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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 669 - ver ahora
Transcripción completa

Tenía tantas ganas de ti, Elvira. Moría sin ti.

Te amo más que el primer día.

Pero los padecimientos de mi padre me han hecho reflexionar.

-"Analizaremos las muestras" y tendremos un diagnóstico.

-Sin paños calientes.

¿Y mi hijo?

-Me gustaría poder decirle algo, pero no tengo los datos todavía.

-Será cuestión de horas. Pronto tendrá los resultados.

-"¿Qué le ha dicho el comisario?". -Ayer puso a sus mejores hombres

a buscar a Belarmino, pero no han conseguido dar con él.

-Que ya es fatalidad y mala ventura.

Pero vamos a ver,... ¿no había dicho el tal Sepúlveda

que el asqueroso este se reunía en las puertas

de los Jardines del Príncipe? -Y así me lo contó a mí.

Y estoy segura que no inventaba. -"¿Te ha hecho algo Úrsula?".

¿Ha puesto pegas para no deshacer el trato, te ha amenazado?

-Ni pegas ni amenazas. Aunque, eso sí,...

ha regateado, y ha conseguido que le venda el negocio

por algo menos de lo que habíamos hablado.

-¿Qué tal el coronel? -Pues hoy mismo volverá a casa.

-¿Sí? Qué bien, entonces ahora

tendremos mucho tiempo para pasarlo juntos.

-Bueno, cariño... -Y en cuanto cerremos la sastrería,

te cuidaré como te mereces.

Quiero el nombre de alguna de las enfermeras que atenderá a Diego.

Una de las que estará con él

durante la transfusión. -¿Para qué?

-No se lo des todo al principio. Regatea.

Tal vez se conforme con menos. -¿De quién habla, señora?

-De una de las enfermeras que asistirá a Diego.

Se trata de la señorita Ortego. -"Es él".

Es Belarmino.

Te tengo, Belarmino Conde.

-(GRITA)

Don Ramón. Ay, madre mía.

Señorita Ortego, ¿verdad?

-Sí, ¿quién es usted, qué quiere? -No importa mi nombre.

Estoy segura de que a usted... le interesa más esto.

¿Adónde vas?

Señorita Ortego,...

Es menester que hable con usted. -Salga de aquí.

No es momento para atenderla.

-¿Qué sucede? ¿Qué haces?

-No te apures, me iré en un momento. -Te ruego que te marches,

estás entorpeciendo el trabajo

y no es baladí lo que estamos haciendo.

-Solo será un instante.

El doctor Quiles me ha dado un recado para la enfermera.

-Está bien, pero sé breve.

-¿A qué viene todo esto?

Tengo que ayudar al doctor.

-¿Ha hecho ya algo de lo que le han pedido?

-No sé de qué me habla.

-Será mejor que me escuche.

¿O quiere que cuente de dónde ha salido el dinero

que lleva en el bolsillo?

-¿Qué quieren que haga ahora? Me están volviendo loca.

-Es muy sencillo. Nada.

"Haga la transfusión, márchese y quédese con el dinero".

"Nadie sabrá nada de lo que ha pasado aquí".

-"Pero eso no es lo que me habían pedido".

-Hemos cambiado de opinión.

-No estoy segura de que deba obedecerla.

-Usted verá.

Pero como no me haga caso,...

no me va a temblar el pulso cuando tire de la manta.

Se está jugando el puesto de trabajo, señorita.

Y puede acabar en la cárcel.

-Tengo que salir un momento para ver al doctor Quiles.

Te prometo que todo va a salir bien.

¿Está más cómodo así? Pues no.

No estoy cómodo de ninguna de las maneras.

No sabe lo mucho que he sufrido pensando que podía morir.

No es la primera vez que me disparan.

Todo esto me ha hecho reflexionar sobre mi comportamiento.

Le pido perdón de corazón por haberme mostrado

siempre tan rebelde.

De haber sido más disciplinada, hubiéramos tenido menos problemas.

Quiero que volvamos a llevarnos bien, como cuando era una niña.

Le prometo que a partir de ahora me comportaré como una buena hija.

Llegan tarde esas buenas intenciones.

Padre, se lo ruego,

deme otra oportunidad.

Permítame que todo vuelva a ser como entonces.

Es imposible.

Ya no podré casarte.

Has arrastrado nuestro apellido por el suelo.

Soy consciente de ello.

Pero... si al menos pudiéramos convivir en paz.

Para eso tendrás que demostrarme que eres una mujer decente.

(TOSE)

Y deberías empezar por apartar a Gayarre de tu lado.

Le prometo que no voy a volver

a dar de qué hablar. Me cuesta creerte.

¿Qué hacía ese tipejo en el hospital?

Al parecer, no te ha dejado ni a sol ni a sombra.

Solo buscaba darme su apoyo en estos días tan negros.

Si no fuera por las fuerzas que me ha infundido,

difícilmente hubiera podido superar semejante trance.

Tonterías.

Él ha aprovechado la situación para tener la excusa

con la que volver a acercarse a ti. Le juro que no ha sido así.

Hemos mantenido las distancias. ¿Me tomas por un panoli?

He visto las miradas que os cruzabais

al llegar al barrio.

Por tu bien será mejor que te alejes de él.

¿Me has oído?

¿Has visto lo que le he comprado a mi nieto?

-Sí. Es precioso.

Sin duda, le entretendrá durante horas.

-Hay que ver la de vueltas que da la vida.

Como este tiovivo.

¿Quién me iba a decir que acabaría siendo la dueña

y señora de esta casa?

-Los designios de Nuestro Señor son inescrutables.

-No creo que él haya tenido mucho que ver en todo esto.

Y lo más inesperado de todo,... voy a ser abuela.

Estoy deseando que nazca ese niño.

-Un recién nacido siempre es una bendición...

para una casa. -Le voy a dar todos los caprichos.

Va a tener todo lo que a mí me faltó de niña.

Será el rey

de la casa.

El futuro de la familia. ¿Qué te parece?

-Lo que diga la señora.

-¿Qué te ocurre,

a qué viene esa cara de vinagre?

-Pues que no entiendo cómo puede estar tan tranquila

hablando de juguetes y de rorros después de lo que hemos hecho.

-No sé a qué te refieres. -Señora,...

no se chancee de mí.

Que a estas alturas, Samuel y Diego pueden estar muertos

por nuestra culpa. -No.

Será por culpa de esa enfermera.

O por tu culpa, yo no he hecho nada. -Estoy harta.

Estoy harta de ser la mano ejecutora de sus maldades.

¡Deje de jugar conmigo!

-Deberías sosegarte.

Sabes que no te conviene enfrentarte conmigo.

Mira dentro de este sobre.

Es un regalo que tengo preparado para ti.

No seas recelosa.

Es un premio a tu fidelidad.

Llévate eso, no tengo el menor apetito.

Padre, por favor, haga un poder y coma algo.

Tiene que recuperar fuerzas.

(Llaman a la puerta)

Ve a abrir, aunque no espero ninguna visita.

(TOSE)

¿Qué haces aquí?

Quería ver a tu padre.

No me parece que sea una buena idea.

Va a ser solo un momento, Elvira.

¿Con quién estás de cháchara en la puerta?

Se trata de Víctor.

Quiere verle. Está bien, que entre.

¿Qué te trae por aquí? ¿Has venido a rematar la faena?

-Solo vengo a mostrarle mis respetos, coronel.

A decirle que me alegro mucho de que haya sobrevivido.

-Espero que tus palabras sean honestas.

Es fácil hacer leña del árbol caído.

-Yo no pretendía acabar con su vida.

Solo quería herirle, acabar con el maldito duelo lo antes posible.

-Déjate de melindres, muchacho.

Hiciste lo que debías.

Eliminar a tu enemigo.

-Seguro que usted tiene más experiencia en estos lances.

Yo pretendía hacer el menor daño posible.

-Tengo que felicitarte por el valor

que has demostrado.

He visto muchos supuestos valientes llorar a lágrima viva

ante esa situación.

Y, sobre todo, darte la enhorabuena por tu puntería.

-Gracias.

Venía también a devolverle el arma que me prestó para el duelo.

-Considéralo un botín de guerra.

-Se lo agradezco, pero no pretendo volver a tocar un arma de fuego

en mi vida. -Eso nunca se sabe.

Es de mala educación

rechazar un regalo.

-Pues lo siento, pero no lo voy a aceptar.

-Pero... ¿qué estás diciendo? (TOSE)

Víctor, será mejor

que deje reposar a mi padre. No le va bien tanta agitación.

-Espero que se restablezca pronto, coronel.

Con Dios.

-Maldito pusilánime desagradecido.

-"Eres un peligro".

Como criada y como nuera.

-Deje que le mire el golpe.

Verá como se lo alivio. Si en Cabrahigo estamos todo el día

dándonos mamporros. Una está "acostumbrá".

Y se sabe un montón de remedios para las "tarascás".

-Menuda caverna tiene que ser ese pueblo tuyo.

No me mires así,

con esa costumbre tuya de lanzar el puño primero

y preguntar después,

porque es un peligro convivir contigo.

-Lo siento.

Que es que le confundí con Belarmino.

Y ya se me puso todo de color rojo y no distinguía "na".

-Menuda suerte la mía.

Rodeado de mujeres de Cabrahigo.

Trini también tiene la mano muy suelta

para dar manotazos. Soy la percha de los golpes.

-(RÍE)

No me parece que este sea un asunto como para tomarlo a chirigota.

-Perdone, don Ramón, que...

es que me estaba acordando de la cara que puso

cuando le arreé el guantazo.

-Para chasco.

Como que pensé que se me estaba cayendo el mundo encima.

-Gracias a Dios que no se le ha quedado marca.

-La verdad es que es poco dolor el que siento en comparación con...

el que me produce tener a mi hijo encerrado.

-Bien que le entiendo.

También me pasa tres cuartas de lo mismo.

En algunos momentos, hasta me falta el aire.

-Se nota que quieres a mi hijo bien.

Otra con menos redaños se habría quitado de en medio,

pero ahí estabas tú,

jugándote el pellejo. -Muy mala mujer sería

si dejara a Antoñito de lado en estos momentos

que tanto me necesita.

-Tengo que pedirte perdón.

Por no encajar bien vuestro noviazgo.

-Eso es agua "pasá".

-La verdad es que al principio pensé que era un capricho del muchacho,

pero...

ahora que vienen mal dadas, me doy cuenta que vuestro amor

es de lo más sincero.

Mi hijo tiene mucha suerte

teniéndote a ti como novia.

-Calle,... que me va a sacar

todos los colores.

-Anda, que... ¿dónde os habíais metido?

-Lolita, que... me ha ayudado

a repartir unas botellas

como aguinaldo.

-Don Ramón,... que es más rumboso

que los tres Reyes Magos juntos.

-Bueno, muy bien, me parece fantástico.

Luego contáis los detalles. Vámonos, Ramón,

que vamos a llegar tarde al brindis de La Deliciosa.

-No estoy yo para celebraciones.

-Pues nada, vas a tener que hacer un poder.

Que hay que cumplir con los vecinos.

Y, sobre todo con Rosina,

que es tu socia. -Está bien.

Cualquiera se arriesga a llevarte a ti la contraria.

-Vamos.

Sería mejor que pararas un poco.

Llevas andadas más de cinco leguas, y no por eso

terminará la transfusión antes.

-Es que me están dando todos los calambres, Leonor.

-De nada sirve que te sofoques así.

-¿Cómo estarán Samuel y Diego?

Quizá debería haberle impedido a mi esposo que donara su sangre.

-Era la única esperanza que le quedaba a Diego.

-Lo sé.

Pero quizá por intentar salvar a uno,

les pierda a los dos.

-No, no, Blanca, saca estos pensamientos

tan funestos de la cabeza. Todo va a ir bien.

Y, en cualquier caso, es una decisión

que Samuel ha tomado por su hermano. -Samuel ha sido muy valiente.

Ha arriesgado su vida para salvar la de Diego.

A pesar de lo que sabe.

-¿Quieres que te lea unos poemas? Quizá eso te distraiga.

-Perdonadme que no os haga compañía. Pero no podía estar aquí más tiempo,

las paredes se me vienen encima. -Ven, Olga.

Siéntate a mi lado.

Yo también estoy muy inquieta.

Pero en este momento tenemos que estar más unidas que nunca.

-Ya solo nos queda tener paciencia. Y confiar en los médicos.

-Os veo muy desasosegadas.

Voy a ver si consigo averiguar cómo marcha todo.

-Blanca,...

¿estás bien?

-Solo he sentido un poco de opresión.

-Estás ardiendo, ¿quieres que llame a un médico?

-No, no. No es necesario.

Estos mareos son propios del embarazo.

-Deberías ir a casa a descansar.

En cuanto sepamos algo, yo te avisaré.

-De verdad, no te apures, Olga.

Aunque me fuera a casa, no conseguiría descansar.

-Ya, pero al menos estarías más cómoda que aquí.

-No insistas. Me encuentro perfectamente.

No me moveré de aquí.

-Bueno.

(TODOS) Por la Navidad. -Felices fiestas para todos.

-Qué lástima que muchos de los nuestros no estén aquí.

Felipe, de reposo; Leonor acompañando a Blanca,

y Antoñito pues... eso. -¿Y Susana?

¿Dónde estará Susana?

-Mi tía está poniendo orden en la sastrería.

Tiene que ir recogiendo todo para entregar las llaves.

-¿Puedo unirme a su festejo?

-Pues... estamos en Navidad,

así que supongo que sí, cualquiera puede unirse.

Tome usted. -Gracias.

Me gustaría proponer un brindis.

Ya que les he oído hablar de la sastrería,

y como ahora soy la nueva propietaria,...

quisiera brindar por la sastrería

y por todos los comercios del barrio.

-Yo todavía no me explico cómo Susana ha podido dejar su negocio.

Si es que es toda su vida.

-Y suerte que me ha tenido cerca para ayudarla.

La sastra estaba con la soga al cuello.

La deuda que había contraído para realizar el manto papal era enorme.

-Se comenta que es una cifra con muchos ceros.

-Pobre mujer,

pretendía hacer una obra de arte y se empeñó hasta las pestañas.

-Menos mal que me ha tenido

de tabla de salvación.

Para mí ha sido un gusto poder socorrerla,

y más ahora en estas fechas, que predisponen a la caridad cristiana.

-Por favor. No se nos haga la inocente. Todos sabemos

que usted ha hecho un muy buen negocio, gracias

a las penurias de nuestra amiga.

-Me ofende que piense así, Rosina.

Lo único que he tratado es de ayudar

a esa pobre viuda. -Nadie duda de su buena intención.

Ni de que a la postre haya hecho un negocio de lo más ventajoso.

-Y, digo, yo,

doña Úrsula, ¿no debería estar usted con sus hijastros?

En lugar de estar aquí brindando.

-Confío en el buen hacer de los médicos y,

sobre todo,

en Nuestro Señor Jesucristo.

A quien no dejo de orar por la pronta recuperación

de mis muchachos o... porque los acoja...

a su vera.

-Desde luego, es usted

todo compasión, ¿eh? Un ejemplo para estas fechas.

-Para ejemplo el que han dado los criados.

Han dado de merendar a los pobres del barrio.

-No me gusta que se nos llene el altillo de muertos de hambre.

-Pues yo no estoy de acuerdo contigo.

A mí me parece una iniciativa noble.

No todo el mundo puede comer todo el turrón que se le antoja.

-Deberíamos poner orden.

Bastante tenemos con aguantar a los pobres,

peleándose por acercarse a una estufa.

-Pues a mí se me parte el alma

cada vez que les veo pelearse por un poco de calor.

-A mí también me dan mucha pena, pero cuanto más lejos estén, mejor.

-Bueno.

-Don Ramón, no hemos brindado

por los negocios que tenemos a medias.

Deberíamos hacerlo para que la mina siga tan próspera.

-Como quiera, pero no estoy yo para fiestas.

-Ya. Estas fechas van a ser aciagas para muchos de nosotros en Acacias.

-Si nos hemos reunido todos, es por respetar las tradiciones y...

porque no podemos hacer otra cosa que no sea esperar.

-Bueno, pues brindemos al menos...

porque los tiempos que lleguen sean mejores

para todos. ¿Le parece?

¿Dónde se habrá metido Leonor?

-Me da mala espina que esté tardando tanto.

¿Habrá pasado algo?

-Leonor,... ¿has conseguido hablar con el doctor Quiles?

-Según me ha dicho, todo va sobre ruedas.

La sangre de los dos hermanos

no está sufriendo ninguna reacción anómala.

Ya están terminando. -Gracias a Dios.

Ha sido un acierto confiar en el doctor Arthus.

-Todo va a salir bien, ya lo verás.

Ya que no ha tenido usted a bien venir a nuestro brindis de Navidad,

lo traemos aquí.

-La verdad es que no tengo ganas de fiesta.

Y más, después de saber...

que has ido a visitar al coronel.

-Abuela, era una visita obligada. -Pero ¿cómo se te ocurre?

¿Qué querías, meterte en más problemas?

-No, lo que quería era mostrarle mis respetos

y cerrar el asunto del duelo.

-Me barrunto que el coronel estará ardiendo de rabia.

Menuda cura de humildad le diste,

Víctor. -Sin duda.

Pero no deberías haberte expuesto de esa manera,

porque ese hombre es impredecible.

-Víctor ha demostrado tener mucho coraje

haciendo la visita de cortesía. Así que propongo un brindis por él.

-Un segundo.

Abuela.

-Dejadme tranquila, que tengo que terminar de recoger todo esto.

Úrsula me está metiendo prisa.

-Menudo bicho.

No deja de alardear en público que ella sola ha comprado la sastrería.

-Yo solo puedo reconocer que me ha sacado de un buen apuro.

Aunque no puedo evitar sentir rabia. No es plato de gusto...

saber que lo único que tengo va a quedar en manos

de esa bruja. -Anímese, abuela.

A esta hora ya no tiene remedio.

-Lo sé. Pero es que hay tantas historias aquí,

tantas tela maravillosas a las que dar vida

con nuevos vestidos y trajes.

Con esta lana le podría haber hecho un buen abrigo a Simón.

Mira lo que tengo aquí, Rosina.

Un retal.

Con la gasa que le hice el velo de novia

a tu hija Leonor. Y mira.

Con este paño te hice una chaqueta.

Pero, sin duda,... la joya de la corona es esta.

Es una seda china,

con la que le hice un kimono a Cayetana.

Lo encargó para ella el duque de Somoza.

Estaba...

hermosísima. Y él también.

-Es una pena que esto tan valioso caiga en manos de Úrsula.

-¿Esta tela? Ni hablar.

La tengo apalabrada con el sastre

Abelardo Requena. Él sabrá qué hacer con ella.

-Pues haces muy bien en llevársela a él.

¿Qué podríamos esperar de una mujer como Úrsula,

qué va a hacer ella con la tela?

Si siempre va de negro.

-Voy a llevársela al sastre cuanto antes,

no quiero que la vea Úrsula.

-Voy con usted. No quiero que vaya sola.

-Maldito sea el momento en el que tuvo que vender esto.

-Está claro que Susana sin su negocio

se consumirá, como una planta sin riego.

-¿Y qué podemos hacer?

Suélteme o le meto un soplamocos que le mando a criar malvas.

-Sosiegue, insensata, que tenemos que hablar.

-Suelte. ¿Qué tripa se le ha roto ahora?

-Pero ¿cómo se te ha ocurrido avisar a la policía?

-No sé de qué me habla. -Que yo no soy ningún panoli, ¿eh?

Sé que tú le diste a los guardias el chivatazo de la cita de Belarmino.

-¿Y qué quería que hiciera? Mi novio está enjaulado.

-Pero ¿no ves que nos has puesto en peligro a todos?

-No se me soliviante. Soy yo la que tendría que estar de morros.

Lo de que iba a aparecer el malnacido ese era más falso

que una peseta de madera. -Te equivocas de medio a medio.

Belarmino se enteró de que la policía conocía sus planes

e hizo mutis por el foro.

¿No te has enterado que tiene gente a sueldo en la comisaría?

-Yo lo hacía "pa" ayudar a mi Antoñito.

-Pues has metido la pata hasta el corvejón.

Porque ahora sospechan de mí. Y han amenazado a mi familia.

-Siento haber metido a los suyos en este brete.

Pero tiene que seguir ayudándome a dar con él.

-Has perdido el oremus si piensas que voy a contarte nada más.

-Haga el favor, tengo que dar con Belarmino sea como sea,

es cuestión de vida o muerte. -No. No se puede confiar en ti.

-Le juro por lo más sagrado que esta vez no voy a abrir el pico.

-No. Y no vuelvas a buscarme nunca más.

¿Ves?

¿Ves? ¿Ves como no están tus padres?

Vámonos para casa,

antes de que caiga la noche, venga.

-No. Seguro que vuelven.

-Bueno, está bien, pero... vamos a esperarles un ratito,

pero al calor de la estufa, ¿eh?

Hagan sitio, leñe, hagan sitio,

que se me queda helada la chiquilla, hombre.

¿Qué pasa?, que no la voy a dejar aquí sola.

Si quieren, les guardo el sitio por unos centimillos.

¿Usted qué mira, tío vinagre?

Si es que...

Pues nos vamos a tener que gastar nuestros cuartos

para reponer lo que se han comido los pobres.

-Pues sí. Menuda manera de comer.

Si es que se han terminado hasta el bicarbonato.

Nada, que nos va a salir por un pico el convite.

-Ay, hija, ¿qué le vamos a hacer?

Esta es nuestra buena acción para estas fechas.

-Anda, mire, la estufa está de bote en bote.

"Pa" mí que se ha corrido la voz de que aquí se da de comer.

-Pues tú chitón, ¿eh?

Que eres capaz de volver a invitarlos y buscarnos la ruina.

Eso si no nos echan antes los señores.

Algunos no se han tomado bien que subiéramos a merendar

a los pobres al altillo. -Hombre.

-¿Qué hace el Servando ahí con la niña?

A las buenas, Servando.

¿Cómo está?

¿No estará sacando perras a costa de la niña?

-Oye, pues mira, no se me había ocurrido.

Pero es una buena idea, sí. -Como se le ocurra

aprovecharse de la niña, le arranco los pelos.

-Pero que era chanza, rediez. ¿Por quién me han tomado ustedes?

-Por un aprovechado.

-Pues mire usted,

ahí está usted errada, con hache y sin hache.

Que... la niña empezó a llorar preguntando por sus padres y...

tuvimos que bajar.

-(SUSPIRA)

-Bueno, mira, pequeña, mira qué pandereta tan pintona he traído.

¿Subimos un ratillo al altillo?

Así jugamos, comemos bizcocho,

cantamos villancicos.

Y luego en un rato bajamos, a ver si han vuelto tus papás.

Venga, vamos.

-Hala.

¿Y usted qué? ¿Se va a quedar aquí?

-Sí, me voy a quedar un ratico más

a ver si gano unos reales guardando el sitio.

-Lo suyo no tiene remedio.

¡Dos reales, oiga, dos reales por un ratito calentito!

¿Quién se anima? ¡Dos reales!

(HABLA FRANCÉS) "Muchas gracias por su ayuda".

"Sin usted no hubiera sido posible".

¿Cómo se encuentra? -Algo indispuesto.

Se me va la cabeza. -No se apure, es totalmente normal.

Se le pasará en un momento.

-Y mi hermano,...

¿por qué sigue inconsciente?

-Su hermano está bien, todavía permanecerá dormido unas horas más.

-¿Ha ido todo bien?

-Así es. El doctor Arthus

estaba muy contento de cómo ha resultado todo el proceso.

-Entonces,... ¿podemos contar con que Diego se va a recuperar?

-Para eso tenemos que esperar un tiempo.

Ha superado lo más peligroso,

pero tenemos que ver qué efecto produce su sangre

en el organismo de su hermano. -Vamos, que...

estamos como antes.

-No, ni mucho menos. Tenemos una oportunidad.

Esperemos que su sangre sea suficiente

para combatir la intoxicación y bajar

los niveles de mercurio.

Ahora... le acompañaremos a otra sala.

Le mantendremos en observación algunas horas más.

-Todo va a salir bien, hermano.

Este angelito de la guarda te protegerá.

Siento interrumpir. He venido a ver a doña Susana.

Mi suegra ya se ha marchado.

Ha ido a entregar unas telas y a casa.

No se encontraba muy bien.

Me barrunto que se encuentra indispuesta

por la venta de la sastrería.

Sí. Este negocio es toda su vida.

Me gustaría ofrecerle mi ayuda

para lo que pueda precisar.

No sufras por eso, lo superará gracias a los suyos.

Simón la ha acompañado todo este tiempo.

Es... un hijo y un marido tan abnegado.

¿Quieres que le dé algún recado

a doña Susana?

Simplemente quería agradecerle que fuera tan comprensiva.

Permitiéndole a Simón

que nos acompañara en el hospital en estos momentos tan duros.

¿Le ocurre algo?

No.

No, estaba pensando en...

lo bueno que es mi marido.

En cómo se preocupa por mí.

No puedo dejar de pensar

en el futuro, cuando tengamos

la casa llena de niños.

Porque él quiere tener descendencia. Y no uno ni dos sino un montón.

Mira.

Es para nuestro futuro hijo. Es su ángel de la guarda.

Es muy bonito.

Mejor vengo en otro momento a ver a doña Susana.

Quédate un rato conmigo.

Como cuando éramos amigas y compartíamos nuestras cuitas.

Bien que me gustaría, pero no quiero dejar a mi padre solo

mucho más rato. Solo unos minutos.

Está bien. Solo unos minutos.

Llevo todo el día brindando por la Navidad

y no puedo sentirme más miserable.

-Es normal que esté apesadumbrado por las penurias

que está pasando su hijo. -Son las peores fiestas de mi vida.

-No son fáciles para nadie. Acuérdese de Diego.

De cómo lo debe estar pasando en el hospital.

-Esperemos que salga con bien.

Es un muchacho muy joven y tiene mucha vida por delante.

-Tenemos que ser muy fuertes, don Ramón.

Debemos estar preparados para los días tan duros

que se nos vienen encima.

-¿Qué ocurre, Felipe?

-El infiltrado de Belarmino en la policía ha desaparecido.

Debió sospechar que le vigilábamos y ha huido.

-Maldita sea nuestra suerte.

Era la única baza con la que contábamos

para atrapar a ese malnacido. -Sosiéguese, don Ramón.

Confiamos en que el comisario Méndez progrese.

-No puedo seguir confiando en él.

Todo el mundo me pide paciencia, pero no puedo, no puedo,

estoy harto.

-Felipe, han traído esta carta

de los juzgados para ti.

-¿Más malas noticias?

-Han puesto fecha para el juicio de Antoñito.

Apenas se va a celebrar en dos días. -¿Y qué vamos a hacer?

No contamos con ningún testigo que declare a nuestro favor.

-Tenemos las amenazas como pruebas, y también mi accidente.

-Déjese de paños calientes, Felipe.

Los dos sabemos que eso no va a servir

para sacar a mi hijo de la cárcel.

Ya deben de haber terminado la transfusión.

¿Cuándo van a venir a decirnos cómo ha ido?

-Voy a ver si me entero de algo.

Puede que se haya complicado todo en el último momento.

-Dios no lo quiera.

-Ya vienen.

Mi amor.

Estaba tan preocupada.

-¿Cómo está?

-Aún no puede escucharlas. El doctor vendrá enseguida

a darles un informe.

-¿Ha salido todo como debía?

-Puede estar tranquila. No hemos tenido ningún percance.

Solo hay que esperar a que el paciente despierte.

-¿Y Samuel? -Está fuera de peligro.

Reponiendo fuerzas con el doctor Quiles.

Pronto estará en casa.

-Por fin podemos respirar.

-Yo no voy a descansar hasta verle despierto

y saber que está bien.

-No hace falta que te quedes, ya me encargo yo de cuidarlo.

Me has tenido el corazón en un puño

pensando en que podía perderte.

-Será mejor que me marche.

Leonor me está esperando y quiero tenerlo todo preparado

para cuando Samuel regrese.

-Me lo he jugado todo por ti.

Sé que va a tener consecuencias,

pero no me importa.

No me importa ni mi madre ni lo que pueda hacerme.

No le tengo miedo.

Los dos podremos con todo.

Vamos a ser muy felices.

Ya verás.

Le gustará muchísimo jugar con los niños, por eso al menos

tendremos seis o siete.

-¿Y mi abuela? ¿No ha vuelto?

No, y no creo que vuelva.

¿Y tú qué haces aquí?

He venido a hablar con ella, pero en vista de que no está, me marcho.

Víctor,...

siento la reacción de mi padre cuando fuiste a verle.

Mejor les dejo hablando a solas. Yo voy a recoger

lo que queda en el taller.

-No te preocupes por tu padre, que aquí ya le conocemos todos.

Sí. Pero tú te portaste

como un caballero y él no supo estar a la altura.

Todo se ha solucionado.

Tu padre ha sobrevivido y yo he vuelto con María Luisa.

Todo resuelto.

No.

Todo no.

Aún falta algo.

Víctor, tienes que hacerme un favor.

Necesito que cites a Simón para que pueda verle.

Pero ¿tú has perdido la cabeza? ¿Quieres provocar otra desgracia?

Te equivocas. Quiero todo lo contrario.

He tomado una decisión que evitará

el sufrimiento a muchas personas.

Víctor, solo tienes que citarle...

en los Jardines del Príncipe. Me parece un disparate.

Ya hemos sufrido bastante por este asunto.

Será lo último que te pida.

Espero no tener que arrepentirme.

Hala, pues ya la ha palmado otra vez.

Pues menos mal que jugamos con garbanzos, ¿eh?

Lástima que no esté aquí Jacinto. De ese no ibais a abusar tanto.

¡Lolita, Lolita, Lolita!

¿Quieres jugar conmigo una partida? Así sacamos

garbanzos "pa" un cocido. -No tengo el cuerpo "pa" nada.

-Venga, mujer, que estas fechas es todo jarana.

-Pues lo será "pa" otros.

Porque yo lo veo todo del color de las hormigas.

Todo este jolgorio me joroba.

¿Cómo la gente puede comer y beber a destajo

con las desgracias que hay?

-No seas tan ceniza, chica. -Si es que no tengo "na"

para ser jocosa. Ni un polvorón me voy a comer con Antoñito.

-Tú no te preocupes, que seguro que "pa" Reyes

tienes al muchacho en la casa.

-"Pa" mí que eso no va a poder ser.

Que a él no lo saca de la cárcel ni el Sursuncorda.

-Vamos a ver,... don Ramón

es un hombre de mucha importancia

y seguro que le salva de ese berenjenal al muchacho.

-De "na" sirven sus conocidos, Servando.

Que Belarmino y sus secuaces son más listos que el hambre.

No hay quien los atrape.

Uy. A ese de ahí le conozco yo.

-¿Dónde vas? Pero ¿dónde vas?

¡Muchacha, ¿dónde vas?!

-¡Maldita sea mi estampa! ¡Pues no se me ha escapado

el endriago ese!

Servando,... ¿se ha fijado en el pollo ese

con la gorra?

-Toma, aquí todos tienen gorra. ¿A qué viene tanto interés?

-A "na". "Na" más que era un conocido.

-Por las maneras que has salido corriendo,

cualquiera diría que te debe dinero.

Y esta chica, ¿qué bicho le habrá picado ahora?

No, si en este barrio vamos a salir todos cazando moscas.

Bueno, ¿qué?

¿Echamos otra partidita, que todavía me quedan unos garbanzos?

Venga.

¿Cómo ha ido la transfusión?

A juzgar por tu cara, me temo lo peor.

-No se apure.

Es solo que ha sentido una indisposición durante la espera.

-¿Y cómo te encuentras ahora? -Perfectamente.

Solo algo cansada.

-Pero, contadme, me tenéis en ascuas.

No he parado de rezar al Altísimo ni un segundo.

Estoy preparada para lo peor.

¿Han sido mis rezos infructuosos?

-No sé si han sido sus rezos o la pericia

de los médicos,...

pero todo ha salido de perlas.

-¿Samuel y Diego están vivos?

-Tanto como nosotras.

-No puede ser.

¿Han salido con bien de esta intervención?

-Cualquiera diría que le desazona saberlo.

-No. Es la alegría, que me aturde.

No esperaba tan buenas noticias, es... un milagro.

-A mí también me cuesta creer que todo haya salido tan bien.

-¿Cómo se encuentran los dos hermanos?

-Aún permanecen en el hospital, como es natural.

-Diego sigue dormido.

A la espera de que mañana mismo le hagan unos análisis.

Para determinar si ha bajado el nivel de mercurio lo suficiente

como para estar fuera de peligro.

-Olga se ha quedado cuidándole.

-Claro.

¿Y cómo se encuentra tu esposo?

Debes estar muy preocupada por él. -Samuel está bien.

Se ha quedado en el hospital para recuperarse.

Pero estará de vuelta en casa hoy mismo.

-Son unas noticias extraordinarias.

Todo ha salido de la mejor forma posible, aunque...

no fuera eso lo que nos esperábamos.

Iré a encargar una misa como agradecimiento.

-Si me disculpa,... yo me retiro a descansar.

-Claro. -¿Me dispensas, Leonor?

-Por supuesto.

Yo también debería marchar a casa. -Muchas gracias, Leonor.

-Buenas tardes. -Buenas tardes.

(GRITA)

Estaba deseando volver a verte.

No dejo de pensar en el beso que nos dimos.

A mí me ocurre lo mismo.

Pero... No, espera, espera. Escúchame.

Ven.

Entiendo que sintieras vértigo

y que a la postre me rechazaras. Sé...

Sé que te he hecho sufrir mucho. No, no lo sabes.

Ni siquiera puedes llegar a imaginártelo.

Te prometo que esta vez será distinto.

Simón, por favor. No, escúchame.

Simón, no quiero escucharte más.

¿Qué ocurre?

Esta va a ser la última vez que vamos a vernos.

Voy a ingresar en un convento.

¿Es otro despropósito de tu padre? No voy a permitir

que nos separen de nuevo. No es decisión suya.

Él ni siquiera lo sabe.

Soy yo la que quiere retirarse del mundo.

Tomar los hábitos.

Vivir tranquila y redimir mis pecados.

No alcanzo a comprenderte, Elvira. Creí...

que me amabas tanto como yo a ti.

Te quiero con toda mi alma.

He hecho verdaderas locuras por estar a tu lado.

Locuras que han provocado grandes desgracias.

Es el momento de parar. No.

No, no, no, no. ¿Por qué tirar la toalla ahora?

¿Ya no crees que nuestro amor nos hace más poderosos,

que nos hace invencibles?

Hemos hecho demasiado daño.

Uno de los tres sobra en esta historia.

Y no cabe duda de que soy yo. Tú te debes a tu esposa, Simón.

Trataré de cuidar a Adela.

La ayudaré a rehacerse estos días, antes de que nos marchemos juntos.

Ella... lo comprenderá.

No, Simón, no te engañes.

Ella nunca superaría algo así.

Pero yo te amo a ti, Elvira.

Eso ya no importa.

Debemos sacrificarnos.

Nuestro amor solo causaría dolor a nuestro alrededor.

Y puede que hasta a nosotros mismos.

No voy a permitir que te marches, Elvira.

Ya está decidido.

No lo hagas más difícil, por favor.

Ha vuelto muy pronto a casa. ¿Cómo se encuentra, tiene apetito?

-Me encuentro perfectamente, gracias.

Y estoy más hambriento que nunca.

He devorado todo lo que me han puesto en el hospital

y al llegar aquí he comido más. -Eso es buena señal.

Ha sido muy valiente.

No todos tienen los arrestos suficientes

para correr semejante riesgo.

-La verdad es que estaba aterrado.

Pero era la vida de mi hermano la que estaba en juego.

Ahora me siento feliz de haberle ayudado.

¿Cómo se encuentra Diego?

-Cuando salí del hospital estaba dormido.

En las próximas horas veremos cómo evoluciona.

Confío en que su cuerpo elimine el exceso de mercurio,

pero aún es pronto para saberlo.

Su intoxicación estaba muy avanzada.

-Es muy tozudo. Saldrá adelante.

Pero... tome asiento, doctor.

Intuyo que desea contarme algo más.

-Lo cierto es que sí.

¿Estamos solos en la casa? -Como si lo estuviéramos.

Doña Úrsula ha salido y mi esposa descansa en su alcoba.

¿Es por los análisis? ¿Tiene ya los resultados?

-Hemos repetido las pruebas para... confirmar el diagnóstico.

-¿Qué tiene Blanca? ¿Es grave?

-Podría serlo.

Su esposa tiene unos niveles de mercurio en la sangre

más altos de lo normal.

He estado toda la tarde en los Jardines del Príncipe.

Sentada en un banco.

Sola.

Pensando. ¿Pensando en qué?

En la decisión que he tomado. ¿De qué hablas, Elvira?

Hablo de que abandono esta casa. Que le dejo a usted aquí solo

y que espero que lo entienda.

Lo que le ocurrió a su padre le ha servido para darse cuenta

que no puede seguir comportándose como una chiquilla.

-¿Y qué piensas tú de todo esto?

-Pues que no quiero que se vaya.

Imaginar no verla todos los días es como vivir en el infierno.

Pero, claro, también... -Está Adela.

-Sí.

Adela siempre es tan buena, tan... entregada.

No para de hablar de tener hijos, de formar una familia

y dedicar su vida a ellos y a mí.

Hasta mi madre habla de eso entusiasmada.

Reconozco que al principio, cuando llegó a la casa,

le tenía a usted miedo.

Pero ahora me doy cuenta que solo es usted una niña desvalida y frágil,

víctima de la maldad de su madre.

-Carmen,... ¿a qué viene todo esto?

-He venido a advertirle, señorita Olga, de que su madre

está muy enfadada por el éxito de la transfusión.

Que no le gusta que se la desobedezca.

-Lo sé.

-Ha de tener usted mucho cuidado.

Porque bien sabe que ella no se va a quedar de brazos cruzados.

¿Cómo le voy a decir a Leandro...

que la sastrería Séler ya no va a llevar el nombre de nuestra familia?

-Gracias.

-¿Es para mí? No espero ningún sobre.

Son las escrituras de la sastrería.

Están a mi nombre, ¿no? Míralo tú, Víctor.

¿Y eso cómo puede ser?

¿Se puede saber qué estáis haciendo aquí?

¿No sabes que te puedes meter en un buen lío?

-Martín,... cariño mío,

te ruego por favor que no le digas nada a nadie.

-Esto no se hace, Casilda,

no se hace.

-Bueno, pero... tú...

escondiste un gorrino en la casa de guardeses.

-Ya, pero no es lo mismo.

-¿Y por qué no iba a ser lo mismo?

-Anda, porque no es lo mismo, y punto.

-Mira, Martín, yo no puedo dejar a esta niña en la calle.

¿Me oyes? Ni hablar de los hablases.

Así me regañen los señores o la mismísima Reina.

Que no.

-Está en la cárcel.

A la espera de un juicio en el que probablemente sea condenado

por un delito que no ha cometido.

Vivimos con miedo.

Encerrados y amenazados.

Mientras ese miserable de Belarmino campa a sus anchas por la ciudad

siguiendo con su vida tan feliz.

No es justo, Trini, no es justo. -No, Ramón, querido, no lo es.

-"¿Quién le ha golpeado, padre?, dígamelo".

-Yo soy el culpable.

El único responsable. -No, el único responsable soy yo.

Debería estar maldiciendo el día que desembarqué de Estados Unidos.

Ojalá nunca hubiera regresado.

-No digas eso, hijo. No digas eso ni en chanza.

Tú eres mi hijo, y tu sitio está con tu familia.

-Solo he traído penas y calamidades a mi familia.

-Eso no puede ser más incierto.

-Padre, usted es un hombre de paz, como ningún otro

que yo haya visto en mi vida, y mírese.

Magullado por mi culpa. -Ya te he dicho

que la culpa ha sido mía. -"Tiene que ayudarme".

-No puedo ayudarte, muchacha. Nadie puede.

Lo siento por tu novio, pero yo ya hice más de lo que debía.

No me molestes más. -Ni hablar.

Usted no se va de aquí sin darme alguna pista.

-Pero ¿qué pista quieres que te dé? Ya te dije todo lo que sabía.

-Y no sirvió. Tiene que decirme algo para dar con Belarmino.

-Tú has perdido el oremus, ¿verdad?

¿Tú no te enteras de quién es ese hombre?

-Pues sí. Me entero.

Y me da igual que me da lo mismo.

¿Acaso cree que me importa que me amenace?

¿De qué me sirve estar viva si mi novio está en el penal?

-"Carta para usted, señor".

La ha traído un mozo de parte del doctor Quiles.

-¿Y?

¿Qué dice, son noticias de Diego?

-Solo quiere que vaya al hospital a recoger un preparado para ti.

Para que recuperes la energía.

-¿Para que recupere la energía?

Pero, entonces ¿ya sabe lo que me ocurre?

-No, no lo creo. -Pues iré contigo.

Así le pregunto personalmente. -No, no vendrás.

Debes quedarte reposando.

-Pero quiero ir, Samuel.

Además, no quiero dejarte solo, no estás del todo bien.

-¡Basta!

He dicho que quedarás en casa. Obedece a tu esposo de una vez.

-"Nadie se interpondrá en nuestro camino".

Pronto pasará esta pesadilla, mi amor.

Samuel. Mira.

Mira qué buen aspecto tiene.

Y todo gracias a ti. Gracias.

De verdad.

No sé cómo voy a agradecerte

todo lo que has hecho por nosotros.

  • Capítulo 669

Acacias 38 - Capítulo 669

02 ene 2018

Olga consigue que el enfermero no sabotee la operación. La tensión se palpa en el ambiente durante la transfusión. Blanca se encuentra débil. Arturo pone los puntos sobre las íes a Elvira. Víctor se interesa por Arturo y el coronel le felicita por el duelo.

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  1. María

    El comandante o capitán o el grado que tenga (ya no recuerdo) vuelve a las andadas. La verdad es que este culebrón se está alargando pero de forma tediosa. No me importa que lo alarguen lo que quieran pero por favor, ¡Sean más creativos! terminan siendo un tostón. Antes veía todos los capítulos, ahora con ver uno a la semana me basta y me sobra.

    07 ene 2018
  2. Elvira

    En este sitio vuelven a suspender los comentarios ( capítulos 670 y 671) ¡¡¡ Que desprolijidad !!!! Cada día me convenzo mas del parecido entre la ex monjita y la " beata " Humildad, mezcla de maldad, desesperanza e impotencia., un calco de peronalidades

    05 ene 2018
  3. Angelina

    Cada día la veo más pesada .En esta serie sólo hay enfermedades muertes y desgracias

    04 ene 2018
  4. Nazaret67

    Es pk quieren alargar la trama más de la cuenta. Me gusta mucho, pero la veo pesada

    04 ene 2018
  5. Cristina Díaz

    Mercedes C, Es lo que pasa cuando quieren alargar algo que ya ha dado todo lo que podía.

    03 ene 2018
  6. Mercedes C:

    Hasta el capitulo 669 incluido, no entiendo la actitud de Sepúlveda; parece querer ayudar a Antoñito, pero ,como decimos en mi país, RECULA, da marcha atrás y se arrepiente de dar datos sobre Belarmino.- Con irse de la ciudad y hacer " mutis por el foro " estaría a salvo y no daría falsas esperanzas a Lolita. A ver si piensan un rato, señores guionistas, a despabilarse, el agua les está llegando al cuello.............

    03 ene 2018