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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 695 - ver ahora
Transcripción completa

Y las cosas son como le cuento.

Diego me ha robado a mi esposa, la ha seducido,

se la ha llevado con él.

No ha parado hasta arruinarme la vida

y separar a mi familia.

-Ahora quiero ser mejor persona.

Pero quizá Jaime no lo entienda.

-Madre..., ¿cómo no va a entender tan noble propósito?

-(SILVIA) "Estimado Arturo,

le envío un presente".

"Le rogaría que espere a que le visite

para abrir este paquete".

"Si no le parece mal, pasaré esta tarde por su casa".

"Suya, afectísima, Silvia".

(GRITA)

-¡Pare!

¡Pare, pare, que la va a matar! -Salga de aquí.

Ya me encargo yo de todo. ¡Humo!

-"La receta que empleamos,"

que es secreto de familia,

es la receta que emplean desde hace siglos en las Indias.

-Seguro que resultado de alguna de las investigaciones de su padre.

-Eso mismo. -Bueno...

Tampoco está mal, se deja beber.

-"He aprendido a valorar"

todo lo que has construido durante años y años de esfuerzo,

de sacrificio.

Estoy convencida de que algún día podremos llegar a querernos.

O al menos a respetarnos. -Permítame que lo ponga en duda.

-Lo importante es que está mejorando, incluso ya habla.

-¿Es eso cierto?

Si no hace tanto no nos daban ninguna esperanza.

-Pues todo ha cambiado.

Liberto me lo ha contado. -No me lo puedo creer.

-"Me consta"

que hay partes oscuras en el pasado de don Arturo.

Pero considero que todo el mundo puede cambiar.

-Si su naturaleza se lo permite.

-Quizá se haya dado cuenta de sus errores y se ha transformado.

Bailará conmigo.

-No me parece apropiado. -Déjese llevar.

No puede negarme este capricho.

Por tu impulsividad...

Pero has llegado a traicionar a tu hermano,

a robarle su esposa, su hijo.

Vete.

No quiero verte más.

Usted no lo entiende, padre.

Blanca y yo nos amamos siempre.

Pero reprimimos nuestros sentimientos por no hacer daño a Samuel.

Por no romper la familia,

pero llegó un momento en que no pudimos más.

-Y le robaste la esposa a tu hermano.

Jamás tendréis mi bendición.

Eres su hermano mayor.

Tenías que haberle cuidado, que haberle protegido,

y más en mi ausencia.

Eres un egoísta, Diego.

Te has comportado de forma ruin, ¿acaso no te he enseñado nada?

-Sí.

Usted me enseñó a ser honesto conmigo mismo.

-No te he enseñado a ser desleal con los que más te quieren.

-Me enseñó a guiarme con el corazón.

-No te he enseñado a traicionar a tu familia.

Será mejor que te vayas.

¿Le sirvo ya la cena, señora? -No, Lolita, puedes retirarte.

Tanto Felipe como yo tenemos el estómago revuelto.

-Como yo, que parece que me haya tragado un trapo.

Croe que me pasé comiendo chocolate, acostumbrada a no merendar...

-No creo que sea cosa de costumbre. Yo meriendo cada día, y me sentó mal.

-Bueno, pues me voy a descansar.

Mañana será otro día.

-Buenas noches, Lolita.

Que descanses.

Cariño...

-Dime, querida.

-Los militares de la Asociación de Patriotas...

-¿Sí?

-¿De verdad solo se dedican a fines altruistas,

como esa cena benéfica? -A esos fines y a otros parecidos.

El general Zabala y sus acólitos son inofensivos.

Un grupo de militares nostálgicos que añoran tiempos mejores,

cuando España era un gran imperio.

¿Por qué lo preguntas?

¿Qué ronda por esa cabecita linda que tienes?

-No me ronda nada, es solo que...

Silvia Reyes me ha caído muy bien,

y temo que acabe enredada con el coronel.

-Es una mujer inteligente y con mucho mundo.

No parece una mujer fácil de enredar.

-No me gustaría que la hicieran daño. Sabemos cómo se las gasta ese hombre.

-Son mayorcitos. Ya saben dónde se meten.

Celia,...

no te entrometas, que te conozco.

¿Sabes que don Arturo me ha puesto en relación con el marqués de Viana?

-¿De verdad? -(ASIENTE)

Si creo que es muy amigo del futuro rey.

-Voy a asistir a una jornada de caza para entablar amistad.

Pero si tú no sabes cazar,

ni te gusta. -No, en absoluto.

Además, no encuentro ningún sentido a divertirse matando.

Pero no te apures, nadie se dará cuenta.

Me prepararé y me informaré, al menos parece no hacer el ridículo.

-Y conociéndote,

seguro que te haces pasar por un peritísimo cazador.

Nunca dejarás de sorprenderme.

-Aunque no acertaré ni un solo bicho.

(AMBOS RÍEN)

No te lo tomes así, cariño.

Acaba de despertar.

Está aturdido, confuso.

-No lo sé.

No lo sé, Blanca.

Le vi reacio a escucharme.

Completamente cerrado en banda.

-Con el paso de los días,

entrará en razón, te dejará explicarte.

-No, no lo hará.

Lo supe en el momento en el que me crucé con Samuel.

Le ha estado alimentando en mi contra.

Llevaba impresa la victoria en la cara.

No quiero ni pensarlo, pero...

-¿Qué?

-Samuel estaba disfrutando.

Que mi padre me odie, que esté decepcionado conmigo.

Eso le hace sentir bien.

-No pienses en eso ahora, mi amor.

El tiempo lo colocará todo.

Samuel le ha contado a tu padre su versión de los hechos.

Y tu padre, ahora vulnerable, le ha creído.

En cuanto le cuentes tu versión... -Mi versión...

¿Cómo le voy a contar a mi padre mi versión?

¿Cómo le voy a contar que Samuel se ha vuelto violento,

que te encerró en su casa,

que ha cambiado hasta el punto de convertirse en otra persona?

-Sí, quizá me creería, pero es su padre.

Descubrir eso de su hijo le destrozaría el corazón.

Le hundiría en una tristeza terrible.

No, Blanca, no, no, no.

No voy a hacerle eso a mi padre.

Tendré que esperar a que el tiempo ponga a cada uno en su lugar.

(Botellas)

(FABIANA LLORA Y BALBUCEA)

(LLORA)

Debe estar muerta de miedo

pensando que va a morir, ¿no?

-(RESPIRA AGITADAMENTE) -Quizá la mate.

O quizá no.

Aún no lo he decidido.

Pero, por lo pronto, la dejaré viva,

para que vea lo que voy a hacerles a los que usted más quiere.

Iré a hacer una visita a sus amigos del altillo, de Acacias 38.

A las criadas, tal vez al portero.

No tuvo que meter las narices donde no la llamaban.

Su osadía le va a costar cara.

Quizá no a usted, pero sí a sus amigos.

Quizá ellos terminen pagando su imprudencia.

-(LLORA DESCONSOLADA)

-¿Seguro que no sabe dónde está?

-Está desorientada y confundida.

¿Qué quiere que haga con ella?

Para hacer lo que estoy haciendo,

podría haber usted contratado a cualquier donnadie.

-Quería al mejor de los mejores.

Quiero que el trabajo se ejecute sin complicaciones

y sin errores.

-Eso delo por hecho.

Pero mis tarifas no son baratas. -(RÍE)

El dinero no es un problema, no se apure por eso.

Solo preocúpese de que todo sale como yo ordeno.

-Entonces ¿qué quiere que haga ahora con esa mujer?

Conseguiremos que nos perdone, ya lo verás.

(Puerta)

¿Quién será a estas horas?

-Sé que no son horas para andar de visitas,

¿es mal momento? -No, claro que no, Leonor. Pasa.

-Diego, me alegro mucho de verle. Espero no molestar.

-Usted nunca molesta.

¿Quiere tomar algo? -No, no, no.

No se apure, gracias. Ando con el estómago revuelto.

-Por favor.

-Me temo que no soy la única que está revuelta.

Mi madre y Liberto están igual. -¿De verdad?

-Y los Palacio están de la misma guisa,

metidos en la cama y con sudores fríos.

-Vaya, lo lamento.

Espero que no sea nada grave. -No.

Por eso me han enviado a mí para hacerle una visita a Diego.

Mi madre y don Ramón quieren hablar con usted

sobre el asunto de la huelga.

-Pensaba ir mañana.

Lamento no haber ido antes,...

pero las noticias de mi padre me han tenido ocupado.

-No se apure, es comprensible.

-Me reuní con los líderes sindicales.

Estábamos a punto de firmar un acuerdo,

cuando mi padre despertó y tuve que venirme corriendo.

-Esos son muy buenas noticias.

Enviaremos un representante

para que termine de sellar el acuerdo. ¿Le parece?

-Sería muy buena idea.

-Les tranquilizaré, pues. Estaban inquietos con el asunto.

-Diego, ¿le ocurre algo?

No tiene muy buena cara.

Que su padre haya despertado, es un auténtico milagro.

-Samuel ha complicado la relación de Diego con su padre.

Vamos a necesitar un poco de tiempo para que se aclare todo.

-¿Y significa esto que no se van a ir?

-¿Irnos como unos delincuentes? ¿Como si hubiéramos hecho algo malo?

No.

No, por el momento, vamos a quedarnos aquí.

Uf...

A los buenos días, Lolita. -Buenos días.

-¿Y Fabiana? ¿Sigue enferma?

-Sí, hoy serviré yo el desayuno.

-Qué raro, nunca se pone enferma.

A ver si tiene algo grave.

-"Pa" chasco que no sé yo.

Me barrunto que algo malo le debe estar pasando.

No ha dormido en el altillo.

-Quizá deberíamos ir a la casa de socorro a ver si está.

-Y tanto, pero ¿cómo sales de casa de esta guisa?

Yo me encuentro muy malamente. No paro de evacuar.

-Nosotros estamos igual.

¿Qué será esto tan raro que hemos cogido?

-Algo que nos manda el demonio. Qué mal me encuentro.

¿Les preparo algo de desayunar?

-Quizá un agua con limón nos haría sentir mejor.

-Eso, agua con limón para todos.

-Buenas. -Hola.

-Uy...

-No me encuentro muy bien.

-¿Tú también? -Uy...

-¡A ver si hemos cogido una bicha!

-Pues la hemos cogido todos. En el altillo

estamos todos malamente, menos el Servando.

-¿Y si fue el chocolate?

-¿El chocolate?

-Sí, tenía un sabor muy extraño.

-Y que lo digas, extrañísimo.

-A ver si nos hemos intoxicado con el chocolate de los Cervera.

-Si es así, ¿cómo es que el Servando está tan divinamente?

Fue el que más bebió. Ay...

Pues yo "na". Ni un vientecillo, ni un retortijón ni nada.

-Será usted el único. Arriba están todos hechos carbón.

-Tengo el estómago a prueba de bombas.

Mira que me hinché a chocolate. -No hay quien lo entienda.

En fin, marcho para la botica, para un remedio

para las mujeres. -Venga.

(SILBA)

-(SUSPIRA)

-¿No se iba usted? ¿Qué hace ahí parado?

-Temo salir y encontrarme con la Gertrudis, la Paca o la Pepa.

Que menuda torta me llevé ayer

sin comerlo ni beberlo. -(RÍE) Ya.

Ahora comprendo lo del sombrero.

Sí, ya, para pasar desapercibido, ¿no?

-Para que no me reconozca ni mi madre.

-No le va a surtir efecto. Con ese sombrero se le ve

desde lo alto de la iglesia. -Da igual.

Si me ven, no importa.

El problema es si me dan alcance. (RESOPLA)

"Pallá" que voy.

-Venga, suerte y al toro

¡Quieto, ahí "parao"! ¡Listo!

¿Te pensabas que te ibas a librar? -¡Paca, Pepa!

¡Qué alegría veros a las tres! ¿Cómo estáis?

-Nos debes una explicación.

-(RÍE) Y os vais a partir de risa

en cuanto la oigáis. -¡Escupe!

-Vale, vale, vale.

-Veréis, que...

que yo dije cosas "bonicas" que queríais oír

porque pensé que ninguna me haríais caso.

¿Cómo iba a saber yo que caeríais rendiditas a mis pies?

Esto es como jugar a la lotería;

se echa un número, o dos o diez.

Y te puede tocar uno o ninguno. -¿10?

¿Hay 10 chicas por ahí

que les has dicho lo mismo. -Quien dice 10, dice...

¿cinco?

¡Cinco! -¿Qué está pasando aquí?

¿Queréis dejarle en paz? -Tú deberías defendernos.

¿Y por qué, si no sois mi familia? -Pero somos mujeres.

¿Está bien que se nos engañe?

-¿Quién ha engañado a quién? Porque, vamos a ver,

mi primo no ha dicho la verdad,

eso es cierto,

pero el pobre hombre no quería nada más que compañía,

calorcito, arrumacos de los buenos, hombre.

¿Y vosotras?

Solo le habéis hecho caso por sus promesas de regalos.

Decidme la verdad. ¿Alguna de las presentes

está enamorada en serio de mi primo? -¡Ay!

Voy a echar hasta las gachas del domingo pasado.

-Nos vamos yendo, no vaya a ser que sea contagioso.

-Enseguida regreso.

El mal de vientre

me ha salvado del mal de amores.

(RÍE)

-¡Tú cállate! Que todavía te arreo con la mano abierta.

¡Tira, fuera de mi vista!

(SUSPIRA)

"Señá" Carmen, ¿se sabe algo de la "señá" Fabiana?

-Sí, se encuentra mejor. Pasó la noche en la casa de socorro.

-Pero ¿la ha visto usted?

-La visité. Ya tiene mejor cara.

-Pues se ha librado de la intoxicación.

Yo, si me disculpa...

Con Dios.

¿Se encuentra bien? No tiene buena cara.

-No mucho, la verdad.

Ha habido una intoxicación generalizada,

¿no lo sabía usted? -No tenía ni la menor idea.

Dicen que puede haber sido de la chocolatada popular

que dio ayer La Deliciosa.

¿No se ha dado cuenta de que el sacerdote

ha tenido que interrumpir varias veces la misa?

-Esperemos que sea algo pasajero y que no tengamos que lamentar.

¿Ha conseguido averiguar algo?

-Poca cosa, la verdad.

Felipe resta importancia a la reunión con los militares

que tanto importan a don Arturo.

Puede que el hermetismo del coronel

tenga que ver con la amistad que tenga con esos hombres.

-¿Qué quiere decir?

-Esa asociación debe de tener ideas algo retrógradas

respecto con una mujer avanzada a su tiempo,

como es usted.

-Pensé que el coronel valoraría más mi amistad

que la que tiene con esos carcamales. -Pues, si quiere saberlo,

puede preguntárselo usted misma.

Está allí.

Con Dios.

-Con Dios.

Ha sido un éxito.

Ayer nos coronamos, y por todo lo alto.

Asistió todo el barrio a la chocolatada.

-No sé qué le habrás echado a ese mejunje,

pero no ha quedado ni una gota.

¿Crees que podrías repetirlo?

Porque le echaste lo primero que pillaste.

-Ni pajolera idea. Pero lo mejoraré.

Si lo he hecho una vez, supongo que sabré hacerlo tora.

-Más te vale.

Me da que este negocio se va a poner de bote en bote.

-¡Dios te oiga!

No sabes las ganas que tengo de establecernos en algún lugar,

aunque sea solo por un tiempito.

Esta vez todo va a salir bien. -¡Mal!

¡Mal, mal, mal! ¡Muy mal!

-¿Perdón?

-¡La que han liado!

¿En qué momento se nos ocurrió lo de la chocolatada?

-Si la idea fue suya, asistió todo el barrio.

-Por eso, si hubieran venido pocos, no lo estaríamos lamentando.

-¿Lamentando el qué? -Todos han caído enfermos.

-¿Cómo?

-Todo el barrio está intoxicado. Una intoxicación de las gordas,

de las de sudores fríos, temblor de piernas,

vomitonas... -¡Santo Dios! ¿De verdad?

El barrio entero se va de vareta. ¿Cree que voy a hacer chanza de eso?

-¿Cómo es posible si nosotros estamos bien?

Yo no probé el chocolate, pero mi esposa sí,

y está fresca como una lechuga.

-No ha podido tratarse de nuestro chocolate.

Debe haber sido otro asunto el que lo ha provocado.

-¡A ustedes quería yo verles! ¿Saben cómo están todos?

¿Qué diantres le echaron a ese mejunje del demonio?

-Matarratas, como poco, eso de seguro.

-¡Exigimos una explicación!

Explicación que escucharé atentamente después de ir al excusado.

¡Ahora vuelvo! -¡Doña Rosina!

¡Por su madre, no tarde mucho! Yo también lo voy a necesitar.

Y ustedes dos,...

se han lucido, pero bien.

Me alegra haberle visto.

Quería preguntarle si sabe algo de las pertenencias de mi padre.

-No, de momento, pero le prometo que lo haré.

Estoy en ello.

-¿Le apetece cenar conmigo hoy?

-¿Hoy? -Hoy, sí, hoy.

¿Tiene algún compromiso?

-Lo cierto es que sí, algo importante que no puedo cancelar.

-Vaya.

Me apetecía cenar en agradable compañía,

pero si tiene otro compromiso... -Lo siento, no puedo aplazarlo.

-Ya. Supongo que tiene que ver con la Asociación de Patriotas.

Estoy al tanto de sus reuniones.

Sabe que me gusta ser clara y directa,

es lo que me enseñó mi padre. -Eso le hace una mujer muy especial.

-¿Le puedo hacer una pregunta? -Por supuesto.

-¿Se avergüenza de mí delante de sus amigos,

los militares? -¿Perdone?

-¿O es que teme la reacción de Zabala

y por eso me evita? -Ni una cosa ni la otra.

-¿Entonces?

-No tengo por qué darle explicaciones de los motivos

que me impiden cancelar mis compromisos. Muy buenos días.

-Muy buenos días.

¿Dónde está tu padre?

-Están haciéndole pruebas.

Si todo sale bien,

le permitirán seguir con la recuperación

en casa. -Eso es una buena noticia.

¿Qué ocurre?

¿A qué viene esa cara?

-Diego vino a ver a mi padre.

-¿Y?

-Llegó aquí como si fuera el hijo pródigo,

como si nada hubiera pasado.

¿Creía que mi padre le iba a perdonar todo el mal que me ha hecho?

¿Que le iba a dejar pasar la traición sin más?

-¿Qué hizo tu padre, cómo reaccionó?

-Le echó. Le despreció.

Le dio la espalda, no quiso ni escuchar sus argumentos.

-¿De verdad?

-Sobre todo porque hablé con él antes.

Le conté todo con pelos y señales.

No parece usted contenta.

-No creo que nos interese que Diego se sienta repudiado

por su padre.

-No la entiendo.

-Si Diego se siente rechazado,

si siente que no pertenece a esta familia,

cogerá a Blanca y a nuestro crío y se irán muy lejos.

-Eso no lo había pensado.

-Y eso no nos interesa, en absoluto.

Tú no sabes lo que es perder a un hijo. Yo sí,

por Olga, y tu padre también, por Cayetana.

¿Quieres vivir como nosotros?

¿Traumatizado por esa pérdida? -No. Eso es lo último que quiero.

-Habrás de tragarte tu orgullo

y hacer por que Diego se acerque de nuevo a tu padre.

-Creo que ya es demasiado tarde para eso.

-No.

No lo es.

Lo arreglaremos.

-¿Cómo lo hago?

-Debes ir a hablar con el médico e insistir...

para que le deje regresar a casa. -¿Por qué he de hacerlo?

-Tu padre, recuperándose en casa,

necesitará tener a sus hijos cerca.

Para un padre, lo más importante es un hijo.

-Es cierto, tiene usted razón.

-Ve a hablar con el médico.

Aquí, mi niña.

Tu hermanita Olga.

Las dos, a dormir.

¡Quién pudiera comprarse esos polvos de talco perfumados! ¡Mira qué jabón!

Ay, si tuviera algo de parné...

-Adiós, Jacinto.

-¡Quieto, parao, mostrenco!

(TEMEROSO) ¿Hablas conmigo?

-No, con mi prima la del pueblo.

¿Te pensabas que te ibas a ir de rositas?

¿No piensas enmendar tus embustes y mentiras?

-Sí, sí. ¿Y sabes por qué?

Porque... nunca quise haceros daño ni jugar con vosotras.

Os lo juro por mis ovejitas, que es lo que yo más quiero.

-Lo que se dice daño, tampoco nos has hecho.

Un poco de chasco sí que nos hemos "llevao".

Pero ¿a qué mentir?

-Me aconsejaron que debía seducir a una bonita muchacha

con palabros melindrosos y promesas de regalos hermosos,

y que alguna caería "rendidica" a mis pies.

¿Quién iba a imaginar que caeríais las tres?

-Nosotras no íbamos buscando que nos regalaran las orejas,

sino un marido bien lleno de dineros.

Y bien sabe Dios que no es lo que tú eres.

-No. Mira, yo... no puedo regalaros aceites caros

ni perfumes elegantes,

pero sí...

un queso de oveja, que también es muy oloroso.

¿Pelillos a la mar?

¡Qué diantres! ¡Pelillos a la mar!

-Cuánto me alegra ver que han hecho las paces.

-¿Conocéis a Servando? Portero.

Del edificio de Acacias 38.

Él fue quien me aconsejó

cómo seducir a una buena moza. -¿Él?

-Que no es por presumir, pero algo de mujeres sé

porque también he sido joven.

-¿Usted es el mamarracho que le dijo que nos mintiera?

-No, que les dijera palabras bonitas. -¡Que nos hiciera el lío!

-Que adornara las promesas.

-¡A por él!

-¡No, no, no!

Hemos contactado ya con los traficantes alemanes.

Si llegamos a un acuerdo, compraremos sus armas

y se las enviaremos a nuestros militares.

Debemos estar preparados para una intervención.

Los ánimos están cada vez más caldeados

en Marruecos. ¿Qué opina, coronel?

(RECUERDA) ("SILVIA RÍE") "¿Cómo, coronel?".

"¿Ha decidido enfrentarse usted a sí mismo?".

"Ese es un rival al que seguro podrá ganar".

-"Ahórrese sus chanzas, señorita".

"¿Quieres descansar un poco?".

-"No. Aunque que me está costando ganarle

mucho más de lo que me esperaba".

-"Le avisé de que esta vez iba a perder".

-"Se ha propuesto ponerse a mi nivel, otra cosa es que lo consiga".

-"¿Le apetece cenar conmigo hoy? Hoy?".

-"Hoy, sí, hoy".

"¿Tiene algún compromiso?".

-"Lo cierto es que sí, algo importante que no puedo cancelar".

-"Vaya".

"Me apetecía cenar en su agradable compañía,

pero si tiene otro compromiso..."

-Coronel, ¿está escuchándome?

-¿Perdón? -¿Le estoy aburriendo?

-No. Perdone. Perdone, estaba pensando en otra cosa.

¿Sabe si ha habido algún avance

en la recuperación del baúl?

-Ya le dije que ese tema depende del Ministerio de la Guerra.

No entiendo a qué tanto empecinamiento con ese tema.

-Es que me gustaría darle algún tipo de información al respecto

a Silvia Reyes.

-Sinceramente, no entiendo a qué tanto interés en esa mujer;

Silvia Reyes. -No es interés por ella.

Siento empatía por su situación.

Yo también viví en las colonias y dejé atrás muchos recuerdos.

Los de ella están en ese baúl, y aún pueden recuperarse.

-Volveré a preguntar y ya le diré.

-Gracias.

-¡"Desgraciao"! -"¡No abráis!".

-¡Nos habéis dado ponzoña! -Se lo compensaremos.

¡Que sí, que lo sentimos muchísimo! Perdonen, discúlpennos.

-¡Y nos echan!

-Por poco.

Pensé que nos mataban aquí mismo.

¿Qué vamos a hacer si hemos envenenado a todos?

-No exageres. -Pero ¿tú les has oído?

Dolores de tripa, retortijones, vómitos...

Todo empezó después de comer tu chocolate.

-Lo mismo hay una fiebre contagiosa. -Lo mismo yo soy el santo padre.

Lo que yo no entiendo es por qué tú estás como una rosa.

Tú también te bebiste una taza grande.

-Bueno, la verdad es que no.

-¿Cómo que no?

-¿Cómo iba a beber de ese mejunje del demonio?

Pero ¿viste todo lo que le eché?

No estoy tan loca. -Si yo te vi.

-Sí, me viste beber un chocolate,

pero un sorbo. Y bien que me enjuagué después.

-¿Cómo fuiste capaz de servirlo sin haberlo probado?

Ahora entiendo por qué los vecinos se quejaban del sabor,

que si estaba picante, que si ardía...

-Bien que se lo echaron al coleto. No dejaron ni un culillo.

-¿Por qué? ¿Por qué siempre acabas metiéndome en desaguisados?

¿Por qué? -¿Yo? ¿Ahora la culpa es mía?

Lo hice para salvarnos a los dos el culo.

(Llaman a la puerta)

Ahí viene otra.

-(SUSPIRA)

Sabemos lo que nos va a decir, y lo sentimos muchísimo.

Le prometo que se lo compensaremos. -Ya lo creo.

En toda mi vida, y ha sido larga, no he visto una cosa igual.

La Deliciosa siempre ha sido un lugar respetable y de renombre.

¿Qué clase de chocolateros sois,

que no saben hacer chocolate?

-¿Le preparo una tisana y lo hablamos?

-No, gracias. No pienso probar nada que hayan hecho ustedes.

No soy tan inconsciente, no. Muy señoría mía,

vengo a decirles algo que quiero que tengan clarito.

Si no saben llevar el negocio,

será mejor que se vuelvan por donde han venido.

Prometí a mi nieto que velaría para que La Deliciosa

siguiera siendo el alma del barrio,

y lo llevaré hasta las últimas consecuencias.

¿Queda claro?

Cómo gritaba la escuchimizada esa.

La flaca.

¿Casilda, se llama? -(LLORA)

-Gritaba mientras le asestaba un golpe tras otro.

Qué manera de suplicar. (RÍE)

Y la otra, la grandota,

a esa me costó más matarla.

Pero, cuando las fuerzas le empezaron a fallar,

terminó igual que la pequeña:

muerta.

-(SOLLOZA) -Pobrecitas.

Si les hubiera visto la cara cuando me vieron entrar...

Estaban aterradas.

¡Chis! -(LLORA DESCONSOLADA)

Y todo por su culpa, Fabiana.

¿Quién les iba a decir a ellas

que su amistad con usted les saldría tan cara?

No debería estar usted aquí.

(SUSURRANDO) De parte de doña Úrsula.

-Ahora, salga de aquí.

-(LLORA) -Largo.

No he tocado a sus amigas, Fabiana. ¿O sí?

Quizá lo haya hecho ya.

Quizá lo haga dentro de unos días.

Pero, lamentablemente,

eso es algo que usted nunca lo sabrá.

Porque una cosa es segura,

usted nunca volverá a verlas.

Nunca sabrá si mis amenazas

se han cumplido.

No le va a doler.

-(LLORA Y BALBUCEA)

(GRITA)

(GRITA)

Ah... Ah...

Los vecinos nunca nos personarán. -Me gustaba estar aquí.

Pensé que podíamos echar raíces.

-Nadie volverá. Nos moriremos de hambre.

-Otra vez a recorrer el mundo, a buscarnos otra vez la vida.

-(SUSPIRA) ¡Qué mal! -Qué mal.

-Otra vez esa chica.

-Adivina qué quiere esta vez.

-La compensaremos, se lo prometo. ¿Quiere una tila

o una infusión de regaliz? -No, no se preocupe.

-¿"No se preocupe"? ¿No va usted a gritarnos?

-No. -¿No va a jurarnos venganza

ni a decir que lo pagaremos?

-No, ya tienen suficiente con lo que tienen.

-¿A qué ha venido, pues?

-Me gustaría comentarles algo. ¿Nos sentamos?

Han montado un gran estropicio en el barrio.

-A juzgar por las visitas de hoy,

nos hemos dado cuenta. -Está todo el barrio

que les quiere matar.

En especial, mi madre, que repitió varias tazas.

-Eso le pasa por glotona.

En fin, no he venido a echarle más leña al fuego.

-¿A qué ha venido entonces? -A ayudarles.

-¿A ayudarnos? ¿Cómo?

Gracias por... -Por este libro de recetas.

-Lo único que me temo es que llega usted un poco tarde.

Nadie probará nada que salga de aquí.

Otra vez tendremos que trotar el mundo.

O buscarnos la vida...

como siempre hemos hecho. -¿Cómo siempre han hecho?

¿Sí? ¿Y su padre qué opina al respecto?

-Nada, nada, en absoluto, nada.

Es usted muy amable.

No sabemos si servirá de algo, pero se lo agradecemos.

-Servirá, ya lo verán.

Hay una cosa que ustedes no saben.

La Deliciosa es mucho más que una cafetería para nosotros:

es un hogar.

Quizá al principio a los vecinos les cueste regresar,

pero regresarán. Confíen en mí.

Regresarán.

Para entonces, deben estar preparados.

Hasta el momento, solo han tenido un bache en el camino,

pero no pueden abandonar.

"No es más fuerte aquel que nunca falla

sino aquel que no se da por vencido".

Sigan el libro de recetas y ya verán como todo irá bien.

Ahora regreso a casa, que me esperan para cenar.

Gracias.

Y buenas moches. -Buenas noches.

-Pero qué muchacha más bondadosa.

-Bondadosa y bonita.

Eh... Inteligente. (CARRASPEA)

Lo único malo que tiene

es lo mucho que nos pregunta por César Cervera. ¿No crees?

-Deberías centrarte en leer este libro.

A ver si salimos ya de este atolladero.

O ponemos remedio, o tendremos que ir haciendo las maletas.

Mi baúl.

Le prometí que la ayudaría a encontrarlo, ¿no?

¿A qué espera? Ábralo.

-Está atascada. -Aguarde.

Espere.

Apártese.

-¿Qué hace? -Dispararé a la cerradura.

-No, no, por favor.

Conozco una manera menos escandalosa de hacer esto.

-Siempre consigue usted sorprenderme.

-¿Me ayuda?

-¿Su padre?

Me gustaba tenerlo sobre la mesilla de noche,

en mi casa de Palaos.

Siempre me quedaba mirándolo antes de que se me cerraran los ojos

y me quedara dormida.

(Música)

Mi padre...

me regaló esta caja cuando cumplí cinco años.

Lo recuerdo como si fuera ayer.

Él siempre la abría

cuando se escuchaban revueltas y disparos;

para que su música

silenciara el ruido de fuera.

Entonces me contaba historias bonitas...

sobre soldados valientes en tierras lejanas.

Historias con un final feliz.

Era su manera de acallar la barbarie

y de protegerme de aquel mundo tan horrible que nos rodeaba.

-Su padre hizo de usted una gran mujer:

valiente, honesta y noble.

Puede estar orgullosa.

-Lo estoy.

Lo estoy, y mucho.

Yo soy todo lo que mi padre me enseñó.

-Pues me habría encantado conocerle.

Y a él...

Y a él le hubiera gustado usted sobremanera.

(Trueno)

¿Por qué no se queda a cenar?

Le pedí a Agustina que preparara algunos platos típicos de Palaos.

Sería un honor compartirlos con usted.

-El honor es mío.

Señora, suerte que ha llegado usted. -¿Qué ocurre?

-Me temo que ese hombre le ha hecho algo horrible a Fabiana.

¿Qué fue lo que le encargó usted que hiciera?

-No es asunto de tu incumbencia.

-Retírate.

¿Ha terminado con el trabajo?

-Esa mujer no volverá a darle problemas.

Aunque yo, personalmente, habría escogido otro final.

-Lo prefiero así. -Así se ha hecho.

Hasta otra ocasión, señora.

-Espere.

Hay algo más que quiero pedirle.

Hay un misterio que me gustaría resolver.

Le pido la máxima discreción en el asunto.

-Mi trabajo me exige discreción, soy un profesional.

-Tome asiento, por favor.

(Truenos)

Jamás he hablado de esto con nadie.

Ni siquiera lo he dicho en voz alta.

Pero hay cosas que necesito saber.

Mis dos hijas tienen una cicatriz idéntica.

Una especie de cruz.

Una, en un muslo; y la otra, en la nuca.

Algo parecido a esto.

-¿Qué significa?

(Llanto de un bebé)

Eso es lo que usted tiene que averiguar.

Está claro que es una señal.

Quiero saber de qué.

¡Ay, Fabiana!

-¡Señá Fabiana! Qué alegría de verla, hombre.

-Mis niñitas, que me teníais tan preocupada.

-Arrea, esa sí que es buena.

¿Por qué, si era usted la que estaba malamente?

-Nosotros queríamos haber ido a verla,

pero es que no nos podíamos separar del retrete.

Nos han envenenado en La Deliciosa.

-Tenían el corazón en un puño por su estado,

pero ya les dije yo que no pasaba nada,

que había ido a verla a la casa de socorro

y que solo era una calentura. -Sí, solo un enfriamiento.

-Y que el médico insistió en que se quedase unos días,

para tenerla bien vigilada.

-Apenas has mojado los labios. -En pequeñas dosis, se saborea mejor.

-¿Y qué tal?

-Delicioso. -Flora...

-Está bien, repugnante.

Pero al menos no pica. -No sé qué habrá podido fallar.

¿Desean un chocolate? Esto está para chuparse los dedos.

-Sí, pero para quitarte el sabor.

-Será complicado que alguien vuelva a entrar aquí.

-No tanto como crees.

-Gracias.

Al parecer, no venía por nuestro chocolate.

¿Quién nos escribe? -El Ayuntamiento.

Que nos multa... por haber intoxicado a los vecinos.

-Lo que nos faltaba.

Al principio, le consideraba alguien obsesionado

por la moral y las convenciones,

alguien incapaz de amar. -Tenga cuidado.

Hay una línea muy delgada entre la sinceridad y el insulto.

-Fui testigo de cómo rompió sus lazos

con su hija Elvira.

-¿Acaso su comportamiento es un modelo a seguir?

Sé cómo actuó con su esposa.

-Sí, por eso me atrevo a hablarle así.

Yo nunca he sido el mejor marido para Celia.

Pero la vida me ha dado una segunda oportunidad.

y he aprendido de mis errores. Haga usted lo mismo.

Aproveche las pocas oportunidades que le quedan

y que, sin duda, no se ha ganado.

"¿Qué te pasa?".

-Nada. -Diego...

No puedo dejar de pensar en lo sucedido con mi padre.

Cómo me rechazó, Blanca.

Todos parecen empeñados en poner obstáculos

a nuestra relación. -Juntos lo superaremos.

-Empiezo a dudarlo.

Temo que nuestra dicha... nunca pueda ser completa.

-No, no digas eso, Diego.

Dale tiempo, tu padre es un buen hombre.

Seguro que recapacita y cambia de parecer,

volviendo a mostrarte su afecto.

-Vamos a ver, mete tripa; si no, no puedo abrocharlo.

-¡Si ya la meto, prima!

Voy a tener que untarme mantequilla para que me cierre.

-Ay, Dios mío.

-Mala mujer, ¿qué haces con ese lechuguino?

-Templa, Martín, que soy yo, el Jacinto.

-¿Jacinto?

(RÍE) Pero ¿qué te ha pasado?

No te reconocería ni la madre que te parió.

-Casilda, que me ha disfrazado de señor.

Si me vieran mis ovejas, se iban a quedar "pasmás".

-Pues sí. Le he cogido unas ropas prestadas a don Liberto

para mi primo.

Pena que no esté tan relleno.

Pero bueno... Así vas hecho un pimpollo.

Nos vamos a ir a pasear por el río.

Por allí van muchas muchachas casaderas

fichando galanes.

-El manitas de mi marido acaba de fastidiar la cafetera.

-No sé cómo vamos a pagar el arreglo y la multa.

-Lo que es seguro

es que no va a ser de nuestros numerosos clientes.

No pasan ni por equivocación.

-Quizá yo podría ayudarles.

Podría ofrecerles una pequeña ayuda económica

que les sirviera de desahogo.

-¿Haría eso por nosotros sin esperar nada a cambio?

-No, no exactamente. No acostumbro a regalar mi dinero.

-Es una lástima. -A cambio, me ayudará a escribir

una biografía sobre su padre.

-Una aparición me hubiera extrañado menos

que verte faenando con tus propias manos.

-Ya, y estoy arrebatador, ¿no? -Mírale, que no tiene abuela.

-(CARRASPEA)

Ya veo que estáis mucho mejor del estómago.

¿Y esta cafetera qué hace aquí?

-Es de La Deliciosa.

Los Cervera la han estropeado.

-Desde luego se están luciendo.

Habrá que llevarla a arreglar a la fábrica.

-No, he pensado en arreglarla yo primero.

Ahorrarán tiempo y costes.

-Mira que lo barato puede resultar caro.

Disculpe, doña Susana.

-¿Cómo, coronel? ¿Ahora me saluda? Quería preguntarle algo.

Hágalo.

Lo que ya no es tan seguro es que me moleste en contestarle.

-Intento localizar a las señorita Reyes.

Sé que se está haciendo unos vestidos.

-Así es, no le han informado mal.

-Quizá tenga alguna dirección donde pueda localizarla.

Es de vital importancia que hable con ella.

-Lo supongo.

De no ser así, nunca se habría tragado su orgullo

para venir a rogarme ayuda.

-"¿Qué es esto?".

No me diga que ha escrito las instrucciones del uso.

-No, es la factura

por la reparación. -¿Pretende cobrarnos?

Si arreglarlo le ha servido de entretenimiento.

-Créame, prefiero pasar mi tiempo con otros quehaceres.

Además, piensen en el dinero que se han ahorrado con el envío.

Además, habrían estado un mes sin cafetera,

con el perjuicio que eso habría supuesto.

-Bueno, para defraudar a nuestros parroquianos,

primero deberíamos tener alguno. -Le agradecemos la dedicación,

pero tenemos un pequeño problema: no le podemos pagar.

-Por su rostro, no parece que lo considere pequeño.

-"El tiempo"

le hará entender lo que ha pasado. -Permítame dudarlo.

Ni siquiera quiere verme.

-Te equivocas, Diego.

Vas a poder ver a tu padre antes de lo que crees.

Un mozo acaba de traernos esta nota.

Es de mi madre.

Nos informa de que a tu padre le darán hoy el alta.

Le gustaría que fuésemos a su casa para recibirle todos juntos.

-¿Nos quiere allí?

-Amigo, permítame un consejo.

Nunca se fíe de nada de lo que haga Úrsula.

Nunca.

-Vamos al salón. Tienes una sorpresa.

Me alegro de que ya esté en casa, don Jaime.

-¿Qué es esto? ¿Qué hacen ellos aquí?

-Recibir a tu padre.

Yo les he invitado.

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Acacias 38 - Capítulo 695

07 feb 2018

Diego, dolido por el rechazo de su padre, intenta buscar una solución con Blanca. También informa a Leonor de que su labor en el yacimiento no ha terminado. Felipe celebra con Celia la invitación del Marqués de Viana para cazar, aunque no sepa de caza.

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  1. Teresa

    Contestación a Piluca,si entiendes q esto era así en ese época más asta hace nada era asi ,lo q no comprendo esq si ya no la ves o no la sigues entras a dar tú opinion ya q no sabras lo q pasa

    09 feb 2018
  2. Mabi

    Piluca desde el capitulo 688 que Víctor y Maria Luisa no están más en la novela, al fin se casaron ! Y ya están viviendo felices en París !!! A quienes tu ves en la deliciosa son los nuevos dueños, Iñigo y Flora que no dan pie con bola en el manejo de la chocolateria. Saludos cordiales.

    09 feb 2018
  3. Carmen

    Apunte para los guionistas...La música de la caja es de sonrisas y lágrimas ...aún no se había compuesto en esos años .

    08 feb 2018
  4. Maria Belen

    Quisiera saber CUAL es el criterio de APROBACIÓN de los comentarios.- No habiendo en ellos insultos, ni malas palabras, ni nada que esté PROHIBIDO por las condiciones del sitio o normas de participación

    08 feb 2018
  5. Piluca

    La violencia contra la mujer está muy de manifiesto en esta serie. Con lo que sucede en la realidad, (una mujer - a veces más - asinada por mes) no me parece normal que hagan tanta apología de la violencia y nadie se queje. No sé ahora como sigue la serie pues dejé de verla después del maltrato físico y psicológico del personaje de Samuel a Blanca y remarcando bien que es su mujer y manda sobre ella. Entiendo que, desgraciadamente, así ocurría en la época en la que se desarrolla pero pienso que no hay por qué matizarlo tanto. Deberían ir concluyendo ya pero hay tantos frentes abiertos que es imposible. Hay personajes que se deberían ir largando ya como Víctor y María Luisa (qué pesadilla se personajes) pues pienso que ya no pintan nada. Que les vaya bien!

    08 feb 2018
  6. judit moreno

    Terrible, otro acto de violencia, después aparece Fabiana, como si no hubiera sucedido nada, terrible

    08 feb 2018
  7. Neti neti

    Es una serie de terror??????

    08 feb 2018
  8. Lolita

    Diego y Blanca son bastante cínicos, lo que no concuerda con la presentación que los guionistas nos hicieron de dichos personajes. Nos hay coherencia. Se supone que eran seres nobles de corazón. Ahora no les pega comportarse como lo están haciendo. Se quejan de los tratan «como si hubiesen hecho algo malo»...Por favor...No son personajes creíbles ni coherentes. Están muy mal trazados. Y sí han hecho algo malo.

    08 feb 2018