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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 637 - ver ahora
Transcripción completa

Por Samuel... y Blanca.

Por el fruto de un matrimonio feliz. -Diego,...

¿no vas a brindar por mi hijo? ¿Eres consciente

de que me estás insultando?

-En absoluto. Simplemente... que no tengo sed.

"Nadie nos esperaba en Salamanca".

No se imagina el bochorno que sintió doña Susana,

el obispo no le había mandado llamar.

-¿Y la carta que la citaba allí? -Era falsa, supongo.

-Ahora entiendo el enfado de Elvira.

Ayer Elvira se presentó en mi casa,...

convencida de que estaría allí.

-Estoy durmiendo fuera, trato de no atosigarte,

pero no puedes pedirme que no venga a verte.

-Es que no te lo pido.

Te lo exijo, Liberto.

Pero no hoy, ni mañana,

sino siempre.

-"Samuel es el padre".

Las fechas encajan, Diego.

Me he convencido después de ver al médico.

Mi estado no es fruto de nuestro encuentro.

Diego, te suplico que nunca le digas a Samuel

lo que sucedió entre nosotros. -"Encantado".

Me llamo Belarmino Conde.

Pero, dígame,...

¿hacia dónde se dirige esa carrera que dice haber iniciado?

-¿Por qué no le cambio el chocolate por una copita y lo hablamos?

¿Sabías que Susana era su madre?

¿Ha confiado tanto en usted como para revelárselo?

Sí. Mi marido no me guarda secretos.

Lo que me resulta más vergonzoso es hasta qué punto

es usted capaz de llegar con tal de hacernos daño.

Hágase un favor.

No haga más el ridículo y márchese.

-"Blanca no será mía, y ahora menos que nunca".

Lo único que me mantiene aquí es...

mi deseo de protegerla.

-Teme que Úrsula pueda hacerle algún mal.

-No solamente Úrsula.

Como ya le dije, me preocupa su hermana.

-Blanca, qué alegría. Tenía que felicitarte en persona.

La he tallado con mis propias manos.

-Te lo agradezco, Olga.

-Me voy. -No, quédate.

Samuel, por favor,

acerca una silla.

Siéntate.

Es muy bonita la figura que me has regalado.

-La he hecho yo.

-Eres muy hábil.

-Las hago

y luego las vendo.

-Blanca, ¿va a seguir aquí?

¿Es que no hay sentido común?

Les ruego que me disculpen, pero...

no era para esto para lo que les había convocado.

-Mi madre les había invitado para anunciar mi embarazo.

Eso ya está hecho.

Así que creo que este

también puede ser un buen momento para presentarles

a Olga.

-Esto es un sinsentido. Y un insulto a nuestros vecinos.

¿Va a quedarse sentada ahí?

No es más que una pordiosera. -Por favor, doña Úrsula.

A nosotros no nos incomoda.

-Gracias, Leonor.

Pero no hace falta que intervengas.

Olga se va a quedar a mi lado porque eso es lo que deseo.

-Entonces seré yo la que marche. -Es su decisión. Márchese.

-Te arrepentirás.

Os arrepentiréis.

Las dos.

Siento que hayan presenciado esta diferencia familiar.

-Creo que hablo en nombre de todos

los aquí presentes cuando digo que no hemos entendido

nada de lo ocurrido.

-Es cierto.

Les debo una explicación.

Ella es Olga. Supongo que ya habían oído antes ese nombre.

Olga es... mi hermana melliza.

-Entonces, ¿Olga también es hija de doña Úrsula?

-Así es.

-Caray. La de cosas que pasan en estas calles.

-Supongo que será una larga historia.

-Sí, Celia.

Les ruego que me permitan contárselo en otro momento,

ahora debo encargarme de ella.

-Sí, lo mejor es que nos vayamos

y las dejemos solas. -No hace falta.

Todos fueron convocados por mi madre...,

así que asumo las responsabilidades del anfitrión.

Además, lo que debo decirle a mi hermana

no es un secreto para nadie.

-Blanca, Leonor tiene razón.

Quizá debamos evitarles el trago de asistir a cuestiones

que solo le importan a nuestra familia.

-Claro. Les dejaremos un poco de intimidad.

-Olga... -Lo siento.

-No hay nada que sentir.

Para mí, tú eres la persona más importante de esta reunión.

Me encargaré de que tengas todo lo que siempre te ha faltado.

De que vivas en una casa con todos los lujos.

Y de que no tengas que volver a la calle.

(VOZ DE ELVIRA) "Al fin se ha descubierto Adela".

"Tras esa máscara de bondad se esconde un monstruo

capaz de cualquier vileza".

"Váyase, no es bien recibida en este negocio".

"Écheme si se atreve".

"Está bien, como desee".

"Elvira, por favor".

"Perdón".

"Ni siquiera le conoces tanto como yo".

"No sabes la cantidad de secretos que ha compartido conmigo".

"¿Sabías que Susana era su verdadera madre?"

"¿Ha confiado tanto en usted

como para revelárselo?".

-¿Qué haces aquí tan tarde? Deberíamos ir a casa.

Adela.

¿Qué te ocurre?

-Nada, una tontería.

-Bueno, pues cuéntamelo y así podré ayudarte.

-He hablado con Elvira.

-¿Qué te ha dicho?

-Nada de lo que diga puede hacerme daño.

Por quien temo es por doña Susana.

Elvira me dijo que doña Susana

es tu madre, para darme un disgusto. Pero no contaba

con que yo ya lo sabía. -Pero...

No entiendo cómo puede jugar tan sucio

y decir que lo hace por amor.

-Se lo puede decir

a cualquiera. Y me da miedo que airee el secreto por todo el barrio.

¿Tú sabes el daño que puede hacer a tu madre?

-Mi madre estará dispuesta a contarlo ella misma.

-¿Y perder el encargo del Vaticano? No, necesita tenerlo todo controlado.

Está en un buen momento. Y nosotros debemos protegerla.

Un escándalo así lo arruinaría todo.

-Tienes razón. Tienes razón, Adela.

Iré a hablar con Elvira. -No, no. Será peor.

Si se da cuenta de que con esto puede causar más mal, lo hará.

-¿Y entonces?

-No lo sé.

No lo sé, tenemos que pensar.

(Puerta)

Cuidado, que viene tu madre.

-No os podéis creer lo que ha pasado en el ágape de doña Úrsula.

-¿Qué? -Ha aparecido la famosa Olga.

Y no os imagináis quién es.

La hermana melliza de Blanca.

-¿Es hija de doña Úrsula?

-Para hacerse cruces.

Lo que dice Trini: "Esto solo pasa en Acacias".

-Mejor vámonos,

ya es tarde para trabajar. -Claro.

Adela, recoge.

¡No tienes derecho a meterla en esta casa!

-Es mi hermana.

Y vivirá donde yo viva.

Tenemos una deuda con ella.

Debemos resarcirla por todas las penurias que ha pasado.

-¿Has olvidado que intentó matarme?

-¿Es que no se acuerda usted de que es su hija?

¿De que la abandonó en el bosque?

-Estás ciega.

Olga está demente.

-Quiero abrirle las puertas a la vida.

Y voy a empezar por abrirle las puertas de esta casa.

Y si usted tuviera un poco de corazón,

una pizca,... querría lo mismo.

-Tan solo quieres hacerme daño.

Hasta le dijiste a los vecinos

que era tu hermana. -Porque lo es.

Esto no tiene nada que ver con usted. -Ya.

-Usted no es el centro de todo.

Ella es mi hermana. Y la voy a cuidar.

-¿En contra de mis deseos?

-En contra de los deseos de cualquiera que se quiera oponer.

-Quieres que viva con una asesina,...

pero antes o después... desaparecerá de nuestras vidas.

-Si Olga se va, me iré con ella.

Y le advierto una cosa, si malmete contra Olga,...

nos marcharemos las dos...

y se quedará sola.

-No osarás.

-Si no lo he hecho antes es por Samuel.

Porque teme lo que le pueda pasar a su padre.

-Está bien.

Estoy intentando que seamos una familia.

Tú, tu marido,...

el hijo que esperas.

-¿Acepta entonces?

-Sé que te arrepentirás.

Pero sí.

Me retiro a mi habitación.

No quiero verla.

Es muy grande.

-Dentro de poco te sentirás cómoda, ya lo verás.

-Bienvenida a casa, Olga.

-¿Puedo? -Claro, lo que quieras.

-Hay una mujer que cocina. Podrás pedirle lo que más te guste.

-¿Lo que quiera?

-¿Qué es lo que más te gusta?

-El pollo asado.

Solo lo comí una vez.

-Pues le diremos a Carmen que te haga pollo asado.

Hasta que te hartes de él.

Pero tendrás que probar otras cosas.

Ven. Sigamos.

-Me da miedo despertarme y que todo sea un sueño.

Estar en la calle, entre mendigos...

-No temas, Olga.

Esta es ahora tu casa. -Y nosotros tu familia.

-No te vas a ir de aquí si yo puedo impedirlo.

-Al lado de las maravillas de esta casa,

mi regalo parece muy pobre.

-Para mí, es el que más valor tiene, Olga.

Más que si fuera de oro y diamantes. -Es muy simple.

-Pero lo has hecho con tus manos.

Y es el primer regalo que tiene mi hijo.

-Son tan bonitos.

-Pronto podrás verlos todos.

¿Ahora no te apetece darte un baño

y descansar?

-Te prestaré un vestido. Además, así te enseñaré

el resto de la casa.

Aunque, ahora que caigo,...

tú ya has estado aquí.

¿Quién lo llenó de hojas?

-Pero no miraba.

Solo pensaba en lo que quería hacer.

Ahora es como si lo viera todo por primera vez.

-Antes de todo,

deberías buscar calzado para Olga.

-¿Estás descalza?

Tienes cortes, ¿te duelen?

-No. Las heridas solo duelen

cuando se abren.

Te acostumbras. -Yo te las curaré.

Espera aquí. Voy a por vendas y yodo.

(Campanilla)

Pues señora Fabiana, no sé yo si hubiera metido en mi casa

a una mendiga como esa. -No es una mendiga.

Es la hermana de Blanca, ella misma lo dijo.

-Ni aun así. Parece de esas leprosas que van a los pueblos

y no les dejan entrar y van de aquí para allá.

-Qué falta de sentimientos.

De tanto juntarte con ella, te estás pareciendo

a tu señora Rosina. -Ay.

Pues ahora que lo dice, le tengo que confesar

que estoy preocupada por ella.

Está ensimismada en sí misma.

Fíjese, fui a comentarle lo de la hija secreta de doña Úrsula,

y nada. Que ni siente ni padece.

Y eso en otros tiempos le habría dado la vida.

-Vaya chasco que se llevó doña Rosina.

Y el pobre de don Liberto, que se arme de paciencia

que falta le ha de hacer. -Y tanto.

-Lo que yo no dejo de preguntarme...

¿Qué habrá pasado para que Olga haya llevado esa vida de mendicidad?

-Pues descuide usted,

que en cuanto que vea a la señora Carmen, le sonsaco.

-Poco contará si está alerta de lo que le puede pasar

por irse de la sinhueso. Esta es nuestra vida:

ver, oír y callar. Para eso hemos nacido, hija.

-Pues sí.

-(BOSTEZA) ¿Está caliente la achicoria?

-Templadita. ¿Quieres que te sirva?

-Ea.

He ido a la naviera a preguntar por los billetes de Cuba.

-¿Y? -Ni que lo llevaran en brazos.

No juntamos ese dinero ni en cuatro vidas.

-¿Tú has mirado en tercera?

-Pues claro, pero conociendo a Servando,

seguro que le gustaría ir en camarote de lujo.

-Como que tonto no es. Ahora, como están de precio los pasajes,

ese no llega ni enrolado de grumete.

-Para nosotros ese dinero es un potosí, pero para los señores

son cuatro cuartos mal contados.

Si juntamos los criados un dinero junto con el de los señores,...

Servando hace ese viaje.

-¿Hacer que los señores se rasquen el bolsillo?

-Ni para atrás.

Vamos, si lo consigue,

ya está pidiendo un extra para mi marido.

Que se va a quedar con toda la faena del edificio.

-No seas egoísta, Casilda.

De lo que se trata es de salvar el matrimonio

entre Paciencia y Servando.

-Pues yo seré egoísta,

pero sería lo justo. ¿O no?

Don Belarmino, ¿le apetece un chocolate?

-No, mejor una copita.

Vaya mañana de perros.

-¿No ha ido bien? -En este país nunca va bien

lo que tenga que ver con la administración.

Todo es burocracia.

Cuando no falta un sello, falta una copia,

y cuando no, la firma de un mandamás.

-¿Sus negocios tienen que ver

con la administración? -En parte.

¿Por qué no se sienta y le cuento?

Tal vez usted tenga ideas que me puedan ayudar.

Veo que usted es un hombre con grandes dotes para los negocios.

-Elena,... tráenos dos copas de jerez.

Por favor, siéntese.

Usted dirá.

Será un placer escucharle.

-Vamos a ver. A ver cómo le explico...

Mi negocio es un negocio, pero... a la vez

es una labor social. Los beneficios son económicos, claro.

Pero por encima de todo...

son morales.

A ver.

Yo hago monumentos.

¿Usted entiende de monumentos?

-Sí, algo entiendo, sí.

Tenga en cuenta que he vivido en Nueva York, Londres, París.

-Sí, en esos lugares se respetan los monumentos y la historia.

Como sabe, en la guerra de Cuba y Filipinas

murieron muchos españoles.

Españoles... muertos en tierras extranjeras.

-Una desgracia, sí.

-Sí, sin una tumba, sin un lugar que los familiares los puedan visitar.

Y ahí entro yo.

Con un monumento conmemorativo...

para cada pueblo que haya perdido a uno de sus hijos.

-Pero eso es una gran idea. Gracias.

Se pueden ganar

cientos de miles de duros.

-Y sobre todo el recuerdo para los muertos.

-También, también, claro, el valor moral.

Entonces, ¿cuál es el problema?

-Que, para que esto salga bien,

debe empezar en una gran ciudad como la nuestra.

Y a la llamada de los beneficios que reporta un gran monumento,

han aparecido los buitres y las hienas,

mal llamados "competencia".

Sin pensar... que la verdadera causa de todo...

es el recuerdo a los que han perdido la vida por España.

-Y entonces, ¿qué propone?

-Propongo... hacer un monumento.

Acorde a las necesidades...

económicas de la ciudad, claro.

Que no sea excesivamente caro.

Pero eso sí,...

que tenga un gran valor artístico... y patriótico.

Mire, mire.

¿No es maravilloso?

La pena es que no tengo acceso al concejal.

Para darle el empujoncito que todo negocio necesita

en este país.

-¿Y le parecería una osadía que yo intercediera por usted?

-¿Conoce al concejal?

-Yo conozco a todo el mundo.

Y si no lo conozco, consigo que me lo presenten.

-Amigo mío,...

su generosidad es que no conoce límites.

Si usted me echa una mano en esto,...

para mí será un honor que participe como socio nuestro

en nuestro gran negocio y labor social a la vez.

-Será un gran placer ser su socio, don Belarmino.

Por el monumento a los caídos

en las guerras de Cuba y Filipinas.

¿Nos vamos a comer?

-Pensé que no vendrías.

-No era mi intención, pero luego he cambiado de opinión

y le he dicho a doña Celia que iba a comer

con vosotras. -Recojo y nos vamos.

Me gusta que vengas a por mí a la sastrería.

¿Has sabido algo de Elvira?

-Nada. ¿Y tú?

-Tampoco. No ha venido. Cada vez que se abría la puerta,

me daba un salto el corazón.

Quizá deberíamos dejar de preocuparnos.

-No lo sé.

-Simón, que bien que estés aquí.

Necesito ayuda.

Me ha llegado un sobre de la curia

en el que me dice qué papeles hay que presentar

para la firma del encargo del Vaticano.

No te imaginas lo puntillosos que son.

Hasta el certificado de defunción de mi esposo.

-Pero si fueron ellos los que se pusieron en contacto con usted

y no al contrario. Sería porque la conocen de sobra.

-Quieren asegurarse que quien trabaja para ellos

sea de una moral intachable.

Me debe firmar una carta el párroco,

diciendo que asisto a misa habitualmente.

Menos mal que lo hago a diario. Qué pena que mi Leandro

no pueda estar aquí para acompañarme a esa reunión.

-Y que tampoco yo pueda hacerlo.

-Uy, figúrate, si se enteran de que tengo un hijo

que no lleva mis apellidos.

No solo me suspenden en el cargo, me excomulgan.

Ya buscaremos los papeles.

-Elvira puede hacer mucho daño.

-Confía en que no pasará nada. No lo contará.

-No sé si debo confiar en ella. Estamos en sus manos.

-Aunque hables con ella, contente, no pierdas los estribos.

-¿Vamos a comer ya?

Esta tarde voy a visitar a Úrsula.

Ella tiene contactos muy elevados.

Tal vez pueda ayudarme con la curia.

-La acompaño yo luego. -¿Nos vamos ya?

Yo no soy quién para juzgar a los demás.

Pero si esa joven es la hija de Úrsula,

no sé cómo pudo reaccionar de una forma tan fría.

-¿Realmente le extraña en Úrsula?

-No.

Claro.

Menos mal que estaba Blanca para prestar ayuda a su hermana.

-No sé si fue lo más razonable. Hay un punto intermedio.

-¿Sigue desconfiando

de las intenciones de Olga? -No.

Ya no pienso que quisiese hacer ningún mal a Blanca.

Ahora bien, a Úrsula.

-¿Teme por Úrsula? -No, Celia.

A mí lo que le suceda a Úrsula

me da exactamente igual. Pero me preocupa

que todos en esa casa acaben sufriendo si sucede algo.

-Bueno, esperemos que no se cumplan sus miedos.

-Este guiso está maravilloso.

-Lolita es muy buena cocinera.

¿Quiere repetir? -Por favor.

Gracias.

-Diego, no se preocupe tanto.

-No lo hago.

No lo hago. Estoy convencido de que mi hermano

sabrá cuidar a Blanca...

y a su futuro hijo.

-¿Y usted?

¿Ha tomado alguna decisión?

¿Va a seguir en la ciudad?

-No.

No, ya nada me ata

a esta ciudad.

-Nosotros... estaremos cerca de Blanca.

Le mantendremos informado de todo.

-Se lo agradezco en el alma.

Aquí tienen una dirección donde podrán contactar conmigo.

-¿Tan lejos?

-Con los avances de este siglo, el mundo cada vez es más pequeño.

No tardaré ni un día en recibir cualquier noticia

que me quieran enviar.

-Por su viaje.

¿Cuánto hay ahí, Martín?

-12 pesetas. -Más 20 aquí.

-Y 30 billetes.

-12 más 20, 32.

Y con los billetes,... 62 pesetas.

-¡Uy! ¡Más de 12 duros!

-El pasaje vale 50 duros. Ni nos acercamos.

-Para lo pobres que somos, es un dineral.

Servando se hace querer.

-O que la gente pone cuartos para perderlo de vista.

(RÍEN)

-Pues como los señores no se rasquen el bolsillo...

-Ya. -Esta tarde empezaré a pedirles.

Seguro que doña Celia y don Felipe, Víctor y doña Susana nos ayudan.

-Y don Ramón y doña Trini, que son muy generosos.

-Qué bien habla de sus suegros. -Sí.

Eso, ¿cómo le llamas, suegro o papá?

-A ver si voy a empezar a repartir mandobles.

Todos callados.

-No sé si hablar con doña Rosina.

-Tal y como está ahora... -Don Liberto es más rumboso.

Y tiene menos telarañas en los bolsillos.

Bueno, ¿y doña Úrsula?

-¿Tú crees que esa bruja va a dar algo?

-Lo mismo, si no se lo pedimos, se enfada.

-Vamos a esperar. Si conseguimos

reunir todo el dinero, nos olvidamos de ella.

Si no, habrá que hacer de tripas corazón.

Hala.

Guarda los cuartos.

No me creo que usted no sepa nada más.

Usted es la que mejor relación tiene con doña Úrsula.

-Ya te digo muchacha que no he ido a visitarla.

Aunque sí que voy a ir a verla.

Quiero ver si me echa una mano con unos asuntos de la curia.

-Sé que tiene buenos contactos.

Seguro que le sirve de ayuda. -Sí, esta tarde iré.

Aunque esa casa debe parecer ahora un polvorín,

no sé si es buen momento de visitas. -No creo que pague usted

sus problemas familiares. -¿Quién sabe?

Mira, ahí viene Rosina. ¡Rosina!

Esperaba verte en misa.

-Sí, bueno, es que se me ha hecho tarde.

Espero poder confesarme todavía.

-¿Y si en lugar de eso nos tomamos un chocolate?

Seguro que el Señor nos lo perdona.

-Sin ánimo de indisponerme con vosotras,

me vendrá mejor la charla con un sacerdote.

-Una pena, con lo jugosa que está la actualidad del barrio.

-Si te refieres a lo de la hija secreta de Úrsula,

no me interesa comentarlo.

-Me sorprende. La susodicha no es una dama

como cualquiera de nosotras. Tenía más pinta de mendiga

que de mujer de mundo.

-Desharrapada, con la ropa raída, una mirada turbia.

-Eso sí, qué cosas. -Lo que parecía que iba a ser

una fiesta para celebrar un embarazo,

al final terminó siendo un funeral.

-Sí.

Se ve que es lo que pasa últimamente en este barrio, ¿verdad?

Con... las fiestas para anunciar embarazos.

-Perdone.

No era mi intención traerle malos recuerdos.

-Claro que no, no se lo tengas en cuenta.

-Tienes razón.

No debo molestarme. El hecho de que yo ya esté...

caduca y amortecida, pues no significa

que el resto se vaya a parar ahora.

Sois las jóvenes las que debéis traer hijos a este punto.

Me voy, no quiero que se me escape el cura.

Con Dios. -Con Dios.

Hija mía, qué facilidad tienes para decir lo que no debes.

-Pero si no era con mala intención, yo no quería ofender.

-Ya lo sé. Esperemos que no se lo haya tomado a mal.

Hay que hacer algo para que Rosina reaccione.

Y yo sé bien qué es.

Te dejo, debo arreglar unos asuntos

antes de ir a casa de Úrsula a hablar con ella.

Con Dios. -Con Dios.

"Lo que me extraña es que no hayan publicado en primera página"

lo que sucedió ayer en casa de doña Úrsula.

-Ah, en las últimas noticias, ¿no?

"Se descubre a la hija secreta de doña Úrsula".

-O mejor aún: "Escándalo en La Deliciosa,

la hija secreta de doña Úrsula, se lo contamos todo".

-Ese me gusta más, que nos nombra. Toda publicidad es poca.

-No te podrás quejar, que todo marcha viento en popa.

Cada vez se ve por aquí más gente.

Ayer en el Ateneo oí hablar de los melindres que hacéis

a un reputado catedrático.

-Ah, ese sería don Hipólito, el de Derecho Romano, ¿no?

No hay mañana que no mande a la criada a por una bandejita.

-Les veo de muy buen humor.

¿Les importa que tome asiento?

Ahora que tengo un momentito de asueto.

-¿Ve usted las confianzas que se toma su hijo, don Ramón?

-Hablábamos del buen momento de La Deliciosa.

-Claro, y en el que Antonio tiene mucho que ver.

Hay clientes que vienen más a escuchar sus historias

que a tomar chocolate. -Vienen por las dos cosas,

sin su gran chocolate

poco se podría hacer. -Me alegro de que hayáis logrado

unir las dos cosas: un buen producto y un buen trato.

Yo me marcho, debo atender mis propios negocios.

A última hora me pasaré un rato.

Que se os dé bien el día.

-Gracias, don Ramón.

-Con Dios.

-¿Has visto?

Hasta mi padre habla bien de mí.

Deberías subirme un poco el sueldo.

-¿Y eso para qué, para que no te vayas?

-¿Y por qué dices eso?

-Porque te he visto esta mañana hablando con ese cliente.

Con... don Belarmino.

Parece que estabais cerrando un trato.

-Es cierto que estábamos hablando de un posible negocio.

Pero es algo que no tiene nada que ver con nuestra relación.

Sería algo ocasional, y al margen de esto.

-Solo te recuerdo que te he enseñado el negocio y he asumido las pérdidas

de tus primeros errores. Me parecería injusto

que ahora que todo va bien decidas marcharte.

-Que sí, no te preocupes sé bien todo lo que te debo.

Y yo soy de cumplir.

-Celebro oírlo.

Y ahora, cuéntame.

¿De qué va el negocio ese que os traéis entre manos?

-No, prefiero no desvelar nada que no quiero gafarlo.

Pero te aseguro que va a ser un negocio legal.

Y puede que hasta beneficioso para la sociedad.

-¿Y para el bolsillo?

-Pues eso espero.

Eso espero.

-Ay, Antonio.

Rosina.

Qué alegría verte.

Ya me estaba planteando que si no te veía,

te iba a buscar a casa. -Es que no he salido mucho.

-Ya, ¿y qué te parece si nos vamos a dar un paseo?

¿Te han contado lo del puesto nuevo? -No.

-Pues hay un valenciano que ha montado un puesto de horchata.

Dicen que es la mejor de España. Cuando me lo contaron,

me dije: "Voy a llevar a Rosina..." -Te lo agradezco,

pero..., quizá otro día. Hoy no estoy con cuerpo.

-Rosina.

No puedes andar todo el día como alma en pena.

La vida son cuatro días y dos de ellos pasan de noche.

-Perdona, Trini, me voy a casa.

-Rosina, escúchame, escúchame.

Las amigas también estamos para los malos momentos.

No puedes quedarte en casa encerrada regocijándote en tu pena.

Si necesitas algo, nos haces llamar.

-Gracias, Trini. -De nada.

A más ver.

-Rosina.

-Liberto, déjame seguir camino. -No sin que antes hables conmigo.

-Yo ya te dije todo lo que tenía que decir.

-Sí, pero tú no has escuchado ni la décima parte

de lo que tengo que decirte yo a ti. Vamos.

Liberto se ha llevado a Rosina.

Menos mal que le avisé que había salido de casa.

Espero que le haga entrar en razón.

-¿Qué rapto le habrá entrado a esa mujer?

Con lo felices que se les ha visto siempre.

-Cuando no tenemos problemas, nos los inventamos.

El caso es no vivir nunca en paz.

(Pasos)

-Buenas tardes.

-Buenas tardes, Úrsula.

Perdona que hayamos venido a visitarte

sin haberte avisado de antemano.

-Siempre y cuando no vengáis a hablar de lo sucedido ayer.

No es de mi agrado hacerlo. -No, por Dios.

No es por eso, en absoluto.

No tenemos intención de chismorrear.

Aunque si necesitas un oído amigo, estoy a tu disposición.

-No te preocupes.

Sabré salir sin necesidad de molestar a nadie con mis cuitas.

¿Qué os trae por aquí?

-Solicitar tu consejo, querida.

Como sabes, la curia nos ha hecho un encargo

para hacerle un regalo al Vaticano.

-Un honor, desde luego. -Y sé, por tu labor

en el patronato, que tienes grandes contactos

en los más altos estamentos de la jerarquía eclesiástica.

-Es cierto. Cuento con la amistad de grandes hombres de Dios.

-Y he visto la oportunidad

de aprovecharme de tus contactos, si me lo permites.

Lo primero que quiero

es que veas el diseño.

-Muéstramelo.

Veré qué puedo hacer.

-Sería este diseño sobre fondo blanco.

-Bellísimo.

Si lo es sobre el papel, más aún lo será sobre la seda.

Sobre todo, si lo haces tú, Adela.

Cuentan, y no paran, de tu habilidad como bordadora.

-Gracias.

-Sentaos, por favor.

Y ahora, querida Susana,...

cuéntame, sin rodeos, el motivo de tu visita.

Que el diseño es impecable lo sabemos tú, yo y el maestro armero.

¿Qué es lo que necesitas?

-No hay nada que se te escape.

Verás, la curia no quiere que alguien que no esté a la altura moral

confeccione algo que va a vestir el Santo Padre.

Con lo cual, tengo que presentarme a una entrevista.

-Así debe ser, pero...

no creo que queden descontentos contigo.

-Ya, pero toda ayuda es buena.

Si pudiera contar

con una carta de recomendación tuya.

-Una carta de recomendación.

¿Recuerdas los Paulinos?

Una fiesta pagana

que dijo muy poco a favor de la religiosidad

de los vecinos de Acacias.

-¡Por Dios, Úrsula!

Eso fue una barrabasada de los criados,

con la que los señores no estuvimos nada de acuerdo.

-De todo hubo:

criados... y señores.

Pero puedes contar con mi ayuda.

No puedo permitir que el Santo Padre pierda la posibilidad

de usar una pieza tan magnífica como la que puede bordar Adela.

Escribiré esa carta. -Ay, gracias.

Te lo agradezco.

-No lo hago por ti, Susana.

Lo hago por Adela... y sus maravillosas manos.

Y ahora, si no os importa,...

no están los tiempos en esta casa para recibir visitas.

Con Dios.

-Con Dios. -Con Dios.

Blanca.

-Buenas tardes, Leonor.

¿Encargando un vestido? -No, quería comprar unos pañuelos.

Pero no están ni doña Susana ni Adela.

Ya regresaré mañana.

¿Cómo te encuentras tú?

-Bien, vengo de la botica que hay al lado del mercado.

-¿Algún enfermo en la casa? -No.

No, son unos ungüentos para mi hermana.

Tiene los pies llenos de cortes y heridas.

En cuanto se le curen, tendré que buscarle

unos zapatos cómodos.

-Si ha caminado siempre descalza, le va ser difícil acostumbrarse.

-A la larga,

uno se acostumbra a lo bueno.

Tengo muchas cosas que enseñarle a mi hermana.

Pero lo lograré.

-Da gusto escucharte hablar de ella. Se nota que la quieres.

-Así como te digo que tengo mucho que enseñarle,

también tengo que aprender a quererla.

Aunque te confieso que soy muy feliz.

Con mi hermana y... mi futuro hijo.

-Y... con Samuel.

Tu esposo. -Claro.

Él también.

Está resultando...

de una ayuda muy especial. Ahora mismo está cuidando

de Olga. Y lo hace con tanto amor como lo haría yo misma.

-Me alegro de que seáis tan felices.

Sobre todo ahora que en mi casa... hay muchos problemas.

-Ya. Espero que se solucionen pronto.

-Por ahí viene Diego. Yo mejor me voy y así habláis solos.

-Blanca.

Escúchame, te lo ruego. -Suéltame ya.

-No voy a soltarte hasta que no hablemos.

-¿Sabes qué? Voy a gritar, voy a llamar a los guardias.

-¿Para qué, para que me detengan? ¿Eso es lo que quieres?

-¡No tenemos nada que hablar!

-Así que vienes con la absurda idea de que nos separemos

y ¿no tenemos nada de qué hablar?

Rosina, estoy teniendo mucha paciencia contigo.

-¿Es que no te das cuenta?

-¿Darme cuenta de qué?

¿De qué?

-Tú eres un hombre joven.

Con toda la vida por delante, sí.

Y no puedes... seguir atado a una anciana.

-¿Una anciana?

Pero ¿tú te estás escuchando, cariño?

Si algún día tuviera que separarme de ti, no sería por la edad.

Sería porque has perdido el oremus.

-Por lo que sea, pero no puedes seguir cargando conmigo.

-Esto es absurdo.

Mira, vamos a hacer una cosa.

-¿Qué haces?

-Déjame un momento.

Ahora quiero que, con los ojos cerrados,

recuerdes el primer beso que nos dimos.

-"¿Qué es lo que estás haciendo?".

"¡Aparta de aquí ahora mismo, Liberto!".

"¿Cómo te atreves?".

-Y el primer baño que nos dimos en el río.

-"No te preocupes, que ya no me he de caer".

-"Bueno, cáigase".

"Zambúllase del todo, señora. Siéntase libre".

"Conmigo puede hacerlo".

"Se lo juro".

"¿O es que acaso no se atreve?".

"¿Le falta coraje?".

-"Te voy a mostrar a ti lo que es coraje".

-Y la primera vez que hicimos el amor.

Ese día que nos descubrieron todos los vecinos.

"Eres la única mujer con la que quiero estar".

"Soy yo quien tendría que estar nervioso..."

-"Calla ya".

"No es preciso que continúes hablando".

-¿Acaso quieres borrar todo esto de un plumazo

y hacer como si nada hubiera ocurrido?

Rosina. Mi amor.

No quiero que olvides nunca que si estoy contigo

es porque eres lo mejor que me ha pasado nunca.

No esperaba encontrarte en Acacias.

-Sin embargo, yo te estaba buscando.

-Si vienes a hablarme mal de Olga, te lo puedes ahorrar.

-Sé que sería inútil.

No me gusta hacer cosas que no sirvan para nada.

Mi opinión ya no importa, Blanca.

Sé que estar a su lado es lo que quieres.

Espero que te vaya muy bien.

-¿Qué significa eso?

Parece una despedida.

-Siempre fuiste muy inteligente.

Antes de irme, quiero pedirte algo.

-¿Qué?

-Prométeme... que no dejarás de dibujar.

Tienes verdadero talento, Blanca. -Eso no importa ahora, Diego.

¿Adónde vas? -Da lo mismo.

Es importante que no desperdicies tu talento.

Que te prepares.

Que aprendas.

Que pases tus ideas al papel.

Estoy convencido de que en unos años,

con tus diseños, puedes llegar a tener el mismo éxito que mi padre.

Me voy.

-Suerte.

-Gracias.

Venga, come.

Espera, Olga. Así no se come.

Puedes comer todo lo que quieras, nadie te lo va a quitar,

pero tienes que hacerlo con corrección.

Usa el cuchillo y el tenedor.

-Sé lo que son. No soy estúpida.

-Úsalos.

Tienes que aprender a usarlos bien. -Me gusta más con las manos.

-Ya.

Pero las cosas no siempre son como nos gustan.

Tenemos que hacerlas como se debe.

-¿Por qué? -Pues porque es así. Anda, come.

Con los cubiertos.

(Puerta)

-Blanca tiene suerte de tener a alguien como tú a su lado.

-Y yo de tenerla a ella.

-Ella más.

-Don Samuel, hay un mozo en la calle que quiere hablar con usted.

Es por algo de la joyería.

-Muy bien, que suba.

-No me parece oportuno con ella aquí.

-Está bien, bajaré.

Olga, salgo un momento a la calle. Subo enseguida.

Me voy al Ateneo, a mis prácticas de esgrima,

¿quieres que te traiga algo?

No. Gracias.

Si quieres, cuando vuelva, nos damos un paseo.

Después vemos, padre.

O vamos a La Deliciosa a tomar un chocolate.

Lo mismo nos encontramos con alguno de los habituales escándalos

del barrio. Una hija ilegítima de doña Úrsula o algo así.

Padre, no sea usted cruel. Como si ellos no lo fueran.

Disfrutan con cualquier desgracia ajena, a las pruebas me remito.

Muchas veces han tenido los ojos puestos en nosotros.

¿Sabes qué podemos hacer? Podemos ir a las barcas.

Siempre te ha gustado remar.

Claro.

Cuando usted regrese.

Perfecto.

Pues espérame preparada.

(Puerta)

Ya se ha dejado las llaves.

Estaba esperando

a que se fuera tu padre.

Pasa. No, no es necesario.

Lo que vengo a decirte... puedo hacerlo aquí.

El intento de hacernos daño

contándole a Adela que Susana es mi madre ha sido patético.

No podrías haber caído más bajo. Simón...

Eres un ser miserable, ¿me oyes? Pero te lo advierto,...

cada afrenta,...

cada intento de causar dolor te lo voy a devolver con creces.

No te inquietes. Tú para mí

ya no existes.

Eso espero.

Por tu bien.

Tengo un cuchillo en la mano.

-No lo vas a necesitar.

Sigue usándolo para comer.

-¿Es que ha venido a darme un beso de madre?

-No, no he venido a eso.

Tú... ¿a qué has venido?

-Me han traído.

-¿Qué es lo que quieres?

¿Matarme?

¿Terminar lo que no pudiste hacer?

-Todas fracasamos.

Usted intentó matarme

de niña.

¿Y ahora?

-Alguna, algún día, lo logrará.

Podemos jugar una partida de cartas

antes de cenar. No.

Siento estar tan abúlica, pero...

Otra vez él, ¿no es eso?

¿Qué más da, padre?

Tienes razón, hija, ¿qué más da?

Eso es cosa del pasado, ahora me tienes a mí.

Nos tenemos el uno al otro.

-Tu marido es muy galante. Y se nota que te adora.

-Ya verás como pronto tú también encuentras un marido que te ame.

-¿Por qué no eres feliz?

No me contestes si no quieres.

-Olga, a veces...

hay que tomar decisiones que duelen.

Buenas noches. ¿Puedo pasar un momento?

-Por supuesto que sí.

-Buenas noches.

-Enseguida aviso a mi padre.

-No es a tu padre a quien quiero ver, sino a ti.

A solas.

Después de una sesión de tira y afloja,

conseguí volver con ella a casa. -Ay, esta Rosina.

Perro ladrador, poco mordedor.

Bueno, por el aire que te gastas,

me parece que la reconciliación habrá sido dulce.

-Como la melaza.

Eso sí, el problema es que ahora...

anda un poco avergonzada por su comportamiento.

Y teme encontrarse con las señoras.

Don Belarmino. Por favor, siéntese.

Esta es la mejor mesa del local.

Verá, he estado pensando.

cuál es la mejor manera

de engatusar... -Por favor, por favor.

No diga "engatusar".

Nuestra propuesta es muy seria

y de gran beneficio para la ciudad. -Sí, si era por abreviar.

Lo que deberíamos hacer...

-Agradezco su ímpetu, y el modo directo con que afronta su trabajo.

Pero ¿podría tomarme un café

antes de hablar de negocios? -Por supuesto.

Víctor, tráele un café al caballero.

-"Nada le he hecho"

a Olga. Tan solo hablar.

Tiene bemoles el asunto.

Estoy tragando con todo.

Incluso he aceptado vivir con esa fierecilla sin domar.

Y tú... sigues zahiriéndome.

Puedo ceder en muchas cosas, Blanca. Pero no puedes pedirme,

ni siquiera Dios puede hacerlo, que le tenga afecto.

O que no tome medidas

para protegerme de ella. -No le he pedido que le dé amor.

Sé que no guarda ni un poquito en su limosnera.

Solo le pido que la deje en paz.

-"Créeme,"

necesito tener la mente alerta.

Gracias. -No, de gracias nada.

Esto me lo pagas o te lo descuento.

Déjate ya de tantas confianzas en el trabajo.

-Hablando de confianzas,

ahora que somos prácticamente cuñados,

quería pedirte un favorcito.

-Tomarán en cuenta tu propuesta. -Ay, no sé cómo agradecértelo.

-No, no pares, mientes en ello.

No hay de qué.

Y te diré una cosa que no debería, y espero que no salga de aquí.

Pero...

tu sastrería...

confeccionará el manto para el Pontífice.

-¡Uy, Susana! -"Me alegro que Blanca"

haya decidido seguir mi consejo

y seguir dibujando para la familia.

-Sus joyas tendrán un toque de identidad.

Por eso necesitamos el crisoberilo amarillo.

Si vas a traer el material,

te pediría esmero en la elección de las piedras. Que destaque.

-Es mi trabajo.

Tendrás las mejores piezas de Minas Gerais.

En cuanto dé con ellas te las envío.

¿O prefieres que te las entregue en mano?

-Haz lo que mejor te venga en gana. Siempre lo has hecho.

-"Guárdate de ella".

¿No te acuerdas lo que te conté?

Intentó matarte cuando eras una cría.

Luego no podrás decir que no te apercibí.

-Demasiado, quizá.

De haber sido así,...

creo que ya ha pagado con creces su intento.

  • Capítulo 637

Acacias 38 - Capítulo 637

10 nov 2017

Blanca pide a su hermana, delante de todos los vecinos, que se quede a su lado en Acacias. Saltan chispas entre Úrsula y su hija. Diego se despide para siempre de Blanca. Adela cuenta a Simón su encontronazo con Elvira y el mayordomo se enfrenta con la Valverde: quiere que le deje en paz.

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