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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 630 - ver ahora
Transcripción completa

La he fabricado

a partir del dibujo que tú hiciste del diseño de mi padre.

Desprendes belleza y talento.

En ti se verá mucho más bonita que en el taller.

Me gustaría que la lucieras el día del homenaje a mi padre.

Él estaría muy orgulloso de verla.

-"Nunca podrás tener un buen marido".

Cualquier hombre que se precie te dará la espalda.

Incluso el propio Simón no querrá saber nada más de ti

después de lo que has hecho.

Enhorabuena, hija,...

te has quedado sola. -"Me siento avergonzado, Lolita".

Pensarás que soy un malvado por lo que le he hecho a Adela.

-Elvira era el amor de tu vida y, es duro darle la espalda a eso.

-Nunca he dejado de amarla. Ni creo que lo haga.

Pero se lo debo a Adela, por ser mi esposa

y por el cariño que le tengo. "Si Simón quiere vivir"

esa farsa de matrimonio, adelante.

Ya me encargaré yo de demostrarle que es un infeliz

cuando me vea paseando por Acacias con mis mejores galas

y un apuesto adán de mi lado.

A ver quién aguanta más.

-"Quería informarles"

de que mi esposa llevará puesta la famosa joya

que reconstruimos a raíz de un dibujo de mi padre.

-Podías habérnoslo consultado.

No sé si es buena idea que no todas las joyas

se exhiban de la misma forma. -Su cuñada es encantadora,

seguro que lo lucirá como merece.

-Este es el resto de la disposición de las piezas.

El broche de la condesa Buenavista,

los pendientes de zafiro de la señora de Andrés López de la Peña...

y, por supuesto, la tiara de la Casa Real,

la más importante, que presidirá el centro del salón.

-"Tu hermana..."

intentó matarte.

Era una demente.

Por eso la abandoné en ese bosque, rodeada de alimañas

que eran más feroces que ella.

-No sé si me está diciendo la verdad o miente.

Pero no deja de ser abominable que la abandonase en el bosque

a merced de los elementos.

"He pasado muchos años sin saber de ti".

Necesito encajar algunas piezas.

-¿Como qué?

-Como el certificado de defunción que se encontró a tu nombre

cuando tenías 16 años.

No era mi intención provocar desasosiego en ti.

-Pues lo has hecho.

-Es solo que necesito entender algunas cosas, Olga.

Saber por qué te dieron por muerta, por qué hay un documento

que asegura que habías fallecido.

-Confórmate con saber que tuve una vida espantosa,

de la que puse pies en polvorosa para seguir viva.

-No puedo conformarme.

Crecí creyendo que no tenía una hermana, necesito respuestas.

Toda tu existencia está llena para mí de embustes y mentiras.

Te creía muerta. Hay un documento que así lo asegura,

y ahora apareces aquí, viva, y diciendo que eres mi hermana.

¿Cómo puedo saber que eres quien dices ser?

¿Cómo puedo asegurarme de que eres sangre de mi sangre?

-Lo soy.

Soy tu hermana de verdad. Aquella a la que madre abandonó

para dedicarte toda su atención y cariño.

-Madre me dedicó de todo, menos atención y cariño.

Quizá su dinero,...

pero también su desprecio.

-Ya te dedicó más que a mí.

-Me metió en lujosos internados de señoritas

y a ti te abandonó.

Pero mi vida no ha sido fácil. -No me vas a dar pena

contándome las calamidades por las que pasaste.

Me río yo de tus calamidades.

Dime una cosa:

¿a quién fue la primera persona a la que quisiste?

-A Úrsula, supongo.

-Y, sin embargo, ella fue la primera persona

que yo odié. Nunca he querido a nadie.

Jamás.

No conozco el amor porque nunca lo he recibido.

-Siento mucho por lo que has pasado.

Las dos hemos sido víctimas de nuestra madre.

Pero ahora nos tenemos la una a la otra.

Yo te daré el cariño que ella te arrebató.

-¿Podrías servirme un poco más de té?

-Claro.

No queda.

Iré a por más.

Me barruntaba que te encontraría aquí trabajando

a pesar de lo tarde que es.

-Ya me vas conociendo.

Mira cómo está quedando el trabajo.

-Es un milagro que...

lo hayas realizado tan rápido.

-No. Esto es solo esfuerzo.

El milagro es que la Virgen

te haya hecho entrar en razón.

He vuelto a repasarlo todo

para que quede más vistoso.

-Es una auténtica obra de arte, Adela.

-No sé.

Me está resultando más laborioso, pero lo hago con gusto.

Aquí todos estamos haciendo sacrificios,

tú el primero.

-He hecho lo que debía.

-Y te lo agradezco con toda el alma.

Sé que no está siendo fácil para ti tragar con todo lo que está pasando.

-No tienes por qué agradecerme nada.

Soy yo el que no se merece una esposa tan buena como tú.

-Sí que me mereces.

Siempre estaré contigo.

Dios ha querido que nuestros caminos se cruzaran.

-No creo que nuestro Señor

se ocupe de asuntos tan nimios. -Te equivocas.

Si hemos salido adelante, es porque el Altísimo y la Virgen

velan por nuestro matrimonio.

-Así será, si tú lo dices.

-Por supuesto que sí.

Mañana mismo iré a agradecérselo.

A agradecerles todo lo que están haciendo por nosotros.

-¿Volverás a caminar descalza?

-Claro. Les tengo que ofrecer mi sacrificio.

-No creo que sea necesario.

Es más, preferiría que no lo hagas. Terminarás lastimándote.

-El dolor no me importa.

Las heridas del cuerpo son fáciles de sanar,

no como las del alma.

Tú sigue el camino recto

y no tendrás que preocuparte por mí en nada.

¿De acuerdo?

-Te ruego que me perdones, Adela. -No te apures.

No te apures.

-Tengo que ir a casa de doña Celia a atender un asunto urgente.

-Te esperaré despierta.

Estoy muy cansada. Será mejor que lo dejemos por hoy.

-Yo también. No se lo voy a negar.

-Es la primera vez que le oigo quejarse.

-Lo siento, discúlpeme, doña Celia.

-No, no lo sienta. Sé que no ha tenido un día fácil.

No se apure, este barrio es así. Les da por un menester

y se pasan días hablando de ello. Pero enseguida aparece otra cosa

y se olvidan. Lo suyo también pasará.

-Ojalá tenga usted razón.

-Conozco bien a mis vecinos.

Mañana todo el mundo se centrará en la exhibición de joyas de los Alday

y, lo suyo con Elvira no será ni digno de mención.

-Así lo espero, doña Celia. Créame, así lo espero.

-Me retiro.

Que descanse, Simón.

(Llaman a la puerta)

-Coronel, ¿qué hace usted aquí?

-Sé que es muy tarde, pero tengo que hablar con usted de hombre a hombre.

-Pase.

Usted dirá.

-Nunca pensé que tuviera que verme

en esta situación. -¿Qué situación?

-La de tener que venir a pedirle un favor a usted.

Pero las erradas decisiones de mi hija no me dejan otra opción.

He venido a pedirle

que sea usted tajante con ella. -¿Perdón?

-Usted la conoce tan bien como yo, sabe que no se va a rendir,

sabe lo terca que es.

Sabe que seguirá insistiendo en recuperarle a usted.

A no ser...

-¿A no ser?

-A no ser que se muestre usted implacable con ella.

La honra de mi hija está en juego, su nombre está en boca

de todo el barrio.

Ya es prácticamente imposible que termine como una mujer decente.

-Elvira es una mujer decente, haga lo que haga.

-Tiene que ayudarme a que no pierda la poca dignidad que le queda,

tiene que rechazar a Elvira.

Si es que realmente alguna vez sintió algo por ella.

-Sentí y siento algo por su hija.

Y estaría junto a ella si usted no se hubiera dedicado

a impedir que estemos juntos.

Porque todo esto es culpa suya.

Pero no se equivoque. Pese a todo,...

estoy tratando de alejarla de mí.

-Pues parece que no pone suficiente contundencia.

-Y no por el qué dirán,...

sino porque me preocupa

verle así. Todo esto no le está haciendo bien.

-Por lo que sea que lo haga, los dos tenemos el mismo objetivo.

Queremos lo mejor para ella.

Ayúdeme a espantarla para que se olvide de usted

de una vez por todas.

¿Olga?

Cortar el tocinillo y la chistorra.

Y luego echarlo a la sartén, para que se desparrame bien la grasa.

-Eso es. Luego retiras la mitad de la grasa

y con el regustillo que queda en la sartén, le pones los huevos

con un pizquita de sal. -Sí, los huevos

con una pizquita de sal. Y cuando están hechos,

los junto con el tocinillo y la chistorra

para que ligue todo requetebién. -Eso es.

Escucha lo que te digo.

Como eso te salga fetén, las señoras de Acacias

te aplaudirán todas con las manos.

Que a todas les rechiflan los duelos y quebrantos.

Pero a todas y cada una de ellas.

-Es cierto, que yo lo he visto.

Que se ponían tibias cuando los hacía usted

en las recepciones de doña Cayetana.

-Bueno, ¿y a qué hace tu señora un ágape, qué se celebra?

-Pues es que, aún no puedo contar nada, porque se trata de un secreto.

-Anda, no seas rancia, mujer, que me dejas "intrigá".

-Oh.

Martín, mira, me tienes que anotar esta receta que te voy a decir

antes de que se me vaya del magín.

Trae papel y lápiz. -Ah.

Pues no llevo mi libreta.

Y a ver de dónde saco aquí papel y lápiz.

Ni que esto fuera la Biblioteca Nacional.

Aquí no se escribe ni la carta a los Reyes Magos.

-¿Y qué vamos a escribir aquí, si no sabemos juntar la "a" con la "o"?

Aguarda un poco, que voy por papel y lápiz donde la Lolita,

que es la única que tiene aquí un poquito de conocimiento.

-Hay que ver lo que me está costando mantener en secreto

el motivo del ágape en casa de la señora.

Todo el mundo quiere saber a qué viene tanto jolgorio.

Ella no me está ayudando. Está dando tanto bombo...

Quiere que sea un ágape más grande, que el de los Alday.

-Natural que la gente se lo pregunte.

Doña Rosina nunca ha sido dada al dispendio

y a tirar la casa por la ventana. -Ya.

Lo que no es natural es que el dispendio

sea por el embarazo de doña Rosina.

-Es que eso no es natural. Eso es un milagro.

-¿Habéis dicho embarazo?

¿Está doña Rosina encinta?

-No. -Sí.

-Madre del amor hermoso. No me lo puedo creer.

-Por favor, "señá" Fabiana,

no diga nada.

-No, mujer, claro que no.

Pero cuenta. Y ese crío, ¿cuándo viene?

Oh...

-¿Un zagal, Casildilla? ¡Ay!

¡Qué alegría más grande! Si es que ya era hora, pareja.

Que estabais tardando por demás.

Ya pensaba yo que hasta teníais algún problema.

-Ay, Lolita, ¿por qué no te meterás la lengua "pa" dentro,

que estás hablando por demás?

Que no soy yo la preñada. -¿No?

¿Y entonces quién? -Doña Rosina.

-(RÍE) -En serio, ¿entonces quién?

Madre del amor hermoso. Claro, con un mozo como don Liberto,

tan lozano, pues estarán todo el día

dándole al sexto.

-Lola, eres una ignorante. El matrimonio no es pecado.

Lo que es, es un secreto, así que ni una palabra a nadie, por favor.

-Que no, mujer, si nosotros somos tumbas.

Además, que a nadie le importa si doña Rosina

está o no está embarazada.

-Hay que ver, y doña Leonor, que va a tener un hermanito.

La pobre, ella viuda y la madre pariendo.

-El que faltaba para el duro.

-¿Cuánto tiempo lleva usted ahí, Servando?

-Lo suficiente "pa" haber escuchado semejante dislate.

-(RÍE) Doña Rosina embarazada.

Si levantara la cabeza don Maximiliano.

-Por favor, Servando, tiene que callarse,

que se trata de un secreto.

Se lo suplico. -Ya es tarde para eso.

-Pero es que, a su edad tiene que ser hasta peligroso.

-No diga usted eso, Servando, que un crío es un crío

y siempre es motivo de alegría.

Y a cualquier edad.

-Bueno, hasta que empieza a llorar y a dar guerra,

que cuando una es joven, tiene más aguante.

-A ver si te crees que el niño lo va a cuidar doña Rosina.

Lo cuidará aquí la Casildica.

Lo cuide quien lo cuide de recién nacido,

cuando ese niño tenga 10 años, su madre va hacia la senectud.

-A los buenos días, señoras.

¿De qué hablabais?

-Pues del evento de los Alday. Parece que va a ser

por todo lo alto.

-Sí, a Úrsula le gusta darse bombo y aparentar.

-Pues a mí hasta me hace ilusión.

Por muy poco que me guste esa mujer, echaba de menos

un acto divertido por aquí. -Desde que Cayetana nos dejó,

no hemos celebrado nada similar.

-Cómo le gustaba a Cayetana organizar fiestas.

-Y era la que mejor lo hacía.

Siempre invitaba a lo más granado de la ciudad.

-Ay, si levantara la cabeza

y viera que ahora su antigua criada está haciendo lo mismo,

se vuelve para la tumba de inmediato.

-Hablando de Cayetana,...

¿no os parece extraño que Úrsula siga con la idea

de hacer la fiesta cuando hace dos días pensaba que Cayetana

había vuelto de entre los muertos

y le estaba amenazando?

-Pero es que no es solo que lo creyera,

sino que sufrió un asalto.

Y eso fue real.

No sé por qué no habrá cancelado la fiesta.

Leonor, ¿tú sabes algo?

Eres amiga de Blanca, ¿no te ha contado nada ella?

-No.

-Esperemos que todo salga bien.

En esa fiesta habrá gente muy importante.

Y joyas de incalculable valor.

Dicen que será un acontecimiento en la ciudad.

-Pamplinas.

A todo lo llaman acontecimiento hoy en día.

En nuestra casa sí que se va a organizar un ágape de altura.

Os recuerdo, ¿eh?, y estamos tirando la casa por la ventana.

¿A que sí, hija? -Sí, sí.

-Bueno, no iréis a comparar.

-No, porque entonces esa fiestecilla de Úrsula

saldría mal parada.

En mi casa, vosotras seréis las únicas invitadas,

y eso sí que es exclusivo. Deberíais sentiros especiales.

Antoñito.

Por favor, unos buñuelos de viento rellenos de nata.

Y un chocolate. -Me temo que no hay buñuelos.

-¿Cómo que no?

-Claro que no, Rosina, no es época de buñuelos, y bien lo sabes.

-Me da igual, es lo que se me ha antojado,

es lo que me apetece, quiero decir.

Pues dile a Víctor,

que seguro que me hace unos poquitos de inmediato.

-Bueno, veré qué puedo hacer.

-¿Buñuelos de viento ahora?

-Eso ha dicho.

-Pues... sal y dile a doña Rosina que no va a poder ser.

En la cocina están preparando los canapés

para la fiesta de doña Úrsula, atendiendo a proveedores,...

No podemos pararlo todo para hacer buñuelitos de viento.

-Víctor, a mí me gustaría darle contentura a doña Rosina

y llevarle los buñuelos.

¿Tú no dijiste que el cliente siempre tiene la razón?

-Sí, eso dije. -Y también que tienen que salir

de aquí contentos

y satisfechos con el servicio.

-O sea, que me estás escuchando. Vas aprendiendo la lección.

-A lo mejor uno de los dos podría ir a la cocina

a atender a los proveedores y, así, una camarera se quedaría libre

y podría preparar los buñuelos

en un santiamén. -Voy a ir yo.

¿Tú te apañas solo aquí fuera?

-Sí.

-¿Te aclaras con la comanda?

-Sí. -¿La máquina de café expreso?

-Sí, sí, confía en mí. Yo me ocupo.

-Bueno.

Te felicito, hijo.

Ya veo que te estás esforzando de verdad.

Y ya veo también que eres todo un experto en el manejo

de las máquinas expreso.

-No lo quiero, padre.

-Que no quieres, ¿el qué?

-El trabajo en la empresa de cafeteras.

Estoy muy satisfecho de mí mismo ahora que he aprendido

a ganarme la vida por mí mismo.

Así que, aunque agradezco mucho su ayuda, pero...

no la quiero. -Me alegro,

porque no pensaba ayudarte. -¿Cómo?

-No sé cómo te habrás enterado de lo del puesto de comercial,

pero no te lo iba a ofrecer. -¿Cómo que no?

-¿Y a ti quién te ha hablado de ello?

-María Luisa. Me dijo que usted

iba a dar saltos de alegría si yo me postulaba para el puesto.

-Eso no es verdad, y no sé de dónde lo ha sacado.

Yo no pensaba ofrecerte ese puesto.

Es más, sigo con la idea

de que tienes que aprender la lección.

Y no pensaba ofrecerte ese puesto hasta que yo no considerara

que estás preparado del todo

para asumir más responsabilidades.

Pero ¿por qué te habrá dicho tu hermana algo así?

-Supongo que le malinterpretó. La ilusión le debió poder.

Muchas gracias. Tenga.

Adiós, Pepa.

Martín, te estoy muy agradecida de que me ayudes

a llevar la compra a casa de doña Rosina.

-¿Cómo no te voy a ayudar?

Y más con esos "bracicos" que tienes, que no quiero que te rompas.

-Hombre, romper no, pero solo quedan dos días para el ágape

en casa de doña Rosina y estoy ya "agotá".

Llevando viandas, y encima con los preparativos,

pues imagínate tú. -Eh,...

¿dónde vas en esa dirección, cuando tenías que ir en esa?

-Sí, ya lo sé, Servando, que tengo que limpiar la barandilla.

Pero déjeme que ayude a Casilda en este menester

y vuelvo en un periquete. -No, ni un periquete ni medio.

Mañana es la fiesta de doña Úrsula y tiene que estar el portal,

incluida la barandilla, brillante como el palacio del Rey Midas.

-Deme 10 minutos.

Y a la vuelta le ayudo a limpiar hasta el rodapié.

No va a quedar ni mota. -¿A qué huele?

-Sí.

Huele como a perfume de caballero.

-Y del caro.

No de ese que huele a alcohol de quemar.

-Sí, soy yo. -¿Usted?

¿Y de dónde lo ha sacado?

-De casa del coronel Valverde, que me he colado

y me he echado unas gotitas para oler bien.

-¿Y para qué quiere usted oler bien, si no hay necesidad?

-Pues... para conquistar a una muchacha.

-¿Eh? -¿Cómo? Vamos a ver, Servando,

¿le tengo que recordar que está casado?

-No, no, no. Eso bien lo sabe Dios

que la Paciencia es la persona que más quiero en el mundo

y que nunca la traicionaría.

-¿Y entonces,

para qué quiere usted seducir a una "mocica"

si no es para llevársela al huerto? -Pues para demostrar

a la Fabiana que todavía puedo seducir a alguien.

Que lo ha puesto en duda y, eso sí que no.

-Ay, Servando. A ver si va a seducir

a una muchacha por ganar una apuesta

y le va a romper el corazón, ¿eh?

-Oye, oye, muy burlón te veo, ¿eh?

Pues has de saber una cosa.

Que tú verás con esos ojos cómo con mis versos seduzco a una buena moza

y cae rendida a mis pies.

Bueno, hasta la moza más difícil se volvería loca con mis versos.

-Difícil, ¿no? Pues mire, Servando,

ahí tiene usted a la Pepa.

Esa sí que es difícil.

-A la Pepa no, que esa tiene novio. -Qué va,

la Pepa no tiene nada que se le parezca a un novio.

-Que sí, que es reciente,

lo que pasa que no te habrás enterado. Ya lo tengo.

Seduciré a la Juana.

-(AMBOS) ¿La Juana?

Tú dirás.

-He venido a ver si sabías algo de Olga.

¿Ha regresado?

-La he buscado por todas partes y ni rastro de ella.

El servicio tiene orden de avisar si la ven merodeando por la casa.

¿Crees que le puede haber sucedido algo?

-No.

No. Lo cierto es que tal y como desapareció,

creo que lo hizo por su propio pie y por voluntad propia.

Pero ¿por qué lo haría?

¿Por qué ahora que estábamos acercándonos?

-¿No tienes ni idea de lo que planeaba?

¿De sus intenciones? -Lo que sé...

es que tiene un odio a mi madre que parece no tener límites.

-¿Crees que podría...?

-¿Y si volviera a intentar hacerle daño a mi madre?

-Si fuera así, no sería de lamentar.

No me mires así, Blanca.

¿Has olvidado quién es Úrsula?

¿Has olvidado lo que ha hecho tu madre o de lo que es capaz de hacer?

-No.

Pero estamos hablando de cosas muy serias.

-¿Hacer daño a alguien no es muy serio?

Sobre todo si ese alguien es tu hija.

Por favor.

Es comprensible que Olga tenga los peores sentimientos

contra esa mujer. Yo también los tengo.

Y debió haber acabado con ella cuando pudo.

-Llamemos a las cosas por su nombre. Acabar con ella significa matarla.

¿De verdad crees que ese es el camino?

Diego. -No, sé que no.

Sé que tienes razón.

Sé que no debería pensar así.

Pero ¿tú cómo puedes defenderla?

¿Cómo puedes seguir viviendo con ella, soportarla?

Blanca, ¿cómo puedes compartir casa con ese demonio?

-Basta. -Es Belcebú.

-Es mi madre.

Así que cállate, por favor.

-Sí, será mejor que me calle.

De hecho, creo que es mejor que no volvamos a hablarnos.

Últimamente no nos entendemos.

Es evidente que parece que te entiendes mucho mejor

con mi hermano.

El bueno de Samuel.

Siempre tan comprensivo.

Tan ecuánime. -No vayas por ahí.

-Blanca, me alegro mucho de que os llevéis tan bien.

La pareja perfecta. Samuel y Blanca,

Blanca y Samuel. Hechos el uno para el otro.

No lo soporto, Blanca.

No soporto verte con él.

-Si sabes algo de Olga,... me avisas.

Qué sorpresa lo de Liberto y Rosina. ¿Quién se lo iba a decir?

-Y qué ilusión.

-Tienen que estar cantando una jota por dentro.

Quizás sea la última oportunidad que tienen para formar una familia.

-Los pobres, que piensan que no lo sabe nadie y lo sabe todo el barrio.

-Uy. (RÍE)

Como si se pudieran tener secretos en Acacias.

Aquí no se puede guardar ni un chisme.

-Hay que intentar que nadie les vaya a ir con la copla.

Y que cuando nos lo comuniquen

en el ágape, todos nos hagamos los sorprendidos.

-Sí, sí, por supuesto.

Tenemos que actuar como actores de teatro por lo menos.

Ramón, hemos comprado millones de cosas

para el bebé de Rosina y Liberto. -Como no sabemos si es niño o niña,

hemos comprado ropita de dos colores.

-Mucho me temo

que vais a tener que esperar unos días para dárselo,

porque tienen previsto dar la buena nueva en el ágape

y tendremos que disimular que ya lo sabíamos.

-Sí. Es cierto.

Qué rabia, porque yo me moría de ganas por entregarles los regalos.

Aunque bueno, no. Me muero más de ganas por ver al niño o a la niña

con el ajuarito que le he comprado.

-Pues tendrás que tener paciencia, cariño mío,

porque si no chafarías la sorpresa a Rosina y Liberto.

Por cierto, doña Celia, ¿Felipe está

al tanto del estado de Rosina?

-Por supuesto, le cuento todo lo que acontece en Acacias.

Le gustaría mucho ir al ágape de Rosina, pero...

no sabemos si le darán el alta médica tan pronto.

Ay, mirad quién viene por ahí.

-Buenas tardes tengan ustedes. ¿Qué, pegando la hebra?

¿Qué se cotillea por estos lares?

-No hablábamos nada importante.

-A juzgar por vuestras caras y lo rápido que os habéis callado,

no sería baladí.

-Bueno, es que hablábamos...

Hablábamos del tiempo, ¿verdad?

Que... parece que ha empezado

a refrescar.

-¿A refrescar? -Sí.

-Pues yo diría que todo lo contrario.

-Bueno, ¿y usted qué tal se encuentra, doña Rosina?

Parece que tiene usted muy buena cara, ¿no cree?

-Como siempre, ¿no? -Mejor,

diría yo, más luminosa. -¿Sí, de veras?

-¿Y de qué te extrañas, morena mía?

Tú siempre das luz vayas donde vayas.

-Qué galante es tu marido, Rosina.

-¿Les apetece un cafetito expreso de los míos?

Yo invito. -Ah, bueno.

Si invita, aceptamos. Aunque yo mejor

me tomaré unos buñuelos de viento rellenos de nata.

Que los que me he tomado esta mañana me han sabido a poco.

-Acabamos de levantarnos de la mesa. -¿Y cuál es el problema?

Arreando a la chocolatería. -Vamos.

(CANTA) #Sus ojos, dos luceros de azabache,

#tan bellos

que parecen un mapache, pero qué grande...

-(GRITA)

¡Uy! Pero ¿qué haces aquí "agazapao"?

Que pensaba que estaba sola. Qué pasmo me has dado.

-Perdona, que no quería asustarte tanto.

-Pero ¿tú no deberías estar faenando en la chocolatería?

-Sí, pero he subido un momento a saludarte.

-Uy. ¿No te habrá despedido Víctor?

-No.

Estoy haciendo un gran esfuerzo por hacer bien mi trabajo.

Y por conservarlo.

Entre otras cosas, para quedarme aquí

en Acacias contigo.

-Aquí no.

Venga, que tengo faena. Arreando.

-Eso es verdad, tienes faena

y estás aquí dándole a la húmeda. -Me voy a la cocina.

-¿Y qué?

¿Has pensado en la oferta de comercial de la que hablamos?

-Sí. La verdad es que sí.

-¿Y?

-Pues que agradezco mucho que me lo hayas contado.

-Si quieres, hablo yo

con nuestro padre sobre el asunto.

-¿Cómo puedes ser tan manipuladora?

-¿Perdona?

-Padre no dijo nada de ofrecerme a mí el trabajo.

De hecho, ni siquiera se lo estaba planteando.

-Seguro que sí.

-Me parece que tú eres la única que quiere verme lejos de Acacias.

-Yo lo único que quiero es lo mejor para ti.

-¿Y cómo estás tan segura de que es lo mejor para mí?

-Porque de lo que estoy segura es que lo mejor para ti

no es ser novio de una criada.

-Esa criada se llama Lolita.

Y pronto va a ser parte

de la familia, así que ve acostumbrándote.

Y ahora me vuelvo a mi trabajo de camarero,

gracias al cual estoy entendiendo un montón de cosas sobre la vida.

Así que a lo mejor tú también deberías ponerte

a servir cafés. Que a lo mejor hasta aprendes algo.

Y entonces, se agachó el hombre, y tan gordo era

y tan apretado llevaba el pantalón, que se le hizo un roto

y se le veía hasta el culo.

(RÍE)

-Eh, pero ¿dónde va, alma de cántaro?

¿No irá a decirle algo... a la mozuela?

-Por supuesto que sí.

Así Fabiana se enterará

que puedo conquistar a una mujer con mis poemas.

-Pero...

-¿Puedo...? ¿Puedo ayudarla en algo, Juana?

-¿Qué quiere, Servando? No quiero invertir en ningún negocio

que monte usted

ni le voy a dar un real. -Ah.

¿Qué cree que quiero sacarle el dinero?

-¿Y "pa" qué me da conversación si no?

Solo me habla usted cuando quiere algo de esa índole.

-No. No, esta vez no.

Esta vez es otra cosa.

No.

Que es otra cosa.

-¿Qué cosa?

-Que vengo para decirle

lo hermosa que está usted

y recitarle unos versos que me he inventado

pensando en usted. -¿En mí?

-Sí. ¿Quiere usted oírlos?

-Dele. -Va.

Fresca...

-Eh, eh, ¿a que le arreo un sopapo?

-Me refiero a fresca de lo joven

que está usted.

Fresca, lozana y pura,...

olorosa... -Eh, oler olerá usted,

¿qué se ha creído? Que una es muy limpia.

-A ver,... me refiero olorosa a oler bien.

Oler bien.

Gala y adorno de pensil florido...

-¿Qué es un pensil?

-Luego, luego...

Luego se lo explico esto. Déjeme y usted escuche.

Del pensil florido. Aroma...

que esparce

la rosa recién nacida. Bueno.

Mas el ardiente sol,

lumbre enojosa

vibra, del can en llamas encendido,...

la dulce fragancia

y el color perdido,

se hallan en hojas, el aura presurosa.

Así brilló un momento...

el amor...

con sus alas...

y en hermosa nube fingí gloria y alegría.

Mas, ay,

que el bien trocóse en amargura

y deshojada por los aires...

vuela la flor de la esperanza mía.

¿Qué, te ha gustado?

-No... he entendido de la misa la media.

-Servando,... vámonos, ¿no ve que está haciendo el ridículo?

-¿Quién lo dice?

Pese a no haberlo entendido, me ha "encanturreado".

Es lo más bonito que me han dicho en la vida.

¿Interrumpo algo?

-No.

-Admiraba la pieza que diseñó mi hija.

He de reconocer que el dibujo está muy logrado.

-Estoy convencido de que si mi padre estuviera en condiciones,

la felicitaría.

-No me cabe la menor duda.

-Es una lástima que mi padre no esté sano

para poder enseñarle el negocio a Blanca.

Tiene mucho talento. Sería una gran diseñadora de joyas.

Tiene... una sensibilidad muy cultivada.

-Sensibilidad que aprendió en todos los internados de postín

a los que le obligué a ir.

Mi trabajo me costó mantenerla dentro.

Me alegra que ahora recoja los frutos de mi sacrificio.

-En fin.

Vayamos a lo nuestro. Ya han empezado a llegarme

todas las joyas que se expondrán en el homenaje a mi padre.

-(SE SORPRENDE)

Esta tiara fue un encargo de la condesa de Barcelona

por el día de la boda de su hija.

-Me acuerdo de esa boda. -Quería algo

que le recordara a su madre.

A la que le gustaba dar paseos

por un bosque cercano a su casa.

De ahí estas formas de pétalos que parece que se pierden

en la inmensidad de la pieza.

Mi padre decía que se inspiró

en la luz reflejada en el rocío de la mañana.

Diego tardó dos meses en traer

estos diamantes de unas minas de Perú.

Recuerdo la cara de padre al verle aparecer por la puerta.

-Todas las piezas tienen su historia.

-Será un bonito homenaje tener todas las joyas de mi padre reunidas

para que se puedan admirar.

Lástima que no pueda disfrutarlo.

-Samuel,... debes tener cuidado.

Te estás dejando llevar por las fantasías de Blanca

y los embustes de Olga.

¿Ya no te acuerdas de cómo llegó Olga al barrio?

Me quiso asesinar.

Por Dios, es una asesina,

y quiso matarme.

-Blanca, querida.

¿Sucede algo?

¿Podría dejarnos a solas?

Blanca, cariño, ¿qué sucede? -Olga sigue sin aparecer.

Y temo que vuelva a intentar algo contra mi madre.

Si le hiciera algo malo, yo sería responsable.

-No. Tú no eres responsable de nada.

-No debí dejarla sola. -Eso no es culpa tuya.

Todo va a salir bien.

Muchas gracias, Antoñito, hijo. De verdad

que cada día estás más ducho. -Usted, que me ve con buenos ojos.

-Me estoy volviendo a leer el libro de Ana Karenina

y, es increíble lo bien escrito que está el personaje femenino.

¿No creen? -Sí, sí.

-No se lo han leído, ¿verdad? -De verdad, a veces eres un poco...

demasiado sesuda. ¿A quién habrá salido?

Pero vamos a lo importante. Susana, ¿qué vestidos

vamos a poder contemplar en el acto homenaje a Jaime Alday?

Cuéntanos, que tú lo sabes. -No te lo pienso contar.

¿Por quién me tomas? -¿Por una amiga?

¿Acaso las amigas no se cuentan los chismes?

-No las que tienen que guardar secreto.

-Ni que fueras doctora peritísima.

No seas así, dale a la húmeda.

-Pues...

¿Sabéis, la vecina del tercero del 36,

María del Señor Pozo,

la mujer del boticario?

Pues esa, sin ir más lejos,

se ha hecho un retoquito en el vestido que llevó

a la boda de su hijo.

El niño ya tiene tres retoños, se casó hace 10 años.

-Ya, si ya es sabido que hace tiempo que comen sopas de ajo.

Aunque yo, tampoco quiero hacerme demasiada ropa nueva,

que luego una cambia de talla. Quiero decir, que...

pasan los años y a una le cambia la hechura, ¿verdad?

-Claro.

-Adela, ¿se quiere sentar con nosotras a merendar?

-Sí, mujer. Siéntate,

y tómate un descanso, que lo tienes merecido.

Después de la trabajera que te has echado

con el manto de la Virgen...

No sabéis la maravilla que ha bordado Adela.

Ese manto es una joya.

-Lo que es una joya es lo que se ha llevado Simón.

Bueno, ¿qué? ¿Qué tal la vida

de recién casados? -No me puedo quejar.

Yo amo a mi marido

y él se desvive por mí.

Que no puede ser más atento

ni estar más volcado en mí. Bueno, no quiere separarse.

-Qué gusto da oírte.

Desde luego, que no hay nada mejor como la vida de recién casados.

Bueno, ¿y los niños,

para cuándo? -Quizá están ya de camino.

Hoy pensaba en hacer descalza

el camino a la Virgen de los Milagros,

en agradecimiento a todo el amor que a través de Simón

Dios me está regalando.

-No hace falta hacer tanto. Dios sabe que eres muy agradecida.

-Eso y que le van a salir callos como champiñones.

(RÍE)

-¿Quiere tomar algo?

Elvira.

-Ay, Elvira. ¿Te quieres sentar con nosotras?

Mejor salgo a que me dé un poco el aire.

Que parece que por aquí está un poco cargado.

No puedes despacharme con un mocoso dándome puerta, Simón, no puedes.

Nunca vuelvas a tratarme así.

He tomado una decisión, eso es todo. ¿Y desde cuándo

puedes tomar decisiones en contra del amor, Simón?

-¿Y los niños, para cuándo?

-Quizá están ya de camino.

Diego.

-Celia. -¿Se encuentra usted bien?

-No soporto a esa mujer, no,...

no aguanto a Úrsula.

-Si le sirve de algo, no conozco a nadie que la soporte.

-Ya.

Pero yo me veo obligado a entenderme con ella y...

no aguanto ni cruzarme dos palabras.

-Bueno, ha de tener paciencia, por el bien de su familia.

-Está capitalizando para sí misma todo el prestigio

del que gozaba mi padre cuando estaba bien.

-Lo entiendo.

Debe ser muy doloroso ver cómo se apropian del mérito de su padre.

-Discúlpeme que me desahogue con usted.

-No, no, descuide.

Sé que esa mujer es capaz de sacar de sus casillas a cualquiera.

Aunque es posible que... su malestar se deba a algo más.

-¿Algo más?

-Ya sabe, a su situación familiar.

Blanca casada con su hermano Samuel.

Y venir aquí a la casa que comparten, y no sé,

que dicen que están bien

y que el matrimonio empieza a vivir momentos felices.

-Le diría que no, Celia, pero...

ha dado usted en el clavo.

No soporto verles juntos.

-Ni felices. -Sé que debería alegrarme por ellos.

Mantener la mente fría.

No puedo.

Los demonios se me llevan.

-No deje que le embarguen los malos pensamientos, Diego.

-No lo consigo, Celia, no lo consigo.

La última conversación con Blanca

ha sido un desastre.

Los celos se me han apoderado y...

he perdido los papeles. He dicho cosas que no debería decir.

-Pues eso es lo peor que puede hacer.

-¿Cree que no lo sé?

La mujer que amo... vive con mi hermano.

Y bajo el techo de mi mayor enemiga.

Y Úrsula maneja a Blanca y a Samuel a su antojo

y, yo no puedo hacer nada.

-Pues... no se aleje.

Puede que llegue el momento que ellos necesiten de su ayuda.

-Yo...

Yo creo que todo esto es culpa de esa mujer.

Yo no sé si podré aguantar mucho más.

-Claro que podrá. Debe hacerlo, Diego.

Y sobre todo mañana. Mañana es un día muy importante

para su familia.

El trabajo de su padre de toda una vida va a verse reconocido

ante todos.

Debe guardar los celos y la rabia en un cajón.

¿Será capaz?

El vestido para el acto homenaje de los Alday le ha quedado precioso,

doña Susana. -Con tu belleza

y mis manos de sastre, es fácil. Mañana tú serás la joya

de esa fiesta, querida.

-Di que sí, Susana,

que mi Luisi va a lucir como un diamante.

-Vengo a saludaros, que os he visto

desde el portal.

¿Qué, de recogida? -Sí, que ya es hora.

Adela, deja eso y vámonos, que ya hemos tenido bastante por hoy.

-Vaya usted delante y después voy yo, doña Susana.

-Es hora del cierre. Sea lo que sea que tienes a medias,

ya lo terminarás mañana. -Es que quiero

llegarme hasta la Virgen.

Quiero hacer el camino descalza hasta su divina imagen.

-Ay, por favor, muchacha, no lo hagas.

Ya es bastante sacrificio para la Virgen el preciosísimo manto

que le estás bordando.

Y con él te estás dejando los ojos y la salud.

-Doña Susana, quiero dar

estos pocos pasos por ella. Lo necesito.

La Virgen ha sido muy buena y generosa conmigo.

Le debo ensuciarme un poco los pies,

¿no cree?

Sirve la cena, Carmen.

Cenaremos solas. -No.

Yo esperaré a Samuel.

-Samuel llegará tarde.

Ha salido para buscar las joyas que faltan para la exhibición de mañana.

¿Cuánto tiempo hacía que no cenábamos solas, juntas?

-Nunca hemos cenado las dos solas. Juntas.

-Te equivocas.

Lo hicimos muchas veces cuando eras pequeña.

-Cuando era pequeña me envió a un internado.

Y de mayor me encerró en un sanatorio.

¿De qué cenas habla?

-Ese cambio de actitud,

¿obedece a que ha ocurrido algo con esa persona

a la que te dije que no quería que te acercaras?

-Esa persona tiene un nombre. -Cállate.

-Carmen,...

¿qué pensarías de una mujer que abandona a su propia hija

para que se muera de hambre y de frío?

-Que te calles.

-¿Qué pensarías?

-Que es un monstruo.

-Ahí...

tiene al monstruo. -¡Basta!

Carmen, ve a traer vino.

Oh, señora misericordiosa. Santa Madre de Dios,

gracias por todo el amor que recibo.

Oh, señora...

¡Ah!

Oh, señora misericordiosa.

No soy digna de tanta felicidad.

Santa Madre de Dios.

-Adela, ¿se encuentra bien?

-Le sangran los pies.

-...por todo lo que me das cada día.

No soy digna de...

(BALBUCEA)

-Adela, por favor, deje de caminar.

Tiene los pies ensangrentados.

-Adela, mi vida, ¿qué haces? Vamos, para, por favor.

No vuelvas a desacreditarme nunca más.

Y menos delante del servicio.

-Como te decía,

Carmen,...

Úrsula es un monstruo que abandonó a su propia hija

para que muriese de hambre. -¡Basta!

Sí. La abandoné,

pero lo hice por ti. Intentó matarte, por Dios.

E insistirá hasta lograrlo.

Te odia.

Te envidia. Y acabará contigo si te fías de ella.

-¿De verdad espera que la crea?

Ya no me voy a tragar

sus embustes y consejas. -No son consejas, hija.

¿Tú qué harías, Carmen, si tuvieras una hija

que es el mismísimo demonio?

¿Una niña con cara angelical,

pero que está poseída por el diablo?

Eres una desagradecida.

Todo lo hice por ti.

Temí por ti.

Porque perecieras en sus manos.

Dentro tenía el mal.

Y, en cambio, tú eras buena.

Por eso lo di todo por ti.

Te di educación.

Trabajé hasta que me sangraron

las manos

para poder darte un futuro. -¡Jamás se lo pedí!

-Por favor... -¡Déjeme, no se me acerque!

No puede ser.

Verlo para creerlo.

(RÍE SERVANDO)

-A las buenas, señora Fabiana.

Cierre usted la boca que le van a entrar las moscas.

Bueno, Juana, ni se imagina

lo deliciosas que están las torrijas

que prepara la "señá" Fabiana.

Yo, vamos, espero probarlas en breve.

-"Pa" torrijas buenas, las de servidora.

Ya verá, le voy a hacer unas... de chuparse los dedos.

-Al final me voy a poner "morao". -¿"Morao"?

Colorado es lo que tendría que ponerse

si tuviera usted vergüenza. -Desde luego, Fabiana,

qué mal perder tiene.

-"¿No sabes que mi hermano ha renunciado"

a un importante puesto de trabajo en la empresa de mi padre

con tal de permanecer a tu lado? Está dispuesto

a perder una vida llena de lujos, de viajes,

de buenas relaciones, para quedarse en Acacias y disfrutar de su amor.

No le importa ser un simple camarero si tú estás cerca.

-No, señorita. No sabía nada de eso.

-Pues ya te he puesto al día.

Así que ahora demuestra esa estima

tan intensa que dices que sientes y aléjate de él.

Ha llegado el momento de que actúes en consecuencia.

-Tiene más razón que un santo.

Descuide. Que ya lo creo que voy a hacer algo.

Y aquí,...

en el puesto de honor, está la tiara real.

-Qué belleza.

Qué lujo de detalles y qué trabajo tan fino.

Nunca había visto una joya con tantos quilates.

-Parece que entendieras de joyas, Carmen.

-Qué tontería, señor.

-Ya lo tenemos todo prácticamente listo

para el homenaje de esta tarde.

Bueno, como ves, me falta acabar de elegir a los camareros.

-Pensé que se les ofrecería a las sirvientas del edificio.

-Bueno, esa es la costumbre cuando se celebra alguna fiesta

en la escalera, pero...

en este caso, todas las criadas se han echado atrás.

-¿No les parecía justo el jornal?

-No era el jornal lo que les disgustaba, sino la clienta.

Solo hay una culpable de todo esto.

Y es mi empeño en agasajar a la Virgen, mi soberbia por agradarle.

-Mira, hija,

no es soberbia caminar descalza.

Ni agasajar a la Virgen

es cortarse los pies.

-Sí, tiene razón, doña Susana.

Usted y todos los que me quieren...

bien trataron de hacerme desistir, pero yo hice oídos sordos

a sus sabios consejos.

Nunca debí caminar así por la calle.

-Ante todo, porque ya no había motivo.

Termina ya con tus penitencias.

Te lo aseguro, puedes confiar en mí, Adela,

no te volveré a fallar. -"Qué mala suerte tuvo,"

que ninguna reparamos en los cristales.

-Era difícil apreciarlos. Esas pequeñas virutas verdes

estaban camufladas entre los adoquines.

-¿Verdes?

¿Como las copas de la chocolatería? -Exactamente,

como si una de esas copas hubiera estallado allí.

Pero... no entiendo, porque ese trozo

de la calzada está muy lejos de la terraza.

¿Cómo llegarían esos cristales allí?

¡Antoñito!

-Pero ¿qué diantres...?

-¡Antoñito!

¡Antoñito! ¡Sal aquí ahora mismo!

-Esta muchacha ha perdido el oremus.

-Aguarde, madre, que todavía no sabemos qué es lo que quiere.

-¿Qué son esos gritos, qué está sucediendo?

-Pues no lo sé, tieta, pero Lolita está llamando a Antoñito.

-¿A que le arrea otra vez?

-¡Antoñito!

-¿Qué berridos, Servando?

-Para no oírla, con los pulmones que tiene la mastuerza esta,

la han tenido que oír hasta en la China.

-Yo ni siquiera he necesitado la trompetilla.

-Antonio, rediez. ¡Sal de una santa vez!

-Lola, ¿qué estás haciendo? Que te vas a buscar la ruina.

-Vamos, ven con nosotros antes de que la cosa pase a mayores, ¿eh?

-Ni "na" ni nadie van a detenerme.

-¡Antoñito!

Sírvele una copa a la marquesa.

-Señora, se lo ruego.

-¿No vas a acatar mis órdenes?

Sírvele la copa.

Carmen.

Tendrás que tomar una determinación.

Seguir conmigo,...

entonces nada te va a pasar,...

o marcharte, y entonces sacaré a flote todo tu pasado.

Tú decides. -"Blanca, Blanca,"

¿qué te sucede? -Nada.

No, es tan solo otro vahído.

-Tú no puedes seguir así.

Esto no es normal, voy a por un vaso de leche.

-No. No, no, Leonor, leche no.

Tan solo ofrecérmelo me ha revuelto el estómago.

-Blanca, ¿seguro que no quieres contarme nada más?

¿Mareos,...

arcadas, vahídos?

Yo no sé si es porque mi madre se encuentra en estado interesante,

pero... me parece encontrar señales de que tú también podrías estarlo.

-No.

No, no puede ser.

Ahora no.

  • Capítulo 630

Acacias 38 - Capítulo 630

30 oct 2017

Arturo pide ayuda a Simón para que Elvira se dé cuenta de que su relación se ha terminado. Elvira cumple su promesa de hacer sufrir a Simón. Olga se escapa de la mansión de los Alday. El rumor del embarazo de Rosina sigue extendiéndose. Se enteran hasta las criadas del altillo.

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