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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 642 - ver ahora
Transcripción completa

Ya veo que las noticias vuelan.

-Estamos muy orgullosos

de vosotras. -Sí.

"Tú ganas".

Espero no tener que arrepentirme de habértelo contado.

Susana...

es la madre de Simón.

¿Y todo este dinero?

-Parte de lo que le debo.

Ya queda menos para estar en paz.

-¿De dónde ha salido semejante cantidad?

-Aún no puedo decírselo. Confíe en mí.

-Fui a la mansión a por unas cosas,

pero he terminado recogiendo el desastre que Diego ha dejado.

-No te comprendo. -Lo harías si le conocieras.

Ha pagado su frustración con la casa. Estaba todo revuelto.

-"Lo que más me gustaba"

era poder ir a ver a mi Paciencia,

pero es que soy un gallina, y de los más cobardes.

Y como mi Paciencia se entere de que no he ido a verla,

pudiendo ir, por el miedo que tengo, me pasa de un cuerno a otro.

-No es la única que debería enfurecerse contigo.

Deberíamos exigirte que nos devolvieras el dinero del pasaje,

aunque sea con tu trabajo.

-"¿Qué sucede ahora?".

¿Cómo habrá llegado ahí?

Pobre animal; un pajarillo muerto.

(ÚRSULA) "¿Quieres dinero?".

-No quiero dinero. Lo único que quiero

es devolverle todo el daño que me hizo.

Y ya sé cómo hacerlo. -"¿Crees, como mi madre,"

que Olga puede ser peligrosa?

-Si tienes dudas, debemos tomar medidas.

Hay una forma de saber quién dice la verdad.

-¿Cuál?

-Viajar al bosque de Las Damas. Hablar con todo aquel

que conociera a Olga.

-Tienes razón.

Haremos ese viaje. -Yo me encargaré de todo.

Confía en mí.

-Confío en ti.

¿Será verdad todo lo que nos cuenta Olga

de su vida?

¿Será verdad todo lo que nos cuenta Olga

de su vida?

¿Será verdad todo lo que nos cuenta Olga

de su vida?

Olga cuenta unas cosas; mi madre, otras.

El pájaro muerto ha servido para acabar con todas mis certezas.

Olga cuenta unas cosas; mi madre, otras.

El pájaro muerto ha servido para acabar con todas mis certezas.

Olga cuenta unas cosas; mi madre, otras.

El pájaro muerto ha servido para acabar con todas mis certezas.

Luisa, de verdad, no sé por qué estás tan mustia.

Te has perdido esta tarde una fiesta de lo más divertida.

¿Te he contado que Rosina se ha tomado una copita de más? (RÍE)

-Tres veces, doña Trini.

-Con esta ya van cuatro. Estaba de lo más graciosa.

Bueno, ¿y lo de Susana?

¡Qué alegría! El manto del papa, ni más ni menos.

Vamos, con eso ya tienen indulgencia plenaria los pecados,

¡qué menos!

Al final, Dios le va a perdonar haber sido tan cotilla.

(Puerta)

A ver si está Lolita y va a abrir. -Por la hora que es,

debería estar.

-A lo mejor se está dando besos por las esquinas con tu hermano.

-¡Por favor! -Oye, Luisi,

es lo que hacen los enamorados. ¿O tú no lo haces con Víctor?

-Antoñito es un señor; Lolita,

una criada. -Son un hombre y una mujer,

que es lo único que importa.

(Puerta)

Voy a tener razón,

están acaramelados en cualquier rincón.

(RÍE) Ya voy a abrir.

María Luisa de mi vida. -Sí, sí, de tu vida.

-Sí, sí, y de mi corazón.

-Obras son amores y no buenas razones.

-¿A ti... qué te pasa?

-Estoy muy enfadada. Tengo motivos más que de sobra.

¿Y Trini, sigue por ahí?

-Me ha abierto y creo

que se ha marchado a su habitación. -Mejor, así podemos hablar.

(SUSPIRA)

He estado hablando con Elvira.

Me ha contado algo que deberías haberme contado tú.

-¿El qué? -Que doña Susana es madre de Simón.

Que Simón es tu tío.

-Eso es un secreto familiar.

-¿Y yo no formo parte de tu familia? -Sí,

pero esto atañe a otras personas.

-Adela lo sabe, Elvira lo sabe, ¿lo saben todos menos yo?

-Adela y Simón son un matrimonio.

Habría sido imposible intentar engañarla.

-Y a mí es fácil engañarme, ¿no?

Adela es la esposa de Simón, y yo no soy nada para ti.

-Por favor... Solo he intentado ser discreto

con una historia que no me pertenece. -Ya veo

lo que significo para ti. -No tiene nada que ver con mi amor

por ti. -Que parece nulo.

No te preocupes.

No diré nada de lo que me he enterado.

-Pues te lo agradezco.

-Pero...

debería replantearme nuestra relación.

Andar con secretos y mentiras no es lo que quiero.

(SUSPIRA)

Ventana ajustada, señora Fabiana. ¿Algo más que arreglar?

-No, agradecida, Martín.

Que eres un sol. -Ay...

Eso dígaselo a mi Casilda, que se enfada mucho conmigo.

-Se lo digo a Casilda, que se ha llevado oro molido

por marido. Y a Servando, que tiene un compañero

de los que no se compran

con dinero. -"Compañero", no, subalterno.

En la portería, hay escalafón. Lo de oro molido...

Bastante dinero me han hecho ya perder... Este y usted, Fabiana.

-Ah, ¿sí? ¿Y eso? Explíquemelo, que no lo entiendo.

-Sí, por el viaje a Cuba,

las deudas que tengo. A ver cómo lo devuelvo.

-Haberse subido a ese barco

sin propinarme un guantazo. Mire mi ojo.

-Maldita idea esa de mandarme a La Habana.

-Y será capaz.

Por su bien que lo hicimos.

Y bien desprendidos que fuimos todos, señores y criados,

para pagarle el pasaje.

-¡50 duros! A ver cómo devuelvo yo eso.

-Peseta a peseta, y que no falte ni una.

-Usted es el culpable de no ir. El que la hace, la paga.

-Inconscientes. Cada favor que me hacen,

es un clavo más en mi ataúd. -Ya lo ves, Martín,

ni "agradecío" ni "pagao".

Y menos mal que Paciencia no sabe nada.

¿Qué pensará si se entera de que no ha ido a verla

porque no ha querido?

-¡No! ¡Porque no he querido, no! Por mi acendrado amor a mi vida.

-Sí, sí, pero el caso

es que no ha ido a ver a su esposa. -Eso.

-¡Epa, ya!

(CHISTA)

-Ese es...

-¡Jacinto! (RÍE)

-Jacinto... -¡Epa, ya, eh!

-(CHISTA)

-¡Servando!

-¡Jacinto!

-¿Qué hace usted por aquí? -De visita y a traer unas viandas

para los amigos: chorizos, morcilla

y unos quesos que están

para chuparse los dedos. -Habrá que probarlo, ¿no?

-Dichosos los ojos, seña Fabiana. -Muy buenas.

Muy buenas. -¡Ay, Martín!

-Jacinto.

Voy a avisar a mi canija, verás qué contenta se pone.

-Dele, dele. -(BALBUCEA)

Víctor...

Si tú, que eres el hombre más risueño de toda Acacias, tienes esa cara,

es que algo grave va a pasar. ¿Qué?

¿Nos invaden los franceses? -Peor, tu hermana,

que se ha enfadado conmigo.

-Uh... Pues eso sí que es grave, sí.

Pues nada, tienes razón.

Mejor será que nos invada Francia por el norte

y Marruecos por el sur. -Eso, tómatelo a chanza.

-Nunca me tomaría en serio

un enfado de mi hermana.

Es caprichosa, inconstante, no tiene sentido del humor,

no soporta que le lleven la contraria...

-Tampoco hables mal de mi novia.

-Tienes que aprender de mí, buscarte una novia más sencilla.

Mira Lolita, no tiene doblez,

es buena persona, me quiere, no me busca

las vueltas... -Pero a mí me gusta María Luisa.

-Si te gusta una mujer que ve el lado negativo de todo,

que critica sin medida, que todos le parecen inferiores,

que mira mal a los demás... -Como sigas,

voy a tener que ajustarte las cuentas.

-Tranquilo, mosquetero,

que es mi hermana y sé cómo se las gasta.

Pero me gusta ver que la defiendes.

La quieres mucho. -Desde que era un mocoso,

que no levantaba dos palmos del suelo.

No sé por qué se queja tanto. Solo vivo

para hacerla feliz. -Por eso,

porque la complaces demasiado.

Se cree que tiene derecho a todo. -Es que lo tiene.

-Pues perfecto, pero que no sepa. Hazme caso.

-Lo que voy a comprobar es cuánto azúcar

tenemos en el almacén. Como se acabe el azúcar,

ni novia ni negocio.

Mira, ahí viene

ese socio tuyo. Dijiste que no me ibas a dejar tirado.

-Sí, descuida.

Don Belarmino. -Amigo Antoñito.

Tome asiento,

vengo con buenas noticias. -Siéntese.

¿Qué? ¿Ya está el adelanto para el monumento?

-En la tesorería del Ayuntamiento, esperando por nosotros.

Saque algo para celebrarlo. ¡Champán francés!

-Es un poco pronto para champán. Además, estoy trabajando.

-No sea aguafiestas. Y no creo que a su jefe le importe.

No creo que vaya a ser su jefe

por mucho tiempo más.

-Antonio, hay clientes dentro sin atender.

Voy a llevar esto a mi abuela.

-Poco tiempo más.

Buenos días, Blanca.

Mira lo que tengo para ti.

Lo compré ayer, lo acaba de traer un mozo.

-Una canastilla...

¿Para qué?

-Para que guardes los enseres del niño.

-Ah.

Gracias.

-¿No te gusta?

-Sí, es preciosa.

No hace falta entonces que estés tan a la defensiva.

Solo pretendo ser amable, honesta,

arreglar lo que se rompió

entre nosotras.

-No creo que eso sea posible.

Estás esperando a tu hijo, pero también a mi nieto.

Solo pretendo disfrutar

de él.

Yo quiero ser la mejor abuela

que ese niño pueda tener. No haber sido una buena madre,

no significa que no pueda ser una buena abuela.

Quiero jugar con el niño,

llevarlo al parque... -Podría haber hecho eso con nosotras.

-Me equivoqué.

Ahora me doy cuenta.

-Es muy bonita.

-Es para mi hijo.

-Yo no tuve nada así.

Tu hijo va a tener de todo y todos le vamos a querer.

-Espero que no le falte de nada.

Se me va a hacer muy largo

hasta que podamos verle...

-No la toques.

Vas a mancharla.

-Tengo las manos limpias.

-Aun así la mancharías.

Mejor me la llevo.

Muy buenos días a la mejor sastra y a la mejor bordadora

de toda España. De España, no,

del mundo entero. -Mira que eres tunante.

Así tienes de enamorada a tu prometida.

-Para empezar,

les traigo unos pastelitos para iniciar el trabajo

para el santo padre. -Se agradecen.

Qué buenos. ¿Quieres uno, Adela?

-Quizá más tarde. Lo que me faltaba es manchar el manto de chocolate.

-Oye, doble regalo: bordado de Adela con chocolate de La Deliciosa.

Menuda alegría

se iba a llevar el papa. -No seas sacrílego.

¿A qué vienes?

-Quiero hablar con Simón, pero hoy no hay manera de cruzarme con él.

-Tenía que hacer unas gestiones para los tintes. ¿Le digo algo?

-Que se pase por La Deliciosa. No es nada de enjundia,

sin prisa.

Marcho al negocio, que lo tengo hasta arriba.

Que pasen ustedes un buen día. -Con Dios.

Qué agradable es Víctor, da gusto con él.

-Ay, y que lo digas.

Ha sacado lo mejor de su padre.

Y hablando de su padre y antes de que llegue Simón,

tengo una sorpresa para ti.

-Qué maravilla.

¿Es suyo?

-No, a partir de ahora...

será tuyo.

Era de mi abuela.

Siempre quise regalárselo a la esposa de Leandro,

pero antes de que casara con Juliana pasaron mil vicisitudes.

Y una cosa por la otra,

nunca se lo entregué.

Y ahora vive en París, así que es todo tuyo.

-Quizá debería esperar a que regresara su nuera.

-Lo he pensado mucho... y es para ti.

Eres la esposa de mi otro hijo,

trabajas conmigo y gracias a ti tenemos el encargo más importante

de la historia de la sastrería.

Te lo pongo.

No me merezco tanto, doña Susana.

-Mereces esto y más.

Sé que, cuando falte, tú seguirás adelante

con la sastrería -Falta mucho para eso.

-Ojalá.

Siempre que la indiscreción de Elvira

no me quite las ganas de seguir adelante.

-Por favor, no piense eso.

Además, tenemos el encargo del obispado,

el mayor de los éxitos.

-¿Un éxito? ¿Sabes lo que decía mi padre?

Que no le tenía miedo al fracaso, sino al éxito.

Por las reacciones de los envidiosos

y los rencorosos. -Si Elvira no ha hablado ya,

no lo hará.

-De esa mujer, me lo espero todo.

No consigo entender qué pretende

quien destruye un diseño tan bello. -Está claro, Leonor:

hacer el mal.

Cada vez estoy más convencida de que Olga es la responsable

de todo lo malo que está pasando

en esta casa. -Es fácil que pienses en ella.

-Te he contado casi todo:

la sábana rajada, este dibujo garabateado,

las miradas mientras dormía...

-Ya, pero no tienes certezas.

-Dices eso porque no conoces algunas cosas.

Leonor, no sabes que apareció en casa con las manos manchadas de sangre,

que la mansión Alday apareció desordenada,

como si hubiese pasado un huracán. -¿Eso después de la marcha de Diego?

-He llegado a pensar que Diego no se marchó.

¿Y si Olga le hizo daño?

-Blanca, estás desbordando tu imaginación.

No veas fantasmas allá donde no los hay.

-No estoy exagerando,

es que tengo miedo. -Tira ese dibujo y empieza otro.

Seguro que te sale más bonito.

-Sí, pero cuando me pongo a ello,

empiezo a pensar en Diego y no puedo seguir.

Es como si los dos estuviésemos en él...

y el uno no lo pudiese hacer sin el otro.

-Es muy grave lo que me dices.

(Puerta)

Le echas de menos, ¿no? -Cada minuto que pasa.

-Buenos días, señoras.

Buenas noticias; todo resuelto

para el viaje: una venta donde pasar la noche,

un carruaje que nos llevará... -¡Qué alegría!

-Tengo que pedirte algo. Necesito que rehagas

el dibujo del pájaro.

-¿Por qué? -Será nuestra excusa para partir.

Voy a arreglar unas cosas y enseguida vuelvo.

Al final tendrás que rehacerlo. -Lo intentaré.

-No. Lo intentarás, no.

Lo lograrás, estoy segura.

Puedes sobreponerte

a todo.

-Gracias.

Bueno, primo, y dime, ¿cómo está la Lucera?

-Bien, "preñá".

Y como es un poco exquisita, no come cualquier hierba,

solo lo mejor de lo mejor.

-¿Y la Centella? -Esa ha salido traviesa.

Lleva a los perros "desesperaos"; a la que salta, se sale del rebaño.

-Qué graciosa. Ah, ¿y el Atravesao?

Qué buen nombre le pusimos a ese borrego.

Anda de disputas con ovejas con los otros borregos.

No se calla ante "naide", ni entre los perros.

-Hablan de las ovejas como si fueran personas.

-Mejor que muchas son. -"Pa" chasco que sí, primo.

Más nobles y "resalás"... -Jacinto, déjate de ovejas.

Lo que necesitas es una mujer

que te cuide y te quiera. -Eso es. Que no es bueno

que el hombre esté solo. -De eso no me hace falta,

gracias a los consejos de Fabiana

y de mi amigo Servando. (RÍE)

-¿Ha conocido mujer?

-Conocido...

y reconocido. El donjuán de la trashumancia

me llaman ahora. -¿Qué?

-Pueblo al que voy, pueblo en el que conozco a una mujer.

Gracias a las palabras bonicas del señor Servando

y a los modales suyos, "seña" Fabiana,

me comen en la mano. -¡Arrea, primo, no me lo creo!

-No sea fanfarrón, Jacinto.

-Miren, miren.

Ya verán, "to" mujeres.

Mujeres que están esperando a que vuelva a sus pueblos.

-Bien guapas que son. Algunas parecen artistas,

de lo lustrosas que se ven.

-Todas son guapas. La que no tiene los ojos bonitos,

tienen la boca preciosa.

La que no, la risa fácil y la mirada inteligente.

La que no tiene

nada de eso, tiene la piel de los codos suave suave,

como el terciopelo.

-Hay que ver. Qué bonito es lo que has dicho.

-Y qué profundo.

-Eso mismo lo podría haber dicho yo, palabra por palabra.

Me lo has copiado, ¿no? -No, no.

De no ser por ustedes dos, ni se me habría ocurrido.

-Por mí más.

-¡"Quiá"! Más por mí. -Bueno, voy a recoger

las viandas, o no va a quedar para Lola.

-Es verdad. ¿Y Lolita? -Pues muy perdida, primo.

Pasa más tiempo con los señores que con nosotros.

Vas hecho un pincel.

Qué bonito. -Tú sí que estás guapa.

La más pinturera

de todo el barrio.

-Halagador. -Preciosa.

-¿No tenía que venir aquí el Belarmino este?

-Y ya debería estar aquí.

Es muy raro, con lo serio y formal que es...

-Eso tendrías que aprender tú, formalidad.

Qué contento estoy

de que hayas encontrado un socio tan juicioso.

-Desde la primera charla de negocios que tuvimos

me dejó muy claro que todo hay que hacerlo con legalidad.

"Lo que está bien hecho, bien parece".

Esa es su frase favorita. -Me la voy a aprender para decirla.

Bueno, me tengo que ir. -No, quédate y te lo presento.

-Prefiero que no, que estos son negocios y no me meto.

Que vaya muy bien.

-Perdón por el retraso.

Vaya día complicado. Claro, son tantas obligaciones.

Vamos a tener que llamar a don Isidoro.

Imposible ir hoy al ayuntamiento.

-No, si nos damos prisa, estamos a tiempo de llegar.

-No, si no es por llegar tarde, que también, es que me ha convocado

el marmolista del monumento.

Es el más prestigioso de España, no se nos puede escapar.

De él depende que tengamos el mejor mármol.

-¿Y si el Ayuntamiento se echa para atrás?

Imagínese que nos quedamos

sin el dinero. -Usted puede ir por él.

-¿Yo?

-No, no. Claro, no.

Mejor nos dividimos.

Usted, a por el marmolista; y yo, a por el dinero.

-No, no, yo no entiendo de diseños, ni de mármol ni nada.

No, imposible.

-Entonces, no sé cómo arreglarlo.

-¿No se fía de que vaya yo solo

a recoger el dinero? ¿Piensa que me voy a fugar con él?

-No pienso eso, hombre. De usted me fío

tanto como si fuera yo mismo. Pero no sé si le van a dar el dinero

sin mi firma. -Ya me encargo yo.

-Perfecto. Entonces, yo, al marmolista,

y usted, a por el dinero.

Ah, y hable con el concejal.

A lo mejor viene y se ahorra usted el viaje.

-Luego le cuento cómo ha ido todo. -Perfecto.

-Con Dios. -Con Dios.

Olga, ¿cómo aprendiste a leer?

-Me enseñó Tomás.

Me hacía leerle un pasaje de la "Biblia" todas las noches.

-¿De la "Biblia"? No le hacía religioso...

tan malo como era, aparentemente.

-Hay mucha gente muy mala

que va todos los días a la iglesia, como nuestra madre.

-Así es.

¿Y qué partes de la "Biblia"

te hacía leerle?

-No quiero hablar de él.

No me gusta recordar

esos tiempos.

-Blanca, ¿te parece que vayamos a comprar

algunos enseres para la canastilla? -Mejor en otro momento.

Había pensado en bajar a La Deliciosa y después ir a la perfumería

para comprarle algunas cosas a Olga. -Eso puede esperar.

-Y los enseres para la canastilla también.

Además, faltan meses

para que nazca la criatura.

-¿Sí, señora? ¿Deseaba algo?

-Carmen, ¿qué hora es?

-Las cinco y cinco.

-La hora del té, son las cinco.

No sé por qué no está servido.

-Perdone, ahora lo sirvo. -No se puede hacer nada bien

en esta casa. ¡Eres una inútil!

Debería despedirte inmediatamente. -Ahora mismo voy.

Perdóneme por el desliz.

-Sírvelo en la sala pequeña.

-Sí, señora.

-No sé por qué se pone así, madre.

-Le grito a ella porque parece ser que es la única

que tiene que obedecerme en esta casa.

-Ya habrá tiempo más tarde para esas compras.

-Iremos mañana.

-Mañana no te comprometas para nada, Blanca. Nos vamos de viaje.

-¿De viaje?

-A Matallanas del Río.

Ahí vive el mejor orfebre que tuvo mi padre.

Quiero consultarle unas dudas sobre el diseño de Blanca.

No serán más que un par de días.

-¿Y ella tiene que ir? Te recuerdo que está embarazada.

-No sufrirá ningún daño. Es mi esposa

y la diseñadora, doble motivo para venir conmigo.

-Además, tengo muchas ganas

de conocer a ese orfebre, he oído hablar tanto de él.

-Nadie me hace caso en esta casa.

-No quiero quedarme sola con ella.

Iré con vosotros a ese pueblo.

Celia, con sus tintes; Susana, con la sastrería

y Trini, que no se separa de su esposo.

No sé lo que le ve a don Ramón para ir todo el día pegada

a él. -Es su marido, doña Rosina.

Se adoran, digo yo.

-Y yo al mío, ¿no te amuela?

Y me reconocerás que mi Liberto es mucho más guapo que Don Ramón.

-Mire usted, yo ahí no me meto. Y luego tenemos a mi hija, claro.

Ahora es amiguísima de Blanca.

Ya no tiene ni un minuto para tomarse un chocolate conmigo.

Se están perdiendo las costumbres, te lo digo yo.

Y eso acaba con un barrio.

De toda la vida bajabas aquí y te encontrabas con tus amigas,

sin necesidad de hablarlo antes.

-Me alegro de que nos considere una parte tan importante del barrio.

-Lo que no quiero es merendar sola. ¿María Luisa va a bajar?

-No lo creo, doña Rosina. No creo.

-¿Andáis peleados?

-Cosas de enamorados, nada grave. -Ay, Víctor,

los amores reñidos son los más queridos.

Tú perdona mucho, no le des importancia.

-Doña Rosina, ¿por qué no me disculpa?

Debo hablar con Simón. Váyase a una mesa,

yo me encargo de que le lleven unos melindres.

El mejor postre cuando uno tiene que merendar solo,

se lo aseguro.

-Doña Rosina. -Buenas.

-Víctor, me ha dicho Adela que querías hablar conmigo.

Perdóname la tardanza, estaba haciendo un envío.

-Te buscaba para avisarte de algo.

Resulta que Elvira le ha contado a María Luisa

el secreto de tu madre.

-Cada día que pasa, es menos secreto.

-María Luisa va a ser discreta, no hay que preocuparse.

El problema es Elvira, que no sé

a cuánta gente más se lo va a contar.

-Nunca imaginé que se vengara así de mí.

Vino a pedir mi perdón por habérselo contado a Adela,

pero ahora sigue contándolo. Está demostrando

su baja catadura. no sé qué hubiera sido de nosotros

si nos hubiéramos casado. Me ha decepcionado.

Me ha decepcionado mucho.

-No sé si se lo ha contado por maldad,

pero a mí me ha creado una crisis con mi novia.

Que dice que no confío en ella,

que se tendría que haber enterado por mí.

-Lo siento, Víctor.

Siento que tengáis tantos problemas por mi culpa.

-No, yo acabaré arreglándome.

Además, entiendo que esto hay que llevarlo con discreción.

Menuda es mi abuela. Le da algo

si la gente se entera de que fue madre soltera.

La pregunta es...

¿Qué vas a hacer tú con respecto a Elvira?

-No lo sé.

No lo sé, Víctor. Quizá Elvira me esté poniendo a prueba,

y no voy a caer

en su trampa. No iré a hablar con ella.

Veremos si lo sigue contando

o se conforma con el mal que ha hecho hasta ahora.

Lo que tengo claro es que, para mí, todo ha terminado con Elvira.

Es la primera vez que me compro un perfume en mi vida.

-No te lo eches por litros, ¿eh? Solo una gota, o apestarás al barrio.

-Me tienes que enseñar. Y maquillarme también.

-¿Te quieres maquillar? -Es lo que hacen las damas, ¿no?

-Vas deprisa. En unos meses, te veo en un "garden party"

de la reina. -¿Un qué?

-Una fiesta que organiza la reina.

Van las damas más refinadas de España.

-¿Y tú vas? -No, no me invitan.

-Pues la reina es una mentecata.

-Vaya forma de hacerse una republicana.

¿Y si la reina me invitara? -Entonces, me gusta.

-Eso está bien, convicciones políticas firmes.

(AMBAS RÍEN)

-Vamos a sentarnos un momento, Olga.

Verás,...

quiero pedirte un favor.

-Lo que quieras,

eres mi hermana.

-Es el viaje con Samuel.

Prefiero hacerlo sola con él.

-¿No quieres que yo vaya?

-No, pero no es por ti.

Es que hemos tenido problemas.

Ya sabes,

problemas en el matrimonio.

-Por Diego. -No, por Diego, no.

Solo por Samuel y por mí.

Hace mucho tiempo que no estamos solos y...

cuando estamos solos, somos marido y mujer.

-Ya, ya sé.

Cuando el palomo y la paloma se arrullan...

-(RÍE) ¡Eso!

Yo no podría haberlo explicado mejor.

-Pero no quiero quedarme en casa con ella.

-Por favor, van a ser solo unos días.

-Lo haré, pero solo por ayudarte.

-Debes intentar no crear conflictos con nuestra madre.

-Voy a intentar ni verla ni cruzarme con ella.

No me pondré el perfume, así no podrá olerme

ni reconocerme por el olor, como hacen las zorras

con su presa. -(RÍE) Eso está bien.

Muchas gracias, Olga.

Casi todo sería de mármol,

menos esta parte, que sería de alabastro.

-Gracias.

-Aquí está el dinero. Espero que no haya retrasos

en el monumento. -Descuide, concejal.

Cumpliremos al minuto con el encargo.

-Al minuto y al céntimo.

-Para nosotros, lo más importante es el beneficio moral,

no lo económico.

Queremos que los caídos tengan su homenaje y su recuerdo.

-Es lo más importante. ¿Y su socio?

-Negociando los materiales.

Queremos el mejor mármol para el monumento más señorial,

el de nuestra ciudad. -Le voy a decir la verdad.

Este monumento no es solo importante para ustedes,

no se me escapa que de él depende que en otras ciudades

le encarguen a ustedes las estatuas y no a su competencia.

-Estamos convencidos de que nuestra oferta

es la mejor posible.

-También es capital para mí.

Del buen final de esta iniciativa

depende que el alcalde cuente conmigo

para asuntos más importantes.

-Ah...

Ya.

No se arrepentirá.

Si me arrepiento yo,

no seré el único. No tendré piedad.

-Descuide, que no le vamos a defraudar.

-Pues vaya y ponga el dinero a buen recaudo,

que la ciudad no es tan segura

como antes. ¿Tiene dónde guardarlo?

-De momento, en la caja fuerte de mi padre, don Ramón Palacios.

Pero enseguida empezaremos a gastar.

-¿Cómo?

-En artistas, materiales

y demás. -Ah.

Muy bien.

Bueno, pues estaré encima de los trabajos.

Con Dios. -Con Dios, señor concejal.

(DIEGO) "Los pájaros no han nacido para vivir entre barrotes,

enjaulados. Puede que no sean los truenos

lo que le aterroriza, sino la vida a la que se ha visto condenado".

"La posibilidad de que esta sea para siempre,

que no pueda volver a volar libre nunca más".

-"Diego, ¿qué haces?".

-"Tranquilo".

"Blanca, abre el balcón".

-"¿Estás seguro?".

-"Sí. Hay cosas que no se pueden tener encerradas".

"Hay que liberarlas,

dejarlas escapar".

-¿Estás haciendo la maleta? -Ya está terminada.

¿Me ayudas a cerrarla?

-No, espera.

Esto, fuera.

"Arreglao". -(RÍE) Un método contundente.

-¿Lo tienes todo? -Gracias a Olga,

que me ha ayudado a cerrar la maleta.

¿Cómo está tu padre?

-Mal,

como siempre.

Mejor no pensar en ello.

Te bajo la maleta. El carruaje está abajo.

-Te acompaño, así veo al caballo.

(DIEGO) "Yo te amo. ¿Acaso no te das cuenta?".

-"No digas eso".

"Vete, por favor".

-"No me marcharé hasta que me digas que sientes lo mismo".

-"Vete".

"¡Vete!".

"¿No me oyes? ¡Déjame sola!".

¿No son bonitos?

-Más que los cuadros del Prado.

Valga la comparación.

-Es el principio de un largo camino.

Pronto habrá monumentos erigidos por nosotros en todas partes:

en las capitales de provincias,

en cabezas de partido... -Y después, fuentes públicas.

En Londres hay muchas.

Podríamos empezar a construirlas aquí también.

-Qué gran idea. Dedicado a dioses mitológicos.

Por ejemplo, que cada barrio tenga su fuente.

Estoy tentado

de ponerme a contar todo el dinero que vamos a ganar.

-Primero toca trabajar. No vaya a ser

que de tanto ir el cántaro a la fuente se rompa.

¿Te ha dicho algo del diseño?

-No, ni lo ha mirado. -Bah, solo piensan en el dinero.

A nosotros nos toca pensar en el arte.

Y yo preocupado por tener el mejor mármol

de las canteras de Macay. -¿Y bien de precio?

-Caro, pero...

digno de la obra que vamos a hacer. Deberíamos brindar por el éxito.

-Precisamente, tengo en hielo

una botella de champán, querido socio.

-¡Ah, venga, a por ella!

¿Seguro que hacen falta 15 ovillos de hilo de oro?

-Y quizá nos quedemos cortas y tengamos que pedir más.

-Pues en el presupuesto solo pusimos 12.

-Le dije que estaba siendo demasiado optimista.

-Ahí se va todo el beneficio, en el hilo de oro.

-No estará pensando en renunciar

al encargo... -Ni se me ocurre.

Aunque tengamos que pedir un préstamo para acabar el manto.

Este es el trabajo más importante

que ha tenido la sastrería. -Tiene usted razón, doña Susana.

Estamos haciendo historia.

Además, nos estamos ganando el perdón de los pecados.

Si necesita más oro, se lo echamos. Tan poco exagere, ya pesa 20 kg

Como echemos más oro, vamos a aplastar al santo padre.

-Tendremos cuidado. Pero eso será mañana,

hoy ya hemos trabajado suficiente.

-Parece que viene un cliente. -Ah, pues habrá que atenderle.

-¿No le atendemos? -No.

-Es el coronel Valverde.

¿Qué querrá de mí?

Por una larga y provechosa reunión, amigo.

-Así sea.

Quédese a cenar,

así le presento a mi padre, que está deseando conocerle.

-Nada me gustaría más, pero tengo una cena de negocios.

-¿Negocios?

-Sí.

-¿Con otros socios?

-Le seré sincero, para que no desconfíe.

Voy a encontrarme con una dama.

No, nada de negocios.

Solo ocio. ¿Entiende?

Ya lo dice el refrán:

"A Dios rogando y con el mazo dando".

-Es usted todo un truhán.

Pues brindemos también por su cita.

-Entenderá que no me voy a llevar el dinero.

Guárdelo.

Guárdelo como está usted tan seguro como conmigo.

Ah, mañana le aviso para pagar

al marmolista. Bueno, y ya me voy.

-No, espere, le acompaño. -Bueno.

Gracias, no quiero más.

¿Has hecho lo que te dije?

-Tuve que darle un duro al cochero para que me dijera adónde iban.

-Rápido sueltas mi dinero.

¿Qué te contestó? ¿Adónde han ido Samuel y Blanca?

¿A ese pueblo? -¿Matallanas del Río? No.

Les llevó a un bosque.

-El bosque de Las Damas.

-Sí. ¿Lo conoce?

-Claro que lo conozco.

-¿Y mi cena?

-Ahora estoy cenando yo.

-Carmen, sírveme.

Ya le he dicho que no me voy a marchar.

-Pon otro servicio en la mesa.

Buenas noches. Estábamos a punto de cerrar,

pero si quiere hacer un encargo,

mañana estaremos encantadas

de atenderle. -No,

solo quiero felicitarlas por el encargo del Vaticano.

-Bueno, es un encargo del obispado español.

Es un manto de regalo para el santo padre.

-Seguro que acabará siendo el regalo favorito de su santidad.

Mis felicitaciones, doña Susana,

se lo digo de corazón.

-Gracias.

Una vecina trabajando para el papa

de Roma.

Esto está por encima de cualquiera de nuestras diferencias,

doña Susana. ¿Sabe que hasta me lo han comentado

en el ateneo militar? Si quiere, dejaré allí

alguna tarjeta. Quizá alguno de mis compañeros

quiera hacerse un uniforme de gala.

-Se lo agradeceré, pero, si no le importa,

tenemos que cerrar. -Sí, claro.

No quiero retrasarles.

Gracias.

Me voy a encargar de que todo el mundo sepa

quién es usted: la mejor sastra de la ciudad.

-No le creo.

¿Qué tramará ese hombre?

¿Desea alguna cosa más?

-Retírese.

Ya te avisaré cuando hayamos acabado para que recojas la mesa.

-Sí, señora.

-Carmen, ¿cómo pretendes que corte la comida?

-Trae un cuchillo.

¿A qué esperas?

-Blanca va a tener un niño.

Debemos ser una familia.

-Nunca seremos una familia.

No eres más que una enferma y una asesina.

Buenas tardes, señoras.

Le ha traído Martín este paquete y unas cartas.

-¿Cómo está quedando el bordado para el manto Vaticano?

-Hago lo que puedo.

Solo espero que a su santidad le guste.

-Seguro, quedando la mitad de bien que el de la virgen,

su santidad quedará más que complacido.

¡Qué maravilla!

Mirad, dice Leandro que estas muestras son la última novedad

en tejidos en la capital de la moda.

No quiere que la sastrería pierda la comba de París.

-Oh, son preciosas. Y con una calidad poco vista aquí.

Y dice que manda una carta Juliana a Víctor que es muy importante.

-Aquí tiene otra oportunidad: un campeonato de dominó.

Podría usted ganar 30 duros.

-Ya, pero los que debo son 50. -Ya, hombre,

pero algo es algo. Serían 30 duros que ganaría usted sentado.

-Aunque te resulte extraño,

nunca se me han dado bien los juegos de mesa.

En Naveros, cuando entraba en la partida,

en vez de dominó la llamaban "dominao".

-"Familia,"

tengo... un nuevo negocio. -¡Ay!

-Si lo anuncias así,

a bombo y platillo, no tengo nada que temer.

-Hemos negociado con el Ayuntamiento para construir un monumento

en memoria de los héroes españoles caídos en las colonias.

-Qué orgulloso estoy de ti. Brindo por mi vástago.

-Por Antoñito. Sí, muchacho, siempre te he tenido de mucha ley.

Siempre he sabido que acabarías siendo muy influyente

en la sociedad, como tu padre.

-Por mi hermano,

que si esa empresa prospera, podrá dejar la chocolatería.

-¿A qué se me quiere?

-Siéntate, vamos a darles una paliza al dominó a estos dos gañanes.

-¿Al dominó? Si no sé jugar. Te sientas y aprendes.

-Si es de pensar, no juego. -De pensar, dice. (RÍE)

Si dicen que Jacinto es campeón.

Se trata de poner un cinco detrás de un cinco,

un dos detrás de un dos, y así hasta que se acaben las fichas.

-¿Y a qué viene esta "tontá"? -No, es un juego de pillos.

Esto es para los españoles de pro. Venga,

reparte.

Y sale el seis doble.

"Me gustaría que me perdonaras".

Un perdón honesto.

Simón, nunca quise hacerte daño,

y a doña Susana tampoco. Naturalmente.

Por eso te faltó tiempo para contárselo a María Luisa.

No fue mi intención descubrir el secreto, se me escapó.

Estaba muy alterada esos días, pero te juro que fue así.

Estoy harto de tus juramentos, de ti, de todo.

¿A qué tanta crueldad?

¿No podríamos tratarnos, si no como amigos,

que sería mi deseo, sí como vecinos?

-"Blanca me quiere".

Intenta saber de mí, pero me quiere.

-Eres una ingenua.

¿De verdad crees

que han ido a ver a ese orfebre? No.

Blanca y su marido han ido al bosque

de Las Damas a indagar sobre tu pasado.

Hablarán con los paisanos. Alguno te recordará.

Entonces, a Blanca se le caerá la venda

de los ojos y te despreciará, como te desprecio yo.

Te echará de casa.

Si en algún momento pensabas que aquí tenías futuro,

olvídalo. Ni siquiera Blanca te querrá.

Ya no. -"Parece un cuento".

Parece que no adentremos en un juego en el que nadie puede sufrir,

pero quizá descubramos el tormento que sufrió Olga.

-No olvides que los cuentos son siempre de terror.

Lo bueno es que suelen acabar bien.

¿Vamos?

-Vamos.

Gracias por embarcarte conmigo en esto.

"He empezado a preparar el ajuar"

de mi nieto. -¿Ya?

Oh... Qué bien, perdón.

-No hace falta que se disculpe, Rosina. Lo cierto

es que... he comprado

una canastilla. -¿Por qué no nos la enseña?

-Sí, por favor. Ay, un niño en casa, ¡qué bendición!

-Si se empeñan...

Iré a buscarla.

(GRITA)

  • Capítulo 642

Acacias 38 - Capítulo 642

17 nov 2017

Samuel y Blanca deciden viajar al Bosque de las Damas para conocer la verdad sobre Olga. Olga empieza a imitar los gestos de Blanca y a repetir lo que su hermana dice. Blanca confiesa a Leonor su inquietud con respecto a Olga. María Luisa se enfada con Víctor por haber escondido su relación familiar con Simón. Víctor advierte a Simón de que Elvira ha contado el secreto a María Luisa. Jacinto regresa a Acacias contando que las clases de seducción le han sido útiles.

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