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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 594 - ver ahora
Transcripción completa

Nadie sabrá tus secretos

si me dices sin mentiras ni dilaciones

quién te ayudó con ese muñeco que quemasteis en Los Paulinos.

-Doña Úrsula, que fue una chanza.

-Fabiana, Servando, ¿quién más?

-Una no puede hablar, depende de qué.

Si el coronel teme que descubramos que Elvira está en Turquía,

se lo dirá a quien está con ella. -Que será Burak.

Es La esposa frente a la torre del reloj.

-Esposa de ese hombre.

No dudes que, de saberse descubierto,

el coronel esconderá aún más a Elvira,

y quién sabe si con peor vida.

-¿Entiendes ahora por qué te pido que pensemos y actuemos con frialdad?

-"El paciente ha sufrido"

una insuficiencia respiratoria

y está siendo intervenido.

-¿Por qué?

¿Qué ha sucedido para operarle?

-No lo sabemos. Le hemos encontrado sin apenas pulso

y con ventilación insuficiente. -"Su dinero".

Puede contarlo, si lo cree oportuno.

Confío en su palabra, caballeros.

Los médicos ven difícil que padre pueda volver a hablar.

-¿Qué ha sucedido?

-Las cuerdas vocales se vieron afectadas durante la intervención.

-¿No podrá volver a comunicarse?

-No se sabe.

Entró en un estado de aislamiento. -"¿Creías que no me daría cuenta?".

Me esquivas,

evitas mis cariños,

¿qué ha cambiado?

Y no son imaginaciones mías,

doña Susana y doña Celia se han dado cuenta.

-Tienes razón, tienes razón, Adela,

hay algo que ha cambiado y te lo voy a contar.

-"¿No te quedó claro mi encargo?".

-El señor

don Jaime empezó a hablar.

Quería ver a sus hijos de inmediato.

Tenía algo muy importante que decirles.

-¿El qué?

¿Qué quería decirles?

¿Qué era eso tan importante?

Habla de una vez.

¿Qué era eso tan importante que Jaime quería decir a sus hijos?

-No pude entenderle bien.

Solo balbuceaba

como un niño.

-Entonces, no había peligro alguno. -No crea.

Me barrunto que, con un poco más de esfuerzo,

hubiera conseguido juntar

cuatro palabras que, de seguro,

la perjudicaban a usted de firme.

-Pero ¿llegó o no llegó a decir algo de enjundia?

-Que quería ver a sus hijos,

pero no le di tiempo a más.

Temiendo que entrara alguien

del hospital y pudiera avisar

a sus vástagos,

hice lo que hice

para protegerla.

-Dime, endriago,

¿por qué no fuiste capaz

de terminar mi encargo?

¿Cuál es ahora tu excusa?

¿Cómo que un cuadro de Elvira?

Entonces, ¿es posible que ella esté viva en Estambul?

-Puede ser,

puede ser.

La mujer se parece a ella, son casi la misma persona.

-A lo mejor es una casualidad,

a lo mejor retrataron a alguien con rasgos similares

a los suyos.

-Víctor y María Luisa hablaron con el marchante de arte,

y hasta descubrieron el nombre del pintor.

-Entonces es una pintura reciente. -Y tanto,

no hace más de unos meses que fue pintada,

poco tiempo después del naufragio.

-Siendo así,

es muy probable que Elvira sea la mujer del cuadro

y que esté viva en Turquía.

-Estamos casi seguros de ello, sí.

-Pues es una gran noticia.

No entiendo por qué has estado tan meditabundo.

-Si te digo la verdad, temía tu reacción al conocer la noticia.

-¿Mi reacción por qué?

-Temía que pudiera despertar en ti celos,

o que te disgustara que ella pudiera estar viva.

-Yo no soy así, Simón.

Parece mentira que no me conozcas.

-Lo siento, lo siento, no debí haber dicho semejante enormidad.

Lo siento.

-¿Qué cristiana sería

si me reconfortara la muerte de una semejante?

Me alegro por ti y por ella.

-Te agradezco que reacciones así.

-Es natural,

yo también puedo entender el amor que sientes por Elvira.

Yo también he vivido un primer amor.

Y lo que sientes por ella yo lo sentí por Carlos.

-Es algo que no se puede olvidar.

-Por eso te animo a que...

a que emprendas la búsqueda de Elvira, a que vuelvas

a ilusionarte y a que no desfallezcas.

-Sabes que tu apoyo es importante. -Sabes que cuentas con él.

Voy a ayudarte en todo lo que pueda

para llegar al final del misterio.

-Eres la mujer más generosa que he conocido nunca.

Tu incompetencia no tiene perdón.

-Créame que estaba dispuesta a todo, que no fue culpa mía

que la historia se torciera.

¿Qué quiere decirles?

(BALBUCEANDO) Cuaderno.

Cuaderno.

-¿Qué cuaderno?

-Samuel.

Mi hijo.

Hijo.

(Puerta)

¿Quién es?

-Soy el doctor Del Val.

Doctor,

había cerrado para que no molestaran al paciente.

-¿Cómo está?

-Bien. Parece que duerme tranquilo.

-Este paciente no está dormido, está inconsciente.

Que preparen el quirófano.

-"Si el médico no hubiera entrado en ese momento,"

su esposo estaría más muerto

que el rey Carolo.

Comprendo que quizá sea cierto que no todo

fue culpa tuya.

-Confíe en mí.

Ha de ver

cómo se presenta una ocasión mejor.

-No creo que sea necesario.

Dudo mucho

que mi marido pueda volver a hablar.

-Si es por eso, no se preocupe. Este ya no dice

ni "chus" ni "mus".

-¿Dijo algo más sobre el cuaderno?

-Lo que le he contado, que se lo quería enseñar

a sus hijos.

-Piensa un poco, haz memoria.

Cualquier pequeño detalle

puede ser de vital importancia para mí.

-Por estas, que no dijo nada más.

-¿Qué hay de tanta importancia

en ese maldito cuaderno?

O te levantaste antes de que apaguen las farolas

o te has pasado otra noche en blanco.

-Más bien lo segundo.

No conciliaba en sueño y se me antojó trabajar

para distraerme. -Es buena idea, pero debes descansar.

-Cuando descifre este galimatías. -¿Qué te ocurre?

-Sigo desconcertado con las medidas del colgante Ana.

Las anotaciones no se corresponden

con las medidas de la pieza. -Por una vez, pudo equivocarse.

-Imposible, ya te lo dije, mi padre es muy meticuloso con su trabajo.

Fíjate aquí.

-Al mejor escribiente se le escapa un borrón de vez en cuando.

Ahí ha corregido su escrito, ¿no?

-Ya me di cuenta, y es extraño. ¿Por qué modificar cantidades

que no tienen que ver con la realidad?

-¿Hace mucho que corrigió esas cifras?

-Tuvo que ser antes del incendio.

No entiendo por qué cambió números por otros sin sentido.

-¿No estarás buscando el pelo al huevo?

Deberías obviar ese detalle.

Es imposible saber por qué escribió algo que carece de sentido.

-No, no puedo pasarlo por alto. Estoy convencido

de que algo ocultan esas cifras.

Este era el diseño que más le importaba a mi padre.

No pondría un dato erróneo.

-Creo que deberías dejarlo ya, Samuel.

Te estás obsesionando para no pensar en lo que de verdad te inquieta.

Así evitas preocuparte por el estado de salud de tu padre.

-¿Qué quieres decir?

-Sé que estás hundido al pensar

que no volverá a hablar.

-Ya lo sé.

Se me abren las carnes

cada vez que lo recuerdo. -La familia pasa por momentos negros.

Por eso, deberías obviar ese detalle baladí que, de seguro,

no te llevará a nada.

-Tienes razón.

Ahora mismo lo más importante es que mi padre recupere la salud.

-Venga, vamos a desayunar y a la residencia a verle.

Antoñito.

A juzgar por tu cara, será verdad eso de que a quien madruga,

Dios le ayuda. -No te falta razón.

Vengo de negociar con los funerarios las condiciones de mis clientes.

-¿Y en qué ha quedado eso? ¿Han aceptado tus condiciones?

-Bueno, he conseguido cerrar un trato bastante atractivo.

Ellos me prestan sus servicios y, a cambio, se llevan una comisión

por póliza. -¿No eran un hueso duro de roer?

-Sí. No te imaginas lo que les cuesta pagar una peseta de más.

-¿Y cómo te prestarán sus servicios sin haber dinero por delante?

-Pues uno, que tiene labia y don de gentes. Dejé mi oferta

sobre la mesa. Y no creo que tarde mucho en tenerlos

en mi bolsillo.

-Acabáramos, aún no han aceptado nada.

-Es cuestión de tiempo.

Esto que te cuento lo vas a ver en un tris.

-Espero que recibas pronto esa noticia,

que yo no quiero ponerme en lo peor, pero arriesgas demasiado.

-No. Está todo bajo control.

-Siempre que no muera un cliente antes del trato.

-Pues Dios no lo quiera, apenas han pagado dos cuotas.

-¿Ves? Estás arriesgando demasiado y tentando a la suerte.

Y esta vez se muestra esquiva. -Que no seas cenizo.

Mis clientes tienen buena salud

y más vidas que un gato.

-Yo no quiero incomodarte,

pero más te vale que eso sea cierto.

Te deseo la mejor de las suertes.

-No la necesito. Es cuestión de probabilidad.

Y no es probable que suceda otra desgracia en los próximos meses.

-Claro, en Acacias nunca pasa nada. Ni bombas,

ni terremotos,

ni incendios, ni epidemia de tifus...

Nada, que Dios reparta suerte, que como reparta justicia,

vas apañado.

Con Dios.

-Con Dios.

¡Uy!

-Lolita, es aparecer tú

y se ilumina el barrio.

-Será que "en todavía" no han apagado las farolas.

-Servando me ha dado esto de parte del doctor Gálvez.

-Ya está, que me voy a morir en cuanto acabe el año.

Mira, lo mejor va a ser que me busque

un sitio decente. -No digas enormidades,

no te he dicho nada de esas fechas.

-¿Qué? ¿Me moriré antes?

-Que aquí solo pone

que están los resultados.

-Si no pone nada, es que es malo. Estoy que no necesito ni puntilla.

Si fueran buenas noticias, lo pondría. ¿Es o no es así?

Dice que me muero.

-O que estás más sana que una lechuga, ¿no?

-Me da igual que me da lo mismo.

Pienso que tengo que ir a ver al médico

y me entran los siete males.

-Mujer, tranquilízate, yo voy a buscar los resultados, ¿vale?

Luego te lo cuento.

Y te tomas una tila,

o dos, porque como sigas así,

te va a dar un tabardillo.

-Vale.

(SUSPIRA)

Señora...

-Quita de mi vista

esa ordinariez.

-Señora, la han preparado con todo el cariño del mundo.

-Muy bien, pues entonces,

con todo el cariño del mundo la tiras a la basura.

-No me parece bien, con todo el trabajo

que se han tomado. -¿Acaso te he pedido opinión?

Obedece y haz

lo que te he ordenado. Ni a la bestia

más inmunda le puede apetecer esa montaña de grasa.

Espera un momento. -No me reprenda más,

no voy a discutir sus órdenes.

-Faltaría más.

Quiero preguntarte algo.

-Encantada estaré de contestarle, si está en mi mano.

-Sírveme más café.

¿Te ha contado algo Lolita cuando trajo ese manjar?

-Nada digno de mención.

Dejó el encargo y se marchó.

No sé por qué, pero tenía mucha prisa.

-Esa sin sustancia está nerviosa, trata de evitarme a toda costa.

-Yo solo puedo decirle que no tenía interés

en permanecer en la casa.

-Muy bien.

Tira esa abominación y prepara algo de comer más adecuado

a gente de nuestra posición.

-Debemos extremar los cuidados de mi padre.

-No sé cómo podríamos hacerlo.

Ya tenemos a toda la residencia pendiente de él.

-Todo lo que podamos hacer será poco,

aunque nos cueste todas nuestras pertenencias.

Es descorazonador

verlo así.

¿Queréis un café?

-¿De verdad le preocupa lo que le ocurra a mi padre o lo hace

para quedar bien?

-Me duele que pienses de esa forma.

Con solo plantear esa duda, me estás ofendiendo.

No quería montar una escena con tu madre.

Me voy a trabajar un rato, que es lo único que me relaja.

¿No está la señora?

Quería preguntarle por la comida. -Prepara lo que quieras, Carmen.

No está de humor para ocuparse de asuntos domésticos.

La señora

estaba alterada el otro día.

Fue cuando recordó esa fiesta que hubo en el barrio.

-Los Paulinos. -Esa misma.

¿Sabes si le ocurrió algo ese día?

-No sé.

Hacía poco que andaba por el barrio cuando se hizo esa fiesta.

-Algo tuvo que pasarle que explique tal aversión

a una celebración.

-¿Y qué sé yo? Todos tenemos

nuestras manías.

-Algo más que una manía me parece que tiene con esa fiesta.

Te agradecería que me lo contases, para no tener que indagar.

Pero, Fabiana, mujer, temple,

que con esos modales no va a dejar un clavel sano.

-Me puede la rabia

con lo que me dijo ayer Servando.

-Bueno, pero no se lo tenga en cuenta.

Servando tiene menos luces

que un borrico, pero es más bueno que un crío de pecho.

-Y un cuerno. Me ha faltado el respeto a mí

y, lo que es peor,

a la pobre de mi difunta hija.

-El Servando ha perdido el oremus con eso de los epitafios.

Lo que le ha dicho a la Lola...

-Me da igual los despropósitos que hable.

Conmigo ha pinchado en hueso.

-Si es que ya lo sabe, Servando no tiene medida.

Fíjese con lo que se quiere presentar:

"Aquí yace el que nunca trabajó".

O el otro, que era...

"Ya decía yo que ese médico no era bueno".

Luego el de: "Perdóneme que no me levante".

Pero para mí el peor de todos es el de:

"Hice bien en no ir a tu entierro, porque tú al mío tampoco has venido".

-Menuda falta de respeto a los difuntos.

Antes, por eso, te excomulgaban

o te tiraban a la hoguera.

Si ha perdido la chaveta. -Si se lo digo yo,

que está chalado del todo este hombre.

-Que sepan ustedes

que estoy escuchándolo todo. -¿Y qué?

Ninguna mentira sale de nuestras bocas.

-Qué atrevida es la ignorancia.

Ha de saber que si yo me encuentro así, es porque hago

las cosas bien en serio.

Y necesito ganar ese concurso para pagarme un entierro.

-¿Qué más le da? Si no se va a enterar de nada.

Una vez fiambre, ni se padece.

-No se engañe. No es lo mismo que a uno lo lleven en un carruaje

y lo pongan en un nicho soleado, a enterrarle

de cualquier manera. Yo quiero estar a gustito.

-No sé para qué lo escucho, no dice más que sandeces.

No pienso hacerle caso, y menos con las enormidades

que dijo ayer. -No discutiré con alguien

que dice que me falta un hervor.

-Un hervor y muchos tornillos,

que está más abarrenado que el que comía piedras.

-Mejor será dejar de hablar ya.

-Sí, pues humo. Pero que le quede clarito que lo que me dijo

es peor de lo que servidora habla.

-No sé yo, estaremos a la par. Y, si me aprieta,

lo suyo fue más ofensivo. ¿Es así o no?

-Yo... Vamos a ver, hagan ustedes las paces,

pelillos a la mar. -De ninguna manera.

-No pienso perdonar semejante desaire.

Vamos...

-¡Ay! -Adiós.

¿Sabes lo que es esto?

-¿No será el "papelejo"

de que...? -Sí. Con el diagnóstico

del doctor Gálvez. -¡Ay!

¿Qué dice ahí? ¿Que estiraré la pelleja?

-No. -No, no diga nada. No quiero saberlo.

Si viene la parca a por mí, le doy la bienvenida y ya está.

-Lolita... -Si es que yo

no puedo estar así. Le veo con ese "papelejo"

y me entran calambres.

Dígame lo que pone. No, no, no, no.

-¿Te puedes sosegar un momento y escucharme?

-Bien le gustaría a una

estar serena, pero tengo otras cosas que me desquician.

-¿Qué cosas?

-Eh... nada, cosas de una.

Venga, va, léame lo que pone. Que si me voy a morir,

por lo menos que sepa cuándo.

-Nada, aquí pone que estás más sana que un caballo percherón.

Tras analizar la saliva,

no encuentran indicio de ninguna enfermedad hereditaria.

-Pero ¿seguro que esto se puede saber

solo con escupitajo?

-Sí, que la ciencia avanza una maravilla.

-¡Uh!

A mí eso me suena a cosa de feriantes, eh.

Como estos que vendían el crecepelo y luego no servía.

-El doctor Gálvez es un científico muy reputado

y sabe muy bien lo que se dice.

Le llaman de las cortes de toda Europa

para que dé sus diagnósticos.

-Entonces...

¿estoy bien?

-Como una rosa.

-¡Uh! Seguro que no voy a morir en un rato.

-A no ser que te caiga una maceta en la cabeza

o te atragantes con un hueso,

todo indica que vivirás más años que Matusalén.

-¡No me voy a morir!

¡Uh!

Que voy a estar aquí para siempre.

-Bueno, para siempre no, pero esperemos que muchos años.

Tantos como para conocer a tus nietos.

-Que vamos a tener un zurrón de ellos.

-Todos los que quieras, Maritornes.

-Cada vez que te miro me gustas más, ladrón.

Ahora sí me puedo perder

en tus brazos.

Uy.

A esto convida la casa,

que para el asunto que tenemos necesitamos coger fuerzas.

-Te agradezco mucho

lo que hacéis por mí.

-No hay de qué. Lo principal es dar con ese tal Osman.

-Aunque no daremos con él hasta que regrese de viaje.

-Tal vez ese marchante tenga alguna noticia.

-Me dijo que era un viaje corto. Volverá antes de darnos cuenta.

-Ya, pero me puede la impaciencia.

Necesito remover cielo y tierra hasta saber si Elvira

sigue viva, es mi anhelo.

Dios quiera que lo sepamos cuanto antes.

Preparar un viaje a Estambul no es asunto baladí.

-Rezaré para que salga a pedir de boca.

-Y yo te lo agradezco con toda mi alma.

Cualquier ayuda es bienvenida.

-Simón...

-No, no, no es preocupéis.

Adela está al tanto del asunto. No podía ocultarle

algo así. -Le he dicho a Simón

que puede contar con todo mi apoyo.

-Me cuesta creer tanta generosidad.

Es usted una mujer excepcional.

-No lo crea. Mi único deseo es que Simón

alcance la felicidad.

Voy a regresar a la sastrería antes de que doña Susana

me eche de menos. Gracias, Víctor.

-No hay de qué.

-No me creo ni una palabra.

-No entiendo por qué has de dudar. -No está siendo sincera.

Le duele oírte decir que quieres que Elvira

vuelva a tu lado. -Te equivocas.

Ya la has oído, solo quiere mi felicidad.

Es la persona más generosa. -Ojalá no te equivoques.

Pero pienso que no le sienta tan bien

como trata de aparentar.

-Adela no sabe de dobleces, ni de mezquindades ni de nada.

-Vamos a comernos el bizcocho, calentito está mucho más rico.

-Eso, mejor no dejar que las cosas se enfríen.

Hablaré con ese marchante, a ver si tiene noticias.

-Déjame que yo me encargue de eso, si te parece bien.

¿Está mejor así?

Espero que sí.

Siempre ha sido un hombre fuerte.

Ya verá como pronto se recupera

y está otra vez llevando las riendas de nuestra familia.

Lo que daría por verle recuperado,

poniendo las cosas en su sitio.

Usted no se apure por estar así,

nosotros le vamos a cuidar

y a sacar todo adelante.

Padre...

Necesito confesarle algo

que me perturba.

He tratado de impedirlo por todos los medios, pero...

Siento algo muy fuerte por Blanca.

Por más que lo intento, no consigo

sacármela de la cabeza.

Sí.

Ya sé que es un error,

sé que debo controlarme.

Usted ya conoce mi carácter.

En otra ocasión, me habría dejado llevar.

Pero esta vez,

no pienso hacerlo.

Tengo que controlarme.

Por Samuel.

Le haría un daño terrible

si pretendo a Blanca.

Él también está enamorado de ella.

Debo mantenerme alejado.

No hay persona a la que quiera más que a Samuel.

Además, si diese un paso en ese sentido,

sería el final para la familia.

Y ahora, más que nunca, debemos permanecer unidos.

Por usted.

A lo largo de mi vida he cometido tantos errores, padre...

He puesto siempre por delante mis sentimientos,

mis deseos,

solo me he preocupado de satisfacer

mis apetitos.

Le prometo algo.

Esta vez, me quedaré a su lado,

padre.

Y le ahorraré el dolor a Samuel,

aunque eso suponga rechazar a la única mujer

que he amado en mi vida.

No pienso cometer ese error con Samuel.

Jamás.

Se lo debo a él

y se lo debo a usted.

Esta vez me mantendré firme.

Más contenta que unas castañuelas me tienes.

-Figúrate cómo estoy yo. No me llegaba la camisa al cuello.

-Si pensabas que la ibas a endiñar.

La cabeza está para algo más que para llevar la cofia.

-Años se lleva diciendo que todos los míos

la endiñarían jóvenes. -Se dicen "tontás".

Te quedas tranquila, ¿no?

-Más o menos. -¿Cómo que más o menos?

-Es que no sé si contarte.

-A ver, Lola, ¿qué tripa se te ha roto ahora?

-He ido a llevarle una empanada a la Úrsula y me he tenido que salir.

-Hombre, ¿y eso por qué?

Vale que la mujer es más agria que unos limones pasados,

pero tendrías que estar acostumbrada.

-Es que...

Que trata de sacarme lo que pasó en Los Paulinos.

Y para mí que algo le sigue escociendo

y no trama nada bueno.

-¿Y qué querrá saber?

-Nada más te puedo contar, pero que se enteren,

esta no para hasta vengarse de la ofensa.

-No será para tanto.

Lo pasado, pasado está y no llegará

la sangre al río. -No conoce bien a la señora.

Que es peor que todas las bichas juntas.

-No seas exagerada. -No sé yo qué decirle.

Lo que pasó aquel día es de órdago a la grande.

-Es normal que la gente lo recuerde.

Hasta la señorita Blanca me preguntó qué pasó el día de marras.

-¿Qué le ha contado a esa muchacha? -Más o menos lo que pasó.

-¿Y a qué le vendrá la intriga?

¿No será que la Úrsula la pincha para que pregunte?

Hombre, hay que reconocer que aquel día no nos dejamos nada dentro,

le dijimos de todo, menos guapa.

-La verdad es que le suavicé un poco la historia.

Le dije que fue culpa de doña Cayetana.

-Que no sé quién es peor de las dos.

La una es un diablo y la otra, también.

Lo que pasa es que la Úrsula no lo disimula.

-Hemos pasado de Málaga a Malagón, estamos bien jeringadas.

-No os sofoquéis por esto.

Os aseguro que Úrsula no os va a molestar.

¿Y esta cómo está tan segura de eso?

Señoras...

Mire, no puedo más.

Abandono.

¡No puedo estar a malas con usted, leñe!

-No haber vilipendiado a la sangre de mi sangre.

-Escúcheme, escúcheme, que esto tampoco es plato de gusto para mí.

Vamos a ver, que nuestra amistad es más antigua que la tos,

no la vamos a echar a perder

por un quítame de ahí esas pajas. -Me faltó al respeto muy seriamente.

-Sí, sí, y lo sé, y lo sé.

Y me avergüenzo de ello. Y me avergüenzo

de haberla contrariado de esa manera.

Uno tiene menos sensibilidad que un tarugo de pino.

-Pero de los bien gordos.

Eso no se le dice a una madre.

-No, y bien que lo sé, de verdad, pero le pido que eche a un lado

esa rabia que tiene, que para lo único

que sirve es para hacerse más veneno.

Además, si lo piensa bien, tampoco nos ha venido tan mal.

Así, podemos andar sin falsedades,

y ya sabemos lo que pensamos el uno del otro.

-Todos tenemos nuestras cosas buenas y nuestras cosas malas.

Lo que pasa es que aquí ya nos conocemos demasiado bien.

-Eso digo yo. Bueno, y tampoco es tan malo.

-¿Y a qué engañarnos, Servando?

Algo de estima sí que le tengo, hombre.

-Toma,

pues como yo a usted.

Y, la verdad, no vamos a... no vamos a dejar esta amistad

por una porra de concurso.

-Bueno, todo olvidado entonces,

aunque me cueste, eh,

aunque me cueste después de lo que me dijo.

-Bueno, que, si quiere, la invito a un licorcito de castañas,

que lo tengo ahí para estas ocasiones.

Que me lo traen del pueblo.

-Vale.

Pero solo un dedal, eh. Que una se pone piripi con solo pisar

el corcho de la botella. Al final,

terminaremos brindado por el dichoso concurso.

-Además, es mañana y no tengo nada preparado.

Tengo que convencer a Carmen o a Lolita

para que me escriban el epitafio

que he escogido. Bueno, uno buenísimo.

-¿Ah, sí?

Ande, vamos a tomar ese licor y ya me cuenta lo que dice.

Y espero que no sea nada ofensivo. -No, no, si le va a encantar.

Y sobre todo, a partir de la segunda copita ya...

Gitana, prepárate, porque te traigo

una noticia de lo más fetén. -Por fin,

todo son desgracias.

-Parece ser que el pintor regresa mañana.

-Es buena noticia. Sabremos la historia del cuadro.

-Y sobre todo, de Elvira.

-Vamos a decírselo a Simón. -Espera,

que de Simón y Adela quería hablarte.

-Tú también estás inquieto por ellos.

-Y por ti.

No te enfrentes a Simón ni señales a Adela, como esta mañana.

-No dije nada inconveniente.

-A ver, puede que Elvira esté viva,

puede incluso que podamos rescatarla,

pero ha pasado mucho tiempo y Adela y Simón son pareja,

y tenemos que respetarlo.

-Mira, Víctor, el verdadero amor de Simón es Elvira.

Si está viva, Adela no pinta nada.

-¿Cómo están?

¿Disfrutando de lo que queda de tarde?

-Sí, más o menos.

-Da gusto ver a los jóvenes siempre tan alegres,

sin preocupaciones.

Una envidia para los que tenemos

unos años. -No se crea, tenemos nuestras cuitas.

-Seguro que nada que el tiempo no ponga en su sitio.

-Dice bien. El tiempo todo lo cura, ¿verdad?

-Les dejo para que sigan disfrutando de la tarde.

Con Dios.

-Qué mala suerte.

No me percaté de su presencia hasta no tenerlo encima.

-Ni yo. Se ve que aprendió en el ejército

a moverse sigilosamente. -¿Nos habrá escuchado?

-No tengo ni la menor idea, aunque puede que sí.

Carmen.

¿Has visto a Lolita?

-No, señora, no la he visto en todo el día.

-¿Dónde se meterá esa sin sustancia?

No sabe con quién se juega los cuartos.

Va lista si cree que no cumpliré con mis amenazas.

-Mire que la pobre mujer no tiene culpa de nada.

-¿Te parece poco no cumplir mis encargos?

Debo pensar qué hacerle para que escarmiente.

-No se sofoque.

No tiene por qué hacerle nada a esa desgraciada.

Lo que quería que le dijera ella ya lo he averiguado yo.

-¿Tú?

¿Qué sabes tú?

No te voy a permitir que me torees ni un instante.

-Como sabía que Lolita era incapaz de culpar a nadie

por lo ocurrido en Los Paulinos, he indagado yo.

-Di de una vez lo que sabes.

-Es cierto que el muñeco que se quemó lo hicieron los criados,

pero es absurdo culparles.

-¿Entonces a quién?

-Usted sabe tan bien como yo

que no se mueve ni una hoja sin permiso de los señores.

-¿Dices que son ellos los responsables

del agravio que sufrí? -¿De dónde iban a sacar esas ropas

los criados? ¿Y cómo se atreverían a plantar ese muñeco

sin que se lo autorizasen?

¿De verdad va a culpar a esos pobres desgraciados?

-No andas demasiado errada con lo que dices.

-Fueron los señores los que dieron su beneplácito.

-No me extraña.

Cayetana les metió en la cabeza la idea de que yo era una asesina.

-Y ellos la creyeron

a pies juntillas. -No necesitaron mucho para creerla.

Todos estaban deseando que me marchara del barrio.

-Ellos son los únicos culpables de que se la humillara públicamente.

-Y van a pagarlo con creces.

Ya lo creo.

Una cosa así no puede quedar impune.

Hazme caso, Celia. Hay que tener picardía

y mano izquierda con los hombres.

-Ay, ríete, ríete. -Márchate.

-Pareces muy lista, pero te has separado.

-Qué cosas tienes.

(CELIA RÍE)

-Ay, algunos consejos necesitas.

A las buenas tardes, Úrsula. -Me alegra verlas

tan animadas.

-He recibido un telegrama y me ha alegrado el día.

-¿Y puedo preguntarle quién se lo envía?

-Felipe.

Está deseando regresar para saber de sus vecinos

de Acacias, después del terremoto. -Mucho se preocupa su ex marido

por nosotros. -Felipe tiene sus cosas,

pero siempre ha sido muy atento.

-También me cuenta que Teresa y Mauro están felizmente instalados.

-Mucho debe haber gastado en un telegrama

tan largo.

-Podrá preguntárselo usted misma. Muy pronto regresará,

en cuanto solucione unos flecos pendientes.

¿Nos vamos? -Vamos.

-Con Dios. -Con Dios.

-Ay, Celia...

Ya veremos cuánto te dura la alegría, querida Celia.

Lolita.

¡Lolita!

¿Se puede saber dónde te has metido, que no te encuentro?

-Doña Trini, perdóneme, me entretuve de cháchara

con la Casilda. -Pensé que a Úrsula le había gustado

la empanada y te había contratado.

-"Qia", que yo nunca la abandonaría, y menos para servir a ese cuervo.

-Hay brujas mucho más amables

que ella.

-Si por mí fuera, no la vería ni en pintura.

Y más ahora, que estoy como un niño con zapatos nuevos.

-Pero bueno,

paisana, ¿a qué se debe esa contentura?

-A que no la voy a endiñar

de un momento a otro.

-Bueno, gracias,

cómo me alegro de que hayas quitado de la cabeza esa ideas.

-El médico que le dije. -Sí.

-Es una eminencia

y me ha dicho que estoy más sana que los cerdos del tío Cosme.

-Y dime, ¿qué pruebas eran esas? -Pues es una cosa un poco asquerosa,

pero que funciona fetén. Se llama

esputo... Esputo...

"Esputología".

-No había oído esa palabreja en mi vida, vamos.

-Pues dicen que viendo los escupitajos de una

se sabe si estás sana o la vas a endiñar en un par de días,

medicina moderna.

-¿Tú te crees que te puedes fiar de ese galeno?

-Claro que sí. Don Antoñito pone la mano

en el fuego por él.

(ANTOÑITO CARRASPEA)

¿Me puedes traer un poco de agua? -Claro, voy a escape.

-Anda, anda

y anda, menudo camelo le has contado a Lolita.

Eso solo se lo puede creer ella.

-Son unas innovadoras pruebas que le ha hecho un amigo mío.

-No voy a rascar más, pero que sepas que aquí una

no tiene ni un pelo de tonta. Pero si sirve para que Lolita esté

tranquila con su salud, bienvenido sea.

-Ella y yo, que por fin siento que encarrilo mi vida.

Hace dos semanas me quería ir, y ahora, no puedo ser más feliz.

-Antoñito, cómo me alegra oírte hablar así.

Brindemos para celebrarlo.

-Sí.

Brindemos porque voy a poner

todo el interés del mundo en mi negocio

y porque voy a formalizar mi relación con Lolita.

Me da igual lo que digan mi padre

y mi hermana. -Bueno, ya veremos cómo se lo toman.

-Pues pronto vamos a salir de dudas,

porque pienso decírselo esta noche.

-Antoñito, tú sabes

que siempre te estaré apoyando. Me alegro que haya salido de perlas.

-Doña Trini...

Es una suerte tenerla a mi lado. Gracias.

-Aquí está.

El agua fresquita de esta mañana.

¿Qué pasa aquí?

¿Qué se celebra?

(RECUERDA) "No hace más de unos meses que fue pintada,

poco tiempo después del naufragio".

-Siendo así, es muy probable que Elvira sea la mujer del cuadro

y que esté viva en Turquía.

(RECUERDA) "Estamos casi seguros, sí".

Necesito remover cielo y tierra hasta saber si Elvira sigue viva.

Es mi único anhelo.

De esta noche no pasa. Estoy decidido a contarle a mi padre

y a mi hermana que hemos iniciado una relación formal.

-Estás muy seguro de eso.

Como cojamos a don Ramón torcido, se monta la de San Quintín.

-Me da igual que se lo tome mal. Estoy decidido a dar este paso.

-Bueno, piénsalo bien.

Que esto es como saltar al río, que una vez que das el impulso,

no se puede arrepentir uno, por fría que esté el agua.

-Yo no tengo ninguna duda.

¿Tú sí?

-Ah, yo no. No pienso en otra cosa que no sea besarte.

Pero me entran calambres

de pensar en la cara de los señores aquí y fuera.

-A mí los de fuera me importan un comino,

y de estos no te preocupes.

-¿Si lo dejamos para más adelante? No son buenas las prisas.

-Pamplinas. Trini ha cogido a mi padre y le ha llevado de paseo

para que se relaje y se canse un poco.

Y cuando venga María Luisa,

cenamos, unos vinitos y, en el postre,

les doy la noticia.

-¿Qué digo la de San Quintín?

Se va a liar la Guerra de Troya, la de la Independencia y la de Cuba.

-No pases pena,

que da igual lo que se nos ponga por delante.

Yo te voy a querer siempre, pase lo que pase

y digan lo que digan.

(Puerta)

-Que ya están aquí.

-No, no puede ser. Tienen llave.

-Pues se les habrá olvidado.

El señor García, que pregunta por usted.

-¿Y en qué puedo ayudarle?

-Es el marido de Amparo García.

-Muy bien. ¿Y...?

-Pues que a mi mujer le ha pillado un carro.

Y como tenía un seguro con usted,

vengo a que nos pague el entierro.

"Viendo lo mucho que sufría mi pobre Simón,

he tomado cartas en este asunto".

"No solo he descubierto el retrato de Elvira,

además voy a ayudarle en todo lo que pueda

para que la encuentre".

"Mi amor es tan grande que estoy dispuesta a cualquier sacrificio".

"Aunque él no lo diga y parezca entusiasmado

con reencontrarse con ella, Simón sabe

que no encontrará otra como yo".

"En realidad,

no hace otra cosa que buscarme a mí".

"Debe dejar atrás los sentimientos por ella

para volver a mis brazos".

Te veo atareada con tus escritos de oraciones.

¿Qué pasa? ¿Por qué lo escondes?

¿Escribías algo sobre mí

que no quieres que lea? ¿Algo malo sobre mi persona?

-Yo nunca haría algo así.

No es digno de ti que me acuses de esa forma.

-Bueno, no quería contrariarte. Tan solo

bromeaba un poco, pero he sido inoportuno.

-Pues sí, no es buen momento para chanzas.

-Lo siento, lo siento, todo el asunto

de Elvira te afecta más de lo que muestras.

-¿A qué viene eso?

¿Qué te ocurre? ¿Te empeñas en sacarme de mis casillas?

-No, no, no, nada más lejos de mis intenciones.

-¿Por qué va contrariarme que te reencuentres con Elvira?

Soy la primera

en alegrarme de que viva. -Discúlpame.

En ningún momento dudo

de tu buena intención, es que me han metido ideas en la cabeza

a las que no debería prestar atención.

-No dudes de mis propósitos, por favor.

-No, no, no. Prometo no hacerlo.

"No puedo creer que no se dé cuenta ni de sus propios sentimientos".

"Tengo que tomar la iniciativa, hacer algo que le abra los ojos".

"Tengo que hacerle comprender cuánto ansía recuperar mi amor".

"Aunque sea doloroso para mí,

ha llegado la hora de actuar".

Pero ¿qué me pasa?

¿Cómo puedo estar tan torpe?

¿Llevas un rato mirándome?

-Así es.

Parece que se te resiste ese trabajo.

-No sé qué me ocurre.

No doy con las proporciones precisas. Tendré que empezar de cero,

hacer de nuevo el diseño.

Me enerva trabajar en balde.

-No tiene sentido que te obceques.

¿Tan urgente es terminar eso?

-Para mí sí.

Reconozco que solo es un objeto,

pero lo quería antes de decirte

lo que quiero.

Es un anillo para ti.

-Yo ya conozco bien tus sentimientos, no hace falta nada más,

y menos una joya.

-Cierto que nuestro compromiso sirvió para ayudarte,

que fue una salvación

para ti, y nunca he querido presionarte.

-Siempre has sido

muy respetuoso conmigo. -No tenías otra opción.

Y yo no te dije qué sentía para que no pensaras

que iba a aprovecharme. -Te agradezco que seas sincero.

-Pero todo ha cambiado.

Mis sentimientos son más claros y espero que los tuyos también.

Cada día que pasa

me siento más cerca de ti.

¿Quieres casarte conmigo?

¡Servando! Servando, escuche usted.

Suelte la escoba y atiéndame. -Pero bueno,

¿a qué viene ese brío? Han publicado

en el periódico el nombre del ganador del concurso,

eso me han dicho. -¿Sí?

Léamelo antes de que me dé

un soponcio. -Ni que yo supiera, Servando.

¿Desde cuándo junto yo dos letras? Aunque bueno,

si juntamos la A con la O... -Bueno, sí, sí.

Y... -Que me lleven los demonios

si lo que pone ahí no es su nombre.

-A ver. Sí, sí.

Ese es mi nombre, sí, que reconozco las letras.

-Eso he pensado también. -¡Que soy el ganador!

No podré enterrar a esa mujer. -¿Has perdido el oremus?

-He perdido el dinero. No me queda ni un céntimo. No cerré el trato

con las funerarias

y no sé qué hacer. -¿La guita que esa gente te dio

para las pólizas qué?

Doña Susana,

¿ha visto a Adela en la calle?

-¿No está aquí? Celia...

Pues tampoco ha acudido a la apertura de la sastrería.

Y es extraño, porque es puntual como un reloj suizo.

-Le ha pasado algo, lo sé. Lo noto en las entrañas.

Marchó antes de que yo llegara.

-Simón, mantenga la calma.

No monte castillos en el aire ni vea fantasmas,

no hasta saber qué ha pasado.

Lolita,

aguarda.

¿Dónde vas con tanta prisa?

-Ya sé que le tenía que explicar lo de los "muñecajos"...

-Perdonada.

No quiero hablar de eso.

-¿Que no? -No.

Solo quiero disculparme.

-¿Lo "cualo"?

-Creo que he sido demasiado dura contigo,

hasta diría que ofensiva.

No tiene que decirme quién está detrás

de lo de Los Paulinos, porque ya lo sé.

-"Yo sabía que esto iba a pasar".

-¿Qué quieres decir?

-Para mí estaba claro que esa entrega era falsa.

No quiere que Elvira viva.

-¡María Luisa!

-Es la verdad, Víctor.

Toda esa supuesta ilusión que mostraba era mentira.

Adela ha estado aguantándose hasta que no ha podido más y ha estallado.

-Te equivocas. -Simón, estamos a punto de encontrar

a Osman y ha huido antes que confirmen que Elvira vive.

-Veo que te has puesto mi regalo.

-Sí. Para que todos me lo vean.

Pero nadie hace acuse de recibo.

-Estás preciosa.

-Te espero fuera. -"¿Le ha sucedido"

tratar de contener sentimientos y no puede?

-¿Mis sentimientos?

Usted habla de una mujer.

-Hablo de un amor

tan inconveniente que puede hacer daño a mucha gente, gente...

a la que quiero.

Hablo de sentir,

algo que no se debe sentir.

De querer arrancarse del pecho

ese deseo de cuajo y no poder.

Hablo de sentir algo tan fuerte que, aunque trate de disimularlo,

el sentimiento sale sin querer.

Y temer uno que todo el mundo se dé cuenta.

-"¿Qué busca?".

-Un cuaderno que Adela siempre lleva consigo. ¿Sabe de qué le hablo?

Es como una especie de diario

en el que siempre escribe.

-Sí, creo que sé el diario al que se refiere.

Pero ¿no pretenderá leerlo? Eso pertenece a su intimidad.

-Lo sé, lo sé, doña Celia,

pero le juro por lo que más quiero

que sé que algo malo le ha pasado.

Y ese diario puede indicarnos el camino para encontrarla.

Traté de adaptar el diseño del colgante al anillo,

no hallo la forma.

¿Crees que padre pudo haberse confundido?

-Ojalá pudiéramos preguntárselo.

Un momento.

Las medidas están mal,

no cuadran.

  • Capítulo 594

Acacias 38 - Capítulo 594

05 sep 2017

Castora cuenta a Úrsula que Jaime habló del cuaderno de diseños antes de su crisis respiratoria. Simón enseña a Adela el cuadro de Elvira; su prometida le anima a buscarla. Adela afirma que no siente celos, pero María Luisa nota su incomodidad.

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