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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 649 - ver ahora
Transcripción completa

Sé quién te dijo que soy de la piel del diablo.

El Padre Octavio.

-No tengo por qué ocultarlo.

Pero si vas a mentirme, has de saber que la palabra de un sacerdote

tiene mucho más valor para mí que la tuya.

-Nadie me creerá. -Yo lo he hecho, Olga.

Cuéntaselo como me lo has contado a mí.

Con los sentimientos a flor de piel.

-"Mira, no voy a darte el gusto" de montar una escenita.

Pero sí te voy a advertir de algo. Deja de mangonear, Elvira.

Deja de hacer daño...

a quien en nada te ha ofendido y, sobre todo, aléjate de Adela

y del resto de mi familia.

Incluido Víctor.

Sal fuera de esta casa.

De mi casa, de la que será la casa de mi nieto.

-¡Suéltela inmediatamente, madre! También es mi casa.

Y la de mi marido.

-¿No ves que estoy intentando protegerte del mismísimo demonio?

-Desconoce usted muchas cosas de cómo ha sido la vida de Olga.

"Simón tiene que comprender"

que me ama. Que nunca amará a otra.

Tiene que darse cuenta y lo hará. Conseguiré que se percate.

Por las buenas o por las malas.

Tomás la obligaba...

a ejercer el matrimonio con él.

Incluso...

se quedó embarazada.

-¿Y la criatura?

-No nació.

-"Lo que más me duele, Lolita, es que mi padre no cree en mí".

Ni siquiera me ha mandado un abogado de cierta solvencia.

Me tengo que conformar con uno de oficio,

que en los tiempos que corren,

es poco más o menos que ir al juicio ya sentenciado.

-¿Y qué puedo hacer yo por ti? -Tú nada, Lolita.

Tú estar. Venir a verme.

Y, aunque no te lo creas,...

nunca me había sentido tan cerca de ti como hoy.

Y esto me da aliento.

Es una auténtica obra de arte.

Si Diego nos hubiera enviado las gemas que necesitamos,

me pondría de inmediato a pulirlas. -No corre prisa.

Es posible que lo corrija un poco.

-Lo perfecto es enemigo de lo bueno.

Trataré de contactar con él... -He dicho que no.

No podemos seguir así. -No venía a hablar con usted.

-Pues tendrás que hacerlo.

-¿Y quién me va a obligar?

Por cierto,...

presentarle ese cura a mi cuñado

ha sido asqueroso por su parte.

¿Nunca va a dejar de hacerme daño?

¡Contésteme!

¡¿Nunca se va a cansar de martirizarme?!

-Te aseguro que esa no es mi intención.

-Entonces, ¡¿qué es lo que pretende?!

-Pedirte perdón.

Blanca me ha contado por todo lo que tuviste que pasar.

Jamás imaginé que pudieras vivir

un inferno así.

-¿Qué esperaba entonces? Me abandonó a mi suerte.

¡¿Qué pensaba que iba a pasar?!

¡¿Que me cuidaran los animalillos del bosque?!

-Después de dejarte,

fui al pueblo para avisar de que una niña

se había perdido en el bosque. Pensé que alguien te encontraría

y se encargaría de ti.

-Y así fue. Tomás fue quien dio conmigo.

-¿Cómo iba yo a imaginar que podías acabar en manos de un monstruo?

-Poco le importó eso en su momento.

-No es verdad. No es verdad.

Se me rompió el alma... al tener que dejarte.

-Me abandonó a mi suerte.

Y resultó ser la peor de todas.

-No tuve otra opción.

-¡Una madre siempre tiene recursos para no abandonar a sus hijos!

-Tienes razón.

Tienes razón.

No fui capaz de cumplir con mis obligaciones, entiendo tu odio.

Pero Dios...

Dios nos ha dado una segunda oportunidad, Olga.

-Pamplinas. Nunca podré confiar en usted.

-Escúchame.

Sé que necesitarás tiempo, pero...

déjame intentar recuperar

lo que somos: madre e hija. -¿Ahora?

Hace unas horas pensaba que había matado a mi hermana.

Demasiado tornadiza.

Y demasiado tarde.

-Olga, por favor.

Dame una segunda oportunidad.

Déjame recuperar lo que somos.

Te pido perdón... de todo corazón.

No podemos volver atrás en el pasado,

pero déjame enmendar...

todo el daño que te he hecho.

Por favor.

-Eso no podré hacerlo. Ni aunque viva unos 100 años.

Me ha impresionado mucho Florencio Constantino.

Me parece que es un gran tenor. He disfrutado mucho la función.

-Me alegro que lo pases tan bien en el teatro.

-En el teatro y en tu compañía.

Ha sido una velada perfecta.

-Estamos a tiempo de que sea aún mejor.

La noche es joven todavía.

-¿Quieres pasarla conmigo?

Podemos subir a casa.

-Nada me haría más ilusión.

Me siento muy recuperado de mi percance.

Y no hago otra cosa que no sea

soñar con tenerte entre mis brazos.

-Yo también lo deseo.

He sufrido mucho durante tu convalecencia.

Te he echado mucho de menos.

-Aquí me tienes. Solo para ti.

-Perdonen los señores.

Tengo que hablar con usted.

-Lolita,...

¿no te das cuenta que no es buen momento para charlas?

-Ya sé que les incordio más que si tuvieran que llevar a un novillo

en brazos, pero... tiene que ayudarme.

Tome esto como pago.

Y si falta más dinero,

ya me encargaré yo de buscarlo aunque sea debajo de las piedras.

Pero tiene que defender a mi Antoñito.

Tiene que sacarlo de ese calabozo.

Él es más inocente que un niño de pecho.

Cada vez tengo más claro que Antoñito es culpable

y no merece nuestro apoyo. -Ramón, por favor, ¿eh?

No seas tozudo.

No puedes dejar a tu hijo en la estacada.

-Pero es que este hijo mío no hace una a derechas.

Lo que tendría que hacer es cruzarme de brazos

y que aprendiera de sus propios errores.

-Sí. Pues poco va a aprender si le meten en un penal militar, Ramón.

Ya escuchaste lo que dijo el coronel.

Los militares están muy soliviantados con el caso.

-No es para menos.

Se ha burlado de sus compañeros caídos.

No se me ocurre peor afrenta.

-Sí, Ramón, si,

sí que es para estar enrabietado.

Pero estos son capaces de aplicar con él la ley marcial.

Que lo ponen delante de un pelotón de fusilamiento, ¿eh?

-Trini, no digas barbaridades. Eso no puede pasar.

-Ramón,...

tienes que ayudarle a salir de este brete.

Así que aplícate.

-Pues no sé cómo. A no ser que encontremos

al tal Belarmino.

Pero es que... no entiendo, con lo espabilado que es mi hijo,

¿cómo ha podido caer

en semejante timo? -Ay, Ramón.

Porque hasta el más espabilado, alguna vez en la vida

se encuentra con la horma de su zapato.

(Llaman a la puerta)

-¿Quién podrá ser?

-Pues mira, no lo sé. Pero solo espero

que sea la Virgen de los Milagros y que nos traiga del cuello

a Belarmino.

-Ya sé que no son horas de hacer ninguna visita,

y menos con el apuro que tienen ustedes encima.

-Como bien dices, no estamos en nuestro mejor momento.

-¿Hay alguna novedad con Antonio? -Pues no, hijo, no.

Mi santo no ha vuelto a verle por la cárcel.

Debe ser que no lo cree necesario.

-Pero ¿se le ha conseguido un buen abogado?

-Lo estoy valorando.

De momento, que se conforme con uno de oficio.

Pero imagino que no has venido aquí a horas tan intempestivas

para hablar sobre la defensa de mi hijo.

-Por supuesto que no.

Quería yo hablarles... de María Luisa.

-Anda, hijo, siéntate.

Bueno,...

al fin vas a contarnos por qué estáis así.

Andáis más serios que una pareja de guardia civiles.

-Arranca, muchacho.

¿O vas a tenernos así hasta la madrugada?

-No. La cosa es que mi madre quiere abrir una sucursal de La Deliciosa

en París.

Yo creo que es muy buena idea.

Venderle churros a los gabachos puede ser muy buen negocio.

-Pues es posible, pero eso, ¿en qué nos afecta a nosotros?

-En que mi madre quiere que le ayude en esta empresa.

Y yo no quiero hacer semejante cambio en mi vida solo.

Creo que esto es muy buena oportunidad

para María Luisa y para mí.

Después de pasar por la vicaría, por supuesto.

-Me estás pidiendo que mi hija se case contigo

y que os marchéis a París.

-Justamente.

-Entiendo que este es un cambio interesante para vosotros, pero...

no sé, me resulta difícil separarme de mi hija así,

de esta forma. -Le entiendo.

Como entiendo que María Luisa esté de uñas conmigo.

Creo que esto es una oportunidad que no debemos desaprovechar.

Por eso he pensado que para dorarle un poco la píldora a su hija,

podríamos hacer un viaje antes de tomar la decisión definitiva.

-Eso es todavía peor. Me estás diciendo que mi hija

se va a ir contigo a París estando aún soltera.

-Acataría todas las normas que usted quisiera.

Carabina, ir de su mano, lo que sea. -Que sí, Ramón.

Además, estarían bajo la supervisión de Juliana y Leandro.

-Carabina, eso por supuesto.

No sé qué decir, tendré que pensar.

-Pues consúltelo usted

con la almohada. O con quien...

tenga a bien hacerlo.

Solo le pido que no le adelante nada a María Luisa,

que no quiero yo mover ficha antes de tener su beneplácito.

-Tente que aún no te he prometido nada.

A ver, "pa" que usted lo entienda.

Mi Antoñito es todo facha.

Pero en el fondo, es más... simple que el asa de un cubo.

Por eso le puede estafar cualquiera.

Como el Belarmino ese.

-Lolita,... es difícil creer todo lo que me estás diciendo.

-Las dos manos pondría yo en el fuego para demostrar

que "to" ha "pasao" como se lo he contado.

Tiene que creerme, don Felipe. -No se trata de que te crea o no.

Tienes que tener pruebas que demuestren lo que dices.

-"Pa" eso quiero contratarle, "pa" que las busque usted.

-Lo siento. Imposible. Trabajo en la policía.

No puedo involucrarme en un caso que está abierto.

-Pero ¿no puede hacer una excepción, hombre?,

y ayudar a un inocente.

-Imposible. Me juego mi puesto.

-Tiene que ayudarme, don Felipe.

Por todo lo que hemos "pasao". Yo sé que me tiene en estima.

-Lolita, levántate, que estás dando un espectáculo.

Por supuesto que te tengo aprecio.

Lo único que puedo hacer es...

recomendarte un buen abogado que te ayude.

Dile que vas de mi parte.

Te tratará bien.

-Muchas gracias, don Felipe.

-Eso sí.

El anillo no será suficiente para pagar su minuta.

-Por eso no se apure.

Que ya me encargaré yo de conseguir el dinero que me pide.

Le he dicho a Antoñito que le ayudaría.

Y eso voy a hacer.

Vamos, Servando, que ya han pasado las burras de leche

y tenemos que limpiar todo el portal.

-Hoy no tengo yo el cuerpo muy católico.

-Ah.

Pues va a la iglesia y se bebe un vaso de agua bendita.

Pero tenemos toda la tarea por delante.

-Sí, como siempre. -No.

Como siempre no, Servando. Estos días más.

Los señores me han dicho que quieren el portal limpio como la patena.

Es la feria del santo Auxilio y todos van a traer visita.

-Vamos, que la misma sosada de siempre.

-Quía. Este año se encargan de todo

doña Rosina y doña Celia.

Ya han colocado los puestos de comida y, van a poner los de juegos.

Estoy deseando ver cómo se me da lo de el tiro al blanco.

-Es verdad, que tú has sido militar.

Pues tendrás buena puntería entonces, que...

Que lo mismo podríamos aprovechar eso para algo.

-No lo crea, ¿eh?

Cada vez que cogía el mosquete, mis compañeros huían.

La verdad que yo en la guerra solo servía para ser prisionero.

No sé cómo regresé vivo de allí.

-Que tú eras de los que estaba siempre en la retaguardia.

-No se equivoque, ¿eh?

Que yo no era muy diestro, pero nunca dejé atrás a un compañero.

¡Vamos, Servando, arreando, que no está bien que,

debiendo dinero a los señores, le vean aquí ocioso!

-Que sí. De verdad, maldita suerte la mía.

Siempre estar en la cuerda floja...

-Pues menos lamentarse y más pensar en cómo saldar sus deudas.

(GRITA JACINTO)

-Va, muchachada, que estáis hechos unos mangurriales.

-¿qué ha dicho?, no me he enterado de nada.

-No, no te engoriles, que no es "na" más que un saludo.

-De verdad, Jacinto,

cada vez se le entiende a usted menos.

Que estaba pensando que igual no es mala idea hacer un diccionario

de pastor-español.

Además, serviría para hacer tratos

con los pastores de España... y se podría vender bien.

Y evitaría muchos disgustos

y discusiones en las ferias de ganado.

-"Pa" mí es una idea de lo más cabal, ¿eh?

-Sí.

Sí, sobre todo teniendo en cuenta que ni los pastores

ni los tratantes de ganado saben juntar dos letras.

-Eh, eh, cuidadito, mangas de humo. Que yo sí que sé de letras.

-Ah, pues será la excepción que confirma la regla.

-¿Y usted cómo se encuentra, Jacinto?

-Pues por una parte bien,

porque ya veo igual que un mochuelo joven.

Pero por otra mal, porque antes miraba el rebaño y veía 40 ovejas.

Y ahora cuando lo miro, solo veo 20.

-Pues según se vea, será para alegrarse o para entristecerse.

-Pero es baladí comparado con lo que a mí me pasa.

A ver de dónde saco yo el dinero que me falta "pa" pagar mis deudas.

¿"Pa" qué quiero yo esto?

-A ver.

Es un aviso de la policía.

-Tome, Jacinto, léalo usted, a ver si es verdad que sabe leer.

"Se busca al peligroso delincuente

Juanito Pozoblanco".

-"Se recompensará

a quien dé

información

que ayude a su captura.

-Menuda cara de facineroso tiene el gachó, ¿eh?

Ojalá no venga por la feria.

-Mucho mejor, Servando.

Si aparece por la feria, usted lo puede capturar

y cobrar la recompensa. -Pero aquí no pone nada

de capturar. Aquí pone... de dar razón de él.

Que lo mismo...

Lo mismo se me está ocurriendo una idea.

Tiene que haber sido un alivio para ti conocer toda la verdad

de tu hermana. Una cosa espantosa.

-No sabes hasta qué punto.

Aunque aún quede un largo camino por recorrer.

-Ya. Supongo que le va a llevar un tiempo poder perdonar a tu madre.

-Tampoco pretendo que seamos una familia feliz.

Pero al menos que podamos convivir sin demasiados rencores.

-Ya. Seguro que la perdona.

-No lo sé. Olga es demasiado compleja.

Sé que va a haber momentos de zozobra, pero

yo estaré ahí. Para ayudarla

y compensarla por todo lo que ha sufrido.

-No es baladí esto que te propones. Pero te honra hacerlo.

-Es que,... por primera vez en mucho tiempo deseo conocer

lo que me depara el futuro.

-Si es que es normal. Y más esperando un hijo, Blanca.

¿Por primera vez se podría decir que tu vida está en orden?

-Sí.

Más o menos.

-Ay, veo una sombra de duda.

¿Es por Diego?

-No, no, esa página ya está pasada.

Ni siquiera tengo la dirección

de mi cuñado.

-¿La necesita?

-¿Perdone? No la entiendo.

-Disculpe por meterme en la conversación,

pero me ha parecido escuchar que necesitaba

la dirección de su cuñado.

Yo la tengo.

-Pues...

la verdad es que estoy esperando que me envíe unas gemas

para terminar uno de mis diseños,

pero he extraviado su dirección y no le puedo enviar

las medidas exactas. Pásese por mi casa luego.

Allí tengo sus señas apuntadas.

-Hoy mismo pasaré.

Se lo agradezco.

-Blanca, ¿tú estás segura de que has pasado página?

Blanca, Blanca.

Blanca, ¿qué te pasa? ¿Estás bien?

-Sí.

Sí, sí, ha sido solo un vahído.

-Será mejor que volvamos a casa.

-No. No. No te preocupes.

Sigamos con el paseo.

¿Tienes preparadas mis ropas?

-Estoy empezando con la plancha. Tengo listo este conjunto.

-No, ese no es mío. Ese conjunto

debe ser de Blanca. -No.

Es tuyo.

Lo he comprado para ti.

Es un regalo.

Como estabas usando los de tu hermana,

he creído que era mejor encargarte uno en la sastrería Séler.

Espero que te vaya bien.

-Sí. Supongo que me estará bien.

-Debes tener tu propia ropa.

Me gustaría encargarte alguno más, si no te incomoda.

-Es un conjunto precioso. ¿No le parece, señorita?

-Sí. Si no le puedo poner ningún pero.

Gracias.

-No tienes por qué dármelas.

-Voy a vestirme.

-Mucho ha cambiado su actitud con su hija.

-No me queda otra.

Olga ha ganado la batalla con su hermana.

-Eso parece.

La ha convencido de que es una pobre mujer

que solo ha vivido el maltrato.

-A estas alturas es inútil intentar convencer a Blanca de lo contrario.

Debo cambiar de estrategia.

-No le va a resultar fácil convencerla de su bondad

después de tanto tiempo.

-No te equivoques, Carmen.

Olga es más vulnerable de lo que crees.

De momento,...

tú no le pierdas la pista ni un instante.

-Lo que usted mande.

No he podido ni dar un paseo por los barracones de la feria.

-Luisi, no me digas que has tenido algún percance.

Es que no es conveniente pasear por ahí cuando la están montando.

Que a cualquiera se le escapa una herramienta...

-Lo que me faltaba, que me dieran con un martillo en la cabeza.

No he podido ni dar dos pasos

por culpa de las impertinencias de los vecinos.

-Ya están con lo de tu hermano, ¿no? -Y no lo sabe usted bien.

Todo el mundo preguntándome por Antoñito.

Serán atorrantes...

-Bueno, Luisi, seguro que alguien lo hace con buena intención.

-No sea usted ingenua. Lo hacen para mortificarnos.

Otra vez en boca de todo el mundo por culpa

del inconsciente de mi hermano.

En mala hora ha regresado. -No hables así de tu hermano.

-¿Y qué quiere, que le aplauda? -No te consiento

que me des ese tipo de contestaciones, ¿me escuchas?

-Ramón, Ramón.

Ramón.

Deja a la niña, que se vaya tranquila.

Es normal que esté muy nerviosa.

Que a lo del hermano hay que sumarle la pelea con el novio.

-Que estemos todos desasosegados,

no es razón para que nos falte al respeto.

-¿No sería mejor que aceptaras la propuesta de Víctor

y le dejaras viajar a París?

-Tengo muchas dudas sobre ese asunto.

-Yo entiendo que no te plaza que la niña haga un viaje tan largo, pero

lo mismo le viene bien alejarse de Acacias

durante un tiempo. Y quizás cuando regrese,

su hermano ya haya salido.

-No estando casados me parece una temeridad

que pasen tanto tiempo solos.

-Querido,...

sabes que puedes confiar plenamente en tu hija.

Además,... no estarán solos.

Vamos, que yo podría ir de carabina con ellos.

A mí me vendría bien ir a París,

que lo más lejos que he ido ha sido Villaconejos.

-De eso ni hablar.

Tú no te separas de mí ni un milímetro.

Hasta el aire que respiro me falta si no te tengo a mi vera.

-Uy, Ramón.

Cómo me gusta cuando te pones tan zalamero.

Bueno, ¿qué? Entonces, ¿vas a dejar a la niña

ir a París o no?

Le digo que no es buena idea lo que usted quiere hacer.

Se va a meter en más líos. -Que no, que no seas cenizo, hombre.

Me va a salir de perlas lo que he "cavilao".

-Servando, no sea tozudo y recule.

-No, qué pamplinas. Escucha y aprende.

Quita.

Señores guardias, quería dar información

sobre el tal Juanito

Pozonegro.

-Ya se ha colado con el nombre. -Eh... Pozoseco, verde,

Pozerillo, Pozerillo. -Juanito Pozoblanco.

Estamos investigando por la zona y dicen que anda por aquí.

¿Acaso ha visto algo? -Sí, bueno, bueno,

esta misma mañana era lo que le quería decir.

A primera hora me di de bruces con él.

-Si da igual, Servando, si lo mismo era otro.

-¿Lo vio o no lo vio? Aclárese.

-No, no, como le estoy viendo a usted ahora mismo.

Qué cara de sanguinario tiene, el pollo.

Y aun sabiendo lo peligroso que es, decidí pegar la hebra con él.

Tantas preguntas le hice, que el gachó se mosqueó

y me dio unos tarascazo...

Bueno, hasta me sacó una navaja

que parecía el sable de un brigadier, pero yo...

no me vine abajo. Yo estuve ahí como un jabato y...

Hasta que logré sacar información de que estaba rondando la taberna

de Bocachancla. -¿Dónde le golpeó?

-Aquí, en la cabeza.

-No veo ninguna marca de la agresión.

-No, porque como llevaba la gorra, amortiguó.

-¿Lo ha denunciado en comisaría?

-Pues no, porque tampoco el golpe era tan grande.

Pero que se lo estoy diciendo a usted con pelos y señales.

-Pues muchas gracias por la información.

-¡Oiga, oiga! ¿Y lo de...?

¿No hablamos de la recompensa?

Porque en el papel que nos dieron

ponía que daban unos duros a cambio de...

-La recompensa la pagamos cuando comprobamos la información.

Hay quien se inventa historias para hacerse con los dineros.

-Si es que, de verdad, hay cada gente con una poca conciencia.

Menudos granujas.

-Granujas y estúpidos.

Dar información falsa a la policía es un delito.

Más de uno ha acabado con sus huesos en el calabozo.

Aunque usted no tiene nada que temer.

Si es verdad lo que nos ha contado.

-¿Ve lo que le decía? Ahora puede acabar hasta en la cárcel.

-No lo creo. Bueno, la historia que le he contado

ha sido tan buena,

que hasta yo mismo la dudo.

Oye, que lo mismo me pasó de verdad y no...

Estimado Diego.

El diseño que realicé del colgante del pájaro

está muy avanzado.

Por lo que necesito que me envíes lo antes posible

las gemas de crisoberilo para poder terminarlo.

Blanca, abre el balcón. -¿Estás seguro?

-Sí.

Hay cosas que no se pueden tener encerradas.

Hay que liberarlas, dejarlas escapar.

-¿Y si al dejarlas libres hacemos daño a alguien?

-Me temo que eso no se puede evitar.

Tarde o temprano ocurrirán.

No sé bien... por qué...

pero viene a mi mente...

el momento...

en que liberaste...

el pájaro...

de Úrsula.

Ojalá... mis sentimientos

fueran... así de libres.

No puedo engañarte.

Aun teniéndolo todo para ser feliz:

mi hermana, el hijo que espero, un buen marido;

me siento... condenada.

Esta casa es mi propia jaula.

El lugar

en el que debo vivir una vida que me conviene.

Pero no la que deseo.

Me siento...

una impostora al lado de Samuel.

No logro olvidarte.

Me gustaría... volar a tu lado.

No puedo enviarle esto.

Aunque sea verdad.

(Se cierra una puerta)

-¿Te apetece tomar un chocolate?

No creo que pueda aguantar hasta la cena sin tomar nada.

-No, ve tú solo. No tengo apetito.

-¿Estás bien?

Te noto un poco arrebolada.

-Es posible. Es que...

hace mucho calor en esta estancia.

-Blanca. Blanca, ¿estás bien?

(Llaman a la puerta)

Ay, Lola.

Roma con Santiago he removido "pa" dar contigo.

Todo el barrio me he "recorrio".

Pero vamos,... que ya me barruntaba que estabas aquí.

Y de esta guisa.

-¿Y cómo quieres que esté, Casilda?

Si soy más desgraciada que un perrillo sin dueño.

-Y todo por el Antoñito. -¿Y por quién si no?

Ayer,... después de ir a verle a la cárcel,...

fui a hablar con don Felipe, para que le defendiera.

Y me dijo que nones.

-Uy, Lola.

Ya verás tú como va a conseguir un abogado de postín.

¿Qué te crees tú, que don Ramón va a dejar abandonado a su hijo?

-No es que lo crea, Casilda, lo sé.

Que está tan cruzado, que no quiere saber nada de él.

-Que no, mujer, que ya vas a ver cómo a la postre entra en razón.

Si el muchacho es sangre de su sangre, y eso tira mucho.

-Pues parece que se le ha olvidado. Que...

pinta muy fea la cosa, Casilda.

He ido a hablar con los abogados que me ha recomendado don Felipe.

Y ninguno quiere llevar su caso.

-Pero bueno, ¿tan difícil es hacer que se libre del presidio

que nadie quiere pringarse?

Lo que pasa es que no tengo más que cuatro perras chicas

que me puedan dar por ese anillo.

Y los abogados son como los ultramarinos, que no fían.

-Madre mía, pues os vais a tener que apañar con el leguleyo de turno.

-Y eso y nada, pues es lo mismo.

Le ha tocado un chisgarabís que no hace ni dos días

que ha salido de la escuela.

-Pues yo no sé qué más decirte, Lola.

Estáis bien jeringados, la verdad.

-Pues yo no me voy a quedar aquí como un pasmarote.

Don Felipe va a defender a mi Antoñito sí o sí.

-Lola, quizá lo mejor sea que te olvides.

Ya te ha dicho que no. -Pues no es justo.

Que bien que se desvivió por vosotros cuando Martín estaba preso.

-Pues sí. Ahí tienes toda la razón.

De no ser por don Felipe, yo no sé dónde estaría mi Martín.

Ay, la verdad es que es una pena. Don Felipe

es el mejor abogado del mundo.

-Eso mismo pienso yo.

Y no voy a parar hasta que me salga con la mía.

Y si es menester,

que salga el sol por Antequera.

-¿Qué vas a hacer, Lola?

Qué pesado me resulta el párroco nuevo.

Se pone muy atorrante con eso de perdonar a nuestros deudos,

como si luego a una le perdonaran las facturas.

-Pues a mí el sermón me ha parecido de lo más edificante.

-Porque tú eres un alma cándida.

Mira, ya están terminando de instalar las casetas.

-Sí, el barrio está precioso.

Ojalá la feria del santo Auxilio sea un éxito

y podamos recaudar dinero para los pobres.

-Eso dependerá de las viandas que ofrezcan los vecinos.

Suelen pecar de tacaños.

-Yo he hablado con doña Celia y voy a ofrecer

unos postres de yema que aprendí a hacer en el convento.

-Pues guarda algunos para casa. Seguro que son gloria bendita.

Eres demasiado buena.

¿Cómo se te ocurre meterte en ese lío?

¿No has tenido bastante faena con el manto papal?

-Sí. Pero ya sabe que cuando se trata de ayudar al prójimo,

yo no tengo cansancio alguno. -Buenas.

-Buenas. ¿Cómo va el montaje de la feria?

-Viento en popa.

-Voy a la sastrería. Todavía puedo aprovechar unas horas.

Con Dios. -Con Dios.

-Susana, ¿te has enterado de los planes de Arturo Valverde

para la feria?

-¿Piensa organizar una carga de caballería?

De ese hombre me espero cualquier cosa.

-No, es algo más pacífico. ¿Ves este teatro de madera

que están montando? Pues Arturo ha pagado unos títeres.

-¿Títeres? No me pega nada para ese hombre. Con lo sieso que es.

-A mí me extrañó también.

-Deberías hablar con él para ver qué trama.

Tu hija Leonor, como escritora,

podría indagar para ver qué obra van a representar.

-No debemos darle tanta importancia. Es un teatro de marionetas,

algo sin duda inocente. -Supongo que sí.

Pero me sigue pareciendo raro.

-Tú siempre andas a la contra de don Arturo.

Todo lo que hace te huele a azufre.

-¿Y eso me lo dices tú?

¿Cómo quieres que le tenga simpatía?

Si me ha dicho que me marche del barrio.

Ese hombre ha sido muy grosero conmigo.

Y si quieres que te diga la verdad, me da hasta miedo.

-Bueno, no seamos aprensivas.

Yo creo que en este caso no tienes de qué preocuparte.

-Esperemos que tengas razón.

Tómeselo todo, que le hará bien.

-El médico que ha visitado a Blanca le ha recetado

un reconstituyente.

-¿No le ha dado importancia a los mareos?

-No. Parece ser que esas debilidades son propias de su estado.

-¿Necesitan algo más o puedo retirarme?

-Puedes retirarte. Pero a partir de ahora

quiero que estés pendiente de la señora,

sobre todo que te asegures

que toma su medicina y que no se salta ninguna comida.

-Cuánto control, ni que fuera una niña de pecho.

-Me da igual que te quejes.

Vamos a cuidarte y mimarte lo que haga falta.

-No vamos a permitir que te ocurra nada.

-Está bien.

Pero permitidme al menos que me levante,

que no soy ninguna inválida.

-Estate un rato tranquila.

El médico ha dicho que tienes que descansar.

-Estáis haciendo una montaña y, solo ha sido una indisposición.

-Danos el gusto en esto.

Prometo estar aquí para entretenerte todo lo que queda de tarde.

Hasta he avisado a Leonor como me pediste.

-Está bien, ve a buscarla.

Aunque me dé reparo recibirla de esta guisa.

-Voy a aprovechar que vas a estar acompañada para ir un rato

al despacho a trabajar.

-¿Qué ha ocurrido?

¿Estás dispuesta a matarnos a sustos?

-Cuida de ella,

y no dejes que se levante por mucho que insista.

-Sí. -No me ha ocurrido nada,

Leonor. Una pequeña indisposición.

-Tan pequeña no debe ser. Esta mañana has sufrido otro vahído.

-Si sigue los consejos del doctor, pronto estará recuperada.

-Olga, ¿podrías traerme... el informe que ha hecho?

Me gustaría que lo leyera Leonor.

-Como quieras.

-Tengo que pedirte un favor.

Le veo muy interesado en la instalación de las casetas.

-Ah, no. No, señor, solo de esta.

-¿Sabes dónde está Celia? -No puedo precisarle.

Anda ocupada con la organización de la feria.

-No le tiembla el pulso cuando se trata de ayudar a los demás.

-No, es una mujer admirable.

-¿Y qué puestos habrá aquí en la feria?

-Pues de lo típico, señor, de comida, de tiro al blanco,

y de titiriteros. Por cortesía de don Arturo Valverde.

-(RIENDO) El coronel Valverde y las artes escénicas.

Se me antoja que son dos cosas que no casan muy bien.

Aunque todo es bienvenido cuando se trata de recaudar fondos

para los pobres.

-Simón,...

¿te importaría dejarnos a solas? Tenemos asuntos que tratar.

-Claro, pero cuéntame antes

cómo anda lo de Antoñito.

-Pues sigue preso.

Pero ya me voy a encargar yo de que sea por poco tiempo.

-Cuenta conmigo si puedo ayudar en algo.

-Te lo agradezco. Pero es otro tipo de ayuda la que preciso.

-Samuel. ¿Puedo hablar con usted un instante?

-¿No estaba con Blanca?

Me preocupa que se quede sola. -No se apure.

Será solo un momento.

-¿En qué puedo ayudarle?

-Solo quería que supiera que puede contar conmigo

para hacerle compañía a su esposa.

Es cierto que necesita reposo. -Es usted muy amable.

¿Necesita algo más?

-Ya que lo dice, me gustaría mucho ver el diseño del pájaro de Blanca.

¿Lo tiene usted a mano?

-De hecho, hace unas horas lo he estado revisando.

-Pues, si es tan amable, me encantaría verlo.

-Tengo un poco de trabajo, pero... ¿cómo negarme?

Voy a buscarlo.

Aquí lo tiene.

-Es precioso.

¿Usted cree que Blanca me permitiría estrenarlo?

-No pensaba que usted fuera una mujer apegada a lo material.

-Ah, no, no, y no lo soy. Pero...

Blanca es mi amiga y me gustaría lucir su diseño.

-Estoy seguro de que ella estará encantada de que sea así.

-Voy a comentárselo, a ver qué le parece.

¿Y bien? ¿Qué es eso que querías contarme?

-Ya sé que solo soy una pobre "criá".

Y que me podría buscar un problema muy gordo

por hablarle de esta manera a un señor.

Pero usted no se menea hasta que le suelte todo lo que llevo dentro.

-Te escucho.

-Va a defender a mi Antoñito.

Porque es de ley, y porque me lo debe.

Y "pa" mí que usted es un hombre de los que se visten por los pies

y que no le gusta deber nada a nadie.

-Así es, Lolita, así es.

-Pues le toca apoquinar.

Tiene una deuda conmigo, y de las muy gordas.

-¿Estás segura de lo que dices?

-Tan segura como que aún es de día.

Yo estuve ahí luchando como una leona por usted,

cuando estaba postrado en una silla de ruedas.

Le llevaba en volandas como a un niño chico.

Le hice que recuperara sus piernas,...

su vida y el amor de doña Celia.

Y ahora usted... me va a ayudar a sacar a mi Antoñito.

Porque Antoñito tiene que salir de la cárcel cuanto antes,

y usted va a poner toda su sesera a trabajar para sacarlo.

¿Estamos?

Pues sigue preso.

-Mira que me encorajina lo que le está pasando a nuestro vecino.

Que los dos vimos la forma de proceder de ese tal Belarmino.

No sé cómo no pudimos darnos cuenta que traía algo oscuro entre manos.

-Perdóname que te diga, pero no era tan fácil darse cuenta, Liberto.

Yo no trataba con él. Antoñito no me contaba nada.

¿Quién iba a imaginarse algo así?

-Pues no va a tener fácil Antoñito demostrar

que fue estafado por ese elemento. -Sobre todo sin un buen abogado.

-O mucho cambian las cosas o me temo que es carne de presidio.

-Yo no he querido meterme mucho en el asunto.

Con María Luisa está la cosa...

Pero es que al final voy a tener que ayudarle.

-Pues no sé yo si debes.

-Que nos conocemos desde la infancia.

-Ya lo sé, Víctor, pero corresponde

a don Ramón tomar la iniciativa, que para eso es su padre.

Lo que pasa que tu futuro suegro no dice ni chus ni mus.

-Calla, que por ahí viene.

-Precisamente quería hablar con los dos.

Ya no puedo con más dudas sobre esto.

¿Qué pensáis que ha sucedido con mi hijo?

¿Creéis que los dos son culpables del fraude al ayuntamiento

o solo ese tal Belarmino?

-No sé qué decirle, don Ramón. Yo a ciencia cierta no sé nada.

-Pero tú has sido testigo,alguna impresión tendrás.

-A mí me extraña mucho que Antoñito

se haya metido ahora a sabiendas en una estafa.

Él tenía una clara intención de cambiar.

Y aquí se estaba comportando igual que el resto de camareros.

Incluso mejor. -Le costó, pero servía buenos cafés.

-Y es verdad que el Belarmino parecía un liante.

En algún renuncio se le pilló.

-¿Creéis que mi hijo es tan tonto

como para haber podido caer en ese embuste?

-Su hijo tan solo quería impresionarle, nada más.

Y un negocio de tanto peso era una buena oportunidad

para ganar puntos a sus ojos. -Además, a mí me extraña

que ahora que le empieza a ir fetén con Lolita se meta en líos.

-Eso es cierto. Pero conociendo los antecedentes de mi hijo,

no es difícil pensar que haya podido caer en la tentación

y volver a las andadas.

-Todo es posible. Pero yo le vi afectado cuando Belarmino le plantó.

Muy buen actor tenía que ser para actuar de esa forma.

-¿Quién sabe, don Ramón?

Lo mismo estaban conchabados o lo mismo todo esto es un timo

orquestado por este hombre para que Antoñito pague con las culpas.

-Os agradezco la información, pero ahora mismo

no sé si estoy más confundido o lo tengo todo más claro.

-Lo mejor es que lo deje todo en manos de la ley.

Usted es su padre, no su juez.

-Tiene razón, Liberto.

Y como tal voy a actuar,

como su padre.

Víctor, pásate por casa cuando acabes en La Deliciosa.

Olga.

Olga, despierta.

-¿Qué? ¿Qué ocurre?

¿Te sientes peor? -No.

Estoy perfectamente.

Es que te has quedado dormida y es muy tarde.

Deberías ir a tu habitación.

Tú también tienes que estar cansada.

-Qué va. Este sueño me ha dejado como nueva.

Tú no te inquietes.

Me quedaré aquí hasta que te quedes dormida.

Déjame que vele tu sueño

unos minutos.

-Como quieras.

Te agradezco todo lo que estás haciendo por mí.

-No tienes

que darme las gracias por nada.

Entonces, ¿acepta que viaje con María Luisa a París?

-Que sí, Víctor.

Así que deja de preguntármelo, porque al final

voy a arrepentirme.

Pienso que a mi hija le vendrá bien cambiar de aires por un tiempo.

-No sabe cómo se lo agradezco. -Eso sí,

tendrás que cumplir una serie de condiciones.

Te estoy dando un importante voto de confianza,

espero que no me defraudes.

-Cuente con ello.

-Durante el tiempo que dure el viaje,

mi hija estará acompañada por una criada.

E incluso compartirá su cuarto con ella.

Después, al llegar a París,

mi hija quedará bajo la estricta tutela de tus padres. ¿Está claro?

-Como el agua. Sus condiciones me parecen de lo más razonables.

Pienso cumplirlas todas a rajatabla.

Así que nada,... mañana mismo compraré los billetes.

Espero darle la sorpresa de su vida.

Solo le pido que no le adelante nada.

-Descuida, Víctor.

Buenas noches. -Muchas gracias, don Ramón.

Hombre, don Felipe, ¿cómo le va? -Víctor.

Con Dios.

-Felipe.

-Veo que su futuro yerno tiene prisa.

-Le agradezco que haya acudido tan presto a mi cita.

-Yo también quería verle para tratar un asunto.

-Pues en ese caso, cuénteme usted primero.

-Después de pensarlo mucho,... he decidido defender a Antoñito.

La verdad es que Lolita me lo ha pedido de una forma

que no he podido negarme.

Así que he pedido permiso en comisaría.

-Me alegra escucharle eso.

Porque el motivo por el cual yo le había citado

era para rogarle que se encargara usted de la defensa de mi hijo.

He estado cavilando durante

todo este tiempo

y, creo que no puedo negarle ese apoyo a mi hijo.

Eso sí, todos los gastos correrán de mi cuenta.

-Si Antoñito es inocente como asegura, le garantizo

que le sacaré de la cárcel.

-¿Y si no lo es?

-Trataré de minimizar la condena.

Me gusta ver cómo cuidas de tu hermana.

Todo lo que os separaba de niñas

ha quedado enterrado.

Comprendo que el rencor que sientes hacia mí esté intacto.

Tienes motivos para que así sea. -No tiene nombre

lo que usted me hizo.

-Nunca debí renunciar a ti.

Me habría gustado tanto...

estar a tu lado.

Verte crecer.

Es evidente que has echado en falta

el cariño de tu madre. Permíteme que te lo dé ahora.

El resto de mi vida...

lo voy a pasar pidiéndote perdón

por todo el daño que te he hecho.

Hija.

He de entregar una misiva y, he pensado que le gustaría acompañarme.

-No te lo tomes a mal, pero prefiero quedarme en el barrio.

Quiero vigilar los puestos que andan montando los feriantes.

-Vamos, no se apure, todo saldrá bien.

-Sobre todo si me ocupo yo de ello.

Quiero estar atenta.

Especialmente a la obra de ese titiritero

que ha contratado don Arturo. Tengo la mosca detrás de la oreja.

-Lo importante es que esa obra sea entretenida, que le guste a la gente

y que gaste su dinero. Así se recaudarán fondos

para esas pobres gentes.

Si no llega porque aseguran haberlo visto,

se podría decir que ese hombre no existe, que es un fantasma.

-Ese hombre es de carne y hueso. Y ese hombre me ha estafado.

No sé cómo he podido ser tan estúpido.

-Bueno, de nada sirve lamentarse ahora.

Lo que hay que hacer es demostrar que usted es una víctima.

-Si yo estuviera en la calle, podría demostrar mi inocencia

dando con ese hombre. Lo que no puedo hacer nada

es aquí encerrado.

-Haré lo posible para conseguirle la libertad condicional.

Aunque no va a ser fácil.

-"Úrsula le ha pedido" perdón a Olga.

Por su comportamiento en el pasado.

Por las decisiones que tomó y... por haberla abandonado.

Parece que la relación entre ellas ha cambiado.

-¿De verdad? ¿Y tú te lo crees?

-Hago por creerlo,

porque sé que es lo que Olga quiere que haga.

-Esperemos que esta vez no esté mintiendo.

Pero Olga debería ir con cuidado.

La mentira es lo peor en todos los casos.

-"Como no le den la libertad,"

le juro que me presento en el penal y saco a Antoñito a la fuerza.

Y así reviente el juez y el santo padre.

-Calma, Lolita.

De nada te va a servir tu cabezonería.

El juez decidirá el destino de Antoñito

y nosotros tendremos que aceptarlo.

-Pero Antoñito no puede quedarse en ese cuchitril.

No puede dormir con delincuentes

ni un día más. -Dispense, don Felipe.

De parte del comisario Méndez. -Gracias. La estábamos esperando.

Toma.

-"Siempre recuerdo" con nostalgia este día.

¿Qué día?

Pues el primer día de feria.

Recuerdo que bajábamos con mi padre a ver los puestos

que habían montado.

Nos compraba dulces y nos conseguía premios en las casetas.

Son mis recuerdos. Mi infancia y mi pasado.

Toda mi vida está aquí. No sé cómo Víctor no puede entender

que no me quiera alejar de todo esto.

Yo tampoco lo entiendo.

Conozco a Úrsula. Jamás le ha interesado nada

que no sea su propio beneficio.

-¿Qué quieres decir, hermana?

-Yo misma he sufrido su ira cuando no se hace lo que ella desea.

Ojalá me esté equivocando, pero

necesito advertirte.

-¿Crees que madre me está engañando?

-No, yo no he dicho eso.

Pero quizá este cariño

que ahora parece tener hacia ti se esfume de la noche a la mañana

y, me gustaría que estuvieras preparada.

-¿Te molesta que me lleve bien con ella?

¿Han visto qué ambientada está la feria?

-Eso parece. -Espero que sea un éxito

y que se recaude mucho para sus fines benéficos.

-¿Y en qué consiste la obra que ha contratado usted?

¿Nos lo va a contar? -Todo a su debido tiempo.

Mañana lo descubrirán.

Pero les aconsejo que no se la pierdan.

Sobre todo usted, doña Susana. -¿Yo?

-Sí. Póngase en primera fila. Le va a encantar.

-No me la perdería por nada del mundo.

-¿Le apetece que juguemos

a los aros? -Vale, sí.

-Vamos.

Me alegra verte tan repuesta.

Tienes muy buena cara. -Tengo que agradecerte muchas cosas,

Leonor.

No sé qué habría pasado si Samuel llega a encontrar esa carta.

-¿Se la has enviado ya?

-No. -"Coma".

-No tengo hambre.

-He dicho que coma.

¿Podría quedarse con ella un momento?

No la pierda de vista, por favor. -Sí, sí, claro.

Ven conmigo.

-Es la niña que robó la tiara, ¿no?

-¿Cómo lo sabes?

-¿Por qué ha vuelto, qué le ha pasado?

-Esta pobre niña no tiene a nadie.

Si no le ayudo yo, nadie va a hacerlo.

-Antoñito es inocente.

Y está pasando una calamidad en ese penal.

Ustedes son su familia. Lo que él más quiere.

Sobre todo usted, don Ramón.

Le tiene una admiración y un respeto que "pa" qué.

Y si ustedes le dan la espalda, pues...

no le importará "na" en el mundo y dejará de luchar

por su libertad.

Eso me lo dio su hijo "pa" usted.

-"Ahora mismo nos va a venir muy bien alejarnos un poco de Acacias".

Centrarnos en nosotros.

En nuestra relación, que ha estado a punto de derrumbarse.

-Alejarnos. ¿Qué quieres decir?

¿Qué es eso? -Esto son dos billetes para París,

pero de ida y vuelta. Y sin boda de por medio.

Una criada te va a acompañar para que no temas por tu reputación.

  • Capítulo 649

Acacias 38 - Capítulo 649

28 nov 2017

Úrsula se ablanda al saber la verdad sobre la dura infancia de Olga y le pide perdón, pero es rechazada. Sin embargo, la señora no se rinde; necesita a Olga de su lado. Lolita le pide a Felipe que defienda a Antoñito, pero el abogado no puede porque trabaja en la comisaría.

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  1. Avatar de MOTSERINA59 MOTSERINA59

    La verdad es que me decepciona bastante pues casi ya no la veo debido aque me aburre ya no saben que guiones poner las historias que ponen son tan absurdas lo de ursula no lo comprendo nada de la noche ala mañana salen dos hijas de verdad no se que esperar de esta serie ridícula en estos momentos...

    30 nov 2017
  2. Lai

    Vale..

    30 nov 2017
  3. Neti neti

    Y...no está pasando nada...siempre lo mismo.me encantan los actores...se merecen un mejor guión.

    29 nov 2017
  4. Neti neti

    Me padece exagerado lo de Antonino...esta serie ha cambiado mucho.mucha incoherencia y maldad gratuita.

    29 nov 2017
  5. marilu

    Que le pasa a Felipe? quedó mal mentalmente luego de su accidente? Se niega a defender al truhán de Antoñito como le pide Lolita por trabajar en comisaría pero a Don Ramón le promete hacer lo imposible para defender al niño estafador.¿ en que quedamos, Felipe ?.- Por otra parte, ya me parecía extraño que ursula se diera vuelta como una media así nomas, esa mujer no cambia más.- y por último: maria luisa, es como la Gata Flora, si se la ponen grita y si se la sacan llora !!!!!!!

    29 nov 2017
  6. Contentisima

    No quiten los comentarios por favor :(

    29 nov 2017