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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 583 - ver ahora
Transcripción completa

No me lo puedo creer.

El pájaro de mal agüero viviendo en Acacias.

-"Tendrá su dinero. Deme un par de días".

Dos días y tendrá su dinero y las rentas.

-No se burle de mí, joven, o lo lamentará.

Tiene 48 horas. -"¿Tiene casa donde servir?".

-No, señora. -Si no tiene otros planes,

se quedará con nosotros, de momento.

Ya acordaremos sus condiciones.

-Lo que diga la señora.

-Acompaña a los señores.

-"No puedo separarme de mi madre".

Y no lo haría, aunque pudiera.

No puedo dejaros solos a tu padre y a ti.

-Sabríamos defendernos.

-Tu padre y tú sois lo único bueno que ha llegado a mi vida.

Solo tú has conseguido, con nuestros paseos campestres,

con nuestras interminables conversaciones,

que la vida me interese.

-"Tengo el orgullo"

de presentarles a Samuel, hijo querido

de mi marido.

Samuel y Blanca, su prometida. -Encantada.

Leonor Hidalgo. Usted es Blanca...

-Mi familia no es de la alcurnia de los Alday.

Mi apellido puede esperar.

Carmen, ¿podrías traerme un te, por favor?

(Temblor)

¿Pero qué ocurre?

-¿Pero qué es eso?

Es como si temblara el mundo.

¿Qué es esto? ¿Qué está ocurriendo?

-Es la tierra, que tiembla. -Luisi.

¿Te encuentras bien? Voy a ver cómo está mi padre.

-Virgen santa, qué susto.

No me llegaba la camisa al cuerpo.

-Me veía dando cuentas a nuestro Señor.

-Ha sido solo una sacudida. -Sí,

pues en el terremoto de Málaga del 84 dijeron lo mismo

y murieron un millar de personas. -Sí.

-No se alarmen, señoras.

Ha sido solo un pequeño temblor, no tiene la menor importancia.

-Yo es la primera vez que vivo algo semejante.

-Es normal, eres muy joven.

Pero no es la primera vez que hay un temblor en esta zona.

-Pero es la primera vez que lo hace con tanta fuerza.

-Deberíamos ir a casa, a ver si hay algún desperfecto.

-No tengan tanta prisa. Han de ver como nada ha sucedido.

-Yo no me quedo tranquila después de esto.

Además, tengo una cristalería de bohemia nueva.

-Yo estoy muy inquieta por lo que pueda haber sucedido. Dispénsenos.

-Espero que los cristales de la sastrería hayan aguantado.

Tengo género expuesto allí. Gracias por el té.

-Demasiado breve,

pero ya repetiremos. Vayan con Dios. -Con Dios.

-Con Dios.

Ha sido como si Cayetana se removiera bajo la tierra, incómoda,

al ver cómo han ocupado su casa.

-Ay, qué cosas se te ocurren, Rosina, vamos.

-Estoy rodeada de una sarta de pusilánimes.

Han salido corriendo,

como si fueran una manada de gallinas asustadas.

Menudo susto que llevo.

No sé si es que no se ha pasado o son mis canillas las que tiemblan.

-Solo fue un pequeño terremoto.

-En Cabrahigo no hemos tenido uno de estos.

Como mucho, el buey del Camilo, que se escapó y tembló la plaza.

-Bueno, descuida,

que yo no voy a dejar que te pase nada malo.

-¿Estáis bien?

-Sí. Perfectamente.

Casi ni hemos notado el temblor.

-Deberíais haber visto la lámpara de mi cuarto, parecía un péndulo.

Veré si Trini y tu hermana están bien.

-Esperemos que no haya destrozos en la cocina

o faenaré hasta la noche.

-No. Que...

Quédate conmigo un rato más.

No sabes

cuánto te necesito en estos momentos.

-¿No dice que no era de enjundia?

-Que tiemble la tierra no tiene que ver con tenerte a mi lado.

-Lo siento.

Que de seguro que tengo mucha faena

y me quiero subir cuanto antes al altillo para ver si están fetén.

No se inquiete, padre, no ha sucedido nada.

La tierra, que se ha recolocado para darnos la bienvenida.

-¿Se encuentra bien?

-Se ha sobresaltado un poco,

pero ya está más tranquilo.

¿Y las invitadas?

-Se han marchado,

gracias a Dios.

-No pareces muy entusiasmada con su visita.

-Parece que las vecinas no son malas personas,

de hecho, Leonor me parece muy instruida.

Pero no son de tu agrado, ¿no es cierto?

-No soporto tanta hipocresía.

-Es normal que quieran mantener las buenas formas,

a pesar de que piensen lo que piensen de nuestra llegada.

-Es mi madre la que más desazón me crea, Samuel.

¿Cómo les ha podido ocultar mi existencia?

-Sabes que de ella te puedes esperar cualquier cosa.

-Me irrita que se haya exhibido de esa forma.

¿Qué sentido tiene mostrar tanto poderío, tantas joyas?

Es que no soporto su desfachatez y arrogancia.

-Ha tratado de marcar

su territorio, de anunciar que ha llegado y que hará lo que le plazca.

-Es como si las vecinas le tuvieran miedo,

como si le estuvieran rindiendo pleitesía.

-Úrsula se ha hecho fuerte nada más llegar al barrio.

-Creo qua ya las tenía controladas hace tiempo.

-Por eso se comporta como si fuera la dueña de todo el edificio.

-Es lo único que le importa a mi madre: controlar a todos.

-Como en nuestra casa.

Tiene en sus manos a mi padre y nuestro negocio.

Es que esta mujer no tiene no tiene ningún punto débil.

-Carece totalmente de sentimientos, Samuel.

Eso le da una gran ventaja sobre los demás.

-No me creo que sea tan lista.

Tenemos que encontrar su talón de Aquiles.

Aunque eso no va a ser una tarea sencilla.

-Intuyo...

dónde puede guardar algo que sea de nuestro interés.

Quizá ahí esté su debilidad.

Solo tenemos que hacernos con ello.

Pensé que se me iba a caer todo el quiosco encima.

-En la portería no se ha movido un clavo.

-Me va a comprar la portería de una casa con estas cuatro tablas, vamos.

-Ahí tienes razón.

Los muros de esa casa no se caen ni a cañonazos,

aunque se sintió el temblor.

-Son los dos muy exagerados. Tenían que ver

como se caían las casas en Filipinas cuando había un temblor.

Parecían de naipes.

-Si yo no te lo discuto, pero me entraron todos los calambres.

-En estos lares no hay por qué temer. El volcán más cercano está en Italia.

-Que ya veo que tiene todo esto medio recogido.

¿Le ayudamos a cerrar y subimos al altillo

para ver al resto del servicio? -Sí me gustaría,

que tiene que haber alguna muchacha con miedo.

Pero mire, me queda mucha faena.

-Nada que... que no se pueda hacer otro día.

¿Para qué hacerlo hoy si se puede hacer mañana?

-Sí. Eso lo lleva usted a rajatabla, eh.

Que no hay puerta que cierre bien ni tubería que no esté más atacada

que la entrada de un baile a dos reales.

-Un respeto, que eres mi subalterno.

¡Chist! Bueno, ¿qué, Fabiana, se sube o no?

-Pues nones, Servando.

Tengo que acabar los ramos de la dichosa baronesa.

Me tiene loca buscando flores de todos los colores.

Hay que ver lo caprichosas que pueden ser algunas cuando tienen "moneys".

-Nos ha fastidiado. Si no se tiene, hay que conformarse

con lo que cae del cielo: palos. -Bueno, pues lo dicho,

cuanto antes acabe, antes paga.

No quiero que me diga que no he hecho el servicio.

-Si a ella le da igual.

-¿Y usted cómo lo sabe? -¿Yo cómo...? No, no,

yo no lo... Vamos, que no lo sé,

que me lo figuro, que...

Que digo yo que le da igual un día que otro.

Las flores no son alubias, que si no las comes,

te queda con hambre.

-Súbase usted, Fabiana,

que ya es tarde.

Y lo mismo hasta molesta a la baronesa.

Ya nos encargamos Servando y yo de cerrar. Y mañana, antes del alba,

le llevamos los ramilletes

para que descanse. -Sí, sí.

Hay que ver, ayer no quería usted trabajar

y hoy no se la despega a usted

ni con agua caliente.

-La verdad es que me vendría bien tomarme una tila,

que no ando muy católica hoy.

Sí, sí, mejor me subo al altillo. -Hará muy bien.

-Agradecida. -Venga, adiós.

El plan para animar a Fabiana va viento en popa, eh.

-Parece que se la ve

más contenta, sí.

-Ya lo decían Casilda y Carmen: "Nada para espantar las penas

como el buen laboro".

Mire qué contenta. -Sí.

Quizá demasiado.

-Es usted reventando globos. Vaya un cenizo.

-A ver cómo nos sale esto,

que, al final, vamos a terminar corridos a gorrazos

como se entere del engaño.

-"He de reconocer"

que me he asustado, eh. -Es natural,

si se mueve la tierra bajo nuestros pies,

no es nada bueno.

-En tu tierra estaréis acostumbrados a estos sustos.

-Es la primera vez que me veo en este brete

y no tengo gana de repetir.

¿Cómo está Rosina?

-Parece que más sosegada.

Se ha acostado ya. El temblor le ha producido jaqueca.

-Eso y la reunión con Úrsula,

que me barrunto que no ha sido nada agradable.

-Un día muy intenso.

-De lo más tenso diría yo, que pasar una tarde con esa mujer

es peor que estar en un calabozo esperando a interrogatorio.

-Acacias no se priva de nada. Cayetana ya no está,

pero se ha pasado de la sartén a las brasas.

Ya te digo yo que nos merecemos unos días fuera de aquí.

-Desde luego.

Deberíais haberla visto, toda cargada con las joyas de los Alday.

He de reconocer que hasta imponía respeto.

-Me da mala espina esa mujer.

La última vez que estuvo en Acacias casi acaba en la hoguera.

Y me da que es rencorosa.

-Normal que Rosina tenga jaqueca. -Si os digo yo

que la tensión se podía mascar. -No quiero saber nada de esa mujer.

-Voy a hablar con Rosina, cuanto más lejos esté, mucho mejor.

¿Sabéis quién me llamó la atención

a mí? Blanca, la prometida de Samuel.

No es muy normal encontrar mujeres que conozcan

la poesía de Lord Byron. -No hay muchas,

eso es cierto.

Pero cada vez será menos raro encontrar mujeres instruidas.

-Pienso lo mismo. Es verdad que ya hay mujeres

que van a la universidad, pero cuantas más

accedan a los estudios, mejor. -No lo dudo.

Sois la sal de la tierra.

En fin, voy a ver cómo está mi rosa.

-Cariño, estaba deseando tenerte de vuelta.

Me hierve la sangre

de saber que estás con esas señoras y no entre mis brazos.

-Y tanto, hasta has venido a rescatarme.

Me gusta tanto verte tan animado, como antes.

Ni un temblor de tierra te quita la sonrisa.

-No se me quita la sonrisa si estás a mi lado,

y menos ahora, que ya tengo el viaje.

-¿Dónde vamos a ir?

-No te lo voy a decir.

No, cariño, tienes que dejar que la vida te sorprenda.

Pero te encantará el lugar que he elegido.

-Bueno, no me queda otra que confiar en ti plenamente.

Mientras no me lleves a Fernando Poo...

-No, cariño, eso ya pasó, eh.

Vamos a disfrutar mucho lejos de Acacias.

Nos merecemos unos días de descanso,

pensando en nuestro futuro.

-¿Y... qué es lo que esperas ver en ese futuro?

-Pues...

una casa muy grande, llena de niños corriendo por las habitaciones.

Si tú misma me lo recordaste. Además, mira a Mauro

y a Teresa, no sé, yo...

creo que ha llegado el momento de tener hijos, ¿no?

-Bueno, podemos probar a ver qué tal se nos da eso

de ser padres.

-Espero que no sea un inconveniente para ti no saber el destino

donde vamos a concebir a nuestro hijo.

Cualquiera diría que alguien se ha dedicado

a descolocarlos uno a uno. -Y eso que el temblor fue suave.

-Dejad eso. Ordenar es labor

de la criada.

-¿Qué más da? No nos cuesta trabajo.

-No es cuestión de esfuerzo,

se trata de que cada uno esté en su lugar.

Mañana es la procesión

de al Virgen de los Milagros.

¿Qué broche me debo poner?

Que no sea ni demasiado sencillo

ni demasiado ostentoso. -Puede llevar el que más desee.

Todo lo que sale de nuestros talleres es exquisito,

según dicen.

Y además, todo es suyo.

-Tienes razón en las dos cosas.

Cualquier pieza que me ponga me irá bien

y todo lo de esta casa

me pertenece.

-Comprueba que mi madre no regrese.

-¿Qué estás buscando? -Algo que pueda sernos de utilidad.

-¿Tienes idea de lo que es?

-No, pero me fijé que guardaba algo en un maletín,

algo que guarda con recelo y de lo que apenas se separa.

-Será muy difícil encontrarlo, tu señora madre es muy precavida.

-No, no lo es tanto.

Está cerrado con llave.

-Cuidado. Si rompes la cerradura, verá que tratamos de abrirlo.

(Puerta cerrándose)

Rápido, va a entrar. Mételo en el cajón.

-No consigo meterlo.

-¿Se puede saber

qué estáis haciendo?

-Discúlpenos, doña Úrsula,

hemos tenido un pequeño arrebato de cariño.

-Es menester que os reprimáis,

no me gustan nada esas muestras de cariño.

Deberías comportarte con más decoro, Blanca.

Es lo que corresponde a una señorita.

-Como usted diga.

Ha faltado bien poco.

(RECUERDA) "Tiene un mes de plazo".

"Si en ese tiempo no ha resuelto la deuda, me la cobraré con su vida,

y no me temblará el pulso al hacerlo".

Que...

Que quería...

Bueno, que gracias por ayudarme con lo del temblor.

Que una estaba más asustada que un pollo en Navidad.

-Ya sabes que yo haría cualquier cosa por ti.

-Para no saberlo, que no se cansa de decírmelo.

-Y sé que el sentimiento es recíproco.

-Bueno, eso no sé lo que es,

pero que yo también le tengo mucho cariño.

-Y entonces, ¿por qué te empeñas en negar lo que sentimos?

Mírame a los ojos

y dime que no te mueres de ganas

por que te estreche entre mis brazos y te bese.

Lolita, lo estoy pasando mal.

Y estoy convencido de que si me abrazaras,

pues, al menos por un instante,

todo se desvanecería.

-Ni que una fuera la purga del tío Benito, que todo lo cura.

-No te chancees,

que lo estoy pasando muy mal. Y, de verdad, ahora más nunca

necesito tu afecto.

-Yo nunca podría reírme de usted.

No, no, no, no. No, no, no.

No puedo hacer esto, porque yo solo le traería problemas y cuitas.

Olvídese de una vez de mí.

-¿Pero qué problemas? Si lo que quiero es estar contigo.

-Que no, pare ya quito, pare, pare.

¿Cada vez que pase por su lado me va a decir

que bebe los vientos por una servidora?

Lo que no puede ser, no puede ser y punto redondo.

Bastante me cuesta negarle.

No me dé tormento, por favor.

-¿Qué tormento? Si yo solo quiero darte contentura y amor.

No puedo evitar decirte que te quiero.

-Esto va a tener mal arreglo.

Que, por su bien, es mejor que no me acerque a usted,

se lo digo de verdad.

-Muy bien, pues no te preocupes, que ya lo tengo todo pensado.

Sí, no podemos seguir bajo el mismo techo,

es demasiado doloroso para mí.

-Pues, si quiere, yo me voy para el pueblo

y aquí paz y después gloria.

-No, no sería justo para ti.

Pero después de este último mes y tanto tira y afloja,

me voy a ir de Acacias.

Yo creo que es lo mejor para los dos.

-Me alegro de que haya tomado esa decisión.

Que...

a mí también me parece de lo más cabal.

Menudo encarguito nos ha caído.

Voy a tener que confesarme cuando lo termine.

De seguro que esto tiene que ser pecado.

-Buen, ya casi lo tiene confeccionado.

-¿Y te extraña?

Casi no lleva tejido.

El infierno debe estar lleno de francesas,

si es verdad que se ponen estas cosas.

Anda, ven, que voy a hacer un prueba.

-Es que me da un poco de reparo, doña Susana.

-Estamos entre mujeres, no te andes con melindres.

Cuanto antes empecemos con esto,

antes nos quitaremos el engorro.

A ver, esto por aquí. Muy bien.

-Vaya, te queda de perlas. No lo haces mal.

Vamos, no te apures,

que no se ve nada indecente.

-Qué vergüenza, por favor. Deje de importunarme.

-Lo siento.

Es que la veo muy bien con esas ropas.

-¡Oye, ya estás sobrepasándote, eh!

No te voy a consentir estas salidas de tono.

Me dijiste que no te pasarías por aquí.

-Ha sido una casualidad desafortunada aparecerme.

No he sido un caballero, lo siento. Me he lucido desde que he entrado.

-Totalmente, tunante.

Ya te dije que no te pasaras cuando estuviéramos confeccionado esto.

-Es que no vengo por capricho.

Doña Celia me ha mandado recoger su mantilla.

-Adela, ve a buscarla al almacén, mañana seguiremos con esto.

-Le recuerdo

que a doña Celia le corría prisa.

-Pues tendrá que esperar.

Con lo de la procesión, tengo trabajo acumulado.

Ni me he podido preparar mi mantilla.

-Ya.

Me barrunto que no es muy de su gusto el encargo.

-Es un encargo y me pagan un buen dinero por él.

Una suma vergonzosa,

casi como el tejido.

¿Y tú, hijo,

qué aspiraciones tienes con esta muchacha?

Hace tiempo que colgó los hábitos,

puedes ser sincero conmigo.

¿Piensas pretenderla?

-No. Le tengo mucho aprecio,

pero solo la quiero como amiga.

-¿Estás seguro de ello?

-Sí, sí, madre, totalmente.

Es verdad que la confianza entre uno y otro no ha hecho más que crecer,

pero no hay nada más entre nosotros.

-No sé si creerte, viendo como la miras...

-Se equivoca de parte a parte, madre.

En mi corazón solo hay sitio para Elvira y no creo que eso cambie.

Sí cambiará, hijo.

Eres un hombre joven

y en algún momento tendrás que retomar tu vida.

Y Elvira ha muerto, cariño.

-No me entra en la cabeza, y tampoco el olvidarla.

Le agradezco mucho sus ánimos, pero...

lo dudo mucho.

-En todo caso, me alegro de que me hayas dicho

que entre Adela y tú solo hay una amistad.

Adela es demasiado inocente para entregarse a hombre alguno,

y menos al mundo.

Ay, apenas he podido pegar ojo esta noche.

Carmen, ¿podrías prepararme un café, a ver si consigo despejarme?

-Enseguida se lo preparo, señorita. -Gracias.

A juzgar por el interés con el que lees,

imagino que el periódico trae noticias de mucha enjundia.

-Principalmente, hablan sobre el temblor de ayer.

-Espero que no digan que peligramos. -Todo lo contrario,

le quitan importancia.

Si han gastado tanta tinta, será por falta de noticias.

No dejo de pensar qué esconderá mi madre en es maletín.

-Sea lo que sea, debemos ser precavidos.

Abrirlo sin tener la llave puede ser un error bien grande.

-Es cierto.

Tengo que conseguir esa llave como sea.

Necesito averiguar qué esconde ahí.

-Hoy no podrá ser.

Úrsula ha salido y llevaba el maletín con ella.

Últimamente, no se separa de él.

¿Qué es lo que tienes?

Te encuentro extraño.

-Nada.

¿Qué he de tener?

-No me mientas. Desde ayer, estás distinto.

¿No tendrá que ver en ello la proximidad que fingimos

para que mi madre no descubriera el maletín?

Samuel, entiendo que hayas estado todo este tiempo a mi lado,

esperando, paciente.

Y yo nunca te he dado pie a esa cercanía.

-Blanca, no quiero presionarte.

Nuestro compromiso no es un truco para conseguirte.

Tan solo me conformo con poder ayudarte.

-Eres un buen hombre, Samuel.

Y yo me he portado como una ilusa.

No me he dado cuenta

de que lo que nos ocurre es imparable.

No me puedo creer que esto esté sucediendo.

He soñado tantas veces con este momento...

Pensé que nunca iba a llegar.

No es normal que una mujer sea tan lanzada.

-Yo no soy una mujer normal.

Dios te salve, María, llena eres de gracia,

el Señor es contigo, bendita tú eres entre todas las mujeres

y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores,

ahora y en la hora...

Amén.

-¿Estás rezando a la Virgen?

Por Antoñito.

Ya te ha contado que se marcha.

¿Y te da pena perderle?

-Ya le digo.

Que se me abren las entrañas en canal solo de pensarlo.

-Lolita, ¿pero de verdad es tan fuerte esa maldición de tu familia?

¿Te va a amargar la vida?

-Que yo no pueda ser feliz no quiere decir

que haga desgraciado al que esté conmigo.

-Lolita, por favor, que son cuentos de viejas.

-Ojalá fuera así, doña Trini.

Pero está comprobado que en mi familia mueren jóvenes.

Lo mejor es que Antoñito pues se busque a otra

y se casen y tengan hijos y vivan felices por muchos años.

-¿Tú te estás escuchando?

¿Te das cuenta de lo que te vas a perder?

Deje el tema, que no hay nada que rascar.

Una va a estirar la pata en nada.

Y eso es así.

-No, Lolita... -No me jeringue,

que ya estoy de uñas con el Antoñito.

Y no quisiera ponerme a malas con usted,

que, a este paso, acabo despedida. -No, Lolita, hija, no.

Si yo todo lo que te digo

es lo que pienso que es mejor para ti.

-Si ya lo sé,

que es usted de lo mejor que ha criado Cabrahigo.

Pero es que ando como pollo sin cabeza.

Con su permiso.

-Claro, hija, siéntate.

-Es que estoy pasando las de Caín.

Que es que le tengo delante

y me entran unas ganas de abrazarle y de comérmelo a besos

que me pongo mala.

-Lolita, hija, entonces cede, lánzate a sus brazos.

No importa el tiempo que paséis juntos,

sea mucho o poco, lo importante es que seáis felices.

-Ya me gustaría a mí.

Pero no puedo.

Dejarle viudo antes de los 30...

No, no, eso es una faena de las muy gordas.

-Mira, Lolita, lástima que las del pueblo

seamos tan tozudas.

-Yo voy a seguir con lo mío.

Muchas gracias, doña Trini. -Nada, hija.

-Trini, ¿has visto a Antoñito? Le tengo perdida la pista.

-En su cuarto está.

-¿Sigue encamado a estas horas? -Parece que hoy tenía

el día delicadito. -Deberíamos avisar

a un médico. -No.

Tranquilo.

Me barrunto que lo que tiene no tardará en pasársele.

-Me tiene intranquilo. María Luisa me ha contado

que le ve estos días alterado, hasta ha discutido con Víctor.

Dios quiera que no se haya metido en otro de sus líos.

-Pierde cuidado,

que son cosas de mozos. Está bien, no te inquietes.

Te puedes ir tranquilo.

Buenos días.

-Buenos días.

-¿Cómo se encuentra?

Espero que su familia esté bien tras el suceso de ayer.

-Estamos todos perfectamente. Gracias.

-Lo cierto es que fue poca cosa, pero no conviene relajarse.

He estado destinado en países donde los temblores se repiten

y, generalmente, con más fuerza. -Dios no lo quiera.

-Pero no se preocupe,

estos fenómenos no son corrientes por estas latitudes.

-Esperemos que así sea. Y ahora, tengo cosas que hacer.

-Perdone usted.

Quería preguntar por su hermano.

-Pues, si le digo la verdad, no lo he visto. ¿Qué quiere?

-Tenemos cuentas pendientes.

Debo acudir al Ateneo, pero después, tengo que localizarle.

Dígaselo si le ve.

-Así lo haré, si consigo verle. -Bien.

Con Dios. -Con Dios.

Te encuentro sulfurada, hija. ¿Qué te ocurre?

-No puedo con don Arturo, padre.

A pesar del tiempo pasado, no olvido el trato que le dio a Elvira.

-Mal arreglo tiene este asunto mientras siga viviendo por aquí.

Trátale con la mayor cortesía posible,

pero lo menos que puedas.

-Así lo haré,

aunque no me resultará sencillo. -¿Y qué quería de ti?

-Pues quería hablar con Antoñito de los negocios que tienen a medias.

Espero que terminen pronto y de manera satisfactoria.

Cuanto menos trato con él, mejor.

-Seguro que sí, porque, por lo que he hablado con él,

don Arturo está satisfecho con Antoñito.

-De poco vale

el reconocimiento de un necio.

-Olvida ese resquemor hacia el coronel,

solo sirve para cargarte de rabia.

Ven, acompáñame a La Deliciosa,

que vamos a tomar un chocolate y te olvidas de este asunto.

Abra, Servando,

que quiero preguntarle por las flores.

Servando,

¿qué ha dicho la baronesa de los ramilletes?

Buena hora tiene este hombre de echarse la siesta.

Vosotros diréis lo que queráis, pero a mí me duele pagar

por unos ramilletes que servirán

para ponerse mustios. -A usted lo que le escuece

es tener que rascase el bolsillo.

-¿A mí? -Se los podemos poner a...

-¿Qué gaitas es todo esto?

¿Por qué no ha repartido las flores, Servando?

¿Quiere llevarme a la ruina? -No, vamos a ver, señora Fabiana,

es que estamos ocupados.

Usted sabe que la vida de un portero no es fácil.

Y lle... Estamos con muchos asuntos al retortero.

-Sí, claro,

en la taberna.

Usted, de tan vago, es hasta mala persona.

-No se enfade.

-¡Y tú cállate!

Que lo que tienes de grande lo tienes de calamidad.

Menudos dos pisacharcos.

-No ha sido culpa de ellos.

Es verdad que el encargo de la baronesa

es más falso que un billete de dos pesetas.

Sí, hemos sido todos los del altillo.

Nos hemos juntado para poner dinero y hacerle el pedido.

-¿Pero a qué viene tal despropósito? -Verá, es que...

nos tenía usted muy preocupados

y queríamos entretenerla para no verla tan triste.

-Es que desde que pasó lo de...

lo de su hija, estaba usted

tan musita que no sabíamos qué hacer.

-Anda, que sois más simples que el asa de un cubo.

¿Pero cómo se os ocurre tirar tanto dinero en flores, hombre?

¡Ganas me dan de daros un soplamocos! -Señora Fabiana, hombre,

nosotros le tenemos todo el afecto del mundo.

Y hasta mil pesetas hubiéramos puesto para verla feliz.

-Bueno, si hubiéramos tenido ese dineral.

-No se aturulle, hombre, que es un decir.

-¡Ay, ay!

Si es que... Si es que sois oro molido.

Canela en rama, canela en rama

y pan de Dios todos juntos, rediez.

-Y ahora... ¿Ahora qué hacemos con todas esas flores?

Porque esto no es un portería seria,

esto parece más un mausoleo.

-Pues, como está todo pagado, lo llevamos al altar de la iglesia

para la procesión de la Virgen. -Pues tiene usted razón.

Yo la ayudo. Venga, lo llevamos en un tris.

(Puerta)

Amor, me han dicho que has pasado por La Deliciosa, no te he visto.

-¿Me has echado de menos?

-Por supuesto que te he echado de menos. ¿Tu hermano está aquí?

-¿Ocurre algo, que todo el mundo pregunta por él?

-Poca cosa, da igual.

-Sí que llevo bien el día.

Si lo sé, me quedo durmiendo, como él.

-A ver, ¿qué te preocupa a ti?

-Pues que me he encontrado con don Arturo

y me ha puesto los nervios de punta.

-¿Le has dicho algo sobre tu hermano? -Pues no, nada.

Víctor, te preocupas muy poco por mí, eh.

-¿Cómo puedes decirme eso, si eres el centro de mi existencia?

-Pues hay veces que no lo parece.

Sabes que me turba hablar con el coronel.

-Es verdad que ese hombre es de lo peor que hay en este barrio,

pero tú tienes que dejar atrás lo que le pasó a Elvira,

supera esa pena ya.

-Sí, si lo hago cada día, pero, a veces,

me cuesta un poco.

El que no lo consigue es Simón.

Y la presencia de Adela no le ayuda nada.

-Bueno, la vida sigue, mi amor.

No puedes mirar con rencor a esa pobre mujer.

No puede paralizar su existencia por una desgracia.

-Sí, si lo sé, pero me escama

la amistad que han hecho Simón y Adela en un solo mes.

-Yo creo que Adela ha traído luz a Simón, que falta le hacía.

-Ni que fuera un quinqué.

Que no me vas a convencer, esa relación no me gusta.

-No puedo entender por qué. -No te puedo decir

nada en concreto, pero hay algo en ella que me parece raro.

Una mujer que era monja y que no se sabe ni lo que es,

pues no me gusta.

-Ya.

Pues yo creo

que lo que a ti te pasa es que no puedes evitar ver

la relación como una traición a tu amiga.

Que, en parte, tienes toda la razón.

Pero no quiero que te amargues

y cargues contra todo el mundo.

A mí me gustas más cuando no estás enfadada.

¿Vas a dejarlo pasar?

-Pues...

no lo sé.

No te puedo decir ni que sí ni que no.

-Ay, qué mujer...

La verdad es que es han superado, es precioso.

Lo hemos hecho con todo el cariño del mundo sabiendo que era para Vd.

Además, doña Susana es la mejor modista que he visto.

-No sea usted modesta, desde que ayuda en la sastrería,

se nota, las costuras están

mejor cosidas y los forros también.

-No, no, doña Celia, yo solo hago lo que me mandan.

-Seré la más elegante de la procesión,

aunque eso no sea lo más importante, sino venerar a nuestra señora.

-Eso que no ha visto lo mejor.

Mire el trabajo de la mantilla.

-Es un encaje delicadísimo.

Dígale a Susana que estoy muy satisfecha.

-Le agradará saberlo.

-Señora, ya tiene preparado su calzado por si quiere revisarlo.

-Ay, voy a ver cuál elijo para el conjunto.

No hace falta, ya puedo sola.

-¿Está usted enojada conmigo?

¿Le han molestado mis comentarios de antes?

-Reconozco que me incomoda que se chancee.

-Le aseguro que no pretendía burlarme, siento su desazón.

-No estoy así solo por eso.

Debo confesarle

que esa prenda me recuerda con mucha viveza a un hecho que jamás olvidaré.

-Lamento haber sido tan desconsiderado.

-No importa, usted no sabe nada de ese asunto.

Una noche,

jugando a ser mujer

con un camisón de mi madre muy parecido al salto de cama,

recibí un nota de Carlos

pidiendo que nos viéramos.

Era una noche de tormenta

y yo no accedí a sus deseos.

Minutos después, un rayo cayó sobre la casa de Carlos

y prendió fuego.

-Comprendo su desazón.

-Yo enloquecí al pensar que había perdido a mi amor en ese incendio.

Así que, escapé de casa.

Corrí bajo la lluvia medio en cueros,

Dios me perdone, y no paré hasta encontrar la casa de Carlos.

-Pero él se había salvado.

-Sí. No estaba dentro cuando sucedió.

Ay, cuando le vi...

salté en sus brazos

y le cubrí de besos como si nadie nos viera.

Pero... pero no fue así.

Todos vieron mi arrebato de amor

y no pasó mucho tiempo hasta que mi padre se enteró de la historia.

Esa fue la gota que colmó el vaso, lo que provocó

que mi padre me metiera en el convento.

Simón, apenas era una mocita.

-Lo siento, Adela. Lamento que la separaran

de Carlos de esa forma.

-Sé que usted me entiende perfectamente,

los dos hemos pasado cosas terribles.

Es usted muy bueno conmigo.

Madre del amor hermoso, qué nervios. Espero que salga todo bien.

-¿Y por qué iba salir mal?

-¿No había un broche más ostentoso? Va a deslumbrar

a toda la concurrencia.

-Hay momentos en que conviene mostrar cierto señorío. No seas impertinente.

¿Dónde crees que vas?

Tienes que participar, como todas las señoras.

-No veo por qué.

No comparto estas costumbres religiosas.

Lo lógico sería acudir como espectadora.

-No es momento para uno de tus arrebatos impíos.

Tienes que estar con las demás,

no es de ley que una señorita se cuestione la fe.

-No puedo evitar que me parezca absurdo.

-No blasfemes y únete al grupo.

Recuerda que tus desplantes

te ocasionaron problemas en el pasado.

-Yo sé muy bien lo que pienso, en qué creo y en quién.

-A estas alturas de la vida, deberías haber aprendido

que la personas te defraudan, pero Dios nunca lo hace.

Compórtate como corresponde. -No sé dónde quiere llegar a parar.

Pero haré lo que me plazca, no le haré caso en todo.

-Ese arrebato de cariño con Samuel en el despacho

no se lo cree nadie.

Por mucho que te empeñes en seguir con él, te conozco bien

y sé que Samuel es poco hombre para ti.

-Por desgracia para usted,

lo que hay entre Samuel y yo es real y sincero.

-Puedes engañarte a ti misma, pero conmigo no lo conseguirás.

Haz lo que te venga en gana.

Carmen,

toma las llaves y sube a casa.

No quiero que el señor esté solo tanto tiempo.

-Como diga la señora.

Blanca,

¿nos acompañas a la procesión?

-Hoy es uno de los días importantes. -Se le tiene

mucha devoción a la Virgen de los Milagros.

-Me van a perdonar, pero es que yo no soy creyente

y no participo en estas celebraciones religiosas.

-¿Cómo que no eres creyente? Serás católica, como todo el mundo.

-Ya hablaremos de esto.

Carmen, deme las llaves, por favor, he olvidado las mías y quiero subir.

-Acompáñeme entonces. La señora me pidió que cuide de don Jaime.

-¿Te vas a perder la fiesta? -Qué remedio.

Una hace lo que le mandan. -Quédate y disfruta

de la procesión, que me yo me encargo.

-Pero la señora... -Quiere que se encarguen,

y eso puedo hacerlo yo, que no me interesa esta verbena.

Yo me encargo, tranquila.

¿Es esta la calle Acacias?

¡Diego!

¡Por fin has llegado!

-¡Hermano!

Cuánto tiempo...

-Ya era hora de que te dejaras caer por aquí.

-Sabes que me gusta hacerme de rogar.

-No vas a cambiar nunca.

Blanca, ven con nosotros.

Tengo que presentarte a mi hermano.

Diego, ella es Blanca,

mi prometida.

Encantado de conocerte.

¡Sé un hombre por una vez en tu vida,

abandona tus embustes, abandona tus lloriqueos,

afronta de una vez todo esto!

¿O es que no tienes honor

para eso?

-Padre...

¡Padre, padre! ¿Qué le ocurre?

-"Estaba pensando"

que a la procesión debería ir yo

y no estar probándome prendas indecentes.

-¿Indecentes?

-Discúlpeme, discúlpeme, no quería ofenderla.

De verdad, la prenda es muy hermosa.

-No, si no lo ha hecho.

Es normal que se sorprenda de un salto de cama como ese.

-Sí. No es la moda que una acostumbraba a ver en el convento.

¿Qué te pasa, que estás tan agitado?

Esto no es normal, es un animal de lo más sosegado.

-Será que ha notado la cercanía del demonio.

-¿Una de esas mujeres es Úrsula? -Aquella que se acerca a la reunión.

-¿Tendrías un momento

para hacerle a Adela la prueba del vestido ese que ya sabes?

-¿Y tiene que ser ahora? Si queda nada para la procesión.

-Será solo un momento. Si te apuras, llegarás a tiempo.

Es que Adela quiere hacerlo antes de la procesión

para pedir perdón a la Virgen.

-Bueno, como no ha llegado el párroco, vamos deprisa.

-Adela, se lo agradezco mucho, sé que para usted es un esfuerzo.

-Descuide, es lo menos que puedo hacer por usted.

-Doña Úrsula,

¿querría llevar la imagen de nuestra señora?

-¿Yo?

Es usted muy amable, pero podríamos llevarla juntas.

-No, no es menester. Llévela usted, yo iré detrás.

-Gracias.

-¿Ha visto, madre, qué forma más sutil ha tenido Trini de negarse

a ir a su lado? -Sí.

-"Nada he olvidado".

De hecho, todavía tengo alguna factura pendiente,

pero bueno, os prometo que trataré de animarme.

Quiera o no,

la vida sigue.

-Claro que sí, señora Fabiana.

Y aquí nos tiene a nosotros

para todo lo que precise. -Quietos parados.

¿Habéis oído ese ruido?

-Cada vez somos más los que estaremos protegiéndole en todo momento.

Saldremos de tan terrible situación.

Y encontraremos la manera de apartar a Úrsula de nuestras vidas.

Quizá...

esté más cerca de lo que pensamos.

Veamos qué esconde ahí.

-"Yo he de irme".

No sea que cosa que llegue tarde a la procesión.

Simón estará fuera. Le diré que esté al tanto

y que eche el cierre.

-Entonces me daré prisa.

¿Puede cerrar la puerta?

-Claro.

-Gracias.

-"¿Sabéis guardar un secreto?".

-Yo por Servando no pongo la mano en el fuego,

pero ya sabes que por todos los demás sí.

-Tengo planeado hacer un viaje con Leonor mañana mismo,

ya tengo los billetes de tren y barco.

-¿Y por qué tanto secretismo?

-Ni ella sabe el destino, es especial

y tremendamente exótico. -No me digas más:

¿Murcia?

-Eh... Martín, hombre,

Murcia exótico pues... pues no creo, no sé.

-Ya.

Tampoco se puede ir en barco.

-Tenemos que olvidar esto que ha pasado.

Ya se lo dije,

es lo mejor para los dos.

-Lolita, yo... -Espere.

Déjeme terminar.

Pero eso no quiere decir

que tenga que poner tierra de por medio.

Lo lamento si le he hecho creer que eso era lo que quería.

Usted tiene aquí su familia y su casa.

Yo siempre la he tenido en alta estima,

nunca la he considerado responsable de su hija.

-Yo también te tengo a ti por hombre de bien.

Y yo sé, como le pasaba a tu madre, que en paz descanse,

que tú no confías en Úrsula ni un ápice.

Es mala mujer lo urdió todo para casarse con el padre de Cayetana.

Y no es una simple casualidad que estuviera allí

el mismito día del incendio.

Al fin.

¿Qué es todo esto?

Marion Coopé.

(MUJERES) En tus brazos a tu hijo sonriente

y lleno de bondad, ahora te lo devolvían muerto,

víctima de la maldad de algunos hombres

y también víctima de nuestros pecados.

(Crujidos)

¿Lo has notado?

-Sí, madre, esta vez sí.

La tierra ha temblado.

(GRITAN)

¡Auxilio!

¡Socorro!

-¡Socorro!

¡Ayuda!

¡Ayuda! -¡Adela!

  • Capítulo 583

Acacias 38 - Capítulo 583

21 ago 2017

Afortunadamente el temblor se queda en un susto. Todos los vecinos se sobreponen y continúan con la organización de la procesión de la Virgen de los Milagros de Acacias. Blanca sospecha que su madre guarda un secreto importante en un maletín del que no se separa. Pacta con Samuel hacerse con él, si como sospecha es algo de enjundia, les servirá para plantar cara a Úrsula. La cercanía entre los dos se estrecha tanto que se besan por primera vez. Leonor y Pablo viven los mejores momentos de su matrimonio: quieren hacer un viaje juntos, e incluso se plantean tener hijos. Fabiana descubre que el encargo de las flores es un montaje de Lolita y Casilda. Antoñito le confiesa a Lolita que se va a ir de Acacias. Ramón se entera de la estafa de su hijo. Adela poco a poco se hace un hueco en Acacias, siempre de la mano de Simón. Por su trabajo en la sastrería, y por acceder a la petición de Celia, hace de maniquí para un salto de cama. Blanca se hace con las llaves que le permitirán ver el contenido de la maleta de su madre, pero antes de subir al principal se encuentra en el portal con Diego, el hermano de Samuel.

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