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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 578 - ver ahora
Transcripción completa

Comisario,...

ya he dejado con los sanitarios al hombre que hemos sacado de aquí.

¿Estaba vivo? No sé si por mucho tiempo.

"¿Y quién era? Solo sé que su nombre era Jaime".

Úrsula. ¿Ha visto lo que ha ocurrido?

-Una desgracia, doña Susana. Una verdadera desgracia.

-"Esto es el averno".

El averno es la morada del diablo. Nunca mejor llamada esta casa.

Tenga respeto.

Me temo que doña Cayetana ya no vive para defenderse.

Se refugió del fuego en el despacho y fue una mala decisión.

¿Han encontrado a mi hija? -No.

-¿Y si huyó? ¿Y si no estaba allí?

-Me gustaría poder darle esperanzas, señora Fabiana, pero no las hay.

Hemos encontrado su alianza.

Su hija pereció en el incendio.

Díganme, ¿qué se les ofrece?

-Bueno, en realidad es ella quien viene en su busca.

Creo que lo mejor será que les deje a solas.

¿Cómo está? -Muy grave.

No saben si vivirá.

-Es un hombre fuerte.

-"Entiendo que me rechaces".

Me fui sin darte ninguna explicación,

pero solo deseo tu perdón. -Mire,...

yo a usted no la he visto nunca en mi vida.

Así que, haga el favor de marcharse.

-"No sabemos si la paciente...".

se recuperará.

Puede... Puede tener secuelas de por vida.

Puede incluso que muera en las próximas horas.

No. No está en nuestra mano hacer nada.

Solo esperar y ver su evolución.

Siento darle tan malas noticias.

Lo siento, mi amor.

Lo siento.

Fabiana.

Sabía que te encontraría aquí.

Lo siento mucho.

Susana me ha contado que el comisario Méndez

te ha dicho que puede que no se encuentren los restos de Cayetana.

No me imagino por lo que debes estar pasando.

-Todavía no han terminado.

-¿Has hablado con ellos?

-No me he atrevido, señora.

No sé qué haría si me dicen que no voy a poder dar tierra

a mi niña.

La vida fue muy injusta con ella, señora.

Siempre en boca de todos.

Siempre,... y perdone la señora,...

echando basura sobre ella.

Todos la odiaban y le cargaron crímenes que ella nunca hizo.

-No pienses en eso ahora, Fabiana. Ya ha dejado de sufrir.

-Y no he de pensar, señora.

Puede que no fuera perfecta.

Que tuviera sus pecados, sus manías.

Puede que fuera altiva y desdeñosa.

Pero era mi hija. Nacida de aquí, de mis entrañas.

-Fuiste una madre luchadora, quédate con eso.

-¿Una madre?

Nunca pude decírselo. Nunca.

Y ahora que ya empezábamos a entonarnos, ahora que de verdad

la podía haber cuidado, mimado, llamarle "mi niña"

delante de todo el mundo, ahora se me va.

Se me va... sin que me dejen nada que sepultar.

-Hablaré con los bomberos.

Preguntaré si han encontrado algo.

-Dios se lo pague, doña Celia.

Y que, además, haga un milagro y me deje algo de ella.

Algo a lo que poder despedir, algo a lo que poder dar tierra.

Adela.

Adela, espere.

¿Qué ha pasado, por qué no quiere hablar conmigo?

-Déjeme. -Sosiéguese.

¿Qué ha sucedido con Carlos?

Supongo que no ha sido plato de su gusto, y está en todo su derecho

a callarse, pero...

quizá yo le pueda servir de consuelo.

-Me ha rechazado.

Dice que no quiere saber nada de mí.

-Vaya.

Ha pasado mucho tiempo, quizá ese hombre se ha aturdido

con su repentina presencia.

-No sé, ya no sé qué pensar.

-¿Qué le ha dicho exactamente?

-Insiste en que no me reconoce.

Que no... sabe quién soy.

¿Usted cree que está despechado?

¿Que trata de hacerme daño con su desprecio?

Ni siquiera me ha dejado explicarme.

-Es posible, no... lo sé. No lo conozco, lo siento.

Quizá...

le doliera en exceso en su momento, no lo sé.

-¿Tanto daño le causé?

¿Tanto dolor ha guardado?

"No sabemos si la paciente... se recuperará".

"Puede... "Puede tener secuelas de por vida".

"Puede incluso que muera en las próximas horas".

No puede ser.

No puede ser.

No te vas a morir, mi amor.

Tú no te vas a morir.

Lucha, mi amor, lucha.

Lucha por tu vida.

No te dejes vencer ahora.

No ahora que hemos llegado al final de nuestros empeños.

Cayetana está muerta.

¿Me estás oyendo, mi amor?

Está muerta.

Por fin podemos vivir nuestro amor sin sombras.

Tú,...

el niño que esperas y yo.

Hazlo por él.

Hazlo por mí.

¿Me oyes, mi amor?

¿Me oyes?

Teresa, yo te quiero.

Teresa, no me dejes solo. No me dejes solo.

No me dejes solo.

¿Qué le han dicho? ¿Han encontrado algún resto?

-No es fácil para mí, ya sabes que yo también la apreciaba.

-No han encontrado "na" de "na".

-Han confirmado lo que decía Méndez.

Las temperaturas durante el incendio eran tan altas,

que lo que pudiera quedar,... se ha consumido.

No hay restos.

Lo siento.

-Usted no tiene culpa de "na", señora.

-No es culpa.

Son los años que he pasado junto a ella.

La echaré de menos.

Ni siquiera me puedo imaginar que no la vaya a volver a ver.

(LLORAN)

-Adiós. Adiós, mi niña.

Adiós.

-Fabiana. ¿Fabiana? ¡Fabiana!

Fabiana. Fabiana.

¡Ayuda!

Ayúdeme.

Dele aire.

Traigan agua, por favor.

Fabiana.

(SILBA)

Hale, pues ya está todo aviado para que se queden esta noche

en la casa, doña Trini.

Lo he dejado todo más limpio que una patena.

Se pueden comer sopas hasta en los rincones.

-No.

No te vayas, que me tienes que echar una mano.

Necesito tu ayuda.

-Pero ¿de verdad o es otro truco suyo para pelar la pava?

-Palabrita del Niño Jesús. -Bueno.

No termino de creérmelo, pero venga. Deme pelos y señales.

Verás, el caso es que mi hermana nos ha visto

hacer alguna de nuestras carantoñas.

-¿Nuestras carantoñas?

De sus carantoñas, que una no ha "carantoñeao" ni mu.

-Bueno, lo que quieras. El caso es que nos ha visto.

Y ella, que es tan suspicaz, ha querido saber hasta dónde

llegaba nuestra relación. -Huy, pues a ningún lado.

Porque no hay relación ni Cristo que lo fundó.

-¿Ah, no? -No.

-¿Y la cena y el baile?

-Pues la cena y el baile...

una enajenación, una chaladura de doña Trini, suya, mía.

-Bueno, lo que tú digas. El caso es que María Luisa

ha interrogado a Víctor y, este le ha contado una mentira

que yo tildaría de bien intencionada.

-Ya.

Madre del amor hermoso, pero ¿qué le habrá contado Víctor?

¿"Pa" qué tiene que estar el chocolatero metido en el fregado?

-No, Víctor nos está ayudando.

Le ha dicho que tú y yo estamos pasando tanto tiempo juntos,

porque te estoy dando clases de inglés.

-A mí. Clases de inglés.

Pero si acabo de aprender a leer castellano hace dos días.

-Bueno, mujer, deberías alegrarte, porque si agarramos este cabo,

María Luisa dejará de sospechar.

-Pero es que entre nosotros no hay "na".

¿Está usted sordo o tiene menos memoria que un mosquito?

Ayer le dije que cada uno por su lado.

-Ya. Pero es que no te escucho.

Porque leo tu corazón.

Y él me dice que sientes algo por mí.

-Qué matraca, ¿eh?

Que no. Que no siento "na".

-Bueno, que lo que tú quieras. El caso es que si te preguntan,

¿vas a decir que te estoy dando clases o no?

-A vosotros dos quería ver yo. -¿A mí, señorita?

Pues si me tiene muy vista.

-A los dos juntos, quería decir.

Me he enterado de que habéis organizado unas clases de inglés.

Y a mí también me gustaría aprender el idioma de Shakespeare.

¿Me enseñarías, hermanito?

(Puerta)

Vengo de hablar con el doctor.

Y casi no me sostienen las rodillas.

-Dígame de una maldita vez qué le ha dicho.

-El pronóstico es poco alentador.

Tu padre inhaló mucho humo durante el incendio, pero...

eso no es lo peor.

Tiene una fuerte contusión en la cabeza,

que es lo que le mantiene inconsciente.

-¿Tiene idea de cuándo podrá levantarse?

-No saben si podrá hacerlo algún día.

En todo caso,... no se alzará a corto plazo.

-Hablaré con ese doctor yo mismo. Tiene que haber alguna esperanza.

-Samuel, no te molestes.

El doctor acaba de entrar en quirófano y no está disponible.

Pero te aseguro que te he transmitido palabra por palabra

lo que él me ha dicho.

-¿Cuáles son las perspectivas, entonces?

-Cuando su vida esté fuera de peligro,

si es que consiguen salvarlo,...

nos lo llevaremos a casa esté como esté.

Si queremos que algún día despierte, necesita una atención

mucho más cercana que la que le pueden dar aquí.

-Lo siento, Samuel.

De veras, lo siento.

Tanto o más que tú.

Pero hemos de ser fuertes.

Y enfrentar la verdad a cara descubierta.

La vida de tu padre, a partir de ahora

será una eterna agonía.

De nada sirven los paliativos y...

de nada sirve que nos quedemos aquí como monjes contemplativos.

-¿Quiere que me vaya de su cabecera?

No, lo siento.

Nada ni nadie hará que me separe de mi padre.

No le abandonaré, no me rendiré como usted.

-Como prefieras.

Pero tarde o temprano llegarás a la misma conclusión

a la que he llegado yo. -No señora, no.

Son otras las conclusiones que averiguaré.

Averiguaré lo que sucedió en ese incendio.

¿Sabe usted qué hacía mi padre en casa de la tal señora Sotelo Ruz?

¿Lo llevó usted allí?

-Permíteme que te hable con total franqueza.

Tolero tus insinuaciones porque sé que estás muy dolido.

Pero es mi obligación advertirte que estás desvariando.

Nada tengo que ver con esa tragedia, ¡nada!

¡Por amor de Dios, es mi marido!

-Mucho mejor para usted.

Su marido. Qué despropósito.

-Realidad, no despropósito.

Permíteme que te dé un consejo.

Actúa como un hombre, hazte a la idea de que tu padre va a morir

y ponte al frente de la casa.

Y más pronto que tarde,... agradecerás mi ayuda.

-Mi padre no va a morir por mucho que usted lo repita.

-Piensa como gustes.

Vámonos, Blanca. -No.

-¿Qué quiere decir que no? Vamos a casa ahora mismo.

Nada tienes que hacer aquí.

-Acompaño a Samuel.

Él me ayudó cuando lo necesitaba y, es justo que ahora yo haga lo mismo.

En la medida de lo posible.

No voy a dejarle solo.

-Me temo que es usted la que está de más.

Márchese.

(HABLA EN INGLÉS) "I have a ham".

A ver, las jotas un poco más suaves. Como si estuvieras exhalando aire.

-¿Como qué?

-Como si estuvieras echando vaho a la plata.

Es muy fácil, y muy importante. Porque a los españoles

siempre se nos reconoce por las jotas. "I have a ham".

-"I have a ham".

-Bueno, sí, más o menos. A ver tú.

María Luisa: "Yo tengo un jamón". "I have a ham".

-Menuda tontería.

¿Para qué necesito yo decir que tengo un jamón?

-Porque es un método de aprendizaje.

Lo que pasa es que desdeñas mis enseñanzas porque demuestran

que eres más dura de mollera que Lolita.

A ver, Lolita, "I have a ham".

-"I have a ham".

-Lolita,...

¿y desde cuándo tienes tú este ansia por aprender?

-Huy, de toda la vida. -Pues no me parece

propio de subalternas eso de querer saber más que los señores.

-No digas majaderías, hermanita, por favor.

-Esa no es mi intención. Que una sabe cuál es su sitio.

Si una quiere ser más lista, pues es para sentirme más orgullosa.

Por eso empecé a aprender las letras con la señorita Teresa.

Pobrecita mía, que le vaya bien.

Vamos, que si por mí fuera y si tuviera cuartos, hundiría la nariz

en los libros cada vez que pudiera. -Pues eso es digno de admirar.

Sí, tu fuerza de voluntad, tu inteligencia,

tus ganas de prosperar. A eso se le llama progreso.

-Simplezas. Si le llamas progreso

a que los de abajo pasen arriba y los de arriba, abajo,...

Cada uno tenemos nuestro lugar en el mundo.

Y si nosotros andamos trastocando el orden, Dios nos castigará.

-Eso es un disparate. Y por eso este país no levanta cabeza.

Lolita tiene derecho a progresar.

-No discutan por una, señoritos.

-Oh, pero qué aplicados que os veo a los tres.

-No, no, no te levantes, Lolita. ¿Qué estabais haciendo?

-Pues discutir de memeces, padre.

-Les estaba dando clases de inglés. Lolita tiene mucho talento...

para las lenguas foráneas.

-Y para otros muchos menesteres.

-Antoñito, no seré yo el que te quite las ganas de ayudar al prójimo.

Puedes seguir enseñando, pero nunca abandonando tus obligaciones

y tus negocios.

-Ramón, por favor, no seas sieso. Es bueno que la juventud

se distraiga después de la tragedia. -Pues si yo eso lo comprendo.

Ya sé que todos estamos un poco trastornados

por los últimos acontecimientos que hemos vivido.

Pero precisamente por eso, lo mejor que podemos hacer

para retomar nuestras vidas, es volver a la rutina.

Y la rutina de Antoñito es seguir formándose y seguir sacando adelante

sus flamantes negocios. -Sí, padre,

si ese siempre ha sido mi norte. -Pues mejor que así sea,

porque queramos o no, ya vas teniendo edad de formar una familia.

Y habrá que ir buscándote una señorita de nuestra alcurnia

y nivel.

-Ay, Ramón, por favor, ¿eh?

Pero ¿dónde te has dejado el romanticismo?

Que Antoñito no necesita que le busquemos ninguna señorita

de ninguna alcurnia, que Antoñito encontrará a su media naranja

y se casará por amor.

-Lo mejor para su rango y sus negocios sería un matrimonio

con una hija de una buena y valiosa familia.

-¿Y desde cuándo piensas eso?

¿Desde que casaste con una manicura o desde antes?

-Eso es distinto. Yo soy yo y Antoñito

pues es otro, cada cual lo suyo.

Además, Antoñito es más de medrar, de planificar cada uno de sus pasos.

¿Verdad que tú eres un finolis? -Yo soy un poco de medrar, sí.

-Un poco y un mucho.

Que digo, don Ramón, que usted está en lo cierto.

Que el señorito Antoñito necesita una novia de su categoría.

Una señorita con distinción.

Y más bonita que la Virgen cuando la visten de azul.

-Bueno, que vamos a seguir con la clase.

-Venga, vamos, Ramón.

-Ave María Purísima. -Sin pecado concebida.

¿Desea usted algo? La sastrería está cerrada.

-No vengo a vestirme, como imaginará.

Nuestros hábitos nos los cosemos nosotras mismas.

Soy sor Genoveva, la Madre Superiora del convento que hasta hace poco

albergaba a sor Adela. -Ay.

Si puedo ayudarla en algo, Madre.

-Bueno, espero que sí.

Estoy buscando a sor Adela.

Y, como sé que trabajó para usted por mediación del bendito párroco,

he pensado que quizá usted podría saber algo de su paradero.

-Verá usted, Madre, yo... -Mire, yo le quedaría muy agradecida

con cualquier dato que pudiera proporcionarme.

Se trata de recuperar a una de nuestras hermanas.

Adoradoras de Cristo.

Una hermana joven necesita nuestra dirección y consuelo.

-Sí, eso sí que lo puedo entender.

Todas las jóvenes necesitan de dirección

y de la inspiración del Señor.

-Y sor Adela más si cabe.

Le confieso que no sé qué hacer con esta hermana.

Si no he venido antes, ha sido por darle unos días de asueto

para ver si volvía a escuchar a Dios, recapacitaba...

y volvía al claustro por voluntad propia.

Pero ya he perdido casi toda esperanza.

-Y ha venido como pastora para recuperar a la oveja descarriada.

-Es mi obligación para con el convento y para con Dios.

¿Tiene usted noticias de ella?

-Aquí no está, Madre. Y no dude de mi palabra.

Soy buena cristiana.

-A ver, no le he negado eso, pero también sabrá, no sé, quién la aloja

o quién la protege o aturde. -Aturdirla nadie.

Que Adela tiene sus ideas propias, como usted debe saber bien.

Aquí nadie le ha hecho mal, al contrario,

todo el barrio la ha tratado con mimo.

Pero sí,... sé dónde se aloja.

La ha recogido una vecina de Acacias.

-¿Sería tan amable de darme sus señas?

-Eso es fácil, pero ha habido un contratiempo.

Ayer mismo hubo un incendio en esa misma finca.

-Dios mío. -Y sus vecinos

no han podido pernoctar en sus residencias.

En este momento, lo siento mucho, pero no tengo ni idea

de dónde puede estar sor Adela.

-Pero ¿ella está bien, le ha ocurrido algo?

-Descuide, que sor Adela no ha sufridoni un rasguño.

-Gracias a Dios. Voy a intentar encontrarla.

¿Sería tan amable de indicarme el nombre de la vecina que la acoge?

-Doña Celia. Acacias 38.

Pregúntele al portero.

-Muy agradecida.

Según parece, todos los vecinos, no solo los Palacios,

van a poder volver ya a sus casas.

-¿Han dicho algo ya los bomberos sobre la seguridad de la finca?

-Bueno, han apuntalado el edificio, para evitar

que la gente corra peligro.

Qué accidente más extraño, ¿verdad?

Extraño y estrepitoso.

¿Qué pudo explotar en casa de Cayetana?

Y más extraño aún, ¿qué hacía ahí Jaime Alday, el joyero?

-Razón lleva usted, que tanto cabo suelto, daría argumento

para una novela.

-Bueno, es que todo en la vida de Cayetana

siempre tuvo un aire de ficción. Sus enredos, su maquiavelismo.

Ay, hija, todavía no me creo que esté muerta.

-Yo...

A ver, no quiero decir que me alegre, que una muerte

siempre es una tragedia, pero sí que hay algo bueno en todo esto.

Y es que el accidente ha aplacado la sed de venganza de Pablo.

Y llevaba un tiempo temiendo que cometiera una barbaridad.

-Eso ya estaba solucionado.

El comisario Méndez iba a detenerla esa misma noche.

-Sí, lo sé. Si ya nos informaron, pero Pablo no estaba tranquilo.

Él pensaba que Cayetana ha demostrado en un sinnúmero de veces

que es capaz de escaparse.

Temía que se escapara, o que finalmente saliera de rositas.

-Rositas le van a echar a ella encima.

Ay, perdón, Dios, ¿eh?

Perdona a esta boca, que habla sin pensar.

-¿Y ya la han dado oficialmente por fallecida?

-No, la policía, por lo que sé, no se ha pronunciado públicamente.

Pero se rumorea que su cuerpo ha quedado tan calcinado,

que no se va a poder presentar ni los restos.

-Ay, Dios mío.

No puedo ni pensar en cómo estará Fabiana.

No debe haber castigo mayor, que perder un hijo

y no poder ni siquiera enterrarlo.

-Y el sufrimiento de Fabiana no acaba sino de empezar.

Lo sé bien. Sé bien de lo que hablo por tu padre.

Tú también lo sabes.

A veces recordamos más a los muertos que a los vivos.

-A ver si entre todos hacemos que la "señá" Fabiana se anime.

Ahora en el altillo tenemos dos tareas,

hacer que la memoria no le pese tanto a la "señá" Fabiana y bueno,

conseguir que la "señá" Carmen salga para delante.

-¿Carmen, quién es Carmen?

-Tome, doña Rosina, era la que era criada de doña Cayetana.

Que si vieran ustedes la historia que arrastra...

-¿Otra criada maltratada?

-Peor. Peor.

Su historia es más enrevesada, que las del Conde de Montecristo.

Que yo lo conozco porque como el Martín junta letras, pues lee.

-¿Vas a contarnos ya lo que sabes de Carmen?

-Sí, señora.

-¿Hoy? -Faltaría más, doña Rosina.

Bueno, el caso es que la "señá" Carmen nació siendo señora.

Y con posibles.

Lo que pasa es que...

los hermanos no repartieron la herencia de los padres con ella.

Y luego se echó un marido, que el pobre hombre era una calamidad

en los negocios. -Otra novela en ciernes.

¿Y cómo llegó a casa de Cayetana? -Porque la "señá" Fabiana

se la encontró en la calle pidiendo.

Y con más hambre que un perrito chico.

-Qué desgracia.

Una señora de criada. Mira, no me imagino nada peor.

-El caso es que...

dada la tragedia, doña Rosina, servidora se preguntaba

si usted sería lo suficientemente misericordiosa

como para permitir que la "señá" Carmen

se quede en el altillo hasta que encuentre faena, la mujer.

-Pues claro, Casilda, claro que te permito que la alojéis.

Es más, me gustaría que la trajeras a casa para conocerla.

Leonor, ¿no te pica la curiosidad a ti también?

Tú misma has dicho que es una novela en ciernes.

Y por ayudar.

-Sí, claro, madre.

Sí, me encantaría saber más de Carmen.

¿Doña Celia?

Doña Celia, ¿está usted en casa?

-Me hubiera gustado despedirme de doña Celia.

Es... todo bondad y candor.

Pero si ni siquiera sabemos cuándo va a regresar,

mejor cojo mis cosas y me marcho. -No.

No, Adela, no lo voy a permitir.

No está usted en condiciones de tomar en estos momentos

decisiones tan comprometedoras. Es la tristeza que la embarga,

no sus verdaderas intenciones. -Necesito volver al convento.

No voy a cambiar de opinión.

Nada más que pesares me ha dado esta vida a extramuros.

-A ver, ¿no le ha dado nuevos amigos,

nuevas ocupaciones, más vida?

Ni siquiera había visto prenderse una luz,

ni sabía que había tranvías. -Cosas mundanas que no necesito.

-La vida, Adela, la vida. No son cosas mundanas.

Le rogaremos a doña Celia que la siga acogiendo.

Deje pasar un tiempo, medite, reflexione.

Y si en unos días...

sigue usted queriendo encerrarse de nuevo, yo misma le acompañaré

a las puertas de ese convento. -No. No, poco hay que meditar.

Simón,... he sido, he sido una estúpida.

Y me arrepiento de todo.

No debí contarle nada acerca de Carlos.

No debí dejarme convencer para buscarle.

Lo mejor hubiera sido no salir nunca del claustro.

-Es el despecho el que habla por usted.

Pero la vida es para vivirla, no tema.

También tiene sus cosas buenas. -¿Es vida vivir sin Elvira?

-Es una vida más dura.

Y más penosa, sí. Pero es una vida al fin y al cabo.

-Pues esa vida será para personas de otra índole, no para mí.

Yo necesito la disciplina del convento.

Sentirme a bien con mi Dios.

Volver al lugar al que me destinó mi padre.

-Sus palabras no se corresponden con lo que veo en sus ojos.

Unos ojos llenos de ansias por vivir.

Por conocer, Adela, por sentir.

-No me cree cuando le digo que necesito saber

que me protegen los muros del convento.

Pues créame, Simón, lo necesito.

-Y quizá sea así, sí, pero lo necesita por comodidad.

Es mucho más fácil que te digan cómo y cuándo hacer las cosas.

Sin pensar, sin apenas sentir, y así no sufrir.

Pero esa es una vida a medias.

Opte por abrirse al mundo, dejar que le acaricie,

incluso que le dañe, pero viva.

-Está usted muy confundido.

Lo siento, le estoy diciendo la verdad.

Y si no quiere verlo, allá usted.

Recogeré mis cosas.

Simón, qué alivio encontrarle. Mire con quién vengo.

Es sor Genoveva. La superiora de Adela.

-Lo sé.

-Me estaba buscando para dar con Adela.

Al parecer, en el convento la esperan con los brazos abiertos.

-¿Sabe si está en casa?

-Adela está en su habitación.

-Madre.

Madre, por favor, perdóneme.

-El perdón deberás demandárselo a tu confesor.

-Eso será lo primero que haga.

-¿Crees que puedo abandonar a todas las hermanas y venir

a buscar a una descarriada?

-Estaba preparando el equipaje para regresar.

-¿Crees que con eso ya todo está solucionado?

No, hija mía, no.

El pecado ha sido muy profundo.

No tenías ningún derecho a preocuparnos como lo has hecho.

No tienes ningún derecho a decepcionarme.

No será fácil olvidar el mal ejemplo que le has dado a las novicias.

Ellas, que acuden al convento con su corazón tan limpio...

-Me arrepiento mucho, Madre.

Y aceptaré la disciplina que quiera imponerme.

Recogeré mis cosas y nos vamos.

-Dios lo ordena así.

Has sido demasiado insensata. Date prisa.

Te esperaré fuera.

-Simón, acompañe a sor Genoveva a la puerta.

-A sus órdenes, señora.

Sigues por aquí.

Tendrás gusa, ¿no? Anda, que vaya pregunta la mía.

Bueno. Mira.

Te voy a dar esto para que empieces mejor el día.

Pero no te lo comas tú todo, comparte con tus hermanos.

Con Dios.

-Casilda.

¿Quién es ese zagalillo que cuidas con tanta caricia?

-Es un muchachito que pide en la calle desde que murió su madre.

-Y el padre a la fuga, como si lo viera.

-Casi. El hombre, cuando enviudó, se echó al morapio.

Y los muchachos, los rapaces, que son varios hermanos,

van a pedir a la calle por no morirse de hambre.

-Nada bueno ni largo puede salir de una criaturilla

tirada en la calle.

-Pues tampoco hay nada bueno en estos tiempos que corren, Lola.

Ni que fuera la primera vez que ves a alguien pedir.

-No, si no es tanto agobio por el muchacho, que ya vengo yo agobiada

por la tozudez del Antoñito.

Que tiene la testa muy dura. Que no se da por vencido.

-Pues sería el primer señorito que parara sus pies.

¿Qué es lo que ha pasado?

-Pues "na", que me enredó "pa" cenar en casa los Palacios.

Y ahora no me lo despego. Todo demandas y promesas.

-Decías que te gustaba.

-Una cosa es que me guste, Casilda, y otra cosa es el amor.

Que no quiero estar con él.

Nada se me ha perdido a mí en su mundo.

-Te veo muy alterada, Lola. ¿Por qué te da tanto miedo?

-Si es que ya no es lo que me pasa a mí, si le correspondo.

Es también por la familia,

que pondrían el grito en el cielo, como las alondras.

Y don Ramón pues sacaría a relucir los dineros que se ha gastado

en la educación de su hijo, como para acabar con una criada.

Un acabose, Casilda, un sin Dios el Antoñito.

Y que no quiero seguir hablando.

-Lola,...

por los nervios que te traes y la pena que te veo que tienes,

tú estás enamorada hasta las trancas.

-Eso sí que no, ¿eh? Eso ni mentarlo.

El amor, cuanto más lejos, pues mejor.

No ha nacido amor para Lolita.

Es el mejor hombre que he conocido.

Ha sido...

Es... un padre ejemplar.

No sé qué habría hecho en la vida sin él.

-¿Qué fue de su madre?

-La perdí de muy niño en un trágico accidente.

Casi no tengo conciencia de aquellos días.

Por lo mucho que me afectó...

De no haber sido por él,...

dudo que ni mi hermano ni yo hubiéramos salido adelante.

-Así que, don Jaime ejerció de padre y de madre.

-Mucho más. No se limitó a cuidarnos.

Se esforzó por ser un ejemplo para nosotros.

Un ejemplo de honestidad, de trabajo incansable,

de bondad.

Hizo de nosotros la mejor familia que usted pueda imaginar.

Y eso que mi hermano... tiene un carácter difícil.

-Debe usted quererle mucho.

Diego, he oído que se llama, ¿verdad?

-Mi padre supo dirigir su excesiva energía,

su ímpetu,

hasta que encontró un lugar en el mundo.

-¿A qué se dedica?

-Sigue en la empresa familiar.

Pero con unas atribuciones que se adecuan más a su carácter.

Viaja por el mundo en busca de materia prima para nosotros.

Piedras preciosas.

-Qué emocionante debe ser eso de viajar.

A mí me gustaría recorrer el mundo entero, se lo aseguro.

¿Y no quiso usted seguir los pasos de su hermano?

-Bueno, alguien tenía que quedarse con él.

Además,... el aventurero de la familia es Diego.

Yo nunca me he separado de mi padre.

Ni lo voy a hacer.

-Qué bonito amar así a un padre.

O a una madre.

-Quererle a él es fácil.

Es un hombre ejemplar.

Además, es un artista.

Le admiro por ambas cosas.

Las joyas que crea no tienen parangón.

Me he pasado la vida... aprendiendo de él.

Anhelando verle trabajar.

Verle crear.

-A mí también me gusta...

cuando se pone a dibujar en ese cuaderno suyo.

-Ese cuaderno de cuero es una joya en sí mismo.

Darían fortunas por esa libreta.

Hojearlo...

me inspira.

Me hace ser más grande.

No quiero perderle, Blanca.

No quiero.

-Gracias.

Esto habría sido insoportable sin su presencia.

Sin su paciente compañía.

A pesar de todo, ha tenido usted suerte.

Sabe lo que es el afecto de un padre y de una madre.

Yo... no tengo idea de cómo ha de ser.

Lo sé. Lo siento.

Pero su madre debe de quererla.

A su modo. -¿Qué modo?

¿Despreciándome? ¿Metiéndome en un manicomio?

Para que perdiera la razón.

-¿Por qué la encerró? Está usted muy cuerda.

-Ella no pensaba lo mismo.

Y yo no he sabido lo que es tener una familia.

-Nunca estuvo usted enferma, ¿verdad?

-Si se le llama enfermedad a crecer...

A convertirme en una niña con su propio carácter y su propia opinión,

entonces sí, estuve enferma.

Enferma de vida, de ansia por saber y sentir.

Y eso...

me hacía discutir con mi madre, negarme a sus mandatos.

Y ella no podía consentirlo.

Me internó.

-Lo siento en el alma. -No tiene usted la culpa.

Además,...

puede que yo haya tenido mi parte de suerte.

Mi madre,...

Úrsula,...

Úrsula tenía que castigarme por mi rebeldía.

Podía haberme matado y, se limitó a encerrarme.

Ya ve.

Los dos fuimos afortunados.

Pero algo he ganado.

No volveré a sentir miedo. Ni por mi madre ni por nadie.

¿Sabe?, a su lado, con su protección, me he sentido libre

por primera vez en mi vida.

Es usted mi ángel protector.

Solo le falta la espada.

-Gracias, Blanca.

Es un placer tenerla cerca.

-Entonces el placer será mutuo.

Porque no pienso separarme de su lado, suceda lo que suceda

con su padre.

He querido informarla yo personalmente

porque me ha contado Felipe la estrecha amistad

que le unía a doña Cayetana en el pasado.

-Pues se lo agradezco mucho. Es cierto que fuimos muy amigas.

-Pues bien,

según el jefe de bomberos, con el cual me he reunido

para que me rindiera su informe, la explosión debió de producirse

en la zona de la cocina. -¿Una explosión?

Pero ¿a qué pudo deberse? -No se sabe.

Una bolsa de aire en la cocina, un atasco en el tiro de la chimenea.

No hay prueba que lo corrobore.

Pudo ser un fallo eléctrico, pero es imposible

determinar las causas de la detonación,

por el deterioro del piso. -¿Y ha quedado afectado el edificio

o las casas colindantes?

-El edificio no parece tener daños ni en su basamento ni en su estructura.

Los vecinos pueden regresar a sus hogares con normalidad,

aunque con las debidas precauciones,

que no son otras que apuntalar las bases y las columnas de fuerza.

-¿Y cómo queda la situación legal de Cayetana,

al no haberse encontrado el cuerpo?

-Doña Cayetana Sotelo Ruz,...

o cualquiera que sea su verdadero nombre,

será dada por fallecida a todos los efectos.

-Pero ¿no hay ninguna duda sobre...

si se encontraba o no dentro de la casa?

-Ninguna.

Tras las debidas averiguaciones, se ha determinado que se encontraba

en las dependencias incendiadas.

-¿Y por qué no fue encontrada, como sí lo hicieron con Teresa y Jaime?

-La hipótesis es que cometió el error de refugiarse en el despacho.

La salida quedó bloqueada por las llamas casi de inmediato.

La escasa ventilación y el posterior derrumbe, hicieron el resto.

-¿Y se ha desestimado cualquier posibilidad de encontrar los restos?

-Absolutamente.

El despacho se convirtió en un horno del cual le fue imposible escapar.

Con temperaturas tan altas, como para fundir el metal.

Imagínese lo que le pudo hacer a un cuerpo humano.

-Pobre Fabiana.

Ni siquiera va a poder dar cristiana sepultura a su hija.

-Lamentablemente, así es.

Respecto a los casos por los que doña Cayetana

estaba siendo investigada, quedarán cerrados.

Sería un desperdicio de recursos mantenerlos abiertos.

Se publicarán en prensa para su conocimiento público y,

Cayetana será considerada la asesina de Germán, de Manuela,

de Carlota yde Tirso.

-Todos recibirán una tardía reparación de la justicia.

-Sin nombre, sin honor.

Ni siquiera su memoria quedará limpia.

Denos un minuto, por favor.

No se vaya usted, Adela.

Cometerá el mayor error de su vida y se arrepentirá

cuando ya no tenga solución. -Se lo agradezco, pero está decidido.

-Sé que la conducta de su antiguo amor ha sido una decepción

y, no se me oculta que la vida volverá a decepcionarla,

pero eso no justifica que deba vivir encerrada para el resto de sus días.

-Dicho así parece peor de lo que es.

No se trata de un presidio.

Sino... de recogimiento y gloria a Dios.

-No tiene porqué renunciar a Dios el llevar una vida secular,

puede loarle. Pero en el mundo real,

puede además emprender otras empresas.

-No estoy tan segura de ello.

Este mundo es lacerante e implacable.

No creo que terminara encajando. -Eso no es cierto, encajaría.

Ya lo creo que terminaría encajando usted.

Sobre todo porque he visto en sus ojos que siente pasión

por lo que hay fuera de ese convento.

Usted no está hecha para vivir intramuros, Adela.

Hay vida en su alma, lo sé.

-Pero el alma se educa y acomoda.

Dios me ayudará a ello. -No me venga con engaños, Adela.

Usted no tiene vocación.

-Le ruego que no me hable así.

Usted no es quién para hurgar en mi sensibilidad.

-Fue su padre quien la encerró.

Usted no se doblegó a ese encierro por su vocación.

No lo entiende, Adela, nunca va a ser feliz.

Nunca. Y eso es mucho tiempo. -¿Y en el silo sí que lo sería?

No, Simón.

Sin Carlos... y, sin nadie...

Seguiría siendo una mujer sola, dentro y fuera del convento.

No creo que la felicidad esté hecha para mí.

-No se acaba el mundo por un amor truncado, créame.

Vamos, es usted joven. Animosa, inteligente.

Y sé que está mal que lo diga, pero...

bonita también.

¿Quién le dice que no volvería a enamorarse?

-Ya es suficiente, hermana. Nos vamos.

El coche está esperando en la calle principal.

Ya ha tenido su minuto.

-Reconsidérelo. Dese una oportunidad.

Siempre tendrá tiempo de regresar a ese convento.

-Le ruego que modere sus impulsos, caballero.

Y no haga más daño del que ha hecho ya.

Adela debe volver donde mejor está.

Créame. Vamos.

¿Cerráis ya?

-Hombre, ya es hora, ¿no?

Llevamos un día fino.

Todo el que viene a curiosear del incendio, se queda a tomar algo.

-Este negocio es una mina.

Bueno, ya me gustaría a mí verte aquí echando horas.

No aguantabas ni una semana.

Cuéntame. ¿Qué tal lo de las clases?

¿Cómo se le da el inglés a mi María Luisa?

-Pues en realidad, mi hermana no quería aprender idiomas.

Pero se debe oler algo de mi relación con Lolita

y fue para husmear.

-¿Habéis metido la pata?

-No, creo que no, pero mi hermana tiene una imaginación

muy calenturienta. A lo mejor ha sacado sus propias conclusiones.

-Mientras que no comparta esas sospechas con vuestro señor padre.

-Que esa es otra, porque ahora le ha dado por decirme

que quiere que me case con una señorita de alta alcurnia.

-No me digas. Pero ¿él sabe algo de Lolita?

-No. No tiene por qué.

-Pues menos mal, porque si no sí que se te iba a complicar la cosa.

-Otra más. Pero bueno, ya me preocuparé.

-¿Otra más? ¿Qué ha pasado?

-Vengo de hablar con don Felipe.

Su situación no ha evolucionado en las últimas horas.

¿Aún no me sabe decir si va a despertar?

Serían palabras vanas.

Ojalá pudiera darle nuevas esperanzas.

Pero no. Lo siento.

Que despierte o no, solo depende de su voluntad de vivir,

de luchar contra la parca.

Pero su vida,...

la de usted, sí que continuará. Y debe usted cuidarse.

Más le valdría irse a casa un rato y descansar,

asearse, nutrirse. No, no, yo aguanto.

Muy mal hecho.

Por su salud y porque no tardará en correrse entre las enfermeras

la voz de que no es usted familiar de la paciente.

No le descubro nada si le digo que están terminantemente prohibidas

las visitas de personal no autorizado.

Nadie me va a apartar de su lado.

No conoce usted a las enfermeras de la vieja escuela.

Como se empeñen, le pondrán de patitas en la calle,

como que Dios existe.

¿Trata de mandarme a casa por una vía alternativa?

Muy perspicaz, joven.

Ahora no bromeo.

Necesita usted descansar.

La paciente estará bien atendida.

¿Me obedecerá usted?

Está bien.

Ha tomado la decisión correcta.

Mañana será otro día.

(TOSE)

Teresa.

Teresa, mi amor.

Teresa.

O sea, que don Felipe quiere que le devuelvas todo su dinero.

-Hasta el último céntimo.

Tanto la inversión como todas las ganancias.

-¿Y qué le has dicho?

-Pues que lo reconsiderase. Y si me daba un poco más de tiempo,

su dinero crecería como la espuma.

-Pero no se fía. -Al contrario.

Me ha dicho que se fiaba de mí. -¿Entonces?

-Pues de lo que no se fía es del negocio de la bolsa.

Sabe que suele haber problemas de liquidez.

Y para evitarse quebraderos de cabeza, quiere disponer de su dinero.

-¿Y qué has hecho?

-Pues devolvérselo. Que no se diga que no soy un señor.

-Señor despeluchado. Ahora te has quedado sin un real.

-Sí, eso sí.

Mientras que te lo tomes así de bien, mejor para todos.

-No, no me lo he tomado nada bien, pero...

Bueno, conozco como es el negocio y, no hay que perder la cara,

aunque te cueste una úlcera.

-Pero ¿tú ya te olías que don Felipe tenía dudas del negocio?

-Me lo olía a kilómetros.

Gente como don Felipe los hay a cientos.

Quieren invertir, pero estar tranquilos, y eso es imposible.

Los inversores dormimos como niños chicos,

despertándonos cada tres horas y llorando.

-Anda que vaya cuajo que tienes.

-Bueno, es una forma de vida, al final te acostumbras.

No te imaginas los nervios que he pasado para devolverle el dinero.

-Pues te has quedado sin un real. Estás otra vez en la cuerda floja.

-Como un trapecista.

Yo lo único que pido es que no se corra la voz

y que no quieran todos los inversores que les devuelva el dinero,

porque entonces sí que me hunden.

Es un milagro, mi amor. Es un milagro.

Pensé que te iba a perder para siempre.

Hasta he rezado por si un aquel.

Imagínate, yo rezando.

¿Cómo estás, te duele algo?

(TOSE)

¿Puedes respirar? Voy a avisar al médico.

Mauro. ¿Cómo está la criatura?

Bien.

Bien, no ha sufrido. Pero tienes que cuidarte mucho

para que siga siendo así.

Voy a llamar al médico. No te vayas.

Mi amor, necesitas cuidados.

Será solo un momento, Mauro, quédate un momento.

Me voy a quedar toda la vida.

(TOSE)

Mauro. ¿Qué?

Entre brumas,...

como soñando,...

yo también pensé que no te volvería a ver nunca más.

No te fatigues.

Déjame terminar.

En el incendio...

lo que más me aterraba era... perderte.

No me dolía tanto morir, sino... renunciar a ti.

Mi amor, ya estamos juntos de nuevo.

Y nada nos va a separar.

¿Te importa que te pregunte por el día del incendio?

Tómate tu tiempo, mi amor.

¿Por qué fuiste a casa de Cayetana? ¿Quién más estaba allí?

¿Te gustaría servir en esta casa?

-Rediez, señora, pero ¿y yo qué? ¿Qué va a hacer conmigo?

¿Echarme al arroyo?

Vamos a ver, con todos los años que hemos pasado juntas,

y todas las penalidades que hemos pasado.

Bueno, pero ¿qué te pasa?

-Pues que se acabó el arroz.

Que no quiero dar más clases de idiomas ni más paripés.

Ni nada más que tener que ver con usted.

-Pero ¿a qué vienen todos estos exabruptos?

-Pues a que estoy de todo hasta el moño.

-Estás sofocada. ¿has tenido un mal día?

-Pues como todos, faenando de sol a sol, ¿no te amuela?

Ya no tengo nada más que decirle. Abur.

Esta carta es para usted.

(LEE) "Estimado Simón:

"Te agradezco todo lo que has hecho por mí, pero debo volver a la vida

que me corresponde".

"Te ruego que no vuelvas a buscarme".

-"Quiero reclamarle el resto de mis inversiones".

-No hay problema.

Pero es una lástima que no me dé usted más tiempo.

Porque la bolsa está un poco convulsa estos días

y no sé si vamos a lograr alcanzar sus expectativas.

-¿Voy a perder mi dinero? -En absoluto.

Lo único que, si me da más días, podré doblar su inversión.

"Ya he hablado con los médicos, Felipe".

Que Teresa haya despertado es bueno, pero no determinante.

Bueno, se pondrá bien. Solo hay que verla.

No se deje engañar por las apariencias.

Teresa se nos puede ir en cualquier momento.

-"Lo único importante" que dice sobre el incendio

es, que consiguieron salvarse dos personas:

Doña Teresa... y un señor que por lo visto estaba de visita en el piso.

Ahora están ambos en el hospital. Un tal...

Jaime Alday.

-"Trata de acabar con él".

¡Asesina! -Le exijo que recupere la compostura.

Está haciendo usted acusaciones muy graves.

-¡Dejad de discutir y miradle!

-¿Qué ha sucedido? -Ha abierto los ojos.

  • Capítulo 578

Acacias 38 - Capítulo 578

10 ago 2017

Simón consuela a Adela, que sale corriendo tras el encuentro con Carlos. Sor Genoveva llega buscando a Adela. Ella decide volver al convento pese a que Simón intenta convencerla de lo contrario. Casilda y Servando piden a los señores que Carmen sea acogida en el altillo temporalmente. Rosina se interesa por la criada. María Luisa se apunta a las falsas clases de inglés de Antoñito y Lolita; sospecha de los dos. Felipe decide retirar sus acciones de la bolsa. Antoñito le devuelve el dinero y se queda sin un real. Samuel indaga qué hacía su padre en casa de Cayetana. Méndez cierra el caso del incendio. Teresa despierta.

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