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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 684 - ver ahora
Transcripción completa

¡Suéltame! -¡Harás lo que yo mande!

Soy tu esposo y llevas a mi heredero en tu vientre.

¡Y no lo hagas más penoso!

-No lo conseguirás así.

No me voy a amilanar, Samuel. Suéltame.

Suéltame.

-Solo yo decidiré cuándo vas a salir del dormitorio.

-"Siempre trata usted de quedar por encima de los hombres".

-Vamos, don Arturo.

La señorita Reyes no está tratando de aventajar a nadie.

Siéntese, por favor.

Endulcemos el ambiente con un digestivo.

Se lo agradezco, don Felipe. Pero no puedo quedarme.

Don Ramón, no es necesario que termine la tertulia.

Soy yo el que se marcha.

-"He ordenado instalar una cerradura en la alcoba".

Esta llave es una copia que he encargado para usted.

Ya ve que confío.

-¿La has encerrado?

-Saldrá de la habitación estrictamente lo necesario

y siempre bajo mi aprobación.

-Doña Blanca me envía para decirle que la disculpe usted,

pero que no podrá acudir a su cita por encontrarse algo cansada.

-¿Ha vuelto a sentir indisposición por causa de su embarazo?

-No, señora, es tan solo mal dormir.

Pero me ha dado una lista con lo que quiere leer.

-¡No me lo puedo creer!

Pero... -"No solo es absurdo".

Sino que es inmoral que la prometida de mi hijo siga sirviéndonos.

No podemos seguir tratándola como una criada.

-Bueno, ¿qué? Lolita, hija, ¿qué dices?

-Lo que diga el señor.

-"Algo hay..."

que le mueve a esa afectiva relación con un homicida.

Mire, señora, sin ánimo de ofender,

yo jamás me he metido en sus asuntos si no ha sido a petición.

Así que le pido por favor que no se meta en los míos.

-"Orgullo y prejuicio", "El Conde de Montecristo", "Cumbres borrascosas".

Tal vez sean títulos lúgubres, pero tampoco para asustarse.

Lo que me hace recelar a mí es que yo sé de seguro

que Blanca se ha leído esos libros.

No tiene mucho sentido que los quiera repasar.

-Eso sí que es más serio.

Tal vez no vendría mal que alguien la visitara.

Yo mismo me acercaré y haré por que me cuente su estado.

-"¿Por qué te empeñas en enfrentarte a tus esposo"

con la tensión que eso conlleva? Puede afectar a tu niño.

Estás poniendo en riesgo la vida de tu hijo.

¿No es dar a luz tanta alegría,

lo que debería ser lo más importante para ti ahora?

-"Liberto me ha pedido que le asesore como abogado en una venta".

Espere a que su hermano esté fuera lidiando con el trato.

Y, solo en ese momento, persónese usted en la casa.

-Hecho. -"'No me olvidaré de ti'".

"He aquí que en las palmas te tengo esculpida".

"Delante de mí, están siempre tus muros".

Le agradezco que haya venido a pesar del incidente con mi tía.

-Nada tiene que ver una cosa con la otra.

Pero debo reconocer que el tono y el contenido

de las palabras de doña Susana me ofendieron.

-Buenas tardes, caballeros.

¿Les importa que pasemos cuanto antes al asunto?

Quisiera llegar temprano a casa.

-Eso son maneras de negociante avezado, Samuel.

Poner nervioso al vendedor para que no regatee.

-No son mañas, amigo. Es la pura verdad.

(Llaman a la puerta)

No se me ponga a la contra.

Solo quiero hablar con Blanca un instante.

-¿A santo de qué?

-Un cliente desea una réplica del colgante que diseñó Blanca.

-Vuelve en otro momento. Samuel ha salido.

-¿Y Blanca? También es asunto suyo.

Bien.

No voy a pecar de ingenuo y a decir si me gusta o no la mercancía.

Pero le haré llegar una oferta por escrito.

Será justa, no le quepa duda.

Pero las piedras ya han sido talladas

y eso limita mucho sus posibilidades en nuevos diseños.

Que tengan una buena tarde, caballeros.

-¿Cómo? ¿Ya?

¿No prefiere examinarlas tranquilamente, pesarlas?

Ustedes, los joyeros, son muy meticulosos con estas cosas.

No tenemos tampoco mucha prisa. -No será necesario.

-Espere, Samuel.

No me cabe duda de que van a llegar a un acuerdo.

Pero me gustaría pedirle algunos datos

para poder seguir avanzando

en la redacción del contrato de compraventa.

-¿Es necesario hacer el intercambio en este momento?

-Así, cuando tengamos la cifra final en firme,

solo tendríamos que añadirla al acuerdo y firmar.

-Se trata de joyas, no de frutas perecederas.

La transacción no corre ninguna prisa.

Le haré llegar mis datos.

Si me disculpan, me esperan en casa.

¡Blanca!

-No puedes hablar con ella. Está reposando.

-No la importunaré mucho. Voy a pasar se ponga como se ponga.

-No darás un paso más.

-¿Qué es lo que está ocurriendo?

O me lo dice o la aparto de mi camino.

-¡Vaya!

¡Qué sorpresa!

¿A qué se debe el honor de tu presencia?

-¿Dónde está Blanca? ¿Qué le estáis haciendo, Samuel?

¿Es que no vas a responderme? ¿Cómo se encuentra Blanca?

-Está descansando. -Tengo que verla.

-De ninguna de las maneras. Se encuentra en reposo.

-¿Qué es lo que le ocurre? -Nada importante.

Pero no podemos interrumpir su reposo.

-No me lo creo.

Algo grave le tiene que suceder para darle plantón a Leonor.

Ni siquiera ha salido a la puerta de la calle.

-Puedes pensar lo que te dé la gana.

Pero me barrunto que te estás dejando llevar por habladurías.

No, Samuel. Si se tratase de algo baladí, me permitirías visitarla.

Por eso creo que me estás mintiendo.

-Creo que está de más esa desconfianza entre hermanos.

-Samuel, permíteme que entre en la habitación un segundo.

Tan solo para saludarla y comprobar que se encuentra bien.

-No, Diego, no puedes.

Mejor será que te marches por donde has venido.

-No voy a amilanarme.

Dejadme entrar.

-No compliquéis más las cosas. -Es cierto.

Ya hemos tenido bastantes problemas.

Puedes marcharte tranquilo.

Blanca está perfectamente. Puedes creerme.

-No, no puedo marcharme. Sé que algo curre, Samuel.

-¿Cuánto tiempo vas a seguir llamándome mentiroso?

-Está bien. Está bien, será mejor que me marche.

Espero que al menos le digas a Blanca que he pasado por aquí

interesándome por ella. -Por supuesto que lo haré.

No soporto tener que darle explicaciones.

-Creo que sabe lo que está ocurriendo.

-O al menos lo imagina.

-Si conozco a tu hermano como creo que lo conozco,

te aseguro que no se quedará de brazos cruzados.

(Sintonía de "Acacias 38")

"Es una vergüenza lo atrasados que estamos"

con respecto a Europa.

Cualquiera que viaje puede comprobar cómo a este país

le falta inversión, estudio y disciplina.

-Si nos dejaran mandar a nosotros, otro gallo cantaría.

-Eso no va a pasar.

Cada vez pintamos menos en los asuntos de estado.

-Sobre todo después del desastre de las colonias.

Y eso que nos dejaron abandonados a nuestra suerte.

¿Puede servirme más copa, por favor?

(Golpes)

-Tenga un poco más de tino.

Y el licor se sirve por el otro lado.

-¿Qué más dará?

No va a saber mejor de un lado que de otro. Bueno, digo yo.

-Disculpe, esto del servicio está fatal.

Este acémila no hecho más que cometer errores

durante toda la velada. -¿Qué quiere que le diga?

Para ser portero, no hace falta saber mucho protocolo.

Yo, con dejar pasar a los señores, es suficiente.

-Eso salta a la vista.

Yo he mandado fusilar asistentes por menos de esto. -Vaya.

-No sabe lo difícil que es encontrar servicio decente en esta ciudad.

Yo tenía un mayordomo.

Y reemplazarlo está siendo un quebradero de cabeza.

-¿Qué ocurrió con su sirviente?

-Tuvo que marcharse a otra ciudad por cuestiones familiares.

Servando, puede retirarse. Ya recoge esto después.

-Este país se está transformando.

Y, por desgracia, no para bien.

Se están perdiendo las buenas costumbres.

El respeto.

A duras penas podemos reconocerlo.

-Hubo un tiempo en el que fuimos grandes.

Pero se está dejando atrás a los hombres de honor

para dar paso a una caterva de oportunistas

y burgueses ambiciosos.

-El gobierno está plagado de ellos.

Personas que solo miran en su propio interés

como ese chisgarabís de vecino suyo.

-Don Felipe.

-Ese picapleitos de tres al cuarto. Lo tengo calado.

Se le ve a la legua que tiene la ambición en la mirada.

¿Usted qué piensa?

¿Que piensa lo que es mejor para España

o lo que es mejor para su bolsillo?

-No, estoy con usted, salta a la vista.

Es un advenedizo como la mayoría de los políticos.

Una sabandija que lo único que piensa es en medrar.

-Es lo que le decía.

Si nos dejaran a nosotros manejar el cotarro,

íbamos a hacer reverdecer los antiguos laureles. -Pues sí.

Debería haber mayor reconocimiento a los que hemos servido a la patria.

Me gustaría seguir esta charla

y disfrutar de este Veguero en su compañía,

pero se ha hecho tarde.

-Pues es una pena, porque me gustaría seguir platicando con usted.

Tiene unas opiniones muy interesantes.

-Eso tiene fácil arreglo.

Voy a organizar una cena con unos compañeros de armas.

Por supuesto, está usted invitado.

-Pues es un honor que cuente conmigo.

-Ya verá, será una velada memorable.

Son militares de un impecable historial.

Y piensan como nosotros.

-Asistiré encantado.

Luisa, tranquila, que tampoco es para tanto.

Que es un pequeño rasguño. Tiene el tamaño de una lenteja.

-Yo creo que estos hielos no me han hecho nada.

-Milagros. Han hecho milagros. Apenas se te nota. ¿Verdad?

-Me da a mí que me estáis haciendo luz de gas.

Víctor, tráeme un espejo.

-Yo voy, yo voy.

¡Virgen santa! Pero ¿qué tengo en la frente?

-A lo mejor, si le ponemos un filete, le baja un poco el color.

-Yo así no me puedo casar.

¿Cómo voy a posar de esta guisa en el retrato de mi boda? No, no, no.

-María Luisa, apenas se te nota. Es como una pequeña sombra.

-Y puedes hacer una cosa.

Modifica un poco el peinado y déjate caer más pelito sobre la frente.

Y si no, te haces el retrato con el velo, que es precioso.

-Claro, o me pongo de espaldas en el retrato.

¡Que no, que yo, en este estado, no me caso!

-Mira, hay otras que se casan en peores estados y no les pasa nada.

-Bueno, Luisa, ¿sabes lo que te digo? Que basta ya de pamplinas.

Que me tienes hasta el gorro

con tu me caso o no me caso y tu histerismo.

Que cambias más de opinión que una veleta, por favor.

-Sosiegue, que así no arreglamos nada.

-¿No me digas que no es verdad?

¡Estoy hasta el moño de sus supersticiones,

de sus condiciones y melindres!

Que nos traes a todos locos de la cabeza.

Si fueras mi hija, yo te habría puesto firme.

Y me da igual que no seas mi hija, te voy a meter en vereda.

¡Tú te casas y punto redondo!

Y no quiero escuchar ni una bobada más. ¿Estamos?

-Pues tiene usted más razón que una santa.

Y yo tengo que reconocer que estoy muy insoportable.

Pero es que también estoy muy nerviosa.

-¿Y por qué estás tan nerviosa? Si no tienes motivo ninguno.

Y nos tienes a tu lado.

-Pues porque quiero que todo sea perfecto.

Va a ser el día más importante de mi vida.

-Es que lo va a ser, te lo garantizo.

Y no por el menú de los 200 platos ni por el coche

ni por el moratón ni por el discurso de Leonor.

Va a ser perfecto porque por fin vamos a sellar nuestro amor.

-Perdóname por cómo me he comportado.

-No hay nada que perdonar.

Tú descansa bien esta noche y mañana por la mañana

vamos a solucionar los últimos temas con el sacerdote.

¿Te parece?

-¡Ah!

-Perdón.

Gracias.

-Me alegro mucho de que hayas cambiado de opinión.

Vamos a hacer una cosa.

Vamos a ponerte un poco más de hielo.

Bueno.

A ver si así conseguimos que baje un poco más ese moratón.

-Cuidado. -Sí, tranquila, tranquila.

Me quedo aquí un momento. Buenas noches.

Diego, ¿cómo ha ido? -Mal.

No he conseguido verla. La cosa no estaba fácil.

Pero, cuando ha llegado Samuel, se ha ido todo al traste.

-Intenté retenerle más tiempo, pero fue imposible.

-No se preocupe por eso. Le agradezco su esfuerzo.

-No me puedo creer que no le hayan permitido verla ni un solo instante.

-Me han repetido la misma historia que le contó Carmen.

Que Blanca está fatigada.

Que ha decidido quedarse todo el día en casa,

pero que no se trata de nada.

-Me da que no se cree ni una palabra. -Así es, Felipe.

En esa casa, ocurre algo extraño.

Úrsula y Samuel me está mintiendo.

Conozco a mi hermano y ya empiezo a conocer a esa mujer.

-¿Y qué piensa hacer?

Porque no podemos quedarnos de brazos cruzados.

-Tiene que ser muy prudente. -Lo sé.

Lo sé, sé que si vuelvo a esa casa e intento volver a ver a Blanca,

solo complicaré las cosas.

Sí, eso podría ser peligroso para Blanca.

Cualquiera sabe de lo que es capaz Úrsula.

-Se me ocurre que, tal vez, podríamos hablar con Liberto.

-¿En que podría ayudarnos? -Él se lleva bien con su hermano.

Tal vez a él le permita verla y nos traiga noticias de ella.

-Podría ser una posibilidad.

Ahora, lo importante es saber que Blanca está bien

antes de que sea demasiado tarde. -No se ponga en lo peor.

Puede ser cierto que esté haciendo reposo.

-Es posible.

El embarazo de Blanca no está siendo nada fácil.

Pero no nos vamos a quedar tranquilos

hasta que no sepamos cómo se encuentra.

-Probemos con Liberto. -Yo me encargo de pedírselo.

¡Rosina!

¿Cómo ha ido el servicio del marqués? No esperaba que llegaras tan pronto.

Si tan corto es el horario, es señal de que el trabajo no es muy duro.

-No te chancees. Me he levantado al alba para nada.

-¿Y eso? ¿Te ha descubierto alguien

o es que te han echado a las primeras de cambio?

-No te burles, que lo que he visto no es asunto de broma.

-¿Qué es lo que ha ocurrido?

¿No te habrán faltado el respeto?

Porque entonces me va a oír el marqués ese por muy noble que sea.

-Tente, Liberto, al marqués ni le he visto.

-Pues ¿qué es lo que ha ocurrido para que vengas así de mustia?

-Ay, Liberto, tendrías que haber visto la cola que había

de mujeres aspirando al puesto de criada.

Más de 100.

Mujeres con niños pequeños, sin sus maridos,

que no tenían dónde caerse muertas.

Seguro que apenas pueden llevarse un mendrugo de pan negro al buche.

Bueno, ni al de sus hijos.

-Por mucho que nos pese, eso es así.

Ninguna rica heredera

se va a presentar a unas pruebas para ser chacha.

-Por eso me he ido.

¿Cómo le voy a quitar el puesto

a alguna de esas mujeres que tanto lo necesitan?

-Lo sacas poco a relucir.

Pero tienes el corazón más grande del mundo.

-¡Qué deprimente es la pobreza! ¡Menudo tufo había en la cola!

Madre mía.

Hasta se me han quitado las ganas de subirme al coche.

Bueno, voy a darme un baño de sales para que se me quite el olor.

-¿No quieres desayunar? -No, no quiero tostadas,

dile a Casilda que me prepare algo especial.

Para que no se me olvide que soy una mujer rica.

-¿Qué hace mi madre vestida con esas ropas?

¡Ay, no!

¿No me digas que sigue con la idea de hacerse pasar por criada?

-Entonces no preguntes.

-¡Ah! -¿Qué?

¿Cómo va tu discurso para la boda de María Luisa?

¿Lo has terminado ya? -Es imposible.

Me está costando tanto que me estoy planteando

no leer discurso alguno.

Tengo asuntos de demasiada enjundia en la cabeza.

-¿Qué es lo que te ocurre? -Se trata de Blanca.

-Liberto, hay algo que tengo que pedirte.

Buenos días.

-Buenos días.

-¿Puedo sentarme con vosotros?

-Por supuesto.

-¿Te encuentras mejor?

¿Has podido descansar?

-Me siento reconfortada.

-Me alegro de que sea así.

Si te ves con fuerzas, podríamos ir a la boda de Víctor y María Luisa.

-Como consideres.

-Me gusta que te comportes de esta forma.

Que seas una esposa ejemplar es algo que me llena de orgullo.

-Simplemente me he dado cuenta

de cuáles son mis prioridades en la vida.

De lo que es realmente importante.

-Celebro que hayas entendido tan bien la situación.

Eso nos hará la vida más fácil a todos.

Hoy es un día importante.

He quedado con Liberto para cerrar la compra

de las joyas que Susana utilizó con el manto papal.

-No le hagas una oferta demasiado alta.

Recuerda que son alhajas de segunda mano.

-Lo sé.

Pero también soy consciente de las dificultades económicas

que atraviesa la sastra. -Eso es culpa únicamente de ella.

Tú has de procurar por nuestro negocio.

-En esta ocasión, no pretendo ganar dinero con la compra.

Simplemente hacerle un favor a un amigo.

¿Dónde vas?

-A la cocina, a por una taza.

No es necesario que te levantes. Para eso esta Carmen.

¡Carmen!

Trae un servicio a Blanca.

Vuelve a la mesa.

-Como quieras.

-En cualquier caso, tampoco pretendo perder dinero con la transacción.

No somos hermanitas de la caridad. -Me gusta oír eso.

Paga un precio justo.

Ni una peseta más.

-Ya verá como, a la postre, conseguimos algún rendimiento.

Tome. Lo tiene todo claro, ¿no?

Sobre todo, que nadie sepa que le he dado este dinero.

Nadie, nadie debe saber que usted y yo andamos en negocios.

No puede ser, pulgas, si es que nos ha mirado un tuerto.

-Sosiégate antes de que te dé algo. -No puedo.

Ya siento que me pica todo.

Me quedaría en cueros si no fuera porque estamos en mitad de la calle.

-Pues mira, si lo haces, pedimos dinero por mirar

y nos costeamos nuestra primera casa.

-Una sola broma, Víctor, y te tienes que buscar la novia en París.

-No te lo tomes todo tan a la tremenda.

¿Quién no ha tenido pulgas alguna vez en su vida?

Tú piensa que así el sermón será más corto

y nos podemos ir antes al convite, que es lo importante.

-¿Y qué más nos puede pasar? ¿Las siete plagas de la biblia?

¿Que una plaga de langostas se coma mi vestido de novia?

-Pero ¿qué os pasa?

Ni que se hubiera muerto el cura que os iba a casar.

-Pues, mira, eso sería muchísimo mejor.

Se trae a otro y arreglado.

-Que unos gatos se han colado en la iglesia

y han llenado la ropa de los santos de pulgas.

Y ahora han criado y son una plaga.

Y es verdad que, si te fijas, se las ve saltar de un banco a otro.

-Bueno, pero ¿no se puede sacar a los santos de procesión?

Así se airean y van soltando los bichos.

-Me temo que así solo conseguiríamos llenar el barrio de pulgas.

Pero es que no tenemos tiempo ni para eso.

-¿Qué más señales necesitas para anular el enlace?

Está claro que nuestra boda va a ser un desastre.

Y quizá nuestro matrimonio también. -No digas enormidades.

María Luisa, todo tiene solución en esta vida.

-Que no, que yo siento que hay una fuerza superior

que está tratando de evitar el desastre.

-Vámonos a La Deliciosa.

Te tomas un agua de azahar y ya verás cómo te relajas.

-Sí, o mejor un par de copas de cazalla.

Eso lo cura todo. -También.

-Dejadme en paz.

Yo solo quiero llegar a mi habitación y ponerme a llorar.

-Reconocerás que el buen Dios no me está poniendo las cosas fáciles.

-No, ni Él ni mi hermana.

-Esto, más que una boda, parece una carrera de obstáculos.

-Bueno, tú tranquilo, cuñado,

ya verás como, al final, de una forma o de otra, todo se arregla.

-No, no y no. Y punto redondo.

-Hágame el favor, doña Susana. ¡No sea usted cabezona!

Con perdón.

Si solamente se trata de planchar el uniforme y repasar los bajos.

-Lo tengo más claro que el agua.

No me sale de las pestañas atender al coronel.

-Que le pagará bien. -Ni por todo el oro del mundo.

-Hágame usted el favor.

No me va a hacer recorrer todas las sastrerías de la ciudad

hasta que me hagan este servicio.

-Lo siento mucho por ti, pero mi respuesta sigue siendo nones.

-Pues en mala hora me cogió el coronel por banda.

-Haberlo pensado antes. -Bueno, es el sino del pobre.

No podemos decir que no a los señores.

Desde que estoy a su servicio, solamente me trae problemas.

Cuando hago una cosa, la hago mal.

Y cuando le busco una sirvienta, no le convence.

-Sí que te ha caído una buena condena.

-Y no lo tienes fácil para negarte.

-Doña Celia, ¿usted no conocerá a algún mayordomo

o a alguna criada espabilada tipo Simón?

-Es que no es nada sencillo eso que pides.

-Y, además, sería una barbaridad mandar a alguien a ese infierno.

-Vamos, que me deja usted a merced de Pedro Botero.

Bueno, voy a ver si encuentro a alguien

para que me solucione esto de las prendas.

-Ya he terminado de arreglarte el vestido. Aquí lo tienes.

Es una lástima

que haya gente que siempre tiene que estar abajo

y tragar con todo porque se lo ordena un señor.

-Es que hay mucha injusticia en el mundo.

Pero las cosas siempre han sido así.

-Los que no tienen perdón de Dios

son aquellos que, teniendo la oportunidad de elegir,

se quedan del lado de gente tan deleznable como el coronel Valverde.

-¿Te refieres al militar que anda últimamente con él?

-No, no solo me refiero a él.

-No le conozco más amigos.

-Me parece que no sabes de la misa la media.

Te estoy hablando de tu Felipe.

No solo hacía gala de la amistad con el coronel,

sino que además me faltó al respeto cuando le afee su actitud.

-Susana, me sorprende mucho lo que me cuentas.

Pero alguna razón habrá para que ande con él.

-Pues a mí no se me ocurre ninguna.

Porque no me creo eso de que tiene que estar a su lado para vigilarle

y pillarle en algún renuncio por lo que le pasó a la pobre Adela.

-Me dejas de piedra, pero me barrunto que alguna razón habrá

para que Felipe se comporte de esa manera.

-Pues bien me gustaría a mí saberla.

-Te aseguro que pienso averiguarlo.

Apúntamelo.

Víctor, trata de recomponerte.

De nada te sirve venirte abajo.

-Si es que no se puede luchar contra los elementos.

-Puede que ahora lo veas imposible, pero conozco bien a las mujeres

y, aunque sea con pulgas, María Luisa pasará por el altar.

-Pues yo creo que se equivoca. María Luisa es única.

Y sobre todo en cabezonería.

-Antes de que sigas bebiendo,

será mejor que eches un vistazo a estos papeles.

-Don Felipe, que ahora no tengo cabeza

para mirar nada que no sean iglesias, bodas y pulgas.

-Los tienes que ver.

Son los documentos que tienen que firmar

Íñigo Cervera y su esposa Flora

para que les entregues las llaves de la chocolatería.

-¿Cuándo llegan? -Un día después de tu boda.

-Eso será si llego a casarme.

Porque empiezo a pensar que María Luisa tiene razón

y esta boda está más gafada que la guerra de Cuba.

-Víctor, por favor, no caigas en supersticiones absurdas.

Solo son coincidencias desafortunadas.

-Aquí dejo la correspondencia. -¿Coincidencias?

¿Cuándo fue la última vez que se llenó la iglesia de pulgas?

-Yo no recuerdo ninguna. -Ah.

-¿Ya han pensado qué van a hacer con las pulgas?

-Pues echar a los gatos y limpiarlo todo con salfumán.

-Eso no vale de nada.

-Pues ya dirás qué otra cosa se puede hacer.

-En Filipinas, se nos llenaban los barracones de chinches,

de garrapatas, de pulgas. Bueno, hasta serpientes.

-Normal. Estando en mitad de la selva...

-Por eso teníamos un sistema infalible

para aniquilar a todo bicho viviente.

No les digo más que casi nos cargamos a un cabo de Tragacete.

Estaba el pobre ahí... -Espera, espera, espera.

¿Qué estás diciendo? ¿Puedes limpiar la iglesia de pulgas?

-En unas horas, no queda ni rastro de bicho viviente.

Garantizado.

-¿Puedes hacerlo antes de la boda?

-Como si quiere que lo hagamos hoy mismo.

-Por Dios, Martín, por Dios, el peso que me estás quitando de encima.

-Ay, no es para tanto. Solo necesito un par de cosas.

-Tú pídeme todo lo que necesites.

-Bueno, os dejo, que parece que tenéis mucha tarea por delante.

-Martín, me estás dando toda la vida.

-No se preocupe, señorito Víctor. Solo necesito dos cosas.

-Sí, créame, Samuel, es la mejor decisión.

-¿Qué tal se presenta el día, amigos? -Muy bien, don Felipe.

-Me alegro de verle.

Escuche, he llegado a un acuerdo económico con Samuel

para la venta de las joyas del manto papal.

¿Le importaría redactar el contrato? -Por supuesto que no.

Aunque no sé si mi labor incomodará a su tía.

-Pero eso no tiene por qué. Y más todavía si no se entera.

Además, usted se ha encargado desde el principio de este asunto.

-De acuerdo.

En cuanto tenga listo el contrato, les avisaré. Con Dios.

-Con Dios. -Con Dios.

-Samuel, le agradezco la cantidad que ha ofrecido.

Otro en su lugar se hubiera aprovechado de las circunstancias

por las que atraviesa mi tía. -No hay de qué.

Pero le advierto que le estoy pagando el precio justo del mercado.

Ni un real más, ni un real menos.

-Si le parece bien, cuando esté todo el acuerdo cerrado,

podríamos salir a cenar los matrimonios a modo de celebración.

-Ah, ya se verá.

Blanca está un poco delicada.

-¿Cómo se encuentra? Hace un par de días que no la veo.

-Está fatigada, pero no es muy importante.

-Pero ¿a causa de la intoxicación de mercurio?

-No, no lo creo.

El doctor nos dijo que los niveles de metal eran muy bajos.

-Entonces ¿por qué la tiene encerrada en casa?

A las embarazadas les viene muy bien tomar el aire fresco,

no que se queden encerradas en casa.

-Deberíamos ir a buscarla. -Ya le he dicho que está descansando.

-¿Es que ha ocurrido algo más?

-Le agradezco el interés,

pero le ruego que deje de preguntarme.

¿Acaso yo no respeto la intimidad de su matrimonio?

Haga usted lo mismo con mis asuntos conyugales.

-Lamento que se lo tome de esa guisa.

Mi intención no era importunarle. -No. Discúlpeme usted a mí.

No le he dado una respuesta adecuada.

Pierda cuidado, Blanca está bien. -Me alegra escuchar eso.

-He de irme, tengo que atender otros asuntos.

-¿Qué demonios estará ocurriendo en esa casa?

¿No has oído decir nada a Blanca?

-No, señora.

-No ha dicho ni chus ni mus.

Ni siquiera ha hecho el amago de salir.

Señora, sé que yo no soy quién para meterme en sus asuntos.

Pero es que se me abren las carnes de pensar en cómo está doña Blanca,

encerrada la pobre como si fuera una presa.

Tal vez, si usted hablase con su yerno,

él sería más flexible con ella.

-¿Crees que a mí me haría caso?

-No lo sé, señora.

Haga por poder.

Yo diría que usted también está triste con toda esta situación.

-Tienes razón, Carmen. La familia es lo más importante.

Sangre de tu sangre.

Personas por las que cualquiera daría la vida. ¿Verdad?

-Sí, señora.

-Ver a tus descendientes desprotegidos

es algo que encoge el corazón.

-Me alegra que lo entienda.

Es por eso que me he atrevido a pedirle que tercie por doña Blanca.

-Es lo que tú hiciste con tu hijo.

Darlo todo.

Cuidarle. Entregarte a él en cuerpo y alma.

Hasta las últimas consecuencias.

¿No es así?

¿Quién le cuida

mientras tú estás en esta casa disfrutando de todos los lujos?

¿Quién le consuela cuando está triste?

¿Quién le tranquiliza cuando, por las noches, tiene un mal sueño?

-Señora...

Se lo suplico.

No siga martirizándome.

-Que sea la última vez que te atreves a opinar

sobre lo que hago con mi familia.

¿Está claro?

Si trasciende fuera

algo de lo que sucede en estas cuatro paredes,

ten bien claro que yo lo sabré.

Y que tú serás castigada.

-Le juro que nunca diré nada.

-Mejor para ti.

Y, ahora, puedes irte.

María Luisa, deja ya de rascarte, que no hay pulgas en la calle.

¿Cómo sabes que no han salido? -Sí, a darse un bureo.

-Yo no tengo ninguna esperanza de que esto vaya a salir bien.

-Pues ten un poco de fe.

Igual que se te ha ido el moratón, van a irse las pulgas.

-Eso delo por hecho.

Mi Martín no le dio matarile a ningún tagalo en las Filipinas,

pero no dejó una pulga viva.

-¿Y qué utilizaba para matar a los bichos?

-Martín, ¿qué? ¿Has acabado con la plaga?

-Claro, no tenga ninguna duda. Están todas patas arriba.

-Muchas gracias, Martín. Nos has salvado la boda.

¡La Madre de Dios! Apestas.

-¿Sí?

-¡Uh!

Para resucitar al Lázaro según huele. ¡Oh!

-Martín, amor mío,

¿se puede saber con qué has desinfectado la iglesia?

-¿Qué voy a echar, Casilda? Azufre.

He quemado una buena cantidad con las puertas cerradas.

Esto es mano de santo contra las pulgas.

-Pues no es que haya estado, pero huele peor que en el infierno.

-Madre mía, alma de cántaro. ¿Qué es lo que has hecho?

¡Que no puede entrar nadie ahí!

-Para ahuyentar a las pulgas, no se usa agua de rosas.

Además, yo tampoco huelo tan mal.

-Claro, ¿tú qué vas a oler?

Si tienes menos olfato que un perro de bronce.

-¿Y qué le voy hacer si en la guerra me estalló una bomba en las narices?

-¿Y cómo vamos a meter a nuestros invitados en esta iglesia que apesta?

-Me lo tendrías que haber dicho antes, Martín.

Has empeorado las cosas y mira que era difícil.

-Pero, vamos a ver, señorito Víctor,

mi marido ha hecho lo que podía hacer para ayudar el hombre.

Que ha perdido toda la mañana de arriba a abajo para prepararlo todo.

El hombre no ha podido ni ir a buscar empleo

a la casa del marqués de Bolaños. -Total, para nada.

-Igual llego a tiempo.

Martín, ¿cómo vas a ir oliendo así? Te van a soltar a los perros.

-Ay, pobre.

Con la ilusión que te hacía subirte en el coche del marqués.

-Pobre yo, pobre yo.

A dos días de nuestra boda y no tenemos dónde casarnos.

-No se preocupe, señorita.

Seguro que el olor se irá de un día para otro.

-¿Tú crees?

-Em... Bueno, yo mejor me voy a casa del marqués.

A ver si me dejan entrar.

-Lávate.

Roja de rabia tuve que ponerme cuando Susana me dijo

que andabas alternando con el coronel Valverde.

-No es tan extraño que ande con un vecino.

-Pero es que no es un vecino cualquiera.

Yo no sabía ni qué decirle a la sastra.

Supongo que será cierto que te has acercado a él

para sacar información sobre la muerte de Adela.

-Siento desilusionarte.

Pero esa no es la razón por la que me he acercado a don Arturo.

-Entonces ¿a santo de qué ese despropósito?

Ya te conté mi interés en entrar en política.

El trabajo en la comisaría se me hace pequeño.

-Pero, Felipe, eso no justifica que te acerques a ese indeseable.

-Te equivocas.

Don Arturo puede ayudarme mucho en mis pretensiones.

-Si ya me gustaba poco que volvieras a la política

después de lo que pasó, ahora me gusta aún menos.

-Celia, lo que pasó no tiene por qué volver a ocurrir.

-Dios lo quiera.

Pero aun así me cuesta creer que estés dispuesto a arruinar

nuestra relación con los vecinos por esa ambición.

-No creo que esté haciendo nada malo. Don Arturo es uno más.

¿Por qué se meten en mis asuntos? -No seas cínico.

Don Arturo es un hombre muy peligroso y lo sabes de sobra.

-¿Quién te asegura que no vaya a volverse en tu contra?

-Eso no me preocupa. Sé manejarlo.

-Yo no estaría tan segura.

En cualquier caso, mi interés está en uno de sus amigos:

el general Zavala.

Un militar muy bien colocado en el Ministerio de Guerra.

-No puedo aprobar tu decisión, Felipe.

Nada justifica que limes asperezas con ese diablo de don Arturo.

Y menos sabiendo el daño que le hace a Susana.

-Y bien que lo lamento.

Pero si alguien quiere prosperar, tiene que hacer contactos.

Esas son las reglas del juego.

-¿El fin justifica los medios? -Bien dices.

Es cierto que no le tengo ningún aprecio a ese tipejo.

Pero si va a ser el trampolín que me ayude en mi carrera política,

pienso utilizarlo sin dudarlo un segundo.

-Me has decepcionado, Felipe.

-Espero que termines entendiéndolo y que me apoyes.

-No.

Me pides demasiado.

Hay que ver, Martín.

Menuda la que has montado en la iglesia.

Madre mía. Varios días va a tener que estar cerrada.

-Yo lo hice para bien, canija.

-Si ya lo sé, grandullón.

Madre mía, es que, por más que froto, no se te va el olor.

¡Buf!

Te voy a dejar los brazos en carne viva.

-No sé, yo no noto nada.

-¿Tú qué vas a notar, melón?

Si a ti te ponen en una cochiquera

y tú todavía dices que huele a pan recién horneado.

-Debe ser verdad lo de que huelo como un jumento.

Cuando iba a hacer cola a casa el marqués,

todo el mundo empezó a mirarme raro.

-Y eso porque son buena gente.

Que si no, te habrían corrido a gorrazos.

-No, de eso ya se ha encargado el mayordomo del marqués.

Cuando me tocaba entrar, me ha echado de la cola con cajas destempladas.

-Pues normal, Martín.

Hijo mío, ¿quién va a contratar a alguien que huele peor

que el mismísimo Belcebú?

Y además un marqués, con lo mirados que son esa gente para esas cosas.

-Ya me puedo olvidar de subir a ese coche

y correr a 40 kilómetros a la hora. Con la ilusión que me hacía.

-Martín, vas a tener tiempo para todo en la vida, ya lo verás.

Nunca sabes lo que te depara el destino.

-¿Quién sabe?

A lo mejor, en unos años, todo hijo de vecino puede tener un coche así.

Y correr a 80 kilómetros a la hora. -Dios no lo quiera.

De verdad te lo digo, me tiemblan las canillas

cada vez que me hablas de esas temeridades.

-Buenas.

¿Habéis visto a Lolita?

-Está encerrada en su cuarto. Natural, no soporta este olor.

-¿Habéis fumigado también el altillo?

-No, soy yo el que huele así.

-Ya. Pues ni los presos más guarros de la cárcel olían como tú.

-Para solucionar el entuerto, le he fastidiado la boda

a su hermana. Lo siento, señorito.

-Bueno, no, no te preocupes, que tu intención era buena.

La idea del azufre no tanto, claro.

Pero al final he conseguido

que me dejen la capilla del Santo Custodio

para oficiar la ceremonia. -¿De veras? Entonces ¿habrá boda?

-Es un sitio precioso.

Mi hermana y yo íbamos de pequeños con mi padre.

Además, allí se casan las familias de alta alcurnia.

Así que mi hermana está como loca de contenta.

Yo es la primera vez que la veo sonreír en varios días.

-¡No sabe lo que me alegro por su hermana!

-Vale, vale.

Gracias, Martín.

Bueno, voy a ver a Lolita.

-Sí, y tú, para acá. Venga.

Bueno.

Pues menos mal que todo se ha solucionado.

Ahora ya lo único que falta es que se te vaya la peste esta.

¡Uf!

Me alegro de que haya podido venir a esta reunión de amigos.

-Es un placer. -Ya conoce a varios de ellos.

El teniente Tamayo, el coronel Mouliá,

almirante Donoso. -Celebro volver a verles.

-Vamos a disfrutar de una cena entre camaradas.

O, como nosotros decimos, una reunión de la Asociación de Patriotas.

-Espero que no le resulte demasiado pomposo el nombre.

-¿Por qué iba a parecérmelo?

¿Acaso no somos patriotas todos los que estamos aquí reunidos?

¡Vengo a escape, he salido de casa tan rápido como he recibido su nota!

-Es posible que estemos haciendo una montaña de un grano de arena.

Pero lo cierto es que llevo todo el día dándole vueltas a algo

y me gustaría compartirlo. -¿Ha podido hablar con Blanca?

-Leonor me transmitió su inquietud por ella.

-A la vista está que Blanca hace días que no pisa la calle.

-Yo le tengo mucho aprecio a su hermano.

Y no me costó demasiado esfuerzo preguntarle por su esposa.

-Supongo que le han respondido que estaba haciendo reposo.

-Así es.

Pero no fue su respuesta lo que más me alarmó, sino su actitud.

Se violentó demasiado cuando le dije que quería visitar a Blanca.

Incluso me advirtió con cierta violencia

que no me metiera en sus asuntos matrimoniales.

-Pero eso es muy extraño siendo tan buenos amigos.

-Sí.

Lo cierto es que había mucha confianza entre los dos.

Incluso en ocasiones nos hemos contado cosas muy íntimas.

-Pero en este momento le está ocultando algo.

-Esa es la impresión que me dio.

Algo que haya ocurrido con Blanca y que no quiere que nadie sepa.

-Voy a ir ahora mismo y no pararé hasta que me dejen verla.

-¡No, no, Diego! ¿Cree que lo conseguirá?

¿O todo terminará en una discusión con su hermano?

Yo creo que sería mucho mejor que me dejaran intentarlo.

Mañana me las ingeniaré para entrar en la casa y ver cómo está Blanca.

-¿Y si no lo consigue?

-Si no lo consigo, entonces pondremos este asunto en manos de la policía.

Ha sido un día complicado. Me voy a acostar ya.

-Sí, yo también estoy fatigada.

¿Dormirás en la cama de Blanca? -No.

Está cambiando de actitud, eso es bueno.

Preferiría no presionarla.

-Esperemos que siga así.

Buenas noches. Que descanses.

Te advierto, rey español, que estos, tus reinos de Indias,

tienen necesidad de que haya toda justicia y rectitud

para tan buenos vasallos que tienes en estas tierras.

Así le escribía Lope de Aguirre a Felipe II.

-El mejor ejemplo de militar español.

Alguien que no se amilanaba ni al hablar con el mismísimo emperador.

-Mucho tenemos que ver con ese Lope.

Sufrimos el abandono en las colonias que él padeció en las Indias.

-Desde que las perdimos, la imagen de las tropas

ha caído a la altura del betún.

Qué tremenda injusticia estamos viviendo.

-¿Acaso es culpa nuestra? -Pues no, por supuesto que no.

Pero el pueblo nos hace culpables de la derrota.

Cuando todos sabemos que la debacle fue por mala gestión del gobierno.

-Bastante hicimos nosotros en el frente.

-Y por si fuera poco, los soldados que han regresado

de Cuba y de Filipinas son tratados como si fueran escoria.

-Una vergüenza.

Apartados como leprosos, sin salario

y casi sin un lugar donde caerse muertos.

-Nos han dado la espalda.

Están cerrando escuelas navales como la de Ferrol.

Nos dejan en la indigencia.

-No podemos permanecer más tiempo con los brazos cruzados.

-Y no lo estamos.

A través de esta Asociación de Patriotas,

organizan eventos para recaudar fondos benéficos

con los que ayudar a esos compañeros

que no tienen tanta suerte como nosotros.

-Un objetivo encomiable. Brindo por ello.

Tengo entendido que vive usted en un barrio burgués

rodeado de familias acaudaladas. -Sí, así es.

-Sin duda se trata de un lugar privilegiado para recaudar fondos

para sus camaradas olvidados por los gobiernos.

¿No le parece?

-Es posible.

Hay familias en Acacias que cuentan con importantes capitales.

-Se me ocurre que podría utilizar sus buenas relaciones con los vecinos

para organizar un evento benéfico y así recaudar fondos para la causa.

-Sí, sí, todos hemos colaborado en la medida de nuestras posibilidades.

-Esta es la mejor manera de demostrar el compromiso con la causa.

¿Acaso duda usted?

-No, no, por supuesto que no.

No hay que dar un paso atrás ni para tomar impulso.

Organizaré ese evento.

Espero que los fondos que recaude

sirvan para paliar el sufrimiento de nuestros compañeros.

-¡Brindemos por ellos! -¡Por nuestros camaradas!

¡Por nuestros camaradas! -¡Por nuestros camaradas!

¡Por Dios!

¡Ábrete de una vez!

Pues tiene que ser una de estas.

(Puerta)

Qué mala suerte la mía.

Oye, Casilda, ¿y no te pareció raro que el otro día el señorito Antoñito

dijera que no era tan difícil subir a un coche?

-Pues espero que no ande planeando otro de sus líos.

Porque si no, a la Lolita le va a dar un tabardillo.

Martín, ¿quién es esa muchacha tan reguapa que está con Servando?

-Pues no lo sé.

Pero nos vamos a enterar.

Oiga, Servando,

¿quién era esa muchacha que estaba hablando con usted?

-Es una moza que preguntaba por Jacinto.

-¿Por mi primo? -Estaba claro que por tu primo.

¿Acaso conoces otro Jacinto?

Ay, qué bonito...

¡Ay, perdón, señorita!

¡Ay, qué maravilla!

Le agradezco que me reciba en su casa de tan buenas maneras.

Los dos sabemos que la mayoría de los vecinos no comparten

ni sus modales ni su aprecio hacia mi persona.

-Lo lamento mucho.

Pero entienda que, después de lo ocurrido, tengan ciertos reparos.

-Lo comprendo, pero mis intenciones como esposo, como padre

y como militar que cumple con su deber

siempre han sido las mejores.

-No lo dudo, señor.

Pero no todo el mundo en el barrio opina lo mismo.

-Por eso necesito que me ayude a demostrarlo.

-¿Y qué quiere que haga exactamente?

-"¿Qué te parece?". -"Me parece estupendo".

Muchas gracias.

A ver si tengo suerte. -Ojalá.

Aunque tengo sentimientos encontrados.

En parte me gustaría que no la convencieras

y que tuviereis que quedaros aquí.

Y que tú estuvieras al frente de esta chocolatería eternamente.

-Eso está un poco complicado.

La venta de La Deliciosa la tengo ya cerrada.

-¿Ya, tan pronto?

¿Y quiénes son los nuevos dueños?

-Pues sé muy poco de ellos.

Sé que es un matrimonio que viene de las Indias Orientales.

¡Ah! -Íñigo Cervera y su mujer Flora.

-"Basta ya".

No tengo nada que decirle a no ser que sea con un sable en la mano.

-¿Cree que tengo miedo? -Debería.

-Cuando quiera, coronel.

-Mañana por la tarde en el Ateneo. ¿Le parece bien?

-Me parece perfecto.

Aunque dudo mucho que me dejen entrar de nuevo en ese lugar.

-No se eche ahora atrás con excusas baratas.

Yo mismo me encargaré de que la dejen pasar a la sala de armas.

¿Qué está pasando aquí?

¿Qué ocurre?

-Tenemos que hablar.

Casildica, a ti quería verte. -¿Para qué me requiere usted?

-Nada, una muchacha que ha venido al kiosco

preguntando por tu primo Jacinto.

-¿Una muy guapa y espigada?

Se llama Paca, ¿a que sí? -No, se llama Pepa.

Era tirando a redondita y con hechuras.

-Hay que ver.

¿En qué andará metido mi primo, que lo busca tanta hembra?

-Pues no sé.

-"Lo que quiero decir con todo esto es que conozco"

a mi hermana y lo que le pasa es que tiene miedo.

Tiene miedo a dejar a su familia.

Miedo a perder la protección de mi padre.

Y, sobre todo, miedo a irse contigo a París.

Pero, en el fondo, ella es muy valiente y tiene coraje.

Pero necesita esa bandeja de suizos

que la haga caminar e ir hacia ellos.

Tienes que sorprenderla, Víctor.

Haz que se derrita, haz que el altar sea esa bandeja de suizos.

-"No soy tu prisionera".

-Eso no lo decides tú.

-No puedes retenerme aquí.

-¿Quién lo dice? -Yo lo digo.

No eres mi dueño. No soy de tu propiedad.

-Soy tu esposo. Para el caso es lo mismo.

-No voy a permitírtelo.

-No me lo permites tú, sino la ley.

Y yo decido que no saldrás de esta casa.

-¡No!

-"¡Doña Úrsula!".

-Buenos días. -(TODAS) Buenos días.

-¿Cómo se encuentra Blanca?

¿Cree que ahora podré subir a visitarla?

-Está mucho mejor, pero no creo que sea un buen momento.

Está descansando.

-Ah, bueno, a ella siempre le alegran mis visitas.

Seguro que no le importa que le interrumpa el descanso.

Además, necesito que me ayude con unos libros de autores románticos.

A ella le encanta esta literatura.

Carmen, anuncia a Blanca que voy a subir a visitarla ahora, en un rato.

Si Leonor avisa a Diego, este no se quedará de brazos cruzados.

-Y yo tampoco.

-Eso espero.

Y también espero que estés dispuesto a todo

por mantener unida a tu familia.

Para ello me tomado la libertad de hacerte un regalo.

Lo encontrarás en el cajón de abajo del escritorio.

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  • Capítulo 684

Acacias 38 - Capítulo 684

23 ene 2018

Arturo, consciente de que Felipe le usa solo para impulsar su carrera política, le deja en mal lugar delante de Zavala. Felipe, ajeno a esto, sigue acompañando al coronel y Celia le afea su conducta. ¿Es que ya ha olvidado lo que Arturo le hizo a Simón y a Elvira? Blanca finge estar mejor con Samuel para poder coger unas llaves que le permitan escapar. Liberto intenta que su amigo Samuel le cuente del estado de Blanca, pero éste calla. Las adversidades contra de la boda de María Luisa y Víctor crecen, ya no solo es el chichón de la novia, sino que la iglesia tiene una plaga de pulgas y no se puede utilizar.

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Añadir comentario ↓

  1. Marcela

    Esta temporada salvo por Elvira y el mayordomo es un bodrio!!!La pareja de Blanca DIEGO y Samuel es muy floja y no atrae!!! Ya basta de malvados q siempre ganan y buenos q pierden!!!!

    27 ene 2018
  2. Marcela

    R.B. : no se tu sexo por lo cual me dirijo a vos como sea. Estás viendo la paja en el ojo ajeno sin advertir la viga en el tuyo. Está muy mal CRITICAR a los demás según la opinión vertida por ellos cometiendo lo mismo que vos criticas. Hubiera sido suficiente decir " yo pienso tal cosa de la serie" y no poner énfasis contra las demás opiniones, tan válidas como las tuyas.... Bye, bye

    25 ene 2018
  3. Eugenia

    Comparto en gran parte la opinión de Elvira, es una serie, plagada de malvados, alguno que parecía buena gente se vuelve malvado también; a los pocos que son buena gente les suceden toda clase de inconvenientes y /o desgracias.- Parece mas una serie de terror que una telenovela para toda la familia

    25 ene 2018
  4. JOSE JAVIER BRICEÑO

    mama ve todos los dias la novela le encata

    24 ene 2018
  5. R.B.

    Elvira, si no ocurriera nada malo y si no tuvieras cien críticas destructivas que hacer, la serie sí sería aburrida y sosa. Mabi. Si no quieres enterarte del capítulo siguiente, simplemente coge (perdón agarra) un libro y no leas los avances. Por lo demás debeis entender que una serie diaria tiene muchas complicaciones para todos los que participan, que son muchos y núnca llueve a gusto de todos.

    24 ene 2018
  6. Martha

    En pocas palabras, esta temporada con los Alday ha sido super aburrida, lenta, un bodio total!

    24 ene 2018
  7. mabi

    Perdón por los H-ORRORES DE ORTOGRAFÍA,, quería comprobar cuantos están atentos y cuantos pican el anzuelo.- Ya se que escribí " varvaridades " muchas de las cuales las considero válidas

    24 ene 2018
  8. mati

    hola soi seguidora de acacias 38 desde el primer capitulo y hojala dure muchisimo pero loque no megusta es deque manera desaparesen los protagonistas y meten a otros faltan mas de la mitad y hai si que no megusta tanto como simon y clara de un plumaso al desaparecio aber porque no han buelto para contar lo que iso el coronel y enserrarlo haora secasa victor y maria luisa y desaparesen tanbien y tanpoco sesabe quien es el padre de blanca y holga bistieron de linpio a la sastra por tener un hijo siendo biuda y ha ursula ni un triste comentario y encima 2 hijas llo conprendo que tienen que meter jente nueba pero porque echan ha los del principio eso como que no megusta nada la señora que a entrado nueba la espachin no me interesa nada y meda que antoñito a sido el que a conprado la deliciosa con otro nonbre pero porfabor no canbien mas artistas y calletana y el padre de samuel y diego aparesen y desaparesen sin mas deberdad no lo entiendo

    24 ene 2018
  9. Laura

    Creo que los guionistas deberìan leer los romances de Agatha Christie. Ella, que fué la mayor escritora de tramas de asesinatos, Nunca y suslineo Nunca quedò con personajes que no se sabe donde paran, que quedan sin castigo, etc. Creo que las obras de cinema, tv, como las obras leterarias tienen la misiòn de ser educativas. Aquì tenemos asesinas seriales como Ursula (que asesinò a sangre frìa: 2 policias, la madre de Paolo, el doctor de la Serna y Manuela, el niño ciego Tirso, ententò de matar el marido, y hasta ser la asesina de su propia hija Olga en exceso de defensa propia) que, en cambio de irse al garrote, ha salido con la suya y ahora vive en la mejor casa de Acacias, y a pesar que los policias la suspechan de muchos crimenes, nunca tienen el valor para acabar con ella. Porque no hacen regresar Mauro y Teresa y terminan ya con esta temporada de actores fatales como Blanca y Diego? ( desde Italia)

    24 ene 2018
  10. Xisca.

    Me encanta Acacias 38, no me pierdo ningún capitulo, pero que a sido de Teresa y Mauro?...de Paciencia la mujer de Servando i muchos otros, tengo la sensacion de que Cayetana va a aparecer en el momento menos pensado, no creo que muriera en el incendio. Enhorabuena!!...una gran serie en todos los sentidos.

    24 ene 2018