www.rtve.es /pages/rtve-player-app/2.17.1/js/
4494493
No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 708 - ver ahora
Transcripción completa

Diego.

Podría decirlo más alto, pero no lograría ser más claro.

Tienes un día para recoger tus cosas y salir de mi casa.

¡Ahora vete!

-"Arturo, te amo".

¿Me oyes? Te amo.

Por favor.

-He vuelto a confiar en un ser humano

y, todo ha resultado ser un fraude.

-Fuera de mi casa. Arturo...

Arturo... -¡No vuelvas nunca más, Silvia!

Nunca había imaginado a alguien más perverso que tú.

-"Leonor, ¿estás segura de que no importa

que me quede en casa de tu madre?".

-"Mi madre lo entenderá".

-No quiero volver a casa de la mía.

Allí está Samuel y no quiero enfrentarme a su mirada.

-Blanca.

Blanca, escúchame.

Puedes alojarte en mi casa el tiempo que sea menester.

Pero intentaré convencerte de que te quedes aquí y luches por Diego.

-"He roto con Blanca".

-¿Te dijo dónde vivirá? -Espero que en esta casa.

Es la de su madre y esposo.

-Será bien recibida.

-"Le dije que trabajo"

para la Casa Real, y que pensamos que Zabala planea un atentado.

-¿Estás loca?

Tiene que ser eso. ¡¿Has perdido el juicio?!

-Si solo llega a pensar que soy una ladrona, todo habría terminado.

-Todo ha terminado. -No,

no ha terminado, seguimos en la lucha.

Arturo volverá a confiar en mí.

-"¿Cómo piensas conseguirlo?".

-Soy su súbdito. No podría no gustarme.

¿Y a usted?

-Lo mismo le digo.

Ayudaré para que su reinado colme de gloria a nuestra patria.

Son muy bonitas.

¿Qué haces aquí, Blanca?

-No me voy a marchar.

Ha sido una sorpresa maravillosa.

-Mucho menos de lo que usted merece.

-Creo que sería mejor

que volviera a casa. Usted debería ir a La Deliciosa,

que su esposa le está esperando.

Y llegan los invitados.

-"Ya te lo he dicho".

No estoy enamorado de ti, no me haces feliz.

Desde que te conozco solo tengo desdichas.

¿Hace falta más? -Sí, la verdad,

Diego, la que quieres ocultarme.

Habla.

Es lo que me merezco. Habla.

Dímelo.

Dímelo, por favor.

Con la verdad por delante no habrá nada que no podamos superar.

-He sido sincero y lo sigo siendo. No te oculto nada.

Mi padre, mi hermano,

su paz, su legado, ahora son prioritarios.

He tomado una decisión.

De nada van a valer ruegos y lágrimas.

-Diego, por el amor de Dios.

-No quiero que sigas a mi lado.

Sabías que esto tarde o temprano iba a suceder.

Soy solitario,

libre, un caradura, llámalo como te plazca.

-No te creo.

No es posible, no te puedo creer. -Tengo derecho a reconducir mi vida

con la voluntad de mi padre. -Pero este no eres tú.

No eres tú, no son tus sentimientos.

Me estás ocultando algo.

Todos me estáis ocultando algo. -No busques manos negras,

soy el único responsable de mi decisión.

-Por favor.

Por favor, recapacita. Déjame que me quede

a tu lado. Juntos superaremos

cualquier cosa.

Por favor. -¿No tienes dignidad?

¡Que ya no te quiero a mi lado!

Mira, escúchame,

ya no te quiero.

(Sintonía de "Acacias 38")

Te conozco, Diego. Quizá mejor que tú a ti mismo.

Estás mintiendo. -Márchate.

No voy a marcharme,

no hasta que me digas qué está sucediendo.

-¿Por qué tratas de hacerlo más difícil para los dos?

No quiero hacerte daño, pero no me dejas opción.

-¡Este no eres tú! No eres tú.

-¡Fuera de mi casa! -¡Suéltame!

-¡Que te vayas de mi vida!

-Llamaré a un mozo para que... -Vale.

-"¿Eso es todo? ¿Que han roto?".

-Sí, eso es todo.

La señorita Reyes y yo hemos interrumpido nuestra relación.

-Tenía la impresión

de que iba usted a contarme algo más trascendente, acerca de Reyes.

-No, eso es todo.

Aunque debo reconocer que para mí el asunto es bastante trascendente.

-Lo sé, lo sé, amigo,

lo siento.

Ánimo.

-Soy perro viejo y creía que ya nada me afligiría demasiado.

-Somos hombres, Valverde, fuertes, valientes,

bragados, pero tenemos también corazón.

No se avergüence usted.

-No podría ocultarlo aunque quisiera.

La señorita Reyes es una mujer muy especial.

Desconcertante.

Con cualidades masculinas en su femineidad.

No sé si me explico.

El caso es que me llegó muy adentro.

-Eso dice mucho y bien de usted, coronel.

Necesitamos hombres firmes, pero humanos.

-Gracias. Dejemos de hablar de eso.

No quiero resultar cargante.

Somos amigos, Valverde, más que amigos, camaradas,

y ay de aquellos que no quieran acompañar a un camarada

en sus momentos más bajos. Desahóguese.

-Se lo agradezco, de verdad, pero, no creo que dos militares

con una misión que cumplir deban malgastar tiempo y energías

cavilando sobre asuntos tan pueriles.

-No es pueril algo que nos roza el alma.

No se azore usted, coronel.

El amor también es una prueba de nervio y vigor. Y de hombría.

Y, con todo mi respeto,

la señorita bien se merecía el suyo.

He de reconocer que al principio me pareció una desvergonzada,

perdóneme usted.

Una de esas que no respeta tradiciones ni creencias.

-Es particular en sus ideas, sí.

-Pero al recibirla en casa, la comprendí mejor.

Qué poco sabemos los militares de los efectos

que causamos en nuestros hijos siguiendo órdenes de superiores.

Traslados, climas...

-Todo sea por la patria.

-Pero la señorita Reyes, quizá por el trato con usted,

parece que había encontrado la buena senda,

que aceptaba su lugar, el lugar de la mujer de un soldado,

de un coronel. -Eso mismo pensaba yo.

Y entre nosotros,

nada puede reprochársele.

Más de uno y más de dos oficiales

superiores como nosotros, habrían perdido el seso por ella.

Es una mujer de bandera.

-No era eso lo que más me importaba.

-Lo sé, lo sé,

pero justo es decirlo.

De hecho,

a lo que no le encuentro una explicación certera

es a cómo ha podido rechazar usted a semejante hembra,

hermosa y madura.

Puedo referirme a ella así, siendo como es que han terminado ustedes.

-No fue fácil tal rechazo, créame.

Pero tampoco un mundo.

He comprendido que ya soy un veterano, y viudo, para más señas.

-Está usted en su mejor momento como varón.

Y ella mantiene su lozanía. Es una mujer imponente.

-Lo es.

Pero usted sabe como yo, que la razón de vivir

de un soldado es la lealtad,

y yo he comprendido que mi lealtad se la debía a mi difunta esposa.

A ella me debo.

Que de los escarceos amorosos para otros hombres.

-Es usted admirable, coronel.

Suerte hemos tenido los patriotas en reclutarle.

No estoy seguro

si yo mismo hubiera renunciado a la señorita Reyes por... lealtad.

Buenas.

Su novia de usted, diría yo que es ruidosa cuando se mete en pachanga.

Animada, vamos. Que sabe divertirse, en una palabra.

-Sabe amoldarse a las circunstancias, sí. Pero no se fíe.

Tenía que haber visto cómo se puso

cuando se enteró de estas fiestas nuestras de estraperlo.

Casi me estrangula con mi corbata,

por muy de seda oriental que sea.

-Cualquiera lo diría ahora.

Está en su salsa.

-A nadie le amarga un dulce y, más en estos tiempos,

que bien necesitados estamos todos de desahogos.

-Y no seré yo quien la culpe.

Lleva usted razón, nos apuntamos a un bombardeo.

Y además, que ya bastante sufrimos en nuestra vida.

-A ella se lo va usted a decir, que no ha hecho otra cosa

que partirse el lomo desde que tiene uso de razón.

Pero en vez de amargarse, sabe ver el lado jovial de la vida.

-No hace falta que lo diga usted.

Ni que hubiera llevado una vida de jarana, con todos mis respetos.

Se ha hecho el alma de la fiesta. -Así es ella.

Por eso la quiero. Desprende simpatía natural.

-Me gusta su novia,

aunque algunos dirían de su calidez, frescura.

-Llámelo como quiera, no me ofendo, al contrario,

fue su espontaneidad, su desenvoltura y lozanía

lo que me enamoró según la vi. -Sí que parece estar prendado, sí.

-Enamorado hasta las trancas.

Es verla o simplemente hablar de ella,

y me reconcilio con la vida. -Cómo me probaría amar así.

-¿Enamorarse, quiere decir?

No creo que le probara mucho escuchar eso a su señor marido.

-Vamos, señor Palacios, no se me haga el cándido.

A nadie se le escapa que un matrimonio de años

ya no se apoya en el amor. Es otra cosa.

-Ya. Perdone, doña experiencia,

no quería dudar de su veteranía y su conocimiento.

Yo, en mi ingenuidad, cuento los meses, semanas,

días y horas que me faltan para verme en el altar con mi Lolita.

-Espera, cariño.

-Entre usted, mi marido y yo vamos en seguida.

¿Se puede saber dónde estaba su señoría?

No puedes dejar sola con todo el mundo preguntando...

Chist. -¡Ni chist ni nada!

¿Dónde estabas? -No te voy a mentir.

Con Leonor.

Por fin apareces.

¿Qué te pasa? Estás como

acalorada. -Sí.

He venido deprisa.

-Perdona que te atosiguemos nada más llegar, pero te estábamos esperando.

-¿Y eso?

-Tu madre, que quiere saber cómo van las cosas

entre Blanca y Diego. -¡Su madre!

¡Como si a ti no te interesara!

Está el barrio que arde con semejante drama.

-Normal. El momento en que Diego le pidió a Blanca

que saliese de su vida nos dejó helados.

-Sí, delante de extraños, como Huertas,

que más que extraña es enemiga. Que conste que a mí,

más que la situación sentimental,

lo que me preocupa es que el asunto afecte a mis propiedades.

Porque la bomba estalló en medio de las negociaciones

sobre mi yacimiento.

-Madre, mire que es mirada para el dinero.

-Sí, es eso.

Porque el hecho de que Diego y Blanca vivan en pecado,

me trae al pairo.

-Entonces, permítame que no le cuente lo que sé.

-¡No, no, cuenta, cuenta! Quiero decir,

que está en juego tu herencia.

-Leonor, ¿crees que tiene solución el conflicto?

-Debería.

Blanca y Diego se adoran, se aman con locura.

-Entonces, ¿por qué Diego quiere deshacerse de ella?

-Blanca está convencida de que existe un motivo oculto.

-¿Motivo oculto? Lo que faltaba. ¿Quién da más para un folletín?

Dos hermanos enfrentados por la misma mujer,

en estado de buena esperanza, un padre impedido,

pero sigue al mando del timón.

Si con esos mimbres no haces un novelón...

-Madre, no hable así, que son mis amigos.

He invitado a Blanca a que pase aquí unos días

hasta que arregle su situación. -Has hecho bien.

-Lo que no sé es cómo se lo va a tomar Samuel.

-¿Cómo se lo va a tomar? Bien.

-Peor cosa que el hecho de que su esposa viva con su hermano,

no creo que sea vivir aquí, digo yo.

En fin, la vida sigue.

¿Esta noche vamos a la fiesta de La Deliciosa?

-Yo, desde luego, allí voy a estar.

He venido solo para cenar algo antes de ir.

-Me gustan mucho esas fiestas, pero...

no puedo evitar sentir culpa por tener a mi tía en la inopia.

-Tu tía vive en la inopia desde que nació.

Y en especial cuando se trata

de asuntos tan elementales como vivir la vida. "Carpa diem".

-Carpe, madre, "carpe diem",

que significa "cosecha el día", vive el presente.

Las carpas en la pescadería. -Eso.

-Ya. Qué resabidillos. ¿Sabéis más latín que un seminarista o qué?

Voy a decirle a Casilda que prepare la cena

y nos vamos de fiesta.

-Señores, la señora de...

Doña Blanca.

-Blanca.

¿No has arreglado tu situación con Diego?

-Perdone la inconveniencia y la deshora, doña Rosina.

¿Podría pasar aquí una noche?

-¡Claro! Las que precise.

Pase, por favor, siéntese.

-Casilda, trae un vaso de agua.

¿Prefiere usted un cordial o una quina medicinal?

-Casilda, por favor.

-Respire, sosiéguese y, si lo tiene a bien,

desahóguese.

-"Menudo rostro tienes".

-Ha sido algo inocente.

Se ha sorprendido, le ha gustado y se ha ido más animada.

-Qué bueno eres.

Estoy segura de que le has soltado la húmeda para contarle

el origen de los farolillos de la China

y del sursuncorda. -Un poco.

-¿Estás celosa? -¿Tú qué crees?

-Creo que no pasa nada porque intente animar

a una amiga.

-Mientras no olvides que estás casado.

-¿Cómo olvidarlo con la mujer tan encantadora que tengo?

-Más te vale. Y arreando, que preguntan por ti.

-¡Ay, las obligaciones!

-Ya te quejarás menos al hacer caja.

Deja de mirar el reloj. Blanca vendrá.

-¿Cómo puede estar tan segura?

¡Se quieren! ¡En esa casa

pueden haber pasado muchas cosas!

-En esa casa solo ha pasado el tiempo:

ha terminado el plazo que Diego le dio para salir de allí.

-¡El mundo no tiene por qué plegarse a sus deseos!

¿Nunca ha fallado en sus predicciones?

-Estaré en la cocina si se me requiere.

-No, Samuel,

nunca he fallado. ¿Y sabes por qué?

Porque pienso,

pienso y no me dejo llevar por el corazón.

Ni por el pánico, todo sea dicho.

-¡Diego puede haber decidido pasar sus últimos días,

lo que piensa que son sus últimos días con ella,

con Blanca! Todo se vendría abajo.

-Deja de hacerte mala sangre.

Diego tiene principios, no se va a desdecir.

Si le dio el plazo de 24 horas a Blanca,

exigirá que lo cumpla.

-¿Y entonces por qué no está aquí?

-Quizá ha decidido pasar una noche sola en una pensión.

Debe ser humillante volver contigo, abandonada.

Llegará mañana.

-¡O no!

-Blanca volverá a buscar cobijo.

Siempre ha sido igual, se rebela, se estrella y vuelve a casa.

No sabe estar sola.

No será diferente esta vez.

-¿Y si por alguna circunstancia, ha decidido pasar la noche allí?

Diego quizá no pueda resistir la tentación y...

-Diego quiere protegerla,

incluso de él mismo.

No se reconciliará

por mucho que lo desee. -Voy a ir allí

y traeré a mi esposa. -Siéntate y termina de cenar.

Blanca volverá por su propio pie.

Si te impacientas, si la buscas,

te rechazará.

Y todo lo que hemos tramado se vendrá abajo.

¿Es eso lo que quieres?

Gracias por echarme una mano.

Varear los sofás ya me va costando. Los años.

-Está usted hecha un pimpollo.

Ya quisiera yo llegar a su edad

y estar como usted.

-Nadie quisiera llegar así a mi edad. Se llega, pero no se quiere.

-La cosa es que no tiene "na" que agradecer.

Yo aprendo un montón de cosas con usted, por eso estoy aquí.

Por cierto, ¿qué sabe usted de "protócolo"?

-¿De protocolo?

-Sí, eso.

Mi señora, doña Rosina, se ha "mercao" una cubertería

de 15 cubiertos por comensal.

Estoy segura de que, aparte de por fastidiar,

habrá sido porque organiza una pitanza,

pero "na",

que Dios me lleve si sé "pa" que sirven algunos

de esos tenedores y cuchillos tan raros.

-Yo te enseñaré la utilidad de cada pieza.

Si quieres, esta tarde, a la hora en que mi señor pasea.

Voy a casa de tu señora y te doy una práctica.

-Ahora la "agradecía" soy yo.

-Quiero hablar con usted un momento, Agustina.

-Disculpe, don Arturo,

con su permiso, yo ya me marchaba.

-Usted dirá, don Arturo.

-Del mismo modo que le informé del inicio de mi relación

con la señorita Reyes,

quiero informarle ahora de nuestra ruptura.

-Lo siento, señor. Aunque ya me olí algo ayer.

¿Necesita usted algo? -No su compasión.

-Perdone, señor.

Solo le pido que ni pregunte por el episodio

ni vuelva a mencionar en la vida esa malograda relación.

-En la vida se me ocurriría, señor.

¿Quién es una para preguntar o mencionar?

-Agradezco su actitud y saber hacer.

-Solo una duda, señor. ¿Qué hago con el baúl

de la señorita, vamos, con el baúl?

-Olvídelo. Yo me encargo.

Cuántas han sido tus patrañas, Silvia Reyes.

-Perdone, señor, me voy al mercado.

¿Qué querría almorzar hoy?

-Decida usted, no tengo la cabeza para eso.

-Como prefiera el señor.

-Prepare el almuerzo, pero puede que llegue tarde,

voy a visitar a un amigo del Ministerio de la Guerra.

Buenos días. ¿Quiere un chocolate?

Buenos días. ¿Quiere pasar?

-¿Quieres un café? -Ya he tomado.

-¿Se puede saber por qué te muestras tan abatida?

-Como si el señor marqués no lo supiera.

-No te quejarás de la caja, ¿verdad?

-Estamos ganando dinero, no lo niego, y a nadie le amarga un dulce,

pero lo sabes perfectamente,

me había hecho a la idea de cambiar de vida.

De asentarnos y cambiar.

-Nos hemos asentado. Tenemos un local en propiedad.

-Ya no somos nómadas.

Ahora nos dedicamos al estraperlo en un punto fijo.

¿Para ese viaje tantas alforjas?

¿Cuándo vamos a llevar una vida normal?

-Me aburren tus quejas.

¿Qué más normal que abrir todas las mañanas este establecimiento?

-Y todas las noches.

-Ya es suficiente. Lo hemos intentando.

Si no hemos nacido para hacer chocolate y churros,

¿qué más podemos hacer? Hágase su voluntad.

Yo intentaré abrir todas las mañanas

y ofrecer lo que una chocolatería decente ofrece.

Si los vecinos no quieren darnos esa oportunidad, que sea

como tú dices: "Hágase su voluntad".

¡Don Liberto, buenos días! Me alegro de que haya decidido

desayunar en La Deliciosa.

Siéntese a gusto, que le traigo un chocolate.

Receta nueva y bien probada en mis tripas.

-Se lo agradezco, Flora, pero no vengo a tomar nada.

Simplemente quería hablar con ustedes.

-Hágase su voluntad.

-¿Y de qué quiere usted hablar?

-Me han puesto ustedes...

Me están poniendo cada día en una situación muy engorrosa.

-Sin mala intención, se lo juro.

¿Qué trance es ese del que nos culpa?

-No quiero seguir engañando a mi tía.

Tarde o temprano descubrirá lo que sucede aquí por las noches

y no quiero tener que decirle "ya lo sabía".

-Vamos, don Liberto, que eso es como matar moscas a cañonazos.

¿Para que no se enfurruñe su tía con lo que hacemos aquí,

le va a contar lo que hacemos?

-Acabará enterándose, delo por hecho.

-O no.

-Mire, nadie de los que participamos en nuestras inocentes fiestas

va a ir pregonándolo por ahí. Su tía no tiene por qué enterarse.

Tampoco vamos a estar toda la vida abriendo por las noches.

Es una actividad temporal. -Alguien le irá

con el cuento.

-Ya encararemos esa preocupación cuando llegue.

Mientras tanto, ¿por qué no le echa una ojo

a las monedas que le prometí?

¿Una edición especial, y de 10 piezas?

Esto es muy difícil de encontrar.

¿Cómo las ha conseguido? -No ha sido difícil.

Hay más en la ceca donde se fundieron esas.

-¡Le habrán salido por un buen pico!

-Por eso no se preocupe usted, que va por cuenta de la casa.

-No puedo aceptarlas.

-Liberto, insisto.

Ya me compensará algún día enseñándome su colección.

-Gracias.

¿Llegamos en mal momento? -No, no.

¿Por qué no me han avisado de su llegada?

-Don Ramón y yo hemos decidido entrar directamente.

-Es perentorio, Diego. Lamentamos la intromisión,

pero la situación en el yacimiento es límite.

-Siéntense.

¿Qué ha sucedido?

-Los mineros han rechazado el preacuerdo, se han alzado...

-Han hecho piquetes. -Eso, han hecho piquetes

y han tomado el control.

-¿Han suspendido también su representatividad?

-No lo sé. No me lo han comunicado.

Hablaré con ellos, insistir en la negociación

y calmarles, pero no sé hasta qué punto me escucharán

o si me escucharán siquiera. -Viajaré con usted al yacimiento.

Conseguiremos que vuelva a imperar la razón.

-No sabe el peso que me quita de encima.

Dígame qué necesita para el viaje

y lo tendrá a punto. -Gracias,

así lo haré.

Don Ramón, no se preocupe.

Huertas, espere un momento, por favor.

Necesito hablar con usted.

-No sé si puedo seguir negociando con usted

hasta que los mineros no me confirmen.

-No. Necesito hablar de Blanca.

Perdóneme, pero la señorita no ha querido marcharse...

-No se disculpe, Agustina. Déjenos solos.

-Solo quiero hablar, Arturo. -¡Serás tú quien me escuche!

¡Vengo del Ministerio de Guerra y Marina,

donde me he personado con estos documentos del general Reyes!

Y sí,

el general vivió como un patriota y, tuvo una hija.

Pero esa pobre muchacha murió víctima de una enfermedad tropical.

¡No estuviste en Palaos nunca!

¡No era tu padre!

-¡Hemos dado con un complot para asesinar a su futura majestad!

¿Qué importa quién sea yo? -¡A mí sí me importa!

¡Me has estado utilizando!

¿Me enamoré de una ficción, de una mujer que no existe!

¿Te parece divertido?

-¿Me ves reír?

-¡Y eso no es todo!

¡Llamé a París para hablar con la familia Reyes!

Nadie vive en ese domicilio.

¡Solo era una tapadera para hacer creíble tu bufonada, ¿verdad?!

-Correcto.

No soy hija del general, ni la familia Reyes vive en parís.

Eran agarres para dar consistencia

a mi biografía.

-Eres una maldita hipócrita.

-Tenía mis razones, Arturo.

Nos enfrentamos a algo que está por encima de nosotros.

Y nunca me podía imaginar que sentiría lo que siento por ti.

-No me hables de sentimientos.

Tu máscara ha caído.

No quiero verte más y, menos en mi casa.

-¡Arturo! -¡No quiero oírte!

Me iré yo. No soporto respirar

el mismo aire que tú.

Espero no encontrarte cuando vuelva.

(Suenan las campanas)

Rosina, ¿te has confesado?

-¿A qué la pregunta? ¿Es que me conoces pecado?

-Uy, no, no, no, tan solo una preciosidad

que te ha costado dos duros porque está libre de impuestos.

-¿Comprar contrabando es pecado?

-Probablemente no mortal,

pero sí.

-La reina gobierna por la gracia

de Dios y, tú has estafado a la reina.

Lo mismo que se te caiga el pan y no besarlo.

-A mí plin.

Esta joya me la ha comprado mi Liberto,

que esta mañana fue a hablar con Íñigo

y aprovechó para tener un detalle.

-Aquí, quien no corre, vuela.

¡Cómo nos está dotando a todos el chocolatero!

-Pues claro que caemos. Si es que ofrece un surtido...

Mismamente, en la iglesia, no hacía más que recordar el champán francés.

Hacia allá iba a deleitarme,

a tomar una copita. -Te acompaño y así pago a Íñigo.

-¿El qué?

-Estas perlas del tamaño de los huevos de una codorniz.

-(OLISQUEA) Por no hablar del perfume

que gastas, francés

y no barato.

-El más caro que se puede conseguir y, me ha costado cuatro perras.

-¿Sabes si tiene más frascos?

¡Como para no encandilar a los hombres, si me seduce hasta a mí!

Rosina, eso, tú sigue olisqueando a Celia

que te va a ver Susana y, tú se lo explicas.

Bastante mosca está con los perfumes.

-Ave María purísima, no quiera Dios, ¿eh?

¡Si Susana se entera de nuestros enjuagues,

adiós al champán francés!

-Jamás debe enterarse

de lo que está sucediendo en el bendito local de su familia.

Su férrea moral

no lo toleraría.

-Chist.

¿Qué lees con tanta industria?

-La vida y andanzas de César Cervera.

Me informo para la novela.

-¡Qué egoísta soy!

Tú acogiéndome y yo ni siquiera te pregunto por el trabajo,

ni por Íñigo.

-Nunca sabes por dónde te va a salir.

Como conoce costumbres tan exóticas...

Anoche llenó el callejón de los jardines del Príncipe

con linternas chinas, solo para mi deleite.

-¿Linternas chinas? -Sí.

Como farolillos, ya te contaré.

Ahora lo eres tú. Tú mereces todas las atenciones.

¿Cómo estás?

-La salud no se me ha resentido con el disgusto.

Aunque parezca mentira, estoy mejor de ánimo.

-Así debes seguir.

-He reflexionado y,

creo que Diego me oculta algo.

Un comportamiento tan desproporcionado

tiene que tener una explicación.

Averiguaré qué es

y lucharé con uñas y dientes por nuestro amor.

-Le conoces,

si crees esto, adelante.

Me alegra verte con tanto brío y tan entera.

Yo no sé si tendría tantos ánimos

en tus circunstancias. -Tonterías.

Si estuviera en juego el amor de tu vida, harías lo mismo.

-Quizá.

Es cierto que tuve que luchar y, mucho,

para sacar adelante mi relación con Pablo y mi matrimonio.

-¿Lo ves?

(Llaman)

Yo ya he puesto la maquinaria en marcha.

Le he enviado una nota a Diego. Iré a verle esta noche.

Por eso estoy tan dicharachera.

-(SUSPIRA)

-¿Interrumpo, señoras?

-No, Samuel.

Adelante.

Está usted en su casa.

Yo les dejo a solas. -Gracias.

Liberto me ha informado de que estabas aquí.

Necesitan saber cómo estás, Blanca.

-Bien, gracias.

-No tienes por qué conjeturar nada extraño.

Solo quería que supieras que puedes contar conmigo si me necesitas.

-No me urge nada. Gracias otra vez.

Eres muy generoso.

Soy tu marido,

pese a todo. Sé cómo se las gasta mi hermano;

suele dejar cicatrices

cuanto menos. Te lo advertí en su momento,

Diego rehúye de los compromisos.

Es una lástima que hayas tenido que averiguarlo así.

-Agradezco tu ofrecimiento y valoro en mucho tus advertencias,

pero te ruego que no sigas hablando de Diego.

Y no hables mal.

Sé lo que le pasa y,

podremos sobreponernos a esta situación.

-Lamento escuchar eso.

Creía que la venda ya no cubría tus ojos,

y sufro por ti al ver

que aún la conservas. Pero caerá, Blanca.

Diego, por desgracia, se encargará de que le veas

tal y como es. Te pido que consideres mi oferta,

siempre estaré cuando me necesites.

Ven, míralo a la luz del sol, ¿no es una preciosidad?

-La verdad es que sí, me fascina.

Bien que voy a lucirlo en la cena con los marqueses de Viana.

Felipe se sentirá orgullosísimo.

-Luego te lo mando con un propio. -Te pago, que traigo el coste justo.

-Te había preguntado ya por tu nuevo perfume, ¿verdad?

Huele de categoría.

-Sí. Me preguntaste

que cómo se llamaba, y ni lo he mirado.

Es un regalo de Felipe,

como te dije. -Sí, me lo dijiste,

me acuerdo.

Estás un poco rara, ¿no?

Vamos, como todas,

os he notado algo raras en misa. ¿No me estaréis ocultando algo?

-¡Por Dios, Susana, qué ideas!

¿Por qué íbamos a ocultarte nada?

-¿No tendrá que ver con La Deliciosa?

¿Sabéis lo que se cuece ahí y no me queréis dar un disgusto?

-¡Ya está, Susana!

Nos ofendes a todas diciendo que actuamos a tus espaldas.

-¡Señorita Reyes!

Buenas tardes. -Buenas tardes.

¿Quedó contenta con el vestido que le confeccioné?

La verdad es que me ha extrañado mucho,

y me ha molestado que no volviera usted

por aquí. Siempre es grato saber de las clientas.

-Me gustó mucho, Susana. -¿Está usted bien?

-Sí. Es solo que tengo algo de prisa.

Si no les importa, hablamos en otro momento. Buenas tardes.

-Buenas tardes.

-Blanco y en lechera.

Esa está compungida porque ha partido peras con el coronel.

Algo le habrá hecho ese carcunda.

Bien que me alegro.

-No sé cómo puedes regocijarte

en la tristeza de esa señora. -No me complace su tristeza,

al contrario, le deseo lo mejor.

Pero resulta que lo mejor para ella es alejarse de Arturo Valverde

y de sus arrebatos.

Algún día se dará cuenta de ello.

Espero tener razón y que hayan peleado.

-Si es así, no tardarás en confirmarlo,

que en Acacias se sabe todo y, pronto.

No debería estar extendiendo las cuitas de mi señor,

pero es que me tiene acongojada a mí también con su tristeza.

Ale, Agustina, a callar. Y tú, fíjate bien.

Las piezas se colocan por el orden de los platos,

primero la cuchara de la sopa.

-Sí, que yo me fijo.

Y deje de preocuparse por airear los trapos sucios del coronel,

que una no va a ir ventilándolo.

-Más te vale.

Mi marido ya me tiene bien "informá" sobre el asunto.

Ya me ha dicho que don Arturo

ha "pasao" del regocijo a la melancolía en un pispás.

Y una se hace sus cábalas, y se pregunta

si será por la señora Reyes.

-¡Calla, muda!

-¡Madre del amor hermoso!

He "dao" en el clavo.

Don Arturo ha roto con la madama antes de empezar,

como quien dice. -El pobre, con lo ilusionado

que estaba, que parecía un cadete rondando a su primera novia.

-¿Y qué es lo que ha pasao? -Vete tú a saber.

El caso es que, aunque ya habían anulado su compromiso,

ella se ha presentado en casa y, han tenido una discusión

más que amarga.

-¿Se han "echao" cosas en cara?

-A los trebejos, que esas cosas no se cuentan.

-Naturalmente que lo vas a contar.

-No puedo.

Que las riñas de mi señor son sagradas. Las riñas

y los contentos, vamos.

-No te conozco mucho, pero nos conocemos todas,

que las criadas en cuestiones de secretos

no dejáis títere con cabeza.

-Yo no soy así, señora.

-Ella no es así, señora. -¡Tú a callar!

Y tú, ya estás largando, que jugosa

es la historia. -No me fuerce usted, señora.

Ya me gustaría a mí complacerla,

pero son cosas de la intimidad

de mi señor. -Muy íntimo y lo que tú quieras,

pero se lo estabas relatando a Casilda con pelos y señales.

-Y ya me arrepiento, ya. -Pues si no quieres

que tu coronel sepa que vas narrando,

ya me puedes dar detalles de su finado romance.

-¿Se lo contaría usted?

-Si tú me lo cuentas, no.

-Señora, tenga compasión y deje en paz a la "señá" Agustina.

-Agustina,

seré una tumba, pero larga de una vez.

Suave como el terciopelo de Flandes.

-Como no podía ser menos,

si las va a lucir tu nieto. ¿Cómo lleva tu hija su estado?

-Con impaciencia, como todas

las mujeres en su situación. Con impaciencia

y esperanza.

-Sí, cierto, una ya casi se olvida de lo que es la gravidez.

-¿Te deben dinero o algo

los chocolateros?

-¡Antes muerta que hacer negocios con esos!

¡Menudos perdularios

que están hechos! -No es manca tu acusación.

-Y me quedo corta.

¡Si vieras la gentuza que se junta

en ese local... De noche, claro, con nocturnidad

y alevosía. Y no es solo que empinen el codo,

es que intentan taparlo de tal manera,

que se ve a la legua que son actividades ilícitas.

-Tienes un ojo

que ya lo quisiera un inspector de abastos.

-¿Te estás burlando de mí?

-(RIENDO) Pues claro que me estoy

burlando de ti. Tienes el cotarro

en tus narices y ni lo hueles.

¡Qué ingenuidad!

-¿Estás al tanto de lo que se cuece?

-Yo y todo el barrio.

Los chocolateros trafican con bienes

de contrabando. -¡No, por Dios, eso no!

-Es un hecho. Lo sabe hasta el sacristán.

-¿No me estarás embaucando para que lo pregone?

Siendo como es una acusación tan grave la de estraperlo..

¿Cómo te has enterado?

-Sorprendí a los chocolateros haciendo inventario

de sus productos.

Tenían sobre el mostrador

docenas de frascos de perfumes, de los más caros y extranjeros.

-¿Esencias? ¿Perfumes?

-Todos los vecinos están en el ajo.

Todos menos tú.

Claro, y el señor Aroca, el de la perfumería.

¿No te has percatado de lo perfumadas

que van últimamente tus amistades?

-¡Celia!

Decía que se lo había regalado su esposo. ¡Será posible!

-Y no solo Celia.

Quien más quien menos, tienen allí un proveedor.

De todo. Licores, tabaco,

perfumes, todo. -¿Y me lo están ocultando?

-Incluso tu sobrino

y Rosina.

Todos se han dejado enredar por el tal Íñigo y su esposa.

Y desde luego, se deben de estar riendo de ti,

de tu candidez y tu estulticia.

-A mí nadie me toma por imbécil. Nadie.

"Eres una hipócrita. -Tenía mis razones, Arturo".

Nos enfrentamos a algo que está por encima de nosotros mismos.

Y no me podía imaginar que sentiría lo que siento por ti.

-No me hables de sentimientos. Tu máscara ha caído.

No quiero verte más y, menos en mi casa.

-Arturo. -¡No quiero oírte!

Lléveselo lejos de aquí.

-¿Nos vamos?

-Estás arrebatadora esta noche.

-Tú tampoco estás tan mal.

¡Venga, que no se puede hacer esperar a unos marqueses!

-Espera.

Me pregunto muchas veces por qué tengo la suerte de que me quieras.

-Que es tarde. ¿A qué viene eso ahora?

Está tarde me he encontrado con Silvia Reyes en la sastrería.

Estaba rara, apenas podía hablar.

Susana dice que es posible que haya discutido

con el coronel. -¡Si acababan de empezar!

Algo muy grave tiene que ser

para que Arturo se muestre apenado tan a las claras.

-¡Deben ser las nueve!

Venga, alegra esa cara,

que debes dar a los marqueses la impresión de que te comes el mundo.

Vamos.

-"Déjame pasar, Diego".

-Es muy tarde. -Será un momento.

-Necesito hablar contigo. ¿No has recibido mi nota?

-Blanca, no, Blanca...

-Venía de antes.

Venía de antes, Diego.

-Poco importa. Lo que importa es este presente.

Liberto, acelera, llegamos tarde a La Deliciosa.

-No tenemos hora, ¿eh?

Van a estar abiertos hasta bien entrada la noche.

-Ayer me perdí la jarana por culpa de Blanca,

no quiero que hoy me pase lo mismo.

-No va a pasar nada porque lleguemos más tarde.

-Sí que pasa, que tengo que recuperar el tiempo perdido.

-Rosina, ya está bien.

Ni que esto fuera una obligación.

-No te reconozco.

-Me gusta la jarana como al que más.

No puedo evitar sentirme mal por ocultarle esto a mi tía.

-Pero ¿qué tía ni qué tío?

No tenemos la culpa de que tu tía sea una rancia.

Pero no voy a dejar que nos agüe la fiesta.

Uy, no hay nadie. Está cerrado.

¿Será que hoy no hay fiesta?

-¿Fiesta?

Se me abren las entrañas cada vez que lo pienso.

No he pegado ojo en toda la noche.

-No es para menos.

¿Cómo se le ocurre airear mis asuntos?

-Le vi tan triste y tan compungido,

que no pude evitar hacer un comentario con Casilda.

Con tan mala suerte, que doña Rosina me escuchó.

-Si no hubiera abierto la boca, esto no hubiera pasado.

-No es mi costumbre ser chismosa.

No puede imaginarse cómo se puso la señora.

Hasta me chantajeó con venirle a usted con el cuento

si no le ponía al día.

-¿Qué le dijo entonces?

-Poca cosa.

Preferí callarme y contarle a usted lo que había pasado.

Si se presenta por aquí, ya está usted avisado.

-"¿Se comenta algo sobre la relación del coronel y Silvia Reyes?".

-Yo no sé "na" de eso.

¿Por qué lo pregunta?

-Ayer le vi y no parecía que estuviera muy bien.

Le he cogido aprecio y me duele verle así.

No sé si tendría que hablar con él.

-Yo no puedo aconsejarle, que poco sé de entre señores.

-Me da miedo parecer entrometido.

-Si fuera un mozo de Cabrahigo, le diría que fuera a buscarle,

que le invitara a una frasca de vino,

y que se interesara por él, que eso es de ser amigo.

Otra cosa es que ese endriago del demonio

se merezca tanta consideración. -"¿Sabéis que el coronel"

y Silvia Reyes han roto?

-Me lo figuraba.

Ayer me la encontré en la sastrería

y tenía una cara de venir de un entierro, que era un poema.

-No me extraña.

Esa mujer se habrá dado cuenta de quién es el coronel Valverde

y, se habrá deshecho de él a escape. -Creo que te equivocas.

Por lo que he escuchado a las vecinas,

ha sido él el que ha roto con ella.

(LEE) "Remite

Silvia Reyes".

-"¿Qué hace usted tan temprano por aquí?".

-¿Tan temprano? Pero si ya es media mañana.

-Muy buena, por cierto. -¿Les parece

que son horas de abrir una chocolatería?

-Teniendo en cuenta que no vendemos ni medio pestiño,

a mí no me parecen tan malas. Yo diría que es hasta pronto.

-Están llamando la atención de los vecinos.

Van a tener que tomar las de Villadiego.

-¿Es un chiste, no? ¿Por qué tenemos que irnos?

-Y ahora mejor que luego.

Hija.

¿Ha llegado a mis oídos que has roto con Diego?

-Mucho corren las malas noticias.

-Más que el viento.

-Debes estar destrozada, hija mía.

Sé cómo te ha tratado Diego.

Y también que le han visto acaramelado

con esa fresca de Huertas.

No se puede ser más vil.

¿No sospechabas nada de lo que pasaba entre ellos?

-No.

Hasta que les descubrí anoche, no sabía lo que le pasaba a Diego.

-"Espero que no se equivoque".

Ha sido terrible ver su rostro cuando nos ha descubierto.

Me ha recordado...

pasajes muy tristes de mi vida. Es cruel saberse engañada.

-Créame, Huertas,

para salvarla no he sabido hacer otra cosa que hacerme odiar.

-No le quepa duda de que lo ha conseguido.

-Eso me ha partido el alma en dos para siempre.

Solo le ruego a Dios que no me deje en este mundo mucho tiempo.

Cada día que pase sin ella será una tortura.

-Estoy segura de que su sacrificio es enorme.

-"Caballeros, espero no importunarles".

-Ha llegado usted antes de tiempo.

-Lo sé, pero tengo un viaje y quería tener esta reunión cuanto antes.

-¿Un viaje? -Sí.

Diego y yo iremos juntos al yacimiento

para resolver la revuelta de los obreros de una vez por todas.

-¿Has sido capaz de meterte en la cama con Diego?

Júrame que cuidarás de ella.

-Te juro que la haré feliz.

Con ella y el niño que espera, formaré la familia

que nunca debió romperse.

-Eso espero.

-Tu irrupción en nuestras vidas no será más que un lejano recuerdo.

-¿Serás un buen padre para el niño?

-No te quepa ninguna duda.

-Se trata de Blanca.

No creo que lo mejor sea que viva en nuestra casa.

-¿La piensa poner en la calle?

-Yo no he dicho tal cosa.

Claro que no.

Pero creo que lo más decente es que regrese a vivir con su esposo.

Créeme,

no es que me moleste,

pero cada día que pasa sin que regrese a su hogar,

es un paso más para que luego no tenga donde volver.

-Y no hay que olvidar que es una mujer en estado.

Difícil futuro hay para una madre soltera.

-No sufran.

Les he escuchado y no quiero resultar una carga para esta casa.

Me iré.

  • A mi lista
  • A mis favoritos
  • Capítulo 708

Acacias 38 - Capítulo 708

26 feb 2018

Diego, a pesar de conmoverse con el dolor de Blanca, no da su brazo a torcer. está resuelto a separarse de ella y vivir en soledad hasta su muerte. Arturo no le cuenta a Zavala quién es en verdad Silvia; solo le comunica que han roto su relación. Samuel echa en cara a Úrsula que su plan no ha funcionado; Blanca no ha ido a su casa ¿Diego se habrá echado atrás y le habrá contado lo de su enfermedad? Pero no es así, Blanca pide a Leonor acogida en el palacete de los Hidalgo. Samuel intenta mostrarse cercano. A Liberto le pesa tener engañada a su tía y está a punto de confesarle las actividades de estraperlo de la chocolatería, pero Íñigo lo evita con un soborno. Sin embargo, es Úrsula quien finalmente quita la venda de los ojos de la sastra: en La Deliciosa se hace contrabando. A Blanca se le rompe el corazón cuando descubre a Huertas y Diego.

ver más sobre "Acacias 38 - Capítulo 708 " ver menos sobre "Acacias 38 - Capítulo 708 "
Programas completos (856)
Clips

Los últimos 3.239 programas de Acacias 38

  • Ver Miniaturas Ver Miniaturas
  • Ver Listado Ver Listado
Buscar por:
Por fechas
Por tipo
Todos los vídeos y audios

Añadir comentario ↓

  1. Giada

    713: algo sucede con Carmen, que finalmente se ponga en contra de su "segnora"?

    05 mar 2018
  2. Marilu

    4/3/2018, ya vamos por 4 ( cuatro) capítulos en que no está disponible la opción a comentarios ( cosa que se repite bastante seguido) .- y es verdad que esta opción no aparece en todos los " clips "..- " SIMPLEMENTE " por respeto a los espectadores los responsables de estas cosas deberían prestar atención ya que parece falta de responsabilidad sumada a ¿ falta de capacidad operativa ?, que redunda en una falta de consideración hacia los seguidores que en definitiva " le damos vida" a esta serie, si no fuera por el público............................( perdón por tantas " faltas " pero así es, no hay otra forma de expresarlo)

    04 mar 2018
  3. Mabi

    Victoria gracias por el dato !! Sinceramente las veces que he visto algún clip, ni remotamente se me hubiera ocurrido que alli también estaba la opción comentarios. Acabó de hacerlo pero no en todos los clips aparece la opción...y Vivían 38 los que comentamos a menudo ya estamos duchos en dejarlos en el capítulo que asi lo habilite, pero pensemos en aquel que recién comienza, y estaría bueno que pudieran publicar en el capitulo correspondiente, sin tener que dar tantas vueltas. Creo que es responsabilidad de quien esté encargado del buen funcionamiento de esta página que asi sea.

    04 mar 2018
  4. Victoria

    Respecto a la desaparición de la opción de comentar los capítulos desde el 709 hasta el 712, además de poder hacerlo en capítulos anteriores, como es el caso, existe también la posibilidad de hacerlo en los "Mejores momentos" o "Clips" correspondientes a cada capítulo y que se encuentran situados debajo de los mismos. Esa es la opción que yo utilizo para comentar si veo que falla la del capítulo. Espero que también les pueda servir a tod@s.

    04 mar 2018
  5. Este comentario ha sido eliminado

    03 mar 2018
  6. Marilu

    Los que acostumbramos mirar telenovelas o películas, solemos ver que en su desarrollo sale una aclaración advirtiendo que pasó determinado tiempo ( días, meses, años) Si no me equivoco acá no sucedió eso, y es verdad, así como me extrañaba que a Blanca, a pesar del tiempo transcurrido no se le notara el embarazo, ahora de golpe la vemos muy oronda por la calle luciendo su pancita, a Don Jaime con bastón, pero caminando sin problemas y fuera de su casa. lo mismo cabe con el caso de Diego que menciona Mabi- En fin, pensar que hay gente que dice que los milagros no existen JAJAJA Y sí, hasta este mismo momento no hay posibilidad de comentar en los capítulos 709, 710 y 711

    02 mar 2018
  7. Mabi

    Mi comentario anterior era sobre el capítulo 711 ya que seguimos sin poder publicar al pie del capitulo. Me pasa sólo a mi o a alguien más ? Porque tampoco veo que suban comentarios salvo el de Giada desde Italia....

    02 mar 2018
  8. Mabi

    Debemos calcular cuantos meses? cuatro, cinco ? Ya que Blanca aparecerá con una panza de por lo menos 6 meses de embarazo, o se aflojó el corsé ? Si calculamos ese tiempo Don Jaime Alday lo aprovechó muy bien y haciendo buena letra para su recuperación ya que se lo ve caminando con ayuda de un bastón, y se lo ve feliz y contento y comentando a Don Ramón haber recibido carta de Diego desde un o el yacimiento minero, esto quiere decir....que el moribundo goza de muy buena salud!!!!!!! En cuanto a Samuel....deja mucho que desear en un hombre, principalmente por seguir dejando que Ursula lo maneje a su antojo y ahora le resuelva sus problemas de sabanas con Blanca y esperemos que se mantenga en sus trece cuando ésta lo rechace y no vuelva a ponerle la mano encima.

    02 mar 2018
  9. Giada

    Estoy muy de acuerdo, una temporada sin sentido alguno: de que sirve no hacer 1 sola prueba para comprobar la gravedad de el estado de salud de diego! de que sirve enganar la mujer que se adora para no hacerla sufrir si ella sufre aun mas asì? y porqué non hay nadie que pare los malos mientras hacen sus maldades y no solo mucho despues... cuando ya la gana de verlos parados se acaba para dejar sitio a l'aburrimiento y a la banalidad de un final demasiado retrasado? Guionistas por favor tramas verosimiles! La novela està tan buena por la ambientacion que es una pena verla plantada en lo absurdo (pido perdon por mi espanol, saludos desde Roma)

    01 mar 2018
  10. Mabi

    Cap..710. Que buena acción, aunque empujada por Leonor, la de las señoras que se plegaron a ayudar a los Cervera para refundar la chocolatería ! De Trini era esperable ya que antes de ser una " señora" se había tenido que arremangar para subsistir y era logico que supiera cocinar y hacer su especialidad la tarta de higos de Cabrahigos !!!! Pero Celia, Rosina y hasta la misma Leonor...ohhhh sorpresa !!!! Igual Liberto con sus " Pestiños" que me encantaria conocer la receta !!!!!! De las manos siempre dispuestas de Casilda y Lolita , ni que hablar !!!! De Antoñito ¡ trabajando ! aunque mas no sea enseñando a hacer un buen café ; la más inesperada reacción de Susana al entregar la formula original del chocolate de la Deliciosa y el catador oficial de todo lo que venga de arriba Servando, hoy se han llevado la parte mas feliz del capítulo !!!

    01 mar 2018