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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 686 - ver ahora
Transcripción completa

Me da que no goza usted de muy buena fama últimamente en este barrio.

-No debe usted fiarse de todo lo que cuentan.

-No lo hago. Solo me fío de lo que ven mis ojos.

-No me conoce usted de nada, no sabe quién soy.

Ni la relación que tengo con mis amigos y mis vecinos.

-Vecinos sí; amigos,

lo dudo.

Me da que acierto si digo que es usted una persona non grata.

-"¿Quieres saltar el abismo conmigo?".

-Sí. Quiero. -¿Sí?

-Te quiero.

-"Rosina, Liberto, Trini, don Ramón".

Parece que tu charla de esta mañana les ha convencido.

-¿De verdad?

-Estoy segura que recibirá usted un suculento donativo

para aliviar el sufrimiento de los militares

que han vuelto de la guerra. -"Obedecer no es someterse".

Espero que te quede claro.

-"Si no fuera por mí,

no te enterarías... que ha tenido visita".

-"¿De quién? -De Leonor".

-"¿De qué hablaron?".

-De literatura y poco más.

Aunque... me quedó la sensación...

de que Blanca se las ingenió para informar a su amiga

de lo que está sucediendo.

Si Leonor avisa a Diego, este no se quedará de brazos cruzados.

-Y yo tampoco.

-"Yo creo que Blanca está encerrada".

Como doña Julia.

Creo que eso es lo que estaba intentando decirme,

me estaba pidiendo auxilio.

-Tengo que hacer algo. -¿Como qué?

Yo no me fío de Samuel.

-Le sacaré de esa casa.

-¿Cómo?

-Pediré ayuda a Felipe. -¿A Felipe?

-"Nos gustaría volver a casa".

-Disculpe, no sabía que tenía usted prisa.

-No. No tengo prisa.

Pero, sinceramente, Felipe,... tengo la sensación

de que está usted intentando retenernos

por algún motivo que se me escapa.

-Doña Úrsula, se equivoca usted.

-Pues acabe con ese contrato. Samuel y yo queremos volver a casa.

Diego. ¡Diego!

Diego, mi amor.

Diego, sácame de aquí.

Tienes que sacarme de aquí.

No soporto ni un segundo más a Samuel.

-¿Te ha hecho daño, mi amor?

Dime. ¿Te ha hecho daño mi hermano?

-Y más daño que te voy a hacer si no la sueltas ahora mismo.

He dicho que la sueltes de inmediato.

-Has perdido el oremus. Baja esa pistola.

-Samuel,...

Samuel, te lo ruego, no dispares.

No condenes nuestras vidas y tu alma.

-¿Mi alma, dices?

Tu traición me la arrancó hace ya tiempo.

-Diego,... Diego, tienes que irte.

Vete antes de que Samuel...

cometa una locura. -¿Vas a disparar a tu hermano?

¿La sangre de tu sangre?

-Tú no eres mi hermano.

Nunca te has comportado como tal.

-Entonces hazlo.

Dispara.

Si ya no significo nada para ti, puedes matarme.

-Deteneos. Deteneos, por favor.

Detened esta locura.

-Tienes razón.

No me atrevo a dispararte.

Pero si no te marchas de inmediato, ella pagará las consecuencias.

-¡No te atrevas a tocarle un pelo!

-¡Serás tú quien me obligue a hacerlo! Vete.

¿Hay algún problema en el contrato de venta que he preparado?

-En absoluto.

Legalmente, no le encuentro ningún fallo.

-Entonces, ¿por qué no lo firma? Antes parecía tener mucha urgencia.

-Querida, la respuesta es bien sencilla.

No lo he firmado ni lo voy a firmar..

porque no estoy dispuesta a pagar tanto dinero.

-El precio es el acordado. Y está más que ajustado.

-No para mis intereses.

Dígale a Susana que le pagaré la mitad de lo que pide.

Ni una peseta más.

-El tiempo de las negociaciones ya ha pasado.

-Entonces no hay trato.

-Pero...

Samuel estaba de acuerdo.

-Así es. Hablaré con él.

No fallará a su palabra. -¿Está seguro?

¿Cree que Samuel no se ha dado cuenta

que estaban intentando retenernos?

Si se fue a casa...

es porque estaba cansado de tanta farsa.

No hay nada que me moleste más

que me tomen por tonta.

Y, querida, permítame que le dé un consejo,

no intente engañar a nadie.

No está usted capacitada para eso. -No sé de lo que nos está hablando.

-Intenta mantener su comedia.

Han tratado de retenernos aquí.

Por alguna razón, no quería que estuviéramos en casa.

Y, sabiendo como sé que es usted amigo de Diego,

puedo imaginarme por qué.

Si no quieren

que les enfrente a Samuel y arruine la venta de las joyas del manto

pueden convencer a Susana de que acepte mi nuevo precio.

Mándenme el contrato mañana por la mañana a mi casa.

Les estaré esperando. Y, por favor,...

esta vez no me hagan perder el tiempo.

Lolita, hija,...

vente para acá con nosotras y brinda.

Tómate una copita, anda.

-¿Lo considera adecuado, doña Trini?

-¿Qué puede haber más apropiado que mi futura cuñada brinde por mi boda?

-Por tu boda, querida amiga.

Que seáis tan dichosos como os merecéis.

-Por la boda.

-Permitidme que os dé las gracias

por soportarme estos días. Los nervios de la boda

han podido conmigo. -Los nervios y las ideítas locas

que te ha metido tu futura cuñada en la cabeza, ¿eh?

-Bueno, lo importante es que "to" ha acabado como Dios manda.

-Yo no tenía ninguna duda, ¿eh?

Sabía que María Luisa no iba a cancelar la boda.

-Ni yo. Si María Luisa y Víctor se adoran.

Y contra eso no puede ningún maleficio.

(Llaman a la puerta)

-¿Quién puede ser tan tarde? -Quizá es tu futuro esposo,...

que no puede esperarse a mañana.

-Pues ha fallado por poco,

doña Trini. Es su orgullosa

abuela.

-Llega justo a tiempo para brindar con nosotras.

-Hay motivos de sobra para hacerlo.

He terminado de arreglarte el velo de novia.

-Ay.

-Susana, es asombroso.

Tienes unas manos, hija, que valen más que todo el oro del mundo.

-Muchas gracias, doña Susana. Solo usted podía conseguir algo así.

-Va a ser la novia más bonita que ha pasado

por Acacias.

-Estoy deseando que llegue el día de mañana.

-Normal, estás deseando ser la flamante esposa de Víctor Ferrero.

-Bueno, solo espero que no sucedan más infortunios.

-Déjate de tontunas. Ya está bien

de tener a mi pobre nieto en un sinvivir con tantas idas y venidas.

Mañana os casáis, aunque te tenga que llevar de la oreja

al altar.

-Si tantos temores tienes,

quizá deberías introducir una flor de la ruda en tu ramo.

Dicen que contrarresta la mala suerte.

-No lo conocía.

-Claro, porque es señal de que deberías leer más.

Es la flor que distribuye Ofelia,

en "Hamlet". La obra de Shakespeare.

-¡Ah!

-Yo no conozco a "tos" esos, no deben ser del barrio.

Pero que si esos señores tan raros, con esos nombres,

lo dicen, pues por algo será.

-Tengamos la fiesta en paz

y que no metas más ideas locas en la cabecita de la novia.

No vaya a ser que ahora, encima, se obsesione con la dichosa flor.

-Descuide que ya he aprendido.

Pero, Leonor,... ruda has dicho que se llama, ¿no?

(RÍEN)

-No, por favor.

-Qué bonito.

(SUSPIRA)

Es que no se me va de la sesera. Vamos a ver, ¿qué pueden querer

estas mujeres de mi primo que preguntan con tanto interés?

-Ahora resulta que tu primo va a ser todo un don Juan, Casilda.

-¿Quién nos lo iba a decir?

-¿Está usted bien, Carmen?

Parece mohína. -"Pa" chasco que sí,

y más de lo habitual.

-Descuide, Fabiana.

Tan solo me estaba acordando de los míos.

-Ah.

Los echa mucho de menos, ¿no es así?

-Carmen,...

ya sabemos que usted no es amiga de confidencias,

pero si necesita alguna cosa

o precisa de consuelo,

ya sabe que aquí estamos para lo que haga falta.

-Gracias, Fabiana.

-Pase, pase, pase usted, haga el favor, pase.

-Arrea.

¿No vendrá usted también preguntando

por mi primo Jacinto? Porque a mí me va a dar algo.

-Que no, descuida.

Es Agustina, la nueva criada de don Arturo Valverde.

-Le ha encontrado servicio.

-No, ha sido doña Celia. -Era conocida de mis señores.

-¿Ah, sí, y quiénes son sus señores?

-Los Antequera Emperador.

-Familia ilustre donde las haya. -De las mejores de España.

Ha sido un... placer y un orgullo servirles durante este tiempo.

-¿Llevaba mucho tiempo con ellos? -Toda la vida.

Entré a su servicio siendo una niña.

He visto crecer a varias generaciones.

Primero trabajé para el abuelo, luego para el padre

y estos últimos años, para los hijos.

-Pues "endeluego" que ellos no le tenían mucho apego a usted.

Porque, vamos, le han dejado de patitas en la calle.

-Nunca hubieran hecho tal cosa.

Para mí eran mi familia.

Pero los señores...

murieron en un lamentable accidente.

No tuvieron descendencia.

-Lo siento mucho, que... yo no sabía nada.

-Por eso cuando no se sabe de lo que se habla,

es mejor cerrar la boca.

-Agustina,

lamento mucho

que a su edad tenga que empezar de nuevo.

-Así es la vida de los que servimos.

Tan solo espero que el señor coronel

sea la mitad de bueno que lo fueron mis antiguos señores.

¿Sucede algo?

-No, no. Descuide que yo ahora mismo la pongo al día.

Venga conmigo que le enseñaré su habitación.

Le daré una de las que mejor ventilan,

que para eso ya peinamos canas.

Servando, la maleta, por favor.

-Ahí va.

-"Maldita Úrsula".

Es que siempre parece que va un paso por delante de nosotros.

-El tiro nos salió por la culata.

-Nuevamente ha sabido sacar tajada. -Lo lamento por doña Susana.

Al final va a ser ella quien pague los platos rotos.

No sé cómo contarle lo ocurrido. Que le van a pagar la mitad.

-No se lo diga. Yo pondré la diferencia.

Será mejor que doña Susana no sepa nada de lo ocurrido.

Es lo más justo.

Tengo la sensación que se nos está yendo todo de las manos.

Hace unas horas, Samuel estaba fuera de sí.

Estoy convencido que si no fuera por Blanca,

me hubiese disparado.

-¿Cómo puede ser que el odio y los celos

transformen tanto a una persona?

-Siento mucho que Celia y yo no pudiéramos retenerlo más.

-Disculpe que le contradiga, eso no es del todo cierto.

Ahora sabemos que nuestras sospechas no eran infundadas.

Ahora sabemos que Blanca está retenida en esa casa

contra su voluntad. Quizá deberíamos ponerlo

en conocimiento de la policía. -De nada nos valdría.

La ley está de lado de Samuel.

Quizá, denunciarle, solo serviría para empeorar las cosas.

-Entonces, ¿qué podemos hacer, Felipe?

Porque yo no me puedo quedar más aquí, de brazos cruzados

sin hacer nada. Sabiendo el calvario por el que está pasando Blanca.

Le agradezco haberme encontrado criada.

-Y yo insisto en que no tiene la mayor importancia.

Lo importante es que esta sea de su agrado.

-Me da la impresión de que así será. Se nota que la tal Agustina

conoce las normas del protocolo.

Y que sabrá mantener la distancia

que siempre debe haber entre criados y señores.

No como otros, que no supieron cuáles eran sus límites.

-Coronel.

Qué agradable sorpresa. ¿Qué le trae por esta casa?

-Agradecerle a doña Celia sus esfuerzos.

Si no hubiera sido por ella, no habría podido organizar

esa cena benéfica.

-Ojalá sirva para que los invitados se involucren en tal noble causa.

-Espero que sí.

En fin, si me disculpan, voy a marcharme.

Tengo una tirada de florete.

Un duro contrincante al que quiero derrotar,

así que quiero pasarme un poco antes para entrenar para el combate.

-No le entretenemos más. -Sí, nosotros también

tendríamos que prepararnos para la boda de esta tarde.

-Buenos días. -Le acompaño a la puerta.

Te agradezco que me estés ayudando a ganarme la estima del coronel.

-Ya sabes que me cuesta no darte capricho.

Pero espero no arrepentirme de haberlo hecho.

Ojalá tus aspiraciones políticas no vuelvan a separarnos.

-Eso resultaría imposible.

Sé muy bien cuáles son mis prioridades.

Y espero que esto te sirva.

Fabiana.

-Señorita, pero ¿qué hace usted en la calle en un día tan "señalao"?

¿Usted no debería estar en su casa emperifollándose?

-Sí, ahora mismo vuelvo. Pero quería comprarte un ramo de flores.

-¿Y no podía haber mandado a otro?

Yo ya le he "preparao" el ramo.

-Lo sé, pero me ha entrado capricho de ponerle una flor nueva.

-¿"Cuála"?

-La ruda.

-Perdone que le diga, señorita, pero vaya capricho más tonto.

La ruda precisamente no es una flor bonita.

¿"Pa" qué la quiere? Arrea. Arrea y no me diga más.

Ya ha vuelto a sus supercherías, y cree que la ruda le traerá fortuna.

-O sea, que es cierto que la trae.

-Solo hay dos cosas ciertas en la vida. La primera: la muerte.

-¿Y la segunda?

-Que el olor a ruda nos hace desearla.

Si huele a mil demonios, por eso precisamente no la tengo yo aquí.

No se me ponga mustia, mujer,

que lo mismo tiene suerte. Mire.

¿Ve aquella "condená" mujer que me hace la competencia?

Pues servidora juraría... que lo que está vendiendo es ruda.

Si hasta aquí llega la peste.

-Tome, por el ramito de ruda. -No. Elija otro,

que ese es el único que queda.

-Pues justo, no necesito más que uno.

-Démelo, necesito esas flores, son importantes para mí.

-Va usted dada.

Lo he comprado yo ante.

Si quiere, le doy una semilla y espera usted a que crezca.

-Bueno, encima me viene con chanza. Traiga aquí ahora mismo.

-¿Qué hace, loca?

A ver si se va a llevar un buen mandoble.

Ande y que la ondulen.

-Bueno,... menos da una piedra.

No has probado bocado.

-No tengo hambre.

-Haz un poder.

-No insistas. No pienso comer nada.

-Si no te alimentas en condiciones, podrías enfermar.

-Ojalá fuera así.

En ocasiones es preferible la muerte.

-Te prohíbo que digas tal cosa.

-¿Acaso te importa que viva o muera? -Llevas a mi hijo en tu vientre.

Come, no permitiré que le perjudiques.

-Tú lo has dicho:

está en mi vientre.

Y, mientras sea así, tú no tienes control sobre él.

-¿Has perdido el juicio? Te he dicho que comas.

Lograré que lo hagas por las buenas o por las malas.

-No te preocupes. Sé muy bien de lo que eres capaz.

Pero tendrá que ser por las malas.

-Tú lo has querido.

-¡¿Qué está ocurriendo aquí?!

-Nada, madre.

Es que mi atento esposo pretende obligarme a comer por la fuerza.

-Ya basta, Samuel.

Sal de aquí. Déjanos solas.

Será mejor para todos.

Ya hablaremos.

Pues ya está. Te queda como un guante.

-Y de puro milagro.

Como siempre, en casa del herrero, cuchillo de palo.

Todas iréis perfectas a la boda y, sin embargo,

la abuela del novio tiene que arreglarse el vestido...

a toda prisa el mismo día de la ceremonia.

Y todo por tu culpa.

-¿Qué, no había nadie más, no? Yo no he hecho nada.

-Estropear el vestido de la novia.

Ayer, en vez de preparar el mío,

tuve que estar reparándolo durante horas.

-Sí, dicho así, quizá tenga algo de culpa.

-Y menos mal que lo he arreglado, que si no de esta te acuerdas.

-Vaya, que me he salvado por los pelos.

-Caramba. -Gracias.

-He visto salir al cartero. ¿Hay nuevas?

-Es un telegrama de tus padres.

-¿Y qué dice?

-Pues, por el semblante de tu abuela no parecen buenas noticias.

-No, no lo son. Finalmente no llegan a tiempo

para la boda.

-Pues sí. Lamentan no poder estar a mi lado.

Dicen que tendrán que esperar a abrazarme

cuando me reúna con ellos en París. -Ya, pero yo no seré testigo

de esa dicha. No estaré con vosotros.

-Pero no me diga eso, abuela.

Estará en nuestros corazones.

-No.

-Deme un abrazo.

Y está usted guapísima, que lo sepa.

No me puedo creer que Úrsula haya aprovechado la situación

para pagar menos. -A mí no me sorprende de esa mujer.

-Liberto, sería conveniente que su tía no se enterara de lo ocurrido.

-Descuide. Sabré guardar el secreto.

Diego,... le agradezco

que haya puesto de su propio bolsillo la cantidad acordada.

-No se preocupe por eso, no tiene importancia.

Lo que importa es encontrar la manera de llegar a Blanca.

-Así es.

Parece que la situación se está agravando por momentos.

¿De dónde habrá sacado Samuel una pistola?

No entiendo cómo ha podido llegar a una situación así.

-Yo sí que empiezo a entenderlo.

Verle fuera de sí me ha abierto los ojos.

He llegado a atisbar el infierno por el que está pasando.

Nunca podré perdonarme haberle causado tanto dolor.

Haberle convertido en otra persona.

-Cada vez nos quedan menos esperanzas

de hacerle entrar en razón. -Quizá usted

sea nuestra última esperanza.

-¿Yo? -Sí.

Le aprecia. Es su último recuerdo del hombre que era.

Quizá le escuche. -Hable con él.

Convénzale de su error.

-Creen que tengo unas tendencias sobre él que ya perdí.

Nuestros últimos encuentros han resultado de lo más tensos.

Está cegado por los celos.

No obstante,...

intentaré hacerle entrar en razón, pero no me va a escuchar.

-Entonces ya solo me quedará una salida.

Entrar a la fuerza y llevarme a Blanca.

-Samuel no se lo va a permitir. -Entonces

tendré que obligarle a él. He visto el odio en sus ojos.

No pienso consentir que siga tratando a Blanca de esa manera.

Ay, señorita,... no se puede estar más bonita.

-Víctor se va a quedar sin habla cuando te vea.

-Esperemos que le quede aire para decir el "sí quiero".

-De no ser así, yo misma le moveré la cabeza para que afirme.

-(RÍEN)

-Bueno, amigas,... ha llegado el momento de brindar.

-Ay, me encanta esta idea de brindar antes de la boda,

nosotras solas. Es tan moderno.

-Es idea de Antoñito. Dice que es la última moda de Francia.

Y el champán, cortesía de La Deliciosa.

-Víctor ha mandado el mejor que tenía.

-Rosina, por favor, espera. Ahora sí.

Vamos a brindar por la novia

más guapa de Acacias. Bueno, de España entera.

Ole.

-Por la novia. -Por la novia.

-Está riquísimo.

-Uy. -Rosina.

-Nos vas a empapar a todas.

-Échese a un lado que da pavor tenerla cerca.

-Vaya, ya me habéis tachado con el sambenito de torpona, ¿no?

-Ay, madre, torpona no. Un poco alocada.

-Bueno, lo que sea.

Pero mantenga una distancia de seguridad.

Bueno, estaba guardando este coñac para una ocasión muy especial.

-Pues no se me ocurre mejor momento para abrirlo.

-Venga, sí, antes de que pierdas la libertad para siempre.

-Di que sí. Aún me cuesta creer que vaya a verte casado.

Recuerdo los disgustos que le daba este tarambana a su madre.

¿Quién podría imaginar que sentaría la cabeza?

-No sigamos por ahí, no vaya a ser que aquí mi suegro se arrepienta.

-Descuida, Víctor, que nada de lo que digan podría hacerlo.

Después de las idas y venidas de María Luisa en los últimos días,

no veo el momento

de veros casados.

-¿Has hablado con tus padres? Porque no van a llegar a tiempo.

-Pues esa es la única nueva en este día.

Hemos recibido un telegrama y nos han dicho que...

les parte el corazón, pero que no les da tiempo a llegar.

-Todo ha sido muy rápido y, París está muy lejos.

-Pero tampoco te pongas triste.

A falta de tu madre, será mi tía la que te lleve del brazo al altar.

-Brindemos por vuestra unión. Porque mi hija María Luisa

te corresponda al amor que le profesas.

Porque encuentres en ella una compañera y una amiga.

Y porque, más temprano que tarde, bendigáis mi vida con unos nietos.

Porque, de no ser así, me voy al mismísimo París

a pedirte cuentas.

Y con esto ya termino.

-Ay, María Luisa, que en breve vas a ser una mujer casada.

-Ay, y pensar que la hemos visto crecer.

Y ahora mírate, María Luisa, ya eres toda una mujer.

Hoy es día para la alegría.

-Y para la pena, madre.

Yo no me puedo creer que te vayas a ir tan lejos.

-Bueno, no se entristezcan por eso, que las tendré siempre presentes.

Y a usted también, Trini.

Que con su amor... ha sabido convertirse en una madre para mí.

Y tú, Lolita,... que has logrado hacerte un hueco en mi corazón.

Bueno, y mi hermano,

mi padre y todos los vecinos.

-Se ha "emocionao".

-Eh, ¿qué haces, loca?, que te vas a estropear el maquillaje.

-Toma, María Luisa, refréscate.

-Haberle hablado del tiempo, no de lo lejos que se va a marchar.

-¿Se puede saber qué diantres está ocurriendo aquí?

-Padre. Le voy a echar tanto de menos.

-Me da a mí que habrá que maquillarla de nuevo.

Ahora que mi suegro no está, me tiemblan hasta las piernas.

Estoy muy nervioso. -Te lo hemos notado.

Estás más asustado que cuando te batiste con el coronel.

-Quizá deberías tomarte otra copa. -No creo

que sea muy buena idea presentarme bebido delante de María Luisa.

Esta, enfadada, es más peligrosa que el coronel con 100 pistolas.

(Claxon)

-¿Y eso? -No sé.

(Claxon)

¿Ese es Antoñito?

-Creo que nunca me he alegrado tanto de verle.

Cómo se va a poner María Luisa cuando lo vea.

-(RÍEN)

Disculpadme, que voy a saludar

a los señores De Ballesteros.

Hija mía,... sé que vas a ser muy feliz...

con el hombre que has elegido para compartir tu vida.

Y también estoy seguro

que vas a seguir haciendo que me sienta orgulloso.

-Ramón, hijo, para ya que la vas a hacer llorar más.

-¡María Luisa!

¡Sal un momento! -Ese es de mi Antoñito.

-Luisi, Luisi, Luisi.

-El coche. Mi hermano ha conseguido el coche.

-Buenas tardes, señoras.

¿Qué, hermanita?

¿Te creías que no te iba a hacer ningún regalo especial por tu boda?

Pues ahí lo tienes. -Gracias, Antoñito.

No lo olvidaré nunca.

-Señorita, que no puede estar aquí, que le puede ver su "prometío".

-Es verdad, María Luisa.

No puede verte el novio antes de la boda, trae mal fario, María Luisa.

-Madre, madre, calle, no hable de mala suerte ahora.

-Tengamos la fiesta en paz.

-Pierdan cuidado,...

me he dado cuenta que nada puede estropear el día de mi boda.

El amor que siento por Víctor...

es mayor a cualquier maleficio.

-Muy bien, Luisi, así se habla.

-Vamos a retocar ese maquillaje. -Sí, porque a este paso

no va a estar lista ni para su primer aniversario, vamos.

-Ramón.

Querido, ¿qué ocurre? ¿A qué ese gesto tan sieso?

-¿Qué me va a ocurrir, Trini?

Que voy a perder a mi niña. -Oh.

-Por mucho que trate de disimularlo,

me cuesta la vida entregarla.

-Trini, Carmen quiere hablar contigo.

-¿Sucede algo, Carmen?

-Disculpen que les moleste.

Me envía mi señora para decirles que lo lamenta enormemente.

Pero no podrá acudir a la boda. Doña Blanca se encuentra indispuesta

y ha de quedarse con ella.

-Vaya. Bueno, pues...

no te preocupes, lo entendemos perfectamente.

Tan solo diles que, por favor, se mejore.

-Mi más sincera enhorabuena.

-Gracias. -Gracias.

-Pues yo me alegro de que Úrsula no venga.

Esa mujer sí que trae mal fario. -Venga.

Blanca,...

esta situación no puede prolongarse más.

-Es lo primero que dice en lo que estamos de acuerdo.

Madre, yo he tratado de ser honesta con Samuel.

De no ocultarle la verdad.

Le he asegurado que quiero estar junto a Diego,

pero él se niega a aceptarlo.

He querido mantenerla a usted al margen.

Que no estuviera al tanto de nuestras desavenencias.

Pero ahora preciso de su auxilio.

-¿No pretenderás que te ayude a separarte de tu esposo?

-Ese ya no es el hombre con el que me casé.

Me temo que corro peligro a su lado.

-Samuel jamás te pondría la mano encima.

Ya lo ha hecho.

-¿Qué?

-No dudó en cruzarme la cara de una bofetada.

Pero es que eso no es lo peor, madre.

Es como si esa bofetada hubiese liberado toda su locura.

Anoche...

apuntó a Diego con un revólver.

-Quizá solo pretendiera asustarle.

-Tenía que haber visto su mirada.

Su rostro.

Por unos segundos creí que estaba dispuesto a matarle.

Me temo que después habría seguido conmigo.

Ha perdido toda la razón, madre.

Lo que no sé es de dónde habrá sacado esa pistola.

-Entiendo el miedo que has pasado y tu enojo.

No tiene perdón de Dios que saque un arma en tu estado.

Delante de ti.

Cuánto debe estar sufriendo Samuel para hacer un disparate así.

-Madre,...

no puede intentar que sienta pena por él.

No me puedo compadecer de alguien capaz de hacer tanto daño.

-¿No te das cuenta que todo lo ha hecho por amor?

-¿Cómo?

No. No, madre, no, no trate de confundirme.

No hay amor en su proceder, solo odio.

-Te equivocas.

Te ama tanto, que es capaz de cualquier cosa.

Te pone por encima de su propia familia,

por encima de sus creencias, y así tú deberías entenderlo.

-Esa no es una forma sana de amar.

-¿Y la tuya sí?

¿Es Samuel el único que está haciendo daño a los que le rodean?

¿No empezaste tú primero al traicionarle?

Lo lamento, hija,...

pero no puedo darte la razón en todo.

No la tienes.

Empeñada en tu relación con Diego,...

has fallado a tu esposo.

Le has enfrentado contra su hermano.

¿Valía la pena?

-Sí.

Sí, madre, valía la pena.

No voy a seguir viviendo una mentira.

Amo a Diego.

Y nada de lo que haga Samuel me hará negarlo.

-Ya que no piensas en el bienestar tuyo,

ten en consideración al menos el de tu hijo.

Llevas todo el día sin comer.

Tu obstinación

puede haceros daño a los dos, llevarte a enfermar.

-Lo sé. Pero no me importa.

Ni voy a seguir viviendo así

ni voy a traer a este mundo a un niño

para que viva la mentira, el maltrato y la falta de amor.

-¡Por todos los santos, Blanca!

Todo tiene un límite.

Es la vida que llevas en tu vientre

lo único que debería importarte.

(Suenan las campanas)

¡Estoy tan ilusionada!

No me puedo creer que en unos minutos María Luisa y Víctor

estén casados. -Pues yo,

después de cómo se ha comportado la novia las últimas semanas,

hasta que no oiga el "sí quiero" no las tendré todas conmigo.

-No seas mala, Rosina, que las dudas de María Luisa

fueron a causa de los nervios. -Yo estoy segura

que nada puede salir mal. -Al menos el novio está listo.

Víctor. -Don Ramón.

-Va a ser un honor tenerte como un hijo.

¿Te he hecho daño?, discúlpame,

es que estoy tan nervioso, que no soy capaz de controlar mis fuerzas.

-Don Ramón, ni aunque me hubiera roto la mano

me sentiría yo menos dichoso. -Gracias, hijo.

-Señorito Víctor, esperamos que su matrimonio sea un camino de rosas.

-Estamos muy agradecidos por habernos "invitao".

-No podía ser de otra manera. Son parte de mi vida.

-Ya sabéis dónde os toca poneros:

en los bancos del fondo. -Claro que sí, señora,

como está "mandao". -Nosotros sabremos comportarnos.

-Bueno, yo no me perdería la boda de este muchacho ni harto de vino.

Con la cantidad de batallitas que hemos pasado juntos.

-Que ahora no es momento de recordar, Servando.

Tenemos que entrar. Debes esperar a la novia en el altar.

-Vamos.

-Bueno, pues ya solo falta la novia, ¿dónde se habrá metido?

-Rosina, por favor, ¿eh?, no seas impaciente.

La niña ha ido con su hermano para hacer

la entrada con el coche a motor.

-¿Y por qué Ramón no ha venido con ella?

-¿Me guardan un secreto?

-No sé si todos los presentes serán capaces de hacer eso.

-Rosina, por favor, ¿eh?

A mi Ramón le da...

Que le da miedo el artilugio a motor.

-¿Será posible? Yo hubiera hecho cualquier cosa

por montar en el coche.

-Sí, no hace falta que me lo recuerde, madre.

(Ruido de motor)

-Allí viene.

-Bien que nos hacía falta una alegría en este barrio.

-Ay, qué guapa.

-Qué guapa que está.

-Qué guapa. -¡Guapa!

-¡Que viva la novia! -¡Viva!

No me seáis siesos, por favor, ¿eh? ¡Que viva la novia!

-(TODOS) ¡Viva!

-¡Bravo! -¡Guapa!

-Guapa.

Antoñito.

-Pues... me parece que tú y yo muy pronto

vamos a seguir el mismo camino.

-No me digas eso que me pongo a llorar aquí como una tonta.

-Vamos.

(SILVIA RÍE)

¿Cómo, coronel?

¿Ha decidido enfrentarse usted a sí mismo?

Ese es un rival al que seguro podrá ganar.

-Ahórrese sus chanzas, señorita.

Que sean las armas las que hablen por nosotros.

-No era mi intención molestarle.

Sepa que me agrada que nos volvamos a enfrentar.

La última vez que nos batimos resultó ser un buen entrenamiento.

-Me temo que esta vez le va a resultar menos placentero.

Disculpe.

Arrojo, mi niño, que ya queda poco. -Eso espero, abuela.

Si no, voy a ser el primer novio en desmayarme en el altar

de puro nervio.

María Luisa de mi vida. Estás preciosa.

-Aún no me lo puedo creer. Al fin nos casamos.

-Creo que ya es momento

de que ocupemos nuestros puestos.

-"In nomine Patris, et Filii et Spiritus Sancti".

¿Quiere descansar un poco?

-En absoluto. Aunque reconozco

que me está costando ganarle mucho más de lo que esperaba.

-Le avisé de que esta vez iba a perder.

-Parece que ha estado usted practicando para ponerse a mi nivel.

-Le recuerdo que estamos empatados.

Ganará el que consiga el siguiente estoque.

-Lo sé. Prosigamos.

-¡Alto!

Se lo ordeno.

¿Qué significa esta locura? Otra vez esta mujer en el Ateneo.

Su insistencia es acorde a su falta de educación.

Sabe perfectamente que no es bienvenida aquí.

Márchese.

Me ha defraudado, estimado amigo.

El Ateneo tiene unas normas muy estrictas respecto a la presencia

de mujeres en nuestras salas. Es intolerable.

Tendré que informar.

-El coronel no tiene la culpa de mi presencia.

Él no me ha invitado, he sido yo la que se ha colado.

Dígame, general,...

¿tanto temen que una mujer les gane que ni siquiera

se nos permite pasar?

-Señorita,... haga el favor de salir de aquí.

-Descuide. No volverán a verme más.

-"Que dicen que robas corazones. -¿Peligroso yo?".

Lo que hay que oír. -Guapo y divertido.

Pero un cabra loca.

Y cuando case Leonor, solo quedaré soltera yo en el barrio.

Y tengo que aspirar a más y casarme por todo lo alto.

-¿No tengo opciones?

-Pues...

si te lees todos esos libros y terminas siendo un hombre de bien,

tal vez. Hasta entonces,...

corazones de criadas has de robar.

Y te sobra con eso.

Abur.

"No mientas a una moribunda".

Que a ti te gustan todas.

-Me gustan.

Pero solo a una quiero.

-¿A quién?

-A ti.

A ti.

-"Que yo sepa,... no somos novios".

"Ni me lo has pedido a mí ni a mis progenitores".

-Pero, cacho de gloria,

que si por mí fuera, esta noticia saldría publicada

en todos los periódicos, desde aquí hasta Fernando Poo.

-No hace falta tanto gasto.

Con que se lo digas a mis padres me sobra y me basta.

-Lo haremos como tú quieras.

Me falta el aliento de las ganas que tengo de pasear contigo del brazo.

-Que no son menos de las que tengo yo.

Pero... debemos...

tener paciencia. -Como tú quieras,

gitana mía.

"No quiero perderte por nada del mundo".

Así que quiero... pedirte lo más solemne que sé

una relación formal.

-¿De veras?

Así,...

sin truco ni estratagema. -De corazón te lo digo.

Quiero que seas mi novia.

"Tan formal como una misa cantada".

¿Esto qué significa?

-¿Es que acaso no lo sabes?

Que te quiero con todo el alma, Víctor Ferrero.

Que soy una idiota, fatua y viceversa,

y que quiero que me perdones.

-"Voy a estar contigo contra viento y marea".

Voy a estar contigo aunque tú no quieras.

-¿Puedo hablar yo ahora?

-Dime todo lo que tengas que decirme.

-Estos días, cuando pensaba que ibas a morir a manos del coronel,

he comprendido que...

eres el hombre de mi vida.

Que, a pesar de las riñas

y las desavenencias, eres con quien quiero pasar

el resto de mi vida.

-Puede besar a la novia.

-"La quiero, don Ramón, porque ella hace que mi vida sea mejor".

"Ella hace que yo sea mejor".

¿Me permitiría usted, don Ramón,...

que tratara de hacerla feliz desde hoy hasta el día en que me muera?

¿Me concede usted la mano de su hija?

-Si ella así lo quiere,... que así sea.

-Oh, que por fin se nos casa la niña.

-¡Viva!

No me puedo creer que me lo hayas ocultado,

que me haya tenido que enterar por Blanca.

-Lo lamento, Úrsula, pero no tengo por qué darle explicaciones.

-Así sería si no te hubieras comportado como un cretino.

¿Te das cuenta de lo que has hecho?

Abofetear a tu esposa.

Amenazar a tu hermano con el revólver que yo te conseguí.

-No quería llegar a ello.

Pero debo mantener a mi esposa a mi lado a cualquier precio.

-Así lo único que vas a conseguir es perderla para siempre.

Samuel,... te advertí.

Usa tu poder sobre ella,...

pero sin dañarla.

Nunca deberías haber traspasado esos límites.

-Ella me obligó.

¿O cree que me satisface tener que recurrir a la violencia?

-¡Me importa un bledo... lo que sientas!

Solo te digo una cosa.

Mientras Blanca esté embarazada,

la tratarás con sumo cuidado.

No voy a permitir que tu torpeza afecte a mi nieto.

Como vuelvas a tocarla,

simplemente rozarla, te las verás conmigo.

-De acuerdo.

No volverá a ocurrir.

Pero entonces, ¿cómo puedo controlarla?

-Querido,...

llevo toda una vida buscando respuesta a esa pregunta.

Blanca no conoce la palabra sumisión.

Jamás... podrás dominarla.

Tras muchos años de lucha,...

he llegado a la conclusión que solo hay una manera

para lograr que haga lo que uno quiere.

-¿Cuál?

-Que ella crea que la idea ha sido suya.

-Me temo que eso, en esta ocasión, es imposible.

Ya sabe cuál es el deseo de Blanca. Abandonarme por mi hermano.

Y nada va a hacerla cambiar de opinión.

-En tal caso,...

ya solo nos queda una salida.

Dejarla marchar.

Mira, parecen unas cucarachas. -Baja la voz, que te van a oír.

Todavía no hemos llegado al barrio

y ya te vas a enemistar con las vecinas.

-No sé si esto me va a gustar.

Nada más llegar me intentaron quitar mi ramo.

Se lo tenía que haber hecho comer. -Tengamos la fiesta en paz, Flora.

Buenas tardes, buen hombre.

Estamos buscando La Deliciosa, ¿le suena?

-¿Cómo no? El mejor chocolate y los mejores pasteles.

Allí la tienen.

Solo que hoy ha cerrado. Están celebrando una fiesta.

-Muchas gracias. Y a más ver.

-A más ver. -¿Una fiesta?

Seguro que es para nosotros. -"Nos unen muchas cosas".

-No sé si nos unen tantas como para considerarla una amiga.

-Cierto, porque un amigo me habría servido a mí.

-Tampoco sé si esta es una bebida adecuada

para usted. -No tema.

Le decía las cosas que nos unen.

La esgrima,

el amor por la patria. -Tal vez lleguemos

a ser amigos, pero no lo creo.

No tengo fe en la amistad hombre-mujer.

No fuimos creados para la camaradería exactamente.

-Y entonces, ¿para qué fuimos creados según usted? ¿Para el amor?

"Les ruego" unos momentos de silencio.

Porque, como padre de la novia,...

tengo derecho a pronunciar unas palabras

antes de que comience el banquete.

Hoy se casa mi hija. La niña de mis ojos.

Y es uno de los días más felices de mi vida.

Pero también es un día triste porque...

se nos marcha a París a comenzar una vida nueva con su esposo.

Víctor, cuídamela bien porque si no lo haces,

pienso perseguirte.

-"¿Cómo van los preparativos" para la cena benéfica?

-Pues lo mejor será que ella nos cuente el menú.

-Exquisito. No necesito saber nada más

para saber que la cena estará a la altura.

-Gracias.

La única duda que tengo todavía es el postre.

He pensado en un flan de coco.

Para que muchos de ustedes recuerden los años pasados en Cuba.

-Una gran idea. La cena será un éxito y recaudaremos

mucho dinero.

La asociación de patriotas estará en deuda con usted.

Por los patriotas.

-Por los patriotas.

-"Oh".

-"Blanca está cambiando de actitud".

Está tensando la cuerda, pero es incapaz de dejar morir al hijo

que lleva en su vientre.

-Tanto tiempo viviendo con ella,...

tanto tiempo durmiendo a su vera,...

y no la conoces.

Qué necio eres.

-Vamos a terminar esta conversación.

Es mi esposa y hará lo que yo mande. Y si no quiere comer,

seré yo mismo quien le meta la comida en la boca con un embudo.

Su hija se va a comportar como una buena esposa, se lo garantizo.

¿Úrsula no ha asistido a la boda? -No.

Envió a su criada para desear felicidad a los novios.

-Mal asunto.

Pero todo esto se va a terminar mucho antes de lo que Samuel cree.

-¿Va a denunciarlo a la policía? -No.

-Diego, no cometa ninguna locura. -No tema, Leonor.

Blanca saldrá de su encierro, pero no será necesaria la fuerza.

-¿Qué es lo que piensa hacer?

-Lo sabrá a su debido tiempo.

Hija,...

voy a pedirle a Carmen que te traiga un caldo bien consistente.

-No se moleste, madre.

No lo voy a tomar. -Debes parar con esta locura.

-Déjela. No la ayude.

-Un poco de humanidad, por Dios. -¿Usted dice eso? Qué contrasentido.

-Blanca.

Vas a matarte a ti... y matar también a tu hijo.

-Prefiero la muerte que esta vida.

-¿No vas a ayudarla?

Por favor.

-Si se siente débil, tiene una fácil solución,

comer.

Si ella no lo hace, seré yo

quien le obligue por la fuerza. Déjela.

-"Es una amiga de la familia" que necesita hacerse un anillo

muy especial. -Estaré encantado

de visitarla mañana. -El caso es que tiene que ser hoy.

Porque mañana parte de viaje.

Tal vez abusé de usted, pero es que le prometí que la tendría.

-Por no dejarle mal, iré a verla.

¿Está aquí?

-He quedado en reunirme con ella en la mansión Alday.

También tiene que hablar con Diego sobre las piedras

que irán luego en un camafeo.

-¿Lo sabe mi hermano?

-Ha dado el visto bueno.

-¿Es consciente de la situación sumamente incómoda

en la que me pone? No tengo ningún deseo

de ver a mi hermano.

-No le pediría algo así si no fuera realmente importante para mí.

-No me agrada ver a Diego.

-Se lo suplico.

Aunque solo sea por la amistad que nos une.

No puedes seguir así, llevas un hijo en tu vientre.

-Mi hijo no va a nacer en esta casa. No puedo condenarlo.

-¿Por qué?

¿Por qué pones tu vida y la de tu hijo en juego?

¿Qué es lo que pretendes conseguir?

-Madre,... voy a vivir con Diego o no voy a vivir.

Es el hombre al que amo.

Voy a pasar el resto del tiempo que me quede en este mundo junto a él.

Nada lo va a impedir.

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Acacias 38 - Capítulo 686

25 ene 2018

Úrsula pide un descuento en las joyas a Felipe, sabe que se aliaron con Diego para que pudiera escapar Blanca. Felipe pide a Liberto que intervenga, ya que es amigo de Samuel. Llega la nueva criada de Arturo, Agustina. María Luisa se enfrenta con una desconocida, Flora, la nueva dueña de La Deliciosa, por un ramo de ruda, la flor de la buena suerte. Máxima emoción entre todos los vecinos con la boda de Víctor y María Luisa. Silvia y Arturo ven interrumpido su combate cuando llega Zavala prohibiendo la entrada de la mujer al ateneo. Silvia protege a Arturo y afirma que fue su iniciativa.

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  1. soffia

    blanca, olvido que samuel, la saco de un sanatorio don de ursula la tenia en cerradad se esa forma le paga tracionandolo con el hermano es hija de ursula que decimos....

    26 ene 2018
  2. Victoria

    Nina: las escenas de la boda se rodaron en el Cigarral del Angel en Toledo, si quieres saber más de él, mira su web en internet.

    26 ene 2018
  3. Nina

    Dónde se rodó las escenas de la boda?

    26 ene 2018
  4. rosa

    Muy buena la serie...aunque si que es cierto que algunos desenlaces no llegan y otros no son los que uno espera. Felicidades a todos...es mi serie favorita en este momento. Diego guapísimo y Blanca también tienen que acabar juntos son almas gemelas.

    26 ene 2018
  5. Victoria

    Buena noticia, ayer: 1.063.000 espectadores y un 9,2% de cuota de pantalla.

    26 ene 2018
  6. Ema

    Guionistas de la serie! Por Dios...no zanjais las cosas rápido y satisfactoriamente. Haceís cambios aleatorios una y otra vez y los temas que se eternizan acaban bruscamente haciendo desaparecer personajes sin darle buen desenlace, como si nunca hubieran estado! Las historias son muy truculentas, largas y con finales poco elaborados, rápidos y con el fin de la estancia de los personajes...se queda una fría con la historia. Si no fuera por la buenísima ambientación que tiene la serie, no tendría apenas audiencia.

    26 ene 2018
  7. Laura

    No entendemos por qué el personaje de Leonor, lo mas moderno de la serie, de mujer exitosa en el trabajo, joven escritora y ademàs, casada fuera de los esquemas del epoca con un cico de clase inferior, todos temas muy avanguardistas por el tiempo de primeros de 1900s,, ahora està retenida a ¿ancilla¿ de una sin nada como Blanca, personaje imoral y egoista, ademàs actriz fatal, mientras la joven actriz que desarrolla el papel de Leonor es muy expresiva. Que se vayan de la serie Blanca y Diego, los pejores actores de la serie, y que regresen los buenìsimos Mauro y Teresa! (desde Italia)

    26 ene 2018
  8. Xisca

    Me encanta la serie, pero tengo la corazonada que Cayetana tiene que aparecer en algun momento, tampoco se a vuelto a saber nada de Teresa y Mauro, echo de menos a los personajes que se an ido. Enhorabuena por la serie, actores, decoración, todo perfecto.

    26 ene 2018
  9. Martha

    Siguen llegando nuevos personajes, esto es un megaculebron que no tiene finy que paso con todos los asesinatos que nunca se aclararon?la megaculebra estuvo desde la llegada de los Alday aburridisima.Estoy esperando ver el final del caso de Blanca, Diego y Samuel y dejare de verla.Punto final!! Ya basta!!

    26 ene 2018
  10. Mabi

    Como ya he comentado en Argentina estamos viendo el capitulo anterior al de hoy, por eso dejo mi comentario aquí. El capítulo estuvo interesante salvo que, me pareció innecesaria la escena del bofetón que recibió Blanca de parte de Samuel; en éstos tiempos en que la violencia de género es un estandarte por las mujeres que antaño y hoy la sufren y sufrieron. Era la época, la ley lo avalaba, la mujer era propiedad del marido, todo el argumento que se le quiera dar, pero un poco de sensibilidad ante éste drama que aún aqueja a miles de mujeres, no hubiera estado mal........

    26 ene 2018