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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 639 - ver ahora
Transcripción completa

¿Qué está pasando aquí?

-A madre no parece gustarle que viva en su casa.

Y puede que tenga razón.

-"Arréglate, ponte bella".

Me dijiste que esto había pasado, Elvira.

¿Qué ocurre ahora?

Creí que podría olvidar, pero no. -"¿Por qué no eres feliz?".

Olga, a veces

hay que tomar decisiones que duelen.

Y no lo digo por ti.

-Me he cansado de darle consejos,

de advertirle sobre sus... afectos.

A mí no me hace el mejor de los casos.

-Quizá tú tampoco consigas que olvide,

pero tal vez se desahogue en tu presencia,

y bien sabe Dios que lo necesita. -"Le decía que creo"

que los concejales de nuestro ayuntamiento...".

-Tenga, tenga.

Son los bocetos de nuestros monumentos a los soldados caídos.

El concejal se llama Isidoro Gutiérrez.

Muéstreselos.

Bueno, si es que consigue ser recibido.

-Deje sus mentiras, que conmigo ya no causan efecto.

Como quieras,

pero luego no me vengas con una llantina

cuando tu hermana pique como el escorpión que es.

-"Tendrás las mejores piezas que se encuentren".

Daré con ellas y las envío.

¿O las prefieres en mano?

-Haz lo que mejor te venga en gana, siempre lo has hecho.

-Entonces ya lo decidiré.

-Adiós.

"Si todo se normaliza, podrás dedicarte a nuestro hijo,

podrás seguir diseñando joyas".

-Samuel, he estado pensando

y no es necesario que adornes mis bocetos con gemas raras.

-No me pidas eso.

Además, Diego está camino de Brasil para conseguir el crisoberilo.

Bueno, yo me voy.

(MUCHAS) "El perdón de los pecados, la resurrección de la carne".

-Amén. -Amén.

Esto es lo que me pediste, Diego.

Te daré gusto.

(VOZ DE DIEGO) "Hay cosas que no se pueden tener encerradas".

"Hay que liberarlas, dejarlas escapar".

¡Chist!

Tranquilo.

"No te haré daño". -"¿Y si al dejarlas libres

hacemos daño a alguien?".

-"Eso no se puede evitar".

"Tarde o temprano, ocurrirá".

"¿Piensas que cuando estamos juntos

no surge nada bueno?".

-"Solo dolor".

Demasiada pasión. Nos inflamaremos y arrasaremos todo lo que está cerca.

-"Prométeme

que no dejarás de dibujar".

"Tienes verdadero talento, Blanca". -"Eso no importa ahora".

"¿Adónde vas?". -"Me voy".

-"Suerte".

¿Te encuentras bien?

Llevas horas aquí encerrada.

-Estaba tan metida en el dibujo

que se me ha ido el santo al cielo.

-Es bonito.

Se parece a los pájaros que había en el bosque.

Se posaban en las armas y cantaban durante horas.

Me gustaba mirarles.

¿A ti te gustan los pájaros?

-Sí.

Hace un tiempo

nuestra madre trajo uno en una jaula.

Pero Diego lo liberó.

-Muy bien hecho. Los pájaros

tienen que volar libres, como algunas personas.

-¿Sabes?

Cuando era niña, soñaba con poder volar.

-¿Sí? Yo también

he tenido ese sueño alguna vez.

-Era tan intenso que, cuando abría los cojos,

creía que me podría impulsar y alzar el vuelo.

Pero... esas fantasías ya quedaron atrás.

Ahora ya no vuelo ni en sueños.

No sabes cómo lo echo de menos.

-No tengas pena por eso.

Mira, un día de estos iremos al campo.

Y prometo enseñarte

un montón de pájaros distintos.

-Me parece una gran idea.

-Ya verás que lo pasamos de fábula.

Conozco todas las especies que viven allí. Sé cómo llamarlos.

-¿Cómo?

-Mira.

(IMITA EL SONIDO DE UN PÁJARO)

-Olga,

sé que esto no es fácil para ti.

Vivir en este lugar,

rodeada de señoronas y con tantas normas sociales,

pero te acostumbrarás. Y todo va a ir de perlas, ya verás.

-Me resulta suficiente

estar junto a mi hermana.

-Juntas vamos a tener una vida

como la que no tenías. -Y tú volverás a soñar con volar.

-Me encantaría, pero...

No sé si va a pasar eso.

-Confía en tu hermana.

Quién sabe lo que puede pasar.

Maldita sea mi suerte.

Cualquiera diría que me ha mirado un tuerto.

-No te quejes, que cualquier otro jefe no sería tan comprensivo

con tus escapaditas. Toda la tarde

de cabeza por tu culpa.

-No te quejes tú, porque vender dos churros menos

no es motivo de desgracia. -Peor es lo mío,

que no he visto al concejal. -Normal.

Son gente muy ocupada, no reciben a cualquier mindundi.

-Oye, perdona, habla por ti, que mi padre es un personaje

en esta ciudad. -Y tú un camarero, Antonio.

Así que, ponte a servir, que tienes horas que recuperar.

-Qué triste es la vida del pobre.

Don Belarmino. -¿Cómo le fue en el ayuntamiento?

-En el ayuntamiento muy bien.

Los sofás de la sala de espera son muy cómodos, pero no,

no he conseguido que me reciba.

-Pensaba que era más expeditivo. -Lo soy.

Pero no parece tan fácil conversar con este pollo en cuestión.

-Bueno, pues le agradezco

que lo haya intentado,

pero devuélvame la carpeta y los diseños.

-Tenga paciencia. Solo hay que encontrar la forma

de acceder al concejal. -Me da a mí

que si fueras músico, lo tendrías

un poco más fácil. -¿Y qué tiene que ver la música?

-Pues lo que pone en la prensa.

Es aficionado a la música clásica

y al "bel canto".

-"El concejal don Isidoro Gutiérrez visita el Teatro Real,

donde la Filarmónica de Berlín

ha iniciado un ciclo de conciertos".

-Se ha fotografiado

con el director de orquesta, un tal Arthur... Nikisch.

-Así cualquiera lo encuentra, está todo el día de jarana.

-Devuélvame la carpeta.

-No, por favor, deme un poco de margen.

Mi cuñado me acaba de dar una idea.

-Seré bocazas... ¿Yo por qué no me quedo callado?

-En un par de días consigo ser tan amigo del concejal que parecerá

que fuimos al mismo colegio. -Eso espero, o prescindiré de usted.

¿Cómo te ha ido con las vecinas? -Ah, bien.

Están siendo muy discretas, al menos, de momento.

-Cariño, no seas malpensada, que no eres el tema de conversación.

-¿Cómo que no?

Pero bueno, en todo caso,

ojos que no ven, corazón que no siente.

De momento, lo único que te puedo decir

es que me lo ponen todo muy fácil. -¿Ves como te preocupabas en exceso?

-Es verdad. Y tu tía Susana me ha ayudado mucho

a allanar el camino. Yo creo que sin su apoyo

no hubiera podido pasar página tan rápido.

-Qué bien que tengas a mi tía Susana tan cerca.

Yo no tengo nada que ver en esto.

-Ay, no, quería decir sin su apoyo y, sobre todo, sin el tuyo.

No me seas tiquismiquis. -Ya.

No, si yo estoy seguro que tras este bache

que hemos tenido,

nuestro amor va a ser duro

como un bloque de acero. -Yo también lo creo.

Ya sabes que tengo mucho carácter y las cosas

se me van de las manos. Es así. -Cuando eso ocurra, cuenta hasta 10.

Y no cojas el carrito de las chufas. -Hasta 100, que me enciendo

como un fósforo. -Si eso es lo que más me gustó de ti,

tus locuras. -Eres un inconsciente.

-A mí la razón no me vale de nada.

Yo simplemente quiero seguir enamorado de ti, nada más.

-Qué suerte tengo de tenerte a mi lado, tanta...

Pero, Liberto,

tú, en cambio, por mi culpa,

nunca vas a poder tener descendencia.

-Cariño...

Ya sabes que yo con estar a tu lado tengo más que suficiente.

Lo que quiero es tu compañía.

Además, que tener niños

requiere de muchos cuidados, no podremos ir a nuestro aire,

ni ir al teatro,

ni trasnochar después de de cenar en un café, ni andar como enamorados

durante horas...

¿No te parece?

-Claro que me parece.

A mí me hará feliz todo lo que a ti te haga feliz.

Úrsula,

¿qué haces a estas horas por la calle?

-Rezar por todos los pecadores del barrio.

-Haces bien. Están por todas partes.

Yo, de vez en cuando,

también rezo por el alma de esos desgraciados.

-Pero qué cinismo llegas a tener.

-¿A qué viene esa salida de tono?

-No disimules, lo sé todo.

-Pero no entiendo qué quieres decirme.

-Además de casquivana, va a resultar que también eres mentirosa.

Eres toda un abominación.

-¡No voy a consentir que me insultes!

-Puedes marcharte y esconderte, si quieres,

pero la vergüenza de que Simón es tu hijo

te perseguirá allá donde vayas.

Tú, que eras adalid de la moral, la decencia y las buenas maneras,

has resultado ser una buscona.

-Pero todo tiene una explicación. -Ahórratela.

Nada puede justificar semejante embuste.

-Tienes que escucharme.

Menos mal, Celia. Ayúdame, por favor.

-No te esfuerces. No creeré ni una sola palabra

de lo que nos digas. -¿Cómo puedes hablarme así?

Eres mi amiga, me conoces. -Precisamente por eso.

¿Cómo has podido ser tan estricta con todos y tan laxa contigo?

-Tú, que presumías de receta,

eres más revirada que la cola de un gorrino.

-Le resultará difícil seguir con el negocio.

Nadie querrá encargarle nada sabiendo de su doble moral.

Debería traspasar cuanto antes la sastrería,

si no quiere perder más dinero.

¿Se han enterado ya de que el obispado ha cancelado el encargo?

-Por supuesto que sí.

Yo misma me he encargado de informar a la Curia.

Esta revelación va a tener graves consecuencias.

Esto es solo el principio.

-Jesucristo, por Dios,

no me pueden hacer esto.

-No pronuncies el nombre de nuestro Señor en vano, ¡hereje!

Lo siento tanto por usted... Todo esto es culpa de su hijo.

No me merezco esto, por Dios.

No me lo merezco, no.

¡No, no! ¡No!

¡No! ¡Ah!

¡Ah!

-¡Doña Susana! Doña Susana... -¡Madre! Madre, ¿está bien?

-¡Ay!

He parado a descansar y me he quedado traspuesta.

He tenido un sueño horrible. -Pues sosiéguese.

Ya ha pasado. -Parecía tan real...

Úrsula y el resto de los vecinos me echaban del barrio por casquivana.

Elvira les había contado todo.

-Pero eso es imposible que pase. No se sofoque por un sueño.

-No, no es imposible.

Si cuenta la verdad,

todo lo que he conseguido estos años se irá por la borda.

-Pierda cuidado,

no creo que Elvira hiciera una cosa tan terrible.

-Le puede más su sed de venganza.

-Si eso sucediera

y contara nuestro secreto a los cuatro vientos,

nadie iba a dar crédito a una historia tan rocambolesca.

-No es la primera vez que parece no estar en sus cabales.

Pensarían que es un invento suyo.

-Usted haga un poder

y olvídese de ella.

-Eso es para mí una tarea casi imposible.

-Céntrese en lo positivo.

Tenemos que estar atentas con el encargo.

-Si llegamos a hacerlo.

-Puede estar segura de ello. Nada va a truncar ese encargo.

-Dios te oiga.

Gracias por darme ánimos.

-Vamos, voy a recoger, ya hemos trabajado demasiado pro hoy.

Vámonos a casa.

-Cuidado.

(Puerta)

(Puerta)

Adelante.

-Hace ya rato que clarea.

-Es posible, Olga.

Pero no es menester que nos levantemos

antes de que se retiren los serenos.

-Llevo tiempo despierta.

-Anda, ven, siéntate aquí.

¿No has dormido bien?

-He dormido a ratos.

Me cuesta conciliar el sueño en esta casa.

Pienso que madre puede entrar en el cuarto en cualquier momento.

-Comprendo que no te fíes de ella.

Pero no te hará nada, por la cuenta que le trae.

-Bueno, la verdad es que me aburría de estar tumbada en la cama.

-Está bien. Si te vuelve a pasar, despiértame a la hora que sea,

no pasa nada.

-¿Qué vamos a hacer hoy?

-Tengo un plan para ti.

-¿Qué es lo que haces?

-Buscar lo necesario para convertirte en una señorita.

¿Te atreves?

Me veo muy rara con estas ropas.

Escomo si fuese otra persona.

-Estás preciosa, Olga. Un poco de rubor

y un bonito peinado te sentarán de guinda.

¿Quería algo, madre?

-No.

Solo venía a interesarme por tu salud.

¿Estás mejor

de tu embarazo? -Mucho mejor ahora.

¿Ha visto lo hermosa que está Olga?

-Pulcra al menos.

-Parece que le haya molestado que me haya puesto estas ropas.

-No le queda otra que aguantarse.

Olga...

He pensado que esta tarde podríamos ir a dar un paseo con mis amigas.

Estrenas todo esto

y te integras en la vida del barrio, ¿te parece?

-No estoy segura, no quiero avergonzarte.

-De ninguna manera lo vas a hacer. Eres mi hermana.

Ya verás como todo saldrá de guinda.

Servando. -Eh.

-Ya he barrido toda la escalera, he repartido

toda la correspondencia y he arreglado un desagüe.

Son las 10:00 y no he repartido la prensa. ¿Dónde se mete?

-Estaba dando un garbeo para ver si se me aclaran las ideas.

-Pues a ver si lo soluciona pronto, hombre.

Cuando se vaya a Cuba, yo me encargaré de todo,

pero es Vd. el titular

del puesto de portero. -No, pierde cuidado,

si lo mismo me quedo aquí para los restos.

Esta noche no he pegado ojo pensando en lo grande que es la mar,

bueno, no, no, lo grande además de ser larga y ancha.

-Pero bueno, ¿aún sigue con el miedo ese

a naufragar? -¿Miedo?

Miedo no, pavor.

Es que debe de ser horroroso verse ahí, en medio de la mar,

rodeado de olas y sin que nadie

te auxilie. -Mira, la señorita Elvira

casi pierde la pelleja

en la mar. -Pero no tiene por qué pasarle.

Si esto es como la lotería.

De todos los barcos que navegan por el mar

solo naufraga uno y de higos a brevas.

-Ya. Pero con el mal fario que tengo, igual me toca el gordo

y me voy a pique en el Pacífico. -Eso es imposible.

-Porque tú lo digas.

-Porque para ir a Cuba no se pasa por el Pacífico.

Y luego porque...

Porque es casi imposible que un barco se hunda.

Y se lo voy a demostrar.

-¿Sí? A ver, ¿cómo?

Anda, que menudo ingeniero naval estás tú hecho.

¿Con un barquito de papel?

Sí, hombre.

Que como que es lo mismo la mar

a un cubo lleno de agua. -Hombre...

Tampoco es lo mismo un barquito de papel que uno de acero.

Está estudiado desde los griegos.

Mire cómo flota.

-Sí, hombre, de momento.

-Menudo sofoco llevo.

Mucho calor hace para la fecha en que estamos.

Menos mal que aquí sale el agua bien fresquita siempre.

-Toma. -Qué alivio.

-No, si flotar flota, hasta que llega un tifón

llamado Fabiana y lo manda a pique. -¿Cómo me ha llamado?

-No, nada, nada, que quería agradecerle

por haberme abierto los ojos.

No monto yo en un barco ni "jarto" de vino.

-Anda que se ha lucido bien, Fabiana.

-Pero si no he hecho nada. -¿No?

¿Es poco ser la causa del hundimiento?

Espere, Servando,

que tenemos que hablar.

-¿Pero qué...?

Qué casualidad.

Me alegra mucho encontrarle.

-¿Nos conocemos?

-No. Pero reconozco que tenía ganas de poder charlar con usted.

Me llamo Antonio Palacios

y admiro mucho su labor en el ayuntamiento.

-Muchas gracias, pero tengo que seguir con el trabajo

que tanto le agrada.

-Le vi salir el otro día del Teatro Real,

tras el concierto de la Filarmónica de Berlín.

Reconozco que estuve tentando de charlar con usted,

pero no quería interrumpir su conversación con el director.

Imagino que fue una grata experiencia.

-Sí, fue una gran representación. -Sublime.

Yo reconozco que mi debilidad siempre ha sido la música de Wagner.

Tuve el privilegio de acudir al estreno de su "Rienzi"

en el Teatro Real, cuando nadie daba una perra chica por él.

-Pues fíjese, ahora siempre llena.

-Sí. Cuando yo vivía en Nueva York, no me perdía una representación.

-¿Ha vivido usted en Nueva York?

Sin duda, es la meca del "bel canto".

-Totalmente. Sus producciones siempre son impresionantes.

Allí tuve el honor de conocer a la gran soprano Lillian Nordica.

-¿Conoce a semejante diva? No le creo.

-Es impresionante oírla cantar.

Además de ser una mujer de lo más afable.

Cuántas veces hemos terminado viendo amanecer

en Central Park acompañados

de una botella de champán. -Es un hombre afortunado.

Cómo disfrutaría de algo así. -Si alguna vez coincidimos

en esa bonita ciudad, cuente con ello.

Yo mismo se la presentaré.

-¿De verdad que lo haría? Sería un sueño

para mí.

-Veo que es un hombre de gran sensibilidad.

-Sí, siempre me ha interesado el arte, sí.

-Yo ahora estoy al frente de un proyecto artístico

y humano que quizá podría interesarle. Si quiere,

podemos entrar en esa chocolatería y le pongo al tanto.

-No, mejor no.

Prefiero vernos en mi despacho, que es donde mejor se trata esto.

Además, así tendremos tiempo para departir

sobre nuestra afición. Pida una cita a mi secretario.

-Así lo haré. -¿Antonio...?

-Palacios.

-Espero verle pronto.

-Cuente con ello.

¿En quién pensarás cuando haces estos dibujos?

¿Qué te parecen?

-Muy bellos.

En especial, este pájaro.

-Es uno de los que estoy más satisfecha.

-Está muy conseguido.

Pero me transmite tristeza.

-No era esa mi intención al hacerlo. -Muchas veces nuestra mente

transmite lo que sentimos sin darnos cuenta.

Da la sensación de que el pájaro no pudiera volar libremente.

-Simplemente me salió de esa forma.

-No debes sentir pena por nada. Nuestro hijo nacerá sano y fuerte.

Y además, está tu hermana para ayudarte.

-No te apures, Samuel.

Me encuentro perfectamente.

-No es eso lo que veo en tus dibujos.

-Bueno, es cierto que en ocasiones puedo estar algo taciturna.

-Dime qué puedo hacer para que te sientas mejor.

-Nada.

Solo darme unos días más. Han sido muchas emociones y cambios

en muy poco tiempo.

Y me cuesta encajar tanta novedad.

-Tendrás todo el tiempo que necesites.

Espero que solo sea eso

la causa de tus desvelos. -Sí.

Bueno, y las molestias propias de mi estado.

Naderías.

-Blanca...

Confía en mí,

todo va a ir bien. Vamos a ser una bonita familia.

Vamos a ser muy felices.

-Te agradezco en el alma la paciencia que tienes conmigo.

Vas a ser un buen padre.

-Pondré todo mi empeño en ello y en ser un buen marido.

-Eso ya lo eres.

-Siempre se puede mejorar. Puedo demostrártelo.

-No me cabe ninguna duda

de que lo harás.

Probad estos bombones. Los ha enviado mi hijo

desde París. -Anda.

Susana, me da que quieres que engordemos

y así te encarguemos más vestidos.

-Susana ya no necesita esos trucos.

Cuando trabaje para el Vaticano, ya no se acordará

de nosotras. -De ninguna manera.

Vosotras seréis siempre mis clientas. -Ha debido sorprenderte

que Úrsula te ofreciera ayuda. -¡Ay!

Espero que su mediación dé buenos resultados.

-Yo no me fiaría mucho de ella, Susana, eh.

Que esa mujer no hace nada

por las buenas. -No hay que quitarle el ojo.

Por más que ahora trate de congraciarse.

-Sea como sea, es mejor tenerla a bien.

Que, como Cayetana, Úrsula ha cogido mucho poder.

-Bueno, al final, lo más importante aquí es que Susana brille

en su presentación. -Me están dando los siete males.

No quiero que nadie tire por tierra esto.

-Susana, tú no te sofoques, que, con Adela al lado,

todo saldrá de perlas.

-Ya estamos a media mañana y no tengo

casi nada hecho. -No te apures, ya nos vamos.

-No quiero parecer desagradable, pero tengo mucha faena.

-Mucho ánimo y toda la suerte del mundo.

-A más ver.

-Susana, me tienes que dar

la dirección de esta bombonería, para un pedido.

-Sí, sí, sí.

Perdónenme el retraso, eh, que hoy andamos justos de personal.

¿Donde se habrá metido este hombre?

-A las buenas, Víctor. -Lolita.

-¿"Ande" está mi hombretón? Traigo algo para comer.

-No lo sé, estará fuera con la mesas. -No, he pasado y no le he visto.

-Aquí tiene su chocolate.

-Estará en el almacén, organizando el género.

-Vaya chufla de jefe, que no sabe dónde están sus empleados.

¿No se habrá metido en un entuerto?

-Ha ido a buscar a un concejal.

-¿Y qué tiene que hacer con uno del ayuntamiento?

¡Uh!

Se nos va el tiempo y casi no hemos avanzado.

¿Qué hacemos ahora?

-¿Qué tal respirar un poco y calmarnos?

Que le dará un torozón. Ni que fuera lo primero que cose...

-No es precisamente la confección lo que me preocupa.

No paro de pensar si Elvira se va de la lengua.

-Eso no pasará.

-Si eso pasara,

sería el fin del proyecto y de todo lo demás.

-No le dé más vueltas, doña Susana. Guardará silencio,

ya lo verá. -Dios te oiga.

-Mire la muestra que he hecho.

A ver qué le parece.

-Qué maravilla.

Es que tienes un don

en las manos.

-Pues olvídese de todo y a centrarse,

a ver qué le decimos a la Curia.

-¿Qué haría yo sin ti?

¿Vemos esas telas? -Vamos.

A ver.

Deje de marearme y dígame "ande" está y qué hace con un concejal.

-Mira, que te lo explique él, que por aquí asoma.

-¿Qué? ¿Cómo está mi morena, niña de mis ojos

y reina de mi corazón?

-¿Se puede saber qué haces con uno del ayuntamiento

y vestido de esa guisa?

-Venga, díselo, que desea saberlo.

-He ido a pedir una licencia

para poner más mesas en la terraza y así echar una manita a Víctor.

-Por eso no me querías decir nada, porque abusas

de mi Antoñito.

Esos quehaceres no son propios de un camarero.

-A mí no me importa echarle una mano.

-Claro. Es que Antonio

es todo corazón.

-Te traigo guiso para comer.

Que de seguro que ni has comido.

-¿Cómo no te voy a querer, si eres más buena que un lucero?

-Bueno, que aproveche. A más ver.

-Eres un sinvergüenza, no solo me dejas,

sino que paso por un negrero.

-No te hagas mala sangre y prueba esto, que está buenísimo.

-Quita, Antonio, que no. -Come.

-Quita.

Estas ropas me pican por todo el cuerpo.

Y los botines me hacen resbalar como si pisara hielos.

-Ya verás como te acostumbras. Vamos a pasarlo fetén.

Las dos nos merecemos un poquito de distracción.

-Para mí que me mira todo el mundo.

-Es natural que llames la atención, Olga,

porque estás radiante. Vamos.

-Olga, menudo cambio ha pegado.

-¿A que está guapísima? -Blanca, para.

-Desde luego.

Parece otra.

Puede estar satisfecha.

Su hermana la ha dejado perfecta.

-Es una suerte

que se hayan encontrado la una a la otra.

-Me hubiera gustado

tener una hermanita,

pero no ha podido ser.

-Vamos a sentarnos aquí, Olga.

Tienen unas tartas riquísimas.

-Sí, pero ya hemos pedido. Voy a encargar un par de raciones.

-Te acompaño.

Espera, Olga.

Volvemos ahora mismo.

-¿Y dónde ha vivido usted, Olga?

-En una cabaña.

Ya, pero... ¿Pero dónde?

-En el bosque.

Blanca, ¿cómo marcha el embarazo? -Mejor, mucho mejor.

Ahora estoy desasosegada por... Por la marcha de Diego.

-Blanca, sácatelo de la cabeza.

Será lo mejor.

Vamos.

-¿Sabe bordar o cocinar?

¿O quizá tocar el piano?

-Sabe tallar,

como Miguel Ángel.

Pero ya habrá tiempo de que les demuestre sus habilidades.

-Madre mía, cómo se van a poner.

Ahí una.

Señorita, ¿yo a usted

la conozco de algo?

-Es mi hermana.

Supongo que de eso le sonará. -Pues debe ser.

Encantado de conocerla.

Víctor Ferrero, para servirla en lo que sea.

-En La Deliciosa.

Se trata de mi novio.

-Que aprovechen ustedes.

-Ya verá lo rica que está, Olga.

-¿Quiere probar de la mía

hasta que llegue la suya?

-Se trata de comer la tarta, no de asesinarla.

Dios mío, parece que han venido

unas gallinas a comer a nuestra mesa.

Eso.

Usted siga comiendo

como si estuviera en el bosque.

-Podrías tener un poquito más de tacto, María Luisa.

-¿Qué he hecho? Si era una broma.

Buen enfado se va a pillar Lolita como le pille con su salchichón.

-Es que comer es lo único que me quita los nervios.

-Pues debe estar nervioso desde que nació. No para de jamar.

Servando...

Llevo buscándole un buen rato, tenemos una conversación a medias.

-Te va a dar igual, no pienso subirme.

Todos tienden a irse al fondo.

-Como siga comiendo así, seguro. Ningún navío aguantará

su tonelaje. -Razón de más para no ir.

¿No has visto lo que pasó en la fuente?

-Pero, hombre,

nadie le tirará un chorro en alta mar.

-¿Cómo que no?

¿Es que no hay mareas,

ni olas gigantes, ni ballenas, ni calamares gigantes

llamados "kraken", que son capaces

de zamparse un barco de una sentada?

-Eso son leyendas.

-¡Y un cuerno!

Que me he informado muy bien en el mercado.

Y me han dicho los pescaderos

que eso pasa un día sí y otro también.

Que no, que no, que no pienso montar en barco y punto.

-Bueno, Servando, algo habrá que hacer.

El pasaje ha costado más de 40 duros, un esfuerzo grande

para nosotros. -Como no lo quieras aprovechar tú...

-Bien a gusto que me iría a Cuba, pero para perderle de vista.

No tengo billete para mi Casilda.

¿No se da cuenta que es más tozudo que una acémila?

-Que sí, que sí, que me doy cuenta.

Y por una parte, estoy deseando de ver

a mi Paciencia, pero por otra, es que me tiemblan las canillas

de pensar que tengo que subir

la escalerilla de un navío. Si no fuera tan consciente

de los peligros, otro gallo cantaría.

-Ya lo tengo, Servando.

-Usted subirá inconsciente al barco

y despertará en alta mar.

-¿Qué quieres, emborracharme

como a un bizcocho? -¿Por quién me toma? No soy burro.

No. Le acompañaré al puerto. Y antes de subir,

le pegaré una tarascada que le dejará "in albis".

-No, no sé yo.

Que tú eres muy bruto y eres capaz de esa tarascada

hacer que viaje en caja de pino.

-¿Quiere que vayamos practicando el golpe?

-No, no, si ya... Ya me hago yo a la idea, ya.

¡Malditas gallinas cluecas!

No debí hacerte caso.

-No tienes por qué tomarte las cosas a la tremenda.

-¿Cómo que no?

¡Se han burlado de mí!

He sentido su desprecio en lo más profundo de mis entrañas. Y su asco.

-No saques esto de quicio, por favor.

-¿Piensas que exagero?

Deberías correr de vuelta con tus amigas.

-María Luisa es una chica de buena familia.

No está acostumbrada a ciertas formas.

Pero no se lo tengas en cuenta, que no es mala chica.

-Eso lo dirás tú.

Yo he notado mucha saña en sus burlas.

Es una víbora.

-Si alguien tiene la culpa de todo esto, soy yo.

Debí haber estado más pendiente de ti.

-Ea, igual.

Sí, no me siento bien aquí.

No voy a encajar jamás.

Soy demasiado distinta

a todas esas gentes. -No digas eso.

Aquí estarás bien.

Eres mi hermana y lucharé porque estés a gusto.

-Eso no podrá ser.

No tengo lugar en tu vida.

Este mundo es demasiado complicado. -Te equivocas.

Pronto te acostumbrarás a todo esto y no querrás

separarte de mí.

-Que no.

No. No, no puedo

seguir aquí.

No alcanzo a comprender por qué te esfuerzas tanto.

-Déjeme.

No es asunto suyo.

-Ya te dije que era un error que Olga se quedara.

-Si la ayudáramos, pronto sería una más.

-¿Tratas de enredarme en esto? -Al fin y al cabo,

se trata de su hija.

-Esa muchacha

no te traerá más que problemas.

Estás cayendo en sus redes.

¿No te das cuenta que toda esa comedia que ha montado

es un juego más?

-Está verdaderamente dolida.

-Está consiguiendo que bajes la guardia. Cuando no lo esperes,

te atacará.

Ten cuidado con ella.

Si no lo haces por ti,

hazlo por el niño que llevas

en tu seno. -¡Déjeme en paz!

No trate de confundirme.

Tendría que haber visto a la hermana de Blanca.

Primero se puso a comer como si no hubiera visto un cubierto.

Y luego, se marchó haciendo "fu", como el gato.

-Conociéndote, no serías muy amable con ella.

-Todo lo contrario.

Si para quitarle importancia al asunto, lo traté con bromas.

-Pobre muchacha.

Todo lo que tiene que haber pasado.

A lo mejor tú

podrías ponerle las cosas más fáciles.

-Pues mire, a lo mejor es verdad que tengo

un carácter un poco áspero, pero me tendrán que aceptar

como soy. -Ya tiene el pedido en la cocina.

-Voy a comerme unos bartolillos, que es casi hora de merendar.

¿No te sientas conmigo?

-¿No deberías estar en La Deliciosa?

Es la hora que más clientes tienes. -Sí.

Sí, pero a Antoñito no le viene mal trabajo extra.

Vente a mi lado. -No, Víctor.

Estoy muy disgustada contigo.

-Sea lo que sea, soy inocente, eh.

-No estoy para chanzas.

Si no le cuento a Olga que eres mi novio, no se lo dices nunca.

-Si no me has dado tiempo. -Si es que ya no sé qué pensar.

Lo nuestro va más lento

que un tren sin ruedas.

-¿El coronel qué quería la otra noche?

-Me pidió ayuda

con Elvira.

Cada día está más melancólica. -¿Y has ido a verla ya?

-¿Para qué? Si le doy un consejo y me toma por el pito del sereno.

-¿Se te ha olvidado lo que sufriste

cuando creíste que había muerto? Es tu amiga, María Luisa.

Ahora tienes la oportunidad de ayudarla.

-Tienes razón, Víctor, pero es que... -Pero nada.

Vete y proponle dar un paseo, verás como le agrada.

-¿Qué pasa? Te quieres deshacer de mí, ¿no?

-¿Cómo dices eso? Si beso el suelo por donde pisas.

Si quieres, yo os acompaño a dar el paseo.

Si así te apetece más...

Venga, pues deja ya de quejarte, ¿no?

Dame un beso, un abrazo, algo.

Ven para acá.

Ya está.

¿Cómo va el día?

O me he vuelto transparente

o eso que tiene en la cabeza es de enjundia.

-Perdóneme.

Estaba perdido en mis asuntos.

Enhorabuena.

Ha vuelto a casa con doña Rosina. -Así es.

El problema era que estaba acomplejada por no poder darme hijos.

Ya ve usted. Como si a mí eso me importara.

Con tenerla a mi lado, suficiente.

-Me alegro mucho por los dos.

Yo, en cambio, temo el día en que nazca mi hijo.

No sé si sabré estar a la altura

de semejante responsabilidad. -Pamplinas.

Seguro que será muy buen padre.

Pero me barrunto que no es lo único que le inquieta.

-Noto a mi esposa un tanto distraída.

Sin la ilusión de una madre primeriza.

-Si necesita ayuda, cuente conmigo.

-Se lo agradezco, pero todo volverá a su cauce.

Tuve un problema con mi hermano,

pero está yendo a una minas, en Brasil. Tardará en regresar.

-Quítese esas dudas. -Eso trato de hacer.

Quería hacerle un regalo a mi esposa, a ver si levanta el ánimo.

Ajá. ¿Pero sería un regalo para su hijo o solo para su esposa?

-Lo ideal... Lo ideal sería algo para los dos.

-Entonces, podría comprarle un llamador de ángeles.

-Claro. Lo que usaban en la cultura maya

las mujeres embarazadas. -Lo usaban para proteger

a su retoño.

-Además, tengo entendido que el sonido del collar

tranquiliza al crío. -Así es.

A mí me parece algo muy curioso.

En su día, busqué uno para Rosina.

-Podría ser una buena idea.

-Desde luego, daño no le va a hacer. -Gracias.

Un reglo tan fuera de lo común

sorprenderá a mi esposa. Le convido a un café.

-Y eso se lo voy a aceptar encantado.

-Por favor, ponnos dos cafés.

Te lo he dicho un millón de veces, no puedes seguir así.

Tienes que hacer un poder y seguir adelante.

No hace falta que insistas más, María Luisa, tienes razón.

No puedo seguir en mi casa lamentando mi mala suerte.

-Me alegro de que lo veas así.

Nosotros estamos muy preocupados por ti, eh.

No sabéis hasta dónde me reconforta que sigáis siendo mis amigos,

a pesar de haberme convertido

en una persona detestable. -No seas tan cruel contigo misma.

Solo has pasado una mala racha, pero ya pasó y punto redondo.

-Ahora tienes que reponerte.

Sí.

Todo va a cambiar a partir de ahora.

¿Por qué no vais hacia la iglesia

y encendéis una velita?

Pedís por estos buenos deseos.

-No les prestes atención, Elvira.

Ellos han de seguir con tu vida y tú con la tuya.

Tienes que aceptarlo.

Venga, respira hondo y sigue tu camino, vamos.

No puedo.

No puedo, María Luisa.

Me puede la culpa y la vergüenza. Llévame a casa.

-Venga, vete con ella.

Marchad. -Vamos.

¿Cómo está Olga?

Me he quedado preocupada por el incidente en la chocolatería.

-Está un poco afectada.

-Lo lamento.

María Luisa es buena persona,

pero a veces no sabe medir sus actos.

Sigue siendo una niña consentida en ocasiones.

-Bueno, no hay por qué apurarse.

Olga se irá integrando en la vida del barrio, poco a poco.

-Cuente conmigo.

Voy a hacer todo lo posible por ayudarla.

-Se lo agradezco.

Luego volveré a comprarle un trozo de tarta,

para que se lo coma con las manos.

-Olga tiene suerte de poder contar con su ayuda.

-Gracias.

A más ver.

Pero...

¿Cómo es posible?

¿No te habías ido?

-No he podido irme.

Va llegar un negocio que hará grande,

ya lo verás.

Y es muy buena esta experiencia que estás teniendo.

-Mi experiencia sirviendo mesas. -Tu experiencia trabajando duramente.

Esto es un aprendizaje para ti valioso

y precioso.

Así que, confía en mí, hijo.

Con paciencia

y todo llegará.

-Por sus consejos, padre. "María Luisa, Simón sigue siendo"

el hombre de mi vida.

¿Cómo he podido hacer algo así?

¿Qué clase de persona hace eso?

Debería pedirle perdón.

Debo suplicarle que me perdone. Y eso mismo es lo que voy a hacer.

-"Señora".

-¿Qué ocurre, Carmen? Pasa.

-Lamento interrumpirles,

pero me pidió que mantuviese el plato de su hermana

en la mesa y que le ofreciese la tarta que le compró

en La Deliciosa. -¿Y cuál es el problema?

-Es muy tarde, y como la señorita Olga no salía,

me tomé la libertad de llamar y entrar,

por si necesitaba algo. -¿Está bien?

-No está. -¿Cómo que no está?

-¿Servando quiere achuchar a Paciencia? Claro que lo entiendo.

Y que le acompañes al barco.

Que hasta le arrastrarías,

claro que lo entiendo también. Pero entiéndeme tú a mí.

Claro que me molesta que te vayas

de viaje. Qué parraque le ha entrado últimamente con la vena viajera.

-Ya lo sé, pero no te preocupes, volveré antes de que te des cuenta.

-Bueno, pero antes de que te marches,

tienes que pasar por la casita de guardeses a arreglar una pata.

-"No sé qué ha pasado entre ustedes ni cuál es el motivo,"

pero mi hija está triste y abatida, está hundidas.

Y no quiero verla sufrir más.

-Pues si no quiere verla sufrir más, haga por controlarla.

Ella es quien va detrás de Simón, provocándole, día sí y día también.

Bastante hace con contenerse.

-Se lo ruego, por favor. -No voy a callarme. Y menos

cuando te acusa de algo injusto. -"¿Cómo quedamos?".

¿Quiere que le recoja? -No. No voy a poder acompañarle.

-Pero yo pensaba que usted iba a venir conmigo.

Quizá es el momento de que no vean juntos.

-Lo sería,

pero tengo un importante viaje de negocios.

-Pero somos socios en esto. -Sí, sí.

Lo seremos cuando cierre el trato, claro.

Créame, la encomienda tiene dificultad, pero si todo sale bien,

tendrá su recompensa.

Hoy por ti

y mañana por mí. -"Hice bocetos"

para unas joyas. Uno de ellos era un pájaro.

-¿Y...?

-Que Samuel vio en ese pájaro a un ave que no podía volar

y creyó que era así como yo me sentía.

-¿Puedo ver esos dibujos?

-¿Qué significa esto?

¿Quién ha podido hacer algo así?

-"¿Cuánto dura la travesía?". -"Poco. Ni te vas a dar cuenta".

-Servando, olvídate. Tienes que pensar

que estarás con Paciencia, no que el barco se hundirá.

-¿Se va a hundir? ¡No, no!

¡Ese barco se hunde! ¡Es que los barcos se hunden!

-¡Vamos, hombre! -¡Que yo no me muevo de aquí!

-¡Servando! -¡Venga aquí!

-¡Servando! -¡Que no! ¡Soltadme!

-¡Ah! ¡Hala, otro plato!

¿Se puede saber por qué haces eso? -Bueno, mujer,

solo es un plato. -¿Un plato? ¿Tú sabes

lo que vale es plato? Doña Trini me lo quita del sueldo.

-Que no. ¿Pero qué te pasa?

-¿Que qué me pasa? Que qué me pasa, ¿no?

¿Que qué me pasa? A ver.

¿Qué hacías tú esta mañana

en un coche a motor y vete tú a saber con quién?

-"Lo que podías hacer"

ya lo has hecho.

-No la he encontrado.

Y Samuel y yo la hemos buscado por todas partes.

-Y no la vas a encontrar.

Sabe cómo esconderse.

Y sabe dónde estamos.

Si quiere volver, volverá.

Nosotros hemos de seguir con nuestras vidas.

Tú has de seguir con tu vida.

Y tu vida ahora es ese niño. -Si pudiera vivir aquí...

-Eso no es posible.

-¿Por qué?

-Porque me marcho de la ciudad. Justo me estaba yendo.

-¿Y si te suplico?

-Le diré al servicio que te prepare algo de comer. Puedes quedarte.

-No te marches.

Diego, por favor, te lo ruego.

-Mi decisión es firme.

-Te vas de la ciudad porque estás enamorado de Blanca

y piensas que ella también lo está de ti.

  • Capítulo 639

Acacias 38 - Capítulo 639

14 nov 2017

Blanca se refugia en el dibujo para olvidar la marcha de Diego. Samuel intenta consolar a su mujer y se le ocurre, con la ayuda de Liberto, hacerle un regalo para el bebé y para ella. Mientras, las dos hermanas ganan en confianza y Blanca empieza a vestir a Olga como una señora, pero el comportamiento de Olga dista mucho de ser el de una señorita.

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