes que sin él no podría vivir.

-"Venía diciéndole a mi señora" que mañana les pienso hablar de él

a los camaradas en la reunión de la Asociación.

Asistirá usted, supongo.

-Sí, por supuesto. ¿A qué hora era?

-A las cuatro. -"Localice al mozo"

que sirvió en esa casa, quiero hablar con él.

-Lo intentaré.

-Una cosa más.

Como vuelva a acercarse a mi criada,

será ella quien pague las consecuencias.

No quiero que tenga relación en Acacias con nadie, excepto conmigo.

¿Queda claro?

-Usted paga, señora.

-"Estaré siempre" en deuda contigo.

-"El uniforme está planchado"

y preparado, tal y como usted pidió.

-Gracias, Agustina.

-Temo por usted, coronel. ¿Qué está tramando?

-"¿Sabes lo que les pasa a las niñas rebeldes?".

Y no querrás que te dé unos azotes, ¿verdad?

-(NIEGA) -Pues abre la boca.

-No, por favor. No, no.

-"Esa boda que los Koval planeaban, no llegó a producirse".

"Un día

se marchó la hija, la muchacha casadera".

"Era usted".

"Es usted una Koval, ¿no es cierto?".

"Si usted recordara algo más o me diera un dato certero,

yo podría seguir tirando del hilo".

(HABLA EN RUSO)

(HABLAN EN RUSO)

(REZA EN RUSO)

(HABLA EN RUSO)

No esperábamos encontrar una joya como tú.

-(GRITA)

¡Suélteme! ¡No!

(RESPIRA AGITADA)

(HABLAN EN RUSO)

-(LLANTOS)

-(HABLAN EN RUSO)

-(LLORA)

(HABLA EN RUSO)

No, Dios mío.

(LLORANDO) No.

(LLORANDO) ¡Yo no tuve la culpa, no!

(RESPIRA CON DIFICULTAD)

¡No, no! ¡¿Por qué?!

¡¿Por qué?! ¡No! -Madre.

¿Qué ocurre? -¡Yo no tuve la culpa!

¡No! ¡¿Por qué?!

-Cálmese, madre.

-(ÚRSULA LLORA)

(RESPIRA CON DIFICULTAD)

-Madre, esto no es bueno para usted.

Madre...

Madre,...

ya ha pasado.

Madre...

-(RESPIRA MÁS CALMADA)

Pero ¿qué le ocurre?

-¿Qué le pasa?

(Sintonía de "Acacias 38")

Dele recuerdos a su señora, don Manuel y espero que se mejore.

Buenas noches.

-¿Qué ocurre?

-Lo que ocurre es que hemos de hablar.

¿No cree que tenemos una conversación pendiente?

Seré clara. No puede usted venir aquí y tener una relación

a cara descubierta con mi hermano. -Flora.

-No he terminado. Estoy harta

de ir dando tumbos por la vida,

de ir de aquí para allá malviviendo...

Nunca en mi vida he tenido una posición mejor que ahora,

nunca he tenido nada, ni he sentido pertenecer a ningún sitio...

Y ahora, por fin lo siento.

Ahora tengo algo, la gente me respeta,

hasta estoy cogiendo cariño a mis clientas y, ellas a mí.

¿Sabe lo que eso significa para alguien como yo?

Es esperanza de un futuro mejor.

Y la relación con mi hermano lo pone en peligro todo.

No permitiré que sus devaneos con mi hermano

lo echen todo al traste.

-Íñigo, por favor.

Tiene usted razón, Flora.

No era mi intención hacerles daño, ni poner su vida en riesgo.

-Me alegro que lo entienda. -¿Y yo no tengo nada que decir?

-Es lo que acordamos.

¿O acaso lo has olvidado? -Las cosas cambian.

-No cambian.

Seguimos siendo los de antes, aunque tengamos a todo el barrio engañado.

¿Crees que a mí no me gustaría enamorarme y vivir una pasión?

Pero no nos lo podemos permitir.

Lo primero es lo primero. -Lo primero es ser feliz.

¿De qué sirve todo esto si no podemos serlo?

-Yo lo soy. -Yo no,

no si no puedo estar con Leonor. La quiero, me he enamorado

perdidamente de ella.

Y creo que ella me corresponde.

Y cuando eso sucede es un milagro. Enamorarse es un milagro.

Encontrar a quien te sienta como un guante,

quien no te oprime, que no te raspa.

Lo siento, pero no voy a renunciar a ella.

-Está bien.

-¿Cómo?

-Tienes razón. No puedo oponerme a que estéis juntos.

Pero en secreto,

en muy, muy secreto. Las mujeres

empiezan a recelar infidelidades y, eso no me gusta.

-No lo sabía, lo siento.

Supongo que nos relajamos demasiado.

-A partir de ahora debéis ser mucho más discretos.

Nadie debe enterarse o se irá todo al traste, ¿de acuerdo?

-Sí, se lo prometo.

¿Te has asegurado de que no te seguían?

-Nadie.

Tengo experiencia en clandestinidad. -¿Y mi padre?

-No tengo información, pero parece que no hay novedades.

-Supongo que eso también sirve para Blanca y que son buenas noticias.

-Mejor que malas. Hablemos de ti.

¿De nada sirve que te pida que te acojas al indulto?

-Huertas, tengo que hacerlo, no insistas.

-¿Has averiguado tú algo?

-Me he dejado caer por una taberna que frecuentan los guardias.

-¿Te has dejado ver por los guardias?

-No tiene otra manera de conseguir información.

-¿Y hay algo en claro?

-Ese se llama Viñas.

Suele dejarse caer por una taberna,

La Ballena.

¿Satisfecha tu curiosidad? Huertas,...

¿has conseguido tu parte?

-Habla con Blanca antes. Ella no querrá que arriesgues tu vida.

Puede hacerte cambiar de opinión.

-Incluso contra la voluntad de Blanca, lo haré.

Es una cuestión de justicia.

Martín murió porque Viñas quería matarme a mí.

No quedará impune.

-Si no es venganza, si te conformas con la justicia,

hay otras formas de conseguirla.

-¿Denunciándoles, por ejemplo?

¿Hablas en serio? Después de años de clandestinidad,

¿no has aprendido que lo guardias siempre quedan impunes?

¿Crees que escucharían a unos agitadores como nosotros?

Si tú no vas a conseguirme el arma, buscaré la manera de encontrarla.

-Sé que me voy a arrepentir de esto.

¿Qué está haciendo usted aquí?

-¿Acaso pensaba que me iba a volver a marchar sin despedirme?

-No podemos estar juntos, tiene que irse.

-No tema. -Usted no conoce a doña Úrsula,

el otro día nos vio en la calle y me amenazó.

Si volviera a vernos juntos, me mataría.

-No nos va a ver. Estese tranquila.

No permitiré que nadie le haga nada malo.

Doña Úrsula está pasando por malos momentos, se está desquiciando,

¿o me equivoco? -No.

No se equivoca.

Tendría que haberla visto usted anoche.

-¿Qué ocurrió?

-Empezó a gritar,

y a decir cosas sin sentido, estaba como ida,

como si hubiera perdido la razón.

¿Qué es lo que le sucede?

¿Qué le está contando usted para que pierda el oremus de esa manera?

-Solo le estoy mostrando la verdad sobre su pasado,

quién es ella realmente. Y eso parece no gustarle demasiado.

-¿Hasta cuándo va a durar esto?

-Estoy a punto de ponerle el broche final a la historia,

pero mientras tanto,

aléjese de esa mujer, no es trigo limpio.

-No hace falta ser investigador para saber eso.

¿Acaso cree que estoy aquí por gusto?

¿Que no he pensado en abandonarla un millón de veces?

-¿Y por qué no lo hace?

-Porque no todo el mundo puede hacer lo que quiera.

-Yo la ayudaré a escapar de esa mujer.

-Dudo que usted pueda ayudarme,

dudo que nadie pueda hacer nada por mí.

Pero créame, que se lo agradezco.

-Le demostraré

que se equivoca.

Regresaré y, verá que a mi lado sí que puede hacer lo que quiera.

-Me gustaría creerle, de verdad.

Me encantaría que ese mundo idílico del que habla, se hiciera realidad.

-Algún día lo verá con sus propios ojos.

Y ese día, verá que Úrsula no es ningún obstáculo para usted.

-Gracias.

-¿Gracias por qué?

-Porque hacía mucho que nadie se preocupaba por mí.

Doña Leonor, ¿está usted segura de que yo cobraba 15 pesetas?

-Lo cierto es que no lo sé, Casilda. -No puede ser,

estoy segura de que eran 25.

Me da que su madre me intenta hacer el lío.

-Todo puede ser.

Pero de todo esto se encargaba mi madre.

-¿Cree que se ha ido a desayunar a La Deliciosa porque hemos "reñío"?

-No, claro que no. A eso no le hagas caso.

Está un poco rara últimamente.

-Más de lo normal, querrá decir. -Algo le pasa.

(Llaman)

-Lola, ¿qué haces aquí? -Espero no molestar.

-Qué vas a molestar tú.

-Venía a ver cómo te encontrabas.

-"Pa" chasco que requetebién.

-Os dejo, que tengo cosas que hacer.

-¿De verdad que estás bien?

-Sí. Tengo mucha faena y apenas tengo tiempo de pensar.

-Ya te ha puesto tu señora a faenar. -Sí.

Me encargó una cena "pa" ella y don Liberto, una cena romántica.

Debe ser que andaban malamente.

Pero mejor, que cuando una está "aburría",

es cuando le da al magín. -En eso tienes razón.

Entonces, ¿no has "pensao" "na"?

¿"Na" de "na"?

-Si te refieres al tal Martín, nones.

Y la cosa empieza a ser pesadita.

-No digas eso, mujer.

-Está "tol" mundo que si ese hombre era mi esposo,

que se ha muerto, que soy viuda y otras pamplinas que ni recuerdo.

Pos "pa" eso he "venío", "pa" hacerte recordar.

Es un retrato del Martín. Lo hemos encontrado en el altillo.

Te lo he "traío" "pa" ver si se te despierta la memoria.

¿Y qué?

-¿Y qué de qué?

-Que si te acuerdas de él. -Nones, Lola.

Yo a este mozo no le he visto en mi vida.

Pero no me hubiera "disgustao" conocerle.

Tiene una buena planta, de aquí a mi pueblo, vaya.

Pero no sé quién es ese. -Ese, como tú dices,

te quería mucho, Casilda.

Y tenía un corazón que no le cabía en el pecho.

Era bueno y "honrao", un buen hombre.

-Pues me alegro por él, y por ti,

se ve que le tenías cariño.

-¿Tampoco te acuerdas de esto?

-¿Esto qué es?

-Corazones de papel. De papel.

¿No recuerdas "na"?

A él se le daba bien la "papiroplexia".

Los hizo "pa" ti, cuando os conocisteis.

Los dos os prometisteis cuidar de vuestros corazones.

No recuerdas "na". -Nones.

-"Pa" mí, eso son trozos de papel.

Te pido una cosa, por favor,

termina ya con esta zarandaja, porque por mucho que lo intentéis,

yo no me acuerdo.

Además, te digo una cosa,

este asunto me empieza a dar hartura.

Te dejo que tengo mucha faena.

No se acuerda de nada.

Es como si le hubieran borrado sus recuerdos con una goma de borrar.

-No sé yo si decirle si eso es bueno o malo.

Quizá sea lo mejor.

Pero esposo mío, ¿qué horas son estas de llegar?

-Perdona. Anoche tuve que atender un asunto y se me hizo tarde.

-Lo importante es que estás aquí y me puedes ayudar con los desayunos.

Solo pasaba a saludarte. He de irme a escape.

-¿Y adónde, si puede saberse? -Don Arturo me ha hecho llamar.

No sé qué quiere. Voy a su casa a que me cuente.

Luego te veo. Hasta luego, doña Rosina.

-Hay que ver qué paciencia tiene con su esposo, Flora.

-Ya sabe cómo son los hombres.

-Yo no lo sé, tengo mucha suerte con mi Liberto,

y también con mi Maximiliano.

-Pues me alegro por usted, pero no es lo normal.

-Ahora que lo dice,

lo que no es normal es lo mala que es la gente en este barrio.

¿Se ha enterado del absurdo rumor que corre por ahí?

-¿Qué rumor? -Que mi hija y su esposo

andaban tonteando el uno con el otro.

¿Ha oído? Menuda estolidez.

-Cómo le gusta a la gente darle a la húmeda.

Pero no hay que hacer caso a las habladurías ni a los chismes.

Yo nunca entro al juego del comadreo. Soy tan prudente...

-Se le nota, sí.

Mas no se apure que ningún caso les hago yo.

Los matrimonios tienen sus cosas y pasan por buenos y malos ratos, pero

yo confío plenamente en mi Íñigo.

-Diga usted que sí.

Lo cierto es que nosotros tampoco estamos en nuestro mejor momento.

-¿Ah, no? Si Liberto parece un mirlo blanco.

-Quizá sean suposiciones mías.

Es que últimamente he estado tan gruñona, llorica; gritona...

Se lo confieso, con esto de la gota he estado

un poco insoportable. -Normal.

Eso debe de doler una barbaridad. -Un tormento.

Usted no se figura. Y mi Liberto no está como siempre.

-¿Qué quiere decir? Soy una tumba.

Las chocolateras somos como los taberneros,

ver, oír y callar.

-Pues verá,...

está distante, como en otro lugar, pensando en otra cosa.

Ayer le preparé una cena romántica

y, apenas le hizo caso. -¿Qué?

-Sí. Yo esperaba que llegara el postre,

ya sabe, pero no hubo postre.

Nos fuimos a dormir sin darle una alegría al cuerpo.

Y no sabe usted cómo éramos mi Liberto y yo.

Apenas teníamos ocasión, nos escapábamos y...

-Ya, ya lo capto.

-¿Y si se ha encandilado con otra?

A lo mejor ha dejado de quererme.

-¡Pamplinas, no piense usted eso! -¿Y por qué no?

Esas cosas pasan. -Pero a usted no.

Liberto la quiere muchísimo y besa el suelo por donde pisa.

Si está distante, es porque algo le preocupa, y no quiere contárselo

por no preocuparla a usted.

-¿Usted cree?

-Ya lo verá. Y seguro que se la pasa y todo vuelve a la normalidad.

-Pues no sé, Flora. Es que... tengo que confesarle algo.

Usted no lo sabe, pero yo soy

un poco mayor que Liberto, un par de años, casi no se nota,

pero a veces desconfío.

¿Y si se le van los ojos tras mujeres más jóvenes?

-La gallina vieja hace mejor caldo que el pollo.

Vamos, que ni mentarlo eso. Si está usted hecha un pimpollo.

-Gracias por escucharme y por atender mis pesares.

Es usted...

Siempre está ahí cuando la necesito.

Ha resultado ser una amiga de verdad. Gracias.

-¿Sabe qué? Que la invito a desayunar.

-¿De verdad?

Es que ya he comido por tres.

-O por cuatro. Usted se lo merece.

Convidada queda. -Bueno, gracias.

La verdad es que sí que me comería un par de churros más.

Hoy están riquísimos.

Leonor, en ti venía pensando. ¿Has conseguido ver a Blanca?

-De su casa vengo.

Tampoco me ha dejado verla. -Úrsula.

-Me ha puesto como excusa que estaba durmiendo.

Le he dicho que no tenía prisa, que esperaría a que despertara,

pero me ha dicho que no, "que de ninguna de las formas

se la podía molestar". No me ha dejado terminar la frase.

No sé, Celia,

sé que Blanca no tiene riesgo de aborto,

pero lleva tanto tiempo sin ver a nadie...

Es como si su madre la tuviera aislada.

No sé con qué propósito.

-No te apures,

intentaré visitarla yo también.

A ver si entre las dos conseguimos verla.

-Gracias, Celia. -Nada.

-Luego la veo. -Con Dios.

Doña Leonor, ¿puedo hablar con usted?

-Pensé que ya se habría marchado.

La revuelta obrera ha terminado, no sé qué más la retiene aquí.

-Sé que me odian, pero no podía irme e ignorar el asunto.

-¿De qué habla? -Hablo de Diego.

-¿Qué pasa con él?

-Va a cometer una locura. -¿Una locura? ¿A qué se refiere?

-Yo al principio le ayudé, lo reconozco,

pero me he arrepentido...

Tiene usted que hacer algo, tiene que ayudarme a detenerlo.

-Cálmese, que no la entiendo.

A ver, explíquemelo despacio.

¿Qué es lo que va a hacer Diego? Primero, ¿dónde está?

Le agradezco que haya venido con tanta premura.

-Le reconozco que siento curiosidad, ¿por qué me ha hecho llamar?

¿Qué necesita de mí?

-Té.

-¿Té? -Dos tazas, para ser exactos.

-¿Por eso me ha hecho llamar, porque dos tazas de té?

-¿Cuánto me costaría?

-Pues... no sé. Dos reales.

-No.

-¿Perdón? -No voy a pagar eso.

-Es lo que cuesta, pero podemos negociarlo.

-Le pagaré cinco pesetas.

Pero tendrá que servirlo tal y como voy a dictarle y sin preguntas.

Y prometiéndome que no hablará con nadie de esto, ¿me ha entendido?

-Perfectamente. -¿Va a ayudarme?

-Por cinco pesetas podría servirle el té,

incluso hacerle la cama. -No será necesario. Atienda.

-Soy todo oídos.

Do.... Do, re, mi, fa, sol...

Do, re, mi... Do, re, mi...

(CARRASPEA)

¡Las doce y sereno!

¡Las doce y sereno!

Pero ¿qué pasa aquí, Servando? -¿Qué escándalo es este?

-Se escuchan las voces desde el portal.

-Síntoma de que tengo un vozarrón como pocos en esta ciudad.

-Lo que sea, pero cállese un rato, que me da jaqueca.

-Estoy practicando

para presentarme a lo de sereno.

-¿Iba en serio? -¿Creías que era chanza?

-Pensé que era una de sus "tontás" y que se le pasaría pronto.

-No. Ya ves que va en serio. Y lo voy a conseguir.

-¿Ah, sí?

Y si lo consigue, ¿quién se ocupará de la portería?

Porque como bien sabe usted, ya no está Martín "pa" sustituirle.

-Por él mismo lo hago, en su memoria.

-No entiendo muy bien el homenaje. -Mientras lo entienda yo...

-Ese es el problema, que ni usted se entiende siquiera.

-Podríamos llamar a Jacinto para que me sustituya.

-¡Ay, el Jacinto!

Ya verán cuando se entere de lo del Martín.

-Le va a dar un tabardillo.

Con las buenas migas que habían hecho.

Ya verás tú cuando la Casilda salga de su letargo y se entere también.

-He ido a verla, y no saben cómo está.

-¿Cómo?

-No se acuerda de él ni mostrándole un retrato.

-No me digas, ¿de verdad?

-Hasta le enseñé los corazones esos de papel que tenían...

-¿Y "na"? -Como si no le hubiera visto nunca.

Y muy contenta.

-Pobre muchacha, tener que pasar por esta desgracia.

Como si no tuviera bastante con haber "perdío" a su esposo.

-Ojalá yo tampoco me acordara de él.

-Servando, no diga eso.

-Es verdad, si es que no me lo quito de la cabeza en "tol" rato.

Y siento una pena, que...

Pero sé que estaría orgulloso de mí por ser sereno.

Y lo voy a conseguir como que me llamo Servando.

¡Las Doce y sereno!

-¡Y vuelta la mula al trigo! -¡Qué pelmazo de hombre!

¡Váyase a practicar al campo!

-Sí. Me voy con urgencia porque las pruebas son de aquí a nada.

Me voy a la portería.

-Váyase lejos. -¡Las doce y sereno!

-Cuando se le mete una cosa entre ceja y ceja.

-"Las doce y sereno".

(ÍÑIGO SILBA)

Lo siento muchísimo, discúlpeme.

No sé qué me ha pasado que me he tropezado.

Margarita, ayúdeme, ayúdeme.

Lo siento, caballero. Lo siento, de verdad,

le he puesto hecho un ecce homo. Vaya...

Ah, está usted aquí.

-Espera un momento. Siéntate, por favor.

-¿Qué ocurre?

-Me he enterado que tu padre y tú

vais a salir. -Así es.

Queremos pasar un rato a solas para recolocar las cosas.

Aprovecharemos para visitar a un cliente que anda descontento

y, no podemos perderlo.

¿Por? -No quiero que vayas.

-¿Por qué? ¿Qué ocurre?

-Ocurre que no me encuentro bien, que no he pegado ojo

y no sé si voy a poder ocuparme de Blanca en mi estado.

-Serán solo unas horas.

-Será mejor que pospongas esa salida.

-Tiene usted a Carmen, ella la ayudará.

-Te necesito aquí.

-¿Qué sucede? ¿Acaso ya no quiere a ese niño?

-Por supuesto que lo quiero, más que nunca.

-Pues reaccione, debe volver a ser la que era antes.

De usted aprendí que de nada sirve sucumbir a la debilidad,

usted me increpó varias veces por ello.

Reaccione, recoja fuerzas y deje de lamentarse.

-Tú no lo entiendes. -No, no lo entiendo.

Y no la reconozco. ¿Dónde está esa mujer fuerte y poderosa?

¿Dónde está la Úrsula inquebrantable y sin atisbo de debilidad?

¿Qué es lo que le sucede? ¿Por qué está así?

-Nada que sea de tu incumbencia.

-Necesito pasar unas horas a solas con mi padre porque necesito

recuperar la relación con él.

No se dará cuenta de que me he ido. -Eres un cobarde.

-¿Perdone?

-Lo que estás haciendo es huir como miserable.

Temes que vuelva Diego y que Blanca le cuente lo que le hiciste.

Por eso vas a esconderte bajo las faldas de papá,

para que él te saque las castañas del fuego.

Eres un pusilánime, un don nadie, un pan

sin sal.

-¿Estás listo, Samuel? ¿Nos vamos?

Pronto, muy pronto, podremos recuperar

nuestro imperio en África.

Y eso, señores, solo será el principio.

Devolveremos a la patria el poder de antaño.

-Caballeros, lamento el retraso.

-No se apure, coronel, acabamos de empezar.

-Coronel. -No, gracias.

-¿Qué demonios hace aquí?

-He venido a la reunión de la Asociación de Patriotas.

-No estaba invitado. -Lo sé.

Supongo que por algún terrible descuido por su parte.

Por suerte, me encontré por Tamayo.

-No es bienvenido a mi casa, coronel.

-¿Y qué va a hacer? ¿Echarme?

Usted debería irse solito. -No voy a ningún sitio.

¿Quiere que arme un escándalo aquí en medio?

¿Quiere que cuente lo que está haciendo usted con Silvia?

Por cierto, ¿dónde está su esposa?

¿Tiene miedo que todos sepan que la está envenenando?

-Está usted loco. -Los dos sabemos que no.

-Debe asumir de una vez por todas que Silvia es mi esposa.

Lo que suceda en mi matrimonio es asunto mío.

-¿Le ha dicho el coronel que nos encontramos en la puerta

de la iglesia de la calle Acacias?

La fama de ese párroco

no es ni de lejos exagerada. El sermón fue estupendo

y mereció la pena llegarse hasta allí para escucharle.

¿Ha estado alguna vez, general?

-No.

-Pues debería, es excelente.

Uy.

Perdone, es que se me fue el santo al cielo

mirando el retrato de este hombre.

-No pasa nada, Casilda, hija. ¿Sigues sin acordarte de él?

-"Pa" chasco que no.

-Lola dice que me quería mucho, que era honesto y "requetebuenico",

pero no sé qué pensar,

miro el retrato y es como si me enseñaran el retrato de un pie,

ni siento ni padezco. Porque están insistiendo mucho, ¿eh?

Y por algo estarán insistiendo,

que si no pensaría que me están tomando el pelo.

¿Y usted? ¿Se ha "apañao" ya con don Liberto?

-Todavía no. Pero una cosa te digo, de hoy no pasa.

Querido,

quiero hablar contigo.

Siento que no te gustara la cena que preparé anoche.

-Sí me gustó, claro que sí, pero llegué algo cansado.

-Basta ya.

-¿Perdona? -Eso no hay quien se lo crea.

-¿A qué viene esto?

-Viene a que quiero saber la verdad.

Liberto,

¿has dejado de quererme? ¿Te has hartado de mí?

-¡Rosina! -Ni Rosina ni niño muerto.

Estás distante conmigo, Liberto. Lo noto.

Y supongo que es porque estás harto de mis quejas, mis melindres,

la gota...

-No es eso. -Que sí.

Mi dolencia ha hecho

que estuviera malhumorada, irascible, insoportable,

pero ya estoy mejor, casi no me duele.

Casi soy la misma de antes. -Rosina, no tienes la culpa de nada.

-Tengo la culpa de todo.

Pobrecito mío.

Me imagino el calvario que te he hecho pasar,

sin salir, sin poder hacer nada... Menos mal que Flora

nos ha ayudado. Ha sido una buena amiga.

Ha ido contigo a la ópera, al teatro...

-Nos besamos. -Os be...

¿Qué?

-Flora y yo nos besamos

en la chocolatería, durante las revueltas.

Te juro por lo más sagrado que no significó nada para mí

y, ojalá no hubiera pasado, pero pasó.

Y desde entonces, no puedo conciliar el sueño.

De ahí que trate de evitarte, y que...

me cueste mucho mirarte a la cara.

No sé cómo pudo ocurrir.

A mí, Flora ni me gusta ni me atrae.

Rosina, mi amor, di algo.

-"Cuando nos levantemos en armas,"

este país volverá a tener poder.

Volveremos a ser la nación que fuimos.

¿Está de acuerdo, general?

-Disculpe, mi general. ¿Nos perdonan un momento?

-Claro.

-Caballeros, ¿han leído las noticas publicadas sobre el Rif?

-¿Qué ocurre?

-¿Se puede saber qué sucede con el coronel?

-¿Qué sucede de qué?

-No me venga con esas.

Sé que me está ocultando algo. Hay tensión entre ustedes.

-No sé de qué me habla.

-Siempre supe que ese hombre no era de fiar.

No se preocupe de lo que no debe.

El coronel es asunto mío y, yo me ocuparé de él.

Si me disculpa, deberíamos atender a los invitados.

Es descortés desatenderles.

¿Qué estaba diciendo, caballeros?

(ÚRSULA REZA)

-Señora.

-Carmen, ¿tú sabes lo que le pasa a mi madre?

-No. Pero si me lo permite...

-Claro, ¿qué ocurre?

He hablado con Leonor. Quiere verla.

-¿Qué te ha dicho?

-Está abajo esperándola.

Dice que es importante.

Yo aprovecharía ahora.

Rápido.

-(REZA)

(LLORA)

(HABLA EN RUSO)

(HABLAN EN RUSO)

Yo no tengo la culpa. Yo no tengo la culpa.

Nada fue culpa mía.

Yo era una niña.

¡No tuve ninguna culpa!

Era una niña.

Blanca...

Blanca.

¡Carmen!

¿Dónde está mi hija?

-No lo sé, señora, pensé que estaba descansando.

-¿Eres estúpida? Debías vigilarla.

¿Dónde se encuentra mi hija? ¡¿Dónde estabas?!

-"Escúchenme, señores".

Los españoles volveremos a caminar con la cabeza bien alta.

Somos muchos los que no nos resignamos a que nuestra patria

pierda el poder de antaño. Se hará justicia.

Volveremos a recuperar

el poder que nos arrebataron. Los hombres de bien así lo queremos.

¿Hay mayor orgullo

para un patriota que cumplir con su obligación?

¿Has escuchado lo que te he dicho?

Va a cometer un asesinato. -¿Diego?

¿Seguro? -Sí.

-¿Quién te lo ha dicho? -Huertas me lo contó.

Quiere vengarse de ese tal Viñas,

el guardia que trató de matarle.

Y el que disparó contra Martín.

Blanca, Huertas cree que tú eres la única que puede impedirlo.

-Está completamente enajenado.

Cree que va a morir. No sabe toda la verdad.

-¿La verdad? ¿De qué verdad me hablas?

-Leonor, Diego me abandonó, pero no porque no me quisiera

o porque estuviera con Huertas,

rompió conmigo porque creía que iba a morir.

Quería ahorrarme el sufrimiento.

-¿Eso cómo lo sabes? -Ya te lo contaré.

Debemos detener a Diego y debemos hacerlo a escape.

-Pero ¿cómo?

-No lo sé. Yo no puedo volver a casa.

Mi madre no me dejaría volver a salir.

-Yo no te pienso dejar sola.

Aguardaremos hasta que Huertas aparezca con noticias, ¿eh?

Vamos.

Silvia.

Silvia.

¿Estás bien? -Sí.

No te preocupes por mí.

-Pareces aturdida.

-Es el cansancio.

-Carvajal me dijo que tenías todo bajo control.

-Sí. Pero me obliga a tomarme el veneno a la fuerza.

-Maldita sea.

-Olvídalo.

Eso no ha impedido que consiga los documentos que buscábamos.

¿Más vino?

Hablaré con la criada para que saque un caldo

que tengo para ocasiones especiales.

Todo está saliendo a pedir de boca. -No podría estar saliendo mejor.

Todos creen sus palabras.

He de reconocer que es usted un gran orador.

-Solo les digo lo que quieren oír.

Pobres ingenuos.

No saben que con su dinero es con el que acabaremos con el rey.

Todo tiene que salir según lo previsto. Nada puede fallar.

-Hemos planeado esto desde hace mucho. ¿Qué podría salir mal?

-Espero que nada. Nada puede interponerse en nuestro camino

ni en nuestros objetivos.

-Brindo por ello.

-Discúlpeme. Es hora de hacer algo importante.

-¿Algo importante?

-Algo que llevo mucho tiempo queriendo hacer.

-Me intriga. ¿De qué se trata?

-Pronto lo sabrá.

-Estos son los planos del palacio, incluyendo los pasadizos secretos

de seguridad. -¿Qué pasadizos?

-Unos pasadizos por los que el rey escapará en caso de atentado.

Hay es donde le harán la emboscada. Es una ratonera.

Huye y dale estos documentos a Carvajal.

Tenéis que denunciar a Tamayo y a Zavala antes de que sea tarde.

-Muy bonito, coronel.

Se cuela para traicionarme con mi esposa.

Esto es una ofensa imperdonable

y va a pagar por ella.

Y... uno.

Servando, estás hecho una fiera.

-(RIENDO) Servando, ¿se puede saber que hace en el suelo

como una colilla?

-Menos chanzas, Lolita, que ya me reiré yo

cuando logre lo que me he propuesto.

-¿Dormir en el suelo?

-Ocupar el puesto de sereno.

-¿Y no debería aprenderse el reglamento y no hacer "tontás"?

-El reglamento me lo sé de pe a pa.

-No se lo cree ni "jarto" vino.

-Tengo mis trucos.

-Ya. Va a hacer chapas. -Llamémoslo

recursos. -Necesitará algo más

que recursos para hacerse con el puesto.

-Paquito. -"¡Esta lagarta"

se va a ir directa al arroyo del que jamás debió salir!

-Liberto, haga algo, que me va a buscar la ruina.

-Haz el favor de entrar en razón. -¡¿En razón?!

¡Traidor!

Te voy a denunciar a ti y al cornudo de tu marido. ¡Lagarta!

-Que solo fue un beso. -¡Pues besa a tu esposo!

-¡Lagarta! -Vida mía.

-¡¿Vida mía qué?! -Rosina.

¿Qué pasa? -Díselo.

¡Traidor, golfo!

-Estás fuera de ti. -¿Fuera de mí?

¡Fuera de aquí! ¡Y la lagarta esta!

-Van a venir los guardias. -Mejor.

Guardias, acérquense.

-Rosina. -Miren esta botella

de champán, es de contrabando.

¡La venden en La Deliciosa!

-"Casildica".

¿Te has puesto de luto?

-¿Recuerdas ya a tu pobre Martín?

-Nones. Servidora sigue sin saber quién es el supuesto "marío".

-Ya. Entonces,

¿"pa" qué te has vestido de negro?

-Están tan convencidos de que he enviudado, que quizá tienen razón.

Parece ser que se quedan más tranquilos

si me ven apenada y de luto. No quiero parecer una "desalmá".

-Yo creía en la causa, hasta que descubrí

que todo era una tapadera.

Nos ha utilizado para sus demoniacos planes,

asesinar a nuestro joven rey. -¡Miente!

No le escuchen. Son solo

embustes para salvarse. -¿Eso es lo que crees, esposo?

Aquí están los planos

y las entradas secretas al palacio,

incluso los refugios dispuestos para el rey en caso de peligro.

-En ellos pretendían emboscar a Alfonso XIII.

-A utilizado nuestras generosas donaciones para tal fin.

-"Ayer me pareció" notarles tensos.

-No se equivocaba, amigo.

-Si algo he aprendido a lo largo de mi vida,

es que mi padre no puede pasar mucho tiempo enfadado conmigo.

-Así es, es mi hijo.

A los hijos les perdonamos todo y siempre les amamos.

-Sé de lo que habla.

A mi hijo le he perdonado auténticas barrabasadas.

-Hay un lazo irrompible entre padre e hijo.

-Sí. Pero nuestra obligación es llevarles por el buen camino,

mostrarles cómo tienen que afrontar sus errores

y reconducir su vida.

-"Tengo otras maneras de hacerte pagar tus faltas".

Sabes de lo que hablo, ¿verdad?

¿Y si le digo a tu familia dónde te escondes?

Vendrán. Y te harán pagar con saña

por tus faltas.

Y yo disfrutaré

viendo cómo te castigan sin mancharme las manos.

-¡Ah!

-¿Dónde está

mi hija? ¡Quiero a mi nieto!

-"Blanca, Blanca, por todos los santos,"

¿estás tratando de decirme que Samuel te forzó?

-Bueno, Leonor, ahora...

no es momento de lamentaciones.

-Ya hablaremos de eso.

Hablaremos de eso.

-Ahora, lo importante es encontrar

a Diego y contarle la verdad.

No podemos dejar que tire su vida por la borda,

ahora que nada nos impide estar juntos.

-"¿Has visto a Viñas?".

-Sí. La pasada noche,

en una taberna de mala muerte. Me acerqué a él

y con algo de vino traté de sonsacarle dónde vivía.

-¿Y lo conseguiste? -No, por desgracia.

Pero si logré que creyéndome una conquista segura,

me citara esta noche para tomar más vino.

-(RÍE) Ese vino se le va a atragantar.

Acudirás a esa cita.

Le engatusarás para que venga a casa. Yo os estaré esperando.

Descuida. Nadie te culpará

de lo que aquí suceda. Yo me encargaré de ese Viñas.

Ha llegado la hora de que pague por lo que hizo.

-"Blanca se ha marchado de casa en tu ausencia".

Y Diego está desaparecido.

No hace falta saber sumar dos más dos

para saber que no tardarán en encontrarse y, que Blanca,

le contará lo que le has hecho.

-Eso no ocurrirá. No se sabrá la verdad.

-Eso es imposible. Al final,

la verdad siempre sale a flote.

Por mucho que uno quiera enterrarla, encuentra la manera de salir.

-Eso no pasará. No lo permitiré. -No, Samuel,

tú no serás capaz de mantenerlo en secreto, estoy segura.

-¿Por qué?

-No eres lo suficientemente hombre para evitarlo.

Arrojo, Diego.

Que no te tiemble la mano a la hora de hacer justicia a Martín.

(Ruido)

-"Pase lo que pase, te amaré siempre, porque soy tu padre".

Tienes mi perdón.

Ahora, tienes que ganarte el de la sociedad, hijo.

-No le comprendo.

-Vamos a ir a la comisaría y confesarás tus delitos.

-No puede obligarme a hacer eso. -Estaré a tu lado.

-Me arruinará. -¡No!

La has arruinado tú con tus actos. Te ofrezco

la posibilidad de regenerarte.

  • Capítulo 730

Acacias 38 - Capítulo 730

28 mar 2018

Úrsula recuerda cómo abusaron de ella y tanto su familia como su prometido la repudiaron. Blanca socorre a su madre, que está sufriendo un ataque de ansiedad.
Flora pide discreción a Íñigo y Leonor en su relación. Liberto confiesa a Rosina que se besó con Flora.
Carmen y Riera vuelven a verse y se besan.
Casilda intenta retomar su vida, pero se siente culpable por no recordar a Martín. Los criados se preocupan por ella.
Huertas pide ayuda a Leonor para detener a Diego; podría cometer una locura. Samuel y Jaime marchan a visitar a unos clientes. Úrsula no lo ve con buenos ojos. Blanca se escapa de casa para ver a Leonor. Esta le cuenta que Diego tiene intención de matar a un agente y deben impedirlo.
Arturo se presenta en la reunión en casa de Zavala para buscar a Silvia. Arturo localiza a Silvia y esta le muestra los papeles que esconde Zavala cuando el general les sorprende.

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  1. Li

    el peinado de Ursula cambió.....

    29 mar 2018
  2. Mabi

    Giada , de acuerdo contigo, salvo que Ursula hizo, hace y hará ? de su bloqueo emocional un arma de venganza, puesto que si bien se producen para no sufrir, al contrario del de Casilda, en este caso parece un bloqueo selectivo, porque aparentemente ella no sufre, goza con el sufrimiento ajeno, a través de sus maldades... Y en vez de vengarse de sus verdaderos enemigos, su madre, padre, y abusadores, le dio lo mismo quien fuera, solo para satisfacer su sed de venganza... Esperemos que los guionistas no la justifiquen por su pasado y le hagan pagar todo el daño cometido, sino solo nos quedaría la enseñanza de que el fin justifica los medios... Mi humilde opinión... Saludos cordiales.

    29 mar 2018
  3. Victoria

    Menudo cinismo el de la chocolatera, hay que ver lo que le dice a Leonor y a su hermano; por cierto, se me ha ocurrido pensar que si Iñigo sigue su relación con Leonor y llegan a casarse, la chocolatera será cuñada de ésta y podrá entrar en casa de Rosina cada vez que se le ocurra ... ¿os imagináis cómo le sentará a Rosina esa presencia en su propia casa? no quiero ni imaginarlo. La conversación que mantienen Rosina y la chocolatera es asombrosa, la ingenuidad y bondad de Rosina, contrasta con el cinismo y la mala idea de la chocolatera, que va averiguando el comportamiento que está teniendo Liberto con su esposa, aprovechándose de la preocupación de Rosina por el alejamiento de su marido; claro, Rosina cree que habla con una verdadera amiga. Liberto le dice a Rosina que el beso con Flora "no significó nada" pero, para ella, ha sido una puñalada en mitad del corazón y la primera pérdida de confianza en él. Desde que llegó a la serie y se ¿tropezó¿ con Mª Luisa, el personaje de la chocolatera no me gustó nada y sigue sin gustarme, sin embargo Iñigo si es un personaje que cae bien. En esta serie desaparece mucha gente, por accidentes, incendios, asesinados, espero que la chocolatera tenga cuidado porque podría explotarle la cafetera.

    29 mar 2018
  4. Giada

    Y hablando de bloqueo emocional, Mabi parece que ursula haya tenido uno ella también!

    28 mar 2018
  5. Giada

    Ya ya su nariz cambió y su belleza también ! Bueno, ahora se puede entender las orígenes del mal, en su falta de amor y respeto y violencia psicológica subidos por sus padres y en esa agresión de que fue culpada y por la cual fue echada y sufrió pobreza, quedándose embarazada también etc. Todo mi discurso de antes, y de Mabi también a quien agradezco la citación, vuelve con fuerza. Muy bien por la escena entre don Jaime y su hijo, su apoyo se ha convertido en ser conmovedor cuando ha pedido a Samuel de denunciarse. Al final! Después de haber sufrido una Fabiana que todo le perdonaba a su hija Cayetana, convertiendose en alguien sin escrúpulos muchas veces! Y por terminar, los suicidios en acacias fueron 2,lo de Oliva también, pero ambos fueron como un delito más a tributar a los protagonistas de la historia, sea Felipe y Cayetana. Aquí, que nos guste o no, Diego tiene el papel de protagonista y su suicidio abría sido un rendirse en toda regla. Y no la acción de un antagonista que en la historia tiene la función de valorar un protagonista, en nuestro caso la maldad de 2 protagonistas negativos. Vale, a mi parece bastante claro pero entiendo que pueda no serlo para todos.

    28 mar 2018
  6. soffia

    ahora para perdonar las maldades de ursula, que fue violadad,por eso es mui mala pero la nariz de ursula cambio.....

    28 mar 2018