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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 694 - ver ahora
Transcripción completa

Señora de Álvarez Hermoso.

-Esposo mío.

He disfrutado más que en nuestra primera boda.

Eran tan joven...

Y mucho menos consciente.

Parece que me hubieran llevado en volandas.

Apenas recuerdo los detalles.

Sin embargo, los de hoy no los voy a olvidar nunca.

-"Mi hija, con toda la fuerza"

y la arrogancia de la juventud.

-Habla usted de Elvira como si hubiera fallecido.

Yo creo que, si quisiera, podría tratar de localizarla,

congraciarse con ella... -"Por mucho que lo desee,

hay cosas que no pueden recuperarse".

(SAMUEL) Tengo mucho que contarle.

Pero sepa que sin Úrsula...

es muy probable que ya ni siquiera fuéramos una familia.

-Convéncele de la necesidad que de una madre tiene esta familia.

Muéstrate cercano a mí, filial.

Si yo sigo aquí,

recuperarás a tu esposa y a tu hijo.

-Eso espero.

-"Querría hacerle saber a Diego que su padre ha despertado".

Para Diego, don Jaime es prácticamente un ídolo.

No perdonaría que no le avisáramos.

-Está bien.

-"Debo hablar con don Jaime".

-Atente a las consecuencias.

No me temblará el pulso.

Pagarán justos por pecadores.

-"El objetivo es surtir de armas"

a los soldados que guardan nuestras posiciones.

-Un acondicionamiento de las tropas

que nos permita enfrentarnos al enemigo

con ciertas garantías.

-Más que probablemente nos veremos avocados a unas prácticas

no del todo legales. -Contrabando, quiere decir.

¿Qué debo hacer? -El general corre el mayor riesgo.

Usted debería respaldarle en caso de que fuera descubierto.

(FABIANA) "Cuídate de Úrsula".

Destruirá tu familia. -¿Por qué?

-Ha enfrentado a los hermanos.

Por su mal hacer, Diego y Samuel

se miran con rencor.

-¿Diego... está aquí?

-¿Qué haces tú aquí?

Dime qué haces aquí. No es lugar para una criada.

-Sosiégate, Samuel.

Fabiana ha venido a visitarme. Y yo se lo agradezco

de corazón. -Yo ya marchaba,

que no quiero importunarles.

Cuídese, don Jaime. Y no olvide

lo último que le he dicho.

-Gracias, Fabiana.

-¿De qué hablaba esa mujer?

-¿Diego está aquí?

-Sí, pero ahora está fuera de la ciudad...

resolviendo un asuntos.

-¿Y por qué no me lo habías dicho antes?

¿Está al corriente de mi recuperación?

Samuel, no sé lo que ocurre aquí,

pero me urge hablar con Diego. -Espérese.

Debo contarle cuatro cosas sobre su querido hijo.

Y las cosas son como le cuento.

Me ha robado a mi esposa. La ha seducido,

se la ha llevado con él.

No ha parado hasta arruinarme la vida

y separar a mi familia.

-Me cuesta tanto creer esto, hijo.

¿Y Blanca se ha prestado a esto?

-Blanca bebe los vientos por él.

Pero lo peor no es que Diego me haya robado a mi esposa, no.

Lo peor es que también me ha robado al niño que esperábamos.

-¿Esperabais un hijo?

¿Cómo es posible hacer una infamia como esta, hijo?

-La peor traición que se le puede hacer a un hombre.

Y perpetrada por su propio hermano.

Nunca podré salir de esta traición.

Nunca podré salir de esta tristeza a la que me han empujado.

-¿Y Blanca, embarazada, cómo ha podido caer tan bajo?

-Diego la ha cegado con sus encantos.

Solo ha regresado para robarme lo que me pertenecía legítimamente.

-Samuel, Samuel, Samuel...

Tu hermano te ha hecho mucho daño en la vida, ¿eh?

Primero, la muerte de tu madre... y ahora esto.

-Solo le pido que no se deje engañar. Tratará de engatusarle

por cualquier medio.

-Descuida.

Estoy prevenido.

-Le contará cualquier disparate sobre mí para separarle de mi vida

y crearle problemas a Úrsula.

-¿Qué puede contarme de Úrsula que yo no sepa?

-Cualquier barbaridad, como que trató de asesinarle...

o cualquier otro disparate.

Pero no debe creerle.

-Samuel,...

¿tú estás ahora de parte de Úrsula?

-Créame cuando le digo que ha cambiado.

Ya no es la misma mujer.

Todo este tiempo no ha hecho otra cosa más que ayudarme.

Y ella, como es natural,

no acepta la relación adúltera de esta pareja.

Y ha tratado de llevar a su hija por el buen camino.

-Me extrañan mucho tus palabras.

No es ese el recuerdo que tengo de ella.

-Debe olvidar

sus recuerdos y rencores,

aceptarla como esposa

y olvidar el chantaje que le llevó a casarse con ella.

¿Tienes todo preparado?

-Como usted ordenó, señora.

Pero ¿debo hacerlo? -Por supuesto que sí.

No vamos a discutirlo ni un segundo más.

Sigue mis indicaciones al pie de la letra

mientras yo estoy en el hospital.

-Como diga la señora.

-Ayer no tuve ánimos de pasarme por ahí,

pero... no puedo retardar más mi visita.

-¿Está segura de que hoy

es un buen día? -Sí. Y no insistas

o tendrás problemas.

Espabila, y ve a traerme las flores que llevaré a don Jaime.

-Madre...

¿Ha podido ir a visitar a su esposo?

-No, aún no, pero voy a ir ahora mismo.

Mira qué flores más hermosas he comprado para él.

-¿Quieres acompañarme?

-Bien me gustaría, pero Samuel me ha prohibido que le visite.

-Tienes que entender sus reservas.

-Lo hago.

Aunque me duela.

-Intentaré limar asperezas con tu esposo.

Ahora lo más importante

es reconstruir los lazos entre la familia.

-¿Entonces por qué ha tardado tanto en ir a verle?

Jaime siempre me ha parecido una buena persona...

y en algunos momentos no he sido honesta con él.

-Pero ¿usted le ama?

A mí edad no se trata de sentimientos.

Lo que importa es el respeto y la entrega que siento por él.

-Explíqueselo así entonces.

La muerte de Olga me ha afectado profundamente.

Ahora quiero ser mejor persona de lo que he sido.

Pero quizá Jaime no lo entienda.

-Madre...

¿Cómo no va a entender tan noble propósito?

-Son muchos los reproches

que puede hacerme.

Y temo perder la compañía

de un hombre tan excepcional como él. -No.

Estoy segura de que sabrá valorar su transformación.

Ojalá así sea.

-"Pues no entiendo yo"

a qué viene tanta premura. -Si no he hecho nada de "na".

-Para no haber hecho nada, las tiene bien soliviantadas.

A ver si solucionas esto pronto con las tres.

Será lo mejor. -No será para tanto.

Son mujeres, no fieras. -Una mujer despechada

es peor que una manda de lobos hambrientos.

-Más de una vez me he enfrentado a ellos.

-Las lobas de campo son mucho peores que las de ciudad.

No te exagero. -Eso no me quita el sosiego.

Uno ya tiene experiencia en las lides del romanticismo.

Ya sé cómo embelesarlas con mis gritos borregueros.

-No creo yo que las encandile tanto.

-Sí, ahora lo hago más cantarín y las vuelve locas.

-Pues mira, ahí viene la Gertrudis.

-¡Hombre!

Por fin me echo a la cara al donjuán de los cabreros.

Ya tenía yo ganas de verte.

-Aquí me tienes para lo que sea menester, prenda.

"Pa" ti, señorita Prenda.

¿Qué es eso de que has ido prometiendo

el oro y el moro a todas?

-No te enfades. Escucha, verás cómo te agrada.

"Yepa ya".

-¡Déjate de tontunas y dame todo lo que me has "prometío":

unos pendientes, un "vestío" nuevo y una cena de postín.

-¡Arrea! El grito te ha servido menos que un cuchillito de madera.

-¡Arreando! Como no cumplas,

la batalla de Lepanto va a ser un piscolabis

comparada con la que se va a liar aquí.

-(NERVIOSO) ¿Por qué no te vienes conmigo

a la chocolatada de La Deliciosa,

que va a estar de rechupete?

Además es de balde. -¡Llévate a tu abuela!

-Me gustaría, pero está criando malvas.

-Eres es un "espabilao" y un sinvergüenza.

¡No tienes palabra, "malnacío"!

"¡Epa ya...!"

Eso, para que aprendas. Por embustero y por jugar con las mujeres.

Déjate de gritos, que no somos borregas.

-No lo entiendo. Antes decía que le encantaba.

-¡Serás ignorante, primo!

Le encantaban tus promesas,

por eso aguantaba tus grititos; si no, ¿de qué?

-Oh... -Ay...

Por su boda

y por que sean felices. -Se lo agradezco.

Pasemos a otro asunto.

Me he puesto en contacto con el secretario del marqués.

Pronto tendremos cita. -Me alegro de que no lo dejara,

es una gran oportunidad. -Lo sé. Cuente conmigo

en lo que sea menester. -Necesitaba el baúl

de Silvia, pero en eso no va a poder ayudarme.

Al menos ya sé que las pertenencias de su padre

viajaron de Palaos a España.

-No le será fácil encontrarla si se ha ocupado el ministerio.

-Sé la maraña burocrática a la que me enfrento.

Al menos me consuela pensar

que tengo una pequeña posibilidad de recuperar ese baúl.

Silvia se va a poner muy contenta.

Aunque no quiero decirle nada de momento

para no crearle falsas expectativas.

-No hace falta ser un lince para darse cuenta

de lo mucho que le importa esa mujer.

-Digamos que le tengo cierta simpatía.

-Bien.

Le dejo que pueda seguir con sus gestiones.

Espero que tenga mucho éxito con ese baúl...

y con su dueña.

No hace falta que me acompañe.

Con Dios. -Con Dios.

Agustina, ¿conoce alguna receta de las Indias Orientales?

-Una vez, a petición de mis antiguos señores,

preparé una sopa de verduras china.

Pero mi especialidad es el asado o las patatas a la riojana.

-No, eso no nos va a servir.

La señorita Reyes vivió en Palaos

y me gustaría obsequiarla

con alguna comida típica de esas tierras.

-Puedo preguntar a las otras criadas,

a ver si saben algo de lo que se guisa por allí.

-No podemos perder tanto tiempo.

Mejor vaya usted y compre... un recetario de cocina de esa zona.

-Un mozo ha traído esto para usted.

(LEE)(SILVIA) "Estimado Arturo, le envío un presente".

"Le rogaría que espere a que le visite

para abrir este paquete".

"Si no le parece mal, pasaré esta misma tarde por su casa".

"Suya, afectísima, Silvia".

Pero ¿esto qué es?

-¿No lo hueles?

-¿Barro?

-No digas enormidades. Si es el chocolate.

-Si esto parece cemento. ¿No está demasiado espeso?

-Las cosas claras y el chocolate espeso.

Todo el mundo saldrá encantado. -Seguro que está buenísimo.

-Pero las vecinas son un poco encopetadas,

no creo que quieran servirse de la olla.

-¿No es una chocolatada popular?

No hay nada más popular que comer del perolo.

-Lo importante es que sepa bien. -Pruébalo.

-No, yo me fío. Además, el chocolate me sienta mal.

Me salen sarpullidos por todo el cuerpo.

-Si cuentas eso, no vendemos ni una taza.

Malo tiene que ser el remedio si el boticario no lo prueba.

-¿Tú lo has probado? -Más o menos.

Pero no te apures, está para rechupetearse los dedos.

-Estaría más seguro si hubieras copiado la receta.

-Lo he hecho a ojo.

Sabes que las letras y yo estamos regañadas.

-Eso tampoco lo cuentes. -No te desasosiegues.

Hacer chocolates

es de tontos, y una es más lista que el hambre.

-No lo pongo en duda, pero esto está un poco espeso de más.

-Eso tiene fácil arreglo.

¡Hala! ¡Listo!

(Puerta)

Con permiso. ¿Puedo pasar? -Siempre que usted quiera, Carmen.

Ahora tengo mucha faena. Pero dígame lo que le trae por aquí.

-Quería... Quería hablarte de mi señora.

-No es ese buen plato de gusto para mí.

-Lo sé. Pero no debería revolver más usted

el tema de doña Úrsula y don Jaime.

-¿La envía ella? -No.

Mire, yo... no sé lo que habrá sucedido entre las dos.

Pero creo conocer a mi señora.

Y temo que pueda salir mal parada si no hace lo que le pido.

-Le agradezco sus consejos.

Para mí que me los da usted de corazón,

pero llega usted tarde. Yo ya he hablado con don Jaime.

Y lo volveré a hacer si me parece bien.

-Pues estamos apañadas.

-Pero ¿qué le ocurre, mujer? No pase usted pena.

Ya no le tengo miedo a su señora,

pero no es de ley que ande suelta por esas calles

después de todo lo que ha hecho.

-Ya me barrunto yo

que habrá muchas cosas que querrá usted aclarar.

Pero mire que se enfrenta a una mujer

que es muy retorcida. -A mí esa ya no me amilana.

Y ahora deje que sea yo la que le dé un consejo a usted.

Apártese de ella todo lo que pueda. -Bien que me gustaría a mí.

Pero me es imposible.

-(GRITA)

-Pare.

¡Pare! ¡Pare, que la va a matar!

-Salga de aquí, ya me encargo yo de todo.

¡Humo!

Menuda fuerza la de la Gertrudis.

No le habría hecho más daño la coz de una mula.

-¿Qué le ha pasado a ese hombre? Tiene la cara colorada.

-Mejor no pregunte. Él es mi primo, Jacinto.

-Tenga. Queso de la leche de la Pilarín,

la mejor de mis ovejas.

Más dulce y buena que es la pobre, no como otras hembras, me "cagüen".

-Lástima no tener un buen vino para ese queso.

Y celebrar su aprobado con Arturo.

-¿Le funcionó la treta de aprenderse los versos de memoria?

-Un pelo faltó para que se descubriera el entuerto.

Pero tuve mucha suerte. -Bueno, señora Agustina.

Lo importante es que usted es la criada de don Arturo

para los restos.

-Mientras no descubra que no sé de versos...

-Bueno, ¿qué?

¿Os queréis dar brillo?

Vamos a llagar tarde a la chocolatada.

-Si queda más de una hora. -Ya hay gente esperando.

Como es gratis, se ha venido todo el barrio.

¡Que nos quedamos sin chocolate! -¡Arreando!

No quiero quedarme sin probarlo.

-A mí no me esperen, ¿eh?

Me da reparo salir a la calle y encontrarme...

con la Gertrudis. -¡Reparo, dice!

Más bien, miedo. -Por lo que veo,

se ha achicado. ¿Eh, Jacinto?

-Oigan, dejen tranquilo a mi primo.

Que tiene razón el hombre, hay que jincarse.

Además, con la gandula esa le vuelva a guipar,

le va a meter otro mandoble que me lo va a matar.

-Además del espectáculo que montaría.

-Señora Carmen, ¿ha visto usted a Fabiana?

-Sí, pero no la esperen, se sentía un poco indispuesta.

Ha tenido que ir a la casa de socorro.

-Uy, si es más fuerte que un roble. Ya se ha tenido que sentir mal.

-No te apures, seguro que no es grave.

No quiso que la acompañase.

-Ya se lo digo yo a mis futuros suegros

para que no la echen en falta. -¿Vamos? ¡Venga!

-Yo no voy, no tengo el cuerpo para chocolates. Con Dios.

-No, ni conmigo.

Debo ir a ver a unas criadas que son de las Filipinas.

A ver si conocen alguna receta de Palaos.

Aquí no lo sabréis ninguna. -¿Y eso "ande" cae?

-En la otra punta del mundo. -¿Para qué quiere cocinar

esos platos? -Capricho de don Arturo.

Quiere convidar a una señora que vivió allí.

-Menos mal que no viene del África.

Allí se comen a los cristianos.

-A esa señorita la conozco, viene mucho; Silvia Reyes.

¡Venga! -Sí, la he visto...

en la tienda de doña Susana.

Eso es que el coronel se ha echado una amistad.

-Mira que me extraña. Ese hombre tiene el corazón de hielo.

Mi patrón es mucho más humano de lo que aparenta.

Hasta soltó alguna lágrima por su hija.

-Se le habrá metido algo en el ojo. -Que no, que tiene sentimientos.

Le he visto pasar de la tristeza a ilusionarse como un chiquillo.

Menuda cara ha puesto al ver el regalo de esa mujer.

-¿Y qué era el regalo?

-No lo sé, era un paquete cerrado. -A saber lo que lleva dentro.

-Me da igual el coronel y los presentes que le regalan.

¿Quién se viene a tomar chocolate? -¡Ea! ¡Vamos!

-Entonces ¿no se viene, Agustina? -No, no. Yo me quedo.

-Pues siéntese y coma un poco más, mujer.

Debe animarse, padre. Según sus progresos,

en pocos días correrá como un muchacho.

-Ya me extrañaría, hijo, eso no lo hacía ni a tu edad.

-Úrsula.

-Jaime, me alegro infinitamente,

de tu rápida mejoría.

Te he traído unas flores.

Quería haber venido antes, pero lo primero

era agradecer a nuestro Señor que haya escuchado mis plegarias.

-Yo la he mantenido informada sobre sus progresos.

-Me siento muy satisfecha de ver cómo te encuentras.

Tu recuperación es incuestionable.

-Déjanos solos, Samuel.

Úrsula y yo tenemos que hablar.

Padre, recuerde que el médico... -¡Gracias, Samuel!

Pasen y tomen todo el chocolate que deseen.

Si es para nosotros un gusto convidarles.

Ya verán que no han probado nada así en su vida.

-Bienvenidos a la nueva Deliciosa.

No se me apelotones, hay chocolate para todos.

Por aquí podría pasar todo un regimiento

y todavía sobraría chocolate.

-No irás a ponerte a la cola con todo el servicio...

-¿Y si se acaba? -Pues te lo preparas en tu casa.

Venga. -(RESOPLA)

-Ya están dando. Ya están dando.

-Liberto, haga el favor.

Ahora que estamos todos reunidos, quiero darles una noticia

que algunos no conocen. -Que no sea una desgracia.

-Te equivocas.

-Celia y yo nos hemos vuelto a casar.

-¡Hombre! ¡Mi más sincera enhorabuena!

Es todo un notición. -Les deseo toda la felicidad.

-¿Y el banquete? ¿Queríais ahorraros el dinero?

-No, solo queríamos casarnos en la intimidad.

-Como si quisierais esconderos.

Me parece un dislate que celebréis la boda así.

Mejor eso que vivir en pecado.

-Pues a mí me parece de perlas.

Lo importante es lo que sientan el uno por el otro.

-Como madrina de la boda,

puedo asegurar que el beso que se dieron

fue un beso de los buenos. ¡Resonó hasta en la última fila!

-Qué irrespetuosa eres a veces, Trini.

-¡Eh, eh, eh! -¡Menos gritos, Milagritos!

¡Que soy un cargo público! ¡No tengo por qué esperar cola!

-Con su permiso, don Ramón. -Siéntate con nosotros.

No te andes con tantos protocolos. -Gracias.

Pero prefiero acompañar a la Casilda.

Fabiana ha tenido que ir a la casa de socorro.

-¿Cómo? Pero ¿qué ha ocurrido? -"Na" grave.

Debe ser un achaque de la edad. Que la Fabiana

va siendo un poco añosa. Me vuelvo a la cola.

-¿Y dónde están los churros?

No los encuentro.

Y perder a mi hija...

es lo peor que me podría haber ocurrido.

Tú debes comprenderme bien.

Los dos hemos perdido a una hija.

Yo a Olga.

Y tú a Cayetana.

-No, Úrsula, no. No es lo mismo.

Yo creía haber perdido a mi hija.

Y, cuando por fin la recupero, resulta que es solo para verla morir.

Eso es mucho más doloroso.

De una forma u otra,

los dos estamos condenados a sufrir por lo mismo.

Y los dos hemos encontrado a nuestras hijas

para, poco después, perderlas sin remisión.

Se podría decir que somos iguales.

-No, Úrsula.

Yo nunca he extorsionado a alguien.

Está siendo todo un exitazo. No dejo de servir tazas.

-Pero solo a los criados, y con esos no hacemos clientela.

-¿Y qué quieres que haga? Los señoritos

no mueven el culo. -Para eso son las tazas.

Ahora se las llevo.

Esos son los que vendrán a dejarse las pesetas.

He visto a alguno que ponía mala cara al probar el chocolate.

¿Tú crees que está bueno?

-Sabe a gloria. ¿Te quedas más tranquilo?

-Esperemos que así sea. Les convido a un chocolate.

Que no quiero que tengan que hacer cola.

-Le agradezco la deferencia,

y le deseo, en nombre de todos, la mejor de las suertes

con el negocio.

-Oye, no tiene el sabor y la textura

de siempre.

-Está...

un poco amargo.

-Pica una pizca y todo.

-Es normal que lo encuentren distinto.

La receta que empleamos, que es secreto de familia,

la emplean desde hace siglos en las Indias.

-Seguro que resultado de alguna de las investigaciones de su padre.

-Eso mismo. -Bueno...

Tampoco está mal, se deja beber, vamos.

-¿Esto sabe a cabra,

o son figuraciones mías? -Habría que preguntarle a Jacinto.

Pero es verdad, sabe un poquillo raro esto.

-Qué tiquismiquis.

Yo llevo tres tazas y voy a por la cuarta.

-A usted le dicen que algo es gratis y se lo toma a cucharones.

-Ya viene el jeta este otra vez. Será aprovechado.

Me está poniendo negra. -Será porque te recuerda a ti misma.

-No soy tan ruin.

Si me pringo, es por algo de más enjundia que un chocolate.

¿Qué? ¿Le parece bueno? -Yo, estando caliente,

me tomo cualquier cosa.

-¿Les gusta, señoras?

-Está buenísimo.

-¿Quieren más? -No, gracias.

Lo bueno, si breve, dos veces bueno.

-Es cierto.

Te manipulé para conseguir tu dinero.

De nada sirve negarlo.

Pero también es verdad

que todo lo que ha sucedido en los últimos tiempos

me ha transformado.

-Eso es lo que dice Samuel.

Pero a mí me cuesta mucho creer

que las personas pueden cambiar, y más a nuestra edad.

-Debes creerme.

La muerte de Olga y la convivencia con Samuel

me han hecho entender que lo más importante es la familia.

Me siento como una Alday más.

-No uses mi apellido.

-Te aseguro que yo ya no soy la misma.

He cuidado de tus hijos.

He cuidado de Blanca.

Del nieto que está en camino. Hasta me he ocupado de tus negocios.

-(RÍE) Mira por dónde,

eso es lo único de lo que me dices que no me sorprende.

Si lo has hecho,

es porque es lo que te interesaba. -Te equivocas.

Podría haber cogido todo el dinero y las joyas

y haberme marchado con viento fresco.

Pero permanecí en mi puesto

porque la familia era lo más importante.

He aprendido a valorar todo lo que has construido

durante años y años de esfuerzo,

de sacrificio.

Estoy convencida... de que algún día podremos llegar a querernos.

O al menos a respetarnos.

-Permíteme que lo ponga en duda.

-Lo único que sé

es que, a partir de ahora, me voy a desvivir cuidándote.

Y sé que Samuel también lo hará.

Tu hijo es un chico excepcional.

-Lo sé.

-Pero lo que no sabes es todo lo que ha sufrido.

Es terrible admitirlo,...

pero Diego y Blanca lo han traicionado.

De nada sirve encubrirles.

Se han portado sin el menor decoro.

Y han puesto su loca pasión

por delante de la lealtad que le deben a la familia.

Espero que ahora que te has recuperado

puedas imponer de nuevo el orden en los tuyos.

De otra manera,

Samuel perderá a su hijo por culpa de su hermano.

¿No me crees?

-No sé qué pensar.

-Habla con Diego.

Te aseguro que el tiempo...

te demostrará que estoy diciéndote la verdad.

No ha ido mal la inauguración. Se han puesto como el Quico.

-También se han quejado del sabor. -Siempre sale algún tiquismiquis.

Para gusto, los colores.

La olla ha quedado vacía, no ha hecho falta ni fregarla.

-Bien sea por gusto o por compromiso, todos se han marchado con una taza

entre pecho y espalda. -Muy buenas.

Vengo a darles la enhorabuena.

Me ha dicho mi novia que ha estado lleno.

Bravo. -No fue malo su consejo.

Hemos roto el hielo con los vecinos

y aquí todos han probado la calidad de nuestro chocolate.

-¿Le ha gustado a su novia?

-Bueno, si le soy sincero, me dijo que sabía un poco raro

y que se dejó más de media taza.

-Quizá estaba constipada.

Todos se lo tomaron sin decir ni chus ni mus.

-Venga, pruébelo usted mismo.

Ponle una taza, Flora.

-¿Qué?

¿A que no ha probado otro igual? -Afortunadamente.

-Pero ¿tan malo está? -¿Les puedo ser sincero?

-No. Si no le gusta, no se lo tome.

Le advierto que el portero de su casa se tomó cinco tazas.

-Ya, no hay nada peor

que el aplauso de un necio. -Pues mejor,

así, cada vez que vuelva, le sabrá mejor.

-Eso, si vuelven. -Volverán.

No somos nosotros simpáticos ni nada.

-Ahí tienes razón, ese es el espíritu de La Deliciosa.

¿Le pongo un café? -Uno doble.

A ver si se me quita el sabor. Se me ha creado hasta una bola.

-Me da que hay demasiados finolis.

Menos mal que hemos venido nosotros para espabilarles.

La señora de Cervera es una chabacana.

¿La olla en el mostrador?

Ni que estuviéramos en un cuartel.

A nosotros nos atendió el marido. -¿Y de qué forma?

Con tazas sucias por servir de cualquier forma.

Está claro que ninguno tuvo un comportamiento fino.

Mi tía no paró de suspirar de ver el trato a los vecinos.

Vamos, que se le abrían las carnes de ver "La Deliciosa" así.

-No me extraña. Anda que no debe echar de menos a su nieto

y a su chocolate. ¿Chocolate de las Indias?

¡Menudo timo! -Bien que se tomó dos tazas.

-Hombre, claro, era gratis.

-Madre, qué ruin. Y luego critica a Flora.

-¡No me compares con esa recién vestida!

¿Y cómo trataba al marido?

Dándole golpes en público. -Madre,

a saber cómo son las costumbres

en otros países. -Eso me da igual.

Ahora los dos viven en un lugar civilizado.

Deben comportarse como Dios manda.

-De acuerdo, pero habrá que darles una oportunidad, tiempo.

-En eso no te falta razón.

El error ha sido despedir al personal.

Hubiera sido más fácil para ellos. -¿Qué te pasa?

¿A qué estas melindres?

Fuiste la primera en criticarles. Sobre todo a Íñigo,

por no contarte historias de su padre.

-Según me contó su esposa, para él es muy doloroso sacar el tema.

No termina de asumir la pérdida de su padre.

-Tienes justificación para todo,

hasta para el matrimonio sorpresa de los Álvarez Hermoso.

-Claro que sí. No le veo el problema.

-¡Ay, pues yo sí! Trini, de madrina, y tú y yo...

ni siquiera invitadas ¡Es una desvergüenza!

-¿Acaso no hiciste tú lo mismo, ¿eh, prenda mía?

¿No nos casamos de un día para otro, sin avisar a nadie?

-Ay...

-¿Qué pasa? ¿No quieres ni darme un beso?

-Que no es eso. ¡Uh, me duele la tripa!

¡Tengo retortijones!

-Eso te pasa por glotona. -(RÍE)

(Tripas)

¡Oh!

-¡Ah!

Te he echado tanto de menos. -No, no tanto como yo a ti.

-(RÍE) -¿Cómo te encuentras?

-Bien.

El niño sigue creciendo y yo estoy feliz de tenerte de vuelta.

¿Recibiste pronto el telegrama? -Sí.

En cuanto me lo dieron,

no he parado para regresar cuanto antes.

-Es una bendición que haya mejorado. -Estoy ansioso por verle.

Saber que has despertado me llena de esperanza para mí

y para nuestra familia.

¿Cómo se encuentra?

-No me han permitido verle, pero he sabido que bastante bien.

-He de suponer que esa prohibición viene de mi hermano.

-Así es.

Pero no dejes que eso te turbe ahora.

Diego, lo más importante es que tu padre está mejorando.

Incluso ya habla.

-¿Es eso cierto? Pero si no hace tanto

no nos daban ninguna esperanza de su recuperación.

-Todo ha cambiado.

-Me he enterado por Liberto. -No me lo puedo creer.

Tanta mejoría parece un milagro.

-Tengo que irme de inmediato.

-Pues vete, no te demores más.

-Sabes lo mucho que deseo estar a tu lado,

pero no puedo esperar a reencontrarme con él.

-Por supuesto, amor mío. Estás tardando en marcharte.

-Soy muy feliz por estar otra vez contigo,

por que me comprendas tan bien.

-Vamos, ya me contarás qué tal ha ido tu viaje.

-Por supuesto que sí.

Y tendremos mucho tiempo para disfrutar el uno del otro.

-Espero que seas fiel a tu promesa.

Ahora ve.

Te deseo suerte con tu padre.

-Estoy seguro de que todo nos va a ir muy bien.

-(SUSPIRA)

Doña Celia, me alegro de verla. ¿Cómo se encuentra?

-Divinamente.

La verdad es que nunca me he encontrado mejor.

Permítame que la invite a algo en La Deliciosa; ha vuelto a abrir.

-Cuesta negarse viéndola tan resplandeciente.

-No es para menos.

Ayer contraje matrimonio con Felipe.

Por segunda vez.

-Segundas nupcias y con el mismo hombre.

Eso me lo tiene que contar al detalle.

-No es tan extraño. Se lo explico merendando.

-Le he dicho que cuesta negarse, pero debo hacerlo.

Arturo me espera en su casa.

-Permítame unos segundos.

-Bueno.

Yo sé que no nos conocemos hace mucho

y no quiero que piense que soy una entrometida,

pero debo prevenirla respecto a ese hombre.

-No se apure, sé que lo hace con la mejor de las intenciones.

-El coronel no es trigo limpio.

Y usted se está acercando mucho a él.

Ese hombre ha cometido actos infames.

-Me consta que hay partes oscuras en su pasado,

pero considero que todo el mundo tiene la oportunidad de cambiar.

-Si su naturaleza se lo permite.

Quizá se ha dado cuenta de sus errores

y se ha transformado en otra persona.

Por el momento,

conmigo se ha comportado de la forma más gentil y amable.

-No se confíe.

Debajo de esa piel de cordero se esconde una alimaña.

-Me gustaría que le oyera hablar de su hija.

Está arrepentido de todo lo que ocurrió.

He descubierto en él una persona con una gran sensibilidad.

-Me gustaría creerla.

Pero le he visto cometer actos terribles.

Ojalá no se equivoque en sus apreciaciones.

-Estoy convencida de que algún día acabará pensando como yo.

-Lo dudo mucho.

En cualquier caso, no deje de estar ojo avizor.

-Solo hay una cosa que me intriga:

pasa demasiado tiempo con esos militares de la asociación.

Siempre que le pregunto, evita el tema.

¿Sabe cuál es el principal objetivo de ese grupo?

-Me figuro lo mismo que usted.

Recaudar fondos para ayudar a los militares licenciados

de las colonias. -Sí,

esa parece su principal actividad, pero me barrunto que hay algo más.

-Espero que no sea nada turbio.

Felipe también tiene cierta relación con esos hombres.

¿Por qué piensa eso?

-Intuición. Intuición.

Pero debemos cuidar de con quién nos relaciones.

-Sí, no quiero tener problemas. -Ni yo.

¿Por qué no aprovecha la amistad de Felipe con Arturo

y trata de averiguar algo más? -Veré de qué me puedo enterar.

-Y no se olvide que me debe usted una merienda.

(AMBAS RÍEN)

-Adiós. -Adiós.

(SUSPIRA)

Pero bueno, primo,

¿es que te vas a quedar encerrado de por vida?

-Por lo menos hasta que me dure el queso.

-Si es que tampoco te está mal empleado.

Has sido muy mal hombre engañando a mujeres.

-Ellas también se andaban con engaños.

La Gertrudis, mucho enamoramiento,

y lo único que quería es que la convidara y le comprara ropa.

-Pues ahí tienes más razón que un santo.

Sí, nos ha salido más fresca que las gallinas.

-Ahora ya da igual.

No tengo suerte en asuntos de amores.

-Que no, primo. Que no.

Ya verás tú cómo todo va a cambiar. Mírame.

Vas a encontrar una moza más maja que las pesetas.

(Tripas)

-Por la cara que pones,

eso no te lo crees ni tú, ¿eh?

-Cállate, hombre. No me ha dado más que un zurriquitraque por ahí.

(SUSPIRA) Hay que ver.

No ando muy católica desde lo de la chocolatería.

-Jacinto, mejor será que busque una chichonera.

La Paqui y la Pepa quieren subir. -¡Muerto soy!

(NERVIOSO) Decidles que... que me he vuelto para el pueblo.

-Antes o después tendrá que salir de aquí.

-Si salgo ahora, esas son capaces de sacarme los ojos.

-¡Hay que jeringarse! Nada de esto habría ocurrido

si Servando no le hubiera metido pájaros en la cabeza.

-¿Y Fabiana? Ya nadie recuerda que tuvo vela en este entierro.

-¡Eso es verdad! Muchos méritos se daba ella

de haberme convertido en un seductor.

-Y hablando de ella, está tardando mucho, ¿no?

-No te apures, ya dijo Carmen que había ido al médico.

Y tú también deberías ir, no tienes buena cara.

-No, no son más que unos retortijones.

En cuanto solucionemos lo de mi primo,

me hago una manzanilla.

-Eso, eso, lo primero es lo primero.

Que si una me ha puesto la cara como un pandero,

figuraos de lo que pueden ser capaces dos.

-Voy a ver si me deshago de ellas. -Sí, yo... Yo vuelvo enseguida.

Gracias.

-Llevo todo el día esperando su visita.

Estoy muy intrigado con su regalo.

-Es solo un obsequio, una bagatela.

¿Podría ir a por fruta para merendar?

-¿A estas horas? El mercado estará cerrado.

-Eh... Pues unos pestiños, hay un café en la calle Mayor

que los hace buenísimos. Estoy hambrienta.

-¿No ha escuchado a la señorita? Corra a cumplir su encargo.

-Abramos ese regalo.

Espero que le guste.

Gracias, hijo.

Me gustaría poder seguir contando con tus cuidados

cuando salga de aquí y vuelva a casa.

-No lo dude.

Estaré a su lado todo el tiempo que precise.

-Eres un buen hijo, sabía que podía contar contigo.

-Es mi obligación, padre, y la asumo con mucho gusto.

Hablaré con el médico para ver cuándo le dan el alta.

-¿Te importaría hacerlo ya?

Es que tengo muchas ganas de volver a casa.

-Desde luego, no veo por qué no.

La verdad,

estoy muy sorprendido.

-¿Me permite?

Según tengo entendido, este era el danzón favorito

de su hija.

(Música)

-Sí.

Este es.

-Bailemos.

-No, ¿cómo vamos a hacer tal cosa?

Cualquiera que nos vea,

pensará que nos hemos vuelto locos. -¿Y eso qué nos importa?

Si no puede bailar con su hija, lo hará conmigo.

-No me parece muy apropiado. -Venga, coronel, déjese llevar.

No puede negarme este capricho.

Me alegro tanto de verle recuperado, padre.

Esta vez no me separaré de usted.

Tenemos mucha tarea por delante. -Quizá menos de la que te piensas.

-No le entiendo.

¿Se encuentra bien?

-No.

No me puedo encontrar bien

sabiendo lo que le has hecho a tu hermano.

Tu egoísmo ha destrozado nuestra familia.

-Me parece que le han predispuesto en mi contra.

Déjeme que me explique.

-No.

No hay explicación posible para lo que has hecho.

-Padre..., escúcheme, se lo ruego, se lo puedo explicar todo.

-No.

No quiero escucharte.

No quiero verte.

Me avergüenzo de ser tu padre.

De pequeño, te consentí todo, por tu impulsividad,

pero has llegado a traicionar a tu hermano, a robarle la esposa,

su hijo...

Vete, no quiero verte más.

(SERVANDO SILBA)

¿No se iba? ¿Qué hace ahí parado?

-Temo salir y encontrarme a la Gertrudis, la Paca o la Pepa.

Que menuda torta me llevé ayer

sin comerlo ni beberlo. -Ahora comprendo yo lo del sombrero.

Para pasar desapercibido, ¿no?

-Para que no me reconozca ni mi madre.

Si me ven, no importa, el problema es si me dan alcance.

"Pallá" que voy.

-Venga, suerte y al toro.

-(SUSPIRA)

-¡Quieto ahí "parao"!

-"Buenas. -Ay..."

-No me encuentro muy bien.

-¿Tú también? -Uy...

-Ay, ¿y si hemos cogido la bicha?

-Pues la hemos cogido todos. En el altillo,

estamos todos malamente de la tripa, menos el Servando.

-¿Y si fue el chocolate? -¿El chocolate?

-Sí, tenía un sabor muy extraño.

-Ni que lo digas, extrañísimo. (ASIENTE)

A ver si nos hemos intoxicado todos con el chocolate.

-¿Y cómo es que Servando está divinamente?

Fue el que más bebió.

Ay...

-"Pero qué muchacha más bondadosa".

-Bondadosa y bonita.

Eh... Inteligente. (CARRASPEA)

Lo único malo que tiene

es lo mucho que nos pregunta por César Cervera, ¿no crees?

-Deberías centrarte en leer este libro.

A ver si salimos ya de este atolladero.

O ponemos remedio, o tendremos que hacer las maletas.

-¿Sabes que don Arturo

me ha puesto en relación con el marqués de Viana?

-¿De verdad? -(ASIENTE)

-Si creo que es muy amigo del futuro rey.

-Iré a una jornada de caza, para entablar amistad.

-Pero si tú no sabes cazar

ni te gusta. -No, en absoluto.

Además, no encuentro ningún sentido a divertirse matando,

pero no te apures, nadie se dará cuenta.

Me prepararé y me informaré; al menos para no hacer el ridículo.

-Conociéndote, seguro que te haces pasar

por un peritísimo cazador.

-"Mi madre y don Ramón"

quieren hablar con usted sobre la huelga del yacimiento.

-Pensaba ir mañana. Lamento no haberme acercado antes,

pero las noticias de mi padre me han tenido ocupado.

-No se apure, es comprensible.

-Me reuní con los líderes sindicales,

y estábamos a punto de firmar un acuerdo

cuando mi padre despertó y tuve que venirme corriendo.

-Esas son muy buenas noticias.

Enviaremos un representante

para que termine de sellar el acuerdo.

¿Le parece? -Sería buena idea.

-Lo primero, habla con el médico,

e insiste para que le deje regresar a casa.

-¿Por qué quiere que haga eso? -Tu padre, recuperándose en casa,

necesitará tener a sus hijos cerca.

Para un padre, lo más importante es un hijo.

-Hemos contactado con los traficantes alemanes.

Si llegamos a un acuerdo,

compraremos sus armas

y se las enviaremos a nuestros militares.

Debemos estar preparados para una intervención.

Los ánimos cada vez están más caldeados.

¿Qué opina, coronel?

(FABIANA LLORA Y BALBUCEA)

(LLORA)

-Debe estar muerta de miedo

pensando que va a morir, ¿no?

-"¿Y Fabiana? ¿Sigue enferma?".

-Sí. Hoy serviré yo el desayuno.

-Qué raro, nunca se pone enferma.

A ver si tiene algo grave.

-"Pa" chasco que no sé yo,

pero me barrunto que algo malo le pasa.

Ni siquiera ha dormido en el altillo. -"¿Qué hago con ella?".

Para hacer lo que estoy haciendo, podría haber contratado

a cualquier donnadie. -Quería al mejor de los mejores.

Quiero que el trabajo

se ejecute sin complicaciones y sin errores.

-Eso delo por hecho.

Pero mis tarifas no son baratas. -(RÍE)

El dinero no es un problema, no se apure por eso.

Solo preocúpese de que todo sale como yo ordeno.

-Entonces ¿qué quiere que haga ahora con esa mujer?

  • Capítulo 694

Acacias 38 - Capítulo 694

06 feb 2018

Samuel manipula a su padre para enfrentarle a Diego; le cuenta cómo ahora está con Blanca, llevándose con ella al hijo que los dos esperan. Úrsula por fin visita a su marido, quien no quiere recibirla, pero acaba convenciéndole de que el único malo en esa historia es Diego.

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  1. Anachipa

    Ya yes tiempo de que Úrsula pague todas sus maldades

    08 feb 2018
  2. MFM

    Se esta alargando mucho, personajes que no salen estan olvidados muertos por Ursula ¿como podran llegar a dar su culpabilidad?

    07 feb 2018
  3. MariMon

    Por qué no esta el capituló de hoy ?

    07 feb 2018
  4. Bosco José

    El personaje de Úrsula y sus maldades es más que cansino.

    07 feb 2018
  5. Guiomar

    Andaira, estoy totalmente de acuerdo contigo.

    07 feb 2018
  6. Marce

    Oh por favor no conviertan al por fin reiterado Jaime en otro Ursula. Si tan bueno es el Jaime no deberian de ponerle preferencias entre los Hijos, lo natural es que dere que los dos se expliquen y quiera ayidarlos a los dos. De resto, por favor empiecen ya a resolver los crimenes, no le fargen mas a Ursula, solo quita credibilidad a la serie. Ya esta bueno!

    07 feb 2018
  7. Victoria

    Ayer 1.076.000 espectadores y un 9,1% de cuota de pantalla.

    07 feb 2018
  8. judit moreno

    Porque siempre los malos hablan y sale todo bien, comete todo tipo de delito y queda impune, lindo empleo para la sociedad, hagan resucitar a Calletana de las cenizas y se saque todos los trapíitos al sol, pienso que los guionistas no lo deben,

    07 feb 2018
  9. Saro

    Lo primero, ¡¡FELICIDADES!! Sres. Alvarez-Hermoso. Cada vez me gusta más la pareja Diego y Blanca, su encuentro (la música que acompaña su escena es preciosa). Un momento muy duro donde las haya, fue ver a Diego tan contento, cómo llega a ver a su padre y éste ni siquiera le permite explicarse, no quiere escucharle, ni verle, ¡vete, no quiero verte más! es lo último que le ha dicho. Contrarrestando, ha habido una escena que me ha encantado y es la visita de Silvia al coronel, cuando ella pone el disco en el gramófono, se acerca y le invita a bailar, las palabras que ella emplea para convencerlo, ella "mandando" y él "acatando" .. ¡Dios mío!, ese coronel bailando, sonriendo y mirando a los ojos a Silvia ... nunca lo habría imaginado pero, ha asomado el corazoncito del coronel ... ¡Arturo se nos ha enamorado!. Geniales interpretaciones de todos.

    07 feb 2018
  10. Avatar de Jesús Carrillo Ferná Jesús Carrillo Ferná

    Señores guionistas La protagonista no debe ser tanto tiempo la malvada Ursula y la supuesta inocencia de Samuel. El padre debería escuchar las versiones de Diego y Blanca antes de rechazar a su hijo mayor. Van a conseguir que muchos televidentes hagamos zapping a la búsqueda de series con mejor contenido.

    07 feb 2018