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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 577 - ver ahora
Transcripción completa

Aquí tienes lo que has venido a buscar.

Nada más me retiene en esta casa. La justicia dará cuenta de ti.

Espera, por favor.

No.

¡Ah!

(LEE) "Voy a asegurarme

de que Cayetana no escapará. Vamos a conseguirlo".

Teresa.

(Llaman)

¿Qué es esta joya?

Es la joya que le ha dado prestigio a mi marca y a mi nombre.

Y la bauticé con tu nombre, en honor a ti.

Me sentiría muy orgulloso si quisieras llevarla.

(Tic tac)

Estamos a tiempo los dos, ¿no crees?

¿Qué demonios ha hecho usted? Salvarle del mismísimo

demonio.

(Explosión)

(Algarabía)

Adiós, doña Cayetana.

Tiene gracia. Finalmente, el único crimen que no ha cometido,

sea el que acabe con usted.

Dime algo, mi amor.

Teresa, dime algo, mi amor.

Teresa.

Teresa.

Teresa, mi amor.

¡Teresa!

(LLORANDO) ¡Teresa!

"Estoy preparada para recibir mi muerte,"

como lo que siempre he sido,

Cayetana Sotelo Ruz.

Teresa, te voy a sacar de aquí, aunque sea lo último que haga.

¡Ah!

Sáqueme de aquí, por favor.

Ayuda.

¡Ah!

¡Ah!

¡No puedo!

¡Ayúdeme!

No puedo.

Es inútil.

Déjelo. A ella, sálvela a ella.

Volveré con ayuda.

Se lo prometo.

¿Cómo se llama?

Jaime.

Jaime.

Confíe en mí, Jaime.

¡Ah!

Padre, que no puede entrar.

-Trini está dentro.

-Liberto, Víctor.

-¿No os dais cuenta de que sin ella mi vida no tiene sentido?

-Don ramón, escúcheme.

Le digo yo que doña Trini está bien.

-Seguro que se ha puesto a salvo.

-Tranquilícese.

-Mire. -Felipe.

Felipe, ¿ha visto a mi esposa?

-¿Se sabe algo de las criadas? ¿Ha llegado el fuego al altillo?

-No he podido subir.

-¿Qué ha ocurrido? -Una explosión en casa de Cayetana.

(Bomberos)

-Creemos que el fuego podría haber llegado a los pisos superiores.

Hay varias señoras y parte del servicio dentro.

-Mauro también está arriba. -Ahí sale Mauro.

¡Rápido! Hay que llevarla a un hospital, está embarazada.

Vamos, llévenla a un hospital. Corran.

Tranquila, mi amor. Todo irá bien.

¡Llévensela!

¡Vamos!

Espere, Mauro. ¿Qué sucedió ahí arriba?

Es un infierno, comisario.

Es todo humo y fuego. -Mauro,

¿ha visto a Trini? Solo a Teresa.

Y a un hombre que está atrapado.

-Hay supervivientes en el principal,

¡hay que entrar ya! -Entraré con ustedes.

-Muchas gracias, coronel. Se lo agradezco.

Pero es mejor que dejemos entrar a los bomberos.

-Deberíamos traer agua.

-Consigamos todos los cubos que podamos.

-Todos los hombres y mujeres disponibles, en fila.

-¿Y doña Cayetana? No la he visto.

No creo que sobreviva.

-Tranquilo, Martín,

que seguro que Lolita pone a salvo a Casilda

y a todos los demás.

-Dios le oiga.

-Don Felipe,

¿se sabe algo de doña Celia?

-Espero que esté a salvo en los pisos de arriba.

-Seguro que sí, ya lo verá.

(Campanas)

Esos son los bomberos. Vienen a por nosotros.

-Primero tienen que apagar el fuego, si no, no podrán subir.

-Quiera Dios que seamos los únicos "atrapaos" y,

que los vecinos se hayan salvado.

-Claro que sí. Solo quedamos nosotros,

que somos los que estamos más cerca del fuego.

-Qué malaje, ¿eh?

-¿Qué haces, muchacha?, cierra, no ves que se llena todo de humo.

-Pues que salga por la ventana.

-¿Qué sería ese cachiporrazo que hemos escuchado antes?

-Parecía como si el edificio fuera a caerse.

-Acacias es sólido como un castillo.

Esto no lo derrumba ni cañonazos ni incendios, ni bombas que nos tiren.

-Mejor que no nos bombardeen, no tengamos un susto.

-Ya sabe,

lo que bombardean los fanfarrones, las acacieras hacen tirabuzones.

-Ay, Lolita, te veo con ganas de jarana.

Eso sí que es ánimo, paisana.

-¿Y en qué piso empezó el fuego?

-A ver, yo creo que fue en el principal.

-Pero si es el de mi hija.

Espero que haya podido salir.

(Abren la puerta)

-¡Vamos, todos fuera!

Antoñito, ¿Ramón y Luis están bien?

-Están perfectamente. Todos para abajo.

-¿Y doña Cayetana? -No la han sacado.

Pero vamos, no hay tiempo que perder.

-Es que hay que ser bruto,

podía haber llamado. Se ha cargado la cerradura.

-¡No es momento de preocuparse por eso!

Venga, arreando.

-Le habrá pasado algo malo.

-Yo estoy segura de que no, pero ahora tenemos que salir.

Señor, que no le haya pasado nada malo, por favor.

-Anda que...

(SERVANDO TOSE)

-Vamos, Lolita.

-Nunca me había alegrado tanto de ver a alguien.

(TOSE)

Asegúrese de que el fuego no vuelve a prender.

Y desescombren la entrada del despacho,

allí puede estar la propietaria de esta casa.

Comisario,

ya he dejado con los sanitarios al hombre que he sacado de aquí.

¿Estaba vivo?

No sé si por mucho tiempo.

Tragó mucho humo, y con el golpe y el calor...

¿Y quién era?

Solo sé que su nombre era Jaime. No sé más.

Tampoco sé qué hacía aquí.

Estaba en el lugar equivocado, en el momento equivocado.

Esto es el averno.

(TOSE)

El averno es la morada del diablo,

nunca mejor llamada a esta casa.

Tenga respeto.

Me temo que doña Cayetana ya no vive para defenderse.

Se refugió del fuego en el despacho, y fue una mala decisión.

Se convirtió en una ratonera de la que le fue imposible escapar.

Eso lo creeré cuando vea sus restos.

Y aún así, tendré dudas.

He visto el derrumbe del techo.

Hágame caso, Mauro, doña Cayetana ya no debe formar parte

de nuestros pensamientos.

-¡Cayetana!

¡Suélteme!

Déjeme.

-Déjela pasar.

Tranquila, señora Fabiana.

-¿Dónde está mi hija?

-Me temo que hemos llegado demasiado tarde.

Se refugió en el despacho y,

este se convirtió en un horno.

-No.

Hija mía.

No, no.

(LLORA)

No.

Mi niña no.

No, no, no.

¿Quién es?

-No lo sé. Estaba en casa de Cayetana.

-Difícil tienen salvarle.

He visto morir a más gente por respirar humo,

que por las quemaduras.

-Señores, si lo desean, pueden ustedes guarecerse

en la chocolatería.

Pídanse lo que quieran a cuenta de la casa.

-Gracias, Víctor.

Id vosotros. Yo no quiero moverme de aquí hasta ver a doña Cayetana.

-Es muy raro que no la hayan sacado todavía.

-¿Qué buscas?

¿Ver cómo sacan a Cayetana o gozar viendo su cara?

-Hija, por Dios.

A nadie se le puede desear un final así.

-Ea.

-¿Están todos bien?

-De milagro.

-Sí. Gracias a Dios, el fuego no llegó al altillo.

-Casi lo hemos pasado peor aquí abajo.

-Si quieren pueden pasar por la chocolatería a tomar lo que deseen.

Llega la noche y hay que meterse algo entre pecho y espalda.

-Eso es salero. Oye, pues allá vamos.

-Muchas gracias.

-¿Se sabe algo de doña Cayetana?

-Nada todavía.

Fabiana se ha quedado arriba. A ver si nos da alguna noticia.

-Si quieren, esperen en la chocolatería.

-Yo prefiero ir a la iglesia a rezar

y a encender una vela para que nadie haya fallecido.

-Voy con usted, doña Susana.

-Las acompaño. Gracias, Víctor.

Anda, que vaya susto que nos han dado.

-Lo siento, pero nosotras estamos la mar de tranquilas ahí arriba.

-Trini, no exageres,

que hemos pasado más miedo, que un lagartijo en la plaza.

-¿Y Cayetana no ha salido aún?

-Cada minuto que pasa es una mala noticia.

-Así es.

Quién iba a imaginar

que terminaría de esta manera. -Yo voy a hablar

con Antoñito. Le diré que estamos en La Deliciosa.

-Que no, que no.

Basta ya, que ya estoy bien. -No seas cabezota.

Lo mejor será que vayas al hospital y te tengan en observación, ¿no?

-Si esto no es "na". Las de Cabrahigo

estamos acostumbradas a las hogueras del San Paulino.

-Si no lo haces por ti, hazlo por mí.

-Gracias.

¿A qué tanto interés?

-¿Pues a qué va a ser, Lolita?, a que no podría estar sin ti.

-No diga enormidades, que no le pegan.

-No son enormidades, es la realidad.

-Huy.

Servando, pero ¿cómo puede tener

tanta hambre? Es un hambrón.

-A mí, con la tensión me entra el hambre.

Además, tragar es bueno para suavizar la garganta.

¿Dónde está tu marido?

-A buscar una chaqueta "pa" doña Rosina.

Desde luego, ¿todavía le hace falta calor, a pesar del incendio?

Señorita, guapa,

ponme una copita de anís para...

Mira quien viene.

-¿Qué ha pasado?

-"Señá" Carmen, por fin aparece.

-Acabo de llegar y he visto el incendio.

-¿No estaba con doña Cayetana?

-No. Me dio el día libre

y he aprovechado para visitar la ciudad.

-Pues bendito día libre, "señá" Carmen.

Se ha librado usted. -Pero ¿qué ha ocurrido?

-Una explosión y un incendio con muy mala sombra.

-¿En casa de doña Cayetana?

-Allí "mismico".

Solo que a la doña no la han sacado.

-¿Qué quiere decir que no la han sacado?

-Pues que está diciendo que...

no se sabe si está viva o está muerta.

Todavía están allí los bomberos.

-¿Muerta?

Ay, Dios mío, qué tragedia.

-Pues sí que le había cogido cariño a su señora.

-No me crea tan compasiva, señor.

Temo porque quedo en la calle.

-Pero "señá" Carmen, ya se lo dijimos,

para nosotros es una más en la familia.

No la dejaremos sola.

-Aquí está visto que cada uno

barre "pa" lo suyo.

Señorita, guapa, ponme otra copita, y esta vez sin agujero, que se va...

-¿Le han dicho si se va a salvar?

-No lo tiene fácil.

No han podido llevarle al hospital aún.

No creen que resista el traqueteo.

-¿Se sabe quién es? -He visto su tarjeta.

Se llama Jaime Alday.

Por sus ropas, parece un caballero,

pero es lo único que sabemos. ¿Nadie le conoce?

-No que yo sepa.

-El apellido Alday me suena.

Claro. ¿No se llaman así los joyeros

que hay en la avenida de Alfonso X.

-Es cierto. ¿Será de esa familia?

-No sería de extrañar que un joyero tan importante

fuera a ver a Cayetana. Es una mujer de gustos caros.

-Me temo que lo correcto es decir que lo era.

Ya no podemos hablar de ella en presente.

-¿Está seguro?

-No han aparecido los restos.

Pero esta vez no hay trucos ni artimañas.

Doña Cayetana ha pasado a mejor vida.

Voy a dar el dato de la joyería. Muchas gracias, señora.

El dato que nos ha dado nos ayudará a encontrar a sus deudos.

-A mandar, comisario.

-Mira, parece que se lo llevan. Ha tenido suerte.

-Hija, está feo que lo diga, pero yo hubiera sido un buen detective,

como el inglés ese, ¿cómo se llama? -Sherlock Holmes.

-Sí, ese. -O mejor.

Tú siempre te enteras de todo, mi amor.

-Úrsula.

¿ha visto lo que ha ocurrido?

-Una desgracia.

Doña Susana, una verdadera desgracia.

-Fabiana.

¿Qué le sucede?

Fabiana. -Mi niña.

Mi pobre niña.

Muerta.

-Fabiana, lo siento.

(LLORA) -"Señá" Fabiana.

-¿Dónde estaba?

(LLORANDO) Mi niña, mi niña, mi niña.

Mi hija. -Fabiana.

-Que Dios me lleve con ella.

Que Dios me lleve con ella. Que Dios me lleve con ella.

(LLORA DE PENA Y DOLOR)

¿No se puede subir todavía? ¿Ya han desescombrado?

Elena, llévele unos termos de café y unos suizos a los bomberos,

anda, que llevan toda la noche trabajando, ¿eh?

Hombre, buenos días.

¿Cómo hemos pasado la noche?

-Sin pegar ojo.

Doña Celia accedió a que fuéramos a dormir a un hotel,

pero la tensión era mucha.

-Los Palacios han dormido en casa de Los Hidalgo.

Supongo que como piojos.

-Pero solo será esta noche. Además,

la casa es grande.

Dicen que hoy podremos volver a los pisos.

-Eso acabo de estar preguntando.

Todavía no han desescombrado en casa de Cayetana.

Parece que tienen que enfriarse los materiales.

-¿Han encontrado sus restos?

Más de uno no se va a creer que ha muerto,

hasta que no lo vea con sus propios ojos.

-Vamos, Víctor.

¿Esa mujer era tan retorcida como dicen?

-Y más, Simón.

Has tenido suerte de no cruzarte mucho con ella.

Pero ya no habrá más tretas suyas.

Se acabó.

El destino ha querido que sea la única víctima.

-Ni que lo digas,

porque podrían haber fallecido muchos más vecinos.

Cuando llegamos Adela y yo esto era un caos.

Ni se sabía si los criados se habían guarecido en el altillo.

-Gracias a Dios, sin problemas para ninguno.

¿La monja ha dormido con vosotros en el hotel?

-Sí. Sí, y menos mal.

Después del disgusto,

habría sido una pena no tener sitio para dormir.

Fuimos a buscar a ese hombre, a Carlos Cañada.

-¿Y?

-No era el hombre que buscábamos.

Se trataba de un anciano con el mismo nombre.

-Disculpa. Caballero.

Deje aquí los huevos, que firmo esto y ahora los meto yo.

-Disculpe, ¿esa "C" es de Carlos?

-Así es.

-Y la granja se encuentra en Villanueva de los Frailes, veo.

-Sí, señor.

-Una última cosa.

¿Ese Carlos Cañada es un hombre joven de unos 30 años y pelirrojo?

-Efectivamente, señor.

-Gracias.

-Con Dios.

-Con Dios.

-Es muy extraño, Víctor.

El Carlos Cañada que vimos no encaja con la descripción

que me ha dado ese hombre.

-Es raro que haya dos Carlos Cañada en el mismo pueblo, ¿no?

-Ya, pero quién sabe.

-Mucha casualidad.

-La vida es un cúmulo de casualidades.

Está usted hoy bellísima, Blanca.

-Gracias. ¿Ha desayunado ya?

-En ello estoy. ¿Va a hacerlo usted?

-Si no le importa que le acompañe... -Será un honor.

-Gracias.

-(TOCA LA CAMPANILLA)

Luisa,

prepare el desayuno a la señorita.

Zumo de naranja, como a ella le gusta.

Gracias.

-Me encanta el zumo de naranja.

En la clínica nunca había.

-Aquí puede pedir todo el que quiera.

Si hace falta, traemos naranjas de Valencia o de la China para usted.

-Es muy amable.

No he visto esta mañana a doña Úrsula y don Jaime.

-No ha dormido aquí. Me resulta muy extraño.

No es común que mi padre falte de casa sin mandar aviso.

-Ignoro si es común que lo haga mi madre.

Ya sabe que no he convivido mucho con ella.

-Le aseguro que es lo mejor que le ha podido pasar.

Discúlpeme.

Sabe que mi animadversión por ella no es extensible a usted.

No comprendo cómo de una mujer tan desagradable,

ha nacido una flor tan bella.

-Quizá no sea tan distinta a mi madre.

-Es usted bella y fascinante.

Y no veo nada de eso en su madre.

¿Está a su gusto?

-Perfecto.

Me sabe a libertad.

A estar fuera del manicomio.

-Disculpe. Solo quería darle valor

y asegurarle de que no volverá a ese lugar.

No lo permitiremos.

-Es solo que no estoy acostumbrada al contacto con los demás.

No se apure.

-Buenos días.

-¿Sabe dónde está mi padre? ¿Ha llegado con usted?

-Ha ocurrido un terrible accidente.

Está ingresado en el hospital.

-¿Qué?

-Un incendio.

Está en el Hospital San Carlos.

¿Has acabado?

-Sí.

-Pues vete a tu alcoba.

No quiero verte.

(TOCA LA CAMPANILLA)

"Estoy muy satisfecho del cauce"

que están tomando los acontecimientos.

Todo avanza según lo previsto.

Incluso mejor.

Estoy seguro de que el comisario va a presionar a los superiores

y se van a dejar ya de remilgos con Cayetana.

Por fin se va a hacer justicia.

Es la mejor forma de recordar a Tirso.

"¿Cómo será nuestra vida, Mauro?".

Una vida perfecta. En familia.

¿Y cómo es la felicidad? Yo no sé cómo es ser feliz.

Pues mira, nos vamos a despertar cada mañana

con la brisa del aire entrando por la ventana.

Y por la tarde, vamos a dar largos paseos.

A veces por el mar, por la montaña...

No suena nada mal.

Claro, mi amor. ¿Qué esperabas?

Será el lugar perfecto para cuidar de nuestro retoño.

Y tú serás su maestra, y quizá, la de otros niños el pueblo.

¿Qué te parece esa vida? Una vida de ensueño.

A tu lado, cualquier vida sería de ensueño.

Así tuviéramos que vivir en el infierno.

Estoy deseando que llegue ese día, Mauro.

"Y yo, mi vida, mi amor".

Enfermera.

Por favor, necesito hablar con el médico.

Pregúntele cuándo van a llegar los resultados de las pruebas

que le han hecho a Teresa.

Está embarazada, por Dios.

Necesito saber si mi hijo sigue vivo.

Enfermera.

Rosina, no sé cómo voy a agradecerte que nos hayas acogido en tu casa.

-Mujer, no iba a permitir que os quedarais en un hotel.

Lo que siento es no haber tenido espacio también para Celita.

Espero que Felipe le haya conseguido un hotel como Dios manda.

Figúrate, Trini,

dormir en sábanas que no sabes quién a dormido en ellas antes.

-Rosina, por favor, qué antigua.

Se lavan y santas pascuas.

Es normal que tampoco tengas sitio para ellos.

Con todos nosotros aquí, Ramón, María Luisa, Antoñito y yo...

-Y Lolita.

No entiendo el empecinamiento de tu hijo.

Lolita se podría haber quedado en la pensión con los otros criados.

-Ya. Es que...

Son costumbres americanas, Rosina.

Allí piensan que los criados son uno más de la familia.

-Qué barbaridad. Cómo pueden pensar eso.

No es que yo no aprecie a mi Casilda,

pero los criados en su sitio y nosotros en el nuestro.

-Claro, Rosina, claro.

-A no ser que tu madre sea la criada,

sí, como Fabiana y Cayetana.

Ay, Cayetana, tanto remar para esto.

-Hay quien dice que no se lo cree hasta que la vean enterrada.

Ha salido ya de tantas... -Ay, Trini,

me temo que esta vez es verdad.

Qué tragedia no encontrar ni un hueso suyo

para poderle dar sepultura, ¿te imaginas?

Bueno, lo hacemos por su alma, y ya no por su rescate.

Ay, también recemos por Teresa.

Don Mauro dijo que estaba embarazada.

A lo mejor ha perdido al crío.

-Pobre Teresa, qué lástima.

-Es como si una maldición pesara sobre ella, ¿verdad?

Y también hay que rezar

por el hombre que sacaron de casa de Cayetana, el joyero Jaime Alday.

-¿Qué haría ese hombre allí?

Rosina, ¿tú crees que ha tenido algo que ver con lo sucedido?

-Pues...

(Pasos)

-Buenos días, doña Trini, doña Rosina.

Vengo a recoger esto,

antes que luego la Casilda lo tenga que limpiar.

-¿Casilda dónde está?

-Ah, pues... en camino.

Se ha pasado por Acacias por si puede ayudar en algo.

Yo me he levantado con el alba

para pasarme por la pensión a ver si Fabiana estaba bien.

-¿Y?

-Pues que no.

Fuera de algún lamento, no ha "pegao" ojo en toda la noche.

-Normal.

A la pobre Fabiana, lo de una hija le ha durado un suspiro.

Voy al barrio, habrá muchos rumores

,y no quiero perderme ninguno.

-Voy contigo.

-Ja, ja. -Gracias, Lolita.

-Buenos días.

-Buenos días. -¿Cómo estás?

No deberías trabajar.

Un par de días de descanso te vendrían pintiparados.

-¿Descanso? Ni que yo fuera una marquesa.

-Una reina. Mi reina mora.

-Déjese de requiebros,

que al final la tenemos.

Hoy no es día de romanticismos, que no está el horno "pa" bollos.

-¿Qué ocurre ahora? Ha habido un incendio,

sí, y al menos una persona ha muerto.

Pero nosotros nos hemos salvado, ¿no?

No es momento de regodearse en la pena,

sino para disfrutar de la vida.

-O "pa" darse cuenta de que la vida nos pone a cada uno en su sitio.

Y que no tenemos que hacer planes que no son nuestros.

-¿Qué le has dicho a Lolita?

-A Lolita no hay quién la entienda.

Uno le da cariño, y ella muerde.

-¿No había ido bien la cita? -Sí.

Eso pensaba yo, pero ya no sé qué creer.

-Paciencia, que la vas a necesitar más que el santo Job.

La muchacha es de Cabrahigo, se nota.

Rompen muros con la cabeza.

Ha sido buena idea la de venir a dar un paseo al aire libre.

-Como siguen las tareas en el edificio y no podemos trabajar,

pensé que sería agradable.

-El incendio fue algo terrible.

Podría haber sucedido una tragedia.

-Afortunadamente, no ha sido así.

Aunque parece que sí tenemos que lamentar una persona fallecida,

doña Cayetana Sotelo Ruz.

-Que Dios se apiade de su alma.

-Por lo que cuentan de ella, lo va a necesitar.

-Simón,

nos estamos acercando a la granja del otro día.

-Sí, sí, así es.

Discúlpeme, pero no solo hemos venido a dar un paseo.

No se va a creer la casualidad que he vivido en La Deliciosa.

Creo haber localizado a Carlos Cañada.

-En La Deliciosa.

Pero... eso sería un milagro,

no una casualidad.

-No le localicé a él, sino la forma de dar con él.

Una pista me ha llevado a la misma granja de nuevo.

Porque en ella se encuentra un hombre joven,

llamado Carlos Cañada. -Será un error.

Ya hemos visto a Carlos Cañada

y, no era joven.

-No debe ser el único que hay por aquí.

Me aseguran que hay otro Carlos Cañada, pelirrojo.

-Pelirrojo. -Sí.

Eso asegura el repartidor.

¿Se da cuenta, Adela?,

tal vez sea él.

-Dios no quiso que lo encontráramos. Puede que fuera una señal.

-O puede que Dios lo haya vuelto a poner en nuestro camino.

Los médicos no dicen nada.

Tú no te despiertas, mi amor, y yo me desespero aquí a tu lado.

Me pregunto qué hemos hecho para no poder llevar una vida tranquila,

tú, nuestro hijo y yo.

Una casa bonita junto al mar o la montaña,...

como hablamos hace un par de días.

Yo podría ser policía.

Pero un policía que ayudara a los vecinos.

Nada de grandes investigaciones ni de perseguir asesinos.

Solo proteger a quien lo necesitara.

Sin pistola.

Tendríamos más hijos.

Dos, tres, más.

Más.

Una familia numerosa.

Y tú serías maestra.

¿Eh?

Es lo que siempre te ha gustado.

La maestra más bonita del mundo.

Y saldríamos cada tarde a pasear.

Hemos soñado tanto con eso, ¿verdad, mi amor?

¿Verdad, mi amor?

¿Te había contado que no vi el mar hasta los 20 años?

Fue impresionante.

No podía apartar la mirada.

Creo que no te lo había dicho porque me daba vergüenza.

A veces me siento tan pequeño a tu lado...

Más guapa,

más lista, más culta...

Algunos días no me siento a la altura de tu amor.

(LLORA)

Mi amor, no sé qué daría para que despertaras.

Hace mucho tiempo que no rezo mucho,

pero estaría dispuesto a hacerlo.

Hacer una de esas promesas que muchos se empeñan

cuando le piden un deseo a Dios.

No sé, ir cada día a misa durante un año

o cruzar de rodillas la explanada de enfrente de la catedral.

Viajar a Santiago, a rezar en la tumba del apóstol.

Cualquier cosa, mi amor.

Cualquier cosa con tal de que volvieras.

¿Molesto?

No, no.

Hablaba solo.

Quizás no.

Quizás ella me escuche.

¿Cómo está?

Igual, Felipe.

(SUSPIRA)

Le he pedido a la enfermera que me deje hablar con el médico,

pero no me ha hecho ni caso.

¿No le han dicho nada del embarazo?

Ni siquiera sé si hemos perdido al niño.

Tranquilo.

Pronto vendrá el doctor.

¿Ha visto cómo están los pasillos del hospital?

Está por encima de su capacidad. Como siempre, Felipe.

Como siempre.

¿Hay alguna novedad fuera?

Nada.

Aún no han encontrado sus restos.

Pero han entrado en el despacho de doña Cayetana.

Imposible que saliera con vida de allí.

Solo lo siento por Fabiana.

Méndez ha ido a informarla.

Parece dormida.

Lo importante es que despierte.

-"Doña Rosina quería"

que desayunara en su casa.

Pero yo prefiero aquí.

-Claro que sí, María Luisa de mi vida.

¿Dónde te van a tratar mejor?

¿Cómo has dormido?

-La cama era demasiado blanda.

-Te tendrías que haber venido a mi casa a dormir.

Que yo ni he cerrado,

pero habría buscado un rato para estar contigo.

-Estás muy descarado hoy.

-Estoy muy enamorado.

-Y yo, Víctor, y yo,

pero tenemos que guardar las formas.

Imagínate que le decimos a mi padre que me quedo en tu casa,

entonces sí que viene con el trabuco.

-El famoso trabuco. Al final le voy a coger miedo.

Si te hubieras quedado en mi casa, no hubieras pegado ojo.

-Mira, no seas sinvergüenza y siéntate conmigo.

A ver,

quiero hacerte una pregunta y que me respondas con total sinceridad.

-Tienes mi palabra.

-Ayer, cuando salieron de la casa,

me acerqué a mi hermano y a Lolita.

Ellos estaban hablando y,

no me pareció que tuvieran una conversación normal

entre un señorito y su criada.

-Ya conoces a Antoñito.

-Ya, pero es que le dijo que no podía vivir sin ella.

-Ya conoces a tu hermano, que no puede vivir sin que le planchen,

sin que le hagan sus natillas...

-¿Crees que eso?

-Seguro.

-No me estarás engañando, mira que me has dado tu palabra.

-Está bien, no sé mentirte, te lo digo.

-¿El qué?

-Sí que tienen algo.

Lolita quería hablar inglés, y como tu hermano es como es,

no le ha dicho que no.

-¿Clases de inglés?

-La culpa la tiene tu hermano, te lo digo.

Dichoso discurso de los americanos, la tierra de las oportunidades,

el país donde todo es posible...

Cómo no va a querer la chiquilla aprender a hablar inglés.

-¿Una criada hablando inglés? Esto es absurdo.

-Disculpe que les moleste.

¿Podrían decirme dónde encontrar a la señora Fabiana?

-Hace un rato la vi entrando en la sastrería.

No sé si seguirá ahí.

¿Se sabe algo de doña Cayetana?

-Nada bueno, desgraciadamente.

Voy a buscarla.

-Pobre doña Cayetana. Qué manera de morir.

Cuando yo me siento mal, me tomo una de estas.

Es una infusión de melisa, lo mejor para levantar el ánimo.

-Toda una vida de sacrificio...

-Ese es el sino de las madres.

-(LLORANDO) ¿Por qué Dios,

por qué Dios me hace esto, señora?

-Sus designios son inescrutables. Lo importante es tener fe.

Usted no le culpe.

Solo vuelva sus ojos hacía Él.

-Señora Fabiana.

La estaba buscando.

-¿Han encontrado a mi hija?

-No.

Pero me dicen los bomberos que no es la primera vez que sucede.

Las altas temperaturas, los,...

los escombros. -Y si no...

¿Y si no estaba allí?

-Me gustaría poder darle esperanzas, pero...

no las hay. Hemos encontrado su alianza.

Su hija pereció en el incendio.

Quería comunicarle que la vamos a dar oficialmente

por desaparecida.

Es el paso previo para firmar su defunción.

-Tome.

Lo siento mucho, Fabiana.

-No es justo.

Ni siquiera... voy a poder darle sepultura.

¿Qué clase

de Dios es capaz...

de hacer esto?

(LLORA)

¡Arre!

-Es el hombre del otro día. -Sí.

Acerquémonos a preguntar.

El repartidor me dijo que Carlos Cañada era un hombre joven

y pelirrojo.

Buenos días.

-Buenos días. -No sé

si nos recuerda.

-Deje, padre, ya me encargo yo.

Padre, vaya a ver la cerca. Yo creo que ya está

bien arreglada.

No habrá zorro que entre.

Díganme, ¿qué se les ofrece?

-Verá, ya vinimos en su busca, pero nos encontramos con su padre.

¿Usted también se llama Carlos Cañada?

-Así es.

¿Y ustedes son?

-En realidad, es ella quien viene en su busca.

Lo mejor será que les deje a solas.

¿Te importa que me siente contigo?

-Faltaría más.

-Estoy "agotao".

Anoche dimos de cenar a los bomberos, de desayunar,...

y en nada les estamos dando de comer.

-Pero ¿a ti eso quién te lo paga?

-Eso nadie.

Es un servicio que se le da al barrio.

Uno de los deberes de los comerciantes

es ayudar a los vecinos.

Siempre que haga falta, La Deliciosa estará ahí.

-Eres anacrónico, Víctor.

Estamos en pleno siglo XX, y tú tienes valores del XIX.

-Y bien orgulloso que estoy.

Yo te quería hablar de otra cosita.

-Tú dirás.

-María Luisa me ha preguntado que qué te traes con Lolita.

Me he inventado que le das clases de inglés a escondidas.

-Pero si a duras penas habla castellano.

Habla castellano de Cabrahigo, que tiene sus peculiaridades.

-Lo sé, pero lo del inglés es lo primero que se me ha ocurrido.

Y no me vas a dejar como un mentiroso.

Ya sabes cómo se pone tu hermana cuando la miento. Menuda es.

-¿No pretenderás que le de clases de inglés a Lolita?

-Eso mismo. Y que te cuides de que no vuelvan a sospechar.

¿Sabes lo que diría tu padre

si se entera que andas con una criada?

-Pues que se vaya haciendo a la idea.

Porque no es ningún capricho.

Lolita me gusta de verdad.

-Pero ¿cómo para...?

-Como para todo.

-Hijos,

¿os han dicho cuándo se puede entrar en el edificio?

-A lo largo del día.

Pero no han especificado ninguna hora.

-¿Puedes pedir que me traigan un café de los de mi máquina,

que he dormido fatal. -Claro que sí, don Ramón.

Yo se lo traigo.

-Gracias.

Ay.

No sabes lo que es pensar que a Trini

le hubiera podido pasar algo en el incendio.

Imagina que estuviera dentro del edificio la mujer que amas.

-Me puedo hacer una idea, sí.

(Llaman)

¿Cómo está?

-Muy grave.

No saben si vivirá.

-Es un hombre fuerte.

¿Le importa si le acompaño?

-Pase, pase, por favor.

¿Su madre la ha dejado venir?

-Mi madre no se preocupa por mí, y no sabe dónde estoy.

Pero no piense ahora en ella.

Lo importante es don Jaime.

-No puede dejarme, padre.

No puede.

(LLORA)

¿Cómo estás?

¿Has pensado en mí?

Porque yo no he dejado de pensar en ti

ni un solo día al levantarme

ni una sola noche al acostarme. -Perdone, hermana,

creo que me está confundiendo con otra persona.

-(RÍE)

Carlos, tú fuiste mi primer amor.

Tú fuiste el hombre

con quien quería pasar el resto de mi vida.

-¿Perdone?

Esto no sé si es un error o una broma.

-No me hagas esto.

Aunque hayas rehecho tu vida e intentado olvidarme, no me lo hagas.

-Por favor, hermana, deje de decir estas cosas.

-Entiendo perfectamente que me rechaces.

Me fui sin darte

una explicación, pero solo deseo tu perdón.

-Mire, yo a usted no la he visto nunca en mi vida,

así que haga el favor de marcharse.

Doctor, por fin. Buenos días.

Disculpe no haber venido antes,

ya ha visto cómo está el hospital.

Hacen falta cuatro hospitales como este.

Dígame, ¿cómo está Teresa?

¿Y la criatura?

¿La ha perdido?

Ahora mismo, lo más importante para mí es la paciente.

Después nos encargaremos de su hijo.

Doña Teresa Sierra

venía con dos afecciones que debíamos tratar de inmediato.

Por un lado, la herida de la espalda.

Sí, sangró profusamente.

Fue producida por un objeto punzante.

Se informará a la policía.

¿Cómo, una agresión?

O algún objeto que se clavó en el derrumbamiento, eso no lo sabemos.

Sangraba bastante, pero llegó a tiempo

y pudimos cortar la hemorragia. Eso, con ser grave,

no es todo.

No es lo que causa su inconsciencia.

¿Qué es, doctor?

El humo que se vio obligada a respirar.

No sabemos hasta qué punto han quedado afectados sus pulmones.

Entonces, ¿la criatura... la ha perdido?

No,

milagrosamente, aún vive.

No sabemos si por poco o por mucho tiempo,

depende de las constantes de su madre.

El futuro de ambos está unido.

Una madre da la vida, pero en este caso, la da doblemente.

Solo hay que rezar y mantenerla

vigilada. Durante la noche,

y por la mañana la he visto como sufriendo, como si,

como si no pudiera respirar bien.

A eso me refiero.

No sabemos si la paciente se recuperará.

Puede, puede tener secuelas de por vida.

Puede incluso que muera en las próximas horas.

No.

No está en nuestra mano hacer nada, solo esperar y ver su evolución.

Siento darle tan malas noticias.

Bien. Le dejo.

Si notara algún cambio, no dude en avisar a una enfermera.

Lo siento, mi amor.

Lo siento.

No puede ser.

No puede ser.

No te vas a morir, mi amor.

Tú no te vas a morir.

Lucha, mi amor, lucha.

Lucha por tu vida.

"Vengo de hablar con el doctor".

Casi no me sostienen las rodillas.

-Dígame de una maldita vez qué le ha dicho.

-El pronóstico es poco alentador.

Tu padre inhaló mucho humo durante el incendio, pero...

eso no es lo peor.

Tiene una fuerte contusión en la cabeza,

que es lo que le mantiene inconsciente.

-¿Sabe cuándo podrá levantarse?

-"Soy sor Genoveva,"

la Madre Superiora del convento en el que estaba sor Adela.

-Ay.

¿Puedo ayudarle en algo?

-Bueno, espero que sí.

Estoy buscando a sor Adela.

Y como sé que trabajó para usted por mediación del párroco,

he pensado que quizá usted sabría algo de su paradero.

-Verá, madre... -Yo le quedaría

muy agradecida con cualquier dato que me proporcione.

Es mi obligación para con el convento y para con Dios.

¿Tiene usted noticias de ella?

-Si una quiere ser más lista,

es para sentirse más orgullosa de una misma.

Por eso empecé a aprender las letras con la señorita Teresa.

Pobrecita, que le vaya bien.

Si por mí fuera y tuviera cuartos, hundiría la nariz en los libros.

-Pues eso es digno de admirar, Lolita.

Sí, tu fuerza de voluntad, tu inteligencia,

tus ganas de prosperar... A eso se le llama progreso.

-Simplezas.

Si llamas progreso a que los de abajo pasen arriba y al revés...

Simón, qué alivio encontrarle.

Mire con quien vengo.

Es sor Genoveva, la superiora de Adela.

-Lo sé.

-Le estaba buscando para dar con Adela.

Al parecer, en el convento la esperan con los brazos abiertos.

¿Sabes si está en casa?

-"Ahora tenemos dos tareas:"

hacer que la memoria no le pese a la "señá" Fabiana,

y, bueno, conseguir que la "señá" Carmen salga "palante".

-¿+Otra criada maltratada?

-Peor.

Peor.

Su historia es más "enrevesá" que la del Conde de Montecristo.

El caso es, que la "señá" Carmen

nació siendo señora.

Y con posibles.

-"Los vecinos pueden regresar a sus hogares".

Pero con las debidas precauciones,

que no son otras que apuntalar las bases y las columnas.

-¿Y cómo queda la situación legal de Cayetana

al no haberse encontrado el cuerpo?

-Doña Cayetana Sotelo Ruz

o cualquiera que sea su verdadero nombre,

será dada por fallecida a todos los efectos.

Gracias.

Esto habría sido insoportable sin su presencia.

Sin su paciente compañía.

-A pesar de todo, ha tenido usted suerte.

Sabe lo que es el afecto de un padre y de una madre.

Yo...

no tengo idea de cómo ha de ser.

(TERESA TOSE)

  • Capítulo 577

Acacias 38 - Capítulo 577

09 ago 2017

Mauro salva a Teresa del incendio justo cuando una parte de la casa se derrumba. Los bomberos sacan a Jaime y a los refugiados en el altillo y corre la noticia de que Cayetana está atrapada. María Luisa ve extrañamente cercanos a Antoñito y a Lolita e indaga con Víctor. Víctor advierte a Antoñito. Lolita empieza a recular en su relación con Antoñito. Carmen teme por su futuro en el edificio tras el incendio. Simón convence a Adela para volver a buscar a Carlos y ambos le encuentran en la granja, pero Carlos niega conocer a la joven. Acercamiento entre Blanca y Samuel. Úrsula les avisa de que don Jaime está ingresado en un hospital y Samuel va a visitarle. Teresa sigue inconsciente y su pronóstico es grave. Mauro no se separa de ella.

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