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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 682 - ver ahora
Transcripción completa

¿Quién es ese misterioso tirador

que levanta tanta expectación? -Posiblemente

su rival en la final. El señor Reyes.

Es la sensación del Ateneo.

-"No te vayas así, tenemos que hablar".

-¡Nada! Nada tengo que hablar contigo.

Y no quiero volver a verte.

No quiero que te acerques a mi mujer nunca.

-"Me ha llegado que estaba alternando con el coronel".

¿Así responde a nuestra amistad?

-Tranquila, que no la he traicionado.

Tan solo...

quería congraciarme con él para...

saber qué había ocurrido exactamente con Simón,

Elvira y Adela. -"No me caso".

-¿Cómo que no te casas?

¿Por qué?

-Porque la mala suerte me persigue. No nos queda más remedio que...

aplazar la boda

y que te vayas tú solo a París.

-"Me apartaré de Blanca para siempre".

"En mi ausencia,..."

les ruego que cuiden de Blanca y de Samuel.

Aquí ya no hay lugar para mí.

-"No puedo basar mi matrimonio en una imposición".

Debería cimentarse en la confianza mutua y el respeto.

-Ya ves de qué te ha servido el respeto y la confianza.

¡Reacciona, Samuel, por Dios!

No te estoy pidiendo que la retengas

ni tampoco a base de gritos como hiciste la otra noche.

-Entonces, ¿qué puedo hacer? -Eres inteligente.

Seguro que se te ocurrirá algo para retener a Blanca

y así salvar tu matrimonio.

-"Lo que más desearía es volver a ver esa bella sonrisa en tu rostro".

-Blanca,...

tu deseo aún puede cumplirse.

Si los dos ponemos un poco de nuestra parte,

ese futuro está a la vuelta de la esquina.

-Sí, Samuel. Está ahí.

Pero yo no voy a estar a tu lado. -"Tengo derecho a ver el rostro"

de quien me ha vencido y que este me dé la mano.

-Silvia Reyes.

Un placer.

-"Ha llegado la hora de afrontar la verdad".

Amo a Diego.

Y voy a marcharme con él.

-Estás confundida.

-Samuel, sé que no es algo que hayas querido escuchar.

Pero es así.

Tienes que darte cuenta de que es lo mejor para todos.

-Te repito:

estás confundida. -Pero ¿confundida, en qué?

¿En mi decisión, en mis sentimientos?

-Vamos a terminar de cenar y vamos a olvidar esta conversación.

-Samuel,... Samuel, tenemos que ser sensatos.

En los últimos tiempos, lo único que hemos hecho ha sido sufrir.

¿Es que vamos a seguir así de por vida, padeciendo?

¿Es que vamos a darle al hijo que estoy esperando

un ambiente de amargura e infelicidad?

-¿Más vino?

-Samuel,...

Samuel,...

tú eres un gran hombre. Un hombre que lo merece todo.

A tu lado debería estar una mujer que te amara, sin límites.

Yo lo he intentado, pero no lo he conseguido.

No por ti. Por mí.

Es inútil, no podemos seguir sufriendo, Samuel.

Tienes que encontrar una mujer que te ame y te haga feliz.

-No necesito buscar el amor.

Yo ya he encontrado la mujer que amo.

Hace tiempo.

El mismo día que te conocí.

-No.

No, no, Samuel, no puedo ser yo.

-Pues eres tú.

Eres mi esposa.

La ley de Dios y la de los hombres así lo dice.

-No puede ser.

No, no me puedo creer lo que estoy escuchando.

-Pues créelo. Es así.

Eres mi esposa. Yo te amo.

Y me amas.

Pienso recordártelo todos los días de tu vida.

-Samuel,... por favor, abre los ojos.

-Los tengo bien abiertos. De par en par.

Ábrelos tú.

He escuchado lo que has dicho y... creo que estás confundida.

Pero no voy a darle mayor importancia.

Tú misma te darás cuenta que no hay lugar en el mundo

en el que estés mejor que a mi lado.

No voy a tomar postre.

Pídele a Carmen que... me sirva un café en el despacho.

Lolita, ¿por qué no dejas que nos sirvamos cada uno lo nuestro

y te sientas a cenar con nosotros? -¿Yo?

-No, tu tía la del pueblo de Cabrahigo.

Pues claro que tú, Lolita. -Siéntate, que yo sirvo.

Si voy con el uniforme de criada. -Venga,

siéntate.

-Ten cuidado que nos vas a pringar a todas.

-¿Se te olvida que soy el mejor camarero

de la historia de La Deliciosa?

Famoso en el mundo entero por no haber manchado nunca a un caballero.

-Lolita,...

la servilleta sobre las piernas.

-¿Y si me mancho? -Si comes con cuidado no te manchas.

-Bueno, yo te iré enseñando protocolo.

Vas a ser más ceremoniosa que la Reina de Inglaterra.

-Ya, y me voy a llevar unos chascos.

-Bueno, ¿y mi padre, no viene a cenar?

-Ay. Avisó de que llegaría tarde.

-Quería cerrar unas reuniones para tener libre

el día de tu boda.

-Pues no hacía falta.

No me caso.

-¿Qué? -Lo que han oído,

que no me caso. Víctor ya lo sabe.

-Pero ¿qué dices?

-Lolita me confirmó que tenía mal de ojo.

-¿Mal de ojo?

Ya os dije a las dos que eran cuentos de pueblo, ¿eh?

-Que no me caso y ya está.

-Lolita, dile algo. -Sí.

-Pues yo no soy hechicera ni "na",... lo mismo...

hice mal el ritual. Pero salió lo que salió.

(Llaman a la puerta)

Voy a abrir.

-De verdad, Luisi, no me puedo creer que seas capaz de tener en cuenta

las nigromancias. -Ni yo.

Te tenía por más culta.

-Buenas noches.

Perdonen las molestias.

¿Puedo hablar con María Luisa?

-Lolita, hija, coge la sopera.

Nosotros nos vamos a cenar a la cocina, que aquí sobramos, vamos.

-(CARRASPEA)

-Perdón.

Camarera.

Ponme otro.

-Camarera, sírvanos lo mismo que está tomando el coronel Valverde.

¿Podemos sentarnos, coronel? -Por supuesto, hagan el favor.

-Le presento al teniente Tamayo.

-Encantado. -Encantado.

-El almirante Donoso. -¿Cómo está?

-Mucho gusto.

-Y el coronel Boubliá. -Un placer.

-Buenos amigos, curtidos en cien batallas.

-Celebro volver a verle, almirante.

-¿Ya se conocían? -Sí.

Los dos servimos en Cuba.

Tiempos revueltos.

Pero, en algunos aspectos, mejores que los actuales.

-Coincido con usted. Siéntense.

-No se ha quedado al acabar el torneo.

-No. Tenía algo de prisa.

-Es comprensible que con el revuelo que se formó al acabar

le entrasen las prisas.

Tuvimos el honor de asistir a la final del arma de florete.

-Es intolerable

que una mujer se haya hecho pasar por hombre.

-Se le debería retirar el trofeo.

¿Qué país es este en el que cada uno puede hacer lo que le plazca?

-Bueno, venció en buena lid.

-No hablamos de eso.

Se aprovechó de la buena fe de los presentes para engañarnos.

-Hasta el final no descubrió su rostro

para desvelar que era una mujer.

A no ser que usted se diera cuenta de lo que era y bajara el nivel,

para no dejarle en evidencia.

En ese caso, habría sido un acto de caballerosidad.

-No debemos ser tolerantes.

Esa mujer no podía estar en el casino militar.

Mucho menos participar en el torneo.

-Fue una pena que nadie la pusiera en su sitio con el florete.

-Esperemos que eso no vuelva a ocurrir.

-Y si ocurre, que se enfrente con alguien que sea capaz

de vencerla.

Es tan absurdo, que no termino de creérmelo.

Dime qué otra razón hay.

-Nos han echado el mal de ojo y, nuestro matrimonio

va a ser una calamidad. Mejor dejarlo a tiempo.

-¡¿Qué es un mal de ojo?! -No me lo pongas más difícil.

-No es más que una estúpida superchería, María Luisa.

-Cancelar la boda me duele más a mí que a ti, pero debo hacerlo.

-Mi vida, tú y yo nos queremos desde hace muchísimos años,

casi desde que tengo uso de razón. -¿Y acaso crees

que se me ha olvidado? -Es lo que parece.

Vas a tirarlo todo por la borda porque una criada

te dice que nos han echado un mal de ojo.

-No, no es una criada cualquiera, es la novia de mi hermano.

-Yo siempre la había tenido por más lista de lo que ha resultado ser.

-No insistas,

no me caso y punto final.

-Lo siento, Víctor.

Pero seguro que recapacita. -Sí. Sí, sí, sí.

En cuanto se le pase. Si todo le viene por miedo.

-Yo lo hice sin mala intención.

-Pues espero que te des cuenta de lo que has hecho.

No tiene perdón de Dios.

Buenas noches. -Buenas noches, Víctor.

-Es que Lolita, hija, ya te podías haber callado la boca.

¿Blanca no va a levantarse para desayunar?

-No. Lo hará más tarde.

-¿Le llevo el desayuno?

-Sí. Será lo mejor.

-Llévale también algo de fruta. A ver si le da ánimos.

-Sí, señora.

-¿Cómo fue la cena ayer?

¿Se resolvieron vuestras diferencias?

-No había más remedio. Estamos casados por la iglesia.

Me dijo que pensaba abandonarme y marcharse con Diego.

-¿Qué?

-Le dije que es mi esposa ante la ley y que no lo permitiría.

-No estoy segura de que someterla sea el camino.

Conozco bien el carácter de mi hija y no será fácil doblegarla.

-Cumplirá su promesa de amarme y respetarme.

Se lo aseguro.

-Es mejor la caricia que la espuela.

-Bien se nota que usted nunca ha montado corceles briosos.

Me pidió que tomara las riendas de mi matrimonio y, eso hago.

Ni Blanca ni el niño que espera abandonarán esta casa.

-¿Y cómo piensas impedirlo?

-Con la ley y con la fuerza.

Si se aviene a razones,

el matrimonio será bueno para ambos.

-¿Y si no lo hace?

-Se avendrá. Por la cuenta que le trae.

Liberto, ayúdame con esto.

-Mujer, ¿de qué te has vestido? -¿No ves la cofia?, de criada.

Voy medio en cueros, pero voy a ponerme el uniforme de Casilda.

Pero es tan pequeñaja, que me queda reventón.

Ay, aprieta. -Pero si es que no da más de sí.

Si fuera de Lolita todavía, pero...

-Aprieta más, que tiene que dar.

Aún tengo que comprimirme dos tallas más.

-¿Dónde vas vestida así? -Para, para.

A la casa del marqués de Bolaños.

Voy a ir a la selección de criadas y voy a conseguir subirme en su coche.

-Estás loca.

-¿Qué pasa, es que no me contratarías de criada?

-Y de cortesana. -Eh.

¿Ah, sí? -(ASIENTE)

¿Y qué...?

¿Cómo serías conmigo,

te portarías bien

o serías un patrono cruel? -Sería muy cruel.

Es más,... te azotaría todas las noches.

-Pero ¿aunque cumpliera tus órdenes?

-Eres una mujer demasiado malvada.

No las cumplirías todas. -Puede ser.

-Por supuesto que puede ser. Y te lo voy a demostrar ahora mismo.

-¿Ah, sí, cómo? ¡Pero bueno!

-Ay.

-(GRITA)

-No es lo que piensas. -No, madre.

Si es que a mí me... Que mejor me voy para dentro.

-No, pero...

-¿Por qué la has engañado? Por supuesto que era lo que parecía.

-Uy, qué vergüenza.

Mi enhorabuena. En unos días estará usted perfecto de salud.

-Bueno, es pronto para cantar victoria.

Solo son unos resultados. -Pero positivos,...

que es lo importante.

Hace no mucho, un simple avance habría sido motivo de brindis.

-El doctor Quiles se muestra esperanzado

con el resultado de los análisis.

Dice que los niveles de mercurio en sangre han bajado mucho.

-Y pronto serán nulos, ya lo verá. -Ojalá.

¿Y usted? ¿Cómo va todo?

-Da miedo decirlo. Incluso me gustaría tocar madera.

Pero bien.

Bien en el trabajo, pero sobre todo bien en casa.

-¿Con Celia?

-Incluso mejor que en la luna de miel.

Me gustaría hacerle una consulta.

Estoy pensando en regalarle alguna joya.

¿Alguna de la colección Alday?

-El pájaro que diseñó Blanca.

Está lleno de simbolismo.

Es bello y fino, a la vez que transmite una sensación de libertad.

A mí me trae los mejores recuerdos.

-Entiendo que le trae recuerdos de Blanca.

-Así es, Felipe.

Pienso en ella cada día,

pero estoy cumpliendo mi promesa. De no verla, de no buscarla.

No quiero causarle más daño ni a ella ni a Samuel.

-¿Qué quiere que le diga?

Creo que está haciendo lo correcto.

-Aunque duela.

-A veces hay que sufrir, para algún día dejar de sufrir.

-Lo sé. -¿Le apetece un café?

-No. Se lo agradezco, pero no quiero que la casualidad

haga que me encuentre con ellos. Con Dios.

-Con Dios.

Buen lance. Descansemos unos minutos.

-Buen asalto.

-Gracias. -Lástima que ayer

no mostrara tanto ardor con el combate con esa mujer.

¿Cómo se llamaba? -Silvia Reyes.

-Les recuerdo que no fui el único vencido por esa tiradora.

Para llegar a la final tuvo que derrotar a muchos contrincantes.

-Ninguno de su nivel. O quizá sí.

-¿Quiere tirar usted conmigo, a ver cuál es mi nivel?

-¿Tiraría conmigo?

Puedo tirar como una dama.

(RÍE)

-Tranquilo, coronel,

todos sabemos que es de los mejores.

-De los mejores hombres, usted lo ha dicho, general.

Debemos ir a la reunión de la asociación de patriotas.

Se acabó la diversión.

Mayor.

-Retomamos.

Aquí está lo que tienes que saber

sobre el traspaso para la venta de La Deliciosa.

Y, sobre todo, me tienes a mí para consultar cualquier duda.

-Muchas gracias.

Porque me ayudó con el precontrato y me quedé muy tranquilo,

así que abusaré de usted para el contrato final.

-Ya te digo, a tu entera disposición.

-Muy bien.

Pues nada, otra cosa más que tachar de mi lista de obligaciones.

Ojalá todo se resolviera con la misma premura.

-¿Qué pasa, que María Luisa sigue con la idea de cancelar la boda, no?

-Es una locura, pero sí. Dice que no se casa.

-Vaya, no lo sabía.

-Pues nada, dice que ha visto señales de mal agüero.

Y que lo ha consultado con Lolita, y eso significa

que nos han echado un mal de ojo y que el matrimonio va a ser infeliz.

-Se han vuelto totalmente locas. -Pues no hay quien les saque de ahí.

-Si todo eso es porque ha visto señales de mal agüero,

se le neutraliza mandándole señales de buen agüero.

Una vez leí que una mariposa blanca anuncia una boda.

-Sí, o un nido de golondrinas en la ventana.

-Y cruzarte con una mujer de blanco por la puerta de una iglesia.

-Pero ¿todo esto es verdad?

Las supersticiones no son ciertas,

pero basta con que alguien se las crea.

¿Crees que da mala suerte cruzarte con un gato negro?

-Pues no.

-Pues eso.

Basta con que prepares cosas que supuestamente den buena suerte

y hacerle ver a María Luisa que son cosas del destino.

-Yo no dejaría caer esta idea en saco roto, ¿eh, Víctor?

-Pues nada, ahora solo me falta esperar a que mi novia

se cruce con mujeres vestidas de blanco,

vea mariposas

y las golondrinas se posen en su ventana, ¿no?

-Víctor, el destino no se espera, se construye.

-¿Me estás proponiendo que...? -Que sí, Víctor, que sí,

que propongas tú mismo las señales de boda inminente.

-Madre mía.

¿Y Carmen?

¿Por qué no está sirviendo la mesa?

-Le he dado unas horas libres para que se fuera

a comprar un uniforme nuevo.

Así podremos hablar en familia sin injerencias externas.

-¿Hablar?

No hay nada que tengamos que hablar.

Todo va bien.

Nuestro matrimonio va viento en popa.

La vida nos sonríe. ¿No es así, Blanca?

-No. No creo que sea así.

-Si no lo crees es porque tienes la percepción nublada.

Ya te aclararás. Esta tarde nos vamos al teatro.

¿Se viene con nosotros?

-¿Al teatro?

-Sí, a ver "Electra",

una obra de Pérez Galdós.

Dicen que está levantando ampollas en los medios eclesiásticos.

Seguro que te encanta.

-No quiero ir al teatro.

-Pero yo sí que quiero. Y tendrás que sacrificarte

por tu esposo. ¿No es eso lo que hacen las parejas?

¿Sacrificarse el uno por el otro?

Además,... es mi forma de compensarte

la deliciosa cena que me preparaste ayer.

-No necesito compensaciones, Samuel.

-Pero como yo no soy egoísta, te las ofrezco.

-Quizá os vendrá bien a los dos ir al teatro.

Olvidar por un momento vuestros problemas y...

meteros en la cabeza de los personajes de la obra.

Yo debería ir más. Con lo que a mí me gusta el teatro.

-Y a mí.

A mí también me gusta mucho el teatro.

Me apetece mucho ver "Electra".

Lo que no me apetece es que nadie organice mi vida.

-Ni a mí la mía.

Hoy he decidido que iría al teatro con mi esposa y eso haré.

Nada se interpondrá entre nosotros.

-Madre, ¿le importaría dejarme a solas

con mi esposo para que pueda hablar con él?

-Si así lo deseas...

-Gracias.

¿A qué viene esto del teatro?

-A que me apetece ver esa obra.

-Samuel, no te puedes comportar como si no ocurriera nada.

Como si no hubieras escuchado lo que te dije ayer.

-Lo escuché,... pero no estoy de acuerdo,...

ya te dije.

Verás qué bien lo pasamos en el teatro.

Además, me han dicho que la actriz Emilia Llorente está sublime.

Que todo lo que vea María Luisa tenga una explicación sobrenatural.

-Claro.

Que ve a una señora de blanco, le dice que parece una novia,

y se inventa que en Cabrahigo eso significa

que hay una boda a punto de producirse.

-O ve una paloma apoyada en una fuente.

Pues eso simboliza la unión de dos personas.

-Que a un señor se le cae un sombrero,

pues es un padrino que le va a hacer regalos a todos sus invitados.

-Ya lo he entendido. Pero ¿de verdad pensáis que va a funcionar?

-Peor de lo que estamos no podemos estar, ¿no?

-Bueno, eso es cierto.

-Bueno,... también tengo esto,

que me lo ha hecho una camarera de La Deliciosa.

Una mariposa blanca. -Sí, símbolo de boda.

-Sí, pero... cuéntale lo que has pensado.

-Voy a colgarlo en el balcón y a ver si parece que está viva.

Usted lo que tiene que hacer es traer a María Luisa al salón.

-Estoy casi segura de que esto no va a dar resultado.

Es más,... si da resultado,

quiere decir que María Luisa es boba,

así que, Víctor, mejor será que no te cases con ella.

-Doña Trini, situaciones desesperadas,

soluciones desesperadas.

(Llaman a la puerta)

-María Luisa, María Luisa. Víctor, escóndete.

Tú también, Liberto, a la cocina. -Vamos.

-¡Voy!

¿Qué tal el paseo, hija? -Horrible.

No dejo de pensar en Víctor y en tener que separarme de él.

Le quiero tanto. -Pues no te separes.

-¿Y permitir que nuestro matrimonio sea un fracaso?

Ni hablar. No seríamos felices ni él ni yo.

-Piénsalo bien, ¿no crees que estás llevando lo de la superstición

demasiado lejos?

-Bastante difícil es para mí.

Quiero casarme con él desde que tengo uso de razón.

Estoy tan enamorada. Tanto,...

que estaría dispuesta a perderlo antes que hacerle infeliz.

-Mira.

Mira ahí. Mira, una mariposa.

-Una mariposa de papel.

-No. No, no, no, es de verdad.

Lo que pasa es que es china.

Y yo he leído en el periódico que últimamente se han visto mucho

por aquí, por España.

-Ya.

(SE SORPRENDE)

(Pasos)

No sé cómo se te ocurre a ti decir que hay mal de ojo.

-Pues porque no me sé callar. Que cuando veo algo...

lo suelto sin pensar. -Pues hay que pensar más, Lolita.

Que la cabeza no solo está "pa" llevar los pelos,

y más los males de ojo, que son todos falsos.

-Uh, eso sí que no.

Verdad de la buena.

En Cabrahigo, al Juanillo

se le quemó la casa por reírse de estas cosas.

Bueno, y porque dejó una vela "encendía" y se le quemó la cortina.

-Más sería por la vela que por la risa.

Mira, fíjate tú que, según la profecía de Cabrahigo,

tú deberías estar muerta. Y mírate, aquí estás.

Ya, pero es que eso no es lo mismo, Fabiana.

Eso no lo entiende usted porque no ha nacido en Cabrahigo.

Pero que el ritual del aceite y del pelo no falla.

-Si te echan de la casa de los Palacios y te repudia el Antoñito,

ya me dirás si ha fallado.

Que la del mal de ojo vas a ser tú.

-¿Y mi uniforme?

-Lo habrás echado a lavar.

-Sí, claro. Lo planché y lo colgué ayer.

Que lo necesito "pa" servir, que el otro está tendido y "mojao".

-¿Tú estás segura? -Uy.

A ver si se van a pensar que no quiero servir.

Que yo, por muy prometida que esté con Antoñito,

yo pienso seguir trabajando. Hasta el casamiento.

-Mira.

Ahí está el delantal, y aquí hay ladrones.

-¿Y han venido a robar el uniforme de una "criá"?

Pues vaya ladrones pobretones. Esto es muy raro, ¿eh, Fabiana?

-Y tanto que sí. Aquí,aquí hay gato encerrado, ¿eh?

-Que es de papel.

-Que no, Luisi, que es de verdad. Lo que pasa es que es china.

En Cabrahigo hay una costumbre que dice que si una novia

ve antes de la boda una mariposa blanca,...

señal de buen agüero. -Se lo preguntaré a Lolita.

-Ahora va a resultar que Lolita sabe más

de las costumbres de Cabrahigo que yo.

Pues que sepas que yo soy tan de pueblo como ella o más.

-Solo hay una forma de saber si es real o de papel. Cogerla.

-No, Luisi,

porque eso anularía los buenos augurios.

-No diga usted sandeces. -No, no, Luisi, mejor dejémosla ahí.

Ay.

Qué pena, qué pena, qué pena que se ha escapado.

-La ha tirado usted aposta.

-¿Yo?, no, por favor, no, no. Se ha ido.

-Trini, es de papel. -Que no, Luisi,

que te digo que es de verdad. -Bueno, vale, lo que usted diga.

-Os lo dije.

Era imposible que funcionara.

-Pues habrá que seguir intentándolo. -No sé.

Tienes que ir cada semana a limpiar la tumba de mi hija.

No quiero que se llene de malas hierbas.

Como si no tuviera a nadie en este mundo que se preocupara por ella.

-Iré todas las semanas, señora. Y le pondré flores frescas.

-¿Qué es eso?

-Es una mariposa de papel. Quizá un juego de un niño.

-No hay niños en Acacias.

Debe haber caído de casa de los Palacios.

Hace un momento he visto

cómo cerraban una ventana.

Esa familia está cada vez más demenciada.

Un hijo que se casa con una criada,...

una hija

que no sabe si se casa con el chocolatero que, a la vez,

es el nieto de la sastra. Y doña Trini,

que no sabe si es señora o menestrala.

-Lo que se oye de ellos por el altillo es que son buenas personas.

Y están muy unidos. -Como deben estar las familias.

Samuel y Blanca no terminarán bien.

Cuanto más quiera atar Samuel a su esposa,

más fuerza le dará para liberarse.

Ya he perdido una hija,...

no me gustaría perder a la otra.

-Todas las familias tienen problemas, señora.

Lo importante es afrontarlos unidos.

-No es el caso de la mía.

Solo espero que todo esto... no aleje a mi nieto.

Ese niño... debe nacer sano...

Y, yo debo ocuparme de su educación.

-La educación de un niño es fundamental para no perderlo.

-Yo educaré a mi nieto. Le pese a quien le pese.

-Tenga paciencia, señora,

que don Samuel y doña Blanca están atravesando un mal momento,

pero eso es algo normal en un matrimonio.

Tal vez... debería apoyar más a su hija.

-¿Te atreves a darme consejos?

No creo que seas la persona más adecuada para decirme

cómo debo tratar a mi hija.

-Tiene razón, señora.

Usted me enseñó una carta... -Sí,

te la mostré,

y con eso tienes bastante.

¿Qué estarías dispuesta a hacer por tu familia?

-Todo.

Si pudiera dar marcha atrás...

-Es iluso pensar eso. No se puede.

¿Recuerdas el día que nació tu hijo?

-Claro que lo recuerdo. Una madre nunca lo olvida.

Silvia Reyes.

Un placer.

¿Cómo, coronel,... acaso no me da la mano que antes exigía?

-¡Se ha hecho pasar por hombre para participar en el torneo!

¡Pero ¿qué clase de burla es esta?!

-Dígame, general, ¿qué es lo que más le ha molestado?

¿Que sea una mujer o que les haya derrotado a todos?

Coronel, si alguna vez pretende vencerme, practique un poco más.

Coronel Valverde.

Disculpe, es que estaba llamando, pero...

no me abría nadie, y la puerta de servicio estaba abierta.

Pero vamos, que si quiere me voy.

-¿A qué ha venido?

-Precisamente de eso quería hablarle.

Es que ha corrido la voz por el barrio y por el mercado

y es que es complicado buscar servicio

con las características que usted desea.

-¿Es complicado

o es que no sabe buscar? -Es complicado, porque alguien

que sepa de administración, de protocolo, servir cócteles,

acondicionar la ropa de un caballero,...

vamos, es que eso no es un criado, es un mirlo blanco.

Y, solo conozco a dos personas que están preparadas para ello.

Yo mismo y Simón Gayarre.

-La última vez que se pronuncia ese nombre

en mi casa. -Sí, claro, como usted mande.

La última, mi coronel.

Sí señor, nunca más.

-¿Sabe afilar un florete?

-Bueno, sé afilar un cuchillo jamonero.

No creo que haya mucha diferencia. -¿Un cuchillo jamonero, ignorante?

Los floretes no se afilan.

-Precisamente siempre he querido aprender esgrima,

como todo un caballero.

-Tú lo has dicho, es cosa de caballeros.

-Claro, es que no me imagino una señora con un sable en la mano.

-Sal de mi casa. -Sí, señor.

-Y no vuelvas por aquí hasta que no hayas encontrado una persona

con las características que te he dicho.

-A la orden, mi coronel. -¡Fuera!

-Sí, señor, sí.

¿Ves como la obra te iba a gustar?

El texto de Galdós es excepcional.

Y las interpretaciones de Emilia Llorente y Francisco Fuentes,

brillantes. -Cierto.

La obra es una oda a la razón por encima del fanatismo.

Y a la verdad por encima de la mentira.

Me alegro de que la hayas visto. Te conviene pensar en ella.

-Si intentas afearme algo, te recuerdo que siempre

he sido un hombre sincero.

-No sé a dónde quieres llegar con este paripé de felicidad.

-La felicidad nunca es un paripé.

Sino un objetivo tras el cual correr, se alcance o no.

Ahí vienen los Álvarez Hermoso y tu amiga Leonor.

Sé discreta.

-Sí, mi amo y señor.

-Buenas tardes, ¿no les parece que hace una bonita tarde de invierno?

-Parece que este año se va a adelantar la primavera.

-Bueno, no creo, todavía nos quedan nieves.

-Espero que así sea. Ya conocen el refrán:

"Año de nieves, año de bienes".

-¿De paseo? Vamos a La Deliciosa a tomar un chocolate.

Desgraciadamente, los Ferrero no tardarán mucho en venderla.

Esperemos que los nuevos dueños no la cambien.

-Y que no cambien la receta de los bollos suizos.

Son los mejores de la ciudad. Nosotros venimos del teatro,

de ver la última obra de Galdós, "Electra".

-Ay, me muero de ganas de verla. Podríamos ir, Felipe.

-Si quieres, compro entradas para esta misma semana.

-No se van a arrepentir.

¿Verdad, cariño? -Verdad.

-Blanca,...

mañana pensaba ir a la librería. De hecho,

quería buscar unos libros de Galdós. ¿Te importaría acompañarme?

-Estaría encantada.

Si a ti te parece bien, claro.

-¿Cómo me va a parecer mal, amor mío?

Pero... vayamos a casa, tienes que descansar,

ha sido una tarde muy ajetreada.

Con permiso.

-Parece que las cosas les van mejor. -Eso parece, sí.

¿No está doña Trini? -Ha salido.

-¿Se puede creer que me han robado el uniforme?

-¿Robado? Pero ¿quién va a querer el uniforme de una criada?

-Pues... otra criada será.

Pero mire que me extraña, que todas somos muy miradas para lo ajeno.

Me parece raro, raro. Están pasando cosas

que nunca antes habían "pasao".

-¿Y tú crees que tiene algo que ver... con mi mal de ojo?

-No. Esto no tiene nada que ver con eso.

-Cierra la puerta,

que nadie nos escuche.

-Qué secretismos.

-¿Significa algo ver una mariposa?

-Que antes ha sido un capullo.

-Digo que si quiere decir algo para una novia.

La mariposa era blanca.

-Las cosas blancas siempre son buenas para las novias.

-O sea, que es una señal de buen agüero.

-Digamos que sí.

-¿Aunque sea de papel?

-No la entiendo.

(Llaman a la puerta)

-Ve a abrir y ahora te lo explico.

Tenemos que intentar arreglar esto sea como sea.

¿La niña se casa o no? -¿Qué quiere usted que le diga?

Conoce usted a María Luisa desde que era casi una niña.

Es como una veleta. Hoy sí, mañana no.

-Pero es que eso del mal de ojo es una chifladura, don Ramón.

-Y tanto.

Si quiere que le sea sincero,... ni ella misma se lo cree.

Lo que pasa es que tiene mucho miedo de dar el paso y se agarra a ello

como un clavo ardiendo. -¿No está segura de amar a Víctor?

-Requeteconvencida. En mi opinión, cederá y se casará.

¿No ve usted que yo estoy muy poco preocupado?

Y don Felipe, ¿no viene?

-Ha ido al quiosco, a por el vespertino

antes de que Fabiana cierre.

Ah, mírele, aquí está.

-Don Felipe.

¿Qué trae la gacetilla que le tiene a usted tan pendiente?

-Vengo leyendo lo de la alianza de Japón y Reino Unido

para parar a los rusos.

-Desde luego,... da miedo. El día menos pensado

se lían todos a tiros y se monta

una guerra. -Esperemos que no.

-Felipe, no tengo ni idea de lo que estás hablando.

-Disculpen que me entrometa, pero yo también estaba leyendo la noticia

y creo que el señor... -Palacios, Ramón Palacios.

-El señor Palacios está en lo cierto, todo esto

posibilita una guerra.

Tras el acuerdo firmado entre Inglaterra y Japón,

Rusia tendrá que firmar con Francia.

-Solo faltan los alemanes y los austrohúngaros en el pastel.

-Entrarán. Un acuerdo con China, quizá.

-Así ya estamos todos. -¿Y eso significa que habrá guerra?

-Por favor, siéntese aquí con nosotros.

-Gracias. -Veo que está muy informada

sobre política internacional.

-Les diré que, pese a las perspectivas,

yo soy bastante optimista.

Y creo que, el hecho de que todos se asocien con todos, es el seguro

para que no haya una guerra.

-Explíquemelo, no lo entiendo.

-Se forma un equilibrio entre las fuerzas.

Ninguno es más fuerte que los demás, pero tampoco es más débil,

y no se atacan por si acaso.

-Muy instructivo, señorita...

-Reyes. Silvia Reyes.

-Yo soy Felipe Álvarez Hermoso.

-Yo Celia Verdejo. -Un placer.

-Siga hablando

de política internacional, Silvia. Da gusto escucharla.

Pues son... rosas blancas y camelias rojas.

Que he ido a la biblioteca y consultado un libro

y significan amor eterno.

-Tengo que hablar contigo.

-Uf, uf. Eso no sé si es bueno o malo.

-Ni yo. Vamos a sentarnos.

-Déjame antes que yo te diga una cosa.

Yo siempre he soñado con casarme contigo.

Y con que hiciéramos muchos niños. Y muchas niñas.

Que se parecieran a ti. Con esos ojos que tú tienes.

-Yo también lo deseo.

-Por eso a mí me da igual si veo un gato negro,

si paso por debajo de una escalera o si rompo mil espejos.

Yo sé lo que quiero. Te quiero a ti.

Y nada me va a hacer renunciar a una vida contigo.

-Hoy he visto una mariposa blanca. -Anda.

-Según Trini, es una señal de matrimonio feliz.

-¿Y eso anula las anteriores señales aciagas?

-La mariposa era de papel. ¿Fuiste tú?

-Sí.

-A lo mejor las señales no son buenas,

pero que hayas hecho eso es una prueba de que estás dispuesto

a hacer cualquier cosa por nuestro matrimonio.

Hasta el ridículo. -Pues claro que sí.

Yo con tal de hacerte feliz...

-Eso espero.

-Esto entonces... ¿significa que sí o que no?

-Que sí.

-Ven para acá entonces.

Debemos acostumbrarnos a que las potencias europeas

no luchen en sus territorios,

sino en las colonias. La guerra de los Bóeres,

no es una guerra entre ingleses

y colonos. Es una guerra entre ingleses

y colonos auxiliados por Holanda y Alemania.

-Interesante visión, ciertamente. -Siendo así,

veremos más guerras en África y Asia.

-Sin duda. -¿Y España?

-Nosotros contamos poco en materia internacional,

pero yo no descartaría que en un tiempo nos encontremos luchando

en el norte de África, en Marruecos.

-Dios no lo quiera. -Da gusto oírla hablar, Silvia.

No la había visto antes por el barrio.

-He llegado de París hace una semana,

justo a tiempo de participar en un campeonato de esgrima.

-Pensé que no estaba permitida la práctica de esgrima de competición

para mujeres. -Me hice pasar por hombre.

Y no debí hacerlo muy mal,

cuando vencí en la final. -Bravo.

-Tendrían que haber visto la cara de mi contrincante

cuando me quité la máscara. -¿Y se puede saber quién era él?

-Se dice el pecado, pero no el pecador.

Era un militar retirado. Muy buen tirador.

-Pero mordió el polvo. -A dentelladas.

A dentelladas.

(RÍE)

-Silvia Reyes.

-Coronel Valverde.

Qué casualidad.

-Ya veo que se conocen ustedes.

-Sí. Nos conocemos.

¿Le pido a Carmen que traiga el postre?

-No voy a tomar.

-Le he pedido que haga pudin de café, es tu postre preferido.

-No me apetece.

-Mañana tengo una cita con el montador de joyas.

Necesito un nuevo engarce para un nuevo anillo que tengo en mente.

¿No te interesa saber cómo es?

-No, no me interesa.

No me interesa el teatro, ni el postre que has pedido

ni el engarce del anillo. ¿No te das cuenta que no me interesa

nada de esto, Samuel?

Estamos solos.

No tenemos que aparentar que somos

un matrimonio feliz.

No tenemos que representar ninguna farsa.

-Lo seremos.

-No, de ninguna de las maneras.

-Estás siendo una desagradecida...

que no valora mis esfuerzos por que todo vaya bien.

-Samuel,...

yo comprendo que es muy difícil digerir lo que te dije anoche.

Pero tarde o temprano tienes que hacerlo.

Tenemos que pactar mi salida de esta casa.

-Yo ya tengo un pacto contigo,

el que firmamos ante Dios.

El que dice que permanecerás a mi lado hasta que la muerte nos separe.

-Pues a mí se me ocurren mil motivos para anular esa promesa.

-Y a mí, mil motivos para mantenerla.

Y el primero es que te conviene. -¿Me estás amenazando?

-No lo necesito.

Eres mi mujer.

Y te vas a quedar en esta casa lo quieras o no.

He intentado hacértelo entender por las buenas.

Pero está claro que tendré que ser

más contundente.

Bueno, no mires hasta que yo te diga, y prométeme

que no te vas a burlar de mí. -Nunca.

-Ya.

-Cariño,... estás preciosísima.

-¡Eh, que me lo has prometido! -(RÍE)

-Perdón. -Hombre.

-Es que... -Para ya, Liberto, ¿eh?,

no me hace gracia.

-A ver, a ver, cariño, que no me estoy riendo de ti.

Pero es que una señora como tú y de sabrosa apariencia, pues,

jamás va a poder hacerse pasar por chacha.

"Por eso, queridos amigos,

mi corazón se enternece y, al tiempo, se agita

a la vista de estos dos jóvenes

que hoy reúnen sus almas en una sola,

haciéndonos a algunos recordar

y a otros ansiar la cercanía de nuestro ser amado".

-Precioso.

Leonor, de verdad, esto es una joya.

Se me han puesto los vellos como escarpias.

-Díselo a María Luisa, a ver si me la condicionas.

Que hasta ahora, ni uno de mis escritos le ha satisfecho.

-Tú ten paciencia que eso son los nervios antes de la gran fecha.

¿Dónde vamos a sentar a Lolita en el convite?

-Pues a mi lado, ¿dónde va a ser?

-Claro, Ramón.

Es que no hay otro sitio.

-Eso lo dirá usted.

El resto del servicio no está invitado.

Pero...

tendrán sidra para brindar, en el altillo, claro.

-No seas absurda, niña.

Lolita es la prometida de tu hermano.

Y, en circunstancias normales, debería sentarse en nuestra mesa.

-¿En la familiar?

-¿En la familiar?

Pues naturalmente.

-El problema es qué hacemos luego. ¿Vamos a permitir

que siga sirviendo?

Carmen, Carmen,...

estoy buscando servicio para el coronel Valverde.

¿Usted no conocerá a alguien...

alguien como usted, valga la redundancia?

-¿Y cómo se supone que soy yo?

-Pues como una señora pero sin parné,

que domine las letras y también

el besamanos.

Que no se niegue a nada y no se dé alegrías

impropias de la ley de Dios. -Así es como usted me ve.

Como una beata sumisa.

Pues váyase usted con el diablo. -"Cierto es..."

que mentí para participar en los combates.

Pero defiendo ese código de honor como si me fuera propio,

porque de otro modo, iría alardeando de mis victorias.

-Solo me falta oír que iría usted alardeando por las tabernas.

-Podría dar los nombres de todos aquellos a los que he derrotado.

Pero mi honor me lo impide.

Porque, ¿cómo cree que se sentirían los vencidos

por una mujer tiradora, coronel? -Pues no puedo explicarlo.

Soy un simple soldado que puso y pondría su vida en juego,

no soy ducho en palabras.

¿Siempre trata usted de quedar por encima de los hombres?

Qué alegría verla por aquí de nuevo. ¿Va a trabajar?

-No, hijo, no. Vengo a recoger unos enseres que necesito.

No abriré de seguido... hasta nuevo aviso.

-Pues hace muy bien. Qué leñe. Descanse y despreocúpese un poco.

-¿Cómo va lo de la venta? -Bien.

Dentro de poco me reuniré con Samuel.

Llegaremos a un buen acuerdo.

-Me alegra oírte decir eso.

¡No me lo puedo creer!

Pero...

-"Eres libre, mi niña".

Puedes coger el portante y salir por esa puerta

cuando lo desees.

-¿Pero?

-Pero ¿qué sucederá después?

¿Acaso piensas que Samuel se va a quedar de brazos cruzados?

No, hija, no.

Mandará tras de ti a los guardias y...

llegado el caso,... te traerán a la fuerza.

-No hay fuerza,... ni humana ni divina,...

que me obligue a componer lo que ya está descompuesto.

-¿Acaso no hay arreglo posible?

Siempre hay caminos

cuando una sabe dónde quiere llegar.

-No es Samuel mi destino, desde luego.

-¿Estás segura de eso?

-"Escúchame una cosa,..."

¿has visto a Blanca?

-Allá por la tarde la guipé, pero luego no volvió a salir.

¿Quiere usted que le diga algo si la veo ahora de recogida?

-No. No, gracias, si mañana la veo. Hemos quedado

para comprar unos libros.

Pero no olvides nunca...

que nada me duele más que verte sufrir por mi culpa.

Y que siempre te voy a tener aprecio.

Tu dolor y tu congoja pasarán.

-¿Te vas ya a dormir?

-No, Samuel.

Me voy.

  • Capítulo 682

Acacias 38 - Capítulo 682

19 ene 2018

Samuel ignora la petición de Blanca de irse con Diego y actúa como si nada hubiera ocurrido. Blanca desespera ante la preocupada mirada de Úrsula, pero cuando intenta hacer recapacitar a su marido, éste responde con amenazas.

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  1. Marce

    Cuando sera que van a empezar a resolver todos los crimenes que han dejado pendientes? De verdad es solo dramaserie vacios sin final? Esta novela es cada ved mas cansona. Y le Sigrun metiendo pedsonajes en ved de terminarla? Ya no es entretenimien solo pasatiempo. Que pereza y que frustrasjon haber seguido elbhilobpara nada!

    23 ene 2018
  2. Mabi

    Que Víctor se marche so!o a París!!!! Que haga fortuna ,se case con una linda y fogosa francesa y vuelva a Acacias para mostrarle a Maria Luisa lo que se perdió por sus infantiladas !!!! Esa chica solo se quiere ella y sus caprichos y supercherías la van a dejar compuesta y sin novio...se merece quedarse solterona !!!!!

    22 ene 2018
  3. Carmen

    Me gustaría que volviese la mujer de Servando por qué actuaba muy bien, y tano también debería de regresar a la serie, por qué han cambiado muchos personajes que actuaban muy bien , pero DOÑA CAYETANA debería volver , para poner en su sitio a URSULA y dar emoción a la serie.

    22 ene 2018
  4. Carmela

    Creo que mientras Úrsula esté viva, la novela seguirá en pantalla porque no hay personajes mas fuertes que ella. Mª Luisa es muy exagerada con sus caprichos y humores tan intolerables. Apareció Slivia Reyes, quien podría ser interesante junto al coronel. ¡¡¡Quienes lograron que la novela sea mi preferida son los autores y actores a quienes felicito!!! (Saludos cordiales desde Buenos Aires)

    20 ene 2018
  5. Martha

    Fin de temporada? Cerrando tramas y entrando nuevos personajes??????

    20 ene 2018
  6. Marilu

    Hay algo en el nuevo personaje, Silvia Reyes que me hace recordar a la madre de Celia, parecidas físicamente y en su carácter y sus maneras algo adelantadas a esa época. Mi ardiente deseo es que lo haga sufrir, lo rebaje moralmente al engreído coronel.- ¿ quien es esta mujer, que está haciendo por Acacias,? ¿ es que, como decimos en mi país, SE TRAE ALGO DEBAJO DEL PONCHO ?

    20 ene 2018
  7. Elenita

    No sé qué pinta ese Coronel en Acacias. Es un estúpido al que nadie quiere. La escena de la Rosina es más sin sentido que toda la trama de la novela junta. Lo único bueno es Blanca y su decisión de irse del lado de ese pelele tan soso que tiene por esposo. Desearía que ella y Diego se larguen de ahí y que Ursula se vaya al infierno con Samuel por haber traicionado al padre y a su hermano con lo de la carta.

    20 ene 2018
  8. Victoria

    El capítulo de hoy ha sido divertido. Me ha gustado el personaje de Silvia (esperemos que esté relacionada con el coronel y no tengamos sorpresas desagradables); Mª Luisa sigue con sus tonterías ¡qué paciencia tiene Víctor!; también Trini ha estado genial: "si da resultado, Mª Luisa es más boba de lo que pensaba; así que mejor que no te cases con ella". El coronel no es que esté tocado es que está hundido, la derrota a manos de una mujer no lo soportan sus "galones". Los que revitalizan la serie son Rosina y Liberto, ella robando el uniforme de Lolita y él con esas miradas ... solo desearía que la escena del próximo lunes sea más o menos como la de hoy pero (sin que Leonor la interrumpa). Sandra y Jorge son irrepetibles e inigualables.

    19 ene 2018
  9. Heidy

    Pobre Samuel, Blanca lo utilizo desde que lo conoció y ahora lo bots como un juguete usado, Diego debe desaparecer, y Blanca quedarse tranquila con Samuel, que deje de jo

    19 ene 2018