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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 675 - ver ahora
Transcripción completa

Levántate, anda.

Y descansa.

Mañana te voy a llevar a un sitio.

-"No la voy a mentir".

Es verdad que es Rosina quien está tras la recompra de la sastrería.

-Seguro que te costó convencerla. -Se equivoca.

Fue idea suya. Se encargó de todo.

Pero ¿y por qué?

-Por amistad.

-"¿Dónde está Blanca?". ¡¿Dónde está Blanca?!

-(RESPIRA CON DIFICULTAD) -Usted sabe dónde está.

-No dirá nada hasta que no hayas quemado la declaración de tu padre.

-"No puedo volver, tengo que ir a por Blanca".

-No va a encontrar a nadie en su estado.

Le tienen que atender.

Voy al juicio, después iré a verle.

-No. -Diego, basta.

Es un irresponsable.

Este hombre le hará ver el caso de otra manera.

Belarmino le engañó y utilizó para sostener su mentira.

Le pido unos minutos más.

-Adelante.

-"Mañana saldrás en un carruaje"

y te esperaré a las afueras de la ciudad.

De ahí iremos a Barcelona para coger el barco a Génova.

¿Por qué a Génova?

Porque tengo contactos allí.

Trabajé para un conde italiano.

Podré conseguir trabajo

de mayordomo para él o para algún conocido.

Será maravilloso.

Yo tardaré poco en hablar italiano.

¿Ramón? ¡Antoñito, hijo!

Qué alegría, por favor. -Soy libre.

Soy libre. -Hermano.

-Esto se merece un plauso. ¡Bravo!

No digas que sabes todo lo que he sufrido, porque no es verdad.

No lo entiendes,

pero muy pronto lo harás.

Nueve y...

diez.

¡¿Olga, dónde estás?!

(LLORANDO) No me hagas esto.

Olga.

No me dejes aquí,

por favor.

-Vas a ponerte en mi piel.

Vas a sentir lo que yo sentí:

el miedo, la desesperación.

Piensa en una niña de cinco años

que adoraba a su madre

y que confiaba ciegamente en lo que ella dijera.

Una niña a la que abandonaron a su suerte

en este bosque que parece un laberinto.

Vas a sentirte perdida, desubicada.

Todo tu cuerpo temblará al escuchar los ruidos del bosque.

El sonido de los animales acechándote.

Muy pronto serás consciente de que nadie acudirá en tu ayuda.

Que te han abandonado como si fueras basura.

-¡Cállate!

-Muy bien, Blanca, conservas a furia.

Quizás te permita vivir unas horas más.

-(BLANCA LLORA) -¿Tan pronto piensas rendirte?

Yo pasé días antes de que doblara mis rodillas.

Sentía el hambre, la sed,...

hasta que ya no sabía si lo que veía

delante de mí era real o fruto de mi mente torturada.

-Ten piedad de mí.

-Nadie la tuvo por mí.

-Recuerda que llevo una vida dentro de mí.

-¿Ni siquiera vas a tener compasión del hijo que espero?

Es tu sobrino.

-Descuida.

En ningún momento me he olvidado de ese crío.

No deberían vernos juntos.

-No se inquiete.

Me iré enseguida si me dice lo que quiero saber.

-¿Hay alguna nueva?

-Elvira se va mañana al convento, según su lengua falaz.

Pero usted y yo sabemos que se fugará con su esposo.

Quiero que me diga todo lo que sepa de esa huida.

-¿Qué quiere que sepa yo?

Créame, no dispongo de más información.

Le he contado todo lo que sabía.

-No es suficiente para lo que trato de hacer.

-¿Qué tiene en mente?

-Cuando sellamos nuestro pacto, le dije que tomaríamos medidas.

Necesito conocer todos sus movimientos.

¿No le importa que su marido se vaya?

-Sería como si me arrancaran el alma.

-Tiene un día para averiguar cómo y dónde se irán.

-Pero no podría hacerlo.

Mi marido no me mantendrá al tanto de lo que traman.

-Pues búsquese las mañas, por la cuenta que le trae.

¿Qué hace usted aquí?

¿Te está importunando, Adela?

-Veo que está preparando su fiesta.

Por eso he venido. Me he sentido excluido

al no ser invitado. -Tengamos la fiesta en paz.

Después de haber intentado matar a mi nieto,

solo me faltaba bailarle el agua.

Será mejor que dejemos de tratarnos.

-Veo que habla usted clarito.

-Salga de aquí. No es bienvenido a la sastrería.

-Me decepciona, doña Susana.

Lo ocurrido entre Víctor y yo es un mero lance

entre caballeros que se ha saldado con honor por ambas partes.

No justifica la falta de cortesía que implica excluirme

de su celebración.

-Por favor,

no sigan por ese camino.

La amistad entre las dos familias no es posible, pero

intenten mantener la compostura.

Sería preferible que se marchara.

Le agradezco su mediación, señora de Gayarre.

Me iré.

Le deseo éxito en su fiesta y en la nueva singladura de su negocio.

Buenas tardes.

(Llaman)

Ya va, señora.

Ah, es usted. -Samuel.

Úrsula.

Samuel... ¿Dónde están?

-No están ninguno de los dos, señor, se fueron.

-¿Adónde?

-El lugar no lo sé, pero creo que era...

un asunto de la joyería.

-Me estás mintiendo.

¿Quieres que me crea que con Olga y Blanca desaparecidas se han ido

a atender un asunto de la joyería?

-Como usted diga, pero así me lo aseguro

la señora. -Sigues mintiendo.

Dime la verdad o lo lamentarás. ¿Dónde están Úrsula y Samuel?

-No lo sé, señor, créame. -Estás acabando con mi paciencia.

O me dices la verdad ahora mismo...

-Señor, ¿necesita algo?

Siéntese.

Le traeré un vaso de agua.

Calla.

¡Dime la verdad!

-No lo sé.

-Créame. -Carmen, o me dices la verdad...

-Se fueron al bosque.

Al bosque de las Damas.

A la cabaña donde se crió la señorita Olga.

-¿Por qué?

La señora cree

que Olga llevó a doña Blanca

a ese lugar.

-Carmen, no quería asustarte. No me quedaba otra opción.

No tengo nada contra ti.

Ah.

-Por los alrededores no hay nadie.

Tan cierta que estaba usted de que las encontraríamos aquí.

-Eso refuerza mis sospechas.

Si no están aquí, han debido ir al bosque.

-Me está bien empleado por haber confiado en usted.

Solo quería que rompiese la declaración de mi padre.

-Te juro que creía

que encontraría a mis hijas aquí.

-¡Me ha hecho perder mi tiempo miserablemente!

Regreso.

Hablaré con la policía. -Samuel,

espera.

Mis hijas... han estado aquí.

-Eso no prueba nada. No es usted tan lista.

Cualquier vagabundo podría haber preparado la sopa.

-Sea quien sea, no ha pasado mucho tiempo.

-¿De qué habla?

-La sopa

no tiene capa de grasa, es reciente.

-¿Y dónde están?

¿Adónde pueden haber ido?

Ya te lo he dicho,

al bosque.

-¿Para qué?

-Olga ha llevado a Blanca a donde su desgracia empezó.

Vamos a buscar su rastro.

-Este bosque es un embrollo de sendas y barrancos.

-No las encontraremos si no lo intentamos.

-"Ahora que se han marchado todos,"

bienvenido a casa de nuevo.

-Bien hallados. -A mis brazos, muchacho.

-Gracias, padre.

Gracias por todo.

-¿Y yo qué? Que no me quiero quedar sin abrazo.

-¿Y para mí no hay?

(RÍE)

Hueles un poco a mazmorra.

-La verdad que sí que hueles, amor.

-Antoñito, haz el favor, ve a darte un baño

y emperifóllate, que vamos a bajar a la sastrería.

-Eso. Y que todos te den la bienvenida.

-Así le contaremos

a todos que has sido declarado inocente.

Recuperaremos

el honor de la familia y tu buena fama.

-Buena fama yo no he tenido nunca.

-No digas eso, hijo, pecadillos de juventud.

Estamos muy orgullosos de tenerte de nuevo aquí.

-Bueno, venga,

que llegamos tarde, y Rosina se come todos los canapés.

-Bajen ustedes.

Ha sido un día muy largo y muchas noches

en un jergón. Tengo ganas

de darme un baño caliente

y dormir en un colchón

que no me destroce.

-El chico tiene razón. Yo también noté la tensión del día.

-De eso nada, tú no te quedas aquí. Vamos.

-A tus órdenes, mi comandanta.

-Vamos, hija, entre los tres les contaremos

los detalles del juicio

y la inocencia de tu hermano.

-Yo te preparo una cena y un baño.

(Se cierra la puerta)

Ahora soy la señora del altillo.

-Eres la princesa del altillo. Mira.

Y así se ponen el sombrero las princesas.

Pero como son de sangre azul...

Ya ves tú si la tienen azul,

que todos tienen la sangre igual, hasta los animales.

-¿Jugamos?

-Que sí. A ver, tú eres...

una princesa y, yo soy la camarera de la princesa.

Usted me puede pedir todo lo que desee.

-A mí me gusta cuando hay carne en los garbanzos.

-Criatura. Pero pide algo mejor, algo como...

un "bongambante".

-No me gustan. Son como los saltamontes, pero más grandes.

-Y lo mismo saben igual.

Yo nunca los he probado, servirlos sí, pero probarlos no.

¿Y a quién invitamos?

¿Al conde

Villamora?

-Si son amigos tuyos...

¿Podemos invitar al Napias? -¿Al Napias?

¿Quién es?

-Uno que pide perras con mis padres.

-¿Qué te ocurre, Virginia?

Señorita, ¿qué hace usted aquí?

Era por preguntar. Usted pude estar aquí

cuando quiera. -Vamos, Casilda, déjalo.

Venía hablar contigo.

Hola, pequeña.

¿Y esas manos tan sucias?

Anda, ve a lavarte.

Casilda, tenemos que buscarle otro lugar.

No puede quedarse aquí.

Si la descubre un vecino va a llamar a la policía.

Por doloroso que sea, nosotras no podemos darle cobijo.

Sería ilegal.

-Nosotros solo la estamos cuidando hasta que aparezcan sus padres.

Con todos mis respetos,

¿ha hecho algo para sacar de la cárcel a...?

Ya sabe usted quien.

-He hablado con un par de directores de periódico.

A ver si se ponen en contacto con el Ministerio de Justicia

e intentan mediar.

Es todo lo que está en mi mano.

-Dígame la verdad, ¿usted cree que esos periodistas

pueden hacer que los padres de Virginia estén

en la lista de indultos?

-Yo no me haría ilusiones. Esa lista es un paripé.

Sueltan a dos desgraciados para encubrir

que en realidad lo que quieren es soltar a los hijos de los ricos.

-Arrea.

Solo sirve para los que están bien apañados

y tienen agarre en los cielos, ¿no?

-Eso es.

La gente que no tiene posibles no entra en esa lista.

-Siempre jeringando a los que estamos más abajo.

Pero doña Leonor, piense, usted conoce a gente

bien "enconpetá".

¿A quién se puede tirar de la levita

para que nos ayude. Algo podremos hacer.

-Sí. A ver...

¿Y si...? -Virginia, pero bueno,...

¿adónde vas?, si no hemos terminado de jugar a las princesas.

-No quiero ser

ni princesa ni señora ni "na".

Solo quiero que mis padres vuelvan.

Aunque no haya...

ni "bongambante", ni garbanzos ni carne.

Mis padres y un cacho de pan.

-(SUSPIRA)

(SILBA)

(GRITA)

Qué susto que me ha dado el sigiloso.

Ay.

¿Qué? Ahora que has salido de la cárcel,

te quieres librar de mí con un síncope, ¿eh?

-Jamás, Lolita.

-Jamás me olvidaría de ti. Y jamás voy a olvidar

lo que has hecho por mí. Sabía que me querías, pero...

jugarte el pellejo

por mí,... eso sí que no lo voy a olvidar.

Esto era lo que necesitaba.

Esto era lo que echaba de menos en la cárcel.

Estaba deseando que se fueran todos

para comerte a besos. -Si olías a cabra.

-Bueno, un poco sí.

(Se cae la toalla)

Uy.

Perdón. -¿Qué te pasa?

-Pues que se te ha caído el paño y te he visto el culo al aire.

-Qué faena, ¿no? -Pues sí.

Que sepas que las de Cabrahigo decimos:

"el que no se casa, no lo cata".

No te preocupes, Lolita,

porque no vamos a hacer nada que no quieras hacer.

Además, no tengo prisa, pienso estar toda la vida a tu lado.

Va, aligera. Largo, indecente.

Tira.

Me estás mirando las posaderas, y lo sabes.

-Embustero.

-"Si estás vestido,"

¿por qué no nos vamos al piscolabis?

-Tengo que terminar algo de papeleo, pero sentaos, que enseguida termino.

-Hola.

-¿Cómo estás? -Que nos va a ver tu tío.

-Pues que nos vea.

-Por una vez te voy a dar la razón.

Víctor.

Estoy tan contenta... El año no ha podido empezar mejor.

Mi hermano ha vuelto a casa, es como un regalo de los Reyes Magos.

-A mi abuela le han regalado la sastrería.

-Cierto.

Por una vez no tenemos de qué quejarnos.

¿O es que hay algún pero?

Si hasta el coronel ha salido bien parado. Y tú no eres un mata siete.

¿Cuál es el problema? -Ninguno.

Nos está saliendo todo a pedir de boca.

Estoy preocupado por si sale mal el convite de mi abuela.

-¿Y por qué habría de salir mal?

-Por la gente, que es muy retorcida.

Muchos no olvidarán que tuvo un hijo cuando era viuda.

-Bueno, puede que tengas razón.

Pero ahí estaremos tú y yo para contrarrestar a esa gente.

-Trabajo terminado. Estoy listo. ¿Nos vamos?

-¿Tú crees que a Celia

le importaría que utilizara su tocador

para retocarme el maquillaje? -No.

Doña Celia estaría encantada de decirte que estás en tu casa.

-No tardo.

-Mujeres.

Voy a sentarme, porque esto de retocarse los aceites

suele durar rato y medio.

-Nos ha venido bien que nos deje solos.

-Enamorado estás tú para que te guste esperar.

-No es eso, quiero comentarte una cosa.

¿Tú sabes...

si hay algún motivo por el que tu esposa y el coronel estén

pegando la hebra? -No.

¿Les has visto juntos?

-Hace un rato ha entrado en la sastrería.

Y no iba a encargar un traje.

Ha ido a ver a Adela.

A hablar con ella.

-Olvídalo.

Olvídalo. Adela puede evadirse de la realidad,

pero no tanto como para hacer buenas migas

con quien ha tratado de matarnos.

-¿Y de qué hablaban entonces?

-No lo sé. Supongo

que el coronel se acercaría para enfrentarse

o con mi madre o conmigo. Ya estoy hecho a ello.

No perdamos ni un minuto en esto. -Si así lo quieres...

Aunque seas mi tío, déjame que te diga una cosa.

Por muy complaciente que se esté mostrando Adela, no olvides

que está enamorada de ti. -¿Tenemos que hablar de esto?

Los dos sabemos de lo que es capaz una persona enamorada.

El amor hace que se te vaya la mollera. Lo tengo estudiado.

-Aunque lo que dices fuera cierto,

pierde cuidado, lo tengo todo dispuesto.

-¿Y cómo vas a hacerlo?

-Vengo de la naviera.

Estos son los pasajes

que nos llevarán de Barcelona a Génova.

El cochero que mañana llevará presuntamente a Elvira al convento

me recogerá en un cruce alejado

y nos acercará al puerto.

-Te deseo mucha suerte.

-Te lo agradezco.

Terminaremos con lo que ha sido una pesadilla para todos.

Ya verás como hasta Adela y el coronel nos darán la razón.

También es lo mejor para ellos. -Que Dios te oiga.

¿No vas a decirle adiós a tu madre?

-Sí. Me despediré de ella y de los más allegados.

Pero lo haré a mi manera.

-Venga, perezosos, que nos estará esperando doña Susana.

"Qué ilusa, tantos bollitos que he comprado,"

dulces y salados, y mira los que habéis venido.

-No te arrepientas. Están buenísimos.

-Sí que están buenos, sí.

-Una en su ingenuidad, pensaba que no todos,

pero la mayoría de los vecinos vendrían a cumplimentarme.

-"¿Cumplimentarte?".

Parece mentira, Susana.

¿Crees que van a olvidar lo sucedido así como así?

No. Pareces nueva.

¿Cuánto tiempo tardaron en aceptar mi segundo matrimonio?

Díselo tú, Liberto.

-No recuerdo con precisión. Mucho tiempo, sí, no sé.

-Una eternidad. Meses tardaron antes

de volver a saludarnos como antes, con normalidad, podríamos decir.

-Me hago cargo.

Y coincido.

Como su Antoñito, don Ramón.

¿Cree que van a pasar por alto

su paso por el penal? -No ha pasado por el penal.

Ha estado en las celdas de la comisaría y del juzgado,

pero no en el penal. Aunque

lleva razón.

Habiendo sido declarado culpable y exonerado de culpa,

no habrá gente

que deje de hablar y murmurar.

-Y por eso ahora vamos a ir con la cabeza más alta que nunca.

-Y bien que haréis.

El problema es que yo regento un establecimiento comercial,

y si los clientes

muestran reticencia para entrar a comprar,

pues no sé qué va a ser de mí.

Bueno, de las dos.

-Que no, Susana, que por eso no te preocupes.

Aunque no hayan venido a la fiesta,

seguirán encargándote trajes y vestidos.

Saben que eres una sastra

de lo más reputada. -La mejor,

tieta.

-¿Crees que van a querer ir hechas unos adefesios

por mucho que quieran hacerte un feo?

Que no, naranjas de la China.

-(SUSANA SONRÍE)

-Pasad. Los bollos están buenísimos.

-Gracias.

-Buenas tardes, doña Susana.

Vaya susto que nos ha dado entre que cerraba y no cerraba.

Yo solamente pensaba

dónde iba a hacerme los vestidos ahora.

-Bueno, si estamos todos, que empiece la fiesta.

-Eso. -Estamos los que tenemos que estar,

los importantes.

Podemos hacer un brindis. -Claro, madre.

Brindemos por usted.

-Espera que venga Adela.

¡Adela!

-Hola, cariño, no te había oído.

Estás sudando. Dame tu abrigo

y lo dejo en el taller.

¿Quieren que me lleve sus abrigos?

-Claro. -Perfecto.

-Gracias.

-Muchas gracias. -De nada.

¿Y doña Celia y doña Úrsula

no han venido?

-Pero... -No pasa nada.

Como dice Rosina, todos nos conocemos.

Doña Celia está cuidando de Felipe.

El juicio ha supuesto un fuerte esfuerzo para él.

-Nosotros se lo agradecemos de corazón, ¿verdad, mi amor?

-Y doña Úrsula está buscando a Blanca.

-¿Dónde se habrá metido esa muchacha?

El bosque de las Damas.

Seguro que Olga ha traído a Blanca aquí.

-Creía que la encontraríamos en la cabaña y estaba vacía.

-Pero había signos de haber estado ocupada.

-Seguro que la tuvo retenida allí

y luego la trajo aquí.

-¿Cómo puede estar tan segura? -Conozco a Olga.

Y sé que su mente enfermiza quiere que Blanca sufra lo mismo

que yo le hice sufrir cuando era una niña.

-Dios quiera que la salud del niño no se resienta.

¿Y la de Blanca, no te importa?

(TODOS) Por Susana y por la sastrería Séler.

-Muchas gracias, amigos y familia.

Si no hubiera sido por vosotros,

no hubiera tenido motivos de seguir.

Venid aquí los tres, hijos.

Venid.

Mis tres hombrones, al fin juntos

y en concordia. Solo por verlo

vale la pena luchar y vivir.

Sin olvidar a mi hijo Leandro.

Y a mi nuera, la buena de Juliana.

-Bravo. La familia es lo más importante.

Siempre lo he dicho, el apellido.

-Bien, querido, así se habla.

-Bien dicho, -Bravo, Susana.

Ahora, a seguir haciéndonos esos trajes tan bonitos que nos haces.

Por Susana. -(TODOS) ¡Por Susana!

Este lugar es un laberinto, nunca daremos con ellas.

-Déjame recordar.

¿Qué camino tomé en esa ocasión?

Jamás lamentaré lo suficiente mi error.

En vez de darle una oportunidad para vivir,

debería haberla ahogado con mis manos en el río.

-Juraría que ya hemos pasado por aquí.

Damos vueltas en círculos.

-Auxilio.

¡Que alguien me ayude!

-Blanca, ¿dónde estás?

¡Sigue gritando,

que tu voz nos sirva de guía!

-Samuel.

Samuel,

estoy aquí. -Por aquí.

Vienen de esa parte.

-Ten cuidado o nos perderemos.

A mí también me gustaría

decir unas palabras.

La vida rara vez nos concede

todos nuestros deseos, rara vez

cumple con nuestros planes,

pero hay que seguir adelante.

Llegados a este punto,

yo les puedo decir que soy un hombre muy afortunado.

Porque a pesar de los pesares,

la vida o el destino,

o lo que sea,

me ha permitido encontrarme con mi madre.

Y no solo eso,

sino que me ha permitido conocerla y tratarla.

Y créanme, no hay otra mujer como ella.

-(RÍEN)

Y agradezco esta oportunidad para expresar por fin en público

lo que siento por ella.

Que es ternura,

amor,

y agradecimiento.

Y no solo eso, porque encontrar a mi madre

me ha abierto otros caminos.

Muchos.

Me ha permitido encontrar a mi familia.

A Leandro,

a Liberto

y a Víctor.

Y también a sus amigos verdaderos, a ustedes, los que están aquí.

Créanme, mi madre quizá no hubiera podido

enfrentarse al rencor sin su ayuda.

Nunca les estaré lo suficientemente agradecido, créanme.

Y ahora, quizá

mi requisitoria les resulte un tanto abusiva, pero...

les pido con el corazón en la mano que...

continúen a su lado.

Que continúen dándole su cariño

y...

que no permitan que se quede sola.

-Nunca.

La quiero mucho, madre.

Todas y cada una de las palabras

que he dicho son ciertas.

No las olvide nunca.

-Susana, ya me hubiera gustado a mí

un discurso así. Qué bien, ¿eh?

-Simón, vamos a dar un paseo.

Aunque solo sea para ayudar a vencer la emoción que nos embarga.

-¿Estás bien?

-Son de lo que no hay.

Mi hijo,

mi nieto, mi sobrino...

Qué bien que se lleva mi abuela con doña Rosina.

-Has tenido suerte.

Y de encontraros también.

A ti, si no fuera por ti,...

no hubiera tenido la oportunidad

de escuchar esas palabras en boca de mi hijo.

-¿Por mí?

-No hubiera habido reapertura.

Lo sé todo, Rosina.

Liberto me dijo que me lo callara, pero no puedo.

Gracias por devolverme la sastrería.

Mis sueños, mis recuerdos,

mi vida.

Te devolveré hasta el último céntimo, ¿eh? Te lo prometo.

-Eso espero. Y calla, que me vas a hacer llorar.

(RÍE)

"¿Adónde vamos, madre? -A jugar".

"¿Te apetece?".

-"Sí, aunque este sitio me da miedo".

"¿Cómo se llama?".

El bosque de las Damas.

Vamos a ir a un lugar muy bonito.

Samuel, espérame.

"¿Ha oído hablar de ese bosque? -Jamás la encontraría".

Y menos en sus condiciones.

-No entiendo por qué Samuel y Úrsula se han ido sin llevarse el piquete.

-Quizá porque ni ellos saben si Blanca y Olga están

por esos parajes.

Es lo mismo que nos dijo el comisario

cuando requerimos su intervención.

"No hay datos que corroboren la suposición".

"Ni indicios, solo corazonadas".

-Menos mal que al final envió a sus hombres.

¿Y Carmen, no dijo algo que pueda confirmar que están allí?

-No.

Estoy seguro de que no se guardó nada para ella.

-Arriba ese ánimo, amigo.

Pronto tendremos noticias.

En cuanto descubran algo de interés, se lo dirán al comisario,

y este a mí.

-Los agentes.

Ese bosque es escabroso, usted mismo lo ha dicho.

Ellos están hechos a la ciudad.

Aunque den con ellas, pueden tener dificultades para volver.

-¿Se quedaría usted más tranquilo

si participara en orquestar la operación?

-Se lo agradecería mucho.

-Ahora mismo voy a comisaria.

Y usted quédese aquí tranquilo.

¿De dónde venían los gritos? ¡Blanca!

¡Blanca!

-Samuel.

Aguarda aquí un momento.

Olga.

Olga, sé que estás ahí.

¡Olga, da la cara!

-No hay tiempo para eso.

Tengo que encontrar a Blanca. Debo salvar al niño.

-Olga.

¡Olga!

-No te engañes, Samuel, nadie llegará a tiempo de salvarlo.

-¡Samuel!

¡Maldita seas!

No lo dejes ni a sol ni a sombra.

No está en condiciones de salir.

Y menos a ese bosque.

Y lo intentará, ya lo verás.

-Descuida, no se lo permitiré.

Agradezco mucho que te hayas sincerado conmigo, pero...

¿has pensado que no vas a poder regresar en mucho tiempo?

¿Has pensado que don Arturo se entere y os descubra antes?

-Le he dado una y mil vueltas.

He repasado cada detalle, cada alto que debemos hacer en el camino.

-Pero siempre existe un riesgo.

-Lo sé. Y deberemos encarar esos riesgos si se presentan.

-¿Hay algo más que no me hayas contado?

-He pensado mucho en mi futuro.

Pero también he mirado atrás...

Me preocupa mi madre y Adela.

Temes que don Arturo sea capaz de hacerlas algo.

Sobre todo a tu madre, ¿no?

-No, no creo que llegue a tanto.

Pero me duele dejarlas atrás.

Pero ¿qué otra cosa podía hacer?

He decidido seguir los dictados de mi corazón, y ya no hay retorno.

-Quieres a Elvira con vehemencia.

¿Verdad?

-Sí. Creo que es...

la única mujer con la que podría estar la vida entera.

Ojalá pudiera hacerlo aquí, en Acacias,

junto a mi madre y vosotros... -No, eso ni lo pienses.

Don Arturo jamás lo permitiría.

-Lo sé, lo sé.

No sé, no sabría cómo llamarlo. Digamos que...

es un ejercicio de nostalgia adelantada o algo así.

-(RÍEN)

-Y no hay nada que pueda decirle yo

que a ti te haga replantearte la situación, ¿no?

-¿No harías tú cualquier cosa por estar junto a Rosina?

-No insistiré más.

Tan solo me queda desearte mucha suerte.

-Muchas gracias.

Quédate pendiente de mi madre.

Le dolerá mi marcha, pero espero que...

termine comprendiéndome y aceptando...

mi decisión.

-Descuida, de eso me encargaré yo.

-Para Adela será más difícil.

Ella no sabe vivir sola, nunca lo ha hecho.

Darle cariño

para que pueda salir adelante

con las menores cicatrices posibles. La he dejado dinero.

-Sabes que puedes contar conmigo y con Víctor, con todos nosotros.

Te aseguro que a Susana y a Adela no les va a faltar de nada

y no se van a sentir solas.

Bueno, ¿y cuándo partís?

-Mañana.

Elvira cogerá el coche rumbo

al convento y yo la esperaré en el cruce.

De ahí, a Barcelona

y, luego a Génova.

-Nuestra familia repartida por todo el mundo.

-Sí.

-Italia, Francia...

-Dame un abrazo.

-Te voy a echar mucho de menos.

-Y yo a ti.

Tenga compasión, señor comisario.

Acuérdese de los nombres: Manuel Lizón y Macarena Frías.

No son mala gente, les han tocado malas cartas

en la vida. -Lo siento,

pero si no son mala gente, tampoco son buena.

Tienen un historial muy completo.

Son delincuentes habituales. -Si yo no digo que no,

pero empujados por la situación,

desamparados en una ciudad que no puede dar trabajo a tanta gente.

Y si roban, es para dar de comer a su hija.

Si la viera usted...

-He visto muchos casos similares.

-Entonces habrá reflexionado sobre tales situaciones.

Son los que más necesitan un indulto.

Y la sociedad, y muchísimo menos la justicia,

no debería apretar más al que roba por necesidad.

¿No cree?

-La policía no está para enredarse con filosofías.

Quizá, si yo fuera civil, le diría que sí.

Pero me debo a la ley, y no hay otra.

-Yo no le pido que se salte ley alguna.

Tan solo le ruego, por favor,

que hable con los políticos que se encargan

de confeccionar la lista de indultados.

Yo sé perfectamente

que usted tiene el prestigio suficiente para que le escuchen.

-Los políticos no escuchan a nadie.

-Piense en esa niña, por el amor de Dios. Está tan sola...

Está tan desamparada...

-¿No le estará dando usted asilo?

Sería delito que la escondiera. Su sitio es el orfanato.

-Conozco muy bien mis obligaciones

como ciudadana, comisario.

No le estoy dando cobijo de ninguna forma.

Es solo que me la he encontrado y me han contado el caso.

-Señorita, por el amor de Dios, que no me he caído de un guindo.

Con solo verla por la calle conoce los nombres de sus progenitores.

¿Ciencia infusa?

-Gracias. Leonor.

No te esperaba aquí.

Comisario.

¿También estás preocupada por el paradero de Blanca?

-¿Todavía no se sabe nada de ella?

O de ellas, según parece.

-Es lo que trato de averiguar.

Comisario, ¿tenemos nuevas?

No lo hagas, Olga.

Ya me has torturado suficiente.

-No, hermana.

Tu padecer acaba de comenzar.

Durante unos minutos has vivido en tus carnes

lo que yo sufrí cuando era una niña.

El dolor de ser abandonada por quien

más quieres.

Pero no es suficiente.

-Sí lo es.

Detén ya este macabro juego. -De ningún modo.

Quiero que sientas lo que yo sentí.

Que sepas lo que es ser un desecho.

Mi madre ya te eligió a ti cuando éramos niñas,

¡y ahora lo ha vuelto a hacer!

Me ha repudiado en tu favor y en el de tu hijo.

Y no solo mi madre,

también

Diego ha hecho lo mismo. Es a ti a quien ama.

Y por eso te odio más que nunca.

-Nada cambiarás matándome.

-No, Blanca, no es tu vida la que pienso arrebatarte.

Coronel.

-El tiempo se nos acaba. ¿Has sabido algo?

¿Cómo se marcharán?

-No creo que lo que esté haciendo sea bueno a los ojos de Dios.

-Sé que es una joven esposa, entiendo sus vaivenes,

su inestabilidad.

Pero está haciendo lo que debe,

defendiendo su matrimonio a sangre y fuego.

-Por favor, no hable de sangre y fuego.

El infierno nos espera a todos.

-No a las esposas que intentan que su marida cumpla

con el sacramento del matrimonio.

Y que colaboran para las pérfidas como mi hija,

cumplan con lay de Dios en un convento.

-Eso es todo lo que va a hacer,

¿verdad? Elvira se recluirá

y Simón volverá conmigo.

-Nada más tengo en la cabeza.

Cuéntemelo.

¿Dónde se van a encontrar?

¿Hacia dónde se dirigirán?

No, no, no.

¡No!

Olga, no lo hagas.

No lo hagas, por favor.

Yo si te he amado

como una hermana.

No es a mí a quien odias,

sino al recuerdo de la vida a la que te condenó nuestra madre.

-Sí que te odio. Con todo mi ser.

Desde el momento en que nacimos.

Ya quise matarte cuando

éramos niñas. No soportaba

que me arrebatases el amor de mi madre.

Y ahora, al fin vas a pagar.

Gracias.

Lo estaba necesitando.

-Con moderación.

-Felipe tarda.

-Diego, tenga paciencia.

Rezaré para que Blanca vuelva y todo termine bien.

-Tiene que terminar bien, Celia.

Si a Blanca le sucede algo...

Yo no quiero vivir si ella no sigue en este mundo.

-"Voy a arrebatarte lo que más quieres".

Vas a vivir el resto de tus días amargada.

Añorando al niño que jamás llegaste a tener.

-¡Detente, maldita!

-Ha llegado usted a tiempo de ser testigo de mi venganza.

La quiero con toda mi alma.

Lo único que pretendía desde

que tengo uso de razón es

que usted también me amase.

-Nunca te amaré. No se puede amar

¡al demonio!

(GRITAN Y FORCEJEAN)

-¡Ah! -¡Ah!

Madre...

Madre, se lo ruego,

no me deje marchar así.

Abráceme

por primera vez en su vida, por favor,

por favor.

(ÚRSULA LLORA)

(ÚRSULA LLORA)

Ve en paz,

hija mía.

(LLORA)

Veo que ya lo tienes todo listo.

Padre, no le he oído entrar.

Estaba inmersa en mis pensamientos.

Despidiéndome de esta calle.

Lo comprendo.

¿Solo llevas esa pequeña maleta?

Poco más voy a necesitar en el convento.

No se entristezca, padre,

es lo mejor para los dos.

"¿Adónde han llevado el cadáver de mi hija?".

-"La policía lo llevó"

al depósito de cadáveres.

-No seguirá allá por más tiempo.

Llévenlo a mi casa.

Allí será velada.

Hable con la policía o con quien sea necesario.

-"A pesar de lo que ha sucedido,"

estas últimas semanas,

te voy a echar mucho de menos.

Eres más que una amiga para mí.

Eres mi cómplice y mi compañera.

Yo también te voy a echar mucho de menos,

María Luisa.

Por ti, hijo mío. Para que...

disfrutes de tu libertad.

Y de la dicha de estar junto a tu familia

y junto a esa maravillosa prometida que tienes.

Cuídala como se merece,

porque nos ha mostrado a todos

que vale su peso en oro.

-Lolita, que te has puesto roja como un tomate.

-Por ti, hijo.

-"Adiós, hija mía".

Sé que nunca me perdonarás lo que va a pasar.

Soy consciente de que este adiós será para siempre.

Felipe,

andaba como loca aguardando sus noticias. ¿Se sabe algo?

-Han encontrado a Blanca.

Está bien. Discúlpeme,

voy a comunicárselo a Diego. -No le entretengo más.

Comisario, ¿usted también está aquí por dicho asunto?

-No. He venido buscando a la hija de Manuel Lizón y Macarena.

¿Dónde la esconden?

¿Qué te ocurre?

Ahora eres tú la que parces mohína.

¿He dicho algo inconveniente? -No,

no es eso.

Estoy preocupada por Adela.

-¿Por qué?

Tal vez debería ir a hablar con ella.

-¿Le ha pasado algo?

¡Canalla!

Estarás contento, ¿no?

Esto es lo que querías.

-Será mejor que hablemos en otro momento.

Ahora no pretendo importunarle.

Créame que lamento lo ocurrido.

La acompaño en el sentimiento.

-¿Cómo? ¿Por qué da el pésame?

-¿Cómo puedes ser tan cínico?

¿Quién sino tú es el culpable de la muerte de Olga?

-Santo Dios. -He hecho algo terrible.

-Adela, Adela.

Adela, eso no es posible. Sé que es usted una buena mujer.

-No, no, mi egoísmo me ha vencido.

-¿Qué está diciendo?

¿Qué es lo que se supone que ha hecho?

-He tratado de fingir que no sabía las consecuencias de mis actos.

Pero es mentira.

Es mentira, sé lo que va a pasar.

¿Dónde estás?

¿Por qué tardas tanto?

  • Capítulo 675

Acacias 38 - Capítulo 675

10 ene 2018

Arturo sonsaca información a Adela sobre los planes de Simón y Elvira. Víctor advierte a Simón que vio a Adela con Arturo. Adela descubre los billetes de barco de Simón. Simón se despide de forma implícita en un ágape organizado en la sastrería. Adela oye cómo Simón cuenta a Liberto sus planes y se los cuenta a Arturo. Samuel y Úrsula buscan a las hermanas en el bosque. Diego vive con angustia e impotencia la situación. Lolita y Antoñito continúan su relación con renovadas esperanzas. Olga deja inconsciente a Samuel y parece que va a matar a Blanca.

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  1. Carla Iglesias

    Q triste final para la pobrecita de Olga... una pobre niña traumatizada.... tenía fe de q este personaje fuera el q acabará con Úrsula pero no fue de esta vez tampoco ... las actrices son de lo mejor q hay interpretaron sus papeles a la perfección (Úrsula y Olga)me gustaba más Olga q Blanca al principio el papel era de una mujer fuerte, inteligente y luchadora ahora es de una mosquita muerta sufrida no me gusta el cambio....

    15 ene 2018
  2. M.angeles

    Estoy un poco cansada de acacias Tramas sin resolver y asesinatos cansada de ursula .carmen la criada en fin en el comentario anterior tenían que volver mauro y teresa .No me esperaba en el capítulo de hoy que muriera adela y me a impresionado lo de olga que se levanta o sea no creo que haya myerro felicidades a todos los actores ,lolita antoñio etc.etc. saludos desde almeria

    11 ene 2018
  3. Laura

    Coincido con Lolita, un guiòn sin temas eticos; ademàs si no fuera trágico, sería cómico: Ursula una asesina en serie (como todo el mundo sabe siendo que ha sido desvelada varias veces en la novela) todavía no recibe su castigo por la Justicia y en este caso deberìa responder por exceso de defensa propia! L¿actriz que desarrrollaba el palel de Olga: la mejor de esta temporada. Blanca y Diego los pejores! Porque no hacen regresar Mauro y Teresa, sus historias se han quedado a la midad, pudieran desarrollar una nueva temporada por su regreso! (desde Italia)

    11 ene 2018
  4. Laura

    Coincido con Lolita, una escena fuera de limites eticos! Si no fuera trágico, sería cómico: Ursula una asesina en serie (como todo el mundo sabe siendo que ha sido desvelada varias veces en la novela) todavía no recibe su castigo por la Justicia y en ese caso deberia responder de exceso de defensa propia! L¿actriz que desarrrollaba el palel de Olga: la mejor de esta temporada. Blanca y Diego los pejores! Porque no hacen regresar Mauro y Teresa, sus historias se han quedado a la midad, pudieran desarrollar una nueva temporada por su regreso! (desde Italia)

    11 ene 2018
  5. Laura

    Coincido con el comentario de Lolita: esta ultima escena hace refleccionar sobre los guionistas sin Etica. Si no fuera trágico, sería cómico: Ursula una asesina en serie (como todo el mundo sabe siendo que ha sido desvelada varias veces en la novela) todavía no recibe su castigo por la Justicia y esta vez ningun juez la detiene por exceso de defensa propia! L¿actriz que desarrrollaba el palel de Olga: la mejor de esta temporada. Blanca y Diego los pejores! Porque no hacen regresar Mauro y Teresa, sus historias se han quedado a la midad, pudieran desarrollar una nueva temporada por su regreso! (desde Italia)

    11 ene 2018
  6. Laura

    La escena de Ursula que mata a Olga es fruto de guionistas en crisis de nervios. Si no fuera trágico, sería cómico: Ursula una asesina en serie (como todo el mundo sabe siendo que ha sido desvelada varias veces en la novela) todavía no recibe su castigo por la Justicia y en ese caso, ningùn jues la detiene por excéso de defensa propia! L¿actriz que desarrrollaba el palel de Olga: la mejor de esta temporada. Blanca y Diego los pejores! Porque no hacen regresar Mauro y Teresa, sus historias se han quedado a midad, pudieran desarrollar una nueva temporada con su regreso! (desde Italia)

    11 ene 2018
  7. Lolita

    Es inadmisible que unos guionistas sean capaces de incluir en un guión la escena de una madre matando a su propia hija . Y hacerlo por odio y con palabras tan crueles... ENHORABUENA, se han cruzado ustedes todos los límites de la Ética y el buen gusto

    11 ene 2018