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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 582 - ver ahora
Transcripción completa

Blanca se queda en esta casa.

No permitiré que vuelva a ese infierno.

-¿Y quién eres tú para decidir sobre el destino de mi hija?

-Su hija y yo

vamos a casarnos.

-¿Y con qué permiso? -Con el consentimiento de mi padre.

Nos lo concedió antes de su terrible accidente.

La mayor de las suertes, vaya donde vaya.

Bien sabe Dios que usted merece toda la felicidad.

-Cuando Úrsula deje de ser una amenaza para tu felicidad,

todo quedará olvidado.

Pero, por el momento,

creo que es necesario que continuemos con la comedia.

-"No solo me va a devolver todo el dinero,"

me abonará los intereses prometidos.

Tiene un mes de plazo. Si en ese tiempo

no lo resuelve, me lo cobraré con su vida.

-"No nos olviden".

Esta casa es demasiado grande y me siento extraña en ella.

Estaba considerando mudarnos a otra zona de la ciudad.

-¿Dónde?

-No seas impaciente.

Pronto lo sabrás. "Padre,"

se lo suplico, tenga piedad de mí".

"Déjeme regresar". "Samuel,"

le prometo que le apoyaré en todo lo que pueda, estoy en deuda.

Siempre podrá contar conmigo.

-No vamos a estar solos en esta lucha, Blanca.

Mi hermano Diego está de camino.

Mauro, este lugar es maravilloso,

es perfecto

para criar a nuestro hijo.

¿Crees que podemos ser felices aquí?

Todos los días de nuestra vida, mi amor.

Yo es que sin mi chocolate no soy persona.

-Parece que el verano transcurre sin sobresaltos, ¿verdad?

-Sí. -Dios aprieta, pero no ahoga.

Hace apenas un mes ya pasamos por lo que no está escrito.

-¿Un mes del incendio? Cómo pasa el tiempo.

-Sí. Cuando se está

en paz y te diviertes, el tiempo vuelva.

-Amigos, he recibido carta de Teresa.

-Anda. -¿Buenas noticias?

-Bastante alentadoras.

Escuchen. Gracias.

"Vivimos en un lugar precioso,

en mitad de la montaña,

llena de tranquilidad

y de paz".

"Mauro y yo somos cada día más dichosos aquí".

"Mi barriguita crece cada semana,

anunciando un final feliz". -¿Y no nos echan de menos?

-Al contrario, si parece que lo único que lamenta

es haberse marchado de Acacias para encontrar la felicidad.

Mira. "Saluda a todos los amigos".

"No sabéis lo que os echamos de menos".

-Diles que nosotros a ellos también. -¿Y de salud mejora Teresa?

-Poco a poco.

"En tan solo este mes

respirando el aire puro de la montaña,

mi pecho se ha limpiado de impurezas y estoy mejor".

"Todavía falta mucho

para la recuperación total, pero estamos muy esperanzados".

"La felicidad que siento con Mauro y mi hijo, que está por llegar,

son la mejor medicina".

-Parece que lo de Cayetana es agua pasada para la parejita.

-No crea que del todo.

"De tanto en tanto,

nos parece sentir sobre nuestras cabezas un nubarrón,

lo turbio del recuerdo de Cayetana".

"Pero nos consolamos diciéndonos

que se hizo justicia". -Sí.

Todos los casos fueron cerrados y no hubo necesidad

de celebrar ningún juicio,

algo que, por otra parte, habría sido costoso y perturbador.

-Me alegro tanto por ellos

de que hayan conseguido ser felices...

Aunque hayan tenido que irse lejos. -Y tanto, es el precio

que han tenido que pagar por desenmascarar a Cayetana.

Pero la vida sigue.

-Oye, Celi, ¿y de Felipe no dice nada la carta?

-"Ahora lo iba a leer".

"Hace unos días que ha llegado Felipe para ayudarnos con los permisos

de la pequeña escuela que pondremos en marcha".

"Por fin volveré a dedicarme

a lo que siempre deseé".

-¿No dice cuándo volverá Felipe?

-No, no lo dice, pero creo que en unas semanas.

Y usted, don Ramón, ¿qué tal marcha el colegio?

-Bien, la verdad.

¿Quién me iba a decir que me iba a encargar

de encarrilar el colegio?

-Le admiro por su empeño en mantener vivo el legado de Germán.

-Creo que el patronato ha terminado ya la reforma en casa de Cayetana.

-Sí.

Lo que no sabemos es quién vivirá ahí.

Como son otros patronos los que lo regentan...

-Pues, sea quien sea,

debe de estar pronto a mudarse. Porque los criados

estaban adecentando el piso.

(LOLITA TARAREA)

¡Uh!

¡Uy!

Por más que me empeñe,

nunca terminaré de entender a los señorones.

¿En qué mollera cabe que quieran apañar las habitaciones

casi igual que estaban antes? -Eso es cosa del patronato, Lola.

No quieren cambiarlo por hacer memoria a la señora Cayetana,

lo cual es una tontería,

porque esa mujer no merece ni un mal recuerdo.

-Al patronato le interesa cobrar el alquiler y poco más.

Del parné que saquen, una buna pila será para el colegio.

-Dinero que no verá quien más se lo merece: Fabiana.

Tiene napias la cosa, no mentarla doña Cayetana en el testamento.

Y Fabiana, al final,

no verá un real.

-Esa mujer estaba hecha de la piel de barrabás.

Bueno, no, que el diablo sí le dejaría algo a su madre.

-Hasta el cura viejo de Cabrahigo le dejó a su retoño un huerto

que buenos caracoles daba.

Pobre Fabiana.

-Bueno, que aquí ya tenemos todo el pescado vendido.

Ea, arreando.

-Muy agradecida a las dos.

Que una no estaba para nada,

y menos en esta casa dejada de la mano de Dios.

-Usted no tiene nada que agradecer. -Habéis faenado muy bien

para dejarlo todo muy limpio.

-Muy bien, todo en orden.

Me gusta cómo ha quedado, aunque mi trabajo

llegue a su fin. El patronato me contrató para supervisar

las obras y la decoración y hecho está.

Gracias a todas.

-¿Sabe quiénes son los nuevos inquilinos?

-Nada han tenido a bien decirme.

-Pierda usted cuidado,

que seguro que pronto encontrará faena.

Ha espabilado usted

de lo lindo.

-Dios te oiga, hija.

Y si no, de nuevo a mendigar.

-Ay, qué fatalidad, señora Carmen.

Y encima, si los nuevos inquilinos traen a su servicio,

tendremos nuevas en el altillo. -Poco me importa eso a mí

con tal de que sean

buena gente, los de arriba y los de abajo.

Y que respeten en esta casa.

Pobre hija mía.

Otro día más que Fabiana no abre el quiosco.

-Rosina, está muy taciturna,

y es de entender.

-Pese a que su hija era el mal, siento el dolor que sufre

la pobre Fabiana.

-Pediremos a la Virgen de los Milagros que alce cabeza.

-Es cierto, lo había olvidado.

Estamos en tiempos de la procesión.

-Sí, es el miércoles.

Ya lleva unos días la imagen de la Virgen pasando de casa en casa.

-Es la primera vez que vamos a reverenciar

a nuestra virgen sin Cayetana,

que era el alma de ritos y festejos.

Sin ella, ¿este año quién encabezará la comitiva?

-Hay poco que pensar.

Trini es la señora con más alcurnia

y posibles para pagar los gastos.

(Automóvil acercándose)

Miren,

un automóvil.

-Han de ser los nuevos vecinos.

No.

¡No me lo puedo creer!

El pájaro de mal agüero viviendo en Acacias.

¿Ese no es el que hallaron en casa de Cayetana

en el incendio? -Tiene usted razón, doña Susana.

Se trata de don Jaime Alday,

supongo que el esposo de Úrsula.

-Buen partido, vive Dios.

-Rico e influyente.

Es uno de los mejores joyeros del país

y diamantista del palacio.

-Muy conocido también por sus exquisitos diseños "art nouveau".

-Señores,

la hemos jeringado.

De resultas, la tarasca de Úrsula

es la cabeza de familia de los nuevos vecinos de Acacias.

Que Dios nos pille confesados. -Se acabó la paz.

-Amén.

¿Qué haces aquí? -Esperando a tu hermana estoy,

que no acaba de arreglarse. -Ah.

-Ni que te molestara.

¿Dónde vas? Pareces nervioso. -Sí, lo estoy. He quedado

con un nuevo inversor para obtener algo dinero.

-Que será para mí.

-Naturalmente.

Víctor,

¿esperas a María Luisa en el salón? -Mientras aparezca...

-Pase.

Antes de nada, le pido un poco de discreción,

que mi hermana está a punto de salir

y ya sabe que las altas finanzas no son para las hembras.

-Sin que sirva de precedente,

estamos de acuerdo.

-Dígame en qué puedo ayudarle.

-Mala memoria, joven.

No creo que eso sea lo ideal

para las altas finanzas. ¿Debo recordarle el concierto

al que llegamos hace un mes?

-No, no lo he olvidado, simplemente ando un poco despistado.

Pero, si no le importa,

podríamos dejar esta entrevista para dentro de unos días.

-Ni unos días ni unas horas.

Se comprometió en devolverme la totalidad de mi dinero

en esta fecha.

De no hacerlo así,

me sentiría afrentado

y me batiría en duelo con usted.

-No hace falta que la sangre llegue al río, literalmente.

Usted tendrá su dinero, coronel.

Como ha escuchado, he quedado con un nuevo inversor.

Él nos ayudará a salir del brete. -No me veo en brete,

estoy más tranquilo que un cabo furriel.

El apurado es usted.

-Qué sentido del humor

y qué finura

en la apreciación. Tendrá su dinero,

deme un par de días. Dos días y tendrá su dinero y las rentas.

-No se burle de mí, joven, o lo lamentará.

Tiene 48 horas.

-Agradecido, no se arrepentirá.

¿Se ha marchado ya el coronel mal agüero?

-Sí, por fortuna.

No atiende a razones, ¿verdad?

-Te he mentido, Víctor,

no he quedado con ningún nuevo inversor,

llevo todo el mes buscando uno, pero sin suerte.

-¿Y adónde ibas entonces?

-A librarme de ese enajenado que quiere batirse en duelo conmigo.

Sabía que sería puntual. -Te he dicho que era peligroso.

-Te necesito, amigo,

como el respirar. De hecho,

para seguir respirando.

¿Tú podrías dejarme el dinero

que le debo a este sacamantecas? -Imposible.

Es mucho "moneys", ni lo tengo. -Pero aunque sea una parte del total,

algo para aplacarle y que le quite la idea

de acabar conmigo.

-Somos amigos desde pequeños,

vamos a ser hasta cuñados,

me gustaría echarte una mano,

pero... -¿Pero qué?

-Que te temo más que un nublado, que no me lo vas a devolver.

Pídeselo a tu padre.

-Mi padre me mataría, o me matarían los dos al unísono.

Víctor, por favor, piénsalo, reflexiona,

por nuestra niñez, por nuestra amistad,

por no tener que visitarme en camposanto,

por favor, piénsatelo.

No me gusta, me siento incómodo.

Ni siquiera la casa,

mucho más pequeña, sin jardín, ni el barrio.

No quiero estar aquí por un capricho

de tu madre. -Debes sobreponerte.

-Piensa en tu padre,

que todo lo haces por él,

por seguir juntos.

Carmen, ¿sí?

Don Samuel, el hijo de mi esposo,

don Jaime y Blanca,

la señorita Blanca.

-¿Y la habitación de don Jaime? -Yo les guiaré, señor.

Tienen las camas recién tendidas. He dejado algo frío de comer

en la fresquera, por si desean almorzar.

Y hay una jarra con agua limpia y limón

en cada cuarto.

Si me permiten...

-Un momento, Carmen.

Ha dejado todo bien planificado.

Me gusta el orden y la pulcritud.

¿Trabajó usted para doña Cayetana en los últimos tiempos?

-Sí, señora.

Tras su fallecimiento, me contrató el patronato para que supervisara

las obras de acondicionamiento. -¿Tiene ya casa donde servir?

-No, señora,

lamentablemente, no.

Si no tiene otros planes, se quedará con nosotros, de momento.

Ya acordaremos sus condiciones.

-Lo que diga la señora.

-Ahora sí, acompañe a los señores a sus aposentos.

"Querida Celia,

ya falta menos para mi vuelta".

"Al ver a Mauro y a Teresa tan felices, no puedo evitar

pensar en nosotros dos".

"Tengo muchas ganas de abrazarte

y contar a todos que volvemos a estar juntos".

"Felipe Álvarez Hermoso".

Perdón.

-Es de alguien al que tengo...

mucho cariño.

-No se disculpe, por favor.

Supongo que serán noticias de don Felipe.

Tenga en cuenta

que me he acostumbrado a verles juntos

estas semanas antes de su viaje a Niza.

Me gusta ver un amor tan tierno como el de ustedes.

-Precisamente por esa amistad

que hemos creado durante este mes,

necesito que se discreta,

con lo que hay entre nosotros.

-No tiene ni que decírmelo.

Disfruto sabiendo que...

que soy la única persona que conoce su secreto. Bueno, junto a Simón.

Es tan novelesco...

-¿Iba a trabajar?

-Sí. Ya me marcho.

Con Dios. -Con Dios.

Seguro que a Felipe le encantaría.

Ya ha conseguido

lo que pretendía de siempre.

-No todavía.

Te sorprenderá lo que voy a conseguir de ahora en adelante.

-Esa gente con la que se ha plantado aquí

no sabe quién es usted,

pero no padezca, yo sí lo sé, y lo referiré.

-¿De verdad lo harás?

Podría perjudicarte.

Piénsalo.

¿Quieres que cuente lo que doña Cayetana y tú

me hicisteis antes de su muerte?

-No sería nada más que su palabra.

-Ya.

Pero a ti se te caería esa careta de buena que tienes.

¿Quieres que todos sepan

que eres igual que doña Cayetana,

no mejor,

no una mandada,

sino como ella?

Pero no he venido por ti.

Nada me importas.

He vuelto por la gente

que te rodea.

Y ahora, sal de esta casa y no vuelvas nunca más.

Tienes prohibida la entrada.

Has vuelto a discutir con tu madre,

como si lo viera.

No creas que se me escapa lo que te altera

tener que convivir con Úrsula,

lo mucho que te consume.

Soy muy consciente de ello.

¿Por qué no te vas a otro lugar?

Yo podría mandarte dinero

donde quiera que estuvieras.

Y, de ese modo, te liberarías de Úrsula

y tendrías oportunidad de ser feliz.

-¿Y tú?

-No me gustaría perderte.

Lo que digo

es que no tienes obligación de quedarte a mi lado.

-¿Y...

tu promesa de matrimonio?

-Eso fue un salvavidas que te lancé desde la borda, ya lo sabes.

Tan solo quería evitar que tu madre decidiera por ti.

Considérate liberada de tu aceptación,

si es lo que deseas,

y márchate.

No volveremos a vagar

tan tarde en la noche,

aunque el corazón siga amando y la luna conserve el mismo brillo.

-¿Qué son?

¿Qué significan esos versos?

-No puedo separarme de mi madre, Samuel.

No lo haría, aunque pudiera.

No puedo dejaros solos a tu padre y a ti.

-Sabríamos defendernos.

-Tu padre y tú sois lo único bueno que ha llegado a mi vida.

En las últimas semanas,

solo tú has conseguido, con nuestros paseos campestres,

con nuestras conversaciones, que despertara de mi letargo,

que la vida me interesara.

Ha sido una actitud interesada.

Yo, con mi padre enfermo,

tan solo, con Úrsula,

no habría salido adelante sin ti.

¡Uh!

Con esa peinas me será fácil

entrar en conversación. -Peinetas de carey. Son exquisitas,

¿verdad? -Sí, muy refinadas.

Venía a encargarte una

para la procesión de la Virgen. -Yo misma estaba eligiendo una.

-Vaya por Dios, ahora me colocarás una más fea que la tuya.

-La insinuación ofende, que esta sastra jamás haría eso,

y menos a ti. Pero, para que veas

que no quiero influir en tu gusto, llamaré a la aprendiza

para que te atienda. Aprendiza, por favor.

-Señora. -Deja de bordar

y atiende a doña Trini.

-Perdone, doña Susana, con todos mis respetos,

pero preferiría no hacerme cargo del mostrador todavía.

-Déjese de excusas, ya lleva un mes conmigo,

debería soltarse con el público. Atienda a la señora.

Bueno, pues usted dirá.

-A las buenas.

-Gracias.

-Uh. Gracias, muchacho.

Este mozo

yo creo que es mudo.

Una carta de Úrsula. Bueno, doña Úrsula,

como pone la muy alzada.

A ver.

Y esta para Susana.

Parece que doña Úrsula quiere ponerse en contacto

con todas la señoras. A ver qué quiere la urraca.

¡Uh!

Que nos invita a su casa dice.

Menudas ínfulas, su casa.

Si Cayetana levantara la cabeza,

aquí ardía Troya.

-"Oséase", señora Carmen, que ya tiene el jornal asegurado.

-Bueno, las palabras exactas de doña Úrsula fueron:

"Se quedará usted con nosotros, de momento".

Pero no dijo

cuánto duraría ni cuán seguro sería.

-Bueno, tampoco es para doblar campanas,

pero más vale pájaro en mano.

-No te veo convencida

de lo que dices. -Toma, señora Carmen,

porque la Úrsula es peor

que un pecado. Ahora, que yo le digo una cosa:

trinque labor y ya Dios dirá.

No se puede andar uno con exquisiteces.

-¿Sabes qué, hija?

Que no estoy muy segura de aceptar.

El trabajo, o mejor dicho,

el jornal me iría como anillo al dedo,

pero con la mala fama de la señora...

-Si todas hemos aguantado y sufrido,

usted también tiene que poder.

-Y también me pienso cómo le sentará a la señora Fabiana.

Sé que Úrsula no es santo de su devoción.

Y no quisiera que se sintiera traicionada,

que me rescató de la calle.

Le debo la vida a esa mujer.

-Le voy a decir una cosa,

conozco bien a la señora Fabiana,

y aunque le sentara malamente,

no le diría ni "mu". Ella sabe lo que es estar sin faena.

-Aún así, puede que lo sienta como un acto de deslealtad.

-Haga usted lo que tenga que hacer.

-En la vida me permitiría

hacerle a usted algún trastorno.

-No ha de ser trastorno.

Más vale tener allí a una amiga que a otra vaya usted a saber

venida de dónde.

-Se lo agradezco, Fabiana.

Se me hacía muy cuesta arriba

volver a echarme a la calle

a buscar fortuna. -No es nada.

-Ahora sí, ármese usted de paciencia,

la va a necesitar.

Usted ha sido señora y sabrá lo insoportables que son

algunas déspotas con posibles. -Sin ir más lejos, mis cuñadas.

-Ya ve usted.

-La vuelta de Úrsula no traerá nada bueno para nadie.

Tenemos que andarnos con mucho ojo, o esa urraca nos lo sacará.

Bueno, ¿qué?

¿Cuánto me traes?

Que no será suficiente, pero bueno.

Me las apaño y entre los dos buscamos el resto.

-No he traído nada.

-¿Tenemos que ir a buscarlo al banco?

-No te voy a dejar ningún dinero.

Estás de chanza, ¿no?

-No.

La cantidad que a ti te vendría bien

es alta para que yo asuma las pérdidas.

-Te lo voy a devolver, yo siempre cumplo mi palabra.

Que contigo sí que la cumpliría. -Que no,

que me va bien, pero no puedo quedarme sin liquidez.

-O sea, que vas en serio.

¿Vas a permitir que tu mejor amigo muera a manos de un chiflado?

-No me hagas sentir como si la culpa fuera mía.

No, mírame. Precisamente a mí no,

que he sido pesado recordándote que el negocio era como una bola

que acabaría sepultándote. Ahí lo tienes.

-Lo dices como si fuera un accidente.

Me va a sepultar, pero no la bolsa,

sino el orate colonial que tenemos por vecino,

que mal rallo le parta. -Te lo advertí.

Lo siento, no querría que te pasara nada malo,

pero no arriesgaré lo que tengo para casarme con tu hermana.

(Puerta cerrándose)

¿Hablabais de mí?

¿Qué enredos os traéis?

Siempre con vuestros secretos. ¿Es que ocurre algo?

-Son cosas de hombres,

pero no merece la pena que le demos más vueltas.

Mucha prisa se ha dado Úrsula en convocarnos.

Trata de tenernos bajo sus alas, como la gallina clueca que es.

-Si acaba de instalarse y ya nos invita mañana a tomar el te.

-Es normal que quiera presentarnos a la familia que trae consigo.

El detalle la honra. Yo creo que está intentando

ser una buena vecina. -¿Buena vecina?

Ay, Susana, ¿no recordáis las lindezas que le regalamos

cuando los Paulinos?

-Nos la tiene guardada,

ella misma nos amenazó. -Quizá ahora,

casada y con familia... -Por favor, Susana, no seas ingenua.

Lo que es claro es que no es cortés que rechacemos la invitación.

Y está enfadada, es capaz de quemar la finca.

Yo no sé qué hacer, no me decido.

-Yo tampoco.

Estoy entre el deber de la hospitalidad

y el rechazo por lo que significa

Úrsula en el barrio.

Pero... rechazar la invitación sería como una afrenta, ¿no?

-También nosotras podríamos resultar afrentadas en caso de aceptar ese té.

-¿Nosotras?

¿Por qué? -Susana,

está más claro que el agua.

Lo que Leonor teme

es que Úrsula nos convide para echarnos en cara

la humillación que le hicimos pasar por ese chiquillo.

-Bueno, pelillos a la mar.

Ha quedado bien asentado

que al pobrecito Tirso lo mató Cayetana.

Yo creo que debemos aceptar la convocatoria de Úrsula.

-Bueno, tampoco nos precipitemos. Quiero decir

que yo, como mujer de negocios rentables,

sé que hay que darle más vueltas a las cosas.

-Es que no debimos juzgarla sin pruebas.

Como dice Felipe:

todo el mundo es inocente

hasta demostrar otra cosa. -¿Os imagináis

que nos convoca para echárnoslo todo a la cara,

así, sin tapujos?

¡Ay, ay! Me moriría del apuro, de verdad.

-No será necesario que muera nadie.

Si nos dijera algo sobre el lance, pues pediríamos perdón.

No nos vendría mal a todas aprender

a pedir disculpas.

(Puerta)

Ay, ¿quién será?

Si estamos todas.

-Ahora mismo lo sabremos.

-Bueno, entonces, por lo que sospecho,

¿nos decantamos por acudir?

En fin,

aprobada la moción. Visitaremos todas a Úrsula en buena compañía.

-Disculpen la interrupción. Simón me ha dicho que estaban conversando,

pero debo hablar con mi esposa.

¿Les importa si lo hago en privado? -Ay, hijo,

estábamos discutiendo asuntos de trascendencia.

-No le hagas ni caso, Pablo.

En estas conversaciones

nos vienen bien un par de pantalones. -¿Ya estamos, Trini?

-No hay nada que perdonar.

Podéis disponer del despacho.

-Con su permiso, señoras...

-Ya ven, me llevan.

Dispensen.

Cariño, ¿no podías esperar a que termináramos?

-He llegado para salvarte. ¿No me digas que te gusta esto?

-Cállate, que nos pueden oír.

-No me importa. Lo que pasa me importa un pito.

Y espero que a ti no te afecte. -¿Ni siquiera te altera Úrsula?

-En absoluto.

Todo ha cambiado. Con el endriago de Cayetana muerta,

pues yo ahora quiero disfrutar,

quiero ser feliz.

Nada de amarguras.

-Me parece muy bien.

¿Y qué me propone para esa vida feliz?

¿Me vas a pedir un niño?

-Eso vendrá seguro,

pero no van por ahí los tiros. Lo que quiero decirte

es que somos un poquito pusilánimes. -No creo que tú y yo seamos

precisamente eso. -En parte sí, cariño.

¿Por qué tenemos que aguantar estos paripés?

¿Qué tenemos que ver con esta vida?

-No tenemos otra. -Porque no queremos.

¿Qué nos impediría vivir

sin el resto del mundo?

-¿Como Robinson en una isla desierta?

-¿Por qué no? En una isla, en un continente.

¿Por qué no hacemos un viaje? -¿Un viaje?

-Sí. -¿Dónde? ¿Cuándo?

-Vaya pregunta. Donde sea, cariño, cuando sea.

Yo quiero vivir.

No sé, cariño, me apetece estar contigo, sin preocupaciones,

sin compromisos, entregado... ¿Me dejas que me encargue del viaje?

-Claro.

(Puerta)

Señora Fabiana, ¿da usted su permiso?

-Adelante, adelante.

-Que ya me marchaba para casa y quería despedirme de usted.

-Descansa, hija,

descansa.

-Y nosotras dos cenaremos, que ha he preparado un caldo.

-Muy agradecida, Carmen,

pero a mí no me entra nada.

-No puede usted dejarse así,

tiene que alimentarse o enfermará seriamente.

-Ya se me pasará, que no hay mal que 100 años dure.

¿Cree que me podrá abrir el quiosco

por mí mañana?

-Lo haré,

como lo he hecho en otras ocasiones este último mes.

Pero no es lo más conveniente.

Es su trabajo y, al tiempo, su entretenimiento.

No lo abandone.

-"Ende luego" que la señora Carmen tiene razón, señora Fabiana.

Debería salir a la calle, que le diera la brisa.

-Y los clientes preguntan por usted.

-Poco me importan el negocio ni las perras,

ni siquiera sé que hago todavía por estas calles.

-Señora Fabiana...

tiene que echarle valor al toro,

es un morlaco con el que le ha tocado lidiar,

pero usted tiene que mirar al tendido

y salir para adelante.

-Puede que te hiciera caso si fuera la primera vez,

pero estoy harta,

harta de tanta defunción y tanta desgracia.

¿Por qué tengo que seguir yo viva cuando se me han ido tantos?

Carlota,

Rita,

Guadalupe,

mi hija...

-Usted tiene que seguir viva

porque así lo quiere Dios.

-¿Dios?

¿Qué quiere Dios, Casilda?

¿Por qué me castiga así si no tengo fuerzas?

-No hable usted de ese modo, claro que tiene fuerzas,

fuerzas y mucho que vivir.

Salga mañana a su quiosco y hable con los clientes y con la gente.

-Y además,

yo iré a visitarla a media mañana.

Y cuchichearemos

de las señoras, de sus cosas,

de sus arripápalos...

-Sea.

Abriré.

-Bien dicho.

Buenas noches, Fabiana.

-Buenas noches.

Quiere darnos largas.

No estoy muy segura de que cumpla.

Pero nosotras la sacaremos de su pena.

Hay que darle trabajo, mucho trabajo,

que no deje espacio a la memoria.

Se me ha ocurrido algo para levantarla.

Me ha dicho Simón que deseabas hablar conmigo.

-Así es. ¿Quieres tomar un te? -Gracias.

Aunque tengo que volver cuanto antes.

-Te preguntarás por qué te he citado aquí.

Pero no es nada de gravedad,

es solo que quiero hacerte un encargo

un poco particular, eso sí.

-¿Uno que no puedes hacerme en la sastrería?

-No quiero dar que hablar. Es para una clienta francesa

a la que quiero agasajar.

Es un poco excéntrica y sus gustos no serían comprendidos

en el barrio. -Me imagino por dónde van los tiros.

¿Se trata de uno de esos vestidos descocados de tarde

de las francesas?

-Caliente, caliente. Mira.

-Válgame Dios,

un salto de cama que transparenta más que los visillos de Rosina.

No. Me niego

a coser algo así.

Será como convertir mi sastrería en un café-teatro sicalíptico.

Hasta debería enfadarme contigo

por proponerme eso. Y más en la semana

de nuestra reverenciada Virgen. -Yo te entiendo

y, por eso, podría pagar un extra por la incomodidad moral.

Eso sí, quiero los mejores tules.

La piel de mi clienta es muy delicada.

-Bueno...

ese género no es barato.

-Pagaré lo que cueste, tú pones el precio.

-No sé.

A la vergüenza de coserlo

habría que sumar el hecho de que tendré que confesarme.

-Te acompañaré a confesarnos.

Pagaremos juntas la penitencia. -Bien. ¿Y las medidas?

No puedo hacerlo si tengo las medidas de esa señora.

-Podrías tomarme medidas a mí.

Soy más o menos de la talla de la francesa.

-Qué coincidencia.

Celia,

¿no estarás volviéndote casquivana con esto de la soltería?

-No, mujer.

Yo solo me ofrecía como maniquí, nada más.

-Pues no, no, no.

No voy a tomarte medidas. A una amiga teniendo en la mente esa cochinada.

-Entonces podríamos recurrir a la idea de Simón.

-¿Qué tiene que ver Simón con todo esto?

-Me ha visto ojeando la revista y...

le he contado. Y, como te conoce, sabía que te negarías.

Me propuso que se las tomaras a Adela.

-¿A Adela? -Sí.

Es de la talla de la francesa.

-¿Pero cómo va a consentir una monjita

que le median sus curvas, con perdón?

-Ya no es monja, colgó los hábitos hace un mes.

Además, Simón se ha ofrecido

para convencerla.

-No sé.

-Le diré a Simón que la avise cuanto antes.

No sabe el placer que me da verla ocupada

tan de buena mañana. -A la fuerza ahorcan, Carmen.

-Déjese usted de ahorcamientos, señora Fabiana,

que le traemos una buena nueva. Tenemos un encargo.

-No sé si podrá ser. Hace días que no repongo la mercancía.

-Podrá, ya lo creo que podrá.

-Sí. Verá usted,

una vecina...

tiene un encargo de un montón de flores.

-¿Qué vecina?

-Pues la baro...

la baronesa de Zuloaga.

-En mi vida había escuchado hablar de la tal Zuloaga.

-Bueno, ¿y eso qué más da? Su dinero vale como el de otra señora.

Bueno, verá usted,

lo que quiere ella es un encargo de treinta...

de treinta y siete ramilletes de colores diferentes.

-Y también de flores y...

Vamos, una encomienda bien entretenida.

Tendrá que combinar

tonos y flores y formas

para que quede bien vistoso.

-Parece provechoso, sí.

-¿Provechoso? Y un dineral, vaya.

Eso sí, lo quiere a escape. Es más urgente que el tren de correo.

-Pues la baronesa tendrá que pagar por adelantado,

porque el de las flores no me deja fiado ni un capullo.

-Ay, mujer de poca fe,

la aristocracia paga por adelantado.

-No siempre, pero en este caso, sí.

-Podré sacarme unas perras, sí.

Agradecida.

-Entonces hecho, ¿no?

Bueno, pues luego vienen

a por él el Martín y el Servando, que así lo quiere la baronesa.

Y nada, usted a la labor, señora Fabiana, que no se diga.

-Muy bien.

-Con Dios, Fabiana. -A más ver.

Nos va a salir bien caro animar a la señora Fabiana,

pero bueno, con tal de sacarla del agujero,

será dinero bien empleado.

Dígame, doña Susana. Simón dice que quería verme.

-¿Le ha contado para qué?

-Necesita que... que le ayude en un cometido.

-Cierto.

Pero la tarea que tengo que proponerle

es un tanto digamos delicada.

-Sé que me tiene que tomar medidas.

Pero no se apure, que no me parece un asunto tan grave.

Y le tengo que reconocer

que me agrada un poco la idea de servirle como modelo.

-¿Aunque sea para una prenda tan peculiar?

-Bueno, Simón me advirtió que era un encargo especial.

-Y tanto,

por eso la he hecho venir aquí, para contárselo.

No quería que nos molestaran.

Se trata de tomarle medidas para esto.

-¡Virgen santísima!

Yo en la vida he enseñado un tobillo,

que bien gruesas eran las medias del convento.

-Me extrañaba que aceptara tan alegremente.

No se preocupe,

que no le voy a reprochar que se eche atrás.

-Claro, por eso Simón me advirtió

de que no debía sentir pudor

por el encargo.

De...

Sí, y también hizo mucho hincapié en que ahora soy una mujer nueva

y que debo comportarme como tal. -Ya, pero una cosa

es perder la contemplación y otra, el recato.

No se preocupe, que no me molestará

su negativa.

-También me dijo

que no debía importarme lucir mi belleza y que el cuerpo

es también obra del Señor.

-Ay, ya sé que Simón tiene un pico de oro

y que puede ser muy persuasivo cuando quiere.

-Lo haré.

Sí, doña Susana, lo haré.

¿Usted no me dijo que tenía que enfrentarme con ánimo al trabajo?

Pues así será, lo haré por usted.

Antoñito, hijo, ¿qué tal este traje para tomar el té con Úrsula?

María Luisa ya debe estar por ahí, hace rato que salió con Leonor.

Antoñito, hijo, ¿estás bien?

-No, no del todo.

La enfermedad ha hecho mella en mí.

-Uy.

Pues calentura no pareces tener.

¿No será un enfermedad de corazón enamorado?

-Pues algo tendrá que ver.

-Antoñito, eres muy joven,

ten paciencia.

El amor crecerá o desaparecerá,

pero, confía en mí,

no merece la pena darle importancia hasta el punto de enfermarte.

-Es que no puedo evitar verla cada día,

casi a cada instante. Y el estómago me da un vuelco.

-Bueno, pues sal más.

Disfruta, diviértete,

prueba fortuna en las calles. -Eso estaba pensando ahora,

pero las calles de Acacias no son acogedoras.

Y puedo cruzarme... -¿Con quién?

-Con nadie.

Este barrio no es para mí.

Y ya estoy harto, lo mejor es que cambie de aires, y para siempre.

-¿Tú sabes el disgusto que le darías a tu padre si te oyera decir eso?

-A tu padre y a mí.

-Lo siento, pero no se me ocurre otra solución.

-Mira, hagamos una cosa.

Tú y yo vamos a hacer como que esta conversación no la hemos tenido.

Y ya hablaremos, ¿te parece?

Si ves a tu padre, dile que estoy en casa de Úrsula.

Encantada de recibirlas.

Doña Rosina,

está usted más lozana, si cabe, que la última vez.

Y doña Celia,

a usted da gusto verla.

Tiene el cutis resplandeciente, como el nácar.

Y usted, doña Susana, tiene muy buena cara.

Yo diría que incluso más joven.

Y ustedes dos, Leonor, María Luisa,

para ustedes no sirven las lisonjas,

son la belleza personificada.

-Usted también resplandece.

-Será por las joyas.

Cuatro piezas de mi marido.

Siéntense y tomemos el té. Para eso estamos aquí.

-La felicito.

Ha conseguido usted

que le dejen la casa como si hubiese sucedido nada.

-No ha sido cosa mía,

es propiedad del patronato.

-Pues han hecho buen trabajo.

Todo en su sitio.

Este piso siempre fue el más bonito.

-Gracias. -Sea bienvenida al barrio.

Sentimos lo que sucedió

la noche de los Paulinos.

Los improperios que se le... -¡Chist!

No vale la pena hablar del pasado.

Fue un malentendido.

Las pruebas me acusaban de atrocidades

y es natural que ustedes se sublevaran.

-Es usted muy generosa, Úrsula.

Eso dice de usted

que es buena cristiana. -Errar es de humanos.

Y nosotras solo somos siervas del Señor.

-Amén.

-Qué calores está haciendo.

-Tenemos los jardines hechos un primor.

-Y qué bien marcha mi negocio de los tintes.

-Que digo yo

que, como usted bien sabe,

ahora andamos reverenciando a nuestra Virgen.

Por ahora, la tiene en su casa

doña Trini.

Pero nada impide

que sea usted quien encabece la comitiva.

-No sé si Trini estará de acuerdo. -Lo estará, querida.

Ahora, doña Úrsula es la inquilina del principal.

Y creemos,

señora de Alday...

-Ahí es nada. -Que merece esa distinción.

(Puerta cerrándose)

-Perdón por el retraso y gracias por la invitación.

¿Qué tal tu familia? Te has casado.

-Siempre ha sido usted la más franca, doña Trini.

Puede sentarse.

Imagino que se estarán haciendo ustedes

muchas preguntas.

Estoy casada,

sí.

Conocí a mi marido, Jaime, el señor Alday,

en una retiro espiritual.

Es un hombre muy pío.

Fue como si el Señor nos hubiera puesto al uno en el camino del otro.

No tardamos en contraer nupcias.

-Y, perdone, ¿pero qué hacía don Jaime Alday en esta casa

el día del incendio?

-La explicación es muy sencilla.

Doña Cayetana, que siempre tuvo ínfulas de grandeza,

le había llamado

para comprarle unas joyas.

-¿Y dónde está don Jaime Alday ahora?

-Reposando.

Necesita descansar mucho.

Y aún así, no sabemos...

No puede andar,

no puede moverse, no puede hablar.

Esperemos que sea por poco tiempo.

Quiera Dios que se restablezca pronto.

¡Ay, qué alegría!

Tengo el orgullo de presentarles a Samuel,

hijo querido

de mi marido.

Es un hijo nacido

de su anterior matrimonio y que ahora es

como si fuera mío propio.

Samuel y Blanca,

su prometida.

-Encantada.

Leonor Hidalgo. ¿Usted es Blanca...?

-No alaguemos más las presentaciones.

Mi familia no es de la alcurnia de los Alday.

Mi apellido puede esperar.

-Consideren a Blanca como una Alday más.

-Le gusta Lord Byron, por lo que veo.

-Sí, es uno de mis autores favoritos.

¿También el suyo? -También. Seremos buenas amigas.

Carmen, ¿podrías traerme un té, por favor?

(Temblor)

¿Pero qué ocurre?

¿Pero qué es eso?

Es como si temblara el mundo.

Servando,

¿qué ha dicho la baronesa de los ramilletes?

Buena hora tiene este hombre de echarse la siesta.

-"Me gusta verte tan animado,"

como antes.

Ni un temblor de tierra te quita la sonrisa.

-No se me quita si estás a mi lado,

y menos ahora, que ya tengo el viaje.

-¿Dónde vamos a ir?

-No te lo voy a decir.

Tienes que dejar que la vida te sorprenda,

pero seguro que te va a encantar el lugar que he elegido.

-Bueno, no me queda otra que confiar en ti plenamente.

Mientras no me lleves a Fernando Poo...

-No, cariño, eso ya pasó, eh.

Vamos a disfrutar lejos de Acacias.

Después de todo lo pasado, merecemos unos días de descanso,

pensando en nuestro futuro.

-¿Y...

qué es lo que esperas ver en ese futuro?

-"El compromiso no es un truco".

Tan solo me conformo con poder ayudarte.

-Eres un buen hombre, Samuel.

Y yo me he portado como una ilusa.

No he visto que lo que nos ocurre

es imparable.

-"Estoy pasando las de Caín".

"Es que le tengo delante"

y me entran unas ganas de abrazarle y de comérmelo a besos

que me pongo mala.

-Lolita, hija, entonces, cede, lánzate a sus brazos.

No importa el tiempo que paséis,

sea mucho o poco, debéis ser felices.

Mañana es la procesión de la Virgen de los Milagros.

¿Qué broche me debo poner?

No quiero que sea ni demasiado sencillo

ni demasiado ostentoso. -Puede llevar el que más desee.

Lo de nuestros talleres tiene un acabado exquisito,

según dicen.

Y además, todo es suyo.

-Tienes razón en las dos cosas.

Cualquier pieza que me ponga, me irá bien.

Y todo lo de esta casa

me pertenece.

-"Y tú, hijo,"

¿a qué aspiras con esta muchacha?

Hace tiempo que colgó los hábitos.

Puedes ser sincero conmigo.

¿Piensas pretenderla?

-No.

Le tengo mucho aprecio,

pero solo la quiero como amiga.

-¿Estás seguro de ello?

-"Úrsula se ha hecho fuerte nada más llegar".

Por eso se comporta como la dueña de todo el edificio.

-Eso es lo único que le importa: controlar a los que la rodean.

-Como en nuestra casa,

tiene a mi padre y nuestro negocio.

Es que esta mujer no tiene ningún punto débil.

-Carece totalmente de sentimientos, Samuel.

Y eso le da ventaja sobre los demás.

-No me puedo creer que sea tan lista. Encontremos su talón de Aquiles.

-Intuyo...

dónde puede guardar algo de nuestro interés.

Quizá ahí esté su debilidad.

Solo tenemos que hacernos con ello.

-"Lolita, lo estoy pasando mal".

Estoy convencido

de que si me abrazaras,

pues, al menos por un instante,

todo se desvanecería.

-Ni que una fuera la purga del tío Benito, que todo lo cura.

-No te chancees,

que lo estoy pasando muy mal, y ahora, más que nunca,

necesito tu afecto.

-Yo nunca podría reírme de usted.

-"Comprueba que mi madre no regrese".

-¿Qué estás buscando? -Algo que pueda sernos de utilidad.

-¿Tienes idea de lo que puede ser?

-No. Pero me fijé que guardaba algo en un maletín,

algo que guarda con recelo y de lo que apenas se separa.

-Será muy difícil encontrarlo.

Tu señora madre es muy precavida.

-No, no lo es tanto.

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  • Capítulo 582

Acacias 38 - Capítulo 582

17 ago 2017

Un mes después: Gran expectación en el barrio por la llegada de los vecinos que van a ocupar el piso principal. Al final quien llega no es otra que Úrsula, acompañada de Jaime, Samuel y Blanca. La distancia entre Samuel y Blanca se ha estrechado a lo largo de este mes. Vence el plazo que Arturo concedió a Antoñito para que le devolviera el dinero después de descubrir que todo era una estafa. El Palacios acude a Víctor, pero éste le niega su ayuda. Lolita se mantiene firme y no permite que Antoñito se acerque a ella. La suma del rechazo de Lolita y la amenaza de Valverde, hacen que Antoñito se plantee irse para siempre de Acacias. Casilda y Lolita montan un plan para animar a Fabiana. Deciden hacerle recuperar su pasión por el trabajo en el quiosco. Un pequeño temblor sacude Acacias. El miedo se extiende entre sus habitantes.

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    Capítulo 595 06 sep 2017 Blanca acepta la propuesta de matrimonio de Samuel y él le entrega la joya que estaba haciendo como anillo de compromiso. Diego soporta sus celos y comparte su dolor con Simón.
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  1. Leyla

    Que Horror tampoco hoy no hay novela , ni para el atentado la blocan y por tonterias si ¿¿¿¿

    21 ago 2017
  2. Mary

    Y hoy q ha pasado q estaba la vuela ciclista España y no hay novela..

    21 ago 2017
  3. Vivian38

    En este juego de ajedrez la idea del coronel rescatando a Cayetana es fenomenal. Grande, Linda, es perfecto. Elvira debe enviar grabaciones a Simón, no a su padre. Esperemos que Carmen llegue a ser la que acabe con Úrsula, y si no, que sea Diego Alday quien lo haga. Que Blanca no se enamore de Diego. Él es muy parecido a Cayetana. Agradecida con la novela por aclarar el origen del trago Cuba Libre. Muchos piensan que tuvo su origen a principios de los años 1950s.

    21 ago 2017
  4. Micaela

    Gracias Angela no habia visto tu respuesta hasta ahora...aquí es la primera vez q pregunto algo...muy amable un saludo desde Tenerife

    21 ago 2017
  5. Arancha

    En mi casa nos juntábamos para verla pero ya pasamos ,menuda rallada . Ahora no quiere verla ni mi abuela, dice que te tiras un mes sin verla, vuelves y casi está igual .¿¿¿¿

    21 ago 2017
  6. Angela

    Denada, Micaela.

    19 ago 2017
  7. Maribel

    primero que nada no me ga gustado como terminó la mala de gaytana. si es que murió...porque no pago por sus crímenes ni los reconoció...y lo otro no me gusta nada el papel de Ursula...se quedó muy señorona y Teresa se fue supuestamente y nunca supo la verdad de lo que pasó en realidad...esta novela la verdad aburre y no tiene fin .

    19 ago 2017
  8. María

    Un poco más de garbo por favor que la telenovela termina por aburrir.

    19 ago 2017
  9. Linda

    Cayetana volverá! La rescató el coronel!! Era el único capaz y para demostrar su lado humano... para seguir la trama!!!!

    19 ago 2017
  10. rake

    Demasiadas desgracias ocurren en esa película! !!! Ya la vida es demasiada amarga...

    18 ago 2017