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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 703 - ver ahora
Transcripción completa

¿Esto es un "sí"?

-Eso es un "quizá".

Un "ya veremos".

-El encargado bajó con una cuadrilla

para realizar labores de mantenimiento.

A la salida, fue agredido.

-Pensarían que estaba trabajando, a pesar de la huelga.

-Solo estaban realizando

labores imprescindibles de mantenimiento en la mina.

Si no se hacen,

peligra el futuro de la mina.

-Debe recuperarse anímicamente. Los resultados salieron bien.

Me dijo que había superado la muerte de su hija.

-Tienes razón, hijo. Tienes razón.

Pero estoy cansado...

y no sé si lo que me pasa tiene solución, ¿sabes?

-Pedirán ejemplaridad,

para que no se repita. -No se va a repetir.

-Eso no lo puede asegurar nadie.

-Se están sacando las cosas de quicio.

Hablaré con los mineros, es lo único que puedo prometer.

-Si te echas atrás, de nada habrá servido.

-No puedo seguir.

-Entonces lo perderás todo.

Tú mismo.

-Leonor, no imaginaba verla por aquí.

-¿Qué pasa? ¿Yo no puedo divertirme?

-Sí, por supuesto que sí.

Me encanta que así sea.

-Leonor, hagamos ese paso que hemos ensayado.

-De eso, nada.

La señorita baila conmigo.

-¡Madre del amor hermoso!

-"Me lo fumaré cuando esté tranquila".

-Tú nunca has estado tranquila. ¿Cómo van los asuntos con el coronel?

-Viento en popa.

Está en mis manos, hará todo lo que yo le pida.

-Sigues intoxicado de mercurio. -No lo entiendo, estoy bien.

-Según ese informe, Diego,...

no te queda mucho tiempo de vida.

Este es el informe del doctor Briz.

Lo siento, hijo,

pero he querido ser yo quien te lo dijera.

-Gracias, padre.

Por fortuna, usted ha despertado...

Padre, no sufra.

La noticia hubiera sido peor

de no haber forjado usted mi carácter.

Pero sabiéndole a mi lado,

me resultará más fácil enfrentarme a mi destino.

-Claro, hijo, lucharemos juntos, ¿eh?

Encontraremos la forma de darnos coraje mutuamente

y no nos rendiremos nunca.

Es solo un matasanos.

Gracias a Dios...

me he especializado en llevarles la contraria, ¿eh?

Ya verás como haremos que se traguen ese informe.

-Tengo que irme. No... Diego, Diego...

No desperdiciaremos ni un minuto compadeciéndonos.

Vamos a agarrar el toro por los cuernos

desde ahora mismo, ¿eh?

(Sintonía de "Acacias 38")

Estamos en marcha.

-Gracias a nuestras destreza. Esta vez el golpe será sonado.

¿Tienes ya planeado nuestro próximo paso?

-Visto lo visto, no me será difícil entrar en la casa del general Zabala.

-No le subestimes al espadón. -No lo hago.

-¿Aprovecharás la reunión? -Otra reunión benéfica.

Y benéfica será para nosotros,

nos brindará la oportunidad de infiltrarnos.

-La casa estará cuajada

de invitados de renombre.

El general y sus correligionarios esperan que se den cita

la flor y nata de la alta sociedad local.

-Y entre tanto insigne nombre figurará el de la señorita Reyes.

¿Cuál es el filantrópico motivo que aducen,

su fachada? -Uf, no son nada imaginativos.

No te lo puedo confirmar todavía,

pero deduzco que volverán a escudarse

en los soldados licenciados y sin futuro.

-¿Te están fallando tus informantes?

-(RÍE)

No.

Simplemente, no puedo darte más información

porque no he sido invitado al agave.

-Entonces, el dato te lo daré yo, porque yo sí seré invitada.

Acudiré como la acompañante del insigne coronel Valverde.

-Una acompañante inocente, inofensiva...,

pero muy bella.

Claramente, el complemento más vistoso del coronel.

"Qué bello trabajo".

(Cascabel)

"Al hacerlo sonar, estás a mi lado".

"Eres mi ángel".

(GRITA)

¡Ay, menos mal que estás aquí, alma de mi vida y de mi corazón!

-Ay...

-Llevo toda la noche dándole al carrete.

Dale que te pego, dale que te pego.

(SUSPIRA)

Uy, ¿está apropiado que desayune en casa de mis suegros?

Es que tengo una gazuza.

Uf, necesito azúcar como la caballería la alfalfa.

Ay, que se cae... -Lolita, no se hace así.

Se le pide a otro comensal que te acerque el azucarero.

-No pasa nada.

(Estruendo)

¡Qué torpe! ¡Ay! Si es que...

¿Soy torpe o no soy torpe? -Lolita, por favor,

¿puedes gritar un poco más bajo?

Lolita, pero ¿cuántas veces tengo que decirte

que no hace falta que estés de rodillas limpiando?

-Ha sido culpa de una,

que por querer agarrar el azucarero...

-Por favor, el enfriamiento que tengo..., no grites.

-Uy, uy, uy, uy.

Que me parece a mí que alguien no va a disfrutar

de esta límpida mañana de febrero.

¿Ahora comprendo a las horas que llegaste anoche?

-¿Qué horas?

¿Te fuiste de parranda? ¡Estaría bueno!

Yo preocupada por su falta de lozanía,

y todo fue que te fuiste de farra.

-No, no, os equivocáis ambos.

Es cierto que llegué a deshoras,

sí, pero... porque estaba haciendo negocios

con empresarios de la vecindad.

Puede que tomáramos algún licor,

pero fue en aras del acuerdo comercial.

-Si esos empresarios son, como me temo,

los nuevos chocolateros, sería mejor que te quedaras en casa.

No me parece a mí que esos tengan unas buenas maneras

de hacer negocios. -Yo debo decirle

que ese es un juicio apresurado. Son dos jóvenes con iniciativas.

Simplemente, han tenido un par de contratiempos,

pero ¿quién no? -No soy el único que piensa lo mismo.

Doña Susana sospecha algo.

Ha convocado una reunión con los vecinos

para tratar el asunto.

Dice que reúnen de noche a su parroquia

con la puerta echada y las cortinas cerradas.

-En La Deliciosa no ocurre nada inusual,

ni de día ni de noche. Simplemente, trabajan muy duro.

para sacar el negocio adelante. -Ya.

No me parece muy difícil prosperar

si no se pagan los encargos que se hacen.

Y ya sabes a lo que me refiero.

-Nuevamente se equivoca.

El dinero por el arreglo de la cafetera.

-Vaya. Parece que hay que hacerles un monumento

a los que pagan lo que deben.

En fin, me marcho, que tengo cosas que hacer.

Aquí os dejo. Buenos días.

-Buenos días.

¿Estás seguro de que todo lo que hiciste anoche

fueron negocios de esos?

-Claro que sí. ¿Qué otra cosa podría haber hecho? Escucha,

¿tú has pesado ya de qué quieres que nos disfracemos este año?

No sé, Marcelina. De lo que se te antoje, mujer.

Anda que no hay disfraces para elegir:

de princesa, de madrastra,

de duendecillo, de ratilla "presumía",

de genio de la botella, incluso de la Salomé esa.

-¿Una que sale en los libros enseñando el ombligo?

Ni loca, hija, que otra cosa no seré, pero decente sí, y en demasía.

-Vamos a ver, mujer,

si los carnavales están para echar una canita al aire.

Las santurronas son las que más lo disfrutan.

Mira, ve de lo que te pruebe, como si quieres ir de monja,

pero baja a la mascarada.

-No sé si mis señores me van a dejar.

Como ni siquiera salgo de paseo cuando me toca.

-Pues que se acostumbren.

No pueden pretender que una muchacha como tú, tan "agraciá" y en edad,

se pase la vida en chisqueros.

Además, ¿qué te crees?

Ellos sí que van a ir bien emperifollados al casino.

-Esa es otra. ¿De dónde saco yo el parné para el "vestío"?

-Mujer, que no se diga.

Seguramente tienes "amarraíllos" algunos cuartos.

Si no, tú me lo dices y le ponemos remedio.

Además, vamos a ir todas las mucamas.

Si vieras las risas que nos echamos a costa de los señores...

-Pero ¿hay que bailar?

-Solo si el pretendiente te gusta.

-Es que no sé bailar. -Pues le pisas los callos,

si no va a rechistar. Venga,

que no te vas a arrepentir. Te lo garantizo.

-Oye, y digo yo: ¿Qué se te da a ti que baje yo al jolgorio

o me quede en casa?

-Mira, no te voy a dar gato por liebre,

que entre las criadas no hay secretos, como tú sabes.

Tengo un primo bien "apañao" que está buscando novia,

y he pesando que podrías ajustar.

-¿Quieres que emparentemos tú y yo?

¡Ay! ¡Muchas gracias, hija!

Si yo pensaba

que ni te fijabas en mí. -¡Uy, no!

Anda que no le he dado vueltas y más vueltas al magín.

Para mí, no hay mejor candidata a ser mi prima que tú.

-¿Y quién es ese primo? ¿Cómo es?

-Se llama Jacinto. Y guarda un rebaño de ovejas

que, de tan grande que es, parece que no acaba nunca.

Venga ovejas y otra oveja... -Pues no caigo.

-Que sí, mujer, en cuanto le veas, ya verás cómo vas a caer.

Es noblote y bien "parao";

un galano, vaya. Además, tiene mucha gracia el puñetero.

-Quizá es que es recatado, como yo, y no se hace de notar.

-Sí, es bien discreto. No sé qué más decirte de él.

(JACINTO GRITA) ¡Epa ya! ¿Cómo estamos?

(RÍE A CARCAJADAS)

Sí que hace milagros Dios.

Mira, hablando del ruin de Roma, por la puerta asoma.

Anda, échale un ojo... -(JACINTO RÍE)

-y cátale. -¿Ese?

¿El de los chillos?

-Solo cuando tiene que decir algo en alto.

-(RÍE)

¡A los buenos días, salada!

-Ay, sí, primo. (RÍE) Mira, primo Jacinto,

ella es Marcelina, la mejor criada que ha dado esta calle.

Marcelina, este es mi primo, el Jacinto.

Alguna vez te he hablado de él.

-A mí no me había hablado de tamaña hermosura.

-¿Qué? ¿Tiene labia o no?

-Es la naturaleza. No se queda callado uno

cuando tiene uno delante... tanta lindura.

-(RÍE)

¿Va usted a bajar a la "mascará"?

-Ahora no me lo perdería ni por una docena de merinas.

-Allí estaré, como un solo hombre.

-El caso es que con los disfraces... -Ah, no, no, no tengas duda ninguna.

Seré el que vaya de perro pastor. (LADRA Y CHILLA)

Y no me llame de usted, que me salen ronchas, ¡preciosidad!

-(RUBORIZADA) Uy.

No está bien que yo lo diga,

pero el día de ayer me confirmó que algunos nacemos de pie.

-¿Hizo usted migas con el señor marqués?

-Una sartén entera. Siendo la primera vez que yo cazaba

y sin disfrutar de herir a los pobres animalillos,

me cobré un par de perdices.

Con tan buena fortuna que Viana lo contempló.

-¿Habló con él? -Cuando vio mi arrojo y puntería,

no dejamos de hablar de lo divino y de lo humano.

Le he caído en gracia.

-Me alegro. Cuando alguien le entra por el ojo derecho a don José

tiene media carrera hecha.

Aristócrata, sí, pero leal y amigo de sus amigos.

-Eso he oído.

Y entre esas amistades está nuestro futuro monarca, don Alfonso.

-Uña y carne.

La fortuna le vuelve a sonreír.

En el ágape que celebra Zabala

podrá aprovechar y echar lazos con el marqués de Viana.

-No dejaré pasar la oportunidad. -¡Así se habla!

En ocasiones, tiene usted audacia y confianza

dignas de un militar con mando en plaza.

Agustina, venga un momento.

Disculpe, pero tengo que rematar un asuntillo.

Envíe estas misivas.

Son invitaciones para la reunión del general.

-Descuide usted, señor, que llegarán a destino.

-Por cierto, letrado,

¿cómo ha conseguido usted hacerse invitar?

He cursado los pases y usted no estaba.

-Me invitó el marqués.

Aunque no era festejo de Viana, se tomó la libertad.

Espero que Zabala no se lo tome a mal.

-No se preocupe.

Zabala respeta, como corresponde, los deseos de la corte.

Será usted bienvenido.

-No olvidaré lo mucho y bien que me ha ayudado.

-Solo el primer empujoncillo.

Después, a la vista está, se vale por sí mismo.

-Ayer quise pasar a saludarle, pero la cacería se alargó.

Quizá no debería preguntarle, pero me pica la curiosidad.

¿Alguna novedad en su relación con la señorita Reyes?

Anteayer parecía que no se separaban ustedes,

en muy buenos términos. -Eso fue anteayer.

Ayer pudimos vernos otra vez... y aclaramos las cosas.

-Para bien, por esa sonrisa que le delata.

-No es fácil para un hombre hecho y derecho

hablar de cuestiones íntimas,

pero, aun a riesgo de parecer un petimetre,

le diré que sí, Silvia aceptó mis disculpas,

y yo puede confesarle mi atracción.

-Eso son palabras mayores.

¿Recibió ella la confesión de buen grado?

-Sí, me corresponde. -(RÍE) Enhorabuena.

¿Ve como yo tenía razón? Hasta los hombres más racionales

deben permitir que nuestro motor se exprese.

-Me siento esperanzado, sí.

Aunque siendo como soy, ajeno a cuestiones de afectos,

prefiero esperar acontecimientos.

De todo puede pasar cuando el corazón va por medio.

Angelita, muchacha, ¿vas a bajar esta tarde al carna...?

¿Todavía no está usted satisfecha?,

¿que pone a todos en mi contra? -Como si eso le importara.

Nunca ha sido una criada de verdad.

Me arrepiento de haberla allanado el camino.

-Sí, soy una criada. Y, como tal, me debo a mi señora.

-Ya, ¿qué va a ser criada ni nada?

Siempre ha sido una señorona.

Si me quiere escuchar, le señalaré el camino.

Vuelva por donde vino, aquí ya está sentenciada.

Ni una amiga más encontrará entre el servicio.

-Ojalá fuera tan fácil como coger el petate.

¿Viene usted de casa de mi señora?

-Sabe usted deducir. -No se mofe usted de mí.

Es tan solo que... doña Úrsula me tiene algo preocupada.

Pareciera, no sé,

como si tuviera que dar todo de sí para no venirse abajo, la pobre.

¿No sabrá usted qué es lo que la consume?

-Lo siento.

La confidencialidad de mi trato con doña Úrsula no es negociable.

Sin embargo, voy a serle sincero.

En algún momento sí que me gustaría tomar algo con usted

y hablar de lo que haya que hablar.

-Pues... entonces vamos ahora.

Tengo un rato desocupado.

-Ya me gustaría, ya.

Pero debo emprender un viaje impostergable.

Eso sí, le tomo la palabra.

Dé por seguro que volveré y reclamaré...

mi privilegio.

Te he echado de menos.

Anoche regresaste tarde.

Y esta mañana, cuando he amanecido,

ya te habías marchado.

-Mi padre, la mina; cosas.

He estado ocupado. -Me debes muchos besos.

Tu ausencia ha generado deudas.

-(SUSPIRA)

Ahora no, Blanca.

-¿Qué haces?

¿Es por tu padre?

(RECUERDA) (JAIME) "Según ese informe, Diego,

no te queda mucho tiempo de vida".

No puede seguir callado, padre. Ya no acepto su silencio.

Sé que Diego vino a visitarle anoche.

Estoy seguro de que a él sí que le contó lo que le sucede.

¿Por qué confía más en Diego que en mí?

-Diego era el primero que tenía que saberlo.

-Por Dios, padre, soy yo quien le acompaña,

quien vive con usted, quien no se separa de su lado.

-Es un asunto que afecta a Diego... Por favor, Samuel,

no quiero que tengas celos de tu hermano.

-¿Qué sucede?

Ya que él ha tenido el privilegio de ser el primero en enterarse,

cuéntemelo ahora a mí.

-La transfusión no ha funcionado.

El mercurio le está matando.

Tu hermano se muere, Samuel.

-¿Mi sangre no ha servido? -No, no.

Tu sangre no tiene ninguna culpa, hiciste lo que debías.

-¿Qué plazo le dan?

-Nadie lo sabe. Hablan de días, quizá semanas.

¿Cómo ha encajado él la noticia?

-En cuanto se lo dije,

se marchó prácticamente sin decir ni una palabra.

Samuel...

Tenemos que estar a su lado, haya hecho lo que haya hecho.

No podemos fallarle.

-No lo dude usted.

Diego, si la salud de tu padre sigue mejorando, ¿qué es entones?

¿Has discutido con él?

-No, no es mi padre, Blanca.

Soy yo quien...

Creo que no estoy conduciendo las negociaciones con los mineros

como a mí me gustaría.

-Te prepararé algo de comer.

Quiero cuidarte. Anda, acompáñame.

-No tengo apetito, Blanca.

¿Has terminado ya de leer esos documentos en alemán?

Me encanta que hagamos cosas juntos, cualquier cosa.

(HABLA EN ALEMÁN)

¿Prefieres que te lo diga en español?

"Recuerdo cada uno de tus abrazos".

"Te quiero".

¿Ni siquiera vas a sonreírme hoy?

-Estaré bien cuando termine el trabajo y mi compromiso.

-Pero mejor no aflojes hasta que no te hayan pagado.

Será cobrar y nos iremos sin esperar ni un minuto.

Nos marcharemos raudos.

Oye, todavía no hemos decidido dónde iremos.

Has de elegir en qué país quieres que nazca tu hijo.

Supongo que no es una decisión fácil.

Muy pocas personas tienen el privilegio de elegir

la nacionalidad de su descendencia.

Piénsatelo bien.

Mientras tanto, yo, como testaruda que soy,

cumpliré mi promesa de cocinar para ti.

Se me ha metido entre ceja y ceja.

-Pero mucho me temo

que esos negociantes del pecado y falsos chocolateros

van más allá en la pendiente hacia el infierno.

Sus actividades nocturnas,

además de inmorales, probablemente sean también ilegales.

-Ave María purísima. -Sí, por eso

les he reunido aquí.

Creo que estamos en la obligación de descubrir

cuáles son esos embrollos del demonio.

y atajarlos cuanto antes. Cuanto antes, mejor.

-Pero atajarlos, ¿cómo?

-Poniéndolos en manos de las autoridades.

Y haciendo que caiga todo el peso de la ley de los hombres

sobre ellos.

-Si son unos malhechores,

yo apoyo la moción de Susana.

¿Y tú qué dices, cariño?

-Antes de asesoraros,

tengo algunas preguntas para doña Susana.

¿En qué se basa usted para acusaciones tan sustanciales?

-¿Alguno de ustedes ha visto entrar en ese negocio

ni siquiera a un parroquiano en horas decentes?

-Cierto. Ahí no entran ni los gatos aunque los persigan mastines.

-¿Y cómo pueden mantener el negocio

como si fuera boyante? -No dudo de sus asertos,

pero una inculpación necesita más pruebas.

Quizá tenían ahorros

y estaban enjuagando pérdidas. -(RÍE) ¿Dinero? ¿Esos pelagatos?

Permítame que lo dude, abogado. -No te desboques, querida.

Dice que no podemos basarnos en especulaciones.

-No todos son suposiciones, Liberto.

Quiero decir, el matrimonio contrajo una deuda con Antoñito.

Y la verdad es que no la podían pagar ni en sueños.

Sin embargo, ahora la han pagado a tocateja.

-Eso es cierto, es un hecho. -En todo caso, si no la ilegalidad,

la inmoralidad es patente. Si no, ¿a qué santos se esconden ahí

con las contraventanas cerradas?

-Por no mentar los casos de ebriedad pública.

Tú misma los has visto... con tus propios ojos, Susana.

Ojalá lleguemos a tiempo de expulsarlos,

antes de que hundan al barrio en la ignominia.

Señor, un negocio tan emblemático como es La Deliciosa,

¡en boca de todos!

-No podemos consentirlo.

Respaldo a Susana con todas mis fuerzas.

-A ver, un momento.

No creo que sea necesario tomar decisiones a matacaballo.

Cerrar un local de divertimento justo en carnavales

quizá no es lo más oportuno.

-Ay, Trini, bendita seas.

Quizá yo también pensaría igual si no fuera porque La Deliciosa

forma parte de la historia de mi familia.

Y yo le prometí a Víctor...

que velaría por el buen nombre de ese negocio. (LLORA)

-Susana... Venga, tranquilízate.

Mira, lo cierto es que todos hemos acudido a tu llamada.

Así que lo más probable

es que encontremos una solución.

-No sería difícil dar con ella.

Si lo tienen ustedes a bien, puedo utilizar mis influencias

para que manden un par de guardias esta noche.

Si están delinquiendo,

la policía... olerá el tufillo.

-Yo estoy de acuerdo. -Quizá llamar a los guardias

sea matar moscas a cañonazos.

-Estoy de acuerdo con don Ramón.

Deberíamos tener indicios de mayor peso.

-Creo que el primer paso lo debemos dar los vecinos.

Propongo que alguno de nosotros se persone por sorpresa.

Si están ocultando algo,

les sorprenderemos con las manos en la masa.

Quizá sea usted el más apropiado para la tarea.

Con su experiencia, si ocurre algo, lo catará.

-Muchas gracias a todos.

Les aseguro que esta noche

estaré a la altura de las circunstancias.

-Acabemos ya; el baile de máscaras debe estar a punto de caramelo.

(SUSANA) Bueno...

-¡Ah!

¿Estás pensando en unirte al carnaval?

-Perdón, señor, no ha esperado a que la anunciara.

-No se preocupe, Reyes no es muy amante del protocolo.

Y empiezo a concordar con ella.

-¿Le guardo su estola? -Por favor.

Gracias.

-A no ser que lo desees con arrebato,

prefiero abstenerme de la fanfarria.

-Gracias a Dios.

Temblaba solo de pensar que quisieras asistir.

Detesto las máscaras y las mascaradas.

Una persona honesta no debería cubrirse el rostro.

-Excepto cuando se trata de apabullar a los hombres

con un florete. -"Touché".

-Nos tomamos algo aquí,

si te parece.

-Gracias por custodiarlo.

Me trasportan a las playas limpias de Palaos.

Pocas cosas me han inspirado tanta paz

como pasear por ellas con mi padre.

Siento frío.

Gracias.

Lo único malo de haber pasado media vida en una isla

es la intolerancia al frío que genera.

-Es verdad, uno no acaba de acostumbrarse.

-Como no me acostumbro a la soledad.

ni a tener a nadie que me proteja.

Mi padre cumplía esa función.

-Era su deber, como ahora lo es el mío.

Una obligación demasiado placentera para ser llamada así.

-Si supieras el alivio que sentí al conocerte.

Mi caballero andante.

-Conseguirás que todo un coronel se ruborice.

-Te mentí en la sala de armas.

No quería que pensaras que era una mujer desvalida.

Pero agradecí que le dieras su merecido a aquel hombre sin honor.

Prométeme que no me vas a dejar de lado nunca más.

Prométemelo.

Ni siquiera por la opinión del general Zabala.

-Te lo juro por mi honor.

-Sigo sintiendo frío.

-Le pediré a Agustina que te haga una infusión.

-Gracias. -Vuelvo enseguida.

(LEE) "Estimada señora, espero que tenga a bien

acompañarnos en la celebración del acto benéfico

que se celebrará en el domicilio del general Zabala

el próximo día de San Flaviano".

(Música)

Qué desfachatez la de esa tal Flora.

Mira, se comporta como una buscona.

-No seas exagerada. Trata de amortizar su inversión.

Nada más. -Pues la fortuna no le sonríe.

Eso o que no es buena buscando. -(AMBOS RÍEN)

Mi tía Susana ha sido muy perspicaz

al fijarse que no podrían seguir adelante

sin ampliar sus actividades.

-¡Uy! -(RÍEN)

-Don Ramón, fíjese en La Deliciosa. No entra un cliente

ni por equivocación.

-Ya, ya veo.

Cuando dejemos de bailar, seré yo el que entre,

a ver si consigo averiguar algo

antes de que acabe la noche. -Venga, Ramón.

(TRINI) ¡Eh! (RÍE)

-No te lo quería decir, pero ya me lo barruntaba yo.

Marcelina no va a acudir. -¡Nos ha jeringado el profeta!

Vamos a ver, ¿recuerdas las miradas que te ha echado?

¿Con qué ojos? Que se deshacía como manteca en agosto.

-Deje los reproches. Quizá al principio se licuó,

pero luego se vio bailando con el cabrero

y le entraron escalofríos.

-Pero... -No diga eso.

Jacinto no será el duque de Alba, pero tiene un corazón enorme.

Y bien que se ha entrenado para bailar.

-Había practicado unas cabriolas. -Como no la bailes con el sereno...

(RÍE)

-Ay, si es que míralos.

El perro pastor y la oveja lucera.

Están hechos el uno para el otro, Martín.

¡Ay!

La tiene "dominá", Martín. -Ojalá se la eche de novia

y descansas ya, canija mía.

Susana, sosiégate. Si hay algo turbio en La Deliciosa,

Felipe dará con ello. -No veo el momento

de echar a esos dos rufianes. -Había quedado aquí

con Liberto para seguir bailando.

¿Me hacéis compañía? -¿Y no prefieres esperarle en casa?

-Bueno...

Para estar en febrero, hace una tarde preciosa

para dar un paseo, ¿no? -Sí.

De eso venimos, de aprovecharla. -Qué alegría verla, Silvia.

Últimamente frecuenta mucho Acacias.

Diría incluso que frecuenta mucho el 38.

-Señoras, me es más que grato informarles

de que la señorita Reyes

me ha dado su permiso para pretenderla.

-¿De veras? Pues me alegro mucho por ambos.

-¿Y todavía en fase de cortejo

y ya sube la señorita a su casa... a solas?

No me parece muy apropiado. -Bueno, los tiempos cambian,

por si no se ha dado cuenta. Ahora resulta de lo más normal

visitar a tu pretendiente sola o acompañada.

Ni qué contar tiene que ya no somos mocitos,

ambos peinamos suficientes canas

como para saber lo que tenemos que hacer.

-Señoras, ¿les parece que demos otra vuelta a la manzana?

El aire tan cargado del portal me ha indispuesto.

-Señorita Reyes, pásese cuando quiera por la sastrería.

-Por supuesto, doña Susana, así lo haré, sí.

-En fin, superado el primer orden de revista.

Parece que no ha ido tan mal. -Creí que nos obligarían a casarnos.

(RÍE) Solo por habernos visto a solas.

Por cierto, hay una función en el teatro pasado mañana,

por el día de San Flaviano.

Me gustaría que fuéramos juntos.

-Lo siento, querida, pasado mañana es imposible.

Zabala ofrece una comida.

-Comida a la que no he sido invitada.

-Lo siento, no estabas en la lista.

-¿Te da apuro lo que digan tus amigos?

-Hablaré con Zabala. Ahora eres mi acompañante oficial.

Dos tipos despistados con un chato de vino

era toda la clientela. ¿Aquí hay gato encerrado?

Ningún negocio se sostiene del aire. -Sí. Iré a ver en cuanto pueda.

Ahora me voy a la charanga.

Que debo escoltar a mi media naranja,

que debe estar que trina con mi ausencia.

-Sí, vaya. Mientras esté entretenida, no pondrá el grito en el cielo

con los problemas del yacimiento.

-A mí me lo va a contar.

Me repite sin cesar que va a despedirlos a todos.

(AMBOS RÍEN) -¿Y tiene alguna novedad de Diego?

-Todavía no.

Pero creo que la voy a tener en breve.

¿No bailan ustedes? -Bueno, ya lo hemos hecho.

-Lo justo para que no nos llamen desaboridos.

-Debatíamos sobre los derroteros que están tomando

los problemas del yacimiento.

¿Ha continuado las sesiones con la representante del sindicato?

-Sí, don Ramón.

Huertas mantiene una versión opuesta a la nuestra

respecto al incidente con el capataz.

-Mentirá para exonerarlos de culpas.

-Mantiene que se obligó a algunos mineros a trabajar.

Cuando el resto de mineros reprochó a los esquiroles su actitud,

estos se negaron a trabajar.

Ahí empezó una pelea espontánea con el capataz.

-¿Esquiroles?

¿Pelea espontánea?

Pero ¿de qué parte está usted, Diego?

Mi hombre de confianza, un hombre decente donde los haya,

está en el hospital tras esa pelea banal.

-No se sulfure. Sé por qué he sido contratado.

Solo busco un poco de objetividad en este asunto

para llegar a un acuerdo con el sindicato.

-Mi esposa está hecha un basilisco.

No, lo siento Diego. No vamos a ceder más.

-Y esa es mi intención. No a cambio de nada.

He estado negociando con Huertas, el agresor se presentará ante usted

a cambio de que nosotros no le denunciemos

ni sea represaliado.

-Entonces ¿qué tenemos qué hacer?

¿Felicitarle? -No.

Le exigiremos que pida disculpas ante sus compañeros.

Es una cuestión de orden

y de que nosotros recuperemos la iniciativa.

-Nos pide usted demasiado, Diego.

-Si lo hacemos así,

no solo el agresor estará en deuda con nosotros,

también el resto de los sublevados.

Y la negociación será más suave.

-¿Y Huertas?, ¿está de acuerdo con esto?

-Déjenos un tiempo para pensarlo.

Le veré mañana, Liberto.

Diego. -Con Dios.

Todo esto está siendo muy duro para usted, ¿no es así?

No hay más que verle.

-Sí, Liberto, estoy algo cansado.

Deseo alcanzar un acuerdo y olvidarme de este asunto.

No hay moros en la costa.

¡Que empiece la fiesta!

(Música)

-Beba, beba, amigo.

Se la debía.

Disfrute.

-Le prometo que así lo haré. Me lo pone muy fácil.

-Hace poco le hice una promesa:

Nadie se aburriría en mis fiestas. -Y la está cumpliendo.

No me aburro, estoy algo preocupada. -Para olvidar preocupaciones

es para lo que nos reunimos.

-Íñigo, yo le aviso.

Algunos vecinos quieren saber qué pasa detrás de esas cortinas.

Y, en cuanto se enteren, obrarán en consecuencia.

-¿Y por eso está usted abrumada? -(RÍE)

-Olvídelo.

Sé cómo defenderme. Lo tengo todo previsto.

-¡Don Felipe Álvarez Hermoso, insigne letrado!

Es un placer para nosotros acogerle. ¿Le apetece un trago?

-Ron, whisky, champán...

Dudo que esto cuente con los permisos aduaneros.

-No sea aguafiestas.

Le mostraré los documentos que nos otorgan permiso

para tales placeres.

-Vaya.

Una auténtica joya.

Dicen que nuestro monarca usa una de la misma marca.

-Plumín de oro y lacada. Diga de un rey, sí.

¿Le gusta?

Disculpe, señora.

La he notado a usted algo decaída... y me preocupa.

¿Tiene que ver con la visita de ese tal Riera?

-Termina de recoger.

(SUSPIRA)

Mi padre ya está en la cama, espero que descanse.

Apenas ha probado la cena. Le estamos matando.

¡Míreme usted!

Me ha contado, con lágrimas en los ojos

y porque necesitaba que alguien le escuchara,

que Diego se muere. ¿Tanto sufrimiento para...?

¿Y si esto no me devuelve a mi hijo

y solo sirve para enviar a mi padre al camposanto?

¡Míreme!

-No me hables en ese tono.

-Mi padre quiere que me quede al lado de Diego.

Dice que me necesita.

-Obedece a tu padre.

Quédate con Diego.

Recupera su confianza y también la de Blanca.

Y paciencia.

Tu mujer volverá a casa muy pronto.

Ahora déjame rezar.

Son un regalo

de mi madre.

¿Dónde has estado todo el día?

-Negociando.

-Eso no lo dudo.

Pero hay algo más que te preocupa, Diego.

Puedo verlo.

(Pasos)

-¿Llego en mal momento?

-No, pase, por favor.

Blanca ya se iba a acostar.

-Siéntase como en casa, señorita.

Esto es lo que querías decirme esta mañana,

que bebes para hacer negocios.

Pero ¡aquí el dinero solo corre en un sentido!

-¡Hombre, don Ramón!

Qué gusto da verle en este establecimiento.

No creo que tu señora madre

viera con buenos ojos que estés en una taberna clandestina.

¡Felipe!

-¡Don Ramón!

Tampoco se ha podido resistir a animar estos carnavales.

Ahora le veo.

-Esto... esto...

¡Esto es indignante!

-No pierda usted las formas.

Solo es una fiesta entre amigos.

¿Quiere tomar algo? -No, gracias.

¡Voy a avisar a las autoridades,

lo voy a denunciar! -Si usted no bebe,

bien le puedo ofrecer unos vegueros de Cuba.

Una delicia. Pruebe uno.

Ah, y, mientras se lo fuma,

le voy a ir enseñando unas sedas de la China.

Ha llegado a mis oídos que es usted un auténtico entendido

en tejidos orientales.

Don Ramón ha dicho que se lo pensaría.

Yo creo que aceptará.

El agresor... no será detenido

ni despedido.

-Antes de que se entregue,

lo queremos por escrito.

-No tire más de la cuerda, se romperá.

Creo que lo mejor es que se entregue

como gesto de buena voluntad.

Don Ramón... Don Ramón es un hombre de palabra.

-Si quiere, lo dejamos para mañana. -No.

No, eh...

Sí, será mejor que sigamos mañana.

-Si hay algo que le preocupa, dígamelo.

(RÍE)

Me muero.

Voy a morir pronto.

Quedamos en que vigilaríamos La Deliciosa.

-De noche, no pasó ni un alma, y de día tampoco hubo movimiento.

-Será como lo cuenta,

pero yo estoy segura de que están enredados en algo raro.

-No se me ocurre en qué puede ser.

-Tendremos que redoblar nuestros esfuerzos

y mantener la vigilancia.

-Doña Susana ha estado en mi casa.

-Supongo que para preguntar por La Deliciosa.

-Así es.

Pero no le he contado nada. -No sé.

Quizá debiéramos contarle lo de las fiestas clandestinas

que se celebran allí.

Nada de lo que tengo en la vida

ha sido gracias a la intervención divina.

Al contrario,

todo lo que he conseguido ha sido gracias a mi perseverancia,

a mi carácter.

Nadie nunca me ha regalado nada,

todo lo he tenido que pelear con uñas y dientes.

-Mucho has tenido que vivir

para forjar un carácter tan fuerte como ese.

-No hay nadie que conozca mejor la situación en las minas

que mi hermano, lo que piensan esos obreros.

Ha pasado muchos años junto a ellos.

-Nadie le discute eso.

-Por eso lo mejor que pueden hacer es escucharle, tener paciencia

y dejarse guiar por sus consejos.

-Apenas nos vemos. Siempre estás fuera o trabajando.

-Es posible.

He estado demasiado ocupado estos días.

-Siempre te acuestas

cuando yo ya estoy dormida.

Cualquiera diría que me estás evitando.

-No digas tonterías. -¿Seguro?

¿Cuándo fue la última vez que me besaste?

-"Es usted una gran profesional y la tengo en buena estima",

por esa razón me gustaría seguir viniendo.

-Y yo estaré encantada de atenderla. -Pero que las conversaciones

no sean una ristra de reproches contra Arturo.

No es ningún secreto que me une a él algo más que una amistad.

Como resulta evidente, me molesta que se metan con él.

-Lo he entendido perfectamente.

Usted, como clienta, siempre tiene la razón.

-"Tal vez Diego"

haya tenido un mal día.

-No, estoy segura de que hay algo más.

-Pero ¿por qué?

¿Ha pasado algo entre los dos

que justifique el cambio?

¿Y a qué vienen estos miedos?

-No lo sé.

No lo sé, pero mi corazón me dice que algo va mal.

-Es una barbaridad no decirle nada a Blanca.

Va a ser la madre de su hijo. -Huertas, sé lo que debo hacer.

-Espero que así sea

y que disfrute de los días que le quedan junto a ella.

-Usted tenía razón en una cosa:

Es cierto que antes no pensaba con claridad.

Pero ahora tengo claro el camino que he de tomar.

¿Se puede saber qué pasa aquí?

-Ya me olía a mí esto

a chamusquina.

Celia... ¡Celia!

Trini, Felipe... ¡Vamos!

¡Hasta Servando! Está hasta el portero.

-Ha sido una velada deliciosa.

A pesar de lo pretencioso del restaurante.

No soporto tanta impostura.

-Tu presencia da luz a cualquier sitio.

-Venía para ver cómo iban los preparativos del acto benéfico.

Pero ya veo que tiene otras ocupaciones.

-Siento no haberme pasado antes, necesitaba aclarar mis ideas.

Tus visitas siempre son bien recibidas. Me alegro de verte.

-Os dejo solos, para que podáis hablar a gusto.

-Espera, Samuel.

En realidad es contigo con quien quiero hablar.

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  • Capítulo 703

Acacias 38 - Capítulo 703

19 feb 2018

Diego encaja mal la noticia del regreso de su enfermedad y decide ocultárselo a Blanca. Jaime, por su parte, se lo cuenta a Samuel, quien finge estar afectado. Silvia intenta recopilar detalles de la fiesta benéfica en casa del general Zavala, tal y como le aseguró a Carvajal que haría.

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  1. Lulu

    Esa Huertas es una roba hombres Buscate uno soltero de una vez !!

    20 feb 2018
  2. Naranjas de la china

    Lo de hacer todo en un habitáculo por ahorrar presupuesto no tiene sentido. Es mejor no sacar ningún escenario nuevo a presentar una salita de estar donde se cuece todo.Los Alday se reúnen, comen, celebran, hacen el amor, duermen y todo lo demás en esa salita de estar cuando se supone que es una mansión!! Que manía tienen los guionistas en hacer cosas absurdas.

    20 feb 2018
  3. Diana

    Y hasta cuando en la gran mansion alday van a dormir comer cocinar todo en el salon? Es que no alcanzo el presupuesto para hacer una alcoba?

    20 feb 2018
  4. Naranjas de la china

    Esta serie va de mal en peor. Completamente de acuerdo con vuestros comentarios. A mi me aburre soberanamente. Ahora sólo me entretiene ver la opinión de otros espectadores. El cuarteto de los Alday, recientemente convertido en quinteto, es verdaderamente infumable. No tiene ni pies ni cabeza que Diego siendo tan inteligente no se le ocurra ir al médico a preguntar que ha pasado con su enfermedad. Samuel una marioneta que odia a Úrsula pero obedece cual perro faldero. Blanca que es tonta pérdida y el padre que sigue aturdido después de tantos meses inconsciente. Ahora los guionistas nos la lían con que Úrsula es rusa. En fin que forma de rizar el rizo. Y los nuevos chocolateros son de bofetada y media. Susana tan retrógrada como el primer día.Claro que sin hijo o nieto se aburre... Un sinsentido que se está alargando sobremanera. Al menos en otras series los malos pagan por sus crímenes. Aquí son como brujas y magos. Que aburrimiento!

    20 feb 2018
  5. Mercedes

    ¡¡ Don Felipe !!! pasó de ser un adúltero a destajo pero decente profesional a fiel esposo pero trepador e inescrupuloso para conseguir sus objetivos y su esposa, una pobre mujer sin un mínimo de amor propio que le perdona cualquier cosa, ¿ tan " necesitada " de " afecto " está ? Párrafo aparte merece Antoñito a quien le cabe: " el zorro pierde el pelo paro no las mañas ".- Siempre me intrigó de donde saca Ursula tantos asesinos a sueldo, rastreros "cómplices" y toda la alimaña de que se rodea; los guionistas la hacen pasar como la TODOPODEROSA , la que todo le sale a pedir de boca y si no siempre tiene un as debajo de la manga. ¿ No será mucho, señores ?

    20 feb 2018
  6. Ruddy

    ... Y cuando pase el tiempo y Diego no se muera, Qué ?? El plan de Ursula hace aguas por todos lados. Ya metidos en este embrollo, sea cual sea la solución que le den, será un nuevo despropósito, como muchos de los que nos regalan los guionistas... A menos que al final Samuel acabe confesando la verdad, con lo cual, poco arreglo es ese, después de días y días dándonos coba con este asunto para mentes cortas.

    20 feb 2018
  7. Mabi

    Otros que no cambian son Antoñito y Felipe, esos dos, genios y figura hasta la sepultura !!! Y ahora Don Ramón !?!?! plegándose a la compra de contrabando, todos y cada uno en Acacias cuecen habas !!!!! Y Huertas...otra vez quedándose con marido ajeno ???? Y el Coronel....en mi país, en el gran libro " Martín Fierro hay una estrofa que dfice....- " Paisano sonso, cuando el amor lo domina ".... Y eso le pasará con la " señorita Reyes" la embaucara de lo lindo, haciéndole quedar como un calzonudo y estafador, si ella ligera quedarse con lo recaudado, ésta señorea se las trae !!!!! Pregunto ....si la imagen de la mansión Alday es tan espectacular....por qué el salón escritorio sirve como comedor y dormitorio???????? Si hasta el amor hacen ahi mismo !!!!!! Y que incomodidad!!!!en ese sillón !!!!!

    20 feb 2018
  8. Lulu

    Flora parece que viene de familia humilde

    19 feb 2018
  9. soffia

    susana,susana,no cambia

    19 feb 2018