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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 664 - ver ahora
Transcripción completa

Siento haberme presentado aquí sin avisar.

Entonces, ¿me perdonas?

-Eres con quien quiero pasar el resto de mi vida.

No soportaría que se fuera sin decirle que le quiero.

Podrás decírselo.

(LLORA)

-¿Hola?

Saben del intento de fuga de Antoñito.

Y me exigen que hable con él para que se declare culpable.

Ay, madre mía. -Es de Belarmino, seguro.

No la firma, pero es suya seguro.

-"No tengo valor para quitarme la vida".

Pero no pondré cortafuegos.

Leonor,

no me lo haga más difícil.

-"¿Cuándo le vas a dar su merecido?".

-Ya no se meterá en más pleitos, ni tampoco

hará falta administrarle ningún compuesto.

Está intoxicado

por mercurio. -"No debimos pedirle"

que nos trajera las gemas.

No debimos obligarle a hacer ese viaje.

-Es su trabajo. No debes sentirte culpable.

-Es un hecho.

Es la verdad.

Somos culpables.

-"Me encubrirá ante Blanca".

Le dirá que me han puesto en tratamiento, que lucho por vivir,

de lo contrario, deberá insistir.

No cedas, por favor.

Ninguna de las dos queremos que Diego se muera.

-"Sé que debería hablar con él, pero..."

mi verdadero deseo

y el que más me avergüenza...

es que muera. -No quiero tratamientos.

Y mucho menos cuando no esté

en condiciones de rechazarlos.

Me pongo en tus manos.

¿Aceptas?

Olga, te ruego que firmes este escrito.

-Pones una gran responsabilidad sobre mis hombros.

-Olga, si llega el momento, no me puedes dejar a merced de Úrsula.

Mi salud o como quiera terminar mi vida

no pueden depender de ella.

-Espero no tener que ejercer ese poder nunca.

No soportaría tener que entregarte a la muerte.

-Pero es lo que deseo, Olga.

Deseo acabar con dignidad.

No quiero pasar los años privado de mi voluntad

en un estado de inconsciencia como mi padre.

-Prometo cumplir tu voluntad,

por mucho que me duela.

-Gracias.

Y yo te lo agradezco con todo mi corazón.

-Sabes que me estás pidiendo un gran sacrificio.

-Lo sé.

Y recibo este gesto como

una declaración de amor.

-¿Acaso lo dudas? -No.

Pero me rompe el alma no tener el tiempo para devolverte tu cariño.

No llores.

-No puedo evitarlo.

Lo eres todo para mí, Diego.

Os he traído algo de comer.

Lleváis demasiados días sin probar bocado.

-Gracias, pero no deberías haberte molestado.

-No es ninguna molestia, lo hago con gusto.

Te lo agradezco, pero no me entra nada en el cuerpo.

Tienes que hacer un poder

o te terminarán fallando las fuerzas.

Sigues siendo la mujer amable que conocí en el convento.

No, tan solo trato de seguir

las enseñanzas de nuestro Señor y ayudar a mis semejantes.

Me alegro de que Simón comparta su vida con una persona como tú.

Procuro ser una buena esposa.

Simón, vete a casa.

Dad buena cuenta de esas viandas.

Os juro que a mí no me entra ni una miga.

-No vamos a dejarte sola.

Es lo que me corresponde,

estar junto al lecho de dolor de mi padre.

Es entendible que no quieras separarte de él ni un centímetro,

pero debes reponer fuerzas.

No puedes despreciar la comida que te ha traído Adela.

-Si te place, podemos quedarnos aquí a hacerte compañía

y rezar por la mejoría de don Arturo.

A estas alturas, de poco van a servir los rezos.

Confía en la Virgen María y en los santos.

No es por falta de fe.

Mi padre está desahuciado.

Lo lamento mucho.

En ese caso, solo nos queda rezar por la salvación de su alma.

Preferiría pasar el tiempo que me queda con él de otra manera.

-Adela, me barrunto que sería mejor que fueras con mi madre.

Ella tampoco está pasando por un buen momento

y tu presencia le reconforta.

-¿Crees que es lo más adecuado?

-Sí. Yo me quedaré acompañando a Elvira,

y me aseguraré de que coma algo.

También voy a intentar que dé alguna cabezada y descanse.

-Verás, es cierto que tu madre necesita compañía,

pero me sabe mal marcharme tan pronto y no atender a Elvira.

-Tú no te preocupes por eso, ya me encargo yo.

Nos vemos luego en casa.

-Y no te apures, que me ocupo de tu madre.

Elvira, no pierdas la fe, siempre puede suceder un milagro.

Te veo más tarde.

La calle está quedando fetén.

Ni el portal de Belén tenía tanto perifollo.

-Martín, no seas cenutrio, anda.

Si ahí solo había un borrico y un buey.

-No te des tanto bombo, que queda un cacho de calle por apañar.

-Pues a mí solo me queda una guirnalda por poner.

-Menos da una piedra.

-Ten cuidado al subir, no te vayas a desgraciar.

-Ponla más alta, que alguno se la va a llevar con el sombrero.

-Martín, un poquito más a la derecha. Es que ahí no luce.

-No, "pacá", "pacá".

-Como sigáis dándome órdenes, acabaré en el suelo de morros.

-Eh, quieto

"parao", que eso no lo puedes poner ahí.

-Otro con exigencias.

Estoy hasta el gorro. Aquí no hay más que jefes.

-Para el carro, que esto no es cosa mía.

Vienen los del ayuntamiento, y van a plantar la estufa

justamente aquí. -¿Ahí?

Martín, quita la guirnalda a escape,

que no queremos que se nos incendie la calle.

-Me parece buena idea dejar este sitio libre.

Lo de la estufa es una idea de campanillas.

Les va a venir bien a los pobres calentar el trasero

los días de invierno.

-¿Al final van a colocar la estufa?

-"Pa" que los pobres andemos siempre calentitos,

que la calle no va a ser siempre para los señores,

que solo lucen sus ropas

y sus joyas.

-Lo de la estufa me parece fetén.

Mejor que el pan con manteca. -Pamplinas.

Esto va a servir para atraer al barrio

toda la chusma de los alrededores.

-Si el alcalde quiere ayudar a los desfavorecidos,

que les dé un techo.

Y si no, que se los lleve al ayuntamiento.

-O a su casa. Esto, lo único que son...

son paños calientes, nunca mejor dicho.

-Populismos para caer bien a la plebe.

A mí me parece de perlas.

Mejorará las condiciones de vida

de los más desfavorecidos. -Diga que sí.

-Pues ya me lo diréis cuando toda

la calle se llene indeseables y de basura.

Los mendigos lo dejan todo perdido.

-Pero si no son sucios por gusto,

sino por falta de posibles y de cultura.

-¿Eres hija mía?

No podemos pensar más distinto en todo.

-"Pa" mí que esto calienta menos que la manta de un asilo.

Es una estafa.

-Dele tiempo.

Y échele leña, ya verá como sí tira.

Míralos, Casilda,

nos quejamos diciendo que vivimos sin una perra,

y luego vivimos casi como los señores.

-"Pa" chasco que sí.

Ellos si que son "pobrecicos" que no tienen donde caerse muertos.

Mírelos, ahí, no le ponen pega a nada.

-Lola. Lola.

¿Dónde te habías metido? Te he echado en falta.

Como eres tan dispuesta a preparar las fiestas y esos menesteres.

-Ayer escuché algo

que puede ayudar a Antoñito.

Me he enterado de cómo dar con un pollo que está metido en el ajo.

-¿Lo sabe don Ramón?

-¿"Pa" qué, "pa" ponerle en peligro? -Lola,

¿no estarás pensando meterte tú sola en esos andurriales?

-Que por muy fornida que tú seas,

te pueden dar matarile.

Vete inmediatamente a la casa y se lo cuentas a don Ramón.

-Yo no quiero poner a nadie más en peligro.

Soy de pueblo, y pasaré desapercibida.

Don Ramón sería como mosca en la leche por esos andurriales.

-"Bobás". Y te digo una cosa,

o se lo cuentas tú o se lo cuento yo.

-Está bien, iré a contárselo.

-Voy contigo, que no me fio de ti.

Me das menos confianza que la balanza del tetero.

Venga, vamos.

No os apuréis.

Ya le he enviado a la policía la nota con la amenaza.

-Quizá hubiese sido mejor no hacer nada.

Lo mismo se irritan más con nosotros.

-Hija, no podemos quedarnos de brazos cruzados.

-Sosegaos.

El funcionario que me recibió, me dijo que esperara en casa,

que estuviera tranquilo, que el vendría a enseñarnos

las medidas de seguridad que tenemos que tomar.

Quiera Dios que puedan protegernos de estas amenazas.

-Maldito sea ese Belarmino.

Ojalá tuviera una pista para seguirle.

-Ramón, templa.

Lo peor es poner a Antoñito más en peligro con nuestras acciones.

-Con su permiso. Tengo algo de mucha enjundia que decirles.

-Te escuchamos.

(Llaman)

Sin duda, será ese policía

del que os he hablado.

Ya era hora de que tuviéramos ayuda.

-Por fin vamos a estar a salvo.

-Lolita, hija,

dinos. -Algo de mucha miga.

-Buenos días.

La verdad es que no le vi tan mal.

A pesar de su enfermedad no parece demasiado decaído.

-Entonces,

¿has conseguido convencerle para que se trate de su enfermedad?

-Sí, más o menos.

-No te veo muy segura.

-Aunque él me lo pidió, yo no te puedo mentir.

-Está muy mal.

-Bien no está.

Pero lo peor es que se niega a ponerse tratamiento médico.

Está convencido de que no merece la pena hacer nada.

No creo que cambie de opinión.

-¿Cómo ha llegado a ponerse tan grave?

-Creo que tiene algo que ver con su último viaje.

-Entonces la culpa es mía.

-No te tortures. No tiene sentido que te tortures.

-Sí lo tiene, Leonor. Yo le empujé a hacer ese viaje.

Ha sido en Minas Gerais donde se ha desarrollado su enfermedad.

Esas minas son ricas en mercurio. -Pero solo ha estado un tiempo.

-Suficiente

para envenenarse por ese metal.

La enfermedad estaría latente y este viaje ha acelerado el proceso.

-Yo ya lo sé.

En todo caso, el único culpable

de todo esto es el destino.

-Yo le exigí

un oro y unas piedras que solo se encuentran en esas minas.

¿Por qué he sido tan egoísta de alejarle entonces?

-¿Qué tienes? Te noto descompuesta.

-Ha de ser el tiempo, que está muy cambiante y no me hago a él.

-¿Y no será también por la salud de mi hermano?

-Sí, supongo que mi desasosiego tiene que ver también con él.

-Siento no poder aliviar tu inquietud.

Vengo de la consulta del doctor.

Las noticas que me ha dado no son buenas.

-¿Es grave?

-Diego se muere.

No hay tratamiento para su infección.

-¿No podemos hacer nada por él?

-Me temo que no.

Bueno, ya he despedido al policía.

¿Os sentís ahora más seguras? -Sin duda.

¿Os han quedado claras sus recomendaciones?

-Más que el agua de la fuente.

-No debemos salir solas,

debemos informar de dónde vamos, y en la medida de lo posible,

no debemos alejarnos del barrio. -La policía

se ha comprometido a investigar

y demostrar que esa nota era real.

Eso beneficiaría a Antoñito.

-También demostrarán que Antoñito no tiene nada que ver con los fraudes.

-Mientras tanto,

tenemos que andarnos todos con pies de plomo.

-No sé si voy a atreverme a salir de casa.

-Luisi, hija,

con un poco de cautela podemos hacerlo todos los días.

No vamos a permitir que esos malnacidos nos encierren en casa.

Bastante nos están amargando ya.

-Lolita.

Tiemblas como si hubieses visto un aparecido. ¿Tienes miedo?

-Lolita, hija, cuéntanos.

¿Qué era eso tan importante que tenías que decirnos?

-¿De qué se trataba?

-Cuéntanoslo ya.

-Que si me dejaban sellos "pa" enviar unas felicitaciones

a Cabrahigo.

El cura se lo podrá leer.

-Claro, puedes coger los que quieras.

Y no te asustes, ya verás como todo va bien.

A mí me pasa un poco como a ella.

Trato de seguir adelante y de no pensar

y, por supuesto, quiero a mi esposa

y admiro su bondad por encima de todo, pero...

hay un rincón en mi corazón,

en lo más hondo, donde siempre está Elvira.

Hay amores que uno nunca

consigue sacarse de dentro.

-¿Todavía estás enamorado de ella?

-Sí.

Y lo siento. Sé todo lo que está haciendo y lo que te está haciendo,

pero es que...

Madre mía redentora, perdóname.

Madre mía

redentora, acógeme.

Madre mía redentora, dame valor.

Elvira, no pierdas la fe,

siempre puede suceder un milagro.

Te veo más tarde.

Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa...

-Da gusto verte tan animosa.

Tienes hecho casi todo el trabajo del día.

-Sí. Me sentiría mal si fuera de otra forma.

Esta familia es muy dada a llorar a los demás,

y yo no voy a permanecer ociosa.

-Siempre he tenido a gala ser una buena cristina.

-Sí, usted y su hijo también,

que no deja de acompañar a Elvira ni un minuto.

-¿Y eso te sigue pareciendo bien?

-Sí.

Ya le dije que confío

en Simón. ¿Por qué iba a verlo mal?

-A fin de cuentas, es tu marido.

Que pase tanto tiempo con la que fue su novia,...

algo te tiene que escocer. -En lo más mínimo.

Me parece que no eres del todo sincera.

Yo soy madre, y su entrega me parece excesiva.

-Por favor, no lo vea con ojos turbios.

Tan solo estamos auxiliando a una pobre desgraciada

y, lo estamos haciendo los dos.

Y está, está tan sola...

-Cuida que no busque compañía

y, menos en tu marido.

-Eso son asuntos del pasado.

Mi marido me adora.

¿Sabe que estamos pensando en visitar las capitales de Europa?

Cuando estemos en París, podríamos visitar a mi cuñado Leandro.

-Ah.

Bueno, pues, siendo así, contad conmigo para ese viaje.

Si es que el negocio sigue para adelante.

La curia no ha dicho ni chus ni mus sobre el manto papal.

-No se apure por eso.

Las malas noticias llegan pronto, así que ni no sabemos nada,

será porque no tenemos de qué preocuparnos.

-Dios te oiga.

-"Con esto de las amenazas"

no me llega la camisa al cuello.

No me siento segura ni en mi propia casa.

-Para eso estoy yo aquí, para protegerte.

-Pero no vas a estar conmigo todo el día.

-Es lo que a mí me gustaría.

-Ay. -Ten cuidado, Lolita.

Se ha echado a perder su chaqueta.

-Perdóneme,

que una estos días está muy torpe.

-Esto se soluciona con agua.

-Trae, voy a ver qué puedo hacer.

Recoge este estropicio.

-¿A ti qué te pasa, que estás fuera de ti?

-No me pasa nada. -Claro que te pasa.

Pareces un alma en pena. ¿Qué te ocurre?

-Que yo...

No puedo, déjelo.

-No te puedo ayudar si no me dices qué te pasa.

-No quiero poner en peligro a nadie.

Nadie sabe de lo que son capaces esos gañanes.

-¿Esto es por lo de las amenazas o es algo más?

-No puedo comprometerle.

-¿Qué está pasando?

-Que no.

Que no quiero que le pase a usted "na", ni a Antoñito en la cárcel.

Es una suerte que estés enfermo, me resulta fácil ganarte.

Es difícil hacerte frente con las cartas que me están entrando.

Otra.

-En todo este rato no has ganado dos seguidas.

-(RESOPLA)

Me temo que esta es otra de las cosas

que no podré hacer en un futuro.

A partir de ahora vas a tener que repartir tú.

Espero que no hagas trampas.

-No puedo seguir fingiendo que no pasa nada,

que nos estamos divirtiendo con este juego.

-Solo tratamos de distraernos, Olga.

-No puedo distraerme cuando no consigo entender tu decisión.

¿Por qué no quieres que te traten los médicos?

-Te ruego que no insistas por ahí.

-¿No te das cuenta de que te puedes curar

y de que podemos tener un futuro juntos?

-No. ¿Podemos seguir?

-No.

Me niego a aceptarlo.

-Pensé que te había quedado claro. -Pues no.

¡Me niego a tragarme semejante sapo!

¿Por qué...

no intentas luchar, Diego?

¿Por qué te abandonas a la muerte sin más?

-No sigas por ahí. Si no puedes cumplir tu palabra, vete.

He depositado mi confianza

en ti.

No puedes flaquear a la primera de cambio.

-¿No puedes reconsiderarlo?

-No.

Olga,

entiendo que te cueste aceptar la idea,

pero si quieres seguir a mi lado, esta es mi condición.

-Está bien. Será como quieres.

Juguemos otra partida.

A los buenos días.

Niña, saluda a los vecinos.

Parece que te hayas tragado el palo de la escoba.

-No dejo de pensar que nos están espiando.

-Se nota mucho de que estés a punto de que te dé un torzón.

-No sé cómo usted puede estar tan pancha,

parece que no le importen las amenazas.

-Que va, Luisi. Estoy que me voy por las patas "pabajo".

Pero la procesión va por dentro.

-No sea ordinaria.

-¿Acaso tú no?

Lo que pasa es que yo disimulo.

Es por todo esto, que me tiene de los nervios.

No soporto que un matón me tenga encerrada entre cuatro paredes.

-Si por mí fuera, estaría encerrada en un castillo

o en cuartel de alabarderos.

-Pues bien se lo iban a pasar los soldados contigo.

Menuda está la soldadesca.

-No estamos para chanzas.

-Déjate de miedos.

Vamos a ir a La Deliciosa y vamos a tomarnos un chocolate caliente,

que con el relente que hace se nos van a congelar los huesos.

Mira, ahí están todos. Las estufas, que ya las han puesto.

-Hay mucha gente. ¿No nos estaremos poniendo en peligro?

-Que no. Pero si la calle está de los más animada.

Hasta apetece ser pobre.

-No diga enormidades y volvamos a casa.

-Luisi, que no tenemos prisa, por favor.

-Trini,

hay un hombre de muy mala catadura que no nos quita ojo.

-¿Estás segura?

-Sí. Y me da la sensación

de que está tramando algo.

Es el que está al fondo con la gorra.

-Luisi, al final vas a tener razón,

que no estamos seguras aquí.

-Parece que la iniciativa es todo un éxito.

Miren, no se queda la estufa sola ni un instante.

Han tenido que poner guardias para evitar peleas.

-Sí, es muy buena idea.

Liberto, ¿por qué no nos acompaña

a La Deliciosa y nos cuenta todos los detalles?

-¿Les ocurre algo?

-Nada. Que...

se nos ha antojado un chocolate.

¿Y qué mejor que el brazo de un hombretón para que nos lleve?

-Pues sí.

-¿Vamos?

Lleva la carta a Correos.

-Voy a escape.

-Samuel.

Acabo de enviar a Carmen con una misiva para la señora Ruano.

Quiero cerrar el encargo de la réplica del colgante Ana.

-Me parece bien. Es un asunto de mucho dinero.

-Por eso no te preocupes, ya he pactado las condiciones.

Ahora solo falta que ella firme esos documentos

y que tú empieces con el encargo.

-Avíseme cuando reciba la respuesta.

-¿Tardarás mucho en hacerlo?

-No demasiado. Depende de cuándo empiece.

Pero con lo que tengo pendiente, es posible que tarde.

-¿No podrías ser más concreto?

Es un encargo muy importante.

-No me apure. Tengo demasiadas preocupaciones,

como para ponerme a trabajar de inmediato.

-No deberías permitir que tus asuntos personales interfieran

en tu trabajo.

-Mi empresa es cosa mía.

Y no le voy a tolerar el fingimiento.

Sabe de los problemas de mi hermano y hace como si nada ocurriera.

-¿A qué vienen esas palabras? -Me consta que está al corriente

de lo que le ocurre a mi hermano,

y eso es lo que le tiene tan ufana.

¿Piensa que si él muere todo habrá acabado?

¿Que podrá hacer y deshacer a su antojo?

-Solo velo por los intereses de la familia.

-Miente.

Usted solo mira por su propio interés.

Pero si mi hermano fallece, le juro que yo cogeré su testigo.

-Mide tus palabras, Samuel, me estás ofendiendo.

-No voy a pasar la mínima oportunidad de deshacerme de usted

para vivir en paz con mi esposa y el hijo que estamos esperando.

-No sabes cómo siento oírte decir eso.

Soy una pobre ilusa.

Creí que tu rencor hacia mí había desaparecido.

Que me considerabas como una madre.

-Eso no va a ocurrir nunca.

¿No será que te estás dejando llevar por los nervios?

No comprendo tu ofuscación.

Yo solo pienso en nosotros: en Blanca, en ti, en el niño.

-No puedo creerla. Se alegra de que Diego esté así.

-No.

Te equivocas.

Rezo por él cada noche.

Lo tengo siempre presente en mis pensamientos.

Pero... si es la voluntad de Dios, ¿qué podemos hacer nosotros?

-Será mejor que me marche. Hay un proveedor

que está de vuelta por la ciudad. Iré a visitarle.

(Llaman a la puerta)

¿Quién va?

-Víctor. Ábreme, anda.

¿Por qué le ha dado por entrar por esta puerta?, ni que fuera un mozo.

-Quiero hablar contigo.

-¿De qué? -No te mosquees.

Quiero preguntarte qué es eso que me escondías antes.

-"Na" tengo que contarle.

Olvídese. -No hasta que me digas qué pasa.

¿A qué viene tanto nervio y tanto miedo?

-Pues si le parece poco la nota amenazante

que ha recibido la casa... Es "pa" estar de temblera.

-La verdad es que estáis pasando unos días de lo más negro.

-¿Qué haces aquí, cuándo has venido? -Acabo de llegar.

He venido a pedirle un vaso de agua a Lolita.

¿Tú cómo estás?

Me ha dicho Liberto que estáis de lo más raras.

-Se nos quedó mirando un hombre y nos temimos lo peor.

Ando por la calle pensando que van a atacarme en cualquier momento.

No sé cómo Trini me convenció para salir.

-No sé por qué no me avisas.

No quiero que vayas sola ni a La Deliciosa.

Me mandas un aviso.

-Pierde cuidado, que después de contarle a mi padre lo sucedido,

ha decidido contratar a un vigilante para que nos escolte.

-Me quedo más tranquilo.

No me agrada ir

con carabina, por muy vigilante que sea, pero bueno...

-Es una terrible situación, pero...

es preferible a tener que salir a la calle asustada.

-(LOLITA SUSPIRA)

-¿Y a ti qué te pasa?

¿Qué me va a pasar?

Que no dejo de pensar que si nosotros estamos sufriendo,

a saber lo que tiene que estar pasando Antoñito.

Las de Caín es poco.

Lo que estará padeciendo y sufriendo "pa" que no suframos más.

-Pobre hermano mío. Y yo ni he ido a verle.

Pero es que, la cárcel me da escalofríos.

-Verle allí no es plato de buen gusto de nadie.

Pero me barrunto

que le animaría más que un plato de cocido si va a verle.

Haga un poder y vaya a verle, seguro que se lo agradece.

-No sé yo si es lo más conveniente

estando como están todos amenazados. -Se lo debo

a mi hermano.

Voy a preguntarle a mi padre si contamos con el vigilante.

-No te preocupes que yo te acompaño con y sin vigilante.

No te voy a dejar sola.

-Tendrás que atender la chocolatería.

-Lo primero es lo primero. Se queda la camarera y punto.

Me puede la impaciencia, Leonor.

Me están dando calambres.

-Quizá no ha sido buena idea avisar al doctor.

-Tengo que hablar con él.

Solo espero que llegue antes de que mi madre regrese.

(Llaman)

Mis primeras Navidades sin Pablo.

Discúlpeme por haberla hecho esperar, pero se me han acumulado

las visitas. Parece que todos enferman

antes de las Navidades.

-No le haré perder tiempo pues.

Tengo entendido que mi esposo le ha visitado

para preguntarle por Diego Alday.

-Así es.

No quisiera cuestionar su criterio,

pero me cuesta creer que no haya un tratamiento para la intoxicación.

-Hay muchas enfermedades que nos superan.

-Estamos en el siglo XX,

la medicina ha avanzado.

¿Cómo es posible que se queden de brazos cruzados?

-En ciertos casos, nuestra medicina no da más de sí.

-¿No nos puede dar una esperanza?, por remota que sea.

-Hay ciertas teorías

y algún tratamiento experimental,

pero no demuestra ninguna eficacia.

Aunque hubiese un tratamiento,

¿Diego Alday se lo aplicaría?

-Tendríamos que convencerle.

-Diego no quiso ir al hospital.

Tengo la impresión de que ha dejado de luchar,

que no quiere ponerse en nuestras manos.

Me temo que lo que pretende es un imposible.

-Me niego a quedarme parada, a dejarle morir sin más.

-Blanca, será mejor que no entretengamos al doctor.

-Doctor, doctor, tiene que hablar con él.

Tiene que tratar de convencerle.

-Blanca.

¿Te está dando otro de tus mareos?

-Siéntela.

¿Qué síntomas tiene?

-Me dan pequeños mareos.

Sofocos.

Todo me da vueltas por unos segundos.

-El pulso está estable.

Tiene que reposar.

Esa tensión no es nada buena para el niño que está esperando.

Me estoy planteando ingresarla

en el hospital.

-No, no es necesario.

Ya me encuentro mejor. -No se preocupe.

Le prometo que le haré descansar.

-Manténgame informado.

-Siéntate, Blanca.

Voy a pedirle a Carmen que te prepare una infusión.

(LEONOR SUSPIRA)

¡Que ya sé que esto va por turnos, hombre!

Perdone, señor guarda.

Es que, es que,

solo tengo cinco minutos "pa" calentarme.

Luego se pasa usted por la portería y le invito a una copita de Cazalla

que me traen del pueblo.

Si es que

esto no funciona, hombre. Las manos se te calientan,

pero las nalgas se te quedan

como témpanos de hielo.

-Pero bueno, Servando,

¿no le da vergüenza quitarle el calor a los pobres?

-Ni que uno fuese un "potentao".

-Usted tiene la portería, donde puede estar calentito.

-Si me caliento aquí,

me ahorro dos troncos que tengo que echar en la chimenea.

-"Endeluego" que es usted más "agarrao" que un chotis.

¿Y mi primo?

Mírale, como si fuera tonto, donde más calienta.

-Será animal.

¡Primo, vente "pacá", que tú tampoco tienes necesidad!

Anda, que te acercas más y te quemas

el colodrillo.

Es que se me quedan las manos como carámbanos.

¿Y cómo estarán mis ovejas? -¿Pues cómo van a estar, primo?

Bien calentitas, con ese abrigo de lana que tienes.

-Lo pasan igual de mal. Sobre todo las "preñás".

-Pues tráigaselas aquí, a la estufa, y se calientan.

-¿Cree que me aceptarían el turno de las ovejas en la estufa?

La Angélica y la Visitación son muy frioleras.

-Vamos, lo que faltaba,

calentando a las bestias.

-Pues hijos de Dios son, como todos nosotros.

Igual podría hacerme con una estufa para ponerla en medio del rebaño.

-Claro, y les hace un colchón de lana.

Bueno, eso no, que ya vienen con ello.

-Pues bien cómodas que iban a estar todo el invierno.

-Oye, Casilda, ¿tú crees que estaba hablando en serio?

-Uy. Yo lo único que sé es que me estoy quedando pajarito.

Quite de ahí.

-Oye, oye, oye, ¿no decías que eso era "pa" los pobres?

¿A qué viene ese despropósito

de que querías fugarte?

Ahora entiendo lo nervioso que estabas la última vez.

-Fue la desesperación, Lolita, que casi me gana la partida.

Pero tranquila, que me eché atrás a tiempo.

-Podían haberte matado en el intento.

-Eso habría sido una liberación.

Lo que de verdad me inquieta es pensar

qué os podría haber hecho Belarmino

como venganza si yo llego a fugarme. -Eso da igual.

-¿Cómo que da igual?

-Te lo suplico. Por lo que más quieras.

Tienes que decirme siempre la verdad de lo que pasa aquí dentro.

No te fíes ni de tu propia sombra.

Ni los presos ni los policías

son de confianza. -Ya.

Ya, sé muy bien dónde me encuentro, pero ¿a qué viene todo esto?

-A "na". A que estoy muy "preocupá" por ti.

-Lolita, te conozco bien y a mí no me engañas.

¿Qué me ocultas?

-Está bien.

Tengo algo que decirte.

Que ya va siendo hora de que lo suelte.

Tengo una sorpresa "pa" ti.

-Un cocido de Cabrahigo.

-No. Todavía mejor.

Espera.

Cuando estemos en París, vamos a subir a esta torre de hierro

que han hecho. Si no la han quitado antes.

La verdad es que es bastante fea.

"Tour Eiffel".

Cariño, ¿cómo se encuentran don Arturo y Elvira?

-Mal. Mal, nada ha cambiado.

Elvira solo puede esperar el fatal desenlace.

-Rezaré entonces por la salvación de su alma.

-Siento haber estado tan ausente estos últimos días.

Pero sé que tú lo comprendes.

-Estoy muy orgullosa de ti.

Atender a los enfermos es una obligación de todo buen cristiano.

-Te lo agradezco. Ahora discúlpame, pero debo...

ir al despacho de doña Celia, tengo mucho trabajo pendiente.

-No te entretengo.

-¿Cómo van las cosas por el hospital?

-Pues no pinta bien, la verdad.

El coronel sigue inconsciente y los médicos ya no dan ni esperanzas.

-Una carta del obispado.

-¿Son noticias sobre el manto?

-Espero que sí.

Mira que eres desastre, hermano. No consigues hacer una a derechas.

-Es para que puedas seguir siendo la buena de la familia.

-Tenías que ver cómo he renegado de ti.

Lo siento.

Pero cuentas con todo mi apoyo.

Haré todo lo que esté en mi mano para ayudarte a que salgas

con buen pie de esta.

-Sí, sí, sé,... sé que puedo confiar en ti.

-Siento no haber venido antes a verte.

-Bueno, no... tiene importancia.

Además, este no es el tipo de salón que tú sueles frecuentar.

-Estoy segura de que pronto te tendremos otra vez en casa.

-No creo que vaya a ser tan fácil.

(Golpes de barrote)

Se acabó el tiempo.

Despídeme de Lolita,

que no sé dónde ha podido ir. -No te apures,

estará fuera con Víctor.

-Víctor, ¿también ha venido?

-Sí, no quería dejarme sola.

-A ver, a ver, a ver.

Lolita está muy extraña.

Y Víctor ha dejado desatendida la chocolatería

cuando más público tiene.

¿Qué está pasando?

-No sufras por eso, que tú no puedes ayudarnos.

-Hermanita,...

te suplico, como hermano mayor tuyo que soy, y como preso

que no puede acceder a la verdad, que me digas qué está pasando.

-Han amenazado a toda la familia.

Ayer recibimos una nota.

Si tú no te declaras culpable,...

nosotros sufriremos las consecuencias.

-Ese bastardo de Belarmino va a pagar por todo lo que ha hecho,

te lo aseguro.

Bueno, ¿qué dice la curia, mantienen el encargo?

-¿Son malas noticias?

-Las peores.

Os han retirado el encargo. -Eso es terrible.

Tanto trabajo para nada.

-Si solo fuera el trabajo.

Es mucho el dinero el que he invertido en hilos de oro

y piedras preciosas. Estamos arruinados.

-Pediremos un préstamo. -Ya estoy cargada de deudas.

¿Quién nos iba a fiar?

Esto, además de hundirnos económicamente,

acaba con nuestro prestigio.

Los esfuerzos de toda una vida... se esfuman,

como el humo.

Ah. Esta carta, desde luego,...

acaba con todas mis ilusiones.

-Vamos, no diga eso.

Ha de ser fuerte, madre. Juntos saldremos adelante.

-Nuestro Señor no nos puede abandonar de esta forma.

No, no podemos perder la fe.

-Nuestro Señor me ha castigado por mis pecados.

No os engañéis.

Aquí solo queda liquidar el negocio y echar el cierre.

Esto es el fin.

Menuda estampa.

La idea del alcalde nos ha llenado de gentuza el barrio.

-Sabes que me duele mucho que hables así, Rosina.

¿Cómo puede ser tan insensible

una mujer tan especial como tú?

-Ay, Liberto, eres igual que mi hija.

No tienes conciencia de cuál es tu clase.

-Cariño, te recuerdo que ni somos duques ni marqueses.

-(RÍE) No te chancees de mí. No hace falta

tener un título nobiliario para ocupar un buen lugar en la sociedad.

Muchos aristócratas quisieran tener una mina de oro como nosotros.

-Y también una esposa con la donosura y el tronío

como la que yo tengo. Y con muchos humos también.

-Es imposible enfadarse contigo. Mira que eres zalamero.

-Y tú salerosa, prenda mía.

Cariño, ¿te importa

que me siente un rato con Samuel?

Parece un poco taciturno, mi amigo.

-Sí, sí, sí. Yo aprovecharé e iré a la iglesia

a rezar un rosario.

Sea lo que sea, amigo,

no creo que la solución esté al fondo de la copa

ni pasando frío aquí sentado.

-Así es.

Pero vengo de visitar a mi padre

y traigo el ánimo por los suelos.

-Es una pena todo lo que le está ocurriendo, sí.

-Él... y mi hermano.

Me siento fatal por no poder hacer nada por Diego.

-Según dicen, usted tampoco podría hacer demasiado por él.

-Prácticamente nada.

Pero podría estar a su lado, acompañándole

en estos momentos tan tristes.

-Sí, me parece una buena idea. A pesar de todo lo que ha ocurrido.

-Eso ya no importa.

Diego es sangre de mi sangre.

Y tendría que estar acompañándole en este trance que está pasando.

Iré a visitarle. -Esa decisión le honra, amigo.

Pero ¿qué necesitas para entrar en razón?

Un médico podría curarte o, al menos, mitigar esos dolores.

¿Es que no puedo hacer nada para devolverte las ganas de vivir?

-No hay nada bueno en que yo siga vivo.

-No digas eso.

Todavía te quedan muchas cosas por hacer.

Muchos te echarán en falta, yo la primera.

-Ya te dije que no te enamoraras de mí.

Que no esperaras nada bueno de todo esto.

-Si no lo haces por mí,

al menos piensa en tu padre.

¿Le vas a dejar inconsciente bajo el control de Úrsula?

-No conseguí librarle de ella cuando estaba sano,

poca cosa voy a poder hacer ahora.

He fracasado.

-No.

Todavía hay algo que puedes hacer.

Sé cómo acabar con ese matrimonio y devolverle la libertad a tu padre.

-¿De qué estás hablando?

-Hasta ahora, mi madre ha manejado todo a su antojo.

Pero hay un dato

con el que podemos hundirla.

Y alejarla de tu familia para siempre.

¿Acaso no merece la pena luchar para eso?

-Cuéntame todo lo que sabes.

-Todo está en un cuaderno.

Disculpen la intromisión.

He venido a pedirle algo en nombre de Felipe.

-¿Qué ocurre? -Insiste en que vaya usted a verle

de inmediato para empezar a trabajar en el caso de Antoñito.

Dice que cuanto antes se pongan manos a la obra, mejor que mejor.

-Por supuesto, voy por mi abrigo.

-Don Ramón,

¿le importaría que fuera yo también? Quizá pueda ayudar en algo.

-Vamos.

"Este manto, posiblemente,..."

cueste más que la sastrería entera.

-Bueno, no puede rendirse ahora.

Usted es una luchadora, le quedan muchos combates por ganar.

-No tengo ganas, Simón. Estoy muy cansada.

Venderé,

y con lo poco que me quede, me retiraré modestamente.

-"No hay nada que pueda hacer" para competir con Elvira.

Es como si mi matrimonio

fuera el sueño del que habla usted.

Es... algo irreal.

Algo que no es de verdad.

-No, Adela. -Sí.

Y Elvira y Simón están esperando

a despertar para volver a la normalidad.

-No puede usted pensar eso, Adela. Simón...

la ama con toda su alma.

-No, él quiere a Elvira.

"Me comporté como una auténtica" tarasca sin corazón.

Yo tampoco supe

manejar la situación, Elvira. No, Simón.

Tú hiciste lo que tenías que hacer para ponerme en mi lugar.

Sé que no es excusa,...

pero todo lo que he hecho ha sido por mi amor por ti.

Me moría... al pensar en una vida sin ti.

¿Crees que podrás perdonarme algún día?

"¿Por qué iba a comprar yo una" sastrería en unas condiciones así?

-Porque es un negocio...

con años de tradición. Con clientela fija.

Con fama y renombre en toda la ciudad.

-Un negocio al borde de la ruina.

-Que dejo en pleno funcionamiento.

Quien lo compre...

recuperará la inversión en poco tiempo.

-No lo creo.

-¿Qué han hecho con las notas amenazantes?

-Las tiene la policía, ¿por?

-¿La policía? -Sí, ¿qué ocurre?

-¿Cree que puede confiar en ellos?

-Por supuesto que sí.

El comisario ha puesto los mejores hombres a trabajar en el caso.

Y yo trabajo allí. ¿Por qué íbamos a desconfiar?

Lolita,

¿hay algo que no nos estés contando?

-"Poco a poco, los vecinos de Acacias..."

se van a ir dando cuenta de que Úrsula Dicenta

no olvida.

Nunca perdonaré lo que ocurrió

la noche de los Paulinos.

¿Ha regresado Olga a casa? -No, señora.

-"¿Cómo lo hemos hecho tan mal?".

¿Cómo hemos sido tan estúpidos?

Te quiero.

-Cuidado, mi amor,

estoy enfermo.

Podría contagiarte. -Me da igual.

Me da igual morir

ahora mismo aquí, en tus brazos,

porque sin tus besos ya estoy muerta.

No puedo vivir sin ellos.

No puedo vivir sin ti.

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Acacias 38 - Capítulo 664

22 dic 2017

Un policía se presenta en casa de los Palacios. Lolita se queda de piedra al reconocerle como el acosador que les amenazó el día anterior. Samuel, a pesar de todo, decide ayudar a su hermano, pero el doctor le dice que la enfermedad de Diego no tiene cura.

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  1. Raquel

    Me acorde de Google. Eureka! El "Easy way" y no el "Hard way" Podre ver lo q haga falta y estar al dia! Gracias de today's formats.

    17 feb 2018
  2. Carmela

    Esta novela me encanta porque tiene muy bien llevada la trama. Los actores todos son excelentes y la ambientación impecable. Les deseo Feliz año nuevo a todos los que componen esta novela. Saludos cordiales desde Buenos Aires .

    26 dic 2017
  3. Elena

    Adelantes tonta por dejar a Simón que se quede con Elvira, lo cual no tiene sentido. No entiendo por qué Susana no dice nada.

    25 dic 2017
  4. Marilu

    Feliz Navidad y un muy buen Año 2018 para todos en España desde Argentina

    24 dic 2017
  5. Saro

    Hay que ver qué "mano izquierda" tiene Liberto para hacer cambiar de parecer a Rosina, ese tacto, esa paciencia y, sobre todo, el gran Amor que siente por su esposa hace que, la propia Rosina, reconozca que no puede enfadarse con él. Liberto dice de ella que tiene donosura y tronío pero ... ¿y él? con esa sensibilidad y ese porte tan elegante. ¡Que pareja tan especial y única!

    23 dic 2017
  6. Belén

    Horrible combinación de colores,hizo Trini, marroncito y rojo !!!!! pensar que algunos ponderan el vestuario de esta serie

    23 dic 2017