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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 687 - ver ahora
Transcripción completa

Tienes razón.

No me atrevo a dispararte.

Pero si no te marchas, será ella quien pague las consecuencias.

-¡No te atrevas a tocarle un pelo!

-¡Serás tú quien me obligue a hacerlo! Vete.

Pase, pase, pase usted, haga el favor, pase.

-Arrea.

¿No vendrá usted también preguntando

por mi primo Jacinto? Porque a mí me va a dar algo.

-Que no, descuida.

Es Agustina, la nueva criada de don Arturo Valverde.

Te agradezco que me ayudes a ganarme la estima del coronel.

-Ya sabes que me cuesta no darte capricho.

Pero espero no arrepentirme de haberlo hecho.

Ojalá tus aspiraciones políticas no vuelvan a separarnos.

-Eso resultaría imposible.

Ni voy a seguir viviendo así, ni voy a traer a este mundo a un niño

para que viva la mentira, el maltrato y la falta de amor.

-¡Por todos los santos, Blanca!

Todo tiene un límite.

Es la vida que llevas en tu vientre

lo único que debería importarte. -"Allí viene".

-¡Qué ilusión!

Bien que nos hacía falta una alegría en este barrio.

La última vez que nos batimos resultó ser un buen entrenamiento.

-Me temo que esta vez le va a resultar menos placentero.

Disculpe.

-"Pues... me parece" que tú y yo

muy pronto vamos a seguir el mismo camino.

-No me digas eso que me pongo a llorar aquí como una tonta.

-Vamos.

¡Alto! Se lo ordeno.

¿Qué significa esta locura? Otra vez esta mujer en el Ateneo.

Su insistencia es acorde a su falta de educación.

Sabe perfectamente que no es bienvenida aquí.

Ya sabe cuál es su deseo, abandonarme por mi hermano.

Y nada va a hacerla cambiar de opinión.

-En tal caso,... ya solo nos queda una salida,

dejarla marchar.

-¿Dejarla marchar? Pero ¿es que ha perdido el juicio?

-Si alguien aquí lo ha perdido, si alguien ha abofeteado a su esposa,

ha amenazado a su hermano

poniéndole una pistola, si alguien ha intentado meterle la comida

por la fuerza a su propia esposa,

¡ese has sido tú! -Eso no va a volver a ocurrir.

-Estás a punto de perder a tu esposa definitivamente.

A ella y a tu hijo. ¿Es que no puedes

pensar por un momento, razonar como una persona inteligente?

-Entonces, ¿qué propone que haga? -Ya te lo he dicho.

Dejar que Blanca

consuma su amor con Diego.

-Pero eso es absurdo. Es una locura, Blanca es mi esposa.

-Lo es. Pero estás a punto de perderla.

Y solo obrar de manera inteligente te dará una segunda oportunidad.

Blanca es la yesca...

y Diego, la chispa que la prende.

¿Qué pasará cuando estén juntos?

Arderán.

Pero con un fuego que se consumirá en segundos.

Un fogonazo de corta duración.

Una llama...

que no calentará un hogar. -¿Qué quiere decir eso?

No entiendo lo que trata de decirme.

-La conozco. Blanca regresará...

y te pedirá perdón.

¿Y debo permitir que yazca con otro hombre,

que aparezca como su esposa,

como una adúltera? -¡Sé que es difícil!

Pero en estos momentos, la única posibilidad que tienes

para salvar tu matrimonio y tu paternidad

es renunciar, ser astuto, tener altura de miras.

-No, no, no, no. He dicho que no.

-¿Es que no te das cuenta de que Blanca no ha comido en todo el día?

¿No te das cuenta de que es capaz de dejarse morir?

¿Es que quieres quedar delante de todo el mundo como el marido

que ha dejado morir a su esposa de hambre y a su hijo no nacido?

Te aseguro que es mucho peor que perder el orgullo

y dejarla que se vaya con Diego.

Entre dos males,

escoge el menor. -Blanca está cambiando de actitud.

Está tensando la cuerda, pero es incapaz de dejar morir al hijo

que lleva en su vientre. -Tanto tiempo viviendo con ella,...

tanto tiempo durmiendo a su vera,...

y no la conoces.

Qué necio eres.

-Vamos a terminar esta conversación.

Es mi esposa y hará lo que yo mande.

Y si no quiere comer, seré yo mismo quien le meta

la comida en la boca con un embudo.

Su hija se va a comportar como una buena esposa. Se lo garantizo.

-Samuel,... sé sensato.

¡Viva los novios! -(TODOS) ¡Viva!

-Qué ordinariez.

Como si estuvieran en los toros, gritando.

-Cállese, Servando, que nos echan.

-Pero ¿esto es una boda o no?

¿Cuándo salen los piscolabis? -Eso, los canapés,

que tengo que llevarle alguno a mi Martín,

ya que se ha quedado el hombre haciendo guardia.

-Me da a mí que este no es nuestro sitio.

-Bueno,

"señá" Fabiana, nos quedamos un poco,

brindamos y luego nos vamos.

-Bueno, eso si nos echan. Que si no, yo no.

-Les ruego unos momentos de silencio.

Porque, como padre de la novia,...

tengo derecho

a pronunciar unas palabras antes de que comience el banquete.

Hoy se casa mi hija. La niña de mis ojos.

Y es uno de los días más felices de mi vida.

Pero también es un día triste porque...

se nos marcha a París a comenzar una vida nueva

con su esposo.

Víctor, cuídamela bien porque si no lo haces,

pienso perseguirte

por el mundo entero. -Me queda claro.

-Hija,...

no te olvides de nosotros.

Y escríbenos.

Y si algún día tienes un hijo,

bueno, pues... ponle de nombre Ramón, como tu padre.

-Se lo juro, padre. -Y si tenéis otro, pues

Antoñito, claro.

-Pues entonces,

si tenéis una niña, María de la Trinidad.

-Y si tenéis más chicos y se os acaban los nombres,

Servando o Servanda.

-Seguro, Servando.

-María Luisa, hija,...

siempre has sido el soporte de mi vida en los malos momentos

y mi alegría en los buenos.

Y espero que sigas siendo lo mismo para tu esposo.

Bueno, y ya no hablo más que no quiero ser pesado.

Vamos a brindar por los novios. -¡Por los novios!

-(TODOS) ¡Por los novios!

-Anda, Ramón, ten, que menudos lagrimones.

-Y yo no quiero ser pesado,... pero, como todos saben,...

hoy es mi último acto como propietario aquí en La Deliciosa.

Y quería decirles algo.

Que muchas gracias a todos.

-(APLAUDEN)

-(TOCA EL VIOLÍN)

Buenas tardes, señor.

-Buenas tardes.

-Déjeme el abrigo. Lo colgaré.

¿Ha ido bien la tarde, señor?

-No necesito que trate de ser amable conmigo,

solo que trabaje. -Sí, señor.

-¿Ha pensado ya el menú de la cena benéfica?

-Sí, señor.

Si a usted le parece bien, se servirá el mismo menú

que se sirvió en casa de los señores

de Antequera Emperador, con motivo de la visita

de su Alteza Real,

la hermana del príncipe de Asturias la noche de San José.

Empezaremos primero por un consomé al jerez, luego habrá pescado...

-Tampoco necesito que me cuente las recetas una a una.

Solo que sea una cena de altura.

Para eso la he contratado sin hacerle el examen exhaustivo

que suelo hacer. -Lo será, señor.

-Pero recuerde, está usted a prueba.

Tengo que asegurarme que cumple los mínimos para trabajar en mi casa.

Saber leer, hacer cuentas, algo de cultura general.

No quiero que una ignorante me avergüence delante de mis amistades.

-Por supuesto, señor.

-Quiero delegar en usted todos los asuntos domésticos.

No me interesan. -Lo que usted ordene.

Aunque debo hacerle algunas preguntas.

¿Qué debo hacer con la habitación femenina

que se encuentra desocupada?

-Limítese a mantenerla limpia.

-¿Se usa ocasionalmente?

-Es la habitación que ocupaba mi hija Elvira.

Limítese a mantenerla en condiciones de ser usada en algún momento.

Y no haga preguntas.

-Sí, señor. -Y vaya a abrir.

-Señor, una dama que no ha dicho su nombre...

-Coronel Valverde,...

disculpe la intromisión.

Gracias.

Hay que ver. Qué boda, ¿eh?.

Más señorial que la de la infanta.

Fijaos que la novia iba en un coche a motor subida.

Imaginaos. -Aquí tenéis canapés.

Que "pa" que los tiren, pues "pa" vosotras.

Casilda,... no comas tan aprisa que te vas a atragantar, mujer.

-Ay, madre mía, Lola. Yo no sé qué son

estas "bolicas" negras, pero está buenísimo.

-Pues le llaman caviar. Ahora,...

que yo no sé de dónde lo sacan, pero parece carbón.

-Pues es lo más bueno que he probado en toda mi vida.

-Pues a mí no me termina de convencer.

"Ande" se ponga un buen jamón, que se quiten las bolitas negras.

Y "ande" se ponga una buena zarzaparrilla,

que se quite el champán.

No sabes lo difícil que está siendo ser novia de un señorito.

-¿Difícil? Lo difícil es poner comida

en la mesa todos los días.

-Si mira cómo voy vestida.

Como me ha mandado doña Trini. Que parezco una muñeca de porcelana.

-Pues bien guapa que vas. Te queda muy bien.

Y, además, tienes suerte, ahí dentro,

probando de lo bueno lo mejor.

-Ya.

Y con miedo a meter la pata a cada cosa que digo.

-Pero ¿qué pasa, es que ya no estás "enamorá"?

-Hasta los higadillos.

-Bueno,... pues entonces a aguantar.

Yo voy a llevarle algo de canapés a mi Martín,

que si no me voy a quedar sin ellos. Y tú, ahí dentro,

a rejuntarte con las señoras, y ojo avizor, ¿eh?

Que ninguna vaya a robarte a tu hombre.

-Le arranco los ojos.

Oye,... que luego os saco pasteles, que seguro que sobran.

-Oye,...

que no van a quedar canapés para mi marido.

Y él también se los merece. Venga, para acá la bandeja.

Por favor. Gracias.

Hay que ver.

Yo no sé qué es esto. Pero está de bueno.

"Pa" mí que va a ser algo de pescado.

-Perdona, ¿el número 38?

-Este mismo. ¿Buscas a alguien?

-A Jacinto Escolano, ¿le conoces?

-Y tanto.

-¿No será tu novio o tu esposo?

-No, no, para el carro, que es mi primo.

Se ha "marchao" al pueblo. ¿Y tú para qué le buscas?

-Le conocí en la feria de "ganao" y me dio esta dirección.

-Se la ha dado a tantas...

-Pero a mí fue especial. Amor a primera vista,

que no es de extrañar con lo guapísimo que es.

Si sabes de él, dile que estoy por el barrio.

Me llamo Gertrudis, aunque él me llamaba Gertru.

Nos vemos por aquí.

¿Desean algo más?

-Sí. Que nos deje a solas.

-Gracias.

Muy bueno. De los mejores que he catado.

-Estuve destinado en Cuba. Allí uno se aficiona al buen café.

-Nada me hubiera gustado más que servir a España en ultramar.

Pero ya se sabe que las mujeres no somos bienvenidas en muchos sitios.

-Le doy las gracias por no delatarme ante el general Zabala.

-¿Cree que se tragó mi mentira?

Difícil tenía regresar al Ateneo sin la ayuda de un socio.

-No lo sé, pero tampoco me importa demasiado.

No creo que me vayan a echar por ayudarle a usted.

-Bueno.

En cualquier caso, hice lo que debía.

Un amigo no delata a otro, y usted y yo... somos amigos.

-¿Amigos?

-Sí. Yo creo que nos unen muchas cosas.

-No sé si nos unen tantas como para considerarla una amiga.

-Cierto, porque un amigo me habría servido a mí.

-Tampoco sé si esta es una bebida adecuada

para usted. -No tema.

Le decía las cosas que nos unen.

La esgrima.

El amor por la patria.

-Tal vez lleguemos a ser amigos, pero no lo creo.

No tengo fe en la amistad hombre-mujer.

No fuimos creados para la camaradería exactamente.

-¿Ah, no? Y entonces, ¿para qué fuimos creados según usted?

¿Para el amor? ¿Es usted un romántico?

-No, en absoluto, yo no creo en el amor.

Sino en la familia cristiana.

-No sé si me suena eso más a cinismo o a aburrimiento.

En cualquier caso,...

por la amistad.

Nos volveremos a ver, coronel.

Cada vez son más sitios los que están en huelga general.

Especialmente la zona de Cataluña.

-¿Qué es lo que piden?

-Jornadas de nueve horas.

No me parece una demanda descabellada.

-Ni a mí. Pero no deberían dársela.

-¿Por qué?

-Porque después pedirán una jornada de ocho horas,

dos días de descanso a la semana, un mes de vacaciones,...

y la huelga se extendería por toda España.

La cuestión es no trabajar.

Mano dura y tente tieso

es lo que hace falta.

Hija, voy a pedirle a Carmen que te traiga un caldo bien consistente.

-No se moleste, madre.

No lo voy a tomar. -Debes parar con esta locura.

-Déjela. No la ayude.

-Un poco de humanidad, por Dios.

-¿Usted dice eso? Qué contrasentido.

-Blanca.

Vas a matarte a ti... y matar también a tu hijo.

-Prefiero la muerte que esta vida.

-¿No vas a ayudarla?

Por favor.

-Si se siente débil, tiene una fácil solución. Comer.

Si ella no lo hace, seré yo quien le obligue por la fuerza.

Déjela en el suelo.

-¿No vas a darte cuenta de que así no vas a lograr nada,

que lo mejor es separarnos? -Eres tú quien no va a lograr nada.

-Me dejaré morir.

Yo descansaré...

y tú lo llevarás siempre sobre tu conciencia.

-No voy a escuchar tus locuras. Ya cejarás.

-Hija,...

no puedes seguir así. Llevas un hijo en tu vientre.

-Mi hijo no va a nacer en esta casa.

No puedo condenarlo.

-¿Por qué?

¿Por qué pones tu vida y la de tu hijo en juego?

¿Qué es lo que pretendes conseguir?

-Madre,... voy a vivir con Diego...

o no voy a vivir. Es el hombre al que amo.

Voy a pasar el resto del tiempo que me quede en este mundo junto a él.

Nada lo va a impedir.

Leonor.

-Diego. ¿No me diga que viene de casa de Blanca?

-No.

No, no he querido subir. Aunque ganas no me han faltado.

¿Sabe usted algo de Blanca? -Nada.

Ya sabe usted que hoy el barrio está de casamiento.

He salido a tomar un poco el aire, que dentro hacía muchísimo calor.

¿Usted tiene noticias? -Tampoco.

No puedo quitarme de la cabeza la imagen de mi hermano

apuntándome con una arma. Si a mí me ha hecho esto,

¿qué le puede ocurrir a Blanca? -Esperemos que nada tan grave.

Que lo que pasó con usted fuera un momento de obcecación,

pero que no se repita nada del estilo.

-No lo sé. Me gustaría pensar lo mismo.

Pero quizá Samuel ha cruzado una línea

a la que nunca se debió acercar.

-A mí lo que me inquieta

es la posición que pueda adoptar Úrsula.

No sé si está protegiendo a su hija o se está acercando a Samuel

para controlarla. -Es su madre, maldita sea.

Hasta los animales más crueles protegen a sus crías.

¿Úrsula no ha asistido a la boda? -No.

Se limitó a enviar a su criada para presentar sus excusas

y desear felicidad a los novios. -Mal asunto.

Pero todo esto se va a terminar mucho antes de lo que Samuel cree.

-¿Va a denunciarlo a la policía? -No.

-Diego, no cometa ninguna locura. -No tema, Leonor.

Blanca saldrá de su encierro, pero no será necesaria la fuerza.

-¿Qué es lo que piensa hacer?

-Lo sabrá a su debido tiempo.

No le eche mucho carbón a la cocina, que si no se llena todo de humo.

Cuando yo faenaba aquí "pa" doña Rosina,

tuvieron que venir los bomberos. Y don Maximiliano salió en paños.

-¿No, no tira bien?

-Bueno, pues no sé, será eso a lo mejor.

-Se lo diré a Servando, que venga a verlo.

-Uy, sí. Usted dígaselo, pero puede esperar "sentá".

Vamos, es que Servando no es el portero más laborioso de España.

-Te aseguro que vendrá.

Si no es a mi llamada, será

a la del coronel Valverde.

¿Cada cuánto tiempo traen el carbón? -¿Traerlo? Ah, no.

No, no. Aquí no lo traen.

Está la carbonería en la calle del Álamo.

Ya le diré dónde.

-¿Ir nosotras, como si fuéramos carboneras?

En casa de los señores, los Antequera Emperador, venían a diario

para ver si hacía falta reponer. -Pues aquí olvídese.

Por cierto, esos señores que usted nombra, tenían que ser muy ricos.

-No lo imaginas.

Una desgracia que hayan fallecido.

-Se ve que les tenía ley.

Lástima que con el coronel no le va a ser tan fácil.

-Una criada...

debe sentir respeto y afecto por el señor de la casa.

No se lo tiene que ganar él, se le tiene y ya está.

-Yo lo del respeto no lo dudo. Pero el afecto...

Vamos, es que el coronel es muy "retorcío",

y más desde que la señorita Elvira se ha "marchao".

-Perdón, Casilda. No me interesan los cotilleos.

Y te ruego que no hables mal de mi señor a tontas y a locas.

Nosotras tenemos que mantenernos en nuestro sitio.

(Llaman a la puerta)

-Voy a abrir.

-A las buenas tardes. Me ha llamado usted, ¿no?

-Sí. Gracias por haber venido.

Como la más antigua y experimentada de las criadas de Acacias,

quería consultarle el menú de la cena benéfica que organiza el señor.

-Muy bien.

Anda que no he "preparao" yo cenas de esas cuando servía

donde mi hija doña Cayetana.

-¿Servía donde su hija?

-Sí.

Pero esa es una larga historia que no se puede contar en un minuto,

sino en muchas noches de invierno al amor de la lumbre.

Dígame qué tiene pensado servir.

-Yo había pensado en repetir una cena que hice

en casa de los Antequera Emperador cuando recibieron a la infanta.

-Arrea. Una infanta de España. Me tiemblan a mí las canillas

si tengo que cocinar para una infanta.

-¿Y... qué cenó la infanta? -Sencillo.

Un consomé al jerez,

un pescado, una carne y un postre.

-Yo lo veo muy adecuado a la ocasión y a las costumbres españolas.

-"Pa" chasco que sí. Y muy rico.

Aunque yo les pondría

unos "canapieses" de caviar, de esas bolitas negras

que ha puesto el señorito Víctor en el casorio.

Eso tiene que ser la comida de los ángeles.

-No. No pienso poner canapés, salvo en el cóctel.

Eso está bien para las bodas,

no para una cena normal. El menú es adecuado.

Pero como don Arturo

ha estado destinado en Cuba, he pensado que tal vez

le guste algo del Caribe.

-Pues no me sé yo ninguna receta de esa isla, no...

-¿De qué isla, "señá" Fabiana? ¿Cuba es una isla?

-Anda, Casilda, hija,

¿por qué no te vas a La Deliciosa? Ve a ver si han terminado ya

o puedes echar una mano. -Eso, eso, y nos dejas a lo nuestro.

-Ay, bueno. Si sobro, yo me voy, ¿eh?

Habrase visto las marquesas.

¿Me lo sujetas, por favor? Gracias.

-Rosina, cariño, haz el favor de volver a la fiesta, anda,

que al final nos van a ver. -¿Y qué que nos vean?

No importa, ¡somos marido y mujer!

-Eso se lo cuentas tú al juez cuando nos denuncien por escándalo público.

-Ay, da igual.

¿Por qué no hacemos algo escandaloso?

Vamos a bailar.

-Cariño, que mañana te vas a arrepentir.

-Es que don Ramón me aburre mucho, hablándome todo el rato

del yacimiento. -Pero eso es normal, Rosina.

Que los trabajadores han declarado la huelga,

es normal que se preocupe. -Pero hoy se casa su única hija.

Da igual, que declaren huelgas, mañana nos ocuparemos de eso.

-Eso, mañana. Y ahora, entra

y cuéntaselo a don Ramón.

-Bueno, vamos los dos. -Bueno, pero...

Bueno, mejor ve tú sola, ¿eh?

Mejor ve tú sola. Se lo cuentas tú. Ahora voy.

Samuel.

Qué alegría verle.

Precisamente estuve a punto de subir a buscarle.

-¿Es urgente? Lo cierto es que no tengo ánimo de ver a nadie.

-Lo sé. Lo sé, pero se trata de algo muy importante para mí.

Es una amiga de la familia que necesita hacerse un anillo

muy especial.

-Estaré encantado de visitarla mañana.

-El caso es que tiene que ser hoy. Porque mañana parte de viaje.

Tal vez estoy abusando un poco de usted,

pero es que le prometí que la atendería.

-Por no dejarle mal iré a verla.

¿Está aquí?

-He quedado en reunirme con ella en la mansión Alday.

Es que también tiene que hablar con Diego

sobre las piedras que irán luego en un camafeo.

-¿Lo sabe mi hermano?

-Ha dado el visto bueno, sí.

-¿Es consciente de la situación sumamente incómoda

en la que me pone? No tengo ningún deseo

de ver a mi hermano.

-No le pediría algo así

si no fuera importante para mí. -No me agrada ver a Diego.

-Se lo suplico.

Aunque solo sea por la amistad que nos une.

Me suena mal... cambiar uno de los platos, ¿sabe usted?

Ya sabe que las señoras después lo critican "to".

A ellas les gusta que les sirvan la cena sin cosas estrafalarias.

-Pero quiero ganarme a don Arturo. Es muy estricto.

Quizá por la tripa, como a todos los hombres.

-¿Y si prueba usted con un postre distinto?

Ahí seguro que no les importa.

Y puede ser un postre cubano.

-No conozco ninguno.

-A mi hija doña Cayetana le encantaba el flan de coco

que le preparaba la cocinera.

-¿Su hija doña Cayetana? ¿Vendrá a la cena?

-No. Mi hija murió.

-Lo lamento. No sabía, no.

-Era la señora del principal de esta casa.

Doña Cayetana Sotelo Ruz.

-¿Sotelo Ruz?

Más de una vez fue recibida en casa de mis señores.

¿Era su hija? -Sí.

Doña Cayetana... era hija de una criada.

Ya conocerá la historia, ya.

Bueno,...

Si quiere, puedo darle la receta del flan de coco

que está en uno de los libros de cocina.

Ya le pediré a Lolita que lo baje.

-Preferiría que me la diese de palabra.

-No se preocupe, Agustina, que ya le diré a alguien que se lo lea.

-En nuestros tiempos...

no teníamos oportunidad de aprender ciertas cosas.

Pero somos las mejores criadas, cocineras y amas de llaves.

-Y tanto que sí.

Bueno, cualquier cosa en la que yo le pueda ayudar, no lo dude.

Que "pa" eso estamos,

y "pa" educar a estas mozas y hacerlas tan "honrás",

como lo hemos sido nosotras.

-Quería hacerle una pregunta.

Sabe Dios que no es por cotillear, solo por conocer a mi señor.

¿Qué fue de Elvira?

La hija de don Arturo.

-Esa es otra historia que necesita largas noches de charla también.

Pero bueno, puedo intentar hacerle un resumen.

Eso sí, si usted me convida a una achicoria o un cafelito.

-Eso está hecho. Café, café.

Que nadie lo hace más rico que yo. Y tengo un paquetito.

-Sea.

Mira esas, parecen unas cucarachas. -Baja la voz, que te van a oír.

Todavía no hemos llegado al barrio y ya te vas a enemistar

con las vecinas. -No sé si esto me va a gustar.

Nada más llegar a la ciudad me intentaron quitar mi ramo.

Se lo tenía que haber hecho comer a esa pazguata.

-Tengamos la fiesta en paz, Flora.

-Como todo el mundo en este barrio sea como esa joven,

difícil va a estar.

-Buenas tardes, buen hombre. -Sí.

-Estamos buscando La Deliciosa, ¿le suena?

-¿Cómo no? El mejor chocolate y los mejores pasteles de la ciudad.

Allí la tienen.

Solo que hoy ha cerrado.

Están celebrando una fiesta. -Muchas gracias.

Y a más ver. -A más ver.

-¿Una fiesta?

Seguro que es para nosotros. -No creo ni que nos estén esperando.

-Venga, corre. -Mucho cuidado, Flora,

no vayas a meter la pata.

Oye,

¿te vas a comer todo esto?

-Calla. Que no son "pa" mí.

-¿Para quién son? -"Pa" los del altillo,

que hay algunos que son muy golosos.

-Pero subes y bajas corriendo, que no quiero echarte de menos.

Voy y vengo, no te vas a dar ni cuenta.

Que más que yo, no te echa nadie de menos.

-Vaya fiesta.

Se ve que nos esperaban.

-No te excedas, Flora.

Esto no es para nosotros. -Pero si hay hasta caviar.

¿Tú lo habías probado antes?

Yo no. Pues tampoco está tan bueno.

Sabe salado.

Donde estén unas buenas migas...

Brindemos.

-(CARRASPEA) -Usted es la de las flores, ¿no?

No están invitados. -¿Y quién nos va a echar?

A ver si la ponemos de patitas en la calle.

-Perdónenme, señores.

¿Qué está pasando aquí? -Soy doña Flora,

esposa de don Íñigo Cervera, que es este de aquí,

y resulta que ustedes no nos pueden echar.

-Me da igual quiénes sean. Es mi boda y los quiero fuera.

-Espera. -¿Es usted don Víctor Ferrero?

-Sí. -Soy Íñigo Cervera,

y soy el comprador del establecimiento. Encantado.

-Están ricos, pero los he probado mejores.

De salmón he probado yo.

-¿Por qué no los echas?

Esa es la sinvergüenza que me quitó las flores.

-Vete a atender a los invitados, y me dejas a mí solucionar esto.

-Luisi, hija, acompáñame que tienes que despedirte de tu tía Paca.

Ven.

-Ruego disculpe el comportamiento de mi esposa.

Y felicidades por su boda.

-Gracias.

Y "na", se fue por donde había venido.

-Pero... ¿es guapa la tal Gertrudis?

-Pues no sé, Servando, no me fijé.

Lo que sí se le notaba es que bebía los vientos por mi primo.

-¿Y en qué ha quedado eso?

-Pues me ha dicho que yo la avise de que ella anda por el barrio.

Y que volverá a preguntar.

-El Jacinto me recuerda a mí cuando era joven.

Sí. Todas las mujeres

preguntando por mí por las calles. Es que...

los que nacemos rompecorazones, verbigracia don Juanes,

es lo que tenemos, Casilda. Bueno, y yo...

porque estoy esperando a mi esposa, la Paciencia, que vuelva de Cuba,

que si no...

-Por cierto, ¿sabía usted que Cuba es una isla?

-Pues claro.

-Ah. Es que yo no lo sabía. Ha sido "to" una sorpresa.

-A ver,... de parte de la Lolita,

que me la he encontrado en el portal.

Ay. Esta moza es una alhaja.

-"Señá" Fabiana, ¿hay de caviar? -No.

Son pasteles. A ver si ahora no vas a comer otra cosa.

-Me han gustado.

Al principio sabían muy salados, pero cuando le coges el tranquillo,

no he dejado ni el que tenía "guardao"

"pa" mi Martín.

-Tú quédate con el caviar, que los pasteles son "pa" nosotros.

¿Se ha enterado que ha venido una moza preguntando por Jacinto?

-Pues no. ¿Y qué quería de él?

-Casarse con él.

Y es la tercera que viene preguntando por lo mismo.

-Se nota que ha seguido al pie de la letra mis consejos.

Es que...

es un don Juan. Está de un mujeriego que vamos.

-No creo yo que hayan sido sus consejos.

Sino por los míos. -Vamos, ande.

-Servando, fui yo

quien le enseñó que a las mujeres no nos gustan los cazurros.

Sino los sensibles, educados.

-No, no, fui yo quien le enseñó a Jacinto a templar y a mandar.

-Que no fue ninguno

de los dos.

Mi primo es muy guapo.

Y es muy capaz de conquistar mozas. Aparte del embrujo...

-(AMBOS) ¿Guapo?

-Pues sí, como "tos" en mi familia.

Además, que ya lo dijo la Gertrudis.

Que era el amor de su vida, y habló de él como si fuera un Adonis.

-Yo no me lo creo, hombre.

-Ni yo tampoco me lo creo. Pero si es más feo que Picio.

(IMITA A JACINTO) Algo querrá esa.

¿Cuándo va a llegar la mujer con la que quiere que hable?

-Ahora vendrá, está viendo unas gemas con Diego.

-No comprendo el motivo por el que me ha hecho venir.

-Cuando conozca a Rocío lo sabrá. Tenga paciencia.

Buenas tardes, Rocío. -Buenas tardes, Liberto,

le agradezco mucho haberme conseguido esta cita

con los hermanos Alday.

-Me ha dicho Liberto que necesita usted un anillo un tanto especial.

-Así es.

Me caso.

Y mi prometido quería regalarme un anillo de compromiso,

pero como se trata de algo un poco peculiar,

le he pedido ser yo misma

quien lo adquiera. Aunque eso no es muy habitual.

Será mi segundo marido.

El primero murió.

-Lo lamento. -Yo no.

Su muerte ha sido lo mejor que ha podido pasarme nunca.

Me maltrataba,

me pegaba,...

me hacía sentir miedo

cada día de mi vida.

-Muéstrele la mano,

así verá la dificultad del encargo.

-Dios mío.

Tiene la mano deformada.

¿Qué le ha ocurrido? -Mi marido me la rompió.

Todos los dedos. Cada uno

por varios sitios.

No quiso llevarme al hospital hasta pasadas dos semanas

y los médicos ya no pudieron hacer nada.

Como puede imaginarse, no va a ser fácil

hacer un anillo.

-Estoy seguro que podremos hacer uno que usted pueda lucir con orgullo.

-De todos modos, no entiendo cómo pudo casarse con ese hombre.

-Al principio era normal,

pero yo no le di los hijos que él quería y...

empezó a beber.

Y... a ser cada día más salvaje.

Le digo una cosa, cuando un hombre empieza a pegar a su esposa

es muy difícil que se detenga.

Gracias a Dios murió y ya todo ha terminado.

-Necesitaría tomarle medidas, pero se va usted de viaje.

-Puedo aplazarlo hasta que usted tenga el anillo.

-Muy bien. Mañana me pondré en contacto

con usted a través de Liberto.

Hoy poco más puedo hacer. -Se lo agradezco.

Sería muy importante

para mí.

-Con su permiso, debo irme.

-Muchas gracias, Rocío, lo ha hecho muy bien.

Ahora solo hay que esperar a ver si da resultado.

-Gracias a ustedes por intentar impedir

que otra mujer sufra lo mismo que yo.

-Lo lograremos.

-La poca humanidad que le quede a Samuel no dejará de darle vueltas

a la cabeza, y de ver en lo que se está convirtiendo.

¿Qué le parece si nos reunimos mañana y hacemos el traspaso?

-De acuerdo.

Y le ruego de nuevo que disculpe el comportamiento de mi esposa.

Es muy difícil que entre en razón cuando algo le molesta.

-Ya.

Pues no sé si una chocolatería es el mejor negocio para ustedes.

Aquí hay que tener mano izquierda con los clientes.

-Lo intentaré.

Aunque no lo demuestre, mi esposa es encantadora.

-Bueno, si usted lo dice.

En cualquier caso, estoy en mitad de la fiesta de mi boda.

Me debo a mi esposa y a mis invitados.

-Claro. Que sean muy felices. Y disculpe la interrupción.

-Hasta mañana.

-Hasta mañana. Gracias.

Ya está.

He quedado en encontrarme mañana con Víctor Ferrero.

-Pues a divertirnos.

-Mejor será irse.

-¿Y perdernos la fiesta? ¿Desde cuándo nos hemos perdido

tú y yo una jarana? Anda, por favor.

Por favor, por favor, por favor.

Vamos a brindar por los novios. ¡Vivan los novios!

-(TODOS) ¡Viva! -Flora, por favor.

Siéntese.

¿Le apetece un puro? -No, gracias.

-Agustina, haga el favor, sírvanos un aperitivo

al general Zabala y a mí.

-Como ordene. ¿Un "Manattan"?

Es un cóctel compuesto

por whisky, vermut dulce

y vermut amargo, muy famoso en la ciudad de Nueva York.

-Perfecto, un Manhattan para mí. -Otro para mí.

-Le envidio, Arturo.

No todo el mundo tiene una criada que sepa preparar cócteles.

-Pues no, sí, es una suerte.

Por cierto, siento el otro día el servicio tan deficiente

con ese mamarracho.

-Si el Manhattan está bueno, olvidaremos aquello.

Aunque no debió permitir que un simple portero nos sirviera.

Igual que no debió permitir que Silvia Reyes

volviera a practicar esgrima.

Y no me diga que no lo sabía, porque no le creeré.

-Hay que reconocerle a esa mujer arrojo y valentía,

y que es una excelente tiradora.

-Lo único que estoy dispuesto

a reconocerle es que es una fresca y una provocadora.

No se fíe de ella, coronel.

Pero bueno, cambiemos de tema.

¿Cómo van los preparativos para la cena benéfica?

-Pues lo mejor será que ella misma nos cuente el menú.

-Exquisito. No necesito saber nada más

para saber que la cena estará a la altura.

-Gracias, señor.

La única duda que tengo todavía es el postre.

He pensado en un flan de coco.

Para que muchos de ustedes recuerden los años pasados en Cuba.

-Una gran idea.

La cena será un éxito y recaudaremos mucho dinero.

La Asociación de Patriotas siempre estará en deuda con usted.

Por los patriotas. -Por los patriotas.

-Oh.

Perdone que le moleste.

Es que me he enterado que es el hijo de don César Cervera,

el gran aventurero. -Eh...

sí, soy su hijo. -Es que...

¡me gustan tanto sus escritos! Me los he leído todos.

Me encantaría algún día comentar con usted cosas de su vida.

Es que quiero saberlo todo.

-Sin duda, encontraremos el momento, señorita, pero...

ahora no, discúlpeme.

-(RESOPLA)

-No entiendo por qué Víctor no ha echado a esa fresca

ni por qué Leonor estaba hablando con él.

-Luisi, esto es una fiesta, y las fiestas están para divertirse.

-Menos mal que doña Susana se ha ido a descansar.

Ella sí que hubiese puesto en la calle a esa tal Flora,

y a Rosina en su lugar, que parece que se ha bebido

hasta el agua de los floreros. -Bien ha hecho en irse.

Mejor será que tengamos la fiesta en paz.

No pienses en ellas, anda.

-Dice la tradición que el padrino tiene que empezar el baile

con la novia.

Pero estás tan guapa, que no vas a querer bailar

con un vejestorio como yo, así que,

damos tres pases y te cedo al novio.

Por favor.

(Música)

Vais a ser muy felices, hija mía. -Eso espero, padre.

Muchas gracias por todo.

-Jovencito,

su turno.

-Señora.

Ay, qué feliz estoy.

Hoy es el día más feliz

de toda mi vida.

-Y el mío.

-Vamos a ser muy dichosos.

Vamos a tener muchos hijos.

Te voy a querer hasta el día que me muera.

(APLAUDEN)

Pero bueno, ¿qué pasa, que somos los únicos que bailamos?

-Eso digo yo, ¿dónde se habrá metido Liberto?,

con las ganas que tengo de bailar.

-¿Me concede este baile, señorita? -Claro.

(RÍE)

-Bueno, ¿qué? Tú y yo, ¿no?

-Qué suerte tengo que siempre me toca bailar

con la más bella de la fiesta.

-¿Por qué no has echado a esa mujer? -Tú olvídate

de eso ahora. Hoy lo importante

somos tú y yo.

Y, además,... que ya va siendo hora...

De que nos vayamos, ¿no?

-Pensé que no me lo ibas a pedir nunca.

-¿Ah, sí?

-Creo que se me van a saltar las lágrimas de la emoción.

-Nadie se va a dar cuenta, mi amor.

-Me voy para fuera, que no quiero que nadie me vea como una madalena.

Sabía que te ibas a emocionar, querida. Toma.

-De verdad, Celi,

parezco tonta. -Estas son las mejores lágrimas,

las de felicidad.

Aunque no la hayas parido tú, estás casando una hija, Trini.

-¿Te acuerdas cuando llegué al barrio?

Luisi me odiaba.

Y tú bien sabes lo que me ha costado que me quiera.

-Lo importante es que lo has conseguido.

-Y ahora se me va.

-Ay, pero nos quedamos los demás.

Y ahora te quiere todo el barrio.

Te has convertido en una de las vecinas más importantes.

Y tienes a Ramón.

Y cada vez que te ve

se nota que te adora. -Ay, mi Ramón.

Yo sí que le adoro, Celi.

Y quizás debería entrar y mostrarle mi apoyo.

Que él también casa a una hija. A la niña de sus ojos.

Entro, ¿vienes? -Voy a tomar un poco el aire.

-Gracias, Celi.

Luego te lo doy.

-¿Qué tal?

Hola. Ya me he enterado que hay boda.

-Sí, son María Luisa y Víctor.

Llevan enamorados desde que eran niños

y jugaban por estas calles.

-Eso es estupendo. Una suerte.

-Espero verla en la cena benéfica

del coronel Valverde. ¿Le ha llegado la invitación?

-Aún no.

-Lo estamos organizando Felipe y yo. Mañana se la hago llegar.

-Me encantará.

Hasta luego. -Hasta luego.

"Y yo decido que no saldrás de esta casa".

-"¡No!".

"Sé muy bien de lo que eres capaz,"

pero tendrá que ser por las malas.

-Tú lo has querido.

-¿Qué está ocurriendo aquí?

-Déjela, no la ayude.

Hemos de hablar sobre Blanca.

-No. Ya sé qué hacer con ella.

-Explícate.

¿Qué vas a hacer con ella?

-Lo que usted sugirió. Dejar que se marche.

Lo único que exijo es que mantenga lejos de mi vida

para siempre a Diego.

-Diego se pondrá él mismo la soga al cuello,

no te apures. Es un hombre autodestructivo.

-Confío en que esté usted en lo cierto

y que Blanca termine regresando.

No soportaría perderla, y me volvería loco si finalmente

se llevan a mi hijo para siempre. -Volverá.

La conozco y conozco a Diego.

El fuego de ese pretendido amor terminará consumiéndoles.

Solo quedarán pavesas.

-Confío en que esté usted en lo cierto.

-En cualquier caso, no nos queda otra salida.

No puedes seguir reteniendo a Blanca por la fuerza

durante mucho más tiempo.

No te atormentes. Estamos haciendo

lo más inteligente.

-Pero ella quiere a Diego de verdad.

-Quizá.

No estoy segura.

Puede ser un capricho pasajero.

Pero aunque así fuera,...

aunque estuviera ciegamente enamorada, pronto se desencantará.

-Muy segura parece usted de ello. -Diego es un espíritu libre.

Tú mismo lo has hecho notar en muchas ocasiones.

Y ese tipo de hombres...

tienen dificultades para mantener relaciones estables.

Según tengo entendido, Diego no ha tenido nunca una.

-Tampoco ha estado nunca mucho tiempo en un mismo lugar.

-Más a nuestro favor.

Tal vez sea él quien se vaya.

No.

Me inclino más a pensar que será Blanca la que se desencante.

-¿Tan voluble la considera usted? -No,

voluble no, inteligente.

Pronto Blanca se dará cuenta que Diego no es capaz

de darle el sosiego que necesita en su estado.

Ni tampoco la seguridad de una relación estable.

Entonces...

añorará su vida contigo, tu temple, tu compromiso.

-Pero Blanca también ha sufrido conmigo.

No tendrá un buen recuerdo de nuestra convivencia.

-Ella se fijó en ti...

por tu amor sin límites, tu nobleza.

Yo me encargaré de recordárselo cuando se vaya.

Y eso sí,...

debe parecer que ella logra su libertad gracias a tu altruismo.

Debe marchar...

llevándose en el corazón la imagen de un hombre...

bueno.

No sabes la de tiempo que llevo ansiando este momento.

-Y yo también, pero no me lo recuerdes más,

que estoy muy nerviosa.

-Tenemos la bendición de la iglesia. Y los parabienes de nuestra familia.

No hay nada malo en lo que vamos a hacer.

Vamos a amarnos sin vergüenza ninguna.

-Además, que...

tú y yo... ya hemos dormido juntos, ¿te acuerdas?

-No mucho.

Pero lo de hoy sí lo voy a recordar siempre.

Para toda la vida.

-"¿Ha interpuesto denuncia?".

-Lo he intentado.

He contado la situación.

Que Samuel tiene encerrada a Blanca en contra de su voluntad.

Y según la policía no hay ningún delito, no pueden hacer nada.

-Pero por el amor de Dios,

¿qué necesitan para que sea delito?

-Golpes, agresiones, un intento de homicidio, yo qué sé.

-Conozco otros casos como estos.

Y en esta misma ciudad.

Y la ley y sus representantes siempre se ponen de parte del varón.

-Debería provocar a mi hermano para que cometa una locura y le detengan.

-No cometa ninguna barbaridad.

Eso sería peor para Blanca. -Conténgase, amigo, se lo ruego.

-Es que parece que sea la única manera para que alguien intervenga.

Bueno, por fin os despertáis, bueno, desayunáis.

Menos mal que Lolita ha tenido la paciencia de manteneros

el desayuno calentito para cuando tuvierais a bien amanecer.

-Gracias, Lolita, pero no era menester. Ya no es tu obligación.

-Ha sido un placer "pa" una, que la luna de miel es más dulce

si se tienen cosas ricas para llenar el buche.

-Se agradece mucho. Es el mejor desayuno que he visto en mi vida.

-Si a ti hoy todo te viene de perlas.

Solo hay que verte la cara. Ni que hubieras visto al Altísimo.

-Calle usted, Trini. -Bueno, hija,

tampoco te tienes que comportar como una doncella virginal,

que estáis casados.

-Aun así, no es lo correcto. -"Cómo cambian los tiempos".

En mi juventud, una mujer nunca se hubiera permitido decir algo así.

-Espero no haberla escandalizado. -No,

señorita Reyes. Una ya no se escandaliza

de casi nada.

-¿Y cuándo cree que podré probarme el vestido?

Acabo de llegar, pero estoy invitada a varios actos sociales.

Tengo cierta urgencia. Uno de ellos muy cerca de aquí,

por cierto. Pared con pared, como quien dice.

-Qué raro, no me he enterado, siendo tan aledaño.

-Una cena en beneficio de los soldados retornados.

En casa del coronel Valverde.

-Sentimientos agridulces, ¿no es así?

-Si es que cada una de estas mesas me trae recuerdos,

Liberto.

Mi madre, cómo me he criado entre estas cuatro paredes,...

mi padre, mi abuela.

Los buenos y los malos días que he pasado aquí con María Luisa.

Y ahora me tengo que marchar.

-Venga, que tienes toda la vida por delante, hombre.

Y estos recuerdos no te los va a quitar nadie.

Siempre van a estar contigo. Y, por si fuera poco, tienes

la oportunidad de empezar de nuevo en París.

Muchos querrían estar en tu pellejo.

-Si yo me siento el hombre más afortunado.

Sobre todo por María Luisa. -Te llevas

una joyita. Cuídala.

-Lo haré, no lo dudes.

Voy a hablar con esa santurrona, esperadme aquí.

-Ahora que su madre no está, señora,...

¿le apetecen unas peladillas?

Con el azúcar y el fruto seco le serán de gran alimento. Ande.

Coma unas pocas.

-¿Es que no me has escuchado, Carmen?

No pienso alimentarme mientras no pueda hacer mi voluntad.

-Estoy de su parte, señora, nadie se enterará, ni siquiera doña Úrsula.

Creerán todos que sigue usted en ayunas.

-¡Tieta!

Me ha dicho un pajarillo que tiene una clienta nueva.

-Sí, la señorita Silvia Reyes, una mujer muy simpática.

Y no ha sido un pajarito,

te la has cruzado cuando salía y te has parado a pegar la hebra.

-¿Sabe usted que tira con el florete?

-Lo que sé es que se ha introducido en la sociedad con mucha soltura

y éxito.

Está recién llegada y ya ha sido invitada a una cena

que organiza el coronel. -Sí.

Al parecer, trata de congeniar filantropía y patriotismo.

-¿Estabas enterado de la gala? -Así es.

De hecho, voy a acudir con mi esposa.

Dentro de poco tendré que demostrar una pizca de conocimiento.

-Pero si usted ya tiene de eso.

Tiene un pico de oro.

-A base de escuchar y repetir, pero no sé de letras ni de números.

Me temo que el señor coronel me echará a la calle

si no soy capaz de coger un lapicero.

-Puede ser.

Porque Simón, el antiguo mayordomo, era más leído que un bachiller.

Necesita usted que yo le dé un empujón con las letras, Agustina.

-Y con los números. -Casilda, un lapicero.

No se angustie,

que en un abrir y cerrar de ojos, le voy a enseñar

a escribir su nombre y los números.

Bienvenidos a la que será su casa. Señora.

-Espero que el traspaso no resulte muy triste para usted.

-Bueno,

algo sí.

Tenga usted en cuenta que yo me he criado aquí.

Aquí me he hecho un hombre...

y aquí he aprendido todo lo que sé de este oficio.

Pero bueno,...

por fortuna el traspaso coincide con...

el inicio de mi vida como casado, que lo endulza todo mucho.

-Eso depende de con quién se case uno.

-Flora, querida, no todo el mundo entiende tu sentido del humor.

Estate calladita. Déjanos a los hombres hablar de negocios.

-"Es un placer conocerle, general".

-Su iniciativa es digna de elogio y admiración.

-Alguien tiene que llevar las riendas. Su desinteresada

es mucho más importante.

Me alegra que hayan respondido así a la llamada del coronel Valverde.

-Bueno, yo creo que cualquier vecino hubiera acudido

fuera quien fuera el convocante.

Lo que a nosotros nos preocupa es la situación de nuestros soldados.

-Así es, doña Trini. Nuestra solidaridad es con soldados.

Pero también el coronel Valverde ha mostrado su compromiso

ofreciendo su casa y su prestigio.

-¿Qué significa esto, coronel?

¿Quién ha invitado a esta mujer?

Espero que todo vaya según lo imaginé.

Sobre Blanca no tengo ninguna duda.

Es predecible y... hará lo que yo deseo.

-¿Necesita usted algo más? -No.

Puedes ir a descansar.

Por fin creo que puedo confiar en ti.

Serás recompensada.

-¿Cuándo, señora?

¿No cree que ya me he ganado poder tener noticias sobre mi familia?

-Todo a su debido tiempo.

Una vida de fugitivos no sería buena para el niño, Diego.

Yo ya estoy yendo demasiado lejos con el ayuno.

Solo espero que...

Samuel reaccione antes de que esta vida corra peligro.

-Blanca, no te niegues tan rotundamente.

La criatura nunca será feliz si tú no lo eres.

No tienes nada que temer. Antes de llegar a ti

tendrán que terminar conmigo.

  • Capítulo 687

Acacias 38 - Capítulo 687

26 ene 2018

Samuel se niega a seguir la estrategia de Úrsula y dejar que su mujer marche con Diego. Mientras, la salud de Blanca empeora al no querer probar bocado. El banquete de boda de Víctor y María Luisa reúne a todos los vecinos y a las criadas de Acacias. A Ramón se le saltan las lágrimas cuando felicita a los novios. Arturo agradece a Silvia que no le culpara a él de haberle permitido la entrada al Ateneo delante de Zavala. Celia invita a Silvia a la cena benéfica que organiza el coronel. Agustina se hace un hueco entre las criadas. Mientras, más mujeres llegan a Acacias preguntando por Jacinto, el primo de Casilda.

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  1. Carmela

    Nuevos personajes y el acercamiento del Coronel con Silvia Reyes, dan la pauta que la novela sigue unos cuantos capítulos más. Esto me agrada porque la sigo desde el primer capítulo . ¡¡¡Felicitaciones a todos los que intervienen en ella!!! Cordiales saludos desde Buenos Aires.

    28 ene 2018
  2. Embarazada y Embara

    excelente poder ver estos capitulos. muy buen nivel.....[url=https://www.comoquedarembarazada10.com][color=#000000]Excelente[/color][/url] artículo. Saludos !

    28 ene 2018
  3. Mariagracia

    Bueno, parece que en reemplazo de M. Luisa, llegó a Acacias la nueva dueña de La Deliciosa; no le falta nada del mal carácter, de la caprichosa M.Luisa, veremos cuanto la puede manejar su esposo que parece un muchacho bastante " centrado ".- Aparte de esto comparto en gran parte lo dicho por Mabi ya que también a mí me pareció un " festejo " muy pobre y elemental para la boda de la hija de un señor con muchos " posibles " y que, por lo general un padre se hace cargo de los gastos de esas bodas.y por último, ¡¡ que poca gente invitaron y(o participaron !!!!

    28 ene 2018
  4. Claudia

    Me encanta la serie. En relación a Flora.. no la soporto desde ya. Y eso que sólo lleva 2 capítulos.

    27 ene 2018
  5. Mabi

    Don Ramón!!!!! Tanto yacimiento de oro, negocios con las cafeteras ,una buena cuenta en el banco y la fiesta de boda de su niña mimada se hace en la Deliciosa?????? Está bien que Víctor haya querido de esa forma despedirse del lugar que lo vio crecer y hacerse hombre y correr con los gastos del convite, pero hombre....podría por lo menos haber puesto el lindisimo y fino salón de su casa para semejante ocasión !!!!

    27 ene 2018
  6. Saro

    Con respecto a la violencia de género, me pareció interesante que los guionistas sacaran a relucir el tema, utilizando al personaje de Samuel, no creo que fuera elegido por casualidad sino porque siempre fue tranquilo, humano, sencillo, encantador, enamorado pero bastante influenciable, en este caso por Ursula, un personaje así era el ideal para que se convirtiera en violento, intransigente y maltratador, con lo cuál se demostraría que cualquiera se puede convertir en éso; de ahí que me resultara negativa y chocante su actitud. Estoy de acuerdo con Mabi en que la escena preparada por Liberto y Diego en la mansión de los Alday, para que Samuel pudiera escuchar el relato de la mujer maltratada, creo que ha conseguido su objetivo, hacer recapacitar a Samuel. Me ha parecido muy interesante que los guionistas se hayan hecho eco de un tema que, por desgracia, está de rabiosa actualidad.

    27 ene 2018
  7. Noelia

    Ayer el capítulo fue visto por 1.046.000 espectadores con un 9,1% de cuota de pantalla.

    27 ene 2018
  8. Mabi

    La nueva dueña de la Deliciosa me parece que se las trae !!!! Ya ha dejado entrever su atrevimiento, y su esposo la contrapartida a su forma de ser. Cual será el destino de la Deliciosa ? Esperemos que siga siendo el lugar ideal para el cotilleo de las señoras, las tertulias de los caballeros y la delicia de todos entre chocolate espeso, churros, porras, pestiños, suizos, café y licores !!!!!!!

    27 ene 2018
  9. Mabi

    Han hecho que revea mi comentario a propósito de la insensibilidad ante el tema de violencia de género, que se había puesto de manifiesto en el capitulo en que Samuel da un cachetazo a Blanca. Con la escena en casa de los Alday y el relato de la mujer víctima de maltrato por parte de su marido y luego con las palabras de Leonor, poniendo de manifiesto lo que aun hoy pasa, cuando las víctimas denuncian. Mis felicitaciones por hacerse eco de tan desgraciada y actual problemática.

    27 ene 2018
  10. Maria Ester

    Muchos critican a Blanca pero ella no le pidió a Samuel que la ayude en su momento, sino que él se enamoró de ella y lo hizo por propia voluntad y ella le respondió de alguna manera " ayudandole " a curarse de su enfermedad y luego se enamoró de Diego, lo que no es voluntario, uno se enamora sin proponérselo.- Se está poniendo interesante la historia entre Silvia y el coronel, me parece que pronto lo veremos al altanero " de rodillas " ante esa mujer.Al fin descansaremos de los caprichos de M.Luisa, que le vaya muy bien en París y que no vuelva.-- Y Rosina siempre " dando la nota" pasada de copas, haciendo pasar vergüenza a los suyos, suerte que está cerca Liberto para ponerle los puntos sobre las íes, bastante inmadura y desubicada la señora

    27 ene 2018