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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 718 - ver ahora
Transcripción completa

Las mujeres deben complacer a sus maridos,

cumplir sus órdenes y satisfacer sus deseos.

-Tienes el mismo derecho que un asesino que arranca una vida,

el derecho a la fuerza. Fuérzame.

¿Es a lo que has venido?

-"Malas noticias, Liberto. Vengo del periódico".

El minero herido en el yacimiento

ha muerto. -No.

-Sí. -Lo siento, Leonor.

-¿Lo sientes? Es ni más ni menos que la consecuencia

de tu pacto con Ribau.

-Te lo digo y te lo repito, yo no hice ningún pacto.

-Blanca, asume tus actos.

-"Por amor de Dios,"

pon los pies en el suelo, ¡deja de ser un pusilánime!

-No puedo enamorarla ni poseerla.

No hay más. Tal vez deba renunciar a ella.

-Hay más. Ya lo hemos hablado:

podemos eliminar lo que le impide estar contigo.

-No me lo repita.

-Sabes que digo la verdad,

si tu hermano Diego no existiera... -No soy un monstruo.

No voy a atentar contra la vida de mi hermano.

-"¿Una marcha de mineros en dirección"

a la ciudad?

-Son las noticias que me han llegado.

-¿Son fiables?

-Todo lo fiables que son las cosas en un momento de confusión.

-Le he dado todos los detalles que puedo recordar.

-Debe esforzarse, doña Úrsula.

De lo contrario, no lograré encontrar lo que me pide.

-No consigo recordar más.

Parta,

haga lo que tenga que hacer, pero vuelva con resultados.

-"Eres mi esposa y, es mi hijo".

Puedo disponer de él y de ti como me venga en gana.

-"Teniendo en cuenta"

que Silvia no tiene un hombre que la acerque al altar,

quería rogarle que lo haga usted,...

que fuera el padrino. -Por supuesto.

-No soy tuya, Samuel.

-Por supuesto que eres mía.

Iré a por ti y, lo haré esta noche.

Eres mi mujer,

mi esposa. ¡Mía!

¡Puedo poseerte con o sin tu consentimiento!

¡¿Por qué me rechazas?!

¡¿Por qué eliges a otro cuando soy yo quien más te quiere?

-Samuel.

(Ruido de cacharros)

Es porque soy un cobarde, ¿es eso?

¡¿Me rechazas porque soy un cobarde?!

¡¿Porque soy un maldito cobarde que no tiene valor?!

No tiene valor a ejercer su derecho a yacer contigo.

Porque soy un cobarde.

-No, por favor.

-(GRITA SAMUEL)

(LLORA DE RABIA E IMPOTENCIA)

-(LLORA)

(Sintonía de "Acacias 38")

Mmm.

Está más que bueno el moscatel -Es de la tierra, no de estraperlo.

-Pues por una velada encantadora.

-Yo también he disfrutado.

Siga contándome lo de la zarzuela esa que quiere ver usted.

-El libreto está en boca de todos. Se titula "Los mineros"

y, la estrenaron en Barcelona hace dos o tres años.

-Qué casualidad. ¿Y cuál es la historia?

-Al ser una pieza nueva, no he querido indagar

para disfrutarla más, pero, imagínatelo.

-A mí eso se me da fatal. ¿Nos gustará?

-Por supuesto.

Ya estoy disfrutando de las voces varoniles del coro de mineros

y de la dulzura de las voces de sus mujeres,

abnegadas, sufrientes,

pero sabiendo sacarle la chispa a su existencia.

-¿Vendrá Rosina, su esposa de usted?

-Supongo que no. Y casi que hasta mejor.

No me malinterprete, ¿eh?

Yo amo a mi esposa. Casi tanto más como el primer día.

-Es tan bonito escucharle hablar así.

No muchos hombres dirían lo mismo.

-Yo sí. Y lo digo en serio.

Pero Rosina es un poco... absorbente

y, ahora que está enferma,

requiere de mi presencia todo el rato. Necesito un descanso.

-¿No le echan una mano Leonor y Casilda?

-Se desviven por ella.

Pero Rosina es mucha Rosina y, puede con todos.

-Pronto se curará. No hay mal que cien años dure.

Mientras tanto, puede contar usted conmigo para lo que sea.

-Es curioso, ¿no?

Cuando estoy con usted, así, como ahora,

siento que la conozco de hace muchos años.

-Hora de echar el cierre.

En la terraza está todo recogido y la cocina reluciente.

Así que, si tú te encargas de apagar, yo marcho a descansar.

-No tardaré mucho.

Terminar la copa con Liberto y pasarle una bayeta al mostrador.

-Recuerda que mañana tienes que madrugar.

Hay que llevar esas hojuelas al gobierno civil.

-No se me olvidará.

-Que tenga usted buena noche, Íñigo.

Espero que no le moleste a su esposo mi presencia aquí a deshoras.

-No vea fantasmas donde no los hay.

Mi marido es un hombre cariñoso, diferente a su manera,

pero cariñoso.

-¿Y en qué consiste ese cariño tan despegado?

-Cada uno es cada uno.

Mi marido es feliz si ve que yo lo soy.

Que le importa una higa lo que yo haga.

¿Y a su señora no le molestaría vernos así?

-¡No, a Rosina no!

Ella es perfectamente consciente de su intensidad

y de que los que la rodean necesitamos un descanso.

-Es muy tarde, cariño. ¿No te has fijado en la hora?

-Sí, me he fijado, pero el marqués necesita este informe legal

mañana a primera hora. -Yo también te necesito.

Vente a la cama y te levantas

mañana más temprano y terminas el informe.

-Aceptada la moción.

Creo que estoy en el mejor momento de mi vida.

-Te confundes, vendrán tiempos mejores.

Déjame hacer y te demostraré que el cielo es el límite.

-Tú ya haces suficiente correspondiendo mi amor cada día.

Tano supera con brillantez sus estudios en Londres

y mi trabajo como asesor del marqués

es la envidia del colegio de abogados.

¿Qué más puede pedir un hombre enamorado?

-No dormirse en los laureles.

Y no pensar que ha sido suerte que el marqués te colocara a su diestra.

Te lo mereces.

-Gracias por esa confianza ciega,

pero, si no a la suerte, sí que en gran parte se lo debo al coronel.

Él me puso en contacto con el de Viana y su gabinete.

-¿Te conté que me había encontrado con Silvia Reyes?

Luce un anillo exquisito.

Ahora es la prometida del general Zavala.

-¿De veras?

También me encontré con el coronel

y, no me contó nada del asunto.

-Supongo que no será plato de buen gusto saberla en brazos del general,

por mucho que fuera él quien iniciara la ruptura.

-En fin, fueran cuales fuesen sus motivos,

no podrá negar que bebía los vientos por ella.

-Pobre.

Tanto que maldecía sobre el amor y ahora sufre sus males.

-La verdad es que me duele.

Nadie merece quedarse solo en el otoño

de la vida.

Pero ni el coronel ni su desamor

podrán hacerme olvidar la oferta que me has hecho.

-Anda.

-¡Espera no te vayas! -¿Qué?

-Estoy tan cansado, que no sé si podré llegar al dormitorio.

¿Sería tan amable de ayudarme?

-Seguro que al marqués no le pones tantas pegas

cuando te pide algo.

Anda, remolón, vamos.

Vaya destrozo.

Este hombre necesita una solución o desbravarse de algún modo.

A la vista está.

-¿Qué cuchicheabas?

-Nada, señora. Me preguntaba qué hacer

con las cosas que se han roto.

-Deshazte

de lo que no tenga reparación. Y de lo que se pueda arreglar,

consúltalo conmigo.

-Este jarrón, ¿cree usted que vale la pena conseguir algo de cola

pegar los pedazos de nuevo?

No quedaría muy vistoso, pero no sé si es un recuerdo de familia.

-No te molestes, es horrible.

Al vertedero.

-Dios santo, pero ¿qué ha ocurrió?

-¿No escuchaste el escándalo de anoche?

Debes ser el único que no lo ha oído en toda la finca.

-Estaba cansado y, mi dormitorio está más alejado.

Más misterio tiene que tú, que te jactas

de tu buen oído,

no salieras ni me advirtieras.

-Tuve miedo.

Samuel parecía la mismísima furia hecha persona.

Debemos tomar cartas en el asunto, Jaime.

Es nuestro hijo y sufre.

-Mi hijo.

-Tú hijo, sí, pero no es momento de sutilezas.

Lo quiero como propio y, me inquieta.

-Deje, señor, yo se lo alcanzo. -Gracias.

¿Qué pudo enajenado

de esta manera? ¿Qué está pasando con mi familia?

-No puedo contestar a eso,

pero sí especular sobre los motivos

de la vehemencia de Samuel.

No estoy segura, pero

quizá tenga algo que ver con esos mineros

que se dirigen hacia aquí

con aire de revuelta.

-¿Cómo se te puede ocurrir pensar que una simple protesta

de unos mineros

puede enajenar a mi hijo así? -No me has dejado terminar.

El movimiento en sí no turbaría a Samuel de esa manera,

pero... sí podría encresparle el dirigente de la horda.

-Diego.

-Exacto.

Imaginar a Blanca y a Diego juntos de nuevo,

podría ser motivo suficiente para la cólera de Samuel.

Es un hombre justo y paciente,

lo ha demostrado, pero todo tiene

su límite.

-Pobre Samuel.

Toda su bondad, su inteligencia, todo él...

amenazado por su inseguridad,

siempre sobrepasado

por su hermano, condenado a ser su sombra.

-No te atormentes, Jaime. Has sido un buen padre,

ambos lo reconocen y te quieren.

No es tu culpa que Samuel sea desgraciado

y, mucho menos, que haya tomado

la deriva de la violencia.

Has de hablar con Samuel largo y tendido,

sácale del pozo en el que está cayendo.

-Lo haré, no lo dudes. Y desde luego, a no tardar.

Buenos días, doña Susana.

¡Qué tempranera!

"Entoavia" está el gallo cantando y, ya está usted a la tijera.

-Dile a doña Celia que bien lo siento,

pero hasta la noche no tendré el vestido.

-¡Que no, que se lía usted!

No me manda doña Celia, Esta vez, venimos "pa" nosotras.

-Para vosotras, ¿qué?

-¿Qué va a ser en una sastrería? ¿Ruedas de carro?

(RÍE)

Queremos que nos preste consejo y alguna ayuda en la confección.

-Alto ahí, que mi comercio es de alto copete

y, no acostumbramos a vestir mucamas.

-Ya se lo había dicho yo a la Lolita,

pero verá usted,

doña Susana, es que recaso

y mi "marío" quiere una reboda por "to" lo alto.

Pero si está usted "ocupá"...

-Quieta "pará",

que doña Susana no se sabe toda la historia.

Don Antoñito Palacios, que, como a usted le sonará,

es mi "prometío", se ha "ofrecío" a pagarle el traje al novio.

-Y ya vislumbrará usted que, si el novio va de punta en blanco,

nosotras no podemos aparecer con los mandiles.

-Sobre "to" ella, que va del brazo del mozo galán.

Solo queríamos que nos obsequiara con unos patrones,

"pa" que la mendas se puedan coser dos sayos con estas manitas.

-Y si tiene unos retales cogiendo polvo...

-¿Os habéis creído que mi firma es un barracón de la caridad?

Si tan generoso es tu Palacios, que le paga el traje al novio,

podía estirarse y pagar vuestro atuendo.

-Mi novio es más generoso que el escote de un artista,

pero, al contrario que otras,

una no es de las que se aprovechan de los dineros.

Vámonos, Casildilla, que aquí está "to" el "pescao" "vendío".

-O sea, que Martín quiere darte una jornada que no olvides en la vida.

Casilda, sabes que te tengo en alta estima.

Y debes ser muy buena cristiana

para aguantar tanto tiempo a tu señora.

-¿Casilda? Es más fiel que un perro "capao". Con perdón.

-"Pa" chasco que sí.

-Y Martín es cumplidor como el que más.

Creo que tengo por ahí

a medio componer el ajuar de una novia que dejaron plantada

en el altar con dos palmos de narices.

-¡Ropajes de novia y todo, Casildilla!

Nosotras nos conformábamos con atavío de calle.

-Parece que no te hace gracia, Casilda.

-Es que...

si a esa novia la dejaron "plantá" frente al retablo,

"pos" me da mal fario.

-Eso no te va a pasar a ti, que ya estás casada.

-En eso tiene razón. -No se hable más.

Creo que lo guardo en casa.

Esta tarde lo traigo y te lo ceñimos,

que puede que con tu talla nos dé algo quehacer.

Pásate al caer la noche.

-¡Gracias, doña Susana!

De corazón, ¿eh?

Y, vamos, qué le voy a decir,

que me voy a saltar el protocolo, déjeme usted darle dos besos.

-Dichosa tú, que puedes casar dos veces sin haber perdido a tu marido.

Pero de ósculos nada. Cada una en su lugar.

-Pues "na", muchas gracias.

Usted me puede pedir a mí "to" lo que usted quiera.

Que quiere la luna, yo subo con una escalera y se la desciendo.

Muchísima gracias, doña Susana.

Le quedo muy agradecida. Gracias de verdad. De corazón.

Muchas gracias.

¿Todo listo para la boda, Silvia?

-Sí.

Solo falta la madrina.

He pensado en pedírselo a Celia.

Nos hemos entendido y, parece que me tiene aprecio.

-Aceptará encantada. -¿Y el padrino?

-Yo seré el padrino.

-¿Usted,

el padrino?

Qué sorpresa.

¿Y qué opina el general? -Le parece bien.

De hecho, fue idea suya.

-No tuvimos más remedio que aceptar su propuesta.

De lo contrario,

podría sospechar que algo no marcha bien.

-Eso demuestra que Zavala no tiene recelos sobre nuestra misión.

Por otra parte, no me cabe la menor duda

de que el coronel hará un magnífico padrino.

-¿Y tú, has encontrado a la persona que se hará pasar

por mi prima?

-Sí. Hay una agente de la policía secreta

de su majestad, que sería muy conveniente.

Está estudiando tu expediente para aprenderse de memoria

todos los detalles de tu vida.

-Silvia también debería saber la biografía de su falsa prima.

-Nos están enviando sus datos.

No tardarán en llegar.

También he organizado el envío a casa del general de una carta

desde París, en la que tu tía se disculpa

por no asistir a la ceremonia. Y, en nombre de sus padres,

pronto llegará un presente a casa del general.

Así que, ya está.

Todo listo, ya no hay marcha atrás.

Si los clientes siguen acudiendo así,

pronto tendremos ahorrado un pico.

-Esperemos que la marcha de los obreros no afecte al negocio.

-Cuánto más gente mejor.

Ponemos un puesto en la esquina y a sacar tajada de los peones.

-Su propósito es alterar el orden para que los patronos cedan.

Es posible que tengamos que cerrar.

-Y adiós ganancias.

-Pues más les vale no montar tumulto en nuestro local,

o se enterarán de quién soy yo. -Ya.

¿Todavía le dura el enfado?

-¿No le han enseñado que no se debe importunar a una señora?

Y no diga que sí, porque sería otra de sus mentiras.

-No soy el único que miente.

¿O esconder los sentimientos no es mentir? Tenemos que hablar.

-Perdone, pero me requieren propósitos más urgentes.

-¿Qué puede resultar más urgente que atender a su corazón?

Piense en ello.

Yo no me avergüenzo de amarla.

-Debo reconocer que es usted infatigable.

Déjeme ir. Voy a una reunión donde trataremos

la llegada inminente de los mineros.

-¿Ha adoptado su familia una postura?

Tienen mucho que perder.

-Yo no opino como mi madre, pero me desgarra la situación.

Por una parte, los intereses familiares;

y por otra, el progreso social.

-Debo reconocer que admiro su firmeza moral.

Intuyo que apoyará a los desfavorecidos.

-¿Y le parece mal? -No, al contrario.

Es admirable su toma de partido

por encima de los intereses económicos.

-Gracias.

-Eso significa que...

escucha usted la voz de su conciencia,

cosa que me da ánimos. Sé que en el fondo

de su corazón usted siente algo por mí.

-Lo siento, pero no tengo ganas ni tiempo

de escuchar sus requiebros y ficciones.

Le agradezco que haya aceptado nuestra invitación a esta reunión.

Bien sabe Dios que, como propietarios,

nos urge ayuda legal.

-Así es. En el "college" nos enseñaron que siempre,

indefectiblemente, en los conflictos laborales y sociales subyace

la necesidad de una reforma legislativa.

-Es un honor que soliciten mi consejo.

Espero serles de ayuda.

-Tendrá muchas oportunidades de ayudar.

Nos gustaría conocer las informaciones

que manejan las altas esferas políticas.

-Y para eso

es necesario la camarilla del marqués de Viana,

donde dicen que usted se maneja como Pedro por su casa,

por no decir como Pedro por su palacio.

El marqués y su gabinete están alarmados

por el cariz que toman los acontecimientos.

El conflicto lo convierte en un asunto de estado.

-¿Hay alguna una posición unánime sobre las medidas a tomar?

-Todavía se discute,

pero, al parecer, el gobierno se decanta por utilizar la fuerza,

y de paso, descabezar el movimiento.

-Disculpen el retraso. Fabiana me ha dicho que habían empezado.

Don Felipe, he llegado a tiempo a escuchar lo último que ha dicho.

No puedo estar más en desacuerdo con la posición gubernamental.

La fuerza solo nos llevaría a un enconamiento del conflicto.

-¿Propone que cedamos a las reivindicaciones de esos exaltados?

-Naturalmente que no. No a todas.

Pero de eso se trata, ¿no?, de hablar y negociar.

-Di que sí, que hablando se entiende la gente.

-¿Negociar, dices? ¿Acaso hemos tenido pocos

parlamentos?

Te recuerdo que tu querida madre y don Ramón enviaron a Diego Alday

en calidad de negociador. ¿Te recuerdo el resultado?

-La Guardia Civil trunco esas negociaciones.

-Cuando habían degenerado ya los primeros tumultos.

Ahora trasladarán el motín a la ciudad,

¿propones que lo consintamos con los brazos cruzados?

-Leonor, no tengo que recordarte

que han amenazado a los dueños de las industrias y, que tu madre

es uno de ellos.

Por desgracia,

tú también estás en peligro. -A ver,

no quiero que se me malinterprete:

estoy en desacuerdo con la actitud de los obreros,

pero ¿quiénes empezaron con la violencia?

-Esto es inaudito. ¿De qué parte estás?

-De la del sentido común.

-Por mucho que me repugnen los ataques al orden público,

comprendo a Leonor.

Nosotros perdimos la razón en el mismo momento

en que se utilizó la fuerza.

-No, don Ramón, tenemos que ser firmes y luchar.

La información recibida indica que los próximos altercados serán aquí,

frente a nuestras casas.

-¡Ramón, esto es una pesadilla!

-¿De Diego se sabe algo?

¿Viene en la marcha de los obreros?

¿Te ha dicho algo? -No, señora.

Tal y como usted me pidió, he tratado de sonsacárselo;

primero de forma casual y, después, preguntándoselo directamente,

pero no ha habido manera.

-Raro que no quiera desahogarse

después de la escena que montó anoche su marido.

-Está aterrada, señora.

-¿Así te lo ha confesado?

-Me ha preguntado si don Samuel estaba en casa

y, al contestarle que estaba trabajando en el despacho,

me ha pedido que le llevase el almuerzo a la habitación,

y que les dijese que no se encuentra bien.

-Bien sabe dios que no me gusta inmiscuirme en los asuntos

de ningún matrimonio, pero Blanca y mi yerno no me dejan otra opción.

Por sí mismos son incapaces, incluso de convivir.

-Con su permiso, señora,

¿está usted inquieta por su entrevista con el señor Riera?

No sé, la he notado algo afligida desde ayer.

-¿Desde cuándo te atreves a hacer preguntas tan directas?

-Lo siento.

Me preocupo por usted y, a veces se me olvida...

-¿El respeto que me debes?

Pero voy a satisfacer tu curiosidad.

Riera tiene un encargo que no acaba de realizar.

-Podría ayudar yo.

Mi memoria...

Hay cosas de mi pasado que necesito aclarar.

Y Riera tiene que ayudarme en eso.

Quizás... -Puedes retirarte.

Puedo hacer maravillas, pero no milagros.

Hubiera sido más apropiado

que trajera el vestido

con el que combinará el tocado. -No.

-Dígame al menos el estilo, el color,

el género con el que está hecho.

-Es beis, es de seda.

Tiene algo de vuelo. Es un estilo parisino.

-¿En qué ocasión pretende vestirlo?

-En mi boda. -¿Cómo?

¿Casa usted?

-Sí, dentro de dos días. -¡Ave María purísima!

¿Y está usted aquí, tan tranquila?

-Discúlpeme si no estoy agitada a su gusto.

-No es por eso.

Es... ¿No estará usted...? Ya me entiende.

-¿Contestaría usted a eso? -Yo jamás quedaría...

Jamás.

No es usted quien me escandaliza, es este siglo.

Obreros a la greña, bodas rápidas...

-Perdóneme, señora.

Pero soy mayorcita para aguantar moralejas.

Solo quiero un tocado.

Puedo ir a otro sitio.

-No, no, perdóneme.

No pretendía ofenderla.

Es que una, como usted, va cumpliendo años y...

Bueno,

¿no le da pena casarse con un vestido

ya usado? -No tengo tiempo

para otro. -Qué torpe estoy.

No le he preguntado por el feliz novio.

-El general Zavala.

¿Lo conoce usted?

-¡Naturalmente!

Es un hombre apuesto.

De valor y fama reconocidos.

Ahora sí puedo ofrecerle una solución indumentaria.

No lo habría hecho de casarse usted

con el coronel Valverde, como me temía.

-¿De qué solución me habla?

-Puedo ajustarle a sus medidas un vestido de novia

que tengo en el taller.

-Perfecto.

-En usted,

lucirá infinitamente mejor que en la...

Bueno, que en la persona para quien lo había traído.

Toque, toque.

Es seda finísima.

¿No le gusta?

-Sí.

Es perfecto.

-Pues pásese.

Le tomo medidas y se lo ajusto.

Padre.

¿Qué hace ahí?

Siéntese o lea algo, manténgase ocupado.

-¿Vas a salir?

-Sí, tengo un compromiso.

-Samuel, no he querido importunarte,

pero yo esto no lo puedo postergar más.

-¿El qué?

-Tenemos que hablar sobre tu comportamiento de anoche.

-Ya.

Me siento muy arrepentido.

Y siento haberle preocupado, pero debo marchar.

-Hijo, necesito saber qué te aflige para poder ayudarte.

-No quiero darle más vueltas. No quiero hablar.

-Soy tu padre, estoy de tu lado.

-¿De veras?

-Samuel, ¿por qué tienes miedo?

-¿Qué sabrá usted?

-Hay que estar acobardado para actuar como tú.

-Yo no le temo a nadie. ¿Me oye usted?

Y no insista más, por favor.

-Si temes la vuelta de Diego con esos mineros, tranquilo.

Él no va a luchar por Blanca, decidió liberarla.

Pase lo que pase, tú vas a mantener a tu esposa

y a tu hijo.

-¿No debo temer?

¿No luchará?

Mantendré a mi esposa a mi lado.

¿Se ha escuchado usted, padre? -Solo digo

lo que sucederá. -No,

dice que Diego podría hacer todo eso.

Y que mantengo a mi esposa porque me lo concede.

-No era mi intención decir eso, por favor.

Hijo...

-No ha comprendido lo menospreciado que me siento.

Samuel, el niño que tiene que aprender

del gran Diego.

-No, hombre, no.

Tú también tienes... -¿Yo también tengo qué?

¿Paciencia, por no decir cobardía?

¿Delicadeza, por no decir apocamiento?

-Samuel, no sigas por ahí.

Blanca te ha elegido a ti, se casó contigo.

Migajas, son las migajas de Diego.

Igual que su amor.

Siempre le prefirió a él.

¿Usted me quiere?

Claro que sí, pero nunca como a Diego.

-Te ruego que no sigas por ahí.

El despecho te está haciendo ser injusto.

-Hablamos de amor, no de justicia.

El amor está muy lejos de la justicia.

¿A usted le parece justo desvivirse por Diego?

-Lo que la naturaleza le exige a cualquier padre.

-No me haga reír.

¿Le exigiría lo mismo si yo fuera el desahuciado?

Si yo me estuviera muriendo, sería una desgracia, sí,

pero una desgracia inevitable.

-No, hijo, no.

Yo moriría para que tú pudieras seguir viviendo.

-No le creo, padre.

Ya no.

Pero sepa usted una cosa.

Le juro que le demostraré a todo el mundo que yo soy un hombre.

¡Un maldito hombre!

Ya sabes, si alguno de tus compañeros

tiene también una necesidad, yo estoy aquí todo el día.

-¿En qué tratos andas con ese ganapán?

-No seas metomentodo. Me acechas como una esposa al uso.

-Menos guasa. ¿Qué le has vendido?

-Nada, unas herramientas que necesitaba.

Es forastero y se había olvidado sus herramientas en su pueblo.

-Ya.

Pues tenía pinta de no haber visto el agua en una semana.

¿No será uno de esos obreros...? -¡Sí!

Es uno de esos anarquistas.

Tampoco hace falta que lo pregones.

-¿Es uno de esos? Pero ¿tú te has parado a pensar

en que las herramientas las utilizarán para atentar

contra los señores, que es con lo que han amenazado?

-Flora, nos dedicamos al estraperlo.

No puedo preguntar a cada cliente.

Y, si no lo hiciera yo, lo haría otro.

-Tú has dicho que por ellos tendríamos que cerrar el local.

¿Y ahora les ayudas?

-Lo hago por dinero, un dinero que también es tuyo.

Leonor me ha abierto los ojos.

Y esa gente no es el lobo feroz.

Luchan por el pan de sus hijos.

-¿Te estás escuchando?

Es nuestro pan el que está en riesgo.

Pero te lo ha dicho tu querida Leonor...

Si Leonor te dice que te tires

a un pozo, ¿pegas el salto o qué? Pues lo de tu Leonor

se va a acabar. Se tiene que acabar.

Perdona por haberte hecho esperar.

Me alegra mucho que hayas venido.

-No es una visita de cortesía.

(Cierra la puerta)

Quiero saber si Diego viene con esa columna de mineros.

-No lo sé.

De verdad.

Ya es hora de que te apees de esa actitud hacia mí.

Ni estoy en contacto con Diego

ni he hablado con ese animal de Ribau.

-No es momento de mentiras.

Necesito saber las intenciones de los huelguistas.

Estoy de parte de ellos, pero protejo a mi familia.

Si Diego te ha dicho algo... -Ya es suficiente.

Leonor, me ofendes.

Y me duele.

Yo no traicioné a los obreros para salvar a Diego.

Tengo el alma en vilo.

Pero yo no he provocado nada.

Yo no hablé con ese hombre.

-Liberto te cree, pero yo no soy tan fácil de engañar.

¿Estás siendo sincera?

-Por supuesto que te estoy siendo sincera.

¿Por qué no iba a serlo?

Leonor,...

somos amigas.

-Lo siento.

Lo siento.

Todo esto me está rompiendo por dentro.

Y yo no quería que le pasara nada malo a Diego.

Pero tampoco quería que atraparan a los mineros.

Y ahora estoy a favor de los huelguistas.

Pero la gente cree que estoy vendiendo a mi familia.

-Ven.

¡He echado tanto de menos tu compañía!

Siéntate conmigo.

-Aun disgustada, estaba preocupada por ti.

¿Cómo estás?

¿Samuel se mantiene sereno?

No intenta nada, ¿verdad?

(Pasos)

-Vaya, Leonor, ha hecho usted el milagro.

Blanca no había salido en todo el día de su habitación.

¿De qué hablabais?

-De cómo se encuentra la futura madre.

-¡Ah! Por ahora bien, ya te lo habrá dicho.

Pero no será así si no sigue las indicaciones del doctor.

Le ha recomendado aire y caminar.

-Iré a pasear con Leonor.

-Mejor vienes conmigo.

Oh, déjame presumir de mi futuro nieto.

No te importa, ¿verdad, Leonor?

-No, claro que no.

Pues porque doña Susana es una siesa.

Si no, yo le habría plantado un par de besos

como dos sellos.

¡Ay!...

¡Me voy a ver tan bonita y luciendo palmito con un vestido de novia!

-Yo no es por echarte un jarro de agua fría,

pero que se te quiten las ilusiones.

Yo no soñaría con presumir por el barrio.

Los huelguistas tomarán las calles.

-Anda que no es gafe tu jefe, Martín.

A saber dónde están los huelguistas en dos semanas.

-Eso me gustaría saber.

Pero estos, capaces son de alargar el conflicto.

Anda que no son cabezones ni nada.

-Os estábamos buscando, parejita.

-Don Antoñito, respóndame.

Los alborotadores, como los llama doña Rosina,

¿sabe usted si se podrán tirar 15 días

haciendo de su capa un sayo?

-Esperemos que no, mi padre y yo

intentaremos llegar a un acuerdo. -Dios lo quiera.

¿Para qué nos buscabais?

-Antonio y yo hemos estado dándole a la húmeda.

Y se nos ha ocurrido...

que podríamos ser vuestros padrinos.

-Ay, pues mira, esto me sabe muy malamente,

pero no va a poder ser.

La primera vez que nos casamos,

el padrino fue el Pablico, en paz descanse,

y la madrina fue la señorita Leonor, que sigue viva.

-Pues vaya.

Mira que tenía yo ganitas de acompañarte.

Pero Antoñito todavía sirve.

¿No? (CASILDA) Ay...

-Pues mire que lo lamento, señorito.

Pero elegir el padrino es cuestión del novio.

Y había pensado, espero que no le moleste, pedírselo a Servando.

¿Acepta usted, jefe?

-¿Yo?

Pero ¡eso es un honor! Yo mismo hubiera postulado por mí.

Pero sigo el consejo de mi madre:

que no hay que presentarse voluntario ni para el rancho.

¿Yo tu padrino?

-Se lo merece, patrón.

Por el frío y el calor pasados juntos y por sus consejos.

-Más por los consejos, porque la faena...

-¡Déjate ya esas cosas

en estos momentos tan emotivos!

¿Yo tu padrino? -¿Qué hace?

¡Quite, que huele

a chorizo!

No le importa, ¿verdad, señorito Antoñito?

-No, te voy a regalar el traje del novio,

pero lo acepto con deportividad.

Y Servando será un gran padrino.

A lo mejor hasta lo elijo yo para mi boda.

-¿Qué?

-¿De veras? -No, es broma, Servando.

Broma, a Martín.

-¡No, Servando,

pare ya, por favor!

No sé qué decirle.

¿Madrina yo?

-Bueno, no será una ceremonia muy pesada

ni una celebración en toda regla.

A mí me encantaría tenerles a don Felipe y a usted a mi lado.

-Sobran las explicaciones, acepto encantada.

¿Y quién hará de padrino?

-Arturo Valverde.

-¡Uff!

No debe ser fácil pasar de novio a testigo.

-Supongo que no ha tenido más remedio,

se lo ha pedido el general Zavala.

-Supongo que también él habrá puesto las fechas

tan precipitadas. -Yo estoy de acuerdo.

A su edad, no resultaría muy natural un noviazgo largo.

No tenemos tiempo que perder.

-¿Y realmente está enamorada?

(Llaman a la puerta)

-Tengo que abrir, Lolita no está.

¡Don Arturo! -Buenas tardes.

Sé que la señorita Reyes está aquí.

¿Podría hablar con ella? -Pase.

(Campanadas)

Ya llaman a misa. Vamos.

-No me apetece, madre.

-Mujer, aunque sea para sentarte y descansar.

Y que no me escuche Susana hablar de la iglesia

como si de un banco de los jardines se tratara.

-Madre, es que no conseguiría concentrarme.

Y sí, lo que diría doña Susana

de quien atiende a misa como quien escucha hablar a un mueble.

-¿No te sentirás mal?

-No, madre, estoy bien.

Un poco harta ya de la gravidez. Quisiera que todo terminara mañana.

-Ay, las madres primerizas, la impaciencia.

Si todo terminara mañana, serías la primera en estar asustada.

-Más que probable, sí.

Vaya al sacramento, madre, estaré en casa.

Vendré más o menos en una hora.

Carmen, acompañe a la señora.

-Claro. Apóyese en mí, que bien se ve que necesita usted un brazo.

-¡Esperad!

Son alzados. -No pasará nada, madre.

Quédese tranquila.

-Carmen, acércate y husmea.

-Madre, ¿cree usted que pueden molestarnos?

-Cosas más raras se han visto.

Esos indios, una vez que se enreda la gresca, no tienen medida.

Van en busca de los Palacios, que son sus patronos, pero no hay

que correr riesgos.

-¡Vaya modales se gastan!

Pero no son peligrosos, solo quieren hablar con don Ramón.

-Hay alguno que, de hablar, nada.

Tienen la viva imagen de la fuerza de choque.

-Madre, no exagere.

No osarán agredir a dos mujeres.

No le serviría de nada

en sus afanes y se pondrían a la gente en contra.

-Id con cuidado.

Pero, escuchad, no tardará en haber una buena trifulca.

Mejor que no salgáis de casa.

No es molestia. Preparo el café en un momento.

Aunque no me va a quedar tan rico como el de Lolita.

-Gracias, doña Celia. -Gracias.

Pero ¿cómo puede ser tan imprudente?

Al general Zavala no le gustaría que nos viéramos.

-Poco me importa Zavala.

-¿Te has vuelto loco? Nuestra misión podría fracasar.

-Habrá otros.

-¿Qué pretendes, Arturo?

-Huyamos, Silvia, no te cases.

Dejemos atrás las intrigas.

Vivamos nuestra vida juntos.

-Gracias, le daré a mi madre los recuerdos de su parte

y le diré que se ha interesado.

-Con Dios.

-Bien poco le importa mi preñez.

Solo quería chismorrear sobre mi vuelta.

-No se haga usted mala sangre. Vayamos a casa, como dijo su madre.

(Discusiones malhumoradas)

-¡Ese es Ramón palacios!

¡Otro puerco explotador! -¡Que lo pague!

-¡Condenado canalla!

¿Quién ha sido el culpable? -Templa, hijo, templa.

¡Detente! ¡Alto, policía!

-¿Quién te has creído?

-Detente, Samuel.

-No, padre, somos tan resueltos como ellos.

No nos intimidan.

Tenemos resoluciones como ellos.

Mírame y dime quién es más hombre.

¿Eres más hombre que yo?

-¡Samuel, quieto!

Samuel, ¿se ha vuelto loco?

Temen que la policía intervenga,

pero pueden perder el miedo. -Yo ya lo he perdido, venid.

¡Ya veréis!

-¡Basta, es una orden! ¿Quieres que nos maten a todos?

¿Tu mujer tiene que morir

por tu obcecación?

-Vamos a casa, señora.

-Señores, cálmense.

Este señor no es Ramón Palacios. No es el dueño del yacimiento.

¿Me oyen?

Samuel, lárguese.

No empeore las cosas.

(LOLITA) No barras tanto. Se va a poner todo perdido

si hay jarana por las calles.

-Mi madre me dijo que, si hay jaleo, mejor que te coja limpio.

Aunque, con mi mala suerte, me va a dar igual.

Este follón va a fastidiar mi reboda con la Casilda.

-No seas cenizo.

Si aún quedan unos días y te ha salido todo rodado.

Para entonces, las aguas volverán a su cauce.

-La verdad es que tenemos la suerte de cara.

Antoñito paga mi traje, Susana le cose uno

a Casilda y doña Leonor se hace cargo del convite.

Hasta el más tonto se casa así.

Es una preciosidad, doña Susana.

Es usted una artista.

-Si tú lo dices...

-Yo creo que le va a tener que cortar un buen cacho

de largo y de ancho,

porque yo soy más corta que un suspiro.

-Pues no va a hacer falta.

-¿Cómo que no?

Si me lo pongo así, va a parecer que lo he robado. Sobra tela

para hacerle una camisa a mi Martín.

-Que no va a ser para ti, Casilda,

me ha salido un imprevisto y he tenido que venderlo.

No es fácil para él encajar los desplantes de su esposa.

Ni el santo Job aguantaría tanto.

Samuel ha soportado estoicamente lo que no está escrito.

Ha vivido el bochorno de que todo el barrio

te viera del brazo de su propio hermano.

-Le ruego que no continúe. -Acepta la realidad.

Él ha consentido que regresaras.

Ha aceptado tus condiciones y tú no le has dado nada.

-"En lugar de criticarme,"

debería agradecerme que le haya salvado.

-Hijo, sosiégate.

-Estamos intentando ayudarle.

-Flaco favor me hacen sacándome faltas.

Le he golpeado porque ha atacado a mi padre.

No veo que haya nada censurable en eso.

-Lo siento, Samuel.

Pero no tengo nada que agradecerte.

Y no me siento orgulloso de nada de lo que has hecho.

(SUSANA) "¿Ha recibido carta de Elvira?".

-No. No he tenido correspondencia suya.

-Pues me extraña.

Envié su carta junto a una mía y ya he recibido

la respuesta. Pensé que a usted también

le habría escrito.

-Tal vez no haya tenido tiempo.

-O no le ha perdonado aún.

(ÚRSULA) "Me he hecho con esta misiva"

que Diego ha escrito a Blanca.

He descubierto que se cartean.

-¿Nos permite?

-Prefiero hacerlo yo.

Hay pasajes muy privados y no conviene hacerlos públicos.

Iré directamente

a la parte que nos concierne.

(SUSANA) "¿Qué hacen

esos desalmados?"

Me va a oír

esa turba de desarrapados. -Nos están encerrando.

No haga nada, que nos matan. -¿Y qué hacemos?

Nos van a dejar encerrados a cal y canto.

-Ya se nos ocurrirá algo.

(ÚRSULA) La revuelta va para largo.

Ambas partes están soliviantadas.

-Rezaré para que todo se resuelva con bien.

-No creo que rezar sirva de nada.

-Con vuestro permiso,

voy a retirarme a descansar.

-Permanece en la mesa. Yo aún no he acabado.

(BLANCA) "Leonor, menos mal"

que te encuentro. Tengo miedo.

Samuel me inquieta más cada día que pasa.

-Se tiene que tener cuajo

para venir a pedir ayuda cuando me estás traicionando.

-Leonor, no... No te entiendo. ¿Por qué me hablas así?

-Te pregunté si sabías algo de los obreros,

si tenías noticias de Diego, y me dijiste que no,

que no tenías contacto con él.

-Porque así es, no he sabido nada de él.

-Blanca, para de mentirme.

Tu obsesión por ese hombre te hace olvidar a los demás.

(FLORA) "¿De verdad es tan peligroso abrir la terraza?".

Estamos perdiendo dinero.

-Tal y como están las cosas,

yo incluso les aconsejaría que se fueran a su casa.

Nadie sabe lo que puede llegar a pasar.

-¿Les puedo ayudar en algo?

¿Les apetece un café?

(ÚRSULA) "¿Por qué estás tan nervioso?".

¿Acaso temes lo que pueda pasar cuando llegue Diego

y se vean nuevamente cara a cara?

-Me arden las entrañas solo de pensarlo.

-Pues entonces debes hacerla tuya

antes de que llegue Diego.

Debes dejar bien claro quién manda antes de que pueda reaccionar.

¡Eres un hombre! ¡Demuéstralo! -"Me obligas a imponerme".

Y vas a ser mi esposa.

No seré indulgente mientras tú suspiras por mi hermano.

¿Adónde te crees que vas, eh? -¡Déjame! ¡Déjame!

-Te voy a hacer mía.

-Samuel, por favor.

(LLORA) ¡No! ¡No, Samuel!

¡Samuel, por favor!

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  • Capítulo 718

Acacias 38 - Capítulo 718

12 mar 2018

Blanca teme haber forzado mucho la situación con Samuel y que estalle. Jaime, animado por Úrsula decide hablar con su hijo, pero solo consigue que sienta todavía más celos de Diego. Al igual que Liberto regala el traje de Martín, Susana se ofrece para hacerle un vestido de novia a Casilda.

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  1. Alicia cruz rosa

    De verdad.ya no veo la novela como antes.No recuerdo haber visto una novela, donde una persona es mala.mata, como Ursula, sigue , sigue y no pasa nada.Estaria bien que otras personas, no crea en ella, que investigara, hasta que llegue el momento, de que querais que la descubra.Pero no ganar siempre ella y no pasa nunca nada.

    13 mar 2018
  2. Marilu

    Una de cal y una de arena respecto a Blanca: es verdad que Samuel la " ayudó " a liberarse de la tiranía de Ursula, esto porque mas allá de hacerle un favor se había enamorado de ella. , eso creo que llamó a engaño a Blanca respecto de sus sentimientos hacia Samuel, luego surgió el problema de salud de él y para cuya curación necesitaba de una operación a la cual Ursula se negó lo que hizo que Blanca propusiera el matrimonio para tener la potestad de decidir sobre la salud de Samuel, lo cual NO significaba que ella estuviera enamorada de él y luego aparece Diego, el que la encandiló y a pesar de todo, el enamoramiento de ambos, si bien " prohibido " fue inmanejable. Y si alguna crítica merece, ya tiene suficiente castigo con el alejamiento de Diego, el maltrato de Samuel, la mentira del suegro y, como siempre las atrocidades de su madre, con todo eso tiene bastante

    13 mar 2018
  3. Giada

    Pero lo que leo es real? Blanca esta engañada de parte de su misma madre que no para de hacerle trampas, ahora abusada mientras quasi da a la luz su hijo y leo que ella es egoísta y desagradecida?! No estaría casada con Samuel si no fuera para salvarle la vida! Se pasa su existencia en casa y es ella caprichosa? Por favor, despertamos! Una mujer que sufre violencia psicologicamente y ahora físicamente también y ninguno la defiende??! Nosotros sí que estamos en el siglo XXI!!!!!!

    13 mar 2018
  4. Avaler

    Que peligrosa es Blanca. Una mujer que aún para este tiempo sería una inmoral, irse con el hermano de su marido. Una vergüenza. Y todavía hecha la víctima. Y ni siquiera es hermosa, Samuel es más lindo que ella, además bueno, la protegió cuando ella era ultrajada por su propia madre. Si Samuel no le hubiera permitido volver a la casa quién sabe dónde estaría y trabajando de que para asegurarse el pan y no que acá está de niña hermosa.

    13 mar 2018
  5. Pepita

    ¿Podemos saber qué ha pasado con Rosina, qué han hecho con ella? ... ¿Rosina no estaba casada con un tal Liberto?, sí, un hombre más joven que ella que decía que la amaba con locura y que intentó olvidarla saliendo con la hija del coronel? ... luego volvió con Rosina porque decía que no podía olvidarla y se casaron en Salamanca. Hoy ha aparecido una escena en la chocolatería en la que la dueña (mujer casada) y un hombre parecido a Liberto (que dijo ser casado también) tenían un diálogo y un juego bastante raro. Claro de lo que estoy segura es de que no era Liberto porque el marido de Rosina no le hablaría así a una mujer que no fuera su esposa.

    13 mar 2018
  6. Maribel

    "Por una velada encantadora"... "y, ¿Rosina vendrá? bueno, su esposa de Vd" ... "pues, supongo que no y casi que hasta mejor" no me malinterprete, yo amo a mi esposa con locura, casi tanto o más que el primer día" ... "lo que pasa es que Rosina es "absorbente" y ahora "que está enferma requiere de mi presencia todo el rato" y la verdad, "necesito un descanso". "Espero que no le moleste a su esposo mi presencia aquí a "deshoras" ... "ah, y ¿en qué consiste ese cariño tan despegado? ... ¿y, a su señora no le molestaría "vernos así"? ... "No, Rosina es perfectamente consciente de su "intensidad" y de que los que la rodean "necesitamos un descanso" de vez en cuando". Que la chocolatera sea una "buscavidas" y esté yendo a llevarle dulces a Rosina (sabiendo que no puede tomarlos) hay que ser tonto para no ver lo que intenta y, lo que me gustaría saber es qué juego es el que pretende jugar Liberto con ella; ahora resulta que ama mucho a Rosina pero ha empezado a "darse cuenta" de que su esposa es "absorbente", que ahora que "está enferma requiere su presencia todo el día", que es "intensa" y claro, él necesita "un descanso", por éso necesita ir a la chocolatería a "deshoras", a tomar copas, a mirarla y sonreírle como lo hacía con Rosina. Nos presentaron a Liberto como un hombre único y enamorado y últimamente entre los amigos y los conflictos de la mina, no aparece con Rosina, así que no sé a qué descanso se refiere, bueno, sí lo sé y no lo soporto.

    13 mar 2018
  7. Marilu

    Vaya, vaya, el MACHO Samuel procediendo como un troglodita, cegado en parte por su inseguridad y las perversas costumbres " machistas" de otras épocas, y para colmo, secundado e incentivado por una mujer ( Ursula, cuando no ) Han pasado muchos años y esas perversas costumbres poco y nada han cambiado y sin querer defender al feminismo extremo, que también tiene sus " bemoles" mejor digo : /// NiUnaMenos !!!!! Párrafo aparte: Iñigo NO ME GUSTA PARA NADA

    12 mar 2018
  8. Lila

    La serie está fuera de contexto totalmente. Un poco más y se mandan "wathsapps". Blanca, en aquellos tiempos, era una adúltera que al abandonar a su marido por su cuñado hubiera sido repudiada en la sociedad, y no aceptada alegremente por sus vecinos como si del siglo XXI se tratase. Entre ella y Diego no hay química ninguna. Los actores están sobreactuados. Es una protagonista egoísta, caprichosa y desagradecida, que además va de víctima.

    12 mar 2018
  9. Defensor de la lengua

    Habéis usado la palabra "estraperlo" en dos ocasiones, y si no me equivoco, la palabra nació del escándalo de la ruleta "Straperlo", en época de la Segunda República. Sin embargo, hace pocos capítulos enseñabais un cartel en el que ponía "Carnavales 1902" ¿Acaso Flora usa un castellano adelantado a su tiempo?

    12 mar 2018