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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 631 - ver ahora
Transcripción completa

Las dos hemos sido víctimas de nuestra madre.

Pero ahora nos tenemos la una a la otra.

Yo te daré el cariño que ella te arrebató.

-¿Podrías servirme un poco más de té?

Siento algo por su hija.

Pero no se equivoque.

Estoy tratando de alejarla de mí.

Y no por el qué dirán.

Me preocupa verle así. Todo esto no le está haciendo bien.

-Por lo que sea que lo haga, los dos tenemos el mismo objetivo.

Queremos lo mejor para ella.

¿Olga? -"Hoy pensaba en hacer descalza"

el camino a la Virgen de los Milagros,

en agradecimiento a todo el amor que a través de Simón

Dios me está regalando.

(Cristales)

-"Blanca, cariño, ¿qué sucede? -Olga sigue sin aparecer".

Y temo que vuelva a intentar algo contra mi madre.

Si le hiciera algo malo, yo sería responsable.

-No. Tú no eres responsable de nada.

-No debí dejarla sola. -Eso no es culpa tuya.

Todo va a salir bien.

-¿Qué pensarías de una mujer que abandona a su propia hija

para que se muera de hambre y de frío?

-Que es un monstruo. -Ahí...

tiene al monstruo. -¡Basta!

Adela, por favor, deje de caminar.

Tiene los pies ensangrentados.

-Adela, ¿qué haces? Vamos, para, por favor.

-"Temí por ti".

Porque perecieras en sus manos.

Dentro tenía el mal.

Y, en cambio, tú eras buena.

Por eso lo di todo por ti. Te di educación.

"Trabajé hasta que me sangraron las manos".

Para poder darte un futuro.

(VOZ DE ÚRSULA) Sí.

"La abandoné, pero lo hice por ti. Intentó matarte, por Dios".

"E insistirá hasta lograrlo".

"Te odia. Te envidia".

"Y acabará contigo".

(QUEJIDOS)

Te duele mucho, ¿verdad?

-No te preocupes por mí.

-No hace falta que te hagas la fuerte.

Ni que retengas tus lágrimas.

-Temo que si las dejo salir, no pueda parar.

-Traigo el alcohol y las gasas para curar las heridas.

Ay, por todos los santos, tienes los pies hechos un Cristo.

Esos cristales no te han dejado un dedo sano.

-Ha sido muy mala fortuna. A saber cómo llegaron allí.

-Me voy a quejar a las autoridades.

No se puede consentir que en una calle tan principal

como lo es Acacias, no haya un mínimo de limpieza.

-Los cristales son pequeños.

Harto difícil verlos, no digamos ya limpiarlos.

-Eso no es disculpa.

Me van a oír.

-¡Ah! Déjalo estar, por favor.

Solo hay una culpable de todo esto.

Y es mi empeño en agasajar a la Virgen, mi soberbia por agradarle.

-Mira, hija,

no es soberbia caminar descalza.

Ni agasajar a la Virgen

es cortarse los pies.

-Sí, tiene razón, doña Susana.

Usted y todos los que me quieren...

bien trataron de hacerme desistir, pero yo hice oídos sordos

a sus sabios consejos. -No te culpes, Adela.

-No, déjala. Déjala...

que aprenda la lección.

-Sí, tiene razón, doña Susana.

Acacias no es el claustro del convento.

Nunca debí caminar así por la calle.

-Ante todo, porque ya no había motivo.

Termina ya con tus penitencias.

Te lo aseguro, puedes confiar en mí,

no te volveré a fallar.

(Llaman a la puerta)

(VOZ DE SAMUEL) Blanca, ¿estás aquí?

¡Blanca!

¡Blanca! Blanca.

Blanca.

Blanca, despierta.

Blanca, despierta. Soy yo, Samuel.

Blanca, ¿estás bien? ¿Qué te ha sucedido?

-Perdí el conocimiento cuando entré en mi cuarto.

-Ven aquí.

Con cuidado. Ven, túmbate.

Túmbate aquí.

Tienes una pequeña herida en la frente.

Deja que te la limpie.

-Entré ofuscada en mi cuarto y,...

de repente, todo empezó a girar a mi alrededor.

-Y, como siempre, la causante de tu agitación

es Úrsula. ¿Me equivoco?

-No, no te equivocas.

Discutimos por Olga

y me sacó de mis casillas.

-Tu madre tiene esa habilidad. -Samuel,...

temo haber perdido a mi hermana antes de haberla recuperado

del todo.

-El destino no será tan cruel contigo.

Confía en que Olga regresará.

Hasta entonces, tienes que cuidarte.

Tienes que mantenerte fuerte, como siempre.

Lo más importante es que tú estés bien.

-No sé si voy a tener fuerzas para enfrentarme

a todo lo que está ocurriendo.

-Sí que las tendrás porque yo estaré contigo.

Juntos podremos con todo.

Pobre Rosina.

Intentando ocultar el embarazo y, lo sabe todo hijo de vecino.

-Si es que las noticias vuelan, doña Trini.

-Lo peor de todo es que la pobre está empeñada en organizar un ágape

para contarlo a bombo y platillo.

-Esperemos que nadie antes se vaya de la lengua.

-Si es así, Rosina se va a poner hecha un basilisco.

-Y como está mandado, la criada tendrá la culpa.

La pobre Casildilla seguro que se llevaría el pato.

-Lo siento, Lolita, te tengo que dejar, que estoy muy ajetreada.

-¿No quiere que antes le prepare un desayuno?

-No, de verdad, muchísimas gracias.

Me tengo que preparar, que es el homenaje a don Jaime Alday.

Y, mira, tengo que empezar a acicalarme,

que el resto de invitadas llevarán una eternidad con los rulos puestos.

-Pues en un santiamén voy a ayudarla.

-No, déjalo, tú a lo tuyo. Si te necesito,...

te aviso.

-Gracias por la señora que me has dado en suerte, que es pan de Dios.

Claro, que para que no me tuvieran envidia, me tuviste que arreglar

con una señorita tan siesa.

-¿Decías algo, Lolita?

-No. Que en santiamén le preparo el desayuno en el salón.

-No, si no venía para eso. Quería tener unas palabras contigo.

Lolita, ¿tú quieres a mi hermano?

-Arrea, señorita, no se anda por las ramas.

-Contéstame de una vez. ¿Le amas o no le amas?

-Como nunca he querido.

Puede creerme. -Pues entonces,

si le amas, tienes que alejarte de él.

-Le quiero y tengo que apartarme de él, pero eso es el mundo al revés.

-Escúchame,

el futuro de mi hermano se ha truncado desde que tú apareciste.

-Eso tampoco es así, señorita. -¿Cómo que no?

¿Es que acaso no sabes que mi hermano ha renunciado

a un puesto de trabajo en la empresa de mi padre

con tal de permanecer a tu lado?

Está dispuesto

a perder una vida llena de lujos, de viajes,

de buenas relaciones, para quedarse en Acacias y disfrutar de su amor.

No le importa ser un simple camarero si tú estás cerca.

-No, señorita.

No sabía nada de eso. -Pues ya te he puesto al día.

Así que ahora demuestra esa estima tan intensa que dices que sientes

y aléjate de él.

Ha llegado el momento de que actúes en consecuencia.

-Tiene más razón que un santo.

Descuide. Que ya lo creo que voy a hacer algo.

Es usted un aprovechado, Servando. Así se la ponían a Fernando VII.

-Desde luego, qué mal perder tiene, ¿eh?

¿Esa es la manera que tiene usted de felicitarme?

-¿Y felicitarle por qué?

Si no había podido tenerlo más fácil.

-Bueno, fácil o difícil, he enamorado a la Juana, ¿eh?

-En eso, algo de razón tiene Fabiana, ¿eh?

Que usted ha elegido muy bien a su víctima.

-¿Cómo? Pero ¿cómo, qué víctima?

Vamos a ver, mujer afortunada

a la que han ido dirigidos mis requiebros.

-¿Eh? Y en ese caso, ¿por qué no escogió usted a la Pepa?

-Ya te lo he dicho antes, hombre,

porque uno es un hombre de ley.

La Pepa tiene novio y, no quiero que lo deje tirado como una colilla

obnubilada por mis versos...

o por esta planta que me ha dado Dios.

-Ya. ¿Y seguro que nada tuvo que ver

que la Pepa es una mujer de bandera y no le hubiera hecho ningún caso?

-Ah, y la Juana es,...

pues la Juana.

-Pero ¿qué clase de hombre eres, Martín,

que eres capaz de criticar a una dama ausente?

-No se equivoque conmigo, Servando.

Que lo que acabo de decir lo repetiría con la Juana delante.

Si no se iba a enterar de nada.

La pobre está sorda como una tapia. -A la Juana...

el arroz se le pasó ya

hace varios lustros,

y yo creo que no ha conocido ni a hombre, la pobre.

-A lo que vamos,

que la Juana se derretiría ante cualquier requiebro.

-A saber cuánto tiempo hace que ningún hombre le dice nada bonito.

-Ahí está, ahí está, usted lo ha dicho.

Ahí está: mujer. Mujer.

Aquí lo que se ha puesto en duda es, si yo podía conquistar a una mujer.

Y ella es mujer, Porque la Juana es mujer, ¿sí o no?

Además, ahora que caigo,

mucho más mérito conquistar a la Juana,

que queda "demostrao" que es una mujer que se las sabe todas,

no como la Pepa, que es una pipiola, hombre.

Esto es una gesta digna de elogio.

-A ver si van a tener que quitar la placa del doctor de la Serna

y poner una con su nombre. -No te apures, Martín,

que en esa fachada cabe más de una.

-Servando, no se me embale

que tampoco es que la haya conquistado, ¿eh?

Que una cosa es que le haya recitado cuatro versos,

que estoy segura que la pobre ni los ha "escuchao",

y otra cosa es, que ella beba los vientos por usted.

-Una cosa le voy a decir.

Cuando yo quiera, viene la Juana

colgada de mi brazo. -Sí.

Eso está por ver.

-¿Ah, sí? Pues mire... -Se ganaría usted

un buen desayuno con torrijas.

-Si tan segura está,... subamos la apuesta.

Con las torrijas...

podemos...

Muy buenas.

Incrementamos la apuesta con dos botellas de Mistela, ¿eh?

-Sea.

Ya lo tenemos ya todo prácticamente listo para el homenaje.

Me falta acabar de elegir a los camareros.

-Pensé que se les ofrecería a las sirvientas del edificio.

-Bueno, esa es la costumbre cuando se celebra alguna fiesta

en la escalera, pero...

en este caso todas las criadas se han echado atrás.

-¿No les parecía justo el jornal?

-No era el jornal lo que les disgustaba, sino la clienta.

Que ni por todo el oro del mundo quieren servir

en casa de doña Úrsula. Y yo siento ser así de sincero, ¿eh?

Pero es que así ha sido.

-Tranquilo.

Las comprendo muy bien.

Yo tampoco permanecería en la misma habitación que ella

si tuviese elección.

Ojalá no tuviese que acudir

hoy ahí.

-Usted céntrese hoy en que se trata de un homenaje para su padre.

-Más que para rendir tributo a mi padre, esa fiesta

servirá para ensalzar a Úrsula como máxima responsable de la empresa.

Ese homenaje

lo va a protagonizar esa mujer.

Mi hermano no tendría que haberlo permitido.

Yo no...

Yo no pude evitarlo, yo nunca me he sabido mover en esos círculos.

-Y su hermano sí.

-Samuel... Samuel heredó de mi padre ese don.

Él conoce a todo el mundo.

Pero debería haberse mostrado más celoso de los contactos,

no dejar que Úrsula se apoderara de ellos.

-Yo no es por meter el dedo en la llaga, pero...

¿ha leído usted el periódico de hoy? -No.

-Viene una reseña. En la sección de sociedad.

-Hablan más de ella.

Se presenta como una esposa abnegada

que queda al cargo de la empresa, de su memoria,...

-Lo siento mucho, pero me parece que va a tener que acostumbrarse.

Doña Úrsula es una arribista que no ha parado

hasta que ha conseguido lo que más ansiaba.

Quedarse con la casa de la que un día fue su señora.

-Aún no ha ganado la batalla con mi familia.

En fin,...

no quisiera que mi amargura le estropease el día.

Le dejo... entrevistando a los camareros.

-Con Dios.

María Luisa. Qué sonriente se te ve.

-No me faltan motivos. Presiento

que hoy va a ser un gran día.

-Pues esperemos que no te equivoques.

¿Te veo luego en el evento de los Alday?

-No faltaré. Hay mucho que celebrar.

-Qué dichosa se la ve.

-La juventud es así de inconsciente, querida.

Se permite el lujo hasta de ser feliz.

¿Qué puedo hacer por ti?

¿Necesitas algún arreglo en tus ropas para la fiesta de hoy?

-No.

Venía a interesarme por Adela. -Ah.

-¿Cómo está de sus heridas? ¿Al final tuvo que verla un doctor?

-Al final no fue necesario.

Simón, con suma dedicación y cuidado,

le fue quitando uno a uno esos pequeños cristales que tenía.

-Pobre. Ha tenido que sufrir una barbaridad.

-Sí, pero con el amor de su marido

se le ha hecho más llevadero. -Bien está lo que bien acaba.

Qué mala suerte tuvo que ninguna reparamos en los cristales.

-Eera difícil apreciarlos.

Esas virutas verdes estaban camufladas entre los adoquines.

-¿Verdes? ¿Como las copas de la chocolatería?

-Exactamente, como si una de esas copas hubiera estallado allí.

Pero... no entiendo, porque ese trozo de la calzada

está muy lejos de la terraza. ¿Cómo llegarían esos cristales allí?

-No puede ser. -¿Sucede algo, querida?

Te has quedado lívida.

Y aquí,...

en el puesto de honor,... está la tiara real.

-Qué belleza.

Qué lujo de detalles y qué trabajo tan fino.

Nunca había visto una joya con tantos quilates.

-Parece que entendieras de joyas, Carmen.

-Qué tontería, señor.

¿Cómo iba a saber de joyas una simple criada?

Tan solo me ha parecido muy bonita.

-Lo es.

Es la pieza más importante de la colección.

-¿Y no resulta arriesgado exponerla a la vista de todos?

-Un homenaje a la labor de mi padre no quedaría completo sin ella.

Además, no hay de qué preocuparse. Todos los invitados

son de máxima confianza. Voy un momento al taller.

Hay un par de piezas que aún han de ser pulidas.

-¿Todo listo, Carmen?

Muy distante pareces mostrarte con tu señora.

Espero que, ya que no cuento con tu aprecio,

sí lo haga con tu discreción.

Has escuchado ciertas cosas en esta casa que debes guardar en secreto.

-No tiene de qué preocuparse. -Así lo espero.

Pronto voy a tener que necesitarte para un encargo algo especial.

¿Recuerdas dónde nos despedimos de Merino?

Quizá haya que volver allí.

-¿Y por qué habría que remover lo que ya está enterrado?

-Eso a ti no te incumbe.

Solo quiero que me obedezcas sin rechistar.

-¿Y yo qué gano con eso?

-Vaya, la mosquita muerta.

Veo que vas aprendiendo.

Muy bien, dime tú.

¿Qué es lo que quieres como pago por tu lealtad?

-Señora,... se lo ruego,...

permítame que busque otro trabajo.

Nunca la traicionaré, pero es que...

yo no estoy hecha para tales quehaceres. Déjeme marchar.

-En fin,... todo se puede hablar.

Ahora sigue con tu trabajo.

Aquí tiene sus vueltas. Y espere un momento.

Tome usted estas flores para que se las dé a su madre de mi parte.

Que he sabido que la mujer no ha estado muy católica.

Dele mis recuerdos, ¿eh? -Así lo haré.

Muy agradecido, Fabiana. -A mandar, don Arturo.

No puede ser.

Verlo "pa" creerlo.

-A las buenas,

señora Fabiana.

Cierre usted la boca que le van a entrar las moscas.

Bueno, Juana, ni se imagina lo deliciosas que están las torrijas

que prepara la "señá" Fabiana.

Yo, vamos, espero probarlas en breve.

-Para torrijas buenas, las de servidora.

Ya verá, le voy a hacer unas... de chuparse los dedos.

-Al final me voy a poner "morao". -¿"Morao"?

Colorado es lo que tendría que ponerse si tuviera usted vergüenza.

-Desde luego, Fabiana, qué mal perder tiene.

Enhebre, Juana, y...

me decía que sus torrijas...

¿Usted las hace de leche o de vino, quizá?

-¿El qué? -¡De leche!

-Ah. De vino y de leche.

¡Antoñito!

-Pero ¿qué diantres...?

-Antoñito.

Antoñito, ¡sal aquí ahora mismo!

-Esta muchacha ha perdido el oremus.

-Aguarde, madre, que todavía no sabemos qué es lo que quiere.

-¿Qué son esos gritos, qué está sucediendo?

-Pues no lo sé, tieta, pero Lolita está llamando a Antoñito.

-¿A que le arrea otra vez?

-¡Antoñito!

-¿La oye, qué berridos, Servando? -Para no oírla, con los pulmones

que tiene la mastuerza esta,

la han tenido que oír hasta en la China.

-Yo ni he necesitado la trompetilla. -Antonio, rediez.

¡Sal de una santa vez!

-Bueno, Lola, ¿qué estás haciendo? Que te vas a buscar la ruina, mujer.

-Vamos, ven con nosotros, antes de que la cosa pase a mayores, ¿eh?

-Ni nada ni nadie van a detenerme.

-¡Antoñito!

-Calla ya, mujer, que me espantas a la clientela.

Aquí tienes a Antoñito. -¿Qué te pasa, Lolita?

-Pues me pasa que ya no tengo dudas. Que...

Que sé lo que sientes por mí.

Y que lo puedo gritar a los cuatro vientos.

-También se lo podrías decir al oído y eso estaría también muy bien.

-Antoñito Palacios,...

te quiero más que una cabra puede llegar a querer a un carnero.

¿Cómo, no,... no me dices nada?

-Dos palabras, Lolita.

Por fin.

-Bravo.

(Aplausos)

Todo ha quedado perfecto.

Las joyas de tu padre lucirán como nunca.

-Sí. Pero hay una joya que les va a quitar toda su atención.

Tu belleza será lo que más destaque.

-No debería ser así. Hoy el protagonista

es tu padre y su obra.

Hemos trabajado muy duro para que todo quedase así de bien.

-Estoy seguro de que si estás a mi lado, todo será así.

-Lamento interrumpiros.

Enhorabuena, hermano.

Ha salido todo perfecto.

Tienes un gusto exquisito. -Te lo agradezco.

He luchado mucho para conseguir lo que deseaba.

-Intuyo todo lo que te habrá costado llegar hasta este día.

Para empezar, has permitido que Úrsula ocupe un lugar

en esta empresa y en esta familia que no le corresponde.

(Llaman a la puerta)

Gracias a ti nos ha robado todo lo que nos pertenece.

-Diego,...

si este es el talante con el que vas a venir,

mejor hubiera sido que te hubieses quedado en casa.

Estamos aquí para rendir homenaje a nuestro padre,

no para debatir nuestras diferencias con Úrsula.

-Señores, los primeros invitados ya están en la puerta.

También ha llegado un periodista.

-Hazlos pasar. Y da aviso a Úrsula.

Les agradezco mucho su presencia. -No podíamos perdérnoslo.

-Bienvenidos a mi hogar.

Ah, Diego,... veo que tú también has aceptado mi invitación.

-¿Acaso necesitaba una invitación para acudir?

Es a mi padre a quien se homenajea.

-Pasen y tomen un refrigerio

mientras observan las joyas.

Enseguida estoy con ustedes.

¡Oh!

Qué bien luciría en mi cabeza, ¿verdad, Liberto?

-Me temo que va destinada a una reina,

Rosina. -Entonces no puede ser más propicia.

Ella es la reina de mi corazón.

-En tal caso,...

prepara la cartera, que debe valer un potosí.

-La verdad es que estás radiante, Blanca.

¿Esta es la joya que diseñaste tú? -Sí.

-En tal caso, no me queda otra que alabarte por tu buen gusto.

-Gracias. -¿Qué te has hecho en la frente?

-Ah, nada de enjundia. Anoche sufrí un leve mareo

y caí al suelo. -Supongo que los nervios

que habéis pasado organizando este acto se han cobrado su pago.

Blanca,...

¿sucede algo?

-Leonor, ¿te importaría que fuésemos a la cocina?

Allí podremos hablar

con más intimidad.

-Claro.

-Samuel,

ve a recibir a la marquesa como se merece.

-Sirve una copa de bienvenida a la marquesa.

-Ve a servir a los otros invitados.

Carmen,...

sírvele una copa a la marquesa.

-Señora, se lo ruego.

-¿No vas a acatar mis órdenes?

Sírvele la copa.

Carmen.

Tendrás que tomar una determinación.

Seguir conmigo,... y entonces nada te va a pasar,...

o marcharte, y entonces sacaré a flote todo tu pasado.

Tú decides.

-Puede contar conmigo para lo que precise.

-Bien.

Has decidido lo correcto.

Ahora,... ve a servir a los invitados.

Sírvele tú la copa a la marquesa.

Deberías cuidarte, querida. Ese vahído que te ha dado

podría ser señal de que no estás bien del todo.

-Desde hace unos días no me encuentro muy católica.

Estoy floja. Sin apetito.

Pero creo que podrías tener razón. Todo se debe a los nervios.

-Pero ¿qué es lo que te tiene tan disgustada?

-Hay algo que no te he contado.

Olga,...

mi hermana,... ha aparecido en mi vida.

-Yo no sabía que tenías una hermana. -Hasta hace poco tiempo yo tampoco.

Mi madre siempre me lo ocultó.

Resulta que la abandonó cuando tan solo era una niña.

-Vaya con tu madre. ¿Y ahora ha aparecido, dónde está?

-No lo sé.

Tal como vino se fue.

El otro día, durante una conversación,

aprovechó una ausencia mía para desaparecer.

-¿Y no sabes nada más de ella? -Nada.

Ni siquiera me había dado tiempo a asimilar que tenía una hermana,

cuando ya había vuelto a desaparecer.

-Normal que estés desconcertada.

No habéis podido recuperar el afecto que os fue arrebatado.

Pero descuida, que quizá recapacite y vuelva a aparecer.

-Es posible.

Aunque ahora mismo no sé si desear su vuelta.

-Ahora sí que no entiendo nada.

-La forma en que apareció...

y las historias que me contó mi madre sobre ella, previniéndome,

todo.

Todo me ha llenado de angustia y de temor.

No sé si seguir rezando para que aparezca o...

dar las gracias a Dios por que se haya marchado.

-Sí que estás en una encrucijada. Lo tienes que estar pasando fatal.

Deberías habérmelo contado antes.

Necesitabas a alguien con quien desahogarte.

-Lo cierto es que Samuel ha estado muy pendiente de mí.

Me ha brindado

todo su apoyo y afecto.

-¿Y Diego?

-Ahora no puedo ni debo pensar en él.

-Blanca, Blanca, ¿qué te sucede?

-Nada.

No, es tan solo otro vahído.

-Tú no puedes seguir así.

Voy a por un vaso de leche. -No. No, Leonor, leche no.

Tan solo ofrecérmelo me ha revuelto el estómago.

-Blanca, ¿seguro que no quieres contarme nada más?

¿Mareos,...

arcadas, vahídos?

Yo no sé si es porque mi madre se encuentra en estado interesante,

pero me parece encontrar señales de que tú también podrías estarlo.

-No.

No, no puede ser.

Ahora no.

Está usted perfecta, señora.

Va a ser la sensación de este evento, ya lo verá.

Ha acertado en todo: vestido, calzado, joyas.

-Gracias a sus consejos sobre moda.

No deja de sorprenderme.

¿Hay algún tema sobre el que no sepa?

-Bastantes, créame. Tan solo trato de serle útil.

-Hay algo de enjundia que deseo comentarle.

Esta copa es de La Deliciosa.

Se la he pedido a Víctor con la excusa de que quería

comprar una vajilla igual para mi casa, pero solo quería mostrársela.

-¿Por qué motivo?

-Este vidrio y su color, ¿no le resulta familiar?

-Sí. Sí, los cristales

que quité de los pies de Adela eran del mismo color verde.

-¿Y eso no le hace pensar?

-Estaban alejados de la chocolatería.

Debe tratarse de una casualidad.

-Me temo que no lo es.

-(CARRASPEA)

-Disculpe, señora, pero ¿qué trata de decirme?

-Créame que no me gusta meterme donde no me llaman,

pero debe saberlo.

Ayer, la mala fortuna hizo que Adela y Elvira

coincidieran en La Deliciosa.

-¿Y qué sucedió?

-Pues que Elvira entró

justo en el momento en que Adela contaba lo dichosa que era

en su matrimonio.

Simón,...

creo que Elvira fue quien, a mala fe,

puso los cristales en el camino de Adela.

Yo la vi coger una copa de La Deliciosa.

Al principio me extrañó, pero no le di importancia.

Pero ahora no albergo ninguna duda.

Creo que ella fue la responsable de lo sucedido.

-¿Me permite?

Qué bochorno.

Seguro que somos el hazmerreír de todo Acacias.

-Olvida ya el tema, María Luisa.

Hablaré seriamente con Antoñito y Lolita.

-Sus palabras llegan tarde, padre.

El escándalo nos ha estallado en nuestras propias narices.

Besándose delante de todo el mundo.

-Luisi, ya sabes que en Cabrahigo no somos precisamente discretos.

-Eso, encima usted ríale las gracias.

-Míralos, pobres. Seguro que están hablando

de lo sucedido en la chocolatería. -¿Y eso te extraña?

Ese beso traerá cola.

En este barrio se están perdiendo la decencia

y las formas. -¿De qué hablabais?

-¿De qué va a ser? Del espectáculo que nos brindaron

Antoñito y Lolita.

-Ya.

Y en vez de chismorrear, ¿no podríais admirar

las joyas?

-Sí, podríamos, pero sería mucho menos entretenido,

¿dónde va a parar?

-Sí, marquesa,...

la mayoría de estas gemas que adornan las joyas

las conseguí en mis largos viajes.

-¿Lo ven? Justo como antes les decía.

La familia Alday es un perfecto engranaje.

Padre e hijos trabajan juntos para poder hacer de su joyería

la mejor de toda España. Es una pena

que su padre se encuentre tan delicado.

Pero tienen la satisfacción de haber incorporado

una nueva pieza al engranaje, nuestra querida Úrsula.

Querida,...

Oh.

Comentaba que gracias a usted,

el legado de los Alday está garantizado.

-A ese objetivo y a que la familia permanezca unida,

dedico todos mis esfuerzos.

-Marquesa,...

-Diego, ¿qué tal?

¿No me diga que Úrsula ya ha conseguido

llevarle al límite de su paciencia?

-No sabe hasta qué punto, Celia. Creo que podría explotar

en cualquier momento. Ver a Úrsula dándose esos aires,

es superior a mis fuerzas.

-Hola, Celia. -Hola.

-¿Cómo se encuentra don Felipe? -Pues mejora... cada día.

Yo espero que puedan darle el alta pronto.

-Me alegra oír eso.

Ahora, si me disculpa, permítame que le robe a mi hermano un segundo.

Un periodista quiere retratarnos frente a la tiara real.

-Ve tú solo.

Yo no pienso retratarme junto a Úrsula.

¿Para eso te has dignado en venir a verme?

¿Para enseñarme una copa?

Elvira, quiero que me expliques por qué robaste de La Deliciosa

una copa como esta, con los cristales del mismo color

de los que hirieron a Adela.

No me iré de aquí sin que lo hagas.

Lo haré.

Pero después de que tú también me expliques algo.

¿Por qué te casaste con esa mujer?

¿Por qué yaces con ella burlándote así de mi amor?

Veo que no tratas de negar que fuiste tú quien hirió sus pies.

Pequeño pago por lo que me ha hecho.

Pero ¿qué te pasa, Elvira, qué te pasa?

¡¿Es cierto que eres esa niña que aspira a tener

lo que su padre no le permite?!

¿Eso piensas?

¿Crees que mi amor por ti es un simple capricho?

¡Lo que hiciste no es amor! ¿Y lo que sientes ante Adela sí?

Sí.

Cada gota de la sangre que le hiciste derramar

es una prueba de su amor y de tu egoísmo.

No quiero volver a verte.

Padre, ¿cuánto tiempo lleva ahí? -El suficiente.

Pero no os interrumpáis por mí. Continúa, Simón, te lo ruego.

Celebro que por fin seas sensato. Te lo advertí, Elvira,

te dije lo que iba a pasar, que solo conseguirías su desprecio.

Cállese.

Simón, por favor, te lo suplico, no lo hagas, no me dejes

y di que me amas.

-Lo nuestro ha terminado, Elvira.

No dejaré que te marches con esa beata.

Te lo advierto,...

nunca más te acerques a Adela.

Asume de una vez que llevamos caminos separados.

-"A Úrsula" se le puede criticar mucho,

pero sabe organizar una fiesta.

-Bueno, ten en cuenta que había preparado muchas anteriormente.

Como criada. (RÍE)

-Rosina, te ruego que no seas así. -¿No es verdad?

Poderoso caballero es don dinero. Que hasta hace olvidar el pasado.

-Menos mal que existen buenas samaritanas que nos lo recuerdan,

como tú.

-Discúlpenme,

les tengo un tanto abandonados. -No se preocupe.

Sabemos que hay personas importantes a las que atender.

-Así es.

Ha venido la flor y nata de la alta sociedad.

Y ustedes, naturalmente.

¿Lo están pasando bien? -Sí.

No debe preocuparse por nosotros.

-Me gusta mucho ver mi casa llena de amigos.

El principal de Acacias.

Aquí hemos vivido tantas cosas.

Pero estoy segura que a partir de ahora todo será brillo y alegría.

Si me disculpan,

debo cumplir con mi deber.

-"Todo será brillo y alegría".

Perdónenme, pero con ella me cuesta creerlo.

-Esas sonrisas no engañan a nadie.

De verdad, qué mujer más fea por dentro.

-Hasta me cuesta reprimir los escalofríos en su presencia.

-Haced el favor. Recordad que estamos aquí

como invitados.

-(ÚRSULA GOLPEA UA COPA)

-Queridos amigos,

me han convencido para que les dirija unas palabras.

-No creo que les haya costado gran esfuerzo convencerla.

-Estamos aquí todos reunidos para rendir homenaje a mi querido esposo.

Un hombre que se ha ganado un hueco en todos nuestros corazones.

En especial... en el mío.

Pero no quiero ponerme triste.

Les aseguro que voy a trabajar

para mantener el legado de esta familia.

-¿Qué vas a hacer?

-Interrumpir esta farsa. -Te lo ruego,

hazlo por nuestro padre. -Precisamente por él lo hago.

¿Cómo puedes defender a Úrsula con tanto ahínco?

¿Cómo has podido permitir que cobre protagonismo?

-Eso ahora no importa, tenemos la casa llena de invitados,

no puedes arruinar el homenaje a nuestro padre.

-¡Bravo!

¡Bravo! -Diego, ¿qué haces?

-Lo que nadie se atreve a hacer. Decir la verdad.

Ella... no es la custodia de la memoria de mi padre.

Él ni siquiera está muerto. Aunque Úrsula desearía

que fuese así.

-¿Cómo te atreves? -Alguien tiene que decirlo.

Mi hermano se ha plegado a los tejemanejes de Úrsula.

Y, por desgracia, no es el único.

Pero yo no.

Yo no le tengo miedo.

-Te lo ruego, Diego,...

no nos hagas pasar por este ridículo.

Respeta el apellido de la familia.

-¿Tanto teme lo que pueda decir?

A usted la verdad le da pavor, por qué nunca la utiliza

Mírese.

Solo sabe actuar desde las mentiras,

¡desde el secreto! -Eso no son más que falacias.

Nada tengo que ocultar. -¿Eso afirma?

Entonces, ¿por qué no aprovecha que está reunida,

y, les habla, por ejemplo,

de Olga?

-Diego, te lo ruego, detente. -No, Blanca, no puedo hacerlo.

¿Y tú? En esta ocasión, ¿a quién vas a escoger?

-Diego, ya basta. -Haga caso a su hermano.

Tal comportamiento es indignante.

-Diego, será mejor que se marche, no se empeoren más las cosas.

-¡Diego! -¡Blanca, aguarda, te lo ruego!

-¡Diego!

¿Acaso has perdido el juicio?

¿Cómo se te ocurre hablar de Olga delante de todos?

-Ya es hora

de que todos sepan la verdad. Estoy harto de mentiras.

Tú no has dejado de mentirnos desde que nos conocemos.

Mentimos al negarnos lo que sentíamos el uno por el otro.

Luego nos seguimos mintiendo al entrar en el juego de Úrsula

y aceptar que tú te casaras con Samuel.

-No, Diego, no. -No. No trates de negarlo.

A faltar a la verdad,

hemos permitido que tu madre nos manipule como marionetas.

-Solo hicimos lo que debíamos, Diego.

-¿Lo que debíamos? Basta.

Ya sé que tú no te arrepientes. Mírate.

Cada día pareces más feliz al lado de mi hermano.

¿Has olvidado lo que sentíamos el uno por el otro?

-¿No era eso lo que acordamos?

¿No fuiste tú quien me empujó a sus brazos?

¿O ahora me vas a negar que fue idea tuya?

-No. No puedo negarlo.

Pero no esperaba que te resultase tan fácil hacerlo.

Carmen,... que los camareros sigan sirviendo bebidas.

Tratemos de actuar como si nada hubiera ocurrido.

-Sí, señor.

-Está visto que en Acacias no se puede celebrar una fiesta

sin sobresaltos.

-Menuda situación más comprometida.

-Ramón, no me irás a decir tú ahora que Úrsula es santo de tu devoción.

-Bien sabes tú de sobra que no.

Pero ese joven tenía que haberse sabido controlar.

-La verdad es que no se le debería haber olvidado que hoy

se homenajeaba a su padre.

Pero, por lo que he estado hablando con él estos días,

lo estaba pasando mal. -Pues ha perdido la paciencia

en el momento más inoportuno. -¿Y alguno está al tanto

de quién es esa tal Olga?

-Este no es momento de chismorrear. -Liberto, déjala,

que yo también tengo curiosidad.

-¡Por todos los santos!

La tiara de la casa real.

-¿Qué sucede?

Han robado la tiara.

Carmen, por favor, registra a los criados.

-Alguien debería de haber estado junto a la tiara...

sin quitarle el ojo de encima.

-Eso es muy fácil decirlo ahora. Pero usted, al igual que yo,

no se ha movido de aquí. -No ha podido ser un fantasma.

Ha tenido que tratarse de un invitado.

-Todos los invitados eran personas honorables.

-Todo el mundo es honorable, hasta que deja de serlo.

Quizás fuera alguien del servicio.

-Se están tomando las medidas para que la tiara no salga de aquí,

en caso de haber sido uno de ellos.

-Ya he despedido a los invitados.

-¿Les has registrado? -Claro que no.

-Tal vez tendrías que haberlo hecho. -Por favor, doña Úrsula,

¿se imagina cacheando a los vecinos para ver si han robado?

¿Se imagina registrar a don Ramón, a doña Trini,

a doña Celia?

Habríamos perdido la tiara y el respeto de todos de un plumazo.

Y sería añadir bochorno al bochorno. -Alguien ha tenido que robarla.

Ha podido ser cualquiera de ellos.

-Carmen está registrando al servicio,

pero tampoco han tenido libertad para hacer el robo.

-Ni los invitados ni el servicio.

¿Fantasmas?

No. Quizá la tiara se haya disuelto en el aire.

-Averiguaremos qué ha sucedido con la joya perdida.

Se lo aseguro. -Más le vale.

Me voy. Espero que me mantenga informada.

No es necesario que me acompañe.

-¿Y Blanca? -Salió a buscar a Diego.

-Ese joven debe de estar contento de la vergüenza

que nos ha hecho pasar.

Espero que no tenga nada que ver con el robo de la tiara.

-Ya he despedido al servicio. -¿Les has registrado?

-Uno a uno.

No ha sido una labor agradable. -¡Me importa un comino

si ha sido agradable o no! ¿Nada has encontrado?

-Nada.

Ni una mísera cucharilla trataba de llevarse ninguno de ellos.

-Esta maldita...

-¿Qué ha ocurrido?

¿Dónde están los invitados? -Se han ido.

-Alguien ha robado la tiara. -¿Cómo?

Eso es imposible. -¿Y tú cómo sabes

que es imposible?

¿Sería gracias a tus cuidados? ¿Dónde estabas?

Nunca estás cuando se te necesita.

-Voy a ver qué ocurre con la policía.

-Yo iré a guardar el colgante

que Samuel elaboró para mí. -Mejor.

Solo nos faltaría que también este desapareciera.

Alguien ha robado la tiara de la casa real.

-¿Qué? -Lo que oyes.

Ha sido robada sin dejar ninguna pista.

-Imposible.

Alguien habrá visto algo, el salón estaba lleno de invitados.

-Con todas y con esas, la han robado.

-¿No me estarás culpando?

-No es momento de reproches.

Ni siquiera de comentar tu salida de tono en la fiesta.

Es momento de encontrar la tiara. ¿Quién ha podido ser?

Los invitados eran de confianza y el servicio ha sido registrado.

-Alguien escurridizo capaz de colarse en la casa.

Alguien cercano que busca hacer daño a Úrsula.

-¿En quién estás pensando?

-Olga. -"He ido a ver a Elvira".

No te inquietes, Adela,

tenía que hablar con ella y afearle algunas de las cosas

que ha estado haciendo en los últimos tiempos.

Fue ella quien puso los cristales para que te hicieras daño.

-Nunca pensé que fuera capaz. -Yo tampoco.

Me ha decepcionado.

Y por eso quería hablar con ella, para romper nuestra relación,

o lo que fuera que tuviéramos, definitivamente.

-Mira, no quiero hacerme ilusiones.

Espero que mi mente no... me esté engañando otra vez.

-"Bueno, pues..."

estamos solos. -Me da igual.

No podemos estar solos en la alcoba.

-¿Y por qué? ¿Te doy miedo? -Uy, sí.

"Pa" meterme miedo tendrías que volver a nacer y ser más fuerte.

-¿Qué pasa, que no tengo músculos o qué?

-De forzudo de feria no tendrías precio.

Y como hombre bala tampoco. Ahora,

que llegarías más lejos del sopapo que te doy,

si intentas abusar de mí. -Pues nos enrolamos en un circo.

-Sí, yo de mujer forzuda y tú de domador.

-¿De leones? Quita, qué miedo. -No, nada de leones.

De pulgas.

Que no quiero que un león te coma. -Yo sí que te como.

-"Bueno, lo que sí que es verdad"

es que Lolita es más lista de lo que parecía,

menudo buen partido.

Con el hijo de los Palacios, nada más y nada menos.

-Viene Trini.

-Señoras,

a disimular al teatro real.

Que si os calláis, sé que estáis hablando de Antoñito y Lolita.

-No nos culparás, ¿no?

Noticia de relumbrón.

Y espectáculo en plena rúe.

-Pues que sepáis que van muy en serio.

Y que se quieren mucho. -No, si no serán indiferentes,

eso está claro. -Demasiado se les notó.

-Qué vergüenza.

Pobre don Ramón. Describen la tiara.

Seguro que ningún joyero se atreve a comprársela a los ladrones.

Al menos en España.

-Hay que encontrarla. Vamos a estar en boca de todos.

Esto es un desastre.

Carmen,...

¿estás segura de haber registrado a todo el servicio?

-Sí, señora.

-¿No pudo ser ningún camarero?

-Recuerde que no eran los habituales del edificio.

Que no quisieron servir en el homenaje.

No les conocía, y no eran

de mi confianza, doña Úrsula.

-El comisario debería interrogar

al señorito Víctor, que fue quien hizo la selección.

Anoche, Simón me llevó a pasar una velada juntos

y me dio la mejor de las noticias.

Me ha dicho...

que va a romper definitivamente su relación con Elvira

y que se va a centrar en nuestro matrimonio.

-Ay, ¡pero eso es una noticia maravillosa!

¿Por qué no me lo has dicho nada más llegar?

-Primero tenía que cumplir con Nuestra Señora.

Fue ella quien hizo ver a Simón quién le ama de verdad

y quién busca solo el mal.

Le voy a contar una cosa, pero no quiero que se enfade.

Fue Elvira quien puso los cristales en el suelo

para provocar mis heridas.

-"Pues no le imaginaba capaz".

-Pues fue ella. -Uh.

-Me ha decepcionado mucho. No quiero a alguien así en mi vida.

-Tiene a quién salir. El coronel habría hecho lo mismo.

-No la compares con su padre. -No lo hago, Simón, pero...

son talmente lo mismo. -No. Yo he conocido a una Elvira

muy dulce y llena de amor.

Entiéndelo, entre su padre,

lo que le hizo Burak Demir

y los acontecimientos de su vida, pues ya no queda nada de esa Elvira,

y es una pena.

-Bueno, ahora estás casado con Adela.

Y eso no se te puede olvidar. -No lo olvido.

A partir de ahora haré todo lo necesario para que mi matrimonio

sea feliz y olvidar estos malos tiempos.

¿Conocía a todos los camareros que tenía contratados?

-Tenía referencias de todos.

Ya se las he entregado. -¿Habían trabajado antes con usted?

-Alguno había hecho alguna sustitución por enfermedad, sí.

Pero poca cosa. Ya le digo que aquí

tratamos muy bien al personal. Tenemos pocas bajas.

-¿De dónde procedían... estos?

-Son trabajadores que han venido

ocasionalmente a pedir trabajo.

Siempre que hay un evento se cuenta con ellos.

-¿Todos habían trabajado como camareros?

-Todos. Y todos con buenas referencias.

Descarté a los que no me daban buena espina.

-Parece que su intuición falló. -Pues consideraré que así ha sido

si demuestra que el robo fue obra de alguno de los camareros

que yo envié a casa de doña Úrsula.

Deberías ir al médico.

-Tiempo habrá.

Lo que me sucede llevan sufriéndolo las mujeres miles de años.

-Entonces, ¿es lo que sospechaba?

¿Estás en estado?

-Eso creo.

Me gustaría que fuese una noticia feliz, como lo es para tu madre,

pero... todo es mucho más complicado.

-Blanca, mira que tengo alma de escritura

y se me dispara la imaginación.

¿Vienen las complicaciones de...

la identidad del padre?

-Así es.

-Diego.

Tendrías que haberle escuchado.

Me llamó manipuladora, egoísta, caprichosa.

Me dijo que no volviera a acercarme a él.

Nunca en la vida.

¿Por qué te dijo todo eso?

Da igual.

No quiero volver a saber nada de él.

Para mí, Simón Gayarre puede pudrirse en el infierno

para siempre.

¿He escuchado bien?

Sí. No quiero volver a hablar con él.

  • Capítulo 631

Acacias 38 - Capítulo 631

31 oct 2017

Simón acude a casa de Valverde para enfrentarse con Elvira. Samuel es el principal apoyo de Blanca, que achaca su desmayo a las tensiones de los últimos días. Pero Leonor sugiere a su amiga que puede que esté embarazada. María Luisa habla con Lolita para que la criada deje a su hermano. Pero Lolita sale a la calle y grita su amor por Antoñito. Los dos se besan delante de los ojos de todos los vecinos. Se prepara con esmero la muestra de joyas de los Alday y Olga intenta colarse como camarera. Úrsula pregunta a Carmen el lugar donde está enterrado Merino. La exposición y el ágape son un éxito al acudir grandes representantes de la alta sociedad. Diego intenta ocultar su odio por Úrsula, pero le resulta imposible y estalla contra ella en público. Blanca intenta tranquilizarlo y consigue lo contrario. Diego se marcha. Pero esa no es la única preocupación de los asistentes al homenaje. ¡Alguien ha robado la tiara real!

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