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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 651 - ver ahora
Transcripción completa

No debí dejarte en el bosque.

Sufriste lo indecible

a manos de ese hombre sin escrúpulos,

mi corazón.

-Lo importante es que ahora estamos las tres juntas otra vez.

-"Le ha denegado la condicional".

¡No! ¡No, no y no!

Pero ¿qué mal puede hacer mi Antoñito en las calles?

El juez cree que hay riesgo de fuga.

-¿Y en qué consiste la obra? -Todo a su debido tiempo.

Mañana lo descubrirán.

Pero les aconsejo que no se la pierdan.

Sobre todo usted, doña Susana.

-No me la perdería por nada del mundo.

-"No tengo hambre". -He dicho que coma.

-"Me alegra verte tan dispuesta".

Tienes muy buena cara, -Tengo que agradecerte muchas cosas.

No sé qué habría pasado si Samuel encuentra esa carta.

¿Se la has enviado ya? -No.

Eso me lo dio su hijo "pa" usted.

Dudé si dársela o no porque no sé si son muy duras las palabras que pone.

Pero quizá sea lo mejor.

-"Solo pienso en mí y en mi felicidad".

Has seguido a tu corazón, y eso no está mal.

Está mal si a cambio privo a mi hijo del hijo perfecto

y hago daño a Samuel.

-A la primera persona a la que no tienes que hacer daño es a ti misma.

¿Crees que soy una mimada y estúpida

que se deja comprar con regalos y cumplidos?

No te intentó comprar.

-No me conoces en absoluto. -Espera, espera.

Vamos a aclarar esto. ¿Qué pasa?

-¿Quieres saberlo?

-"Hasta siempre".

¿No te imaginas los motivos de mi enfado?

-Lo que he hecho ha sido invitarte a pasar unos días a París.

-¿Te parece poco?

-Vamos a conocer la ciudad por nosotros mismos.

Esto nos va a ayudar a tomar una decisión.

-Una decisión que parece que has olvidado, yo ya he tomado.

-Sin haberlo reflexionado.

Hasta tu padre me ha dado permiso.

-Pareces haber consultado a todos menos a mí.

-Porque creía que esto te iba a hacer ilusión.

-Tan contenta como unas castañuelas.

-Esto era lo mejor para los dos. -No, Víctor.

Esto es lo mejor para ti.

Tratas de decidir por mí.

Pero ni te has tomado la molestia de consultarme.

-Lo estoy haciendo ahora. -Sí, a toro pasado,

cuando ya tienes los billetes.

No has pensado que a lo mejor

yo no querría separarme de mi hermano ahora.

No es el momento de alejarme de los míos.

-¿De los tuyos? ¿Y yo quién soy?

Deja de comportarte como una niña, al amparo de tu padre.

Tú también tienes una vida junto a mí.

-A lo mejor, esa vida que me ofreces no me interesa.

Y te equivocas, ya no soy una niña,

soy una mujer adulta que ha tomado una decisión.

Me quedo con mi familia. Haz lo que te plazca.

Ramón, por mucho que mires la carta de Antoñito, no se va a leer sola.

-No logro reunir el coraje para hacerlo por mí mismo.

-Pues quizás debas dejar la lectura para mañana.

Hoy ya estás muy angustiado. -No, Trini.

Nunca he sido amigo de esconderme ante las adversidades.

Debo saber lo que mi hijo tiene que decirme.

¿Te importaría leérmela?

¿A qué esperas? No te guardes el contenido.

-Necesito que entiendas que Antoñito está pasando unos días muy duros.

Y es probable que lo que dicen estas líneas no es lo que sienta.

-Deja de ponerme paños calientes y dime lo que dice.

-Está bien, como quieras.

(LEE) "Padre,...

sé que le he decepcionado en muchas ocasiones.

He cometido errores, y algunos muy graves.

-No sé por qué tanto miedo en leérmela, de momento,

estamos de acuerdo. -Tú lo has dicho,

de momento.

"Sin embargo, ahora es usted quien se equivoca".

"Ahora es usted quien me decepciona". Tiene bemoles el pollo.

"Es terrible comprobar que tu padre te niega

lo que la ciega justicia te otorga sin vacilar:

el beneficio de la duda. Me rompe el alma

saber que usted ya me ha condenado". -Esas palabras

hieren como dagas. -"No es pasar los días encerrado

en esta fría celda lo que está venciéndome,

sino sentir que un sagrado vínculo se ha roto entre nosotros:

que ya no me considera su hijo".

(Puerta abriéndose)

Calla, no sigas leyendo la carta, no quiero preocuparla más.

-Será cretino... ¿Por quién me ha tomado?

-Pierde cuidado.

No creo ni que se percate de nuestra presencia.

Ramón, querido, ¿quieres que siga leyendo?

Por lo que he podido atisbar, el resto tiene el mismo contenido.

-Tengo que terminarla por mí mismo.

Tranquilo.

Tranquilo, Servando. Tranquilo, que ninguno de estos lechuguinos

se parece al criminal ese ni en el blanco de los ojos.

Además, ¿qué va hacer ese mal bicho por Acacias?

Con Servando

no hay quien se meta, hombre. Faltaría más.

¡Ay! ¡Ay, no me haga daño! ¡No me haga daño!

No me haga daño.

-A ver, Servando, estamos buenos, hombre.

¿Qué pasa?

Ande, ande, ande y baje la escoba, que las carga el diablo.

-De verdad, Fabiana, que me ha dado un susto

que casi se me sale el corazón del pecho.

-Vaya, hombre, ni que fuera una tan fea como para causar

semejante espanto.

¿Está usted bien? -Sí.

-Que parece más raro de lo habitual,

que ya es decir. -Sí, sí. No, no, sí, sí.

Estoy perfectamente bien.

-¿Está bien? En tal caso, esmérese con la escoba,

que tiene que relucir el barrio que dé gloria.

-No, no, no, de la acera que se ocupe otro.

Que no, que yo hoy no.

Bastante faena tengo yo ya con el portal.

-Si siempre se ha encargado.

-¡Esta vez no me encargo yo y punto redondo!

Que... Que no, Fabiana, que estoy mucho más tranquilito

y protegido ahí dentro. -Bueno, pues usted sabrá.

Que donde hay patrón, no manda marinero.

Ale, yo ya marcho para el quiosco.

Ay, qué raro.

¿Martín?

¿Pero qué haces escondido en la portería?

Me temo que, para su desdicha,

no soy ese tal Martín.

Po... Po... -Pozoblanco.

-Pues eso.

-El mismo que viste y calza.

No trate de huir, se lo advierto.

-No, si ya me gustaría,

pero me tendrían que funcionar las piernas para eso.

-Usted y yo tenemos una conversación pendiente.

-¿Y para eso ha venido usted? Qué tontería.

Me podía haber enviado una carta.

-Nadie que me delate a la Policía vive para contarlo.

-Si yo no digo... Yo no digo nada.

Ni: "Esta boca es mía".

Yo soy un muerto.

-Usted lo ha dicho.

Como un muerto. -Ya.

-¿Sabe...

por qué me llaman Pozoblanco?

-No lo sé. ¿Porque le gusta el agua limpia y cristalina?

-No. -No.

-Porque en un pozo acaban los que me la juegan.

Y blanco... -¿Eh?

-Porque los futuros finados empalidecen al verme.

-Vaya por Dios, pues me gustaba más mi explicación, la verdad.

-El parné que cobró de la Policía cavará su tumba.

-Pero que tampoco hay que ponerse tan tremendo, de verdad.

Yo le doy el parné y aquí paz y después gloria.

-Eso no limpiará la afrenta.

¿Qué dirían de mí si supiesen que le dejé vivir?

¡Tengo un mal nombre que mantener! -No, no. Pues mire,

puede decir que yo soy su cómplice

y que se dejó detener para quedarse con la recompensa y así burlarse

de la autoridad. Bueno, bueno,

esto sería una hazaña contado en todas las tabernas.

Y además, le daría mucho lustre a su leyenda.

-Quizá...

Quizá no sea tan mala ocurrencia. ¿Dónde está el monís?

-¿Eh? El... El monís, sí. Sí, el...

Aquí.

Creo que acaba de ganar un socio.

-¿Ah, sí?

Pues si somos socios,

algo me tendré que sacar, ¿no?, a cambio.

-Y lo ha hecho.

Sigue con vida.

-Pues mirado desde ese punto de vista,

tampoco está tan mal el cambio.

Estoy deseando ver los puestos abiertos de nuevo.

-No tendrás que aguardar mucho.

Esta tarde la feria nos tronará con su algarabía.

-Hoy no vamos a faltar, que ya trabajamos demasiado.

-Me hace mucha ilusión ir.

Solo fui a una feria de niña y apenas lo recuerdo.

-Espero que los disfrutes.

Yo me quedaré en casa.

-¿No le apetece acompañarnos? -No mucho.

No deja de inquietarme el encuentro con el coronel

y su insistencia en que acuda al puesto de títeres que pagó.

-No hay nada que temer de tan inocente espectáculo.

Además, yo estaré a su lado.

-Voy a seguir con la faena, avanzo un poco en el manto.

-Con lo atareada que he estado con los vestidos

que Úrsula ha encargado a Olga, no te he ayudado.

-Gracias.

Por eso no se preocupe.

Olvídate ya

de esa mujer, Simón.

De lo que tienes que preocuparte es de estar feliz con tu esposa,

en la feria.

-Y junto a mi madre.

Padre,

¿le importa si voy un momento a saludar a Víctor?

Quería comentarle unas cuitas. Ve.

Me alegro de verte.

Pero no me hagas esperar, cuéntame. ¿Qué tal anoche con María Luisa?

¿Mi cara de funeral no es respuesta para satisfacer tu curiosidad?

¿Cómo? ¿Acaso no tembló de emoción al ver los billetes a París?

Pues no fue la emoción, sino la ira lo que la invadió.

¿Se enfadó?

Me cuesta creerlo.

A mí ya nada de lo que haga puede sorprenderme.

Vamos, cuéntame qué sucedió.

Hablando mal y pronto, me envió a freír espárragos.

Nadie va a usar esos billetes.

Más vale que me olvide de pasear con ella por los Campos Elíseos.

Cuánto lo lamento.

Nunca pensé que María Luisa pudiese negarse.

¿También crees que soy un egoísta que solo piensa en sí mismo?

De ninguna de las maneras.

Eres el hombre más bueno y generoso que he conocido.

No me gusta verte tan triste.

Ya verás como María Luisa recapacita y todo se soluciona.

No estoy yo tan seguro de eso. Dale tiempo.

De momento, esta tarde quiero verte en la feria y sonriendo.

Como no te vea, vendré a llevarte de una oreja.

Le ruego que recapacite.

Tiene que darme más datos si quiere salir bien de esta.

Su única esperanza es que demos con Belarmino, el responsable

de la estafa. -Por mucho que insista,

no puedo contarle más.

Le he dicho que no sé dónde puede esconderse.

-Escúcheme.

Por el respeto a su padre, permítame un consejo.

Si todo ese asunto

de Belarmino es una cortina de humo para ocultar sus crímenes,

será mejor que lo olvide.

-Que no, que le digo la verdad. Él me engañó.

-Solo le digo que si no es así, debería declararse culpable.

El juez será más benévolo con un criminal

que muestra arrepentimiento y acepta sus crímenes.

No.

Lo siento mucho, no cargaré con un crimen

que no cometí. Me dan igual las consecuencias.

-Como desee.

Si recapacita, hágamelo saber.

Lamento su tozudez.

Ha perdido una oportunidad única.

¿Sabe qué? Que no me da miedo.

Y que a lo mejor es usted el que debe cuidarse de mí.

Porque si le digo al comisario que usted me extorsiona,

no tardará en ponerle de patitas en la calle.

-Se equivoca.

Usted no va a delatarme.

-¿Por qué?

-Ya se lo dije.

Si me delata,

lo que va a sucederle ahora mismo también le pasará a los que ama.

Yo personalmente me encargaré de ello.

El sombrero te queda fetén, querida.

-Agradecida.

-En cuanto lo vi en tu escaparate, decidí comprárselo.

-Tu hija no es la misma que llegó a nuestras calles.

Cada día está más elegante

y más bella.

-Se lo debo al cariño de mi hermana

y, sobre todo, a mi madre.

-Disculpen que les interrumpa,

pero he traído unos trajes para arreglar.

-Descuida, Celia.

Enseguida estoy contigo.

Solo me estaba despidiendo de Olga y Úrsula,

que me compran ese bello sombrero. -Sí que lo es.

Por lo que veo,

no es lo único que estrena.

Recuerdo oler ese perfume. ¿Qué es?

-Mi madre lo ganó en la tómbola de la feria. Nos aseguraron

que venía de París.

-Voy a tener que jugar esta tarde en la feria.

-Bueno, tenemos que irnos. Con Dios.

-Con Dios. -Con Dios.

Te has convertido en la admiración de Acacias.

-Insisto en que todo se lo debo a usted.

-Esta tarde podríamos merendar en La Deliciosa

antes de ir a la feria.

Hola, madre.

¿Qué te sucede?

¿Estás llorando?

-¿Podrá perdonarme

por lo que le hice aquel aciago día?

Estaba ofuscada, fuera de mí.

-Por supuesto.

Queda olvidado.

-Para mí no lo está, mientras siga viva.

Si aquel cuchillo llega a llevarse su vida,

también habría arrebatado la mía.

Aunque no hayamos estado casi juntas,

la he amado tanto...

He deseado con tanto ahínco estar como estamos ahora,

como madre e hija...

-¡Chist!

No sigas, hija mía.

Dejemos de una vez por todas

el pasado.

Disfrutemos de lo que tenemos

y de lo que está por venir. -Sí.

-Pero no siempre

será un camino sencillo.

Seguro que hay alguien que no ve con buenos ojos nuestra unión.

Pero solo así,

unidas como madre e hija,

podremos enfrentarnos a las pruebas que nos ponga la vida.

Mi niña.

Estoy deseando que Samuel regrese

y nos cuente cómo encontró a esa niña.

Quiero saber si se adapta al colegio.

-Te adelanto que las noticias serán halagüeñas.

Hoy me he pasado por el colegio y vi a la niña dichosa.

-Cuánto me alegra escucharlo, Leonor.

Hay veces en la vida que es sumamente difícil saber

cuál es el camino correcto que se ha de tomar.

Pero cuando este al fin se abre ante una,

se esfuman todas las preocupaciones.

-Tengo la impresión de que tales palabras

no se refieren tanto a la pequeña Lucía como a ti misma.

-Me conoces bien, amiga.

-Blanca,

¿ya has tomado una resolución sobre la carta a Diego?

-La única correcta: romperla en mil pedazos.

Ya basta de tribulaciones y dudas.

He recuperado a mi hermana,

tengo un marido bueno y sensible que nos amará

con dedicación a mi hijo y a mí.

Estoy agradecida por lo que tengo.

-Me alegra verte más animada.

Blanca, ¿estás bien?

¿Qué te sucede? ¿Te has vuelto a marear?

-No, no, ha sido solo un momento.

-No, Blanca, me preocupas.

No es normal que padezcas vahídos.

Venga, será mejor

que volvamos a casa.

De piedra me he quedado.

O sea, que se enfrentó usted solo a ese terrible malhechor.

-Sí, sí. Bueno,

fue una pelea Homérica, una verdadera lucha de titanes.

-Mire, eh.

Mire que ese tal Pozoblanco es una mala bestia.

-No, no, bueno pero conmigo dio con la horma de su zapato.

Más que pozo, parecía un charco. Debía verle rogándome

que no le pegara más. -Cómo me hubiera gustado verlo.

¿Y qué sucedió después? -Pues nada, que tuve la mala fortuna

de resbalarme mientras le daba la tunda

y el muy truhán salió corriendo,

no sin antes haberme robado el dinero

de la recompensa. -¡Será bribón!

Pero ya no hay decencia ni entre los ladrones.

-No, no, no. Así nos va, Jacinto, así nos va.

Claro, no, no. Y el tipo

se fue con todo el monís. Con el rabo entre las piernas.

-De haber estado, otro gallo cantaría.

Y no le digo nada si está la Eusebia, sí que hubiera salido mal parado.

-La Eusebia. ¿Es una moza de su pueblo?

-Es mi oveja favorita. Pero cuando le entra

el mal genio, mejor no ponerte en su camino.

-Ya. No, no, pues bien nos hubiera venido la ayuda de la oveja.

-Lo que debe hacer

es ir y denunciar de nuevo a ese malnacido.

-Qué va. -Sí, sí. Y usted recupera el parné,

la recompensa. -No, que de nada serviría, Jacinto.

Si del miedo que me cogió

estará todavía corriendo. Ya habrá pasado la ciudad.

Bueno, y el país si me aprietas.

-Lo que no sé es cómo se las arreglará para reunir de nuevo

el monís para pagar sus deudas.

Mire, por ahí viene

mi Casilda.

Se quedará de piedra

cuando se lo contemos. -No le diga nada,

es muy impresionable.

-Reunión de pastores, oveja muerta.

¿De qué hablabais, que os quedáis callados?

-De nada que te interese, prima. -Ah.

Pues sí que estamos misteriosos, sí. Bueno,

pues no me lo cuentes. Mejor así.

Si total, conociéndoos, seguramente sea una "tontá".

Ale, con Dios. -Adiós.

-Ah.

¿Y mi hijo?

Cursé las peticiones oficiales para visitarle,

no puede impedírmelo. -Nada más lejos de mi intención.

-¿Entonces?

¿Acaso él se ha negado a verme?

-Se equivoca.

Simplemente ha sucedido un percance. -¿Un percance?

¿Dónde está mi hijo? Exijo una respuesta.

-Temple, don Ramón. Se encuentra

en enfermería. -¿Enfermería?

¿Qué le ha ocurrido? -Aún es pronto para saberlo,

pero iniciaremos una investigación.

Puede estar tranquilo. -No, comisario, hasta que le vea

y compruebe que nada le ha ocurrido.

Debería levantarme ya.

El mareo no ha sido para tanto.

De verdad, madre, está exagerando. -Y tú pareces no tomarte las cosas

en serio. Has querido hacer vida normal demasiado rápido

y el doctor te recomendó reposo.

Blanca, hija...

Ahora no solo debes cuidar de ti, sino también de la criatura

que estás engendrando.

¿Qué hubiera pasado si caes por las escaleras?

¿Qué le hubiera sucedido al crío?

-No quiero ni imaginarlo.

Tiene usted razón.

Debo ser más cuidadosa.

-Ya he dado aviso al doctor. No tardará en llegar.

-Aquí me encontrará, reposando como una niña buena

y obediente.

-Eso es justo lo que quería oír.

-Pero no hace falta que se queden

aquí conmigo, vayan a la feria, como habían planeado.

-De ninguna manera. Ya habrá tiempo

para divertimentos, ¿verdad? -Claro.

-Lo primordial es cuidarte. -Madre...

-¡Chist!

No quiero oír ni una palabra. Poco te ha durado

el propósito de obedecerme.

Olga, dejémosla descansar.

Blanca debe dormir un poco.

Ahora vendrá Carmen a limpiar el cuarto.

Hombre, Samuel, qué alegría verle.

¿De dónde viene tan satisfecho? -Del Carlota de la Serna.

-¿No le parece pronto para apuntar a su hijo?

No ha nacido todavía.

-Vengo de visitar a una niña. Lucía se llama.

-Ah. ¿La hija de algún amigo? -No. Es una pobre criatura

que rescaté de la calle para protegerla. Gracias a Leonor

hemos podido instalarla en el colegio.

-No me extraña su sonrisa.

Nada más gratificante que hacer lo que uno debe.

No es ese el único motivo de su dicha.

-No se equivoca,

ha de saber que por fin mi matrimonio está pasando un dulce momento.

-Y no sabe cuánto me alegro. No precisaba más

que de un poco de tiempo para que se arreglara.

-Y no se equivocaba.

Aunque esta vez ha habido otro hecho que nos ha beneficiado

a ambos. Me refiero a la marcha de Diego.

-Ah, sí. Sí.

Su marcha ha sido buena incluso para sí mismo.

Diego no terminaba de adaptarse a este barrio.

-Perdonen que me entrometa, pero escuché que hablaban de Diego.

¿Cómo está su hermano? ¿Alguna noticia?

-No. Y créame que lo lamento. Precisaba contactarle

para encargarle unas gemas, pero no hay manera.

No nos dejó seña alguna.

¿Cómo no ha podido obtener su dirección?

¿Acaso no ha hablado con Blanca?

-No.

¿Acaso ella debería haberme contado algo?

Ahí está su hijo.

¡Antonio!

Antonio, ¿qué te ha ocurrido?

¿Quién es el responsable de esto?

-Tranquilícese, padre. Le aseguro que no es lo que parece.

-¿Qué otra explicación hay para esas marcas

que unos puñetazos? Dímelo, te estoy esperando.

-No, no busque otro culpable que no sea yo mismo.

-¿Pretendes que me crea que esas heridas te las causaste solo?

-Sí. Con la ayuda del camastro de mi celda.

Torpemente resbalé y me golpeé en el ojo con una de las esquinas.

-Eso afirma

desde que le encontramos así.

-Debes tener cuidado.

-Sí. Tiene razón.

-Comisario, ¿puedo quedarme con mi hijo a solas unos momentos?

-Esperaremos fuera.

Si le soy sincero, padre,

reconozco que no imaginaba volver a verle por aquí.

-Ya lo sé.

Soy consciente de que piensas que no quiero saber nada de ti.

-Imagino que Lolita le hizo llegar la misiva que le di.

-Por eso he venido.

-Créame que lo siento, padre, no debí escribir esas líneas.

Fue fruto de la soledad y la desesperación.

Pero...

mi intención no era ofenderle. -Detente, Antonio.

No hay nada de lo que debas arrepentirte.

En nada de esa carta faltaste a la verdad.

Al contrario,

si hay alguien que debe pedir disculpas, soy yo.

Estoy tan avergonzado... -No, padre,

no diga eso. -Es la verdad.

Soy tu padre, Antonio.

Y no debería haberme dejado llevar

por la duda y por la vergüenza.

Debí haber creído en tu inocencia desde el primer instante.

Pero hay algo aún más imperdonable.

-¿El qué?

-El haber consentido con mis actos

que llegaras a dudar de que yo te amaba.

Hijo,...

te doy mi palabra

de que nunca más voy a volver a fallarte.

Nunca más vas a volver a sentirte abandonado por los tuyos.

Voy a hacer lo imposible por sacarte de esta cárcel.

Da gusto ver el barrio tan alegre.

-Elvira, ¿sabe qué obra ha contratado su padre?

No. Lo ha llevado todo en el mayor de los secretos.

La verdad es que no deja de sorprenderme su elección.

No es lo que se dice un amante de las artes escénicas.

Y mucho menos de los títeres. -En todo caso,

yo me alegro de que los contratase. Es una alegría disfrutar

de cualquier tipo de teatro. -Opino igual.

Creo que deberíamos sentarnos.

Pronto comenzará el primer pase. ¿Han visto a Víctor pos los puestos?

-No. Estará en la chocolatería.

Creo haber visto a una conocida.

Discúlpeme, voy un momento a saludar.

Se ha marchado a tiempo de evitar un encuentro violento.

-Iba en su busca. Les hemos reservado unos asientos.

-Pues se lo agradezco mucho.

-¿Les importaría esperarme allí?

Voy a buscar a doña Susana. Que no empiecen sin nosotras.

A ver si esto te endulza un poco la vida.

-Agradecida.

Aunque ni toda La Deliciosa lograría tal milagro.

-Creo que somos los únicos que no estamos en la feria.

-Si es que con mi Antoñito

encerrado en una celda fría, una no tiene cuerpo.

-Claro. -¿Y a usted qué le tiene tan mohíno?

-María Luisa.

Hemos tenido un desencuentro.

-Estamos apañados.

Nuestros prometidos no dejan de darnos disgustos.

En fin,

me voy a encerrar en el altillo a dar buena cuenta de los dulces.

-Buenas noches, Lolita.

(Puerta abriéndose)

Está cerrado.

¿También para mí?

¿Tú qué haces aquí?

Ya te dije

que te llevaría a la feria aunque fuera de una oreja.

Y yo te lo agradezco,

pero no tengo cuerpo para bullicios de la feria.

¿Y para un poco de conversación con una amiga te quedan fuerzas?

Hombre, por supuesto que sí.

Pero no te pierdas la feria por mi culpa.

Tampoco me atrae tanto jaleo.

Prefiero pasar un rato contigo.

En ese caso, te tendré que invitar a un chocolate.

He de reconocer que me dio un vuelco al corazón

cuando vi la herida en la ceja de Antoñito.

-Qué pena me da.

Además de encerrado, apaleado. -Pensé que le habían hecho daño.

Afortunadamente, todo fue fruto de un inocente accidente.

-Me alegra que sea así.

Me alegra saber que se ha reconciliado con su hijo.

-Sabía que cambiaría de opinión.

Mi Ramón es más bueno que el pan.

-Era complicado pensar que podría convencer a un juez de su inocencia

cuando ni su padre creía en él. -No volveré a tener

más dudas.

Ahora se trata de demostrar

que Antoñito es una víctima más de la estafa.

Como el ayuntamiento o esos familiares

que querían honrar a sus muertos. -No va a ser tarea sencilla.

Tendremos que dar con ese Belarmino. -Felipe,

puede contar con nosotros para todo lo que sea preciso.

-Sí, sí, por supuesto.

Habrá alguna manera de demostrar lo que ocurrió.

Lamento tanto lo sucedido...

Nunca pensé que María Luisa pudiese rechazar el viaje.

No sé.

A lo mejor tiene razón

y toda la culpa es mía. Me tendría que haber puesto en su lugar.

Ella adora a su padre. ¿Qué hago intentando separarles?

No, Víctor, no sigas.

No tienes la culpa de nada.

Tan solo te has dejado guiar por el amor.

No tienes la culpa de nada de lo sucedido.

No debes arrepentirte de nada.

Has obrado de buena fe.

Que lo ocurrido no cambie tu forma de ser.

No pierdas nunca

tu espontaneidad,

tu alegría, tu sonrisa.

Los dos nos parecemos mucho.

Ambos hemos sido rechazados por aquellos a los que amamos.

Somos dos almas solitarias y apenadas,

necesitadas de comprensión

y de cariño.

Estoy tan ilusionada

como una niña.

-Y usted que dudaba de venir. -No sé.

Hay algo que no me da buena espina. -Relájese y disfrute.

Yo, al principio,

también temí un poco, pero no son más que marionetas.

No hay motivo para alarmarse.

-¿No se están retrasando? -Ten un poco de paciencia.

Para un día que llegamos pronto...

-Ay, madre,

debería haberse quejado antes. Mire, ya abren el telón.

-Por fin comienza. -Ya lo veo,

también tengo ojos en la cara.

-Estimado público,

bienvenidos a nuestra humilde función.

Hoy van a conocer la historia de un apuesto mayordomo,

que llegó a la ciudad

en busca de trabajo.

Pero ocultaba algo turbio en su pasado.

También conocerán

a una bella e inocente doncella.

Y a una sastra beata

muy buena con sus hilos y sus tijeras,

pero muy mala con sus semejantes. -Una sastra, como tú,

eh, Susana.

-Esperemos que sea una casualidad. -La sastra criticaba

a todo el mundo sin piedad.

Todo le parecía mal e impío.

Pero ella era una mentirosa.

Ocultaba a todos un secreto terrible. -Deberíamos irnos.

-Y la muy taimada era la más pecadora de todos,

pese a que se jactaba de no haber pecado en su vida.

Pero el pecado que ocultaba

llegó un día en forma de joven mayordomo.

Un hombre que buscaba a alguien que le abandonó.

A una mujer cruel.

Venía buscando

a su madre.

-¡Que alguien detenga esta infamia!

-Y esa mala mujer,

esa pecadora, era nada más y nada menos

que la sastra beata

y cotilla.

Pero el cuento sigue.

¿Queréis saber

cómo la sastra y su hijo bastardo volvieron loca a la bella

e inocente doncella?

-¡Basta! ¡Es una calumnia!

¡Canalla!

¡Mentiroso!

Olga, ¿qué haces aquí?

-Velar tu sueño.

¿Has descansado? -Sí.

¿Qué hora es? Parece que ya

ha anochecido. -Así es.

Llevas toda la tarde dormida.

-Al final, te he estropeado la feria. -Descuida.

Nuestra madre ha bajado un momento a por buñuelos.

Los tomaremos en casa.

Estabas tan profundamente dormida que no te has dado cuenta

de que Carmen ha recogido la habitación.

-Parece que todo sigue bien entre nuestra madre y tú.

-Así es.

Antes hemos estado paseando.

-¿Y de qué habéis hablado?

No tengo como costumbre pregonar mis conversaciones.

Lo que debes saber es que estamos aprendiendo a perdonarnos.

-Si te lo he preguntado, es por tu bien, Olga.

Te recuerdo que ya te advertí que nuestra madre es una maestra

a la hora de manipular los sentimientos.

Y me gustaría pensar que está cambiando,

pero no está de más ser precavida.

-Llevo toda la vida sola.

He sobrevivido a un infierno sin la ayuda de nadie.

Por suerte o por desgracia, sé apañármelas sola.

-Perdona.

Perdona. Tienes razón.

No quería molestarte.

-Ya. Ya lo sé.

(Puerta)

-Veo que ya has despertado.

Vine antes, pero preferí dejarte descansar.

-Os dejo solos. Voy a ver

si ya ha regresado nuestra madre.

-¿Cómo te encuentras?

-Bien, no ha sido nada.

Solo un leve mareo.

-Tienes que cuidarte, por ti y por nuestro hijo.

¿Sabes? Antes me encontré con Celia.

¿Por qué no me has dicho que tenías las señas de Diego?

-Perdona,

con todo lo de Lucía se me fui el santo al cielo.

-No te preocupes. Ya me ha dado su dirección.

Me pondré en contacto para que nos envíe las gemas.

No veo el momento

de terminar la joya y enseñársela a todo el mundo.

Carmen, prepara un chocolate para acompañar

a estos buñuelos que he comprado en la feria.

Quería haberlos traído

de La Deliciosa, pero he preferido no interrumpir.

¿Qué ocurre?

¿Hay algo que tienes que decirme?

Carmen, habla. Sabes que la paciencia no es una

de mis virtudes.

-He encontrado esto en la papelera de la alcoba de su hija.

Supongo que es lo que me mandó buscar.

-Muy bien.

Ahora lo que te queda por hacer es transcribir lo que pone.

Estoy deseando leer esa carta.

Olga, he traído los buñuelos.

Ven, vamos a comerlos juntas.

-Se lo agradezco, madre, pero no tengo apetito.

-Te veo mohína.

¿Ha sucedido algo?

-Nada de enjundia,

no se alarme. -¿Cómo no preocuparme por mi hija?

¿No confías en mí?

¿No te he demostrado que intento recuperar el tiempo perdido?

-Se trata de Blanca.

-Comprendo.

¿Qué es lo que te ha dicho?

¿Te ocurre algo?

Pareces preocupada.

-Es Olga.

-Últimamente pasa mucho tiempo con tu madre.

-Quizá sean imaginaciones mías,

pero creo que desea con tanta fuerza su perdón

que temo que resulte herida. -Estaremos atentos para que no suceda

tal cosa.

Úrsula no le hará ningún daño.

-Ojalá sea así.

-Además,

quizá Úrsula esté arrepentida y no haya malas intenciones

en sus acercamientos y tan solo quiera

tratar de recuperar a su hija.

-"Quizá haya sido tan solo una impresión mía".

-No hija, mía, no.

Tu hermana está disgustada porque nos hemos reconciliado.

Tan solo quiere separarnos.

Ya te dije que cometí un error contigo.

Y ese error

me perseguirá mientras viva.

Es cierto que no podía mantener a dos niñas pequeñas,

pero también es cierto que me equivoqué en la elección.

El tiempo me ha demostrado que tu hermana es egoísta,

a la que por mucho que le daba, nada parecía bastarle.

Internados, vestidos, viajes,

todo era poco para ella.

A mí abnegación siempre me contestó

con desprecio y rebeldía.

Ahora sé

que todo me hubiera ido mucho mejor

si te hubiera escogido a ti.

-Madre,

no sabe lo que significan esas palabras para mí.

-Tu hermana se ha dado cuenta

de que lo que nos une es real,

es lo más fuerte que puede haber en este mundo.

Por eso quiere separarnos.

Por eso, con sus mentiras, quiere ponerte en mi contra.

Pero no dudes nunca de mí.

Diga lo que te diga tu hermana,

el amor que nos une es real,

es más fuerte que nada.

Juntas...

Juntas formaremos esa familia que tanto hemos ansiado

y que se nos ha ido escapando de los dedos como arena.

Pero para lograrlo

Blanca puede ser un obstáculo.

¿Entiendes lo que quiero decir?

-Lo comprendo perfectamente, madre.

-Doña Susana.

-¿Has visto a todas ahí fuera?

¿Sabes lo que hacen? Arrastrar mi nombre por el suelo.

-No debe prestarles atención.

-Tantos años de ejemplaridad,

de cumplir las normas de la Santa Madre Iglesia,

de ser la más decente, la más devota,

y en un día por tierra. -Mucho más

que unos titiriteros son necesarios para manchar una vida de servicios.

-Es más fácil destruir que construir.

Lo que lleva años levantar

solo precisa de unos instantes para desmoronarse.

-"Ay, mira, al final"

no eran amantes, sino madre e hijo.

Que no sé qué es más o qué es menos escandaloso.

-Perdónenme el retraso. Está esto a rebosar.

¿Quieren algo más?

-No, tranquilo. La camarera nos trajo todo.

-Víctor.

¿Tú sabías lo de mi tía y Simón?

-"Señora, he querido esperar"

a que estuviera sola.

La transcripción de la carta

que doña Blanca rompió. -Trae.

-No he querido sustraer los pedazos,

pero podrá leerla.

-¿Es fiel a la carta?

-Palabra por palabra.

No sé si hago bien en entregársela.

Es algo muy íntimo de doña Blanca.

-Al esposo de mi hija no va a gustarle nada

lo que está puesto aquí.

¿Hay alguna manera de dar con Belarmino?

-Solo una, pero no creo que dé resultado.

-Si hay que perder, tras haber luchado.

-Hubo un hombre, un hombre que quedó con Belarmino,

el escultor que ideó el monumento.

Él tuvo que conocerle. Podría testificar

que sí que existe.

El problema es que no me acuerdo cómo se llama.

Era Sigüenza o algo así.

Pero no recuerdo bien. -Debes exprimir la mente

como un limón. -"¿Deseas algo, Carmen?".

-Solo le traía un vaso de limonada.

-Gracias.

El diseño del colgante es muy bonito.

-Sí que lo es.

Blanca tiene un talento especial.

Solo me queda trabajar la parte técnica

para que el resultado sea bello.

¿Se te ofrece algo más?

-"Buenas tardes".

-Es hora de misa.

Quiero poner una vela a mi hermano.

Te espero dentro.

Veo que la cosas no mejoran.

Empeoran.

¿No le habrás contado lo de ayer?

¿Lo del beso?

No se me ocurriría, fue un impulso.

Fue un error. Estoy comprometido con María Luisa.

Claro.

Todos cometemos errores por amor.

Nuestro beso no significó nada.

-"Le noto serio, don Felipe".

-Blanca, no podemos contar con el envío de gemas de Diego.

-¿Por qué?

-Han contestado del puesto de correos de Brasil

al que enviamos el telegrama. No está.

-¿Y no ha dejado otra dirección?

-No está allí ni ha estado. Nunca llegó

a aquella parte. -No es posible.

Esa fue la dirección que nos dio

para que contactásemos con él.

Creo recordar que era en la ciudad de Diamantina.

Una zona del país donde se pueden encontrar esos materiales.

-Cambiaría de opinión y no le pareció adecuado avisar.

-"Buenas tardes".

Buenas tardes.

-Me alegra ver que hay alguien que no pasea con mala cara.

-¿Por qué no iba a ser así? Hace un día estupendo.

Y el tiempo pone a cada uno en su lugar.

-No hay nada

más cierto.

Y hoy, querida, luces especialmente hermosa.

-Elvira es una hija maravillosa.

-Lo mismo opino.

Una mujer de la que cualquier joven podría enamorarse,

incluso los que parecen destinados

a otras jóvenes.

-¿Qué quiere decir con eso?

El escultor. Se llama Sepúlveda.

-¿Y...? -Antoñito no habló con él.

Solo Belarmino. Puede demostrar

que ese canalla existe.

-Es una posibilidad.

El hilo que buscábamos.

Tenemos que encontrar a Sepúlveda.

-Si es un escultor renombrado,

en el Ateneo me darán cuenta de él.

Voy a escribir una nota a la Junta. -Leonor Hidalgo

conoce a todo el mundo en el periódico.

Contactaremos con el gacetillero.

Él nos dirá dónde encontrar a este escultor.

-Esa es otra opción. Me pongo en marcha.

-"¿Ha encontrado algo?".

-Aquí no encontraremos nada.

-Siempre se dejan pistas atrás. Si no fue a Brasil, quizá a otro lugar.

Quizá quede el resguardo de un billete,

la carta de alguna naviera

o el visado de alguna embajada, algo.

Vengo de registrar la biblioteca.

Los cajones están vacíos.

¿Qué está mirando usted?

-Solo miraba el cuaderno de mi padre.

Hay unas medidas anotadas junto al diseño

de la mayor joya. Nunca entendí qué significa.

-Quizá no sean medidas.

-"Las palabras muchas veces son más fuertes"

que los puñales.

Si alguien sabe usarlas,

se vuelven contra quien las ha dicho

o contra otras personas.

-¿Es el caso?

-Lo es.

Alguien va a arrepentirse de haber escrito estas líneas.

-¿Samuel?

¿Blanca?

-En su momento

lo sabrás.

-¿No confía en mí?

-No seáis insensatos.

Lo único que quiero es vuestro bien y el del niño que esperáis.

Y conozco a mi hija mucho mejor que tú.

Hasta sus pensamientos más íntimos conozco.

-¿Es para mí?

-Desde luego, te interesa.

-¿Y bien?

-Ábrela.

  • Capítulo 651

Acacias 38 - Capítulo 651

30 nov 2017

Blanca, decidida a apartar a Diego de su vida, intima con Samuel para recuperar su matrimonio. Ramón decide visitar a su hijo después de que Lolita le entregara la carta. Mientras, Antoñito sufre en la cárcel las consecuencias de no haber cedido a las amenazas de su carcelero.

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  1. Mishelle

    Jajajaja criolla me matas Yo prefiero vee hasta PINY y tengo 20

    02 dic 2017
  2. criolla

    Siguen viendo la? Hace meses la deje,es ridícula, prefiero Servir y Proteger , la nueva de la noche que esta intrigante.

    02 dic 2017
  3. Coppelia

    Pués, no la veas...

    01 dic 2017
  4. Acaciera

    A ver, a mi esta serie me gusta mucho, no me parece aburrida ni mucho menos una basura, pero entiendo que hay gente a la que no le gusta. Lo respeto. En fin, que en mi opinión el tema de Blanca está muy interesante (Incluyendo a Samuel y Diego) aunque en mi opinión y lo siento mucho no me gustaria que tuviera un hijo, aunque tampoco detesto la idea. También me gusta mucho el tema de Antoñito y Lolita y me enamoran Simón y Elvira. Quiero que estén juntos, me gustaría mucho. También me gusta mucho lo de Victor y María Luisa (Por cierto, es muy caprichosa). En fin, que me encanta TODOOOOO. Entiendo que hay gente a la que no le gusta y (obviamente) No soy quien para obligar a nadie a que la vean pero a mi me parece una gran serie y me gustaría que durará mucho más. Los actores y actrices que aparecen en esta serie me parecen admirables y como ha dicho Victoria, los guionistas compensan algun dia malo con un dia que no te puedes despegar del sofá.

    01 dic 2017
  5. Andrea

    Quereis dejar de criticar la serie?!

    01 dic 2017
  6. Victoria

    La perfección en este mundo no existe, en ningún campo, ni siquiera los seres humanos somos perfectos pero, la serie es muy buena en muchos aspectos como son: sus extraordinarios actores, el vestuario, la música, los decorados ... tiene además alicientes para todos los gustos porque hay amor, pasión, celos, odio, venganza y momentos cómicos y alegres. Por todo éso, a mí me encanta Acacias 38 y deseo que dure mucho tiempo; también comprendo que unos días el guión está más flojo pero otros los guionistas lo compensan, no olvidemos que estos señores son seres humanos y como he dicho al comienzo no son perfectos. Siempre digo que a mí me gusta Acacias y que me hace pasar muy buenos momentos cada tarde, que es lo único que pretende hacer esta exitosa serie. Gracias a todos por el excelente trabajo que realizan y por actualizar la página de "Comentarios".

    01 dic 2017
  7. Annalisa

    Ha sido lamentable. Se ha extendido y sin sentido, una telenovela que tuvo un comienzo interesante. Hace meses que la deje de ver. He hecho intentos de recomenzar pero ha sido un fiasco. Saludos desde Uruguay. (Paso lo mismo con 6 hermanas)

    01 dic 2017
  8. Neti neti

    Sólo tenemos 30 mts de "novedades" todo lo demás es repe del día anterior... y cada dia lo mismo : las mismas situaciones desgradables, incoherentes ,sin ritmo .esta serie ha perdido mucho..y creo ke verla un vez a la semana es bien suficiente.....nadando en la misma mermelada.

    01 dic 2017
  9. Nelly

    EL 651, es el mismo de ayer.... que esta pasando ? es una pena, haganlo de media hora y listo, el tiempo es oro y no es de buen gusto y respeto por el espectador.- exitos desde Argentina.-

    30 nov 2017