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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 645 - ver ahora
Transcripción completa

Si usted ha vivido siempre por los alrededores,

tal vez le resulten familiares los nombres de Tomás y Olga.

-Vivía en una cabaña con su hija.

Era un anacoreta,

un santurrón que apenas tenía trato con los del pueblo.

-¿Podría indicarnos dónde está esa cabaña?

-La voy a echar mucho de menos.

Pero es que siento que me tengo que ir junto a mis padres.

-Lo sé. Te deseo toda la suerte del mundo.

-Gracias, abuela.

-Te quiero.

Quería pedirle una receta.

Pero que no sea muy difícil, que no soy muy experta.

-Usted no se preocupe, que además de sabroso es bien sencillo.

-Es usted oro molido.

A mí de dónde venga o cómo se comporte me da igual.

-Entonces, ¿cuál es el problema?

-No sé. Hay algo en ella que no me da buena espina.

¿No te pareció raro su comportamiento?

Es como si tratara de ser la doble de Blanca,

como si tratara de suplantarla.

Ya hemos pagado el monumento,

ahora ustedes tienen que ponerse manos a la obra.

-Y los caídos tendrán el homenaje que se merecen,

se lo aseguro, y puede que incluso antes de lo que se piensa.

-No esperaba menos de ustedes.

-"Olga me dijo que había aprendido" a leer con la Biblia.

-"Que no, Liberto, que no quiero ni que me plantees"

lo que estás pensando. -Como quieras,

pero esto huele peor que la letrina de un cuartel.

-Que mi socio no puede haberme dejado en la estacada.

Si el dinero del ayuntamiento lo tengo yo en mi casa.

-¿Estás seguro? -"No me voy de aquí sin ti".

Vente conmigo. -No creo que mi padre

me deje marcharme contigo.

-A no ser que estemos casados y ese sea nuestro viaje de luna de miel.

María Luisa Palacios,

¿quieres casarte conmigo?

-"Dejad de buscar a Tomás".

Está muerto.

Si hasta le ha llegado a meter la crisálida de un gusano

en la canastilla para el niño. -Válgame Dios.

¿Y por qué motivo habrá hecho una cosa tan peregrina?

-No lo sé, pero estoy convencida

de que Olga es capaz de hacerle daño a Blanca. O a su criatura.

-"He pasado por el pueblo más cercano al bosque".

-Y la han conducido hasta esta cabaña.

-Según me han contado, Olga era el demonio

y, convirtió esta cabaña en un infierno.

-¿En un infierno? ¿Qué quiere decir?

-Lo que quiero decir ya lo sabes.

Olga es un demonio,

y tú deberías ya haberte dado cuenta.

-¿A qué ha venido, madre? ¿Qué es lo que quiere?

-He venido a ayudaros a esclarecer la verdad.

Yo también necesito saber

qué pasó.

Ahora que tú también desconfías de Olga,

debemos estar juntas para saber todo lo que oculta.

Estoy segura que no dista mucho

de lo que ya os he contado.

Quiero que confíes en mí.

Si vamos de la mano,...

averiguaremos juntas todo lo que hay en el pasado de tu hermana.

Así no podrás acusarme

de que miento o de que me estoy inventando cosas.

O que quiero manipularos. -¿Qué es lo que sabe?

-Sé que ese hombre, Tomás,...

se hizo cargo de Olga.

-Cosa que usted me ocultó.

-Sí. Es cierto.

Pero no volveré a ocultarte nada más, nunca.

No volveré a mentirte.

-¿Y cómo sé que esto es verdad?

-Mírame, Blanca. Debemos ir juntas en esto.

Tenemos que protegernos la una a la otra, a tu hijo, a Samuel.

-¿Protegernos?

-Sí. Protegernos.

Olga es muy peligrosa.

No me extrañaría nada en absoluto

que hubiera tenido algo que ver en la muerte de ese hombre.

-¿Está insinuando que asesinó al hombre que le dio cobijo?

-Eso es lo que quiero averiguar. -¿Qué más sabe?

-Sé que ese hombre...

murió hace unos años en circunstancias extrañas.

-¿Qué quiere decir con "circunstancias extrañas"?

-Murió ahogado en un río, cerca.

Era un hombre solitario

y extraño.

No ha sido fácil

encontrar a alguien que me hablara de él, pero lo he conseguido.

-¿Y quién es?

-El Padre Octavio. Su confesor.

Ya lo he localizado.

Muy pronto sabremos lo que pasó

entre Tomás y Olga.

¿Me puedes explicar qué pasa?

No entiendo, creía que esto era lo que tú querías.

-¿El qué exactamente?

¿Que pienses en ti y solo en ti?

¿Que hagas lo que te venga en gana o que seas un egoísta?

-Pero si acabo de pedirte matrimonio con el corazón en la mano.

-Naranjas de la China. No lo has hecho con el corazón,

lo has hecho por otra cosa. -¿Por qué?

-Ya sabes por qué.

-Te prometo que yo ahora mismo estoy de pasta de boniato.

¿A qué viene esto?

Si siempre me estás mandando señales, lanzando indirectas,

diciendo que no me lo tomo en serio. -Es que no te lo tomas en serio.

-¿Quererme casar contigo es no tomármelo en serio?

-Víctor, tú no te quieres casar conmigo.

Tú te quieres ir a París.

-Creía que tú también querías. Estás siempre hablando

de ir a París. -Sí, pero de visita, a conocerla,

a pasear por sus calles como viajante, no a vivir.

-¿Qué problema hay en irse a vivir?

-Pues que dejaría de ver a mi padre,

a mi hermano y a Trini. Mi familia está aquí.

-Y la mía allí.

Y nos van a ayudar en todo, María Luisa.

Mis padres nos van a cuidar. -Yo quiero que me cuiden mis padres.

Yo no quiero alejarme de ellos.

¿Acaso has pensado en eso?

No. Claro que no.

Porque tú solo has pensado en ti mismo.

-Yo no te estoy obligando.

Te estoy ofreciendo un plan de futuro.

-Me estás ofreciendo tu plan de futuro.

Lo que a ti te conviene, lo que te viene bien para tu vida,

para tus cosas y tus intereses.

-¿Entonces?

¿La respuesta es "no"?

"Buen trabajo".

"Conseguir esa cita con el concejal no es tarea fácil".

-Cita que tenemos que aprovechar si queremos tener éxito.

"¿Cómo quedamos? ¿Quiere que le recoja?".

-No, lamentablemente no voy a poder acompañarle.

-Pero yo pensaba que usted iba a venir conmigo.

Quizá es el momento de que nos vean juntos.

-Lo sería, pero tengo un viaje de negocios que no puedo aplazar.

-Pero somos socios en esto.

-Sí, sí, lo seremos cuando usted cierre el trato.

-"La otra noche me crucé con él". "Estaba de lo más apurado".

-¿Aquí, en Acacias?

-Sí, aquí mismo.

-Me dijo que no se podía quedar a cenar porque tenía una cita.

-Pues sería con el diseñador del monumento,

porque decía que vivía aquí al lado y tenía que ir a verle.

"Él se está llevando todo el trabajo y tú la gloria, ¿no?".

-Uy, pero ¿y a ti qué bicho te ha "picao"?

-Pero ¿tú no te habías ido a dormir?

-Pues no. Pero casi.

A eso venía, a darte las buenas noches,

que estoy que me quedo frita. ¿Qué estabas haciendo?

-Cuentas.

Ya sabes lo complicados que son los negocios.

-Complicados o no, has de descansar de ellos de vez en cuando.

Que las cuentas no se van a mover de ahí.

Déjalo para mañana y vete a dormir.

Rabio de pensar que solo queda

un año entero para que nos casemos. Me muero de ganas de ser tu esposa.

He de contarte de todo mientras que encamamos.

¿Sabes de lo que me he "enterao"?

Pues resulta que la hermana de doña Blanca, Olga,

bueno, que dicen que está más "pa" allá que "pa" acá.

Y que no es trigo limpio. La Carmen la ha pillado

haciendo cosas muy raras, y la pobre está muerta de miedo.

-¿Y si no es quien dice ser? ¿Y si ha estafado a "tos"?

¿Y si es un embuste y de los muy gordos?

-¡Que no!

-¿Cómo que no? -Que no, Lolita.

No puede formar todo parte de una estafa.

-Bueno, no te pongas tan tremendo, que tampoco es "pa" tanto.

-Ya. Sí, perdona,

es que estoy un poco cansado.

-Pues será eso, porque no es "pa" tomárselo así.

Vaya carácter, Antoñito.

Uh, carácter que parece ser viene de familia.

Hay que ver qué malamente estamos hoy "tos".

Uy...

(Portazo)

¿Ya habéis venido?

Qué alegría. ¿Cómo ha ido el viaje?

-Bien, supongo.

-Sí, me he puesto un conjunto tuyo.

Así me siento menos bicho raro cuando salgo a la calle.

Espero que no te importe. -No.

Claro que no. Puedes disponer de mi armario

cuando gustes.

-He hecho muchos progresos con las señoras, ¿sabes?

Ya no me miran tan mal.

Bueno,... todas no. María Luisa...

no me soporta.

Se le nota que le desagrado. -Serán cosas tuyas.

-No, creo que no.

Yo... me esfuerzo por caerle bien.

Pero... no lo consigo.

En fin,...

¿sabéis algo de Úrsula?

¿Fue con vosotros a ver al orfebre?

-Está de viaje

por unos asuntos de la joyería.

-Ah. Pero... sentaos. ¿Habéis desayunado?

Contadme cosas.

¿Qué tal fue la reunión con el orfebre, aprendiste mucho?

¿Qué os contó? -Trabajará para nosotros.

-¿De verdad?

-Sí. Por eso debo terminar mis diseños cuanto antes.

-Qué buena noticia, Blanca. Esto hay que celebrarlo.

Voy a preparar un pastel como los que sirven en La Deliciosa.

Le pedí la receta a Víctor.

Ya verás como os gusta.

¿Me acompañas?

No sé dónde están los utensilios de cocina.

-¿Has visto cómo se comporta?

-Te está imitando.

No solo en la ropa, en los gestos, el peinado.

-Samuel,...

está rasgado como la Biblia de la cabaña.

Ramón, yo no sé qué le ocurre a tu hija, ¿eh?

-¿Y qué le va a suceder?

-Hombre, que todavía no se ha levantado.

He tocado a la puerta y dice que no quiere desayunar.

-Pues ahora que lo dice, ayer llegó hecha una furia.

-Fruslerías. Ya conocéis a María Luisa, se enfada por todo.

Pero enseguida se le pasa.

Ya se levantará cuando le venga el hambre,

que ella es de muy buen comer. -Mira, ahí te voy a dar la razón.

Antoñito,...

le he pedido a Lolita que prepare una cena especial.

Hay mucho que celebrar.

-¿Celebrar?

-Hombre. Lo bien que van tus negocios.

Además, como no pudiste ir a la comida con los amigos de tu padre

del Ateneo...

-No sé yo si tengo cuerpo para celebraciones.

-Siempre hay cuerpo para eso.

-Y yo te tengo preparada una sorpresa.

-¿Una sorpresa?

-Lo voy a poner aquí, en mitad del salón, para que todo el mundo

que venga de visita lo vea.

-Padre,... yo no sé si hace falta tanto.

-No es que haga falta ni deje de hacer falta, me apetece.

¿Tú sabes la cantidad de gente que me para por la calle

para darte felicitaciones?

"Don Ramón, por fin su hijo

se ha convertido en un hombre de provecho".

¿Tú sabes lo orgulloso que está el barrio de que el ayuntamiento

haya decidido levantar un monumento a los caídos?

-Claro que sí, Ramón. Si es que te lo dije.

Que podíamos confiar en el chico.

Ha salido a ti. Que tiene madera de empresario.

Además de ser muy intuitivo y audaz. -Trini, no exagere,

que yo no sé si es para tanto. Además, que las obras

se están retrasando... -Que no, Antoñito, hijo,

que no, que no exagero ni un poquito de nada.

(Llaman a la puerta)

-Voy.

Buenas.

¿Para mí? -Para don Antonio Palacios.

-Gracias.

-¿Todo bien, hijo? -Sí.

Si me disculpan, me voy a retirar a mi habitación,

que tengo que hacer unos números. -Sería mejor

que fueras a la chocolatería.

Víctor se ha portado muy bien contigo cuando no tenías nada,

así que tú tendrías que portarte bien con él, que nunca se sabe

las vueltas que da la vida.

-Cuánto sabe usted, padre.

Cuánto sabe usted.

Esa chica, Olga, es más rara que un perro verde, os lo digo yo.

Es que aún no entiendo cómo pueden ser hermanas,

si no se parecen la una a la otra en nada.

-Señores.

Vengo a informarles sobre el torneo que se ha de celebrar en Acacias.

-¿Un torneo de qué? -De dominó, por parejas.

Con una copa y suculentas viandas como premio para los vencedores.

Y total, por un módico e insignificante precio

de inscripción.

-Cuando dices "insignificante", ¿a qué te refieres?

-A un precio muy bajo. Vamos, que... ni siquiera

vale la pena mencionar.

¿Qué, se apuntan?

-Ni loca, que esto me huele a otra idea de esas tuyas

que se te ocurren para sacarnos los dineros.

-¿Ideas mías? -No, de mi prima

la de Valencia. Pues claro que ideas tuyas.

¿O tenemos que recordarte lo del dinero del pasaje a Cuba?

-No, no. Eso lo pienso devolver. Se lo pienso devolver a don Ramón.

Se lo juro por mis muertos.

-No jure tanto.

-Pues a mí lo del torneo me parece una idea estupenda.

Y no lo digo porque sea peritísimo

en el arte del dominó.

Pero yo jugaba partiditas en mi época de estudiante.

¿Qué, cariño,...

nos apuntamos? -Ni hablar del peluquín.

Señores y criados jugando juntos a esa cosa.

-Esa cosa se llama dominó. -Esa cosa se llama vulgaridad.

Es un juego de... pobres y gente de mal vivir.

-Algo de razón tienes, Rosina. -Toda.

Si se tratara de damas,

o de ajedrez.

-¿Tú sabes jugar al ajedrez?

-Pues no, pero aprendo cuando yo quiera, ni que fuera tan difícil.

Pero a esa cosa del dominó, te aseguro que no voy ni a intentarlo.

¿Qué pensaría Susana, o Úrsula,

si me vieran jugando a esa cosa como una tabernera?

-¿Que te estás divirtiendo? -Que no, qué pesado, Liberto.

Apúntate tú si quieres.

-No te apures,

ya me buscaré otra pareja de baile. Dame una inscripción de esas.

-Doña Celia, ¿se apunta?

-Yo tengo mucho lío con gestionar

mi empresa de tintes y con recuperar el tiempo perdido con Felipe.

-Con permiso.

Víctor, ¿te apuntas a un torneo de dominó por parejas con María Luisa?

-¿Por parejas? ¿Con María Luisa?

Lo que me faltaba a mí, Servando. ¡Anda, váyase de la terraza,

que me espanta la clientela, hombre! ¡Venga!

-¿Qué mosca le habrá "picao"? -El otro. ¿Qué horas son estas?

-Perdón. Pero, una cosita, ¿no tendrás una ganzúa o algo por ahí?

Es que he perdido la llave de un candado y no sé cómo abrirlo.

-Y yo no sé cómo te aguanto.

Ahí al lado del mostrador creo que tienes algo.

Luego lo miras. Ahora a trabajar.

Venga.

¿Qué es lo que buscas exactamente?

-Unos lápices de carboncillo que Samuel asegura

que utilizaba su padre para sus diseños.

Dice que me van a venir muy bien para mis dibujos.

-Esto está hecho un poco una leonera, ¿no?

-Y eso que lo estás viendo después de que Samuel y Liberto

lo hayan adecentado un poco.

-No quiero ni imaginarme cómo estaba.

Aunque esto...

no es fruto de la dejadez. -No, Leonor.

Me temo que aquí ha sucedido algo que se nos escapa.

Algo en lo que probablemente Olga tenga algo que ver.

-¿Sigues desconfiando de ella?

-El viaje al bosque de Las Damas me ha provocado

sentimientos encontrados.

-¿Qué quieres decir?

-Por un lado,... Olga despierta

mi compasión más sincera.

Apenas tenía cinco años cuando se quedó completamente sola

en aquel lugar. -Tuvo que ser horrible.

Vivir un episodio así de niña, tiene que forjar tu carácter

cuando creces.

(SUSPIRA)

Perdón, ¿y por otro lado?

-Por otro lado,...

me sigue despertando inquietud su comportamiento.

Es como si percibiera algo oscuro en ella.

Como si mis tripas me estuvieran diciendo que es peligrosa.

-Ya. Yo, la verdad, es que la entiendo.

Pero en tu ausencia,...

Olga estuvo... frecuentando la chocolatería.

-Sí, eso me dijo. ¿Y?

-No, que hace un esfuerzo para integrarse.

No es que lo haga del todo mal. Pero...

es penoso el esfuerzo que hace por imitarte, Blanca.

-Ganas de agradar. Pobre.

-Ya veo que en realidad no has sacado nada en claro de tu viaje.

-Bueno.

Solo que ese hombre con el que vivía Olga,

Tomás, murió hace años.

-Entonces, ¿ahí termina todo?

-No.

También me ha servido para confirmar que...

no me va a resultar tan sencillo estar casada con Samuel

como pensaba.

¿Qué quiere decir que no va a resultar tan sencillo?

-Pues eso.

Que mi matrimonio no va tan bien como yo pensaba que iba a ir.

-Bueno, pero tal vez sea por el embarazo.

Ya sabe cómo se alteran las mujeres cuando están en estado interesante.

-No se trata del crío. Es otra cosa.

-¿Qué otra cosa?

Se refiere a su hermano. ¿No es así?

-Diego es el único que se interpone entre nosotros.

Aun sin estar presente,... nos está distanciando.

-Creo que debería darle un poco más de tiempo a su esposa.

-He de reconocerle que la culpa no es solo de Blanca.

Ella está distante conmigo.

Pero yo tampoco termino de abrirme a ella con confianza absoluta.

Es como si el recuerdo de Diego me lo impidiera.

Un recuerdo que se me clava

en las tripas y en el corazón.

No pasa ni un solo minuto sin que piense en Diego, Leonor.

-¿Incluso cuando estás con Samuel?

-Sobre todo cuando estoy con Samuel.

Es insoportable.

Además, siento que él lo nota, y yo odio hacerle daño.

Samuel es... tan amable, tan bueno.

Es un verdadero amigo.

Alguien con quien sabes que siempre puedes contar.

-Ya Blanca, pero es solo eso.

Es un buen amigo, y Diego es otra cosa.

Es el amor de tu vida.

-Es el pañuelo de Diego.

Le echo tanto de menos.

¿Qué voy a hacer, Leonor?

-No lo sé.

La situación con la que tienes que lidiar

no es nada fácil. No me gustaría estar en tu piel.

-Tengo que seguir intentándolo.

Tengo que... seguir esforzándome por olvidarle.

Por mi hijo.

Solo deseo que allí donde esté,... Diego esté bien.

-Pues yo lo que deseo es que algún día,

tú también puedas estarlo.

-(VOZ DE SAMUEL) "Eso es lo único que quiero".

Que Blanca esté bien y sea feliz.

Pero a veces pienso que estando a mi lado nunca va a conseguirlo.

-No diga eso. -Es la verdad, Liberto.

Aunque me pese,

no puedo evitar recordar que Blanca se casó conmigo

para salvarme la vida. No porque estuviera enamorada de mí.

-Y gracias a ese gesto, ahora estamos aquí sentados y hablando.

Tampoco sabe si eso fue cierto.

-Lo sé.

Como también sé que por muchos esfuerzos que haga,

Blanca no conseguirá quererme como quiere a Diego.

Las relaciones necesitan un tiempo para afianzarse.

-No es verdad.

Si hay amor,... todo lo demás no importa.

-Pero es que hay muchas clases de amor, Samuel.

-Pero solo uno válido. Aquel que te hace cometer locuras.

Aquel que te hace saltarte todas las normas.

Como usted con su esposa.

El nuestro es un amor conveniente... y práctico.

Temo que estemos condenados

a llevar una vida gris y llena de desilusiones.

-Pero ahora hay un niño en camino.

Y eso no es sinónimo de infelicidad

ni de desilusiones, sino de todo lo contrario.

Ese niño va a ser el nexo que necesitan para volver a encontrarse.

Ya lo verá.

Buenos días, María Luisa.

Pero bueno, ¿y a ti qué te ocurre?

Pensé que estarías más contenta después de la sorpresa

que te tenía preparada Víctor. Mira, a ese ni me lo mientes.

Ese es tu novio.

Y mi novio es un caradura.

¿Me cuentas lo que ha pasado?

Lo que ha pasado es que me ha pedido en matrimonio,

eso es lo que ha pasado. Pero eso es fantástico.

¿No es eso lo que querías?

Lo que quería es que me lo pidiera por amor.

¿Y no te lo ha pedido por eso? Pues no.

Me lo ha pedido porque...

su madre quiere que se vaya a vivir con ella a París.

Quiere abrir una sucursal de La Deliciosa allí.

Víctor te quiere, María Luisa.

No lo suficiente. Si no, ¿por qué no me lo ha pedido antes?

Pues porque lo estaría pensando y esto le ha dado el empujón final.

No, Víctor no piensa, Elvira, y menos en mí.

A él le viene bien que nos casemos para que me vaya con él

y empecemos una vida nueva sin estar en pecado,

cosa que yo no consentiría, Dios me libre.

Él ha pensado en él, un poquito en él y nada más que en él.

Pues como todos los hombres.

¿Qué esperas?

Pues lo que espero es...

romanticismo,... amor de verdad.

¿Hay algo menos romántico que lo que ha hecho Víctor?

Se me ocurren unas cuantas cosas.

Pero es que yo no quiero renunciar a mi familia,

a mis amigos ni a mi vida. Así son los hombres.

Una se entrega por completo a ellos y ellos van a la suya,

portándose como unos egoístas.

Solo piensan en ellos y en su propio interés.

Pero yo no puedo ir tras Víctor

a París, como un perrito faldero. No, no puedes.

Antes las mujeres vivíamos a la sombra de los hombres,

pero las cosas están cambiando. No puedes ceder, María Luisa,

no puedes rebajarte.

¿Qué me estás sugiriendo, que lo deje?

Solo te sugiero que no cometas los mismos errores que yo.

Que no sufras por un hombre como yo estoy sufriendo.

Pues creo que ya es tarde para eso.

Si... no me voy con él,

sufriré porque... tendré que dejar nuestra relación.

Y le echaré de menos.

Y si me voy con él, sufriré

porque tendré que dejar mi vida atrás y a la gente que quiero.

Creo que tienes razón, amiga.

Las dos estamos destinadas

a sufrir por amor.

¿Qué voy a hacer?

¿Eso es todo lo que has sacado de las inscripciones?

-Sí. No mucho, pero menos da una piedra.

Solo falta que se apunte alguno de los señores,

aunque don Liberto está a puntito.

Bueno, van a caer como moscas por nosotros, derrotados.

Que me voy a hacer de oro.

Nos vamos a hacer de oro, quería decir.

-Para eso hay que saber jugar.

¿Quiere que le dé lecciones? -Sí, yo escucho.

-Atención: si las fichas que van saliendo son de muchos puntos,

haga cuentas en el magín "preparao" "pal" el cierre.

Y si se huele pronto la derrota,

despíntese en cuanto pueda. -Ya.

¿Y por qué no hacemos...

un método que nos salga algo más sencillo?

No sé, un lenguaje de gestos.

-Trampas. -No, no,

vamos a ver, yo... Si yo de repente me toco

la nariz, es que la ficha es más alta.

Pero si de repente...

me toco el entrecejo, es que es más baja.

-Trampa. -Que no,

que solamente sería una pequeña ayuda

para asegurarnos la victoria.

No se ponga usted picajoso. -Picajoso no,

¿"honrao" quiere decir usted? No.

Yo no hago trampas. Este es un juego limpio y de gente "honrá".

¿Qué iban a pensar mis ovejas si supieran que soy un tramposo?

-Pues orgullosas de usted estarían sabiendo que les aseguraba el pan.

-Comen hierba.

Y si usted quiere que seamos pareja, habremos de ser "honraos".

-Bueno, venga, vamos a dejar esto, vamos a hacer el recuento.

A ver,... Casilda con el Martín.

Don Liberto... Bueno, don Liberto con quien quiera.

Jacinto con Servando...

y Fabiana con Chucho, el portero 25. -Ah.

De eso venía a hablarle yo.

¿A santo de qué me pone usted con el Chucho ese, que es un malaje

y un malasombra? -Bueno,

porque le ha tocado en sorteo.

-¿Y desde cuándo se hacen grupos al dominó por sorteo?

Hubiera tenido más sentido que se hubiese puesto

con ese enrabietado. Portero con portero.

Y yo me pongo con Jacinto. -Vamos a ver, por Dios,

¿se cree usted que me chupo el dedo?

-¿Cómo?

-Que no, que no, que a usted le ha tocado a Chucho

y se aguanta y punto redondo.

¿No querrá hacer trampas? Esto es un juego limpio

de gente "honrá".

¿Qué es esto? -Esto es una merienda celebración.

He preparado esta tarta y la vamos a comer todos juntos.

-Es increíble.

No pierdes el tiempo, ¿verdad?

-La merienda está en la mesa.

-¿Cómo te encuentras, Blanca?

-Perfectamente. -Sentaos.

Hoy vamos a celebrar muchas cosas.

Que mi hermana me ha abierto su corazón

y me permite entrar en su vida.

Y que tus diseños serán todo un éxito.

Gracias al orfebre que habéis conseguido.

-No tenías que haberte molestado, Olga.

-Quería hacerlo.

He preparado esta tarta con muchísimo cariño.

-Yo no tengo apetito.

Con el embarazo, a veces tengo el estómago un poco revuelto.

-En cuanto pruebes mi tarta,...

se te asentará.

Te voy a dar el trozo del centro, que está más jugoso y tierno.

-De acuerdo. Lo probaré.

-Está deliciosa.

¿Es que nadie va a hincarle el diente a este manjar?

-Yo no tengo apetito.

-Qué pena.

Bueno, usted se lo pierde. Está realmente exquisita.

-Samuel,... ¿puedes venir un momento?

He contactado con el Padre Octavio.

Se iba de misiones.

Hemos tenido suerte de localizarlo a tiempo.

-¿Nos recibirá? -Sí.

Hemos quedado mañana

en los alrededores del monasterio donde vive.

-¿Por qué disfruta tanto haciéndome feos?

-No dejes que te afecte. Olvídalo.

Olga, esta tarta está realmente rica.

Así que Víctor se nos casa. -Eso parece.

Al menos se lo ha pedido.

Y supongo que María Luisa habrá contestado que sí.

Esa muchacha lo estaba deseando.

-Pues no parece esta la cara de un hombre recién comprometido

con su amor.

-Será porque no estoy recién comprometido, Liberto.

Eso venía contándole a Simón.

-¿Te ha respondido que no?

-Peor todavía, abuela.

Dice que soy un oportunista que nada más piensa

en sus intereses, que no tengo corazón ninguno y que no la quiero.

-Cree que Víctor solo piensa...

que le conviene irse a París,

y que eso es lo único que ha motivado la petición de matrimonio.

-¿Qué más da lo que lo haya motivado?

Si yo la quiero y me quiero casar con ella. Eso es lo importante, ¿no?

Que yo entiendo que ella quiera estar con su familia,

pero es que yo también.

Que hace muchísimo tiempo que no estoy con mi madre.

Y de mi padre prácticamente no tuve tiempo de disfrutar.

¿De verdad soy un egoísta por intentar recuperarles?

¿No me quedé yo aquí cuando mi madre se fue?

Ella no puede hacer ahora lo mismo por mí.

¡¿Quién es el egoísta aquí?!

-Ten paciencia, hijo.

Seguro que la noticia la ha cogido desprevenida.

En unos días, cuando recapacite, cambiará de parecer.

-¿Usted cree, abuela?

A mí lo que me da miedo es que María Luisa todavía sea una niña.

Que no esté preparada para los avatares que conlleva la madurez.

Es que no quiere separarse de la protección de su padre.

No quiere.

Yo creo que no está preparada para formar su propia familia.

-A ver, Víctor, tampoco saquemos las cosas de lugar.

Las mujeres son viscerales.

Yo te digo que deberías darle un poco de tiempo.

Porque si también te defiendes tú, se va a armar la de san Quintín.

-Bien dicho, hijo.

Volved a hablarlo en unos días.

Con calma.

Y, por supuesto, cuando María Luisa diga el "sí",

tendremos que ir a hablar con don Ramón, que es lo que procede.

Como no está tu madre, te acompañaré yo.

#Como una diosa que vino a lidiar, con su porte pinturero.

#Desde marzo... Desde marzo hasta febrero.

#Sus ojos... dos luceros de azabache,

#tan... bellos...

#que parecen un mapache. #

¡Uy!

Uy.

-No. No, no, no, no, ¿qué haces con eso?

-¿Son tuyos? -Eh...

-¡Arrea, qué suerte que tengo!

Gracias, gracias, gracias. Esto sí que es una sorpresa.

Que yo nunca he estado en Italia.

Bueno, ni en Italia ni en ningún sitio que no sea esto o mi pueblo.

Ay, si es que...

Italia,

"mamma mía", Italia. Cenaremos en "bonicos" restaurantes.

Donde ponen macarrones de esos que son como canutillos pero de pan.

Y queso de ese que parece una bola, que dicen que está

para rechupetearse los dedos.

Pasearemos "to" la ciudad cogiditos de la mano.

Y dormiremos... -Lolita, mira,...

-No podemos ir a Italia.

-¿No?

-Pues no. no, Antoñito, porque no estamos "casaos".

¿Tú sabes lo que diría la gente si vamos a Italia?

-Ah.

-Pues que soy una fresca y que no tengo decencia ninguna.

Y eso sí que no, por ahí no paso. Que no quiero yo que la gente

ande parloteando por ahí

¿Estamos? -Sí, estamos, Lolita.

Es una pena, la verdad.

Pero bueno, podemos ir... de luna de miel, ¿no?

-Ay. Siento haberte "chafao" la sorpresa.

¿Seguro que no te importa? -Sí, claro que me importa, Lolita,

me hacía mucha ilusión. Pero...

Pero tienes razón, que me dejo llevar por los impulsos y no puede ser.

Hay que hacer lo que hay que hacer.

Y ahora, si me dejas un... momento, que tengo que terminar una faena.

-Claro que sí, vida mía.

Luego nos vemos.

Y gracias. Que de haber sido una indecente, pues...

me hubiera encantado el viaje.

Ponme también un chal

para el monasterio. no se sabe nunca qué tiempo

puede hacer por esos lares.

-Señora. -¿Qué sucede, Carmen?

-Se trata de su hija Olga.

-¿Qué ocurre con Olga?

-Tiene un comportamiento de lo más extraño.

-Explícate.

-Se pone la ropa de Blanca y la imita.

Y el otro día la vi hablando sola en el despacho.

-¿Sola?

Haces bien en desconfiar de ella.

No le quites ojo de encima mientras estamos fuera.

Cuando vuelva, me cuentas todo lo que ha hecho.

-No me gusta quedarme a solas con ella, me da miedo.

Nunca sé qué pasa por su mente.

-¿Qué hacen?

¿Hablaban de mí?

¿A mis espaldas?

Eso no está bien, es de mala educación.

-Iré a ver cómo va el guiso.

-Vaya con la mosquita muerta de la criada.

-Estás disfrutando, ¿verdad?

Aprovecha.

Porque el tiempo de diversión se te acaba,

hija.

-¿Usted cree?

-Voy a asegurarme de que así sea.

Se te acabaron los vestiditos y los lujos.

Los días en esta casa están contados para ti.

-¿Y cómo piensa conseguirlo, madre?

-Pronto sabremos toda la verdad sobre ti.

Todo lo que ocultas. Y Blanca...

dejará de protegerte.

-¿Por qué odia tanto que Blanca y yo

nos llevemos bien?

-No te hagas la mosquita muerta conmigo.

De nada te sirve hacer teatro.

Llevarte bien con Blanca o no, a ti te trae al pairo.

-Usted no me conoce. -Ah.

Sé que eres una mentirosa.

Sé que todo lo que sale de tu boca son embustes

y, que todo lo que haces es pura actuación.

-Estoy haciendo grandes esfuerzos por integrarme en este mundo.

Y por agradar a esta familia.

-Estás haciendo un papel.

Y pronto descubriremos tus intenciones.

-Mis intenciones son recuperar la familia que usted me arrebató.

¿Tan difícil es de entender?

Luisi, hija, ¿ya estás aquí en casa? -Sí.

Pero me voy a dormir ya.

-¿No quieres comer nada?

-No, no tengo apetito. -Pero ¿cómo no vas a tener apetito?

Que no te has echado nada al buche en todo el día.

-No me encuentro bien.

-¿Qué te ocurre? Venga, cuéntamelo, que me tienes preocupada.

-No se preocupe usted, Trini. Será una simple indisposición.

-No te creo.

A ti lo que te duele es el corazón o la tripa, que a mí no me engañas.

(Pasos)

Venga, dime.

Víctor, hijo. ¿Qué haces aquí a estas horas?

Mejor os dejo a solas.

-¿A qué has venido?

-Ya sabes a qué he venido. Tenemos que hablar.

-No quiero hablar, estoy cansada.

-¿Vamos a enterrar el hacha de guerra

y a hablar como personas civilizadas, aunque sea un momento?

-Está bien. Te escucho.

-Sé que estás muy enfadada ahora mismo.

Pero quiero que te pienses bien las cosas.

Que no tomes decisiones precipitadas.

-¿Tú me hablas de decisiones precipitadas?

-Yo te hablo de ti y de mí.

Te hablo de lo que hay entre nosotros.

Sé que es muy difícil separarte de tu familia.

Lo sé porque a mí me ha pasado.

Pero tienes que superar ese miedo.

Mirar hacia delante. -Ahora es culpa de mis miedos.

-¿Tú no quieres crear tu propia familia?

-Por supuesto que sí. Pero no a miles de kilómetros

de mi hogar. -En un sitio nuevo,...

hermoso, en el que poder empezar de cero los dos.

-Pero ¿no lo entiendes?

¿todavía no te imaginas de dónde viene mi malestar?

-No. No me lo imagino.

Me lanzas indirectas para que te pida en matrimonio.

-Y tú meses dándome largas.

Quieres que nos casemos porque quieres irte a París.

-No es solo por eso.

-¿Qué hubiese ocurrido si tu madre no te propone ese viaje?

¿Me lo hubieses pedido igual?

Ya. Me lo imaginaba.

-(RESOPLA)

-Yo no venía aquí a discutir. He venido solamente a hablar.

-Bueno, pues a mí no me apetece. Márchate, Víctor.

-Vamos a aclarar esto antes.

-No, no vamos a aclarar nada porque no nos entendemos.

-Me estás echando.

¿De verdad?

Estoy deseando reunirme con ese hombre, con el Padre Octavio.

A ver si da algo de luz a todo este asunto.

-Samuel,...

lo cierto es que no me siento cómoda haciendo esto a espaldas de Olga.

-Necesitamos saber la verdad para poder confiar en ella.

-Lo sé. Pero ahora le estamos mintiendo

y, no me hace sentir bien.

Yo no tengo la sangre fría de mi madre.

-En nada te pareces a ella, gracias a Dios.

Tienes un gran corazón.

Y si Olga dice la verdad, lo podrás usar enteramente al cuidarla.

-¿Molesto?

-Claro que no, pasa.

¿Qué ocurre? -Nada.

Solo me gustaría estar un rato contigo.

Apenas hemos hablado desde que regresaste.

Pero puedo volver en otro momento. -No, nada de eso.

Samuel, ¿nos dejarías a solas, por favor?

-Te he echado mucho de menos.

No me gusta quedarme a solas con Úrsula.

Me amenaza y me habla como si

yo tuviera oscuras intenciones.

-Olga, no debes hacerle caso.

No dejes que te afecte lo que te diga.

-Es muy difícil. Me dice cosas horribles.

Es malvada conmigo.

-Siento mucho por todo lo que has pasado.

Y lo que sigues pasando.

-Y yo siento... no ser la hermana que te mereces.

Me gustaría poder hacerlo mejor.

Encajar mejor en esta familia. -No digas eso.

-No sé cómo... integrarme.

No sé cómo formar parte de tu vida

sin molestar a nadie. -Tú no molestas a nadie.

-Me gustaría que algún día confiaras plenamente en mí.

Lo único que quiero... es ser una buena hermana.

Y una buena tía.

¿Puedo?

-Olga, creo que es demasiado pronto

para que puedas escuchar nada ahí dentro.

-¿Cómo estás, pequeño?

Soy tu tía Olga.

Tenemos todos muchas ganas de verte la carita.

No confías en mí, ¿verdad?

¿Blanca?

Blanca. Blanca.

¿Estás bien? ¡Hermana!

¡Despierta!

¡Hermana! -¡Blanca!

¡Blanca! ¿Qué te pasa?

¡Blanca, respóndeme!

¡Olga, ¿qué ha pasado?!

-No lo sé. Se ha desmayado de repente.

Víctor. ¿Cómo te encuentras?

¿Has conseguido hablar con María Luisa?

-Vaya, parece que todo el mundo me va a preguntar lo mismo, ¿no?

-Vaya, si lo sé mantengo la boca cerrada.

Ya veo que no estás de humor. -Difícil estarlo, Liberto.

Estuve hablando con ella.

Sigue igual. Creo que incluso empeoré las cosas.

-Mira que eso era difícil.

-Con María Luisa siempre es posible ir... un poquito a peor.

¿Acaso temes que te pueda envenenar como hiciste tú ayer con tu hermana?

-Eso es mentira.

-No soy yo la que miento.

Por eso tu insistencia en que comiera de tu tarta.

¿Qué es lo que echaste?

-Nada.

Parece aterrorizada con lo que le pueda hacer a Blanca y a ese crío.

-Olga, solo te digo una cosa.

Si le ocurre algo a mi hija, o a mi nieto,

haré que te arrepientas el resto de tu vida.

Es vital que vayas cogiendo fuerzas.

Tómatelo sin temor.

Carmen lo ha preparado bajo mi vigilancia.

Pase lo que pase, no debes comer nada que haya podido ser manipulado

por Olga.

-Hoy te quedarás en cama.

Daré aviso para cancelar el encuentro con el padre Octavio.

-No, de ninguna manera.

Debemos verle.

Recuerda que se iba a las misiones.

-Blanca tiene razón. Es cierto.

Es nuestra última oportunidad de saber toda la verdad sobre Olga.

(VOZ DE ELVIRA) "Dígame, ¿iba ya a casa?".

Así es. ¿Por, quería algo?

No. Nada, es que, conversar con usted me da ánimos.

Pensaba que podríamos seguir con nuestra charla de camino

a los Jardines del Príncipe.

Tendremos que dejarlo para otro día.

Tengo que preparar unos presupuestos.

Tengo una reunión fuera de Acacias,

con uno de mis proveedores. No pasa nada.

Otra vez será.

Hijo, que nos llevas por delante.

-Veníamos a tomar un chocolate con tu hermana.

-Te diría que te sentaras, pero alguien tendrá que atendernos.

-Lo siento, pero ahora no puedo entretenerme.

-Pero ¿adónde vas? ¿Sucede algo?

-Hay algo que tengo que contarles, pero ni sé por dónde empezar.

-Señor Antonio Palacios no se mueva de donde está.

-¿Qué ocurre, comisario?

-Créame que lo siento, don Ramón.

Sabe que siempre le he respetado, pero debo detener a su hijo.

-¿Cómo?

-"No sé si me estaré tomando demasiadas libertades, pero"

ha de saber que la señorita Olga me da mala espina.

Desde que ha llegado a la casa no dejan de suceder cosas raras.

-¿Y tú crees que Olga puede tener algo que ver en el mareo de Blanca?

-Yo no me atrevería a decirlo con seguridad.

Lo único que sé es que...

este le sobrevino después de comer

una tarta que la señorita Olga le había preparado.

Yo ya no sé qué pensar, Trini.

Le había dado un voto de confianza.

Pensaba que esta vez no me engañaba, que se había reformado.

-Y así ha sido, don Ramón.

-Entonces, ¿cómo explicas este embrollo,

Lolita?

-Vamos a ver.

Digo yo. El tal Belarmino este.

Seguramente él tenga la llave para deshacer el entuerto.

-Para nuestra desdicha, no sabemos nada de él.

Se lo ha tragado la tierra.

-"Es menester que nos cuente"

todo lo que sepa sobre Olga.

-¿Qué les empuja a remover ese turbio pasado?

¿Qué relación les une con ella?

-Hace años conocimos a Tomás y a esa niña.

Ahora sospechamos que Olga no murió

y que puede estar merodeando cerca de nosotros.

-¿Ella sigue viva?

Comprendo su inquietud. Qué terrible noticia.

-Se lo rogamos. Cuente lo que sepa.

Madre, se ha olvidado...

¿Qué haces aquí?

He venido a verte.

Estaba esperando en la escalera a que doña Susana se fuera

y te quedaras solo.

¿Por qué motivo?

Hay algo de lo que debo hablarte.

Creía habértelo dejado lo suficientemente claro el otro día.

Tú y yo ya no tenemos nada que decirnos.

Te ruego que me escuches.

No tardaré mucho y será la última vez que te moleste.

Simón, de verdad, ¿no vas a dejarme pasar dentro?

¿Vas a obligarme a que te hable desde el rellano, a la vista

del primer vecino que pase?

-"Olga".

No sabía que estabas en casa.

Estás llorando, ¿qué...?

¿Qué te ocurre, por qué sufres?

-Me siento despreciada, Blanca.

Da igual lo que haga.

Nuestra madre siempre se las apañará para echarme las culpas.

Me odia por el mero hecho de estar viva.

-No, Olga, no digas eso. -¿Acaso no es cierto?

Sé que deseaba que muriera en aquel bosque donde me abandonó de niña.

Pero no es eso lo que más me duele.

-Entonces, ¿qué?

-Que ha conseguido llevarte a su terreno.

-¿La acogió en su casa? -Así es.

Tomás se entregó en cuerpo y alma a su crianza.

Pero no tardó en tener problemas con ella.

Era muy rebelde y descargaba toda su rabia contra él.

Parecía que estaba tocada por el mismísimo Lucifer.

-¿A qué se refiere exactamente?

-No debería hablar de esto. -Se lo ruego.

Podríamos estar en peligro. Necesitamos saber la verdad.

  • Capítulo 645

Acacias 38 - Capítulo 645

22 nov 2017

Úrsula les cuenta a Samuel y Blanca que ha contactado con el padre Octavio, confesor de Tomás. Pronto se reunirán con él para conocer la verdad sobre Olga. Blanca y Samuel regresan a Acacias y simulan frente a Olga, que finge creerlos. María Luisa reacciona furiosa a la petición de matrimonio de Víctor. Víctor intenta arreglar las cosas, pero lo empeora. Antoñito no puede abrir el maletín de Belarmino. Disimula sus nervios frente a Lolita, Ramón y Trini cuando recibe unos billetes para Italia. Lolita encuentra los billetes de Italia y Antoñito consigue abrir el maletín: no hay dinero.

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