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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 655 - ver ahora
Transcripción completa

Maldito bastardo.

No te va a quedar ni una costilla sana.

¡¿Qué mosca le ha picado!? -¡Cálmese!

-¡Te voy a descuartizar!

-¡¿A qué viene esto?!

-¡Ese botarate ha besado a mi hija!

-¿Es cierto lo que dice el coronel? -Fue un error.

Un impulso absurdo. Ninguno queríamos.

-¡Don Arturo que se pierde! -"He conocido a un caballero".

-¿Cómo?

¿Cuándo, dónde? Cuéntamelo a escape.

-Pues es muy apuesto

y agradable.

Me crucé con él en los jardines. Nos miramos un segundo

y él me saludó. -(RÍEN)

¡Cerdo! ¿Cómo te atreves a besar a otra?

-Perdóname. Fue una tontería,

un momento de ofuscación.

-Ese momento ha terminado con nuestra relación.

Sin vergüenza, mastuerzo.

Tan solo fue un beso.

Víctor ama a María Luisa, y yo...

Ya sabe lo que siento por Simón.

Amas a un patán que está casado.

¡Y besas a otro por capricho! ¡¿Es eso?!

¿Qué es esto?

¡Espere! ¿Quién es usted?

-"Mostraremos el cuaderno para que el dibujo Ana"

pueda ser apreciado por todos.

-A mi entender, has hecho lo correcto.

-Necesitamos una vitrina de máxima seguridad.

Estos dibujos son valiosísimos para nosotros.

-Eres una superviviente. -Los dos

lo somos. -(DIEGO SONRÍE)

Esta noche puedes venir a cenar a mi casa

y seguimos charlando.

-"Le está dando mucha importancia" a algo que es una simple anécdota.

-¡Y un cuerno!

¡Lo será para ti!

Para mí es una afrenta a mi honor, galones y apellido.

Esto solo se puede solucionar en el campo de honor.

-¿Qué quiere decir?

-Que te reto a un duelo.

-"Nunca he estado con un hombre" que no me violentara.

Y dudo mucho poder tener una relación con un varón

sin pensar en todo aquello. -Chist.

No digas eso, Olga.

¿Nunca te han dado un beso... solo por amor?

-Nunca.

¿Qué ocurre?

-Tu olor.

-¿No te agrada?

-No.

No hay nada en ti que me desagrade.

¿Te apetece dar un paseo por el jardín?

-Sí.

Dios mío.

¿Qué le ha hecho ese desgraciado?

-No se asuste, que estoy bien.

¿Cómo se ha enterado?

-Un amigo mío funcionario me avisó de su paso por la enfermería.

No denuncié al carcelero para evitar problemas.

Pensé que con su traslado evitaría que siguiera haciéndole daño.

-Pues antes de irse me dejó muy clarito el mensaje.

-Maldito sea.

Debió atar cabos de mis movimientos y la pagó con usted.

-Se ensañó de lo lindo, el muy hijo de...

-¿Le duele mucho?

-No, no, es...

más aparatoso de lo que parece.

-Antoñito,

apenas puede caminar.

-Felipe,...

tiene que sacarme de este infierno.

-El juicio se va a celebrar en un par de días, y esto habrá acabado.

-Temo morir antes.

De verdad que quiero confiar en la justicia, pero...

no puedo evitar dudar de ella. -Por favor,

no pierda la esperanza.

-Este tipo es muy peligroso.

Y juega muy duro. Yo...

creo que al final se va a acabar saliendo con la suya.

-¿Qué quiere decir?

-¿Y si me declaro culpable?

-No diga eso ni en chanza.

No puede rendirse, no ahora. -Mi vida ya no me importa.

Pero no quiero que sufra nadie más, ni...

que hagan daño a la gente a la que quiero.

-Eso sí que no podría perdonármelo.

¿Cómo estará pasando las noches mi hijo, Trini?

-Ramón, le sacaremos de ese agujero, ya lo verás.

No sirve de nada que te atormentes ahora con esas tribulaciones.

-Es que, no es solo por eso.

Es también por mi hija.

No ha salido de casa desde que ha roto con Víctor.

-Bueno, eso también se pasará.

-Pero ¿qué habrá ocurrido

para que no haya solución y hayan tenido que romper?

¿Qué le habrá hecho ese muchacho?

-Bueno, Ramón, querido, son...

rencillas normales y corrientes de una pareja joven.

Pero seguro que también arreglan eso, ya verás.

-No creo que esta vez vaya a ser así.

Mi hija está muy afectada.

María Luisa es muy caprichosa y muy orgullosa.

Pero quiere a Víctor. Le quiere desde que tiene uso de razón.

Algo muy grave ha tenido que hacerle

para que esté tan triste.

(Llaman a la puerta)

Discúlpenme la hora, pero hay algo importante que debo contarles.

-¿Es referente a Antoñito? ¿Le ha dicho algo Felipe?

-No, no, no, se trata de Víctor.

-¿Víctor? -Ha ocurrido algo

que creo que deben saber.

Sobre todo, para ver cómo tratar el asunto con María Luisa.

-Celia, dígame lo que sea, que me está asustando.

-El coronel Valverde ha retado a Víctor a un duelo.

-¿Cómo? -A Víctor.

¿Y a santo de qué reta a Víctor?

¿Qué le ha hecho ese muchacho

para ofenderle al coronel?

Trini, trini,

¿qué me estáis ocultando?

-A ver, Ramón, eh...

María Luisa y Víctor han roto porque él tuvo

un pequeño acercamiento con Elvira.

-¿Acercamiento?

-Tranquilízate, querido.

Tan solo fue un beso sin importancia.

-Un beso...

Ese sinvergüenza...

Jamás pensé que sería capaz de hacerle algo así a mi pequeña.

-Tienes que comprender... -¡Y no puedo creer

que tú lo supieras y no me dijeras nada!

Nunca me ha gustado que el coronel vaya retando a la gente

sin ton ni son.

Pero es que no me extraña, porque Víctor es un ¡crápula!

-No hables así. Tú no piensas así, no eres así.

-Ese calavera se ha burlado de mi hija,

y de la suya. Y le ha hecho daño

a su hija y a la mía. ¡Y ha perdido mi confianza!

Y por su culpa, mi hija se pasa el día llorando

en su habitación.

-Lo siento, Celia.

Es un calentón, se le pasará.

(Suena la cerradura)

(OLGA SUSPIRA)

A juzgar por tu cara, parece que las cosas han ido bien con ese hombre.

-Ha sido la noche más increíble de toda mi vida.

-Siéntate y cuéntamelo con pelos y señales.

Quiero saber todos los detalles de la velada.

-Pues paseamos, conversamos, nos reímos,

y cenamos juntos.

Es tan atractivo...

Y a la postre, fuimos a su casa.

-¿Te has atrevido a ir a su casa?

-¿Por qué no?

Yo quería seguir hablando con él. Que esa conversación no se acabara.

¿He hecho algo mal? -No.

¿Sabes?, esta noche me he dado cuenta de algo.

-¿De qué?

-De que somos muy parecidos, casi iguales.

Nos miramos y nos reconocemos.

Los dos somos animales heridos.

Dos peces que están fuera del agua

y siguen buscando un lugar en el mundo.

-Olga, tú no has hecho nada mal.

No dejes que nadie te diga lo contrario.

La vida hay que vivirla.

Y después de todo lo que has pasado, te mereces ser feliz.

Descubrir la pasión, el amor... Que llegue alguien

que te revuelva las tripas y ponga tu mundo patas arribas.

Acaso los animales, además de mirarse

y reconocerse, ¿se han besado?

-Él no se ha atrevido.

Se ha echado atrás en el último momento.

-¿Y tú qué has hecho?

¿Qué iba a hacer yo?

No quería...

presionarle, así que, me aguanté las ganas.

-Es hora de que dejes de aguantártelas.

¿Qué quieres decir?

-Que quizá debas ser tú quien tome la iniciativa la próxima vez.

-¿Yo? -Sí, tú.

Ya es hora de que dejemos de seguir a pies juntillas

lo que impone la sociedad.

¿Acaso el deseo es algo malo?

El deseo es lo más bonito que una persona puede sentir.

Es lo que nos hace humanos.

La próxima vez, da tú el paso,

y sorprende a ese hombre misterioso adelantándote.

Estoy segura de que él no te dirá que no.

-Si te oyera madre...

-Si me oyera cualquier persona decente, me volverían a encerrar

en el sanatorio, por libertina.

Esta sociedad vive tan reprimida,

que no acepta que las mujeres tomemos nuestras propias decisiones.

-Gracias.

No sé qué haría sin ti.

(EXHALA)

-Ay, Luisi,

por fin amaneces. Dichosos los ojos.

Mira,

vamos a hacer una cosa.

Voy a pedirle a Lolita que te prepare un baño.

Te vas a asear, te vas a perfumar y te vas a poner un vestido bonito

y nos vamos a ir a la calle a dar un paseo.

-Antes me doy contra la pared.

No me apetece salir, Trini.

-De nada sirve quedarse en casa llorando.

La oscuridad no es buena consejera en estos menesteres.

-Le agradezco el consejo.

Solo me he levantado para saber qué quería Elvira.

Oí su voz hace un rato.

-Sí. Vino pidiendo que le dejaran verte.

Imploró mil veces tu perdón. Quería hablarte.

-No quiero saber nada de esa mala pécora.

La odio con todos los poros de mi piel.

¿Cómo se atreve a venir a mi casa?

(Llaman a la puerta)

Seguro que vuelve a ser ella,

que no se ha quedado tranquila con su negativa,

y sigue insistiendo.

-Iré a ver.

Víctor.

No es buena idea que estés aquí.

-Necesito hablar con ella un momento.

-Lo lamento, he de pedirte que te marches.

-Tenemos que aclarar las cosas.

-Déjalo para otro momento.

-No puedo, no puedo con esta incertidumbre,

sabiendo que le estoy haciendo daño.

-Daño te va a hacer el cachiporrazo que te va a dar Ramón de verte aquí.

Sabe los motivos de vuestra ruptura,

y anda muy enfadado contigo, de verdad.

-¿Usted cree que a mí eso me importa?

Si no me mata su esposo, me mata el coronel en el duelo.

A mí lo único que me mata es no poder ver a María Luisa.

-¿De qué duelo estás hablando?

Don Ramón. -Felipe

¿Alguna novedad respecto al caso de mi hijo?

No he podido pegar ojo en toda la noche.

Me he levantado de madrugada

a investigar y...

a tratar de encontrar algún testigo

que pudiera declarar a favor de mi hijo en el juicio.

-Y por su cara, se diría que no ha tenido mucho éxito.

-He removido el cielo con la tierra, pero nada.

Y no dejo de pensar

lo mal que lo estará pasando mi hijo en ese sitio.

-Su hijo es un hombre muy fuerte. Tiene que estar orgulloso de él.

-Si mi hijo se pudre en la cárcel por un delito que no ha cometido...

-Eso no ocurrirá.

Se lo prometo.

Voy a implicar a Méndez en la búsqueda de Sepúlveda.

Haré todo lo posible por encontrar a ese hombre y que testifique.

Nos les voy a dejar en la estacada.

Se lo prometo.

-Gracias, Felipe.

-Con Dios.

-Querido, qué bien que te encuentro.

-Celia, ¿qué haces aquí?

-¿Cómo que qué hago? Saludarte.

Invitarte a comer. He adelantado el trabajo con Simón

y tengo tiempo de comer tranquilamente.

¿Te apetece? -Lo siento, no puedo.

Tengo que preparar el juicio de Antoñito, que se celebrará mañana.

-Precisamente por eso. Deberías descansar.

Distraerte un par de horas para que puedas concentrarte mejor.

-He dicho que no.

Déjame hacer mi trabajo a mi manera.

-¿Por qué estás tan nervioso?

¿Cuándo he sido yo un impedimento para tu trabajo?

-Solo quiero cuidarte y apoyarte

y, hacerte el trabajo más llevadero.

Sé que estás sufriendo mucho con este juicio.

-Si quieres apoyarme, hazme caso y vete para casa.

-No entiendo nada de qué te ocurre.

¿Por qué estás tan arisco conmigo? -Celia, ¡basta!

¿Es que no entiendes que no quiero tenerte cerca?

-De acuerdo.

Discúlpame.

¿Ya está? ¿No me vas a decir nada?

Te cuento que el coronel va a matarme,

¿y tú te giras y me das la espalda?

Te juro que la iniciativa no fue mía, sino de ella.

Y no por deseo hacia mí, sino por encelar a Simón.

Yo cometí el error de no negarme, pero me pillo en muy mal momento.

Estaba muy confundido, se aprovechó de mí y me besó.

Tú no vas a volver a hablarme

nunca más, ¿verdad?

Te juro que preferiría que me gritaras, que me pegaras,

que me insultaras, pero con tu indiferencia no puedo,

me parte el corazón en dos.

¿No te das cuenta de que a lo mejor me muero y no nos volvemos a ver?

-Cuídate, Víctor.

-Yo sé que todavía te importo.

Lo he visto en tus ojos cuando has sabido lo del duelo.

Tú me quieres lo mismo que te quiero yo a ti.

-Perdóname, María Luisa.

-¿No me has entendido? Vete.

He dicho que te vayas, márchate de mi casa.

(LLORA)

Le odio.

Le odio más que a nadie en este mundo.

(LLORA)

Felipe.

-¿En qué está pensando?

¿Qué le ocurre?

-Estaba pensando en el deber, Diego.

En que un hombre sabe lo que tiene que hacer por los que quiere.

Aunque eso conlleve ciertos sacrificios.

-Ciertos sacrificios.

Pero ¿de qué habla?

-Nada. No me haga mucho caso.

¿Qué tal usted? Se le ve más animado.

Lo estoy.

He conocido a alguien.

-Una mujer, entiendo.

-A una mujer que...

me recuerda mucho a otra mujer.

-A Blanca, quizás.

-Ya la conocía.

Bueno, no, es como si la estuviese redescubriendo de nuevo

por primera vez.

Sí, me recuerda a Blanca. Tiene algo...

Hasta los mismos gestos,

el mismo perfume, vestidos idénticos...

-No me suena eso muy sano.

Ya.

Pero me alegro de que estés saliendo

de nuevo con alguien. Le vendrá bien un soplo de aire fresco.

-Exacto. Eso es lo que necesito.

Un soplo de aire fresco. Mi corazón está maltrecho aún.

No es capaz de abrirse a otras personas.

-El tiempo todo lo cura. -Así lo espero.

He decidido darle una oportunidad a esa mujer.

Al menos intentarlo.

A su lado me siento cómodo.

Hace que mis problemas parezcan más pequeños.

-Es muy joven para darse por vencido.

En el amor, uno tiene que intentarlo sin cesar,

hasta encontrar la felicidad. Es lo que hace avanzar el mundo.

-¿Se encuentra bien? ¿Qué le ocurre?

-Nada, nada, pero debo irme.

Con Dios. -Pero Felipe...

Víctor, ¿le apetece...? -No puedo ahora.

Nunca había sido tan feliz, madre.

No sabe lo que significa para mí

tener los mismos apellidos que mi hermana.

Que se me reconozca.

Pertenecer por fin a una familia.

-Sí sé lo que significa para ti.

Y espero que no olvides nunca que he sido yo

quien te ha otorgado esa felicidad.

Y que te quede claro,

la felicidad no es un derecho,

hay que luchar por conseguirla, y sobre todo, por mantenerla.

Y si no, que le pregunten a Susana,

debe estar conmocionada porque todo el mundo se ha enterado

de su maternidad secreta.

(RÍE)

Si no fuera por lo mucho que me estoy divirtiendo con este asunto,

me daría algo de pena.

¿A qué viene esa cara?

¿No te estarás enamorando de él?

-No, no. Claro que no. Qué tontería.

-Espero que no estés olvidando

que nos jugamos mucho en todo esto.

Juntas hemos de conseguir que Blanca se aleje definitivamente de Diego.

Es el único que puede salir en su defensa

y protegerla.

Ese niño que Blanca lleva en su vientre

es mi última oportunidad para empezar de cero,

y no voy a desaprovecharla.

Ese niño es mío.

¿Lo has entendido?

Samuel traerá el cuaderno con el dibujo del colgante

para la exposición de Bellas Artes y Artes Decorativas.

Yo estoy cumpliendo con mi parte.

Todo va según lo previsto. Cumple tú

con la tuya. No puedes fallar.

-No le defraudaré, madre.

Confíe en mí.

-Muy bien.

Ve pues,

y hazte la encontradiza con él.

No se lo tenga en cuenta a su tía.

Tiene una horrible historia

a sus espaldas.

Yo no la culpo por abandonarme. Tuvo sus razones.

-Razones que yo no juzgo.

Me quejo de que no me lo contara. -Bien dicho.

Liberto es su sobrino, y yo su mejor amiga.

Tendría que habernos confiado algo tan importante.

Al menos a mí, que soy sangre de su sangre.

Le quiere como a un hijo, se lo aseguro, pero...

Quiso contárselo a usted y a todo el mundo,

quiso dar la cara y reconocerme ante todo el barrio.

-¿Y por qué no lo hizo? -No dejé que lo hiciera.

No necesitaba que hiciera eso por mí.

Sabemos lo mucho que le duelen las habladurías.

Y todo el barrio hubiera ido lleno en cuanto la gente se enterara.

-Cierto. Este barrio no es discreto.

-Lo sabe usted, que es imposible guardar un secreto por estos lares.

Y temimos que el negocio se resintiera,

que la gente dejase de comprar en la sastrería.

-Ya, pero eso no quita para que se lo contara a Liberto.

Es su sobrino.

Confiesa. Si no lo hizo fue, por si me lo contaba a mí.

No confiaba en que yo guardara el secreto, ¿es así?

-No lo sé, de verdad que no lo sé, doña Rosina.

Lo que sí sé es que esto le está afectando sobremanera.

Y no solo la forma desagradable

y desafortunada con que la gente se ha enterado,

sino por su rechazo con Liberto.

Tanto le está afectando, que incluso su salud se está viendo resentida.

-¿Es eso cierto? -Hoy no se ha levantado de la cama.

Y ya sabe usted lo activa y trabajadora que es.

-Y todo por mi culpa.

-Ella piensa que si usted

incapaz de perdonarla, siendo sangre de su sangre,

¿por qué lo iba a hacer el resto de la gente?

-No sé, tal vez tengas razón.

-Muchas gracias, don Liberto.

-Lo primero que tenemos que hacer es empezar a tutearnos, ¿no, primo?

¿Somos familia o no somos familia?

-Claro.

-Entonces, perdonas a tu tía,

y ya está. -¿Qué quieres que haga?

-Liberto, si tu tía no te contó la verdad,

fue porque piensa que soy una cotilla,

y si la perdonas, le estás dando la razón.

-Mira, mi amor.

-¡Ni mi amor ni naranjas de la China!

Sí, Liberto. Además,

tu familia no deja de ir de escándalo en escándalo:

la maternidad secreta de Susana,

que Leandro sea el padre de Víctor,

la infidelidad de Víctor. -No hubo infidelidad.

No saquemos las cosas de quicio.

-Dicen que fue solo un beso, pero vete tú a saber.

¿Qué se puede esperar de ese crápula, calavera,

de ese mujeriego sinvergüenza.

Desde chiquillo ha sido un tarambana.

-Templa, que estás hablando de mi familia.

-No te digo lo que pienso de él porque soy una señora.

Retiro el insulto.

¿Vas a perdonar a tu tía?

-No puedo estar enfadado con ella.

-Pues yo no puedo consentir que no me defiendas. Soy tu esposa.

Si la perdonas a ella, me ofendes a mí.

Tú verás lo que haces.

Escuché un ruido en mitad de la noche

y me levanté a ver qué ocurría.

Enseguida pensé...

que podían ser unos desalmados

que habían entrado a robar.

Y cuando entré en la cocina, te vi

con la boca manchada de chocolate comiéndote una gran tarta.

Yo te dije: "Pero ¿qué haces, hija?".

Y me miraste con esos ojos grandes tuyos,

tan ingenuos, tan inocentes, tan tiernos...

Un poco avergonzados, porque sabías que habías hecho algo mal,

y me dijiste... -¿Qué, padre?

¿Qué le dije?

"Es que, eso, eso...".

Y yo me reí.

Y tú te reíste mucho, como a carcajadas.

Y al verte ahora...

tan triste, tan abatida,...

Con lo risueña que tú eres, hija.

Con lo feliz que siempre has tratado de ser.

Tan sincera, tan directa, tan luchadora.

Tienes que olvidarte de Víctor, hija.

Tienes que hacer un poder

y recuperar el ánimo.

Tienes que tratar de volver a ser...

la María Luisa que siempre has sido.

Tienes toda la vida por delante.

Estoy seguro que habrá un montón de jóvenes decentes

que querrán hacerte feliz. Víctor no te merece.

-Y si le confieso una cosa, ¿me promete que no se enfadará conmigo?

Con usted puedo ser sincera

y olvidarme del orgullo.

No estoy triste por la ruptura con Víctor.

Estoy triste porque sé que Víctor puede morir

en ese duelo con don Arturo.

Cuando me enteré del duelo,

el enfado que tenía con él, se esfumó como humo de cigarro.

Amo a Víctor, padre.

Y esté enfadada con él o no, no quiero que le ocurra nada malo.

Y a veces pienso que...

a lo mejor no tengo derecho a estar triste por un beso a traición

de una mujer despechada,

cuando mi hermano está pasando lo indecible

en un cuchitril

oscuro y húmedo.

¿Le he decepcionado, padre?

-¿Cómo me vas a decepcionar

por ser tan noble, tan sincera

y con ese corazón que no te cabe en el pecho?

¿Antoñito saldrá de esta?

¿Usted cree que volverá a casa?

-Estoy seguro de ello.

Mañana mismo volverá a casa.

Voy a hacer todo lo posible porque así sea.

Y tu padre nunca te ha decepcionado, ¿verdad?

-"¿Cómo que hoy no ha ido a trabajar?".

Qué raro, si doña Susana es muy trabajadora.

-Ya, pero el chaparrón que le cayó en la feria,

le ha "dejao" a la mujer el cuerpo del revés.

Está que no se levanta de la cama.

-Y yo que la entiendo.

Que no es "bonico" ver como se le airean a una los trapos sucios

en la feria.

-El coronel no tiene vergüenza.

Eso que ha hecho está muy feo.

No está "na" bien. -Que se lo digan a Víctor.

¿Os habéis enterado de lo del duelo? -¿Qué duelo?

Dicen que don Arturo ha retado a Víctor a un duelo

por haberle dado un beso a su hija en los labios.

-(NO SE LE ENTIENDE)

-¿Qué dice?

-Que qué manía le ha entrado al coronel

con dispararle a todo el mundo. ¿Hay más guiso de este?

-Le ha "gustao", ¿eh? -"Pa" no gustarle.

Está de toma pan y moja.

Qué mano tienes "pa" la cocina, prima.

Y "to" con ingrediente natural y productos de la tierra.

No esa cosa industrial "pa" sazonar.

-¿Has puesto pastillas de esas en el caldo?

-Es posible que una miaja le haya echado.

-Dios.

-¿Me has puesto comida de mentira?

¿Qué más da lo que le eche?

Está bueno, ¿no? Pues si está bueno está bueno.

A comerlo. -Está bueno.

Esto es una delicia de los dioses.

-Bueno,

pese a que yo esté de acuerdo con Jacinto en que parece comida

de mentira, y es como hacer trampa,

el guiso hay que hacerlo.

Y he de reconocer que este está de agárrate los machos.

Carmen, ande.

Écheme una miaja más.

¿No comes nada, Lolita?

-Se me ha "quitao" el hambre.

Hasta mañana que salga el juicio, voy a tener el estómago "cerrao".

-Venga, ni que sea por no decir que no lo has probado.

Que tienes un cuerpo de bandera que hay alimentar, hija.

-Haz un poder, cariño.

-Venga, Lolita, danos el gusto.

-Arrea.

Esto está riquísimo.

Le llevaré al Antoñito

"pa" que se llene el buche.

-¿Seguro que no quieres un poquito más?

-Antes me como a una de mis ovejas, mire usted lo que le digo.

-Mejor, a más tocamos.

Eche más, "señá" Carmen, antes de que cambie de opinión.

¿A quién buscas?

-A nadie. -¿Y esperas

que me lo crea?

Esa cara de ilusa que tienes te delata.

-Vi a don Felipe desde la ventana.

Y como él y Diego son amigos, creí que este podría andar cerca.

-No hay manera de que te saques a ese hombre de la cabeza, ¿eh?

-Bueno, ha sido una chiquillada estúpida, olvídalo.

¿Tú cómo estás?

-Aburrida sin poder disfrutar de los paseos contigo.

Últimamente era lo único que me distraía y me daba alguna alegría.

-Pronto estaré bien y recuperada del todo.

Y volveremos a nuestros paseos y a leer poesía.

-Buenas tardes, Leonor.

El carruaje nos espera.

-¿Adónde van? -Mañana se inaugura la exposición

de Bellas Artes y Artes Decorativas,

donde se expondrá el dibujo de uno de los diseños de mi padre,

el colgante Ana.

He tenido que rogarle a mi esposa que me acompañara

por la reproducción.

No puedo dar un paso sin su opinión y buen criterio.

-Hasta hace poco triunfabas en los negocios

sin mi opinión y buen criterio.

-Ganaba dinero, pero eso no era triunfar.

Ahora las joyas Alday brillan con luz propia

gracias a ti.

Y yo lo hago con ellas a tu lado.

-Anda, vamos, el requebrador,

que el cochero se va a ir sin nosotros.

Lo que peor llevo es no poder despedirme de María Luisa

antes de morir.

-No digas eso, aquí no va a morir nadie.

-¿Tú me has visto disparar?

Que no atino ni con las escopetas de la feria. Que no doy una.

-¿Piensas acudir a esa cita?

-Que me ha retado a duelo.

Esto no es como saltarse la visita del médico.

Tú le conoces.

Si no voy, este hombre es capaz de tomárselo como un agravio mayor,

ir a La Deliciosa y dispararme a bocajarro.

-Porque está loco, siempre lo ha estado.

Todo lo arregla con fuego y rabia. -Con diálogo, no.

No me ha dado ni la oportunidad de explicarme.

-Uniré a mis rezos por la recuperación de doña Susana

los suyos, por usted.

Pediré a Dios que don Arturo se eche atrás

y que le perdona la ofensa. -Pues rece usted también

porque nadie le vaya con el cuento a mi abuela.

Le va a dar un tabardillo cuando se entere

de que este hombre quiere pegarme un tiro.

-¿Cómo pudiste ser tan inconsciente? ¿Por qué besaste a Elvira?

Sabes cómo se las gasta ese hombre y lo peligroso que es.

-Yo no la besé, me besó ella a mí.

Aprovechó mi debilidad

y se me acercó, te lo prometo. -Sí, lo sé.

Ya la conozco. Es capaz de eso y de más.

-Si me disculpan,

quiero terminar de bordar el manto papal antes de que regrese Susana.

Y antes, rezar mis oraciones.

Ahora que estamos solos quiero contarte una cosa.

Elvira se arrepintió de besarme.

Me dijo que el único motivo por el que se acercó a mí

era para darte celos.

Esta chica no está bien.

No consigue olvidarse de ti.

Estás casado, la has rechazado 100 veces,

pero no te saca de su cabeza.

Yo no sé qué diantres la ha pasado.

¿A ti no te sorprende?

-La verdad es que no.

Hasta te diría que la entiendo.

Si te cuento una cosa, ¿me prometes que no saldrá de aquí?

-Por supuesto.

-A mí me pasa un poco como a ella.

Trato de seguir adelante y de no pensar,

y por supuesto, quiero a mi esposa

y admiro su bondad por encima de todas las cosas, pero...

no lo sé, hay un rincón en mi corazón, en lo más hondo,

donde siempre está Elvira.

Hay amores que uno nunca...

consigue sacarse de dentro.

¿Todavía estás enamorado de ella?

-Sí.

Y lo siento.

Sé todo lo que está haciendo y, lo que te está haciendo,

pero es que...

¡Celia!

¿Qué haces aquí? Te acompaño a casa.

-Voy a dar un paseo. -No seas absurda.

No son horas. Vamos.

-Suéltame. ¿Se puede saber qué te pasa?

No pienso ir contigo a ninguna parte.

¿Por qué actúas de esta manera? -¿De qué manera?

-Hablo de la distancia que te estás proponiendo poner entre tú y yo.

No me digas que es por el juicio. Te he visto

preparar juicios más complicados sin pestañear

ni alterarte lo más mínimo.

Cariño,... cuéntame qué te pasa.

No voy a dejarte solo.

No voy a alejarme de ti.

-Sí que lo harás.

Por supuesto que lo harás.

-Pues tendrás que darme una buena razón.

-La razón...

es que no quiero hacerte daño.

-¿Y por qué ibas a hacerme daño a mí?

-Me he dado cuenta de que no soy hombre de una sola mujer.

No quiero renunciar a mis aventuras y amoríos.

-¿Me estás diciendo que...

te estás viendo con otras mujeres?

-Celia, por favor, no me mires así.

Sabes cómo soy.

No me digas ahora que te sorprende.

-Me sorprende.

Pensaba que habías cambiado.

-Pues ya ves que no.

-Creo que no estás siendo sincero.

Creo que mientes.

Pero no entiendo por qué ese deseo de hacerme daño.

Buenas noches.

¿Vamos a estar así eternamente?

Así, ¿cómo?

Sin hablarnos como dos desconocidos.

¿Qué quieres que te diga que no te haya dicho ya?

Cualquier cosa es mejor que la indiferencia.

Pero le ruego que lo haga sin faltarme al respeto.

Respeto ya te faltas tú solita sin necesidad de mi ayuda.

Ya no soy una niña,

no me hable así. Te hablo como te mereces.

Has vuelto a ponerme en evidencia.

Me has obligado a retarme con otro hombre.

¿Hasta cuándo vas a seguir avergonzándome?

(Llaman a la puerta)

Quieta.

Yo abro.

¿Qué hace aquí, Gayarre?

-He venido a hablar con usted.

-Usted y yo no tenemos nada de qué hablar.

Y no son horas de visita en una casa decente.

Entenderá mi atrevimiento en cuanto conozca el motivo.

-No entenderé nada, porque no quiero saber nada

de gente como usted,

un sinvergüenza de la peor calaña.

-He venido a hacerle una propuesta, no a escuchar lo que piensa de mí,

cosa que me importa muy poco.

-Márchese de mi casa.

-Quiero intercambiarme con Víctor en el duelo.

¡No!

(TOSE)

-(VÍCTOR RÍE)

Le juzgué mal, señorita.

Es usted muy divertida.

-Supongo que no era así cuando llegué aquí.

No me fiaba ni de mi propia sombra.

No confiaba en nadie.

Pero...

ahora las cosas han cambiado.

-Sí. Sí, sí, se te ve muy cambiada.

-Lo estoy.

Siento... que pertenezco a algún sitio.

A una familia, supongo.

Tengo a mi hermana...

y te tengo a ti.

Siento que nos parecemos, Diego.

Que hemos vivido las mismas cosas,

que tenemos un pasado en común.

Y eso, hace que me sienta cómoda contigo.

Y que quiera contarte todos mis secretos más íntimos.

-Los dos lo hemos pasado mal.

-Quizá yo un poco peor que tú.

-Lo que tú has sufrido a manos de ese desalmado no tiene comparación.

Sin embargo, hay cosas de mi pasado que no te he contado todavía.

-¿Qué cosas?

¿No te fías de mí?

-Mi madre murió por mi culpa.

-¿De qué estás hablando?

-Yo era muy pequeño y estaba jugando...

con un arma.

Mi madre me insistió varias veces que la dejara ahí.

Yo no la hice caso.

Y el arma se,...

se disparó.

-Fue un accidente, Diego.

Solo eras un niño.

-Un niño.

Desde entonces he vivido cargado de culpa.

Y Samuel cargado de rencor.

Tiene razón, Samuel,

no soy una buena persona.

-Sé cómo te sientes.

Mi madre me abandonó porque era mala.

Un demonio era.

A veces pienso que...

el martirio que pasé en manos de Tomás

era un castigo por haberme portado mal.

Un castigo que merecía.

-Nadie merece eso.

Y menos tú.

Tú no mereces nada malo.

Absolutamente nada.

¿Has decidido ya cómo mostrar el dibujo del colgante Ana?

"Voilà".

Este diseño será la pieza estrella que la familia Alday presentará.

¿Qué le parece? -Pero...

no es el original.

No es igual. -¿Qué quiere decir?

-Faltan las medidas.

¿Por qué has omitido los números del dibujo?

-Esas medidas no pueden mostrarse al público.

-¿Por qué? -Porque no son correctas.

No sé si fue un error que cometió mi padre,

cosa que me extraña, o simplemente quería decirnos otra cosa.

Ramón, gracias a Dios, por fin apareces.

No sabes el mal trago que he pasado pensando que te había pasado algo.

-Lamento haberte inquietado,

pero me fue imposible regresar antes.

-Con ese tono, tampoco me dejas muy tranquila.

¿Ha sucedido algo?

Mañana es el juicio, y no hemos podido encontrar ningún testigo

que apoye la versión de Antoñito.

-Lamento escucharlo.

-Y eso no es todo. La agitación social es cada vez mayor.

-He leído que los periódicos no dejan de hacerse eco.

-Los familiares de los soldados muertos siguen mostrando su dolor

y su indignación ante lo ocurrido.

¿Hay algún motivo para tu sonrisa? -Sí.

Que mi madre acaba de asegurarme que Olga no está en casa.

-¿Y?

-Que aunque delante de ella he disimulado,

sospecho que no ha venido en toda la noche.

-Ahora sí que no te comprendo.

De nada hay que alegrarse porque una joven de bien

haya pasado toda la noche fuera de su hogar.

-Depende de cuál haya sido su compañía.

Quizá haya pasado la noche con ese hombre misterioso

del que dice haberse enamorado.

-¿Tengo que recordarte que tu hermana es una mujer soltera?

¿No temes por ella, por su reputación?

-"No pienso huir".

-Tú has perdido el oremus. -No, estoy más cuerdo que nunca.

No voy a abandonar ni el negocio ni a María Luisa.

-Al negocio ni a ella les serás de utilidad muerto.

-Pues a lo mejor todavía ocurre un milagro,

don Arturo suspende el duelo, no lo sé.

-Yo no contaría con eso.

-Recapacita, Víctor.

-¿Esto es para mí?

Tome. Gracias.

¿Qué hay ahí dentro?, que has perdido la color.

-"¿Donde se habrá metido este hombre?".

-"Quizá nos espere en el juzgado".

-No, quedamos aquí.

-Templa, seguro que Felipe no tarda.

-Me temo que el que viene no es él.

Son los familiares de los caídos,

los mismos que me abordaron esta mañana.

-Parece que vienen con ganas de guerra.

-¿Qué van a hacernos?

-"He recibido la visita del párroco".

Quería avisarme de que corre el rumor

de que, como yo sospechaba,

las altas esferas de la curia van a anular el encargo del manto.

-No, no puede ser. Si prácticamente lo tengo acabado,

apenas quedan unos pespuntes.

No. Voy a acabarlo y entregarlo antes de que eso ocurra.

-Detén tu labor, Adela. Me temo que la decisión

está tomada. Ya nada tenemos que hacer.

-Eso puede resultar desastroso para su negocio.

-Significará ni más ni menos que la ruina.

-Qué mal lo debes estar pasando para tragarte tu orgullo

y venir a pedirme ayuda.

Sobre todo teniendo en cuenta que no hace tanto,

en la noche de la hogueras,

la de los Paulinos,

fuiste una de las que más gritó contra mí.

Pero eso es agua pasada.

Tan solo me preguntaba cómo debe ser tu desesperación para arriesgarte

a pedir un favor a alguien que podría guardarte justo rencor.

-"Aguarda. Don Felipe".

Estoy contigo en un santiamén.

Tengo que aclarar unas cuitas con Felipe.

-Me alegro de verla. -Calle,

que esa alegría le va a durar poco. Quiero hablarle de Celia.

-Lo siento, pero esta conversación ha terminado.

-Don Felipe, por favor. -Trini, no insista.

¡Ah!

Supongo que esas son las palabras que me merezco.

Pero nunca esperé escucharlas de ti.

¿Por qué no? Dime, ¿por qué no?

Has perseguido a mi esposa,

me has acosado sin descanso, has atacado a todos mis amigos,

has dañado a mi madre, revelando su mayor secreto.

Eso no lo hice.

No le conté nada a mi padre.

No sé cómo pudo averiguarlo. No te creo.

Te pedí que te mantuvieras alejada de mi familia, y no lo has hecho.

Lo único que has conseguido es que te aborrezca con todo mi ser.

No digas eso. Todos mis errores han sido porque te amo.

-"¿Has dicho que ibais a ir" juntos a la exposición?

¿Eso quiere decir que le llevaras contigo, que hoy le voy a conocer?

-Olga,

será mejor que te apresures, el cochero nos espera.

-¿Tú? -Os ofrecería llevaros,

pero supongo que preferiréis ir solos.

-Así es. Ya hemos avisado a un coche.

-Veo que llevas puesto el colgante con forma de pájaro.

Un trabajo exquisito.

  • Capítulo 655

Acacias 38 - Capítulo 655

07 dic 2017

Diego confiesa a Felipe que está quedando con una mujer, sin desvelar quién es. Mientras, Blanca sigue aconsejando a su hermana cómo seducir a su enamorado sin saber cómo resolver sus propias dudas de amor. Diego y Olga se besan.

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