www.rtve.es /pages/rtve-player-app/2.11.0/js
4204098
No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 595 - ver ahora
Transcripción completa

Habla de una vez.

¿Qué era eso tan importante que Jaime quería decir a sus hijos?

-No pude entenderle.

Solo balbuceaba

como un niño.

-Entonces no había peligro alguno. -No crea.

Hice lo que hice

para protegerla. -"Siendo así,"

es muy probable que Elvira sea la mujer del cuadro

y que esté viva en Turquía.

-Estamos casi seguros de ello, sí.

-Pues es una gran noticia.

No entiendo por qué has estado tan meditabundo.

-"Creo que le duele"

que quieras que Elvira vuelva.

-Te equivocas. Ya la has oído, quiere mi felicidad.

Es la persona más generosa que he conocido.

-Ojalá no te equivoques.

Pero yo pienso que no le está sentando tan bien

como trata de aparentar. -"No me voy a morir".

Voy a estar aquí para siempre.

-Bueno, para siempre no, pero esperemos que muchos años.

Tantos como para conocer a tus nietos.

-Que vamos a tener un zurrón de ellos.

-Todos los que quieras, Maritornes.

-Cada vez que te miro, me gustas más, ladrón.

-"Necesito confesarle algo que me perturba por dentro".

"He tratado de impedirlo por todos los medios,"

pero siento algo muy fuerte por Blanca.

Por más que lo intento, no consigo sacármela de la cabeza.

-"He recibido un telegrama y me ha alegrado el día".

-¿Y puedo preguntarle quién se lo envía?

-Felipe.

Está deseando regresar para saber de sus vecinos

de Acacias, después del terremoto.

¿Nos vamos? -Vamos.

-Con Dios. -Con Dios.

-Ay, Celia...

-Ya veremos cuánto te dura la alegría,

querida Celia. -"Mis sentimientos"

son más claros, espero que los tuyos también.

Cada día que pasa

me siento más cerca de ti.

¿Quieres casarte conmigo?

¿No has oído lo que he dicho?

-Sí.

-No te ha agradado la pregunta.

-Claro que sí.

-¿Entonces a qué se debe tu silencio?

-Tu pregunta me ha pillado por sorpresa.

Después de todo lo que ha pasado con tu padre...

-No es el mejor momento,

me hubiese gustado que la petición fuera más romántica,

tendría que haberte llevado a cenar,

poner unas velas, pero ni siquiera

he podido terminar el anillo que quería darte.

-Sí.

-¿Qué has dicho?

-He dicho que sí.

Sí.

Me casaré contigo.

Pronto terminaré el anillo que sellará nuestro compromiso.

-No lo necesito.

Solo te necesito a ti.

Necesito que estés a mi lado.

-Acabas de hacerme el hombre más feliz de la tierra.

Vuelvo a darle mis más sinceras condolencias

por el fallecimiento de su esposa.

-Sus condolencias no es lo que quiero de usted.

-Ya. Entiendo que esté afectado,

pero Lolita le traerá ahora algo de beber para templar sus nervios.

-No quiero beber nada,

lo que quiero es que se responsabilice de lo que firmó,

¿o se ha olvidado ya?

-No, no, nada de eso.

-Pues me alegro,

porque he repasado el contrato

y dice que se tiene que hacer cargo del cadáver

de mi esposa en estos duros momentos.

Y hacerse cargo significa

acicalarla, ordenar las flores,

encontrar un nicho orientado a poniente

y muchas cosas más

que están escritas con letra muy clara

en ese contrato. -He gastado mis ahorros

en este menester. Y a ver dónde está toda esa gente

que me iba a hacer el trago

más llevadero. -El caso es que...

-Déjese de zarandajas.

Exijo que cumpla con lo prometido y punto redondo.

-Si no me deja hablar.

Pero claro que su esposa va a tener el entierro que se merece.

Usted vaya tranquilo a su casa a velarla,

que nosotros nos ocupamos de todo.

-Bueno, pues muchas gracias, señor Palacios,

muchas gracias. Y lo siento

si he estado brusco, no era mi intención.

Pero estoy muy alterado por el fallecimiento

de mi esposa. -Ya. Tranquilo,

lo único importante aquí es su dolor

y que esté tranquilo sabiendo que su esposa

tendrá el descanso que deseó en vida.

-Le acompaño a la puerta, señor García.

-Gracias. -Nada.

-Le acompaño en el sentimiento. -Gracias.

No voy a poder enterrar a esa mujer.

-¿Qué? ¿Has perdido el oremus?

-Lo que he perdido es el dinero. No he conseguido cerrar el trato

con las funerarias

y no sé qué hacer. -¿Y la guita que esa gente dio

para las pólizas qué?

(Puerta cerrándose)

Tu padre y doña Trini.

-Doña Trini espera que le hablemos de nuestro compromiso.

-Con la que tenemos encima,

madre del amor hermoso, no estamos para pamplinas.

Calla.

-Muchachos, hace una noche maravillosa y fetén.

Una noche ideal para recibir

buenas noticias. -¿Buenas noticias?

-Ramón, creo que tu hijo tiene algo que contarnos.

-Pues soy todo oídos, Antoñito. ¿Qué ocurre?

-No, no ocurre nada, no sé de qué me está hablando.

Y ahora, si me disculpan...

-Quieto parado.

Antoñito, ¿qué está ocurriendo?

¿No tendrá que ver con el señor ese tan triste

de la escalera? -Acabo de recordar que tengo asuntos

que atender, así que ya hablaremos con padre en otro momento.

-¿Cómo? ¿Cómo? An...

-Y si no tenía nada que decirme,

¿para qué me has hecho venir a casa como una saeta?

-Pues, pues, Ramón,

para que pasáramos un rato tú y yo solos, pichoncito mío.

¡Maldita sea mi vida, maldita sea mi estampa!

Y el Martín sin venir.

-¡Servando! Servando, escuche usted.

-Bueno, bueno. -Suelte la escoba y atiéndame.

-¿A qué viene ese brío, Fabiana?

-Han publicado el nombre del ganador del concurso,

eso me han dicho.

-Léamelo antes de que me dé

un soponcio. -Ni que yo supiera, Servando.

¿Desde cuándo junto yo dos letras?

Aunque bueno, si juntamos la A con la O...

-Bueno, sí, sí. ¿Y...? -Pues que me lleven los demonios

si lo que pone no es su nombre.

-Sí, sí, ese es mi nombre. No, que reconozco las letras.

-Eso he pensado yo también. -¡Que soy el ganador!

-Por fin el hogar... -¿Qué pone aquí?

-¿Eh? Pero vengo directo desde la estación

solo para ver a mi canija, a mi hogar y a mi gente,

¿y me reciben con un: "¿Qué pone"?

-Hombre... -Qué menos qué: "¿Cómo estás?".

"¿Qué tal tu viaje?".

"Nos alegramos de verte". -¿Y tú cómo estás?

-He sufrido mucha calamidad. -Bueno, luego, luego me cuentas.

Pero ¿qué pone aquí?

Ahí.

-Aquí dice que es usted el ganador de lo que parece ser

un concurso de epitafios.

Enhorabuena, Servando. -¿Y pone...?

-¿Lo ve? Se lo dije. -Es verdad.

¿Pone algo del premio?

Sí. Dice:

"La empresa se ha reservado el derecho

de cambiar el premio pecuniario por un panteón de gran valor".

-Un...

Un panteón.

Bueno, bueno, menos da una piedra.

Un panteón tampoco es algo desdeñable.

-¿Qué es esto del concurso? -Una cosa

muy larga que ya te contaré. ¿Pone cuál es mi epitafio?

Léelo, anda, léelo.

-Sí.

"Se va un portero de corazón".

"Y si en el cielo hay puertas,

yo no quiero entrar".

"Mejor dadme un trapo

para el pomo limpiar".

-Cuánta poesía,

cuánta ternura, cuánta verdad.

-Es hermoso, sí,

para chasco que lo es, Servando.

-Es nuestro sino, Fabiana.

Ya nos podemos ir al otro mundo con la cabeza muy alta

por haber cumplido con lo nuestro en esta vida.

-Orgullosos de lo que somos

y de lo que hemos sido.

Y suerte que tenemos de tenernos los unos a los otros.

-Calle, calle, Fabiana, que me va a echar los lagrimones...

Es que...

¡Ay! -No, no.

Yo voy al altillo a buscar a mi canija, ¿eh?

-Mire.

Quédese con el periódico, lo recorta y lo enmarca usted.

No debe preocuparse, Simón. Adela habrá salido temprano de casa.

-Era casi amanecida cuando llegué y ya había salido. ¿No es extraño?

-No es lo que suele hacer, eso no lo niego.

Pero seguro que tiene alguna explicación.

-Marchó muy temprano y sin desayunar, nunca sale sin comer

o beber algo caliente.

Seguro que tenía que atender algún recado que requería premura, supongo.

Discúlpeme, doña Celia, estoy inquieto por otros asuntos

y seguro que incrementan mi nerviosismo.

-Estoy convencida de ello.

Voy a dar un paseo con Rosina y Susana.

Lo cierto es que es precioso ver cómo se inquieta por su amada.

(Puerta)

Doña Susana.

¿Ha visto a Adela en la calle?

-¿No está aquí? Celia...

Tampoco ha acudido a la apertura de la sastrería.

Es extraño en ella, porque es puntual como un reloj suizo.

-Le ha pasado algo, lo sé, lo noto en las entrañas.

Marchó temprano, antes de que yo llegara.

-Simón, mantenga la calma.

No monte castillos en el aire ni vea fantasmas.

No hasta saber qué ha pasado.

-Supongo que tiene Vd. razón.

-Estoy convencida de que en cualquier momento entrará por esta puerta

y dará la más sencilla de las explicaciones.

Y será de una lógica aplastante. -Estoy de acuerdo.

Habrá ido a misa o al mercado.

-Claro. -La encontraremos

nada más pisar la calle.

-Bueno, si eso sucediera... -Le avisaremos.

Buenos días

por la mañana, Rosina.

¿Va de paseo? -Sí. He quedado con las amigas.

Parece que se quedará un día bueno. -Sí.

Qué bien oírle decir eso.

Me uniré a ustedes, si no es molestia.

Vengo de visitar a mi marido en la residencia

y traigo el corazón compungido y lleno de tristeza infinita.

Me reconfortaría

pasear con ustedes.

-Por supuesto,

doña Úrsula. -Discúlpeme un momento.

Lolita,

aguarda.

¿Dónde vas con tanta prisa?

-Ya sé que le tenía que explicar lo de los "muñecajos"...

-Perdonada.

No quiero hablar de eso.

-¿Que no? -No.

Solo quiero disculparme.

-¿Lo "cualo"?

-Creo que he sido

demasiado dura contigo,

hasta diría que ofensiva.

-No tienes que decirme quién está

detrás de lo de Los Paulinos, ya lo sé.

Y, desde luego, jamás te hubiera culpado ni a ti

ni a tus amigos del altillo. -¿Ah, no?

-Por supuesto que no.

¿Olvidas que durante un tiempo yo viví allí,

que pertenecí a vuestra familia?

-Entonces, para que me quede a mí requetebién de claro,

doña Úrsula,

no va a hurgar usted en mi vida.

-Claro que no.

Por otro lado, tampoco tienes nada de qué avergonzarte, ¿verdad?

Deja esos menesteres

a la señoras de alcurnia.

Ellas sí tienen cosas que ocultar.

-Te reconozco

que no quise decir nada delante de Simón,

pero es rara la ausencia de Adela.

-Se habrá entretenido con algo, no sufras.

Rosina, siento mucho no poder acompañaros al paseo,

pero, sin Adela, debo ocuparme de la sastrería.

Me ha hecho una buena faena.

-Blanca, ¿dónde están mis hijastros?

-Juntos.

Samuel ha ido a ver a su hermano por asuntos del negocio familiar.

-¿Se vienen con nosotras a la chocolatería?

-Ojalá pudiera yo quedarme

y descansar cinco minutos.

La palabrería vacua distrae a cualquiera.

Pero... A más ver.

-Hasta más ver.

Perdone que le pregunte, pero ¿qué hablaba

con Lolita? Parecía un poco afligida la muchacha.

-Naderías. Ya sabe que las criadas están todas mal de los nervios.

-No sé por qué pensaba que quizá andaba interrogándola por lo de...

Por lo de aquella noche, la del... La del muñeco.

-Nada de eso, se equivoca usted, Rosina.

Lo que sucedió aquella noche no es plato de buen gusto

y trato de olvidarlo.

-Bueno, ¿entonces se vienen

con nosotras a tomar algo en La Deliciosa?

-Creo que me retiraré a descansar.

No me encuentro muy católica.

Blanca, acompáñame.

Señoras...

-Adiós.

¿Entonces no te queda ni un céntimo ahorrado?

-Tenía, pero se lo tuve que devolver todo al coronel. Ya sabes

cómo se las gasta este hombre. Qué te voy a contar, era una amenaza.

-Sí, te entiendo perfectamente. Sabe Dios que te entiendo muy bien.

-Pero ese no es el único problema. Para cerrar el trato

me piden avales y documentación que no tengo.

-Lo que tienes es un cadáver, el de la señora García, y una obligación.

-Te lo cuento para que me ayudes, no para que me pongas la soga.

-Tienes razón.

Disculpa, no era mi intención. -Lo sé,

sé que esa mujer se merece sepultura

y no puedo dejar que siga descomponiéndose en su casa.

-Quizá puedas llevarla al cementerio,

darle el entierro que merece y pagárselo en unos meses.

-También lo he intentado,

pero quieren dinero por adelantado o no cogen la pala.

-Tan solo se me ocurre una cosa.

-Ya, ya sé lo que me vas a decir. -Sí.

Hablar con tu padre y que te adelante dinero.

-Demasiados disgustos le he dado ya. -Si se lo cuentas, tu padre...

-No, Liberto,

de verdad. Y te pido

máxima discreción con este asunto.

No quiero que nadie, nadie se entere de esto.

-Descuida.

-Gracias.

-Liberto, mi vida, voy a tomar algo con Celia.

¿Nos acompañas? Dime que sí. Me acabo de cruzar con Úrsula.

Y esa mujer siempre me deja el estómago

como el esparto. -Llevas mi regalo.

-Sí. Para que todo el mundo me lo vea.

Pero nadie hace acuse de recibo.

-Estás preciosa.

-Te espero fuera.

-Ve, ve, ve con tu esposa.

-Es que no me gustaría dejarte aquí solo y abatido.

-Tranquilo, que ya encontraré una solución.

-¿Seguro?

-Elena, pon eso

en mi cuenta, estoy en la terraza.

No puedes hacer eso, Antoñito.

Te has vuelto loco.

Pero bueno, ¿qué haces ahí parado como un poste de la luz?

Acabas de llegar, ¿no tienes hambre?

-Sí, sí, claro que tengo.

-¿Y no te apetece echarte al coleto uno de mis potajes?

-Es lo que más me apetece en el mundo.

-Pues sea, siéntate, ponte cómodo.

Casilda, ¿y si mejor nos vamos a la casa de guardeses,

a nuestro hogar?

-Martín, es verdad que hace muchos días que no nos vemos

y yo también tengo muchas ganas de achuchones,

pero con la faena que tengo hoy, no puedo andar de allí para acá.

Venga, siéntate y cuéntame qué tal ha ido el viaje.

Casilda, me encontré a mi amigo hecho carbón.

-¿Tan malamente?

-Ni te lo imaginas.

Llevaba días sin comer, duerme en un establo

y tiene secuelas de la guerra.

-Uy. -Tullidito y cojito lo encontré.

-Virgen santa, qué estampa.

Pobrecico. -Por suerte,

hablé con el párroco y se apiadó de él. Le dio techo

en la casa parroquial a cambio de ayudarle.

-"Ende luego", tienes un corazón que no te cabe en la pechera.

Y "en precisamente", tú no tienes una pechera pequeña.

Ay, Martín, no te puedes imaginar lo que te echaba

de menos. -Ya, pero ahora no, Casilda.

Es que tengo mucha hambre y el viaje fue duro.

-¿Qué quieres decir?

-Hombre, Martín,

no solo no me avisas de que has llegado,

sino que te apoltronas en mi casa.

-Lo siento mucho, no sabía...

-Ya, no sabías, pero aquí estás.

-Lo siento mucho. Además, me voy. Hay mucho que hacer en la casa.

-No tengas prisa. Si estás cansado,

puedes disfrutar un poquito de mis mullidos sillones.

No te vas a ver en otra de estas.

-Gracias, ya si eso...

Bueno, gracias.

-Pero este... Qué raro ha vuelto, ¿no?

Simón.

¿Sabes algo de Adela? -¿Os habéis enterado?

-Que no se presentó a trabajar.

-Susana cuenta que le dio plantón

en la sastrería. -Sabes cómo se las gasta mi abuela.

Le va a caer la del oso.

-Sí, lo sé, pero algo le ha tenido que pasar. Esto no es normal.

-Lamento ser tan dura, pero sí que lo es.

Yo sabía que esto iba a pasar.

-¿Qué quieres decir? -Que para mí

estaba claro que toda esa entrega era falsa.

Ella no quiere que Elvira viva.

-¡María Luisa!

-Es la verdad, Víctor.

Toda esa ilusión que mostraba sobre el asunto era mentira.

Es una hipócrita y ha estado aguantándose

hasta que no ha podido más.

-Te equivocas. -Simón, vamos a encontrar a Osman

y ella ha huido antes de que se confirme que Elvira está viva.

-Bueno, tú no la conoces.

-Ya lo creo que la conozco.

El que no la conoce eres tú.

Simón, Adela te está engañando,

te hace creer cosas que no son y no te das cuentas.

-Que no es verdad. De lo único de lo que me doy cuenta

es de que Adela es el alma más caritativa,

bondadosa y comprensiva. Y tú, en lugar de buscarla,

hablas mal de ella. -¿Podemos dejar

de discutir? Que somos todos amigos, por Dios.

-Algún día verás que es verdad. -Mientras no suceda,

podríais ayudarme a buscarla, ¿no?

¿Debería llamara a la Policía? -Yo creo

que deberías de tomártelo con más calma.

Aparecerá en un par de horas. -No lo tengo yo tan claro.

¿Aún sigues así?

-¿Así cómo?

-Pues triste, bajuno, hecho un guiñapo.

-Es que el tiempo pasa y no hallo ni el dinero ni una solución.

Y esa pobre mujer sigue descomponiéndose en su casa.

En cualquier momento el señor García me pide una explicación.

-Qué mala suerte la nuestra, eh.

Nada más librarme de mi muerte,

la Úrsula y esta mujer que se muere, ala.

-¿Qué vamos a hacer?

Si al menos pudiera disponer de unos días,

podría vender alguna otra póliza y así darle a esa mujer

el entierro que se merece. -¿Y cuánta guita necesitas?

Yo tengo algo guardado en el altillo. -No.

No, mujer, yo te lo agradezco,

pero será más de lo que tienes acumulado.

Además, que son todos tus ahorros.

-Bueno,

pero yo quiero ayudarte.

-Bueno, pues quizá sí que haya algo que puedas hacer por mí.

-Lo que sea.

-¿Podrías ir a casa del señor García y maquillar a esa pobre mujer?

-¿Tocar yo a un muerto?

-Mujer, sería solo adecentarla un poco.

Así yo ganaría tiempo

para poder conseguir dinero.

-Antoñito, yo por ti hago lo que haga falta,

bien lo sabe Dios, menos tocar a un fiambre.

Qué mal fario. -Lolita, yo sé que a ti

te da pánico todo esto, pero... -Calla, calla, ni lo menciones.

Que pongo un pie en esa casa

y me da un tabardillo.

-Buenas tardes por la tarde.

¿A este qué le sucede?

No habréis roto, ¿no?

-Claro que no. -Ah.

¿Entonces a santo de qué esa cara?

¿Por qué no contasteis a Ramón

que teníais un compromiso? ¿No se habrá echado para atrás?

-No, doña Trini, no es eso.

-¿Entonces?

-Pues los negocios del Antoñito,

que le tienen

hecho un ovillo y enmarañado.

-Ay, Lolita, miedo me da oírte.

No tiene sentido.

-Mantienes que las medidas no cuadran.

-Llevo días dándole vueltas y no hay manera.

He tratado de adaptar el diseño del colgante al anillo,

no hallo la forma de hacerlo.

¿Crees que padre pudo haberse confundido?

-Él no cometía errores.

Ojalá pudiéramos preguntárselo.

Ojalá pudiéramos

hablar con él.

Un momento,

las medidas están mal. -Lo sé.

-No cuadran. Y padre hizo el colgante Ana mil veces.

-Parece que las cambió a última hora. Estoy tan desconcertado como tú.

-¿Por qué cambió algo que sabía que funcionaba?

¿Por qué modificar algo que está bien?

-Padre estaba raro los días previos al incendio.

Estaba errático, pensativo.

-Y todo por culpa de esa mujer,

esa arpía.

Úrsula solo nos ha traído problemas.

¿Vas a defenderla?

-No, claro que no.

-¿Entonces a qué se debe ese silencio?

-Se debe a que a mí me ha traído dolor,

el más agudo del mundo,

pero también me ha traído la felicidad más plena que jamás

haya podido experimentar.

-Blanca.

-Es lo mejor que me ha pasado nunca, hermano.

-De ahí tu obsesión para hacer ese anillo.

Es para ella, ¿no? -Sí.

-¿Le has pedido en matrimonio?

-Sí. No he podido esperar a terminar el anillo.

El compromiso que teníamos antes

solo servía para protegerla de su madre.

Pero ahora, es real y sincero, Diego, está basado en el amor.

-¿Y qué te ha dicho ella?

-Me ha dicho que sí.

-Me alegro mucho, Samuel, te mereces toda la felicidad del mundo.

Blanca es una gran mujer.

-¿De verdad lo piensas? ¿Ella te gusta?

-Sabes que sí, hermano. Le tengo

una gran estima. -No sabes lo mucho que necesito

tu aprobación en todo esto

y que la consideres una más de la familia.

-Te voy a dar algo más que eso.

Una esmeralda que traje de uno de mis viajes,

una piedra perfecta,

como lo sois vosotros dos juntos.

Así yo también contribuyo para que vuestra unión sea perfecta.

-Una esmeralda es lo que necesito para que esta pieza sea única.

Única, como Blanca.

¿Se encuentra usted bien?

Me ha parecido

verla afectada por...

¿Qué sucedió esa noche?

-¿Qué has oído?

-Cosas.

Ya sabe,

a la gente le gusta pegarle a la hebra.

-¿Qué gente?

-¿Acaso eso importa?

Me gustaría oír lo que pasó de sus propios labios.

-Los vecinos

hicieron un muñeco

"a mi imagen y semejanza

y le prendieron fuego".

"La gente gritaba,"

me increpaba,

me acusaban de cosas horribles que yo no había hecho.

Eres una asesina.

¡Tú!

¡Tú eres la asesina! ¡Y tú intentaste matarme,

envenenándome como lo hiciste...!

-¡Cállate, asesina! ¡Embustera!

El recuerdo

está confuso todavía a día de hoy, pero...

hubo insultos, vejaciones...

Fueron muy crueles.

Y todo por culpa de esa arpía de Cayetana.

-Pero usted es una mujer fuerte.

-Sí.

Lo soy.

Pero es muy difícil mantenerse en pie

cuando todo el mundo te trata como una basura.

-Quizás si mostrara su verdadera cara,

todo cambiaría.

-Cuando digo todo el mundo,

también te incluyo a ti.

¿O crees que esas acusaciones de que hago daño a don Jaime

no pesan en lo más profundo de mi corazón

cuando salen de la boca de mi hija?

¿Por qué no te sientas y comes algo?

Te sentará bien.

-No quiero comer, solo saber dónde está Adela, ya es muy tarde.

-¿Has salido a buscarla?

-No he hecho otra cosa.

Doña Celia fue muy amable y me dio el día libre.

Me he pateado toda la ciudad, madre, y ni rastro de ella.

-¿Has ido al convento?

-Sí, sí. Pregunté sin que me viera la madre superiora,

y no hubo suerte. Nadie la había visto.

-Antes estaba enfadada porque pensaba que iba a regresar,

y la iba a reprender por su tardanza,

pero ya es atardecida, esto no es normal.

Adela no suele hacer estas cosas. -Ya lo sé, lo sabía

desde esta mañana.

Deberíamos avisar

a las autoridades. -No, espera.

Aún no seamos tan alarmistas. A ver, repasemos.

¿Conoces...

a algún amigo o familiar con el que Adela tuviera contacto?

-No. No, no, Adela no tiene familia ni más amigos que los que conocemos.

Desde que entró en el convento,

su vida era aquello, no tenía amistades.

-¿Y algún lugar donde pudiera estar?

Tuvo que hablarte de algún sitio donde le gustara ir.

Te veo muy atareada con tus escritos.

¿Qué pasa? ¿Por qué lo escondes?

¿Escribías algo sobre mí

que no quieres que lea, algo malo

sobre mi persona?

-Yo nunca haría algo así.

No es digno de ti que me acuses de esa forma.

-No quería contrariarte,

tan solo trataba de bromear un poco, pero he sido de inoportuno.

-¿Qué? ¿Ya has caído dónde puede estar?

-No. No, no, pero creo saber el sitio

donde encontrar la respuesta a esa pregunta.

Buenas noches.

-Simón.

¿Dónde va con tanta premura?

-Llevo todo el día buscando a Adela y no la encuentro.

Pero he caído en que quizá sepa dónde encontrar una pista.

-Me alegra oír eso.

Iba camino de casa de doña Celia. -No se apure, vaya.

-¿Qué le ocurre?

-No es nada. Vaya, que tiene prisa.

-Algo será para que traiga cara de funeral.

¿Se trata de su padre? ¿Ha empeorado?

-No, no. Sigue estable.

No ha habido avance alguno.

-¿Entonces qué le ocurre?

Sabe de sobra que puede confiar en mí.

-¿Le ha sucedido tratar de contener sus sentimientos y no poder?

-Mis sentimien...

Usted habla de una mujer.

-Hablo de un amor

tan inconveniente que puede hacer daño a mucha gente, gente...

a la que quiero.

Hablo de sentir

algo que no se debe sentir,

de querer arrancarse del pecho

ese deseo de cuajo y no poder,

hablo de sentir algo tan fuerte que, aunque trate de disimularlo,

el sentimiento sale sin querer.

Y temer uno que todo el mundo esté dándose cuenta.

-Sí.

Sé perfectamente a lo que se refiere.

Y sé que con el único con el que ha de ser honesto

es consigo mismo.

Pero sé que es difícil conseguir eso sin hacerle daño a nadie.

-Veo que entiende bien por lo que estoy pasando.

-Sí. También yo

me doy cuenta que sé bastante sobre este tema.

-Me siento

como un hombre sediento que tiene al alcance un vaso de agua

del que no puede beber.

-Entiendo.

-¿Qué hago, Simón?

¿Cómo contengo todo esto dentro de mí?

-El problema, amigo Diego,

es que no se puede controlar lo incontrolable.

Tarde o temprano, sucumbirá a esos deseos.

-No, no me diga eso.

-Por eso lo mejor es que sea sincero cuanto antes.

Cuanto más tiempo pase, mayor será el daño.

Buenas noches.

(Puerta)

Adelante.

-¿Querías hablar conmigo? -Así es.

No nos vimos en todo el día.

-No has salido de aquí. -¿Quieres una copa?

-Sí.

Antoñito, Antoñito...

Señor García, ¿qué hace usted aquí?

No sabía que... -Le he dicho que usted no estaba,

pero no ha querido atender a razones, dice que es urgente.

-Ya lo creo que es urgente.

Exijo que me diga por qué mi esposa sigue abandonada en mi casa

y por qué en el cementerio

me dicen que no tienen acuerdo con usted. ¿Es eso cierto?

-¿Por qué no me acompaña

a La Deliciosa?

Y allí lo hablamos tranquilamente.

-Le he hecho una pregunta.

¿O es que todo esto de las pólizas es una estafa?

¿Qué ocurre, Simón?

¿Qué busca?

-Un cuaderno que Adela siempre lleva. ¿Sabe de lo que le hablo?

Es como una especie de diario.

Tiene que haberla visto con él.

-Sí. Creo que sé el diario al que se refiere.

Pero ¿no pretenderá leerlo? Eso pertenece a su intimidad.

-Lo sé, lo sé, doña Celia,

pero le juro por lo que más quiero

que sé que algo malo le ha pasado.

Y en ese diario puede estar la pista para encontrarla.

(Puerta)

(VOZ DE ADELA) "Hoy Simón me ha demostrado hasta dónde llega por mí".

"Ha puesto en peligro

su propia vida".

"A veces, me parece que su amor lo puede todo,

que es capaz de amar por los dos,

que aunque yo no le amara, él todo lo daría".

"Pero ¿cómo no corresponderle

cuando ha arriesgado lo más preciado?".

"Me ha salvado de unos bandidos, me ha subido a su caballo

y me ha llevado hasta la más bella de las cascadas".

"Y yo me he entregado a él,

desvergonzada y enamorada,

llena de pasión".

"Simón es mi hombre y yo soy su mujer".

"Ha disfrutado de lo que nunca le di a nadie".

"No hay vuelta atrás, seré suya para siempre".

"Aunque él parezca entusiasmado con reencontrarse con ella,

yo me doy cuenta de que sabe que no habrá otra mujer como yo".

"En realidad, no hace otra cosa que buscarme a mí".

"Tiene que dejar atrás esos sentimientos por ella

para, a la postre, volver a mis brazos".

"Por eso me he ido,

por eso he desaparecido de tu lado para siempre".

"Solo así podré saber cuánto ansías recuperarme, amor mío".

Simón, Víctor te busca.

He recibido nota de Osman.

Nos cita para mañana por la tarde.

Nos contará lo que queramos saber sobre Elvira.

-"Ruego que me escuche un segundo".

-No quiero escucharle. Bueno, pero cálmese, por favor.

-Cuando me diga que es falso,

que mi mujer recibirá el entierro que se merece

y que los del cementerio están equivocados.

-Existen desencuentros entre el cementerio y las funerarias,

pero nada que no se pueda arreglar.

-¡Dios mío de mi vida!

-¿Le pagué hasta el último céntimo y dejará a mi mujer sin enterrar?

¿La va a dejar en mi casa, que se descomponga sola?

-¡Uy, temple, señor García! No tengamos una desgracia.

-No, Lolita, déjale, tiene todo el derecho

a descargar en mí su rabia y su dolor.

Tomarme la justicia por mi mano no me va a devolver a mi mujer,

ni va a hacer que le pueda dar

la despedida que se merece.

-Yo lo voy a arreglar todo, se lo juro.

-¿Me lo jura dice?

Usted y yo sabemos que su palabra

vale menos que nada.

Mi mujer acabará enterrada en una fosa común.

Y usted no solo me ha arrebatado todo mi dinero,

sino que me ha quitado el consuelo

de tener un lugar donde poder llevarle flores

y llorar su pérdida.

Es usted un canalla.

No le hagas caso.

Es la pena la que habla por él.

-No.

Tiene razón. Yo tengo toda la culpa.

Aún podemos hacer algo

por esa mujer.

Olvida mis reparos de antes. Ahora mismito voy a maquillarla.

Y la voy a dejar, vamos,

como un figurín.

Muerta, pero más bonita que un San Luis.

-Lolita, yo te lo agradezco de todo corazón, pero no servirá de nada.

Esa mujer se merece

ser enterrada tal y como su marido quiso.

¿Y qué vas a hacer?

-Pues... cumplir con mi palabra,

sea como sea.

¿Y bien?

¿Es el anillo en el que has estado trabajando?

-Es tu anillo de compromiso.

Una adaptación del colgante Ana.

-Estabas preocupado, había algo que no terminaba de funcionar.

-Las medidas estaban mal.

-Es increíble,

una maravilla, Samuel.

No sé si lo merezco.

-Mereces esto y mucho más.

Es una pieza única y de gran valor.

-Es una esmeralda.

Tiene un brillo muy especial.

Nunca vi algo parecido. -Es un regalo de Diego.

-¿De Diego? -La consiguió en uno de sus viajes.

Está feliz por el compromiso y quería contribuir.

Blanca,

¿te encuentras bien?

¿Sucede algo?

Ya nadie

me mira por encima del hombro.

Nadie puede humillarme.

Lo que sucedió

el día de Los Paulinos

no volverá a repetirse jamás.

Todavía puedo ver

sus caras de odio,

puedo escuchar sus risas,

todos reían zarandeándome.

Hasta la más modosita de todas,

esa santurrona de Celia.

-Vengo de ver a padre. -¿Cómo se encuentra hoy?

-Estable.

Pero me parte el corazón verlo tan impedido.

Al caer la tarde, iré con Blanca a visitarle.

-Un momento, ¿por qué no le llevamos su cuaderno?

Quién sabe,

quizá, por su mirada, logremos entender el sentido

de esos números del dibujo del colgante Ana.

-Diego, olvidas que nuestro padre no puede comunicarnos nada.

A veces, incluso dudo

que su alma esté dentro de su cuerpo.

-Me sorprende tu actitud.

No sueles ser tan negativo.

¿Acaso te preocupa algo más aparte de la salud de nuestro padre?

-Me conoces bien, hermano.

Estoy inquieto por Blanca. -"Recuerdo un día"

en que el párroco llamó la atención a Cayetana

por acudir al templo demasiado recargada.

-Quizá lo mejor sería quitársela y guardarla

en el bolso.

-Qué buena idea. Menos mal que te encontré.

Ayúdame. -Sí.

Estoy lista para ir a misa. Gracias.

-No, no, no puede.

-¿Qué pasa? -"Te he traído"

una tisana de La Deliciosa. A ver si te asienta.

-Se lo agradezco, madre.

-Más bien tenía que traerte un coñac,

a ver si te devolvía el color a las mejillas.

No te comprendo, Simón.

No has pegado ojo en toda la noche.

Pero tampoco has ido a la comisaría

a denunciar la desaparición de Adela.

-"Le he dicho a Antoñito"

que me sujetara la limosnera. Y cuando he vuelto,

no estaba ni él ni una valiosa joya que llevaba.

-¿Está diciendo que don Antoñito tiene la mano larga?

-No, no, no, yo no digo tal cosa.

Pero espero que tenga una muy buena explicación.

-Bueno, Martín, vamos a buscar a don Ramón.

Si vemos a don Antoñito,

le diremos que está buscándole.

Con permiso.

¿Qué he hecho yo para que no confíes en mí?

¿Acaso no te he demostrado ya de qué lado estoy?

Tengo muchas más razones que vosotros dos juntos para odiar a mi madre.

No tienes ni idea de la vida que me ha dado.

Esos maltratos,

esos desprecios...

-Hasta ahora, creía que era así,

que podíamos contar con tu apoyo.

Pero...

empiezo a temer que seas una mujer que cambia con facilidad de opinión.

-No sé a qué te puedes referir.

-Yo, sin embargo, creo que sí lo sabes.

-"Al fin se digna"

a aparecer el señorito.

Que oí la puerta y recé para que fuera usted.

-¿A qué elevarme el tratamiento?

-Por si aparece su santo padre y me arranca la cabeza

de un papirotazo.

-Ya estoy aquí, morena mía, tus plegarias

han sido escuchadas. -¿Qué? ¿Dónde te has metido?

¿Qué ha pasado con el señor García?

Bueno, ¿has podido solucionar el entierro de la señora?

-Para, para. Demasiadas preguntas.

Y una misma respuesta para todas: sí.

Me tenías con el corazón en un puño. ¿Dónde estabas?

-No te puedes imaginar lo que me ha pasado.

Salí temprano

para comprar unas flores donde Fabiana

y un hombre me asaltó.

-¿Un hombre dices? ¿Y quién era?

-No lo sé, no le vi la cara.

Ni entonces ni cuando me subió a un carruaje.

-¿Y dónde te llevó?

-A un sótano húmedo y oscuro,

sin comida y sin bebida.

Hasta hoy, que conseguí zafarme de sus garras.

-"¿Puedo ayudarte, Blanca?".

-Entra y cierra la puerta, por favor.

¿Puedes abrocharme la blusa? -Claro.

¿Mi hermano nos espera fuera?

¿No estará solo con Úrsula?

-No.

Diego está en la calle.

-Has tenido un encontronazo con él.

No sabe contenerse, y la sola mención de Úrsula

le saca de sus casillas. -No hablemos de eso.

Mejor dicho,

no hablemos de nada.

-"Le ruego que no sea tan dura"

con mis compañeras del altillo. No han disfrutado de buena educación,

pero no hay maldad en ellas. -Te equivocas.

Claro que la hay, como en todos.

La pobreza y la ignorancia no son obstáculos

para la malevolencia.

Pero en algo tienes razón,

ellas no son las responsables del maltrato.

Solo eran unas recaderas,

como en otro tiempo yo lo fui.

Las verdaderas culpables duermen

entre algodones de plumas.

Ellas serán las que pagarán con creces el daño que me hicieron.

-"Lo ocurrido con la esposa del señor García ha sido un malentendido"

y no se repetirá.

-Con ese piquito de oro, les tendrás comiendo de tu mano.

-No tienen nada que temer. Sus pólizas son seguras.

Y cuando llegue el momento

de hacerlas efectivas, tendrán el servicio: un entierro de reyes.

-¡Miente, estafador!

-¡Devuélvanos el parné!

-¡Es un embustero! -¡Te vas a enterar!

-Será mejor que te vayas, terminará mal.

-Servidora no se mueve de aquí.

-Calma, calma, se lo ruego, déjenme pasar, déjenme pasar.

-Padre.

-¿Qué está ocurriendo aquí?

¿Qué significa todo este escándalo?

Te ruego una explicación.

-"Querido padre,"

estábamos deseando verle.

Ojalá pronto se recupere.

Tenemos tan buenas nuevas que darle...

-Samuel, enséñale el cuaderno. Muéstrale lo que me comentaste.

Padre, he descubierto algo extraño en este diseño.

La medidas que apuntó no cuadran.

-No corresponden con la joya.

-¿Qué pueden querer decir? No lo entiendo.

-Se está poniendo muy nervioso.

Intenta decirnos algo.

  • Capítulo 595

Acacias 38 - Capítulo 595

06 sep 2017

Blanca acepta la propuesta de matrimonio de Samuel y él le entrega la joya que estaba haciendo como anillo de compromiso. Diego soporta sus celos y comparte su dolor con Simón.

ver más sobre "Acacias 38 - Capítulo 595" ver menos sobre "Acacias 38 - Capítulo 595"
Programas completos (627)
Clips

Los últimos 2.389 programas de Acacias 38

  • Ver Miniaturas Ver Miniaturas
  • Ver Listado Ver Listado
Buscar por:
Por fechas
Por tipo
Todos los vídeos y audios
  • Nuevo Capítulo 624 Completo 54:04 89% ayer
    Capítulo 624 ayer Lolita apoya a Antoñito ahora que se ha quedado sin trabajo. Y Trini no duda en defenderle frente a las críticas de las señoras de Acacias. Samuel recibe el alta y regresa a su casa. Se enfre...
  • Nuevo Capítulo 623 Completo 54:17 100% pasado martes
    Capítulo 623 pasado martes Diego ofrece a Blanca hacer realidad el diseño de la joya que está diseñando. Adela se mortifica para expiar los pecados de Simón. Susana se preocupa por su nuera y busca consejo en Ce...
  • Nuevo Capítulo 622 Completo 55:05 71% pasado lunes
    Capítulo 622 pasado lunes Simón y Elvira prometen verse siempre que puedan. Adela sufre en silencio la infidelidad de su marido y se vuelca en el encargo del manto para el obispado. Susana se da cuenta de que algo no va bien en la ...
  • Nuevo Capítulo 621 Completo 54:36 99% pasado viernes
    Capítulo 621 pasado viernes Serie diaria en la que se narraran la vida de los personajes que habitan una comunidad de vecinos, y todas aquellas historias que se sucederán alrededor de sus personajes, situada a principios del siglo XX...
  • Capítulo 620 Completo 53:46 94% 11 oct 2017
    Capítulo 620 11 oct 2017 A Blanca y Diego les une el desasosiego por la operación de Samuel. Diego descubre el talento innato de Blanca para el dibujo y le propone recuperar el diseño perdido del cuaderno de Jaime. El embar...
  • Capítulo 619 Completo 52:33 100% 10 oct 2017
    Capítulo 619 10 oct 2017 Blanca y Samuel se dan el sí quiero. Úrsula intenta manipular a Diego y le dice que la marquesa Urrutia irá a visitarles, de tal forma que se coloca ella como cabeza de familia y enfrenta a&u...
  • Capítulo 618 Completo 54:10 100% 09 oct 2017
    Capítulo 618 09 oct 2017 La distancia entre Adela y Simón se acrecienta. Mientras, Elvira rechaza la oferta de su padre para irse de Acacias y hace todo lo posible por encontrarse con Simón. A Liberto le cuesta encajar la n...
  • Capítulo 617 Completo 55:00 96% 06 oct 2017
    Capítulo 617 06 oct 2017 Elvira se baja del carruaje que la llevaba al convento y decide quedarse en Acacias, cerca de Simón. Adela escucha la noticia a disgusto; teme perder a su marido. Blanca anuncia a Úrsula su boda con...
  • Capítulo 616 Completo 54:27 97% 05 oct 2017
    Capítulo 616 05 oct 2017 Blanca acepta casarse con Samuel. El comisario Méndez llega a casa de los Palacios para llevarse a Elvira. Ramón no puede evitar que se la lleve junto a su padre. Liberto descubre que Rosina guarda ...
  • Capítulo 615 Completo 54:55 92% 04 oct 2017
    Capítulo 615 04 oct 2017 Úrsula se asusta al ver hojas de morera en su casa y a Carmen encerrada en el despacho. Rosina consigue el contacto de la Valenciana y la recibe en casa: quiere saber si está embarazada. Pese a que ...
  • Capítulo 614 Completo 54:26 100% 03 oct 2017
    Capítulo 614 03 oct 2017 Samuel empeora. Blanca y Diego hablan sobre lo ocurrido, discuten. Pero acaban juntos de nuevo. Arturo Valverde regresa a Acacias y se entera de que Elvira ha vuelto. Los Palacios defienden a Elvira y no se la en...
  • Capítulo 613 Completo 54:43 100% 02 oct 2017
    Capítulo 613 02 oct 2017 Ramón plantea mandar a Lolita a servir a otra casa, pero Trini se niega. Simón va a visitar a Elvira y ella cuenta todo lo ocurrido durante su ausencia. Celia advierte a Simón de que Adela es...
  • Capítulo 612 Completo 53:58 100% 29 sep 2017
    Capítulo 612 29 sep 2017 Durante la boda, se produce un gran revuelo justo cuando Simón y Adela se dan el "sí quiero". Antoñito aparece ante su familia y suelta que ama a Lolita. Fabiana no permite que Anto...
  • Capítulo 611 Completo 54:34 85% 28 sep 2017
    Capítulo 611 28 sep 2017 Blanca se da cuenta de los nervios de Úrsula e indaga, pero Úrsula se niega a mostrarle la moneda. Las mujeres terminan de preparar sus atuendos para la boda de Simón y Adela. Los criados ent...
  • Capítulo 610 Completo 52:50 90% 27 sep 2017
    Capítulo 610 27 sep 2017 Samuel desahoga su frustración peleando con Úrsula. En la disputa, se rompe una hoja del cuaderno de Jaime. Al ver a Adela insegura, Simón la tranquiliza reafirmando su amor: pronto ser&aacut...