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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 661 - ver ahora
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Esto es... -Veneno.

De los más letales que existen.

-Pero esto le matará.

-Sí. Ya te lo he dicho.

-Diego no es un problema.

-Pero podría serlo en un futuro. Y no me gusta dejar

cabos sueltos.

-¿Quién ha hecho algo así? -Podría haber sido cualquiera,

todo el mundo sabe mi secreto. Estamos en boca de todos.

-Malditos sean. ¡Maldita sea su estampa!

-No blasfemes, hijo, que no vale la pena.

-¿Qué están mirando?

Quiero que el suelo vibre cuando estamos juntos.

Quiero que el corazón te dé un vuelco cada vez que te beso.

Porque eso es lo que siento cuando estoy contigo.

Y eso es lo que sientes por mi hermano.

Bien.

-Bravo. -¡Bien, bien, bien, Víctor!

-¡Menuda puntería! "Va a ir a ese duelo"

solo por recuperarte.

Creyendo que ser un hombre de honor es lo único que le queda.

Eres la única que puedes terminar con todo esto.

Dile que le perdonas, dile que le quieres y pídele por favor

que mañana no vaya. -"¿Qué pasa con él?".

-Le veo claramente desmejorado, y con mala cara.

Si le soy sincero, creo que algo muy malo le ocurre.

Por eso le pedí que me dejara hacerle un examen médico, pero...

-No me lo diga, se negó.

(Ruido)

-"Prefiero morir con la cabeza alta que ser un cobarde".

-"No".

No vayas, Víctor. Hazlo por mí.

No lo hagas, no me hagas esto, por favor.

-"Estoy con Olga porque me recuerda a Blanca".

Sé que debería desaparecer.

Que aquí el único que sobra soy yo.

-¡Diego! ¡Diego!

¡Diego!

Diego.

Diego, por todos los santos, ¿qué le sucede? ¡Diego!

¡Diego, despierte!

¡Auxilio!

¡Auxilio!

Diego.

Diego, despierte, se lo ruego, ¡despierte!

Voy a buscar a un médico. Tengo que ir a buscar un médico.

(GRITA)

¡Socorro!

¡Socorro! -Calla o te retuerzo el pescuezo.

-¡Suélteme! -Yo de ti le haría caso.

Es muy capaz de hacerlo.

-Déjenme ir. Se lo ruego. -Después de que me contestes

a una sencilla pregunta.

¿Qué hacías espiándonos?

-"Na" de "na".

Tan solo iba en su busca para tener unos palabros con usted

sobre Antoñito. Tiene que declarar en su favor.

Mi prometido no puede pagar por un crimen que no ha cometido.

-Me temo que ya es demasiado tarde para eso.

-Usted sabe como yo que Belarmino es el verdadero culpable.

¿Por qué testificó en su contra? Prometió ayudarnos.

-Eres una ingenua. Jamás testificaré

en contra de Belarmino, por una sencilla razón.

Él es mi socio. Y es de lo más peligroso.

-¡Es usted un canalla! -Es cuestión de pareceres.

Yo prefiero considerarme simplemente inteligente.

No como tu Antoñito, que cayó en la trampa como un primo.

-Lo pagará.

-Me temo que, te guste o no,

de momento será tu prometido quien lo haga.

-No lo permitiré. Todos sabrán la verdad.

-No. No dirás nada.

Los muertos no hablan.

-No. -Tu curiosidad te ha condenado.

-(GRITA)

-Beber... hasta la muerte.

-(GRITA)

¡Socorro!

-Lolita, ¿qué te pasa?

-Que me he quedado traspuesta.

Que he soñado con Sepúlveda.

Uh. Lo lamento, es que estaba muy cansada.

-Siéntate. Siéntate, Lolita, hija.

Llevas muchas noches sin dormir.

Tanto trajín te va a pasar factura. -Lo sé.

Pero... tenía que seguir a Sepúlveda.

Y averiguar por qué nos traicionó. -Pues muy mal hecho.

Te podrías haber metido en problemas.

Aún me noto la mollera dentro de la fuente.

Uf. Pero mis pesquisas...

han "dao" buenos resultados.

He visto a Sepúlveda.

Y a un desconocido dándole un misterioso maletín.

Y "pa" mí que iba lleno de dinero. -¿Cómo?

Entonces habrá que avisar a la policía y a Felipe.

-¿Ellos te vieron?

-No. Menos mal.

Menos mal. Que me dan escalofríos "na" más de pensarlo.

Que he soñado que me cogían, por eso estaba gritando.

-Anda que... otra con pesadillas.

En esta casa no ganamos para sobresaltos.

-Sí, pero...

mucho me temo que mi mal sueño pronto se hará realidad.

-Luisi, hija, no digas eso, haz el favor.

-Pero ¿por qué no?

Los tres sabemos que Víctor está condenado,

que no tiene ninguna posibilidad de salir airoso en ese duelo.

Yo lo he intentado todo por salvarle.

Hemos hecho las paces,

le he propuesto que huyamos juntos a París, pero...

él está convencido de ir al duelo.

-Luisi, tienes que entenderle.

Para él es... una cuestión

de honor. -Pues le prefiero sin honra,

pero vivo.

-Deje que le prepare una sopita, le sentará el cuerpo.

-Te lo agradezco, Lolita, pero no puedo comer nada.

Su cara no parece presagiar buenas noticias, doctor.

-¿Dónde ha estado en su reciente viaje?

-En los yacimientos de oro de Minas Gerais.

¿Por qué? -Lleva tiempo con mareos, cefaleas,

cambios de humor, visión borrosa,

temblores. -Sí.

Y luego están

esos eritemas de la espalda y las encías azuladas.

Lamento comunicarle... que el diagnóstico parece claro.

Todo apunta a que sufre

una intoxicación severa de mercurio.

Una afección conocida como hidrargirismo o mercurialismo.

-¿Y es grave? -Deberíamos llevarle

al hospital

para que le hagan una exploración a fondo y confirmar así

el diagnóstico. -Doctor, no será preciso.

Ni usted ni yo tenemos dudas sobre lo que me ocurre.

He visto a otros compañeros padecer esta enfermedad.

-Es una afección común entre los mineros.

Está provocada por la inhalación de ciertos gases que se desprenden

al trabajar con algunos minerales. -De acuerdo.

Entonces, ¿se ha intoxicado ahora, que ha ido a Brasil

a por esas gemas de oro y crisoberilo para Blanca?

-Más me inclino a pensar que es un enfermo crónico

y que este último viaje ha empeorado su afección.

-Acelerando mi fin. -No diga eso.

-Lo he visto en otros.

Sé cuál es mi fin, estoy condenado. -Así será, sin lugar a dudas,

si no se pone inmediatamente bajo tratamiento.

Debe acompañarme sin más tardanza al hospital.

-No pienso pasar mis últimos días

en una habitación de hospital.

Me quedaré en casa.

-Diego, ha de atender a razones. -Les agradezco su interés,...

pero mi decisión está tomada.

Pruebe usted, que esto está de rechupete.

Y la cuchara.

-Arrea, prima, ya tenemos casi dos docenas de pedidos.

-Claro que sí, primo, si es que ya te lo dije,

que lo de las pastillas es el negocio del siglo.

Nos vamos a hacer de oro, primo. -O al menos

nos va a dar un desahogo.

La verdad... es que parece que les agrada, ¿eh?

Y de momento ninguno ha tenido que salir corriendo a la letrina

ni ha entregado la pelleja. -Pues claro que no, primo.

Nada puede salir mal.

Pero ¿cuándo aprenderé yo a cerrar la boca?

-Así que es verdad.

Mi criada dedica sus horas libres a regalar comida.

-No. No, doña Rosina, yo...

lo que estoy haciendo es dando a probar la receta

del nuevo guiso. -Ya, para después venderla

y hacer negocios a mis espaldas. ¿No te pago lo suficiente?

-Pues ya que usted saca el tema... (RÍE)

-Mi primo, cállate, hombre.

Bueno, doña Rosina, la verdad es que sí,

que queremos sacar unas pesetillas extra "pa" mandarle unos presentes

a nuestros parientes

por Navidad. -Y pretendéis conseguirlo

con este guisote tan poco apetitoso. -Quía, quía.

Espere, espere. Pruébelo, pruébelo.

Y verá, verá.

(RÍE)

Verá...

cómo se chupa los dedos.

-Uy, la verdad es que es una delicia.

Creo que yo misma os encargaré un pedido.

-Eso está hecho. Ahora mismo le tomo nota

y le digo lo que vale.

-Ah, pues las cuentas son bien sencillas, apunta:

cero pesetas.

¿O es que pensabas cobrarle a tu señora?

-Pero si usted misma acaba de reconocer que lo ha cocinado

en sus ratos libres. -su obligación, entre otras,

es hacerme a mí, que soy su señora, la comida, y eso, y no otra cosa,

va a hacer. Así que no se merece más jornal.

-Prima,... -Bueno, descuide, doña Rosina,

si "pa" usted el guiso es gratis, hombre.

-Mañana mismo quiero una buena olla.

-Pues no sé cómo vamos a salir de pobres

regalando a diestro y siniestro el caldo, ¿eh?

-"Endeluego", hay que jeringarse, primo.

Cómo va el mundo.

Al fin amaneces.

¿Vas a ir hoy a visitar a Diego?

-Sí. -Entonces no te demores.

Estoy deseando saber si todo ha salido como estaba previsto.

Supongo que no es necesario recordártelo,

pero, sea lo que sea lo que haya sucedido, finge normalidad.

No tenemos por qué preocuparnos.

Nadie puede relacionarnos con ello.

-Madre,...

yo... -¿Qué ocurre, Olga?

¿Por qué enmudeces?

¿Ha habido algún problema?

¿Le diste el veneno, sí o no?

(OLGA RECUERDA)

"Yo te trataré con delicadeza".

"Sí".

"Mereces poder olvidar tanto dolor".

"Pequeña".

Ten.

Tienes que luchar por recuperarte.

Aún nos queda mucho por vivir.

Me quedaré aquí hasta que te duermas.

No voy a perderte, mi amor.

-Ya veo.

Has tenido la osadía de desobedecer mis órdenes.

-Intenté hacerlo. -Ya.

-Se lo juro.

-Y a la hora de la verdad... te tembló el pulso.

-Pero ¿por qué tengo que perder a Diego?

¿Tanto mal hacemos estando juntos? Blanca...

no nos va a poder separar. Estoy segura de ello.

-No puedo creer lo que escucho. Eres una maldita ingenua.

Diego no te ama.

Solamente se está entreteniendo contigo.

¿Es que no te das cuenta? -No.

No diga eso. Él me ama.

Nunca me va a abandonar.

Me dio su palabra de que jamás me haría daño.

-La palabra de un hombre no vale ni un real.

Me has defraudado, Olga.

No has resultado ser la hija que yo tanto ansiaba.

-Sus palabras me hieren, madre.

No entiendo por qué tengo que elegir entre usted y Diego.

Ante todo quiero complacerla, pero no por ello tengo que renunciar

al amor de mi vida.

¿Acaso yo no tengo derecho a ser dichosa?

-Nunca encontrarás la felicidad en sus brazos.

Solo rechazo y traiciones.

Te has equivocado

al dar la espalda a tu familia por ese hombre.

Diego te dejará de lado como una muñeca rota, y entonces

no vengas a llorarme a mí. Nunca te daré consuelo.

Lleva una eternidad ahí, ¿por qué no se sienta?

-Estoy esperando a Víctor.

Dijo que se pasaría antes de...

Dios quiera que no se haya marchado

sin antes despedirse de mí. -Seguro que no es así.

Estará al llegar.

-Adela tiene razón, aquí estoy.

-Víctor. -Abuela, no se ponga así

que esto no es una despedida. No me den por muerto.

-Les dejo solos.

Rezaré por usted.

-¿Me ayuda?

Había pensado que fuera usted

quien me ayudara a prepararme para el duelo.

-No me pidas eso, que siento que es como si te pusiera una mortaja.

-Es usted única dando ánimos, abuela.

La decisión está tomada.

No voy a echarme atrás.

Pero que sepa usted que, si algo pasa,

Dios no lo quiera,... me voy a ir en paz.

María Luisa me ha dado su brazo a torcer.

Por fin nos hemos reconciliado.

-Razón de más para no acudir al duelo.

Huye con ella.

A París.

-Ayúdeme.

Que de su nieto pueda decirse que no sabía disparar,

pero nunca que no vistió con corrección.

Se lo agradezco.

Estoy listo.

-Te ruego...

que lo recapacites una vez más.

En nada importa que te tachen de cobarde,

¿qué más da lo que piensen de ti? -Abuela, a mí me importa

lo que piense yo.

Y si saliera corriendo no podría volver a mirarme al espejo.

Me he preparado bien.

Esta tarde no voy a morir.

Pero necesito que...

si algo pasa, cuide usted de María Luisa.

Le ayude a seguir adelante.

Lo último que quiero es

que se quedara anclada en mi recuerdo.

Prométamelo.

-Te lo prometo, Víctor.

¿Puedo pasar?

-Claro.

Ven. Siéntate a mi lado.

¿Has visto a tu padre?

-Sí. Van a trasladarle de nuevo a la residencia.

Me gustaría tanto que despertara.

Que algún día pudiera aconsejarme.

¿Qué crees que me diría?

¿Qué me aconsejaría sobre nuestro matrimonio?

Seguramente me diría que me enfrentara a la verdad.

Que asumiera de una vez por todas que nunca me amarás

como le amas a él.

-Samuel, yo lo siento con todo mi ser.

Sé que te estoy haciendo sufrir. -Descuida,...

en el fondo sabía que esto sucedería.

Desde el mismo instante en el que pediste

casarte conmigo para salvarme la vida.

No podemos seguir así,

dando la espalda a la verdad.

-¿Qué estás sugiriendo?

-Lo único que ya podemos hacer.

Arguyendo los motivos que llevaron a casarnos,

podríamos conseguir la nulidad de nuestro matrimonio

sin excesivo problema.

No te preocupes por el niño. Estará siempre bien atendido.

No le abandonaré a su suerte.

-Pero le va a faltar lo más importante.

Un padre.

Escúchame, Samuel.

Yo no puedo negar lo que siento hacia Diego.

Pero aún es más fuerte

mi deseo de seguir a tu lado.

-¿Por cuánto tiempo, Blanca?

¿Cuánto vas a tardar en dejarte vencer por tus sentimientos

y abandonarme? -No.

Eso no va a ocurrir. Yo también te amo.

Quizá no de la misma forma que a Diego, pero te quiero.

Te he elegido a ti.

Para ahora y para siempre.

Samuel,...

dame otra oportunidad.

Te juro que no te vas a arrepentir.

Tienes mi palabra.

Te seré fiel hasta que me muera.

Apunta a la cintura,

es lo más seguro. -Uno,

dos...

¡Fuego!

(Disparo)

-No pasa nada.

No pasa nada, Víctor, es un fallo entre muchos aciertos.

-Le doy a la botella y no le doy al muñeco.

Si fuera el coronel, estaría ya muerto.

-Víctor, estás a tiempo de cambiar de parecer.

Tú verás si tu honor está por encima de tu familia.

-Voy hasta el final.

Con todas las consecuencias.

El caso se presenta cada vez más complicado para nuestros intereses.

No me gusta nada lo que leo.

-A mí lo que me disgusta aún más es que estés trabajando

cuando deberías descansar.

-No hay tiempo que perder. Antoñito me necesita.

-Aun así, no me gustaría que empeorara por culpa nuestra,

querido amigo.

-Eso no va a ocurrir.

Tenemos que encontrar la manera de anular el testimonio de Sepúlveda.

Demostrar que fue coaccionado para declarar en nuestra contra.

-Eso no va a ser fácil. -Las amenazas que recibí

y que terminaron atentando contra mi vida obran en nuestro favor.

Significa que algo extraño sucede. Que el tal Belarmino es peligroso.

-Al final vamos a tener que dar gracias porque casi te maten.

-Tú lo has dicho, Celia. Casi.

Tengo más vidas que un gato.

Don Ramón, ¿consiguió hablar con el ayuntamiento de Cádiz?

-Lo he intentado, pero aún no he localizado al edil.

-No deje de intentarlo.

Si Belarmino actuó en ese municipio, estafándoles de manera similar,

su testimonio resultará vital.

(SE QUEJA)

-¿Se encuentra bien? -¿Estás bien?

-No es nada. Tan solo un pinchazo en la sien.

-Don Ramón, pida un médico.

Cariño, tranquilo.

Respira. Amor.

Mírame.

No os podéis imaginar cuánto me alegra veros de nuevo unidos.

Como un buen matrimonio.

No me mires así, Blanca.

Soy plenamente sincera.

Ese niño que está en camino necesita vuestra unión y amor.

Estoy segura que os traerá mucha dicha.

-Agradezco sus palabras. Somos de la misma opinión.

Gracias a él, tenemos por delante un brillante porvenir.

Si me disculpan, voy a La Deliciosa a por pasteles.

-Es un buen hombre, Samuel. El mejor marido que podías tener.

No deberías descuidarlo.

-No lo haré, madre.

Sé que soy muy afortunada de tenerle a mi lado.

-Sí. Lo eres.

Por eso no debes permitir que te afecte lo que suceda a tu alrededor.

-No sé a qué se refiere. -Sí, sí que lo sabes.

Todos vimos cómo te perturbó conocer

la relación que existe entre Diego y tu hermana.

No trates de negármelo.

Es evidente que tu hermana no solamente quiere imitarte

en el vestir y los peinados.

También parece

que se interesa por los mismos hombres.

-Me sorprende oírla hablar así de Olga.

Creí que se había convertido en su ojo derecho.

-Tan solo trataba de mostrarle mi apoyo.

Olga es débil y llena de complejos.

Pero tú has sido siempre mi hija favorita.

No lo olvides.

-No traes los pasteles. -Se me han quitado las ganas.

Al no ver a Víctor en La Deliciosa, me he acordado que hoy es su duelo.

Debe de estar a punto de suceder.

Os tengo que dar las gracias por todo el apoyo que me habéis dado.

-Déjate de agradecimientos. Estamos muy orgullosos de ti.

Tú tan solo preocúpate de seguir vivo.

¿Me has entendido? -Ya llegan.

-Pero ¿qué demonios hace Elvira aquí?

-Buenas tardes, caballeros.

Tal y como corresponde, he traído a mi padrino y a un médico.

-No solo a ellos.

-Elvira se ha empeñado en presenciar el duelo,

espero que no tengan inconveniente. Me satisface encontrarle aquí.

No las tenía todas conmigo.

-No soy ningún cobarde, coronel.

Se lo voy a demostrar.

Se acerca la hora.

Ya deben de estar en el campo de honor.

A lo mejor debería ir hasta allí y parar toda esta locura.

-Luisi,... tranquila.

Ya has hecho todo lo que estaba en tu mano.

Yendo allí, solo conseguirás alterar a Víctor

y ponerlo aún más en peligro.

-Entonces, ¿ya no puedo hacer nada salvo esperar?

-Bueno, sí,...

todavía hay algo que podemos hacer.

Podemos rezar por su suerte.

¿Por qué has venido? No podía quedarme en casa.

¿Por qué nadie los detiene?

¡¿No me oyen?!

¡No hay necesidad de seguir adelante!

Elvira, haz el favor de callarte.

Te he permitido asistir aquí con la condición de que no estorbaras.

Yo ya le he pedido disculpas.

Si Víctor también lo hiciera, la ofensa quedaría resarcida.

Es tarde para eso. Es una cuestión de honor.

No. Es un asesinato a sangre fría.

Cállate. Te lo advierto.

Y vosotros,...

¡¿de verdad no vais a detenerles?! ¡Haberlo pensado antes!

Todo lo que va a ocurrir aquí, Elvira, tan solo

es por tu culpa. Tenlo claro.

-Procedamos a sortear el lado que cada uno ocupará.

-(REZAN) "Dios te salve, María,"

llena eres de gracia, el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres

y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María,

Madre de Dios,

ruega por nosotros pecadores

ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Disculpe, coronel. Como padrino de la parte contraria,

debo inspeccionarle para comprobar que no lleva ningún arma oculta.

-Adelante.

-Está todo correcto.

¿Escuchará Dios nuestras plegarias?

-Eso espero, hija. Es el único arma que tenemos.

-Padre.

-Me he entretenido en el hospital, ¿ya es la hora del duelo?

-Le supliqué a Víctor que no fuera y se quedara conmigo,

pero no me escuchó.

¿Cómo te encuentras hoy, mi amor?

No tienes muy buen aspecto.

-No es nada, pierde cuidado, estaba...

solo revisando unos antiguos retratos familiares.

-Echas de menos tener a tu padre a tu lado, ¿verdad?

-Sí.

Y esos tiempos en los que éramos felices.

-Consuélate pensando que, al menos,

dispones de esos retratos

para recordar tu pasado. Yo... ni siquiera tengo eso.

-A veces no recordar es una bendición.

Veo a mi padre en los retratos...

tan vital, tan fuerte, y ahora está postrado en una cama.

Consumiéndose sin remedio.

No, Olga, no.

No merece la pena vivir así. -No pierdas la esperanza.

Quizá algún día despierte

y regrese a vuestro lado como el que era.

-Ojalá.

Pero...

no creo que ya pueda verlo con mis propios ojos.

-¿Por qué dices tal cosa?

¿Piensas marcharte de nuevo?

¿Qué te pasa, estás bien?

-Me encuentro un poco mareado. Alcánzame el agua, por favor.

-¿Quieres que llame a un médico?

-No, no es preciso. -Bueno,

yo cuidaré de ti... y te mimaré hasta que te pongas bien.

-Olga, vas a tener que acostumbrarte a vivir sin mí.

-¿Acaso piensas abandonarme?

Juraste no hacerme daño.

-No es mi voluntad lo que va a impedir cumplir mi palabra.

-¿Entonces qué?

-Me voy a morir.

-¿Qué?

No.

No. No.

No es verdad.

Eres... Eres joven.

Eres fuerte.

-Como si la muerte entendiese de edades.

Estoy enfermo, Olga.

Estoy muy enfermo.

Vas a tener que prepararte para lo peor.

-Diego,...

yo te amo.

No puedes morirte.

No. No es verdad.

¿A que no?

No. ¡No te lo permito!

Mi amor, cómo ansiaba verte.

¿Qué?

¿Tienes nuevas de Felipe? -"Pa" chasco que sí.

Se ha despertado. Y está ansioso por retomar tu defensa.

-Tal gesto le honra.

Aunque, la verdad, no creo que su esfuerzo sirva para mucho.

-No te rindas. Vamos a salir bien de esta,

ya verás.

Escucha.

Preciso que me describas a Belarmino.

-¿Por qué, te lo ha pedido Felipe?

-Eso mismamente. ¿Para qué si no iba a pedírtelo?

-Muy bien, enseguida te cuento todo sobre ese canalla.

Pero contesta una cosa.

¿Estás bien? No... tienes buen color.

-No es nada.

Últimamente, que no duermo muy cristiana.

No dejo de tener pesadillas.

-Y todo por mi culpa.

Tienes que cuidarte,

Lolita, no podría soportar que enfermaras.

-Te lo prometo.

Aunque tú tampoco estás

para muchas fiestas.

Cada día que pasa estás más flacucho y pálido.

¿No te habrán vuelto a poner la mano encima?

-No, no, no.

No temas, que es mi cabeza la que me está empezando a pasar factura.

Sí, los días aquí pasan lentamente.

Y cada vez tengo menos esperanzas de quedar libre.

Hagamos lo que hagamos, Belarmino siempre se va a acabar

saliendo con la suya.

Si al menos pudiera estar ahí fuera, libre,

podría dar con él y hacerle pagar lo que ha hecho con mis propias manos.

No sé, acabar con esto

de una vez por todas.

-Antoñito, tienes que ser fuerte y aguantar.

Te vamos a sacar de este infierno.

Te lo juro.

Querida.

Llegas justo a tiempo para decirme qué te parece esta chaquetita

que le estoy tejiendo a mi bebé.

¿Es de tu agrado?

-Sí.

-Leonor, pareces preocupada.

¿Se debe al duelo entre Víctor y el coronel?

-Sí, es eso.

-Ojalá todo termine bien y no haya que lamentar ninguna desgracia.

-Al menos tú pareces más animada.

-Tengo motivos para estarlo.

He hablado largo y tendido con Samuel.

-¿Y bien?

-Él estaba decidido a dejar de luchar.

Incluso me propuso disolver nuestro matrimonio, pero...

he conseguido hacerle desistir.

Y juntos hemos acordado poner todo de nuestra parte

para brindarle a nuestro hijo el hogar que merece.

No pareces alegrarte por mí.

Leonor, te conozco bien.

Hay algo, además del duelo, que te preocupa y me estás ocultando.

-Blanca, siento tener que romper este momento de dicha pero,

si no te lo digo, no me lo perdonarás.

-Bueno, habla ya, me estás asustando.

-Diego está muy enfermo.

-Sí, Olga me ha dicho que tiene fiebre.

Pero es fuerte, se recuperará. -Blanca,...

es más grave de lo que te piensas.

-¿Qué le ocurre?

-Según el doctor,...

se ha intoxicado con el mercurio en las minas.

-No, no, eso no es posible.

Pero ¿tú...

por qué estás al tanto de todo esto?

-Porque estaba muy preocupada por ti y fui a hablar con él.

Y terminó por confesármelo todo.

Que solo está con Olga porque le recuerda a ti.

Blanca,... te sigue amando con todo su ser.

Pero...

escúchame.

Luego sufrió un fuerte mareo, perdió el sentido y fui a avisar al médico.

-Tiene que haber una solución a su mal.

-El médico no fue muy optimista.

Pero insistió en que fuera al hospital a ponerse en tratamiento.

-¿Lo ves?

Hay esperanza.

Estoy segura de que se va a recuperar.

Tiene que hacerlo.

-Blanca,...

Diego se niega a ponerse en tratamiento.

Mucho me temo que está resignado a morir.

A no ser...

que tú hagas algo por impedirlo.

Por hacerle cambiar de opinión.

No voy a consentir que Víctor muera.

-¿Dónde va? -Al lugar del duelo.

A parar esta locura.

-Nada puede hacer.

Ni siquiera conoce el lugar exacto. No llegaría a tiempo.

Solo nos queda rezar.

Ya verá como el Altísimo nos escucha.

A mí nunca me ha fallado.

Vamos, recemos juntas.

-Ay, Señor mío, te lo ruego.

No te lleves a mi nieto.

Si es tu voluntad, paga tu furia conmigo, pero no permitas

que Víctor sufra ningún daño.

-"Darán 15 pasos".

Después les preguntaré

si están prevenidos.

Cuando hayan contestado que sí, daré tres palmadas,

seguidas de uno,...

dos,...

fuego.

No variarán la pistola de posición.

Y dispararán simultáneamente, cuando oigan la palabra

fuego.

¿Entendido?

-Entendido.

(Llaman a la puerta)

¿Quién será a estas horas?

¿Habrá acabado ya el duelo?

-Ahora mismo lo vamos a comprobar.

María Luisa,... ¿qué haces aquí?

-No podía estar más tiempo encerrada en casa.

Necesitaba saber si ya tenían noticias.

-No, estamos igual que tú.

Aguardando desesperadas. -¿Puedo esperar aquí?

-Claro, hija. Únete a nuestras plegarias.

Pasa, mujer.

Toma. -Gracias.

En consideración a su inexperiencia,

le daré cierta ventaja.

Dejaré que dispare primero.

-No quiero que me haga favores.

-Descuide, aun así le mataré sin remedio.

-Uno,

dos,

tres,

cuatro,

cinco,

seis,

siete,

ocho,

nueve,

10, 11...

"-Gloria al Padre"

al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

y por los siglos de los siglos. Amén.

Amén.

Coraje, María Luisa, coraje.

-No se detengan, hay que seguir rezando.

-(LLORA)

-"12,..."

13,

14,

15. Deténganse.

Vuélvanse.

¡Padre, por favor, no lo haga!

Dispare al aire, termine con todo esto.

Elvira, me estás avergonzando.

Si no guardas silencio, haré que te saquen del campo de honor a rastras.

Debo recordarle que, según el código del Marqués de Cabriñana,

si el ultrajado efectúa un disparo

al aire, la ofensa quedará perdonada sin pasar a mayores.

Liberto, prosiga.

-¿Prevenidos?

-¡Vamos, Víctor, dale su merecido!

-Uno,

dos...

¡Fuego!

(Disparos)

(LLORA)

¿Qué haces levantado?

¿No habrás dormido aquí, en el salón?

Siéntate, enseguida te preparo el desayuno.

-¿Olga?

-Claro que soy Olga. ¿Quién iba a ser si no?

-"Tenían que haber vuelto ya".

Eso es que mi nieto está en el hospital.

O, peor aún, que ese malnacido lo ha matado.

-No se ponga en lo peor.

¿Quién sabe si todavía están mediando Liberto y Simón

y el duelo no se va a producir? -Eso sería suponer

sentido común en la cabeza del coronel.

Ese hombre no parará hasta que vea la sangre,

la propia o la ajena. -Nada, no viene nadie.

Ni don Arturo, ni Víctor, ni los testigos.

Dios mío.

Lolita, ¿qué se sabe del duelo?

-Pues "na", ninguno de los criados fue.

Anda, que qué nerviosura y qué Navidades nos esperan.

Con el señorito Víctor

en la sepultura y Antoñito a la sombra.

-Parece que nos hayan echado un mal de ojo.

-No lloréis antes de tiempo.

Que ni el uno está muerto

ni el otro todavía está condenado. -Ramón, pero es que pintan bastos.

-Bueno, confiemos en la puntería del señorito Víctor

y en las artes de don Felipe.

Tienes fiebre. Te daré jarabe.

-No quiero jarabe.

No quiero más medicamentos que no sirven para nada.

-¿Qué vas a hacer?

-Voy a por agua, la jarra está vacía.

-Yo lo haré. -No soy un inútil.

-Déjame, yo te ayudo. -Puedo solo.

¿Tengo el gusto de hablar

con el concejal del ilustre ayuntamiento de Cádiz?

-"Vaya al grano, que estas llamadas cuestan un ojo de la cara".

-Mire, usted, yo soy

el padre de Antonio Palacios, que habrá usted

escuchado hablar de él. -Desgraciadamente.

-Verá usted, necesitamos que testifique ante el juez que usted

conocía a Belarmino Conde

y que el único artífice de la estafa es él.

-"Recuérdame que mañana" llame a la señora Ruano.

La señora Ruano es

una mujer muy acaudalada del sur. ¿De dónde, Carmen?

-De Sevilla.

-Ha hecho una oferta muy generosa por una réplica del colgante Ana.

Se ha quedado prendada de él.

-No creo que sea posible. No tengo las medidas exactas.

-¿No están en el cuaderno de tu padre?

-"No dejo de preguntarme" cómo estará.

Le pregunté a Olga, pero me dijo que el estado de Diego

no era de mi incumbencia. -Debes entenderla, Blanca.

No quiere compartir nada de Diego contigo.

-Me duele, pero la entiendo. No debí preguntarle.

-¿Y por qué no vas a la mansión y tú misma le ves?

-Porque sentiría que estoy traicionando a Samuel.

Le prometí que borraría a su hermano de mi mente.

-Blanca, solo tú puedes convencerle para que admita el tratamiento.

De alguna forma estás obligada.

Don Ramón, doña Trini,...

que no he conseguido ver a Antoñito. -¿Por qué?

-Qué desgracia. Qué desgracia.

-Pero Lolita, por favor, dinos qué pasa.

-Pues que... han metido a Antoñito...

en la celda de castigo.

Que se ha intentado escapar.

-Ay.

"Señora, pondré la mesa".

¿Cuántos serán hoy para almorzar? -Blanca no come en casa.

Ha salido de compras y a comer con Leonor.

-¿Seguro que era hoy?

Acabo de ver a doña Leonor y a su madre, doña Rosina,

camino de su casa. -¿Y no estaba con ellas Blanca?

-No. Quizá el día de compras fuera mañana.

Blanca.

Blanca.

Blanca.

Blanca.

(DELIRA)

  • Capítulo 661

Acacias 38 - Capítulo 661

19 dic 2017

El doctor Del Val diagnostica a Diego intoxicación de mercurio, pero éste se niega a tratarse. Olga reconoce a Úrsula que no le dio el veneno a Diego. Los criados dan a probar la comida gratis y es todo un éxito. Samuel plantea a Blanca disolver su matrimonio, pero Blanca le jura fidelidad.

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  1. Bosco

    Hola ,estoy de acuerdo con estos comentarios hay cosas q ya cansan son repetitivas ,quitaron a Cayetana y en su lugar plantaron a la Ursula y su hija jajaja q menudo toston son ,antes no me perdia ningun episodio pero ahora no me quita el sueño si no lo puedo ver ,gracias

    23 ene 2018
  2. Teresa

    Buenas ,esta historia me encantaba con los personajes pero de un tiempo aqui es repetitiva y cansa ya ,quitaron personajes q daban juego y ahora pusieron otros q cansan ya demasiado la gente se esta cansando de tanta Ursula y Blanca ya huelen un poquito cambiaron a Cayetana por estas y no tiene nada q ver ,es mi opinión

    23 ene 2018
  3. Ernestina

    Esa explicación sobre porque muchas veces nos vemos privados de ver la serie, y no viviendo en España, pregunto que " día de fiesta " fue, solo como ejemplo, el 21/12/2017 o que "acontecimiento de gran interés " sucedió. La TV española suele dejar "colgados " a los televidentes al no emitir los programas ni subirlos a Internet para los que vemos mejor la novela por este medio Siendo capítulos ya filmados con vaya a saber cuanta anticipación, no entiendo porqué, por mas día festivo que sea no puedan " apretar " un botón y hacer la transmisión normalmente. En fin, parece un país del tercer mundo...Veamos si quien " modera " los comentarios permite éste..................

    22 dic 2017
  4. Rosa San

    Hola Maricela, no ponen la novela los días de fiesta nacional o si hay algún acontecimiento de gran interés. Un saludo

    20 dic 2017
  5. Maricela León Acuña

    Hola, vivo en México y los felicito por su hermosa serie, pero quiero preguntar ¿por qué en ocasiones no transmiten la novela?

    20 dic 2017
  6. Elsa

    Me gusta la música de la novela, es muy bonita y bien adecuada a cada momento. Yo no se si será buena ó mala, pero es muy entretenida. Si yo también extraño a Rosina y a Liberto juntos y enamorados. Lo único que no me gusta nada es la pareja de Lolita y Antoñito.

    20 dic 2017
  7. Luis Maldonado Arteaga

    Resido en Quito, Ecuador, y me deleito viendo esta hermosa e interesante serie. Desde hace 48 horas no puedo seguirla pues en Houston USA, donde actualmente me encuentro, NO es posible hacerlo! Increíble! En la era de la comunicación y redes sociales! Que pasa!

    20 dic 2017
  8. Victoria

    Me gusta Acacias por muchas cosas, sus buenísimos actores, el maravilloso vestuario, los decorados, sus historias llenas de pasión, amor, celos, intrigas, odios familiares, tristezas, alegrías ... pero, echo mucho de menos la presencia de Liberto y Rosina JUNTOS, no puedo negar que son mis preferidos y últimamente, cuando aparecen, lo hacen cada uno por su lado. De todas formas, me gusta la serie y espero que podamos disfrutar de ella durante mucho tiempo.

    20 dic 2017