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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 728 - ver ahora
Transcripción completa

"¿Diego no está enfermo?".

-"No. Está tan sano como usted o como yo".

"O quizá más, no olvide que es un hombre joven".

-No va a morir.

-Cuando nuestro Señor decida recibirlo en su seno, no antes

y, no por culpa del mercurio. -Es usted un miserable.

¿Cómo se ha podido prestar a algo así, cómo ha podido mentir así?

-Miserable es quien me lo pidió, su hijo Samuel.

-"Vete".

-Volveré. -Te estaré esperando.

-"Me llamo Ignacio".

Y Flora se llama así, es su verdadero nombre.

Nos apellidamos Barbosa.

¿Y a qué el cambio de apellidos?

"Un matrimonio adinerado nos contrató para llevarles a Zaragoza".

"Su intención era coger allí un tren que les trajera a la capital".

-"Ese matrimonio era el comprador de La Deliciosa".

-"Sí". -Y le habéis robado la identidad.

-Antes tuvimos que pasar por un momento muy difícil.

(Disparos)

-¿Qué ha sido eso? -Disparos.

"Estaban muertos".

Nada se podía hacer.

"No pudimos enterrarles".

"Eso es lo único que siento de aquel día".

Y así fue como nos convertimos en Íñigo Cervera y esposa

y nos olvidamos de nuestro pasado.

No se inquiete, que pronto podré darle la protección que necesita.

-"Entonces, Diego está sano," y mi hijo también.

-Ahora tenemos que sacarlo

"cuanto antes de la cárcel".

-Buenos días, señor Alday.

-Déjese de formalidades. Vengo a ver a Diego.

¿Sigue aislado?

-Señor Alday, me temo que no tengo buenas noticias para darle.

Dígame lo que sea menester, estoy preparado para afrontarlo todo.

-Eso espero, porque no es baladí lo que sucede.

-¿Mi hijo no está bien?

-No tengo ni la menor idea.

Diego se ha fugado.

-¿Cómo?

No puede ser. Me cuesta creer que mi hijo haya hecho algo así.

-Tan real como que estamos los dos aquí, el uno frente al otro.

Su hijo ha cometido un error gravísimo.

Esto complica sobremanera su caso.

-¿Cómo ha podido hacer algo así?

-Tengo que reconocer que nos ha dejado perplejos.

Fingió que se había suicidado y, de esta forma, logró burlar al guardia.

-Aguanta, muchacho.

-A saber lo que estará tramando mi hijo.

-Es de suponer que tiene planes fuera.

-No lo dude. Mi hijo no es tonto.

Es consciente de los riesgos que corre al escapar.

-Confío en que mida bien sus pasos y no cometa más delitos.

Tarde o temprano le atraparemos.

Y su situación es ya muy delicada.

-Ruego a Dios para que sea sensato.

-Por lo menos más que ahora.

Se está pensando liberar a los obreros detenidos,

pero de ser así, su hijo tendría que quedar preso

para responder por el delito de fuga.

-Pues caro le puede haber salido no haber esperado unos días.

-No sabe usted hasta que punto.

Por favor.

(Sintonía de "Acacias 38")

Carmen, acércate, quiero comentarte un par de cosas.

-Madre, soy yo.

¿Pasa algo con la criada?

-No. Nada que te interese, tontunas domésticas.

¿Qué haces levantada? Vuelve a la cama a escape.

-¿Dónde está su esposo?

-No tengo la menor idea.

Hazme caso y vuelve a tu cuarto,

no puedes hacer esfuerzos.

-Madre, necesito su ayuda.

-Aquí me tienes para lo que sea menester.

Siéntate.

¿Qué te sucede?

-No puedo más.

No puedo seguir en esta casa.

-No estás en condiciones de mudarte.

¿Dónde vas a estar mejor que aquí?

-No lo sé, pero la situación con Samuel es insostenible.

Necesito respirar,

dejar de encontrármelo a cada segundo

y no tener que seguir soportando su mirada cargada de reproches.

-Comprendo tus cuitas, pero lo primero es la salud del niño.

¿Quieres ponerlo en peligro otra vez?

-Me trata como si fuera de su propiedad,

como un mueble de esta casa

que se coloca donde uno quiera.

-Te equivocas,

no te imaginas lo condescendiente que es contigo.

Si aplicara la disciplina que me aplicaron a mí a tu edad,

no te atreverías a cuestionarlo de esa forma.

-No es razón suficiente para que me trate de esta guisa.

-Piensa lo que quieras, pero vuelve a tu cuarto.

-¿Deseaba algo la señora?

-¿Qué hacías de cháchara con Riera?

-Nada, señora,

simplemente me dijo que vendría a visitarla.

-¿Y por qué no ha venido?

-Porque...

yo le dije que se pasara mañana,

no quería enturbiarle la alegría por la recuperación de Blanca.

-¿Quién te crees que eres

para decidir si puedo o no recibir visitas?

¿Ahora vas a dirigir tú mi vida?

Te prohíbo que vuelvas a acercarte a Riera.

Te estaré vigilando.

Si no me obedeces,

no me temblará el pulso a la hora de castigarte.

-(CARMEN LLORA)

Estoy reventada. Hoy ha sido un día de mucha faena.

No sabía yo que íbamos a trabajar tanto

cuando nos hicimos cargo de esto.

Eso sí, da gusto ver los cuartos que nos embolsamos.

Si le hablara a esa silla, no me haría menos caso que tú.

O te has quedado más sordo que la tapia de la iglesia,

o me haces menos caso que al pito del sereno.

¿Qué te pasa?

-¿Qué me va a pasar? Nada.

-Ya. No te creo ni media. Estás más perdido que un bizco.

Me barrunto que lo que te tiene en las nubes

es cierta moza que se acerca.

-A las buenas noches.

No trabaje tanto, Flora.

Deje de faenar, déjese algo para mañana.

Hace una noche tan bonita, que es para disfrutarla.

-Ya me gustaría a mí.

Pero si dejo las mesas fuera, mañana no me queda ni una

y, a ver donde sirvo el café.

La noto más contenta que de costumbre.

-Sí, es posible que esté

algo más animada.

Después de tanta desgracia, una se reconforta con cualquier cosa.

-Pues le voy a preparar unos suizos para que se los desayune mañana,

así siga de tan buen humor.

-Me alegra verte por aquí.

-Y a mí también. Pero recuerda que solo he perdonado tus embustes,

a cambio de que no me digas ni una sola mentira más.

-Así será. Te lo juro, por estas que son cruces.

-No esperaba menos de ti.

-Ya verá como le gustan. Están para rechupetearse los dedos.

Cualquiera diría que he interrumpido algo.

-No digas enormidades.

A Leonor se le ha metido una carbonilla en el ojo

y trataba de sacársela. -Ay, sí. Gracias.

Son los dos muy amables,

de verdad.

Nos vemos mañana.

-La estaré esperando.

Para preguntarle por los suizos.

"Mu" mal tiene que estar, Servando,

que no se ha "comío" ni una "rebaná" de pan. Y ayer comía por cuatro.

-He soñado con mi Martín.

He soñado que vestía de comandante

y que mandaba soldados desde el cielo.

No tengo hambre.

Se me ha "cerrao" el estómago con veinte "candaos".

-Yo no he "pegao" ojo en "toa" noche.

-Tenía que haber visto a la Casilda, dormía como una bendita.

Cualquiera diría que esto le importa un comino.

Es como si no se le hubiera muerto el marido.

-Es que, "pa" ella no está muerto, ni siquiera sabe quién era.

-Pues eso, mejor no decirle "na".

Mi tío Cosme se creía que tenía una fortuna debajo del colchón,

y lo que no sabía es que los ratones se habían "comío" más de 300 duros.

-Menuda desgracia perder así "tos" tus ahorros.

Acabaría el pobre hombre "desquiciao".

-No llego a enterarse. Murió creyéndose rico.

Los que se llevaron el chasco fueron sus hijos.

-Muy instructivo el cuento, pero a Casilda no podemos tenerla engañada

toda la vida.

-¿Y por qué no?

Yo ya lo he dicho y no me bajan del burro.

Ojos que no ven, corazón que no siente.

-Y dale.

Yo soy la primera que no quiero que la Casilda sufra una miaja,

pero me parece de malos cristianos hacerle semejante treta.

-Además, eso es faltar a la memoria de un difunto

y, Martín no se merece ese trato.

-Si tan claro lo tiene, vaya usted a hablar con la viuda.

-Ves tú, que eres mujer.

Siempre sois más delicadas para estas cosas.

-Pero usted era más amigo del Martín.

-Pero tú eres amiga suya. ¡Se lo dices tú y punto redondo!

-¡Porque usted lo diga! -¡No!

-¡Vamos a ver con esta disputa!

Hombre.

Aquí no se trata de ver quién le pone el cascabel al gato.

Iré a hablar con doña Leonor.

Esta labor le corresponde a alguien que esté instruido

y tenga dos dedos de frente.

Cualidades que no tenéis.

Ni usted, ni tú tampoco.

Quedan pocos días para que Alfonso XIII asuma el poder.

-Afortunadamente, no lo hará.

No podemos permitir que el destino de España dependa de él.

-No lo tenemos fácil, algunos se resisten

a que atentemos contra su persona.

-Ya están convencidos, no tendremos ningún problema con nuestra gente.

-Esperemos que nadie se eche atrás en el último momento.

-Todos con los que hemos tratado son hombres de honor.

Comprenden que ese chiquillo no puede estar al mando

de esta nación.

-Brindo por el servicio que le vamos a hacer a la patria.

-Por el futuro de España.

Tenemos que andar con sumo cuidado,

no pueden descubrirnos ahora que estamos tan cerca del objetivo.

-Es imposible que eso suceda, no hay ningún cabo suelto.

-Para asegurarnos de que es así y para mantener la apariencia

de normalidad, voy a convocar una reunión de la asociación.

-Me parece una decisión muy adecuada.

Debemos mantener la mascarada hasta el final.

-Usted también debe asistir.

-Cuente con ello.

¿Y su esposa, ha conseguido que deje de meter la nariz

donde no la llaman?

-No le consiento que hable así de mi esposa.

-Disculpe, general, no quería ofenderle.

-Pues no se meta donde no le incumbe.

-Solo quería transmitirle mi inquietud por ese asunto,

es evidente que nos jugamos mucho.

-No sufra por ello.

Yo soy el esposo de Silvia

y, es a mí a quien corresponde tenerla bajo control.

-No me cabe duda.

Y creo que hace bien en tenerla estrechamente vigilada.

¿Cómo está la señora esta mañana?

¿Le preparó una tisana?

-No, Carmen, lo que preciso de ti es de bastante más enjundia.

Necesito tu ayuda. -Cuente con ella.

Aunque no sé en qué puedo servirle.

-Preciso que alguien me cubra para poder salir a la calle.

-No. En eso no puedo ayudarle.

-Carmen, sí puedes. Escucha lo que te voy a pedir.

-Por favor, no me ponga en ese compromiso.

-No lo haría si tuviera otra opción. Tienes que ayudarme.

-No insista.

Lo mejor para usted es que haga reposo

y, lo mejor para mí es ocuparme de mis labores.

-No quisiera meterte en este berenjenal,

pero si no salgo de esta casa, voy a perder el oremus.

-Señora.

-Carmen, por favor, déjanos a solas.

-¿Qué sabe de Diego?

-No te asustes, pero mejor que te sientes.

Ayer no tuvimos oportunidad de hablar a solas.

-¿Qué le ha ocurrido, una desgracia? -No.

Por lo que sé, debe estar bien,

pero se ha fugado de la cárcel.

Y según el comisario,

ha sido la peor decisión que podría haber tomado.

-¿Por qué razón haría semejante locura?

-Lo ignoro.

Pero si lo ha hecho, será por alguna razón de vital importancia.

Debemos confiar

en la habilidad de Diego para salir indemne de cualquier brete.

-No confíe usted tanto.

Él sigue pensando que apenas le queda tiempo de vida

y, eso le puede hacer demasiado temerario.

-No te falta razón, Blanca. Debemos dar cuanto antes con él

para contarle que no se va a morir.

¿Has perdido la razón?

-Te he visto pasar y no he podido resistirme.

-Pues tendrás que controlarte.

Podrían vernos. No consentiré otra salida de tono.

-No entiendo nada. ¿No decías que me creías?

-Sí. Yo sé que Flora es tu hermana, pero el resto del barrio no.

¿Qué pensarían si me ven en brazos de un hombre casado?

Debemos ir con cuidado.

-Es cierto.

Pero en este momento la calle está desierta, nadie nos ve.

-Controla tus arrebatos, caballero.

En Acacias, los muros tienen oídos

y las ventanas ojos.

-Me enerva no poder disfrutar de nuestro amor a puertas abiertas.

-No puede ser de otra forma.

Tú eres el más interesado en que no se sepa la verdad de la historia.

-Lo sé, pero me va a resultar muy difícil ocultar lo que siento.

-Y a mí.

Pero mientras estemos juntos, me da igual ocultarme.

-Ojalá yo pudiera decir lo mismo.

Se me llevan todos los diablos por poder besarte.

-Quedémonos con lo bueno de este momento, que es mucho.

-No sé qué tiene de bueno, cuando ni nos podemos tocar.

-No nos podemos tocar,

pero gracias a ti, me he enamorado.

Y sé que es un sentimiento puro porque no le hacemos daño a Flora.

-Tienes razón.

Soy un patán por no haber caído en la cuenta.

-¿Qué hacen esos ahí?

-Será fresco.

-(RÍEN)

Tenemos que ir impecables a la reunión con los amigos del marqués.

-Para ti es muy fácil decirlo, siempre estás perfecta.

-¿Quiénes son sus amigos?

-Entiendo que otros marqueses.

A los aristócratas les gusta relacionarse entre ellos.

-Tú no tienes ni una gota de sangre azul y eres su amigo.

-Yo no soy su amigo, estoy a su servicio.

-Yo no veo que convide a su ayuda de cámara o a su palafrenero.

-Yo le ofrezco un servicio de más confianza que esos,

pero eso no implica ninguna amistad.

-No lo entiendo.

Si siento a alguien a mi mesa es porque le considero mi amigo.

-No para ese tipo de señores.

Ellos tienen una líneas rojas que es mejor no sobrepasar

y, que conviene respetarlas si uno no quiere perder su puesto.

-Siendo así, prefiero no ser miembro de la nobleza.

-No sé que te sorprende, esto es así desde los reyes godos.

-Pero los tiempos cambian que es una barbaridad.

Esos prejuicios se están quedando de lo más rancios.

-Estás resultando ser una revolucionaria.

Lo siguiente será decir que todos somos iguales:

hombres y mujeres, ricos y pobres. -Es posible que no lo seamos,

pero mi preocupación por Casilda es la misma que tendría por la señora

más encopetada del barrio.

-Y eso te honra.

¿Es cierto lo que dicen,

que no recuerda a Martín?

-Según Lolita, no tiene ni idea de quién era su marido.

-Pobre muchacha.

Cuando recupere el sentido, caerá en picado.

-Todos tendremos que apoyarla entonces,

y tratar de ayudarla a salir del bache en el que se va a ver sumida.

-No sufras por eso, a Casilda no le faltará cariño.

En este barrio puedes encontrar lo mejor y lo peor del género humano

y, Casilda es querida por todos.

(Llaman)

-Voy a abrir.

-Esta Lolita nunca está en su puesto.

-No la culpes a ella, está cuidando a Casilda. Yo le he dado permiso.

Don Arturo, pase.

¿Está su esposo en casa? -Sí.

Ahí le tiene.

Con su permiso, voy a terminar de arreglarme.

-Coronel.

-Disculpe si vengo en mal momento.

-No se apure, íbamos a salir, pero aún es pronto.

-Tengo un problema.

Necesito que me ponga en contacto

con alguien de su máxima confianza en comisaría.

-Entiendo que se trata de un asunto delicado.

-Así es. Necesito que acudan a mi domicilio

para contarles todo lo que sé.

Yo no puedo salir, me temo que me están vigilando.

-¿Qué ha ocurrido?

No te va a resultar tan fácil librarte de mí. ¡Asesino!

-¡Cállate! Vas a llamar la atención del servicio.

¡Ah! Maldita seas, ramera. -¡Socorro!

-No voy a permitir

que te escuchen los vecinos. Chist.

-¡Socorro!

-¡Cállate si no quieres que te calle para siempre ahora mismo!

Dale un buen trago.

Puedes hacerlo por las buenas o después de que me encargue de ti.

-Déjame salir de aquí, por favor.

-Bebe.

¿Por qué me obligas a hacer esto?

La verdad es que yo anhelaba quererte.

Es una pena que te hayas comportado así.

¿Dónde estarás?

¿Qué estarás planeando, amor mío?

Me alegra ver que has recibido mi nota.

-¿Se puede saber qué estás haciendo?

-No tenemos tiempo para monsergas. -Deberías pararte

un momento y pensar. Escapar de la cárcel ha sido todo un error.

-No podía quedarme allí. -Hemos llegado

a un acuerdo en la negociación, van a soltar a todos los obreros.

Has de entregarte y esperar a que te liberen con ellos.

-No puedo arriesgarme. ¿Y si me dejan detenido?

-Eso no tiene por qué pasar.

Estoy segura de que en el peor de los casos te dejarían detenido

unos días más como escarmiento. -No tengo tiempo.

-Estás complicándote la vida.

-¿Qué importa mi vida cuando la estoy perdiendo?

-Está claro que no vas a escucharme.

-No, no puedo hacerlo.

Sé que sigues manteniendo contacto con el barrio.

¿Qué noticias tienes de ella?

-Según me han contado, Blanca se ha recuperado,

y no va a perder al niño que espera.

-¿Qué más sabes?

-Poco más, que no sale de casa y apenas recibe visitas.

-Tienes que averiguar más cosas.

Necesito tener la certeza de que ella está bien.

-Mejor te iría si pones tierra de por medio y no regresas aquí.

-Ya lo sé, pero necesito que hables con ella,

que ella te cuente como se siente.

-¡Rediez, no está el patio para romances!

No pienso ayudarte si no me explicas qué sentido tiene tu fuga.

-He huido de la cárcel porque pienso dar con ese guardia

que intentó matarme y se llevo la vida de Martín.

-¿Qué quieres de él?

-Averiguar quien hay detrás de esto. Hacer justicia.

Carmen,

¿a qué hora dijo Riera que vendría?

-No precisó la hora.

-¿Te das cuenta de que por tu culpa tengo que esperar a saber algo

de suma importancia, que ya debería saber?

-Lo siento, señora, no era mi intención contrariarla.

-Solo faltaría que lo hubieras hecho aposta.

-¿Quiere que vaya a buscarle? Lo mismo tiene usted su dirección.

-¿Qué es lo que quieres,

que te dé información sobre él?

-No, señora, le juro que yo solo quiero ayudarla.

-Pues bien que te has lucido.

Márchate.

No quiero verte, endriago.

¿Qué te ocurre?

Te veo sofocado.

-Ardo por dentro.

Unos clientes se han quejado del último envío que les hemos hecho.

-¿Cuáles son sus reclamaciones?

-Dicen que la calidad no es la que están acostumbrados a recibir,

que el acabado es deficiente. -Debes ir a visitarles.

Hay que resolver el conflicto antes de que el prestigio

de la joyería esté en juego.

No te comprendo.

¿No vas a marchar?

-¿Está tratando de librarse de mí?

-No digas enormidades, no es momento para suspicacias.

-Aguántese. No me gusta

cómo han sucedido los acontecimientos últimamente.

Yo he cumplido y usted no.

Diego salió indemne de las revueltas y escapó de la cárcel.

¿Qué va a suceder si regresa?

-No creo que vaya a hacerlo.

Tu hermano tiene otros problemas en la cabeza

y, ya ha decidido alejarse de Blanca.

-¿No vamos a hacer nada?

-Pienso que no es necesario.

-Me parece que se está ablandando y, no es este el momento oportuno.

-Es posible que tengas un punto de razón.

-Que le quede esto muy claro,

¡yo no he llegado tan lejos como para echarme atrás ahora!

Por más que lo pienso, eso que me propones me parece una locura.

-Puede, pero no puedo sacarme de la cabeza a ese hombre.

-Haz un poder y deja esto atrás.

-No.

Ese hombre iba a por mí. ¿Por qué?

-Tal vez apuntó a la masa y disparó sin pensarlo.

-No. Esa bala iba a por mí.

De no ser por Martín, estaría muerto.

-¿Estás convencido de que alguien pagó por tu muerte?

-Sí. He de averiguar quién fue y vengar la muerte de ese inocente.

-En tal caso, solo puedo desearte suerte.

-No.

Puedes hacer algo más.

-¿Qué es lo que quieres?

-Necesito que me consigas un revólver.

¿Esta maldita gota no se me va a pasar nunca?

Lo estoy pasando peor que el manco de Lepanto.

-Sin duda, él estaba todo el rato sentado escribiendo

y, usted no para con las duras tareas del hogar.

-No te rías de mí, que estoy pasando las de Caín.

-Pues siéntese y déjese de limpiezas.

No le viene bien estar de pie. Qué manía le ha entrado

con dejarlo todo brillante. -No podemos vivir como buhoneros.

Si no tenemos criada, lo tendremos que hacer nosotras.

-Pues contrate a otra hasta que vuelva Casilda.

-Eso no es sencillo. ¿Quieres que meta a una desconocida?

-Entonces, dejémoslo todo tal y como está.

Esperamos a que Casilda vuelva.

No pasa nada si vivimos un tiempo con desorden.

-¡¿Y dejar que la casa se convierta en una porquera?!

¡No pareces hija mía!

-Madre, no disparate.

-Es verdad, tienes ideas que no son ni de tu clase,

ni a la educación que te hemos dado.

Eres una bohemia.

-Pues a mí me encanta que me llamen esas cosas.

Me encantaría irme a vivir a París con María Luisa y con Víctor.

Allí hay tantos artistas. -Eso ni lo sueñes.

Sigue limpiando el polvo, que hoy vienen mis amigas

y tiene que estar todo perfecto. -¡Uy!

-Con el permiso de las señoras, ¿se puede pasar?

-Sí, sí, claro.

¿Qué te trae por aquí?

-Disculpe que me haya presentando así,

pero hay algo que quisiera tratar con Leonor.

-Cuenta, lo que tengas que decirle a mi hija, me lo puedes decir a mí.

-Verán, es que hemos estado dándole vueltas a la sesera,

y hemos "pensao" que alguien tiene que hablar con Casilda

y decirle lo que le ha pasado con Martín.

-Pues claro. ¿Pensabais que ibais a tenerla callada para los restos?

-El caso es, que como somos más analfabetas que un borrico de noria,

hemos "pensao" que una noticia así tiene que dársela alguien

leída, sensata

y con talento.

-Está bien, lo haré yo.

Para eso tengo temple y un verbo como la que más.

-Madre, si me permite, le voy a dar yo la noticia.

Conozco bien a Casilda y sé qué decirle

para que comprenda la situación.

-¿Por qué me tomas,

por torpe o por insensible?

-¿Cómo voy a pensar eso? De ninguna de las maneras.

Si lo digo es, para ahorrarle la noticia,

que no va a ser plato de buen gusto.

-¡Qué mal mientes! Lo haré yo y, lo haré de perlas.

-No, madre, no.

Lo haremos las dos.

Y ya veremos de qué manera le damos la noticia.

-Está bien,

así haremos más fuerza.

¿Contenta, Fabiana?

-Mucho señora, mucho. Es usted más buena que el pan blanco.

-Lo sé.

Fabiana, ¿no tendrás unas horitas para limpiar nuestra casa?

-¿Mande?

-Tire, Fabiana.

(LEONOR RESOPLA)

Carmen, no hace falta que disimules. No tienes que trabajar todo el día.

Estaba recuperando el resuello.

Hoy no está siendo un día muy bueno.

-Esos días escasean en esta casa.

Ya que no puedes ayudarme, al menos cuéntame qué sucede en el barrio.

¿Cómo está la pobre Casilda?

¿Qué se sabe de Leonor?

¿Se cerraron las negociaciones entre don Ramón y los obreros?

-Poco puedo contarle, apenas me hablo con nadie en esta calle.

-Vaya, ninguna de las dos tenemos buena mano con la gente.

Yo también estoy más sola que la una.

Desde que discutí con Leonor ya no viene a visitarme.

-Lo cierto es...

que doña Leonor

vino a visitarla hace un par de días,

pero doña Úrsula no la dejó entrar.

-¿Cómo que no la dejó entrar? Explícate.

-Por favor, no me haga más preguntas,

bastantes problemas tengo

ya con su madre.

Señor.

-¿Hay novedades sobre Diego?

-No, ninguna.

-¿Qué piensa hacer con Samuel?

Me sigo sintiendo acosada. -¿Ha vuelto a molestarte?

-No,... pero sigue atemorizándome.

-Dame tiempo, hija.

Tomaré cartas en el asunto, te lo prometo.

-No se demore, no sea que llegue tarde.

-Mi posición es muy delicada, pero no permitiré que te toque.

-Es usted muy bueno conmigo.

Es la única persona con la que puedo contar.

-¿Y tus amigas?

-Solo podía llamar así a Leonor,

pero ya vio que nos hemos distanciado.

Ella cree que fui yo quien le dio la información a Ribau,

trayendo la desgracia a los obreros, con tal de proteger a Diego.

-Eso es absurdo. Fue Úrsula quien habló con Ribau.

-No es posible.

-Sí. Incluso me enfrenté con tu madre por eso,

pero Samuel la defendió.

Me dijo que había dado esa información a Ribau,

a cambio de salvar a Diego.

-Todo encaja.

-No te entiendo.

-Mi madre trata de aislarme de todo el mundo.

-No veo que tiene que ver una cosa con la otra.

-Se equivoca.

Mi madre pasó esa información para que todos sospecharan de mí.

Y después, impidió a Leonor verme.

-¿Me estás diciendo que Úrsula ha urdido todo esto

para separarte de Leonor?

-Es muy posible.

-Ay.

-Hay que ver, Rosina, tienes la casa limpia como una patena.

-Parece mentira que estés enferma y sin criada.

-La casa está como siempre, como debe de estar.

No es más limpio el que más limpia, si no el que menos ensucia.

Aunque aquí limpiamos de lo lindo. -Sobre todo Casilda.

-Ay, pobre mujer. Tengo entendido que no levanta cabeza.

-Está completamente ida.

-Pero no por mucho tiempo.

Voy a hablar con ella, ponerla al día, por muy amargo que este sea.

-Ay, Rosina, menudo trago.

-Agradable no es.

Pero en conciencia me corresponde a mí esa labor tan ingrata,

soy su señora.

-Pues sí. Sí, tienes razón. Debes de ser tú quien se lo diga.

-Además, por muy criada que sea Casilda, ahora es una viuda,

y ese es un estado que se debe respetar.

-Lástima que no sean todos de tu opinión.

-¿A quién te refieres?

-A nadie en concreto, hablo en general.

-Bueno, Rosina,

¿qué tal te apañas con las muletas?

-Así así. Espero reanudar mis paseos por Acacias muy pronto.

-Eso espero.

Y no estaría de más que le echaras un ojo a Leonor.

Ya no es una niña, pero nunca es tarde para aconsejar a los hijos,

tengan la edad que tengan.

-¿Adónde quieres ir a parar con tantas vuelta, Susana?

-He visto a tu hija en una situación más que dudosa con Íñigo.

Sobre todo le vi a él muy suelto con ella,

demasiado suelto.

-Pamplinas.

Leonor e Íñigo están colaborando en una novela

y, eso les ha hecho muy amigos.

-A lo mejor, demasiado.

-También mi Liberto ha salido en alguna ocasión con Flora y,

eso no significa nada.

-Pues a mí eso tampoco me parece bien, cada oveja con su pareja.

-No seas tan estricta.

Yo le di permiso a Liberto e Íñigo, lo propio con Flora.

Y yo pongo la mano en el fuego por los dos.

-Ese Íñigo me da muy mala espina,

no es un buen marido

ni una persona de recta moral.

-Susana, por favor, no seas tan puritana,

cada matrimonio es un mundo.

-Soy correcta, no puritana

y tengo ojos en la cara.

Pero no hay peor ciego que el que no quiere ver.

Tiempo al tiempo.

(Ruido)

-Fermina, ya puede servir la cena.

No es necesario que esperemos a mi esposa, sigue indispuesta.

Lo sabía, sabía que estaban aquí.

Mira que me has contado mentiras, pero la del desierto fue el colmo.

-¿Cómo iba a saber eso yo? -Sencillo,

siendo quien decías ser.

-La verdad es que merecía la pena tanto embuste solo por ver tu cara

de asombro cada vez que te contaba una trola.

-Caballero,

le exijo un respeto,

no se chancee de mí. -Eso no lo haré nunca.

-Qué sencillo hubiera sido todo

si desde el principio me hubieras contado la verdad.

-No era tan fácil.

Encantado doña Leonor.

Soy Íñigo Cervera y ella es mi esposa, Flora.

No, perdone,

en realidad, hemos usurpado la identidad de dos muertos.

Y ella es mi hermana.

Luego se lo explico. ¿Me acepta como pretendiente?

-Vale, tienes razón, te hubiera tomado por un lunático.

-Es más, hubieras salido corriendo para no volver nunca.

De hecho, estaba preocupado por tu reacción cuando te dijera la verdad.

-Es decir, tú primero me embaucaste

y, cuando ya estabas convencido de mi amor por ti, te sinceraste.

Empiezo a pensar que eres una mala persona.

-Todo fue por una buena causa.

No podía permitirme perderte.

Íñigo, por favor, tenemos que ser cautos.

Gracias por devolverme la sonrisa.

-¡Ahí va la osa! La sastra tenía razón.

Ay, madre.

No se apure,

la información que tengo sobre usted está a buen recaudo.

-Espero que sea cierto, por su bien.

Ni le he contado ni le voy a contar a nadie lo que sé.

Soy consciente de lo que supondría irme de la lengua.

-No, no lo es.

No sabe hasta dónde puedo llegar.

Encajo muy mal la traición.

Y ahora, cuénteme, llevo un día esperando.

Espero que merezca la pena.

-Estoy seguro de que es así.

He localizado el pueblo donde vivieron los Koval.

-Continúe.

En un pequeño pueblo

llamado Tortuero.

-Continúe.

-He hablado con los Koval,

y me cuentan que los vecinos apenas se relacionaban con ellos.

Hace siete años que se fueron de allí sin dejar señas ni amistades.

-¿Nadie le ha sabido decir cómo eran, qué hacían allí?

-No.

Esa familia siempre fue un enigma para todos los del pueblo.

Figúrese, unos rusos por esos andurriales.

-Necesito saber más.

-Poco puedo decirle sobre ellos.

Sé que se comportaban como si fueran los dueños del pueblo,

todos recuerdan sus aires de grandeza.

Tenían una hija muy joven,

que iban a casar con otro de los vástagos de una familia rusa.

(HABLAN EN RUSO)

¿Qué ha recordado?

-No tengo por qué contarle nada.

-La hija de los Koval era usted,

¿no es cierto?

Será posible, estos matasanos cada día cobran más caro.

Te sanan, pero te sacan un riñón.

Casilda, voy a tener que descontártelo de tu sueldo.

-No sé cuánto me va a descontar, porque poco se saca de 25 pesetas

que me paga.

-¿25 pesetas? Vas tú lista. Tu jornal son 15.

-Doña Rosina, que yo no me he caído de un guindo.

Con 15 pesetas no se puede ni vivir.

-Bonita, con la broma de que no te acuerdas de nada,

¿no querrás sacarme los cuartos?

-¿Y si es al contrario y, usted la que quiere sisarme a mí

aprovechándose de que me he "pegao" un cachiporrazo?

-¡Vas tú lista! Una cosa es que no recuerdes a tu difunto marido

y, otra... -¡Madre!

-¡¿Qué?!

-¿Qué "marío"?

¿Qué difunto, qué "marío" difunto?

-"A ver, Flora, no es que yo"

sea tan estricta, pero si me permite el consejo,

creo que debería atar a su marido más en corto.

-¿Y eso?

¿No me acusabas de puritana y decías que cada matrimonio era un mundo?

-Bueno, sí, así es.

Solo digo que...

por buenos que sean nuestros esposos,

no está mal echarles una visual

para que no saquen los pies del tiesto.

-Ahí vamos a estar de acuerdo. Y tú, niña,

no te dejes engatusar. Tú vigila, vigila.

Hace unas semanas eché en falta unas joyas de mi difunta esposa.

-¿Hace unas semanas? -Así es.

Le extrañará que no lo haya denunciado antes,

pero como apenas las veo, a decir verdad, nunca,

pensé que la mucama las había cambiado de sitio.

-Y ahora confirma que han desaparecido.

-Las he visto en casa

del general Zavala.

-¿Cómo, se está escuchando usted?

¿Quiere acusar de ladrón a nuestro más honorable general?

-Espere, no adelante conclusiones.

No le acuso a él, sino a su esposa, Silvia Reyes.

Me alivia saber

que no formo parte de tu lista de preocupaciones.

-¿Tú?

Pero sí estás en la otra parte del libro contable.

Estás en el haber de las alegrías. Si no fuera por ti...

-Daría todo lo que tengo por besarte sin miedo a las habladurías.

-"Siento que me ha abandonado"

cuando más le necesito a mi lado.

-¿Qué he hecho? Me he limitado a obedecer.

Me he ocupado de Blanca, padre.

Ahora parece que me odia usted, que me odia todo el mundo.

-Te dije que Samuel te cuidaría y protegería...

Pensé más en ese niño...

que en ti.

-Madre, ¿hizo usted algo más?

-¿A qué te refieres?

-¿Hizo usted por alejarme de mis amistades?

-No sé a qué te refieres.

-Madre, escúcheme,

esto no es un reproche, solo quiero saberlo.

Fue usted quien le dijo a Ribau dónde estaban los mineros.

Y sin embargo, cuando Leonor me acusó,

usted no me defendió. No lo desmintió.

Le he comentado al doctor

que con el anterior compuesto, apenas

notabas mejoría, y se ha decidido por un compuesto más específico

hecho de plantas y semillas. Tómatelo.

-Gracias.

-"¿Le ha pasado algo a Blanca? -No, señora".

Parece que se recupera y que ha dejado de manchar.

El doctor dice que el mayor peligro ya ha pasado.

-Me alegro muchísimo, de veras. Gracias por contarme.

-¿Y no piensa usted pasarse a visitarla?

Está mejor, pero se desespera con tanto encierro y tan poco ocio.

-Ya.

Sí, pasaré en cuanto pueda.

-Haz llegar los sobres a los miembros de la asociación.

La reunión es mañana. Te traigo las direcciones.

-Lleva esta otra a la dirección que pone en el sobre.

Pregunta por un tal Carvajal.

Si me dejas con el sobre en la mano, nos va a descubrir.

Por favor.

Te lo ruego.

Estaré siempre en deuda contigo.

-"¿Qué quiere que haga a partir de ahora?".

-Localice al mozo que sirvió en esa casa, quiero hablar con él.

-Lo intentaré.

-Una cosa más,

como vuelva a acercarse a mi criada,

será ella quien pague las consecuencias.

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Acacias 38 - Capítulo 728

26 mar 2018

Méndez informa a Jaime que Diego se ha escapado de la cárcel simulando su suicidio. Blanca queda muy preocupada por la fuga. Mientras, Diego se encuentra con Huertas: quiere encontrar al guardia que mató a Martín.
Susana y Trini se dan cuenta de un gesto cariñoso de Íñigo a Leonor.
Fabiana decide hablar con Leonor para que sea ella la que hable con Casilda sobre Martín, pero Rosina se impone: será ella quien se lo cuente.
Silvia intenta evitar que Zavala la siga drogando. Ya más lúcida, se hace con los papeles que Tamayo trajo al general.
Jaime informa a Blanca que fue Úrsula la que le dio información clave de los mineros a Ribau.
Riera cuenta a Úrsula un nuevo descubrimiento sobre su pasado: el matrimonio pactado para la hija de los Koval. ¿Esa hija de los Koval era ella?

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  1. Rosapg

    Estoy enganchadisima a la serie descubriran al final las maldades de Ursula Me quedo esperando la descubriran no me pierdo dingun episodio desde ace 3 años ahunque al principio no lo viera

    30 mar 2018
  2. Any

    Me gustaría que Samuel se olvidara de Blanca y se consiguiera una buena chica con buenos sentimientos y moral. Y que vivieran felices. Que Blanca y Diego se vayan de la ciudad y nunca más sepamos de esos desvergonzados. Que Carmen deje de trabajar con Ursula y se vaya a trabajar a cualquier lugar y que deje a la bruja de Ursula. Ya está de buen tamaño que ella se salga siempre con su gusto por las maldades.

    28 mar 2018
  3. Mabi

    Giada, totalmente de acuerdo contigo en las reflexiones vertidas sobre el final de tu comentario.

    27 mar 2018
  4. Heidy

    Ya hubo un suicidio a inicios de la serie el de la criada de Felipe, se suicidó por qué Felipe la violó y no pudo aguantar su indignación y se suicidó, pero por ser una criada, tal vez no se acuerdan y no sea digno de recordar y la violación tampoco, sin embargo eso no toco la sencibilidad de muchas personas. Por otro lado,a Samuel habría que volverlo a su esencia bondadosa, así como a Felipe una y otra vez se lo lleva a su buen sentido. El padre de Diego es quien debe portarse como padre y ayudar al hijo que fue bueno y ahora que por la traición y engaño está dolido, que Blanca como persona deja mucho que desear, es una traidora y mal agradecida, Diego un egoísta y narcisista que ahora se vuelve un vengador y desleal a su hermano que nada le importa sólo él, ambos que se vayan de rositas como lo hicieron los otros adulteros y dejen al niño con Samuel que lo criara bien. A los guionistas pedirles que tengan más imaginación, la conspiración y el pasado de Úrsula también le da un respiro a tanto adulterio que en esa época tenía cárcel, algo de realismo habrá que ponerle, y alguna vez estos queden mal, pongan otro personaje malvado que le haga competencia a Úrsula, porque hasta Úrsula parece estar ablandandose, el coronel se le perdona todo y se reivindica, pues entonces que surja otro tipo de villano,los villanos son los amantes que siempre terminan arruiando la vida de los demás

    27 mar 2018
  5. Mayte

    Xk no se puede ver el capítulo de hoy?

    27 mar 2018
  6. Giada

    Sin embargo Samuel podría ser el nuevo malo de Acacias: en fin de cuentas es el hermano de Cayetana y adiestrado para ursula!! Y estoy segura de que no volverá atrás en su nueva actitud.

    26 mar 2018
  7. Giada

    iEnhorabuena a los guionistats por Diego! No por la historia en sì, sino porqué el no ha tentado el suicidio. Este gesto habria sido un mensage imperdonable. Nunca el suicidio deberia ser una opcion, entonces, bravo por el engano! Entiendo los reproches de quien deseaba tener la duda y no verlo en el adelantado, pero eso es lo menor. Y enhorabuena a Blanca por aber encontrado la perdida inteligencia ! Tantas conexiones todas untas que ha echo son sorprendentes!Ay ay, la verosimilitud, segnores guionistas! Ahora falta Leonor, un clic de inteligencia por ella tambien por favor! Ah ah! Y ahora algo serio e importante: por todos aquellos / aquellas que creen que esta mujer (Blanca, pero se podria llamar con qualquier otro nombre) haya portado su marido (Samuel) a su extremo, es como si decieron que ella se haya buscado todo lo malo que este "hombre" le ha proporcionado. Por estos / estas ilustres desconoscidos solo tengo una palabra: verguenza. No, no son solo opiniones, sino los pensamientos que conducen directamente a la mas negra brutalidad humana. Aquí hay otra palabra: "femminicidio", neologismo reciente en el idioma italiano para indicar todas las mujeres que cada semana solo en mi País, Italia, son matadas por mano de sus más cercanos: novios, maridos, "enamorados", etc. Y no añado más: las personas inteligentes y sensibles no necesitan muchas palabras.

    26 mar 2018