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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 592 - ver ahora
Transcripción completa

En mi familia...

todo el mundo muere joven el día de su onomástica.

"Oséase", en su cumpleaños.

Arrea, pero...

¿y por qué le hace gracia? -Lolita,

me río de puro alivio.

Me habías asustado, eso una tontería.

Es susceptible con ese tema.

-Sea como sea, no me voy a dar por vencido.

Encontraré la solución.

Yo maté a mi madre, Simón. -"Fue solo un maldito accidente".

Él era un niño. Yo le he perdonado, pero...

-Pero Diego nunca se perdonará a sí mismo.

-"Yo tenía el arma en las manos".

Yo la desobedecí.

Yo seguí jugando con la escopeta.

-Solo era un niño. -Eso no es excusa.

-"Todos tenemos cicatrices".

Pero hasta eso lo pueden curar el amor y el afecto.

-¿Y quién podría darme eso a mí?

-Tu familia.

No te alejes de los que te quieren.

En la galería me han dicho que el retrato se llama:

"La esposa ante la torre del reloj".

-Y dicha esposa es Elvira. Ella posó como modelo.

"No quiero un cambio a Estambul. Se lo ruego".

"De lo contrario, mi matrimonio solo tiene un final posible".

"Acabará matándome".

La prioridad es llevar a mi querido esposo a la residencia.

Harás con ese anciano todo lo que esté en tu mano

para aliviar su sufrimiento.

-"¿Es esta la página?".

Es el diseño de "Ana". Su joya más emblemática.

-Hay unos números y flechas alrededor del dibujo.

-Le haremos la joya y se la haremos llevar a la residencia.

-"Vayamos a los Jardines del Príncipe".

Allí nos esperan los carruajes.

Un momento, Carmen.

Ya sabes lo que hemos hablado.

Espero que sepas tratar a mi marido como debes.

¿Aquí va a vivir?

No es digno de mi padre. -Diego, lo hemos hablado.

-No hay residencia más lujosa ni que mejor trato da a los pacientes.

-Esta habitación es pequeña.

¿No hay ninguna con vistas a los jardines de atrás?

-Estas vistas son mucho más bonitas, Diego.

-Los muebles son viejos, no hay nada bonito.

A mi padre le gustaba estar rodeado de belleza.

Lo importante es la calidad del servicio médico.

Que nuestro padre esté lo mejor atendido posible.

-Bienvenidos. ¿Quién es el responsable

del paciente? -Yo y mi hermano Samuel.

-Doctor,

yo soy su esposa. De mí depende.

-Pues en ese caso, es usted quien debe acompañarme

para firmar los papeles de su ingreso.

Si es tan amable... -Claro, doctor.

Carmen, cambia las sábanas de la cama del señor.

Cuelga su ropa con esmero en el armario

y prepara sus objetos en el aseo.

Será mejor que os vayáis despidiendo de vuestro padre.

Debe estar cansado del viaje y del carruaje.

Os espero en la entrada principal,

cuando haya terminado con el papeleo.

Cuando quiera, doctor. -Por favor.

-¿Es la responsable? Pobre padre.

-Diego, no lo hagas más difícil, por favor.

-Todos creemos que tu padre merece lo mejor. Y aquí estará bien.

-¿Dónde está el cuaderno de mi padre?

-Aquí, tenga.

-Gracias, Carmen.

¿Serás capaz de reproducirlo?

-Exactamente como él lo ideó.

-Por una vez, creo que mi madre tiene razón.

Don Jaime ha de estar agotado.

Le ha subido la temperatura. Puede que tenga un poco de fiebre.

Lo mejor será que dejemos a Carmen arreglando sus cosas.

-¿Necesitas ayuda? -No.

Antes me dijo la enfermera que vendría a ayudarme a acostarle.

-Padre,... mañana mismo vendremos a verlo.

Aquí va a estar bien.

-Vendremos todos los días.

Sin faltar uno solo.

Hasta mañana, don Jaime.

-No nos eternicemos más en este triste momento.

Luego nos vemos.

-Padre,... sé que no puedo borrar

todas mis culpas.

Pero le prometo

que haré todo lo que esté en mis manos para protegerle.

No tema nada malo mientras yo esté cerca.

Carmen,...

cualquier cosa que ocurra, el menor contratiempo, avísenos,

vendremos corriendo.

-Por supuesto, señor.

-Hasta mañana. Saldremos de esta.

-Sus hijos le quieren.

Eso es más de lo que han logrado muchos en la vida.

¿Eres Carmen?

-Sí, soy yo.

¿Viene a ayudarme a acostar a don Jaime?

-Sí. Pero no solo a eso.

Me llamo Castora. Me envía doña Úrsula.

¿Qué pasa, te has quedado pasmada?

Di algo.

Doña Úrsula me ha dicho que me darías las instrucciones.

-¿Y por qué no lo ha hecho ella? -No es asunto mío.

¿Qué hay que hacer?

-Todo.

Hay que encargarse de todo. Es lo único que sé.

-¿No te ha dicho la forma? -Supongo que lo deja a su criterio.

Usted es quien mejor conoce la clínica y sus procedimientos.

-Así será.

Se hará cuando llegue el momento justo.

Déjame sola con él. No necesito ayuda para acostarle.

No sé quién eres ni qué has hecho. Ni por qué te quieren tan mal.

Yo haré mi trabajo. No es nada personal contra ti.

Solo quiero el dinero que me pagará. Nada más.

Vamos a tapar esto antes de que lo vea nadie.

Venga, ayúdame.

-¿Y qué vamos a hacer? -Nada.

No vamos a hacer nada.

Por lo menos hasta que lo pensemos. No vamos a precipitarnos.

-Si es que es Elvira. -O no, María Luisa, o no.

Madre mía, es que se parece tanto, que me parece increíble.

-"La esposa ante la torre del reloj".

No existen las casualidades, solo puede ser Elvira.

-¿La torre del reloj está en Estambul?

-No.

En Esmirna, que es otra ciudad turca.

La torre la construyó Burak Demir, que es el hombre

con el que el coronel quiso casar a Elvira.

Es arquitecto. -Ya, pero eso no quiere decir

que ella posara delante del pintor.

Lo mismo lo hizo de memoria o tenía un retrato de ella.

-¿Con tanta fidelidad?

Pero si mira su expresión. Y hasta en el color de los ojos.

Eso no se consigue solo viendo un retrato

en blanco y negro. Es imposible.

Nadie puede acordarse tan bien de los rasgos de una persona.

-Bueno.

Todo depende.

Yo me acuerdo de los tuyos con los ojos cerrados.

Vamos, que los recreo cada noche antes de meterme en la cama.

Un ratito. -Eres un procaz.

No quiero saber nada más de tus recreaciones.

-Cada rasgo de tu cara recreo.

Con el mayor de los respetos, eso sí.

-Pero mira que eres picaflor.

Y me enorgullece saber que te acuerdas tanto de mí.

Pero ahora quiero seguir pensando qué vamos a hacer con el cuadro.

-Habrá que saber cómo ha llegado esto a España.

Si es que viene de allí. -Bueno, se lo podemos preguntar

a los de la galería de arte. Eso y qué fecha tiene.

-A lo mejor el marchante de la galería tiene alguna idea.

Galería Ezendra.

En la Plaza San Francisco. Mañana voy a preguntar.

-Se lo diremos a Simón.

Tiene que saber que Elvira está viva,

y parará sus avances con la monja.

-No. No, María Luisa.

A eso me refería con que tenemos que tomárnoslo con calma.

Que no lo sepa nadie.

Te recuerdo que Adela ya no es monja.

-Pero Víctor, Elvira está viva, y Simón tiene que saberlo.

-María Luisa,

pero ¿se te ha olvidado ya todo lo que sufrió Simón?

Vamos a no darle falsas esperanzas. Vamos a esperar a comprobarlo.

Prométeme que no se lo vas a decir.

-Te lo prometo.

San Pantaleón,... anula la maldición.

San Nicolás el cojo, ahuyenta el mal de ojo.

San Isaías, abona la alegría, hijo.

Y San Juan de Trento, ponle fin al padecimiento.

"Pa" fuera.

(SUSPIRA) Pues ya está.

Hale, a dormir. Que mañana será otro día.

(Golpes)

(Se cierra una puerta)

¿Quién anda ahí?

(Golpes)

Mira que voy "armá", ¿eh? ¿Quién va?

(Golpes)

¡Huy!

-Aparta eso que te vas a hacer daño.

-Que voy en paños menores, ¿qué haces aquí?

-¿Qué paños menores?, si eso tapa más que un hábito.

-Venga, pasa.

Di lo que tengas que decir, y con viento fresco. Venga.

-Vengo a...

a hablar contigo.

Quería pedirte perdón. Sí, de corazón.

No quería reírme de ti, ni de tu familia ni de Cabrahigo

ni de la maldición ni de nada.

-Pues más te vale, porque no respondo de mí misma.

-Venga, que eres cafre como la que más.

Vengo a demostrarte que no te vas a morir antes de los 30.

Que la maldición no te afecta a ti.

-¿Ah, sí? ¿Y cómo vas a demostrar ese embuste?

-Con la lógica. Tú has sobrevivido a un terremoto,

¿no? -De milagro.

-Pues en él murieron más de 200 personas.

Y algunas cercanas y queridas.

-Pobre Pablico. Siempre se van los mejores.

-Ese día todos podíamos haber muerto, ¿no?

Así que ese día, todos volvimos a nacer.

-"Pa" chasco que sí. -Si ese día volvimos a nacer,

ese día empiezan a contar tus 30 años.

-Entonces, ¿me estás diciendo que me quedan 30 años para diñarla?

-O más.

-Que no, que no me engañas. -Lolita, que tú no te puedes morir.

Que si te mueres, yo me muero de pena.

Y en mi familia

no hay ninguna maldición que diga que yo me voy a ir tan pronto.

-Hala, venga, ya está bien.

Que la voy a diñar el día de mi cumpleaños

y me tengo que preparar para el viaje, venga.

Venga.

A tu casa.

Eh, no le digas a nadie...

No le digas a nadie que me has visto en ropa interior.

Que esto es una vergüenza.

Y... una es decente como la que más.

Moribunda, pero decente.

Hale, ya está.

¿Qué haces medio desnudo? Vas a escandalizar a la criada.

-Me acabo de dar un baño y no sé dónde han puesto mis camisas.

Esta casa está manga por hombro.

-Creo que han dejado tu ropa en el armario del dormitorio

del final del pasillo. Menos mal que no he venido con Blanca.

-No creo que se asustara.

En el hospital de campaña demostró no tener remilgos de beata

atendiendo a los heridos.

-Quizá no se asustara. Pero a mí no me agradaría.

-¿Celos?

Los celos son lo peor.

A quien más hieren es a quien los siente.

No caigas en eso, hermano.

No lleva a nada.

Creo que...

es un buen momento para hacer las paces.

-No hace falta. Somos hermanos.

Nunca dejaremos de serlo.

Los enfados pasan. Pero la sangre sigue ahí.

(RÍEN)

¿Recuerdas ese retrato?

-¿Cómo no recordarlo?

En los retratos de entonces había que estar casi 10 minutos

sin moverse.

-No te parabas quieto.

Como si tuvieras el baile de San Vito.

Y padre no paraba de regañarte.

-Me moría de ganas de orinar.

Mira,

gracias a ese esfuerzo titánico, ahora podemos recordar la infancia.

-Y gracias a padre,

que te mantuvo quieto.

-¿Has estudiado el colgante "Ana"?

-No he tenido tiempo.

Pero seguiré sus indicaciones al detalle.

-¿Un anillo? -Será mi regalo para Blanca.

¿Te parece mal?

-Todo depende del mensaje que le quieras hacer llegar.

-Blanca es una mujer generosa.

Valerosa.

Siempre tiene una palabra de ánimo. Una sonrisa.

Y por no hablar de su belleza.

-Todo eso tiene una palabra. -Así es.

Amor.

Mi mensaje es que la amo, hermano.

Jamás he sentido por nadie lo que siento por ella.

-Hazle esa joya.

Y que no desmerezca nada el diseño de nuestro padre.

Si te puedo ayudar en algo, es solo pedirlo.

Sabes que soy capaz de dar la vuelta al mundo

para conseguir un pedrusco de calidad.

-Lo sé, gracias. Estará a la altura.

Y aunque seamos hermanos y no necesitemos hacer las paces,

dame un abrazo para olvidar nuestras diferencias.

No sé cómo hace Víctor con los ingredientes.

Ahora no hay nada en el mercado. Sin embargo, los bollos

están tan ricos como siempre.

-La gente nunca le da importancia a los desvelos de los comerciantes

para facilitar y adornar la vida de sus vecinos.

Rosina, no estamos aquí solo para ganar dinero.

-A ver, Susana, están ricos,

pero Víctor los cobra a precio de oro en paño.

Lo cual quiere decir ,

que es tan bien mirado con el dinero como su abuelo, su madre y...

En fin.

Hablando de adornar,

¿qué te parecería volver a adornar estas calles?

No sé, olvidar los males con festejos.

-Perdonen que les moleste.

-No eres molestia, querida. Siéntate con nosotras.

Eres casi nueva en el barrio, sin embargo, todas te agradecemos

lo mucho que te implicaste en el terremoto.

¿Has probado los bollos?

-En realidad, no quería molestar. -Y no lo haces.

Elena, un chocolate para la señorita. Siéntese.

No lo hay mejor que el de aquí.

-Muchas gracias. Solo quería preguntar

por Leonor. ¿Se sabe algo de ella?

-He recibido un cable.

No ha llegado a Isla Margarita. Lo envía desde Gran Canaria.

Dice que está bien.

-Menos mal.

Y que siga así, que aquí en el barrio

ya hemos probado las iras de Neptuno.

Pobre Elvira.

-Deben ser paisajes maravillosos los de esas tierras.

¿Quién pudiera viajar por todo el mundo?

-Nada como España.

Ni en sus paisajes ni en sus comidas,

ni en sus costumbres.

Ya lo decían nuestros antepasados. "Santiago y cierra, España".

-Te doy la razón. No sé qué hace esta hija mía por esos mundos.

Con lo bien que se está aquí, en Acacias.

Por más calamidades que hayan sucedido,

y más tristón que esté ahora el barrio.

Y lo digo yo, habiendo sido afectada.

-Pobre Pablo. Que Dios lo tenga en su gloria.

-Veo que hay tertulia.

¿Me permiten que me siente con ustedes?

-Claro, doña Úrsula.

-Marcho. -No.

No nos hagas ese feo. Además, no te has comido el bollo.

-Comentábamos lo triste que está el barrio y la necesidad

de volver a preparar un festejo y engalanar sus calles.

-Espero que no se trate de nuevo celebrar los Paulinos.

Vaya... Vaya ocurrencia soez.

-Eso fueron cosas de criadas.

-Sí, de Lolita.

De Cabrahigo, que debe ser el lugar más atrasado de España.

-¿Lolita?

Esa moza no está a la altura del barrio.

Ni siquiera de las criadas.

¿Así que... fue idea suya que yo sufriera tanta ignominia?

-Bueno,... -Las fiestas populares

siempre son provocadoras.

Si no ofenden a nadie, no cumplen su función de alterar la rutina.

¿Qué hicieron las criadas

en los Paulinos que tanto escuece?

-Quemar una figura.

La de la persona más odiada en el barrio, según ellas.

-¿Y resultó ser la suya? Acabáramos.

-Una niñería de mozos y mozas de baja estofa.

No vale la pena darle más importancia de la que tiene.

-Ah, si me perdonan.

He de dar instrucciones a mi criada.

Carmen.

¿Has hecho lo que te mandé?

-Le dije a Castora lo que usted esperaba de ella.

O lo que creí que esperaba.

-Seguro que has acertado, no eres boba.

-Iré a casa, tengo mucho que hacer.

-Espera un momento.

Todavía no hemos terminado.

Tengo algo más que pedirte.

Se trata de... Lolita.

Esa criada.

-Es mi compañera. Es una moza íntegra y encantadora.

-¿Acaso has olvidado lo que te haré si no me obedeces?

"Hoy Simón me ha demostrado hasta dónde puede llegar por mí".

"Ha puesto en peligro su propia vida".

"A veces me parece que su amor lo puede todo".

"Que es capaz de amar por los dos".

"Que, aunque yo no le amara, él todo lo daría".

"Pero ¿cómo no corresponderle cuando ha arriesgado

lo más preciado?".

"Me ha salvado de unos bandidos".

"Me ha subido a su caballo y me ha llevado hasta la más bella

de las cascadas".

"Y yo me he entregado a él,

desvergonzada, y enamorada, llena de pasión".

"Simón es mi hombre y yo soy su mujer".

"Ha disfrutado de lo que nunca

le di a nadie".

"No hay vuelta atrás".

"Seré suya para siempre".

-¿Escribes una carta?

-No, son solo oraciones y salmos.

No quiero olvidar lo que aprendí en el convento.

-Ah, ¿me dejas verlos? Tiene que ser interesante.

-No. No, es que es algo íntimo, Simón.

Son conversaciones de una monja con Dios.

Que aunque haya dejado de serlo por ti,

pero todavía recuerdo los momentos de oración y recogimiento.

-Está bien, como quieras. Y disculpa la indiscreción.

Yo voy a salir, que tengo que ir a recoger la correspondencia

de los tintes a Correos. -Simón.

Bésame antes.

Es que necesito tus besos como el aire.

(Pasos)

-Huy, cuánta pasión.

Voy a tener que poner una reja en el salón

para que hablen de un lado al otro. -Disculpe, doña Celia.

-Tranquilo, Simón.

Si en el fondo es envidia. ¿Va a Correos?

-Sí. Sí, parto hacia allá. Con su permiso.

-Discúlpeme,

doña Celia. Ya sabe que la pasión se desborda.

-Lo sé. Lo sé mejor que nadie.

-¿Hay novedades sobre don Felipe?

-Me ha escrito diciéndome que a su regreso querría anunciar a todos

que volvemos a estar en relaciones otra vez.

Pero yo no estoy segura.

Es que, ahora, sin la presión de los demás,

estamos mejor que nunca.

-La entiendo perfectamente. La clandestinidad es,...

es tan excitante.

¿Me guarda un secreto?

Yo también mantuve una relación clandestina.

-¿Con un hombre?

-Con Carlos.

Pasaron muchas cosas antes de que diéramos a conocer nuestro amor

a los demás.

Esos meses furtivos fueron los más excitantes de mi vida.

-Cuente. Cuente.

-(RÍE)

Le ha quedado muy bonito, Fabiana. -Pues sí.

Gracias a la generosidad de los vecinos, don Ramón.

Entre ellos, ustedes. Nunca corresponderé tanto afecto.

-Para eso estamos, Fabiana.

¿Se han llevado ya el periódico de mi casa?

-No, señor, aquí se lo tengo guardado.

-Dame también el mío.

-Me gustan mucho las historias humanas

que cuenta el periódico después del terremoto.

-Sí. Ya no habla de desgracias,

sino del afán de superación de los vivos.

Gente que se reencuentra con sus seres queridos perdidos,

negocios que abren de nuevo,

mascotas que esperan a sus dueños en la puerta de los hospitales.

-Hasta en el altillo hablamos de esas historias.

Y le pedimos a Martín, que es el que mejor lee, que nos lo cuente.

Bueno, ahora no, que está de viaje.

Ay, como decía mi madre: "Que el Señor nos dé

lo que podamos aguantar". -A las buenas.

Don Liberto, ¿ya se lleva usted el periódico?

-Sí, voy a leerlo a "La Deliciosa". Dile a Rosina que lo llevo yo.

-¿Algún finado más entre los heridos del terremoto?

-Afortunadamente, no anuncian nuevas muertes.

Parece que la cifra no aumenta.

Y que los heridos graves ya son pocos.

-Y "pa" desgracia nuestra, el Pablico fue uno de ellos.

-Sí, que descanse en paz.

-Bueno, bien "rebonico" que fue su entierro.

-Yo, si tuviera dinero, me haría un seguro de esos de muertos

que se lleva ahora, un entierro de primera.

Con fastos de general, con un uniforme de portero de lujo

con charreteras por aquí, y mi panteón sería...

como la portería del Palacio Real.

-Dejemos de hablar de la parca, que trae mala secuela.

-Resulta difícil no hablar de ella.

Hasta concursos se convocan en los periódicos en su albur.

-¿Concursos? -Concurso de epitafios.

"La empresa de mármoles Descanso eterno

convoca un concurso de epitafios".

"El ganador conseguirá una elegante lápida en mármol de Macael

y un sustancioso premio pecuniario". -¿Y dice cuánto?

-No, eso no lo pone.

-Ánimo, Servando, que seguro que ese premio es tuyo.

-Ya lo creo que puede ser mío.

No puede ser.

Estas medidas no cuadran.

No entiendo nada.

-Si tuviera que ilustrar una cara de desconcierto,

sería la tuya ahora mismo.

-Empiezas a conocerme.

No entiendo unas anotaciones de mi padre.

Las medidas de una joya no cuadran.

-Quizá intentara hacer algo más grande de lo que esperabas.

-No, no es eso.

Las medidas no se corresponden con las de una joya normal.

Si las sigo, quedaría un adefesio.

-Quizá se equivocara al transcribirlas.

-No. No le conoces.

Él en esos asuntos nunca cometía errores.

Siempre insistía en eso: las medidas han de ser exactas.

Tiene que ser algo que no entiendo.

Uno piensa que lo sabe todo y, resulta que le queda mucho

por aprender.

-Paciencia entonces.

Ya entenderás lo que pretendía tu padre.

Esta mañana quise desayunar contigo, pero no estabas.

-Salí temprano. Fui a la mansión a hablar con Diego.

-¿Fue todo bien?

-Resolvimos nuestras diferencias.

Son peleas de hermanos. Nada nos separará nunca.

La sangre es la mayor de las ligaduras.

-Diego siempre será tu mayor apoyo.

Me alegro de que haya decidido quedarse en la ciudad.

-Eso te lo debo a ti. Que fuiste tú a hablar con él.

¿Qué haría yo sin ti?

-Bien te vales tú solo para conseguir todo

lo que deseas.

-Blanca,

tú me completas.

Ya no sabría vivir sin ti. -Adulador.

Te dejo que sigas con esos números.

A ver si los entiendes.

-No será por falta de esfuerzo, te lo aseguro.

-Cierro la puerta. Que nada te distraiga.

-Gracias.

¡Rosina! ¡Espera! -Ay, Liberto.

Esas voces por la calle. No somos mozos de cuerda.

-Es que no quería que te me fueras.

He ido hasta el centro y he vuelto. Casi pierdo el resuello.

-¿Y eso? -¿Eso?

Pues nada, que antes estuve en el quiosco

y allí solamente se habla de muertes, de ausencias y...

-De Pablo y Leonor.

-Sí. Y tú y yo también

hace un par de semanas tuvimos una discusión

por lo del partido de fútbol. -No, ya, ya.

Perdona que te diga, fuiste un energúmeno.

-Bueno, el caso es que se siembre lo que se siembre,

parece que en este último año tan solo se recoge inquina.

Y he estado pensando...

y, me he dado cuenta de que eres... lo que más quiero en este mundo.

Y quería demostrártelo con algo que no fuera solo con palabras.

Así que...

-¿Qué es? ¡Qué...!

Conozco la caja. ¿Es de la joyería Oliva?

-Ábrelo. -Ay, Dios.

Es preciosa.

Como el cuello que la va a lucir. Déjame que te la pruebe.

¿A ver?

Mira, el tamaño perfecto.

-Te adoro.

-Pues anda que yo a ti... No es tan bonita como tú,

pero se le acerca.

-¿Sabes qué?

Voy a la sastrería, a ver si Susana me deja que me mire en un espejo.

-Claro. -Ay.

-Da gusto verte con tu esposa, Liberto.

Tan enamorados como se puede estar.

-Con ella todo es muy sencillo. Por cierto, Antoñito,

no dejo de oír hablar de tus seguros de entierro.

Vas a ganar más cuartos que el marqués de Salamanca.

-El negocio va viento en popa. Si consigo cerrar

unas cuantas pólizas más con prima de tres años,

pronto podré pagar todas mis deudas.

-Pues enhorabuena. Sé muy bien lo que es

tener al coronel tras tus pasos.

-Bueno, ese es un problema que pronto quedará atrás.

-Supongo que ya te has puesto en contacto con alguna empresa

de servicios funerarios que te garanticen el servicio.

-En ello estoy.

Pronto podré firmar todos los contratos.

No hay nada como el éxito de frente,

sin tener que mirar a los lados.

-Muy bien.

Tu padre estará muy orgulloso de ti. -Precioso regalo.

¿Por qué no vamos a casa y te lo agradezco como te mereces?

-Con tu permiso. -Ve.

Ve y deja el pabellón bien alto. Por los que no podemos.

Sabía que te encontraría aquí.

-Me reconforta visitar la casa del Señor.

¿Tienes tiempo para dar un paseo por los Jardines del Príncipe?

-Claro, para eso he venido a tu encuentro.

-¿Podremos montar en los columpios?

-¿No es usted un poco mayor para eso, señorita?

-Es que apenas los disfruté de niña.

Que pocas distracciones teníamos en el convento.

¿Me dejarás?

-Pues claro que te dejaré. Y hasta te empujaré.

No pararé hasta verte casi tocar el cielo.

-Eres un hombre como ninguno.

Eres mi caballero andante.

Mi faro, mi guía.

-Y tú un poco exagerada.

-¡Simón!

Hola.

Adela, ¿podría pedirle un favor?

-Sí, todo lo que esté en mi mano.

-¿Le importaría ir a la sastrería

a por unos pañuelos? Es que los he olvidado en casa.

¿No puedo hacerlo esta tarde?

-Bueno, iría yo, pero...

no quiero que se me escape doña Trini,

que está dentro de la iglesia y necesito hablar con ella.

-Está bien.

Tardo un minuto. Espérame aquí. -Gracias.

-Supongo que le has dicho que se fuera para decirme algo.

-Es importante. Necesito que vengas a mi casa esta tarde a verme.

-¿Para qué? -No puedo decirte nada.

Solo pedirte que vengas.

-Me dejas en ascuas. -Bueno, pues luego te lo digo.

Viene Adela. No le digas nada, por favor.

-Aquí tiene.

Los que usted usa siempre, como dice doña Susana.

-Muchas gracias, Adela. Mañana se los pagaré a doña Susana.

Y Trini sin salir. Mejor voy para dentro.

-¿Vamos?

Carmen, ¿tengo algo en la cara? -¿Qué?

-No, que digo que como no paras de mirarme, pues que lo mismo

tengo algo y no me lo dices.

¿No me harás salir con el churretón a la calle?

-Perdona, pero no te miraba.

-Si lo sabré yo.

-Es que no me termina de salir bien el dobladillo

y me daba apuro preguntarte otra vez.

-Bueno, esto ya está.

Achicoria para todas. Y bien calentita.

Pero aprisa, que tengo que bajar al quiosco.

-Gracias, señora Fabiana.

-Ay, pues bien me viene, que tengo la tripa revuelta.

-Ayer vi salir a toda la familia con don Jaime

y, después volver sin él.

-Lo han llevado a una residencia. Para que esté bien cuidado.

-Nadie está mejor cuidado que en su casa y con los suyos.

-Es una residencia de lujo.

-Ni así. Para morirse no hay nada como la casa de una.

-Decisión de ellos. ¿Quién soy yo para discutirlo?

-Nosotras, ver, oír y callar.

Es lo que cuenta. -Y rezar,

para que el ambiente no se enturbie,

porque ya sabemos quién pierde.

El pobre don Jaime está en las últimas.

Esperemos que sus últimos días

sean serenos.

-Y los míos. También los míos.

-Deja de decir tontunas, Lolita.

Haz el favor ya. Bueno, yo me bajo al quiosco

que tengo mucha faena todavía.

Si me sobran flores, las traeré para adornar el altillo,

que le falta vida. Con Dios. -Con Dios.

Gilda, friégame la taza, haz el favor, hija.

-¿Otra vez mirándome?

Que digo yo,...

será mejor que me diga lo que quiere y ya está.

-Verás, quiero que me acompañes a casa de doña Úrsula

a preparar una empanada. -Uh, ¿"pa" esa?

Yo no sé si me parece bien cocinar "pa" esa.

-Es que la señora se ha enterado de que en Cabrahigo

se hacen las mejores empanadas de España

y, yo le he prometido que aprendería.

-Pues vaya misterio, habérmelo dicho y, aquí paz y después gloria.

-¿Te espero entonces esta tarde?

-Allí estaré.

Que aunque "pa" esa no me apetezca, por una compañera

hago lo que haga falta.

-A ver qué te parece este:

(CARRASPEA SERVANDO) Ay...

"Qué solos están los muertos".

-Qué mal cuerpo.

-Toma, claro, es un epitafio; verbigracia, una frase para muertos.

-¿Y eso no lo ha copiado usted de alguna parte?

-Sí, bueno, un poco. De Bécquer que,

a pesar de su nombre, era español y de Sevilla, si no me engaño.

Bueno, y a ver este qué te parece:

"Antes muerto que rendido".

-¿Y a mí por qué me pregunta?

Primeramente, yo no entiendo de "epitrafios".

Y, segundamente, no he escuchado esa palabreja en toda mi vida.

-Porque no está Martín.

Si estuviera, me estaría escuchando con atención

y, hasta me daría alguna idea.

-Pero hay más porteros en el barrio.

¿Por qué no se lo cuenta a ellos lo de sus "epitrafios"? Huy.

La "señá" Fabiana. "Señá" Fabiana, venga.

Ande, cuénteselo a ella.

Es que Servando se quiere presentar a un concurso de "epitrafios".

-Y dale. Que no son "epitrafios", son epitafios.

Epitafios. No seas "analfaburra"

y, no digas que me quiero presentar, di lo que voy a ganar.

-Pero dígame alguno

que haya preparado, que ya le digo yo si suena bonito.

-Sí. A ver, ahí va uno que...

"Nadie muere sin haber nacido".

-Pues qué gran verdad, sí. -Bueno,

y este otro:

"El muerto al hoyo y el vivo al pollo".

-¿Al pollo? Querrá usted decir al bollo.

-Ahí reside

el secreto de mi victoria.

Vamos a ver, ¿quién no sueña con comerse un pollo

antes de tomar sepultura? -Pues yo.

A mí nunca se me hubiera ocurrido ponerme a comer pollo

antes de estirar la pata.

-Ni a mí. A mí tampoco.

-La verdad, estáis en el mundo porque tiene que haber de todo.

-Lo que yo veo es que usted

no va a ganar el concurso. A eso se presenta gente...

principal. -"Pa" chasco que sí.

Escritores como los amigos de doña Leonor.

Yo de usted, Servando, ya iba contratando un seguro

de los de don Antoñito.

Y empezaba a pensar en mi propio "epitrafio".

-¿En mi propio epitafio? Quita, quita, que eso da mal agüero.

-"Pa" nada, Servando, ese es el que le va a acompañar siempre.

Dele, dele; dele usted al magín.

Hala, me voy al quiosco. -Y yo me subo al altillo.

-"Pa" mi propia tumba.

Perdón.

-Estoy agotado hasta para camelarte.

Lolita, ¿sabes cuántas reuniones he tenido hoy?

Siete.

-¿Una reunión no es sentarse y hablar?

-Bueno, más o menos.

-¿Y eso cansa?

Pues ya me gustaría a mí verle ahí restregando ropa en el lavadero.

-Son cansancios distintos.

Uno es de cuerpo y el otro, de mente.

-Bueno, pues por mí no se incomode, que ya le dejo reposar tranquilo,

no se me vaya a herniar. Delicadito.

-Pero mujer, no seas arisca.

-Esos portazos solo son de Lolita.

Es que no hay manera de que cierre la puerta con delicadeza.

-No hay manera de que haga nada con delicadeza.

Ahora, con el martirio de la muerte antes de los 30, qué cruz.

-Bueno, en Cabrahigo todo el mundo cree a pies juntillas

que es así para toda su familia, y tienen razones para hacerlo.

-Pero ¿de qué han muerto sus antepasados?

-De todo.

De coz de burro, cornada de toro, caída de campanario...

-Pero ¿todos de accidente? -No. También ha habido...

empacho de arroz con leche, cólico miserere, catarro mal curado.

Enfermedades. Para todos, menos para la tata Concha.

-Bueno, accidentes y enfermedades.

Pero Lolita no va a tener ningún accidente.

Si ha sobrevivido al terremoto sin ningún rasguño.

El destino no va a mandar dos rayos a la misma acacia, ¿no?

-Bueno, quedan las dolencias, -Que no.

Lolita no va a tener ninguna enfermedad. Está sana como un roble.

Mira, voy a buscar a un médico. A ver si así se le quita la tontuna.

Voy tras ella.

Tengo la solución. -Huy.

-Lo que tiene es que es más pesado, que un gorrino en brazos.

-Tú vas a ser como la tata Concha. Casi inmortal.

-Yo me voy a morir en "ná".

Y usted me está tapando el sol. Y me da sombra.

Con lo que me gusta a mí el sol y lo poco que me queda de disfrutarlo.

-Bueno, pues vente aquí que hablaremos más tranquilos.

-Que todavía me roban el cántaro. -Pues te compro otro,

que estoy ganando dinero por quintales. Vamos.

Siéntate.

No te vas a morir.

-Pues claro que sí, como toda hija de vecina.

Nos vamos a morir todos, desde el rey, hasta el mendigo.

-Sí, pero no todavía. Porque en tu familia

todos mueren de accidentes: coces de burro y cosas así.

Pero a ti no te ha matado ni un terremoto.

-Anda que no hay peligros.

-Pero basta con andar con cuidado, ¿no?

-La vieja de la guadaña te encuentra

por mucho que te escondas.

-También los hay que mueren de enfermedades,

y para eso están los médicos.

-Matasanos, eso es lo que son.

-Te voy a llevar a uno para ver si estás bien o no.

-De nada va a servir. -Bueno, pero él,

mal tampoco te va a hacer, ¿no?

Si te dice que estás sana, que yo creo que estás más sana

que una manzana reineta, no tendrás nada que temer.

-Por darle el gusto.

Total, cuando me llegue el día, da igual

que me quede debajo de la cama. Y si estoy sana,

seré la más sana del camposanto. -Pamplinas.

Te llevaré a un médico que va a certificar

que vas a vivir por lustros.

-Bueno, pues yo me voy a por mi cántaro.

Y digo yo, ¿por qué hace esto, señorito?

-No me llames señorito.

-¿Y cómo le llamo?

-Cielo, cariño, mi amor, Antoñito.

Así vas a tener que llamarme los próximos 100 años,

porque tú vas a vivir, por lo menos, hasta el 2017.

-Dios no lo quiera.

¿El cuadro dónde lo tienes guardado?

-Está en mi dormitorio, no te preocupes.

Los de la galería quieren que lo abone.

He estado esta mañana hablando con el marchante.

-No, no, no. No podemos devolverlo.

-Tranquila que lo voy a comprar.

El depósito de acero de leche tendrá que esperar.

Total, si ha resistido desde los tiempos de mi bisabuelo

"La Deliciosa" sin ese depósito, no va a pasar nada

por esperar un par de meses más. -Gracias, Víctor.

-¿Qué no haría yo por mi María Luisa de mi vida?

-Cuéntame, ¿qué es lo que te dijo el marchante?

-Pues...

me dice que el autor del cuadro es un tal Osman.

Un artista turco instalado aquí en España.

Y que parece ser que es bastante reciente.

-¿Posterior al naufragio?

-Aunque no saben decirme la fecha con exactitud.

Dice que eso se lo tenemos que preguntar al pintor.

-Eso es que Elvira está viva.

-Bueno, no lancemos las campanas al vuelo.

Tenemos que localizar al pintor y averiguar muchos detalles.

Esto es muy extraño.

(Llaman a la puerta)

-Este es Simón.

-María Luisa, habíamos dicho que no le íbamos a decir nada.

-Sí, pero no podemos esperar más.

Tú ve a abrirle que yo voy a por el cuadro.

-Me lo habías prometido.

-Ya. Pero me arrepentí.

No te enfades, mi amor.

Simón. Adelante.

-María Luisa me pidió que viniera. Me dijo que era algo importante.

¿Tú sabes algo? -Ahora te explicará ella.

-Hola, Simón. Esto es lo que te quería enseñar.

-Por favor, no saques conclusiones precipitadas.

Todavía no sabemos nada. Lo mismo es una casualidad.

-Es Elvira.

Ya baja tu hermano.

-Entonces me ahorro subir.

No me gusta encontrarme con Úrsula. -No estaba en casa.

Salió nada más comer. -A saber qué hará en esos paseos.

Nada bueno.

-No lo dudes.

Cuando no está haciendo el mal en casa ,

es solo porque está haciéndolo fuera.

Me ha dicho Samuel que habéis hecho las paces.

-Somos hermanos.

Eso está por encima de todo.

-También me ha dicho que no te marchas.

-No.

No quiero dejar a mi padre y a mi hermano solos.

-Me alegro.

No me gustaría dejar de verte.

-Para mí la familia lo es todo.

-¿Me consideras parte de esa familia?

-Parece que pronto será así.

Eres la novia de mi hermano.

Y yo adoro a mi hermano. -La verdad

es que Samuel es adorable.

-Diego. Qué bien que has llegado. No quería llegar tarde

a ver a nuestro padre. -Pues vámonos.

Blanca, ¿vienes con nosotros?

-Me encantaría.

Sabéis que tengo el mayor de los afectos a don Jaime.

-¿Dónde vais?

(BALBUCEA)

-No le entiendo.

-Hablar...

Hablar con mis hijos. Hablar...

-Hijos... Samuel.

Tengo que hablar...

Hablar...

Hablar...

-"Vamos a la residencia a ver a nuestro padre".

Prometimos hacerlo a diario.

-Antes quiero hablar con vosotros.

-Lo que quiera nos lo podrá decir después.

-Somos una familia.

Y ya ha llegado la hora de que nos comportemos como tal.

-¿Una familia? Discúlpeme, Úrsula, pero usted...

nunca formará parte de mi familia.

Por mucho que lo diga un papel conseguido a saber

con qué arteras tretas.

-No pretendo tu aprecio.

Ni siquiera lo necesito.

Me basta con saber que vuestro padre sintió afecto

por mí cuando todavía podía sentir.

-Mi padre puede sentir perfectamente.

-Desgraciadamente no.

Por eso quiero hablar con vosotros.

Hay asuntos que tenemos que resolver antes de que mi esposo falte.

-Tiempo habrá para ocuparse de ellos.

-El tiempo se acaba.

Por eso es preciso que nos sentemos a hablar lo antes posible.

-Tal vez podamos ir después a ver a padre.

-Yo me voy ahora mismo.

El cochero ha ido a dar agua a los caballos.

Volverá enseguida.

-En otro momento hablaremos.

(BALBUCEA) Hablar hijos...

Hablar... Hijos...

Hablar...

(BALBUCEA)

¿Quieres que te diga el epitafio que te he compuesto?

-Haga usted lo que crea menester.

-"Aquí yace Casilda Escolano, que no creció para que su señora

doña Rosina, ordeno y mando, se la pueda meter en un bolsillo

y, hasta el "RIP" le viene holgado".

(RÍE)

-Usted, desde luego que no necesita una abuela que le ría las gracias,

¿no? -Pero si tengo para dar y repartir.

Bueno, ¿quiere que le cuente el suyo, Fabiana?

"Aquí yace Fabiana Aguado,

emperatriz del altillo, capitana de las fregonas,

que tenía una hija que parecía Satanás y al final la ha palmado".

-¡Huy! -(SERVANDO RÍE)

Que ese hombre de la terraza no nos quita ojo.

Es capaz de denunciarnos y todo. Pero no mires.

¿Qué...?

-Lolita, precisamente él es el doctor Gálvez.

He querido que le conozcas antes de la cita.

Lolita, el doctor Gálvez; doctor Gálvez, Lolita.

-"María Luisa cree,..."

cree que ella está viva.

-¿Por qué razón... me mentiría Nemesio Contreras?

¿Por qué un hombre que acaba de salvar su vida de un naufragio

vendría hasta aquí para contarme una mentira a mí?

-Pues... quizá se confundiera. Tampoco conocía a Elvira.

-Pero si lo hizo, si mintió,

solo pudo tener un motivo.

Y estoy seguro que ese malnacido del coronel conoce esa razón.

-Simón, Simón, recapacita y piensa que después te arrepientes.

-Pero ¿cómo pretendéis que me quede quieto?

¿Cómo? -"¿Qué te duele de Simón?".

-Simón me tiene preocupada. Bueno, más bien su comportamiento.

No sé, ha cambiado. -¿De ayer a hoy?

-Desde que María Luisa me forzó a dejarle a solas con él.

-"¿Has pactado ya las condiciones con los funerarios?".

¿Te han cubierto las garantías de tus pólizas?, cuéntame.

-Bueno, ando peleándolo. -Peleándolo.

Camarón que se duerme se lo lleva la corriente, Antoñito.

Creo que no eres muy consciente del riesgo que estás corriendo.

-"Eres muy inteligente".

Has de saber...

que una de mis mayores habilidades es descubrir los secretos

de la gente.

De aquella gente que a mí me interesa.

-Pero yo... no le intereso a usted.

-Conozco tus secretos, Lolita.

Pero no te preocupes. No diré nada.

También soy buena guardándolos.

Nadie sabrá tus secretos

si me dices, sin mentiras ni dilaciones,

quién te ayudó con ese pecado de muñeco

que quemasteis en los Paulinos. -"¿Te inquieta algo?".

-No. Que de tanto en tanto , se me vienen cosas a la mente,

como a todo el mundo.

-Sabes que soy una más del altillo. Puedes confiar en mí.

¿Dónde está mi padre, qué le están haciendo?

-Viene usted porque la envía Blanca. -¿Quién? No sé de qué me habla.

-¿Tampoco sabe de lo que le hablo yo?

Conteste, ¿dónde tienen a mi padre?

-El paciente ha sufrido, hará cosa de una hora,

una insuficiencia respiratoria y está siendo intervenido.

-¿Qué clase de intervención? ¿Cómo está él?

-Como saben, no estaba previsto su paso por el quirófano.

-Señora, le ha preguntado que cómo está.

-Si quieren la verdad,... entre la vida

y la muerte.

El Señor da y el Señor quita.

Nada le reprocho, sino el momento.

Toda una vida de sufrimiento para que al final,

tras regalarme un marido, el mejor,

me lo quiten sin contemplaciones.

  • Capítulo 592

Acacias 38 - Capítulo 592

01 sep 2017

Ingresan a don Jaime en la residencia. Carmen conoce a la enfermera del joyero, Castora, y le da mal fario. Jaime recupera la conciencia y Castora intenta asfixiarle para que no pueda hablar. Diego y Samuel hacen las paces. Samuel le confiesa a su hermano que quiere hacer un anillo para regalárselo a Blanca. El negocio de Antoñito va viento en popa con las negociaciones con los servicios funerarios. El joven Palacios intenta que Lolita deje de dar importancia a la maldición familiar y para ello la anima a hacerse unas pruebas médicas que descarten su muerte inminente. Simón nota la actitud extraña de Adela con su diario. Víctor y María Luisa piensan qué hacer con el descubrimiento del retrato de Elvira. María Luisa decide enseñárselo a Simón. Úrsula convoca a Lolita en su casa. Servando decide presentarse a un concurso de epitafios.

ACACIAS, 38 CAP. 592 HD

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