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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 654 - ver ahora
Transcripción completa

Vaya, vaya, mi hermano de nuevo cumple con los encargos.

Estábamos hablando de ti hace un momento. ¿Verdad, cariño?

Nos preguntábamos por dónde andarías.

-"¿Dudabas de mí?".

¿Por eso no le contaste tu vergüenza?

¿Por si yo lo contaba?

-Liberto te lo iba a contar. Y tú no te callas

cuando hay algo tan tremendo. -¿Me estás llamando cotilla?

¿Así?

¿Con todas las letras? ¿Y tú qué?

Qué maravilla. Es una auténtica obra de arte.

Tienes que estar dichosa.

Es, prácticamente, una creación tuya.

-Tiene de todos nosotros.

La idea es mía, sí, pero es Samuel quien ha labrado el oro

y quien ha cortado las gemas. Y Diego...

Diego... se ha jugado la vida para conseguirlas.

-"Se lo ruego, cuente la verdad a su señoría".

-Nadie más le va a contratar

si le creen cómplice de Belarmino. -Está bien.

Testificaré.

-Mañana,

en comisaría. -"El día de la feria"

vi a su hija... besándose con un hombre.

-Dígame el nombre del atrevido, lo despellejaré.

Lo colgaré del mástil del patio de armas.

-"Úrsula quiere exponer el cuaderno de diseño".

¿Estás de acuerdo? -No quiero que nadie lo toque.

-Y nadie lo hará.

Dispondré de máximas medidas de seguridad.

Todos aprendemos

de los errores. -"Acércate a Diego".

Haz cualquier cosa, lo que sea,

para que olvide a Blanca.

¿Entiendes?

-Será un placer ayudarle a usted.

A nadie le amarga un dulce.

Pero ¿qué obtengo yo a cambio?

-(RÍE)

Aprendes rápido.

Pasarás a formar parte de la familia Alday.

Llevarás mis apellidos.

Seremos una.

Hay que ver lo tranquila que está hoy la terraza.

Normalmente, a esta hora

no tengo ni una sola silla libre. -No.

Será que hace frío y la gente ha decidido quedarse en casa.

¿Tú qué dices?

-Sí.

-Liberto...

Sé que estás mosqueado con mi abuela,

pero no es como para contestarme con monosílabos.

-No es para menos.

Entiendo que no se lo cuente a Rosina,

que sería como dar dos cuartos al pregonero,

pero yo soy de su familia. -Estoy convencido de que la abuela

confiaba en tu discreción,

-¿Y por qué me ha tenido en la inopia?

-A lo mejor, por el bien de tu matrimonio.

¿Cómo le hubiera sentado a Rosina saber que tú lo sabías

y que no se lo habías contado?

-Mal, supongo. Nunca le he ocultado nada.

-¿Ves? Ahí te has ahorrado un disgusto.

-Puede ser, pero no puedo evitar sentirme menospreciado.

-Te entiendo perfectamente.

Pero intenta no cargar tintas contra ella.

Imagínate lo mal que lo ha tenido que pasar la pobre.

-Ya.

Ahora, más que nunca, la familia debe permanecer unida.

-¡Maldito bastardo!

¡No te va a quedar ni una costilla sana!

-¿Qué mosca le ha picado? -¡Don Arturo, cálmese!

-¡Te voy a descuartizar! -¿A qué viene esta algarada?

-¡Ese botarate ha besado a mi hija!

-¿Qué dice? -¡No diga enormidades! ¡Es imposible!

-¿Cómo va a besarla, si está comprometido?

-¡Pregúntele a este pisacharcos!

-¿Es cierto eso que dice el coronel?

-Fue un error.

Un impulso absurdo, ninguno de los dos queríamos.

-¡Don Arturo, que se pierde!

-Tienes razón, no es el momento.

Pero que te quede claro que tus actos tendrán consecuencias.

-Ay, Dios...

Me alegro de que por fin te hayas decidido

a salir a la calle. -Te equivocas.

Solo pensaba salir un poco al balcón, a que me diera el aire.

-Te distraerías más con un paseo por los Jardines del Príncipe.

Ya, pero estoy demasiado fatigada para eso.

Además, tampoco me apetece cruzarme con nadie.

-Ya.

En cambio, tú estás radiante.

-¿Qué te ha ocurrido? -Nada.

¿Qué esperas que me ocurra?

-No lo sé, pero esa sonrisa no es lo habitual.

-Bueno, la verdad... (RÍE)

He conocido a un caballero.

-¿Cómo?

¿Cuándo? ¿Dónde? ¡Cuéntamelo a escape!

-Pues es muy apuesto...

y agradable.

Me crucé con él en los jardines, nos miramos un segundo

y él me saludó. -(AMBAS RÍEN)

-Deduzco, por el brillo de tus ojos, que te ha hecho tilín.

-Es raro.

Nunca había sentido la menor inquietud por un hombre.

-Es normal.

Tu pasado te lastra.

-Supongo que...

siempre me han producido cierta repulsa.

Lo que padecí con Tomás tiene mucho que ver en eso.

-Pero eso ya pertenece al pasado.

Y puedes cambiar, si tú quieres.

-¿Qué más da?

Nunca voy a volver a ver a ese caballero.

-¿Cómo que no? -Debes reencontrarte con él.

-Ay...

¿Y si resulta ser un calavera o algo peor?

No creo que deba arriesgarme. -Olga,

no lo veas todo del color de las hormigas.

Toda mujer tiene derecho al amor.

Cuando sucede, es tan intenso... Todo cambia a tu alrededor,

es como si la vida cobrara otro sentido.

No te puedes negar ese sentimiento.

-No lo sé. Es que me siento tan insegura junto a un hombre...

No sé cómo moverme ni qué decir.

-Pues solo tienes que ser tú misma.

Pero... guardándote algo.

-No entiendo.

-Verás, a los hombres

les gusta ir descubriéndonos poco a poco.

Así creen que ellos tienen el control,

aunque seamos nosotras las que manejamos la situación.

-Eso me parece de lo más enrevesado.

-A las mujeres nos enseñan

que debemos ser niñas hasta la muerte,

inmaduras, para gozar de nuestro propio cuerpo.

Pero yo me rebelo contra eso.

Puedes gozar con quien quieras y cuando quieras,

siempre dentro del decoro.

Mira, yo te puedo dar los consejos que precises.

Si es que quieres. -¿Cómo voy a rechazar tu ayuda?

Es una suerte tener una hermana como tú.

-¿Irás a verle entonces?

-Es posible.

-Venga, demos un paseo, después empiezo mis lecciones.

-Como gustes.

-Vamos.

¿Has visto hoy a Víctor?

Pues es curioso que me lo preguntes. Estaba muy raro.

Es de suponer que es por todo el berenjenal que ha montado

con lo de ir a París.

Sí, seguro que se trata de eso.

No se me ocurre otra cosa que pueda turbarle.

Estaba muy atribulado.

Me da la sensación de que se arrepiente

de haberme propuesto ese viaje.

La verdad es que no sé muy bien qué hacer.

Pues perdonarle.

Es un buen muchacho.

Lo que pasa es que, a veces,

los hombres no saben cómo acertar con nosotras.

Con nosotras ni con casi nada.

Bueno, va, levanta ese ánimo.

Te convido a un bartolillo.

-Qué bonita es la amistad, ¿eh?

Qué lástima que no lo sea para algunas.

-¿A qué viene ese tonito? -No lo sé, pregúntale a tu amiga.

No lo comprendo, doña Trini.

No tengo ni idea de lo que está hablando.

Anda, Elvira, ¿eh? Que menudo cuajo que tienes.

A mí me entraría

una buena tembladera si fuera del brazo de mi amiga

después de haber besado a su prometido.

-¿Cómo ha dicho?

¿Que has besado a Víctor?

Fue solo un beso, una vez,

y te juro que no significó nada. Lo que significa

es que no eres mi amiga,

que mi novio es un calavera y que yo soy una idiota.

Déjame que te lo explique. No hay nada que explicar.

Eres una fresca y una hipócrita.

¿Cómo te has atrevido a darme consejos sobre mi noviazgo

mientras te besabas con mi prometido?

Tratas de interponerte entre Adela y Simón,

y, como no lo consigues, te vas a por mi novio.

¿Sabes lo que eres?

-Por favor, contente. -¡Una buscona!

-No te evidencies por ella.

-Sí, esta traidora no se merece más. Luisi...

¡Cerdo!

¿Cómo te atreves a besar a otra?

-Perdóname. Fue una tontería,

un momento de ofuscación. -Pues se ha acabado nuestra relación.

¡Sinvergüenza! ¡Mastuerzo!

-No te evidencies, te están viendo. -¡Me da igual, me importa un comino!

¡Que se enteren todos de cómo es el tunante

que les sirve los cafés! -Muy bien, todo a su tiempo.

Es mejor que tu padre no se entere.

Bastante tiene con el disgusto que le ha dado Antoñito.

-Alguien tuvo que vernos.

Tu padre también lo sabe. ¿Mi padre?

Dios nos coja confesados. Sobre todo a mí.

Diego... ¿Qué hace a estas horas en la calle?

-Dando un paseo.

-Ya no son horas. Yo estaría en casa hace rato,

si no fuera por lo complicada que está resultando

la defensa de Antoñito Palacios.

-No podía dormir.

He ido a ver a mi padre al hospital.

-¿Sigue igual?

-Me paso las horas sentado a su lado, en silencio.

No era muy charlatán.

Yo no sé qué decirle.

Ni siquiera...

Ni siquiera sé si se da cuenta de que estoy allí.

-Estoy seguro de que su compañía le hace mucho bien.

-Es posible.

Felipe,...

estoy pensando...

Tengo que marcharme.

-En mi modesta opinión, creo que debería descansar,

recuperarse,

alimentarse bien y dejar de desayunar whisky.

No puede emprender un viaje así. -Sí, lo sé, lo sé.

Pero ya no tengo ningún interés en seguir aquí.

La distancia con mi hermano es insalvable.

No tengo ni voz ni voto en mi empresa.

-Samuel se ha convertido en una marioneta en manos

de Úrsula. -Si eso fuese lo peor...

No hago otra cosa que pensar en Blanca.

Tenerla cerca y...

y no poder tocarla es...

aún más duro que tenerla a miles de kilómetros.

-No puedes seguir así, atascado en un fracaso.

Solo conseguirá hacerse daño.

-No pudo sacarla de mi corazón

ni de mi mente. -Tiene que hacer un poder.

Ella tomó una decisión: formar una familia

con Samuel. Diego, tiene que rehacer su vida.

¿Quién dice que no va a aparecer por aquí una mujer

que le robe el corazón? -(AMBOS RÍEN)

-Eso es imposible.

-Entiendo que lo vea todo negro.

Pero debe intentarlo;

si no, no saldrá del callejón en el que está metido.

-(SUSPIRA)

Trataré de seguir sus consejos, aunque no lo veo fácil.

Le agradezco su apoyo.

-Con Dios.

(Puerta abriéndose)

No sé lo que le han contado... Calla.

Estoy al corriente de lo que has hecho.

Nada de lo que puedas decirme va a atenuar tu culpa.

¿En qué clase de remera te has convertido?

Le juro que tan solo fue un beso.

¿Te parece poco ir besándote por las esquinas,

como si fueras una cortesana? No es...

¡Aparta!

Has arrastrado nuestro apellido

por el fango.

Me dejo la piel para defenderte.

Para que puedas vivir tranquila,

como una mujer decente, y así me lo pagas,

tirando nuestra honra por tierra.

Está exagerando, fue una tontería. Tan corrompida estás

que ya no distingues el bien del mal. Le juro que tan solo fue un beso.

Víctor ama a María Luisa, y yo...

Ya sabe lo que siento por Simón. ¡Amas a un patán

que está casado!

¡Y besas a otro por capricho! ¿Es eso?

No eres más que una buscona,

que sucumbe a los deseos de los hombres.

Por Dios, padre, no diga eso. ¿Acaso miento?

No olvido que te entregaste al mayordomo

antes de casarte. Todos se enteraron.

Eso fue por amor. ¿Y esto por qué lo has hecho?

¿Por vicio?

Está haciendo un mar de una gota de agua.

Fue una tontería, un sinsentido.

¿Qué he hecho mal contigo, Elvira?

¿Cómo he dejado que te convirtieras

en una cualquiera? Padre, por favor, perdóneme.

Cada vez te pareces más a tu madre.

Voy a tener que limpiar otra vez el honor

de la familia. ¿Qué va a hacer?

Soy la única culpable de todo este embrollo.

No cargue contra Víctor. No defiendas a tus amantes.

Ese patán se ha buscado la ruina él solo.

Sosiéguese, don Ramón.

Sepúlveda debe estar a punto de llegar.

-Eso espero. Tengo un incendio en casa

con María Luisa y su prometido; debo solucionarlo cuanto antes.

Habíamos quedado a en punto. -Así es.

Y no han pasado más que dos minutos.

-Confío que no tengamos problemas con la comisaría

a causa de la tardanza. -No tiene por qué.

-Más nos vale que desembuche

y que lo que cuente sea bastante para sacar a Antoñito de la cárcel.

Se me abren las entrañas al verle encerrado.

-El que confiese los otros timos de Belarmino

puede ser un gran empujón para su defensa.

-Un empujón para la calle.

Si Sepúlveda lo cuenta todo, no quedará ninguna duda

de que Antoñito no es más que otra víctima del desalmado ese.

-Mejor será que no nos hagamos ilusiones

e ir poco a poco. -Así es.

Siempre puede haber otro impedimento,

como que ese individuo no aparezca.

-Confío en que no se haya echado atrás.

-Eso no lo diga ni en broma.

-Lo digo completamente en serio.

Aunque también confío en que no tengamos que vernos

en esa adversidad.

-Ese se ha "cagao".

Que sí, que ese se ha "cagao".

Acuérdense de los peros que ponía para hablar.

-Démosle cinco minutos más.

Se ha podido retrasar por cualquier cosa.

-Nones. La cosa ya va para media hora.

Y una no espera tanto ni por el rey de España.

Me voy a buscarle.

-Te acompaño, no soporto tanta incertidumbre.

-Márchense. Yo me quedaré por si aparece.

(SUSPIRA)

¿Dónde se habrá metido este pollo?

¿Qué es esto?

¡Espere! ¿Quién es usted?

"No sigas o serás el próximo".

¿Qué te parece este para tu encuentro con ese hombre?

-¿No es un poco elegante? -Pamplinas.

El color te favorece y el corte resalta tu figura.

-La verdad es que es muy bonito. -(RÍE)

-Pero ¿no tiene el cuello

un poco cerrado? Para una cita,

¿no es mejor algo abierto? -Olga,

no quieras correr antes de echar a andar.

Es mejor insinuar

que enseñar.

-Está bien. Entonces, llevaré este.

La primera regla de una buena alumna es obedecer a su profesora.

-Haces bien. Te queda estupendo.

-Tengo tantas ganas de volver a verle.

Quiero saber todo sobre él.

-Lección número dos:

no muestres demasiado interés por él.

-Pero... ¿y si piensa que no me interesa

y se marcha? -Eso no va a ocurrir.

A lo hombres, les gusta que se lo pongan difícil.

Mostrar desapego es la mejor forma de manejarlos.

-Al final voy a tener que apuntar todas estas lecciones

en una libreta. ¿Cómo voy a acordarme de todo?

-No te apures, Olga.

A la postre, lo más importante

es que seas tú misma, que actúes con naturalidad.

Aunque sin descalzarte

ni comer con las manos. -No.

-(AMBAS RÍEN)

-Estoy segura

de que lo vas a hacer muy bien.

Ahora solo tienes que volver al lugar

donde le viste por primera vez... y fingir un encuentro casual.

-Espero que regrese por allí. -Verás como sí.

Estate muy atenta y escucha lo que dice,

para encontrar aficiones en común.

Así podréis entablar una conversación e ir conociéndoos.

-Sí que hay que saber cosas para seducir a un hombre.

¿Merecerá la pena?

-Seguro que sí.

-Da gusto ver a alguien sonreír en este barrio.

Que últimamente son todo desgracias.

-Bueno,

os dejo que habléis de vuestras cosas.

Yo voy a repasar mis lecciones.

Doña Rosina, pruebe este guiso y dígame qué le parece.

-Ay...

¿Por qué los has traído aquí? Podría haberme pasado por la cocina.

-Ya, pero usted está muy "ocupá". Ande, pruébelo.

Así... Y luego me dice qué le parece.

-Ay...

A ver.

Muy bien.

¡Uy!

¡Mmmm! ¡Por la Virgen de los Milagros!

Está muy sabroso.

¡Ay, por favor!

Si hay comida en el cielo,

tiene que saber de esta forma.

¡Madre mía, qué bien, Casilda!

¡Por favor!

Es que no sé cómo explicarlo.

¿Qué le has echado? Es como el guiso de siempre,

pero más sabroso. -Nada,

le he echado eneldo

y algunas otras cosas que he encontrado.

-Esto ha quedado de rechupete.

¡Madre mía! ¿Sabes qué? Debes preparar

un buen perolo para Liberto.

Seguro que le ayuda a superar las penas.

(Puerta)

¡Qué cosa más rica!

-Doña Rosina, la "señá" Fabiana. -Ya, ya la conozco.

Señora, le traigo la revista de "munismática", o como se diga,

que me pilló don Liberto. -Déjala por ahí, que no se manche.

-Pues sí que tiene

que tener usted apetito.

Comiendo a estas horas y sin poner el mantel.

-Casilda quería que probara este guiso.

Y está de toma pan

y moja. -¿Una nueva receta, Casilda?

-Más o menos. Con algunos ingredientes.

-¿Por qué no lo pruebas? Pruébalo

y dime si no es la cosa más rica

que has probado en tu vida. -No, señora.

Muy agradecida, pero no.

Es que lo mismo...

no me sienta bien. -¿Qué dices? Anda,

no le hagas ese feo a Casilda.

Pruébalo, te doy permiso. -Está bien.

Pues no está mal, no. No está nada mal.

-¿Que no está mal? Por favor, si está de empezar y no parar.

Bueno, acuérdate de prepararle un buen perolo a Liberto, ¿eh?

Yo me voy ya. Podéis seguir comiendo.

(RÍE) (CANTURREA)

-(SUSPIRA)

Le has echado una pastillita de esas del demonio, ¿no?

-¿Y qué si lo he hecho?

El caso es que los guisos salen muy ricos.

-No tienes conciencia, Casilda. Nos vas a envenenar

con estos potingues. Como se ponga mala doña Rosina,

ya verás tú.

-Pero bueno, señá Fabiana, no coma usted tanto,

a ver si se va a empachar.

-¿Qué me voy a empachar ni qué me voy empachar?

-Moje, moje la salsa con pan.

Parece que Olga y tú estáis a partir un piñón.

-Olga ha conocido a un hombre. Le estoy dando consejos

para que se acerque a él. Me gustaría que conociera

el amor. Ha sufrido tanto la pobre.

-Me parece muy bien. Además, así, tal vez,

sirva para que tú también superes tus miedos.

-No sé de qué miedos

me hablas. Yo no le temo a nada ni a nadie.

-Si eso fuera verdad,

no estarías aquí encerrada, Blanca. -Lo hago por mi hijo.

Por guardar reposo.

-Ya.

-¿Acaso no me crees?

-Pues no, Blanca.

Ayer me dijiste que querías evitar a Diego.

¿Esta es tu táctica?

¿Quedarte encerrada como una prisionera?

-Tienes razón.

Y es por esa causa.

No puedo verle.

-No puedes evitarle eternamente. -Lo sé.

Pero no se me ocurre otra forma de apartarme de él.

Nada, ni rastro de Sepúlveda. -Por aquí no ha dado señales de vida.

Hasta el guarda no sabía darnos razones de él.

Ha desaparecido como por arte de magia.

Es de suponer que se ha echado atrás.

Eso, en el mejor de los casos.

No me gusta cómo pinta esto. -¿Cree usted

que le ha podido ocurrir algo grave?

-Ya nos insinuó que alguno

había acabado bajo tierra por intentar desenmascararle.

¿Se está barruntando

darle matarile? -Quién sabe.

-Ese hombre ha entregado la pelleja por nuestra culpa.

-No, Lolita. Si le ha ocurrido algo, ha sido por relacionarse

con delincuentes. Nosotros no tenemos que ver en eso.

-Además, no sabemos que le haya sucedido nada.

¿Quién sabe lo que le ha pasado por la cabeza?

-¿Y qué vamos a hacer con Antoñito si no tenemos testigos?

-Quedan unos días hasta el juicio.

Encontraremos otros testigos. -¿Dónde?

-Según contó Sepúlveda,

Belarmino timó de la misma forma al Ayuntamiento de Cádiz.

Contactaremos con su edil. -Esperemos sacar algo.

No podemos fallar

a mi hijo. -Don Ramón, créame,

no voy a tirar la toalla, pase lo que pase.

-Sé que puedo confiar en usted.

Parece acalorada.

¿Viene de resolver algún asunto

de la exposición? -No.

Vengo de hacer algo mucho más importante.

He regularizado la situación

de Olga. En todos los registros,

la daban por muerta.

He anulado ese certificado y la he reconocido como hija.

A partir de este momento,

Llevará mis apellidos, como corresponde.

-Esa decisión la honra. Olga no puede ir por la vida

como si fuera una indocumentada. -No,

es mi hija.

Estoy muy feliz de que Blanca y tú

la ayudéis a integrarse en su nueva vida.

-Es lo que corresponde hacer con una hermana.

¿Qué le parece la disposición de las joyas

que he pensado para la exposición?

-Veo que has colocado en el centro el cuaderno de Jaime.

-Me parece el mejor lugar.

Creo que es buena idea

que se vea el proceso que seguía mi padre

en la creación de sus joyas.

-¿Has llegado a un acuerdo con Diego?

-Es imposible llegar a un acuerdo con él.

No puedo contar con Diego para casi nada.

-Entiendo.

Pero ¿la decisión ya está tomada?

-Mostraremos el cuaderno para que el dibujo del colgante Ana

pueda ser apreciado

por todo el mundo.

-A mi entender, has hecho lo correcto.

-Necesitamos una vitrina de máxima seguridad.

Estos dibujos son valiosísimos

para nosotros.

-Por supuesto, no puedes arriesgarte a poner en peligro

el legado de tu padre.

-Y menos después de lo que ocurrió con la tiara.

No podemos permitir otro robo. -No te apures.

Me encargaré de conseguir

las más eficientes medidas de seguridad,

cueste lo que cueste. -Se lo agradezco.

De no ser así, no me atrevería

a exhibir el cuaderno. -Confía en mí.

Ese cuaderno es el que explica la obra de tu padre,

es crucial exhibirlo para que todo el mundo pueda admirar

su talento. -En eso estamos de acuerdo.

Lo dejo en sus manos.

Pasear contigo es como hacerlo sola.

No has abierto el pico en todo el tiempo.

-Siento no prestarte la atención que mereces.

Ando inquieto por un asunto.

-¿Por Antoñito?

-Así es.

El testigo no se presentó a nuestra cita.

-Vaya, lo lamento. Con lo que os costó dar con él.

-La situación vuelve a ser delicada.

-¿Y qué vais a hacer?

-Sepúlveda nos dio algunos datos

que nos pueden servir para encontrar otro testigo.

-Seguro que lo encontraréis.

Y, si no, algo se te ocurrirá.

Por algo eres el mejor abogado de esta ciudad. Si me apuras,

de todo el país.

-¿Cariño?

¿Qué pasa?

Cariño, estás más pálido que si hubieras visto

que si hubieras visto un aparecido. -¿Qué me va a ocurrir?

Nada.

¿Por qué no subes a casa?

Te acompaño.

-¿Por qué esa prisa? Hace un día estupendo

para seguir paseando. -Sí, lo sé.

Y siento no poder prestarte más tiempo.

Pero tengo mucho trabajo pendiente.

-¡Ay, perdone, don Felipe!

Solo quería preguntarles si sigue en firme

lo que me dijo don Ramón de perdonarme la deuda.

-Lo siento, Servando.

No te he escuchado llegar y me has asustado.

Sí, la deuda está saldada.

-Ah, pues muchas gracias. Ya marcho,

no sea que le dé otro respingo y me suelte una tarascada.

Señora.

-(SUSPIRA)

-Cariño,

¿seguro que estás bien?

Te ha faltado una pizca para pegarle

un puñetazo. -Estoy con los nervios

a flor de piel. Tanto trabajo me descompone. ¿Por qué no subes

a casa? Vamos. -Como quieras.

A mí me da que aquí hay gato encerrado.

-Tranquila, está todo bien. Vamos.

¿Ha visto lo mucho que me ha cundido el trabajo

estos últimos días? -Sí, tardarás poco en acabarlo.

-He pensado que, cuando acabe este trabajo,

podría dedicarme a bordar pañuelos. ¿Qué le parece?

-No sé.

Me da igual, no tengo el cuerpo para pensar en estas minucias.

-Tiene que hacer un poder

y animarse. -No veo por qué.

Por si fuera poco el escarnio que he sufrido,

ahora hay que sumarle la discusión de Víctor

con el coronel.

-Ya, según he oído, fue de órdago.

-No me lo quito de la cabeza.

-A mí también me desconcierta el hecho, madre.

No doy crédito que Elvira

besara a Víctor. -Es difícil de entender.

Víctor es un hombre cabal y tiene una novia a la que adora.

-Tenía. Cuando ella se ha enterado del asunto,

ha roto relaciones con él "ipso facto".

-No me extraña.

-Maldita sea, la mala cabeza de ese muchacho.

¿Cómo se le ocurre enredarse

con esa casquivana? -No se puede decir

que sea una mosquita muerta.

-Volveremos a tener lío con el coronel.

Esa muchacha no nos ha traído más que problemas.

-No sufras, madre.

Seguro que encontramos la forma de arreglar todo este entuerto.

-Deberíamos decirle a Leandro que venga a defender a su hijo.

-No creo que sea necesario hacerle viajar desde París.

Seguro que, cuando llegara, el conflicto ya habría terminado.

-No podemos quedarnos con los brazos cruzados.

Quién sabe de lo que es capaz el maldito coronel.

-Usted sosiéguese, madre,

y déjelo en mis manos.

-Eso quisiera,

pero no puedo.

Si creo que me falta

hasta el aire. -Siéntese en el taller,

estará más tranquila. -(SUSPIRA)

El alma se me va

con cada suspiro.

¡Diego!

Qué casualidad encontrarte. ¿Cómo ha ido tu viaje?

-Olga, no..., no sé qué decirte.

Supongo que lo más importante es que he regresado.

No esperaba verte por aquí.

-Yo tampoco esperaba durar tanto en la ciudad.

Pensaba que me iban a sobrepasar tantas normas,

pero, poco a poco, me voy haciendo a esta vida...

tan civilizada. -Es cierto que se te ve muy cambiada.

Hasta parece que vas vestida como Blanca.

Estás muy arreglada.

-Me lo tomaré como un cumplido.

Estoy haciendo un gran esfuerzo por cambiar.

O por lo menos no parecer un bicho raro.

-Sin duda

lo estás consiguiendo. Te pareces mucho a tu hermana.

-A veces me resulta complicado.

Siempre habrá personas...

que me vean como la salvaje que llegó

a la ciudad.

Y me hacen muy difícil

convertirme en una persona normal. -Imagino que te refieres a Úrsula.

-No encontramos ningún punto

de acuerdo.

No entiendo cómo Samuel y Blanca viven tan felices bajo su techo.

-Para mí también es un misterio.

-Yo no puedo soportar lo controladora que es.

Cómo trata de manipular a todo el mundo.

Es como una araña,

que no deja de tejer sus redes.

-Sé muy bien de lo que me hablas.

Me da mucha pena que mi hermano

haya caído en sus garras.

Pero yo no me voy a entrometer.

Yo no puedo hacer nada para impedirlo.

-¿Te apetece que nos sentemos y charlemos un rato?

Nos vendrá bien a los dos

despejarnos de estas cuitas.

-Me parece una gran idea.

¿Estás bien? -Sí.

Bueno, algo preocupado por mi madre.

Se le han juntado demasiadas cosas.

-Ya, por eso nos corresponde a nosotros mantener la calma

y tener la mente fría y despejada.

Espero que solo sea eso

lo que te turba.

-¿Qué más habría de preocuparme?

-No sé. Algún fantasma del pasado que regresa con fuerza

en estas circunstancias. -¿Lo dices por Elvira?

¿Quieres saber si me importa que besara a Víctor?

-Así es.

-Escúchame, Adela, has de saber que las chiquilladas de Elvira

me importan un comino.

Ya la saqué de mi vida.

-Pues estás inquieto.

-Así es. Pero quien me preocupa es Víctor.

Sé cómo se las gasta el coronel, y temo por él.

Discúlpame.

Tengo asuntos que resolver.

Quería pedirte disculpas por la discusión que tuvimos

antes de que emprendieras tu viaje. -Dejaste mi casa hecha una cuadra.

-A veces me cuesta...

contener mi carácter.

Es como un volcán en erupción.

-Ya podrías haberla tomado así con la casa de Úrsula.

-(AMBOS RÍEN)

-Supongo que...

pensé que había encontrado un amigo en ti.

Y supongo que me sentí abandonada.

Y entré en cólera. Por eso tuve esa...

reacción tan desproporcionada. -Sobre todo con mis muebles.

-Espero que puedas perdonarme. -Por supuesto.

Olga...

Yo tampoco te traté con mucho tacto.

-Te equivocas.

Me trataste mucho mejor

de lo que estaba acostumbrada -No.

-Siempre he terminado al lado de alguien

que me ha hecho daño.

Y no hablo solo de Úrsula.

Un hombre... me recogió cuando... ella me abandonó.

Y me dio la peor vida que se le puede dar a una niña.

Sentí en mis carnes atrocidades que...

Prefiero... no recordarlas.

-Olga,...

tienes que sentirte muy orgullosa de ti misma.

Eres una superviviente.

-Los dos...

lo somos.

Bueno, no quiero aburrirte con mis historias.

Seguro que tienes cosas de más enjundia

que estar aquí escuchándome. -Si te apetece,

puedes venir a cenar a mi casa, y seguimos charlando.

-Está bien.

Así podrás comprobar

lo bien que manejo ya los cubiertos.

Ahora tengo que marcharme.

Te veo esta noche.

"Bienvenido".

(Puerta)

-¿Te sientes bien?

Llevas todo el día en casa. -No me ocurre nada.

Guardo reposo por el bien del niño.

-Está bien que quieras cuidar de nuestro tesoro,

pero tienes que estar aburrida de estar encerrada.

¿Seguro que no quieres dar un paseo?

Has pasado de no querer entrar en la casa a no querer salir.

Estoy empezando a inquietarme.

Llevas un par de días ausente. -Haces muy mal, estoy perfectamente.

No quería importunarte, sé que tienes mucho trabajo

con lo de la exposición.

-Sí que me está generando algún que otro quebradero de cabeza,

pero he accedido a mostrar el cuaderno de mi padre.

-Me pediste que lo guardara a cal y canto,

que no permitiera que lo tocara nadie,

especialmente, Úrsula. ¿Cómo es que has cambiado de opinión?

-Considero que su legado va a estar bien protegido.

Será todo un reclamo para la exposición

mostrar la génesis de sus ideas.

-Si así lo crees, será lo correcto.

Estás demostrando

ser un gran empresario.

-Espero ser un gran marido

y un gran padre.

-No me cabe ninguna duda de que lo serás.

-Soy un hombre muy afortunado. No hay ninguna mujer como tú.

-Disculpa.

Estoy fatigada, lo siento.

-Nada tengo que disculparte.

En tu estado, lo más normal es sentir fatiga.

Comprendo que no es el momento más oportuno

para ciertos menesteres. Te dejo descansar.

Por su cara intuyo que no son buenas las noticias que trae.

-Así es.

Lo lamento, pero Sepúlveda

no se ha presentado a la cita que teníamos para declarar.

-Pero ¿y le han buscado? -Por todas partes.

Pero parece que se le hubiera tragado la tierra.

No podemos dar con él.

-(SUSPIRA) Nunca voy a salir de aquí, padre.

Estoy perdido. -No digas eso, hijo mío.

Ya encontraremos otra solución.

-Que no, no se engañe. Deben resignarse y olvidarse de mí.

Cualquier cosa antes de que sigan sufriendo.

-Eso nunca, ¿me oyes?

Vamos a luchar hasta el final

para poder demostrar tu inocencia.

-Pues no sé cómo. -Si no aparece Sepúlveda,

ya encontraremos otro testigo.

No te voy a abandonar.

Jamás, Antonio.

(Golpes)

Se ha terminado el tiempo. ¡Arreando!

-Confía en mí.

-Por favor, padre, no dejes sola a Laurita.

Debe cuidar de ella y protegerla.

No sabemos de lo que esta gente

puede ser capaz. -Cuenta con ello.

Aguanta, hijo mío, sé fuerte.

-Qué bonita escena con el caballero. Casi se me saltan las lágrimas.

-Déjeme en paz.

-Espero que no se haya ido de la lengua

con su papaíto como lo hizo con el abogado.

-No sé de qué me habla.

-Sí que lo sabe.

-Por su culpa me mandan al penal del hueso.

Los huesos se me van a helar

de tanto frío.

Ya le dije que mantuviera la bocaza cerrada.

Ahora me voy a cobrar con creces lo que me ha hecho.

¿Pensabas que te ibas a ir de rositas?

Todavía me debes una explicación.

-No tengo nada que hablar con usted. -¿Cómo te atreves a besar a mi hija

como si fuse una cualquiera, tuercebotas?

-A su hija la he tratado siempre con sumo respeto.

Esto fue un arrebato, y fuimos los dos.

Nos dejamos llevar por una espiral de sentimientos

que nos hicieron perder la cordura.

-¿Dices que mi hija deseaba ese beso? -Le digo que no la besé a la fuerza.

Pero no le hemos dado ninguna importancia

ninguno de los dos.

Fue un juego pueril.

-Que mi hija reparta sus atenciones al albur

con el primero que encuentra,

sin prestar atención a las consecuencias,

no es algo pueril.

-Fue una tontería, fruto de la confianza que nos tenemos.

-Entonces ¿es una fresca y besa por pura diversión?

-Le está dando mucha importancia

a algo que es una simple anécdota. -¡Y un cuerno!

¡Lo será para ti!

Para mí, es una afrenta

a mi honor, mis galones y mi apellido.

Esto solo se puede solucionar

en el campo de honor. -¿Qué quiere decir?

-Que te reto a un duelo.

-No puede estar hablando en serio.

Si fue un beso inocente.

Está todo aclarado, no hay ningún honor

que defender. -Sí lo hay para mí.

Haberlo pensado antes.

Y ya puedes ir preparándote... a morir, lo más seguro.

-Víctor, lo he escuchado todo. ¿Estás bien?

-Sí.

Aunque me temo

que no por mucho tiempo.

Muchas gracias. Puede retirarse.

Si necesitamos cualquier cosa, yo me encargo.

¿Muy fuerte para ti?

-Bueno...

-(RÍE) Se te ve muy cambiada.

Parece que la ciudad

te está sentando de maravilla. -Así es.

Mi espíritu es otro.

Durante un tiempo, pensé que me merecía

lo que me ocurría,

que era una especie de demonio

y que mi madre obró bien en abandonarme.

Por eso...

actuaba de manera violenta,

estaba a la defensiva. No sabía hacerlo

de otra manera. -Yo también me he sentido el villano

de esta historia es muchas ocasiones. (SUSPIRA)

Samuel, el hijo bueno, el sensato.

Y yo, el aventurero,

el impulsivo, el violento.

-Yo también me sentí así cuando conocí a Blanca.

Parece ser que este es nuestro sino, ser la oveja negra de la familia.

Pero...

a ti nadie te puede reprochar que no te hayas ocupado de tu padre.

-Yo también cometí un error terrible en el pasado.

En alguna forma...

yo soy culpable de todo lo que está pasando.

Siento si te he importunado. -No tienes que disculparte de nada.

Me ha sorprendido. (RÍE NERVIOSO)

Ya no estoy acostumbrado al contacto de otras personas.

De una mujer.

Llevo demasiado tiempo solo.

-Sé de qué me hablas.

Yo nunca he estado con un hombre que no me violentara.

Y dudo mucho... poder tener una relación con un varón

sin pensar en todo aquello. -Chist... No digas eso, Olga.

¿Nunca te han dado un beso... solo por amor?

-Nunca.

A juzgar por tu cara,

parece que las cosas han ido bien con ese hombre misterioso.

-Ha sido la noche más increíble de toda mi vida.

He conocido a alguien.

-Una mujer, entiendo.

-A una mujer

que me recuerda mucho a otra mujer.

-A Blanca, quizás. -Realmente, ya la conocía.

Bueno, no, es como si la estuviese redescubriendo

de nuevo. Y sí, me recuerda a Blanca, tiene algo...

Hasta los mismos gestos,

el mismo perfume, vestidos idénticos...

-No me suena muy sano eso, Diego.

-Ya.. -Pero me alegro de que salga

con alguien. Le vendrá bien

un soplo de aire fresco. -Exacto.

Eso es lo que necesito.

-Buenas tardes, Leonor. El carruaje

nos espera, querida.

-¿Adónde van? -Mañana se inaugura la exposición

donde se expondrá el dibujo

de uno de los diseños más importantes de mi padre:

el colgante Ana.

He tenido que rogarle a mi esposa que me acompañara

a por la reproducción.

No puedo dar un paso sin su opinión y buen criterio.

El coronel Valverde ha retado a Víctor a un duelo.

-¿Cómo? -¿A Víctor?

-¿Y a santo de qué reta a Víctor?

¿Qué le ha hecho ese pobre muchacho

para ofenderle al coronel?

Trini, ¿qué ocurre?

¿Qué me estáis ocultando? -"Este tipo"

es muy peligroso.

Juega muy duro.

Creo que al final se va a acabar saliendo con la suya.

-¿Qué trata de decirme?

-¿Y si me declaro culpable?

-No diga eso ni en chanza. No puede rendirse.

No ahora. -Mi vida ya no importa.

No quiero que sufra nadie más...

ni que le hagan daño a la gente a la que quiero.

-No puedo con esta incertidumbre, sabiendo que le estoy haciendo daño.

-Daño te va a hacer el cachiporrazo que te va a dar Ramón.

Sabe los motivos de vuestra ruptura y anda muy enfadado contigo, mucho.

-¿Usted cree que a mí eso me importa?

Si no me mata su esposo, me mata el coronel

en el duelo. Y a mí lo único que me mata

es no poder ver a María Luisa.

-¿De qué duelo estás hablando?

-"Trato de seguir adelante"

y de no pensar.

Quiero a mi esposa y admiro su bondad por encima de todas las cosas,

pero, no lo sé, hay un rincón en mi corazón, en lo más hondo,

donde siempre está Elvira.

Hay amores que uno nunca...

consigue sacarse de dentro.

-¿Todavía estás enamorado de ella?

-"¿Vas a perdonar a tu tía?".

-No puedo estar enfadado con ella.

-¡No puedo consentir que no me defiendas! ¡Soy tu esposa!

Si la perdonas, me ofendes, así que tú verás lo que haces.

-"¿Qué hace aquí, Gayarre?".

-He venido a hablar con usted.

-Usted y yo no tenemos nada de qué hablar.

He venido a hacerle una propuesta,

no a escuchar lo que piensa usted de mí.

¿A qué viene esa cara?

¿No te estarás enamorando de él?

-No, no, no, claro que no.

Qué tontería. -Espero que no estés olvidando

que nos jugamos mucho en todo esto.

Juntas hemos de conseguir

que Blanca se aleje definitivamente de Diego.

Es el único que puede salir en su defensa

y protegerla.

Ese niño que Blanca lleva en su vientre

es mi última oportunidad para empezar de cero.

Y no voy a desaprovecharla.

Ese niño... es mío.

  • Capítulo 654

Acacias 38 - Capítulo 654

05 dic 2017

Arturo reta a duelo a Víctor tras saber que besó a Elvira. María Luisa corta con el chocolatero. Olga finge haber encontrado un hombre y Blanca la anima a conquistarlo, sin saber que ese hombre es Diego. Leonor enfrenta a Blanca a la decisión de qué hacer con su cuñado.

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