www.rtve.es /pages/rtve-player-app/2.12.2/js
4292118
No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 633 - ver ahora
Transcripción completa

No quiero que pienses en lo que pierdes.

Ni quiero que sufras y maldigas el día de nuestro matrimonio.

-Y no será así, te lo prometo.

Adela, sé que no he sido un buen esposo y que a veces

hasta he sido incapaz... de muchas cosas,

lo sé, y lo siento.

Pero eso cambiará. -"Alguien ha robado la tiara".

¿Quién ha podido ser?

Los invitados eran de confianza y el servicio ha sido registrado.

-Alguien escurridizo capaz de colarse en la casa.

Alguien cercano que busca hacer daño a Úrsula.

-¿En quién estás pensando?

-Olga.

¿Todos habían trabajado como camareros?

-Todos. Y todos con buenas referencias.

Descarté a los que no me daban buena espina.

-Parece que su intuición falló.

-Pues consideraré que así ha sido,

si se demuestra que el robo fue obra de alguno de los camareros

que yo envié a casa de doña Úrsula. -"¿Estás en estado?".

-Eso creo.

Me gustaría que fuese una noticia feliz, como lo es para tu madre,

pero... todo es mucho más complicado.

-Blanca, mira que tengo alma de escritora

y se me dispara la imaginación.

¿Vienen las complicaciones de...

la identidad del padre?

-Así es.

-Diego.

Qué alegría verle.

Qué ganas teníamos de que volviera a estar entre nosotros.

-Le hemos echado muchísimo de menos.

-Y yo a ustedes, amigos míos. Y yo a ustedes.

-"Les tienes en ascuas".

Esperando a que des la noticia.

-No hay noticia, no hay niño.

-¿Cómo?

-Pues eso, que...

me acaba de llegar la melancolía.

-Tú no has perdido al niño. A ver cómo te lo explico.

Que no estabas embarazada.

A cierta edad, las mujeres

dejamos de recibir esa visita todos los meses.

Te encontré.

¿Por qué te escapaste? -Déjame.

-Eso no es una respuesta.

Blanca te otorgó su confianza y yo la mía al acogerte en mi casa.

Pero tú te fuiste sin darme una explicación.

Ni una palabra. ¿Qué escondes, Olga?

Olga, quizás si te explicaras...

Olvídalo.

No te vas a marchar. No sin contarme...

La cosa ha llegado demasiado lejos. ¿A qué viniste?

-¿Tú qué crees?

-Buscando a Úrsula, supongo.

La odias incluso más que yo.

Pero no estoy de tu lado. No totalmente.

Dime,... como no has podido matarla...

y la cosa se te ha complicado,...

¿ahora tratas de hacerle daño por otros medios?

-No te entiendo.

-Tú robaste la tiara real.

-No sé de qué me hablas. -Dime la verdad.

Se te nota en los ojos.

Fuiste tú.

Tú robaste la tiara.

La anfitriona no tardará en hacer acto de presencia.

Me ruega que les diga que sigan disfrutando del piscolabis.

-Pues mira que le gusta hacerse de rogar.

Con las ganas que tengo de darle un abrazo y hablar con ella

de patucos y peleles. -Estará terminándose de arreglar.

-Perdón, don Felipe.

Discúlpeme que le moleste, pero quería decirle

en nombre de todos los criados, que nos alegramos mucho

de su reposición.

-Agradecido, Casilda. Aprecio el detalle.

-Cómo me gusta que nos reunamos y hablemos así.

Sin protocolos ni cortapisas.

De hecho, aprovecho para deciros que me encantaría que la relación

entre Lolita y Antoñito cuajara

y así tuviéramos pronto una nueva fiesta.

-Si estás utilizando la ironía,

será mejor que te calles, Leonor. No sabes el daño

que puedes llegar a hacer. -¿Daño por qué?

Me agrada la pareja.

¿O es que olvidas que yo he sido felizmente casada

con un mozo de sastrería? -Muchachas, por favor, haya paz.

-No, si no estoy batallando. Tan solo trato de decir

que a mí me gusta

ver florecer el amor.

Creo que es la única cosa importante.

Además, María Luisa,

¿qué tanta diferencia hay entre tu compromiso

con Víctor y el de Lolita y Antoñito?

-¿Cómo? -Ninguno.

-Señoras, yo eso lo matizaría.

No es lo mismo

emparentar con la familia Seller o Ferrero

que con una estirpe montaraz de Cabrahígo.

Sin ánimo de ofender, Trini.

¿No le parece a usted, don Ramón?

-Debo reconocerle que no me ha sido fácil aceptar

la relación. Pero no por Cabrahigo en sí, desde luego,

sino por lo que tiene de morganática.

-Lo que yo digo.

También, como bien sabe usted,

no soy partidario

de las efusiones en público, pero también debo reconocerle a usted

que he comprendido que a mi hijo le hace mucho bien

esa relación, y con eso me siento satisfecho.

-Tieta.

Vaya a ver cómo se encuentra Rosina.

Que ya es mucha tardanza. ¿Usted sabe si le pasa algo?

-No, hijo, ¿qué ha de pasar? Solo que...

Ahí viene.

(TODOS) Que hable,

que hable,

que hable, que hable.

-Felipe, qué alegría.

Bueno, amigos, yo...

me disponía a darles una noticia, pero...

-No te preocupes, Rosina, que ya lo sabemos.

-Sí. Y no te enfades.

Pero es que la noticia corrió como la pólvora.

-Aquí tiene,

una medallita de Nuestra Señora y unos patucos en color blanco,

para que le sirvan venga lo que venga.

(TRINI RÍE)

-Rosina.

-¿Hemos hecho algo inconveniente? -Voy a ver lo que sucede.

Es incomprensible.

-Vamos, amigos, volvamos todos a nuestros quehaceres,

que no tenemos nada más que hacer aquí.

Cada mochuelo a su olivo.

-Vamos.

¿Cómo que no tienen ningún sospechoso?

¿Ni un dato, un indicio, una pista? -Lo lamento, señora, pero así es.

Hemos interrogado a todo aquel que pudiera saber algo.

-¿Al servicio también?

-Incluido, naturalmente, el servicio que atendió la fiesta.

Y nada. Es como si la alhaja se hubiera desvanecido.

-Pues no se ha desvanecido, comisario.

En absoluto.

Me temo que esta falta de resultados no va a gustar nada en palacio.

La marquesa de Urrutia, con quien tengo el gusto de tratarme a menudo

e íntimamente, me ha trasmitido el malestar de la casa real.

-Insisto, señora,

hacemos todo lo que podemos.

Ruego se lo transmita a sus amistades.

-¿No va a decir nada más?

¿Acaso he de recordarle

que la joya sustraída es propiedad

de la Corona? -Señora,...

como usted comprenderá, dado mi cargo,

mi respeto hacia la monarquía es absoluto.

Y como ya le he comentado antes,

mi dedicación al asunto.

Pero no es el único caso que nos traemos entre manos.

-Debería serlo.

-De nuevo mis disculpas, señora. Pero por ahí no paso.

Todas las víctimas de un delito han de tener el mismo trato.

-Loable actitud. Permítame una pregunta, comisario.

¿Qué cree usted que hará el ladrón que se ha llevado la tiara?

-Es una joya muy conocida.

Por tanto, difícil de vender en España.

Lo más probable es que quien se la haya llevado,

trate de sacarla fuera de nuestras fronteras.

(Llaman a la puerta)

-Voy a abrir yo, Carmen no está.

-Pero es significaría

que no la volveríamos a ver. -Es tan solo una posibilidad.

Aunque muy probable. -Espero que, por el bien de todos,

comisario, usted se equivoque

y la joya aparezca pronto.

¿Quién era? -Un mozo ha traído esto.

-¿Qué dice?

-Nada importante.

Bueno, Servando, ¿de verdad que no quiere usted una sopa de achicoria?

-Que no, que no, y mira que me fastidia decir que no

a una invitación, pero es que me espera un almuerzo de aúpa

y quiero llegar con ganas. -La Juana.

-Sí, que le he caído bien.

-Como el que cae del cielo.

Servando, que se la ha camelado.

-No, que me he dejado, como mucho. -Ah, no te he contado, Casilda.

Ayer, la Juana

le preparó al Servando un guiso de choto

de no te menees.

Pero con sus postres y todo. Vamos, un festín.

-Pues muy mal me parece, Servando.

La pobre Juana no se merece la mofa. -¿Yo, mofarme de la Juana

con el guiso de castañas que hace? Vamos. La venero.

-Yo solo le digo una cosa, Servando, usted le está dando alas

y, al final se va a cansar hasta del guiso.

Y ella, a verlas venir.

-¿Cansarme yo del guiso de castañas de Naveros del Río?

Nunca. -Es usted un hombre casado.

No tendría que andar por ahí galanteando,

ni siquiera pelando la pava con ella.

-Oye, que yo no tengo nada serio con esa señora, que tenemos una amistad

bien entendida.

Ella me provee de zampa y yo le hago sentirse guapa

y merecedora. -Diga la verdad, Servando.

Juana se ha chiflado pero bien.

-Y usted se ha "vendio" por un plato de lentejas.

-Niña, que yo no me vendo.

Además, las lentejas, si quieres las tomas y si no las dejas.

Yo soy... mucho más fino "pa" eso.

Hoy me va a traer un codillo de los que ha "guisao"

para sus señores. -Pero ¿tiene otra cita hoy?

-Vamos a ver, Servando, usted no tiene conciencia ninguna, ¿eh?

Verá como se entere la Paciencia.

-Sí, pues no sé cómo se va a enterar

si no le va alguien con este cuento.

Me gustaría que esta conversación quedara entre nosotros,

sobre todo que no se entere la Fabiana,

que es muy amiga de mi costilla. -Ah.

Eso sí, ¿no?

Bueno, pues si usted no está haciendo nada malo,

no tiene por qué preocuparse

de que se corra la voz de sus andanzas.

-Oye, niña, que no es mala conciencia.

Lo que pasa es que la Fabiana es muy siesa y se lo toma todo a pecho.

Mira, que porque me guste a mí el codillo, llamarme mujeriego...

Hombre, por Dios.

-Por la manduca o por las faldas, el jefe se va a meter en un buen lío.

-Pues a ver si aprende.

-Oye, Casilda,...

que no te he contado nada porque no se informara el Servando,

pero ¿cómo terminó el convite doña Rosina?

Tengo entendido que se fue en un mar de lágrimas.

-Es cierto, Martín.

Pero vamos, que la señora tampoco me quiso contar por qué.

Lo que le ocurre a doña Rosina es una "incónita".

O como se diga esa palabreja.

Las cosas de doña Rosina, Martín.

¿De verdad que no tienes ni idea de lo que pudo alterarla?

-Compréndeme, Celia, aunque lo supiera

no sería correcto decírtelo.

Ya te lo dirá ella, si le apetece.

-Desde luego, tampoco pretendía sonsacarte.

Pero me aflige en gordo.

Una noticia como la de ser madre no debería alterarla.

¿Cómo está Adela?

-Ay, muchísimo mejor.

Se le nota hasta la lozanía de la cara.

El hecho de que llegue a trabajar un poco tarde, lo dice todo.

-Simón se está portando como un buen marido, entiendo.

Y no solo por eso.

-¿Acaso dudabas de que Simón,

con lo cabal que es, no terminara venerando el matrimonio?

No se está comportando como un buen marido, es un buen marido.

-¿Y ha dejado atrás su querencia por Elvira?

-Y tan atrás.

Ha comprendido que no era ni querencia.

Sino una relación malsana,

una obsesión.

Todo eso... ya quedó atrás para él.

-Yo creo que con lo de los vidrios rotos,

Elvira cruzó el límite. -Simón no tolera la crueldad.

Pero no avivemos el fuego hablando de iniquidades.

Quedémonos en paz.

-Si el mal ya está hecho.

Ahora que han conseguido acercarse, mejor que nada estorbe sus vidas.

-Son un matrimonio sano y equilibrado.

-¡Señora!

Buenos días, doña Celia. Esto es para usted.

Es un sobre lacrado que me acaba de dar un mozo.

Viene del mismísimo obispado.

-Ábrelo, a ver qué dice,

ábrelo.

-Su ilustrísima nos confirma

que la procesión de la Virgen pasará por Acacias.

-Ay.

-Felicidades.

Es un gran acontecimiento para nuestro barrio.

-Es el mayor honor que se ha otorgado jamás

a la Sastrería Seller. Es un hecho que se recordará

durante años.

-Y todos los vecinos podremos admirar vuestro trabajo

en todo su esplendor. Enhorabuena.

-Esperen que todavía hay más.

El señor obispo y Su Ilustrísima

han quedado tan impresionados

con nuestro manto, que quieren pedirle un encargo muy especial

y de gran responsabilidad. -Bueno.

Pues los deseos de Su Ilustrísima

y la curia son órdenes para la Sastrería Seller.

¿Cuál es el encargo?

-Quieren saber si podemos cortar y bordar una capa que será enviada,

ay, que no se lo van a creer,

que será un regalo para el mismísimo pontífice León XIII.

-¿Nuestros paños en Roma?

-Ave María Purísima. -¿En el Vaticano?

¿En los aposentos privados de Su Santidad?

Celia, pellízcame que quiero ver que no estoy soñando.

La enmarcaré.

Ve cogiendo papel y pluma que vamos a contestar.

La Sastrería Seller

agradece la confianza depositada en ella

y confirma

su disposición para tejer y bordar esa capa para el Vaticano.

Ay, que Dios nos bendiga a todos.

Menudo bochorno tuve que pasar ayer en la fiesta fallida de doña Rosina.

-Es Rosina la que estaba llorando

y nuestra Luisi la que se abochorna.

-Sabe perfectamente a lo que me refiero.

Mi hermano y su,

su asunto están en boca de todo el barrio.

-¿Una miaja más de café, don Ramón?

-Y, por si eso no fuera suficiente,

las lenguas me están empezando a incluir a mí en sus murmuraciones.

-¿Lo dices porque compararon

la relación de Lolita y Antoñito con la tuya con Víctor?

Pues no hagas ni caso, Luisi.

A tu padre y a mí nos pasó lo mismo al principio.

-Claro que sí. Mal de muchos, consuelo de tontos.

El caso es que somos la comidilla de todo el barrio.

-¿Puedes dejarlo de una vez? Aquí el aludido soy yo

y, no se me ha quitado ni el apetito.

-Tu hermano tiene razón en eso.

Y, si no te vale, debería valerte que tu padre ha dado consentimiento

a la relación. -Padre, por favor, diga algo.

No me puedo creer que le esté sentando bien este escándalo.

-No me es grato discutir este asunto así, en público.

-Padre, Lolita no solo es mi novia,

sino también parte implicada en el asunto.

Ella no es una extraña. -Déjame terminar.

Ciertamente que di mi consentimiento para la relación.

Lo cual no quiere decir que haya dado carta blanca a la pareja

para protagonizar espectáculos poco edificantes

en mitad de la vía pública. -Eso lo dice por el beso.

-Calla, calla. -Sí, Lolita, sí,

lo digo por el beso. ¿Qué necesidad tenías?

También a mí me dolieron los comentarios en la reunión de ayer.

Estuve a punto de abandonar la velada.

-Padre, por favor. -¿Es que crees que es para menos?

Y eso porque padre, en su mesura, no quiere hacer más sangre.

-¿Te puedes callar de una vez?

Ay que ver cómo me asquea que esta sociedad lleve en las venas

el clasismo y el señoritismo.

Cuando en el fondo somos todos personas.

-Personas distintas. Te guste o no, las clases existen.

Y no se nos pueden olvidar nunca las diferencias.

-Lolita,

no es por ti, pero tú sabes que tengo razón.

Ninguna mujer, sea criada o señora, debería señalarse a sí misma

declarando su amor en público por un hombre.

-Pues si nos ponemos así, tú, que eres mujer, y más joven,

no tendrías ningún derecho

a decirme nada a mí, varón y primogénito.

¿Y tú no has tenido ningún encuentro cariñoso con Víctor en la calle?

-Nuestros besos siempre han sido castos.

Y por eso nunca jamás hemos dado que hablar.

-Ah, no, Luisi, querida, eso no lo sabes.

La gente habla mucho.

Y casi siempre a las espaldas, nunca a la cara.

Así que, como dijo Leonor en casa de Rosina, sí,

tu relación ha de parecerse a la de Lolita y Antoñito.

-Y Leonor no es precisamente sospechosa

de beatería y papanatismo. ¿Qué más dará

de dónde venga cada uno?

-Palabras. Modernidades

que a saber cómo terminan.

Vosotros dos habéis tenido mucha suerte de que todo el mundo

esté hablando sobre el robo de la tiara y el misterio de doña Rosina.

-Señores, ¿puede retirarse una?

-No, no puedes retirarte todavía.

-Hijos. -No, padre, no.

No nos corte ahora porque su hija

se está comportando de una forma intolerable.

-Intolerable es vuestra cerrazón.

Lolita, ¿por qué no hiciste lo que te pedí?

-Ay, Dios. A ver.

-¿Cómo?

¿Qué te ha dicho?

-Pues que...

de seguir contigo, con esto,

que te hundiría la vida "pa" siempre.

-¿Y acaso no es verdad?

-María Luisa, cállate.

Padre, su hija ha tenido el poco respeto de entrometerse en mi vida

y faltarle el respeto y amedrentar a mi novia.

Mi novia.

Y eso que usted nos dio el consentimiento.

-Padre, usted piensa igual que yo, ¿verdad?

-No, hija, no.

Te has excedido.

Le dije a tu hermano que tenía mi bendición,

por mucho que no esté de acuerdo en algunas cosas.

-Ya lo has escuchado.

Y ahora, anota que Lolita es mi novia.

Y tú te tienes que referir a ella como tal.

Y si no, vamos a tener más que palabras.

Ahora sí que estoy preocupada por mi madre.

Ella no ha salido de la habitación y tampoco

me ha dado ninguna explicación.

-Por lo que me cuentas, es posible que estuviera dolida

porque todos los vecinos conocían ya su secretillo.

-Bueno, sí, puede estar decepcionada.

Pero... No sé. Hay algo que no me cuadra.

¿Salir corriendo y llorando porque todo el mundo conoce su estado?

No. Algo más hay. -Bueno, las mujeres embarazadas

a veces reaccionan de forma desproporcionada.

Se suelen poner más sensibles de lo habitual.

-Quizá, pero... ¿reaccionan y se ponen o...?

-O reaccionamos y nos ponemos.

-¿Tú estás segura ya de eso? -No del todo.

Pero la certeza se va abriendo camino.

-¿Y te has hecho ya a la idea?

Porque yo no sé si preocuparme por ti o alegrarme.

-Una criatura siempre es una bendición, ¿no?

-Eso dicen.

Es la mejor manera que te lo puedes tomar,

como una bendición y como una alegría.

¿Me acompañas dentro?

Quiero reservar unos pestiños para mi madre,

a ver si se alegra un poco.

-Me encantaría, Leonor, pero no puedo.

Debo ir a casa.

Esta mañana no he visto a Samuel en el desayuno

y anoche llegó muy tarde. Además, estaba muy callado.

No sé si es por la desaparición de la tiara o le preocupa algo más.

-Está bien.

Espero que todo se aclare pronto.

Con Dios. -Gracias.

Blanca, ¿puedo hablarte un momento? -Depende de qué.

No quiero volver a escuchar tus reproches.

-Ni yo pienso repetirlos.

Solo quiero ponerte al día de tu hermana.

-¿La has visto?

-He hablado con ella.

Ayer noche, cuando cerraban la chocolatería,

trataba de hacerse con algún mendrugo para la cena.

-Dios santo. ¿La tienes en casa?

-Huía de mí. Se me escapó.

Porque le hice alguna pregunta comprometedora,

aunque quizá de todos modos hubiese escapado de mí.

-¿Qué te dijo? -Evasivas,

como una criatura pillada en falta.

Estoy convencido que está detrás del robo de la tiara.

No por sus palabras, por su actitud.

-¿No hay un chivo expiatorio mejor?

Por el amor de Dios, Diego, vive en la calle, es imposible.

-No sé cómo lo hizo.

Del mismo modo que no sé cómo sigues dejándote manipular por Úrsula.

-¿A qué viene eso? Diego,

no estás en tus cabales. -De acuerdo.

Primero estabas muy feliz cuando te enteraste que tenías una hermana.

Después, cuando apareció,

te vinieron las preocupaciones.

Pero ¿te has molestado en conocerla de verdad?

-Pero yo tampoco puedo. No se abre conmigo.

-Blanca, por un momento piensa como si no fuese tu hermana.

¿Acaso no es una mujer que solo busca venganza?

-No estoy segura de poder reprochárselo, Diego.

Mi madre le robó su vida.

Se la cambió por una de miseria y soledad.

-No hablo de si ha habido justicia o no en su vida.

Quizá no la haya en la de ninguno de nosotros.

Pero una mujer que solo busca venganza a toda costa, es peligrosa.

-¿Necesitas hablar?

-Con el debido respeto, señora marquesa,

no puede usted culparme de la desgracia.

-Naturalmente que lo hago.

Suya es toda la responsabilidad.

La tiara desapareció en su casa.

Y eso es, como mínimo, negligencia.

Negligencia

e ineptitud.

-Estuvimos juntas y de acuerdo

desde el principio.

No es justo... -La organización quedó a su cargo.

Yo conseguí, eso sí, me enorgullezco,

que la casa real nos prestara la tiara.

Suya era la competencia en materia

de seguridad.

-Todos los invitados eran de absoluta confianza.

-¿Todos?

Los que yo invité desde luego.

Nobleza. Apellidos ilustres.

Pongo la mano en el fuego

por ellos.

No puedo decir lo mismo de los suyos.

Vecinos.

Quizás algún proveedor, no lo sé,

pero desde luego, de más baja ralea.

-Permítame que enmiende mi error.

Presionaré a la policía para que aparezca a no mucho tardar.

-¿Qué influencias tiene usted para presionar a la policía?

-Eso ahora no importa.

Contrataré investigadores privados,

pagaré lo que sea para devolver la tiara a la reina.

-Más le vale.

-¿Ya se marcha?

Ni siquiera ha probado el té. -Estaba servido cuando llegué,

frío por tanto, gracias.

-Permítame que le acompañe a la puerta, no sé dónde

ha podido meterse la doncella. -No es necesario que me acompañe.

-¡Carmen!

¡Carmen! ¡Ven aquí inmediatamente!

-Señora.

-¿Por qué has servido el té antes de que llegara la marquesa?

-Yo solo quería que ustedes hablaran sin temor a que nadie las escuchara.

-No vuelvas a hacerlo nunca más.

Yo te diré cuándo estar, y cuándo puedes retirarte.

¿Qué se habrá creído esa mezquina?

¡Marquesa!

Y ahora intenta escurrir el bulto.

Y con qué humos. Como si yo fuera basura.

Pero se acordará.

No soy de las que toleran que se las humille y desprecie.

-Señora, ¿prefiere quedarse a solas?

-Tú sabes bien las vueltas que da la vida.

Y esa marquesa de tres al cuarto lo aprenderá.

¡Juro que lo aprenderá!

No puede mirarme desde sus alturas y salir impune.

No.

Me las pagará.

Me las va a pagar.

Nada hice mal.

Nada hice mal el día del homenaje de mi marido.

Fue mala suerte. El destino,

que se cebó conmigo. Maldito destino.

El destino...

y Diego Alday.

Fue él.

Quien, con su melodramático y sombrío discurso,

hizo que todos le miráramos

y perdiéramos de vista la tiara.

Y nombró a Olga delante de todos.

¿Es cierto o no es cierto? -Es cierto, señora.

-Y Olga...

Debo cuidarme de ella.

Es de mi sangre.

Y por tanto, destructiva.

La destrucción es lo único que la conforta.

Me cuidaré de ella.

Tengo medios para defenderme. También para atacar.

Puedes retirarte.

9Ni Diego Alday, ni Olga, ni esa condenada de marquesa

podrán conmigo.

Se van a arrepentir de haber osado enfrentarse a mí.

Que sí, Fabiana, que sí, que tiene usted toda la razón del mundo.

Que es un orgullo para todos que doña Susana haya podido

cambiar el recorrido de la procesión de la Virgen

para que pase por la calle Acacias. Pero, bueno,

tendrá usted que prepararse, ¿no? -No todo el mérito es de la sastra.

Que dicen que el manto es una preciosidad.

Tengo unas ganas de verlo. -Ah, pues pronto.

Pronto lo va a ver porque va a pasar por aquí en un plis.

Así que tendrá usted que prepararse y, si me perdona,

porque yo me tengo que peinar. -Bueno, peinarse y merendar.

A la vista de la mesa "to" puesta. -¿Qué mesa?

-Pues esa que tiene usted ahí dispuesta "pa" dos.

¿Espera usted a alguien? -¿Quién, yo?

-Sí, no, mi prima.

Hombre, a no ser que tenga usted inquilino.

-No, es la...

Qué va. No... Es que uno es un sentimental

y, siempre le pone un cubierto

a mi Paciencia, que bendita sea.

Bueno, y si ya ha dejado usted de inspeccionar mi humilde morada, ¿ya?

-Que sí, ya voy, hombre, que ya voy. Que ya me voy, "pesao".

-Adiós.

Lo que...

Lo que es la cabeza, ¿eh?, que parece que hasta aquí me llegan

los olores de esos codillos.

Bendita sea esta Juana.

¿Cómo estoy?

Maravillosa.

Las joyas de tu madre lucen en ti como lucían en ella.

Arrebatadora. Gracias.

¿Vas a la procesión? Vamos.

Me he arreglado con tanto esmero

precisamente para presumir de padre.

Quiero que todo el mundo

me vea cogida de su brazo. En armonía

y con la frente bien alta. Me gusta lo que escucho.

El orgullo de los Valverde.

Aunque supongo que se levantará algún revuelo.

Revuelo, ¿por qué?

¿Acaso creían que me iba a encerrar a llorar por ese mayordomo?

Si es así, les demostraré que se equivocan.

Elvira Valverde empieza su vida ahora.

Esa es la raza de la familia.

Nuestra familia. Le creo.

Precisamente son sus palabras las que me han hecho reflexionar.

Usted dijo que había tirado mi vida por la borda.

Que ningún hombre me querría después de...

Bueno, es igual. Demostraré que no es así.

Nunca es tarde para intentarlo, hija.

Solo se levanta el que cae.

Y bien sabe Dios que yo he caído.

Pero que ahora me levanto con más fuerza que nunca.

Me merezco un futuro halagüeño.

Y si ese mayordomo ha decidido casarse con otra,

yo también encontraré al hombre que me haga la mujer

más feliz del mundo. Esa es mi hija.

¿Ordena la marcha, mi capitán?

Espera.

Mejor me pondré el uniforme.

No habrá un padre más orgulloso

en toda la ciudad.

Buenas tardes. -Alabado sea Dios.

Si es, que solamente el olor ya te transporta al séptimo cielo.

-¿Cómo?

-No, que voy a cerrar la puerta para que no venga ningún entrometido

y me quite mis momentos de felicidad.

-Pero ¿quién querría arruinarle a usted nada?

Con lo requetecordial que es usted.

-Uy, si yo le contara.

Siempre hay un parche "pa" un descosido, sí.

Esto se lo pone usted al mismísimo Felipe II

y se le quita esa cara de vinagre que tenía.

-No es porque una quiera darse humos.

Pero todo,

todo lo que yo hago está buenísimo.

Todo.

Vamos, Servandín, que no hemos nacido ayer ninguno de los dos.

No se me ponga "colorao".

-Que no sé por dónde va usted.

-Pues debería. Vergonzoso.

¿Sabe lo que se me ha ocurrido?

Que mañana le hago una tortilla, nos vamos a la ribera del río

y allí, una vez alimentado

como Dios manda, me recita esos versos otra vez.

¿Se puede creer que sueño con ellos mientras duermo?

-Ya.

Pues... mira que me duele rechazar esa tortilla, ¿eh?,

porque me la imagino gorda y jugosa

como como una tortilla gorda y jugosa,

pero no voy a poder ir con usted de excursión.

-¿Y eso?

Bueno, da igual, me la traigo aquí,

cerramos la puerta bien cerrada

y nos comemos la tortilla

y lo que caiga.

-La trompetilla, Juana, la... Sí, sí.

Es que mañana...

Que digo yo que por qué no mejor me deja aquí la tortilla

y luego yo ya me la comeré cuando mis obligaciones me lo permitan.

-No, no, no, no. Mi padre decía que la comida

sabe mucho mejor en compañía. Y que es mayor exquisitez

si la comen dos en lugar de tres.

Hasta mañana.

Que aproveche, don Servando.

Por fin. No te veía desde ayer.

¿Qué has estado haciendo?

-Anoche me llegó una carta de un perista conocido de mi padre

tiempo ha. Don Ricardo Antequera Parilli.

Alguien trató de colocarle la tiara y me informó.

-Pero ¿es de fiar?

¿Lo sabe la policía?

-He estado con don Ricardo y con el comisario Méndez

planificando la recuperación de la tiara.

-Samuel,

¿no es demasiado estúpido tratar de venderle una tiara tan conocida

a un reputado perista?

Sería mucho más sensato que el ladrón dejase pasar un tiempo,

o al menos que tratase de venderla fuera de España.

Aquí es suicida. -Cierto.

Por eso pensamos que tal vez se trate de un descuidero poco avezado

o un novato. O simplemente un estúpido.

-O puede que Diego tenga razón.

-¿Qué te ha dicho? -Lo mismo que a ti.

Cree que Olga puede estar detrás del robo.

Puede que esta vez no esté del todo errado.

-Yo también lo pensé en su momento, mas...

ahora me parece ridículo.

¿Cómo va a poder Olga,

colarse en medio del evento y llevarse la pieza más admirada?

-Ya, ya sé que suena demencial.

Pero Olga, criada en el bosque, sin formación,

solo alguien que desconoce las leyes más elementales

se arrojaría de esa forma a la policía.

Está claro que el ladrón no es un profesional.

-O sí. Y todo esto no es más que una mera trampa.

Por eso he querido que desde el primer momento el comisario

y el perista se pusieran de acuerdo. Y ambos coinciden.

Es un asunto turbio.

Demasiado turbio.

-Supongo que ese perista, don Ricardo,

fingirá aceptar siempre protegido por la policía, ¿no?

-Así es. Con alguna pequeña variación.

Don Ricardo no acudirá a la cita.

Lo haré yo.

-¿Tú? Pero ¿por qué tú?

Samuel, es demasiado peligroso.

Por favor, deja que la policía haga su trabajo.

No vayas, por favor.

No pasará nada. El comisario

ha encargado al inspector y a varios guardias que estén alerta

por si corro peligro.

¿Nada? -No.

No ha salido de su habitación.

He entrado un par de veces, pero estaba dormida.

-O lo finge.

¿Qué crees que le sucede, Liberto?

-No lo sé. Me encantaría saberlo.

Lo que no entiendo es por qué no quiere explicarme nada.

Soy su esposo. Mi tía está al tanto de todo, ¿por qué yo no?

-He intentado sonsacárselo a tu tía, pero no he conseguido nada.

Anda muy atareada contando a los cuatro vientos que la procesión

pasará frente a su negocio. Ya la conoces.

-Ya. Pero yo necesito saber qué es lo que aflige a mi esposa.

Además, no sé, tal vez pueda ayudarla.

Es que no es normal que una persona pase de la euforia

al desaliento sin transición.

Mira, yo voy a hablar con ella.

Voy a despertarla, esto no puede seguir así.

Gracias a Dios, cariño, mi bien,

mi vida, ¿cómo estás?

¿Qué ha ocurrido? -Demasiadas preguntas.

¿Podéis dejarme sola? No quiero ver a nadie.

-Pero, mi amor, ¿por qué no solucionamos las cosas hablando?

Siempre hemos arreglado todo hablando.

-Por favor, Liberto, ¿es que no me has oído?

Dejadme sola.

No quiero verte, Liberto. Vete.

Vete de mi casa, de mi vida. Vete, Liberto.

-Pero, madre, por favor.

-No, ¡por favor vosotros! Escuchad lo que digo.

Por favor, largaos.

Podéis decir lo que queráis.

Pero que el convite de doña Rosina terminara como el rosario

de la aurora ha sido una bendición para nosotros.

Está todo riquísimo. Bueno, hay alguno un poco rancio.

-Mira que eres animal, ¿eh, Martín?

Yo no sé qué le pasa a doña Rosina, pero lo tiene que estar pasando mal.

Es que la he oído llorar en su alcoba.

-No quiero ser pájaro de mal agüero, pero una desgracia muy gorda

le habrá pasado. Una tragedia.

-Tampoco la vida de Servando debe ser un lecho de rosas.

Ni siquiera ha probado un canapé. -Estará empachado.

Porque en la portería, por la mesa que he visto,

parece que iba a comer por dos.

-Bueno, Fabiana, que no airee más mis intimidades.

Además, ya le he explicado yo lo de mi mesa de matrimonio.

-Usted se ha explicado y yo no me he caído de un guindo.

-Y hoy, y sin que sirva de precedente, he de reconocer

que la Lolita y el Antoñito Palacios me la han dado con queso.

Ni me lo esperaba, ¿eh? -Pues yo sí que me lo olía, ¿eh?

¿No os fijasteis en cómo siempre Lolita defendía al señorito?

Vamos, estaba cantado.

-Yo no puedo decir nada porque lo sabía desde el principio.

Pero bien que intenté sacarla de ese embrollo.

Si es que las relaciones entre los criados y los señores

siempre terminan malamente.

Pero nada, ella estaba "atolondrá". Y sigue "atolondrá".

-El mundo al revésl. Razón tienes en que eso no puede acabar bien.

¿Por qué no se queda cada quisqui

en el sitio que Dios le ha dado?

-Bueno, "seña" Fabiana, puede que usted tenga razón, como siempre,

pero...

yo, viendo que ahora don Antoñito va de frente,

la verdad es que me haría mucha ilusión que fueran al altar.

-Tonterías, esos dos van a durar menos que un chorizo

en la puerta de una escuela. -Me temo que así será, sí.

Una cosa es lo que nos gustaría,

y otra la que el destino hace con nosotros.

Y si al destino le pones en bandeja la desgracia,

-¿Y ellos? Que Han hecho todo lo que han podido para dar que hablar,

porque mira que ese beso en plena rúa...

-No es por faltar, pero a Lolita le falta un tornillo.

Vamos, que la terraza la tiene "descompensá".

Si es que ni a los señores se les ocurre hacer eso.

Un ósculo. Vamos, que está como una cabra,

que no se puede decir más.

-No tengo bastante con aguantar a mi señorita,

que hasta las de mi propia ralea me desuellan a mis espaldas.

-Han empezado ellos, ¿eh?

-Lolita, no te lo tomes a mal.

Es que nos tienes preocupados.

Bueno, más bien acongojados.

Ay, Lolita, si es que, ¿dónde te has ido a meter, mujer?

-¿"Pa" qué enfadarme?

Si yo habría dicho lo mismo de ser otra

la que se enamora de un señorito. -Todavía estás a tiempo, muchacha.

-Está siendo un suplicio trabajar en esa casa.

-Y sí, Servando, tienes razón. Metí la pata con lo del beso.

Bueno, me besó él. Bueno, que nos besamos los dos.

La cosa es que hasta don Ramón, que ya no lo teníamos ganado,

ha estado a punto de echarse para atrás.

-¿Y piensas seguir sirviéndoles como si no pasara nada?

Celia me ha hablado tanto de usted, que ya estaba deseando conocerle.

-Me ocurre lo mismo. Durante mi estancia en el hospital,

Celia me contó lo que hizo en el terremoto.

Le felicito. Se comportó como un héroe.

-Solo hice lo que debía. Pero, por favor, pasen. Siéntense.

-Gracias.

-¿Ron, whisky, ginebra?

-A mí no me sirva nada, gracias, hoy es la procesión de Nuestra Señora.

-Whisky, por favor.

-¿Se encuentra más tranquilo?

Todos nos quedamos muy preocupados después de lo ocurrido

en el homenaje a su padre. No guardo secretos

para Felipe.

No solo le puse al día de lo bien que actuó en el terremoto,

también de todo lo concerniente a usted

y a su familia. -Comprendo.

Desde que llegué a Acacias...

las cosas no han sido fáciles para mí.

Pero los consejos de Celia, y su amistad,

han sido una grata ayuda.

-No me cabe duda.

Le ofrezco mi apoyo y confianza en caso de que lo requiera.

-Lo mismo le digo, Felipe.

Dicho esto,...

quería comentarles algo que me preocupa.

-¿Tiene que ver con la tal... Olga?

Esa mujer de la que habló el otro día.

-Así es. Hace poco he sabido algo

muy extraño.

Úrsula tuvo dos hijas, mellizas.

Según sus propias palabras, no podía mantener a las dos.

Y dejó a una de ellas a cargo de una familia.

Pero, al parecer,...

no existe tal familia.

Se limitó a abandonar a Olga en el bosque.

-Por todos los santos. -Sea como fuere,...

Olga es hija de Úrsula, hermana de Blanca,

señora de Alday.

-¿Y cómo se ha tomado Blanca tal sorpresa?

-Se ha cegado.

Se siente tan culpable por haber sido ella

la que se ha quedado con su madre, que... parece incapaz

de ver cómo es Olga realmente. -¿Cómo es esa mujer?

-Un animal salvaje, una desdichada.

Si bien no es su culpa, Olga es solo una víctima.

Pero no... Olga no tiene... -La más mínima educación.

-Como si hubiese sido criada entre lobos.

El caso es que Blanca...

no parece capaz de concebir... que Olga es peligrosa.

Solo busca hacer daño a Úrsula.

Y ahora, Úrsula está en una situación comprometida.

-¿Por qué motivo?

-Por el robo de la tiara.

-¿Cree usted que esa tal Olga

puede estar relacionada con el robo? -Exactamente.

Si bien no tengo ninguna prueba.

-Pero ¿no cree usted que puede estar...

ofuscado por su obsesión con Úrsula? -No.

No, Celia, no es solo una obsesión.

Olga es peligrosa, no tiene conciencia.

Creo que solo busca venganza. Puede ser capaz de todo.

-¿Considera usted que el odio que siente hacia Úrsula

puede ser extensible hacia la propia Blanca?

¿Que la culpe de ser la hermana elegida?

-Sí. Mucho me temo que Blanca está en peligro.

-Pues Dios no lo quiera.

-Tranquila, cariño.

Haremos todo lo posible para que eso no ocurra.

-Eso espero.

Disculpadme, pero... tengo que marcharme.

La procesión no tardará en comenzar. Pero quédate tú.

Si quieres. -Buena idea.

Así podemos seguir charlando y nos conocemos un poco más.

-El coche que nos ha traído está aguardando abajo.

Cógelo y llegarás enseguida.

-Le dije que se llevarían bien.

-(RÍEN)

¿Qué, Susana, nerviosillas? -El Señor nos ha elegido

en esta ocasión, así que dejémoslo en sus manos.

-Nerviosillas, sí, para qué negarlo.

-Mi más sincera enhorabuena,

Susana.

Y bordadora.

A pesar de que la tiara me trae por el camino de la amargura,

con el robo que ha sucedido, no he podido por menos

que venir a acompañarte,

-También he rogado al Señor y a la Virgen por usted

y sus cuitas. Espero que la joya aparezca pronto.

-Como buena católica que soy, te agradezco tu intervención, muchacha.

Tú también podrías echar una mano, Susana, con tus rezos.

-Me temo que mis rezos no tengan tanto predominio como los de Adela.

A quien el Señor ha dotado de unas manos de artista.

-No seas modesta.

Me he enterado que tus relaciones con el Vaticano

han mejorado notablemente.

-¿Y cómo sabes tú eso?

-Ah, no tiene ningún mérito.

Ten en cuenta que tengo muchas amistades,

entre la curia y el obispado.

Es posible que hasta supiera del encargo obispal

antes de que tú recibieras la misiva.

-Bueno, pues...

entonces quizá puedas tú hacer más por mí que yo por ti.

-Lo que necesites, lo que quieras.

Estoy a tu entera disposición.

No puede ser por menos.

Tu sastrería ha conseguido que nuestra calle esté considerada

en la más alta sociedad.

-Nada de esto hubiera sido posible de no ser por Adela y su don.

-Esperaré a verlo, pero... os adelanto...

que las noticias que tengo es que ensalzan pródigamente

el trabajo de la antigua monjita.

-Si me lo permite, la antigua monjita,

además de un nombre, tiene un esposo, y le ruego que se refiera

a ella como se corresponde.

-Muy altanero te veo.

Pero no te lo tendré en cuenta. Es natural

que defiendas a tu esposa.

Enhorabuena... por haber casado esa joya.

-Agradezco de corazón todos los cumplidos, pero...

con todos mis respetos, creo que deberíamos preocuparnos

en honrar a la Virgen, que ahora viene a este caso.

-Pensaba que te lo ibas a perder.

-Por nada del mundo.

-Ahí viene.

Señoras, devoción.

Tiene que ser este sitio. Debajo del puente.

Tal y como decía la nota.

-Este lugar está lo apartado como para encubrir una agresión

y facilitar la huida.

-No se agobie. Estará vigilado y protegido en todo momento.

El comisario ha pedido que no lo dejemos correr peligro.

Querida,... hoy tú serás la más aclamada.

Después de la Virgen, claro.

-Nunca me había sentido tan orgulloso por nadie.

También por usted.

Jamás había visto

algo tan bello como ese bordado.

Mis felicitaciones y mi respeto. -Deslumbrada.

Estoy deslumbrada.

¿Como cuando sales de una cueva? Pues igual.

Vamos, nosotras, el obispo y hasta Nuestro Señor

te agradecemos tanta belleza, Adela. -No solo es un bordado primoroso,

es como si hubiera captado perfectamente

la luz de Nuestro Señor

y el brillo de los ojos de la Virgen.

Doña Susana tenía razón.

El Señor le ha dado un don, consérvelo.

-Una maravilla, sí.

El obispo sabe distinguir el talento donde lo hay.

Mi enhorabuena.

"Doña Susana, viuda de Seller, muy señora mía".

"Ha llegado hasta nuestros oídos el buen trabajo

que ha realizado su establecimiento..."

El obispo... va a mandar un coche para recogernos.

Quiere invitarnos a su residencia

para encargarnos un trabajo. -"¿Qué te ha pasado a ti?".

Algo gordo tiene que ser para que te bebas la copa sin pestañear.

-Lo peor que me ha ocurrido en mucho tiempo.

Rosina me ha echado de casa.

No sé cómo no habéis escuchado los gritos en el barrio.

-De mucha enjundia tiene que ser lo que le has hecho

para que te trate de esa guisa.

-Eso es lo peor de todo. Que todavía no conozco el motivo.

Algo debió sentarle mal en el ágape...

se encerró en su cuarto y, me puso de patitas en la calle.

-"Hay días en que sabes"

que todo va a salir de perlas.

¿Qué tienes, chiquilla? Parece que te vas a echar a llorar.

-No... No sé cómo decírselo.

No quiero ir a Salamanca.

-¿Qué me estás diciendo? -"¿Estás bien?".

Ya ha pasado la hora del ángelus.

-No tengo ganas de nada.

Voy a quedarme aquí un poco más.

-¿Estás segura de que no quieres que llame a algún doctor?

-No, no es necesario, Samuel.

Solo estoy un poco decaída.

-Me preocupa que sea algo más.

No tienes hambre, estás siempre floja y siempre tienes sueño.

-Con un poco de descanso estaré mejor.

-"¿Rosina" aún no te ha dado explicaciones?

-Ni una pizca. -En ese caso,...

yo no puedo decirte nada.

-Tía, que me ha echado de casa.

Acabo de pasar la noche en un hotel. Yo creo que merezco un por qué.

-Ya veo que estás pasando las de Caín.

Pero...

es Rosina la que debería contarte lo que ha sucedido.

-Tan solo quiero que me diga si ha perdido al niño.

-Lolita no tiene quien le represente en estos asuntos.

Y tú eres lo más parecido que tiene a una madre.

Me gustaría que nos dieras la bendición cuando le pida la mano.

-Ay.

-Pero ¿se puede ser más bonito? -¿Eso es un "sí"?

-Ay, mira,... sí.

Yo al principio no daba una perra chica por estos amoríos.

Pero veo que ahora la cosa va en serio.

Muy bien. Cuenta conmigo.

Adela se niega a ir a Salamanca. -¿Y sabe usted por qué?

-Hijo,... es blanco y va en cántaros.

Sabe que Elvira anda al acecho.

Y no se quiere arriesgar a dejarte solo.

-Vamos, ni que fuera un niño al que hay que vigilar.

¿Qué se ha creído mi esposa? -Baja esos humos,

que no hace una semana estabas en boca de todos.

Por tu adulterio.

Así que no es menester que te pongas tan digno.

¿Qué haces tú aquí? -Es la merienda de doña Blanca.

Pensé que podía apetecerle algo de dulce, pero no he conseguido

que coma apenas nada.

-Eso no es excusa para dejar las cosas de por medio.

-Tenía la esperanza de que más tarde

se animase, pero... solo le apetece estar acostada.

-Yo también la noto extraña.

Muy cansada y con poco apetito.

-A mí se me abren las carnes cada día que pasa

sin que apenas pruebe algo de comer.

Deje de decir enormidades y cuénteme qué es lo que le ocurre.

-No, déjame sola, por favor. Ni puedo ni quiero contarte nada.

-Doña Rosina,...

déjese usted de melindres, por amor de Dios.

Se está comportando como una niña mimada.

¿No ve usted lo que está sufriendo su hija, esperando en la puerta

todo el día?

-Madre.

Madre, me tiene muy desasosegada.

Tengo que enterarme de lo que le sucede.

Quiero que la vigiles.

-Cuente con ello.

-Entérate de todo lo que hace a cada minuto.

Sin perder ni uno solo.

He de saber lo que le ocurre.

Conviértete en su sombra.

¿Has entendido? -"¿Cuándo inician el viaje?".

Mañana mismo partimos. Parece ser que el Padre Cámara

tiene muchas ganas de conocernos.

Voy a buscar otra tela, a ver si a esa también le pones tantos peros.

Tengo que felicitarla por su éxito en la vida.

¿Quién se lo iba a decir cuando estaba en el convento?

Parece que todo marcha viento en popa.

-"No me queda ninguna duda".

Ni de mi preñez ni de quién quiero que sea el padre de mi hijo.

-¿Y qué has decidido?

  • Capítulo 633

Acacias 38 - Capítulo 633

06 nov 2017

Olga huye y Diego se reafirma en creerla culpable del robo, y así se lo dice a Blanca. La marquesa presiona a Úrsula para que descubra el paradero de la tiara. Samuel recibe una carta de un joyero: el ladrón se ha puesto en contacto con él y Samuel está dispuesto a ir en su lugar. Rosina, destrozada, despide a todos los invitados al ágape... Y también echa a Liberto de la casa. El buen trabajo de Susana y Adela con el manto de la Virgen hace que el obispado no solo acceda a que la procesión pase por Acacias, sino que encarga en la sastrería un trabajo para el Vaticano.

ver más sobre "Acacias 38 - Capítulo 633 " ver menos sobre "Acacias 38 - Capítulo 633 "
Programas completos (649)
Clips

Los últimos 2.471 programas de Acacias 38

  • Ver Miniaturas Ver Miniaturas
  • Ver Listado Ver Listado
Buscar por:
Por fechas
Por tipo
Todos los vídeos y audios
  • Nuevo Capítulo 646 Completo 52:46 87% ayer
    Capítulo 646 ayer Blanca se recupera. Todos sospechan de Olga, pero ella niega. Blanca le pide a Samuel que vaya con Úrsula a ver al Padre Octavio. Se inicia el torneo de dominó. Servando y Jacinto van ganando partid...
  • Nuevo Capítulo 645 Completo 54:03 84% pasado miércoles
    Capítulo 645 pasado miércoles Úrsula les cuenta a Samuel y Blanca que ha contactado con el padre Octavio, confesor de Tomás. Pronto se reunirán con él para conocer la verdad sobre Olga. Blanca y Samuel regresan a A...
  • Nuevo Capítulo 644 Completo 52:56 98% pasado martes
    Capítulo 644 pasado martes En el Bosque de las Damas, una lugareña cuenta a Samuel y Blanca dónde vivía Tomás. Olga pide a Carmen que le prepare para el día siguiente ropa de su hermana. Carmen confiesa a...
  • Nuevo Capítulo 643 Completo 54:30 100% pasado lunes
    Capítulo 643 pasado lunes Olga se hunde cuando Úrsula le desvela que Blanca no confía en ella. Olga niega haber ensuciado la canastilla que Úrsula le regaló a Blanca. Carmen ve a Olga tener comportamientos extr...
  • Nuevo Capítulo 642 Completo 53:30 90% pasado viernes
    Capítulo 642 pasado viernes Samuel y Blanca deciden viajar al Bosque de las Damas para conocer la verdad sobre Olga. Olga empieza a imitar los gestos de Blanca y a repetir lo que su hermana dice. Blanca confiesa a Leonor su inquietud con re...
  • Capítulo 641 Completo 55:01 90% 16 nov 2017
    Capítulo 641 16 nov 2017 Elvira se rompe ante su padre después de que Simón le niegue su perdón. La Valverde le cuenta a María Luisa cuál fue la causa del enfado del mayordomo... Y Arturo lo escucha. De...
  • Capítulo 640 Completo 54:43 86% 15 nov 2017
    Capítulo 640 15 nov 2017 Blanca le pide a Diego que se marche, por mucho que les duela a los dos. Diego se despide. Samuel intenta intimar con su mujer, pero ella se ve incapaz. Úrsula descubre a través de Susana el regalo ...
  • Capítulo 639 Completo 54:47 96% 14 nov 2017
    Capítulo 639 14 nov 2017 Blanca se refugia en el dibujo para olvidar la marcha de Diego. Samuel intenta consolar a su mujer y se le ocurre, con la ayuda de Liberto, hacerle un regalo para el bebé y para ella. Mientras, las dos her...
  • Capítulo 638 Completo 53:42 100% 13 nov 2017
    Capítulo 638 13 nov 2017 Arturo no sabe cómo consolar a Elvira y pide ayuda a María Luisa. Olga se muestra débil delante de Blanca y Samuel, como la niña que nunca pudo ser. Todo el barrio intenta enterarse de...
  • Capítulo 637 Completo 55:33 84% 10 nov 2017
    Capítulo 637 10 nov 2017 Blanca pide a su hermana, delante de todos los vecinos, que se quede a su lado en Acacias. Saltan chispas entre Úrsula y su hija. Diego se despide para siempre de Blanca. Adela cuenta a Simón su enc...
  • Capítulo 636 Completo 54:28 80% 09 nov 2017
    Capítulo 636 09 nov 2017 Samuel reacciona con felicidad ante la noticia del embarazo. Blanca aplaca los celos de Diego al negar que él sea el padre. Servando termina con Juana y se lleva un chasco cuando ella le dice que jam&aacut...
  • Capítulo 635 Completo 53:28 84% 08 nov 2017
    Capítulo 635 08 nov 2017 Simón decide acompañar a su madre y a su mujer a Salamanca y frustra los planes de Elvira. Casilda habla con Servando sobre Paciencia. El portero reconoce que el cariño de Juana es porque ech...
  • Capítulo 634 Completo 54:53 100% 07 nov 2017
    Capítulo 634 07 nov 2017 Samuel se encuentra con el ladrón de la tiara: una niña pequeña que la robó para sobrevivir. Samuel recupera la joya, pero le regala sus gemelos para que pueda venderlos.
  • Capítulo 633 Completo 55:22 100% 06 nov 2017
    Capítulo 633 06 nov 2017 Olga huye y Diego se reafirma en creerla culpable del robo, y así se lo dice a Blanca. La marquesa presiona a Úrsula para que descubra el paradero de la tiara. Samuel recibe una carta de un joyero: ...
  • Capítulo 632 Completo 52:10 100% 03 nov 2017
    Capítulo 632 03 nov 2017 Olga huye y Diego se reafirma en creerla culpable del robo, y así se lo dice a Blanca. La marquesa presiona a Úrsula para que descubra el paradero de la tiara. Samuel recibe una carta de un joyero: ...
  • Capítulo 631 Completo 54:02 100% 31 oct 2017
    Capítulo 631 31 oct 2017 Simón acude a casa de Valverde para enfrentarse con Elvira. Samuel es el principal apoyo de Blanca, que achaca su desmayo a las tensiones de los últimos días. Pero Leonor sugiere a su amiga q...
  • Capítulo 630 Completo 53:56 100% 30 oct 2017
    Capítulo 630 30 oct 2017 Arturo pide ayuda a Simón para que Elvira se dé cuenta de que su relación se ha terminado. Elvira cumple su promesa de hacer sufrir a Simón. Olga se escapa de la mansión de los ...
  • Capítulo 629 Completo 54:58 91% 25 oct 2017
    Capítulo 629 25 oct 2017 Úrsula cuenta a Blanca su infancia junto a Olga y afirma que la niña estaba endemoniada. Blanca está indecisa, no sabe en quién confiar. Le pide a Olga que le cuente la verdad. Arturo ...
  • Capítulo 628 Completo 54:43 98% 24 oct 2017
    Capítulo 628 24 oct 2017 Olga cuenta a su hermana que Úrsula la abandonó cruelmente siendo niña en el Bosque de las Damas. Blanca pide a Diego que dé cobijo a su hermana en la mansión. Elvira llega enaj...
  • Capítulo 627 Completo 54:04 99% 23 oct 2017
    Capítulo 627 23 oct 2017 Blanca y Liberto salvan la vida de Úrsula. Olga huye después de encontrarse con su hermana. Blanca le cuenta a su marido y a Diego quien fue el verdadero agresor de su madre. Lolita pide a Anto&ntil...