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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 604 - ver ahora
Transcripción completa

Precisamente estábamos hablando de tu más que gentil

convocatoria para apoyar a la buena de Celia.

-Sí, pero nos ha pillado un poquito por sorpresa.

-Cuento con su presencia, ¿sí?

-Faltaría más. -Yo también iré.

Por cierto, ¿has recibido la invitación de Úrsula a su recepción?

¿Qué será lo que pretende?

-Pues no lo sé.

Tendremos que esperar para averiguarlo.

¿Ha conseguido hablar con los representantes del gremio funerario?

-Sí. -¿Retirarán la denuncia?

-Han prometido estudiar una cantidad de dinero razonable

y retirar la denuncia si pagamos en tiempo y forma.

-"Estoy con vosotros".

-Pero luego nos fallas cuando tenemos que dar un paso en concreto.

Nos cuentas todos los tormentos que recibiste en el pasado

y poco más. -Porque es lo que me ha marcado.

Tengo más ganas que tú de librarme de esos recuerdos,

te lo juro.

-Blanca, no me vas a dar ninguna pena.

Creo que solo piensas en ti misma.

Que eres una egoísta incapaz de jugártela por los demás.

-"El coronel..."

no se va a la Argentina.

Se va a Estambul. Hala, ya lo he dicho.

-"No ha cumplido usted con su parte del trato".

-¿Castora? -No la ha echado.

Acabo de verla en la residencia.

Ahora aténgase a las consecuencias. -"Blanca"

necesita tiempo para abrirse. Para confiar en mí.

Para confiar en nosotros.

Para sentirse a gusto en la familia. Debe sentirse como una más.

No mueva ni un pelo.

-¿Qué me has hecho?

¿Es que has perdido el oremus, muchacha?

-Será mejor que no se mueva.

-¡Quítese de aquí!

Voy a hacerle algo con lo que llevo soñando

desde que estaba en el sanatorio.

Voy a devolverle todo el daño que me hizo durante tanto tiempo.

¿O ya se le ha olvidado?

-¿Qué tienes en esa jeringuilla?

-Algo que conoce muy bien.

Un compuesto con cierta bacteria.

Sí. La que usted me inyectaba.

Ya sabe cuáles son sus efectos.

Primero, le subirá la fiebre sin control.

Y después le llevará a las puertas de la muerte.

-No me hagas eso.

-Como yo le rogaba a usted.

-Pídeme lo que quieras.

Pero no me dés ese veneno.

Te juro que te voy a obedecer.

-Está bien. Seré generosa.

Pero tendrá que hacer lo que le mande.

Debe desaparecer de nuestras vidas para siempre.

Y no volver nunca más. -No puedo hacer eso.

Doña Úrsula no se iba a quedar de brazos cruzados y, vendría a por mí.

-No se preocupe por mi madre. Yo me encargaré de ella.

Mi paciencia se agota, ¡¿se va a marchar?!

-Está bien, haré lo que me pides.

Te prometo que me marcharé de esta ciudad para siempre.

-Le aconsejo que no falte a su palabra.

Si no, la próxima vez,

esta jeringuilla estará clavada en su corazón.

Y bien sabe que no miento.

Como de mi tozudez.

Si supieras que aquí no hay más que agua,

no correrías tanto.

Tranquilo.

A partir de ahora, estará usted a salvo.

No te lo tomes a mal, Jesusito de mi vida.

Pero ojalá todos mis problemas se solucionaran

echando un par de rezos, o recitando plegarias.

Si fuera así, me tendrías aquí clavadito todos los días,

aunque cayeran chuzos de punta.

-¿Ahora pretendes que todo lo apañe un par de rezos?

-¿Tú también vas a hacer leña del árbol caído?

-No me compares con los que te vilipendian.

-Esta vez no tengo salida.

Si las cosas van mal, doy con mis huesos en la cárcel.

Y si van bien, mi familia tendrá que hacer frente a unos pagos

que nos van a dejar prácticamente en la miseria.

-Es que deberías de haberlo pensando antes.

-Eso no me ayuda.

-Bueno, pues estoy aquí, escuchándote.

Que si el señorito quiere que le diga que sí a todo,

no cuentes conmigo.

-No, no quiero que me des la razón. Solo que me escuches.

-Es lo que estoy haciendo.

-Razón llevas. Has soportado todas

y cada una de mis impertinencias.

-¿Qué iba a hacer?

-Bueno, sea como sea, gracias por estar ahí y por escucharme.

Solo Nuestro Señor sabe lo mucho que te necesito.

-Sé fuerte.

No te vengas abajo.

-Bueno, al menos todavía no hemos hecho nada irremediable,

y no te vi hundir en el pozo conmigo.

-Como que yo me iba a dejar.

-Así me gusta.

Esa es la Lolita que yo quiero. -Anda, calla.

-No, al contrario.

Voy a aprovechar para hablar.

Porque te debo dos cosas: unas gracias y un perdón.

-¿De qué deudas hablas?

-Gracias por ayudarme esta mañana con los vecinos

que me estaban increpando.

-Ah, eso no es nada. -Al contrario, es mucho.

Que ya nadie da una perra gorda por mí.

Y el perdón es...

por haberte engañado con el asunto del médico.

-Pues en eso no sé si voy a poder complacerte.

Porque bien que me dolió el engaño.

-Yo solo quería que te olvidaras de esos miedos absurdos que tienes ,

de que te vas a morir el día de tu cumpleaños.

-Absurdo será "pa" ti. "Pa" mí es ciencia cierta.

-Bueno, sea como sea, Lolita, ¿por qué te empeñas en rechazarme?

Si de verdad te vas a morir,

pues yo quiero pasar contigo los últimos días.

Cualquier cosa... antes de negarme a ti.

-¿Tú sabes el cargo de conciencia que me llevaría yo a la tumba

sabiendo que te dejo aquí, medio viudo

y con el dolor de mi pérdida?

-Yo estoy dispuesto a cualquier cosa con tal de tenerte entre mis brazos.

Que te quiero.

¿Todavía no te has dado cuenta de lo mucho que te quiero?

Yo quiero estar contigo el resto de nuestras vidas,

por cortas o largas que estas vayan a ser.

-Ven.

-Bueno, lo que me faltaba ya por ver.

(TOCAN LAS PALMAS)

#Ay, con usted...

#Yo me casé con usted,

#usted se casó conmigo; usted, por tener mujer... #

Ya, ya, parad, parad. Parad, parad,

porque así no hay quien cante. -Pero ¿qué pasa?

¿Qué ocurre?

-Porque usted, más que dar palmas, parece que está matando moscas.

Que tiene menos gracia que un guardia civil por soleares.

-Claro, es que va muy lento, va desacompasado.

-O tú vas muy deprisa.

-Cuidado con lo que dice, Servando que yo fui corneta en el Ejército.

-Y tú te callas, Martín, que le das a las castañuelas,

que parece que estás picando piedra.

Lo mejor será... que lo dejemos aquí.

Que ya es muy tarde y lo único que puede pasar es

que yo pierda la voz y que los vecinos se quejen.

-No, no, no, no, no. Usted siga con el cante.

Va a ver cómo en un tris, lo pillamos.

-No, no, no, no. Ha dicho doña Fabiana que es tarde.

Y uno ya anda cansado de estar faenando todo el día.

-Bueno, la faena se acabará cuando yo lo diga.

-¿Desde cuándo es labor de un portero tocar las castañuelas?

-¡Desde que a servidor le sale de las pestañas!

-Un momento, Servando.

Que yo le he estado dando vueltas al magín

y, "pa" mí que no está bien que usted dé las palmas.

-Pero ¿por qué, mujer? Si voy aprendiendo.

-Porque nunca se ha visto que un empresario de un cuadro flamenco

ejerza de palmero.

-Ahí... Ahí sí tiene razón, sí. -Claro.

-Sí, pero es que, por otra parte, yo quiero participar.

-Pero si nadie le ha dicho que usted no participe.

Pero lo mejor será que usted sea el jefe del cotarro.

-Ya, pero...

qué poquito arte hay en eso.

-Hombre, pero es muy, muy necesario

que alguien reciba a los italianos, los acomode y los distraiga

antes de que empiece la actuación.

¿Y quién mejor que usted, con esa simpatía que tiene?

-Sí, bueno, ahí sí tienes razón.

Que nadie mejor que yo

para maestro de ceremonias, que soy el que más mundo tiene en esta casa.

-Y eso sin salir de la calle Acacias.

-Pues hecho entonces. Hablo con Lolita

para que toque las palmas con Casilda, Quisquilla a la guitarra

y servidora al cante.

-¿Y las castañuelas? Que tengo mucha gracia.

-Que no y punto redondo.

Y ahora, cada mochuelo a su olivo.

Que no es menester que los vecinos nos saquen los colores por el ruido.

¿Entendido?

-Bueno, pues ya era hora.

-De verdad, qué flojitos son la juventud.

Yo, a tu edad,

trabajaba 15 horas y dando gracias por tener tarea.

-Por será que está usted siempre cansado.

-Oye, un respeto,

que soy tu encargado.

¿Se puede saber qué haces besando a la criada?

-Esto no es lo que estás pensando.

-Antoñito, no me tomes por lela. Esto está más claro que el agua.

-Bueno, déjame que te lo explique. -Si no hay nada que explicar.

Esta es la historia de siempre.

El señorito que se aprovecha de la criada, un clásico.

-Te aseguro que te estás equivocando.

-Lolita, bien que te has lucido, ¿eh?

Por un lado, por creerte todas las promesas que te ha tenido que hacer

este chisgarabís que tengo por hermano.

Y, por otro, por fresca.

Bien que te has lanzado a sus brazos.

-Ni se te ocurra hablarle así. -No tienes derecho

a decirme lo que tengo que hacer. Eres la vergüenza de esta familia.

-Menuda suerte la nuestra, ¿eh?

Ni un momento de gozo podemos tener sin que se venga todo abajo.

A perro flaco todo son pulgas.

-Bueno, se tenía que enterar, tarde o temprano.

-Ya, pero no ahora. Y menos así.

Que además de morirme, me voy a quedar sin trabajo.

-No te tiene por qué pasar ni lo uno ni lo otro.

-Como se entere don Ramón,

se van a oír los gritos en Tegucigalpa, o más lejos.

Si es, que la alegría no dura nada en casa del pobre.

-Lolita, yo... te prometo que lo voy a arreglar todo.

-Tú me puedes prometer el oro y el moro.

Pero esto no lo apaña ni el sabio Salomón.

-Hablaré con mi hermana y le voy a decir que guarde el secreto.

-No sé si vas a poder, que se ha ido haciendo "fu" como los gatos.

Lo mejor será que suba al altillo y me coja las cuatro cosas que tengo.

-Confía en mí, que nadie te va a poner en la calle, Lolita.

-Si yo, confiar, confío en ti, más que en el Papa de Roma.

Pero a tu hermana no la callas ni metiéndola debajo del agua.

Ya verás tú cuando se enteren los vecinos.

Se va a liar la de San Quintín. -Todo quedará en agua de borrajas.

Me voy a hablar con ella, antes de que se vaya de la lengua.

Padre, ¿está en casa?

¿Padre?

+-Por Dios, María Luisa, no le llames.

-¿Por qué no iba a hacerlo?

-No, no.

Si no lo haces por mí, hazlo por Lolita.

Ella no tiene culpa de nada.

-Pues no parecía molestarle mucho tus atenciones.

-Por favor, María Luisa, guarda silencio.

Bastantes problemas tengo ya, como para ahora añadir otro.

-No tienes conciencia.

Has puesto a nuestro padre en un brete por el dinero que debes.

Has engañado a todo el mundo.

Tienes más deudas que un marqués arruinado, ¿y ahora esto?

Es que, no puedes respetar nada.

-No era mi intención perjudicar a nadie.

-¿Sí?, pues te ha salido el tiro por la culata.

¿Cómo puedes enredarte con la criada?

¿A ella también la estás engañando? -No, con ella soy sincero.

-Pues hubiese preferido que la estuvieses engañando.

-Sí, tienes razón.

En algunas ocasiones he sido un mentiroso y un fulero.

-¿En algunas ocasiones?

Te tienes en demasiada consideración a ti mismo.

Yo diría que en casi todas.

-Vale. Pero Lolita no es una mentira más en mi vida.

-No quiero escuchar nada más.

-María Luisa, por favor, Lolita es la única verdad

que tengo ahora mismo.

Te pido que respetes el amor que nos tenemos.

-¿Tú te estás escuchando?

-No te pido que lo entiendas, ¿vale?, pero sí que lo respetes.

No hagas pública nuestra relación. Por favor.

Yo quiero arreglar lo que he hecho mal. Y dar la cara.

Entre otras cosas, ocultar mi amor por Lolita, pero todo a su tiempo.

-¿Tu amor por Lolita?

¿Por una criada, un Palacios?

Es que tú has perdido la cabeza. -¿No amas tú a Víctor?

Y si él fuera un carretero, ¿qué?

¿Le dejarías de amar? Por favor.

María Luisa, guárdanos el secreto.

-A las buenas noches.

Me ha parecido escuchar voces.

-No será aquí, padre.

-¿Estás seguro?

Porque a mí me da que estabais riñendo.

-No, ¿por qué íbamos a hacerlo?

-Contéstamelo tú.

O mejor, que me lo conteste tu hermana.

Hija, ¿estabais discutiendo?

-No.

Estábamos comentando los chismes del barrio.

Y ahora, si me disculpan, me iba a cambiar.

-Hijo,...

será mejor que me escuches.

-¿Qué sucede?

-Mañana tengo una reunión con los del gremio funerario

para que me planteen su postura y me digan la cantidad que solicitan

para retirar tu demanda.

Y algo me da que van a pintar bastos.

Padre.

Parece que el tiempo ha empeorado.

Amenaza tormenta. Será mejor que le arrope.

Espero que le cuiden a usted mejor que a la habitación.

Está bastante desordenada. -Buenos días.

-Me alegro de verle, doctor.

Quería comentarle que he visto a mi padre bastante abandonado.

-Lamento escuchar eso.

-Hasta había una bandeja tirada por el suelo de cualquier forma.

Espero que traten correctamente a mi padre, eso es primordial.

-Comprendo su indignación, y le aseguro que no volverá a ocurrir.

Por favor, adecente la habitación. -Eso espero.

Si no, nos veremos obligados a llevar a nuestro padre a otro lugar.

-No va a ser necesario.

Todo este desorden se debe a que la enfermera que...

cuidaba a su padre ha dejado su empleo.

-¿Por qué razón?

-Tenía un compromiso familiar que la reclamaba de manera urgente.

Pero no se apure.

Su padre estará bien cuidado. Ya la hemos sustituido.

-¿Esa mujer llevaba bastante tiempo trabajando para ustedes?

-No, no. Prácticamente llegó al mismo tiempo que su padre.

-¿Antes de ingresarle?

-No, creo recordar que fue poco tiempo después.

Así estarás mejor.

Se avecina tormenta y no quiero que te asustes.

-Parece que las aves son más de su gusto que las personas.

-No, lo que le agrada es tener a alguien encerrado.

A su merced.

-No os había oído, ¿acabáis de entrar?

-Sí, pero solo por un momento. He de ir a buscar una corbata nueva.

Quiero estar de lo más aparente en la reunión con los vecinos.

-Puedes usar cualquiera de estas.

Esa reunión no tiene tanta importancia.

-No, quiero estar elegante para ti.

Y espero que tú me correspondas y estés radiante esta tarde.

Más aún.

-Prometo hacerlo.

-Sé lo que ha pasado en la residencia.

-No sé a qué se refiere.

-No seas cínica. ¿Crees que me he caído de un guindo?

Has hecho que Castora se marche.

¿Es así como piensas ganarte mi confianza?

¿Así es como pretendes que te cuente la verdad?

-Puede que haya otras cosas que me importen más.

Puede que tenga otros medios de conseguir que confiese.

-Me estás resultando de lo más cándida.

-Usted cree que estamos jugando una partida.

Echando un pulso.

Pero puede que no tenga todos los ases en su mano.

Puede que algo se le haya escapado.

-Estás jugando con fuego. Y puedes salir escaldada.

-Me arriesgaré. -¿También estás dispuesta

a poner en peligro a los que más quieres?

-Sabré protegerlos. -Eso es lo que tú te crees.

-No, no es un pensamiento. Es un hecho.

-No subestimes mis fuerzas.

Ten cuidado. -Lo tendré.

Pero mientras me quede una pizca de aliento, lucharé por ellos.

Alegra esa cara, Lolita, que cualquiera diría

que vienes de un velatorio.

-Ya me gustaría a mí estar más lozana, pero...

es que no he pegado ojo.

Que he dado más vueltas, que si tuviera la cama llena de chinches.

¿Y el Simón?

Que me había dado aviso para hablar conmigo.

-Ha salido con doña Celia. Tenían que arreglar unos papeles

en el banco por el negocio de los tintes.

-Me barrunto que me habrá dado aviso para contarme lo de la boda.

-Sí, sí, por supuesto que es por eso.

-Me alegro en firme por usted. Y por el Simón,

que ya va siendo hora de que alguien sea dichoso.

-Gracias. Por cierto,...

aquí tienes tu invitación.

-¡Qué elegantona!

Esta es como la que se gastan los señores.

-Pues eso no es nada. Ya verás lo que estamos preparando.

Va vendrá el obispo a casarnos. Y vamos a tener un coro con niños.

-Mucho chiquillo veo yo ahí. A ver si no van a caber

los invitados. -Pues va a haber varios cientos.

Lo más seguro es que tengamos que hacer la ceremonia en la catedral.

Para asegurarnos el sitio para todos.

-La monda. Esa es una boda digna de un rey, por lo que me cuenta.

Que no van a faltar invitados de postín: varios marqueses, y condes,

y lo más granado de este barrio, y de toda la ciudad.

-Es que el Simón... El Simón se merece eso y mucho más.

Ojalá todos los que sufran de mal de amores,

puedan terminar así de dichosos.

-Sí. Ah, y también vamos a tener

una alfombra roja que salga hasta la calle.

Y flores en todos los bancos.

Y tantas velas en el altar, que a más de una le va a dar un soponcio.

Le estaba contando a Lolita lo que estábamos pensando para la boda.

-Y me parece de perlas, pero

ten un poco más de cuidado y no exageres,

ya sabes que yo prefiero una ceremonia más sencilla.

Bueno, ¿no me vas a dar la enhorabuena?

-Claro que sí.

Ay.

Te deseo lo mejor, amigo mío.

-Tengo mucho que agradecerte.

Tú has sido mi cómplice y mi confidente

desde que llegué a Acacias. -Lo sé, por eso espero

que no me olvides nunca.

-¿Por qué iba a hacer tal cosa?

¿Qué te ocurre? -No.

Que no es momento de penas. Hala.

Tira a por unos chatos de vino y vamos a brindar.

-Esa sí es una buena idea. Voy a escape.

-Voy contigo.

#Mariquita...

#Mariquita me dio a mí, agua de un cántaro nuevo.

#Ella se muere por mí

y yo por ella me muero. #

¿Qué tiene usted, Carmen? Está blanca como la cera.

-Es que no me encuentro muy católica.

El cielo sigue cargado y siempre hace frío en este altillo.

-Como que tiene más corrientes, que un palomar.

-Pues a mí este tiempo me mata. Me afecta en exceso.

Será que mi cuerpo aún no se ha hecho a las penurias, Fabiana.

Qué giro me dio la vida. -A todas

nos ha vapuleado a su antojo, Carmen.

Pero...

hay que aguantarse y apretar los dientes.

No nos queda más remedio. -Lo sé.

Y le juro por Dios que lo hago.

Que al menos tengo un techo sobre mi cabeza.

Pero apenas tengo fuerzas para trabajar

y, hoy es la recepción de mi señora.

(Campanillas)

-¿Y no será que tiene usted otra cosa?

Mire que un cambio de tiempo tampoco es razón

para que usted esté tan mustia.

-¿Qué quiere que le diga?

Una ha hecho cosas de las que no está muy satisfecha.

Y eso vuelve una y otra vez. Y te deja muy mal cuerpo.

-¿Por qué hace usted cosas que la llevan a maltraer, alma de Dios?

-Porque no tengo forma de poder evitarlo.

-Ahora mismo...

me recuerda usted a mi sobrina Rita, que en paz descanse.

Le entraban los siete males cuando se arrepentía de algo

que había hecho.

Se le ponía la misma cara que a usted,

como si lo estuviera viendo.

Mire.

Esta era mi adorada Rita.

Mi Rita.

Era más buena que el pan blanco.

Pero la ambición la llevó por mal camino.

Y, a la postre, hizo cosas malas. Muy malas para una mujer de ley.

-No es ese mi problema.

Cuando una lo ha perdido todo, no tiene ningún anhelo.

-Alguno le quedará, ¿no? -Ni familia, ni posición.

-¿Cómo ha llegado a estar usted de esta guisa?

Una mujer con posibles. -Eso no viene al caso.

Y no quiero contestar más preguntas, que me está usted importunando.

-Descuide, mujer, que ya no le diré nunca más ni chus ni mus.

-Pues mejor así, que cada palo aguante su vela.

-Carmen.

Ándese usted con mucho cuidado. Que ese mal que la come por dentro,

no se va de un día "pa" otro.

Vengo descompuesta por lo que está pasando en mi casa.

-¿No iba tu padre a pagar la deuda y asunto resuelto?

-Pues sí. Eso creo.

Pero parece que mi hermano no está contento si no la lía.

Y esta vez es bien gordo. -Me estás asustando.

Entra conmigo y me lo cuentas.

-Anoche pillé a mi hermano besando a Lolita.

Y no te creas que ella le hacía ascos, al contrario,

parecía encantada.

-Anda que menuda cachaza tiene el Antoñito.

-Eso no es lo peor.

Lo peor es que defendía a esa descarada.

Me dejó claro que eran novios formales.

Lo que me faltaba, que mi hermano se casara con una criada. O peor,

que la dejara embarazada y se liara la de San Quintín.

-Mujer, si Lolita es de lo más decente.

Por eso ni te apures.

Tampoco me parece que sea para poner el grito en el cielo.

Creo que tienes que ser de miras más amplias.

-Víctor, no te chancees porque no es el momento.

-Te hablo en serio.

Hay que fijarse en lo que de verdad importa.

-¿Y qué hacemos, consentir sus caprichos?

-Pues respetar sus sentimientos.

Si se ha enamorado, ¿qué más da si es una señora o una criada?

El amor está por encima de todo, ¿no?

-No de la decencia.

-Pues me extraña que precisamente tú digas eso.

¿Acaso es indecente el matrimonio de tu padre con doña Trini?

-No me lo compares, Víctor, porque no es lo mismo.

Puede ser parecido, pero no es lo mismo.

-Pues no sé por qué te escuece tanto.

Con la de señores que hay que se enredan con sus criadas

y después las engañan y las abandonan...

Hasta con criaturas bastardas.

Por lo menos tu hermano va de cara, ¿no?

-Sí. Pues sería la primera vez que fuese sincero.

Y ten cuidado con lo que dices de mi padre que, por ejemplo,

él nunca ha tenido ningún lío con el servicio, ni soltero ni casado.

-No he dicho eso ni por asomo.

Tú lo que tienes que hacer es ayudar a tu familia,

que últimamente le vienen mal dadas. -¿Y es que acaso no lo hago?

-Sí, pero si quieres seguirlo haciendo,

más vale que te olvides de los amores de tu hermano.

Acuérdate que tu padre no tiene la cabeza para más problemas.

-Pues no sé si seré capaz.

-Pues vas a tener que hacer un poder.

Te voy a convidar a un chocolate. -Por cierto,

hay una cosa que me ronda desde ayer.

¿Qué es lo que te contaba Liberto?

-"Me voy a guardar aquí"

bien la invitación, para que quede de recuerdo.

Como no voy a acudir a la boda.

-Que de eso nada. Que tú vas a estar allí presente,

bien requeteguapa y bien bonita, ¿eh?

No tienes excusa para faltar. -La mejor excusa: haberla espichado.

-Que no me jeringues otra vez con eso, mujer,

que aunque sea el último casorio al que tú vas, vas a ir.

No puedes hacerle ese feo a Simón. Se ha encaprichado

con que tú vayas. -En eso no le falta razón a Casilda.

Que es un honor que la conviden a una a semejantes saraos.

-Pues sí. Simón y tú siempre habéis sido uña y carne.

-Me acaban de echar un rapapolvo de agárrate y no te menees.

-No me extraña, Servando.

Si usted diera palo al agua, no le tendrían que sacar los colores.

-Oye, oye, ¿qué estás insinuando?

Que yo cumplo como el que más.

-Los señores se han quejado por el ruido de anoche.

-¿No les habréis confesado que estábamos de cuadro flamenco?

-¿Se cree usted que somos lelos?

Le he soltado una milonga de estas, pero de las de calidad,

de las que solamente se le ocurren a una mente privilegiada como la mía.

-Les dijo que teníamos cucarachas y, que las estábamos matando.

-¿Y las palmas?

-Pues para celebrar que habíamos matado alguna.

-"Martincico" mío, ¿se han creído esa fábula?

-¿Y por qué no se lo van a creer?

-Esto de los flamencos va a terminar peor que la batalla Cavite.

-Bueno, pues se acabó. No se hace el cuadro flamenco

y punto redondo, que yo no quiero conflictos con los señores.

-No, no diga eso, mujer, no, no, no. Haremos mucho menos ruido.

-Cállese, que todavía no sé cómo

me ha liado para montar semejante jolgorio aquí en el altillo.

-Con lo formalita que es usted, "seña" Fabiana.

-Usted no les haga caso, que son unos liantes.

¿Quiere algo del mercado?

-Se me estaba ocurriendo... -No le dé más vueltas,

que esto está acabado. Y no quiero hablar más del tema.

-¿No se da cuenta que podemos ganar un montón de duros?

Que se puede hacer usted de oro. -Sí,

¿y de qué me va a servir si me echan del altillo

y tengo que gastarme los cuartos en una pensión?

Cuando digo que nones,

es que nones.

-De verdad, para una buena idea que tiene uno,

se tiene que ir todo al traste. -Vaya.

Con lo bien que se me estaba dando a mí lo de palmear.

Bueno, ¿me vas a contar lo que te dijo Liberto o qué?

-Mi amor, no me acuerdo ni de lo que me dijo.

-Mira, Víctor, que de tonta no tengo un pelo.

-Ya sé yo que eres más lista que el hambre.

Igual que de hermosa.

-Deja de darme coba y dime de una vez de qué hablabais,

que por tu cara no parecía un asunto baladí.

-¿Quieres unas tortitas de anís, para compartir con el chocolate?

-Víctor, vale ya.

Si no quieres que me enfade, dime qué te contaba.

-Si es que no quiero darte más quebraderos de cabeza.

Me parece que tienes ya bastante con tu familia.

Tampoco tienes que estar todo el día pendiente de lo que le pase a Simón.

-Yo no he nombrado a Simón.

¿Qué tiene que ver él con lo que te ha dicho Liberto?

-Pues más tiene que ver con don Arturo,

que con Simón.

-Pues razón de más para saberlo. -No hay nada que contar,

María Luisa. Intenta dejar pasar este tema.

-Pues esperemos que el Servando no siga liando a la "seña" Fabiana

con lo del cuadro flamenco.

De ser así, todas las del altillo

vais a terminar arrojadas en el arroyo.

-Ay, Casilda, que tengo algo aquí, que como no lo saque reviento.

-Ya. Si ya me barruntaba yo que algo te pasaba.

¿Qué tienes, Lola?

-Que María Luisa me pilló besándome con Antoñito.

-Pero ¿y eso cómo ha sido?

¿Dónde estabais para que os viera? -Pues en la iglesia. Bueno, al lado.

Pero era de noche. -Pues peor me lo pones.

Encima con nocturnidad. Lola, de verdad,

te has metido en un berenjenal.

-Antoñito va a hablar con su hermana

para convencerle que no le casque la historia a don Ramón,

que esa casa está para pocos líos.

-Mira, Lola, yo no te quiero poner mal cuerpo,

pero conociendo a la señorita María Luisa, con lo "revirá"

que es con todo el mundo, es de suponer que estás bien jeringada.

-Como abra la boca, arde Troya. Y mira que me escuece, ¿eh?

Sobre todo por Antoñito.

-Pues tú tampoco te ibas a ir de rositas.

-Para lo que me queda en este mundo...

-Mira que eres pesada con eso de que la vas a espichar.

Y si no te mueres, ¿qué, eh?

Mejor será que reces por conservar tu trabajo,

porque de echarte a la calle, te vas a ir sin buenas referencias.

-¿Qué? ¿Se está bien de charla?

-Perdone, señorita, que ya íbamos a nuestros quehaceres.

-Pues rápido, que tienes que volver a planchar mi blusa.

La dejaste hecha un desastre.

-Pero si la planché como usted me mandó.

-¿Me estás llamando mentirosa?

-No, señorita. Dios me libre de hacer tal cosa.

-A ver si te cabe en esa cabeza tan dura que tienes, que eres una criada

y, tu obligación es obedecer.

-Pierda cuidado. Que una sabe bien cuál es su sitio.

-Pues no lo parece.

Lo mejor será que no compliques más las cosas.

-Pues sí que están negras las cosas, sí.

Llevábamos todo el día esperando noticias.

-Lo sé, Víctor, pero las negociaciones han sido muy duras.

Estos del gremio de funerarios

parece que no tienen prisa en cerrar un trato.

-No me extraña. Sus clientes nunca les meten prisa.

-No te chancees, Antoñito, que te estás jugando la cárcel.

-Bueno, según nos ha dicho, parece que están dispuestos

a llegar a un acuerdo, ¿no? -Esperemos.

Esta misma tarde tengo una reunión, a ver si rebajan

sus pretensiones económicas. -Si yo puedo ayudarle en algo.

-Te lo agradezco, Víctor, pero no puedes ayudarnos mucho más.

Necesitaríamos a alguien experto en estafas.

Me refiero de manera legal.

No que sean maestros en practicarlas.

Qué lástima que Felipe no esté aquí.

Habríamos salido mucho mejor parados.

-Bueno, aunque no hubiera tenido el accidente,

con lo de doña Celia, supongo que tendría la cabeza en otra parte.

-Cierto. Aunque ya no estén casados, su honor está en juego.

-Por cierto, ¿está usted al tanto de la recepción de doña Úrsula?

-Sí. Trini me ha insistido en que vayamos un rato,

aunque solo sea por apoyar a Celia.

-¿No le escama tanta amabilidad por parte de esa señora?

-Nunca ha sido muy de fiar.

Pronto podremos comprobar si sus intenciones son sinceras.

Pase, señora, y sírvase lo que más le agrade.

-Muy informal me parece todo esto.

Ya ni los ágapes son lo que eran.

-Este pájaro tiene unos colores preciosos.

¿Y es de los que hablan? -De momento no ha dicho nada.

-Mejor.

Cuesta escuchar a la mayoría de las personas,

como para tener que hacerle caso a los pájaros.

-A mí este pájaro me parece de mal agüero.

-No veo por qué razón. Es un animal de lo más noble.

-Ya me lo dirás cuando te pique

y te contagie una de esas fiebres que hay por la selva donde viven.

-Doña Trini, ¿ha visto a María Luisa?

-No. La verdad es que ya debía estar aquí.

No creo que tarde en llegar.

-Parece que han acudido todos los vecinos de la casa.

-Supongo que están esperando a ver si Celia tiene redaños para venir.

Parece que el pájaro está feliz a su lado.

Será que no puede salir de aquí.

-Prefiero pensar lo primero. Celebro que hayas venido.

Quería que estuviera toda la familia acompañándome.

Sírvete una copa, hermano.

Al fin y al cabo, esto es una fiesta.

-Está usted pesaroso, don Ramón.

-Pensaba en el pobre Felipe. -Claro.

No se preocupe que, seguro que no tarda en regresar a España.

-Pues eso es precisamente lo que me preocupa.

Volverá aún sin recuperarse de su accidente,

herido y sin fuerzas para encontrarse con este panorama.

Esperemos que recobre pronto la salud.

La va a necesitar cuando vuelva a Acacias.

¿Qué les ocurre?

Es Celia.

Nuestra vecina y amiga.

¿Por qué la miran como si fuera un aparecido?

Saben igual que yo,

que lo que le hizo el periodista ese fue una jugarreta indigna.

¿Qué? ¿Se van a poner de su parte?

-¡Oh!

¿Qué haces aquí? ¿No subes a la recepción de Úrsula?

-Sí, pero estoy esperando a Rosina, que parece que tarda en llegar.

Cada vez emplea más tiempo en componerse para salir.

-Yo vengo de la iglesia, que estoy muy inquieta

9por lo que ha ocurrido ahora con Elvira.

-¿Tú estás al tanto de ese asunto?

-Por supuesto. Víctor es mi prometido

y no tenemos secretos.

-Lo entiendo. Pero no tendría que haberse ido de la lengua.

-Bueno, es que este asunto nos trae de cabeza a todos.

¿O tú no estás inquieto por las últimas novedades?

-Tengo que reconocerte que si no es preocupante,

al menos sí que es algo llamativo.

-Claro, ¿quién nos iba a decir a nosotros que ocurriría algo así?

-Toda una sorpresa. -Muerta me quedé al oírlo.

Igual que cada vez que lo escucho.

¿A ti no te pasa que cada vez que lo dices en alto no te crees que...?

-¿Que don Arturo está en Estambul y no en Buenos Aires?

-¿Está en Estambul?

-Tú no sabías nada, ¿verdad? Me has enredado para sonsacarme.

Esto es indigno de ti, María Luisa. -Necesitaba saberlo, Liberto.

Elvira era muy amiga mía y este asunto tiene mucha enjundia.

-Te ruego que no hables de esto con nadie.

No quiero ni imaginar lo que pasaría si esto llegara a ciertos oídos.

-Perdona, pero no puedo asegurarte nada.

Disculpa, me he retrasado porque estaba

en la sastrería con Simón.

Comprando un velo para regalárselo a Adela.

No hace falta que me recibas con esa cara de perro de presa.

-No, perdona, cariño, perdona, que no estoy desasosegado por eso.

Es que...

Tengo que reconocerte que el secreto que me pediste que guardara,

ya ni es secreto ni está guardado.

-Ahora lo sabrá todo el mundo.

Podrías haber sido más discreto.

-Sí, y un poco más listo, también, que he caído como un colegial.

-Bueno, no pases pena por eso, Liberto.

Si en Acacias, todo se termina sabiendo.

Bueno, ahora lo importante es la recepción de Úrsula.

Vamos, que vamos tarde ya.

Qué callado está esto. Más que recepción, parece velatorio.

-Casi todos los que estáis aquí me conocéis desde hace años.

Sabéis el tipo de persona que soy. Este retrato es una canallada.

Una trampa que me han tendido para atentar contra mi buen nombre.

-Celia, querida, nadie duda de eso.

-Sé que debería ir a comisaría a denunciar.

Pero... no sé cómo consiguieron hacerme este retrato.

No sé cómo consiguieron aprovecharse de mí.

-¿Qué quieres? ¿No ves que no es el momento?

-Lo sé, señora, y me hago cargo.

Pero es que Servando ha llegado con esta carta.

Para doña Celia. Por lo visto, es muy urgente.

-Celia, querida, dinos. ¿Qué ocurre?

-Me escriben de Francia.

Mañana Felipe estará aquí.

Le trasladan a un hospital en la ciudad.

-No sabe el pobre la vergüenza que aquí le espera.

-Bueno, tampoco debería ser así. Por fortuna,

Felipe ya no está casado con Celia. Su vergüenza no va con él.

-Rosina.

Perdón me he expresado mal.

Quiero decir que, haga lo que haga Celia, por reprobable que sea,

ya no atañe a su honor, al de Felipe.

-Mejor cállate, querida. No quieras arreglarlo.

-Se equivocan.

Mis cuitas le atañen más de lo que puedan creer.

Si por algo lamento el engaño en el que me he visto envuelta es por él.

Sigo amando a Felipe.

Y por eso hace un tiempo que... volvimos el uno con el otro.

-Uy.

-La verdad es que nos hemos estado viendo.

En secreto.

Y me duele que este retrato pueda afectar a mi relación con él.

Pero espero que su amor le haga ver la verdad.

No hay otro hombre en mi vida.

Solo él.

Y si de algo debo arrepentirme,

no es de este dichoso retrato,

sino de no haber proclamado antes

mi amor por mi marido.

Pero ya no voy a esconderme más.

-Ve tras ellos.

-Ay, un momento, trae un poco de coñac,

no puedo con tanta emoción.

Vengo del hospital.

No confundiste a Castora con otra enfermera.

Aquella mujer que tanto temías era ella.

Blanca, nos has mentido.

Has sido una inconsciente permitiendo que se marchara.

Teníamos que haberla llevado a la policía

y haberle hecho confesar la verdad.

-Solo trataba de ayudar.

Créeme, es mejor tener lejos a ese endriago de mujer.

-Si crees que nos ayudas de esa forma, estás en un error.

Esa no es la manera correcta de actuar.

-Quiero que dejes de meterte en mi vida.

Deja de decirme qué tengo que hacer y cómo he de obrar.

-Solo lo hago porque esto afecta a mi padre.

-No.

Eso no es verdad.

Confiesa. ¿Por qué estás tan pendiente de mí?

¿Por qué te importa tanto todo lo que hago?

Luego soy yo la cobarde.

Atrévete. Di lo que sientes.

-Disculpen, pero tengo que sacar más comida.

Celia, querida, has dejado a todo el mundo de piedra.

-Con razón dicen que la mejor defensa es, un buen ataque.

Me alegro mucho por ustedes. Hace tiempo que tendrían

que haber dado ese paso. -Sobre todo por mí, Ramón,

que no aguantaba ni un minuto más guardando ese secreto.

-Ahora solo queda esperar a ver cómo reacciona Felipe a lo sucedido.

-Descuide, Celia. Felipe, además de un hombre justo,

es un hombre enamorado. Le aseguro que hará lo correcto.

Bueno, lamento tener que irme tan pronto,

pero tengo una reunión urgente que no admite aplazamiento.

-Querido, suerte con los de las funerarias.

-Gracias, mi amor. La voy a necesitar.

De modo que nuestros vecinos vuelven a estar juntos.

¿Tú te has fijado que al final siempre acaba triunfando el amor?

-No, ya se verá. Aún queda por ver si Felipe la perdona.

Esperemos que ese golpe que se ha dado en Francia le haya ablandado.

Estos aperitivos tienen que estar malísimos.

¿Te das cuenta? Este bicho ni trata de catarlos.

Brindo por usted.

Le agradezco mucho que haya organizado esta recepción.

-Es lo mínimo que podía hacer por usted.

¿Un canapé?

-No. No me apetece.

Venga, tenemos que hablar, vámonos.

¿Dónde has estado? Hace rato que no te veo.

-He salido a tomar el aire.

Estas recepciones me abruman.

-¿Quieres una copa de champán?

Parece que las piezas encajan.

¿Y?

¿Qué tienes para sacarme de una recepción de esta manera?

-¿Qué he de tener?

¿Acaso hay algún motivo por el que tenga que estar enfadada

con mi novio?

¿Por qué me has ocultado que don Arturo está en Estambul?

-¿Cómo te has enterado de eso? -Eso no importa.

Contéstame. ¿Por qué no me lo has contado?

-Porque sabía que te ibas a revolver

y metiéndote donde no te llaman.

-¿A mí no me llaman en algo que tenga que ver con Elvira?

-No quería decir eso.

-Víctor, que don Arturo esté en Estambul no es asunto baladí.

Y que nos haya mentido con respecto a su viaje, menos.

El que no la debe, no la teme.

¿A qué se ha ido precisamente a Turquía?

-Cualquiera sabe cuáles son sus motivos.

-Me barrunto que nos ha estado engañando.

Ahora está moviendo sus hilos en la sombra.

¿Y si todo ha sido una farsa?

-Creo que estás dejando volar tu imaginación en exceso.

-Esto tenemos que contárselo a Simón.

-Pero ¿cómo puedes ser tan cansina? Déjalo ya, porque es que si no...

-¿Si no qué? -Si no voy a creerme

que te importa más lo que le pase a Simón que nuestro noviazgo.

Yo creo que ya va siendo hora de que nos centremos

en ser felices nosotros.

Y de permitir también que Simón tenga un futuro junto a Adela.

Cuenta. ¿Qué ha sucedido?

No me mires con esa cara de perro degollado.

No te voy a consentir ni un melindre.

-Cuando he entrado en la cocina, estaban...

-Sigue si no quieres sufrir las consecuencias.

-Estaban en una situación comprometida.

Muy cerca el uno del otro.

-Ya me lo olía.

Solo hay que ver cómo mira mi hija a Diego,

cómo se evitan y cómo se acercan.

Tenía que haber caído antes.

-Esta servidora sabe muy bien cómo mira una mujer a un hombre

cuando le desea, y es así como su hija miraba a Diego.

-Pues habrá que avivar esas llamas.

Mi vida. Cariño.

Cuánto has sufrido.

Ay.

-(TOSE)

-Celia. -No, no, no, no. No hables.

Ya me ha dicho el médico que no puedes hablar.

Tus heridas todavía se tienen que sanar.

Pero me ha dicho que vas por buen camino.

Y que en un tiempo prudencial podrán quitarte las vendas.

Ay, mi vida.

Cómo te he extrañado.

"Que los señores no nos dejan canturrear"

en el altillo. Y punto redondo.

-Pues iremos donde están los turistas.

-¿Adónde, al extranjero? -Que no, loca.

A la calle.

Montaremos un pequeño tablao en la pérgola.

Por allí pasa todo el mundo y no nos pueden decir nada.

-Bueno, como poder, nos pueden decir lo que quieran.

-Pues nosotros tres cuartos de lo mismo.

La calle es de todos, de señores y de criados, ¿no? Pues ya está.

-"Si la gente se entera de que vas inventando esas historias,"

que no son reales... -Lo sé.

Te prometo que haré el esfuerzo por controlar mis historias.

-Solo te pido eso.

(Llaman a la puerta)

-¿Doña Susana? -No.

Doña Susana tiene llaves.

-¿Madre, qué hace usted aquí?

-"Ramón,"

dinos, ¿habéis conseguido llegar a algún acuerdo?

-No.

-¿No? -No, hijo, no.

Solo hemos discutido.

-Discutido las condiciones del acuerdo.

-La cantidad que se debería abonar para que abandonaran la demanda.

Y no hemos llegado a un acuerdo,

porque los afectados se han reunido y, ahora piden revisar al alza

la cantidad inicialmente pactada.

-Vale, pero ¿estamos hablando de mucho dinero?

-Estamos hablando de un dinero suficiente, como para arruinar

a las familias más pudientes de este país.

-"Oye,"

¿y sabes si los balcones

de la casa del coronel están bien cerrados?

-Pues no tengo ni la más remota idea.

-Pues debería estarlo.

Porque parece que va a caer una buena

y, podría filtrarse el agua por las ranuras y liarse muy gorda.

Quizá deberías subir a comprobarlo.

Porque tienes las llaves, ¿verdad?

-Sí, sí.

Aquí mismo la tengo, pero...

Pero... No sé.

El coronel me dejó dicho, y muy bien dicho,

que no tocara su casa.

Y con el respeto que me da ese hombre,

prefiero no llevarle la contraria. De todas formas, estaré al tanto.

Buenos días.

Te he dejado sobre la mesa una misiva que ha llegado de un cliente.

-Es una carta del señor Valdivia. Un reputado joyero.

Buen cliente nuestro desde hace años.

-¿Se trata de algo malo?

-Se queja de que últimamente le han estado llegando las piezas

con cierto retraso.

Se plantea romper la relación comercial.

-Si es un buen cliente, no podemos perderlo.

-Desde luego que no, pero...

no sé cómo hacer para convencerlo de lo contrario.

Tal vez le escriba una carta de disculpa.

-Quizá deberías ir a visitarle. Por tranquilizarle.

-Lo cierto es que es muy buena idea.

Voy a decirle a Carmen que prepare mi equipaje.

Marcharé hoy mismo.

-Disculpe, mi muy señora mía. -Dígame, caballero.

-Es increíble el talento que tiene usted.

-Gracias. Es usted muy amable.

-"Mamma mia". Lo que soy es afortunado

de tener una mujer tan hermosa e increíblemente talentosa

delante. Su voz, su manera de bailar,

la fuerza que emanan sus movimientos...

Es un espectáculo verla.

-Deje de decirme esas cosas, que me va a sacar los colores.

-Solo digo la verdad de lo que ven mis ojos.

-"Me voy unos días de la ciudad".

-¿Cómo que te vas? ¿Adónde?

-Quizá a las minas de Huelva.

Me gustaría encontrar alguna piedra preciosa, de valor.

-¿Por cuánto tiempo?

-No mucho.

Necesito...

despejarme por unos días. Alejarme de todo esto.

-"Diego tiene fuerza".

Poder. Es un hombre corajudo y valiente.

Con un carácter firme y lleno de luz.

Como mi hija.

Unidos pueden ser demasiado fuertes.

Demasiado peligrosos.

Voy a juntarlos para separarlos de nuevo.

Y hacer que todo explote

por los aires.

Voy a romper la familia Alday para siempre.

  • Capítulo 604

Acacias 38 - Capítulo 604

19 sep 2017

Antoñito pide discreción a su hermana por su relación con Lolita. María Luisa lo respeta, pero desprecia a la criada. María Luisa sonsaca a Liberto que Arturo mintió y no está en Argentina sino en Estambul. Blanca se enfrenta a su madre después de que Castora se haya ido: no cederá a su chantaje.

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Añadir comentario ↓

  1. Edgardo

    22/09/2017, y en los capítulos 605 y 606 de nuevo no dejan comentar, ¿ que les pasa?¡¡¡ a "ponerse las pilas " muchachos del sitio.!!!!!

    22 sep 2017
  2. Mabi

    Ahora está la opción comentarios en los cap 605 y 606 , pero al no estar " añadir comentario " escribo, envío y no hay caso, no aparece reflejado....

    22 sep 2017
  3. Caye

    Pues seras tu ija, porque a mi se me oye bien y se ve genial

    21 sep 2017
  4. Sara

    Ese vendado no es Felipe, ¡Es Cruz!

    21 sep 2017
  5. Marce

    Para los que no tiene buena señal. No se preocupen, no se pierden de gran cosa jajaja

    20 sep 2017
  6. elena

    No se puede ver ningún capitulo y si se ve no tiene sonido.en YouTube hay que suscribirse.es un calvario la Rtve. Esta es la ultima ficcion que me engancho....esoero termine pronto

    20 sep 2017
  7. maria

    Nueva moda ha no se ve sólo se olle an cambiado alguna aplicación ?antes se veía perfectamente y ahora no hay maera!

    20 sep 2017
  8. Luz

    Hola acacieros para los que no pueden ver los capítulos en la página de rtve, fíjense en youtube ahí están los capítulos completos del día, saludos desde Argentina.

    20 sep 2017
  9. Mabi

    Ojalá Víctor se ponga firme con Maria Luisa, es que ya cansa con el dale que dale de Elvira y Simón.... Que se ofenda, se ponga celoso o algo para hacerla reaccionar, siempre ocupándose de amores ajenos, como ahora con su hermano y Lolita, y no apurando el suyo y casarse de una buena vez !!!! Que dañina Ursula !!! Pero me gustó que le saliera el tiro por la culata, y que Celia se confesara y dejar de ser la tonta del edificio, ahora bien, en los avances se ve a un Felipe ??? todo vendado, pero es Felipe? O sea Marc Parejo ? No daba la impresión...

    20 sep 2017
  10. Mabi

    Neti te dejé en comentarios del capitulo 603, como hacer para que puedas escuchar, así es como lo hago yo, y funciona .

    20 sep 2017