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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 668 - ver ahora
Transcripción completa

Me da pena irme, no se crea.

Con tanta gente buena en Acacias y... la calle "engalaná".

Feliz Navidad.

-Feliz Navidad. -(TODOS) Feliz Navidad.

-¡Yepa ya!

No puedo dejar morir a mi hermano sin darle una posibilidad

de sobrevivir. Acepto. Le daré mi sangre.

-Muchas gracias.

-Doctor Quiles.

Disculpen la interrupción. Arturo Valverde ha despertado.

-Vamos.

Te diré dónde encontrar a Belarmino.

-En la "Taberna del Chivo". -Quía. Eso era antes.

Él y sus secuaces se ven al caer la tarde

en las puertas de los Jardines del Príncipe.

-¿Aquí? -"¿Ha hablado?".

No lo ha conseguido.

Quiero que lo lleven a la unidad de cuidados intensivos.

Y quiero que se vigile su evolución.

Quiero pedirte algo a cambio.

-Lo que quieras. Te lo debo.

-Que dejes que el doctor Quiles

te examine. Estoy muy preocupado

por tu debilidad. -"Tendré que regresar a la pensión".

-De eso nada.

Tú tienes casa.

Y es allí donde debes estar.

-"Espero que los dos" salgáis con bien de esta.

Tu padre estaría orgulloso.

-Gracias.

Tengo que ir al hospital a hacer una prueba de compatibilidad de sangre.

-Me he llevado muchos chascos como para creerme las buenas noticias.

-Pues esta es fetén.

A la policía le queda un sí es no es

"pa" echarle el guante a Belarmino.

-"Si la divina providencia no interviene,..."

tendremos que darle un empujón.

-¿Quiere decir? -Sí.

Quiero decir...

que no podemos tolerar esa aberración.

Que habrá que hacer algo. Eso quiero decir.

Tu padre ha hablado. ¿Qué?

Sí, y no solo eso. Don Arturo sabe dónde está,

lo que sucedió y ha preguntado por ti.

Dios mío, Simón,

dime que no me estás mintiendo. No.

Blanca, muéstrale tu mano al doctor.

-Enséñeme la mano.

Tenía tantas ganas de ti, Elvira. Moría sin ti.

Anhelaba tenerte cerca,

tus labios, tu respiración.

Nunca he dejado de quererte, Elvira, créeme, nunca.

Por más que he tratado de engañarme, nunca. Te quiero.

No, Simón. Esto no está bien.

¿Qué dices, acaso has dejado de amarme?

Nunca. Sabes bien que no.

Pues ¿entonces?

Te amo más que el primer día.

Mi amor por ti no ha dejado de crecer desde entonces.

Pero los padecimientos de mi padre me han hecho reflexionar.

Pero ¿esto qué tiene que ver con nosotros?

"Nosotros" no existe.

Pongamos los pies en la tierra, Simón.

Tú mismo lo has repetido hasta la saciedad.

Estás casado.

Y tienes que cuidar y respetar a tu esposa.

¿No me has oído cuando te he dicho que no puedo vivir sin ti?

Tampoco yo podré olvidarte.

Jamás.

Pero habremos de hacer nuestras vidas.

Separados.

Adela es una buena mujer, y es mi esposa, sí, y por nada del mundo

querría hacerle daño, pero... dime,...

¿cómo sufriría más, engañándola toda la vida o enfrentándola a la verdad?

Pues no lo sé. Pero no seré yo quien lo decida.

Ya hemos hecho mucho daño, Simón.

A nosotros mismos y a los demás.

Nuestro amor no puede ser una excusa

para olvidar nuestros compromisos. Pero ¿no lo entiendes, Elvira?

Nuestro amor resistiría cualquier intento

que hiciéramos de sacrificarlo.

¿Y qué vamos a hacer?

Hija mía.

Padre, cuánto me alegro que esté usted bien.

¿Qué tengo, doctor?

¿Por qué me tiemblan así las manos?

-Analizaremos las muestras que le he tomado

y tendremos un diagnóstico.

-Sin paños calientes. ¿Y mi hijo?

-Me gustaría poder decirle algo,

pero no tengo datos suficientes todavía.

-Vamos.

Será cuestión de horas. Pronto tendrá los resultados.

-Señoras.

-Espere, doctor.

¿Están ya preparados para realizar la transfusión?

-Lo estaremos. La prueba de compatibilidad

de las sangres ha sido positiva.

Aunque, como usted sabe, eso no excluye por completo

los riesgos. -Cualquiera de ellos podría morir.

O los dos.

-Vamos, Blanca, no te pongas en lo peor.

Estarán bien atendidos.

Ese doctor francés, ¿ha llegado ya?

-Está en camino. No tardará.

-¿Cuándo podrán intervenir?

-Mañana, con un poco de suerte. En cuanto llegue el doctor Arthus

valorará la situación y decidiremos.

Mañana, tal vez pasado, no puedo ser más concreto.

-Mañana o pasado.

¿Y llegará vivo Diego

a mañana o pasado? -Eso esperamos todos.

-Blanca, ¿te ha molestado

que le revele al doctor tus temblores?

Te hubiera hecho un flaco favor ocultándoselo.

-No. No podría enfadarme contigo por eso, Leonor.

Si yo misma no le he dicho nada, ha sido

para que no desviase su atención hacia mí

restándole cuidados a Diego. Y a Samuel.

-Blanca, tú y el hijo que esperas sois igual de importantes.

-Lo sé.

Y ahora temo que el hijo que espero...

también tenga algo grave.

-No. No. Todo irá bien.

Estáis en buenas manos. Atajarán cualquier mal

que sufras tú o el niño.

-Ojalá tuviera un dios al que rezar. Por Diego.

Por Samuel, por mi hijo.

(CARRASPEA)

Gracias por cuidarle con tanta entrega.

No te has separado de él ni un minuto.

-No es un sacrificio.

-Toda devoción comporta sacrificio.

-Es amor.

Y en cierto modo, egoísmo.

Mi vida también estará en juego en esa operación.

-¿Tanto le quieres?

-No me imagino la vida,

mi vida,... sin él.

-En otras circunstancias... te habría dicho

que es un hombre afortunado.

-Sobre todo de tener un hermano con tanto coraje.

Dispuesto a jugarse el pellejo por salvarle.

Muchas gracias, Samuel, de corazón. -Es mi deber.

Mi padre habría hecho lo mismo.

-¿Estás nervioso?

-Mentiría si dijera que no.

-No tienes por qué avergonzarte.

-No me avergüenzo. Soy como soy.

Y claro que estoy asustado.

Apenas he podido dormir desde que tomé la decisión.

-Señor Alday, señorita Dicenta,

les presento al doctor Arthus.

No habla español, pero les aseguro que es uno de los mejores

y más destacados especialistas en hematología.

-Gracias por venir, doctor.

-¿Cuándo pretenden hacer ustedes la intervención?

-El personal subalterno ya ha iniciado los preparativos.

Nosotros, el doctor y yo,

le haremos a usted y a su hermano las últimas pruebas

y entonces decidiremos. ¿Está usted listo, señor Alday?

Bien.

Entonces vendrá con nosotros.

La enfermera acompañará la camilla de su hermano.

Señorita Ortego,...

lleve al paciente al preoperatorio

mientras el doctor Arthus habilita la sala

para la exanguinotransfusión.

Vamos, señor Alday. Doctor.

-Pronto volverás a sentir mis besos.

Te quiero.

Cuide de él, por favor.

Se lo suplico.

Lolita, si no estás para pucheros no cocines.

Ya nos apañaremos con algo de imaginación en las sobras.

-No, gracias, doña Trini, que una está hecha a todo.

-Mírala, que no te hagas la fuerte.

¿Tú no te acuerdas de lo que le pasó

a la tía Remedios de Cabrahígo, eh?

Cuando le dio por ponerse en la calle del encierro

y decir. "Yo de aquí no me muevo".

-Menudo revolcón le dieron los toros.

-Pues aprende.

Que si hay que ceder, se cede. Y no es desdoro.

Ahora tú vas a hacer una cosa: te vas a ir al altillo

a descansar un rato, ¿estamos?

-Que no, doña Trini. Por muy señora que sea usted.

Estamos en Navidades y hay mucho que hacer.

-Ya, Lolita.

Pero me da a mí que estas Navidades no van a ser para recordar.

No se respira mucho ambiente de fiesta en esta casa.

-Y con razón.

-Al final... todos nos habíamos hecho ilusiones.

-Y una la que más. Si seré tonta,...

que ya me veía yo a Antoñito sentado en la mesa y brindando

con el vino ese de las burbujillas.

No aprenderé nunca a esperar lo peor.

Para no acabar mal escaldada.

-Lolita, ¿me das un vaso de agua, por favor?

-Ay, don Ramón, qué bien que esté aquí.

¿Qué le ha dicho el comisario?

-Lo mismo que ayer, y lo mismo que anteayer.

Lo mismo... o peor.

Ayer puso a sus mejores hombres a buscar a Belarmino,

pero no han conseguido dar con él.

-Ya es fatalidad y mala ventura.

Pero vamos a ver,...

¿no había dicho el tal Sepúlveda que el asqueroso este

se reunía con sus hombres en las puertas

de los Jardines del Príncipe? -Y así me lo contó a mí.

Y estoy segura que no inventaba.

-Pues se ha enterado. Alguien se lo ha contado,

que le han dado al agua, como dicen entre la gente del bronce.

-Bueno, sea como sea,... don Ramón,...

la policía no dejará de vigilar, ¿verdad?

-Pues no lo sé, muchacha, no lo sé.

Como puedes imaginar, le rogué al comisario

que no dejara de intentarlo, pero él, cargado de razón,

me dijo que no podía disponer de sus hombres eternamente

para este menester. -Aparecerá. Estoy segura.

Los bandidos silentes como Belarmino...

necesitan de sus sicarios, y no le pueden dejar solo mucho tiempo.

-Hablando de sicarios,

el comisario Méndez me ha dicho que no termina de fiarse

de la información de Sepúlveda. -Normal.

Vamos a ver, piensa que si ha sido capaz de mentirle

a su señoría, también lo va a hacer con Lolita,

por mucho que sea lista. -Exacto.

-Se le veía en los ojillos que decía la verdad.

-Lo siento, Lolita. No sé qué decirte.

Yo también necesito ánimos.

-No diga nada, doña Trini, si ya sé que lo siente.

-Y yo, muchacha. Y yo.

No sabe el peso que me ha quitado de encima.

-No me extraña.

-Deseando estoy contárselo a María Luisa.

Buenas noticias. Que le han dado el alta al coronel

y vuelve hoy mismo al barrio. -Me alegro. Por él y por ti.

Así podrás descargar la conciencia.

-Ese hombre está hecho de otra pasta.

Cuentan que en cuanto recobró el conocimiento empezó a pedir el alta.

-Ya será menos.

Que a la gente le gusta exagerar los méritos de los militares.

-Que no aguanta el hospital. Como hombre de combate,

no soporta verse atendido como un anciano.

-¿Y por qué ahora se hace usted eco

de lo que va diciendo la gente del coronel?

-¿No te lo imaginas? -¡Eh!

Pues no pienso avergonzarme. Sí, de mí,

por el cobro de mi alquiler, como le hubiera pasado

a cualquier propietario inconsecuente, ¿no?

A fin de cuentas, yo también tengo mis razones

para alegrarme por su recuperación.

-Yo solo espero que no me guarde rencor.

-Hombre, que ni se le ocurra.

Fue él el que se empeñó en realizar ese duelo.

-Además, tampoco va a enfrentarse a ti en fechas navideñas.

Estos días son días de concordia y paz.

-Para los hombres de buena voluntad, Liberto.

No estoy yo muy seguro que ese hombre lo sea.

-En especial con Elvira. Al menos hasta que le derrotaste en el duelo.

Espero que la derrota le haga meditar y trate mejor a Elvira

a partir de ahora.

Ella no se ha separado de la cabecera de su cama

ni un solo instante. Demasiado para lo que se merece ese hombre.

-Mira, Rosina.

Ahí viene Adela.

Dile que hable con mi tía, que cuanto antes firme, mejor.

-Sí. Esa no se nos escapa. Dos horas estuvimos convenciéndola

para que no vendiera a Úrsula. Chocolates, suizos...

Para que se arrepienta ahora. ¡Adela!

Adela, por favor, ve a decirle a Susana que ya estamos aquí.

Ayer quedamos en arreglar el papeleo y cubrir la deuda.

-¿En serio? Pero si no me dijo nada.

-Es que la convencimos ayer noche. -Tras el largo ágape.

-Qué buena noticia. -Sí.

Tuvimos una conversación seria y, al fin claudicó.

-Miel sobre hojuelas. -Ay, sí.

Por favor, Adela, ¿no te he dicho que vayas a por Susana?

-Sí, sí, ahora voy.

Primero quería decirles que estoy muy contenta

de cómo han solucionado todo esto.

Su marido y usted son unos verdaderos santos.

-Ahora, que doña Úrsula debe estar que trina.

-Pues la he visto salir hace un rato de la sastrería. Iba bastante seria.

Supongo que mi tía la habrá mandado a hacer gárgaras.

-Miren, no hace falta que vaya a buscarla, ahí la tienen.

-Tía.

-Ay, Susana, échate algo por encima y vamos.

-¿Adónde? -¿Cómo que adónde?

Al banco.

¿Es que no se acuerda que habíamos quedado con el director

para que extienda un cheque y podamos cubrir el coste

del manto papal? -No es necesario acudir a esa cita.

-¿Qué ha sucedido?

¿Te ha hecho algo Úrsula?

¿Ha puesto pegas para no deshacer el trato, te ha amenazado?

-Ni pegas ni amenazas.

Aunque, eso sí,...

ha regateado, y ha conseguido que le venda el negocio

por algo menos de lo que habíamos hablado.

-¿Vendido? -Pero tía.

-Abuela.

-Espero que solo sea un acuerdo verbal.

Lo espero. -Pues no.

Acabamos de firmar el contrato de compraventa, no hay marcha atrás.

-No entiendo nada.

No entiendo nada. Pero ¿a qué viene tanta prisa?

Usted nos dijo que aceptaría nuestro dinero para tapar el agujero

y que seguiría regentando la tienda.

-Y yo también os dije una y cien veces que estoy cansada

y no quiero seguir trabajando, pero no me escuchabais.

-¡Sí que te escuché! Te he escuchado cada vez que me has hablado.

Te ofrecí un pagaré, pero no lo aceptaste.

-Y tú, como no estabas tranquila, ayer volviste a insistir.

-Nos diste tu palabra de que vendrías con nosotros al banco,

de que recogerías el dinero

y que seguirías surtiéndonos de trajes y vestidos como siempre.

-Os dije que sí a todo para que todos me dejarais en paz.

Por eso acepté lo del banco, para que me dierais un respiro.

Y, mientras, poder cerrar el trato con Úrsula.

-Ha jugado con nosotros, tía.

-Pero sin mala intención.

Ahora, gracias a Dios, todo ha terminado.

La sastrería Séler...

es propiedad de Úrsula.

-No te lo voy a perdonar en la vida, Susana. En la vida.

Por mucho que duremos.

Madre mía.

Si es que lo devoran.

-Como "pa" no, "señá" Fabiana.

¿A quién no le gustan los dulces de Navidad? El chocolate, turrón...

-Sí que está muy bueno, la verdad, sí.

-"Pa" chasco que sí.

Pues ¿sabe qué? Se me está ocurriendo a mí una cosa.

Señores, estos dulces

estarían muchísimo mejor

mojados en una achicoria bien calentita, ¿verdad?

¿Quieren subir luego a la tarde al altillo, a merendar?

-Casilda.

Yo no creo que a los señores, y menos a las señoras,

les guste que se les llene la finca de menesterosos.

Que son muy mirados.

-Pero bueno, "señá" Fabiana, no sea usted así.

En Navidad hay que mostrar dulzura por todo hijo de madre.

-Bueno, para dulzura ya tienen estos dulces.

Que ya te digo yo que las señoras nos pondrían de vuelta y media

si se enteran de que los convidamos al altillo.

-Es usted una exagerada.

Pero ¿cómo les va a molestar a las señoras

que subamos a unos pobres a merendar en Navidad?

Si es que hasta Cristo lo dice.

-Ya. Pero no todo Cristo está por la labor.

Más vale que dejemos las cosas como están.

Tú sigue repartiendo rosquillas, que si se quedan con gusa

ya veremos lo que hacemos. Hala.

-Pero bueno, niña,

no te había visto, ¿qué haces aquí?

-Esperar a que diera usted la vuelta a la estufa

y me diera bollos.

-Pues ten, nena, coge, que por mí no quede.

¿Estás tú sola?

¿Y tus padres?

-Me dijeron que esperara aquí,

en la estufa.

"Ende" que volvieran. -¿Y hace cuánto fue eso?

-Un rato largo.

-Mira,... si tardaran,...

y tienes ganas, nosotras,

las criadas, vivimos en ese portal arriba, en lo alto, en lo más alto.

Y puedes subir si quieres.

A comer, incluso a dormirte si te entra la modorra.

¿Me has comprendido? Cuando te dé la gana,

pero sin ceremonias puedes subir.

-Que sí te ha entendido, mujer, que sí.

Lo único es que la criatura no querrá moverse de aquí

por si vuelven sus padres en ese ratejo que ella suba.

-Bueno, pero ¿y qué va a hacer aquí la niña parada como un pasmarote?

¿Me prometes que vas a subir a vernos y a comer?

-Venga, Casilda. Venga, vamos, que tenemos faena.

-Desde luego...

¿cómo unos padres pueden dejar sola a una niña tan pequeña?

-Algo tendrían que hacer, mujer. Estarán buscando sustento, o faena.

Y tú no puedes dejarte desasosegar por cada desgraciada de la rúa.

Apañadas estaríamos.

Tira.

Pues aquí lo tiene, doña Celia.

El traje de don Felipe arreglado.

Espero que ahora le ajuste bien el talle.

-Pobre, ha salido del hospital en los huesos.

-Seguro que se recupera pronto. La comida casera hace milagros.

Y la compañía y el cariño más. -Dios la oiga.

-Sí, a veces lo hace.

-En fin, me voy.

Parece mentira que vayamos a quedarnos sin nuestra sastrería.

Y nuestra sastra.

Sastras, mejor dicho.

-Sí. Yo también tengo algo de congoja.

Pero así es la vida. Nada es eterno.

El traspaso está acordado y firmado.

-¿Qué va a hacer usted a partir de ahora?

-Cuidar a mi marido.

Ahora le dedicaré...

cada minuto de mis días y de mis noches.

¿Y no va a echar de menos el trabajo?

Bueno, el trabajo fuera de casa, quiero decir.

-No, no, en absoluto.

A ver, no le voy a decir que no fui feliz trabajando aquí

tras salir del convento. Pero...

la verdad es que...

añoro pasar tiempo con Simón.

(Se abre una puerta)

Perdone, doña Susana.

Aquí me tiene como una tonta mirando el pasador que me regaló Simón

en lugar de estar faenando.

-Qué bonito, el pasador.

-Sí, me lo regaló Simón durante un viaje a Salamanca.

Eso es precisamente lo que quiero ahora.

Estar con Simón,...

hacer otros viajes,... sentir...

Sentir que nos entregamos el uno al otro.

-Parece que las cosas con su marido han mejorado mucho.

Desde la última vez que hablamos, parecía usted sin esperanza.

Me alegro mucho.

(Se cierra una puerta)

-Doña Celia, precisamente venía buscándola.

Hay una transferencia bancaria...

-Cariño, qué suerte hemos tenido, vernos así, en mitad del día.

-Sí, sí, pero estaba hablando de trabajo, cariño.

-Perdona, solo quería preguntarte por el estado del coronel.

-Pues hoy mismo volverá a casa.

-¿Sí? Qué bien, entonces ahora

tendremos mucho tiempo para pasarlo juntos.

-Bueno, cariño... -Y en cuanto cerremos la sastrería

te cuidaré como te mereces. Y formaremos familia, ¿a que sí?

Tendremos varios chiquillos.

No sé, una decena.

Sé que tienes mucho trabajo pendiente.

El pobre, que ha pasado muchos días en el hospital.

Les dejo, voy a recoger el taller.

-Simón, ¿puedo hablarle con confianza?

No había pensado usted en tener hijos, ¿verdad?

¿Qué pasa, es Elvira otra vez?

-No puedo negarlo.

No quiero negarlo. Sí, es Elvira quien me ocupa, sí.

Parece evidente, ¿no es cierto?

Lo debe notar cualquiera que nos vea.

-Cualquiera menos su esposa, a juzgar por su comportamiento.

¿Y qué va a hacer ahora que vuelve al barrio?

-No lo sé.

Esa es la verdad, no tengo la menor idea de lo que hacer.

-Pues aléjese de ella. Y de su padre.

No permita sus tentaciones ni los agravios del coronel.

Por el bien de su esposa, y el suyo.

-Estoy de acuerdo con usted, doña Celia.

Es... la actitud más lógica y...

la más razonable. El problema es que...

a veces la razón no compagina con el corazón.

-Lo siento mucho por usted.

Espero que sepa manejar la situación.

Heriría a mucha gente si se dejara llevar.

Quédese un rato aquí,...

reflexione o... hable con su esposa.

Los asuntos del trabajo pueden esperar.

No parece tener muy buena cara.

¿Cómo se encuentra don Diego?

Buenos días. -Perdone la interrupción.

¿Cómo está Diego Alday?

-Me alegro mucho de verla, doña Celia.

Precisamente le estaba preguntando yo lo mismo.

-Por desgracia, no puedo darles buenas noticias.

Permanece estacionario.

Y eso ya es una suerte.

El deterioro puede haber continuado y...

su sangre sigue intoxicada con mercurio.

-¿Y está consciente?

-Mucho ánimo, señorita.

De todos modos, tampoco son las peores noticias posibles.

Imagino que la transfusión se realizará en breve.

-Cuando he salido del hospital, estaban terminando

con los preliminares.

El especialista francés se está encargando de todo.

-¿Y don Samuel? -Nervioso,

como es natural.

Ahora vuelvo al hospital y espero que mi presencia le serene un poco.

Con todo, es un hombre

de gran coraje. -Ya lo creo.

No todo el mundo es capaz de arriesgar su vida

en una operación tan poco probada.

El instinto de supervivencia es poderoso.

Uno no lo pierde ni por su hermano.

-Hay que conocer a Diego para juzgar.

Cualquiera que le haya tratado de cerca

no digo que estaría dispuesto a dar la vida por él, pero casi, casi.

Diego...

tiene una personalidad magnética.

Es conocerle y adorarle.

-No lo dudo.

No todo el mundo merece una defensa a ultranza

como la que usted ha hecho de él. -Ni muchas esposas

hablarían así de sus maridos.

Que todo vaya bien.

Y a don Samuel deséele lo mejor

de mi parte y de la de don Felipe.

-Así lo haré, muchas gracias.

-Con Dios.

Parece que disfrutas fingiéndote la esposa doliente de Diego.

-No finjo, madre. Mi angustia es real y evidente.

-Hasta llamativa, diría yo.

No digas que no te advertí.

No debías enamorarte de Diego.

De hecho, te envié junto a él para una misión muy concreta.

-No ha sido voluntario.

No puedo controlar mis sentimientos.

¿O acaso piensa que me he enamorado

de un moribundo solo por llevarle la contraria?

-Cómo se nota que no tienes experiencia,

que no has vivido.

Los hombres vienen y van.

El amor surge y desaparece.

Lo único que realmente cuenta...

es la familia. Eso permanece siempre, la sangre.

-Madre, por favor.

No vuelva a pedirme que atente contra él.

-Prometiste ayudarme. Es tu deber.

-Pero,... madre, es que no puedo,

de verdad. No es deslealtad ni ingratitud,

es que... sería superior a mis fuerzas.

-Sosiégate. No voy a pedirte tanto.

Pero no permitiré

que me abandones.

Que le des la espalda a tu propia madre.

-¿Qué quiere?

Hable ya. Sea clara.

-Quiero el nombre de alguna de las enfermeras que atenderá a Diego.

Una de las que estará con él

durante la transfusión.

-¿Para qué?

-(RÍE)

-No hagas preguntas absurdas.

Tú dame ese nombre... y después olvídate

de que me lo has dicho. -Madre.

Por favor, se lo suplico,

deje que la naturaleza siga su curso.

Si Diego tiene todas las probabilidades en contra,

déjelo correr.

-¿Es que tengo que recordarte... que lo más importante para nosotras,

para ti y para mí,

es que nuestro apellido, nuestra familia, tenga continuidad?

¿No osarás ponerte en contra de tu propia madre?

El nombre.

-Ortego. Enfermera Ortego.

-¿Ves como no era tan difícil?

Has hecho lo correcto.

Seguir la propia sangre siempre es lo correcto.

¿Ha subido la niña?

-Pues no, Casilda, yo no la he visto.

-Gracias a Dios, pues eso significa que los padres ya la han recogido.

-Escucha, Casilda.

Yo he hablado con uno de estos que está siempre ahí,

adobado a la estufa, y me ha dicho que la pobrecita niña

llevará cosa de cuatro o cinco días esperando sin moverse.

-Madre mía. Pero ¿cómo le pueden hacer eso a una niña?

-Ni siquiera es seguro que los padres que ella dice existan.

Nadie los ha visto nunca dejarla ahí

al lado de la estufa. Llegó sola... y sola sigue.

-¿Y entonces, por qué está ahí quieta, que no se mueve del sitio?

-Una no puede asegurar "na". Pero para mí...

que esa niñita es huérfana y que le echa mucha imaginación.

-Pero ¿para qué iba a mentir, "señá" Fabiana?

Si quisiera sacar unas perrillas, mejor le iría

diciendo que es huérfana.

-El hambre y el frío... trastornan a la gente, hija.

-¿Usted cree que seguirá en la estufa?

-Pues sí, muy probablemente, sí.

-Pues yo me voy a encargar de que no se quede sola.

Lo único que se me ocurre... es contratar a un detective privado

para que dé con Belarmino Conde.

-Entiendo que este compás de espera le resulte insufrible.

Ningún detective podrá hacer más de lo que ya ha hecho el comisario.

-Si no ha encontrado a ese farsante, poco importa lo mucho

o lo poco que se haya esforzado. -Quizá el error fue creer a Lolita.

No por la muchacha, claro está. Sus intenciones son buenas.

Pero creo que Sepúlveda la engañó.

-No cree usted que ese Belarmino ande por los Jardines del Príncipe.

-No puedo poner la mano en el fuego.

Creo que Sepúlveda fue enviado a Lolita

para retrasarnos.

Para hacer que la policía trabajase en balde y descorazonarnos a todos.

-En eso lleva usted razón.

No hay nada más insufrible que permanecer mano sobre mano

cuando tu hijo se está pudriendo en la cárcel

y todo el mundo conspira contra él. -Don Ramón,...

no sea tan radical. La policía sigue trabajando.

Mantiene la vigilancia sobre el tipo que Lolita descubrió

como aliado de Belarmino Conde. -No creo que sea tan estúpido

como para dejarse ver con él.

-Quizá no de inmediato.

Pero, tarde o temprano, cometerán un error. Siempre lo hacen.

Y ahí estarán los hombres del comisario para recoger los frutos.

-Largo me lo fía usted, Felipe.

-Nadie dijo que sería rápido y sencillo.

Pero créame,

sacaremos a su hijo de ese agujero. Confíe en mí y en el comisario.

-Don Ramón, buenas tardes.

¿Cómo estás?

-Mucho mejor. Ahora que por fin me siento útil.

-Marcho, les dejo tranquilos.

No, no, no, por favor, no se levante.

-Don Ramón,...

tenga paciencia.

Sé que es un consejo difícil de seguir.

Pero vamos por el buen camino.

Conseguiremos nuestro objetivo.

-No tiene muy buena cara. -Yo tampoco la tendría

si viera como todas las puertas van cerrando una a una.

A cada pista que surge hay algo que no da camino.

Solo espero que don Ramón...

tenga paciencia y no cometa ninguna locura.

-No me gustaría nada estar en su pellejo.

-Ese ánimo, ¿es... solo por el bueno de don Ramón...

o hay algo que debería saber?

-No es nada, es solo que...

lo de Simón ha vuelto a confirmar que el amor puede hacer mucho daño.

A uno mismo y a otros.

-Eso lo sabemos tú y yo por experiencia propia.

-Así es.

Pero parece que nuestras aflicciones han terminado.

Y bien.

No hubiera dado yo mucho por eso tan solo hace unos meses.

-No digas eso. Estamos juntos.

En casa. Y somos felices.

¿Por qué recordar días tristes?

Ven aquí.

# Hacia Belén va una burra, rin rin, yo me remendaba,

# yo me remendé, yo me hice un remiendo, yo me lo quité.

# Cargada de chocolate.

# Lleva su chocolatera, rin rin, yo me remendaba, yo me remendé,

# yo me hice un remiendo, yo me lo quité. #

-Bueno, sigan, sigan, que nosotras vamos a merendar.

-Oye, oye, pequeña.

¿Qué te parecería...

formar parte de nuestro coro? Entre tanta voz cazallera

nos vendría bien una voz angelical.

-No me voy a quedar. Mis padres pueden volver de sopetón.

¿Y si se marchan otra vez

porque no estoy donde la estufa? -Virginia, por eso no te preocupes.

Yo voy a bajar y me quedo haciendo guardia.

Tú, mientras, te quedas aquí comiendo, bebiendo, cantando.

Celebrando la Navidad como todo hijo de vecino.

-Claro, claro que sí. Eso es, ven,

ven para acá. Ven aquí arriba. Que no se diga.

Bueno,... va a cantar,...

Va a cantar hasta el tito Martín.

¿Verdad, Martín? -(MARTÍN ASIENTE)

Venga, todos juntos.

# Hacia Belén va una burra, rin rin, yo me remendaba,

# yo me remendé, yo me hice un remiendo, yo me lo quité.

# Cargada de chocolate.

# Lleva su chocolatera,

# rin rin, yo me remendaba, yo me remendé,

# yo me hice un remiendo, yo me lo quité.

# Su molinillo y su anafre.

# María, María, ven acá corriendo, que el chocolatillo

# se lo están comiendo. #

-Lola. Ven, mujer.

Todavía quedan algunos dulces.

Anda, come un poco, bebe y te pones a entonar con nosotros.

-No tengo yo el cuerpo para "lalalás", Casilda.

-Pero bueno, Lola,

que los villancicos los canta uno

hasta con la mayor de las penas dentro.

Es tradición.

-Eso pensaba yo antes de pasar unas Navidades

como las que estoy pasando ahora.

-¿Qué ha pasado? ¿Otro enredo más con tu novio?

-Eso es lo malo, que no va ni "pa" delante ni "pa" atrás.

Que, como no han dado con Belarmino, el comisario,

y alguno más, creen que el Sepúlveda me ha engañado.

Y van a dejar de buscar a ese ladrón y hasta asesino.

-Bueno, Lola,...

Mira, no te vendrá mal quitártelo un ratillo del magín ese asunto.

Venga, come, bebe, diviértete un poco.

-Que no me lo quiero quitar de la cabeza, Casilda.

¿O acaso tú, cuando Martín estaba preso, querías olvidarte de él?

Pues ya está.

# Hacia Belén va una burra, rin rin, yo me remendaba,

# ...yo me hice un remiendo, yo me lo quité.

# Cargada de chocolate. #

¿Dónde se han metido los menesterosos?

¿No decías que poner estufas en las calles era un gran avance social?

Pues mira el caso que le hacen a la estufa.

Si es que los pobres solo saben quejarse, te lo digo yo.

-Rosina, te lo pido por favor. No hables así.

-Ay, perdona si la verdad te ofende.

Y una cosa te voy a decir, Liberto,...

no pagues conmigo tu enfado con Susana.

Si te exaspera su decisión de vender la sastrería, cuéntaselo a ella.

Yo he hecho todo lo que estaba en mi mano por evitar esa enajenación.

-No es solamente la actitud derrotista de mi tía.

-¿Entonces?

-También influye en mi ánimo que en vísperas navideñas

Samuel y Diego Alday estén enfrentándose a la parca.

Son buena gente.

-Ay, sí.

Es verdad, lo siento.

Ya sé que Samuel se ha convertido en...

tu amigo, tu confidente, ¿verdad?

Bueno, pues rezaré por él.

Recemos por ellos, porque es lo único que podemos hacer.

(REZA)

Señora,

doña Blanca acaba de salir hacia el hospital.

La transfusión se realizará en breve.

-No se lo des todo al principio.

Regatea.

Tal vez se conforme con menos.

-¿De quién habla, señora?

-De una de las enfermeras que asistirá a Diego.

Se trata de la señorita Ortego.

Localízala y negocia con ella cuanto sea necesario.

Esa transfusión...

no tiene que terminar satisfactoriamente.

Para Diego, claro.

-Señora,... yo no puedo hacer eso.

No puedo. -¿Es que nunca

vas a acatar una orden sin poner peros?

-No es solo una cuestión de principios, señora,

es también de riesgo.

Si esa enfermera inutiliza, digamos, los aparatos,

también don Samuel podría perder la vida.

Y doña Blanca, su hijo.

-Tú limítate a seguir mis instrucciones.

Demasiado tarde para escuchar la voz de tu conciencia.

Demasiado tarde para remilgos.

Eres tan cruel como yo.

¿Vas a envalentonarte?

(RÍE)

Escucha mi risa.

No.

Tú harías cualquier cosa por ocultar tu pasado.

Volverías al arroyo o, peor aún,...

a la cárcel.

No me hagas perder el tiempo

con tu impostura y tu hipocresía moral.

¡Coge el dinero!

Ve a hacer lo que te digo.

¿Se han llevado ya a Samuel a la sala de transfusión?

Liberto,...

Rosina,...

creo que os merecéis una explicación.

Os estoy muy agradecida.

Jamás olvidaré la ayuda que me habéis ofrecido.

Pero os pido que no me juzguéis sin antes haberos puesto en mi lugar.

No tuve más remedio que vender.

-Sin hacer ningún juicio sobre su decisión,

tía, le diré que podía haber sido mucho más honesta con nosotros.

No decimos que sí como a los locos

y luego hacer de su capa un sayo. -Sí.

Yo tampoco voy a juzgarte ni a hacerte reproche alguno,

pero...

solo le pido a Dios que no tengas que arrepentirte nunca

de haberle ofrecido a Úrsula el negocio que ha sido toda tu vida.

Vamos, hija,

no quiero ser objeto de miradas. No todas bienintencionadas.

A casa.

Me viene bien que haya regresado a tiempo para pagar nuestro alquiler.

Pero no me hace gracia tenerle de nuevo por aquí.

-Os dejo que continuéis con vuestro paseo.

Me voy dentro que tengo mucho que recoger todavía.

(LLORA)

"Él y sus secuaces se ven al caer la tarde

en las puertas de los Jardines del Príncipe".

-Es él. Es Belarmino.

Te tengo, Belarmino Conde.

(GRITA)

Don Ramón. Ay, madre mía.

Ay, madre mía.

Perdóneme, no sabía que era usted.

Pensaba que era... -Belarmino, ya me hago cargo.

-Anda, ayúdame a levantarme.

-Sí, sí, sí. Con todos mis respetos, don Ramón, pero ¿se puede saber

qué hace perdido en este rincón de la mano de Dios?

-Pues lo mismo que tú, imagino. -Ay, ya.

La suerte no ha querido acompañarnos.

Estas Navidades van a ser las más tristes de mi perra vida.

-También lo van a ser para mí y para mi familia.

Anda, vámonos a casa. -¿Le he hecho mucho daño, señor?

-Toma, pues no.

-Perdóneme, perdóneme. Tome.

Necesitamos los documentos de aceptación de riesgo.

-¿Han empezado ya?

-En cuanto estos papeles estén a buen recaudo.

-Voy a traer unas tazas de té para todas.

-Gracias.

Olga,...

te creía más entera, pero...

estás tan asustada como yo.

La mayoría en esta situación se pondría a rezar, pero...

lo cierto es que a mí no se me ocurre ninguna oración

que me dé esperanza.

-A mí tampoco me ocupan en exceso las cosas del cielo.

Pero Tomás, una vez...

que se agotaba en mí, rezaba una letanía

para mostrar arrepentimiento y buscar

el favor de Dios. -¿Y la recuerdas?

-No sé. Me irá saliendo.

Señor, ten piedad.

Cristo, ten piedad.

Señor, ten piedad.

Cristo, óyenos.

Cristo, escúchanos.

-(LAS DOS) Dios...

padre celestial,... ten piedad de nosotros.

Dios,... hijo,...

redentor del mundo. Dios,

espíritu santo, santísima trinidad,

un solo dios. Santa María, ruega por nosotros.

"Estrella de la mañana, salud de los enfermos, refugio de los pecadores,

consoladora de los afligidos, asilo de los cristianos,

reina de los ángeles, reina de los patriarcas,

reina de los profetas,

reina de los apóstoles, reina de los mártires,

reina de los confesores, reina de las vírgenes".

Señorita Ortego, ¿verdad?

-Sí, ¿quién es usted, qué quiere? -No importa mi nombre.

Estoy segura de que a usted...

le interesa más esto.

-"Reina de todos los santos, reina concebida sin pecado original,

reina asunta a los cielos,...

reina del santísimo rosario, reina de la familia,

reina de la paz".

"Cordero de Dios,...

que quitas el pecado del mundo,...

perdónanos, Señor".

Cordero de Dios,... que quitas el pecado del mundo,...

escúchanos, Señor.

Cordero de Dios,... que quitas el pecado del mundo,...

ten misericordia de nosotros.

Ruega por nosotros, Señor. -Santa madre de Dios,

para que seamos dignos de las promesas de Cristo.

-Sosiégate, Olga. Calma.

Olga, tienes que ser fuerte.

¿Adónde vas?

Señorita Ortego...

(TODOS) Por la Navidad. -Felices fiestas para todos.

-Qué lástima que muchos de los nuestros no estén aquí.

Felipe de reposo, Leonor acompañando a Blanca, y Antoñito pues...

eso. -¿Y Susana?

¿Dónde estará Susana?

-Mi tía está poniendo orden en la sastrería.

Tiene que ir recogiendo todo para entregar las llaves.

-¿Puedo unirme a su festejo?

-Pues... estamos en Navidad,

así que supongo que sí, cualquiera puede unirse.

-"Ya no podré casarte".

Soy consciente de ello.

Pero... si al menos pudiéramos convivir en paz.

Para eso tendrás que demostrarme que eres una mujer decente.

(TOSE)

Y deberías empezar por apartar a Gayarre de tu lado.

Prometo que no voy a volver a dar de qué hablar.

Me cuesta creerte.

Por tu bien será mejor que te alejes de él.

¿Me has oído?

-"Pero ¿cómo se te ha ocurrido avisar a la policía?".

-No sé de qué me habla. -Que yo no soy ningún panoli, ¿eh?

Sé que tú le diste a los guardias el chivatazo de la cita de Belarmino.

-¿Y qué quería que hiciera? Mi novio está enjaulado.

-Pero ¿no ves que nos has puesto en peligro a todos?

-No se me soliviante.

Soy yo la que tendría que estar de morros.

Lo de que iba a aparecer el malnacido ese era más falso

que una peseta de madera. -Te equivocas.

Belarmino se enteró de que la policía conocía sus planes

e hizo mutis por el foro.

¿Todavía no te has enterado que tiene gente a sueldo?

-"Felipe, han traído" esta carta de los juzgados para ti.

-¿Más malas noticias?

-Han puesto fecha para el juicio de Antoñito.

Apenas se va a celebrar en dos días.

Vengo a mostrarle mis respetos. Me alegro que haya sobrevivido.

-Espero que tus palabras sean honestas.

Es fácil hacer leña del árbol caído.

-Yo no pretendía acabar con su vida.

Solo quería herirle, acabar con el maldito duelo lo antes posible.

-Déjate de melindres.

Hiciste lo que debías.

Eliminar a tu enemigo.

-Seguro que usted tiene más experiencia en estos lances.

Yo pretendía hacer el menor daño posible.

-"De "na" sirven sus conocidos, Servando".

Que Belarmino y sus secuaces son más listos que el hambre.

No hay quien los atrape.

Uy. Pero si a él le conozco yo.

-¿Dónde vas? Pero ¿dónde vas?

Muchacha, ¿dónde vas? -"Mira dentro de este sobre".

Es un regalo que tengo preparado para ti.

No seas recelosa.

-"Víctor, tienes que hacerme un favor".

Necesito que cites a Simón para que pueda verle.

Pero ¿tú has perdido la cabeza? ¿Quieres provocar otra desgracia?

Te equivocas. Quiero todo lo contrario.

He tomado una decisión que evitará

el sufrimiento a muchas personas. -"¿A qué viene esa cara?".

-No entiendo cómo puede estar tan tranquila hablando de juguetes

y de rorros después de lo que hemos hecho.

-No sé a qué te refieres. -Señora,...

no se chancee de mí.

Que a estas alturas, Samuel y Diego pueden estar muertos

por nuestra culpa. -No.

Será por culpa de esa enfermera.

O por tu culpa, yo no he hecho nada. -Estoy harta.

Estoy harta de ser la mano ejecutora de sus maldades.

¡Deje de jugar conmigo!

-"Tengo que salir un momento"

para ver al doctor Quiles, regreso en un minuto.

Te prometo que todo va a salir bien.

  • Capítulo 668

Acacias 38 - Capítulo 668

29 dic 2017

Elvira rechaza a Simón. Arturo es dado de alta y regresa al barrio. Adela vuelve a fantasear con su futuro con Simón. Susana confirma que ha vendido la sastrería. La policía no logra dar con Belarmino. Ramón y Lolita se desesperan. Úrsula obliga a Carmen a sobornar al enfermero que estará en la operación de los Alday. La transfusión da comienzo y Olga irrumpe en la sala.

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  1. William

    Tanta maldad de Úrsula empalaga y hasta aburre. Lástima de serie... estaba muy buena y ahora es un enjambre de situaciones absurdas...

    02 ene 2018
  2. Frensh

    Después de ver la serie desde el 1er capítulo desde Francia. Les puedo contar todas las cosas y muerte de Cayetana que nunca ce supieron después ahora Ursula igual ahora solo veo la serie los viernes porque cuando la veo ni cuenta me doy que no la he visto 4 veces. El incendió en la cholateria la muerte de Rita la de Guadalupe la de Pablo la del comisario los cuerpos de Manuela y Germán nunca visto entre otros caballero un poquito de realidad . Bueno suerte es una lástima estaba tan buena la serie . Etc

    01 ene 2018
  3. Neti neti

    Casa día más aburrido....antonito tiene ke salir de la cárcel ya...Blanca es pesada con aquella carita mutua. No se entiende ke su hermana sea tan amiga de su horrible madre...carmen repitiendo lo de sobornar a las enfermeras....Elvira atontada con su padre...total un un guión sin ton ni son.cada día peor....

    01 ene 2018
  4. Elizabet

    Últimamente y luego de leer los comentarios, pienso si los guionistas los leen también, si no es así lo bien que harían. Seguramente la costumbre es seguir las directivas de la producción, que les ordenan "estirar " un tema o a una situación, o a hacer que un personaje permanezca en la serie " in eternum " vaya a saber con que criterio. Hay momentos de la serie que da la sensación que determinadas cosas son ANTOJADIZAS o CAPRICHO de alguien.- Si bien en una ficción no se puede pretender coherencia y rectitud, acá muchas cosas pasan a ser odiosas y deplorables.- Y ciertos personajes, ¡¡ Dios mío !!!!, Blanca con su falta de gestualidad y siempre con cara de......., , ?, los cambios de ideas y/o decisiones de algunos ( Simón, Susana, la misma Elvira, en fin....)Por último y por ahora: Gracias por reducir la aparición de Servando, últimamente se lo ve poco (por suerte)

    01 ene 2018
  5. Piruli

    Estan alargando situaciones que no son interesantes. Es que van à resucitar à Cayetana ? Como dejaron colgado el tema de la suplantacion de identidad ? Hay cosas que no se sostienen ..........

    01 ene 2018
  6. Avatar de MOTSERINA59 MOTSERINA59

    Ursula más fresca que una lechuga hace y desace a su antojo y la cómplice de la criada la hacen ser invecil aguanta todos los chantajes por un pasado que esta por descubrir esta será la siguiente trama el pasado de la criada de la Ursula que pena de serie tan bien que empezó y la están estropeando, se me hace pesada y cambio de canal pues ya adivino lo que viene enfin señores si no cambian muchos ya nos aburrimos...

    01 ene 2018
  7. Avatar de MOTSERINA59 MOTSERINA59

    Solo decirles que cada trama de la serie, al principio estaba muy interesante luego alargaron lo de cayetana para que acabará muriendo ahora otra trama de las hermanas l, trama de Antonio se hace aburrido y con muchas tonterías que hace la serie pesada yaque yo cambio de canal se les ve venir ya de lejos de verdad es una decepción...

    01 ene 2018
  8. Teresa

    Ya es tiempo q resuelvan el asunto de Antoñito, Blanca cansa y su hermana ni se diga. Ursula ya debe comenzar a decaer, va por el camino de Cayetana. Lo poco agrada y lo mucho enfada.

    31 dic 2017
  9. yeyis

    Para mi belarmino y Sepúlveda son la misma persona.

    31 dic 2017
  10. Rizitos de oro

    Asi hacen en Acacias : cogen un tema estan meses y meses con el; lo resuelven a su manera, cogen otro tema y vuelta a empezar. A mi todos los capitulos me parecen iguales, da igual que sea martes o jueves que apenas ni vas a ver diferencias y ademas solo te quedas con 10 minutos porque el resto son conversaciones de los vecinos hablando sobre el tema y asi toodos los dias

    31 dic 2017