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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 657 - ver ahora
Transcripción completa

Yo te trataré con delicadeza.

Mereces poder olvidar tanto dolor.

-"Este diseño enmarcado será la pieza estrella que la familia Alday

presentará en la exposición.

¿Qué le parece? -Pero...

no es el original,

no es igual. -¿Qué quiere decir?

-Faltan las medidas. -"Felipe me ha asegurado..."

que sigue viéndose con otras mujeres.

-¡Será canalla! -Trini, pero a mí me extraña.

Le conozco y,...

me da la sensación de que me mentía. -"No necesitas pasar por casa".

Saldremos los dos desde aquí.

-¿Quieres que acudamos juntos? -¿Y por qué no?

¿Acaso hay alguna razón por la que debamos ocultarnos?

-No.

(FELIPE GRITA)

-Considérelo un aviso.

Si acude a ese juicio, será lo último que haga.

-"He recibido la visita del párroco".

Quería avisarme de que corre el rumor de que,

como yo sospechaba,

van a anular el encargo del manto papal.

"Te ayudaré, Susana".

Saldrás bien parada de esta.

-Muchas gracias, Úrsula, ¿cómo podría pagártelo?

-Descuida. Ya se me ocurrirá alguna manera.

-"Eso quiere decir"

que le llevarás contigo, que hoy le voy a conocer.

-Olga,

será mejor que te apresures. El cochero nos espera.

-¿Tú?

-Os ofrecería llevaros, pero supongo que preferiréis ir solos.

-Así es. Ya hemos avisado un coche.

"No digas eso".

Todos mis errores han sido porque te amo.

¡Apártese de mi hija, ya está bien!

Le juro que mataré a Víctor en el duelo,

pero el siguiente será usted.

Será mejor que marchen, si no quieren tener algo más que palabras.

-Ustedes no saben con quién se están jugando los cuartos.

-Ramón, vayámonos al juzgado.

No vaya a ser que llegue la sangre al río.

-¿Y Felipe?

-Esperémosle allí, hazme caso, es lo mejor, vamos.

Don Felipe sigue sin aparecer.

-¿Y se puede celebrar una vista sin el abogado?

-No lo sé, Trini.

Para eso contrata uno un abogado, para preguntarle estas cosas.

-Bueno, Víctor estuvo estudiando Derecho.

Aunque no lo terminara... -Víctor no ha venido.

-Y tampoco sé si querría ayudarnos. No se le ha tratado muy bien, Ramón.

-¿Y mi hermano, dónde está?

Aunque no venga el abogado, tendrá que asistir.

-Tu hermano aparecerá cuando entre el juez. Esposado.

-Qué bochorno.

-Bochorno es que no aparezca Felipe y Antoñito se quede sin defensa.

¿Y Celia, tampoco ha venido? -No.

Mira, ahí viene Lolita.

-Antoñito no tendrá defensa, pero tiene quién le apoye.

-Sí, una criada.

-Mucha más lealtad que algunos que se consideran amigos

han tenido los compañeros de Lolita.

-¿Todavía no ha llegado don Felipe? -No, Lolita.

-Ay. ¿Mandamos a Martín y a Servando a buscarle?

Están fuera con la Fabiana.

-Se han quedado muy "preocupaos".

No quieren entrar "pa" no molestar. Están ahí aguardando nuevas.

-Faltan dos minutos para que comience la vista,

no merece la pena. -Por intentar, ¿qué perdemos?

-Padre, tiene que hacer algo. -¿El qué, hija?

-Ramón, tú tienes mucha labia.

Habla con el juez, a ver si consigues que aplace esto.

-¡Ay!

-Perdón, perdón.

Va a salir todo bien.

-Estoy muy asustado.

-Antoñito, hijo,

don Felipe no ha aparecido. ¿Tú sabes algo de él?

-No. ¿Le ha pasado algo?

-Esperemos que no. Seguro que aparece enseguida

por esa puerta.

(Se abre una puerta)

Dios mío, el juez ya está aquí

y don Felipe sin aparecer. Voy a intentar un aplazamiento.

-Sí.

Señor juez,

Don Felipe Álvarez Hermoso no aparece.

¿Va a dejarle usted sin defensa?

-Se puede defender él solo.

-Nada, que no tienen compasión.

-A ver si es Felipe.

-¿Quién es?

-Es Sepúlveda, el escultor.

Su testimonio puede ser crucial para exculpar

a Antoñito.

-Se inicia la vista.

(OLGA LEE) "Demasiado cortas para nuestra pasión,

demasiado largas para nuestra paz fueron aquellas horas".

"¿Puede cesar su alegría o su amargura?".

"Nos arrepentimos, abjuramos, deseamos romper nuestra cadena,

debemos separarnos,

debemos volar a, unirla otra vez".

"¡Oh!, vuestra sea la alegría y mía sea la culpa".

"Perdonadme, adorado, abandonadme si lo deseáis".

(Llaman a la puerta)

-¿Cómo estás?

-Mejor.

Siento no haberte acompañado a la exposición.

-Si de verdad lo sintieras, habrías venido.

Ya estabas de camino.

-¿Cómo ha ido?

-He tenido que soportar la humillación de que tu madre

y tu hermana me preguntaran por qué no habías ido.

Y que me miraran altivas.

-Te pido perdón otra vez.

-Lord Byron.

-Me gusta. -¿Algún poema en especial?

-Leía Estrofas para música.

-Mi favorito es Cuando nos separamos.

Búscalo.

-No sabía que te gustase Lord Byron.

-Cuando era joven leía mucha poesía.

La pena es que nunca llegué a escribir nada.

-Aquí está. -Léelo para mí.

Solo el inicio.

-"Cuando nos separamos, en silencio y con lágrimas,

con el corazón medio roto, para separarnos por años,

para apartarnos por años, tu mejilla se volvió pálida y fría".

"Y más frío tu beso".

"En verdad, aquella hora predijo el dolor de esta".

Es muy triste.

-La poesía siempre lo es. Como la vida.

-Dame tus gemelos.

Los guardaré.

¿Cuánto dura el receso? -Lo justo para ir al baño.

Ya queda poco para que se retome.

-Bueno, de momento Antoñito no se está defendiendo nada mal, ¿eh?

-Es una vergüenza que el juez

no me haya dejado intervenir. -No, Ramón.

Lo que es una vergüenza es que no sepamos nada de Felipe.

-Me han dicho Servando y Martín que nadie sabe nada de don Felipe.

-¿Le habrá pasado algo? -Don Ramón,

¿y si le digo yo a mi marido que pregunte por los hospitales?

-No, no. Esperaremos.

No quiero alarmar exageradamente a nadie.

Además, debe quedar un minuto para que se reanude.

-¿Y ahora es el turno de Sepúlveda? -Sí.

Es el testigo más importante.

Si tu hermano está hábil, esta misma tarde puede estar en casa.

-Yo le he puesto una vela a Santa Rita, la patrona de los imposibles.

-Señor Sepúlveda, es su turno. Tome asiento.

¿Nombre y profesión? -Francisco Sepúlveda.

En el mundo artístico se me conoce como Currito Sepúlveda.

Escultor y bocetista de grandes monumentos.

-¿Dibujó usted

los bocetos del monumento de los caídos en las guerras coloniales?

-Sí, señor. Los dibujé.

Pero ni los cobré ni los llegué a esculpir.

Todo fue una estafa.

-Antonio Palacios,

si quiere hacer alguna pregunta al testigo.

-Sí. Sí, sí, por supuesto.

Señor Sepúlveda,

¿quién le encargó los bocetos

para ese monumento?

-Usted.

-¿Yo? Pero si yo no le había visto a usted en mi vida.

Fue Belarmino. -Fue usted.

Yo nunca he conocido a ningún Belarmino.

Fue usted, sí.

En maldita hora le conocí.

-Usted ha jurado decir la verdad.

-Y eso hago. Decir la verdad.

Señor juez, Antoñito Palacios es un conocido estafador,

pero yo no lo sabía.

Si hasta se cuenta que vendió la Estatua de la Libertad.

-Eso no viene a cuento, ¿no?

-Se ve que le gusta

estafar a escultores. -Dios mío.

-Templa, que te va a dar algo, por favor, ¿eh?

-Es usted conocido en los bajos fondos

como un peligroso maleante.

Solo espero que este juicio sirva para darle una buena lección.

-¿Será mentiroso?

-Señor juez, saque de circulación a este desaprensivo, por favor.

-Que me lo mandan a galeras. -Que no, Lola.

Si miente, el juez lo va a saber. -¿Por qué está diciendo todo esto?

¿Acaso le paga Belarmino?

-Le he dicho que no conozco al tal Belarmino.

A mí el que me estafó fue usted.

-Es usted un mentiroso y un difamador.

¡Diga la verdad! ¡Diga la verdad!

Suéltenme que le voy a dar su merecido.

-¡Antonio! -Se levanta la sesión.

(Llaman a la puerta)

¿Quién anda ahí?

Deme las llaves, voy a echar el cierre.

-Víctor sigue en su negocio.

-Ahora mismo iba a hablar con él.

Tengo que convencerle de que seguir adelante con la idea del duelo

es una locura. Arturo Valverde

es un profesional de las armas. -Tiene que hacerte caso.

Dile lo que quieras, pero que renuncie.

A mí no me escucha. -Víctor no es un cobarde.

-Ir a ese duelo no es cuestión de cobardía ni valentía.

-Es un suicidio.

-Mire, madre,

Víctor quiere demostrarle a todo el mundo

que es un hombre en toda regla. Sobre todo a María Luisa.

-Pamplinas.

Los hombres, siempre a vueltas con el honor.

Lo importante es conservar la vida.

El honor, el buen nombre, la consideración de los demás.

Eso viene y luego se va. No es cuestión de un duelo.

-Es su opinión. Pero no olvide

que este un mundo de hombres.

-Desgraciadamente.

Mejor nos iría si mandaran las mujeres.

Yo no lo veré, pero a lo mejor tus nietos están más cerca.

-Sé que todo esto que dice es por el miedo, y es natural, es su nieto.

Pero usted misma lo ha hecho todo por conservar su honor.

-Menos batirme en duelo.

-No. No, eso no. -¿Y de qué me ha servido?

De nada.

Mira, ahí viene.

-Veo que hoy cierran tarde.

-Te esperaba.

Necesito comentarte una decisión que he tomado.

-Soy todo oídos.

Mañana mismo voy a mandar un telegrama a tus padres

para que vengan de París. Si no te podemos sacar nosotros

la idea de la cabeza del duelo, alguien tendrá que tomar cartas

en el asunto. -Se lo prohíbo tajantemente.

-Víctor, escucha a tu abuela.

Hace lo más adecuado. Ese duelo es una barbaridad.

-He dicho que voy a batirme en duelo y, es lo que haré.

-Por el amor de Dios, Víctor, tu madre debe saberlo.

-A mis padres no les va a dar tiempo a venir desde París.

No evitarán el duelo.

Lo único que va a hacer usted es conseguir que sufran.

Creo que ya soy mayorcito, ¿no?

Sé muy bien lo que me hago.

Dejen de meterse en mi vida. Buenas noches.

(Llaman a la puerta)

¿Blanca?

-Soy yo, Olga.

¿Qué te ocurre?

-¿Olga?

Nada grave. Un mareo.

-¿Quieres un poco de agua?

Bebe, te hará bien.

-Gracias.

-¿Esperabas a Blanca?

-No.

No, no te he visto bien.

-No entiendo a mi hermana.

Es como si no se alegrara

por nuestra felicidad.

¿Te encuentras bien?

Quizá mañana debería verte un médico.

-Quizá.

-Blanca se alarmó al vernos juntos.

No sé qué derecho cree que tiene sobre ti.

Está casada con otro hombre, quizá lo olvide.

-Olga, solo necesito descansar.

Tengo hambre, creo que hay algo de caldo en la cocina.

-Te calentaré un cazo.

Si tanto interés tiene, debería estar aquí

cuidando de ti.

Buenos días.

-"Pa" los que los tengan,

que la noche ha sido toledana. -En casa no hemos pegado ojo.

Yo no he conciliado el sueño hasta que ha amanecido.

¿Y mi padre y Trini?

-Han salido bien temprano.

Doña Trini ha ido a ver a doña Celia a ver si sabe algo de don Felipe.

Y su padre ha ido al juzgado para retrasar el juicio.

-Quiera Dios que lo consiga.

-Una vela del tamaño de la Virgen, le voy a poner.

Zumo de naranja, ¿quiere? Servando dice que lleva no sé qué vitamina

y que deberíamos de tomarlo todos los días.

-Ponme, pero no porque lo diga Servando.

El que ha tenido que pasar peor noche ha sido mi hermano.

-Ni que lo diga.

-Tiene suerte de que lo ames tanto.

-Pensé que no lo aprobaba.

-Y no apruebo el acercamiento entre criadas y señores.

Pero eso no quita que lo envidie.

Ojalá Víctor viviera por mí.

-Y lo hace.

El señorito Víctor bebe los vientos por usted.

Debería de perdonarle.

Y volver con él.

-Bueno, Lolita, tampoco te he pedido consejo.

Ya lo que me faltaba, ser la comidilla del altillo.

(Se cierra una puerta)

-Nada. Que Celia tampoco sabe dónde está Felipe.

Yo ya no sé si le habrá pasado algo.

Celia iba ahora a ver a Diego

para ver si sabe algo.

-¿Y no habrá desaparecido porque sabía que iba a perder el juicio?

-No, Luisi, hija, no.

Felipe nunca nos haría algo así.

Ay, de verdad, ¿eh?

-Al que madruga, Dios le ayuda.

Conseguido.

El juez ha aceptado aplazar el juicio

hasta que demos con el paradero de Felipe.

Ha reconocido que no es fácil salir del embrollo

en que está metido Antoñito. -¿Ha podido hablar con él?

¿Cómo está? -Con mi hijo no, Lolita.

-Antoñito es muy de ver la pena negra y abandonarse.

-Bueno, pues tendrá que sacar fuerzas de donde sea.

¿Y el juez, qué?

¿Se creyó la declaración de Sepúlveda?

-Toda la sala lo creyó. Es lo malo de tener antecedentes

de estafas y quiebras.

-Entonces, ¿nadie le va a salvar de la cárcel?

-Un milagro, Lolita.

-Un milagro

y los oficios de Felipe.

Que yo no sé qué le habrá pasado para desaparecer de esa manera.

Buenos días.

¿Has visto qué día hace hoy?

Maravilloso. Uno de esos días

luminosos que nos da el invierno.

-Ni siquiera me he fijado.

-Pues has hecho mal.

El cielo está hoy como para pintar un cuadro.

¿Son los suizos de La Deliciosa? -Ahí tienes.

-Están riquísimos.

Yo creo que hay algo secreto en la receta.

-Parece que te has levantado con mucho apetito hoy.

-Ya sabes. El amor da hambre.

Y el desamor, desgana.

Espero que no te haya molestado descubrir

que mi amor secreto era Diego.

Somos muy felices.

-Habría preferido enterarme

de otro modo. -Quería mantenerlo en secreto.

O, por lo menos,

hasta estar segura que lo nuestro funciona.

-Te habría reconvenido contra él.

-¿Me habrías hablado en contra de él?

Pensé que le tenías gran aprecio.

Fíjate que hasta a veces,

he llegado a pensar que lo que sentías por él

era más que un simple cariño.

-Diego es inestable.

Y violento.

-Buenos días.

-Buenos días.

-¿Inestable?

No creo que Diego sea inestable.

Otra cosa es que no haya encontrado a nadie que le dé estabilidad.

Quizá la encuentre a mi lado.

-Quizá.

Si me disculpa, voy a asearme.

-¿La ha visto?

Se va con el rabo entre las piernas.

-Ten cuidado.

Hasta ahora lo estás haciendo muy bien, pero no debes acosarla.

-Es mi momento de disfrutar. -Y lo harás.

Pero has de medir la intensidad.

Un animal herido puede sacar fuerzas de flaqueza

y hacernos daño en un último derrote.

Tu hermana ahora

es un animal moribundo.

-No corro ningún peligro. -Te equivocas.

El peligro de no dejarle ninguna otra salida

y que se acerque a Diego.

Ten calma.

Tú eres el cazador; y ella, la presa.

No te precipites.

Sosiega

y triunfarás.

¿No piensa contratar una criada?

-Acabo de prescindir de la que tenía.

En realidad, solo uso una parte de la casa.

Y me gusta estar solo, Celia.

Me preguntaba por Felipe. -Sí. Estamos...

preocupados por él. Ignoramos dónde se encuentra.

-Me temo que no le puedo ayudar.

La última vez que le vi fue en La Deliciosa,

antes del juicio.

-¿Y no le dijo si pensaba viajar o algo así?

-No. Aunque le vi raro. Imagino que estaba preocupado

por el juicio. Me dio la impresión que algo le agobiaba.

Es cierto que me dijo un par de cosas

que no terminé de entender.

-¿Podría repetírmelas? A lo mejor yo las interpreto.

-Hablaba del deber y de proteger a los seres queridos.

Me dio la impresión de que estaba agobiado.

Pero no me contó de qué y yo,

desafortunadamente, no le insistí. -Me preocupa.

Justo la víspera de un juicio importante, no puede ser una juerga.

-¿Cómo fue el juicio, Celia?

-Pues no se presentó.

No dio ninguna explicación. De ahí que estemos tan inquietos.

-Me encantaría ayudarle a intentar dar con él, Celia, pero

no me encuentro bien.

Es cierto que esta mañana me he levantado algo recuperado, pero

ayer estuve con mucha fiebre.

-Pues debería acudir a un médico.

-Dejaré pasar el día de hoy y si no me recupero, lo haré.

-Es cierto que se le nota pálido y cansado.

-Es el pequeño precio que hay que pagar por los viajes.

A los europeos no nos sienta bien el agua de otras zonas del mundo.

La venganza de Moctezuma, lo llaman.

-Siempre puede decirle a Olga que venga a cuidarle.

Y lo hará encantada, ¿no?

-¿Ya se habla de nosotros en el barrio?

-Ya sabe lo chismosa que es la gente.

Ha bastado con verles un par de días

caminando juntos para que se disparen los rumores.

Los hay que hablan de fecha de boda. -Qué exageración.

-¿Y no hay nada?

-Le seré sincero, Celia. Algo hay.

Nuestra relación...

está un paso más allá

de la simple amistad, pero

para nada se le puede considerar como un noviazgo.

-Olga parece frágil.

-Celia, no está en mi ánimo hacerle ningún daño.

-Perdona.

Critico a los vecinos por chismosos y, soy la primera

en hablar de las relaciones de los demás,

cuando lo que debería hacer es estar buscando a Felipe.

-Celia,... me encantaría ayudarle.

-Usted, recupérese, que es lo fundamental.

Y si Felipe le visita,

dígale que le buscamos. Por favor.

-Claro que lo haré.

Ni que fueras con prisa, María Luisa.

Ha sido dar el cura la bendición y tú has saltado como un resorte.

-Disculpe, no la había visto.

-No me extraña.

Hoy rezabas con más devoción que nunca.

Incluso has cerrado los ojos en muchos momentos.

-¿De verdad? Pues no me había dado cuenta.

-Claro, que no me extraña, con todos los frentes que tienes abiertos.

Me han contado lo del juicio de Antoñito de ayer.

¿Por qué no se presentaría don Felipe?

-Estamos todos en vilo esperando tener noticias.

-Ya. Espero que no le haya sucedido nada.

¡Oh! Lo del escultor.

-¿También le han contado eso?

-Sí. Pero Dios me libre de dudar de tu hermano.

Aunque, claro, resulta extraño que ese hombre

no recordara a ese Belarmino.

Solo espero que el juez no le creyera.

Pobre don Ramón. Una decepción tras otra.

-Mi padre confía completamente en mi hermano.

-Claro. Es su hijo.

Estamos aquí hablando en mitad de la calle, ¿no te apetecería

tomar un chocolate en La Deliciosa?

-Lo siento, pero tengo que irme a mi casa.

-¡Ah! Perdóname.

Lo siento. Olvidaba que estás medio peleada

con Víctor y, claro, La Deliciosa no es un lugar hospitalario para ti.

Una pena. Hacíais una pareja encantadora.

Espero que os arregléis pronto.

-Se lo agradezco, doña Úrsula.

Ahora, si me disculpa, me esperan en mi casa.

-Ah, por supuesto. La familia ha de mantenerse unida.

Te acompaño.

Yo también voy para casa.

Querida María Luisa, las parejas deben tener comprensión

y no romper a la primera de cambio.

Aunque sea difícil, hay que perdonar.

Aunque, claro, yo te entiendo.

Perder por una traición a tu prometido y a tu mejor amiga

de una tacada... -Disculpe, doña Úrsula,

pero me he olvidado algo.

Será bruja.

Dios mío, sálveme de harpías como ella.

Acaba de pasar Úrsula.

No sé si me habrá hecho el favor

de hablar con sus contactos en el palacio episcopal.

-Estos asuntos ya sabe que no se arreglan de un día para otro.

-Mientras se arreglen...

-Se solucionará todo, no lo dude.

-Buenos días.

-Buenos días.

-Tía, creo que usted y yo tenemos una conversación pendiente.

Para hablar de una vez por todas nuestras diferencias.

-Nada me haría más feliz.

-Mejor les dejo solos,

que tendrán mucho de lo que hablar, y estas cosas mejor hacerlas

a la cara y sin testigos. -Como quieras.

-¿Qué se sabe de Víctor?

-Sigue con la idea absurda del duelo.

Yo no sé qué hacer, Liberto.

Si el coronel le mata, yo me muero a continuación.

Ya sé que yo no siempre he sido así.

Que hubo un tiempo en que me dejé llevar por la inquina,

pero te aseguro, Liberto, que ahora

adoro a todos los miembros de mi familia.

-¿A todos?

-Sí. A todos.

Y eso también te incluye a ti.

Perdóname, Liberto,

por no haberte informado yo misma de la relación que me unía a Simón.

-Lo sabían Elvira y María Luisa.

Hasta el coronel estaba al tanto de la calle.

Tía, yo, que soy su sobrino, era el único que estaba en la inopia.

-Siempre quise decírtelo. No lo hice por Rosina.

Si ella lo sabía,

era como si estuviera publicado en El Adelantado.

Y no quería obligarte a que mintieras a tu esposa.

-Mi esposa está muy ofendida con usted.

La acusó de cotilla.

-¿Y es que no lo es?

-Pues como cualquier otra mujer del barrio.

-No te confundas, Liberto,

que ser cotilla no es algo exclusivo de las mujeres.

-No quiero entrar en esta discusión ahora.

Además, es muy probable que usted lleve razón en esto,

solo hay que ver a Servando para darse cuenta.

El caso es que

quiero se disculpe ante mi esposa.

Por el bien de mi matrimonio.

-Lo haré. Pero lo hago por tu bien.

Sigo pensando que Rosina

es una cotilla que le gusta meter la cucharita en todos los postres.

¿Así quedarán saldadas nuestras rencillas?

-Pues claro que sí.

Somos familia, ¿no? -Y me alegro mucho.

¿Me das un beso?

-Y dos. Zalamera.

María Luisa.

-Víctor, por favor, no quiero hablar contigo en mitad de la calle.

-¿Dónde, entonces? -En ningún sitio.

Y no me presiones.

-¿Cómo le fue el juicio a tu hermano?

-No es de tu incumbencia.

-¿De verdad no te importo nada?

-¿Es que acaso te importaba yo a ti cuando te besaste con Elvira?

¿No te das cuenta de que lo has estropeado todo, Víctor?

Y ahora, ¿qué pretendes?

Don Arturo te va a matar. ¿Acaso quieres que te llore?

-Eso no va a pasar. Voy a defenderme.

-Eres un iluso.

-María Luisa.

Es la segunda vez que te lo pido. Por favor, perdóname.

-No. Ni a ti ni a Elvira.

No quiero saber nada más de vosotros mientras viva, y suéltame.

¿O quieres tener pendencias con mi padre

cuando acabes con las del coronel?

-María Luisa de mi vida.

¿No queda claro que no le he olvidado?

¿Que por mucho que lo intente nunca le olvidaré?

Verle con Olga

ha sido un revulsivo para darme cuenta de que Diego

sigue en mi vida, en mi cabeza y en mi corazón.

-Blanca, no creo que sea necesario que yo te lo recuerde pero lo haré.

Estás casada con Samuel. -Lo sé.

Pero eso no es para que sienta celos por mi hermana.

No puedo cerrar los ojos sin sufrir al pensar que he compartido lecho

con el hombre al que amo. -Blanca, pensar eso

solo te va a hacer más daño.

-Es que además sufro por Olga. -¿Por Olga?

No lo entiendo. -Estoy segura que Diego no la ama.

Y que la usa, que se aprovecha de ella.

Pienso que para él, Olga es una forma de hacerme reaccionar a mí.

-¿Estás segura de eso?

-Completamente.

-¿Y tú se lo has dicho a Olga?

-Sí, le he advertido de que Diego es inestable y violento.

Pero ella es demasiado inocente, a pesar de todo

lo que sufrió en su infancia.

-¿Y no serás tú la inocente? Porque Olga ha vivido mucho.

-Pero no está preparada para esto.

Está viviendo su ilusión, y la caída será brutal.

-Esperemos que no sea más brutal

tu caída que la suya.

Blanca, ¿qué vas a hacer?

-No puedo hacer nada.

Me he decidido por Samuel y tengo que mantenerme firme en mi postura.

Todo esto que está haciendo Diego solo va a conseguir alejarme más.

-Permíteme dudarlo.

Blanca, yo cada día te veo menos segura.

Lo acabas de reconocer ahora, hace menos de un minuto.

Creo que no sabes ni lo que quieres ni lo que piensas.

-Quizá, ya sé que me contradigo, Leonor.

Pero debo hacerme fuerte.

Por mi futuro hijo y por mi esposo.

Ahí viene.

-Buenas tardes, Blanca.

Buenas tardes, Leonor.

¿Todo bien en su casa? -Gracias a Dios.

Estaba pensando en proponerle a Blanca

ir al merendero, y comprar unas castañas asadas.

¿Le apetece acompañarnos?

-Me encantaría. Adoro las castañas asadas

en su manera tradicional.

Pero tengo que ir al hospital. Van a hacerle unas pruebas

a mi padre y he quedado con mi hermano.

-¿Quieres que te acompañe? -No. No es necesario.

Tú toma esas castañas con Leonor

y pasadlo bien. Esta noche nos vemos en casa.

-Con Dios.

¿Se da cuenta, Jacinto,

que cada vez pasan los años más rápido?

-Todos los años duran lo mismo, poco más o menos.

-Sí, duran lo mismo, pero parece que son más cortos.

Hace cuatro días era Navidad.

-Hace cuatro días era la semana pasada.

No me vuelva usted loco. -Pues no sé, será el diferente fluir

del tiempo, que solamente lo notamos los hombres de la ciudad.

Los hombres del campo están más aferrados al paso de las estaciones.

-¿Y eso es malo? -No, no, no, es diferente.

Solamente diferente. Bueno, a lo que iba.

Que es que ya es casi Navidad.

¿Qué? ¿Cómo va el mundo?

-Ay, el mundo va, que no es poco.

-Mejor, gracias al progreso.

Por ejemplo, yo, desde que uso las pastillas de caldo,

echo menos tiempo en la cocina.

Y me puedo bajar aquí a echar un rato con la "señá" Fabiana.

Y el día que inventen la máquina lavaplatos...

-Sí, y la de barrer suelos, ¿no te amuela?

-Ese día llegará el fin del mundo.

Las cosas hay que hacerlas como se han hecho toda la vida,

sin pastillas ni zarandajas. -Que no, Jacinto, que no,

que no se le pueden poner puertas al campo.

Bueno, ni al progreso, ya puestos. -Mira, Casilda.

En este anuncio sale una receta para preparar el pavo el día de Navidad

con las pastillas de caldo. -Yo las voy a usar para todo.

-Oye, que podríamos hacer eso. Vamos a ver.

Las criadas asan el pavo.

Y Martín se ocupa de la publicidad.

No cocine en Navidad.

Nosotros lo hacemos por usted. Bueno, nos podemos hacer de oro.

-Ya, muy bien, Servando, ¿y usted qué hace?

-Yo, lo lo más complicado, dirigir y pensar.

Eso sí, nos lo repartiríamos a partes iguales.

La mitad "pa" mí y la mitad para ustedes.

-Ya. -Lolita.

-"Na".

Que no aparece don Felipe.

-¿Dónde se habrá metido?

-Lo único que sé es que mi Antoñito

va a pasar las fiestas en la trena.

-Pues que no se preocupe, que nosotros le enviamos el pavo.

Asado.

No me imagino ningún sitio donde no hayamos mirado ya.

No sé qué le puede haber pasado.

-No quiero pecar de alarmista, señora, pero creo

que ha llegado el momento de dar parte a la policía.

-Sé cómo es eso.

Llegaré allí y me mirarán con lástima.

Pensarán que no soy más que una esposa preocupada porque su marido

se ha ido a echar una cana al aire.

-Si usted quiere,

yo puedo acompañarla.

Si me ven con usted, no osarán tratarla con sorna.

-Pues se lo agradezco mucho.

Si finalmente decido denunciar,

le pediré que se persone conmigo.

Y usted, ¿cómo va en sus asuntos?

¿Qué tal está Susana?

-Pues en un ay.

En realidad, como todos, no hemos conseguido zanjar el duelo

entre el coronel y Víctor. -Qué barbaridad.

Ese hombre solo entiende el lenguaje de las pistolas.

Está de más razonar con él. -Y usted que lo diga.

Por eso me gustaría pedirle que mañana me permita ausentarme

unas horas. Para ayudar a Víctor.

-¿Cree que lo conseguirá?

-Lo intentaré, eso por descontado.

-Tome todo el tiempo que precise.

(Llaman a la puerta)

Voy a ir al despacho.

Si no es algo que tenga que ver con el paradero de Felipe,

no me moleste. -Como ordene.

¿Qué haces aquí? No me cierres, por favor.

Yo puedo evitar el duelo entre Víctor y mi padre.

Habla.

Me echaré la culpa de todo.

Ya la tienes.

Le diré la verdad a María Luisa.

Le rogaré que acepte las disculpas de Víctor.

Y se lo explicaré todo a mi padre. Eso deberías haberlo hecho ya.

Perdóname, Simón.

Sé que lo he hecho todo mal.

Pero voy a cambiar. Voy a compensarte.

Lo creeré cuando lo vea. Ahora, márchate.

¿Por qué eres tan cruel conmigo? ¿Cruel yo, Elvira?

Eres tú quien ha condenado a Víctor al desamor de María Luisa

y a morir a manos de tu padre. Yo estoy muriendo.

Estoy muriendo sin tu amor.

Fuera.

Llevas mucho tiempo aquí.

¿Estás bien?

-Estoy bien.

Solo quería estar sola.

-He llegado a pensar

que no te alegras de mi relación con Diego.

De que sea feliz. -No me alegro.

Tú sabes los sentimientos que me unieron a él.

-Estás casada con Samuel. No puedes pretender...

-No pretendo nada.

También me ha decepcionado

que no me dijeras que él era el hombre misterioso.

Y que, además, me pidieras consejo para enamorarle,

para seducirle. -¿Me lo habrías dado

sabiendo que se trataba de él? -No.

Pero no por celos.

Sino porque no confío en que Diego sea sincero.

-¿No es sincero?

En lugar de criticarlo,

deberías alegrarte de que haya encontrado

el amor junto a él. No era fácil para mí,

después de todo lo que he sufrido a lo largo de mi vida.

-No has encontrado el amor.

-¿Por qué dices eso?

Olga, siento ser yo quien te abra los ojos.

Pero lo que Diego siente por ti dista mucho de ser amor.

-Hablas corroída por los celos.

-Te está usando. Como tú me usaste a mí.

Y como nuestra madre usa a todo el que tiene a su alrededor.

Te va a hacer daño. -No estoy dispuesta

a seguir escuchando. -Has entrado a pedirme mi opinión.

Y ahora la vas a escuchar.

Diego te usa para provocar mis celos.

Porque de quien Diego está enamorado es de mí.

Ten seguro que doña Celia hará todo lo que pueda

por encontrar a don Felipe.

-Pero ¿ha denunciado su desaparición?

-Si hoy no lo encuentra, mañana lo hará.

-Sin abogado, a mi Antoñito no lo libra nadie.

-Tú ten fe. -Es que se me acaba por momentos.

Es como si el odre tuviera una fuga del tamaño de un puño.

-Piensa que don Ramón está ayudando a su hijo, que confía en él.

-Dicen tantas cosas de Antoñito que ya casi nadie cree que sea él

quien dice la verdad.

-Bueno, lo importante, Lolita, es que tú no dudes.

-Ni por asomo.

Bueno, que sigo a lo mío. Voy a ver si alguien

ha visto a don Felipe. A más ver.

-Suerte.

¿Puedo sentarme?

-Si vienes de parte de mi abuela a convencerme de que abandone

la idea del duelo, no. Si es por otra cosa...

-Sí, ya lo sé, Víctor. Ya sé que eres tan cabezota,

que vas a enfrentarte a duelo contra Arturo Valverde.

-Voy a ganarle. -Tienes que entrenarte.

Aprender el manejo de una pistola.

Afinar tu puntería y saber dónde debes disparar.

¿Has cogido alguna vez una pistola?

-En la feria.

Pero le gané una muñeca a María Luisa.

También te digo que la perdió antes de que acabara la noche, pero bueno.

-No es lo mismo, Víctor. Arturo Valverde

ha disparado miles de veces con armas profesionales.

Ir a ese duelo sin familiarizarte con ellas es como ir al matadero.

-¿Un duelo no es algo justo? Gana el que tiene razón.

O el que mejor dispara, ¿no? -No digas eso, Víctor.

Mira, hoy mismo iremos a una armería a por una pistola

para que puedas practicar.

Escogeremos una que sea más indicada que la que ha mandado el coronel.

Y, te lo prometo,

entrenaremos hasta que te conviertas en un gran tirador. Ya lo verás.

-Está bien.

Estoy deseando darle una lección al coronel.

Es Planta de San Juan.

Lolita se lo da a mi esposo cuando está muy alterado.

-Yo no necesito una infusión, Trini.

Lo que necesito es que aparezca Felipe.

He pensado a esperar a mañana para ir a comisaría a denunciar,

pero pienso hacerlo esta misma noche.

-Por lo menos espérate a que venga Ramón.

Que él te acompañe. Lo que nos faltaba es que te pasara algo a ti

y desaparecieras tú también.

-Trini, ya sabes que hubo un tiempo en el que

Felipe era tan juerguista, que podía llegar a desaparecer dos noches

sin dar una sola explicación. Pero ahora es distinto.

Ha tenido que ocurrirle algo grave.

-No. Celia, por favor, no nos pongamos en lo peor.

-Estaba tan raro.

Yo pensaba que eran nervios por el juicio de Antoñito.

Pero es obvio que le ha pasado otra cosa.

Tenía que haber estado más pendiente.

-Oye, escúchame, no te culpes. Tú no eres responsable.

-¿Tardará mucho en llegar tu esposo?

Quiero ir a comisaría cuanto antes, para que la policía

empiece a buscar. -Yo imagino que estará al caer.

Si te quedas más tranquila, yo misma te acompaño.

Voy a por la capa.

-Buenas noches.

-Ramón,

me disponía a acompañar a Celia a la comisaría.

-No, no es necesario. -Felipe.

¿Ha aparecido?

-Ha sufrido un accidente.

Está ingresado en el hospital y está grave.

-Ay.

¿No te importa quedarte con él esta noche?

-Sabes que no. Ya contaba con ello.

-Yo tengo que ir a casa.

Me espera mi esposa.

-Marcha, no te preocupes.

Ya has oído al médico.

Aún habrá que esperar unos días para ver mejorías en padre.

-Mañana llegaré a tiempo para la charla con el médico.

Que paséis los dos buena noche.

-Gracias. Hasta mañana.

Ya ve usted, padre.

Decía que nunca me quedaba en casa,

que siempre estaba huyendo.

Al final seré yo quien pase las noches con usted.

Mientras pueda.

A los demás puedo ocultarles la verdad,

pero a usted no.

¿Por dónde empiezo?

He pasado demasiado tiempo en las minas.

Sí. Exacto, no se equivoca.

Sabe el mal que me acecha.

Todo lo que podría hacer es luchar por...

conseguir que la enfermedad avance un poco más despacio.

O aceptarlo.

Y disfrutar el tiempo que me quede en el mundo.

Si usted pudiese hablarme.

Aconsejarme.

Pero esta es una batalla que tiene un claro ganador.

Y esta vez no soy yo.

Lamento no haberle podido defender de Úrsula.

Por todo lo demás, lo doy todo por terminado.

Doy todas mis batallas por zanjadas.

Y esta vida por vivida, padre.

¿Quién lo hubiera dicho?

Esta enfermedad se me va a llevar antes que a usted.

Mi fin se acerca.

Voy a morir.

Sujeta la caja, por favor.

Es una Colt T1900. Ligera y fácil de manejar.

-Eso si consigo hacerlo.

No he cogido una arma de estas en mi vida.

-Bueno, pues ha llegado el momento.

-"¿Saben ya qué ha ocurrido?".

-Según los testigos que le trajeron aquí, don Felipe estaba paseando

cuando fue arrollado por un caballo desbocado.

-¿Y qué daños tiene?

-Tiene la pierna derecha fracturada, aunque ya ha sido operado

y no reviste gravedad. Sin embargo,

también ha sufrido una fuerte conmoción cerebral.

-¿Tendrá secuelas? -No lo podemos decir

por el momento. Cuando le atendí,

estaba inconsciente y no ha despertado todavía.

Aprovecharse de Diego parece ser que es lo que ha hecho todo el mundo.

-¿A qué viene ese comentario?

-Se lo comentaba a tu mujer hace un momento.

Ya sabéis que Diego y yo no hemos pasado mucho tiempo juntos.

Pero gracias a la intimidad que hay entre nosotros,

hemos hablado de lo divino y de lo humano.

"Me gustaría hablar con usted" sobre el resto de la familia.

En situaciones así, sufren más los allegados que el propio enfermo.

-No lo sabe usted bien. -Lo sé, lo sé.

He visto, por ejemplo, que el hijo mayor está...

muy abatido.

Le aconsejaría a usted que le convenciera

para que vaya a visitar a un doctor. A mí no me ha permitido reconocerle.

-"Quita el seguro".

-¿Aquí? -Sí.

Y ahora, apunta.

Debes enfilar la mirilla con la botella.

(Disparo)

Sabes que nunca aprenderá lo suficiente

como para poner en apuros al coronel.

Que será una masacre. -Bueno, no sea usted tan adversa.

¿Están siendo útiles esas lecciones?

-Aprende rápido, sí. -Por muy listo que sea el muchacho,

como no baje el mismísimo arcángel San Gabriel con su espada,

a ese no hay quien lo salve.

Dios mío.

"Si fueron a por Felipe es porque" antes lo había intentado contigo.

Dímelo. Quizá pueda servir para ayudar a tu libertad.

-Sí, quizá tenga usted razón.

Pero antes de hacer público lo que le voy a contar,

debe buscar protección.

Para nuestra familia y, sobre todo,

para Lolita. -Lo haré.

Cuéntame todos los detalles.

"¿Ella le ha comentado algo sobre Diego?".

-Los dos sabemos que anda por medio.

Pero somos incapaces de afrontar la realidad.

Ni siquiera de hablar el tema.

-Pues considero que no deberían demorar esa conversación.

Permítame un consejo.

Usted imagina que Blanca siente algo por Diego,

¿no es así? Pero tan solo lo imagina.

Para acabar con esta agonía, ¿no sería mejor preguntárselo?

¿Olga vuelve a pasar la noche fuera?

-Es absurdo que crea que Diego está enamorado

de ella. Terminará mal el enredo.

-¿Y tú por quién lo sientes más? ¿Por tu hermana, o por el mío?

  • Capítulo 657

Acacias 38 - Capítulo 657

12 dic 2017

Felipe no aparece en el juzgado y Antoñito se teme lo peor. Sepúlveda llega pero, para estupor de los presentes, declara en contra de Antoñito. Ramón consigue un aplazamiento del juicio hasta que Felipe aparezca. Celia decide denunciar la ausencia de Felipe cuando Ramón anuncia que está ingresado en un hospital.

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Añadir comentario ↓

  1. ¿¿¿¿¿

    pero?... que mal humor se traen algunos por aqui... recuerden que es gratis. solo hay que esperar inpacientes.

    20 dic 2017
  2. Maribel

    El teleespectador habitual de una serie, como por ejemplo, la que nos ocupa no puede estar continuamente y todo el día " pegado" a la pantalla para " ser informado" , la empresa debe cumplir con su horario y programación y no alterar ninguno de ellos a no ser por un caso de " fuerza mayor".( por ej. FUTBOL????).-Al público se le debe la mayor consideración que es quien, en definitiva el que pone el pulgar hacia arriba o hacia abajo.........

    18 dic 2017
  3. Elena

    Si que avisaron que no iban a emitir el miercoles.

    17 dic 2017
  4. Jenis

    Como funciona la pagina de formula uno Gracias

    14 dic 2017
  5. Maribel

    Sin ánimo de ofender, pero pregunto: ¿ en España es todo así? digo, por ejemplo, por la falta de respeto de RTVE hacia el público, que de alguna manera permite que ella exista ( o nó ?) .- Al menos en la edición internacional, varían los horarios de emisión a su antojo, emiten los programas o nó, también a su antojo y todo sin prevenir de algún modo a los que les permiten existir, LOS TELE ESPECTADORES.- También dejan bastante que desear los responsables de este sitio, mal atendido e incompleto muchas veces.- Perdón si molestaron mis criticas, pero son PURA VERDAD

    14 dic 2017
  6. Naranjas de la china

    No retransmitieron el capítulo del miércoles por un partido de fútbol. Esta novela no avanza y está perdiendo el sentido. Si os metéis en formulatv os adelantan lo que pasa la semana siguiente. Por eso vi que no había retransmisión de Acacias el miércoles 13.

    14 dic 2017
  7. CLee

    Pueden confirmar porque no hay acacias??

    14 dic 2017
  8. Elena

    Ah pues no hay perdon jajajaj

    14 dic 2017
  9. Ari

    Pues no k no, k no está colgado ni comentado. Por qué antojo de tve?

    13 dic 2017
  10. Martha Gonzalez

    No hay capitulo de acacias no hay hoy

    13 dic 2017