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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 666 - ver ahora
Transcripción completa

Será sinvergüenza el tío, que se ha cogido una cogorza.

Tú. ¡Tío chuzas, despierta!

Eh. ¡Eh!

¡Tú, despierta!

(GRITA)

-"Diego".

Diego, ¿qué ha pasado? ¡Olga, ¿qué ha pasado!

Diego. No, no, no, no.

No puedes morir. Diego.

Diego.

Parece que aún tiene pulso. Llama a un médico.

-"Ahora has de pensar en ti"

y descansar. Recuerda lo que te dijo el médico.

Si no haces reposo, perderás al niño.

-El doctor Quiles exagera.

No voy a perder a mi hijo por un mareo insignificante.

-"Tenemos que trasladarlo al hospital".

Y que allí le administren el tratamiento contra el dolor.

Llamaré a un coche con caballos.

-No.

Diego no va a salir de esta casa.

Y ni mucho menos va a ser trasladado a ningún hospital.

-"Te compraré la sastrería".

Y lo haré por dos razones.

La primera,...

porque la sastrería lleva aquí en Acacias desde siempre,

y aquí debe permanecer.

Y la segunda,

es porque a pesar de todo, Susana,

te aprecio y no quiero verte en la indigencia.

-Diego dejó firmada una última voluntad.

Una especie de testamento vital por el cual,

si quedase en estado vegetativo o inconsciente,

no quiere recibir ningún tratamiento

ni ser trasladado a un hospital. Y le hizo jurar a Olga

que velaría porque así se cumpliera.

Todo lo que he hecho ha sido por mi amor por ti.

¿Crees que podrás perdonarme algún día?

Claro, Elvira.

Todo está olvidado.

-"Voy a ver a Diego".

A comprobar que está bien. -Por favor.

-Me da igual lo que me digas,

tengo un mal presentimiento. -No puedes ir.

-¿Por qué?

-Porque,...

porque no hay nada que se pueda hacer por él.

Diego está inconsciente. Está muriéndose.

¡Ramón! ¡Ramón!

Dejadme pasar, por favor. Por favor, dejadme pasar.

¡Ramón! ¡Por favor, déjenme pasar!

Soy la esposa de don Ramón Palacios. ¡Ramón!

Ese hombre trabaja para mi familia. Por favor, por favor.

¡Ay, Dios mío! Pero ¿qué ha pasado, Ramón?

-Trini, no deberías estar aquí.

-¿Qué ha ocurrido?

-Han asesinado a Vilas. -¿Cómo?

-Le han clavado una navaja. -Ay, Dios mío.

Espero que tenga el alma de este pobre hombre en su gloria.

Ramón, dime que no tiene nada que ver con nuestro caso, por favor.

Por favor.

-Esta nota que han encontrado en su bolsillo te servirá de respuesta.

-"Nada os podrá proteger". Ramón, estamos perdidos.

-No, no digas eso. La policía nos va a proteger.

-Como lo hagan como hasta ahora, ya podemos ir escribiendo testamento.

Ay, Dios.

-Lo que tienes que hacer es acompañar a Lolita,

que está muy desconsolada.

Yo me quedo hablando con los guardias.

-Pobre muchacha, si es que lleva un susto tras otro.

Lolita. Lolita, tranquila, ¿eh?

Que ya estás a salvo. No va a pasar nada.

La policía se va a ocupar de todo.

-La policía, dice.

Como si acaso estuvieran de nuestro lado.

-¿Qué quieres decir, Lolita?

-Doña Trini... -¿Sí?

-Avise a don Ramón,

se lo ruego. Hay algo que debo decirle.

-Lolita, hija, ¿qué tienes?

Has perdido la color, ¿qué le quieres decir a Ramón?

Diego.

-Blanca. ¿Qué haces aquí?

-No puede ser verdad.

Hemos llegado tarde.

-Diego no ha muerto.

Aún.

Señora. Vengo de preguntar a los cocheros.

-¿Y bien?

-No han visto salir a Blanca.

-No les necesito para saber dónde ha ido mi hija.

Samuel ha debido llevarla

a ver a Diego.

Ese hombre ha perdido el oremus.

¿No se da cuenta de que mi hija está muy delicada?

¿Quiere que pierda a la criatura?

-Señora, no se ponga en lo peor.

Si doña Blanca ha decidido ir, será porque se siente mejor.

-No, Carmen. Mi hija no sabe lo que se hace.

Por Diego es capaz de cualquier barbaridad.

Y Samuel...

Samuel es un pusilánime, que no sabe ponerla en su sitio.

Pero si él no cumple con su deber,

yo tendré que encargarme personalmente.

La haré entrar en vereda.

Pero ¿a qué viene ese jaleo en el callejón?

¿Por qué hay tanta gente? -Al parecer, han encontrado

a un hombre muerto.

Lolita, ¿qué es eso tan urgente que tenías que contarme?

Lolita, te advierto que estoy empezando

a perder la paciencia con tus silencios.

¿Por qué miras tanto a ese guardia?

-No, don Ramón, no lo mire, no lo mire.

Que no se dé cuenta que lo estamos mirando. Disimule.

-Lolita, ¿qué sucede?

¿Acaso has visto algo más que el cadáver de Vilas?

Porque es obvio que sabes algo que no me estás contando.

O me contestas ahora mismo

o me voy a buscar a ese hombre para saber

por qué te inspira tanto temor. -No. No lo haga.

Le contaré todo de pe a pa.

Ese hombre...

es el que vi con Sepúlveda.

El que le entregó el maletín.

-¿Y por qué no me lo has contado antes,

alma de Dios? -Porque no sabía qué hacer.

Temí que eso les pusiera a ustedes en mayor riesgo.

O jeringar aún más a Antoñito. Don Ramón,...

no se puede fiar de la policía.

-Sí, es indudable...

que ese miserable de Belarmino

tiene amigos en todas partes.

Vete con mi esposa a casa.

Y encerraos con María Luisa a cal y canto, ¿me oyes?

-¿Y usted qué va a hacer? -Voy a buscar al comisario

Méndez. Y disimula.

Que ese guardia no vaya a sospechar.

Lolita.

¿Me has contado todo o te estás guardando algo para protegernos?

Lolita, dime la verdad.

-No, señor. Se lo he contado todo.

Se lo juro por mis muertos.

A penas le oigo respirar.

-Está empleando sus últimas fuerzas en hacerlo.

No hay nada que podamos hacer ya.

-Mientes.

Samuel me lo ha contado todo. Sí hay algo que podamos hacer,

pero tú te has negado.

Podemos llevarle a un sanatorio. Mover cielo y tierra

para buscar un tratamiento que limpie de mercurio su sangre.

Pero tú has preferido dejarle morir.

-Si tu esposo te lo ha contado todo,

sabrás que no ha sido mi elección. Fue el último deseo de Diego.

-Eso es lo que dices tú.

-¿Acaso dudas de mi palabra?

-Nada que venga de ti me inspira confianza.

Lo que creo es que estás disfrutando con tu victoria,

viéndole morir entre agonías.

-Pero ¿estás loca?

¡Yo le amo! -Tú no amas a nadie.

Eres incapaz de eso.

-Ya basta, Blanca, contente. -¿Es que no te das cuenta, Samuel?

Ella es la culpable.

Es una enferma que disfruta con nuestro sufrimiento.

-De nada te sirve enfrentarte con Olga.

Ella tiene la ley de su parte. Diego le concedió plenos poderes.

Él, y no ella, es el verdadero culpable.

Es el final que ha elegido.

"Quiero amarte con delicadeza. Ir lentamente".

Pensaré en ti a cada momento.

Es para que me escribas cartas de amor.

Elvira.

Lo siento, sé que debería haber llamado, pero iba camino

de casa de doña Celia y vi la puerta abierta.

Descuida.

Estaba distraída rememorando.

Son tantos los recuerdos

que me trae esta casa...

Sí. Hemos pasado mucho entre estas paredes.

Pero no tendrías que haber venido.

Si necesitabas algo yo te lo podría haber llevado al hospital.

Te lo agradezco.

Pero también quería darme un baño.

Asearme un poco antes de empezar a recoger algunas cosas.

¿Recoger?

Podrías haber contratado a un doncella para dicha tarea.

Prefería hacerlo yo.

Son recuerdos personales.

Del resto ya se encargarán los empleados de la mudanza.

Elvira,

¿de qué estás hablando?

En cuanto ocurra lo inevitable,

tan solo esperaré a oficiar los responsos de mi padre

para abandonar esta casa y Acacias para siempre.

¿Y adónde piensas ir?

Aún no lo he decidido.

Tan solo sé que lejos de aquí.

No sé, a otra ciudad.

Quizás a... Sevilla o a Valencia.

Tengo que empezar una nueva vida.

Lejos.

Una vez mi padre dé su último aliento,

nada me retendrá aquí.

Pero... Simón.

Es lo mejor.

Lo mejor para todos.

Lo sabes tan bien como yo.

-"Ay, Fabiana".

Que servidora pensaba que el pobrecito estaba durmiendo la mona.

-Así era, pero era el sueño eterno lo que se estaba echando.

-Que me acerqué al tal Vilas...

convencida de que se había pasado empinando el codo.

Pero cuando le toqué... estaba frío como el hielo.

-Haz caso a la Fabiana y borra de tu mollera tan lúgubre escena.

Que mira,...

que hasta a mí se me hiela la sangre tan solo de escucharte.

-Ojalá pudiera.

Pero es que me viene una y otra vez, una y otra vez.

Que no he pegado ojo en toda la noche.

-Bueno, Lola, pues por eso mismito

deberías tomarte esta tisana bien calentita, ¿eh?

A ver si así se te templa el cuerpo. -No creo que me entre.

-Haz un poder, hija.

Que ya solo nos faltaba que enfermaras por falta de sustento.

-Si es que ya te lo dijo servidora, Lola,

que no tenías que salir a la calle hasta que estuviera todo resuelto.

-Así que aplícate el cuento, Lolita.

Y ya se acabó eso de ir zascandileando por ahí, ¿eh?

-Sí.

Y te quedas en casa de tus señores, que ahí no te puede pasar nada malo.

-¿Y quedarme de brazos cruzados?

-Mejor cruzados, que muerto para toda la eternidad.

-Si yo sé que tienen más razón que un santo.

-¿Entonces? ¿A qué tamaña resistencia?

-Pues ¿qué pasara mientras con mi Antoñito?

Si Belarmino ha sido capaz de matar a ese hombre,

¿qué no hará con mi prometido dentro de la cárcel?

-Entre poco y nada

puedes hacer tú.

Don Ramón ya hará lo que tenga que hacer para poner a salvo a su hijo.

-Para chasco que sí.

¿No nos has contado que don Ramón

ha puesto al corriente de todo al señor comisario?

-Dios quiera que sirva de algo.

Entonces, ¿es cierto que Susana está planeando abandonar la sastrería?

-Algo he oído comentar a mi madre.

Pero no puedo asegurarlo. -Me extrañaría mucho.

Este negocio para ella es su vida. -Sí.

Su situación ha de ser desesperada

si es verdad que al final tiene que venderlo.

-Mira, pronto saldremos de dudas. Por ahí viene tu madre

y podremos preguntarle.

-¿Es que a todos los pobres de esta ciudad les ha entrado capricho

de mudarse a nuestras calles o qué? -Madre, no lo hacen por gusto.

Lo hacen para arrimarse al calor de la estufa.

-Pues no sé en qué está pensando el ayuntamiento

con semejantes dispendios.

Además, ellos ya están acostumbrados a dormir a la intemperie.

Así lo único que van a conseguir es volverles débiles

y que luego no rindan en sus tareas. -A veces tengo la impresión

que no se escucha usted misma, si no, no diría tales barbaridades.

-Y te recuerdo, querida Rosina, que estos pobres desgraciados

ya habitaban nuestras calles antes. Solo que no reparabas en ellos.

-Para una cosa bien que hace nuestro ayuntamiento no debería criticarlo.

-Ay, no me juzguéis mal.

A mí me parece de perlas que se les brinden comodidades

a los que no tienen nada, pero ¿tienen que hacerlo aquí?

Ellos ya tienen sus barrios, sus covachas.

Lo digo para que no tengan que desplazarse.

¿No os dais cuenta de que esto da muy mala imagen al barrio?

A este paso, Acacias no lo va a reconocer nadie.

-Hablando de los cambios que nos acechan.

Hablaba con tu hija del rumor de que Susana está planeando

abandonar la sastrería.

-Sí. Por desgracia, no es solo un rumor.

Susana está decidida a venderla.

Y ¿a que no sabéis quién le ha hecho una oferta?

Úrsula.

Parece dispuesta a pagarle lo que pide.

-Pero ¿está usted segura?

No entiendo qué interés tiene esa mujer en una sastrería.

-Es claro. A mí no me sorprende en absoluto.

Úrsula pretende apoderarse de todo el barrio para mangonearnos a todos.

-Como Cayetana. -¿Lo veis?

Entre los mendigos y la sastrería, este barrio se va derecho a pique.

-Madre,... usted aprecia muchísimo a Susana.

¿Por qué no trata de hablar con ella y...

ver si hay alguna solución para no vender la sastrería?

-¡Yepa ya!

-Esto ya pasa de castaño oscuro.

Una cosa es que estén ahí,

a la vista de todos, y otra que formen semejante escándalo.

-Madre, madre, pero ¿adónde se cree que va?

-Si no saben comportarse, yo les voy a enseñar.

Dejen paso, ¿qué se creen, que esto es un corral o qué?

-¡Yepa ya!

-Bien, bien, pero es un poco más bien...

¡Yepa ya!

-(RÍEN) -Asombroso, asombroso.

Vamos, que me está poniendo la piel de gallina y todo.

Lo suyo es un talento innato. -¡Liberto!

¿Se puede saber qué estás haciendo aquí?

-Cariño, no te había visto. Aquí estoy con Jacinto,

el primo de Casilda, que me está enseñando el grito

que usa para llamar a sus ovejas. -A las buenas, señora.

Con un poco de práctica va a parecer que su esposo

lleva media vida entre ovejas. -Me halagas.

Oye, es que nunca había hablado con él, la verdad,

pero me parece un tipo fantástico.

¿Te apetece probar el grito? -Mire, mire.

-Vámonos, que has perdido el oremus, ni que fueras un vulgar pastor.

Vamos, vámonos.

-¡Yepa ya! -¡Yepa ya!

No comprendo su insistencia, padre.

Le digo y le repito que no me ha sucedido nada más en la cárcel.

Ni he recibido ningún nuevo mensaje ni de Belarmino

ni de ninguno de sus secuaces. Así que puede estar tranquilo.

-Te aseguro que no lo estoy en absoluto.

-Pero ¿por qué? ¿Acaso... me está ocultando algo?

Padre, su silencio me alarma, ¿están todos bien,

le ha pasado algo a Lolita?

-No le ha pasado nada a nadie, no te asustes.

-¿Y entonces?

-Felipe... está investigando

más a fondo a Belarmino, y ha descubierto

que su red de contactos está infiltrada

en todas partes.

Si fue capaz de llegar hasta ese carcelero que te torturó,

¿quién nos dice que no puede llegar a otros estamentos?

-Ya. Comprendo.

-En este momento,... sospechamos de la misma policía.

El comisario Méndez...

ha iniciado una investigación secreta dentro del propio cuerpo.

-Día tras día se hace más notorio que nos enfrentamos a un enemigo

demasiado peligroso. Es que no podemos hacer nada.

Belarmino va ganando la partida.

-No, no, hijo mío, no te rindas todavía.

Aún no nos han vencido. -Eso es solo cuestión de tiempo.

-Te pido que conserves la fe. La verdad saldrá adelante.

Descubriremos sus manejos y tú saldrás de aquí.

Lo único que te pido

es que extremes los cuidados.

Tienes que andarte con mil ojos,

¿de acuerdo?

Si sospechas de algo,...

si te sucede algo,...

no dudes en contárselo de inmediato al comisario Méndez.

O a mí.

En este momento,...

somos las dos únicas personas en las que puedes confiar.

¿No deberías estar acompañando a María Luisa?

La pobre debe estar aterrorizada.

He sabido lo que le sucedió al hombre que supuestamente

tenía que protegerles. -En cuanto termine de hablar

con usted subo a verla.

-En tal caso, ya estás tardando en marchar.

Sobre las cuitas que te traen, ya está todo dicho y decidido.

-dígame que no es cierto lo que acaba de contarme Rosina,

que no va a vender la sastrería a Úrsula.

-Es cierto, y no hay manera de hacerla entrar en razones.

-Pero ¿cómo ha podido tomar una decisión así

sin consultarlo con la familia?

-Justo eso iba yo a recriminarle. ¿Qué pasa

si mis padres decidieran regresar? -Eso.

¿Qué pensaría Leandro si ve el negocio en manos de esa mujer?

-Que piense lo que le entre en gana. Ellos viven su vida, y yo la mía.

No tengo por qué consultarlo con nadie.

Es mi negocio y mi determinación.

-Sabemos perfectamente

que está pasando por una situación muy delicada.

Pero...

tal vez podamos encontrar una solución, ¿no cree?

-No, yo ya no tengo ni fuerzas ni ganas para ello.

Estoy cansada.

No puedo seguir afrontando tantos problemas.

Hoy ha sido el dinero que he perdido con el manto papal,

y mañana será otra cosa. Estoy ya muy mayor para esto.

¿De verdad os preocupáis por mí?

¿Queréis que sea dichosa?

Pues entonces dejad que me deshaga de este lugar de una vez por todas.

¿Esto es todo lo que piensas hacer por él?

¿Rezarle una oración al Santísimo?

-Vamos, Blanca, no os enzarcéis en una nueva disputa.

De nada serviría.

La enfermera que está al cuidado de Diego ya debe marcharse.

Debemos acudir a velarlo. -Haz caso a tu esposo.

Es mejor que te vayas,

yo enseguida iré.

-Samuel, te lo ruego, déjame un momento a solas con mi hermana.

-Está bien.

-¿Qué es lo que deseas ahora? ¿Seguir insultándome?

-No, Olga. En realidad, quería pedirte disculpas.

Mis palabras fueron fruto del dolor y de la rabia.

Pero sé que tú también estás sufriendo

con todo lo que está ocurriendo.

Es por eso que buscas consuelo en la oración, ¿no es cierto?

-Te equivocas.

Tomás, el hombre que me trató

con tanta crueldad, era muy devoto.

Y su proceder me demostró lo que podía esperar de nuestro Dios.

-Entonces, ¿qué haces ante esta imagen?

¿Crees o no crees en él?

-Sí. Sí que creo.

Estoy segura de que existe.

Pero no es bondadoso como nos quieren hacer creer.

Es cruel y desalmado.

Disfruta rodeado de todos sus santos.

Viendo cómo sufrimos, torturándonos con sus caprichos.

Si me he detenido delante de la hornacina,

no ha sido para ofrecerle una ofrenda,

sino para insultarle.

-Olga,...

entonces, si no crees que nadie nos protege, razón de más

para no dejarlo todo en manos del destino.

Tienes que hacer algo para tratar de salvar a Diego.

¿Por qué te empeñas en hacerle caso a ese documento que te hizo firmar?

-La respuesta es clara. Porque esa, y no otra,

era su voluntad.

-Yo no sé los motivos que llevaron a Diego a rendirse de esa manera.

Imagino que para evitarle sufrimiento a la gente que amaba,

pero no tiene sentido

sacrificarse de esa manera tan absurda.

Si realmente estás enamorada de él, tienes que llevarle al hospital.

Al diablo con ese papel que firmó.

-No, Blanca.

Diego confió en mí.

Y no pienso defraudarle.

-¿Vamos?

¿No te parece extraño que todos sigan con sus vidas

mientras nuestro mundo se tambalea?

Toda mi familia tiene que permanecer encerrada en casa.

Amenazada por un desaprensivo que se esconde entre esos paseantes

buscando el momento oportuno para atacarnos.

-Pero yo no voy a permitir que a ti te pase nada.

Porque no me voy a separar de ti.

Voy a estar todo el rato a tu lado. Protegiéndote.

-Soy una cobarde, Víctor.

Debería volver a la cárcel para apoyar a mi hermano.

O al hospital, junto a Elvira. Pero es que...

solo el hecho de pensar en salir a la calle, me aterroriza.

-Es que no es cobardía, es sensatez.

Y tanto tu hermano como Elvira saben que les apoyas,

aunque en estos momentos no puedas estar con ellos.

-No me quiero ni imaginar lo mal que lo estará pasando Elvira.

Al parecer, su padre se muere sin remedio.

-Pues...

que Dios se apiade de su alma y perdone sus pecados.

Yo no le guardo rencor.

-No deberías sentirte culpable.

Él es el único responsable de su destino.

-Y, por desgracia, no solo del suyo.

Fíjate que sus actos han ido afectando

a todos los que le rodeaban. Mira Simón y Elvira.

Podían haber tenido una vida completamente diferente

si les hubiera dejado disfrutar de su amor.

-Sí.

Ninguno de los dos volverá a amar como se han amado.

Un amor como el suyo nunca debería haberse perdido.

-Pues...

te recuerdo que nosotros estuvimos a punto de correr

una suerte parecida. -Sí.

Pero por suerte supimos reaccionar a tiempo.

Ojalá nunca volvamos a separarnos.

-(CARRASPEA)

-Don Ramón. Discúlpeme.

Sé que tengo una conversación pendiente con usted.

Comunicarle que su hija y yo... hemos retomado relaciones.

Si no se lo he comunicado antes

es porque pensaba que,

con todo lo que le está pasando, no era lo más adecuado molestarle.

-Sin embargo,...

sí te ha parecido conveniente daros arrumacos en mitad de mi casa.

Perded cuidado.

No voy a ser yo

el que estropee la única buena noticia

que ha tenido esta casa durante mucho tiempo.

Víctor,...

María Luisa es feliz a tu lado.

Y... yo me siento muy dichoso con ello.

Lo cual no significa que os podéis saltar

a la ligera las normas del decoro y la decencia.

-Descuide que nos sabremos comportar.

Y ahora, cuéntenos, ¿ha ido a ver a mi hermano?

¿Cómo está?

Unas horas, tal vez un día más.

-Ya solo podemos permanecer a su lado.

Estar con él en sus últimos momentos.

-No. Hay algo más que podemos hacer.

Debemos llevarle de inmediato al hospital.

-Blanca, te recuerdo que eso va en contra de su voluntad y de la ley.

-La ley no puede permitir un asesinato. Diego se está muriendo.

Yo no me pienso quedar de brazos cruzados.

-Si les consuela, en el hospital no podríamos hacer mucho por él.

Ya les dije

que el mercurialismo no tiene cura. -Pero...

también afirmó que existían

ciertos tratamientos. -Meramente experimentales.

No ofrecen garantías.

-¿Y esperar la muerte, sin más, es mejor que correr el riesgo?

-Háblenos de esos remedios, doctor.

Se lo ruego. -Según...

algunas investigaciones, una manera de atajar

una intoxicación grave,

como el mercurialismo, sería interviniéndole

con una exanguinotransfusión.

-Exactamente, ¿en qué consiste?

-El mercurio es un metal pesado que se transporta en la sangre.

Una sangría abundante, sumada a una transfusión,

podría rebajar el nivel del tóxico.

-¿Tendría que extraerle toda sus sangre?

-No, toda no, pero sí un buen volumen.

-Entonces sí que existe un remedio. -Que puede ser tan letal

como la propia enfermedad.

Las trasfusiones no ofrecen ningunas garantías,

ni para el donante. Yo mismo no me siento capacitado para realizarlas.

-Creía que había habido ciertos avances.

-Así es.

El doctor Karl Landsteiner acaba de descubrir que existen varios tipos

de sangre y que algunas son incompatibles entre sí.

Eso explicaría el fracaso de muchos intentos.

Llevo años en contacto con un médico francés.

El doctor Arthus, que lleva años investigando en el tema.

Podría pedirle que realizara el procedimiento.

Pero no sé si querría.

-Valdría la pena intentarlo.

-No sé si me están entendiendo.

Todos correrían un grave peligro.

El paciente, por la pérdida de sangre.

Y el donante, si se produce una reacción alérgica entre las sangres.

Además, insisto,

es muy probable que no sirviera de nada.

No conocemos el alcance de la intoxicación.

Otros órganos pueden estar dañados y, limpiarle la sangre

no habría valido de nada.

-Sus palabras no son

muy alentadoras. -Es la situación la que no lo es.

Quizá merezca la pena dejarle pasar sus últimas horas

en paz.

-Además, Olga nunca nos daría su permiso.

-Disculpen, tengo que volver al hospital.

-Querida,... tú tampoco estás en plenitud de condiciones.

Deberías cuidarte,

marcharte a casa y descansar.

Yo me quedaré cuidando de Diego.

Está bien. Si no te quieres ir, me iré yo.

Necesito tomar el aire.

¿Preparando la tienda para la nueva dueña?

-Ay, Rosina.

Te lo ruego, no me digas que vienes a convencerme

de que desista de mi supuesto error.

Estoy cansada de defender mi determinación.

-Veo que ya te ha visitado Liberto.

-Sí. Y no es el único.

-Descuida, yo solo he venido a preguntarte si ya...

has firmado algún papel a Úrsula

formalizando la compra.

-No, aún no.

-Ay, estupendo, aún no es tarde.

-¿Para qué? -¿Para qué va a ser?

Para evitar que tires por la borda una vida llena de sacrificio,

de dedicación, de trabajo.

Esta tienda no puede ser

de nadie más. Y menos de esa urraca.

-¿Y ahora qué haces? -Firmar un pagaré.

Para que puedas saldar las deudas contraídas

por el dichoso mantito.

-Pareces no haberte enterado de que la cifra es astronómica.

-Ya, supuestamente más alta que el valor de tu negocio.

-Sí.

Por desgracia, así es. -Susana,...

¿crees que Úrsula es la única mujer con posibles de Acacias?

¿Tengo que recordarte que mi yacimiento,

mi mina de oro, me da sus buenos dividendos?

-¿Estás tratando de decirme... que quieres que te venda a ti...

la sastrería, en lugar de a Úrsula? -No, no, no.

Lo mío es un préstamo. Ya me lo irás devolviendo

cuando saques beneficios.

Como buenamente puedas.

-¿Así de fácil?

¿Sin pedirme nada a cambio? -No.

Espero que durante un buen tiempo no me cobres los arreglos

de mis vestidos, la verdad.

Bueno, va, dime la cifra exacta para que pueda ponerla en el pagaré.

Va, no tardes.

Que a lo mejor me arrepiento, ya sabes que no soy muy amiguita

de tales dispendios. -Eres una gran amiga, Rosina.

-Ay. En eso estamos de acuerdo.

Va, la cifra.

-Pero no puedo aceptarlo.

-¿Por... por qué?

-Porque... me faltan las fuerzas,

la ilusión.

La poca que tenía se fue

con los hilos de ese manto.

Úrsula

me ha ofrecido dinero suficiente para saldar la deuda.

Y, además,...

pasar una vejez sin aprietos.

Y eso es lo que quiero ahora.

-Bueno,... ya suponía que no aceptarías, pero...

debía intentarlo.

-Y te lo agradezco de corazón.

-Pero Susana, ¿qué vas a hacer...

día tras día, sin abrir por las mañanas la puerta de este negocio

que lo ha sido todo, todo para ti?

-Pues no sé.

Tendré que aprender a vivir de otra manera.

"Y por eso le estoy tan agradecido, madre".

"Sé que lo hace de corazón".

-¿Cómo me has llamado?

-Madre.

¿Acaso no es eso lo que es? -Gracias, Simón.

Espero que no sea tarde...

para que me deis vuestro perdón.

-Nunca es tarde para pedir perdón.

-"Encantado de conocerle, don Leandro".

-¿Qué don Leandro ni qué niño muerto?

Soy Leandro,... tu hermano.

-"Quizá debería probármelo".

A lo mejor precisa de algún arreglo.

¿Puedo? -Por supuesto,...

querido nieto. Si es que puedo llamarte así.

-Usted puede llamarme como le venga en gana,

"abuela".

-Lo que sé es...

que no va a ser tan fácil.

-Bueno. Vámonos a tomar un chocolatito, ¿eh?

Con una chispa de brandy, que nos anime el cuerpo.

Antes de que nos entre la llorera a las dos.

-Sí. Será lo mejor.

Gracias por invitarme.

-Pues si no he dicho nada de invitarte.

Cada una paga lo suyo. -Rosina,...

hace un instante me estabas ofreciendo una fortuna

sin saber si la ibas a recuperar.

¿Y ahora no eres capaz de pagarme un chocolate?

-Bueno, una cosa es una cosa y seis... media docena.

-Sí.

Samuel.

Aguarda.

Por fin te encuentro. -De nada tenemos que hablar

usted y yo.

-Solo quería preguntarte por tu hermano.

¿Está mejor? -¿Acaso le importa?

Ni ganas ni fuerzas tengo de hablar con usted.

Así que le ruego que me deje tranquilo.

Y que no vuelva a preguntarme sobre mi hermano nunca más.

-Carmen,

déjanos solos.

Quiero hablar algo en privado con Samuel.

-Sí, señora.

-Parece incapaz incluso de escucharme,

nada tenemos que decirnos.

-Ni tus palabras ni tu menosprecio pueden ofenderme.

Sé todo lo que estás sufriendo. -Usted no sabe nada.

-Te equivocas.

Pero no quiero hurgar en la herida.

Lo creas o no,...

siento sincero afecto por ti.

Y me preocupas.

Tú,... tu matrimonio,...

también el hijo que estás esperando. -Nadie ha pedido que lo haga.

-Me lo pide mi corazón.

¿Acaso olvidas que ese niño es sangre de mi sangre?

Deseo para mi nieto unos padres dichosos,

unidos, que le presten todos los cuidados.

-Y es justo lo que tendrá. -¿Seguro?

¿De verdad lo crees?

Sé que es muy doloroso

plantearse según qué cuitas justo ahora,

en estos momentos tan delicados, pero...

¿acaso no te das cuenta que si esto no se para

perderás no solamente a tu hermano, sino también a Blanca?

Tu rostro no deja lugar a dudas... de que la certeza te corroe.

No entiendo por qué actúas así.

En vez de separar a Blanca de Diego, como debes hacer,

lo que estás haciendo

es todo lo contrario.

Los dos sabemos que Olga no significa nada para Diego.

¿Qué sucederá entre Blanca

y Diego si, Dios lo quiera, sale con vida de este trance?

-Confío ciegamente en mi esposa.

-¿Estás seguro de eso?

Esta es una carta que escribió

Blanca a Diego.

Aunque no llegó a enviársela.

La encontré por casualidad.

Creo que sus sentimientos quedan claramente expuestos ahí.

Espero que esto...

te haga abrir los ojos.

-"Estimado Diego".

"El diseño del colgante del pájaro está muy avanzado,

por lo que necesitamos que me envíes lo antes posible

las gemas de crisoberilo para terminarlo".

"No sé bien por qué, pero me viene a mi mente el momento

en que liberaste el pájaro de Úrsula".

"Ojalá mis sentimientos fueran así de libres".

"No puedo engañarte".

"Aun teniéndolo todo para ser feliz,

mi hermana, el hijo que espero, un buen marido,

me sigo sintiendo condenada".

"Esta casa es mi propia jaula".

"El lugar en el que debo vivir una vida que me conviene".

"Pero no la deseo".

"Me siento una impostora al lado de Samuel".

"No logro olvidarte".

"Me gustaría volar a tu lado".

-Lo lamento,

Samuel, pero... era preciso que supieras...

a lo que te enfrentas.

Espero que te hayas dado cuenta

de que lo mejor sería que la agonía de tu hermano terminara pronto.

Vamos a llevarlo al hospital.

Solo espero que no sea demasiado tarde.

Pero bueno, buen hombre, vaya a la estufa a calentarse.

Y no deje que Servando ni ningún otro malaje le quite el sitio.

(SUSPIRA)

¿Y tú qué haces en la calle, Lola?

-Pues... nada de nada.

Que como ha sobrado tanta comida en la cena,

he pensado en llevársela a los mendigos.

-De buena pareces tonta. Que no debes salir sola.

Trae. Yo llevaré la comida.

Pero ¿qué haces así, parada como un pasmarote?

Venga, ve a casa, Lola.

-Ya va. Es que ni me había fijado

que habían adornado la calle. -Sí. Ya está toda engalanada.

-Tristes navidades van a ser estas con Antoñito encerrado en la cárcel.

-Descuida, Lola.

Ya verás como Dios aprieta pero no ahoga.

Y, si quieres estar mohína, mejor será que lo estés en casa.

Allí vas a estar segura.

(GOLPEA LA PUERTA)

Simón, ¿qué haces aquí tan tarde?

Deberías estar ya en casa con tu madre y con tu esposa.

Descuida.

Ahora iré a su lado. Tan solo quería pasarme

para saber si había alguna novedad.

Nada. Todo sigue igual.

Parece inútil seguir esperando un milagro que nunca sucederá.

No pierdas la esperanza.

Uno nunca sabe lo que le deparará el futuro.

Lo sé.

Yo misma lo he vivido en mis propias carnes.

Nunca habría podido imaginar todo por lo que hemos pasado.

Sí.

Para al final terminar juntos en esta habitación velando a tu padre.

Justo antes que nuestros caminos

se separen para siempre.

Perdona.

Como puedes ver, mi mente siempre vuelve a lo mismo.

Parece incapaz de asimilar nuestro destino.

Por eso tengo que alejarme.

No debo permanecer en Acacias cuando todo esto acabe.

No lo hagas.

Sé que no debería decírtelo.

Que no tengo ningún derecho.

Que seguramente sería...

lo mejor para todos, pero...

siento que no debes marcharte.

No te vayas de Acacias, Elvira.

No me dejes solo.

Dios mío.

Ay, Lolita.

¿Quién te ha visto y quién te ve?

Asustada de tu propia sombra.

¿Qué hace?

-Por tu bien, no se te ocurra gritar.

¡Chist!

Doctor,... no hay tiempo que perder.

Avise a ese médico francés del que nos ha hablado

e inicie los preparativos para hacerle la transfusión a Diego.

-¿A qué aguarda? Sabemos que cada minuto

que pasa es vital.

-Y también saben que lo que me piden va contra la manifiesta voluntad

del paciente.

¿Están decididas a hacerlo?

-Diego no pensaba con claridad cuando firmó ese documento.

-Tal vez ni siquiera supiera que existía una posibilidad de cura.

-Está bien, pero permítanme que les pida cautela.

Haré lo que me piden y prepararé todo lo necesario.

Pero les recuerdo que no solamente necesitamos

la presencia del doctor Arthus. -¿Qué más?

-De un donante que esté dispuesto a darle su sangre.

Alguien que no tema poner su vida en serio peligro.

Ya les comenté que prácticamente correrá los mismos riesgos que Diego

durante la intervención.

-Eso no será problema, doctor.

Yo misma daré hasta mi última gota de sangre por él.

-No, Blanca, no lo harás.

Yo seré el donante.

Diego es mi hermano.

Es a mí a quien corresponde hacerlo.

La misma sangre corre por nuestra venas.

Habrá más posibilidades de éxito si soy yo quien le da la que necesita.

-¿Está usted seguro? ¿Se da cuenta

que su vida correrá un gran peligro?

¿Cansada?

-Agotada.

-Si quieres, te ayudo a desvestirte.

-Me da vergüenza pedírtelo, pero si me ayudas con los zapatos.

-Siempre que quieras lo haré.

Cada vez te va a costar más trabajo...

a medida que nuestro hijo crezca

dentro de tu vientre. -Eres un regalo del cielo.

Gracias por todo.

¿Ha hablado? Lo ha intentado, pero sin éxito.

Quiero que lo lleven a la unidad de cuidados intensivos.

Y quiero que se vigile su evolución.

Vaya a buscar a unos camilleros para que le ayuden.

¿Se va a curar?

No lo sé.

-"¿Qué quiere de mí?".

-Silencio o te parto el cuello. -Servando se ha ido sin barrer.

Claro, ¿para qué se va a ocupar, si ya está Martín el esclavo,

que lo hace todo?

Qué harto me tiene.

# Pobre...

# chica, la que tiene

# que servir... #

-"¿Y ahora qué?".

-Pues... tendré que regresar

a la pensión. Espero que haya habitaciones libres.

-De eso nada.

Tú tienes casa.

Y es allí donde debes estar.

-Celia, no estamos casados. ¿Qué van a decir los vecinos?

-Pues los vecinos que nos tengan envidia

que rabien y que chinchen.

Pero tú te vienes a casa conmigo. Que te voy a tener como un rey.

-"Arturo Valverde ha abierto los ojos".

-Bien.

Bien, no sabes el peso que me quito de encima.

¿Y qué ha dicho?

-No, nada, nada. De momento solo ha abierto los ojos.

Parece que no ha recobrado el conocimiento.

-Bicho malo nunca muere.

-¿Y Elvira? ¿Está sola?

No sé, a lo mejor deberías ir a hacerle compañía, necesita tu apoyo.

-Sí, sí. Iré hacia allá.

Madre, me gustaría quedarme con usted y...

echarle una mano en estos momentos.

-Vete. Adela y yo nos apañamos.

Si te dieras la vuelta, te gustaría lo que encontrarías.

Sigo siendo una mujer bella por mucho que haya sufrido.

¿Quieres que me dé la vuelta?

-"Los niveles de mercurio en la" sangre de mi hermano son altos.

-Los mayores que he visto detectados en los estudios sobre la enfermedad.

-Y podría no llegar con vida a la transfusión.

-Es una posibilidad no descartable.

-"El hombre jugando a ser Dios

merece castigo".

-"La medicina avanza mucho".

-La medicina ha avanzado,

pero la palabra de Dios, la ética y la moral, continúan inamovibles,

intocables, perennes.

Si la divina providencia

no interviene,...

tendremos que darle un empujón.

-¿Quiere decir? -Sí.

Quiero decir...

que no podemos tolerar esa aberración.

  • Capítulo 666

Acacias 38 - Capítulo 666

27 dic 2017

Blanca acude a visitar a Diego acompañada de Samuel. Intentan que Olga acceda al tratamiento y salvar a Diego. Samuel y Blanca preguntan al doctor en qué consiste el tratamiento: la transfusión de sangre no solo pone en peligro la vida de Diego, sino también la del donante.

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Añadir comentario ↓

  1. Juana arraez medina

    Menudo rollo nos estamos tragando y lo peor es q siendo tan pesada lo sigo viendo, y digo yo no se va a morir la sra Úrsula o van a poner punto y final a semejante enredo. Cuando crees q uno es muy malo sale otro peor. A Lolita y a la otra criada amiga suya q le den un premio por buenas. Al padre del preso y algunos más muy buenos los malos al carjo

    28 dic 2017
  2. Carmela

    Elvira es como una iglesia vacía, "No tiene cura"... porque sigue con sus caprichos e insinuaciones fuera de lugar. Saludos desde Buenos Aires.

    28 dic 2017
  3. Maria Elisabeth

    Ojalá Elvira y Simón acaben juntos con un hijo suyo y su padre feliz con su nieto. La mujer de Simón es una mentirosa desde el primer momento y Simón deberia darse cuenta y acabar con la farse del matrimonio. Que viva el amor de una vez!

    28 dic 2017
  4. Luisa

    A pesar que siempre ha tenido un muy buen pasar ( basta con ver el piso donde vivía y que sigue siendo de su propiedad) Rosina procede, como decimos en mi país, como " nueva rica " altanera, menospreciando y discriminando a muchos de sus " semejantes", cosa que en realidad ha hecho siempre. En esta vida de poco sirven los " posibles" si no van acompañados con humildad, y respeto hacia el prójimo. Y bien que se sintió aliviada cuando Susana no le aceptó el préstamo, le volvió el alma al cuerpo. " Personaje" que para mí no merece consideración.- No puedo decir lo mismo de la actriz que lo interpreta, lo hace tan bien que parece realidad y no ficción.- Y. señores guionistas, y/o responsables de la serie: HASTA CUANDO LAS INTRIGAS Y MALDADES DE URSULA? la paciencia tiene un límite y parece que vuestra imaginación también.

    28 dic 2017
  5. Haidy

    Más que nada Rosina ayuda, ya lo dijo que Ursula no es la única adinerada ella es adinerada porque tiene un yacimiento de oro y es más rica que la Ursula. Su personaje es bueno pero presume de altanería barata.

    28 dic 2017
  6. Saro

    Qué emocionante la escena de Rosina con Susana, ha sido una sorpresa para la sastra poder comprobar lo que es una verdadera amistad, hoy se lo han demostrado. Muchas veces he comentado que el personaje de Rosina tiene muchos matices, es muy expresiva, sensible y con un gran corazón, a pesar de que a veces deja asomar algunos "pequeños defectillos" (como en cierta ocasión le dijo Liberto). Sandra tienes muchísimo talento además de lo preciosa que eres.

    28 dic 2017