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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 676 - ver ahora
Transcripción completa

Bienvenido a casa de nuevo.

-Bien hallados.

-A mis brazos, muchacho.

-"Llevo una vida dentro de mí".

¿Ni siquiera vas a tener compasión del hijo que espero?

Es tu sobrino.

-Descuida.

En ningún momento me he olvidado de ese crío.

-"Lo sé todo, Rosina".

Gracias.

Por devolverme la sastrería,

mis sueños, mis recuerdos,

mi vida.

-¡Auxilio!

¡Que alguien me ayude!

-¡Blanca! Blanca, ¿dónde estás?

-¡Samuel, estoy aquí!

-Por aquí.

Vienen de esa parte.

-"Aunque den con ellas,"

puede que se encuentren con dificultades para volver.

-¿Se quedaría usted

más tranquilo si fuera a comisaría

y participara en orquestar la operación?

-Se lo agradecería mucho.

No te engañes, Samuel. Nadie llegará a tiempo de salvarlo.

-"Bueno, y"

¿cuándo partís?

-Mañana.

Mañana Elvira cogerá el coche rumbo

al convento y yo la esperaré en el cruce.

-"Voy a arrebatarte"

lo que más quieres.

Vas a vivir el resto de tus días amargada.

Añorando al niño que jamás llegaste a tener.

-¡Detente, maldita!

-"¿Elvira se recluirá ahí"

y Simón volverá conmigo?

-Nada más tengo en la cabeza.

Cuéntemelo.

(GRITAN)

Madre.

No. No me deje marchar así.

Abráceme por primera vez

en su vida. Por fa...

Por favor.

(ÚRSULA NO OYE A BLANCA)

-Madre.

Madre.

Madre, preciso de usted. Ayúdeme con Samuel.

Quédese velándolo. Mientras, yo voy a buscar ayuda.

Tenemos que encontrar la manera de llevarle a un médico.

Sujete la tela con fuerza. Contenga la hemorragia.

-No puedes irte.

Piensa en tu hijo. Sabe Dios...

si con el esfuerzo que has hecho

al traerlo desde el bosque

lo habrás perdido.

-Descuide, madre, yo estoy bien.

No tardaré.

Gracias a Dios.

Ay, pobrecita niña, que se pasa todo el rato suspirando

porque no aparecen sus padres. -Pues sí.

Criatura.

Esta mañana, de bien amanecida, me ha pedido permiso

"pa" bajar a la estufa a ver si vuelven.

-¿Qué, dónde está la pequeñaja?

-Pues en la estufa, "emperrá" con que vuelvan sus padres.

-Pues ahora mismo vamos a verle y le damos el regalo.

-¿Ah, sí? ¿Y qué es?

-"Pa" que no se le hiele la cabecita, y así anda bien protegida.

-Es muy "apañao". Seguro que le va a encantar.

-Pues sí.

"Apañao" y abrigadito.

"Pa" que no le salgan sabañones en las orejitas.

-Es lo que le hemos podido comprar con el monís que hemos "juntao".

Hasta el Servando ha "aflojao".

-Uy, pues vaya, eso sí que es un milagro navideño.

Que Servando es más "agarrao" que un chotis.

-Eh, eh. ¿A qué viene ese ataque deliberado a mi persona?

Que sepan todos ustedes

que aquí, servidor, fue el primero en apoquinar,

que me preocupo por el bienestar de esa criaturita.

-Lo importante es que la niña ya tiene su regalo de Navidad.

-Pues sí.

-Y así le arrancamos una sonrisita a la pobrecita.

-Y bien que la necesita, que la pobre anda

como un alma en pena sin sus padres.

-Ahí tiene usted razón, "señá" Fabiana.

Por muchos regalos que le hagamos, esa niña no volverá a ser dichosa

hasta que esté con sus padres.

-Bueno, que no decaiga. Lo primero es darle el regalo

a la niña y ¿quién sabe?

Igual sucede un milagro navideño.

-Bueno, venga, vamos a buscarla, venga.

Hala.

Venga. Ánimo.

Veo que ya lo tienes todo listo.

Padre,

no le he oído entrar. Estaba inmersa en mis pensamientos.

Despidiéndome de esta calle.

Lo comprendo.

¿Solo llevas esa pequeña maleta?

Poco más voy a necesitar en el convento.

No se entristezca, padre.

Es lo mejor para los dos.

En ese convento seguro que puedo encaminar mi vida.

Y alcanzar la dicha.

Y usted vivirá más tranquilo sin mí.

Te equivocas, hija.

Ningún padre puede sentirse mejor teniendo a su hija lejos de su lado.

Padre, sé que le he defraudado muchas veces.

Pero permítame que le pida algo.

Dime.

Le ruego que... cada vez que tales afrentas vuelvan a su memoria,

recuerde que el amor que siento por usted es honesto y real.

En eso jamás le mentí.

Lo sé, hija.

Pude comprobarlo cuando estaba en el hospital a las puertas de la muerte.

No te separaste de mi lado ni un instante.

Recuerda tú también que te quiero.

Siempre he buscado lo mejor para ti.

Le agradezco sus palabras.

Bueno,... el carruaje ya estará en la calle.

Pues no le hagas esperar.

Perdona que yo no te acompañe, no me gustan las despedidas.

Descuide, padre. Lo comprendo.

Simón, ¿hay nuevas sobre Felipe?

¿Ha dejado alguna nota?

-Lamento decírselo, doña Celia, pero no es así.

-Pues hágame el favor y vaya a casa de don Ramón.

Excúseme porque no voy a acudir a la fiesta de bienvenida

que ha organizado para Antoñito.

No tengo ganas de festejar. -Descuide,

seguro que don Ramón lo entenderá. Le daré aviso ahora mismo.

Señora, le pido que en mi ausencia revise la correspondencia,

creo que hay algunas cartas que requieren...

de su atención inmediata.

(LEE) "Estimada señora, y amiga,...

lamento no poder despedirme como debiera".

"Y le ruego que mantenga en secreto mi partida hasta que sea un hecho".

-Vaya, al final has decidido marcharte, Simón.

"Nunca podré agradecerle lo suficiente la confianza y la estima

que ha depositado en mí".

"Lamento enormemente pagarle así, dejando mi trabajo

de un día para otro sin poder siquiera avisarla".

"Sin embargo, no puedo hacerlo de otra forma".

"Como ya le adelanté,

he decidido empezar una nueva vida al lado de Elvira".

"Dejando atrás mi vida, mi familia".

"Dudo que los míos lleguen a comprender el paso que voy a dar,

sé que nunca perdonarán mi traición".

"A mí mismo me cuesta hacerlo".

"Permítame que abuse de su confianza

pidiéndole que cuide de ellas, de Susana y de Adela".

"Dentro del sobre encontrará todo el dinero

que he ahorrado a su servicio. Entrégueselo a Adela".

"Que le sirva para ayudarla a salir adelante sin mí".

"Siempre suyo,... Simón Gayarre".

-Celia.

¿Y ese gesto grave? ¿Han llegado noticias?

-No. No, no, no, no es eso.

Dígame la verdad, doctor. Se lo ruego.

¿Es grave?

-No tema. Su esposo ya no corre peligro.

Tan solo necesita reposo.

Esperemos que pronto le baje la fiebre.

Ahora debe descansar.

Y no solo por usted, también por su hijo.

-¿Y Diego sabe ya lo que ha ocurrido?

-A eso no puedo responderle. No sé dónde se encuentra su cuñado.

Contraviniendo mis indicaciones, abandonó el hospital.

Déjele dormir. Si recobra la conciencia,...

deme aviso.

-¿Dónde está Olga?

¿Adónde han llevado el cadáver de mi hija?

-Durante la noche, la policía lo llevó

al depósito de cadáveres.

-No seguirá allá por más tiempo.

Llévenlo a mi casa. Allí será velado.

Hable con la policía o con quien sea necesario.

-Dadas las circunstancias del fallecimiento,

no sé si eso será posible. Tenga en cuenta que...

-No permitiré que el cuerpo de mi hija quede abandonado en una morgue.

Lo diga quien lo diga.

Llévenlo a mi casa.

Allí será velado.

Y enterrado como corresponde.

Es mi última palabra.

Ramón, vamos a esperar dentro, que hace frío.

-Sí, por favor. además, me muero de hambre.

-No os preocupéis, que ya está todo preparado.

Y tenemos de todo.

-He oído que al final te vas al convento.

No puedo permanecer en Acacias más tiempo.

Me he enterado de la liberación de Antoñito.

Me alegro mucho.

Gracias.

Quiero que sepas que,...

a pesar de lo que ha sucedido estas últimas semanas,

te voy a echar muchísimo de menos.

Eres más que una amiga para mí.

Eres... mi cómplice y mi compañera.

Yo también te voy a echar mucho de menos,

María Luisa.

Da igual dónde esté.

Ya sea en el convento o en lugar más recóndito del mundo.

Estarás siempre

presente en mis pensamientos.

Suerte.

Adiós, hija mía.

Sé que nunca me perdonarás lo que va a pasar.

Soy consciente que este adiós será para siempre.

Simón. -¡Ay!

Vente a tomarte una copita. No te sobresaltes tanto,

que una tampoco es tan fea. -Estaba distraído.

-A saber qué tendrás en la cabeza. Anda, vente a La Deliciosa,

que don Ramón va a invitar a señores y a criados a celebrar

que se ha hecho justicia con Antoñito.

-Lo sé. Lo sé, pero antes debo hacer unos recados para doña Celia.

Luego trato de acercarme.

-Bueno, pues apresúrate, que te pierdes los festejos.

-Lolita.

-¿Qué?

-Nada. Nada, eso, que...

luego nos vemos.

-Uy.

-Lolita, apresúrate, que te estamos esperando para el brindis.

-Venga, que no podemos empezar sin ti.

-Adelante.

-Que seas muy feliz, Lolita. Te lo mereces.

Queridos amigos,...

estoy seguro...

de que el año 1902 va a ser un gran año

para todos nosotros.

Desde luego, conmigo no ha podido empezar mejor.

Porque me ha hecho el mejor regalo.

Demostrando al fin la inocencia de mi hijo.

-Sí.

Por fin esa pesadilla en la que nos hemos visto inmersos ha terminado.

-Por ti, hijo mío. Para que...

disfrutes de tu libertad

y de la dicha de estar junto a tu familia y...

junto a esa maravillosa prometida que tienes.

Cuídala como se merece.

Porque nos ha mostrado a todos

que vale su peso en oro.

-Venga, Lolita, que te has puesto roja como un tomate.

-Por ti, hijo mío.

-Por mí. -Bueno, por Antoñito y por Lolita.

-(TODOS) Por los dos. -Claro que sí.

-Por los novios.

Vaya, ya me extrañaba a mí

que Servando se perdiera un convite.

-No, yo siempre dedicado a mis obligaciones.

Víctor,...

tengo un telegrama para ti. -¿Para mí?

-¿De quién es? -No lo sé. Ahora lo descubriré.

-Bueno,... pues ya que estoy aquí,...

voy a tomarme un refrigerio, verbigracia... una copita rápida

antes de seguir con mis obligaciones,

que tampoco es cuestión de hacerle un feo aquí a don Ramón.

¿Y la niña, dónde está?

No la he visto en la estufa. -Casilda la subió antes al altillo.

-Casi tuvo que echarle agua para separarla de la estufa.

-"Pa" chasco que sí. Bueno, ya que hemos "brindao",

yo me subo al altillo. No me gusta dejarla sola.

-Te acompaño.

-Servando. Servando, usted se viene con nosotros.

Sí, Servando, tire usted "palante".

-Qué ansias siempre.

-Y a todo esto, ¿por qué no ha bajado Celia?

-Se ha quedado en casa esperando noticias de Blanca.

-Dios no permita que haya pasado nada malo.

También me extraña

la ausencia de Adela.

-A ella se le habrá ido el santo al cielo cosiendo en la sastrería.

-Eso será. Esta chica...

Voy a buscarla.

-Qué frío.

Felipe.

Felipe, andaba como loca aguardando sus noticias.

¿Se sabe algo?

Han encontrado a Blanca y está bien.

-Ay. -Discúlpeme,

voy a comunicárselo a Diego. -Por supuesto.

Comisario Méndez, ¿usted también está aquí por dicho asunto?

-No.

He venido buscando a la hija de Manuel Lizón y Macarena Frías.

¿Dónde la esconden?

Víctor.

¿Qué te sucede?, estás blanco como si hubieras visto una aparición.

-Nada.

Todo bien.

-Reunión de pastores, oveja muerta.

¿Por qué no estáis en La Deliciosa?

¿Estáis tramando algo?

-Que no, abuela, ahora voy.

-¿Y él también viene?

-Es que me he quedado sin hielo en La Deliciosa.

Le he pedido que vaya a comprarme una barra.

-No tardes, Simón.

-Adiós, Adela.

-Vamos, Adela, que no marcha a la guerra.

Se va a por hielo, vamos.

-Parece que... tienes que marcharte.

Te deseo mucha suerte, Simón.

-Cuídate.

Pobre Olga.

Entonces, ¿Blanca está bien?

-Sí.

El comisario Méndez me ha confirmado que está en el hospital. A salvo.

Tratando de reponerse de todo lo ocurrido.

-¿Y Samuel?

-Sufrió un fuerte golpe en la cabeza.

Pero, al parecer, no reviste mayor gravedad.

Los hombres de Méndez los encontraron en una cabaña,

junto al bosque de las Damas.

-Debo ir a ver cómo están. -No, Diego.

¿No sería más oportuno esperar a que ellos volvieran y todo se aclarara?

-No.

No, no puedo ser cauto en semejante situación.

Debo saber cómo están.

No me importa cómo sea recibido.

Les agradezco todo lo que han hecho por mí.

Y por mi familia.

Nunca lo olvidaré.

-"Hale".

A comer, mi niña.

-¿Y a mí no me pones nada, Casilda? -Pues no, Servando.

No, porque usted ya es mayorcito "pa" ponerse las cosas.

-De verdad, qué ingrata eres.

Menos mal que me pillas a buenas, que he visto a don Ramón

exultante de nuevo. Ese hombre es pan de Dios.

-Menos mal que todo se ha solucionado. Lolita estaba feliz.

-Ya. Con lo que ha sufrido la pobre por Antoñito.

Pero bueno,... Así que aplícate el cuento, ¿eh, Virginia?

Nunca hay que perder la esperanza.

Por mucho que se tuerzan las cosas, siempre hay una solución.

-Tienes más razón que una santa. Dios aprieta, pero nunca ahoga.

Ya verás como tus padres volverán.

-Y, mientras tanto, nosotros vamos a cuidarte.

(Llaman a la puerta)

-Abran a la policía. -Es el comisario.

-Venga, vamos a esconderte. -¡Ya va!

Ya va.

(CARRASPEA)

-Hombre, señor comisario, ¿qué se le ofrece?

-Vengo en busca de la niña que esconden aquí.

-¿Ni...?

No le comprendo. Porque, realmente aquí, niñas no...

Hay mujeres, que son bastante mastuerzas,

pero de niñas tienen poco. -Ah.

Que ya sé yo de la niña que habla el comisario.

¿Os acordáis de la niña de la estufa?

-Ah. -De esa.

No hemos vuelto a saber nada de ella.

-Debería ir a buscarla allí. -Sí, sí.

-Yo, si no le importa, sigo merendando.

-No merece la pena que sigan mintiendo.

El comisario sabe toda la verdad.

-Arrea, señorita, y lo dice usted así, con esa sonrisa.

Vamos, hasta Judas

mantuvo mejor las formas.

Pero bueno, mi niña, ¿no te dije

que te quedaras escondida?

-No quiero que tengan más problemas por mí.

Dejen que me lleve la policía. -Descuida, pequeña,

ya sé que la policía no suele dar buenas noticias,

pero no es así.

Pasen. -¡Papá!

¡Mamá!

-Lamento haber dudado de usted, doña Leonor.

¿Cómo lo ha conseguido?

-Esta vez el mérito no ha sido mío,

sino del comisario.

-No podía permitir que la niña pasara unas Navidades

alejada de sus padres.

-Y usted ya puede dejar de comer, no hace falta disimular más.

-No, si ya lo sé, pero a mí, con las emociones, me entra el hambre.

Pareces afectado.

-No dejo de pensar en lo ocurrido.

En su trágico final.

-Pobre Úrsula.

Hasta para ella ha tenido que ser una experiencia terrible.

Tener que acabar con la vida de una hija para salvar a la otra.

-La desgracia parece que se ha instalado en casa de los Alday.

Y su futuro no parece mucho más halagüeño.

-Esperemos que te equivoques y este nuevo año que acabamos de comenzar

les bendiga con...

la solución a sus problemas y sus disputas.

-Me gustaría creerlo.

-Ten fe.

Todo tiene solución.

Y si no, míranos a nosotros.

Pensábamos que todo estaba perdido

y que... ya no quedaba ninguna esperanza.

Y ahora volvemos a estar juntos.

-Tan dichoso final solo ha sido posible

porque eres una mujer maravillosa.

-Bueno, tú también has tenido algo que ver.

Tampoco eres tan malo.

Te has jugado la vida por Antoñito.

Y has hecho... todo lo posible por ayudar a Diego.

-Cosas que quizá hace unos años... no hubiese hecho.

Estar junto a ti me hace ser mejor persona.

Eh.

¿Qué ocurre?

Ahora eres tú la que pareces un poco mohína.

¿He dicho algo inconveniente? -No.

No es eso.

Es solo que estoy preocupada por Adela.

-¿Por qué?

-Tal vez debería ir a hablar con ella.

-¿Le ha pasado algo?

¡Canalla!

Estarás contento, ¿no? Esto es lo que querías.

Miren, miren.

-¿Qué ha sucedido?

-Úrsula, será mejor que hablemos en otro momento.

Ahora no pretendo importunarle.

Créame que lamento lo ocurrido. Le acompaño en el sentimiento.

-¿Cómo? ¿Por qué le da el pésame?

-¿Cómo puedes ser tan cínico?

¿Quién si no tú es el culpable de la muerte de Olga?

-Santo Dios. Olga ha muerto.

-Sí.

Mi hija ha muerto. Este malnacido la mató...

cuando la despreció.

Cuando la trató como una cualquiera y la echó de su lado.

-Contrólese, Úrsula.

-Haría bien en escucharle.

Yo no le hice ningún daño, no puedo ser responsable.

-¡¿Quién si no?!

¿Acaso ignorabas que Olga era una criatura frágil?

Pero a ti te dio igual.

Jugaste con ella hasta hacerle perder la razón.

Estaba tan fuera de sí, que hasta intentó matar a su hermana Blanca.

Y todo por tu culpa.

Ahora, Blanca... se salvó.

Pero Olga está muerta.

Eres tú quien debería haber muerto.

Nada de esto hubiera pasado...

si hubieras muerto en aquella maldita trasfusión.

-Señora,... deberíamos ir a casa.

Debe usted descansar.

-Yo te maldigo, Diego.

Te maldigo.

-"Virgen Santa, dame fuerzas".

Sabes que solo quiero ser una buena sierva del Señor y una buena esposa.

¿Acaso no tengo derecho a querer que mi marido siga a mi lado?

Él hizo unos votos ante Dios, ¿no es de ley que cumpla su compromiso?

Por favor.

Por favor, concédeme el deseo de formar una familia feliz.

Por favor.

Seré obediente y... cariñosa.

¿Cómo voy a tener un hogar dichoso si mi marido no lo es a mi lado?

Por mi culpa,...

por mi culpa, por mi gran culpa. -Adela.

La estaba buscando.

¿Está usted bien?

-Doña Celia, he hecho algo terrible.

-¡Adela, Adela!

Adela.

Adela, eso no es posible, la conozco bien, sé que es usted

una buena mujer. Es incapaz de hacer nada malo.

-No. No, mi egoísmo me ha vencido.

-¿Qué está diciendo?

¿Qué es lo que se supone que ha hecho?

-He tratado de fingir que era ciega, que no sabía

las consecuencias de mis actos.

Pero es mentira.

Es mentira. Sé lo que va a pasar.

Sé lo que va a ocurrir en ese solitario cruce de caminos.

Pare.

Este es el lugar.

Esperaremos aquí.

Mi acompañante no tardará en llegar.

Adela,... ¿de qué cruce de caminos me está hablando?

Tiene que contármelo, si no, no voy a poder ayudarles.

-No, no es usted la que debe hacer algo.

He sido yo la que lo ha provocado. Seré yo la que lo solucione.

-¡Adela, Adela!

Demasiado tarde.

Nada podrás impedir ya.

¿Dónde está Samuel?

Blanca, ¿cómo está?

-Le han bajado a hacerle una cura.

Pero ya está mejor. Apenas tiene fiebre.

-Blanca, estoy al tanto de todo lo que ha sucedido.

Créeme que lo lamento muchísimo.

Jamás pensé que Olga pudiera reaccionar de tal forma.

Te juro que nunca la engañé.

No le prometí nada.

Nunca le dije que la amaba.

Yo solo quería... -Detente, Diego.

No te culpo de nada.

Pero ahora no tengo fuerzas para hablar de lo sucedido.

-Lo comprendo.

-Todos hemos cometido errores

muy graves.

Yo la primera. -No.

No, Blanca.

Tú sí que no has cometido ningún error, ninguna culpa.

-Sí, Diego.

Yo también soy culpable de su muerte.

Detén ya este macabro juego. -De ningún modo.

Quiero que sientas lo que yo sentí.

Que sepas lo que es ser

un desecho.

Mi madre ya te eligió a ti cuando éramos niñas,

¡y ahora lo ha vuelto a hacer!

Me ha repudiado a tu favor y en el de tu hijo.

Y no solo mi madre.

También Diego ha hecho lo mismo.

Es a ti a quien ama. Y por eso te odio más que nunca.

-Debo aceptarlo.

Su muerte es una carga que viajará conmigo para siempre.

No sé si voy a poder acostumbrarme a ese peso.

No sé si voy a ser capaz

de salir adelante. -Blanca, yo te comprendo,

me pasa exactamente lo mismo.

Pero juntos...

lograremos superarlo.

-Todo esto lo han causado las mentiras.

Ellas nos han condenado.

Déjame. Déjame, Diego.

Vete.

Simón, ¿dónde estás?

¿Por qué tardas tanto?

Señora,

ya he dispuesto su dormitorio como usted me pidió.

¿Desea que le prepare una tisana?

(Llaman a la puerta)

Iré a abrir.

Gracias.

Pasen al dormitorio de la señora, al fondo.

Yo les acompañaré.

Gracias, enseguida les acompaño a la puerta.

Señora, si quiere, yo puedo ocuparme de prepararlo todo.

-No, Carmen.

Me corresponde a mí hacerlo.

Déjanos solas.

Al fin.

¿Dónde estabas?

Me tenías con el corazón en un puño.

Perdóname, no podía despedirme para siempre de mi madre

sin dejarle una carta o algo. Siento si te he hecho sufrir.

Descuida. Todos mis males se han ido al verte llegar.

No aguardemos más.

Quiero estar lejos de aquí cuanto antes.

La vida nos espera. Venga, vámonos.

Cochero, arranque, aún nos queda un largo viaje.

-Te equivocas.

El viaje no será tan largo para ti. Aquí ha llegado

a su fin.

Cochero, no te hagas el valiente o te destripo.

Qué caballeroso.

Pero pierda cuidado, la señorita no tiene nada que temer.

Ella no.

Llévese nuestro dinero, pero déjenos seguir el viaje.

-No busca nuestro dinero. -Tiene razón.

Suba al coche, señorita, le llevará al convento

donde debería haberse encaminado. Para él tengo otros planes.

¿Le envía mi padre? ¿Quién si no, Elvira?

Mire, sea lo que sea lo que pague, nosotros le daremos más.

Permítame que lo dude. Su padre sabe pagar

un trabajo muy bien, y yo no le voy a defraudar.

Así que ahora suba de una maldita vez a ese carruaje ¡y márchese!

-Vamos, hazle caso, Elvira. Te prometo que te vendré a buscar.

Nunca.

Te vestiré de blanco.

Como un ángel,

llegarás a las puertas del cielo.

Rezaré por ti a Santa Olga de Kiev.

Ojalá pudiera olvidar...

todo lo que duele.

Prepárese para entregar la pelleja.

¡De rodillas!

¡No lo haga! -Quédate quieta, Elvira.

¡Quieta! Deténgala, cochero.

Que no reciba ella también un balazo.

¡Suélteme! No te resistas.

Nada de lo que hagamos hará desistir a este canalla.

Mi suerte está echada.

-Escúchele, no le falta razón. Así que no perdamos más el tiempo.

¡No, no, no, no, no, no! ¡Por favor, no dispare!

¡Adela!

(Disparo)

¡No!

-¡Quieto ahí, no te muevas!

Usted, apártese de él. Cochero, cójala.

¡He dicho que la coja!

Bien, muchacho,

esta bala sí que llegará a su destino.

-No, no, no, no, no, Adela.

¡Adela!

Simón, necesita un médico.

Nos ha salvado.

Te vas a poner bien, ya lo verás.

-Este es mi fin.

Tenemos que llevarla a un hospital, Simón.

De nada serviría.

La vida se escapa entre mis manos.

-No, no, no, no, no lo voy a permitir, Adela.

-Se acabó, Simón.

Todo esto es culpa mía. Yo os delaté.

-No... no digas tal cosa.

-No llores, mi amor.

No llores.

No te guardo rencor.

Gracias a ti,...

muero habiendo conocido el amor.

Tú me diste la felicidad que solo me atreví a soñar.

-Cállate, te vas a poner bien, ya verás.

-Escapad.

Por favor, escapad. No volváis a Acacias.

Haced que mi muerte

sirva de algo.

Sed felices.

Prométemelo, mi amor.

-No.

No, Adela.

Adela.

Ojalá pudiera escoger...

qué olvidar.

Simón, tenemos que marcharnos.

No puedo hacerlo. No puedo hacerlo, Elvira.

Esa ha sido su última voluntad.

¿Y dejarla aquí, abandonada?

A mí también me duele en el alma.

Haremos lo que tú decidas.

Pero si regresamos,...

mi padre no parará hasta cumplir lo que se ha propuesto.

Te matará a ti.

Y logrará separarnos.

Pero si es lo que crees que tenemos que hacer, lo haremos.

No. No, no, no.

Adela no quería que su muerte...

fuese inútil.

Se ha sacrificado por nuestra felicidad, se lo debemos.

Se lo debemos a ella.

Adela, cumpliremos

con tu generoso deseo.

Muchas gracias.

Te quiero.

Debemos asegurarnos de que le den cristiana sepultura.

Vaya a la calle Acacias.

Busque a doña Celia Álvarez Hermoso y cuéntele todo lo que ha sucedido.

Que entierre a esta mujer.

Dígale que se lo ha pedido Simón Gayarre.

¿Seguro, Simón? Sí, sí. ¡Corra!

Lo lamento.

Lo lamento profundamente, madre.

Todo lo hice mal.

-El tiempo no vuelve atrás.

De nada sirve llorar por la leche derramada.

-Si yo hubiera logrado escapar de ella.

-Calla.

Respeta a tu hermana.

Es su momento.

-"Tras la trasfusión, mi hermano no quería saber nada más de mí".

-¿Ve? Eso sí que es algo doloroso.

Los hermanos no deberían estar enfrentados.

-Eso pienso yo.

-¿Por qué no da usted el primer paso y va a visitarle al hospital?

Tal vez sea lo que él necesita para hacer las paces definitivamente.

-No lo creo. Los dos somos muy tercos.

Debe ser una característica de los Alday.

-Hasta que uno tienda la mano...

y les haga recordar que son hermanos.

-"Te han dado el alta".

-Así es.

¿Vamos a tener que soportar mucho más tiempo

el cuerpo de Olga en casa? -Samuel,...

está muerta. Ten compasión. -Ya sé que está muerta.

Pero me gustaría que tardara lo menos posible en salir de aquí.

-Mañana es el entierro.

No tienes por qué asistir si no lo deseas.

-Pobre Adela.

Siempre en su mundo de fantasías.

No la he visto en toda la tarde.

-Yo la he visto antes, y salía corriendo de Acacias.

No sé si iba buscándoles o no sé si sabría dónde iría

o dónde se encontrarían.

-Ay, Dios mío. Que no ocurra nada.

-"Doña Úrsula,..."

dice usted que volvió a por sus dos hijas.

-Así es.

Suerte tuve de encontrarlas a las dos.

Y a tiempo.

De no ser así,

Blanca no estaría sentada ahora con nosotros.

-Le salvó la vida a Blanca,

le arrebató el puñal a Olga. ¿Fue necesario darle muerte?

Usted tenía el puñal. Olga estaba reducida y desarmada.

Y aun así la mató.

A sangre fría.

-"Doña Celia".

Doña Celia, venga un momento, por favor.

-¿Qué ocurre? -Es que hay un cochero ahí que...

Prefiero que lo vea usted con sus propios ojos.

Usted... prefiero que espere, doña Susana.

-¿Por qué, qué pasa? -Porque prefiero que lo vea primero

doña Celia, por favor.

-Dios mío.

(REZA)

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Acacias 38 - Capítulo 676

11 ene 2018

La policía encuentra a Blanca y Úrsula. Los médicos atienden a Samuel. Felipe cuenta a Diego que Blanca y su hermano están en el hospital. Todo el barrio se entera de lo sucedido. Elvira se despide de Arturo. Simón deja una carta de despedida a Celia. Elvira se marcha de Acacias y llega en carruaje al lugar concertado con Simón. Adela no puede con sus remordimientos y sale corriendo para avisar a Simón y Elvira. Ramón celebra el regreso de Antoñito con los vecinos. Víctor recibe una misteriosa carta. Simón llega al encuentro de Elvira. Un secuaz de Arturo intenta matar al mayordomo.

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  1. Carla Iglesias

    Ayer fue Olga... hoy la pobre de Adela mataron a los 2 personajes q más compasión inspiraban bueno vamos a ver q rumbo toma ahora la trama por q el triángulo amoroso de la "sufrida" blanca me cansa mucho... la serie en general me encanta el vestuario y los diálogos son inmejorables...

    18 ene 2018
  2. Lolita

    Aunque ha pasado hace mucho, con la muerte de Pablo se extinguió la (asesinada) familia de Guadalupe, Manuela y Panlo. Y con ello han asegurado la impunidad y el olvido de estos crímenes. Me parece una incongruencia a nivel de guión. ¿Cómo van a recibir justicia estos pobres personajes? Nunca, porque para eso hay que ser inteligente y consecuente previendo el desenlace de los nudos que se presentan en la trama. Pero hace mucho que comprendí que esas dos características (inteligencia y consecuencia) no se pueden atribuir a los guionistas de Acacias 38. ¿Que por qué sigo viendo una serie cuya calidad brilla por su ausencia? Únicamente por inercia y por el gusto de ver en la pantalla FIN

    14 ene 2018
  3. Laura

    Me permito comentar que la televisiòn pùblica no puede actuar solamente segùn el mercado, el numero de espectadores y las ganancias por los insertos de la publicidad, sino que deberìa transmitir valores éticos y históricamente verdaderos.Una novela que presume mencionar la historia del pasado, que nombra personajes que realmente existieron en el siglo pasado como reyes, doctores, escritores, actores, directores de cines, musicos, que a menudo se mencionan en la novela, en realidad, nos hace entender también que en España en 1800-1900 los asesinos seriales quedaban impunidos (lo que pasa en esta novela con Ursula y Cayetana y en la de "Puente Viejo" con el personaje de Francisca) (desde Italia)

    13 ene 2018
  4. Este comentario ha sido eliminado

    13 ene 2018
  5. Carmela

    Sigo la novela por Internet y me atrapó desde el comienzo, me encanta todo, la trama, los actores que son excelentes cada uno en su personaje, el vestuario que es perfecto, la ambientación con todos sus detalles. ¡¡¡El capítulo de hoy da para varios mas, felicito a los autores, el elenco y demás!!!... Saluda cordialmente, Carmela Argenta desde Buenos Aires.

    12 ene 2018
  6. bln

    Bueno pues desde la cadera internacional os tengo que decir que ya es un poco comica. Cuando muere Olga, nos dijimos... a que resucuta! Imaginaros las carcajadas cuando Olga pone la mano a Ursula por detràs. Que risa! La niña Virginia, no lo entendemos, a no ser que el hijo de Celia y Felipe vuelva para enamorarse de ella ( una idea de guion La monja, pues esta bien que se la carguen. Ahora Don Arturo caera en los brazos de Susana para # Susanar# las penas.Si no se muere algun novio, pues habra alguna boda. Ahora que si Victor vende la chocolateria y se tiene que ir a Francia no habra bodas porque no habra invitados... Nosotros estamos en Francia y bueno pues si quereis venir a rodar aqui, porque Elvira Simon Victor sus padres Quizas que también Mauro y Teresa esten por aqui.. Puede venir el hijo de Celia desde Inglaterra y ya esta se arma la marimorena. Cayetana que habra venido ha hacerse la estetica despues de haber estado desfigurada por el incendio;;;Nos encantan estas series tragicocomicas. Aqui no hay este humor español! y Olé

    12 ene 2018
  7. Louis OLARTE

    Actores excelentes pero desgraciadamente el guión no está à la altura Mucho detalle inverosímil, además à cada secuencia evidentemente alguien escucha lo que no debería escuchar! Basta ya de tanta basura y de tanto elogio à la maldad y al sadismo

    12 ene 2018
  8. Beatriz

    Al verlos juntos en la escena del altillo al ir a buscar a la niña, pensé lo mismo que comenta Evelyn, mas abajo. No se porqué, pero me imaginé un romance entre Leonor y el comisario, no estaría mal

    12 ene 2018
  9. Adelia

    Que está pesada? No, pesadisima. Ya va siendo hora de que termine. Yo empecé a verla hace dos años y medio y ya llevaba su tiempo. Primero Cayetana, malísima, y ahora le sigue Ursula. Ya no interesa esta novela. Hablo con amigas que la seguían y ya se aburrieron. A mi no me viene mal que siga puesto que es mi hora de reposo después del almuerzo y me duermo mi siesta. Pero si que termine ya por favor

    12 ene 2018
  10. Carmen

    La novela está preciosa me e enganchado en verano pero mi madre lleva viéndola desde q empezó y a mi los personaje que más me gustan son Simón y Elvira me encantan , pero me gustaría que apareciese doña Calletana es un buen personaje , gracias saludos

    12 ene 2018