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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 589 - ver ahora
Transcripción completa

(Pasos)

-Me he dejado el...

Adela, no sabía que estaba usted aquí.

-Sí. He llegado hace un momento.

-¿Le sucede algo?

-Nada. Nada en absoluto.

Te encargarás de administrar la medicación a mi esposo.

-Como la señora prefiera.

-Es de trascendental importancia que le des una pastilla cada ocho horas,

ni una más... ni una menos.

Si la policía no consiguió descubrir que mentía es,

porque lo tiene todo muy bien gobernado.

Aunque quizá,...

ahora que teme que yo misma descubra su engaño,

cometa algún error.

-¿De qué tipo? -No lo sé,

es muy astuta.

Algo que nos permita saber qué tenía con vuestro padre.

Algo que sustentara...

una solicitud de anulación matrimonial.

-"Yo ya pensé una vez"

que te había perdido para siempre y no quiero volver a pasar por eso,

no quiero.

-Quede tranquila.

Volveré.

Quizá con una dicha renovada.

Quizá con paz en mi interior y,...

y quizá peor

de lo que estoy ahora,

pero volveré. -"Te prometo que pagará".

Tu madre tendrá lo que se merece.

-No tendría que haberte dicho nada.

-"¿Cómo puedo saber si él me ama?".

-Hablándolo con él, como está hablando conmigo.

Es muy probable que él sienta lo mismo por usted.

-¿Usted cree?

-Eso no lo sabremos hasta que usted no haya dado el paso.

-"Sé perfectamente que..."

lo que pudieras sentir por mí,

nunca será como lo que sentiste por Elvira.

Pero no me importa,

porque yo tengo amor de sobra para los dos.

-Adela, no sé si es lo que te mereces.

-Me gustaría demostrarte que podemos ser felices juntos.

-"Pero no es común que las señoritas"

sean tan sinceras en sus afectos.

-Yo... no soy habitual.

Y, por lo que veo,

tampoco una señorita.

(Ruido)

-¡Padre!

¿Qué tiene?

Carmen, ¿sabe qué ha pasado?

-No sé bien. Estaba en la cocina.

-Padre, usted no se va a morir.

Se lo prometo. No conmigo aquí.

Vuelva en sí, padre.

Padre, no nos deje.

-¿Qué ha ocurrido?

-No sé bien. Después de darle su medicina,

se ha caído al suelo y se ha puesto así.

-No parece que respire.

-Sí, sí que lo hace,

pero muy débilmente.

Rápido, que alguien vaya a por unas sales.

Dios quiera que con eso reaccione.

-Voy a escape.

-Haga un esfuerzo, padre.

Se lo suplico.

Abra los ojos.

Abra los ojos.

Perdóname. Perdóname, he sido una tonta,

no debería haberte importunado con mis desvaríos.

Disculpa.

-No hay nada que perdonar.

Me ha sorprendido tu sinceridad, eso sí.

-He sido demasiado atrevida, ¿verdad?

-No es habitual que una mujer tome así la iniciativa,

y menos aún una como tú.

-Ya.

Es que hace apenas un mes que he salido del convento

y, me siento... un poco torpe en estas lides.

He sido muy indiscreta.

-No te apures. Nunca debes avergonzarte

de decir lo que sientes.

-Cada cosa que he pronunciado ha salido de mi corazón.

Aunque haya sido indecoroso decirlo.

-A mí no me lo ha parecido.

Y me alegro infinitamente de que te hayas atrevido a confiarme así

tus sentimientos.

Este camafeo es un regalo muy bonito, Adela.

Y lo cierto es que...

no sé, he dejado de verte como una amiga.

Tu compañía ha sido vital para mí.

Sin tu ayuda no hubiera podido escapar del pozo

en el que me encontraba. -Siempre he tratado de ayudarte.

-Lo sé, lo sé.

Y poco a poco has hecho que...

naciera en mí un sentimiento nuevo.

No...

No sé si puedo llamarlo amor, lo siento.

Hace muy poco que he perdido a Elvira.

-Y sientes

como si la traicionaras.

-En cierto modo, sí.

-Te entiendo perfectamente.

Aunque hace ya mucho tiempo

que acabó mi romance con Carlos,

pero su muerte y...

tenerle cerca otra vez me generan un sentimiento parecido.

Pero ¿no crees que merecemos la oportunidad

de ser felices?

¿De redescubrir el amor juntos?

A mí me llenaría de gozo...

cumplir... este sueño a tu lado.

-Tengo que serte sincero, Adela.

No sé si voy a olvidar a Elvira.

Pero también sé que he de seguir adelante.

De nada me servirá renunciar a la vida o...

a intentar amar de nuevo.

Pero es que temo mucho hacerte daño.

-Yo solo te pido que seas honesto conmigo.

¿Quieres intentar buscar la felicidad a mi lado?

Sea cual sea la respuesta,

yo la aceptaré.

-¿Cómo podría rechazar semejante petición?

Sería un necio si lo hiciera.

Esperemos que sirvan de algo.

-Muéstreme lo fuerte que es.

Vuelva en sí.

Le necesitamos con nosotros.

(LLORA)

-Diego.

Debes de tener ten.

Ya no puedes hacer nada por él.

-¡Dios! -No respira.

-No pararé.

No pararé hasta que reaccione.

He regresado a esta casa para cuidarle

y, eso es lo que voy a hacer.

-Samuel, debes detenerle. Sus esfuerzos son en vano.

-¿Qué puedo hacer yo?

-Padre.

Padre, ¿puede oírme?

(RÍE)

¿Puede oírme?

Ha recuperado la conciencia.

Rápido, Carmen, prepara la cama.

-¿Está bien?

-(RÍE) Pues claro que está bien.

Es duro como un roble.

Rápido, ve a por un médico.

-Enseguida lo traigo.

-Tranquilo, padre.

Tranquilo.

Vamos a sacarle de esta con bien.

Tranquilo.

Suélteme, madre.

O no voy a llegar a tiempo a coger el tren.

-Por favor, hija, piénsatelo bien.

Por favor, ¿qué necesidad tienes de ir por esos mundos de Dios?

Si lo que quieres es alejarte de Acacias, podemos irnos juntas,

a San Sebastián, a un balneario. -Madre,

sabe que lo que busco no es alejarme de Acacias.

Necesito hacer el viaje que iba a hacer con Pablo.

-Pero ¿no será eso causa de más pena, hija?

-Quizá.

Pero siento que debo hacerlo.

Ese viaje iba...

iba a cambiar tantas cosas.

Lo mismo hubiera vuelto embarazada, madre.

Ahora va a ser como...

como hacerle un postrero homenaje a su memoria.

-Que te voy a echar tanto de menos, hija.

Pero bueno, si es tu decisión, no puedo más que respetarla.

-Yo también voy a añorarla mucho.

Madre, se hace tarde.

Debo marcharme. -Liberto te aguarda en la estación.

Yo es que...

no encuentro las fuerzas para ir a despedirte allí.

Seguro que hago descarrilar el tren de la llantina que me daría.

¿Ves?, como ahora.

-He escuchado que va a salir de viaje, pero por lo que veo

es algo inminente.

-Así es,

necesito cambiar de aires.

-Comprendo que quiera alejarse después de la desgracia.

Es una forma de olvidar todo esto.

-Créame que esa no es mi intención.

Voy a recordar a mi marido...

el resto de mis días.

-Sea como sea,...

espero que le ayude a sanar

las heridas del corazón.

Vaya usted con Dios.

-Gracias. -Doña Rosina.

-No sé por qué,

pero mal fario me da siempre esta mujer.

-No puedo evitar sentir un escalofrío cada vez que la veo.

-Y más ahora, que se pasea

como si fuera la dueña del barrio entero.

-Madre, vaya prevenida.

Esta mujer es un demonio.

-Sí, te lo prometo.

Pero tú tienes que prometerme que me vas a escribir

todos los días, ¿me oyes?

Bueno, si es que...

en esos mundos de Dios a los que vas hay servicio de correos.

-Le voy a escribir, madre. Cuente con ello.

(SUSPIRA)

Madre.

Arranque.

Pare el coche.

¿Lloras?

-¿Cómo no he de hacerlo?,

si mi primer beso ha de ser un beso de despedida.

Continúe.

¿Dónde estará?

Si es que en esta cocina está todo puesto del revés.

Hay que jeringarse, no hay quien encuentre un tenedor.

A ver.

-Pero Casilda, hija, ¿qué tienes?, que te oigo renegar

desde el pasillo.

-Perdón, señora Trini.

Que no hay quien encuentre nada en esta cocina y,

así no puedo preparar el desayuno.

Lo siento, pero me da a mí que hoy se van a quedar en ayunas.

-Me barrunto que me voy a tener que ocupar de la cocina.

Tú mejor vete a ayudar a María Luisa, que anda loca

buscando un conjunto de verano.

-Huy, eso va a ser como ir de Málaga a Malagón.

Es que si no me pispo en la cocina, ¿cómo me voy a orientar

en el armario de la señorita María Luisa?

-Anda.

Pues menudo avío que tenemos contigo.

Y no es que me escueza tener que ocuparme de algunas tareas

de la casa mientras tú coges comba,

pero sí, me tiene frita que Lolita haya tomado las de Villadiego.

-Es de entender, "señá" Trini.

La pobre no ha tenido más remedio.

Y ya le digo yo,

que de no haber sido por causa mayor,

aquí estaría ella haciendo lo que fuera menester.

-Que no, Casilda, que no.

Que a mi paisana lo que le pasa es que lo único que tiene en la cabeza

es serrín.

-Lo que le pasa a la Lolita es que está "enamoriscá" de don Antoñito.

-¿Pues entonces?

Razón de más para dejarse de zarandajas y disfrutar de la vida.

Que el muchacho estaría encantado de que ella le hiciera caso.

-Discúlpela, "señá" Trini,

pero es que lo está pasando muy malamente.

Ella está convencida de que va a entregar la pelleja antes de un mes.

-Ya lo sé, Casilda.

Pero eso solo son supersticiones absurdas.

-Esperemos que sea así.

Porque está segurísima de que la va a espichar el día de su cumpleaños.

-Ay, de verdad.

Esta mujer, todo lo que tiene de grande lo tiene de tozuda.

Vamos, que una mula a su lado es mucho más comprensiva.

-Es posible.

Aunque yo le digo una cosa,

con esto ha demostrado que tiene un corazón más grande

que la catedral de Burgos.

Si se ha alejado de don Antoñito es porque no quiere hacerle sufrir.

-Ya, Casilda, pero ¿tú también te crees esa tontería de maldición?

-Yo no digo ni que sí ni que no.

Cosas que no tienen explicación pasan todos los días, "señá" Trini.

-Mira, Casilda,

lo que le pasa a la familia de Lolita es,

que todos tienen más afición al vino que al trabajo,

y eso ha sido así de toda la vida. Así les va.

-Ya, pero es que yo de eso no puedo decir ni chus ni mus.

-Ya, pero yo sí. Que lo sé y los conozco.

Su tío Emilio.

Se cayó por un barranco, se desnucó de la cogorza que llevaba.

Su primo Luis.

El día de su cumpleaños, mamado perdido que iba, le da por torear.

Claro, el toro se lo llevó por delante.

Y la abuela Milagros. Se encuentra un jabalí

y lo acaricia como si fuera un cachorro.

-Madre mía de mi vida.

Pero ¿y a todos, a todos, les pasó eso el día de su cumpleaños?

-Sí, pero eso es solo por casualidad.

-¿Y los demás de la familia?

-Bueno.

Lo cierto es que sí, ha sido así con muchos de sus familiares.

-Jesús bendito, a ver si no va a ser una "tontá"

y vamos a perder a nuestra Lola. -Bueno.

-Sea verdad o no,...

ella ha tomado una decisión

y, hay que respetarla.

Con su permiso, "señá" Trini.

-Claro, Casilda.

-No va a volver, ¿no?

-No. Parece que no lo va a hacer.

Si es que ya sabes que las de Cabrahigo somos muy tozudas.

-Me parte el alma que sea así. Y más cuando estoy convencido

de que ella siente lo mismo por mí.

-Entonces, Antoñito, hijo, no te des por vencido y ve tras ella.

Pero si tú siempre has sido un hombre con más recursos

que una navaja suiza. Pues ya está.

Demuéstrale a todo el mundo

que eres capaz de convencer hasta a una de Cabrahigo.

¿Sí? -Sí.

(Se abre una puerta)

Ay, perdone, ¿me estaba esperando para desayunar?

Lo siento, se me han pegado las sábanas.

-No, no se preocupe.

No soy de las que necesita desayunar apenas han salido de la cama.

-¿Está usted inquieta?

-No. No me pasa nada.

-Estoy acostumbrada a desayunar en comunidad.

Todo mujeres, ya sabe.

Y sé distinguir cuando alguna no ha tenido su mejor día.

-No me pasa nada.

-Está bien, como quiera.

¿Estaba pensando en don Felipe?

-Sí.

Pero lo hago a menudo, en cualquier caso.

-¿Y sabe ya cuándo volverá?

-No.

-Bueno, no desespere. Pronto tendrá noticias.

-No desespero.

¿Desayunamos?

-¿Verdad que hace un día radiante hoy?

Me encanta esta época del año.

Y sentir el... calor del sol de la mañana.

-La veo a usted de muy buen humor.

Feliz, incluso.

¿Qué le ocurre?

Creo que esa felicidad

tiene que ver con Simón.

¿Al final hablaron?

-Hemos hecho algo más que hablar.

Nos hemos besado.

-Cuente, quiero todos los detalles.

-Fue tan hermoso.

Sucedió como,... como en una novela de amor.

-¿Simón se le declaró?

-Así es.

Yo estaba paseando

cuando Simón se me acercó.

Me pidió que le acompañara y me llevó hasta la pérgola.

Allí me confesó que,...

que estaba enamorado de mí de una forma tan arrebatadora,

que jamás lo había sentido por nadie.

Que no podía dejar de mirarme ni de soñar con mis labios.

Pero fue muy respetuoso conmigo, la verdad.

Sabe que estoy muy afectada por la muerte de Carlos.

Pero es que no pudo contener la pasión que ardía en su interior.

Y...

me pidió que fuéramos novios.

-Caramba, Simón.

Qué piquito.

Con lo serio que parece.

¿Y cuándo lo van a hacer público?

-No lo sé.

Es de entender que Simón es quien debe tomar esa decisión.

Pero es que yo solo quiero estar a su lado.

Me ha devuelto las ganas de vivir.

Y de amar.

-Me alegro mucho por los dos. -Gracias.

Es que no puedo creer lo que le ha sucedido a mi pobre esposo.

Todavía no se me ha pasado la impresión desde que regresé a casa.

-Todos hemos pasado la noche en blanco por la preocupación.

-Menos mal que Diego estaba... y pudo sacarle adelante.

¿Qué ha podido ocurrirle para tener una crisis

tan terrible?

-Yo le juro que no hice nada.

Solo le di su pastilla.

-No te sientas culpable.

Nadie te está acusando, Carmen.

Tú simplemente cumpliste con tu tarea.

-Ay. Aquí está el doctor.

-El paciente ya está estable,

pero le recomiendo reposo, aunque el peligro ya ha pasado.

-¿Está usted seguro?

No puede volver a sufrir otra crisis.

-Eso no sucederá si toma la medicina correcta.

¿Fueron estas las pastillas que tomó?

-Sí, son esas.

Yo misma se las di.

-Pero no son las que yo le receté.

Lo he comprobado y se trata de otro compuesto.

-Parece ser que estos comprimidos contienen cocaína.

Una sustancia, que en su estado, puede crearle crisis respiratorias.

Como la que ha estado a punto

de acabar con su vida.

-¿Qué has hecho, endriago?

¿Has intentado asesinar a mi esposo?

¿Cómo has podido ser tan estúpida como para equivocar las pastillas?

-Yo solo le he dado lo que usted me dijo.

-¿Estás intentando culparme a mí

de tus errores? -Ya está bien, madre.

No es necesario cargar contra ella.

Ya se irá aclarando lo que ha sucedido.

-Márchate. No quiero verte.

-Teniendo en cuenta el estado del paciente,

les recomiendo que lo trasladen a un sanatorio

en cuanto recupere las fuerzas. -No pienso separarme de mi padre

de ninguna forma.

Él seguirá aquí.

-En ningún lugar estará mejor que en su propia casa.

Pero es una posibilidad... que debemos contemplar.

Le acompaño a la puerta, doctor.

-De no haber sido por tu determinación,

no sé qué habría pasado.

Gracias a ti nuestro padre está a salvo.

-Por el momento.

Me temo que su situación es de lo más insegura.

No sé qué puede pasar si vuelve a suceder algo así.

Entiendo que este sea tu trabajo ahora,

pero no tengo las mínimas ganas de pensar en mi propio deceso.

-Pues precisamente por eso.

Si usted le dedica unos minutos a esta póliza,

no tendrá que preocuparse de lo que pase después de su muerte.

-Comprende que eso no es algo que me quite el sueño.

Llegados a ese punto, me da igual lo que pase después con mis despojos.

-Y estoy de acuerdo con usted, pero si contrata mis servicios,

yo podré encargarme de buscar el ataúd que más le convenga,

la sepultura, encargarme de todo el papeleo.

-Vamos, que estás seguro de que fenezco antes que tú.

-Mujer, que es una forma de hablar.

Pero por un poco de dinero al mes, usted podrá disfrutar del seguro

"El anochecer dorado".

Y con esa póliza, usted tendrá una caja de la madera labrada.

Cuatro caballos tirando del coche fúnebre

y una lápida de mármol de Carrara.

-Preferiría gastarme el dinero en milhojas, y bartolillos.

-Pues piénselo bien, porque esto no lo hace por usted,

sino por sus deudos.

-Mira, te voy a firmar la póliza,...

solo por no seguir hablando

de un tema tan macabro.

¿Dónde habré puesto mi pluma?

Lolita, ven un momento.

¿Tú sabes dónde está mi pluma?

Que si has visto mi pluma.

-Sí, la dejó ahí esta mañana.

-No se arrepentirá.

Le aseguro que está contratando usted un servicio de primera.

-Y si no es así,...

lo voy a tener difícil para reclamar.

-No, no, no, no. No se levante.

Ya me acompaña Lolita a la puerta.

Vale ya, ¿eh?

Que no sabe lo que tiene que hacer una para que le dejen a su aire.

Me voy a tener que volver al pueblo para quedar tranquila.

-A ningún sitio, Lolita.

Allá donde vayas, yo te voy a seguir.

¿Te apetece un trago? -No.

Desde ayer no me entra nada en el estómago.

-No te vendría mal entonarte un poco.

-¿Qué has querido decir antes con lo de si vuelve a suceder?

-Simplemente, que nuestro padre está muy delicado.

Y la menor cosa le afecta más que a cualquier otro.

-Hermano,...

te conozco muy bien.

Sé que me estás mintiendo.

Lo que se te pasa por la mente es

que Úrsula anda detrás de todo esto. ¿Me equivoco?

-No tengo pruebas.

Pero estaríamos mucho mejor con esa mujer lejos de aquí.

-Pensamos lo mismo entonces.

Has de darme tiempo.

Jáuregui está investigando qué pasó en el sanatorio.

Por qué obligaron a mentir a Blanca.

De momento, tenemos que tener paciencia

y guardar las formas con Úrsula.

-No sé si deberíamos actuar de otra forma.

Ser más expeditivos.

-También te pido sosiego por Blanca.

Se ha atrevido a enfrentarse a su madre.

No le compliquemos la vida con nosotros.

-No creo que yo pueda hacerlo.

Esa mujer es de armas tomar.

Se ve que tiene mucho carácter.

-No sabes hasta qué punto.

-Creo que tienes cosas de enjundia que contarme.

Toma.

Esto...

Esto te soltará la lengua.

-No hay nada que debamos hablar, Diego.

-Déjate de melindres. Cuéntame.

¿Por qué dices eso de Blanca?

-He de reconocer que Blanca es una mujer... fogosa.

Muy fogosa.

No es como otras que haya conocido antes.

-¿Te refieres a...?

¿Ya ha habido intimidad entre vosotros?

Soy tu hermano.

Sabes que no le voy a contar a nadie lo que me digas.

-No. No la ha habido.

Pero no porque ella me pusiera trabas.

Más bien, por lo adverso a las circunstancias.

-Hermanito, estás hecho todo un truhán.

-No te creas.

En el fondo, me alegro de que nada irreparable haya sucedido.

-No me puedo creer que prefieras esperar a la noche de bodas.

-¿Acaso no es lo más correcto?

-No seas panoli.

Si a ella no le parece mal...

adelantar este tipo de encuentros,...

miel sobre hojuelas.

¿O prefieres que se desilusione

y que se busque a otro?

-Es que, si ella se me entrega así...

puede ser porque ella ya...

-¿Ya haya tenido relaciones con otros?

-Convendrás que no es cosa habitual.

-Hermanito, esa chica no es como las demás.

Su vida ha sido peculiar.

Y eso la hace ser como es.

¿Vas a rechazarla por eso?

-No. No, no, no. No se me ocurriría.

-Entonces, ¿dónde está el problema?

-Reconozco que...

Blanca me estremece.

Temo no estar a su altura.

-No tienes nada que temer, alma de cántaro.

Eres guapo.

Inteligente.

Y la mejor persona que he conocido en el mundo.

No te quepa duda que triunfarás con ella.

En todos los sentidos.

Pero nunca vuelvas a hacerte de menos.

Blanca es maravillosa, sí.

Pero ni una pizca más de lo que lo eres tú.

-Anda. Lléname el vaso,

que creo que me hace falta otro trago.

El día mejora nada más verte.

-¿Qué haces? Pueden vernos.

-Pues me parece fetén que lo hagan.

Así todo el mundo se enterará de lo que vamos a intentar.

¿O tienes algún problema?

-No. No, no, ninguno.

No sé, me da un poco de reparo.

-Gracias.

¿Ya estás entreteniendo a la chiquilla?

Te advierto que tenemos faena. Más te valdría ponerte a tu trabajo.

-Vamos, no se queje tanto.

Además, es natural que nos guste hablar y pasar el rato juntos.

Y más ahora, que somos novios.

-¿Novios?

Simón, ¿qué tontería es esa?

-No, nada de tonterías. Realidad.

-¿Tú has perdido el oremus?

¿Y esta novedad, así, sin más, por las buenas?

-¿Qué quería, que pidiéramos dispensa papal?

Vamos, diga la verdad, se lo veía venir.

-No me seas impío.

Me lo veía venir, pero no lo quería creer.

Usted, Adela, debería estar en su convento, y tú buscando una mujer

para casar y, olvidar a Elvira. -¿Y no puede ser Adela esa mujer?

-Creo que estáis confundiendo la amistad y el consuelo

con el amor.

-Son buenos cimientos para construir una relación, ¿no cree?

La pasión dura un suspiro, la amistad

y el compañerismo duran toda la vida, si se cuidan.

-¿Y no os estaréis dejando llevar

por eso? Que una cosa es el amor

y, otra muy distinta es buscar consuelo.

-Estamos felices juntos y eso es lo único que importa.

¿No le parece?

-Pues...

así será.

-Y ahora, si no le importa, me gustaría dar un paseo con Adela.

En un tris estaremos de vuelta.

-No se apure,...

que luego me daré brillo y terminaré la faena a tiempo.

-Vaya. Dios mío.

¿Qué te ocurre, muchacho?

Que te veo más triste que el guarda del cementerio,

que ninguno de sus clientes le cuenta chascarrillos.

-Es de un amigo del Ejército.

Dámaso Madrona.

Un pollo echado para adelante como el que más.

Si hoy estoy aquí es, gracias a él.

En más de una ocasión me salvó de los tagalos.

-Ha tenido que ser

muy bregado el tal Dámaso.

-Así es, Servando.

Lástima que lo hirieran en la batalla de Manila.

Al pobre tuvieron que cortarle una pierna para salvarle la vida.

Un cacho de él quedó enterrado para siempre allá, en las Filipinas.

Con zapato y todo.

-¿Y qué pone en esta carta...

que te preocupa tanto de tu compañero de armas?

-El bueno de Dámaso ha vuelto a España y, claro,

no tiene dónde caerse muerto.

Estando cojo, nadie le da trabajo

y apenas tiene qué comer.

-Qué tierra más injusta esta.

No deberíamos dejar a ninguno sin auxilio,

a ninguno de los héroes de la patria.

Que lo han dejado todo por nosotros, verbigracia la pierna.

Vamos, sería nuestro deber patriótico.

-Así es, jefe.

Y es por eso que me gustaría ausentarme unos días

para ir a visitar a mi amigo Dámaso, a ver si puedo hacer algo por él.

-Eso no lo puedes hacer.

No me puedes dejar aquí empantanado con todo el trabajo.

No.

-Pero bueno, Servando, ¿y dónde quedó su espíritu patriótico?

-No, no, yo hablaba en general.

En general. No, tú no me puedes dejar aquí solo.

Yo te necesito.

Recuerda que ya te di permiso para irte a los Pirineos.

-Sí, pero no es lo mismo.

Eso fue un encargo de mi señora, no puede comparar.

Y tampoco van a ser muchos días.

Además,...

el pueblo de mi amigo Dámaso está muy cerca de Naveros.

Si me da permiso para ir,... le puedo traer unas castañas.

(CARRASPEA)

-¿Y unas ristras de chorizos?

-Un cerdo entero si quiere.

-Bueno, está bien. Pero que quede claro

que lo hago por los héroes y soldados de nuestra patria.

-Muchas gracias, jefe. Ahora me queda lo más difícil,

que es convencer a Casilda.

Sé que en mi ausencia lo pasó muy mal.

Y ahora, con la muerte de Pablo y la ausencia de Leonor,

no creo que le parezca bien que me vaya.

-Bueno, bueno. Pues tienes que convencerla.

La verdad, subalterno, que ya me está entrando hambre

pensando en las castañas

y en las ristras de chorizos de mi pueblo.

Es un conjunto muy bonito. ¿Es de estreno, María Luisa?

-No. Lo había extraviado, por eso no se lo ha puesto.

Pero al fin Casilda lo ha encontrado.

Siendo pequeñita, se puede meter hasta el fondo de los armarios.

-Con ese desparpajo y esa viveza que tiene,

no para hasta conseguir lo que quiere.

-Bueno, ¿ninguna va a decir nada de lo que acabamos de ver?

¿O soy yo la única que se ha dado cuenta

que Simón estaba de la mano con Adela?

Vamos, ni que fueran novios.

-Equilicuá.

Tú lo has dicho. -¿Lo está diciendo en serio?

-Tampoco es para tanto, María Luisa. Simón es joven.

Y es natural que quiera rehacer su vida.

Y qué mejor elección con una mujer que antes ha sido monja.

Otra más virtuosa

no encontrará. Mejorando lo presente.

-A mí me parece bien.

Los dos necesitan compañía y, pueden tener un futuro juntos.

-Claro.

Porque del pasado ya nadie se acuerda, ¿verdad?

Viendo a Simón, tan gallardo, con su nueva novia,

cualquiera diría que Elvira nunca ha existido.

-Luisi, hija, no está bien que hables así.

A la postre, a ti ni te va ni te vienen los sentimientos de esos dos.

-O sea, que a todas ustedes les parece bien

la relación entre Simón y Adela. No, si...

está claro que la única que guarda la memoria de Elvira aquí soy yo.

-Luisi, por favor.

Tengo entendido que su casa ya es habitable.

-Pues sí, regreso hoy mismo.

Por cierto, ¿podría decirle a su hijo que venga a visitarme?

-Creo que ya hemos hablado lo suficiente de este tema, don Arturo.

-Todavía quedan cuentas pendientes por saldar.

Espero que no se le olvide a nadie.

-Si es por eso, no pase pena.

Antoñito está empezando un nuevo negocio.

Las primeras ganancias que obtenga serán para usted.

-No creo que su hijo pueda levantar ningún negocio decente.

Será una estafa, sin duda.

-Usted no conoce bien a mi hijo.

Antes de lo que cree, tendrá usted su dinero de vuelta.

-Yo lo creeré cuando lo vea en mi bolsillo.

-Si es eso todo lo que le importa, podemos solucionarlo a escape.

Esta cantidad no es suficiente

para saldar la deuda,

pero espero que sirva para que tenga usted paciencia

y no vuelva a desconfiar de la buena voluntad de mi familia.

-Sabía que podía confiar en usted.

Lástima que no pueda decir lo mismo de su hijo.

En fin, habrá que darle una tregua a Antoñito.

¿Qué, Casilda, cómo has llevado la faena en casa de los Palacios?

-Pues bueno, mujer, como pollo sin cabeza.

Claro, tú, como eres tan alta, lo dejas todo en el alto

y ahí estoy yo, ¿eh?, a saltos y con una banqueta todo el día subida.

-Te será más fácil cuando le cojas el aire a la casa

y sepas dónde está todo.

-Pues no me vale, que hoy la señorita María Luisa

me ha tenido toda la mañana para buscarle cuatro trapos.

Y menos mal que la "señá" Trini me ha ayudado,

porque si no, fenecía yo en el intento.

-Me sabe muy mal

haberte metido en este embolado.

-No tienes nada de qué preocuparte.

Si ya sabes que yo soy como la mala hierba: me agarro al suelo

y crezco allá donde me dejan.

Por cierto, ¿te has enterado de lo de la monja?

Que está ennoviada con el Simón.

-¿Qué? Pero eso no puede ser, es un camelo.

-Mira, pues ahí la tienes

para salir de dudas. -Perdone.

-A las buenas.

¿Es eso cierto que se va diciendo por ahí?

-Depende sobre lo que me pregunte.

No sé, en los barrios siempre corren muchos chismes.

-Pues...

lo que una servidora quiere decirle es, lo que hay entre usted

y el Simón, que dicen que andan ennoviados.

-Sí que vuelan las noticias por aquí.

-Como la pólvora.

-Y bueno, ¿cómo sucedió el evento?

-Bueno,

la otra noche estábamos Simón y yo paseando bajo la luz de la luna

y una suave brisa que venía del parque traía...

un aroma a madreselva y rosas.

Entonces,

muy dulcemente, Simón me condujo

hasta la pérgola.

Allí puso una rodilla en tierra...

y comenzó

a recitarme un poema

mientras me cogía la mano.

Decía:

"El día que me quieras, tendrá más luz que junio".

"La noche que me quieras será de plenilunio,

con notas de Beethoven vibrando en cada rayo sus inefables cosas".

"Y habrá juntas más rosas

que en todo el mes de mayo".

Conforme recitaba el poema, yo... me sentía transportada.

Era como si todos los astros giraran a mi alrededor.

Y hasta podía escuchar la música que me decía en el poema.

-Oh. Qué cosa más bonita.

Si es que el Simón, cuando se pone, menudo Adonis que es.

-Yo, la verdad, es que no he entendido ni papa del poema.

Pero vamos, que ojalá fuera mi Martín

así de romántico o la mitad, por lo menos.

-Pues después de eso se levantó,...

me estrechó con fuerza entre sus brazos,

me miró a los ojos como si pudiera ver cada rincón de mi alma

y me besó con una pasión infinita.

-Huy.

Me está entrando un sofoco solo de oírla.

-Le doy mi enhorabuena.

Y cuídeme mucho al Simón.

Que yo le quiero como si fuera mi hermano.

El pobre... ha sufrido más que el que se tragó las trébedes.

-No le quepa la menor duda.

Yo daría... la última gota de mi sangre por él si fuera menester.

Y ahora, si me disculpan, debo volver a la sastrería,

doña Susana me espera. Hasta más ver.

-Con Dios.

¿Y todavía no ha tenido noticias de su hija?

-Bueno, es que salió ayer.

Hasta bien entrada la noche no llegará a Lisboa.

-Va a estar usted en un sinvivir todo este tiempo.

Isla Margarita. ¿No podía haberse ido más lejos?

(Se cierra una puerta)

Ya están aquí.

Siéntense, por favor.

Acompáñennos en el té.

Le estaba comentando a doña Úrsula...

que no me preocupa mi hija.

Estoy segura que saldrá adelante en cualquier lugar del mundo.

-Haces muy bien en no preocuparte.

Es una chica muy responsable.

-Pues yo estoy en un ay desde ayer.

Mi marido sufrió una seria... indisposición.

Por suerte, entre sus hijos

y el doctor lograron salvarle.

-Vaya, lo siento,

se llevaría usted un susto tremendo.

-No se puede imaginar cuánto.

Voy a pedir que traigan más pastas.

-Ay, menos mal que habéis llegado.

No me apetecía nada contarle parte del viaje de mi hija a esta mujer.

-La verdad es que a mí tampoco me apetece intimar con ella.

-Enseguida nos las traen.

No quiero que digan por ahí que no sé cumplimentar a mis visitas.

-No se moleste.

Yo tengo que irme cuanto antes a mi tienda.

-Sí, yo también tengo algo de prisa.

Aunque Casilda lo intenta, la pobre no da pie con bola.

-No tengan tanta prisa.

Como saben, esta junta se reúne para ayudar a los vecinos

afectados por el terremoto.

-Ale, pues arreando y que no se nos haga de noche.

Yo voto por ayudar a los Bermejo.

Se le ha venido encima la tienda que tenían de ultramarinos

y, no queda sana ni una sola lata de sardinas.

-Perdón que les interrumpa.

No quiero importunarlas.

Una nunca ha sido pedigüeña.

Pero me he enterado que han creado ustedes una sociedad benéfica

para ayudar a los del terremoto

y, que una...

Que quería pedirles a ustedes unos cuartos para poner el quiosco

otra vez en pie, que está hecho unos zorros, y así seguir con el negocio,

que es lo que le da de comer a una servidora.

Llevo un porrón de años en el barrio y todas ustedes,

señoras, saben que yo soy de fiar.

Que si me dan esos cuartos,

no las voy a defraudar.

Que ya hará una todo lo que le pidan.

-Me parece una petición más que justa.

El servicio es una pieza fundamental en nuestro barrio

y, tú, Fabiana, eres como una madre para todas nuestras criadas.

-Todas hemos añorado tus flores estos días, Fabiana.

-Fabiana es una mujer abnegada y sufrida como la que más.

Después de que todas las desgracias se cebaran con ella,

bien merece que se le ayude.

Perder a una hija...

que la trató de aquella manera,...

siendo su propia madre,...

ha de doler.

-Fabiana, cuenta conmigo para lo que haga falta.

-Si no tiene ustedes inconveniente,

propongo considerar el caso de Fabiana como prioritario

en nuestra junta. -Ajá.

Fabiana,...

puedes contar con el dinero que necesites para el quiosco.

¿Estás contenta?

Exprésate, mujer.

Es de bien nacidos ser agradecidos.

-Mucho, señora, mucho.

Agradecida y contenta.

Y ahora, si me lo permiten, me retiro.

-(SUSPIRA)

Qué hermosa declaración, ¿eh?, que le hizo Simón a Adela.

En Cabrahigo, si uno hace una rima

que no acabe en "te agarro el culo", le tiran al pilón.

-"El día que me quieras será más soleado que junio".

El día que me quieras será ¿de "predicurrio"?.

¿Era "predicurrio"?

Ay, no sé.

Ay, Lola, desde luego que la miel no está hecha para la boca del asno.

-Qué bonito es ver cómo crece el amor entre dos personas, ¿eh?

-¿Y tú de dónde has sacado esa flor?

-Ah, pues...

se la he cogido a doña Celia de un jarrón.

-Pues la has tenido que cuidar mucho para que no se marchite.

-Lástima que no pueda cuidar así de otras cosas.

-A ti lo que te gustaría es poder entregarte al amor

como lo hace la monja. Bueno, Adela.

-Bueno, prefiero no hablar de eso, Casilda.

Marcho. Que aún tengo faena donde doña Celia.

A este paso, me acuesto cuando despunte el alba.

A más ver.

-Casilda.

Tú eres la mejor amiga de Lolita, ¿no?

-Sí, como si fuera una hermana.

Aunque, eso tampoco es decir mucho,

porque mi hermana se quedó en el pueblo

y hace años que no sé nada de ella.

-Bueno, pero sabes cuáles son sus gustos, ¿no?

Lo que le ilusiona o lo que le molesta.

-Si usted lo dice.

-Casilda, tengo entendido que eres más lista que el hambre.

Incluso no me extrañaría que supieras cómo acercarme a Lolita,

incluso cómo conquistarla.

-Hombre, tanto como eso no.

Aunque hemos hablado de muchas cosas desde que llegó de Cabrahigo.

-Tú sabes que yo no vivo.

A este paso voy a entregar la pelleja muy pronto.

-Huy, pero ¿qué está diciendo? Dios no lo quiera.

-Que estoy a un paso de la tumba.

Y tú no querrás ese sufrimiento, ¿no?

-Hombre, pues no. ¿Cómo voy a querer que usted

esté pasando las de Caín?

-Pues en tu mano está... que yo deje de penar.

-¿En mi mano? -Ajá.

-¿Y yo qué puedo hacer, si soy una nada y menos?

-Ayudarme a conquistar a Lolita.

Es eso o entregarme a la parca.

Tú no querrás cargar con eso sobre la conciencia, ¿no?

-Ave María Purísima... -Dime.

-No, no, no, hombre.

No. Cuente usted conmigo para lo que sea menester.

¿Eh?

No más "fenestaciones" en este barrio, por Dios.

-Sabía que no me ibas a dejar en la estacada.

Yo sé...

que Lolita me quiere tanto como yo a ella.

Y juntos conseguiremos que ella acepte su destino.

(SE SORPRENDE)

Por Dios, qué sobresalto.

Pensé que no había nadie.

-No era mi intención asustarle.

-Vengo de comprobar que tu padre está bien.

Descansa tranquilo.

¿Qué hacías a oscuras?

-He estado un buen rato meditando.

-Yo también lo he hecho.

Y he llegado a la conclusión de que tal vez el doctor tenía razón

y es mejor

ingresar a tu padre en un sanatorio.

Temo que tenga una nueva crisis y que no haya nadie para atenderle.

-Mi padre no saldrá de esta casa.

-Debes tener en cuenta que ahora yo soy su esposa.

-Ya le he dicho.

Usted no va a tomar esas decisiones.

No hay más que hablar.

-¿Por qué estás en mi contra?

Entiendo que tu hermano Samuel se muestre arisco conmigo.

Se ha enamorado de Blanca y eso hace que nuestra relación sea difícil,

al igual que con mi hija.

-No espere mejor trato por mi parte.

-¿Por qué?

Amo a tu padre con todo mi corazón. Jamás le he deseado ningún mal.

-Le ruego que no sea cínica conmigo.

Guárdese sus embustes para otra persona más crédula que yo.

Conozco a los de su calaña.

En mis viajes he conocido a gente como usted, elegante, educada.

Y crueles y sin escrúpulos

a la hora de conseguir sus objetivos.

-Estás siendo muy injusto conmigo.

-No. Creo que no.

Cuando estuve en el Congo Belga...

vi como el rey Leopoldo trataba a su población

peor que si fuesen esclavos.

Podría relatarle todo tipo de barbaridades.

Un rey,... nada menos.

A lo largo de mi vida me he enfrentado

a auténticos demonios. Usted no me da ningún miedo.

Acabaré destruyéndola.

-Espera.

Hablemos sin tapujos.

Pongamos las cartas sobre la mesa.

Casilda, que aquí lo único que es cierto,

es que Antoñito quiere a Lolita y, Lolita quiere a Antoñito.

Y yo estoy muy contenta de que mi hijastro luche por ella.

Y tú, deberías colaborar.

-Pero es que la Lolita con usted no se va a enfurruñar,

pero conmigo lo mismo se enoja

y luego me descalabra.

-A ver, Casilda,

¿tú lo haces por su bien o no lo haces por su bien?

-Pues sí. -Pues entonces.

Si se enfada, que se amuele.

Lolita necesita un empujón.

Y aunque ella no quiera verlo, tú como amiga

deberías dárselo.

¿Despejó ya sus dudas sobre su relación con Adela?

¿Y?

-Se podría decir que oficialmente somos novios.

-Cómo me alegro de oírle decir eso.

-Elvira siempre estará en mi corazón, pero...

Adela me ayudará a encontrar la paz

y ahora mismo es eso lo que más necesito.

Paz.

-Curiosa es la vida.

A veces golpea con una fuerza iracunda

y nos llena de tristeza y, otras veces...

nos da una segunda oportunidad para ser feliz.

Es alentador ver cómo han rehecho sus vidas

sin que ello suponga despreciar lo que forzosamente

han tenido que dejar atrás.

Espero de todo corazón

que ese amor que albergan los dos sea eterno.

-Yo también lo espero, doña Celia.

Me marcho al mercado, que se me ha echado el tiempo a la chepa.

¿Tú estás bien?

¿Pasa algo?

-A mí... nada, ¿qué me va a pasar?

-No sé, por eso te pregunto.

-Pues nada, canija, ya te lo he dicho.

-Ya. Y yo te he oído.

Otra cosa es que te crea, Martín. Que te conozco.

Y sé que hay algo que me quieres contar y no sabes cómo.

-Pero bueno, ¿a qué viene este interrogatorio?

-Pues al tembleque de tu voz,... tus ojos.

Pareces nervioso.

¿No está Diego en casa? -No.

-¿Y dónde está?

-Lo cierto es que no lo sé.

No le escuché salir anoche ni tampoco esta mañana al amanecida.

-Estás preocupado por él.

Tu gesto te delata, Samuel.

Hay algo más que la mera preocupación

por no saber dónde está tu hermano.

¿A qué vino lo de ayer?

Nunca he visto a Diego tan fuera de sí.

Tiene algo que ver con tu madre, ¿no?

Me sentía culpable por la crisis respiratoria que tuvo el señor

y he ido donde el boticario.

-Y ¿para qué? -Quería saber qué había ocurrido.

Y el boticario me ha explicado, que efectivamente,

las pastillas no eran las mismas que le recetaron.

-No me gusta por dónde estás yendo, Carmen.

-Estoy segura que administré a don Jaime

lo que usted me dio.

Yo no cometí ningún error.

-¿Qué intentas decir?

-¿Por qué eran otras pastillas?

-Está usted muy guapa. Se ha puesto sus mejores galas.

-Gracias. Es que la ocasión lo merece.

He quedado a pasear con Simón

y, quiero que me vea bonita.

¿Le ocurre algo, María Luisa?

-Seré clara con usted.

-Por favor.

-Su relación con Simón no va a ninguna parte.

-¿A qué viene eso?

-Creo que Simón sigue enamorado de Elvira,

y que el haberse acercado a usted, solo ha sido por olvidar.

-¿Leíste la nota? -¿Qué nota?

-En la que te hablaba de mis sentimientos.

+-No sé nada de ninguna nota.

-Pues en ella...

te decía que mi amor por ti es...

sincero y verdadero.

Que no puedo dejar de pensar en ti.

Cada día, cada minuto, cada segundo.

Pero, claro, como tú eres tan dura de mollera, pues...

Hija.

-"Creo que mi Martín" tiene una querida.

-Huy. ¿Otra vez con alucinaciones, Casilda?

Como con la actriz aquella de las películas sicalípticas.

A ver, ¿de dónde has sacado tamaño dislate?

-Porque yo le conozco. Y hay algo que no me está contando.

Al principio pensé que era por el percance del criminal.

Pero no. Hay algo que se está callando.

Así que léeme estas letras, a ver si salimos de dudas.

Se trata de una amante, ¿verdad?

¿Qué te pasa, María Luisa de mi vida?

Con esa carita que me traes.

-Juraría haber visto a Elvira.

-"Jáuregui dice que su investigador" ha hecho averiguaciones,

y ha descubierto que el personal

del sanatorio donde estuvo Blanca había sido sobornado

para decir a la policía

que Úrsula estuvo allí ese día.

Los libros de registros han sido manipulados.

-Pero eso son muy buenas noticias.

Es todo un éxito. -Hay algo más, ¿no es así?

-No fue Úrsula quien los sobornó.

-¿Quién fue, entonces?

-Padre.

  • Capítulo 589

Acacias 38 - Capítulo 589

29 ago 2017

Diego reanima a su padre y logra salvarle. El doctor Del Val confirma que Jaime ha estado tomando las pastillas equivocadas. Simón acepta ser pareja de Adela. La joven se muestra demasiado soñadora cuando cuenta la declaración a sus amigos. María Luisa no encaja bien esta nueva relación. Leonor se marcha a hacer el viaje que planificó con Pablo. Antoñito es incapaz de entender el rechazo de Lolita. Ramón adelanta a Arturo parte del dinero que le debe su hijo. Antoñito pide ayuda a Casilda para conquistar a Lolita. Martín recibe una carta de un amigo pidiéndole ayuda. Fabiana, amenazada por Úrsula, acepta el chantaje para que no hable. Samuel confiesa a su hermano que se siente amedrentado ante la fogosidad de Blanca. Más tarde, es Blanca la que acaba rechazando a Samuel. Diego se enfrenta a Úrsula cuando esta nombra a su fallecida madre.

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Añadir comentario ↓

  1. Marela Marilú Navarro Coello

    Está aburridala trama de estos últmos capítulos. La endriaga de Ursula hace y deshace maldades. Y estan repitiendo las escenas.

    01 sep 2017
  2. Ander

    Denada Gabrishka! Saludos ;)

    31 ago 2017
  3. Gabrishka

    Gracias Ander!

    30 ago 2017
  4. Alvaro orozco

    Yo me casaria con Casilda de estar ella y yo solteros tiene mejor caracter que las sras y las del altillo fascina linda aunque de bolsillo religiosa sin payasada dulce romantica sensata.

    30 ago 2017
  5. Mabi

    Ahora las señoras están de " chupa medias" de Ursula!!!???....por mas que den a entender su disgusto por ir a esas reuniones, tanto le temen, como en su momento a Cayetana, que se doblegan ante su voluntad....y esperemos ver en los títulos de presentación a Leonor...aunque lo dudo, Ursula insistió en preguntarle a Rosina si sabia ya algo de su hija, si bien Liberto la esperaba en la estación, ésta mujer tiene " tan buenos contactos" que seguro atentó contra ella de alguna manera, no olvidemos que en los Paulinos Leonor también arengó contra Ursula....A de la es una fabuladora, quedó demostrado cuando le contó a Carlos, su supuesto novio, lo enamorada que estaba y el pobre tipo !!! ni enterado!!! Creo y espero que Lolita le descubra la artimaña, porque el personaje va camino a ser otra Humildad, muy santurronas pero maléficas !!!!! Y a Santo de qué Maria Luisa tan ofendida , por el noviazgo de Simón ??? Por que no hace memoria del comportamiento de su madre Lourdes, y eso que tenia al marido vivito y coleando !!!!No va a pretender que se quede " para vestir Santos !!! Si su padre también rehizo su vida al creerse viudo.... Que mojigata resulta !!!! O creerá también que Víctor llegará al altar, si es que algún día se casan, virgen, luego de esperarla eternamente ?!?!?!?!? Jajaja. Espero que Fabiana , ahora sea la contrapartida de Ursula , para poder desenmascararla y que pague algo !!!!

    30 ago 2017
  6. Marce

    Que hartera de novela... ojalá le aprendiera a "cuéntame cómo pasó" harían entonces más uso de la historia, mantendrían en movimiento a los actores principales en vez de irlos desapareciendo tontamente. Y dejarían de basarse en despertar sentimientos de venganza para mantener unpúblico. Porque mejor no la terminan y presentan algo que si entretenga? La historia de Manuela y Herman termina en tragedia, la de la de Pablo y Leonor tragedia, Cayetana en tragedia...y de resto tratan de armar historias sin entender que precisamente el gusto de una novela es que los protagonistas principales alfin terminan bien. Y la maldad de Ursula ya no tiene credibilidad alguna, todos sus tejemanejes no tiene transfondo verdadero.

    30 ago 2017
  7. Susana

    Que buenas actrices son Casilda y Lolita !, Y muy divertidas.

    30 ago 2017
  8. Noelia

    Estoy segura que Liberto es el único capaz de darle a Rosina cualquier tipo de apoyo y ayuda específica que ella pueda necesitar en estos momentos tan duros y difíciles para ella, así fue siempre, de ahí que me extrañe tanto ver como él no aparece últimamente con ella

    30 ago 2017
  9. Lina

    Me aburre soberanamente ursula,no se puede ser más mala,por qué no la hacéis desaparecer de la serie,prefiero a Cayetana. Y por favor qué vuelvan Teresa y Mauro,la serie no es lo mismo sin ellos. Estais quitando a lis mejores personajes,y lo mismo los qué tenían que desaparecer son los guionistas. Voy a dejar de ver la serie y pasarme a la competencia,como no cambieis un poco. Y por supuesto qué vuelva Elvira ya. La monjita es patética

    30 ago 2017
  10. Laura

    Q vuelva Cayetana, era un pilar fundamental en la serie. Y M luisa lo único q hace es tomar chocolate en la cafetería, los guionistas no se comen mucho la cabeza.

    30 ago 2017