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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 643 - ver ahora
Transcripción completa

Olga cuenta unas cosas; mi madre, otras.

El pájaro muerto

ha servido para acabar con todas mis certezas.

Olga cuenta unas cosas; mi madre, otras.

-"He hablado con Elvira".

Me ha contado algo que deberías haberme contado tú.

-¿El qué? -Que doña Susana

es madre de Simón. Que Simón es tu tío.

-He intentado ser discreto con una historia

que no me pertenece. -Veo lo que significo para ti.

-"Es muy bonita".

-Es para mi hijo.

Tu hijo va a tener de todo y todos le vamos a querer.

-Espero que no le falte de nada. -Se me va a hacer largo...

-No la toques. -"¿Sabes lo que decía mi padre?".

Que no le tenía miedo al fracaso, sino al éxito.

Por las reacciones de los envidiosos

y los rencorosos. -Si Elvira no ha hablado ya,

no lo hará.

-De esa mujer, me lo espero todo. -"Nos vamos de viaje".

A Matallanas del Río. Ahí vive el mejor orfebre

que tuvo mi padre. Quiero consultarle

sobre el diseño de Blanca.

Solo serán un par de días. -¿Y ella tiene que ir?

Está embarazada. -No sufrirá ningún daño. Es mi esposa

y la diseñadora. Doble motivo

para venir conmigo. -"¿Adónde han ido Samuel y Blanca?".

-¿A ese pueblo? -¿Matallanas del Río?

No, les llevó a un bosque.

-El bosque de Las Damas. -"Estoy tentado"

de ponerme a contar todo el dinero que vamos a ganar.

-Brindemos por el éxito.

-Precisamente, tengo en hielo una botella de champán,

querido socio. -¡Ah! Venga, a por ella.

-"Mis felicitaciones, doña Susana", de corazón".

"Me lo han comentado hasta en el Ateneo Militar".

Dejaré allí su tarjeta. Quizá mis compañeros

quieran hacerse el uniforme de gala. Haré que todo el mundo

sepa quién es usted. -"Blanca va a tener un niño".

Debemos ser una familia.

-Nunca seremos una familia.

No eres más que una enferma y una asesina.

No finjas que te duelen mis palabras.

Nunca has formado parte de esta familia.

No veo por qué tienes tanto interés en estrechar lazos inexistentes.

¿Qué piensas con esas pocas luces

que Dios te dio? ¿Querrías acabar lo que empezaste?

¿Querrías intentarlo

por segunda vez?

-Ya se lo dije. Si quisiera, ya lo habría hecho.

-No te temo.

Eres una desquiciada.

La misma niña, enferma de odio, demoniaca,

que fuiste siempre. -Usted no me conoce.

Nunca se preocupó por conocerme.

Te llevé dentro nueve meses, te parí. ¿Te parece

poco conocimiento?

-No me importa lo que diga o piense. No estoy aquí por usted.

-Crees que te tienes ganada a Blanca.

Blanca se ha dado cuenta

de que, desde que llegaste, solo has contado mentiras.

Carmen,

recoge la mesa. Esta insensata

me ha quitado el apetito.

-Blanca me quiere.

Intenta saber de mí, pero me quiere.

Eres una ingenua.

¿De verdad crees

que han ido a ver a ese orfebre? No.

Blanca y su marido

han ido al bosque de Las Damas, a indagar sobre tu pasado.

Hablarán con los paisanos... y alguno te recordará.

Entonces, a Blanca se le caerá

la venda de los ojos.

Y te despreciará, como te desprecio yo.

Te echará de casa.

Si en algún momento pensabas que aquí tenías futuro,

¡olvídalo! Ni siquiera Blanca te querrá.

Ya no.

No me vengas con lágrimas

de farisea.

Carmen...

Recoge los cristales.

Antoñito, ¿qué, hijo, nos vas a contar qué se celebra?

-En cuanto venga Lolita.

-¿Es imprescindible la criada?

-Es imprescindible mi novia.

No es solo mi futura esposa, sino que ella

trae el champán, así que sí.

Mira, por ahí viene. -¡Las burbujillas!

Señores y señoras, las burbujillas.

Bueno, creo que mi padre ya sabe por dónde van los tiros.

Familia, en efecto, tengo...

un nuevo negocio. -¡Ay!

-Supongo que si lo anuncias así,

a bombo y platillo, no tengo nada que temer.

Será un negocio respetable que no va a provocarme

una conmoción. -Ni mucho menos.

Nos movemos en un terreno honorable, incluso lírico, diría yo.

-Pero ¿la lírica no es una clase de poesía?

-Sí, y yo soy un poeta de los negocios.

Este, en concreto, es patriótico y solemne.

Hemos negociado con el Ayuntamiento para construir

un monumento en memoria de los héroes españoles

caídos en las colonias. -Qué orgulloso estoy de ti.

Pero una cosa, has hablado en plural.

¿No estás solo en este negocio?

-No, tengo un socio de reconocida solvencia.

-Pues me alegra oír eso. Si se te ocurre alguna barrabasada,

ese socio te contendrá.

-Uy... -Brindo por mi vástago.

-¡Por Antoñito! Sí, yo siempre te he tenido en mucha ley.

Siempre he sabido que acabarías siendo muy influyente

en la sociedad y en la economía, como tu padre.

-Por mi hermano.

Si esa empresa prospera, por fin podrá dejar la chocolatería.

-¿Y tú, Lolita, no brindas?

-(TOSE)

Otro día... Las cosquillitas de las burbujitas,

que..., ya saben ustedes.

(TOSE) Una no está acostumbrada.

Perdón. -Bueno...

En cuanto a tu deseo, hermanita, la respuesta es sí.

Voy a dejar de trabajar de camarero muy pronto.

Pensamos construir memoriales similares

en otros ayuntamientos. -No sé cómo se va a tomar

perder a tan buen mozo. -Ya hablaré yo con Víctor.

-Bueno, ¿qué? ¿Cenamos ya?

-Lolita, siéntate con nosotros, que hoy es un gran día

y la familia tiene que celebrarlo cenando unida.

-Ole. -Muchas gracias, don Ramón. Déjelo,

si una está mejor yendo y viniendo. -Mujer, no.

No le hagas ese feo al patriarca.

-¿Y quién es ese socio que ha conseguido que te esmeres?

-Ya os lo presentaré.

Le pedí que viniera a cenar, pero tenía otro compromiso.

-Ah.

-Sirvo la sopa.

-No. Gracias, Lolita, pero, hoy, la sopa la sirve

el cabeza de familia.

Ardo en deseos de conocer a ese socio, hijo.

Espero que pronto pueda ser amigo

de la familia. -Le va a caer muy bien, padre.

Don Belarmino es un hombre honrado a carta cabal.

Ay. -Disculpe, caballero.

¡Hombre, buenas noches!

-Buenas noches. -No me reconoce usted.

Víctor Ferrero, el dueño de la chocolatería.

-¡Sí, claro! Lo siento, iba pensando en otra cosa.

-No sabía que viviera usted por aquí.

-(NERVIOSO) No, no, no lo hago. -Ah, perdone.

Como es tan tarde,

las pocas almas que pasan por aquí suelen ser de la zona.

-Vengo de visitar al diseñador de nuestro monumento.

Vive por aquí.

Ahora, si me permite, estoy deseando llegar a casa.

-Por supuesto. -Con su permiso.

-Buenas noches.

Que no eres oveja, sino buena hembra,

la moza que sirve en la venta de la cañada real.

-¿Y cómo sabe que está loca por sus huesos?

-¿Cómo? Por los ojos que me pone.

Qué ojos más negros tiene, como los de la Lucera,

parecen carbón en lugar de clisos.

-¿Puso en práctica mis sabios y románticos consejos

para seducirla? -Mano de santo.

Esa moza come en mi mano. -¿Qué come?

-Queso. Le chifla, oiga. Es llevarle un queso curado

y se pone a zapar que da gusto.

Parirá zagales recios y sanos, con esas ganas que Dios le ha dado.

-Muy bien, Jacinto. Tengo trabajo duro que hacer.

-Y no es la única. Ven, moza, que te ayudo.

No es la única, digo.

La hija del molinero también bebe los vientos

por un servidor.. Modestia aparte.

Le entreveo a usted como "apagao".

Me recuerda a un borrego que tenemos,

que, cuando faltan hembras en celo,

bala de una forma que a uno se le saltan las lágrimas.

¿Tiene usted algo?

-De todo, menos dinero.

-Pues buenos cuartos que cobra usted por no hacer nada.

-Ni trabajando toda la vida de sol a sol,

podría ganar para liquidar las deudas que he contraído.

-¿Deudas? Pero si gasta usted menos que un anarquista en catecismos.

-El amor, que siempre te induce a dispendios.

-¿El amor?

Pero ¿usted no estaba casado? -Y por eso estoy en bancarrota.

Se empeñaron, las chicas del altillo y los señores,

en pagarme un pasaje para La Habana, para ver

a mi esposa. Y, como no me embarqué, tengo que apoquinarlo.

-Se me ocurre a mí

que podría usted viajar a otro sitio que no fuera Cuba,

a hacer fortuna allí,

después regresar como un indiano y finiquitar su deuda.

-El caso es que no me pudo embarcar porque...

Jacinto, no lo piense más, yo ya lo he pensado todo.

A no ser que me meta a contrabandista o a ministro,

no me desentrampo ni en sueños.

-Pues sí que me sabe mal, Servando. Que un tío mío...

se entrampó y acabó colgado del campanario. No vea usted

para bajarlo. Tuvimos que cortar la soga

y dejar que se estampara. -Caramba,

es usted único para dar ánimos. Hala, con Dios.

-Sí, voy a marchar a echar un ojo al rebaño.

No sea que "haigan" pasado mala noche.

-A las buenas, Jacinto. -¡Ay, tremendo!

-Escuche, jefe.

Estaba dándole al magín, y he pesando que con cola y periódico

podríamos calzar la silla.

No es un remedio para toda la vida, pero es un apaño.

Ah.

-Déjame de colas y de sillas.

Anda, deme el periódico, para ver si hay algún otro empleo.

Que por lo menos con los dos

pueda liquidar las deudas que tengo. -Es una idea muy noble.

Tanto...

que no parece de usted. (RÍE)

Que sí, hombre, que ya leo. (CARRASPEA)

Aquí hay uno, pagan muy bien. "Excelente remuneración".

"Se requiere marino mercante..."

Me he equivocado. -¿Te burlas de mí?

Desde luego... A perro flaco,

todo son pulgas. -No ha sido adrede, perdone.

A ver, otro. Ajá.

"Fabulosos ingresos".

"Se busca administrador de fincas..." -¡Ese, ese, ese!

Ese es el mío. Muy poquita gente en esta ciudad

sabe tanto de fincas como un servidor.

-Ya, pero creo que piden algún requisito.

-No, cumplo los requisitos.

-"Licenciado en Derecho, con altos conocimientos en leyes".

-No los cumplo.

-No se desanime, hombre.

A ver... Mire, aquí tiene otra oportunidad.

Han convocado un campeonato de dominó.

Podría ganar 30 duros.

-Ya, pero es que los que debo son 50.

-Hombre, pero algo es algo.

Serían 30 duros que ganaría usted sentado.

-Aunque te resulte extraño,

nunca se me han dado bien los juegos de mesa.

En Naveros, cuando organizaban la partida,

de dominó y yo entraba en ella,

en vez de dominó, la llamaban "dominao".

¿Ya no hay nada más? -Que no requiera de letras, no.

Ah, bueno, aquí hay uno.

Pero es de monosabio.

-Déjalo. Ya miraremos los anuncios de mañana.

-Venga, Servando, no se me venga usted abajo, ¿eh?

-Gracias.

-Parece que hay apetito, familia. Muy buenos días.

-¿No desayunas con nosotros? -No, me encantaría,

pero llegaría tarde a trabajar. -Quién te ha visto y quién te ve.

Sí, señor.

A pesar de tener un nuevo negocio,

cumpliendo con los compromisos hasta el último día.

-A ver si dejas La Deliciosa de una vez.

Me atraganto al verte servir a las cacatúas.

-Tranquila, pronto podrás alternar

sin bochorno. Le voy a proponer a mi socio que nos instalemos

en una oficina céntrica,

donde pueda dedicarme a nuestro patriótico empeño.

-Por cierto, y que no se te olvide, quiero conocer a ese caballero.

Debe de ser un hombre de luces, si ha sabido

aunar en una empresa provecho y patriotismo.

-Es inteligente, honorable y probo. Y me ha enseñado

que respetar las normas y utilizar los cauces oficiales

puede ser incluso más eficaz

que trampear y corromper funcionarios.

-¡Dios! Que me digas que has aprendido eso ahora,

cuando es lo que trato de inculcarte desde la cuna...

-Que no, padre, que era chacota.

Pero sí que es verdad que, como nunca lo había probado,

no sabía lo bien que se siente uno cuando es honrado desde el principio.

Le presentaré a Belarmino, padre, que así se llama.

Creo que van a hacer ustedes muy buenas migas.

-"Bye, bye". -"Bye, bye".

Siempre has sido demasiado exigente con tu hermano.

-Nos las ha hecho de todos los colores.

-Pecadillos de juventud.

Estaba seguro de que al final cogería la línea recta.

Tiene el talento de los Palacio. Se lleva en la sangre.

La estirpe siempre termina por imponerse.

En eso tiene usted razón.

Al final siempre se sabe de dónde viene cada uno.

y a qué estirpe pertenece.

Hay que solucionar el problema de la exportación

a Portugal. -No se preocupe.

Acudiré a aduanas y a la embajada de Portugal.

Teñiremos hasta la última portuguesa.

-Voy a ir a visitar a doña Susana.

A chismorrear sobre la confección del manto papal.

Simón...

No voy a dar ningún espectáculo.

Deja de cavilar sobre lo que pretende esta loca.

No te pondré en ningún compromiso.

Tampoco podrías.

He pensado mucho sobre nosotros.

Habrás comprendido que no hay un nosotros.

Ni tampoco nada de qué hablar.

Por mi parte sí queda una palabra por decir:

perdón.

Me gustaría que me perdonaras. Un perdón honesto.

Simón, nunca quise hacerte daño, y a doña Susana tampoco.

Naturalmente.

Por eso te faltó tiempo para contárselo a María Luisa.

No fue mi intención descubrir el secreto. Se me escapó,

estaba muy alterada esos días. Pero te juro que fue así.

Estoy harto de tus juramentos, estoy harto de ti, de todo.

Te he pedido perdón,

¿qué más quieres? ¡Nada!

No me importa lo que tengas que decir

o lo que vayas contando de mí a otros.

No me importa nada. Ni tú, tampoco me importas tú.

¿A qué tanta crueldad?

¿No podríamos tratarnos, si no como amigos,

que sería mi deseo, sí como vecinos?

¿Esperabas que fuéramos amigos?

¿De verdad, Elvira, esperabas eso?

Esperaba eso y muchas otras cosas.

Esperaba mucho de ti.

Demasiado.

Pero me equivoqué, a la vista está.

¿Yo te he defraudado?

¿Y cómo crees que estoy yo? ¿Defraudada?

Todo tú eres un maldito fraude.

-No sabía que estaba usted esperándome.

Susana no estaba. Me he quedado hablando

con Adela. -No se preocupe.

Tiene usted

una verdadera joya en casa.

Verla manejar las agujas es como contemplar un milagro.

¿Ha sucedido algo? Parece haberle cambiado el humor

con la espera.

¿Está usted bien? -Sí, sí, muy bien.

Pero no le doy la razón,

el milagro no es cómo borda Adela, es que me quiera.

En eso estaba pensando.

-"Mal está que yo lo diga,"

pero no encontrarás otra puntilla como esa en toda la ciudad.

Es puro hilo de Holanda.

-Es primorosa al tacto.

Muy delicada, en efecto.

-¿Me permites que te pregunte para qué la quieres?

-He empezado a preparar el ajuar de mi nieta.

-¿Ya...? Qué bien, perdón.

-No hace falta que se disculpe, Rosina.

He de reconocer que me siento ilusionada,

y mucho, con la llegada de esa criatura.

-Aunque yo, por desgracia y por los azares de la vida,

no he podido disfrutar de mi nieto

en su momento, créeme que ser abuela es una bendición de Dios.

-Espero que hablar de nacimientos no le incomode.

-No, no, querida.

Aunque me ha costado, ya me he hecho a la idea

de que el tiempo no pasa en balde, para nadie.

-Cuánta razón tiene. Fíjense en mí,

hasta hace unos días

ni se me hubiera pasado por la imaginación

la posibilidad de tener un nieto,

y he de reconocer que me satisface, y mucho,

ser abuela. -Dicen que cuando una

tiene por primera vez en sus brazos

a esa criatura, se siente orgullo, amor,

agradecimiento al Señor.

Algo, incluso, más entrañable que con los propios hijos.

-No sé si me lo puedo imaginar, pero algo de eso hay.

Solo hay que ver, como insinuaba Rosina,

que me estoy precipitando

en los preparativos del ajuar. -No, no, no pienso eso,

es que me ha pillado por sorpresa. -Precipitado o no,

lo cierto es que... he comprado

una canastilla -Cuando algo se hace con ilusión

y con tiempo, no puede salir mal.

Esa puntilla será el complemento ideal

para la toquilla del recién nacido.

-¿Por qué no nos enseña la canastilla?

-Ay, sí, por favor.

Un niño en casa, ¡qué bendición!

-Si se empeñan...

Iré a buscarla.

¡Ah!

Úrsula...

¿Está usted bien? ¿Ha ocurrido algo?

Arreglado. Debemos salir ya hacia el bosque de Las Damas.

Tenemos bastante camino.

-¿Has visto qué bonita?

-Déjame. No es tan bonita como tú.

-Eres un halagador. -Ya está.

La flor más bella y la mujer más bella.

-Samuel, sé que anoche esperabas otro comportamiento por mi parte.

-Comprendo que estés nerviosa.

Pero no dejemos que el día se arruine.

¿Te sientes con fuerza de emprender el viaje?

-Con fuerzas y deseosa.

Pero recuerda lo que nos han dicho: ese bosque es un lugar

donde resulta fácil perderse. -No hay por qué preocuparse.

Tenemos una cesta con algo de bebida y comida.

Además, también llevo esto.

-¿Una tiza? -Había pensado en echar migas,

como en los cuentos,

pero mejor marcar el camino

por donde vayamos. -Parece un cuento.

Parece que nos adentremos en un juego en el que nadie puede sufrir.

Pero quizá descubramos el tormento que sufrió Olga.

-No olvides que los cuentos son siempre de terror.

Lo bueno es que suelen acabar bien.

¿Vamos?

-Vamos.

Gracias por embarcarte conmigo en esto.

Que sí, prima, que sí.

Que un pastor trashumante, que va con sus ovejas de prado en prado,

se parece mucho a un marinero.

-¡Sí, en el blanco de los ojos! ¡No te jeringa, primo!

-Se parece en que un marinero deja un amor en cada puerto;

un pastor, en "ca" aldea, en "ca" molino,

en "ca" venta.

-¿"Pos" sabes una cosa? ¿Sabes a quién te pareces tú?

Bueno, tú antes eras más "encogío" y "apagao".

Bueno, que te pareces al rubio. -¿De verdad?

-Te acuerdas del rubio, ¿no?

El que tenía más novias en toda la pedanía.

Siempre andaba alardeando,

que si una estaba loquita por sus huesos,

que si otra quería ennoviar con él...

El muchacho tenía una mata de pelo pajizo...

-Mira que le tenía yo pelusa al "jodío".

Me ganaba en todo. En mujeres, claro,

pero también al frontón. -Sí, y en beber vino de la bota...

mientras cantaba una jota. -Sí.

Pero no al dominó.

-Ah, ¿que usted es bueno manejando el seis doble?

-Uy, bueno, él es el mejor.

Todos le quieren de pareja.

Mi primo tiene un don, es como si supiera las fichas

que tiene el contrario. -Ah, ¿sí?

Vamos a probar eso. ¡Lolita!

Ven un momento. -¿Qué vela tiene la Lola

en este entierro? La quiere de pareja. Quiere comprobar

si soy tan ducho como predican. -¿Para qué se me quiere?

-Siéntate, que les vamos a dar una paliza al dominó.

-Si no sé jugar. -Pues te sientas

y aprendes. -Si es de pensar, no juego.

-De pensar, dice. (RÍE) Pero si dicen que Jacinto es campeón.

Se trata de poner un cinco detrás de un cinco...,

así, hasta que se acaben las fichas. -¿A qué viene este barullo

por tal "tontá"? -No,

esto es un juego de pillos,

para los españoles de pro. Saca las fichas.

Reparte

Y sale el seis doble.

Salgo yo.

A ti, Lolita.

-Eh... Un seis, ¿no?

Hala. Seis, uno. -Pito.

Al uno se le dice pito. (RÍE) Tú, Casilda.

-Paso.

-Pito, cinco; para el que viene detrás.

-Echa un cinco.

Echa un cinco ahí. Por tu padre,

pon un cinco ahí.

Paso otra vez.

Paso.

-(RÍE)

-Que paso.

-Paso.

-Paso.

-¿Qué pasa, Servando? Alguna tendrá que poner a la fuerza.

-Claro que va a poner. Es al único

que le quedan treses. Es más, vas a poner el tres, cinco,

que es el único cinco que no ha salido.

Deme ese placer, Servando.

Dómine. (RÍE)

-Hale, ¿ha visto qué paliza?

Si es que es el más mejor,

desde que era joven. -Y eso que no practico mucho.

-¡Un portento!

¡Un portento, Jacinto! ¡Sí, señor! -¿Y eso?

A usted a lo único que le gusta perder es el tiempo.

¿Por qué está tan contento

con la somanta de palos que nos han dado?

-Nos vamos a divertir un rato.

Voy a organizar un torneo de dominó para los habitantes de la finca.

-Eso es muy buena idea. Yo soy tu pareja, primo.

-¡De eso, nada, monada!

-Va conmigo, me lo debe.

Gracias a mis consejos, se ha convertido en un donjuán.

Bueno, algo cernícalo, pero donjuán... al fin y al cabo.

-Compréndelo. Ya les gusto a las mujeres

más que a las ovejas. Iré con él.

-¡El Señor es mi pastor! ¡Nada me faltará!

Te digo yo que ser abuela cambia a las personas.

¡Y quién lo diría! Incluso para bien.

Nunca había visto a Úrsula tan amable y complaciente.

-Puede ser. Pero, a la postre,

ha resultado ser la urraca rara de siempre.

Se ha despedido de repente.

Y con lo pesada que ha sido,

no nos ha enseñado la dichosa canastilla.

-Una falta de saber estar.

Recuerda quién fue, una criada.

-Es verdad. Sí, sí, puede que eso le pese aún.

Aquí también lo ha pasado muy mal.

Recuerda lo que le hicimos la noche de los Paulinos.

Aunque ella parece haberlo olvidado o no quiere recordarlo.

-Buenas tardes, señoras.

Martín le ha traído este paquete y unas cartas.

-¿Cómo está quedando el bordado para el manto vaticano?

-Hago lo que puedo.

Solo espero que a su Santidad le guste.

-Sí, con que quede la mitad de bien que el de la Virgen,

quedará más que complacido. Qué maravilla, ¿no?

-Mirad, dice Leandro que estas muestras

son la última novedad

en tejidos en la capital de la moda.

No quiere que la sastrería Séler pierda la comba de París.

-(RÍE) Son preciosas.

Y con una calidad poco vista aquí.

Y también dice que manda una carta Juliana a Víctor

que es muy importante.

Encantado de saludarla, doña Rosina.

Adela, ¿estás lista para dar un paseo?

-Es que tengo que bordar.

-Hale, hija, todo no es el trabajo y el trabajo.

Descansa un poco y haz feliz a tu marido.

-Si a usted no le importuna...

Voy a por mis cosas y vuelvo, cariño. -Yo también me voy.

Con Dios. -Con Dios.

Tienes un rictus raro, Simón.

-No, claro que no. ¿Qué me va a pasar?

Piénsatelo mejor, pequeña. Deberías salir a dar un paseo.

No tienes que contarme nada, no tienes que hablar.

Yo también me callaré, si así lo deseas.

Solo pasearemos. Tomarás el aire. No insista más, padre,

por favor. Con lo feliz

que me sentí cuando me aseguraste

que habías perdido todo el interés en Gayarre.

Solo se acuerda usted de lo que le conviene.

También le dije en otra ocasión

que era el hombre de mi vida. Creí que,

aun habiendo perdido alguna batalla, habíamos ganado la guerra.

(SUSPIRA)

¿Es que no tienes orgullo?

Lo que no tengo ya es fuerza. Una Valverde no se rinde jamás.

Ni siquiera cuando tiene que luchar contra sí misma.

Trata de odiarle y despreciarle.

¿Cree que no lo intento?

Pero no es cuestión de voluntad, padre.

Eligió a otra, por el amor de Dios.

Cierto que esa elección, a la larga,

te evita una vida llena de privaciones y desdichas,

pero no deja de ser una afrenta contra tu honor.

Afrenta o no, Simón está presente en mis pensamientos

de la mañana a la noche.

Pero eso es porque piensas en él como un igual, y no lo es.

Represéntatelo como un infame, un transgresor.

Un muerto de hambre que ha cometido la osadía

de rechazarte. De poco me vale saberme

de una clase social superior.

Es una forma de ver la vida, padre, que va perdiendo vigencia.

Ya.

Para desgracia y desorden en el mundo.

Se bien a lo que te refieres.

El mayor de los Palacios con la mucama.

El propio don Ramón con una manicura.

Y María Luisa, comprometida con el chocolatero.

Sí, a eso mismo me refiero.

Son de la misma familia, ¿no te das cuenta?

Una familia degenerada, con el código moral corrompido.

Una familia a la que le es indiferente

lo que los demás piensen.

Trata de observar tu caso desde fuera.

Bien que te revolucionabas cuando era yo

el que te impedía salir, el que imponía las normas.

¿Y ahora qué pasa?

¿No ves que te estás convirtiendo en la prisionera de Gayarre?

Le da igual si entro o salgo.

Pero aquí estás, encerrada.

¿Vas a permitir que, desde la distancia y la indiferencia,

organice tu vida como un general con mando en plaza?

Si le doy la razón, padre.

Tal y como están ahora las cosas,

nada me haría más feliz que odiarle,

tener la osadía de vengarme. Esa es

la actitud. En el punto que ha llegado esta situación.

debes mirarle como si fuera un enemigo.

El enemigo de tu libertad.

Hazme caso, hija.

He invertido muchos años

en el estudio de las tácticas militares.

Y la elección más elemental

es que al enemigo hay que atacarle con furia,

sin contemplaciones y aprovechando tus mejores armas.

No sé cómo voy a hacer eso.

No sé ni cuáles son mis armas, padre, si es que las tengo.

Dispones de tus armas de mujer; nunca despreciables.

De poco vales mis armas de mujer

cuando el enemigo, como usted dice, apenas repara en mí.

Y puede que hasta me odie.

No sé, podrías... Lo pensaremos mejor.

Pero podrías iniciar una campaña de desprestigio

apoyándote en tus aliados, tus amistades femeninas.

Hasta en eso me ha llevado la delantera.

Simón ha conseguido distanciar de mí

a todas aquellas que en un principio me eran afines.

Es un miserable.

¡Un abyecto, un ganapán, un pelagatos!

Fíjate, esto es lo que no podemos consentir,

que nos saque de nuestras casillas.

Un enemigo alterado es más fácil de vencer.

Prepararemos juntos nuestra estrategia.

Con calma, con frialdad,

pero sin contemplaciones, sin compasión.

Lo mejor será utilizar nuestra condición social

para machacarle.

Ya le he dicho que no voy a utilizar mi alcurnia.

Solo conseguiría poner en nuestra contra

a todos nuestros conocidos.

Ya, sí, puede que tengas razón.

Evitaremos la confrontación directa, en razón de nuestra estirpe.

Hay otras formas

de ganar este combate. Puede que el enemigo

ni siquiera acuda al campo de batalla.

Pues tendremos que obligarle.

¿Te he hablado de nuestra guerra contra los yanquis

y el hundimiento del Maine?

Sí, algo he oído.

Dicen que los propios americanos hundieron su barco

para culpar a los españoles

y dar batalla. Sí, eso es.

Se trata de crear

un conflicto, inventado o no, que justifique nuestro ataque

y que a él le obligue a defenderse.

No sé cómo. Con información secreta.

Hija, ¿tú conoces algún dato sobre su vida, su familia, sus amistades?

No sé, algún dato que pueda resultar desestabilizador

y que le coloque en una posición de desventaja?

La mayoría de los pobres tienen algún pecado que ocultar,

remoto o reciente.

No creo que Gayarre sea una excepción.

No lo sé, hija, alguna transgresión de la moral.

Un pecado contra su honor, o alguna villanía suya

o de su familia.

¿Nunca te ha contado nada de lo que se pueda arrepentir?

¿De lo que se avergüence?

No, padre.

No sé nada que pueda comprometerle.

En fin, mientras pensamos otra táctica,

solo te diré que no tengas remilgos con Gayarre,

él no los está teniendo contigo.

La canastilla ya está limpia, señora.

Es preciosa.

-¿Está Olga en casa?

-No, salió esta mañana y no ha regresado.

-¿Dónde puede haberse metido?

¿No habrá sido capaz de marchar tras Blanca y Samuel?

(Puerta)

Ay, esa estúpida.

Se lía la manta a la cabeza...

(Portazo)

-Alguien llega, señora, debe ser ella.

-Buenas tardes, madre.

Estaré en mi habitación.

Vengo cansada, menuda paliza me he dado a andar.

-Espera.

Déjanos solas, Carmen.

¿Quiere la señorita que le prepare una taza...?

-He dicho que nos dejes.

Siéntate.

¿De dónde vienes?

-He estado paseando por los Jardines del Príncipe.

Al contrario que usted o mi hermana, no puedo pasarme las horas encerrada.

Es como si el techo...

-¿Por qué has mancillado la canastilla de mi nieto?

-¿De qué habla usted?

-Eres una chiflada.

Estás echada a perder. Una auténtica perturbada.

No has cambiado ni cambiarás.

-Usted es la obsesiva,

¿no le estoy diciendo que no sé de qué me acusa?

-Por amor de Dios, ¿me tomas por estúpida?

Solo una enferma, como tú, llenaría la canastilla de hojas

y con ese asquerosos insecto.

-No he vuelto a ver la canastilla

desde que usted se la enseñó a Blanca.

-¿Qué pretendes, asustarme?

Vas a tener que esforzarte mucho más

para conseguir infligirme un poco de miedo.

-Me importa un bledo lo que a usted le pase.

Como le dije ayer, para mí, es como si no existiera.

-Ten al menos el valor de reconocer lo que has hecho.

Tanto, que has cuidado la puesta en escena,

las hojas, porque, según tú,

te abandoné en un bosque, bajo un árbol.

Tanto esfuerzo para renegar de ello.

-Pero ¿no me ha visto entrar? Llevo todo el maldito día fuera.

¿Cómo cree que he podido hacer eso que dice?

-Ofendes a mi inteligencia.

-Pero ¿para qué iba a querer embarrar la canastilla de mi sobrino?

Es también mi sangre, por mucho que se empeñe en olvidarlo.

-Sea lo que sea lo que corre por tus venas,

poco tiene que ver con la sangre del común de los mortales.

Eres hija de Satanás.

-Entonces, eso será porque usted tuvo tratos con él.

Tengo tantas ganas...

como usted de que esa criatura nazca.

Tantas como usted.

-¡Carmen!

(SUSURRA) Carmen.

Prepara un maletín con mi ropa,

lo imprescindible para dos noches.

Aguarda.

No le cuentes a Blanca nada de lo que ha sucedido hoy aquí.

Que no sepa que la suciedad

ha anidado en la canastilla de su hijo.

En su estado, no le conviene alarmarse.

Sí, Samuel me ha dicho que espera que este viaje,

a solas con su esposa,

sirva de bálsamo para su matrimonio.

-Esperemos que así sea. Necesitan paz y sosiego.

No están siendo nada fáciles

estos primeros meses de casados. -Y no te falta razón.

Esa casa tiene que ser un avispero.

-¡Uh! -Conocemos cómo se las gasta Úrsula.

Solo faltaba la aparición de Olga y su inadaptación.

-Solo espero que esto no termine en conflicto mayor.

Blanca ya tiene suficiente con lo que tiene.

No está empezando con buen pie ese embarazo.

-¿Ha tenido algún problema? -No.

No, vamos, ninguno grave.

Cosas que le pasan a las mujeres embarazadas.

-Ya. Y me imagino que, para esas cosas,

no le vendrá mal tener a su hermana cerca, ¿no?

-Eh... -¿Qué opinión te merece Olga?

-Reconozco que no tengo forjada una opinión consistente.

Nos ha impresionado su triste pasado.

-Sí, ha tenido una vida que ninguna niña merece.

-Sí, pero el tema es cómo le ha afectado eso.

Si le ha marcado de por vida,

no sé cómo será crecer sin afecto materno.

-Uf...

-¡Antoñito, pero bueno, qué elegancia!

Tanto empaque y prestancia solo se puede deber a dos cosas:

a amor o a negocios.

-El amor lo prefiero con menos almidón

en el cuello de la camisa.

Negocios. En ese terreno sí que importa

lo apretada que lleves la corbata.

-Espero que las ganancias

merezcan la incomodidad. En fin, me tengo que ir.

Os dejo, seguro que estáis deseando hablar del debe y del haber.

-Un placer saludarte.

-Ahora en serio.

¿Qué te traes tú entre manos para ir hecho un figurín?

-Me he citado aquí con mi socio. Tenemos una reunión con el concejal.

A los funcionarios les gusta más verte de terno

que las mujeres casaderas.

-Se trata de una reunión importante, entiendo.

-En realidad, no tanto.

Más importante fue que nos aprobaran el proyecto

y luego la firma del contrato.

Ahora solo se trata de afinar algunos pormenores.

-¿Qué? ¿No te has enterado?

-¿De qué? -Por los clavos de Cristo,

si no se habla de otra cosa en la Administración

y en las casas de la gente bien informada. Mira.

¡Hombre! Ya era hora de que se reconocieran

a los buenos y muchos que dieron su vida por la patria.

-Una gran observación.

-¡No!

No me digas que andas detrás de esta iniciativa.

-Mi socio tuvo la idea. Él encargó los planos

y el esbozo de las esculturas, pero yo convencí al consistorio.

Formamos un buen equipo. -Buena idea la de tu socio.

Y muy buen trabajo el tuyo. Enhorabuena.

-Mucho me temo que vas a tener que repetir tus felicitaciones

en más ocasiones.

Mi socio don Belarmino y yo

estamos pensando en proponer monumentos similares

en los principales Ayuntamientos.

-Va a ir muy bien. Todos los pueblos han perdido vecinos

en esas malditas guerras. -Y todos merecen ser recordados.

Quizá nos podrías ayudar en la negociación con el Ayuntamiento

de Granada. Tú tendrás relaciones allí, ¿no?

-Sí. Cuenta con ello, lo que esté en mi mano.

De hecho, podríamos tomarnos un café y así me instruyes en los detalles.

-Me encantaría, pero estoy esperando a mi socio.

Tenemos que irnos pitando.

En otro momento. -Te tomo la palabra.

Con Dios. -Con Dios.

(SUSPIRA)

¿A qué esperas? ¿No vas a abrirla? Cualquiera diría

que tu madre te manda cartas siempre.

-Es rarillo, ¿no?

¿Por qué me mande una carta a través de usted?

¿Por qué no me la escribe directamente?

-¿Ahora te ahogas en un vaso de agua?

¡Yo qué sé! Leandro me estaría mandando las muestras

y Juliana aprovechó el paquete.

-¿Y si es que voy a dejar de ser hijo único?

-Calla, no digas tonterías. ¡Ábrela de una vez!

-A ver.

-¿No vas a leerla

en voz alta? -Voy.

-¿Hay algo que no deba saber?

¡Dime algo, que me va a dar un síncope!

-Bueno, primero, me saluda muy cariñosamente, como es ella.

Y después dice:

"Como sabes, mi pequeño,

siempre te he echado mucho de menos,

y mis pasteles les encantan a los parisinos".

"Te preguntarás qué tiene que ver una cosa con otra".

-Yo sí que me lo pregunto. -Deje que siga.

"Tu padre y yo hemos pensado abrir

una sucursal de La Deliciosa en París,

pero yo no podría llevar sola el negocio".

"¿Así que por qué no te das un saltito a Francia

y me ayudas en el empeño?".

"Te necesito, hijo".

-¿Quiere que te vayas a vivir a París, a Francia, tú?

¿Tú?

-Sí, yo, abuela, que lo dice como si fuera un zopenco

que no pudiera pasar de Aranda de Duero.

-No, no digo que no seas incapaz, pero... a París... ¿tú?

-Y dale.

Me voy a tomar un coñac

antes incluso de empezar a fingir que estoy pensando

en esto.

(OLGA) Un placer conocerle, caballero.

Hemos tenido mucha suerte con el tiempo, ¿no le parece?

Hace una temperatura primaveral.

-¿Con quién habla, si doña Úrsula no está?

-(RÍE) Muchas gracias.

Cierto que todavía no se ven conjuntos así.

Me lo han traído de París.

Pero pronto verá usted

a muchas mujeres con atuendos de este estilo.

Mi modista

asegura que será la moda

de aquí a poco.

(RÍE) Caballero, es usted muy galante.

Aunque algo atrevido y un poquito mentiroso.

Estoy segura

de que habrá muchas mujeres con mejor porte que yo.

Agradecida,

pero le recuerdo que soy una mujer casada.

-No quiero quedarme a solas con esta mujer.

Menos mal que has traído esa tiza.

-El ventero no nos mintió en advertirnos

de lo fácil que es perderse.

Este bosque parece un laberinto. -No puedo dejar de pensar

en lo que sentiría una niña

al adentrarse en él. -Sigamos.

Mejor andar a lo más recóndito del bosque sin dudar...

o no tendremos valor.

-No puedo dejar de imaginar lo que sentiría mi hermana

al descubrir que su propia madre la había abandonado aquí.

-Es fácil imaginarlo: impotencia, pánico...

-Incomprensión.

Era su madre. ¿Quién puede hacerle eso a una niña?

-No te preguntes de lo que es capaz Úrsula, lo sabes.

Es capaz de todo,

de lo peor, de lo más deleznable.

-Ahí está.

Es el árbol.

-Entonces, era todo verdad.

Hete aquí.

La mujer se ha portado. -No hay nada como el dinero

para hacer soltar la lengua y recordar la memoria.

Llego a darle un poco más y nos lleva en brazos.

-¿Qué te ha dicho el cochero? ¿Ha reconocido el lugar?

-No está seguro, pero cree que podrá encontrarlo con el mapa.

-Parece que la suerte nos sonríe.

-Él cree que quizás se nos haga de noche.

-En tal caso, debemos partir ya.

-"¿Qué tienes?".

No pareces muy contento.

-Tengo una duda que me está incordiando más

que una piedra en el zapato.

-Arrea, pensaba que iba todo fetén. -Más o menos,

pero Belarmino me ha dado plantón.

No me ha mandado ni una nota excusándose ni nada.

No sé, eso me escama.

-Se le habrá complicado el día o no habrá encontrado coche.

-Sí, es posible.

Pero he tenido que posponer la reunión con el concejal

y no me gusta retrasarme con el papeleo.

Carmen, ¿estás por la casa?

(RÍE) Menudo susto te has llevado.

Eso es que no tienes la conciencia limpia.

No pretendo asustarte. No sabía si estaba sola en la casa.

-Marchaba ya para el altillo.

-Antes, prepara la falda de mi hermana.

Mañana quiero salir de paseo

y no tengo qué ponerme.

Juliana está siendo egoísta. -Discúlpeme,

pero no sé por qué razón.

Creerá que es una buena ocasión

para él marcharse a Francia. -¿Y lo que tiene que dejar atrás?

-Ya he pensado en eso.

Voy a pedirle a María Luisa que viaje conmigo.

-Ah.

Bueno, pues si no hay nada más que te importe en Acacias,

ya está todo dicho. -"¿Qué te pasa?".

Parece que tienes más musarañas en la cabeza de lo habitual.

-Sí, ando un poco perdido.

-A ver si te encuentras, hay mesas sin atender.

-Sí, enseguida me pongo en marcha. -No me hagas eso

de que como ahora tus negocios salen en la prensa

ya no te ocupas de tu empleo. Hay que mantener

el buen hacer. -Que sí, te he entendido.

-Eso espero.

No me gustaría que La Deliciosa

dejara fama de mal servicio. -¿Dejara?

¿Qué quieres decir? Ni que fueras a cerrar.

-Bonito conjunto. -Muchas gracias.

Cierto que todavía no se ven conjuntos así.

Me lo han traído de París.

-A mí me resulta conocido.

-Es posible. Pronto verá usted a muchas señoras

con atuendos de este estilo.

Mi modista asegura que será la moda de aquí a poco.

-Sí, le queda a usted muy bien.

Acentúa su buena figura.

-Gracias.

Pero estoy segura

de que habrá muchas mujeres con mejor porte que yo.

-No me siento nada cómoda con su presencia.

-Ni yo. ¿A qué viene esta pantomima?

-"Me urgía verle, para no retrasar"

la ejecución del proyecto. -Eso es lo último que queremos.

-Me agrada oírle.

Eh... No quería... "apremiarle"

por los cauces oficiales. Prefiero decírselo en persona.

-Mucho mejor, ¿dónde va a parar?

Mi socio y yo hemos estado muy ocupados,

pero todo marcha viento en popa.

-Nosotros ya hemos pagado, ahora deben ponerse manos a la obra.

-Y los caídos tendrán el homenaje que se merecen.

Y puede que antes de lo que cree. -"Me entran todos los calambres"

cada vez que Olga se sienta con nosotras.

-Has de ser paciente.

Debió tener una vida muy enrevesada. Deberíamos ponerle las cosas fáciles.

-No me entiendes.

De dónde venga o cómo se comporte me da igual.

-¿Y cuál es el problema?

-No sé, hay algo en ella que no me da buena espina.

¿No te pareció raro su comportamiento?

Es como si tratara de ser la doble de Blanca, suplantarla.

¿Cómo puede actuar de esa forma con un negocio cerrado?

-No lo sé. Y Belarmino es muy responsable.

Debería saber que nos está perjudicando

de cara al Ayuntamiento.

-No quiero ser agorero,

pero ¿tienes plena confianza en ese hombre?

¿Habéis firmado algún documento

relativo a vuestra sociedad? -No lo vimos necesario.

Era un pacto entre caballeros. Nos bastó

con un apretón de manos. -Ya.

¿Y habéis firmado con el Ayuntamiento?

-Sí, pero solo yo, él... no pudo ir.

("APLAUDE")

¿A qué viene toda esta tramoya?

-¿Te acuerdas

de cuando te traje París a Acacias?

¿La ciudad a la que siempre has soñado ir?

-¿Cómo iba a olvidarlo?

Fue la noche que me pediste que fuéramos novios.

-Pues hoy te voy a pedir algo más.

-"Espera, Samuel".

Olga me dijo que aprendió a leer con la "Biblia".

  • Capítulo 643

Acacias 38 - Capítulo 643

20 nov 2017

Olga se hunde cuando Úrsula le desvela que Blanca no confía en ella. Olga niega haber ensuciado la canastilla que Úrsula le regaló a Blanca. Carmen ve a Olga tener comportamientos extraños. Antoñito cuenta su nuevo negocio a la familia. Todos lo celebran. Víctor ve a Belarmino en una actitud sospechosa. Simón se muestra intransigente con las disculpas de Elvira por haber contado su secreto familiar. Arturo anima a su hija a vengarse de Simón. Víctor recibe una carta de sus padres en la que le piden que se mude a París.

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