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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 715 - ver ahora
Transcripción completa

Necesito que Blanca no se afiance en el barrio,

que se sienta sola, que yo sea su único amparo.

-Tenemos que separarla de esas insulsas

que tiene como amigas.

No podemos consentir

que se apoye en ellas. -"He pesando mucho"

en su propuesta. Y sí,

sí quiero casarme con usted.

-Me hace el hombre más feliz de la Tierra.

-Ahora esa va a ser siempre

mi mayor ocupación. -"Diego y los obreros"

se refugiaron en unas cuevas de un monte cercano,

el Pico de la Cabra.

Todo para que la guardia no les detenga.

Ramón no avisará a las autoridades. Evitará más violencia.

-Sé dónde se esconden los obreros rebeldes.

Pero antes de decirle en qué lugar se encuentran,

debe usted prometerme algo.

Deben proteger la vida de Diego Alday.

-Debes entrar a la hora de la reunión

y conseguir toda la información que puedas.

¿Podrás hacerlo?

-Por supuesto que sí.

Al ver la cara de Tamayo, imaginé que algo se estaba cociendo.

-El pasaje que escribí, sobre el desierto del Gobi, es falso.

Su padre no ha estado allí, y usted muchísimo menos.

¿Cómo es que lo dio por bueno? ¿Por qué trata de jugar conmigo?

¿Qué sentido tiene mentirme? ¿Qué gana con ello?

-Proteger mi pasado.

Sabe que me incomoda recodarlos. -¿Todavía me sale con esas?

-Se refugiaron para evitar ser retenidos.

Lo sabíamos, pero decidimos no dar parte a las autoridades

para evitar más violencia. -Muy sensato.

-Sí, pero alguien ha dado el chivatazo a Ribau,

y este a los guardias. -"¡Fuiste tú!".

(BLANCA) ¿Por qué me acusas? ¿Qué ganaría yo con ello?

-¿Proteger a Diego? Es la única explicación posible.

Te pusiste nerviosa.

Y has utilizado a los mineros para que a él no le pase nada.

-¿Cómo puedes decir eso?

-¿Es que no me conoces? Sería incapaz de hacer algo así.

-Sabiendo lo que has hecho por Diego, lo dudo.

-"No queremos que se involucre"

en la operación, solo queremos información.

-Saldrá limpio

y con mucho dinero en el bolsillo. -¿Qué me dice?

-Necesito pensármelo.

-¡Ah! ¡Casilda, por favor! Qué manía con hacerme sufrir.

-Usted dirá lo que quiera, pero yo sé bien que eso es gota.

Como que mi tío Cosme,

que en paz descanse, la padecía.

-"Mátelo".

-No es necesario,

puedo... -¿No ha comprendido mi orden?

O lo mata, o habrá dos muertos.

-(GRITA)

Mi hijo...

(LLORANDO) Mi hijo...

Mi hijo no se mueve.

No se mueve...

¡Socorro!

¡Socorro!

(GRITA) ¡No!

-Blanca, ¿qué ocurre? Te he oído gritar.

-¡No late! ¡No late! ¡El niño...! -Tranquila, tranquila.

Solo ha sido una pesadilla.

-Todo estaba lleno de sangre, yo no sabía qué hacer...

-Chis... Pero ahora todo está bien. Todo está bien.

La criatura está bien.

¿Lo ves?

¿Más tranquila?

Yo cuidaré de ti. No permitiré que nada malo le ocurra.

Todo irá bien. Nacerá sano y feliz, te lo prometo.

Dios nos compensará todo lo que hemos pasado

con un nacimiento feliz.

Ya lo verás. Te lo juro.

-¿Qué haces?

-Lo siento, yo...

Estoy aquí para lo que necesites.

(Sintonía de "Acacias 38")

Qué historión esa de la ópera de la Carmen, me he quedado muerta.

-¿Le ha gustado? -¿Está usted de chanza?

Menuda llorera. ¡Qué dramón, qué gusto!

¿Y la escribió uno de Francia?

-Sí. Bueno, dos, Ludovic Halévy y Henry Meilhac.

La música fue de Bizet.

Esta ópera está basada en una novela que escribió Mérimeé en 1845.

-¿Y va de una gitana de Sevilla?

-Sí, aunque parezca raro.

La novela está basada en un poema ruso de Pushkin.

Y a ese poema lo llamó "Los gitanos".

-Cuánto sabe usted, parece que se haya tragado una enciclopedia.

Perdone mi ignorancia, es que yo no sé todo eso que sabe usted.

Va a pensar que soy tonta.

-No. Me alegra saber que lo poco que yo sé,

ayuda a los que no han tenido mis oportunidades.

-Hoy he aprendiendo más que en toda mi vida.

Dos noches más y me saco los estudios con nota.

-Bueno... (RÍE)

-Tiene suerte doña Rosina de tenerle a usted

contándole cosas tan interesantes. -No.

La suerte la tiene su esposo, por ser tan buena oyente.

Sabe prestar atención, a pesar de mi aburrido discurso.

-No, de aburrido nada.

Presto atención porque lo que cuenta es la mar de entretenido.

Ojalá mi esposo me llevara a sitios tan distinguidos y me ilustrara.

-Mi esposa no piensa igual que usted, es una mujer muy dispersa,

enseguida se aburre con mi verborrea.

-Me gusta su esposa, es tan vivaracha y alegre.

-Sí, lo es.

Doy gracias todos los días por haberla encontrado.

Es única, como ella no hay dos.

-Es usted un hombre generoso, don Liberto.

No todos los maridos dedican palabras tan bonitas a sus esposas

ni reconocen sus virtudes.

-Espero que su esposo

haga lo mismo con usted.

Es una mujer muy especial.

-Y de vuelta al tema,

¿por qué tuvieron que venir dos franchutes

a escribir sobre una gitana de Sevilla?

¿Por qué no lo hizo un sevillano?

Hice lo que tenía previsto.

Regresé a casa de Zavala a recoger los guantes

que había dejado olvidados allí a propósito.

-¿Y?

-Allí estaban, Tamayo y Zavala, reunidos, pero ni rastro de Velilla.

Salí del despacho, recogí los guantes y me quedé en el pasillo

tratando de escuchar lo que decían,

pero fueron precavidos. No soltaron ni prenda.

-¿Qué hiciste entonces?

-Engonces, Tamayo se percató de mi presencia en el pasillo.

Me echó bruscamente, estaba molesto con que yo siguiera allí.

No querría que me cruzara con Velilla.

-¿Y te cruzaste?

-Cuando salí de la casa,

aguardé escondida hasta ver qué sucedía.

Y apareció un hombre. Supuse que era Velilla.

-¿Iba con alguien? -Iba solo y andando.

Quizá llegara en carruaje

y le pidiera al cochero que lo dejara antes.

-¿Y entonces?

-Entonces, aguardé en la casa esperando a que saliera.

No fue por mucho tiempo. La reunión fue corta.

Salió Velilla, algo acelerado, y luego, Tamayo.

Tuve la impresión de que le estaba siguiendo.

-¿A Velilla?

-Iba detrás de él, sigilosamente,

y manteniendo una distancia prudencial.

-La reunión duró lo suficiente como para que a Velilla

le propusieran atentar contra el rey y este se negara.

Por eso salió corriendo de casa...

Por eso Tamayo lo siguió...

-¿Para tratar de convencerle? -En el mejor de los casos.

¿Qué hiciste luego?

-Nada.

Seguí tras ellos un rato,

pero creo que Tamayo se percató de mi presencia.

Me escondí y les dejé marchar.

No quise poner en riesgo

el operativo.

-Hablaré con los de arriba para decirles lo ocurrido.

No lo sé, pero creo que este hombre puede estar en peligro.

-Siento haber perdido al objetivo.

-No. Hiciste lo correcto dejándoles marchar.

Solo espero llegar a tiempo y que Velilla

siga vivo.

Ay, las flores...

-Uy...

¡Ay!

-Uy, doña Rosina, ¿qué hace fuera de la piltra?

-(BALBUCEA) ¡Nada!

-¿Qué lleva en la boca?

-Nada. -¿Qué es lo que tiene en la boca?

-(BALBUCEA) Nada.

Eso es un suizo, ¿no?

¡Y como mi cabeza de grande!

¿No le había dicho yo que debía hacer dieta?

¡Dieta y reposo, dieta y reposo! ¿No habíamos "quedao" en eso?

¡Si se ha comido la mitad de los bollos!

¡Hay que ver! No soy "naide"

"pa" decirle, pero, si no se cuida,

no se va a curar. -¡Solo me he comido uno!

¿Y qué si no me cuido? ¿Acaso no es mi problema?

Te pago para que me sirvas y me des todo lo que quiero.

-No, señora, usted se equivoca.

Me paga para que cuide de usted.

Y esto no es cuidarla, es ayudarla a espicharlas

e irse "pa" la tumba. -¡Pamplinas!

¡Verdades como puños, doña Rosina! Mire...

Esto, que no esto,

es lo que tiene que comer usted.

-¿Esta cosa tan sin gracia es lo que me traes para desayunar?

-Sin gracia no, sin sal. Es lo que ha aconsejado el matasanos.

-Como si lo aconseja el papa, no voy a comerme esto tan insulso.

Además, llévatelo, estoy llena.

-Yo voy a prepararle un remedio,

a ver si se le mejora el pie botijo ese,

que da una pena de verlo...

Ay, Dios mío...

-¿Qué haces levantada, cariño? ¿No deberías estar en la cama?

-En la cama me aburro.

-Pues has que cuidarte.

Al demonio con cuidarme.

Ay, yo lo que quiero es ir a la calle contigo,

dar un paseo por el parque.

¿Salimos a que el sol nos temple los ánimos?

-No, te vas a quedar descansando. Y no hay más que hablar.

-Entretenme al menos contándome lo de la ópera. ¿Lo pasaste bien?

-Estupendo. La ópera fue maravillosa.

Y la compañía de Flora, la verdad, muy agradable.

-Pásame un bollo. ¿Y por qué fue tan agradable?

-Porque Flora es divertida, locuaz, habladora...

No tiene ni idea de nada y lo pregunta todo.

Oye, tú no puedes comer bollos.

-Solo uno, es que no he desayunado.

-Solo uno.

¿Me lo prometes?

-Sí, por ti, que es lo que más quiero.

-Antes dame un besito.

-(RÍE)

(ÚRSULA) "Y tener pesadillas"

es normal. Son los miedos que una tiene respecto a su embarazo.

Son tantas las cosas malas que podrían sucederle a un niño...

Si una se pone a pensar...

-¿Si se pone a pensar en qué?

Imagínate,

podría nacer deforme, o con problemas de desarrollo,

podría nacer prematuro y morir a los pocos días,

o incluso peor... -¿Peor?

-Nacer muerto.

Pero, si tanto te inquieta, hay algo que podemos hacer.

-¿El qué? -Un ritual.

Sirve para evitar el aborto y proteger al niño,

ayudarle a que nazca con vida.

También para que, si ocurre lo peor,

Dios no lo quiera, el niño llegue sano y salvo al cielo.

Es algo muy común en algunos pueblos con las madres primerizas,

como tú, que tienen miedo.

-¿Y en qué consistiría ese ritual?

-Se llama bautizo prenatal.

Se echa agua de río sobre el pecho y la barriga de la embarazada,

pronunciado unas palabras

y encomendando el niño a Dios, nuestro señor.

-¿Y eso evitaría que a mi hijo le pasara algo malo?

-Cualquier cosa que se pueda hacer para evitar tantos peligros,

siempre es bueno.

Yo podría ser la madrina, si tú lo deseas.

Lo importante es que el alma de ese niño

no se quede vagando en el limbo.

-No sé.

No sé, madre, todo me parece extraño.

-Confía en mí.

Y en que el ritual sea del agrado de Dios, nuestro señor.

Ya verás...

como, una vez hayamos hecho el bautizo prenatal,

te sentirás más segura,

y esas pesadillas que te acechan durante las noches desaparecerán.

¿Le vuelvo a calentar el agua?

Quizá se haya enfriado.

-No, está bien así. Gracias, Agustina.

-¿Por qué no se acerca al mercado a por la compra

antes de que avance más el día? -Puedo hacerlo luego.

Me gustaría estar disponible,

por si algo se les ofrece. -No será necesario. Vaya ahora.

Estuve esta mañana hablando con Carvajal.

Me puso al día de lo que pasó ayer.

-¿Te lo ha contado?

Bueno..., entonces, esta visita

no tiene ningún... sentido.

-Acábate al menos el té.

Me pidió que investigue si hay conexiones militares

entre Velilla y Zavala, o entre Velilla y Tamayo.

Al parecer Velilla fue teniente.

-Carvajal está intentando localizarle por todos los medios,

para protegerlo,

si es que aún vive.

Sin embargo, Velilla hoy no se presentó

a su puesto de trabajo.

La Casa Real ya ha levantado las alertas,

ese hombre es una pieza fundamental en la seguridad del Rey.

-Lamento oír eso.

-Buscamos adelantarnos a los acontecimientos,

pero en esta ocasión

pare que... no lo hemos logrado.

Hay indicios claros de que Velilla podría estar muerto.

¿Te ocurre algo?

-Estoy empezando a darme cuenta de lo peligroso que es todo esto.

-¿No te habías dado cuenta hasta ahora?

-Si te soy sincero,

realmente no.

¿Te das cuenta con qué clase de hombres te estás mezclando?

-Sí, por supuesto.

Con hombres capaces de jugársela con tal de matar al rey

y a cualquiera que se interponga en sus propósitos.

¿Estás preocupado por mí?

-He de reconocerte que sí.

-Pues no lo hagas.

Primero, porque no es la primera vez que me veo en estas circunstancias.

Y, segundo, porque tú y yo no somos nada más que compañeros de trabajo.

¡Martín! -(ASUSTADO) ¡Ay!

-Pero, bueno, ¿y esa cara?

Ni que hubieras visto un ánima. Soy yo.

-Hola, canija. -¿Qué haces aquí a estas horas?

-¿Yo? Pues... he venido a cambiarme la camisa,

que está sucia de hollín.

-Ah.

¿Qué es lo que te pasa a ti? Últimamente estás más raro

que un perro verde. -¿Yo?

-¡No, mi prima la del pueblo! ¿Qué es lo que me estás ocultando?

-¿Cómo te voy a ocultar yo nada?

-Martín, que tú y yo nos conocemos.

No sabes mentir. Cuéntame lo que estás ocultando.

-¿Yo? -(ROSINA) ¡Casilda!

-¡Ay, Dios mío, ya estamos con las voces!

¿Qué querrá ahora esta mujer?

¡Ya voy, doña Rosina!

Me marcho, está insoportable con lo de los ataques de gota,

pero luego me lo vas a contar "toito", al dedillo.

Hale.

-Te quiero.

-(SUSPIRA)

-(RESOPLA)

Martín...

-¡Ay! -(SORPRENDIDA) ¡Uy!

Pero ¿pasa algo? No tienes buena cara.

-Hola, doña Leonor. Solo un poquillo de nervios.

¿Tiene un minuto? Venía buscándola a usted.

-Claro, ¿qué ocurre? -Verá...

Necesito que me ayude con algo muy muy importante.

-Sí... Sí, por supuesto. ¿De qué se trata?

-Pues verá...

-¡Ay, me estás asustando! -No, no, no se asuste.

Es cosa buena y motivo de alegría.

Pero, eso sí, es secreto secretísimo.

No se lo puede contar a nadie,

ni bajo amenaza de muerte. -No.

Anda, siéntate.

-(AMBOS CARRASPEAN)

Verá, doña Leonor, como bien recordará,

mi boda no fue precisamente un cuento de hadas.

Ella llora que te llora,

yo encerrado..., en fin, un desastre.

Y es por ello... que había pensado pedirle matrimonio nuevamente.

-Martín..., pero si es un detalle precioso.

-Sí.

Pero hay un problema.

Con todo lo que faena mi canija,

y más ahora con su madre convaleciente,

no tiene ni un minuto libre para que pueda sacarla de aquí

y darle una sorpresa.

-Ya.

¿Y qué quieres que haga yo?

-Interceda con su madre, que le dé un rato libre a mi Casilda.

Y que le pueda organizar la sorpresa

y una pedida de mano como ella se merece.

Ya sabe que Casilda es mi luz, mi ángel,

y mi salvación. ¿Cree usted que será posible?

-Claro que sí, Martín. Tú no te apures.

Conseguiré ese ratito para ti y para Casilda

Y voy a hacer

algo más. -¿Algo más?

-Sí, y es algo que hice por Víctor y otros amigos míos.

Te voy a escribir unas letras para que la pedida sea más especial

y más bonita. -Muchísimas gracias, doña Leonor.

Ya sabe lo importante que es esto para mí.

-"¿Y se enfadó?".

¿Otra vez? -Sí, otra vez.

Ya no sé cuántas van. -¿Y por qué? Si se puede saber.

¿Qué le has hecho esta vez?

-Nada le hice, lo juro. -¿Y por qué se enfadó?

-Sigue empeñada en escribir sobre César Cervera

y se enfada porque no quiero ayudarla.

-O porque le cuentas mentiras, embustes y patrañas.

No podéis seguir así, parecéis el perro y el gato.

Invéntate algo ya. -No sé qué inventarme

que no me haya inventado ya. -Dale al magín.

No quiero que todo se vaya al traste por culpa

de ese libro del demonio. Has de hacer algo.

-Me gustaría arreglarme con ella.

¿Acaso crees que no lo deseo?

Lo mejor será concentrarse en el negocio y en mi esposita.

Ya vendrán tiempos mejores.

-Eso, eso es lo que debes hacer.

A ver si te enteras ya de una vez.

Y vente con Liberto y conmigo la próxima vez.

Lo pasamos genial.

-¿De verdad? -Y tan de verdad.

Cuando se mejore Rosina, podríamos ir al teatro juntos.

-¿Al teatro? No trago a los comediantes.

Son unos farsantes.

-Mira quién fue a hablar. ¿Y qué somos nosotros?

Ojalá te parecieras a Liberto. No sabes lo mucho que sabe de todo.

Llegué a emocionarme con los trinos de los operistas.

-¿Tú? -Sí, yo.

Me gustó mucho. -¿La ópera?

-La ópera, el paseo, las conversaciones,

codearme con gente de postín y ralea...

-(RIENDO) Me puedo imaginar lo que entenderías tú de la ópera.

Conociéndote, seguro que te levantaste

y te pusiste a bailar y a dar saltos. -¿Cómo voy a hacer eso?

-¡Cómo si lo viera!

(RÍE)

-¡Anda, cállate!

-(RÍE) -¡He dicho que te calles!

-Ay...

Menuda la que nos ha caído encima.

-Casilda, ¿qué ocurre?

-Nada, la madre de usted. No hay manera de que se esté quieta,

y eso que le han dicho que esté con el pinrel "parriba"

-Ya, ya sabes cómo es. -¡Uf! Además, ¿sabe una cosa?

Se ha "comío" media docenas de dulces.

Tiene más hambre que un ejército de soldados.

-De verdad, es una pésima enferma. Nada, tú ármate de paciencia.

No, si paciencia tengo mucha,

pero luego se pondrá peor y me echará una regañina.

Quién paga el pato soy yo.

Por cierto, ¿se ha marchado ya el cabra loca

de mi marido?

-Eh... No sé.

Supongo que estará en Acacias.

(SUSPIRA) Y yo que quería hablar con él.

Habrá cogido las de Villadiego para no dar la cara.

-Tendría cosas que hacer.

-¿Sucede algo?

-Es lo que me gustaría averiguar a mí.

Últimamente está más raro que un perro verde.

-Mujer, no seas exagerada.

Si Martín es un trozo de pan.

-Ay... -¡Mírala!

¡"Levantá" otra vez! A ver,

¿no le ha encargado el matasanos inmovilidad absoluta?

-(RESOPLA)

No aguanto más tumbada y sola.

Si estuviera Liberto, sería otra cosa.

Anda, tráeme algo de picar.

-Si se ha puesto morada hace "na". -¡No digas tonterías!

Hazme un té... y algo que le acompañe.

-Una manzanilla y de picar "nanai".

-Ha perdido el oremus.

Se cree que estoy fatal, y no es para tanto.

¡Ah! -¡Ah!

¡Ay, madre, por el amor de Dios! Siéntese.

Siéntese... -¡Oh!

Madre,

tiene que dejarse cuidar.

Escúcheme, a partir de ahora

va a seguir todas las instrucciones de los médicos.

Y no se va a saltar ni una.

-"Me resulta difícil entender"

cómo han obtenido esa información.

-Sí, la verdad es que es realmente sorprendente.

(Puerta y pasos)

-Con su permiso, señor. -¿Caballeros?

-Buenos días. -Buenos días.

-Fabiana me avisó de que usted tenía noticias sobre el yacimiento.

-Me temo que así es. -Bien, ¿qué ha ocurrido?

-Pasen y siéntense, por favor.

-¿Le importa que se quede Samuel? -No.

Además, las noticias le conciernen a él.

A su hermano Diego, concretamente. -¿Qué ha pasado?

-Gracias, Fabiana.

Traigo nuevas noticias acerca del conflicto en la mina.

-¿Ha mejorado?

-Todo lo contrario, los ánimos cada vez están más caldeados.

Pero se ha confirmado que Diego ha salido ileso de todo eso.

Se encuentra bien. -Gracias a Dios.

-Y se ha confirmado lo que sospechábamos: quién es

el autor del chivatazo a los guardias.

-¿Quién? -El empresario Jerónimo Ribau.

-¿Se puede saber

cómo conoce ese hombre la ubicación exacta de los obreros?

Mira que no traerme unas tristes pastitas

para acompañar el té...

-Madre...

-Hale, doña Rosina, a la alcoba, a poner el pinrel en alto.

-Qué cansina estás, Casilda.

Te hago caso por no oírte.

¿Y tú qué estás escribiendo? No me has dado ni una piza

de conversación. -Nada.

Son ideas sueltas.

-A ver... -Madre, por favor...

-"En la vida no hay nada más importante que el amor".

¡Qué bonito!

¿Estás escribiendo una novela romántica? ¿Es eso?

-Que no. Son solo notas, por si algún día las desarrollo.

-Vaya.

Creía que habías dejado lo de César Cervera y era...

una novela romántica. -Venga, señora.

-Tendrías que escribir una, se venderían como rosquillas.

-No sé yo. -Que sí.

La gente está harta de historias aburridas.

Quieren emociones, amores imposibles que les cautiven,

que les hagan sentir lo que no tienen en sus vidas.

-Bueno, madre, parece usted la propietaria de una gran editorial.

-Bueno, señora, ¿la llevo o qué? -Lo veo claro.

Tienes que escribir una historia distinta a todas.

Claro, apasionada,

arrebatadora, donde la protagonista sea una dama de la alta sociedad.

-Ya estamos.

-Sí, esa dama...

tiene que ser bella y carismática,

lozana todavía, aunque ya madura,

y viuda, aunque sigue atrayendo a los hombres.

¡Y propietaria

de su propio...! -¿Yacimiento de oro, doña Rosina?

-Estaba pensando algo distinto. Pero puede valer.

Esa mujer sería famosa porque todos los hombres

caen desmayados a sus pies.

Y, entre todos, escoge a un joven apuesto

con el que vivirá grandes aventuras. -Grandes a venturas.

Sí, ¿sabe usted lo que es una gran aventura?

Tener el dedo gordo hinchado como una morcilla de Burgos.

Por favor, que está contando la historia de usted,

solo que sin príncipes ni duques.

-Qué raro que te hayas dado cuenta.

Aún no había contado lo de la impertinente criada

de la protagonista.

-Ah. Nada, venga, doña Rosina,

hale, a reposar a la alcoba. -Eso, madre.

Hágale caso, vaya a descansar.

-Vale. Si no te interesan mis ideas,

sigue tomando notitas para novelas aburridas.

Se venderán mucho.

Le quitáis a una las ganas de todo.

(SUSPIRA)

Silvia...

Qué alegría verla.

Hacía mucho que no la veía por el barrio.

-Vengo de visitar a don Arturo.

-¿Al Coronel? -Sí.

Hemos roto relaciones, pero ahora somos buenos amigos.

Vaya, lo siento, es que...

Al ver su anillo de compromiso, pensé que se habían reconciliado.

Es precioso.

-Me lo ha regalado el General Zavala, ¿le recuerda usted?

-Sí, recuerdo su eventos benéficos.

-Ahora estamos de relaciones.

-¿Y se han comprometido ustedes?

¡Vaya! Celebro el buen gusto del general Zavala.

No solo por la joya, sino también a la hora de escoger esposa.

¿Y cómo lo ha encajado Don Arturo?

Supongo que no habrá sido plato de buen gusto.

No es que sea un hombre de expresar sus sentimientos,

pero recuerdo cómo la miraba, estaba enamorado.

-Bueno, sus sentimientos han cambiado.

Pero está bien. De hecho, fue él quien nos presentó,

al general Zavala y a mí.

-Siempre he pensado que ese hombre era posesivo y celoso.

Me alegra saber que las personas pueden cambiar.

-Sí, sí que cambian.

Y mucho.

Y, ahora, si me disculpa, tengo un compromiso importante.

Debo marchar. -Claro.

-Me alegro de verla.

-Igual.

(Campanas)

¿Quiere que esperemos a su madre?

Está en confesiones, pero debe estar terminando.

-No, creo que mejor me iré a casa. -¿Se encuentra usted bien?

-Sí, solo estoy un poco harta de tanta misa y tanta superstición.

Mi madre me llena la cabeza de miedos.

No quiero obsesionarme con el embarazo

ni creer en viejas historias de pueblo.

No, me niego.

Son estupideces y ritos folclóricos.

-¿No va a someterse

al bautismo prenatal? -No.

No voy a someterme a tal cosa. Reconozco que he barajado la idea.

Mi madre puede llegar a ser muy persuasiva,

pero he decidido ser fuerte

y no dejarme vencer por los miedos. -Como desee.

¿Quiere que la acompañe?

-No, voy a dar un paseo, a ver si encuentro a Leonor.

Tenemos que aclarar un malentendido.

-Si me lo permite, creo que hace usted muy bien.

-Gracias.

Leonor...

Te estaba buscando.

¿Tienes un minuto? -Lo siento, tengo prisa.

Este será el momento en que hinque la rodilla al suelo...

-Dale. -(CARRASPEA)

(LEE) "Casilda, mi pequeña, mi canija, mi dulce mariposa,

La primera vez que te vi, se me llenó de vida el corazón,

la segunda, supe que eras la mujer de mi vida

y que jamás podría volver a separarme de ti,

así viniera Dios y me llevara con él".

-Sigue.

-"¿Quieres volverte a casar con este hombretón

que te adora por encima de todas las cosas?".

-¡Madre del amor hermoso! ¡Qué rebonico!

-¿Y esas palabras no eran para Casilda?

-Sí, doña Leonor.

Solo estaba ensayando para no tartamudear

cuando se las diga a mi canija.

-Parecía que te estabas declarando.

Tened cuidado, ya sabéis lo mucho que gusta aquí difundir un rumor.

-¡A ver si me la vas a liar con mi Antoñito!

¿Quieres un traje elegantón para la pedida?

-¿De Antoñito? -Ay, mío no va a ser.

-No sé, Lolita...

No sé si un traje suyo me va a caber. Que estoy hecho un toro.

-¿Acaso mi Antoñito no?

-Sin ofender,

yo tengo más corpulencia, más hechura.

-Está hecho un figurín, mucha envidia le tienes.

Bueno, ¿quieres o no quieres un traje?

-Lo que no quiero es rompérselo.

-¡Que no! Buscaré uno holgado.

No te digo que no vayas a estar apretado,

pero con no menearte mucho ni hacer movimientos jaleosos,

te apaña.

-De verdad, muero por verle la cara a Casilda.

-Y yo, estoy deseando que llegue el momento.

Por cierto, ¿le preguntó usted eso a su madre?

-A eso venía, Martín.

-Ni un ratito libre le va a dar.

-¡Y hasta la tarde entera! ¿Y a qué no sabes

qué más me ha dicho? -¿Qué?

-Que se encierra en su cuarto y no sale.

Tenéis la casa para vosotros solos.

Casilda se va a quedar de pasta de bonito.

¿Qué ocurre, Samuel? Me han dicho que me buscabas.

Llevo todo el día queriendo hablar con usted.

-Tú dirás. -¿Qué es lo que está sucediendo?

-¿Lo que está sucediendo de qué?

-En casa de Don Ramón, he notado algo extraño en su cara,

en su comportamiento.

¿Acaso sabe algo de por qué Ribau conocía el escondite de los mineros?

¿Qué es lo que sabe, padre? Cuéntemelo.

-Verás, hijo, conozco a Ribau del Ateneo,

coincido con él en varias comisiones.

El otro día me crucé a la salida con él y me habló de Úrsula.

Tuve la sensación de que ellos

habían tenido más de una conversación.

-¿De qué se conocen? -No lo sé.

¿Cree que Úrsula tiene algo que ver en esto?

¿Que ella ha podido facilitarle la ubicación de los obreros?

-Podría ser. -Pero ¿cómo habría de saberlo ella?

-No tengo ni idea.

Pero sí la sospecha de que ha estado utilizando nuestro apellido

para alcanzar algún tipo de acuerdo con Ribau.

Dime, Samuel,

¿crees que he sido demasiado confiado con ella?

-¿A qué se refiere?

-No entiendo por qué está urdiendo todas estas maniobras a mis espaldas.

Hasta ahora no me había importado

que intente integrarse en nuestra familia,

a pesar de que no seamos un matrimonio.

Pero creo que quizá ha llegado el momento

en el que debemos alejarla de nuestras vidas.

Después de esas fiebres tan tremendas,

fue cuando murió mi tío Rogelio, Al poquito, mi tía.

A las dos semanas ya murió su hermano.

Y luego mi prima Conchita.

Horroroso. En un tris tras.

De un plumazo, 30 o 40 del pueblo murieron.

Ay, por eso ese año lo pasaron a llamar el año de la parca.

¿Ramón?

Querido, te estoy hablando.

-Lo siento, mi amor, ¿qué decías?

-Nada, nada, hablaba de algo banal.

Llevo media hora intentando entretenerte

para que no pienses en el yacimiento.

-Vaya, lo lamento.

-Y yo también lo lamento mucho. No me gusta verte tan mohíno.

Hablemos de algo, así nos distraemos.

-Tiene usted razón. Flora,

¿nos trae el periódico?

Cada vez que tengo preocupaciones,

leo el periódico,

y se me pasa de un plumazo. -¿Por qué?

Solo hay desgracias. -Por eso.

Uno se da cuenta de que las suyas no son tan malas.

-Yo estoy muy feliz, no quiero escuchar calamidades.

Con su permiso, me voy a atender.

-¡Dios mío! -¿Qué?

-Esto no me lo esperaba. -¿Qué sucede, Felipe?

-Se trata de Mariano Velilla.

Pone que ha desaparecido.

-¿Ese quién es?

-El encargado de seguridad de la Casa Real.

-¿Que trabaja para el rey?

-Uno de sus hombres de confianza.

-Quizá la desaparición no sea tan grave.

Se ausentó de la ciudad por algún asunto...

-Quizá, pero estamos a pocas semanas de la coronación del rey.

Puede que no sea una casualidad.

-¿Cree que hay alguna relación

entre la coronación y su desaparición?

-Podría ser.

-¿De qué hablan ustedes?

-Se trata de Mariano Velilla, ha desaparecido.

-¿Usted qué opina, coronel?

¿La desaparición puede estar relacionada

con la coronación del rey?

Muchas gracias, quédese con el cambio.

¿Puedo hablar con usted? -Lo siento, tengo prisa.

-Acepte al menos un regalo. Son bombones.

No me apetecen, gracias.

-Cójalos, se lo ruego. Quizá le apetezcan más tarde.

Serán unos minutos, se lo prometo, pero deje que me explique.

Escúcheme, aunque sea por última vez.

Toma usted muchas precauciones

para que nadie oiga lo que tengo que decirle.

-Soy muy celosa con todo lo relativo a mi pasado.

-Sabiendo lo que ahora sé, no me extraña en absoluto.

-¿Ha descubierto algo?

-Y, cuando lo oiga, va a entender por qué me paga lo que me paga.

-Hable. -¿Está segura

de que nadie nos oye?

-He dejado a Carmen fuera ocupándose de que nadie se acerque.

¿Qué ha descubierto? Soy toda oídos.

Está bien, hable.

Pero piense bien lo que dice, no aceptaré más mentiras de su parte.

-Solo le diré la verdad y nada más que la verdad.

-Le escucho.

-Dado el interés que usted tiene por mi padre, César Cervera,

he creído que quizás podría ponerla en contacto con el doctor Lima.

-¿El doctor Lima? ¿Quién es?

-Un amigo de mi padre. Un habitual en sus expediciones.

Le contará lo que usted quiera saber.

-¿Y dónde vive ese doctor?

-En un pueblo, no muy lejos de aquí.

Le podría acompañar,

si no tiene inconveniente.

-¿Y no será esa otra de sus tomaduras de pelo?

-Le doy mi palabra.

-Está bien. Organícelo todo para mañana.

-Muchas gracias, Leonor.

Quiero decir, de acuerdo.

Como le prometí, fui tras la pista de ese escudo.

-La marca que tenían mis hijas

en la piel. -Se trataba

de una cruz rusa ortodoxa, con un faldón en el lateral.

-Lo recuerdo.

El escudo de esa familia que vivía en Odessa.

-La familia Koval.

Como le prometí, emprendí el viaje en busca de información sobre ellos.

-Prosiga. -Cuando llegué,

busqué a la familia Koval por todos lados.

Cualquier pista me interesaba, lo que fuera...

Pregunté a los vecinos, en los establecimientos,

por todas partes.

Pero, si vivieron en Odessa, ya nada quedaba de ellos allí.

-¿Nada?

-Un palacio ruinoso y desvencijado.

-Pero alguien debía saber algo de cuando estaban allí.

-Después de mucho preguntar,

di con unos ancianos que algo recordaban.

-¿Sabían de su paradero? -No, pero me contaron su historia.

Al parecer, los Koval fueron acusados de la implicación

en el Levantamiento de Enero del 1864.

Un movimiento de rebelión contra el Imperio ruso

en la República de las dos Naciones.

Movimiento duramente reprimido por el zar Alejandro II.

-¿Y qué fue de ellos?

Al parecer, tras el levantamiento,

los Koval tuvieron que huir,

para no ser detenidos y deportados a Siberia.

-¿Adónde fueron?

-Nadie lo sabe a ciencia cierta.

pero algunos me dijeron que, en su momento,

corrieron rumores de que pudieron venir a España.

-¿Aquí?

-Eso parece.

Creo que pudieron refugiarse en nuestro país.

(Llanto)

(Para el llanto)

(DESCONSOLADA) Lo siento, Olga, mi niña...

no hay para las dos.

Moriréis ambas.

Nuestros abuelos nos han condenado.

A las tres.

¡Basta, se lo ruego!

Doña Úrsula...

¿Ha escuchado algo de lo que acabo de decirle?

Le decía que ya no tengo más hilos de los que tirar.

Sé que la pista nos trae a España.

Pero no sé dónde más podría seguir buscando.

He preguntado discretamente a mis contactos,

pero nadie parecer saber nada. Y ya no sé dónde más buscar.

Si al menos supiera

el nombre de una región, una ciudad...,

no sé, todo sería algo más fácil.

-Quizás usted no lo sepa,

pero yo sí.

Es él.

No me cabe la menor duda.

Es el hombre que vi salir

de la casa de Zavala. -Por lo que he averiguado,

Velilla fue compañero de promoción de Tamayo.

-Así que fue él quien lo introdujo en casa de Zavala.

¿Sabemos algo de las investigaciones policiales?

-Están encargándose del caso,

pero no vislumbran lo que hay detrás de esta desaparición.

-¿Y a qué esperamos para informarles?

-Coronel, debemos actuar con cautela.

El temor a que don Alfonso pueda ser asesinado,

no se puede pregonar a los cuatro vientos.

-Así que aceptas la ayuda de Casilda después de haber rechazado la mía.

-Ya, de usted no es lo único que rechazo.

-¿Se puede saber por qué me seguís tratando con tamaño desdén?

Nos he hecho nada, a ninguna de las dos.

-Ni falta que hace.

Pero con la "señá" Fabiana tiene asuntos pendientes.

-La seguís como perritos falderos.

-Como chuchos no, como amigas fieles.

Es como una madre para todas nosotras.

-Sí. Y ándese con cuidado con tomarla con ella,

porque, si no, va a salir escaldada.

-"Tiene por costumbre"

ser la primera en levantarse. -Así es.

Pero hoy tú te me has adelantado.

¿Ha sucedido algo grave?

-Sucederá si no lo evitamos.

-Habla,

me estás inquietando.

-Quería verla antes de que mi padre pudiera levantarse.

Ayer quise advertirla.

Mi padre está al corriente de su encuentro con Ribau.

-No, te estás equivocando.

Eso no es posible. -Me temo que sí.

Sabe que se conocen y que estuvieron conversando.

-"¿Y si alguien de mi servicio"

lo relaciona con el que hombre que estuvo aquí?

-¿Ta cultivados son que leen los diarios?

No son sus sirvientes quien nos debería preocupar.

-Entonces ¿quién? -Ya lo sabe.

La señorita Silvia Reyes, su prometida.

-¿Qué le hace pensar que puede inmiscuirse en mi vida privada?

-Que esta afecte a nuestros planes.

No me interesan sus cuitas de alcoba,

pero nuestra misión no permite testigos.

Y su prometida se ha convertido en una sombra permanente.

-No se preocupe por ella. Sé manejarla.

-"Ponía al día"

a Flora de las intenciones de Martín.

Va a pedirle a Casilda que se case de nuevo con él.

Le dije que me encerraré en la alcoba para dejarle vía libre.

-¿Nos encerramos juntos? -No, Liberto.

Es que no estoy para romanticismos ni para algarabías; mira mi pie.

-¿Y dónde me esconderé yo, en la despensa?

-No, no será menester. ¿Y si das un paseo con Flora?

-Se supone que la muchacha tendrá cosas mejores que hacer.

-No crea.

Ahora, ya con todo el personal, puedo permitirme una tarde libre.

-No se hable más, arreglado.

-¿Quería algo doña Susana? -La he llamado yo.

Me arreglará unos vestidos.

Me siento ridícula

con la ropa que encargó mi madre.

No voy a quedarme encerrada en esta casa ocultando mi estado.

Voy a recuperar mi vida y a mis amigas.

Empezaré por tratar de reconciliarme con Leonor.

Echo de menos a la auténtica Blanca.

-Yo también la echo de menos.

No te imaginas cuánto.

-"¿Acaso no confías en mi amor?".

-¿Tengo motivos para dudar?

-Por supuesto que no.

Tu pregunta me ofende.

No hay una cosa que desee más que estar a mi lado.

No veo que el momento de que nuestra boda

me permita entregarme a ti por completo.

-Disculpa si te he molestado.

No son más que las dudas de un enamorado

que no cree en su fortuna.

Yo también estoy deseando que nos casemos. Y he pensado

en no posponerlo más,

deberíamos bendecir nuestro amor cuanto antes.

He ido a ver al sacerdote.

-"Debo irme".

Úrsula se preguntará dónde estoy.

-Pero... -No insista, se lo ruego.

Mi pasado no es un asunto del que me agrade hablar.

-Está bien, no preguntaré más.

No es mi deseo estropear

una tarde tan agradable.

Pero no deja de tener cierta gracia, los dos queremos conocernos mejor,

pero ni yo puedo hablarle de mí, ni usted de sí.

Supongo que eso es lo que tenemos en común.

Los dos somos un enigma.

-"¿Qué está pasando aquí?".

¿Qué haces vestido de lechuguino, Martín?

Uy, ¿y este banquete?

-Es para ti, Casilda.

Martín lo ha preparado todo.

-Siéntate, canija.

Hoy te sirvo yo.

-Pero ¿y doña Rosina dónde está? -Está en su cuarto.

Así que hoy no os va a molestar, y yo tampoco.

Disfruten de la cena,...

señores.

-Ay...

-Necesitamos una Blanca débil, aislada.

-Pues ya ve que no es el caso.

-Es preciso que te impongas como su esposo de una vez.

Hemos de cercenar sus ansias de libertad.

-No me lo va a poner fácil.

-Es el momento, Samuel.

Lograremos dominarla.

Pero tú has de cumplir con tu parte.

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Acacias 38 - Capítulo 715

07 mar 2018

Samuel intenta acercarse a Blanca, sin éxito. Úrsula le propone a Blanca hacer un bautismo prenatal, pero ella se niega. Jaime confiesa a su hijo Samuel que sospecha que Úrsula fue quien dio el chivatazo a Ribau y se plantea apartarla de su vida. Flora y Liberto vuelven de la ópera encantados con su amistad. Íñigo pide a Leonor que le escuche y le dé otra oportunidad. Silvia le cuenta a Carvajal lo que sospecha sobre el jefe de seguridad de Palacio. Cuando este desaparece, suponen que Tamayo lo ha matado. A raíz de lo sucedido, Arturo confiesa a Silvia que teme por ella. Martín pide ayuda a los Hidalgo con la pedida a Casilda; estos aceptan encantados. Riera le cuenta a Úrsula las novedades sobre su familia. Ella vuelve a recordar parte de su juventud.

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  1. Santiago

    Parte de lo que mata a esta serie es lo que alargan hasta que se desvelan los misterios que van apareciendo... y lo que acaba de rematarla es que la mayoría de las veces no se desvelan o lo hacen de mala manera

    08 mar 2018
  2. Euge

    Creo que el recurso de apelar a una hecho que, termina siendo solo un sueño del personaje, está muy usado en esta serie y no es nada original. A estos guionistas " no se les cae " una idea, patéticos.- Y el nuevo juego, el del cambio de " figuritas ", Leonor con Iñigo, Liberto con ? Flora y Rosina con los dulces y el champagne....................

    08 mar 2018
  3. Carolina

    La hemorragia de Blanca era una pesadilla de ella

    08 mar 2018
  4. Yayaya

    Que ha pasado con la hemorragia de Blanca? Han dejado silenciado la historia con ese suceso tan grave o ha salido algo de qué ha pasado con el feto? Vive o lo han matado? En esta historia onírica no hay ningún niño, se hubiesen ahorrado la salvajada d matar otro bebé ahorrándose embarazos como Leonor, a saber k método usarían pero nunca se kedó en cinta, ni cuando fue violada ni con Pablo y su madre igual, una hija y se queda estéril y los pobres pariendo doce y ni uno por la calle ni perro k ladre? Yayaya

    08 mar 2018
  5. Victoria

    En el capítulo ha habido un diálogo entre dos personas que volvían de la ópera y del que quisiera "copiar" sólo las palabras que ha dicho uno de los dos: "No, por supuesto que no, a mi me alegra que, lo poco que yo sé, pueda ayudar a la gente que no ha tenido mis mismas oportunidades".. "Pues yo creo que mi esposa no piensa igual que Vd., ella es una mujer muy dispersa y enseguida se aburre con mi verborrea".. "Yo doy gracias todos los días por haberla encontrado, es una mujer única como ella no hay dos".. "Pues espero que su esposo haga lo mismo con Vd., porque a la vista está que es Vd. una mujer "muy especial"..... y, mañana más ... Sres. guionistas, por favor, ¿qué significa todo ésto, era absolutamente necesario?

    07 mar 2018