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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 641 - ver ahora
Transcripción completa

Te prometo volver como un hombre nuevo.

Un hombre que ya no te amará.

Un hombre que solo te verá como la esposa de su hermano.

-Eso espero.

"Debo suplicarle que me perdone".

Y eso voy a hacer.

Tú no vas a hacer nada de eso.

Padre, ¿cuánto tiempo lleva ahí?

El suficiente para escuchar sandeces.

-"¿Y cuál es el problema?". -Pues que ya es muy tarde

y, como la señorita Olga no salía de la habitación,

llamé a la puerta y entré por si necesitaba algo.

-¿Se encuentra bien? -No está.

-¿Cómo que no está? -La señorita no está en la casa.

-"¡Basta ya!".

No le voy a permitir que le hable así.

-Y yo no voy a permitir que mi hija sufra.

-Haré por no darle más disgustos ni a usted ni a ella.

Entre Elvira y yo ya no hay nada.

-Así lo espero.

¿Has podido averiguar qué es lo que quiere regalar Samuel a mi hija?

-Me lo contó Liberto: un llamador de ángeles.

-Ah, desde luego. Conozco la leyenda

y es una idea muy bonita. Un regalo excelente.

No te marches. Diego, por favor, te lo ruego.

Te vas de la ciudad porque estás enamorado de Blanca.

Y piensas que ella también lo está de ti.

-"¿Qué ocurre?".

-Yo te había comprado un llamador de ángeles igual.

-Qué casualidad. Es increíble.

-Increíble, sí.

-"Usted tendría que facilitarme"

la licencia y, yo me encargaría de levantar el monumento

a los soldados caídos.

Porque no solo sus familiares merecen ese monumento,

sino que toda la ciudad lo merece.

-Una vez me dijiste que me odiabas.

Pues ahora te entiendo.

Porque cuando vi llorar a mi madre por tu culpa,

te odié, Elvira.

Simón... He dicho que te vayas.

¿Quién anda ahí?

-Pierde cuidado, soy yo.

-¿Olga? -Olga, ¿qué haces en nuestra alcoba?

-No sabía si estabais dormidos.

Tan solo quería darle un beso a mi hermana.

-¿A estas horas?

-Supuse que seguirías intranquila por mi repentina marcha y, quería...

calmarte y pedirte disculpas por irme de tal forma.

Siento haberos asustado. Ya os dejo dormir en paz.

-Aguarda, Olga.

Me alegro de que hayas vuelto.

-Gracias, Blanca.

Eres muy buena conmigo.

-No sabía si estaríamos despiertos.

¿Y qué esperaba a semejantes horas?

Desde luego, con este sobresalto no volveremos a dormir

en toda la noche.

-Necesito agua, Samuel, ¿quieres?

¿Qué es eso?

-¿Qué sucede ahora?

¿Cómo habrá llegado ahí?

Pobre animal. Un pajarillo muerto.

(VOZ DE SIMÓN) "Una vez me dijiste que me odiabas".

"Pues ahora te entiendo".

"Porque cuando vi llorar a mi madre por tu culpa, te odié, Elvira,

profundamente".

Yo también me odio, Simón.

Me aborrezco por haber podido provocar ese sentimiento en ti.

Al fin apareces. ¿Dónde te habías metido?

¿Sabes qué hora es?

¿Por qué lloras?

¿No es capaz de adivinarlo? ¿Quiere saber de dónde vengo?

He deambulado por la calle.

He recorrido los rincones en los que Simón y yo

disfrutábamos de nuestro amor.

He vuelto a los lugares que una vez fueron testigos de mi dicha.

Cuando Simón aún me amaba. Cuando no me odiaba.

Ya basta.

No quiero escuchar más lamentos.

Pues permaneceré en silencio.

Porque solo lamentos pueden salir de mi boca.

Tu aventura con Simón ha terminado.

Olvídate de él de una vez. Es cosa del pasado.

Entonces ya no tengo futuro.

Él puede haberse olvidado de nuestro amor, pero yo no lo haré.

Vivirá siempre en mi corazón.

Hija, deja de torturarte. Saldrás adelante, reharás tu vida.

No quiero otra vida si no es a su lado.

Por eso estoy rota.

Mi único amor me aborrece.

Mi existencia ya no tiene sentido.

(LLORA)

Pues venga conmigo.

Cuidado.

Aquí están sus chocolatitos.

No encontrarán mejor forma de empezar tan bello día.

Don Belarmino.

Veo que ya ha regresado usted de su viaje.

-Acabo de retornar. Apenas me ha dado tiempo de dejar las maletas.

He venido a informarme de sus avances.

¿Le fue bien su reunión con don Isidoro, el concejal?

-Elena, llévate la bandeja

a la barra y, de paso, tráete dos copitas de champán.

-No quiero beber. Quiero que me conteste.

-Créame que tenemos un buen motivo para brindar.

La reunión fue un éxito.

-¿Consiguió la concesión?

-El concejal ya ha firmado los primeros papeles.

-Sabía que no me equivocaba con usted.

¿Puedo ver el contrato? -Sí, por supuesto.

Una vez que me dé un adelanto por mis gestiones.

Hoy por ti, mañana por mí. -Cuente con ello.

Sepa que a partir de ahora le considero oficialmente mi socio.

-¿Ve como teníamos un buen motivo para brindar?

Por nuestro éxito.

No solo vamos a ganar dinero, haremos algo grande por este país.

Y por esas familias que no tienen

cómo velar a sus caídos.

-Brindo por ello.

-¿Antonio?

¿Qué haces bebiendo a estas horas en lugar de servir mesas?

-La ocasión lo merece.

Tienes que brindar con nosotros.

Elena, trae otra copita de champán. Y la apuntas en mi cuenta.

-Pero ¿de qué cuenta hablas?

No has probado bocado. ¿Estás bien?

-No, Samuel.

Apenas pude dormir después de la aparición de Olga.

-Ya te dije que nos costaría. Nos dio un buen susto.

-Verla allí,... en la penumbra,

en medio de la habitación, me puso los pelos de punta.

-Tu hermana es una mujer muy inquietante, de eso no hay duda.

-Sí, pero... anoche me asustó más que nunca.

Sobre todo cuando encontré ese pájaro muerto.

-¿Crees que tiene relación con su vuelta?

-¿Acaso tú no? -Me cuesta creerlo.

Pienso que el pobre animal se coló en nuestro cuarto

y perdió la vida tratando de salir.

-Haces bien en desconfiar de tu hermana.

-Ya veo que no ha perdido la costumbre de escuchar

conversaciones ajenas a escondidas.

-No quería interrumpiros.

Al fin has abierto los ojos con respecto a Olga.

-Se lo exijo, no trate de turbar a mi esposa con sus tejemanejes.

-Nada más lejos de mi intención, Samuel.

Solo trato de protegerla.

Es mi responsabilidad advertirle cuantas veces sea necesario,

y, más en su estado.

Olga solo está fingiendo afecto hacia ti.

Es una mujer desequilibrada que puede ser muy peligrosa

para nosotros. -¿Para nosotros?

¿O para usted? -Para todos nosotros, Samuel.

No te engañes.

Olga puede ser muy peligrosa.

Y creo que vosotros os estáis empezando a dar cuenta también.

¿De verdad estáis tranquilos acogiéndola

y permitiéndole esos vaivenes?

¿Qué pasará cuando nazca el crío?

¿Estaréis tranquilos permitiendo que pueda acceder a él

en cualquier momento?

¿Acaso confiáis ciegamente en la que va a ser su tía amantísima?

Y por lo expuesto anteriormente, me atrevo a pedirles

que confíen a ciegas en la sastrería Séler.

No les defraudaremos.

-Ole.

-¿De verdad os ha gustado la presentación?

-El obispo no sería más que un patán si no le diera el trabajo.

-Oye, Liberto. Tampoco es preciso que seas un irrespetuoso.

-Se van a quedar boquiabiertos con su don de palabra

y su espectacular boceto.

-Por no hablar de sus telas y de los hilos que quiere usar.

-Al final no solo le encargan el manto papal.

Al final le piden de rodillas que haga el vestuario completo

de todos los cardenales del Vaticano.

-Cómo se nota que me queréis.

Pero yo no quiero halagos. Quiero que seáis sinceros.

¿Lo he hecho bien?

-Bien no.

De maravilla. -Abuela, les va a demostrar usted

que es la modista más principal de esta ciudad.

Y el que va a estar más orgulloso va a ser mi padre.

-Por él debo hacerlo.

Tengo que conseguir este encargo.

-Así se habla.

-Pero póngase en marcha, que va a llegar tarde.

-Sí. Que con este último ensayo se me ha ido el santo al cielo.

-Simón y Adela deben de estar esperándola.

Se fueron antes con las telas, bocetos y demás material.

Yo la voy a acompañar.

Pero tendré que ausentarme antes para ir a la mansión de los Alday.

Samuel me ha pedido que le ayude a recoger unas cosas de sus negocios.

-Qué bueno eres, siempre estás dispuesto a ayudar a tus amigos.

-Tan solo sigo su ejemplo.

-Abuela, espabile que vuelve a dormirse en los laureles.

-Sí. Un momento, que voy a por una estampita de la Virgen.

Toda ayuda es buena.

-Pues fíjate que a pesar de sus nervios,

yo creo que va a tener éxito. -Hombre, yo estoy convencido.

Vamos, ya le tengo preparada una sorpresa en la chocolatería

para cuando regrese.

-Ya está. Vamos, que se nos hace tarde.

Ay.

-Bueno, pues suerte y al toro. -Mejor dicho: al obispo.

-Estoy demasiado asustada para reñiros.

-En cuanto termine, vuelva a Acacias y me da buenas noticias.

-Con Dios. -Eso.

-Suerte.

Hombre, Casildilla. ¿Qué, ha regresado ya tu Martín?

¿Se sabe algo de Servando? -Nones, aún no ha llegado.

Es que como te has puesto tan guapa, parece que está a punto de llegar.

-Ojalá, porque le echo tanto de menos.

En cuanto le pille, le voy a dar un beso,

que se va a caer de culo al suelo. -Se lo piensa comer a besos.

-Es lo apropiado. Ya me contaréis qué tal le fue al Servando.

Con Dios. -A más ver.

-Casilda, Lolita.

Pues "na".

Que servidora también quiere tener ya nuevas.

-Fabiana, no me diga que anda "preocupá" por el Servando.

-Y todavía más extraño, Lolita, que mira que hace poco que se fue

y ya lo echo en falta.

-Si es que, el "desgraciao" se hace notar.

-A todas nos da morriña porque le vamos a tener mucho tiempo lejos.

Pero vamos, que a pesar de sus ocurrencias, el Servando

es el alma de este altillo y de esta calle.

-Me da a mí

que no le vamos a añorar. -¿Por qué dices eso,

mastuerza? ¿Acaso no lo aprecias?

-Que no, que no, "seña" Fabiana, que mire por dónde aparece.

-Pero sí que se ha vuelto pronto de la Cuba.

-Pero Martincico, amor de mi vida, pero... ¿por qué llevas un ojo

a la funerala? -Eso pregúntaselo a Servando.

-¿No habrá sido usted capaz de ponerle la mano encima a mi hombre?

-Tranquilízate, Casilda, que te temo más que a un miura.

Además, yo me he hecho tanto daño como él.

Como estaba al tanto del mandoble que le iba a arrear para embarcarle,

me atacó antes y me noqueó. -Hay que jeringarse.

Y dice que usted se ha hecho daño. -Para chasco que sí,

que tengo "destrozao" el puño, que tu marido tiene la cara muy dura,

verbigracia, de hormigón "armao".

-Pero entonces, ¿no ha embarcado? -¿Y acaso lo preguntas?

¿Pues no le ves aquí?

-Que ha sido sin pensarlo. Ha sido imprevisto.

Uno está acostumbrado a defenderse.

Bueno, que no me miren así. -Peor lo va a mirar don Ramón,

cuando sepa que no ha cogido el barco.

-Anda, que la que hemos liado para que esté junto a su Paciencia

y, nos lo paga así. -Es que me da miedo el agua.

En cuanto veo más agua de la que cabe en un pilón,

que me entran los siete males. -Mire,... ahórrese las excusas

que ya tendrá tiempo de dárselas a los señores,

que "pa" eso se han gastado sus cuartos en pagarle el pasaje.

-Eso es. Y prepárese.

Prepárese "pa" dar cara, que usted sí que la tiene dura.

"Pobrecico", mi Martín.

¿Te duele mucho? -¿Lo tengo muy mal?

-Ven aquí.

¡Ah!

Considérelo como un adelanto por las gestiones

realizadas en el ayuntamiento. Estoy seguro que este

va a ser nuestro primer negocio de una larga lista.

-Me alegra ver que confía en mí.

-Me ha demostrado ser rápido y sumamente efectivo.

¿Qué más se puede pedir de un socio? -En tal caso,

deberíamos sellar nuestro acuerdo con otro apretón de manos.

-Y ahora discúlpeme pero tengo gestiones que terminar.

Estaremos en contacto. -Con Dios.

-Vaya. Veo que las cosas te siguen marchando fetén.

-Así es. Mis esfuerzos empiezan a darme dividendos.

-Pues me alegro por ti.

-¿Pero? Por tu semblante intuyo

que hay un "pero", ¿no? -No te equivocas.

¿Cuándo pretendes contarle a tu familia sobre tus industrias?

¿Pretendes compaginar los dos trabajos durante mucho tiempo?

¿O vas a convertir La Deliciosa en tu despacho?

-¿No estarás celoso por mi nuevo negocio, no?

-No te equivoques, Antonio.

A mí me da igual lo que hagas con tu vida

mientras que cumplas con tu trabajo.

Y sin que perjudiques a tu familia.

-Tranquilo, que ni tú ni nadie de mi familia

os vais a ver afectados por mis acciones.

Déjame encontrar el momento para contarles lo que me traigo

entre manos.

Y ahora voy a darle una grata sorpresa a mi padre.

Le va a encantar ver que he cumplido con mi parte.

Por todos los santos.

¿Qué ha ocurrido aquí? Parece como si un huracán

hubiera pasado por el salón. ¿Habrán sido los ladrones?

-Ni una cosa ni la otra, querido Liberto.

-Le veo muy tranquilo.

¿No le preocupa que su hermano pueda no estar bien?

-Diego está perfectamente. Ya se marchó.

Las cosas de valor siguen en su sitio. No han sido ladrones.

-Entonces, ¿de quién?

-De un hermano incapaz de asumir su derrota.

-¿Me estás queriendo decir que todo esto es obra de Diego?

¿Le cree capaz de semejante chiquillería?

-De esto y de mucho más.

Siempre ha sido incapaz de controlar su ira.

Menos mal...

que se ha ido por el mismo camino por el que vino.

-Entiendo entonces que su relación nunca fue buena.

-Se equivoca, Liberto. Diego y yo...

fuimos más que hermanos. Éramos amigos.

-¿Y qué fue lo que ocurrió?

-Que intentó quitarme lo que era mío.

Se ve que nuestro antiguo aprecio no era más que simple fachada.

Entre nosotros siempre hubo rencor por cuitas de nuestro pasado.

Siempre intentó quitarme lo que era mío.

Y hasta ahora se había salido con la suya.

Por eso se ha puesto así, porque no soporta perder.

Pero más le valdría acostumbrarse.

Por una vez... yo he sido el vencedor.

Han ocurrido demasiadas cosas extrañas en muy poco tiempo.

-¿Tanto como para preocuparse?

-Son demasiado turbadoras.

¿Qué significa esto?

¿Quién ha podido hacer algo así?

¿Cómo habrá llegado ahí? Pobre animal.

Un pajarillo muerto.

-No me extraña que te muestres inquieta.

A estos hechos no hay que darles importancia,

pero todos juntos, parecen cobrar un preocupante significado.

-Parece obvio que alguien quiere asustarme.

-¿Tú crees que tiene algo que ver con tu madre?

¿O con tu hermana?

-Exactamente.

Me he empeñado en confiar ciegamente en mi hermana, pero...

he de confesarte que anoche,

cuando me la encontré en mi cuarto, temblé.

Quizá mi madre tenga razón y Olga no esté en sus cabales.

-Blanca, hasta que no averigües la verdad,

has de ser precavida.

(Pasos)

-Disculpe, Leonor, ¿le importaría dejarnos a solas?

Preciso hablar con mi hermana.

-Descuida, Leonor, estaré bien.

¿Qué significa todo este dinero?

-Es parte de lo que le debo.

Cada vez queda menos para estar en paz.

¿Qué?

¿No va a decir nada?

-Hijo, no sé si mostrarme francamente asombrado

o simplemente preocupado.

¿De dónde ha salido semejante cantidad?

-Aún no puedo decírselo, pero tiene que confiar en mí.

-Dados tus antecedentes, lo que me pides no es poco.

-Padre, le aseguro que esta vez no tiene nada que temer.

Pronto va a estar muy orgulloso de mí.

Ya le daré detalles. Se va a llevar una grata sorpresa.

-Preferiría que me dijeras directamente

la verdad.

No es la primera vez que tus sorpresas

no me resultan satisfactorias.

-Está visto que haga lo que haga no voy a recuperar su confianza, ¿no?

-Templad.

No os pongáis a discutir ahora.

Que bastantes sudores ha costado traer la paz a esta casa,

como para ahora arruinarla por algo que es buena noticia.

-Eso aún está por ver. -Ramón, por favor.

No seas sieso.

¿Acaso no te parece motivo de regocijo que el muchacho

pueda saldar su deuda con su esfuerzo?

-Eso depende de cuál sea la procedencia de este dinero.

-Le aseguro que es dinero limpio, fruto de un buen negocio,

sin trampa ni riesgo. Sea paciente,

que pronto le voy a contar todo.

-¿Y si esa empresa es tan limpia y tan honrada,

por qué no me das un adelanto? -Ay, Ramón, no seas cabezón, ¿eh?

Confía en él. Te está demostrando que puede ser responsable.

La prueba la tienes en ese sobre.

Ya estamos a solas.

Olga, no deseo ofenderte,

mas tu comportamiento... -Perdón.

He debido asustarte con mis actos.

-Anoche me sobresaltaste.

-Lo comprendo. Y así lo lamento.

Pero...

no quería pedirte perdón tan solo por eso.

También por mi... repentina marcha.

-Descuida. Estás disculpada.

-Hay algo más que deberías saber.

Fue Diego... quien me convenció de que volviera.

-¿Diego?

-Me lo encontré cuando marchaba y...

me llevó a su casa y estuvimos largo tiempo conversando.

Se preocupa por ti.

Sabe lo mucho que nos queremos y quería que estuviéramos juntas.

¿Puedo... contarte algo más?

-Dime.

-Diego estaba destrozado por tener que marchar y alejarse de ti.

Disculpa lo que te diga, pero...

te ama demasiado.

Lamento haberte disgustado con mis palabras.

Te ruego que me perdones. -Descuida, Olga.

No tiene importancia.

No sé cómo ha sido capaz de no subir a ese barco.

-No diga eso, que todo hombre,

por muy valeroso que sea, tiene un tendón de Aquiles,

y el mío es el mar.

-¿Valeroso? Vamos, hombre, valeroso.

-Servando. Esto debe ser una aparición,

tú tenías que estar rumbo a Cuba.

-Usted lo ha dicho, don Ramón, tendría.

-Entonces, ¿me puedes decir qué diantres estás haciendo aquí?

-Explíqueselo a don Ramón, que es un hombre inteligente,

a ver si él lo entiende, porque yo no puedo entenderlo.

Ahora lo iba a llevar de la oreja a su casa para que le diese razones.

-Pues no me hagas esperar más. Estoy deseando saberlas.

-Pues... Pues que lo lamento mucho, don Ramón, pero...

el pavor a la mar ha resultado ser más grande que el amor

que tengo hacia mi Paciencia.

-¿Has desaprovechado el pasaje que entre todos te compramos?

-No, no diga eso, que yo también lo he pasado muy mal,

que no era mi deseo hacerles perder el tiempo ni el dinero.

-Fuese tu intención o no, eso mismo has conseguido.

Se ve que te resulta sencillo rechazar lo que poco te costó.

-No, nada de eso, que lo que más me gustaba en la vida

era poder ir a ver a mi Paciencia,

pero es que... soy un gallina. Y de los más cobardes.

Que... como mi Paciencia, además, se entere que no he ido a verla

pudiendo ir por el miedo que tengo, me pasa de un cuerno al otro.

-No es la única que debería enfurecerse contigo.

Deberíamos exigirte que nos devolvieras el dinero

que hemos derrochado en tu pasaje. Aunque sea con tu trabajo.

-Bueno, mire, don Ramón, el pobre tendría que pasarse

lo que le queda de vida faenando para rendir cuentas.

-No, no, quite, quite, Fabiana,

que ahí don Ramón tiene más razón que un santo.

Les devolveré hasta el último real, me cueste lo que me cueste.

-Con Dios.

-Con Dios, don Ramón.

Madre, cómo me satisface que al final me haya acompañado

a La Deliciosa. -Sí.

No me apetecía salir de casa, ¿eh? Pero Susana es mi amiga

y por ella hago cualquier cosa. -Buenas.

-¿Hay noticias ya de Susana? -No, nos tiene

con el corazón en un puño.

Ojalá haya ido bien la presentación.

-No lo dude. Con mi recomendación, nada puede fallar.

-Bueno, ¿sabéis que al final Servando se ha quedado en tierra?

Nanay del viaje a Cuba. -Pero ¿entonces el dinero?

-A la basura.

-Se ha comprometido a devolverlo con su trabajo.

-Más le vale. Debe aprender la lección.

Aunque, en el fondo, los responsables son ustedes.

Son demasiado blandos con el servicio.

¿No recuerdan aquella aberración de los Paulinos?

También fue idea de los criados.

-Ah, miren.

-¿Cómo están, señoras? ¿Hay ya noticias

de la reunión de doña Susana? -No, querida,

estamos aguardando. -Va usted muy elegante, Olga.

¿Es suyo el conjunto?

-Es de mi hermana. -Pues está muy guapa.

Le sienta como un guante.

-Me aprieta, no puedo ni respirar.

Ganas me dan de rajarlo

para que el pecho salga de su prisión.

-No, por Dios, no lo haga.

-Por lo menos no me he dejado convencer

para ponerme también sus zapatos.

-¿No llevará alpargatas bajo la falda?

-Déjalo, Olga, sigamos... -No.

No llevo nada, prefiero caminar descalza.

-Y...

¿no se hace daño en los pies?

-En absoluto, estoy acostumbrada.

La planta de mis pies es dura como una piedra.

¿Quiere tocarla?

-Vamos, Olga. Continuemos nuestro paseo.

Que pasen una estupenda velada, señoras.

-Con Dios.

-Les ruego disculpen el comportamiento de mi hija.

Como ven, no está preparada para vivir en sociedad.

-No tiene importancia, doña Úrsula.

Olga es de lo más... natural.

-Tampoco hay que reírle la gracia,

porque si no, no aprenderá a comportarse.

-Vamos a la chocolatería. -Sí.

-Vayan entrando, yo luego vuelvo. -Vale.

¿Te parece que he hecho algo malo? -Malo, no, Olga,

pero hay ciertas cosas que no están bien vistas en sociedad.

Aguarda un momento. Voy a hablar con mi marido.

¿Qué sucede, Samuel?

No has aparecido a comer.

-Mejor les dejo a solas para que puedan hablar.

Voy a la chocolatería.

-He estado toda la mañana en la mansión familiar.

He ido a por unas cosas para la joyería.

Pero he terminado recogiendo el desastre que Diego ha dejado.

-No te comprendo. -Lo harías

si conocieras a mi hermano como yo.

Ha pagado su frustración con la casa. Estaba todo revuelto.

-¿Seguro que ha sido él? -¿Quién si no?

Menos mal que ya se ha marchado y nos hemos librado de sus rabietas.

Por fortuna, Liberto me ha ayudado a poner orden.

En fin,...

me voy a que Carmen me prepare algo de comer.

Con todo este jaleo no he comido nada.

-¿Va todo bien?

-Olga,...

cuando fuiste a ver a Diego, ¿reparaste en si la casa

estaba normal o revuelta?

-No, no vi nada extraño. Vamos, estoy bien segura.

¿Por qué lo preguntas?

-Por nada.

Vamos.

Pues ya está todo preparado.

-Susana y Adela siguen sin dar señales de vida.

-¿No están tardando demasiado?

Llevan fuera desde esta mañana.

-Recuerden que la reunión era con el obispo.

Su Excelencia Reverendísima tiene la agenda muy ocupada.

Es más que probable que hayan tenido que esperar para ser atendidas.

-Yo confío en que lleguen antes de que se caliente el champán.

¿Y María Luisa? ¿No venía con ustedes?

-Ha dicho que ahora venía.

-¿Un vinito para aliviar la espera? -Sí. Por favor, Víctor,

saca un poquito más de picar.

-Madre, haga el favor. -Bueno, es que...

si bebo vino así, a palo seco, me sienta mal.

-Rosina, por favor.

(RÍEN)

Gracias, Víctor.

Rosina.

María Luisa, no te esperaba.

Al parecer, la única manera de verte es venir a tu casa.

Ya veo que has decidido volver a encerrarte en estos muros.

Nada salvo dolor me aguarda fuera de ellos.

Así me lo ha dejado claro Simón en nuestro último encuentro.

¿Habéis vuelto a discutir?

Sí. Con más rabia que nunca.

No podré olvidar sus duras palabras mientras viva.

Pasa.

¿Y qué te ha podido reprochar para que te duela tanto?

Me equivoqué.

Hice algo que Simón jamás me perdonará.

No he podido aceptar el haberle perdido para siempre.

El rencor me ha vencido.

No puede ser tan grave eso que hayas hecho.

Te equivocas. Sí lo fue, ya te lo dije.

En mi desesperación dejé de lado todos mis principios.

Y queriendo hacer daño a Adela, la hice partícipe

de un secreto familiar que Simón me contó cuando aún me amaba.

No debiste traicionar su confianza, ya lo sabes.

Lo sé.

Además, Adela ya estaba al tanto de todo.

Mi acción solo sirvió para mostrar mi traición.

Pero... Cuéntame,

¿qué secreto puede ser tan grave, como para que Simón

haya reaccionado contra ti con tamaña furia?

Madre, contrólese,

no va a dejar canapés para el resto. -Pues si nadie más quiere probarlos,

parece que no. -Sí, por una sencilla razón.

No se acercan a ellos porque no quieren que les ataques.

-Qué exagerado. -Sí.

-No la regañen.

Da gusto ver a Rosina con tan buen apetito.

Y sin importarle

que afecte a su figura.

Ni que tampoco esté cada día más lustrosa.

-Hombre, por fin estás aquí, Simón.

-Bueno, ¿qué?

¿Dónde te has dejado a Adela y a Susana?

-Ahora mismo vienen.

Me he adelantado para comprobar que todo estaba listo.

-Ya ves que sí.

Así que, no alargues más nuestra agonía

y dinos cómo ha ido la reunión con el obispo.

-Sería mejor que... fuera la propia doña Susana quien se lo cuente.

-No hace falta.

Tu sonrisa ya ha respondido.

-Pero entonces, ¿qué, Susana ha triunfado o no ha triunfado?

-Así es.

(GRITAN DE ALEGRÍA)

El manto papal de León XIII será confeccionado

en el barrio de Acacias por la prestigiosa sastrería

de la viuda Susana Séler. -¡Toma ya!

No entiendo ese silencio.

¿Qué puede ser tan importante como

para que no puedas contármelo a mí? Por favor, María Luisa,...

ya he faltado una vez a mi palabra, no debo volver a revelarlo.

No insistas más, te lo ruego.

Lo siento, no puedo darte ese capricho.

La curiosidad ya puede conmigo.

Pues yo no te la puedo satisfacer.

¿Es que acaso no confías en mí?

Por supuesto que sí.

Eres la única en la que confío.

La única que nunca me ha dado la espalda.

Pues curiosa es tu forma de demostrarlo.

¿Prometes que no saldrá de aquí?

Por supuesto que sí.

Yo solo quiero lo mejor para ti, y nunca te fallaré.

Tú ganas.

Espero no tener que arrepentirme nunca de habértelo contado.

Susana...

es la madre de Simón.

(LOLITA TARAREA)

Estoy tan orgullosa de ti.

Has podido saldar gran parte de la deuda con tu padre en un santiamén.

-Y ese dinero es solo un adelanto que me ha dado mi socio.

-Arrea, pues sí que vas a ganar tú buenos cuartos.

Oye, y el Belarmino este, ¿es de fiar?

-Bueno, de momento sí me lo está demostrando.

Y el negocio es bueno.

Mañana vamos al ayuntamiento, recogemos el resto del dinero

y empezamos con las obras. -Al fin las cosas te van fetén.

-Estoy cerca de conseguir lo que más quiero,

brindarte el futuro que te mereces.

-Quía. Pues si a mí eso me da igual,

siempre que sea a tu lado.

Contigo, pan y cebolla. -No,

de eso nada, no voy a permitir que te cases con un don nadie.

Te voy a tener como una reina.

-¿Pues no te amuela? Como ya me tienes con tus atenciones.

Que yo... no necesito nada más.

Si te apoyo en tus negocios es porque no quiero

que te tires toda la vida sirviendo.

Que tú... vales mucho más que todo eso.

Y tú, Lolita.

Uy.

-Y tú.

(APLAUDEN)

Ya veo que las noticias vuelan. -Estamos muy orgullosos

de vosotras.

-No tenía ninguna duda

de que con mi recomendación lograrías el encargo.

-Hombre, doña Úrsula, yo supongo que su recomendación algo habrá hecho,

pero también habrán hecho algo estas señoras de aquí, ¿no?

-Ahí.

-Bueno, Víctor, ¿a qué esperas para descorchar el champán?

-Vámonos. -Se están acabando los canapés.

-Pero bueno, no os cohibáis,

que hay motivos de sobra para celebrar la alegría.

-Tienes razón,

Leonor. Cuánto me gustaría

que estuviera aquí mi Leandro con nosotros para...

disfrutar de este éxito. -Abuela,...

es que en cierto modo... Leandro está aquí.

Me van a permitir ustedes que lea una carta que ha enviado Leandro.

-Pero ¿cómo puede ser posible?

-Le dimos aviso de lo que se proponía.

-Y él no dudó un instante de que usted saldría triunfante.

-No hagas esperar a tu abuela, léenos la ansiada carta.

-Enseguida, don Ramón.

"Querida madre".

"Permítame que desde la distancia le felicite".

"Estoy seguro de que logrará tan prestigioso encargo

por dos razones".

"La primera, por ese amor suyo por este trabajo artesanal

que desde siempre se ha hecho en la sastrería".

"Un oficio precioso que aprendí de usted y que me ha permitido

conocer el mundo y ser feliz".

"La segunda razón es, porque el obispado no podrá encontrar

mejor cristiana a la que encargarle el trabajo".

"Una mujer buena, generosa,...

que se ha ganado el amor de todos los que la rodean".

"Madre,

usted se merece este éxito y muchos más".

"Reciba este abrazo y admiración". "Su hijo, Leandro".

-Oh...

(RÍEN DE ALEGRÍA)

-Bueno, no nos emocionemos todavía

que esto no ha hecho más que empezar.

Voy a proponer un brindis por mi querida tieta,

por Adela...

y por el éxito de la sastrería Séler.

(TODOS) ¡Por la sastrería Séler!

-¡Bravo!

-Ay, Susana, qué alegría.

Enhorabuena. Estás contenta, ¿no?

-Enhorabuena. -Ay.

No es "pa" menos.

Le voy a dar el sobre para que lo guarde.

Abuela, guarde el sobre.

¿Buscaba a alguien, madre?

-A ti.

Quería felicitarte por tu impactante actuación.

Pareces tener convencida a tu hermana,

a Samuel, a las vecinas.

Todos creen que eres una muchacha inofensiva y desdichada.

Pero a mí no me engañas.

¿Qué es lo que buscas?

Aunque pareces centrada en Blanca,

sé que no dejas de pensar en mí ni un segundo.

-No se equivoca. No me he olvidado de usted.

-No creas que te temo.

Eres tú la que debería estar asustada.

No eres rival para mí.

-No debería enfrentarse a mí.

Lo crea o no, puede salir muy mal parada.

-Quizá podríamos encontrar una solución y evitar enfrentarnos

la una con la otra.

¿Quieres dinero?

Puedo proporcionarte el que desees.

Pero con una condición, que desaparezcas para siempre.

Pon tú la cantidad.

-No, madre.

Ni todo el oro del mundo me separaría de usted.

No quiero dinero.

Lo único que quiero es devolverle todo el daño que me hizo.

Y ya sé cómo hacerlo.

¿Ocurre algo, querida?

¿Acaso temes que haya algún problema con el embarazo?

-No. No, Samuel, no es eso.

Es Olga la que me tiene en este estado de turbación.

-Sigues desconfiando de ella. -¿Cómo podría evitarlo?

Samuel, no deja de darme motivos para ello.

El regalo que me hizo de esa extraña Venus cuando regresó.

El diseño garabateado.

Ese pájaro muerto que apareció en la habitación,

la sábana rajada sin explicación.

-Tal vez no sea la culpable de todo lo que dices.

Puede que no hayan sido más que casualidades.

-No, no creo en ellas. Nunca lo he hecho, Samuel.

Pero es que hay más.

Es su forma de actuar. De mirarme.

Incluso en algunos comentarios creo percibir

su intención de perturbarme.

-Escúchame, es tu hermana,

y siempre he apoyado tu determinación de ayudarla.

Pero lo que no voy a consentir es que su comportamiento te torture.

No debemos cegarnos.

Tenemos que ser conscientes

de lo afectada que está por la vida que ha llevado.

-Lo sé. Y quisiera quererla sin reservas, pero me es imposible.

-Tal vez deberíamos buscar ayuda.

Algún médico que pueda ayudarla

a poner su mente en orden o...

-¿Ingresarla?

Samuel, sabes por mi experiencia que no creo en ese tipo de médicos.

-No todos los médicos son como los que sufriste.

Pueden ayudarla, de veras.

Además, durante ese tiempo estaría lejos de nosotros.

No podría hacerte daño.

-Entonces,...

¿tú también crees, como mi madre, que Olga puede ser peligrosa?

-Lo único que puedo decirte con seguridad es, que como tu esposo

mi obligación es protegerte. No debemos correr riesgos.

Si tienes dudas, debemos seguir tu instinto y tomar medidas.

-¿Será verdad todo lo que nos cuenta Olga

de su vida? -Ha sido una vida muy dura.

-Olga cuenta unas cosas,

mi madre otras.

-No tengo ninguna duda sobre quién dice la verdad.

-¿De todo?

-Todo tiene dos versiones.

Debes desentrañar la verdad.

Aprender a ver quién miente en cada detalle.

-Pero...

hay un certificado de defunción a su nombre con 16 años.

¿Por qué?

¿Qué ocurriría para que las autoridades la dieran por muerta?

-Tal vez alguien gestionase a su conveniencia el documento.

Y si eso fuese así, ya sabes sobre quién recaen todas las sospechas.

-¿Mi madre?

¿De verdad crees que ella tiene poder para tanto?

-Para eso y para mucho más.

Tu madre es capaz de manipular a las personas a su antojo.

-Es muy fácil pensar que todo es blanco o negro.

Que las personas son buenas o malas, pero Samuel,

yo ahora estoy esperando un hijo.

No puedo ser así de simple y quedarme sin saber

de dónde vienen tantos peligros.

-Entiendo y aprecio tu duda.

-¿Y Tomás?

Olga también se niega a hablarnos de él.

¿Qué ocurriría entre ellos?

-Eso es muy difícil de saber.

-Me he propuesto amar a mi hermana.

Mantenerla cerca de mí, pero todo es muy difícil.

No sé si voy a poder estar cerca de ella para siempre

con tantos enigmas.

El pájaro muerto ha servido para acabar

con todas mis certezas.

-Hay una forma de saber quién dice la verdad.

-¿Cuál?

-Conseguir información de primera mano.

Viajar al bosque de Las Damas, preguntar.

Hablar con todo aquel que haya podido tener contacto con Olga.

-¿Crees que eso daría resultado?

-Nada perdemos por probar. Y si no conseguimos averiguar nada,

estaremos como ahora, no peor.

-Tienes razón.

Haremos ese viaje.

-Yo me encargaré de todo. Confía en mí.

-Confío en ti.

He estado hablando con Elvira.

Y me ha contado algo que me deberías haber contado tú.

-¿El qué?

-Que doña Susana es madre de Simón, que Simón es tu tío.

-Es un secreto familiar. -¿Y yo no soy tu familia?

-Claro que sí.

Pero este secreto no es cosa mía. Atañe a otras personas.

-Adela y Elvira lo sabe. ¿Quién más lo sabe, todo el barrio menos yo?

-Adela y Simón son un matrimonio y viven con mi abuela.

Habría sido imposible engañarla. -Y a mí es fácil engañarme, ¿no?

Adela es la esposa de Simón, y yo no soy nada para ti.

-Por favor, María Luisa.

Pues si te gusta una mujer que ve el lado negativo de todo,

que critica, que le parece que todo el mundo

es inferior a ella, que mira mal a los demás,...

-Como sigas hablando mal de mi novia, te voy a ajustar las cuentas.

-Tranquilo, mosquetero, que es mi hermana y sé cómo se las gasta.

Pero me gusta ver que la defiendes.

Eso significa que la quieres mucho.

-Desde que era un mocoso que no levantaba dos palmos del suelo.

No sé por qué se queja tanto, si solo vivo para hacerla feliz.

-Pues por eso, Víctor. Porque la complaces demasiado

y, ella se cree que tiene derecho a todo.

-Es que lo tiene.

-Pues perfecto, pero que no lo sepa.

Hazme caso.

-"Es muy bonita".

-Es para mi hijo.

-Yo no tuve nada así.

Tu hijo va a tener de todo y todos le vamos a querer.

-Espero que no le falte de nada.

-Se me va a hacer muy largo

hasta que podamos verle... -No la toques.

Vas a mancharla. -Tengo las manos limpias.

-Aun así la mancharías. Mejor me la llevo.

Qué maravilla. ¿Es suyo?

-No, a partir de ahora

será tuyo.

Era de mi abuela.

Siempre quise regalárselo a la esposa de Leandro, pero...

antes de que casara con Juliana pasaron mil vicisitudes

y, una cosa por la otra,

nunca se lo entregué.

Y ahora vive en París, así que es tuyo.

-Bueno, quizá debería esperar a que regresara su nuera.

-Lo he pensado mucho. Y es para ti.

Eres la esposa de mi otro hijo.

Trabajas conmigo.

Y gracias a ti tenemos el encargo más importante

de la historia de la sastrería.

Te lo pongo.

Te lo he contado casi todo.

La sábana rajada, este dibujo garabateado,

las miradas mientras dormía.

-Ya, pero no tienes certezas.

-Dices eso porque no conoces algunas cosas.

Leonor,...

no sabes que apareció en casa con las manos manchadas de sangre.

Y que la mansión Alday apareció completamente desordenada,

como si hubiese pasado un huracán por allí.

-Y eso después de la marcha de Diego.

-He llegado a pensar que Diego no se marchó.

¿Y si Olga le hizo daño?

-Blanca,... Blanca, estás desbordando tu imaginación.

No veas fantasmas allá donde no los hay.

Perdón por el retraso.

Vaya día complicado. Claro, son tantas

obligaciones.

Vamos a tener que llamar a don Isidoro.

Imposible ir hoy al ayuntamiento.

-No, no, si nos damos prisa estamos a tiempo de llegar.

-No, si no es por llegar tarde, que también,

es que me ha convocado el marmolista del monumento.

Es el más prestigioso de España. No se nos puede escapar.

De él depende que tengamos el mejor mármol.

-Ya, pero ¿y si el ayuntamiento se echa para atrás?

Imagínese que nos quedamos sin el dinero.

-Usted puede ir por él.

Elvira le ha contado a María Luisa el secreto de tu madre.

-Cada día que pasa es menos secreto.

-María Luisa va a ser discreta, de ella no tenemos que preocuparnos.

El problema es Elvira, que no sé a cuánta gente más se lo va a contar.

-Nunca imaginé que Elvira se vengara así de mí.

Vino a pedirme perdón por habérselo contado a Adela, y ahora

sigue contándoselo a otra gente. Está demostrando

su baja catadura. No sé qué hubiera sido de nosotros

si nos hubiéramos casado. Me ha decepcionado, Víctor,

me ha decepcionado mucho.

No sé si se lo ha contado por maldad o por qué,

pero a mí me ha provocado una crisis con mi novia.

Mañana no te comprometas, nos vamos de viaje.

-¿De viaje?

-A Matallanas del Río.

Ahí vive el mejor orfebre que tuvo mi padre.

Quiero consultarle unas dudas sobre el diseño de Blanca.

No serán más que un par de días.

-¿Y ella tiene que ir?

Está embarazada.

-No sufrirá ningún daño. Es mi esposa

y la diseñadora. Doble motivo para venir conmigo.

-Además, yo tengo muchas ganas

de conocer a ese orfebre. He oído hablar tanto de él.

-Nadie me hace caso en esta casa.

-No quiero quedarme sola con ella.

Iré con vosotros a ese pueblo.

-Hace mucho tiempo que no estamos solos y...

Bueno, cuando estamos solos, somos... marido y mujer

-Ya, ya sé.

Cuando el palomo y la paloma se arrullan...

-(RIENDO) Eso.

Yo no podría haberlo explicado mejor.

-Pero no quiero quedarme en casa con ella.

-Por favor. Van a ser solo unos días.

-"Estoy tentado"

de contar todo el dinero que vamos a ganar.

-Antes toca trabajar.

No vaya a ser que de tanto ir el cántaro a la fuente,

vaya y se rompa.

¿Te ha dicho algo del diseño?

-No, ni lo ha mirado.

-Solo piensan en el dinero.

Y somos nosotros los que tenemos que pensar en el arte.

Y yo preocupado

por tener el mejor mármol de las canteras de Macael.

-¿Y bien de precio? -Caro, pero

digno de la obra que vamos a hacer.

Creo que deberíamos brindar por el éxito.

-Precisamente tengo en hielo una botella de champán, querido socio.

-Ah. Pues ve a por ella.

-"Estamos haciendo historia. Y, además, nos estamos ganando"

el perdón de los pecados. Si tenemos que echarle más oro,

se lo echamos.

-Por ahora pesa unos 20 kilos, y como echemos más oro,

vamos a aplastar al Santo Padre.

-Tendremos cuidado con el peso. Pero eso será mañana.

Hoy ya hemos trabajado suficiente.

-Parece que viene un cliente.

-Ah, pues habrá que atenderle.

-¿No le atendemos? -No.

Es el coronel Valverde.

¿Has hecho lo que te dije?

-Tuve que darle un duro al cochero para que me dijera dónde iban.

-Rápido sueltas mi dinero.

¿Qué te contestó? ¿Adónde han ido Samuel y Blanca?

¿A ese pueblo? -¿Matallanas del Río? No.

Les llevó a un bosque.

-El bosque de Las Damas.

-Sí. ¿Lo conoce?

-Claro que lo conozco.

-¿Y mi cena?

-Ahora estoy cenando yo.

-Carmen,... sírveme.

Ya le he dicho que no me voy a marchar.

-Pon otro servicio en la mesa.

  • Capítulo 641

Acacias 38 - Capítulo 641

16 nov 2017

Elvira se rompe ante su padre después de que Simón le niegue su perdón. La Valverde le cuenta a María Luisa cuál fue la causa del enfado del mayordomo... Y Arturo lo escucha. Después del éxito de la reunión con el concejal, Belarmino ofrece a Antoñito ser su socio. El Palacios le entrega a Ramón el dinero que ha ganado, sin explicarle su origen. Blanca teme los comportamientos extraños de Olga, sabe que algo no va bien, y así se lo cuenta a Leonor. Mientras, Olga intenta ganarse nuevamente la confianza de su hermana.

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  1. Maria

    Yo sigo apostando por Simon y Elvira, espero que los guionistas también, pero igual que se Cargaron a Pablo igual se cargan al Elvira. Adela no me gusta nada estoy sospechando que ella vio a Elvira con los cristales y que ella también será la que propague el secreto de doña Susana para que Simon le coja más enquina a Elvira de todas maneras en Adela hay algo raro ( será hija de la superiora y del obispo) es broma, pero en esta novela puede pasar de todo.

    17 nov 2017
  2. Marilu

    Bueno, bueno, acá estamos nuevamente para dar nuestra opinión sobre el desarrollo de la telenovela: Yo pregunto, Liberto de que se ocupa? todo el día detrás o encima de su mujer, o en la chocolatería, o en casa tomando una copita? NO TRABAJA? ¡¡ Ah, vive de la mina de oro de su esposa, ya, ya.(en mi país se lo llamaría CAFISHO)-- Elvira en lugar de enfrentar al padre luego de todo lo que éste le hizo, se ocupa de hacer maldades sin recapacitar.- A la malvada mayor, por momentos, se la ve algo temerosa, será que le llegó la hora?.- Blanca (o la actriz) debería desacartonarse un poco, le falta expresión y aparece siempre triste y "bajoneada",.- Alguien comentó mas abajo que a Antoñito lo van a timar así como acostumbra hacer él, OJALÄ, así recibirá una buena lección de conducta y que Trini afloje un poco con la defensa exagerada de su hijastro

    17 nov 2017
  3. Peg

    Blanca no me puedo creer que hayas metido a Olga en casa ajena porque esa casa no es tuya es de tu madre, lo olvidaste?? Amenazas a tu madre con irte, no recuerdas que ella no te queria tan cerca?? Ursula , ibas de mala malisima y de que tenias mucho miedo a Olga y te dejas convencer por Blanca?! Menuda locura, aclarate anda y tu Blanca pide a Leonor que te de mejores consejos a ver si ella te recuerda de quien es la casa donde vives.. Simón eres un sinvergüenza Mira que a mi Elvira no me caía bien y hasta a mi me está sentando mal lo que le estás haciendo, dónde quedó ese amor? Eso es que nunca la amaste :| Adela no se sabe si era de familia rica o la hija de trabajadores?

    17 nov 2017
  4. Contentisima

    !!!!

    17 nov 2017
  5. Contentisima

    Volvieron los comentarios estoy contentisima

    17 nov 2017
  6. Saro

    Bueno, tenemos de nuevo la oportunidad de comentar sobre nuestra querida Acacias y como siempre dije en el pasado, me gusta la serie. Ese Liberto siempre dispuesto a ayudar como dice su "tieta" ... por cierto, hay que felicitarla por ese encargo tan importante que ha recibído ... y Ursula (cada día más sibilina) insinuando que a Rosina no le importa que su buen apetito afecte a su figura ni que tampoco esté cada día más lustrosa (las expresiones del rostro de Rosina lo dicen todo). A propósito de Rosina y Liberto, tengo que decir que las escenas donde están juntos son mis preferidas, un capítulo sin ellos no es lo mismo porque son los que ponen ese puntito lleno de amor, ¿esas pequeñas cosas¿ que tanto nos gustan y que nos hacen emocionar. La serie tiene buenísimos actores pero, para mi, Jorge y Sandra son únicos e irrepetibles.

    17 nov 2017
  7. Vivian38

    Después del huracán más destructivo que ha visto mi tierra, al fin regresó la electricidad y se puede volver a ver Acacias, con varias cosas nuevas como una hermana melliza de Blanca, los Valverde unidos y Antonio de mozo. Olga y Blanca serán mellizas, pero fraternas en todo caso. Y Elvira resultó ser igual o peor que el coronel, a quien ella no debiera ni mirar después de él habérsela entregado a un hombre por gusto. A que Antonio resulta ser el cazador cazado esta vez, siendo timado por Belarmino. Pero la mayor maravilla es el futuro nieto o nieta de la Sra. Dicenta de Alday. Pobre criaturita, cuando nazca ojalá que Olga lo rapte y lo críe en el bosque con los murciélagos porque eso será mejor que crecer al lado de Abuelita Ursulita.

    17 nov 2017