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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 656 - ver ahora
Transcripción completa

Yo sé que todavía te importo.

Lo he visto en tus ojos cuando te has enterado de lo del duelo.

Tú me quieres lo mismo que te quiero yo a ti.

Por favor, perdóname.

-¿Es que no me has entendido? Vete.

He dicho que te vayas. Márchate de mi casa.

-Hay amores que uno nunca

consigue sacarse de dentro.

-¿Todavía estás enamorado de ella?

-Lo siento.

Sé todo lo que está haciendo y lo que te está haciendo, Víctor,

pero es que...

Quiero intercambiarme con Víctor en el duelo.

¡No!

El deseo es lo más bonito

que una persona puede sentir. Es lo que nos hace humanos.

Así que la próxima vez, da tú el primer paso.

Y sorprende a ese hombre misterioso.

Estoy segura de que no te dirá que no.

Espero que no estés olvidando que nos jugamos mucho en todo esto.

Juntas hemos de conseguir que Blanca se aleje definitivamente de Diego.

Él es el único que puede salir en su defensa

y protegerla. -A veces pienso que...

el martirio que pasé en manos de Tomás

era un castigo por haberme portado mal.

Un castigo que merecía.

-Nadie merece eso.

Y menos tú.

Tú no mereces nada malo.

Absolutamente nada.

Uh.

No.

No, no, Olga, no...

no podemos hacer esto. -Pero...

¿por qué no?

Diego,... quiero decirte algo.

Quiero pasar la noche contigo.

Quiero que tú seas el primer hombre que me hace el amor sin forzarme.

Sin herirme.

Entiendo.

Lo siento.

-Olga.

Olga.

No te vayas.

No le escuche, padre, por favor. Cállate.

¡Dígale que no!

Quiere batirse en duelo conmigo.

Le aseguro que no fallaré.

-Haré lo que sea para proteger la vida de mi sobrino.

-La exposición de Bellas Artes

y Artes Decorativas será todo un éxito.

Estoy deseando que llegue el momento de la apertura.

-Me alegra verte tan feliz. -Lo estoy.

Todo esto es un reconocimiento al trabajo de mi padre.

-Querido, no es mi intención ignorar tu alegría, pero...

¿te importa si me retiro a la alcoba?

Estoy algo cansada. Me gustaría estirarme.

-Perdona, mi amor, soy un egoísta sin sentimientos.

Tienes que estar agotada, no me he dado cuenta.

-Solo quería estirar un poco las piernas.

-Gracias por acompañarme. No sé qué haría sin ti a mi lado.

-¿Está todo preparado para la exposición?

¿Has decidido ya cómo mostrar el dibujo del colgante Ana?

-"Voilá".

Este diseño enmarcado será la pieza estrella que la familia Alday

presentará en la exposición. ¿Qué le parece?

-Pero...

no es el original,

no es igual. -¿Qué quiere decir?

-Faltan las medidas.

¿Por qué has omitido los números del dibujo?

-Esas medidas no pueden mostrarse al público.

-¿Por qué? -Porque no son correctas.

No sé si fue un error que cometió mi padre,

cosa que me extraña, o simplemente quería decirnos otra cosa.

-¿Otra cosa?

-Algo que quería decirnos.

Algo que debo aplicar a la confección de la pieza.

Pero aún no he averiguado qué es.

El caso es que decidí no añadirlas al diseño

que se va a mostrar en la exposición.

¿Qué? ¿Le gusta?

Sigues permaneciendo en silencio.

¿Por qué me has dicho que me quede?

-Lo lamento. No tendría que haberlo hecho.

Tendría que haberte dejado marchar, pero no quería que te fueras así.

Temí haberte hecho daño con mi rechazo.

-Y, sin embargo, yo creo...

que hay otra explicación para tu proceder.

Que deseas tanto como yo besarme.

Estrecharme entre tus brazos.

-Olga,...

no debemos hacerlo.

-He notado cómo me miras, Diego.

Me deseas, no trates de negarlo.

Sueño con entregarme a ti.

Con abandonarme entre tus brazos. -Olga.

Yo no quiero hacerte daño.

Yo no estoy enamorado de ti.

-Sé que no me amas. Pero el amor es como una planta.

Tan solo necesita tiempo y cuidados para que brote.

-Olga.

-Nunca había sentido este temblor por nadie.

Este ansia.

No frenes tus deseos,

Diego.

Aún espero su respuesta, coronel.

-Permitir que ocupe el lugar de ese desgraciado en el duelo.

Acabar con su vida sin tener ninguna consecuencia.

Una propuesta tentadora.

-Entonces, acéptela de una vez.

Padre, por favor, no lo haga. No temas, Elvira.

Aunque nada me gustaría más que verle desangrarse a mis pies.

No puedo aceptarlo.

-¿Cómo, por qué?

¿Por qué no?

Vamos, coronel, así acabaríamos con nuestras disputas

de una vez por todas. -A su debido tiempo.

Antes, Víctor debe pagar su falta con la vida.

Me sorprende, Gayarre. Durante el tiempo

que estuvo a mi servicio, debería haber aprendido el protocolo

en estos lances.

Víctor ha manchado mi honor.

Por eso le he retado. Nadie puede ocupar su lugar.

Ya tienes tu respuesta, Simón, ahora márchate.

Por una vez, estoy de acuerdo con mi hija.

Ni usted tiene nada más que decir,...

ni me gusta tener bajo mi techo a miembros de familias

de tan baja estofa y ninguna catadura moral.

Su madre es una cualquiera.

-No se atreva a faltar a mi madre. Simón, detente.

Márchate, te lo ruego,

o tu visita acabará en una nueva desgracia.

Tú eres la única responsable de todo lo que está ocurriendo,

Elvira.

Si algo le sucede a Víctor,...

será por tu culpa.

-Salga ya de mi casa, Gayarre.

¡Quita! ¡Quita!

-¿Qué te ocurre?

-Lo siento. Perdóname, Diego.

No es sencillo para mí.

Entregarme sin más.

Apartar de la cabeza esos tratos que me dispensó

ese mal hombre.

No puedo evitar pensar en él. -Tomás.

-¿Acaso nunca voy a poder olvidar ese calvario?

Lo que me hizo,

¿va a impedir mi dicha lo que me queda de vida?

-Olga,...

no haremos nada que no desees.

-Pero... yo lo deseo tanto como tú.

Quiero mirar al futuro. Y dejar atrás al desdichado pasado.

-No temas.

Yo te trataré con delicadeza.

¿Sí?

Mereces poder olvidar tanto dolor.

Pequeña.

Ya viste la cara que puso tu madre al ver la reproducción del diseño.

-Sí, parecía disgustada al no haber logrado obtener el original.

-¿Disgustada, dices?

Aunque trató de disimular, poco faltó para que no gritara

de rabia.

Cada vez resulta más evidente que quiere hacerse

con el cuaderno de mi padre.

Lo que no consigo averiguar es por qué.

¿Qué espera encontrar en él?

Estás distraída.

Ni siquiera pareces estar escuchándome.

¿Qué te inquieta?

Blanca, ¿qué te sucede? -No lo sé, Samuel.

La tristeza me ha invadido de pronto y...

no llego a comprender la causa.

Quizá sea solo cansancio.

-Sí. Tiene que ser eso.

En tu estado, lo que más precisas es reposo

y olvidarte de las preocupaciones.

Seguro que mañana, después de un sueño reparador,

te encuentras mejor.

¿Celia?

¡Celia!

¿Se puede saber que haces a horas tan intempestivas y con la fresca?

¿Acaso ocurre algo?

Arrea. Parece que sí, sí que ocurre algo.

-Ay, Trini.

Bastante tienes tú ya con tus penas como para cargarte yo

con las mías.

Sé que mañana es el juicio y...

que estás alarmada por tu familia.

-Así es.

La verdad es que me tiene con el alma en vilo.

De hecho, he salido a buscar a mi Ramón porque ya no aguanto más

esperándole en casa.

Pero eso no es impedimento para que me preocupe por mis amigas.

Cuéntame.

Celia, dime.

¿Qué haces aquí, al raso, con esa carita de pena

que me encoge el corazón solo de mirarla?

Desahógate.

¿Has tenido un disgusto con Felipe?

-¿Cómo lo has adivinado?

-Porque es nuestro sino, amiga: sufrir por nuestros hombres.

-Y yo tropiezo una y otra vez con la misma piedra.

-Pero yo pensé que habíais arreglado vuestras diferencias.

-Y así lo creía yo también.

Pero me equivoqué.

Felipe me ha asegurado...

que sigue viéndose con otras mujeres.

-¿Cómo?

¡Será canalla! -Trini, pero a mí me extraña.

Le conozco y...

me da la sensación de que me mentía.

De que estaba intentando alejarme de él.

-¿Por qué iba a hacer tal cosa, Celia?

-No lo sé.

Trini, discúlpame, pero...

dadas las circunstancias,...

no creo que... vaya a ir al juicio.

No me veo con fuerzas de brindarte mi apoyo.

-Celia, amiga,...

tranquila.

Sé perfectamente que cuento con él.

Estás fría como un témpano.

Ahora mismo nos vamos a casa, no vayas a enfermar.

Y sin rechistar, venga. Vamos, vamos.

Hombre.

Te voy a acompañar a casa y te voy a preparar una infusión,

a ver si así se te templa el cuerpo.

O no, mira, a lo mejor nos tomamos un coñac.

O dos: uno para ti y otro para mí, que nos va a venir de perlas.

¡Ramón!

Gracias a Dios, por fin apareces. No sabes el mal trago que he pasado

pensando que te podría haber pasado algo.

-Lamento haberte inquietado, pero me fue imposible regresar antes.

-Con ese tono tan mohíno, tampoco me dejas mucho más tranquila.

¿Ha sucedido algo?

-Trini, mañana es el juicio, y no hemos podido

encontrar ningún testigo que apoye la versión de Antoñito.

-Lamento escucharlo.

-Y eso no es todo.

La agitación social es cada vez mayor.

-He leído que los periódicos no dejan de hacerse eco.

-Los familiares de los soldados muertos siguen mostrando su dolor

y su indignación ante lo ocurrido. Los militares exigen

que los responsables paguen con creces por su delito.

-Ay, Ramón, que pintan bastos para nuestra familia.

-Esta mañana, al salir del Ateneo, un grupo de gente

se acercó a mí a sabiendas de que soy el padre de Antoñito

para exigirme justicia y que responda

por la desfachatez de mi hijo.

-Pero es que ni él ni nosotros somos responsables.

-Eso mismo traté yo de hacerles entender sin ningún resultado.

Mañana, en el juicio, me temo lo peor, Trini.

Ya ves que hay mucha presión popular y el fiscal está dispuesto a todo.

Cuanto más lo pienso,...

más me asombran esas "condenás" partidas de caldo.

-A mí lo que me admira es su maña para cargarme siempre

con toda la faena.

En vez de estar ahí dándole a la húmeda, ya podría echarme una mano.

-Eso estoy haciendo.

Viendo a ver si lo haces bien, por si hay que corregirte si es preciso.

-No, si todavía tendré que darle las gracias.

-No es menester.

Con que me invites a unos chatos de vino me doy por satisfecho.

Pues hacedme caso, ¿eh?

Esas pastillas son el futuro.

-Y eso que hace menos de un suspiro pensábamos que era una tontada.

-Bueno, hasta los Séneca como yo se equivocan en alguna ocasión,

pero ten por seguro que estos ojos han de ver

cómo todos comemos pastillas de esas.

Habrá unas de cocido completo, otras de cordero asado.

-¡Eh! Quieto parado, ¿eh?

No le vaya a comer la mano un cerdo.

-Pero ¿es que no me vas a dar un trozo de queso?

-Nanay. Si tanto le gustan esas pastillitas, tómese una.

Estos quesos son para un servidor.

-Pues si tienes más que de sobra para repartir.

-No tanto, ¿eh? Que me va a tocar alimentarme tan solo de ello.

No pienso comer nada que se guise aquí.

No vaya a ser que las demás criadas tomen ejemplo de mi prima.

-Pues no hay que ponerle puertas al progreso, Jacinto.

Si no come pastillas de esas, en un futuro

se morirá de hambre. -Mientras tenga a mis ovejas,

a mí no me va a faltar de nada. Y a esas,

nadie las va a meter en una pastillita del demonio.

-No me gusta esa expresión, Servando. ¿Qué anda cavilando?

-Que quizá todo lo que hemos hablado sea correcto.

Que... las pastillas esas pueden ser una oportunidad

"pa" hacernos de oro. Se me está ocurriendo

una brillante idea.

Cada vez que tiene usted una ocurrencia,

termina como el rosario de la aurora.

Servando, déjese de empresas hoy, que es el juicio del señorito y,

debemos estar en lo que hay que estar.

-Eso, eso. En animar a la pobre Lolita.

La susodicha ha de estar "desolá".

Virgencita,...

ten piedad de mi Antoñito.

No le dejes "desamparao".

Que, a pesar de sus ocurrencias, es más bueno que el arroz con leche.

Él es inocente, no ha hecho nada de nada.

A él le han engañado como a un primo.

Mira que si le ayudas, te voy a tener la hornacina limpia

como una patena. Y toda llena de flores.

Doña Trini.

Lo lamento, ya sé que debería estar en casa haciendo la faena,

pero es que tengo el corazón en un puño por culpa del juicio.

-Pierde cuidado, Lolita. Mejor labor haces aquí.

Siendo tan buena como eres,

seguro que la Virgen escucha tus plegarias.

Anda, marchemos ya.

Vamos a ir tú y yo a La Deliciosa, y nos vamos a tomar un chocolate,

a ver si nos templa el cuerpo. Ya luego vengo yo

y hago una ofrenda para Antoñito.

-Ay, doña Trini, es usted la mejor señora que una criada puede tener.

Se lo juro por lo más "sagrao".

-Anda ya. Vamos.

Aguarda un momento. ¡Don Felipe!

Estoy contigo en un santiamén, Lolita,

tengo que aclarar unas cuitas con Felipe.

-Me alegro de verla. -Calle.

Que esa idea le va a durar poco. Quiero hablarle de Celia.

¿Qué haces?

-Observarte dormir.

-Qué aburrido.

-En absoluto.

Podría pasarme el resto de mi vida haciéndolo.

-¿Sí?

A mí se me ocurren muchas otras cosas más placenteras

para aprovechar el tiempo.

-Lo sé,...

pero deberán esperar a otro momento.

No podemos entretenernos, se nos hace tarde.

-¿Qué demonios nos importa la hora?

-Ojalá no hubiese amanecido.

Que la noche que hemos pasado juntos hubiese resultado eterna.

-Finjamos que ha sido así.

Alarguemos la noche todo el día.

-Por mucho que lo deseemos, no podemos.

¿Acaso has olvidado qué día es hoy? Hoy se presenta la obra de tu padre

en Bellas Artes.

-No, no lo he olvidado. Pequeña.

Esa es la razón por la que no me puedo alejar de esta ciudad

durante mucho tiempo.

-Mi madre debe estar echándome de menos.

Debo irme y prepararme para la exposición.

-Eh. No te marches.

Arréglate aquí.

No necesitas pasar por casa. Saldremos los dos desde aquí.

-¿Tú y yo?

¿Quieres que acudamos juntos a la exposición?

-¿Y por qué no?

¿Acaso hay alguna razón por la que debamos ocultarnos?

-No.

(RÍE)

Diego.

-¿Puedo pasar?

-Claro, madre. ¿Precisa algo?

-Encontrar a tu hermana.

-¿No está en su cuarto?

-Si así fuera, no habría venido a preguntarte.

No hay rastro de ella en toda la casa.

Así que pensé que podría estar contigo.

-Ya ve que no es así. -Qué extraño.

Anoche no la escuché regresar.

¿Dónde se habrá metido esa muchacha?

¿No habrá pasado la noche fuera de casa?

-Pierda cuidado, que yo sí la escuché entrar anoche.

Ya sabe lo amiga que es de pasear, habrá salido con el alba.

-Esperemos que así sea.

¿Este es el vestido que has escogido para la exposición?

-(ASIENTE)

-Buena elección.

Arréglate con mimo.

Sabes que vendrá la flor y nata de nuestra sociedad.

-Disculpe, Úrsula, no sabía que estaba aquí.

-Descuida, ya marchaba. Yo también tengo que arreglarme.

-Veo con agrado que la tristeza ha abandonado tu semblante.

¿Hay algún motivo para tu sonrisa? -Sí.

Que mi madre acaba de asegurarme que Olga no está en casa.

-¿Y?

-Que aunque delante de ella he disimulado,

sospecho que no ha venido en toda la noche.

-Ahora sí que no te comprendo.

De nada hay que alegrarse porque una joven de bien

haya pasado toda la noche fuera de su hogar.

-Depende de cuál haya sido su compañía.

Quizá haya pasado la noche con ese hombre misterioso del que dice

haberse enamorado perdidamente.

-Tengo que recordarte que tu hermana es una mujer soltera.

¿No temes por ella? ¿Por su reputación?

-El amor nunca debería darnos miedo.

-"Lo lamento, pero no pienso darle"

las explicaciones que me pide.

-No se las estoy pidiendo, se las estoy exigiendo.

-Que yo sepa, no tengo por qué justificar

mis decisiones sentimentales ante nadie.

Trini, le voy a dar un consejo.

Mejor haría en dedicar sus sudores a las cuitas que asolan a su familia,

que son muchas, y de distinto pelaje.

-Y le aseguro que no las olvido. Mi familia es lo más importante.

Pero Celia es mi mejor amiga.

-Yo también me preocupo por ella. -Pues bien que lo disimula.

Felipe,... le está haciendo daño.

Y ella ni siquiera sabe por qué lo hace.

-Lo siento mucho. Pero yo soy así.

Y Celia debería saberlo ya.

-Sé perfectamente de qué pie cojea.

Pero también soy consciente de lo mucho que sufrió

cuando se alejó de Celia.

Así que, por muy crápula que sea,...

no me creo yo que vaya a perderlo todo por perseguir otras faldas.

-Usted lo ha dicho. Esa es mi debilidad.

-Pero ¿por qué tanto empeño en separarse de Celia

con lo bien que les va? -Trini, escúcheme.

Trabajo para los suyos como abogado, y es cierto que somos amigos,

pero eso no le da ningún derecho a inmiscuirse en cuitas privadas.

Hoy es el juicio de Antoñito,

y ni quiero ni debo distraerme. Lo siento mucho,

pero esta conversación ha terminado. -Don Felipe, por favor.

-¡Trini, por favor, no insista!

(GRITA)

-Considérelo un aviso.

Si acude a ese juicio, será lo último que haga.

(Se abre una puerta)

Disculpe que la moleste, Adela.

¿Puede dar aviso a mi tía de que quiero hablar con ella?

-Me temo que en eso no puedo ayudarle.

Sigue en casa, débil e indispuesta.

-Pues yo me temo que se equivoca. Vengo de allí y no estaba.

-No puede ser. No tenía fuerzas para salir.

¿Dónde habrá ido? Quizá debería dar aviso a Simón.

-Les ayudaré a buscarla.

-Doña Susana, ¿dónde estaba?, nos había alarmado.

-Liberto. ¿Y a ti qué te trae por aquí?

-Quería verla.

Creo que usted y yo tenemos una conversación pendiente.

Pero la vamos a posponer para otro momento.

¿Qué ha ocurrido para que salga usted de casa?

Y, por su rostro, parece que nada bueno.

-He recibido la visita del párroco.

Quería avisarme de que corre el rumor

de que, como yo sospechaba,

las altas esferas de la curia...

van a anular el encargo del manto papal.

-No, no puede ser. Pero si prácticamente

lo tengo acabado,

apenas quedan unos pespuntes.

No. Voy a acabarlo

y entregarlo antes de que eso ocurra.

-Detén tu labor, Adela. Me temo que la decisión está tomada.

Ya nada tenemos que hacer.

-Pero eso puede resultar desastroso para su negocio.

-Significará, ni más ni menos, que la ruina.

No solo perderé todo el dinero

invertido. Si se sabe,

la sastrería será tachada para siempre

por la gente respetable de la ciudad.

Todo por lo que he trabajado todos estos años...

perdido en un solo instante.

-No, eso no lo podemos permitir.

No sé, tiene que haber algo que podamos hacer.

-Quizá sí: vender mi alma al diablo.

Tengo que hablar con ella,

es la única que lo puede solucionar.

Me arrastraré a sus pies si es menester.

-¿De quién habla? ¿Adónde se supone que va?

Disculpe, señora, no la he oído llamarme.

¿Precisa algo? -Tan solo un vaso de agua.

-Enseguida se lo llevo. -No, sigue con lo tuyo.

Ya me sirvo yo misma.

-Parece estar hoy de un humor excelente.

-Me sobran motivos.

Hoy se inaugura la exposición que tanto he ansiado.

-Pero no parece haberle servido para ver al fin esos números

que su esposo escribió en el diseño del colgante

y que tanto le intrigaban.

-Todo a su debido tiempo.

Hay otras cuitas que sí me están saliendo a pedir de boca.

Olga se está comportando como una hija modélica,

obedeciéndome en todo.

Y aún no he utilizado la carta que encontraste.

(Llaman a la puerta)

No espero visitas.

Ve a ver.

-Debo hablarte con suma urgencia.

-Disculpe, señora, pero no ha querido esperar en el salón.

-Ya veo. Carmen, déjanos solas.

Cuéntame, ¿a qué viene esa agitación?

-Úrsula, preciso de tu ayuda.

Sé que desde los tiempos del Patronato gozas del favor

y el aprecio de la curia. -Sí, me enorgullezco de eso.

-Tienes que interceder por mí, te lo ruego.

Evita que me retiren el encargo del manto papal.

Significaría irremediablemente mi ruina.

No logro comprender cómo han podido enterarse del escándalo de la feria.

De que Simón... era mi hijo.

-¿Quién habrá podido ser el desconsiderado

que les ha pasado esa información?

Ya sabes la de malas lenguas que hay en el barrio.

Pobre.

Qué mal lo debes estar pasando...

para tragarte tu orgullo... y venir a pedirme ayuda.

Sobre todo, teniendo en cuenta que no hace tanto,

la noche de las hogueras, la de los Paulinos,

fuiste una de las que más gritó contra mí.

Pero eso es agua pasada.

Tan solo me preguntaba,...

¿cómo debe ser tu desesperación para arriesgarte a pedir un favor

a alguien que podría guardarte justo rencor?

¿No temes que en vez de ayudarte...

pudiera echar más leña al fuego?

Ese fuego

donde quemasteis mi efigie.

Pero soy una buena cristiana. Y en mi corazón no cabe el rencor.

Claro que te ayudaré, Susana.

Saldrás bien parada de esta.

-Muchas gracias, Úrsula, ¿cómo podría pagártelo?

-Descuida. Ya se me ocurrirá alguna manera.

(RÍE)

No te preocupes, tan solo era una broma.

Me basta y me sobra con tu amistad

y tu apoyo incondicional.

Qué raro que tu madre no haya querido venir con nosotros

a la exposición. -Quería llegar la primera.

No podía aguardar para hacer contactos

y afianzar su lugar en la sociedad.

-Parece que ahora tiene lo que siempre ansió.

Un nombre... y una posición.

Olga.

-Por fin te dignas a aparecer, hermana.

Has debido estar muy ocupada para no dar señales de vida.

Por tu sonrisa

y el brillo que ilumina tu mirada,

deduzco que mis sospechas eran ciertas.

¿Has pasado el tiempo con tu enamorado?

Me haces muy feliz.

-Así es. Y así te lo agradezco.

Íbamos a acudir juntos a la exposición,

pero antes he considerado que debería ponerme joyas

de mayor postín para el evento. Así que, por eso he venido a casa.

-Has hecho muy bien.

Aunque ninguna joya te favorecerá como la felicidad.

Pero aguarda,

¿has dicho que ibais a ir juntos a la exposición?

Eso quiere decir que le llevarás contigo,

que hoy le voy a conocer. -Olga.

Será mejor que te apresures. El cochero nos espera.

-¿Tú? -Os ofrecería llevaros,

pero supongo que preferiréis ir solos.

-Así es. Ya hemos avisado un coche.

-Veo que llevas puesto el colgante con forma de pájaro.

Un trabajo exquisito.

Olga, será mejor que te espere en el coche.

Nos vemos en la exposición.

-¿Vamos?

¿Qué sucede ahora? -No puedo.

No puedo, Samuel.

No te puedo acompañar a la exposición.

-Pero ¿qué estás diciendo? ¿Por qué?

-Estoy mareada, no me encuentro con fuerzas.

No puedo ir.

-Haz un poder.

Eres mi esposa y tu lugar está a mi lado.

-No insistas, te lo ruego.

Se me nubla la vista y me fallan las piernas.

Solo te arruinaría el evento.

Ve tú solo.

Luisi, aligera que tenemos que partir rumbo al juzgado.

-Ya lo sé, pero es que no termino de estar satisfecha con este tocado.

-Te recuerdo que vamos al juicio de tu hermano,

y no a un baile de alta sociedad.

-Pues por eso mismo.

Tienen que ver que somos una familia perfecta

y unida. Se tiene que apreciar que somos gente de bien.

¿Puedes traerme el tocado morado? -¿El mismo que rechazó?

(Llaman a la puerta)

-¿Quién puede ser tan desconsiderado como para venir de visita

en este momento? -Pronto lo averiguaremos.

Lolita, vete a abrir y dile al que venga que venga en otra ocasión.

-Eso.

Decídete ya por un tocado, que si no te pones un sombrero de los míos.

-Disculpen, señores, pero desean verles.

-¿No te he dicho que les despaches con viento fresco?

-Ya, eso ha intentado una, pero no ha habido manera.

-¿Qué hacéis aquí, ocurre algo?

-"Na" de "na", señor, no se alarme.

Tan solo hemos venido a mostrar nuestro apoyo...

tanto a ustedes como a Lolita.

-Queremos que sepan que les respaldamos

en tan duros momentos.

-También queremos preguntarles si les importaría

que fuésemos al juzgado. -¿Importarnos?

Sería un honor.

Os agradezco de corazón este gesto.

-Desde luego, es un detalle que ninguno de nuestros amigos

ni vecinos ha tenido.

Debe ser que tienen miedo de que les salpique el escándalo.

-Nosotros no tenemos nada que perder.

-Además, Lolita, verbigracia,

como el señor don Antoñito, también forman parte del altillo.

Son... nuestra familia.

-"Pa" chasco que sí.

Y vamos a estar con ellos hasta el final.

-Arreando que al final llegamos todos tarde al juicio.

-Sí, que Felipe tiene que estar esperándonos en el portal

para ir juntos.

-Lolita, tú tira. Trae.

Y tú, no abras la boca. Te pones ese tocado

que te queda divinamente, vamos.

Simón, aguarda. Tenemos que hablar.

No hay nada que puedas decirme. No. Tienes que escucharme.

Siento todo lo que está ocurriendo.

Estoy tan arrepentida. Si pudiera dar marcha atrás...

Mira, yo deseo lo mismo.

Ojalá pudiera retroceder en el tiempo y no haberte conocido nunca.

No digas eso. ¿Quieres hablar? Perfecto.

¡Empieza explicándome por qué lo hiciste,

por qué embaucaste a Víctor!

Tan solo quería despertar los celos en ti.

Provocarte, hacer que reaccionaras. Sé que me sigues amando.

No, tú no sabes nada. No lo niegues, Simón.

Al principio pasó algo similar.

También te resistías a reconocer lo que sentías por mí.

Solo cuando temiste perderme porque creías que había elegido a Liberto

y no a ti, me declaraste tu amor. Has perdido la razón.

Simón.

Aquella vez, los celos te hicieron reaccionar.

Pensé que podría volver a suceder. Por eso me acerqué a Víctor.

Me aproveché de su vulnerabilidad.

Fui una idiota. Y ahora he hecho daño a María Luisa,

la única amiga que aún me era leal.

He puesto la vida de un inocente en peligro,

y no sé cómo salir de todo esto.

No hay nada que puedas hacer, ¿no lo entiendes?

Tu egoísmo le ha condenado.

Tienes motivos de sobra para sentirte un ser despreciable.

Supongo que esas son las palabras que me merezco.

Pero nunca esperé escucharlas de ti.

¿Por qué no? Dime, ¿por qué no?

Has perseguido a mi esposa,

me has acosado sin descanso. Has atacado a todos mis amigos.

Has dañado a mi madre revelando su mayor secreto.

Eso no lo hice.

Yo no le conté nada a mi padre, no sé cómo pudo averiguarlo.

No me creo ni una sola palabra que salga de ti.

Te pedí que te mantuvieras alejada de mi familia y no lo has hecho.

Lo único que has conseguido...

es que te aborrezca con todo mi ser. Simón, no digas eso.

Todos mis errores han sido porque te amo.

¡Apártese de mi hija, ya está bien!

Le juro que mataré a Víctor en el duelo,

pero el siguiente será usted.

Vamos a casa. Estás agotando mi paciencia.

¿Marcháis al juicio de Antoñito?

-Así es, si don Felipe se digna a aparecer de una santa vez.

-Llevamos esperándole la intemerata. -A este paso,

va a cumplir condena Antoñito antes de que aparezca su abogado.

-No diga esa barbaridad ni en broma.

-Lolita, lamento no acompañarte, pero veo que no te faltan apoyos.

-Estoy rodeada de los mejores amigos, gracias.

-Descuida, Simón, que a Lolita hoy no le va a faltar el cariño.

-No pensamos separarnos de ella ni un suspiro.

-Y si tenemos que hacer el pino

para convencer al juez de que libere al Antoñito,

confía en ello que lo hacemos.

-Me temo que los juicios no funcionan así, Casilda,

pero esperemos que se imponga la justicia y que Antoñito

quede libre de toda culpa. -Ojalá que sea así, Simón.

¿Dónde se habrá metido este hombre?

-Quizá nos espere en el juzgado. -Estoy seguro de que quedamos aquí.

-Templa, seguro que Felipe no tarda en aparecer.

-Me temo que el que viene no es él.

Son los familiares de los caídos, los mismos que me abordaron

en el Ateneo.

-Parece que vienen con ganas de guerra.

-¿Qué van a hacernos?

Yo mismo te acompañaré a París junto a tus padres.

-O sea, que tú pretendes que ponga pies en polvorosa.

-Y con la mayor urgencia, Víctor.

Acudir a ese duelo con Arturo sería como firmar

tu sentencia de muerte.

-Ya veo lo que confías

en mis posibilidades. -Tan solo trato de ser realista.

El coronel sabe manejarse, no tienes ninguna posibilidad.

-Me alegra verla por el barrio ya recuperada, abuela.

-Borra esa sonrisa.

¿Os parece bien haberme ocultado

que corrías tan grave peligro? -Veo que ya se ha enterado.

-Así es, y no precisamente por los míos.

El rumor se ha extendido por todo Acacias.

-Vamos a buscar una solución.

-No es menester encontrarla. Yo ya sé cuál.

Ahora mismo te haces la maleta, te vas a París junto a tu madre.

-Eso le estaba sugiriendo yo.

-Entonces, ¿qué hace que no ha partido aún?

Disponlo todo para un cierre temporal de La Deliciosa.

Yo ya me encargaré de pagar a tus empleados.

No debe enterarse nadie.

No podemos permitir que don Arturo intente evitarlo.

-Ambos olvidan un pequeño detalle: mi opinión.

No pienso huir.

-Pero tú has perdido el oremus. -No, estoy más cuerdo que nunca.

No voy a abandonar ni el negocio que tanto le ha costado a mi madre

ni a María Luisa.

-Ni al negocio ni a ella le serás de utilidad muerto.

-Bueno, pues a lo mejor todavía ocurre un milagro

y don Arturo suspende el duelo, no lo sé.

-Yo no contaría con eso. -Recapacita, Víctor.

-¿Esto es para mí?

Tome. Gracias.

-¿Qué hay ahí dentro?, que has perdido la color.

-La confirmación de que Simón no se equivoca.

El coronel no va a echarse atrás. -El arma del duelo.

¿Qué dice la nota?

-Me informa del lugar,

la hora y las condiciones de la justa.

-Por favor, Víctor,

márchate de aquí. -Haznos caso.

No acudas a ese duelo.

-Voy a acudir a esa cita.

Y, si me mata, será como un hombre, con la cabeza bien alta.

No voy a huir con el rabo entre las piernas ni abandonar a María Luisa.

Créanme, comprendo su enojo,

solo puedo apoyarles en su reivindicación

para que el monumento se lleve a cabo tal y como se prometió.

-La petición es justa.

No tanto así contra quién están cargando su rabia.

-Su hijo es el responsable. Que se pudra en la cárcel.

-Un juez, y no ustedes, es el que debe dictaminar si mi hijo

es culpable o no. -Dios mío, qué vergüenza.

-Antoñito no ha hecho "na" de "na". Él es una víctima más.

Don Felipe demostrará que es inocente

y saldrá del juicio con la cabeza bien alta.

-Templa.

Templa, Lola, que no salimos de aquí.

-Será mejor que marchen, si no quieren tener algo más que palabras.

-Ustedes no saben con quién se están jugando los cuartos.

-Ramón,

vayámonos al juzgado. No vaya a ser que llegue la sangre al río.

-¿Y Felipe?

-Esperémosle allí, hazme caso, es lo mejor, vamos.

Buenas tardes, ¿qué tal ha ido, señora?

-Muy bien.

La inauguración ha sido un éxito rotundo.

No puedo ni enumerar la cantidad de personajes ilustres

que se han acercado a mí para felicitarme

por la trayectoria de mi marido.

¿A qué viene ese gesto mohíno, Samuel?

¿Acaso no crees que ha sido así?

¿No piensas que el acto ha sido simplemente perfecto?

-Yo sí creo que así ha sido, madre.

-Quizá una copa te levante el ánimo.

Creo que deberíamos brindar por tu padre.

Él habría disfrutado

al verse reconocido de tal forma.

-Sí. Seguro que sí.

-Ay. Lo único que lamento es que Blanca

no haya podido disfrutar también.

Es una pena que la salud la haya retenido

en la cama. ¿Verdad, Samuel?

-Voy a ver cómo se encuentra.

(EXHALA)

Olga,

será mejor que te apresures, el cochero nos espera.

-¿Tú? -Os ofrecería llevaros,

pero supongo que preferiréis ir solos.

-Así es. Ya hemos avisado un coche.

Blanca.

Ah.

Perdón, perdón.

Va a salir todo bien.

-Estoy muy asustado.

-Antoñito, hijo,

don Felipe no ha aparecido. ¿Sabes algo de él?

-No. ¿Le ha pasado algo?

-Esperemos que no. Seguro que aparece enseguida

por esa puerta.

El juez ya está aquí y don Felipe sin aparecer.

Voy a intentar un aplazamiento. -Sí.

"Cuando nos separamos, en silencio y con lágrimas,

con el corazón medio roto, para separarnos por años,...

para apartarnos por años,... tu mejilla se volvió pálida y fría".

"Y más frío tu beso".

"En verdad, aquella hora predijo el dolor de esta".

Es muy triste.

-La poesía siempre lo es. Como la vida.

No me imagino ningún sitio donde no hayamos mirado ya.

No sé qué le puede haber pasado.

-No quiero pecar de alarmista, señora, pero creo

que ha llegado el momento de dar parte a la policía.

-Sé cómo es eso.

Llegaré allí y me mirarán con lástima.

Pensarán que no soy más que una esposa preocupada porque su marido

se ha ido a echar una cana al aire.

-Si usted quiere,

yo puedo acompañarla.

Si me ven con usted, no osarán tratarla con sorna.

-Pues se lo agradezco mucho.

Si finalmente decido denunciar,

le pediré que se persone conmigo.

-"En el mundo artístico"

se me conoce como Currito Sepúlveda.

Escultor y bocetista de grandes monumentos.

-¿Dibujó usted los bocetos del monumento de los caídos

en las guerras coloniales? -Sí, señor.

Los dibujé.

Pero ni los cobré ni los llegué a esculpir.

Todo fue una estafa.

-Antonio Palacios,

si quiere hacer alguna pregunta al testigo.

-Sí, sí, por supuesto.

Señor Sepúlveda,...

¿quién le encargó los bocetos

-"para ese monumento?"

Mañana mismo

voy a mandar un telegrama a tus padres para que vengan de París.

Si no te podemos sacar nosotros la idea de la cabeza del duelo,

alguien tendrá que tomar cartas en el asunto.

-Se lo prohíbo tajantemente.

-Víctor, escucha a tu abuela.

Hace lo más adecuado. Ese duelo es una barbaridad.

-He dicho que voy a batirme en duelo con ese hombre.

-Por el amor de Dios, Víctor, tu madre debe saberlo.

-A mis padres no les va a dar tiempo a venir.

No va a evitar el duelo.

Lo único que va a hacer usted es conseguir que sufran.

Creo que ya soy mayorcito, ¿no?

Sé muy bien lo que me hago. -"Diego es inestable".

Y violento.

-Buenos días.

-Buenos días.

-¿Inestable?

No creo que Diego sea inestable.

Otra cosa es que no haya encontrado a nadie que le dé estabilidad.

Quizá la encuentre a mi lado. -Quizá.

Mi esposa está ofendida con usted. La acusó de cotilla.

-¿Y es que no lo es?

-Pues como cualquier otra mujer. -No te confundas, que ser cotilla

no es algo exclusivo de las mujeres.

-No quiero entrar en esta discusión ahora.

Es muy probable que usted lleve razón, solo hay que ver a Servando.

El caso es que...

quiero que se disculpe ante mi esposa,

por el bien de mi matrimonio.

-"Ten cuidado".

Hasta ahora lo estás haciendo muy bien, pero no debes acosarla.

-Es mi momento de disfrutar. -Y lo harás.

Pero has de medir la intensidad.

Un animal herido puede sacar fuerzas de flaqueza

y hacernos daño

en un último derrote.

Tu hermana ahora...

es un animal moribundo.

-No corro ningún peligro. -Te equivocas.

El peligro...

de no dejarle ninguna otra salida

y que se acerque a Diego.

Ten calma.

Tú eres el cazador, y ella, la presa.

Yo puedo evitar el duelo entre Víctor y mi padre.

Habla.

Me echaré la culpa de todo.

Ya la tienes.

Le diré la verdad a María Luisa.

Le rogaré que acepte las disculpas de Víctor.

Y se lo explicaré todo a mi padre. Eso deberías haberlo hecho ya.

Perdóname, Simón.

Sé que lo he hecho todo mal.

Pero voy a cambiar. Voy a compensarte.

"Olga,..."

siento ser yo quien te abra los ojos,

pero lo que Diego siente por ti dista mucho de ser amor.

-Hablas corroída por los celos.

-Te está usando. Como tú me usaste a mí.

Como nuestra madre usa a todo el que tiene a su alrededor.

Te va a hacer daño.

-No estoy dispuesta a seguir escuchando.

-Has entrado a pedirme mi opinión,

y ahora la vas a escuchar.

Diego te usa para provocar mis celos.

Porque de quien Diego está enamorado

es de mí.

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Acacias 38 - Capítulo 656

11 dic 2017

Diego quiere evitar hacer daño a Olga, pero ella lo manipula y él se deja llevar. Finalmente deciden hacer pública su relación y acudir juntos a la exposición. Arturo se niega a que Simón sustituya a Víctor en el duelo.

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  1. Elena

    No entendiste lo que quise decir Magdalena

    13 dic 2017
  2. Chelo

    Pues aunque el guión sea cansino a veces, sólo por ver ese increíble vestuario tan bien hecho, esos vestidos, capas, abrigos sombreros alucinantes. Un 10 al equipo de sastreria. Hacen un trabajo excelente, tambien los diálogos con esos dejes, y vocablos de la época sobre todo la criada Casilda es impresionante, seguiré viéndola.

    13 dic 2017
  3. Maria

    Me encanta la nueva pareja de Diego y Olga, aunque se q le están haciendo daño a Blanca...¿¿

    13 dic 2017
  4. Adriana

    esta serie ya ha acabado conmigo, esta' aburriendo.

    12 dic 2017
  5. Jimena

    Hay muchos cabos sueltos desde hace tiempo respecto a Úrsula,a la familia de Pablo la fulmino y se ha ido de rosita,a eso me refería en relación a mi comentario del principio,cada vez me apetece menos de ver la serie,es mi opinión

    12 dic 2017
  6. Magdalena

    Me encanta que " algunos" se molesten por las críticas.- Y bueno no todo es merecedor de flores, cuando lo son de palos, palos reciben y según dice un refrán: la libertad es libre, por lo tanto cada uno opina lo que mejor le parece... sin ofender....- Cuando los responsables pretenden "estirar " la cosa reiterando a ultranza muchas situaciones, corren el riesgo que la audiencia se harte y corte el hilo por lo mas débil.................................

    12 dic 2017
  7. Elena

    Basta ya de criticar la serie ya empieza a ser molesto

    12 dic 2017
  8. Ernestina

    Creía que los tele espectadores estábamos desorientados con el curso de esta serie, pero en realidad los desorientados son los guionistas..............., cada día enredan mas los hechos y las historias y se pierden en ese laberinto.- Que bien harían en darle una vuelta de tuerca a la serie, y darle fin con algo de "clase" y no que la terminen sin pena ni gloria¿¿

    12 dic 2017
  9. Neti neti

    Además siempre vemos más del día anterior (repe )que del nuevo...

    12 dic 2017
  10. Neti neti

    Esta serie ya no tiene sentido...la calle esta llena pero cuando atacan a felipe no no hay nadie...y donde está el comisario...?ha desaparecido?Lo de Urlsula y su nueva hija es insoportable.No se si se dan cuenta que no hay una sola familia ke es feliz... saldrá mal lo de Antonito..solo para fastidiarnos.Lo que dijo Felipe a su mujer es estúpido.y más aún que ella se lo crea .....todo el guión esta degenerando..Ahora en casa ..solo la vemos un día de vez en cuando o un trocito.......pero la cosa no se arregla.. .Que pena ver la decadencia de una serie que tuvo muy buenos momentos,

    12 dic 2017