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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 723 - ver ahora
Transcripción completa

Mientras Diego controla lo que está pasando en la calle, quédate aquí.

Es peligroso que bajes. -Pero...

-Pero en cuanto todo esté en calma,

en cuanto haya controlado a esos obreros,

yo mismo te acompañaré a verle, si es preciso.

Hablaré con el jefe de la guardia, trataré de pactar un final.

-Debes conseguirlo antes de que sea demasiado tarde.

Solo te he amado a ti. No te traicionaría jamás.

-No me imaginaba que el coronel fuera un hombre tan pasional,

incapaz de controlar sus impulsos.

-Yo tampoco lo consideraba, hasta que se abalanzó sobre mí

dispuesto a violentarme.

Has de entregar ese sobre a un guardia,

su nombre es Viñas.

-¿Cómo podré reconocerle? -No te será difícil.

Está esperando a recibir instrucciones.

-"¿Cuál es su nombre?". -Viñas.

-Tome, esto es para usted.

-"¿Cómo estarán las cosas?". ¿Estará bien mi Martín?

-No sé. ¿No ves que quería entretenerme con la labor

para no pensar en eso? Bastante quebradero de cabeza

tengo con mi niña y Liberto por esas calles.

No podrían estarse aquí, tranquilitos, en casa tan ricamente.

"Quizás sea mejor" retirarse de la ciudad.

De momento.

-¡A por ellos!

-¡¿Habéis perdido el oremus?!

-¿Qué hacéis? Deteneos.

-¡Volved a la barricada! ¡Quietos!

Tranquilícese.

-"Déjenme pasar," está mi marido ahí dentro.

Están también don Liberto y doña Leonor.

Yo tengo que llevarlos a casa.

-¡Al suelo! -¿Qué sucede?

(Disparo)

Diego, ¿estás bien, te han dado?

-¿Martín?

Por favor,

dime que no es verdad, dime que está bien.

Oh, Dios.

¡Martín levanta!

(Sintonía de "Acacias 38")

Levántate, hijo. Por el amor de Dios, levántate.

-Seguro que no le han dado, ya lo verás.

-Muévete, Diego. No me hagas esto, muévete.

-¡Malditos guardias!

¿Cómo han podido usar las armas contra ellos?

-(LLORANDO) Muévete, hijo.

Te lo ruego, muévete.

-Lo siento mucho, querido.

De veras que lo siento.

Diego no merecía una muerte así.

Carmen.

-Dígame, señora. -Ve a buscar a Blanca.

Habré de darle la mala noticia.

¿O prefieres hacerlo tú?

-Ve a por ella, Carmen.

Cuanto antes sepa lo que le ha ocurrido a Diego, mejor.

-¡Diego, Diego!

Diego.

¡Mi Diego! Diego.

(LLORA DE EMOCIÓN)

-Pensé que te habían dado. -Martín.

¿Martín, estás bien?

-(MARTIN SE QUEJA) -¡Diego!

-¡No soy yo!

¡Martín!

Don Diego,

¿está usted bien?

-¡Martín, eres tú!

¡Martín!

¡Un médico!

¡Rápido! ¡Necesitamos un médico

inmediatamente! Un médico, ¡aquí!

-¡Ay, Martín!

-¡Ayuda, que alguien nos ayude!

¡Necesitamos un médico! ¡¿Nadie va a ayudarle?!

-Martín.

Martín, mi amor...

No te mueras.

Martín.

¡Ayuda,

que alguien nos ayude, por favor!

(LLORANDO) Por favor, Martín.

Martín, mi vida,

no me abandones, por favor.

Aguanta.

Aguanta, mi vida.

-No.

Martín.

(LLORANDO) ¡Martín, por Dios, tú no!

-(CASILDA) No me abandones, Martín.

¿Qué ha sido eso? ¿Qué ha ocurrido?

Ramón, por Dios, ¡decid algo!

-¡Le han dado a Martín!

-¡¿Qué?! -No puede ser.

-¿A Martín? -Dios mío.

-¿Es verdad, don Ramón? -¿Qué hacía Martín en la calle?

¡Casilda, pobrecita! -Cuidado, puede ser peligroso.

Aparta. -Tiene razón, no os acerquéis,

podría haber más disparos. -¿Qué significa que le han "dao"?

¿Se va a poner bien, no? Dígame que se pondrá bien el Martín.

-¿Por qué no hay ningún médico? Alguien debería ayudarles.

-Pero ¿se movía?

¿Qué está pasando, por el amor de Dios?

-¡Diga algo, don Ramón, que estamos con el corazón en un puño!

-¡¿Ramón?! -No sé, no se ve nada.

-¿Y Casilda?

-Está con él, le tiene abrazado.

No se separa de él. -Hay que bajar.

-¡No, Fabiana, no!

-No puedo dejar a la chiquilla sola "agarrá" al cuerpo de su marido.

-Fabiana, bajar es peligroso.

-También "pa" ella. Le sigo, Fabiana.

-Fabiana, por favor,

no deberíamos salir del edificio. -¡Voy con vosotras!

-¡Hijo! -¡Maldita sea!

¡Sabíamos que esto iba a pasar!

-Tiene que sobrevivir, tiene que sobrevivir.

(Se cierra una puerta)

¡Aquí!

-¿Cómo han podido disparar contra nosotros? ¡Son unos salvajes!

-¡Cállate, ahora no! ¡Ayúdele, haga algo!

-Por favor,

salve a mi marido, cúrele, por favor.

-La cosa no pinta bien, ¿eh?

-¡Martín!

-Pequeñaja...

-No hables.

No hables, ¿eh?

Te vas a poner bien, te vas a curar.

-¡Aquí, doctor! Le necesitamos.

-Pero ¿qué hace?

¡¿Adónde va?!

¡Cure a mi marido, por favor!

¡Sálvele!

Por favor, no se vaya.

¡Regrese!

Por favor...

-Mi canija.

Mi canija.

-No te preocupes. Te vamos a llevar al hospital,

pero me tienes que prometer que vas a aguantar. Te vas a curar.

Aguanta.

-Ya es tarde,

es tarde mi amor.

-No, te vas a curar.

-Pero ¿sabes qué?

Que no me arrepiento de nada.

He sido muy feliz a tu lado, cariño.

He sido el hombre más feliz del mundo.

Martín, no hables como si este fuera el final.

Por favor... -Es el final, mi vida.

Por eso

me tienes que escuchar, me tienes que escuchar.

No tenemos mucho tiempo.

Tienes que prometerme una cosa.

Me tienes...

Me tienes que prometer que cuando muera...

-No vas a morir.

No.

-Que cuando muera,

levantarás cabeza,

mi vida y te repondrás.

Y que saldrás a pasear

a la calle

y sonreirás...

Pero tienes que prometer que...

mi muerte

no será un peso demasiado duro

para ti.

(MARTÍN LLORA)

Que no te convertirás

en una muchacha triste y gris.

Perdóname, cielo.

(BALBUCEANDO) Tendrás que hacer

el esfuerzo,

tendrás que hacer el esfuerzo para enamorarte,

para enamorarte otra vez. -Martín...

-Y ser la, y ser la,...

la Casilda pizpireta

que he conocido.

¿Me lo prometes, mi amor?

¿Harás eso por mí, cariño?

¿Me lo prometes, mi vida?

¿Me lo prometes?

Cuida

de mi corazón, Casilda.

Te quiero, mi vida.

-Yo también, Martín, te quiero mucho.

No.

¡No!

¡No!

¡No!

(LLORANDO) ¡No!

No, Martín, no. ¡No, no, no, no!

¡No, no, no!

¡No, no!

¡No!

¡No! ¡No, Martín, no!

¡No, no, no!

-Maldito asesino. Maldito seas.

Malnacido.

-¡Justicia!

(Gritos y alboroto)

-¡Cuidado,

hay una mujer indefensa!

¡Justicia!

-¡Servando, Casilda está herida!

Hay que ponerla a cubierto.

¡Deprisa, llévala al portal!

-¡¿Casilda, Casilda, qué te han hecho estos salvajes?!

Ayúdame. Ya la tengo.

Apartaos, quitaos.

¿Qué te han hecho, Casilda?

¡Dios! Samuel.

Samuel.

Baja inmediatamente

a sacar a Diego de ahí. Se pelea con los guardias

y le van a matar. -Ahora no. No encuentro a Blanca.

-¿Cómo? -¿Cómo que no encuentras a Blanca?

-Yo tampoco la encuentro.

Doña Blanca no está en la casa.

-Debe estar abajo.

-¡Ve a buscarla! ¡Sácala de ahí!

-¿Abajo?

-¡Por amor de Dios, date prisa! ¡La calle

es un campo de batalla!

No puede ser.

Martín no.

(LLORANDO) Martín no.

-Lo siento, Leonor.

Lo siento de verás. -No es justo.

La vida no es justa, Íñigo.

¿Qué es esto, un chiste macabro

o una broma del destino que juega con nosotros?

(LLORA)

No sabe lo mucho que tuvieron que pasar Martín y Casilda

para estar juntos.

¿Sabe cuántos obstáculos tuvieron que sortear

para vivir su amor en libertad?

Martín llegó a Acacias sin un céntimo.

Venía de Filipinas.

Era uno de esos soldados repatriados.

"Me llamo Martín, ¿y tú? -Casilda".

-Allí se dan dos besos al presentarse.

Así.

-Uy, pues que "descaraos" los filipinos.

-Toma.

-Y tú más "descarao", Martín.

-"Aquí tienes mi corazón, a ver qué haces con él".

-(LEONOR) "La pobre Casilda venía de pasar lo indecible".

"Y en parte, por mi culpa".

"Había tenido un desengaño amoroso con el que después fue mi marido,

Pablo".

-(CASILDA) "¿Tú y yo somos novios? -(MARTIN) Pues no sé".

-"Es que, si no lo somos, no puedo darte más besos de estos".

"Imagínate que nos ven, menuda imagen mala se llevan de mí".

-(LEONOR) "Y cuando conoció a Martín,

fue como un soplo de aire fresco".

"Como si se le abriera el cielo y entrara luz en su vida".

-(MARTÍN) "Quiero que seas mi novia y, que hagamos un plan de vida".

"El pasado no me importa".

"Cuida de mi corazón, Casilda".

-(LEONOR) "Él supo cómo ganársela".

"Y ella enseguida se quedó prendada de ese hombretón noble

y sencillo,

que la miraba con osadía y honestidad".

"Pero no todo fue un camino de rosas".

"Hubo un atentado. (ÍÑIGO)-¿Un atentado".

-(DESCONOCIDO) "¿Lo llevarías tú por mí?".

-(LEONOR) "El atentado donde...

murió mi padre".

"Martín había sido anarquista".

"Pero dejó todo eso atrás cuando conoció a Casilda".

"Pero ellos no se lo pusieron fácil".

(Explosión)

"No querían que lo dejara y, lo engañaron".

"Eso nadie lo sabía entonces

y, Martín fue acusado de asesinato".

"Se lo llevaron a prisión. -(ÍÑIGO) ¿A prisión? ¿De verdad?".

-(LEONOR) "Ese pobre hombre pasó lo indecible allí".

-(ÍÑIGO) "¿Y Casilda?".

-(LEONOR) "A Casilda le costó, pero al final

se dio cuenta de que Martín no había tenido nada que ver".

-Solo el poco rato que podamos tener. Martín...

-(LEONOR) "Había sido víctima de un engaño

por parte de sus antiguos compañeros anarquistas".

Pero eso dio igual, Martín fue sentenciado al garrote.

-¡Yo no sabía eso!

-¿Sabe lo que hizo Casilda?

¿Sabe cómo le demostró lo mucho que le quería?

Casándose con él en prisión,

sin vestido bonito, ni banquete ni música, ni flores;

sin invitados siquiera, solo él

y ella en un calabozo húmedo y gris.

Solo él y ella

separados por unos barrotes de hierro.

Él,

ella, su amor y nada más.

Se dieron el sí quiero

aun sabiendo que al día siguiente iban a ejecutar a Martín.

Se dieron el sí quiero aun sabiendo...

que su matrimonio iba a durar apenas unas horas.

"Y en el último momento, cuando todo parecía que iba a terminar

en desgracia,

llegó el indulto para ese buen hombre".

Y ahora que por fin podían ser felices,

y podían disfrutar de la vida,

sucede lo que no tendría que haber sucedido jamás.

-Tiene, razón, Leonor,

la vida no es justa y, no lo ha sido para Martín y Casilda.

Ese matrimonio merecía casar esta vez.

Merecía casar por todo lo alto:

con vestido bonito, con flores, con invitados,

para que el recuerdo de ese día se hubiera quedado instalado

en su memoria.

-Qué cosa más triste, Leonor.

-¿Por qué la vida es tan injusta?

¿Por qué?

¿Cómo va a superar Casilda algo así?

No va a poder.

Y yo sé que no va a poder.

No va a poder.

Habrá de hacerlo.

-Y cómo, ¿eh?

¿Cómo va a vivir sin su Martincillo?

-"Pa" chasco que habrá de encontrar la manera

y sacar fuerzas de donde no las tiene "pa" vivir sin él.

-No va a poder.

Poco conocería yo a la Casilda si no sé que no va a poder vivir sin él.

-¡¿Por qué esos malditos guardias

tuvieron que disparar a ese muchacho?!

¿Y por qué te hiciste el valiente Martín?

¡Maldito seas!

¿Por qué saliste corriendo?

-No lo pensaría, Servando.

Pensaría solo en salvar una vida.

-Y por el camino encontró su muerte.

-Es muy raro que esta muchacha no haya "despertao" ya.

-¿Usted cree? -Casilda, bonita mía,

entónate, mujer, entónate.

¿Qué pasó en la calle?

-Creo que un guardia le golpeó con un fusil.

-Madre de Dios.

Casilda, despierta, Casilda.

Despierta, hija, despierta.

Ya debería de haber vuelto en sí.

-Me está asustando usted, Fabiana.

-No me gusta la brecha que tiene en la cabeza.

No sé por qué no despierta.

-¿Es grave?

¿Deberíamos llamar a un médico?

-No estaría de más.

Lolita, hija, quédate aquí

por si ella despertara.

Don Antoñito, ¿avisa a los señores?

Servando,

vaya a ocuparse del cadáver de Martín, que está "abandonao"

en mitad de la calle. -Ahora mismo.

-¿Y usted "ande" va? -A buscar a un médico.

Un médico que la vea o no quedaré tranquila.

-No puede salir usted a la calle ahora, con las cosas como están.

¿Cómo va a traer un médico aquí? -Ya me las arreglaré yo.

(Alboroto)

¡Sé que has sido tú!

¡Tú has sido quien ha disparado! ¡Hijo de mala madre!

¡Has matado a un buen hombre!

¡Has matado a un hombre inocente

a sangre fría! -¿Adónde crees que vas?

-¡Suéltame!

-¡Ni hablar, sube a casa! -¡No!

-No me obligues a emplear la fuerza contra ti, Blanca.

-¿Serías capaz?

¿Otra vez? -¡Estás embarazada!

-No ves tú que ese de ahí es tu hermano, sangre de tu sangre.

¿Vas a dejarle ahí en mitad de la trifulca?

¿Te da igual?

Ya nada se puede hacer por él.

¡Vamos! -¡Suéltame!

¡Suéltame, Samuel!

Le van a llevar a la cárcel. No podemos dejarle, no es justo.

¡Diego!

¡Diego!

¿Ve usted algo?

-Hay mucha confusión. -Esto no puede estar pasando.

-Dios, esto es una locura.

¿Cómo hemos permitido

que las cosas lleguen tan lejos?

-¿Ve a Martín? ¿Sigue en el suelo?

-Sí. No se mueve, pero no se ve muy bien.

-Debe estar herido. -Espero que sea solo eso.

Las calles son un caos.

Hay mucha confusión.

-¿A visto a Íñigo?

Espero que no le haya pillado este desaguisado en la calle.

-(EN LA CALLE) Ayuda, por favor.

Ayuda. -¡Ah, mi pierna! No puedo.

-Bueno, parece que se están calmando los ánimos.

-¿Usted cree?

-Los guardias se han hecho con el control de la situación.

-¿Se va a marchar?

-Sí, voy a ver si alguien necesita ayuda.

No puedo estar aquí, estando Martín en el suelo.

-¿Me va a dejar aquí sola? -Usted aquí no corre peligro.

En cuanto yo salga, usted cierre la puerta. Y no se mueva de aquí.

-¡Don Liberto!

Lo que pasó antes...

-Lo que pasó antes, no es momento de hablarlo ahora.

Y menos, tal y como están las cosas fuera.

Ya habrá tiempo.

Usted estaba muy asustada.

Fue una situación complicada, ya está.

-¡Tenga cuidado!

Agustina, mi sombrero.

-¿Señor?

-A escape, no tengo tiempo que perder.

-Pero señor, ¿no irá a salir ahora?

No está la cosa en la calle como para salir.

Ha habido hasta disparos. Espérese, se lo ruego.

-Ojalá pudiera, pero es un lujo que no me puedo permitir.

Estoy preocupado por Silvia. -Quizá sean unos minutos.

Aguarde un poco.

-Parece que los guardias han controlado la situación

y la cosa está más calmada. Mi sombrero.

Gracias.

Agustina, me ha parecido ver a Martín

herido de gravedad.

No quiero ser brusco, pero podría estar

hasta muerto.

-¿Cómo es posible?

No puede ser.

-Una bala de ese calibre dada en un lugar certero

es un tiro mortal.

Dudo que nadie sobreviva a ello. Has de estar preparada.

-¡Dios mío de mi vida! ¡Pobre Casilda!

-En el fondo, debemos dar gracias a Dios

de que la cosa no haya sido peor.

Cuando hay altercados, la obligación de las autoridades

es controlarlos.

Si no se contiene con una advertencia,

hay que pasar a las armas.

Y eso es algo que sabían los obreros.

-Martín no merecía ese disparo. Ese muchacho, no.

-No.

Desde luego que no.

No sé qué hacía en mitad de los altercados.

¿Por qué tuvo que meterse en medio?

En fin...

Marcho antes de que la cosa

vuelva a empeorar.

-¿Puedo convencerlo de alguna manera para que no lo haga, señor?

-Tengo que ver a Silvia cuanto antes.

Tal vez esté en peligro.

Si le ocurriera algo,

no me lo perdonaría jamás.

Hijo,... ¿qué se sabe?

¿Cómo está Martín?

-¿Ha fallecido?

-¿Cómo? Antonio, ¿estás seguro?

-¡Ay, Dios!

-Yo tengo la culpa.

Soy el responsable

y tendré que pagar por ello.

(TRINI) No, mi amor.

Tú no tienes la culpa.

¿Me oyes? -Debí evitar

todo esto. -El culpable

es Ribau, prendió la llama. -Y yo tendría que haberla apagado.

-Era una situación difícil.

Hizo lo que pudo.

-Querido, escúchame.

Hiciste lo que pudiste.

Pusiste todo tu empeño

en conseguirlo. -¡No hice lo suficiente!

¡No lo hice! -¿Cómo está Casilda?

-Esa es otra, le dieron un golpe en la calle.

-¿Un golpe? -Un guardia, con la culata.

Ha perdido

el conocimiento.

-Es horrible. ¿Y cuánto lleva así?

(ANTONIO) Un buen rato.

Ya viene un médico.

-¿Dónde está, Antoñito? ¿Dónde está Casilda?

-Está en el altillo.

-Doña Trini, doña Celia, yo necesito ayuda.

He encontrado un médico

y ha subido a atender a la Casilda.

-Claro que sí.

¿Qué necesitas?

-Dice que subamos agua caliente

y trapos limpios. Y alcohol.

-Vamos, Celia, manos a la obra. -Don Antoñito,

¿me lo sube al altillo?

-Sí, descuide. -Agradecida.

¿Quiere salir?

Parece que las cosas se han calmado ahí fuera.

Leonor...

¿Está usted bien?

¡Leonor!

-Yo sé que debería salir,

ir a buscar a Casilda y darle consuelo, pero no sé si puedo.

Todo esto me recuerda mucho a la muerte de Pablo.

Yo no puedo, no puedo evitarlo.

-No tiene por qué, nadie se lo pide.

-Es que yo sé bien cómo se siente Casilda

porque yo he pasado por ello. Y no hace tanto.

Ver morir a la persona que amas es desgarrador.

A la persona

con la que has decidido pasar tu vida.

No se puede, se le rompe a una el corazón.

¡Pobrecita!

¡Pobre Casilda!

-Leonor, mire...

Ella, como usted, habrá de superarlo.

Ahora no.

Pero el tiempo cura las heridas.

Ya lo verá.

-No curan.

Íñigo, créame, que yo lo sé bien.

Las heridas no curan nunca.

-No, no, usted las curó.

-Si yo las curé,

fue porque apareció usted.

Si yo he recobrado las ganas de vivir,

ha sido gracias a usted.

-¿Qué ha pasado?

-Liberto estaba en la calle. Creo...

-¿Cree qué? -¡Que nos ha visto!

¿Qué demonios hago?

-Leonor, por favor, no se culpe, esto iba pasar.

Lo sabíamos. -No, no debería haber pasado.

¡Nunca debió pasar!

-Leonor, por favor.

-¡Y menos ahora!

-¿Por qué?

¿Por qué? ¿Por qué?

¿Por qué tuviste

que cruzar la calle?

Te dije mil veces que te mantuvieras a resguardo.

¿Qué viste para hacer esa locura?

¿Por qué saliste de nuevo?

-Vamos, es hora de dejarle marchar.

-¡No, no, no, un momento!

Solamente me quiero despedir de él.

Necesito despedirme de él.

-Tan solo déjenle

unos segundos más.

-Nunca, nunca te lo confesé,

pero tú tapaste el hueco que dejó mi Paciencia.

Sin ti, no sé

si hubiera superado su marcha.

Tú has sido de verdad mi amigo.

¡Mi único y verdadero amigo!

Quizá no te lo dije.

Quizá no te lo confesé nunca.

Pero ¡yo te quería, Martín!

¡Yo te quería de verdad!

Como se quiere...

Como se quiere a un hermano o como se quiere a los hijos.

Sin resquicio de duda.

Te quería, amigo.

Y nunca te lo dije.

Yo solamente me aprovechaba de ti.

Te daba el doble de trabajo mientras que yo hacía la mitad.

Y tú...

Y tú nunca te quejaste.

Y lo sabías.

Pero no decías ni mu.

¡Porque eras...

una buena persona!

La mejor, la mejor persona

que he conocido.

Jamás te olvidaré.

¿Me oyes, amigo?

¿Me oyes?

¡Jamás!

Cuidaré...

Cuidaré de tu canija.

Lo haré. Lo haré como tú quisieras que lo hiciera.

En tu ausencia.

Si es que es como si te estuviera oyendo, Martín.

Haré todo lo posible

para hacerla sonreír todos los días.

Y para intentar hacerla feliz toda la vida.

Te lo juro.

¡Te lo juro, amigo, te lo juro!

¿Se ha marchado ya el médico?

-Ahora "mismico".

¿Y qué ha dicho que tiene la Casilda?

-Lolita, hija,

no me hagas repetir palabrejas de matasanos,

que ni sé yo nada de eso ni soy capaz.

-Pero ¿se pondrá bien? Yo solo quiero saber esa minucia.

-Dice que se ha dado un buen golpe en la cabeza

y que eso, pues ya se sabe. -Pues yo no sé nada.

Cuéntemelo como si tuviera tres años.

-Dice que el golpe se ha podido inflamar por dentro.

Y de ahí que no despierte.

-Pero ¿qué significa eso?

Que se le ha puesto el cerebro como un melón.

-Qué malamente suena eso.

-Mira...

Nos ha dado este brebaje para que se lo demos.

Y dice que eso

la va a tener unos días confusa y mareada,

pero que luego amanecerá

la mar de bien, pero sin saber dónde está.

-Eso es lo que necesita ella, que lo que le viene ahora...

es muy horroroso y muy horrible.

El entierro

y todo.

-Volver a casa y verse sola.

-O meterse

en la cama vacía, sin su Martincico al lado.

-Va a necesitarnos mucho.

Mucho, Lolita, pero mucho, mucho.

-Ya lo sé, Fabiana, ya lo sé.

Que se va a creer

que esto es un mal sueño y una pesadilla.

-Ya.

Pero lo malo es cuando se despierte y se dé cuenta

de que no está soñando y que es la realidad, que se impone.

-Una realidad injusta y cruel.

¡Maldita sea, Fabiana!

¡Maldita sea esta vida

llena de desgracias!

-Pero nosotros estaremos aquí para ayudarte, pequeña.

¡Claro que sí, te ayudaremos, mi niña, te ayudaremos!

¡Déjame, ya te he dicho que no me trates así!

-No te dejaré hasta que hagas lo que debes.

-Lo que tú quieres.

-Lo que yo quiero es que cuides a mi hijo.

-No me voy a quedar encerrada en esta casa como si estuviera presa.

-Lo harás, que para algo eres mi esposa.

Si estás buscando que te ate a la pata de la cama, lo haré.

-Pero ¿qué está ocurriendo aquí?

-¡No se meta! -¡Eres un ser despreciable!

¡Un monstruo repugnante!

¡Eres un animal sin sentimientos ni corazón!

¿Cómo te puede dar igual dejar a tu hermano abandonado?

¿Cómo puedes llevar su misma sangre?

¿Es que no sientes nada por él?

-¡Yo ya le dije a Diego que no se metiera ahí!

¡Yo no lo planeé así!

-¿Cómo lo planeaste, Samuel?

-No empeore las cosas, padre. -¡Déjale hablar!

Tiene derecho, es su hijo el que has abandonado

a su suerte. -No me hables así.

-Te hablaré como me plazca.

Ahora vamos a hablar.

Vamos a decirnos por fin

las verdades a la cara.

¿Dónde va? No se puede salir del barrio.

-Tengo una urgencia. -No le dejarán.

Han retenido obreros y están tomando sus datos.

-Me da igual. -A ellos no.

No dejarán que nadie salga hasta que lo resuelvan.

-Ya veremos.

-Están los ánimos muy tensos, le ruego que no haga nada.

Guardia, tengo que pasar.

Entiendo que debe controlar la situación.

Pero tengo un asunto urgente que resolver.

¿Me está dando

la espalda?

¿Sabe con quién está hablando?

Soy el coronel Arturo Valverde.

Exijo que me abra de inmediato.

Conozco mucha gente que está por encima de usted.

Me alegro de que entre en razón.

Pero ¿esto qué es? ¡Déjeme pasar!

¡Tengo que salir de aquí!

Cállate, te oirán los vecinos. -No me voy a callar.

Me da igual que me oigan.

¿De qué tienes miedo?

¿De que cuente el buen esposo que eres por las noches?

-¡Hija! -¿Tu romanticismo?

¿Tienes miedo de que conozcan el animal

en el que te conviertes

cuando nadie te ve? -Que te calles.

-No me voy a callar.

¡No me voy a callar nunca más! Eres un salvaje.

Un energúmeno.

Un demonio peor que Belcebú.

-¡Cierra el pico!

-Blanca, esta discusión no nos...

-Un endriago que dejó morir a su hermano.

Eres un ser cruel e insensible.

-Por favor, templa, Blanca,

esto no te puede provocar ningún bien.

-¿Qué les pasa a todos?

¿Nadie va a hacer nada por Diego?

¿A nadie le importa lo que le pasa?

¿Es que nadie va a hacer nada por él?

-¡Blanca!

-¿Qué me está pasando?

Por favor, deténgase.

Es peligroso andar por la calle. -Me da igual.

Necesito ver a Casilda y a los demás.

-Es de entender. Pero es mejor esperar.

-¡Cuánta desgracia!

¿Por qué el destino se ceba

con los más inocentes?

-Mejor vamos a un sitio más seguro.

-Déjeme. No quiero estar a su lado.

-No pienso dejarla marchar por mucho que usted me evite.

-¿Es que no se da cuenta de que todo es una locura?

Todo se desmorona y nos entregamos a una pasión sin sentido.

-"¿A quién se le curre?".

-Era por un asunto importante.

Pero no me dejaron avanzar mucho.

Sosiéguese, coronel, sosiéguese.

Y siéntese.

Solo conseguirá perder de nuevo el sentido.

-Tengo asuntos pendientes.

-Debe verle un médico.

Iré a por él. -Espere, no voy a permitir

que se arriesgue a recibir un porrazo.

A usted tampoco le van a dejar pasar los guardias.

-Por supuesto que sí, dispongo de un permiso

firmado por el mismísimo marqués de Viana.

Será mi salvoconducto.

¡Leonor!

¿Qué haces aún por aquí?

Deberías haber regresado ya.

-Estaba ayudando.

-¿Sabes cómo está mi negocio? Me obligaron a irme.

Y no sé qué habrán hecho con la sastrería.

-Pierda el cuidado, yo estuve refugiada allí.

Solo tiene un cristal roto.

-¿Un cristal?

¡Bueno!

¡Ay!

-Doña Susana, tranquilícese.

El daño no ha sido mayor.

-Sí, menos mal que no tenemos que lamentar nada grave.

Los vecinos estarán bien, ¿verdad?

-"Deseo escuchar al doctor".

-Ha sido providencial que estuviera

en el barrio. -Espero

que detenga la hemorragia. -Ahora solo podemos

confiar en él.

(ÚRSULA) Y en nuestro Señor.

La vida del nonato está en sus manos, no puede perder

esa criatura.

-De no ser por Diego, nada habría ocurrido.

Ha traído la muerte a Acacias. A ese criado y a mi hijo.

-No hables así de tu hermano.

-¿Acaso miento? Él ha dirigido a esos obreros.

A esa turba.

Su comportamiento ha sido despreciable.

-No juzgues o serás juzgado.

-¿Qué quiere decir con eso?

-"¿Por qué no venías?".

Yo aquí, sola, sin compañía.

Y mi hija y tú metidos en este fregado.

-Rosina, me ha sido imposible.

No sabes cómo están las calles. Están colapsadas.

Hay una batalla entre guardias y obreros.

Jamás he visto algo igual.

-¿Y mi niña dónde está? ¿Sabes algo?

-Descuida, Rosina, se ha refugiado en la sastrería.

-¿Y tú has aguantado los disturbios en la calle?

-No, no, eso es un infierno.

Me metí en La Deliciosa

y esperé a que se calmara todo.

-¿Flor está bien?

-Sí. Ella está perfectamente. -"¿Qué vamos a hacer con Casilda?".

¿Qué será de ella?

-No lo sé, porque no levanta cabeza.

-Servando, pues tendrá que hacerlo

como hemos hecho todas.

-¿Cómo está? Voy a verla. -No, hija, no.

No la importunes, que sigue grogui.

Lo que le dio el médico la ha dejado planchada.

-Pues mejor así.

No sé cómo le vamos a decir que el Martín ha fallecido.

-Y, además,

con lo poquita cosa que es, esta se nos muere de pena.

¿Y por qué no le decimos que a Martín

le ha salido un trabajo muy bueno en Francia?

-"Ella nos ha cuidado con todo su celo".

Y nosotros tenemos que hacer lo propio. ¿O no?

-No se apure, madre.

Está en buenas manos.

Y usted no puede salir, que va a empeorar de la gota.

-Tengo que ir

a casa de los Palacios.

¿Te quedas más tranquila si les pregunto por ella?

-Qué remedio, a la fuerza ahorcan.

¿Sabéis qué?

Llevo días sintiéndome la mujer más desgraciada del mundo.

¡Seré estúpida!

Tienen que suceder desgracias como las de Martín

para que nos demos cuenta

de lo afortunados que somos teniéndonos los unos a los otros.

¿A que sí?

¡Te quiero con locura yo!

-"¿Puedes parar un momento?".

-No, no puedo.

No me olvido de que Martín murió por mí.

-No digas enormidades.

Le dispararon los guardias.

-¿Por qué tuvo que suceder así? -Por más vueltas que le des,

no lo vas a solucionar.

-Tengo que comprender qué es lo que le sucedió.

Ya había convencido

a los guardias, habíamos llegado a un acuerdo.

¿Qué fue lo que sucedió?

-No lo sé.

Todo estaba tranquilizándose cuando le dispararon.

-Eso fue lo que aprovechó ese guardia

para apuntarme.

(CARVAJAL) "Te escribo estas líneas"

porque temo que Silvia esté en peligro.

(VALVERDE) "Zavala nos descubrió y nos besamos

para que no sospechara".

"Estábamos a punto de hacernos con ciertos documentos".

"Debería enviar a alguien para que la rescate

antes de que nos lamentemos".

"La reacción del general será devastadora".

-Que venga Ramírez inmediatamente.

Tengo algo importante

que encargarle.

-Estás pálida como la nieve. -Sí, sí.

No sé.

Lo cierto es que no me encuentro muy bien.

He intentado disimular delante de las visitas,

pero me siento sin fuerzas.

-No esperaba menos de ti. Odio a las mujeres

que están todo el rato quejándose y contando sus pesares.

-Espero recuperarme pronto.

A cada minuto me siento más desazonada.

-Es normal que te sientas fatigada.

Han sido unos días muy intensos.

Y el suceso con el coronel

no ha ayudado a conseguir tu sosiego.

(ÚRSULA) "¡No puedes derrumbarte!".

¡Luchabas por lo que era tuyo! -No.

No está bien lo que hemos hecho.

Engañar a mi hermano con su enfermedad.

Separar a Blanca de sus amistades.

Tomarla por la fuerza.

Todo esto ha acabado fatal y tenemos lo que nos merecemos.

-¡Basta ya! ¡No digas enormidades!

No voy a perder a mi nieto.

-Ni toda la furia del mundo nos va a salvar.

-¡Mi nieto saldrá adelante, no va a morir!

¿Te enteras? ¡Ese niño es inocente!

-Y pagará por nuestros pecados.

-¡No quiero escucharte más, cállate!

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Acacias 38 - Capítulo 723

19 mar 2018

Serie diaria en la que se narraran la vida de los personajes que habitan una comunidad de vecinos, y todas aquellas historias que se sucederán alrededor de sus personajes, situada a principios del siglo XX en Madrid.

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  1. Mar

    Con lo pesado que es el personaje Servando, ahora se muere Martín, no hay quien sustituya al pesadísimo Servando que además es subrealista. Al menos que lo moderen un poco, porque si no sabe leer pero luego suelta unas parrafadas de aúpa con información que se tiene desde hace pocos años a través de documentales... Y ya no tiene ni gracia, que no está Tano ni cuando vuelva, si vuelve, será un niño ya ¬¬

    24 mar 2018
  2. Mabi

    Cap. 724 y otra vez sin opción comentarios.......Samuel despreciable, Ursula otro tanto, Don Jaime para ser un señor que ha dado vuelta su historia y supo hacerse a fuerza de trabajo e inteligencia en el mejor diseñador y tallador de joyas, pocas luces le veo para descifrar los planes macabros de su " esposa e hijo "..... BRAVO POR BLANCA!!!!!! QUE AGALLAS !!!!! Me encantó oír de su boca los adjetivos que muchos de los que aquí comentamos le hemos dado a Samuel ,PERVERSO, PUSILANIME, MALTRATADOR, ABUSADOR, etc, etc, etc.......Don Ramón tendría que hacerla participe a Rosina de su culpa, ella fue la mas intransigente en la negociación, y ahora con un muerto , una amnésica y un preso, firman el acuerdo a pura sonrisa de Huertas.

    21 mar 2018
  3. Marilu

    Mas allá del gusto personal de cada televidente, acerca de un personaje u otro, en esta serie los guionistas les dan mas " espacio" a la MALDAD, a las DESGRACIAS y distintos acontecimientos negativos que a las ALEGRÍAS. Esto hace que muchos critiquemos el argumento y la trama ideada por los autores.- Por mi parte creo que hay menos aciertos que errores ( los errores se pueden cometer involuntariamente, no es el caso de los guionistas de esta serie, que deben gozar mucho inventando maldades ) Y a las pruebas me remito...................SOLO en el último capítulo: muere Martín, Iñigo " cornea" a su " presunta " esposa Flora, Blanca está por perder al hijo, el marido de Silvia la está envenenando..... y dale que va................Cada uno de nosotros tiene derecho a opinar, también los DEFENSORES A ULTRANZA DE LA SERIE

    21 mar 2018
  4. Saro

    Como toda obra humana la serie, en lo que al guión se refiere, tiene sus errores pero también tiene muchos aciertos y ésto siempre visto desde el prisma de los espectadores ya que cada uno de nosotros tenemos gustos diferentes y, sobre todo, personajes y tramas que nos son más atractivos que otros; a la vista de todo ésto, creo que lo más importante es que nos entretiene, mantiene al espectador en el enigma, en la serie de acontecimientos que constituyen el "nudo", en el qué pasará con este personaje o el otro, Los espectadores nos "apegamos" a los personajes, sobre todo si éstos tienen un papel que nos gusta, por éso, cuando alguno desaparece (sobre todo porque muere) lo sentimos enormemente como ha sido el caso de Martín. Sin olvidar que ésto es ficción, tenemos que hacer como en la vida real, continuar adelante porque la vida sigue y nuestra serie tiene un sin fin de valores: vestuario, peluquería, maquillaje, decorados, fotografía, decoración, sonido, música, dirección y, sobre todo, unos actores de primera categoría. Por éso siempre digo, me gusta Acacias con sus aciertos y sus errores y solo espero que sea por mucho tiempo.

    21 mar 2018
  5. karina

    No puedo ver los capítulos completos de acacias

    20 mar 2018
  6. Carmen

    Esto ya es un aburrimiento, no hay más que maldades y sin final, ya deberían liquidar a Úrsula, y terminar porque cada vez tiene menos interés

    20 mar 2018
  7. Kelly

    Bueno realmente llevo viendo acacias desde q empezó y me ha encantado toda la trama de la novela ( así le decimos en mi país ¿novela¿ )y es que de eso se trata, de que los sucesos que pasan día por día nos mantengan envueltos y atentos, que querramos saber por q pasan las cosas y en que terminará todo esto, es por esto que se van personajes, llegan nuevos, otros mueren y así se mantiene la intriga permanente que me encanta, no todo puede ser color de rosa ni a nuestro gusto porq para q sea novela tiene q verse de todo un poco y no solo a nuestro gusto, si fuese así la trama hubiese acabado con Manuela y Germán y ya hubiese sido el fin de la novela. Con acacias eh llorado, reído, y los más importante me eh gozado esta novela que realmente me emociona mucho. Felicito a todos lo q forman y han formado parte de este elenco, empezando por sus productores y creadores de esto, es que solamente la recreación y vestuarios de esta trama son fenomenales.

    20 mar 2018
  8. Irene

    Otra muerte??? otro aborto espontaneo??? sin dudas el peor capítulo de la historia de Acacias,,,para mí,,,un sinsentido la cantidad de personas ""mudas""" en las calles,,,,todos miran a los heridos como si fueran flores de verano y nadie hace nada???? un médico que abandona a un mal herido,,mudo también,,,para ir a ver a otro que tiene un rasguño???? un padre ""desesperado"" mirando por la ventana sin hacer nada, a su hijo tirado en la calle???? siendo una mujer embarazada la única con coraje para bajar a la calle????? guardias mudos que solo golpean a los que quieren pasar??? no podían decir ""por aqui nadie pasa""",,ó ""no se puede pasar"" eso costaría no se 100 euros mas ó 200???? Señores,, que pena, una serie que prometía tanto como se la han cargado.,los guionistas han perdido el rumbo,, Samuel es tan mal actor, que si el Director piensa que haciendole muecas en su cara,,((levantando la ceja,,moviendo la boca,, estirando la frente ó entrar resoplando como un toro)) eso tendrían que dar miedo,,, le cuento que a mi me da mucha risa, de miedo 0 , es tan ridículo que me hace gracia.. El guión se ha convertido en algo siniestro e inverosimil,, una pena, una pena... Estoy en un todo de acuerdo con el comentario de MABI ,,, el que opnina que Blanca es la culpable de todo,, se perdió varios capítulos. Hasta siempre Acacias

    20 mar 2018
  9. Mariajo

    Llevo viendo Acacias hace mucho tiempo pero estoy a punto de dejar de ver la serie. Cada dia es mas irreal. Los malos cada vez mas malos y los buenos , o se vuelven malos o se mueren o los matan. De todas las muertes, no hay una que se aclare. Por favor...revisar el guion.

    20 mar 2018
  10. Guadalupe Pesqueira

    Se ha ido perdiendo el rumbo, desgraciadamente algo que empezó muy bonito, ha ido cambiando a una novela de terror y desgracias, pobres los primeros artistas pues les han ido cambiando su personalidad!!!! Por favor retomen los inicios de Acácias, donde pasaban también cosas buenas.

    20 mar 2018